Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

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Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Mina Crane el Jue Mayo 01, 2014 10:27 am

"Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti."
- Friedrich Wilhelm Nietzsche.

Debía recordarse de nuevo por qué estaba allí. Sentía el frío calar sus huesos bajo aquella raída sudadera que cubría su delgado cuerpo. Testigo había insistido en que fuera ella. Había insistido en que tenía que encontrar la sede de Londres por sí misma. La liberación había sucedido hacía solo un par de días. ¿Cuántos años llevaba bajo su cargo? No lo recordaba. ¿Cuántas veces había salvado su mísera existencia convencido de que tenía un propósito mayor en la vida que morir en un callejón con una jeringa en el brazo? No lo sabía. Le debía todo y aún así nunca se lo había reprochado por mucho que ella hubiera insistido en ello. Era su mentor. El padre que nunca tuvo y que la sacó de la mierda cuando ésta amenazaba con ahogarla. La sacó de las calles. La limpió y la trajo consigo ofreciéndole algo a lo que dedicarse. Algo a lo que entregar aquellos años que había robado a la parca que ya había tenido sus huesudos dedos alrededor de su cuello.

Pero ese tiempo había pasado ya. Había conseguido convertirse en una mujer hecha y derecha. Por lo menos él insistía en que era así. Había recorrido el mundo siguiendo los mandatos del Testigo. Su vida entregada a la búsqueda de una verdad oculta a los ojos de los humanos. Seres que reptaban bajo la superficie o que bebían y comían en caros restaurantes una dieta que revolvería las tripas de cualquiera que osase preguntar. Se había encontrado con muchas cosas en sus viajes. Vampiros y licanos que mantenían aquella guerra ancestral que parecía solo ser fruto de las novelas y películas de terror. Algunas veces se había preguntado qué había pasado con aquellos autores que habían desvelado aquel concepto a las masas. Era cierto que había existido en la mitología... Pero de ahí a mostrarlo de forma global...

Sacudió la cabeza algo mareada. Hacía tanto que no se había metido nada que le había afectado demasiado. Maldición. Tenía que estar más o menos lúcida. Tal vez habría sido mejor haberse quedado en aquel motelucho de las afueras cargando su cuerpo del veneno que le darían el billete de entrada a aquella trampa con forma de centro. Cerró los ojos aferrándose a una esquina pegando la cabeza a la fría roca relamiéndose los labios secos. ¿Por qué se había pasado la mayor parte de su adolescencia metiéndose aquella mierda? Ah, sí. Para poder escapar de aquella realidad que la atormentaba día a día. Sintió una arcada hacer arder su esófago. Contuvo el vómito lo suficiente como para echarlo en un cubo de basura que había a su lado apoyándose sobre los bordes de forma desesperada. Los huecos de sus mejillas mucho más pronunciadas. Sus ojos rojizos, sus manos temblorosas y el equilibrio precario de lo que era. Una yonkie.

Levantó la mirada al escuchar una voz suave. Un hombre de unos treinta años, cabello castaño, mirada gris y expresión preocupada. Sus facciones eran suaves sin ser masculinas. Vestía el uniforme azulado de los ats que atienden las llamadas de urgencias. Levantó las manos hacia ella para mostrar que no tenía nada en ellas. Nada que pudiera hacerle daño. Mina se giró tensa observándole con cuidado buscando la placa con su nombre. No la encontró pegando la espalda a la pared en busca de un apoyo por si tenía que agredirle.


-¿Estás bien? -preguntó mirándola con cuidado. No sabía lo que tenía ella en sus manos y veía la jeringuilla que salía de su bolsillo. Una mirada a ambos lados. No parecía haber nadie con ella. Estaba allí en mitad de la noche, alumbrada por una farola parpadeante que apenas iluminaba a la extraña pareja.

-¿Quién coño eres tú? ¿Qué coño quieres? No soy una puta. Y aunque lo fuera, a ti no te follaría... Lárgate, imbécil... -replicó ella moviendo una mano para intentar volver a internarse en aquel callejón. Pero la droga hacía de las suyas en su sistema obligándola a dejarse caer sobre la pared dando pasos a tientas. Solo era cuestión de tiempo que cayera al suelo.

-N-No era esa mi intención. T-trabajo en el centro St Mary's. Es un centro de rehabilitación -dijo aquel buen samaritano siguiéndola al principio algo contrariado por aquella respuesta. ¿Tan desagradable parecía para ser rechazado por una mujer que vendía su cuerpo? -Soy Luke. ¿No es mejor descansar en una cama y tener una comida caliente que quedarte en este sucio callejón? -preguntó tentándola con la perspectiva de salir de la calle. Pero aquello también significaba a veces el que terminase en un centro de desintoxicación encadenada a la cama o en la cárcel.

-No. Déjame en paz. Vete a buscarte a otra que te la chupe... -insistía la chica muriendo por dentro al parecer tan jodidamente puteada de aquella forma. Su acento no distaba mucho del de aquel hombre enmascarando con cierta facilidad su verdadero origen. Si fuera turista sería más sospechoso. Pero una chica por aquel barrio... No era tan raro. Se limpió la boca con la manga de la sudadera y se detuvo mirándole. Lo cierto es que aquello de la cama y la comida sonaban bien.

-Venga, ven conmigo. No te van a tomar los datos. Es anónimo. Si no te gusta, te traigo de nuevo para aquí -insistió tomándola con cuidado de la cintura antes de que cayese al suelo realmente. -Tranquila. Yo cuidaré de ti. Por ahora... -dijo ayudando a aquella chica a internarse en una furgoneta con el logo del St-Mary's.

Por si acaso, sacó una jeringuilla de una pequeña funda inyectándola en el brazo de la chica. No sería muy agradable si se despertaba por el camino. Más valía prevenir que curar cuando trataba con Él. El vehículo desapareció en las oscuras calles londinenses siendo tragado por las sombras. Aquella yonkie no volvería a ser vista. Pero, lamentablemente para Luke, Mina no era una adicta cualquiera y no sabía que estaba haciendo exactamente lo que quería.


**************************************************************************************

Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba fuera de combate. Le dolía la cabeza y cada instante de su cuerpo. Cada articulación estaba agarrotada. Como mínimo llevaba un par de días así. Entreabrió los ojos sintiendo una fuerte luz sobre ella quedando cegada unos segundos. ¿Dónde diablos estaba? Giró la cabeza para apartar la vista de la molesta lámpara y entrecerró los ojos intentando divisar qué era lo que había más allá. Parecía una cortina de plástico extremadamente sucia y amarillenta. En algún momento tuvo que ser transparente pero ya no. Al otro lado, varias mesas metálicas con las patas oxidadas estaban pegadas a una pared ennegrecida por el paso del tiempo y las manchas. Era... ¿sangre? ¿Mugre? ¿Moho?

Ni siquiera lo sabía y no tenía mucha intención de averiguarlo. Intentó incorporarse para darse cuenta de que estaba atada a la camilla donde la habían tumbado. Un par de tiras en los brazos y otro par en los tobillos que la mantenían en aquella postura. Ya no llevaba su ropa, sino que vestía el típico traje de enfermo de los hospitales. Por lo demás, solo le habían dejado la ropa interior. Su primer pensamiento fue el gritar. Pero no sabía donde estaba. No sabía que tenía delante de ella y estaba demasiado cansada como para poder hacer algo al respecto. Escuchó pasos acercarse en su dirección por la derecha al otro lado de la cortina de plástico. Terminar en un sótano de un matadero como en una película de terror no era como quería acabar con su miserable existencia. Aunque debía admitir que el destino era un puto poeta por pintar aquel cuadro para ella.
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Josef Szymanw el Vie Mayo 02, 2014 8:26 am

La ciencia. La gran divinidad olvidada que desde hace siglos la religión viene intentando extinguir sin resultados. La ciencia es la madre de las preguntas, señora de la hijos que no se conforman con "un porque así lo quiso dios". Tan extensa, exigente y misteriosa como inalcanzable sus secretos que rayan en la obsesión de quienes la siguen, caminantes en pos de arañar un solo atisbo de su inmensa grandeza.

Desde comienzos del S.XX, los científicos Londinenses se consagraban a cada investigación pagando por materiales frescos, cadáveres recién fallecidos de todas edades y sexo, que con minuciosa meticulosidad investigaban sobre sucias mesas y en decadentes locales, donde los fallecidos eran poco más que ganado para ellos. Estos primeros carniceros extraían cada órgano como un componente universal de la gran cadena de la vida, siendo algunas veces para sus propios experimentos u otras para acabar vendiéndolos a universidades de medicina y ciencia, en favor del progreso.

Nada dista el pasado del presente para este caso, agudo lector, salvo el estado más fresco de los pacientes y la nacionalidad del investigador que sigilosamente se desliza entre ellos anotando cada entrada con exquisito detalle. Hoy, y desde hace cuatro días viene comprobando y analizando el mercado que el ser humano es en si mismo, para con los inmortales. Ningún sector es tan favorable a sus planes, como los desechos vitales que sobre las mesas de su consulta tiene en estos momentos. Yonkis, la basura del mundo de arriba, tan dispuestos a cooperar con él, inocentes de su propio estado de tragedia con tal de obtener una nueva dosis.

- ¿Como estas hoy Paciente #N00306? - pregunta Josef sin entrar en su angulo de visión, enmascarando el olor de su presencia física bajo el artificio de un dispensador de aire que propulsa una mezcla de lavanda y limón cada dos minutos en la estancia. El hedor que le acompaña no sería un problema para él, de no ser un inconveniente en este caso, para mantener una conversación profesional con sus pacientes. Muchas de las reacciones de vómitos, pasadas, fueron caso de su culpa y no de las drogas, error solventado levemente con esta invención moderna de la que hace uso, solo en casos prácticos como estos.

Las drogas que mantenían dormida a Mina ya han sido retiradas a fin de obtener pequeños datos que ayuden a una conclusión próxima, mientras un suero de creación propia de Josef recorre el interior de sus venas marcadas. La historia de la mujer que va despertando sobre la mesa no resulta ni siquiera de interés para él. Las cicatrices de su cuerpo hablan por ella. Las de la espalda y los muslos internos desvelan una infancia problemática y posiblemente traumatica, lo que ha lugar a que las de sus brazos sean normales en estos casos, pinchazos y marcas de suicidio. Estas ultimas podrían haberle salido bastante bien, por la verticalidad de las mismas, si alguien no se hubiera puesto en su camino.

Ángeles de la guarda, a veces hacen más mal que bien. La sacaron de su pesadilla liquida, la limpiaron y le dieron un propósito, un gimnasio donde recuperar musculo y cuerpo, una vida nueva que por algún motivo nuevo se volvió a truncar. La muerte dulce siempre aguarda el regreso de sus hijos predilectos.

El bajo nivel de residuos en su sangre, demuestra en este caso una recaída rápida al estado primario. No hay nada peor en el mundo que una ex-yonki reenganchada. Pero para el caso, Josef no tiene inconvenientes, dado que esta probando en ellos un placebo. -¿Experimentas nauseas o vértigo? - con celeridad destapona una botella de agua y mediante una caña procede a dar de beber a su paciente, desde arriba. Dando apenas a observar una mano enguantada en látex - Bebe y dime como te sabe - cada pregunta es expresada con la máxima suavidad exhortando su autoridad en segundo plano. Cada respuesta obtenida es un resultado a favor o en contra de su investigación y por supuesto en dictamen, a la estancia que pueden pasar con él.
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Mina Crane el Sáb Mayo 03, 2014 8:29 am

Debía confesar que escuchar los pasos fuera de su rango de visión no era algo que fuera especialmente agradable. Sentía en la boca del estómago ese nerviosismo que sienten los humanos ante lo desconocido atenazando con revolver aún más sus entrañas de lo que ya estaban de por sí. Entrecerró los ojos moviendo la cabeza lentamente para buscar la fuente de aquella voz. Un ligero acento lo delataba como alguien que no era de Londres. Pero aparte de eso, no sabía nada más.

Se estiró sobre la camilla visiblemente incómoda por aquella posición en la que estaba forzada a encontrarse. Tiró ligeramente de las ataduras de sus muñecas aunque era inútil. No tenía fuerzas para resistirse, y aunque hubiera estado en plena forma, el cuero no iba a ceder fácilmente. Su mente aún atolondrada por las drogas que Josef le había administrado había acallado el mono de la heroína. Cosa que agradeció internamente aunque no de forma consciente. Aún recordaba aquellos primeros días cuando no era más que una niña buscando el siguiente tiro para silenciar las voces de su propia mente autodestruyéndose.

Paciente... Paciente... Aquella palabra resonaba en su cabeza y, aunque el proceso cognitivo estaba algo lento, una extraña sensación mezclada de satisfacción y temor se acomodó en sus tripas. Había dado de lleno con aquello que había estado buscando. Debía admitir que había sido algo reticente a creerlo. Era buena buscando patrones, se había pasado casi media vida buscándolos en uno sitio y en otro, pero aquel con el que se encontraba ahora mismo era bueno. Solo el Testigo había sido capaz de ver lo que los demás no veían y ella ahora se encontraba con la prueba irrefutable de que era así. Aunque nunca habría sospechado que se encontraría con semejantes instalaciones. Estaban sucias, sí. Pero bien acomodadas y por lo poco que podía ver, bien abastecidas.

Frunció el ceño ligeramente cuando volvió a escuchar la voz hablarle. Lo lógico habría sido girarse para buscar su origen pero sospechaba que tarde o temprano, su tímido captor haría su aparición. Aunque no estaba muy segura de querer verlo realmente. De nuevo, el pequeño sonido del ambientador la hizo girar la cabeza olisqueando el ambiente que ahora se había plagado de un aroma a limón y jazmín.  


-¿A qué coño huele? ¿Que estoy en una funeraria o qué? -preguntó con voz molesta. Después de todo no podía delatar que se encontraba más... ¿cómoda? Sí, podía definirse de esa forma. Cómoda con la situación de lo que debería. -E-estoy algo mareada pero no. Nada de eso. ¿Por qué estoy atada? ¿Dónde estoy? ¿Dónde...? -preguntaba mirnado a su alrededor antes de ver como aquella mano enguantada aparecía delante de su cara con aquella botella de agua que escuchó abrirse por encima de su cabeza. -¿Qué cojones...? -preguntó intentando levantar la cabeza para poder ver más allá de donde estaba aquel brazo embutido en una bata blanca de laboratorio.

"Nota mental: Si salgo de ésta, comprarle al capullo aquel una buena botella de whisky escocés como compensación por no creerle. Cuándo aprenderé..." -pensó para sí misma, dándose una patada en su culo mental.

Mirando la caña dubitativa se preguntó si realmente aquello sería agua lo que le estaba ofreciendo. Lamentablemente, la sed y el no poder olisquear la botella por culpa del ambientador hacía que sus emociones fueran contrarias. De forma tentativa, no queriendo extender su... osadía. Decidió dar un pequeño trago. No tenía demasiado sentido el haberse tomado todas esas molestias para atarla para luego envenenarla a la primera de cambio. Tragó, sintiendo cuan seca había tenido la boca y dio otro par de tragos más profundos cuando sintió el frescor aliviar su garganta antes de que alejara aquella botella de ella. Se relamió los labios volviendo a descansar la cabeza sobre la camilla y suspiró algo cansada.


-Sabe ácido... -respondió ella consciente de que el haber estado respirando ese ambientador durante tanto tiempo podría haberle afectado el paladar aunque tampoco sabía si realmente ese sabor provenía del ambiente y no del agua mismo. -¿Qui-quién eres? Y... ¿Qué quieres de mí? -preguntó de forma que pareciese que realmente ahora empezaba a apreciar la gravedad de la situación en la que se encontraba. A saber lo que este... tipo hacía con personas como ella.
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Josef Szymanw el Jue Mayo 08, 2014 6:41 pm

El hedor. Era lo primero en lo que se fijaban las personas perspicaces. Así que ella lo era. Un inconveniente, una maldición que venía con el regalo de la inmortalidad, un lamentable inconveniente del que no podía escapar siquiera con los inventos del S.XXI. Había perdido dos años en investigaciones antes de aceptar definitivamente la esencia de Lázaro, como un olor personal, pues nada lo borraba. Solo podía hacer por mitigarlo.

A la pregunta inicial, acompañaron otras. Más rudimentarias, más normales. Las que habría esperado llegar de cualquier paciente. - Esta en mi consulta. Las correas son por su bien, para que no se caiga de la camilla. A veces los pacientes se mueven demasiado en sueños y caen - respondió paciente, observando con detalle cada giro de su cuello, cada instintivo seguimiento de la caña, la botella y su mano. Le observaba, con tanto interés como él ponía en ella. No tenía sentido informarle a que era el olor. Lo averiguaría más tarde o más temprano, según el avance de la investigación.

Con mano diestra desterró la botella al fondo de una papelera y analizo las respuestas, anotándolas con cuidada caligrafía en una libreta extraída de uno de sus múltiples bolsillos, para tal uso. Cada respuesta componía un sinfín de posibilidades para la formulación de nuevas preguntas. Pero como no, la mujer volvía a la carga, con nuevas preguntas. Josef habría suspirado, de querer hacerlo. Solo por representar la carga que suponía atender a los vivos. No se podía avanzar sin dar un poco a veces, consintió, otorgando alguna respuesta en favor de alguna de sus preguntas. - Soy su doctor. Y necesitaría su edad, para la ficha... ¿33... 34 años, quizás? - pregunto sin moverse de su espalda. Decirle que necesitaba de ella realmente, era como conseguir que un mono entendiera las cartas que se le presentaban. Todo un logro de la ciencia, dado el estado mental de los yonkis examinados hasta el momento. Aunque nunca estaba bien subestimar a ningún ejemplar, por norma las hembras siempre eran más gratificantes que los machos, en cualquier especie.

- Estoy haciendo un estudio de un depurante sanguíneo, con vistas a la sanidad publica - solo era una mentira en parte. Si bien la sanidad correría a cargo de los inmortales, el depurante no dejaba de ser un placebo para conseguir una mejor aceptación entre sus pacientes. - Voy a sacarle algo de sangre, ¿permite? - por supuesto no necesitaba su consentimiento tácito, pero cualquier muestra de buena conducta arreglaría entre ambos un contrato del que solo Josef conocía los beneficios.
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Mina Crane el Jue Mayo 15, 2014 7:07 pm

"Doctor. Pues qué bien. Sí que eres un lumbreras macho. Si es que... Voy a tener que pedir un aumento. Sí. Uno bien gordo. Hace tiempo que quiero irme de vacaciones y no tengo la pasta para hacerlo" -pensaba para sí la chica mientras cerraba los ojos visiblemente atontada.

Lo que le habían inyectado no se había terminado de ir y el síndrome de abstinencia empezaba a hacer mella en ella. Se relamió los labios ahora secos de nuevo aunque hubiera bebido solo hacía unos segundos y maldijo para sí el volver a envenenar su cuerpo. Con lo bien que se había sentido. El subidón sin duda no merecía los síntomas posteriores. Por eso los que podían se mantenían drogados todo el tiempo posible.

Cerró los ojos de nuevo intentando centrarse en lo que tenía a su alrededor. El acento del doctor era llamativo sin duda, pero tenía que averiguar donde estaba. Sabía que estaba bajo tierra. La ausencia de ventanas así lo delataba. Pero no terminaba de ubicar el sitio. No conocía tanto Londres como hubiera querido pero otros vampiros que habían tenido la desfortuna de encontrarse con ella habían sido más elegantes. Este era demasiado siniestro incluso para ella.

Sintió como el agua que había bajado por su esófago subir de nuevo quemando su garganta pero lo contuvo. Lo que le faltaba ya era vomitar sobre sí misma sin saber cuánto tiempo estaría allí. Con mucho asco, tragó de nuevo mordiéndose el labio inferior y suspiró cansada. ¿Qué coño le había dado ese lunático? ¿Y dónde cojones estaba?

"Su consulta, imbécil. Estás en su consulta. Céntrate de una maldita vez o vas a morir en dios sabe donde con dios sabe quién..." -pensó de nuevo para sí para motivarse.

A veces le pasaba que se le iba la cabeza a otras cosas y no se centraba en lo importante. Y ahora mismo, donde tenía que concentrarse era en saber donde coño estaba la consulta del doctor alemán este. Porque parecía tener acento de por ahí. O al menos era parecido al de los protagonistas de los vídeos que Testigo le había hecho tragarse como parte de su "adiestramiento".

"Una de las cualidades que debe tener un Observador es poder comprender lo que está observando. Por eso, Mina, -había dicho su nombre por enésima vez aquella mañana ya. -tienes que aprender todo lo que puedas, mantenerlo en esa cabecita tuya. Y accederlo cuando sea necesario. Ahora, volvamos a la lección. Recítame un fragmento del Mein Kampf. Y no te hagas la lista. En alemán..." -había dicho con aquella pedantería que le caracterizaba. Le debía la vida, sí. Había sido el padre que nunca había tenido, sí. Le había salvado la vida, le había sacado de las calles, le había dado una razón de ser. Sí, sí y sí. Pero a veces tenía ganas de patear ese trasero de sabiondo suyo para que se le bajaran los humos. Maldito ególatra tocapelotas...

Se removió entre sus amarres de forma inconsciente tensándose un instante. Ni siquiera había escuchado su pregunta cuando dijo su edad. En cualquier otro momento habría dicho algún comentario irónico sobre la edad de los progenitores de aquel que le ponía más edad de la que tenía pero lo dejó pasar. Asintió sin decir nada poniendo oído en todo lo demás mitigando el sonido de la voz de Josef.

Escuchaba un par de respiraciones profundas. Algo lejana una. Casi al mismo ritmo que el suave pitido de un monito de señales vitales. Frunció el ceño escuchando el suave rascar de algo que se movía más allá de su campo de visión. parecía un lápiz sobre papel o un bolígrafo. Un goteo continuo. Plop, plop, plop. Cayendo cada gota sobre algo que no conseguía identificar. A veces no entendía por qué las personas se irritaban con aquel sonido. A ella le había traído paz en más de una ocasión. Le ayudaba a controlar el paso del tiempo. Mentiría si dijera que era la primera vez que estaba en una situación como esta, pero esperaba que no fuera la última y que su vida terminase ahí de forma abrupta.

Entonces, una palabra sacó a Mina de su exploración mental del lugar. ¿Sangre? Sí. Había dicho sangre. Pues claro que quería sangre. Se hubiera reído en su cara si no hubiera tenido que hacer de joven yonkie tonta que no sabe nada del tema. Se le ocurrían al menos tres bofetadas verbales que darle y no podía soltarlas. Algún día se mordería la lengua demasiado fuerte y moriría envenenada por su propio cinismo. ¿Así que quería sacarle sangre? Pues que lo hiciera. A ver si salía de aquel escondite el doctor...


-Cl-Claro. L-lo que usted diga, doctor -dejó un suave acento, no muy remarcado ni muy obvio parecido al que el propio Josef tenía. Tantas horas escuchando películas en versiones originales y documentales en los idiomas que a Testigo se le había ocurrido tendrían que servir para algo en algún momento. Era un gesto algo atrevido, pero si no apostaba, no iba a ganar jamás.
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Josef Szymanw el Miér Mayo 21, 2014 7:31 am

Cada una de sus miradas como pudo observar Josef estaban centradas, pero no en él. Estaba fuera de toda visión en el encuadre de su vista. Mina debería haber hecho giros imposibles con tal de encontrarlo. Pues entonces, ¿qué miraba? Por curiosidad imito cada gesto, cada visual encontrando en los pequeños detalles cada chispa de la investigación de su paciente y con ella un brote de alegría al percatarse de la grandeza humana. La belleza con la que se lucha contra el miedo, justificando aquello que no se conoce con exposiciones similares a las que son reconocibles.

- Si, no es el lugar más optimo. Pero es lo que necesitamos - hizo hincapié en hacerla participe de su investigación. De mutuo propio y por darla a enterado de lo que estaba haciendo. Al otro lado de la sala, ya comenzaba a escuchar los pasos arrastrados de sus agujas hacia el yonki que había descartado. ¿Sería ella capaz de averiguar lo que estaban haciendo las sombras del otro lado de la cortina?¿El acecho de sus cuerpos sobre el hombre tendido en la camilla en pos de su cuello y muñecas?¿Sería consciente de que significaba cada gemido y cada quejido?

Con un movimiento imperceptible Josef se desplazo por el lateral de la camilla en donde descansaba Mina. Su rostro apenas iluminado por el calor del sol, jamás habría pasado por normal. Ni siquiera su cabello blanco ni sus ojos, dos pozos marfil de antigua y fría causa encajaban con los de un albino, como antaño justificara ante sus pacientes. Ya no había motivos de ello. Aprendido estaba a no justificar un intento de mortalidad, de igualdad. Todo él hablaba donde sus labios callaban. Su pose firme y grácil, como un bailarín que captura el movimiento del aire para hacerlo suyo, susurros invisibles del espacio que poseía mientras su cuello giraba de un lado a otro, meticuloso, expectante.

- Sera solo un pinchazo. Nada que deba preocuparla - verbalizo dando un único golpe en el brazo extendido de Mina para resaltar mejor las venas, justo después de pasar una gasa de alcohol. Ante todo la esterilización, la perfección no se conseguía haciendo mella en los errores comunes. Como un golpe de efecto, extrajo la jeringuilla de su mano perfectamente colocada entre sus dedos. E incluso entre los pliegues del guante, sus uñas perfectas como garras pequeñas, eran plausiblemente visibles.

Inclinando la vista ante su paciente Josef se sumergió en su propia curiosidad, ninguno de sus Yonkis era como Mina. Buscando algo que diera sentido a ese momento más que a su vida misma, despreocupada y segura a la vez, llevando el acento de un tiempo perdido en su hablar, hasta los oídos de Josef, creando el despertar de viejos momentos de gloria en su cabeza. Como añoraba tener a mano a sus antiguas pacientes. Tan dóciles como ovejas en su matadero, tan atentas como vírgenes en su inocencia. Los judíos para Hitler eran los desechos de un mundo a crear, perfecto. Pero aquellos desechos eran para Josef, las moléculas y las células de un cuerpo descompuesto que el hilvanaba con majestuosidad, aprovechando cada instante de sus vidas, para hacerlas brillar fugazmente en meticulosas explosiones de arte en su laboratorio antes de que se convirtieran en cenizas y polvo, bajo el negro manto volátil de Auschwitz.

Consciente de como quería sumergirse en su alma cuando esta le devolviera una pequeña imagen de si impresa en el fresco de sus ojos. - Danke, Patienten # N00306. Haben Sie den Stern von David küssen oder sind frei von arischen Blutes?- susurro alegremente, mientras como una víbora, que capta la atención más mínima de su victima, Josef irradio la sutil fuerza de su sangre, atrayendo a Mina hacia él, capturando su mirada mientras sus manos aplicaban la aguja, sin procurarle dolor extra, más que el leve momento del pinchazo y la extracción.

"¿Como es la puerta de tu mente?. Deja entrar al que trae la llave" resonó el eco contra la mente de Mina, en la negrura que solo se atisba cuando todo lo demás no importa, las luces del mundo exterior crean patrones tras la nebulosa del pensamiento, bajo la mirada hipnótica de ojos marfil, tan silenciosos como la muerte.

Traducción:
- Gracias, paciente #N00306. ¿Besas la estrella de david o eres libre por la sangre aria? -


Última edición por Josef Szymanw el Miér Jul 09, 2014 1:05 pm, editado 1 vez
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Mina Crane el Mar Jun 10, 2014 9:39 am

A decir verdad, sentir la mirada de Josef sobre ella no era algo que le fuera especialmente desconocido. Era una mirada que muchos la echaban. Nadie sabía de donde venía, ni qué era lo que pretendía hacer cuando se adentraba en un mundo oscuro como aquel. Las cosas que hacía por completar un trabajo podían llegar a ser extremas. Despiadadas incluso. Pero en el mundo donde ella había crecido, el fin siempre justificaba los medios. Afortunadamente, aquella vez no había tenido que recurrir a otros recursos y se había adentrado ella misma en ese marrón. ¿Salir de ahí? Eso ya era otra cosa.

Al ver a Josef salir de la oscuridad hizo que su corazón se detuviese por unos segundos. Nunca podría llegar a acostumbrarse a ver a un vampiro. Todos tenían sus formas de comportarse, sus formas de hacer las cosas y su aspecto. Cada uno grotesco a su forma y bello de otra. Si no hubiese sido por testigo, seguramente estaría muerta o siendo esclava de algún vástago de sangre en algún cuchitril en mitad de la nada. Mina no era de las que se mostraban a sus compañeros. Ella nunca podría haber sido una mascota elegante o bonita que enseñar a otros. Se relamió los labios sintiendo ese escalofrío que recorría su espalda hasta que tuvo que desviar la mirada hacia el brazo donde estaba a punto de introducirle aquella aguja. Se podía notar la maestría. Fruto, seguramente, de los años de entrenamiento médico y millares de pacientes.

Al escuchar sus palabras de "consuelo" asintió simplemente. Era encantador ver como se molestaba en decirle que no le dolería como si eso fuera a cambiar el hecho de que se estaban alimentando del pobre desgraciado que estaba al otro lado de la cortina de plástico. Sintió la aguja moverse suavemente en su brazo pero eso no la molestó. No sería la primera vez que se hubiese pinchado con las manos temblando y los dedos agarrotados del frío y el mono. Aquello no era nada. Se preguntó con cierta curiosidad qué haría con aquella sangre que extraía. ¿La guardaría en una botella para hacer mezclas extrañas como lo haría un enólogo con los tipos de vinos en enormes barricas? Lo dudaba. Si fuera así, la estaría desangrando. O tal vez quería hacer una cata antes.

"Genial. Tú y tu bizarra imaginación..." -pensó para sí mientras se imaginaba a aquel extraño ser con una botella de vino delante de él y una copa llena solo hasta la mitad. Con la elegancia que puede que le faltase por ser más pragmático. No parecía de aquellos que disfrutaban de los lujos realmente. Aunque algo en ella le hacía pensar que podría llegar a apreciar alguno.

Escuchar su acento era refrescante en cierta manera. Tenía ese deje del centro de Alemania aunque dudaba realmente que fuera de allí originalmente. Al menos, centrarse en averiguar su dialecto podría sacarla de la imagen mental que se estaba formando sobre lo que haría con ella si descubriese que sabía lo que era y tenía una ligera idea de sus intenciones para con sus conejillos de indias. Maldita suerte la suya.


-No. No soy judía, doctor -dijo tras unos segundos pensando en qué hacer.

Hablarle en alemán habría sido una buena opción pero era mejor no adelantarse a los acontecimientos. Mejor mantenerse en algo curioso pero no demasiado valioso. Lo que le faltaba ya es que se obsesionase con ella y no la dejase tranquila. No sabía si podría con él. Lo dudaba realmente teniendo en cuenta que había contado como mínimo una docena de cuerpos diferentes caminando por detrás de las cortinas de plástico que dividían su "habitación" de la de su compañero. Sintió un escalofrío recorrer su nuca al mirar hacia el lateral. Una extraña sensación la hizo mirar hacia el frente buscando la mirada del peligroso ser ante ella. Algo que nunca había sentido pero que había leído sobre ello. Al escuchar la voz en su mente, giró la cabeza intentando aliviar la presión sobre ella aunque algo la llevaba de nuevo a la mirada de su captor.


-N-No... Me encuentro bien... ¿Qué me está pasando? -preguntó con voz nerviosa aunque en un pequeño hilo. Su cuerpo se removió intentando resistirse inconscientemente a una invasión de la que ni siquiera era consciente realmente. Aquello no le gustaba ni un pelo. -¿Qué me está haciendo? Pare... Pare... -empezó a decir confundida y nerviosa tirando de sus ataduras. No era buena idea entrar. Era una jodida pésima idea. Si tan solo hubiese hecho caso a Testigo. Maldita suerte la suya encontrarse con un ser tan antiguo. ¿Por qué cojones no podía haber sido un psicópata normalito que buscaba alimentarse de sangre para poder colocarse a gusto? Joder.
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Re: Descenso al Infierno... - [Flashback - Josef Szymanw]

Mensaje por Josef Szymanw el Vie Jul 04, 2014 10:59 pm

Josef dejó caer su mano con delicadeza sobre los cabellos de la mujer, dulcificando su gesto hasta acabar por convertirlo en una esmerada caricia. Sabía de sobra que el calor ausente de sus dedos no haría que aquel gesto fuera mejor, pero el efecto de propiciar la calma no era para ella, sino para él.

Se sentía dolido en lo más hondo de su ser, por la falta de aprecio tácito en la pequeña reunión que ambos estaban teniendo. -¿Así que preferirías estar con un psicópata, antes que con una persona de refinado y elegante trato?- la pregunta no podía estar más cargada de insidia a pesar del tono suave con que había sido pronunciado. De haber recordado como se hacía, Josef habría respirado profundamente para ahogar la chispa de ira, en que el dolor se transformaba en lo más profundo de su mente. - No aprecias los pequeños detalles que te han traído aqui. El tiempo que con esmero se ha preparado y servido en torno a ti, y otros que como tu, lo desperdiciáis enturviandoos la sangre y la mente, hasta el fin de vuestra propia destrucción... ¡ingrata!- su tono suave murió en aquel mismo momento en que sus labios pronunciaron la descalificación.

Sus dedos poseídos por aquel atisbo de ira, estiraron los cabellos de Mina haciendo del dolor un momento, antes de que Josef recuperase la compostura. No podía dejarse contaminar por el cinismo de su paciente, o parecería un niño con una pataleta. - Pero esta bien... has dado tu opinión. Negativa y descortés, pero respetemosla - finalizo al punto, soltando sus cabellos, llevando a una pequeña probeta uno de sus pequeños castaños cabellos. Embotellado y etiquetado, lo guardo en uno de sus bolsillos, fuera de su vista y volvió a centrar su atención sobre Mina.

- Sabes querida, he de admitir que la tuya es una de las mentes más luchadoras que he encontrado en los últimos años. Demasiado para una yonki re-enganchada - un punto afortunado para ella, que no dejaba de ser curioso para él. Y Josef quería comprobar hasta que grado su mente era capaz de luchar contra algunas de las limitaciones que estaba a punto de infligirle. Todo por el bien de la ciencia, por supuesto, por lo que desapareció de la estancia por unos minutos, solo para reaparecer ante su vista, mostrando lo que había ido a buscar.

Una cubeta y una rata viva, que se debatía de forma frenética entre los dedos de Josef. - ¿Sabe como se usaba esto en la edad media, Fräulein? - pregunto esbozando la mejor de sus siniestras sonrisas para intimidarla. - Seguro, que con su imaginación, da con la tecla. Pero puede evitarlo, si me cuenta detalles de su vida, antes del re-enganche - comento de forma tranquila dejando ambos, objeto y animal a un lado, para ocuparse en ir plegando su bata de paciente hasta dejar al descubierto su perfecto y suave vientre.

Ya que la dama había sido tan explicita en sus gustos, Josef iba a darle a probar de su propia medicina, aunque para él los peores psicópatas no eran los del gore, eran los callados que estudiaban el comportamiento humano hasta el ultimo ápice de su cordura.

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