The breakdown of two souls (Donovan)

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The breakdown of two souls (Donovan)

Mensaje por Úrsula Kozlova el Lun Dic 29, 2014 11:14 pm

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Su cabeza descansaba con aparente serenidad en la mano derecha cuyo codo se apoyaba en el reposabrazos de la camioneta blindada en la que recorrían los últimos kilómetros hacia la mansión Donovan. Su rostro, pétreo, emulaba la belleza de las diosas griegas esculpidas en marfil. Sus ojos, dos afilados diamantes, tenían la mirada anclada a un punto fijo en la lejanía que, al parecer, sólo ella podía ver. Pero aunque su silencio y lenguaje corporal eran la definición vivida de la tranquilidad para aquella que la conocía casi tan bien como Donovan, sabía que su Reina sufría. Era sólo un pequeño detalle, su mano izquierda apoyada contra su rodilla de vez en cuando clavaba las uñas contra su piel. Era apenas un segundo pero Ileana, desde que habían partido de Londres, no dejaba de observar a Úrsula.

Su Reina no le había comentado nada de lo que había vivido ni cuál había sido el detonador de aquella huida tan rápida. Por un momento la doncella temió por la vida de Donovan pero más tarde se daría cuenta de que, de ser así, Úrsula no habría estado tan “tranquila”. Otro de los cambios que habían preocupado a la Vestal era el guardarropa. Úrsula había exigido que pidiera ropa a Arcueid, la pelirroja asesina de los Raphael, por lo que ahora la dama llevaba un no muy entallado vestido negro con la espalda totalmente cubierta y un sobretodo negro,  lo que la hacía perder aquel encanto angelical que la rodeaba pera reavivaba y empoderaba el aura letal que parecía siempre seguir a la Reina Blanca.

Desde que habían bajado del Jet la pelinegra había mantenido un silencio sepulcral mientras Eskill e Ileana preparaban todo para volver a la Mansión de Viena pues el amanecer empezaba a estar por encima de ellos. Lo podían sentir en la piel, les cosquilleaba y los ponía inquietos y, pese a toda la protección que pudiese ofrecerles la camioneta, de llegar el sol los tres quedarían hechos cenizas. Tal vez por eso el vampiro rompía todo límite de velocidad para dejar a ambas mujeres en la mansión antes del amanecer.

-Deberías saber que en 10 minutos el sol saldrá por el horizonte, Eskill… Y está demás decir que Donovan camina entre los muertos-Musitó con mucha suavidad Úrsula sin quitar la vista del camino ni mirar a ninguno de los dos acompañantes amenazando drásticamente a aquel que daría su vida por ella con una sola palabra.  La Reina sabía perfectamente que llegarían a la mansión en tiempo y forma pues estaban corriendo los últimos kilómetros, pero la cercanía a aquel lugar, a Él en específico, le estaba destrozando el alma. Necesitaba estar entre sus brazos. Necesitaba volver a su hogar.

Finalmente la Reina se incorporó cuando Ileana entabló conversación con la central de seguridad permitiendo que todas las puertas hacia el estacionamiento permanecieran abiertas para una entrada rápida. La camioneta traspasó cada área de seguridad como un bólido negro hasta que se estacionó en la parte central del parking –Déjenme sola- Ordenó a sabiendas de que ambos irían a abrir la puerta, bajar las maletas y demás protocolo. Los dos abandonaron inmediatamente la camioneta y subieron por el camino principal de acceso a la mansión.

La Reina exhaló largamente el aire que estaba sosteniendo, tratando de aliviar el dolor que le producía su Marca de Sangre al reacomodar la cabeza de la serpiente Donovan. Intentó ahogar su grito, pero no lo logró y el sonido hizo eco en el vacío espacio del vehículo.
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