Fin y Principio

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Fin y Principio

Mensaje por Marca del Estigio el Jue Jun 12, 2014 11:39 pm


Fin y Principio

Repent in the "all-seeing eye"



¿Qué tan rápido han cambiado las cosas? Los que aún caminan por este mundo no recuerdan cuándo fue la última vez que vieron a Anne sonreír como si los días en que su nieta aun vivía fuesen tan lejanos como para ser evocados por la memoria azotada por la tragedia. Una mujer de unos treinta años de edad llora desconsoladamente mientras se pregunta por cuánto tiempo más tendrá que ver a sus seres queridos caer antes de abandonar su pesar y reunirse con ellos en el otro mundo. La mirada dolida de aquellos que comparten su pesar sin saber cómo consolarla es la que predomina en el recinto, sin embargo su presencia le da fuerzas en un mundo donde la muerte pasa con más ajetreo y premura que en otros.

Delante del altar descansa el cuerpo de Anne; su pecho ya no se infla con el aliento de vida y sus ojos ya no ven más que un vacío eterno y oscuro mientras dan una falsa imagen de paz y descanso, un descanso que jamas terminara. Esa que acarician y despiden ya no es Anne, ella ahora esta tan lejos y tan cerca a la vez… Lo que bendicen y adornan con flores no es más que un saco de carne frío y rígido que no transmite el ni siquiera un poco de calor a lo que alguna vez representó. Viste el negro que predomina en el cielo eterno y simboliza el misterio de aquello que es tan desconocido para los humanos, sus manos sostienen con vaga firmeza un rosario blanco que no es más que una fiel muestra de la esperanza de que su alma encuentre la gracia y gloria de estar cerca del Señor.

Entre la gente que se acerca a dar sus condolencias hay un hombre que no viste nada diferente al negro que predomina en el recinto de Dios. Sin embargo su expresión rígida en nada se asemeja a la del resto de los presentes; luce un saco negro por encima de un traje de alta costura, sus manos enguantadas sostienen un maletín de cuero que a pesar de que no lo parece resguarda celosamente de curiosos que puedan intervenir su labor… Con suma seriedad simplemente espera mientras se muestra ajeno a tan desconsolante escena.

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Re: Fin y Principio

Mensaje por Natasha Nikoláyevna el Lun Jun 16, 2014 11:28 pm

-¿Qué es la vida si no un pestañeo?- Menos no podía esperar de él. Cual muñeca de porcelana, Natasha iba siempre a su lado, sin tocarle o mirarle, pero siempre a su derecha. Era su esposa para muchos y entre ambos, el contrato tácito de un amor que no existía no era más que un negocio a llevar a cabo. Negocio para ella. Le necesitaba para poder llegar más allá de lo que jamás había llegado, antes de que la sombra maldita de su familia le haga volverse una rosa marchita en las manos equivocadas. Él sí la amaba. La amaba como un niño ama a un ave metida en su jaula a la que alimenta cada día y cada noche con tal de escucharle cantar.

-Es más que un pestañeo. – es la única respuesta que le dedica a su anciano esposo. Su caminar glorioso permite que las telas de sus ropas acaricien sus piernas permitiéndole el sonido a los tacones altos de sus zapatos de tacón negro. Cubre sus hombros con un chal negro que resalta ampliamente gracias al color intenso de su melena cobriza recogida en una peineta de plata que permite a un par de hebras entrelazadas separarse de las demás. Gregorio anhela escuchar otra respuesta de sus labios, así sea negativa, pero ella vuelve a callar. Como un ave en una jaula, no canta por despecho y odio a su carcelero. -¿Le conocías, amada mía? – Siente como la piel se eriza ante esa palabra usada por aquel. No puede hacer un gesto de rechazo pero en el fondo de su alma, anhela gritarle que no era amada y que no era suya. Quien ama no obliga al otro a ser una pieza a lucir.

Gregorio se refiere a la mujer que ha logrado aquella extraña reunión. No son muchas las personas presentes pero son las suficientes para pensar que quien ha fallecido quizás había hecho las cosas bien en vida para ser recordada así en la muerte. Natasha, hada cuyo cabello parece fuego a pesar de tener los ojos más helados que los diamantes asiente con la cabeza. No es de damas no responder a las preguntas – Ella era amiga de mi abuela - solo responde para así volver a ignorar el roce de su esposo cuando éste trata de tomarle la mano.

La mirada de Natasha entonces se congela en el frente. Sus labios se han presionado y su respirar es lento. Acaba de recordar una vieja frase de ella, la mujer que le ha maldecido sin quererlo. –“Cuando todo comience, no olvides que ella existe. Ella ha visto más, Natya…Más de lo que tú puedes imaginar”.- y es entonces que los ojos helados de la princesa rusa se tiñen con lágrimas. Levanta su mano a los labios y aspira el aire para ahogar un quejido que nunca libera. Gregorio trata de posar su mano sobre el hombro de ella pero con la elegancia de las hadas simplemente gira a la derecha y le vuelve la espalda. Su propio esposo piensa que está llorando por la pérdida y por eso calla. Verdaderamente, llora por lo que ha perdido.

Ha perdido uno de los pocos contactos en su vida que podría llegar a salvarla de un destino que no buscó jamás.

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Re: Fin y Principio

Mensaje por Jackson Tesla el Vie Jun 20, 2014 8:55 pm

Volvió a fijarse en la habitación, esta vez con más atención, pasando más allá de las simples memorias para revivir el pasado con todos sus sentidos. Dejó que las palabras que se dibujaban sobre la pantalla lo transportasen lejos, profundo e inmerso en recuerdos de realidades distintas, en los fragmentos más claros, en aquellos a los cuales era capaz de aferrarse con uñas y dientes. Largos pasillos e innumerables cantidades de puertas, todas dispuestas según un orden inespecífico el cual se estaba convirtiendo en la costumbre de su mirar. Era su casa, o la estructura que había sido su casa. No, correctamente el sitio que cuando niño había servido de cobijo. Enormes salas y corredores, salones de una riqueza escasa, cuidadosamente arreglados para que todo reluciera como si fuera nuevo y ocultar la verdad de ojos inocentes. Una casa de grandes proporciones, lo suficiente como para volverse un laberinto y separar a las personas, pero ese no era el caso. Débilmente recordaba habitaciones acogedoras junto al fuego, besos, abrazos, juegos y suaves risas furtivas llenado la estancia. Un recuerdo que se revivía de la misma manera que su mente hacía con las historias que ocupaban las estanterías del apartamento. Demostraría felicidad en poder decir que mantenía su rostro intacto, pero este no era más que una mirada borrosa perdida en el tiempo. El aroma a pasto recién cortado atrajo su olfato en un vuelco común a la felicidad de un niño. No hay verde a estas alturas, solo el gris concreto que se enarbola  de pinceladas de color para engañar el ojo. Ella era el pasado, era todo, y no tenía manera de recordarla; no más.

El negro sobre negro pareció lo más apropiado, tan frío que un cadáver pasa desapercibido en compañía de su cortejo. Solo una mota de color, el preferido de una honrada que no podía verlo. Desde pequeño le había dicho que aquél azul era su paleta, un compañero que debía portar y la suerte estaría de su lado. La soledad siempre era amiga, pero en los instantes donde el cristal de su mirada era acompañado por tal cromático amuleto era feliz. Contento de compartir una sonrisa que se extiende más allá de los límites temporales. Las sombras no tardan en alcanzar el paso, incansables, llegaría el día en que ni él podría huirles, diciendo el último adiós. La muerte como una posibilidad a cada paso, tanto le había arrancado de sus brazos ¿Cuándo el monstruo se mostraría satisfecho sino al clamar el resto del calor de su alma tras quedar abandonada? Revisó entonces el celular una vez más, tenía las circunstancias a favor, un respiro que le permitía reunir las piezas de sí mismo antes de salir. A su espalda, bajo la oscuridad que proyectaba de hombro a hombro, quedaba el recuerdo que se desvanecía en aquél instante. Sin la frescura desdibujada en facciones que han visto los años, el hombre estaba perdido. Su Luna no iluminaría más el cielo, el nombre de una tumba que ya no volvería a visitar y de flores que olvidaría comprar. Incluso los ángeles pueden morir, en su mundo no existía lo intocable pues todo era tan frágil como una copa de cristal. Inspiró profundo, sellando esa parte de su mente con una vuelta de llave, más de su vida quedaba relegada al olvido. Ahora lo lamentaba, pero el tiempo era amigo y enemigo en igual medida. Llegaría el momento en que nada quede más que libros de páginas en blanco y estanterías vacías, pero ese día podía permitirse sentir en doble medida.


Acostumbrado a los grupos se movía entre los presentes con total dinamismo, dedicando condolencias y una tristeza fragmentada en ojos de agua pura. Vacía de lo que fue, Ann lo miró por una última vez mientras sus manos se aferraban a la madera que la contenía en su lugar – Gracias por ser la luz que dos niños no alcanzaban  a ver por sí mismos. Las galletas, aún tengo tu receta. Gracias por creer en un hombre como a tu familia, a pesar de ser su tormenta de desgracias- Si había algo más, un oído que capturara su plegaría y hacerla realidad entonces tendría paz en su interior al saber que su vieja amiga había encontrado su lugar por derecho, allí donde las estrellas brillan sin igual.
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Re: Fin y Principio

Mensaje por Mina Crane el Miér Jul 02, 2014 6:07 pm

A Mina nunca le habían gustado los entierros. Son un adiós que se queda atrapado en la garganta de los que se quedan y que impide que pase nada durante días. Todo era demasiado definitivo para lo que realmente apreciaba y la dejaba en stand by más tiempo del que hubiera deseado. Por eso odiaba los funerales. Y a pesar de haber perdido a tantos, nunca soltaba ni una sola lágrima.

No era la primera vez que asistía a un entierro de uno de los miembros de los Observadores. Cuando estás metida en ese mundo desde que eres prácticamente una adolescente, aprendes con rapidez a ver por donde van los tiros. Aprendes a no apegarte a nada y que nada es eterno. Ni siquiera los putos hijos de la sangre. Quedaban atrapados en el tiempo, sí. Pero poco a poco morían por dentro hasta que se convertían en estatuas de mármol que veían pasar los años ante ellos condenados a existir rodeados de los mismos cabrones que se lanzarían a su cuello sin siquiera pensarlo. Joder qué mala leche le entraba cada vez que pensaba en uno de ellos. Pero ahora tenía otras cosas en mente.

Se había hecho un hueco en la parte posterior de la capilla. Otro lugar que no le gustaba demasiado. Nunca había sido muy beata cuando era joven y las imposiciones de aquellos que había conocido de los cazadores no habían hecho por aumentar su fe en la Santa Madre Iglesia. Pero tampoco podía echarles la culpa. Su juventud había plagado de negrura y suciedad todo lo que podía haber sido beneficioso y la hacía mirar a la realidad a través de un cristal manchado y sucio por el cinismo y el sarcasmo que envenenaba su sistema circulatorio.

Como buena observadora, se preguntó si todos los que estaban allí lo eran. Si la habían conocido en vida por ser una señora amable o por ser la erudita que la orden ocultaba de los demonios que buscaban su sabiduría. La chica de delante y el par de muchachos sabían que la conocían por ser familia. Había escuchado las quejas de la mujer por ver como todos se marchaban antes que ella. La compadecía en secreto. Aunque seguramente, ni ella sabía que moriría antes de lo previsto. Caminó por el pasillo dejando que sus botas de cuero negro crujiera bajo el peso de su cuerpo hacia el altar. No vestía tan elegante como la mujer de cabello rojo. Ni llevaba un velo como había visto a un par de mujeres más mayores. Era pragmática aunque consecuente con donde se encontraba. La chaqueta de cuero negro oscuro la protegía del frío que hacía en aquel lugar. Escuchó las palabras de Tesla delante de ella. Lo había reconocido al instante aunque no se hubiera imaginado que alguien tan mediático se encontrase en un sitio así y no se hubiera llevado una cámara de vídeo consigo. O bien realmente respetaba a aquella mujer o es que a nadie le parecía realmente importante aquel evento y a él sí.


-Descansa. Otros vigilan por ti ahora... -fue la despedida ceremoniosa que Mina le dedicó a la anciana mujer. Ya podía descansar en paz. Ahora tocaba a otros mantener su guardia.

Llevaba en su bolsillo un trozo de pergamino enrollado con un lazo esmeralda manteniendo su forma circular. Esperó hasta ser la última y lo dejó dentro del ataúd a lado de la mujer oculto entre las telas sedosas del ataúd. Otro escondite que Testigo quería que estuviera a disposición cuando fuera necesario. ¿Quién de los presentes heredaría ahora toda la sapiencia de aquella mujer? Testigo tendría que informarla al respecto. Al volver a su asiento, a solo un par de bancas detrás del periodista, cruzó la mirada con Tesla durante unos segundos. Era más atractivo de lo que había pensando. Eso le abriría puertas y piernas que de otra forma no conseguiría siquiera mecer. Suerte que tenía. ¿En qué estaría trabajando ahora? Tenía cierta curiosidad, si debía admitir la verdad.
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Re: Fin y Principio

Mensaje por Marca del Estigio el Vie Jul 04, 2014 1:53 am


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“Otros vigilan por ti ahora…”

Que ciertas son tus palabras, Mina Crane. Pues los ojos que ahora se apagan han visto demasiado en otro tiempo y lo único que puede hacer ahora es transmitir en palabras aquello de lo que fue testigo. Leonard se mantenía serio como era costumbre, para él no habría despedida por el momento; por lo menos no hasta cumplir la tarea que le fue encomendada. Aun recordaba a Anne tan distante como siempre y más aún desde la muerte de su abuelo.

Con su mirada recorrió el recinto buscando a los “herederos”... Aquella mujer de labios rojos y una belleza con la capacidad de poner de rodillas a cualquier hombre fue la primera en llamar su atención. ¿Como no hacerlo?, inevitablemente destacaba entre la negrura y la tristeza de los escasos amigos y familiares que la fallecida había logrado conservar en vida sin dejar de anhelar que la muerte, fugaz y caprichosa como nadie, le diera el descanso que ansiaba desde hace ya tanto tiempo. Se abrió paso en silencio hasta el ataúd de Anne cayendo en la cuenta de que se veía tan distante como a el le parecía que estaba como para escuchar las palabras y el sollozo desconsolado que había causado su partida, como lo había estado el esos últimos años de su vida. Se abstuvo de levantar la mirada hacia Tesla al escuchar su despedida hasta que estuvo lo suficientemente lejos como para verlo o darse cuenta… Lo reconoció al instante y se pregunto en silencio si la ahora difunta estaba haciendo bien en involucrarlo en aquel mundo lleno de sombras y oscuridad. Desconocía las circunstancias que habían envuelto la tragedia que cargaba sobre sus hombros y solo por ello no se atrevió a cuestionarla mientras ella le hablaba de un buen muchacho que tenia armas para destacar en un mundo que ni siquiera se había asomado lo suficiente como para que lo notase. Leonard suspiro… ¿Que carajos le importaba a el? Solo estaba ahí para hacer cumplir la ultima voluntad de Anne… Lo que luego hicieran alguno de aquellos tres le tenia que importar una reverenda mierda.

Sin embargo esas palabras de despedida, de aquellos que Observan y datan el ir y venir del mundo llegaron de improviso a sus oídos como si fueran una tarjeta de presentación de la última de aquellos que tenía que ver. Al levantar la mirada se encontró con esos mismos ojos claros que le miraban desde la última fotografía que Anne le había mostrado de alguien que ya estaba relacionada con sus trabajos. ¿Que tanto? Jamás la había visto y sin embargo aquella anciana que ahora descansa, parte en un ataúd parte quien sabe donde, parecía estar segura de una capacidad que escapaba a su conocimiento. Esa mujer podía saber más de lo que estaba a punto de recibir que el resto y fue esa única vez donde tragó saliva y se interesó en saber algo más. Si algo de lo que pudiera saber podría llevarle a la revelación y la verdad que tanto él ha buscado.

-¿Mina Crane?- pronunció con voz firme y distante. A lo único que espero fue aunque sea a una simple reacción de la mujer para saber si había dado en el clavo o estaba solo haciendo el ridículo. - Soy el abogado de Anne Strauss, Leonard Wayne. Debo hablar con usted acerca del testamento de la fallecida. La espero en veinte minutos en el despacho del sacerdote.-

Sin intención de mediar más palabra así mismo fue con el joven que su mirada parecía anhelar la paz que Anne demostraba en sus facciones ahora tan rígidas. -¿Jackson Tesla?.- Y así fue también con aquella aparición de fuego que camina al lado de un anciano que parece que se fuera a desmoronar en cualquier momento. Al encontrarla llorando casi no supo como accionar y si le pareció haberse ligado una mirada de descontento de su esposo con buena razón habrá sido. -¿Natasha Nikoláyvena?- La misma presentación fue para los tres y el mismo asunto fue echado como cartas sobre la mesa al final de una partida. Dolidos o no, por la muerte de Anne o lo que fuese, tenía asuntos que tratar con ellos.

No eran simplemente humanos con una curiosidad que raya la locura… Eran Observadores.



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