Adrilea Alatariel

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Adrilea Alatariel

Mensaje por Adrilea Alatariel el Lun Abr 28, 2014 10:04 pm

Adrilea Alatariel


Datos básicos
Nombre completo: Adrilea Alatariel
Apodos: La Bruja Blanca
Original o Predeterminado: Predeterminado
Edad: 409 años
Fecha de nacimiento: Febrero de 1604
Lugar de nacimiento: Bretagne
Raza: Licano.
Luna en la cuál nació: Luna Creciente
Animal Totémico: Unicornio



Descripción Psicológica


Hace honor muy bien a sus extraños dotes, inspira aquel cobijo casi de aire maternal y de sosiego que suele brindar Selene en lo alto con su luz. Se dice que la paz que irradia deriva al nacer del caos, en márgenes del tercer Maelström, pero así mismo hace honor a los rumores mostrándose temible durante la batalla, aún más por los larguísimos periodos de quietud que presenta. Alatariel parece de una actitud relativamente idealista, trata de llevar su consejo oportuno pero  se niega a perder el tiempo si ve que la negación al entendimiento deriva de un origen frívolo, mundano: primitivo. Prefiere una existencia en quietud, pero no dudaría en mostrar una naturaleza despiadada como al justo orden natural al que  sirve, la ley de la Gran Madre.


Historia



La Umbra, resultó un paraje aún más desconocido para el joven entendimiento de la Ardwolf que había logrado cruzar a pesar de todos los años acumulados dentro de su cuerpo. Años distante del plano de los espíritus, algo dolorosamente normal en su manada. Pero atentando contra todo convencionalismo, la preciosa Ardwolf se había reencontrado con aquello que susurra desde la tierra, tanto, como para llegar hasta aquel lugar tan propio y tan desconocido al mismo tiempo. Umbra, sobrecogedora y sosegadora  por igual ante la indiscutible seducción maravillosa que genera a los ojos de un lobo que la observa por vez primera.

Sin embargo, saltaba a la vista la temeraria insensatez de sus acciones, sin importar cuanto confiara en el filo de su bien pulido espíritu de batalla. Y esto, no se debía exclusivamente a su  evidente ignorancia.

En un yermo plateado y oscuro las Extrañezas no conocían el decoro al mostrar sus horripilantes e inenarrables siluetas de claroscuros.  Fue en aquel páramo  donde la mujer se vio rodeada por ellos, famélicos, sedientos.  Y en ese momento, con aquel mundo que se abría frente a ella, donde bien podría haber alzado la espada, sólo vio la necesidad en sus ojos vacíos. Para entonces se había empapado del saber suficiente como para conocer que aun siendo espíritus necesitaban sustento y que ella en algún momento habría de servir como tal, pero no podía simplemente invitarles a servirse de ella y saciarse.

Supo que mentir a un espíritu  sería el epítome de sus tropiezos, así que humildemente, desde las profundidades desnudas de su interior, imploró por  tiempo  para quienes eran atemporales. Sólo un poco más, para dar a luz y servir de alimento a su cachorro como lo sería para ellos si aceptaban dejarla marchar. No funcionó, tan burda promesa no podría valer para ellos… pero no así para el elemental de agua que también escuchó. Un gallardo caballo líquido emergió de las aguas cautivado por la inusual pero entrañable vehemencia de la licana y saltó  a un cuenco de coral que pendía en su cuello, llenándola con agua interminable postulándose como un mejor alimento del cual las Extrañezas bebieron hasta saciarse.

Pero aquello no era simple benevolencia. El espíritu encontró en ella un fin y su ayuda tenía un precio que aún en nuestros días sigue pareciendo irrelevante para los ojos incrédulos, haciéndole prometer que el objeto al cual se había ligado pasaría a manos de su cachorro apenas naciera.

Y así fue. Del insólito amor que se había consumado entre aquella guerrera y un chamán Fenrir, en el albor del siglo XVII, cuando el mundo temblaba con el ojo del tercer Maelstrom mirando al cielo, violentando las aguas del mar del Norte fue que Adrilea nació en medio de una afortunada suerte aparente; cuando la nave en la que viajaban sus padres había logrado salir avante del aterrador retroceso de las mareas.

A bordo del navío viajaban un grupo de chamanes además de Sevan —su padre—, quienes apenas descendieron en el puerto de Saint-Malo se desataron en toda serie de deducciones que más tarde se convertirían en los rumores devanados alrededor de Adrilea; todos, por supuesto, nacidos de un amplio abanico de instintos  pugnando desbocados que iban desde un inminente augurio funesto encarcelado dentro de la recién nacida, hasta una mensaje de Agua.

“Nació de la ira del mar… ella es parte de él y  agrada a los ojos del gran espíritu…” Dijeron y esta idea imperó sobre el resto.

Desconociendo algo más sobre el caprichoso fin que los espíritus deparaban para  la niña, el único sendero a seguir entonces era llevarla al joven santuario de Brocéliande —a donde se dirigía la caravana inicialmente— y cuando llegara el momento oportuno, cuando la gracia del pensamiento fuese guiada por la mano invisible de la consciencia, sólo entonces, las horas de Adrilea quedarían atadas a las enseñanzas de la comunidad de  taumaturgos.

Fue a una tierna edad cuando dicho momento llegó, en el transcurso de aquellos años de cristal  la niña siempre lució alrededor de su cuello el desconocido afiche como su madre había prometido al espíritu. Y allí estaba Skaden, aquella Ardwolf de antaño que por un momento dejaba de ser  la guerrera para ser  la madre, tanto o más incrédula que los chamanes que se llevarían a su preciosa cachorra: con la voz de Sevan susurrando a su oído  intentando justificar la partida del fruto  de su amor encarnado, le beso la frente con inmenso pesar  y luego le dejó partir.

Exiguo y por mucho, muy corto fue el tiempo que la tristeza ensombreció los ojos celestes de Adrilea, fue cuando se supo que en esos orbes se anclaba algo más que la gracia azulina heredad de Selene, sino también una perspicacia impropia conciliadora consigo misma y con el medio que la rodeaba, más lo que en el mismo habitaba.

Internada por decreto en una arteria del territorio Fenrir, creció exhibiendo una quietud casi inverosímil en oposición a cualquier rumor vinculado a su origen. Como una tierna camelia blanca, mientras florecía creó un desconocido lazo hacia un punto  de alta densidad espiritual que se manifestaba humildemente —y no por ello menos hermoso— como un  círculo de piedras  posicionadas  por gracia natural  alrededor de un estanque de aguas cristalinas, junto al que dormía las noches de luna llena, cuando la lúnulas custodian  los senderos de la Umbra y Selene  brilla  en el firmamento con toda su elegancia mientras la niña en la tierra irradiaba su plateado fulgor a través de la piel misteriosamente.

Y esto último, sólo era uno de los tantos misterios que  Adrilea encerraba en sí misma, pues los años pasaron y  terminó por convertirse en un ánfora de enigmas sellados que nadie se atrevía a develar pero que muchos ansiaban conocer; aún más cuando todo se respaldaba tras un semblante de increíble quietud muy distante de los conceptos de su llegada al mundo, mucho se temía que sus extrañas cualidades se atribuyeran, en efecto, a las influencias del elemental que había salvado a su madre y que al tratar de indagar en la naturaleza de las mismas, despertasen su ira, canalizada a través de la pequeña, en el mejor de los casos. Así que los ancianos optaron por dejar que los eventos siguieran su cauce y en la distancia contemplaron su paciente silencio, cuando ella parecía observar algo que ellos mismos no lograron ver sino mucho más tarde, adivinando apenas la etérea silueta de un equino al cual ella contemplaba durante horas, directamente a los ojos, con una sonrisa cristalina.

Con el pasar de los años, las inquietudes a su alrededor menguaron, pero aun así las miradas incrédulas de los chamanes siguieron posadas en ella, pensándola sin mayor prodigio. O eso creyeron.

No fue sino hasta después de su primera conversión, después de que llorara a la luz de la luna la primera conversión; que revivieron las ideas inmersas alrededor de Adrilea. En las lenguas danzantes del fuego a la hoguera, para asombro de los taumaturgos, se manifestó aquella noche mística una silueta que entre la raza no se había manifestado en años incontables. Una figura regia que incluso hasta nuestros días parecía explicar las extrañas apariciones alrededor del túmulo: un unicornio.

Las arenas del tiempo siguieron cayendo y el adoctrinamiento sobre Adrilea adquirió la magnitud digna de la responsabilidad que literalmente, llevaba sobre la espalda. Por consiguiente, la medrosa incertidumbre que solía inspirar se redujo hasta casi desaparecer, permitiendo que el corte de tan fino diamante alcanzara el esplendor que dio paso a las virtudes que la  enaltecerían más tarde; las cuales, hacía su primer siglo de vida, irían iluminando los cuadros infaustos y dolorosos que protagonizaría no sólo Fenrir como manada, sino la raza entera.

En la superficie reflectante de las aguas del túmulo, horrorizados los ojos de la joven contemplarían la imagen que revelaría el comienzo de un escabroso camino, una imagen que se engarzó perfectamente a la sanguinaria realidad que en Fenrir se vivía a flor de piel en aquel entonces, mostrando la caída del glorioso y corrompido  Valadir, quien sería aplastado por una poderosa garra extranjera empuñada por un lobo que emerge victorioso de entre el fuego.  Llamas que continuaban devorando ávidas todo a su paso, aún más allá del deceso del magno rey rojo…

Sus cimientos se estremecieron cuando supo que la profética verdad otorgada con toda sus desgracias, era inminente. La llegada de una Ardwolf a los Santuarios, Aia,  en busca de un sosiego que no encontraría, así lo confirmo. Aquella prometía ser tal vez la más dura enseñanza…de la verdadera templanza.

Y la culpa pesó sobre ella tras ver la sangre correr, cuando el cuerpo de Valadir se desplomó sin halo de vida bajo el último golpe que coronaría a su ejecutora, a Aia, como Fenrir. Pues la misma Adrilea había sido la conciencia que susurró al oído de la Ardwolf el camino que debía seguir en las sombras, un camino para derrocar al sanguinario rey. Y dicho pesar se tatuaría a fuego en su consciencia, grabado con el grito enfurecido de un cachorro que veía el asesinato de su padre, encabezando la incredulidad que gobernó entre los presentes, con excepción de ella.

Eran los gritos que Caius lanzaba maldiciendo la existencia de la nueva Fenrir, una voz histérica que se iba alejando mientras la Reina Negra lo arrancaba de la tierra que lo vio nacer  entre baños de sangre y era la sangre también quien lo despidió  en aquel día fatal. Junto a sus manos. Que añorantes se alargaron hacia un cachorro que jamás podría alcanzar, lo vio marcharse como el agua escurrirse entre sus dedos, con los ojos imploró por que no abandonara esas paredes y con su espíritu rogó que se quedara…

Y aunque mucho lo anheló no hubo tiempo para llorar su tristeza, se mantuvo estoica, pues la sangre de Valadir sólo dibujo las puertas un turbio porvenir. Ya que no sólo entre los lobos los líderes caían, sin saberlo los  Oscuros también se debilitaban y se convertían en tierra fértil para sembrar la semilla de Gaia, después de ser renovada bajo las llamas.

Al poco tiempo, ya como nueva líder, Fenrir hace un llamado al jirón de habitantes que aún moraban y entre ellos los chamanes que restaban después de la masacre de diez años atrás. El consejo de chamanes frente a Aia va soltando fragmentos de una tétrica visión. Apremiante era que el Colmillo Blanco de Ardwolf y sus huestes viajaran a territorio Brodde donde encontrarían la victoria alzarse sobre los oscuros por la garra de Galliard en lo que daría nombre a uno de los grandes estigmas de la historia  como la “Guerra de las cenizas”. Pero aunque la victoria siembre es bien recibida, es una doncella caprichosa que exige  condiciones y sacrificios; recordárselo al gran guerrero no sería un exceso.

Los taumaturgos habían hecho su labor como emisores de Gaia, restaba a las fuerzas enviar el mensaje. No pasaría mucho antes de confirmar la victoria que les había sido mostrada, pero también fueron de su conocimiento las vidas que se apagaron en la oscuridad de la batalla.

Entretanto, Adrilea desde la ciudadela sólo supo elevar su gratitud en letanías, por los guerreros caídos en la contienda que bien se habían ganado su morada en la Umbra, desde donde seguirían guiando los pasos de los suyos en silencio. Pero las preguntas saltaban inquietas en su mente, ¿qué habría hecho Valadir en lugar de Aia? ¿Acaso Gaia habría revelado el vaticinio de seguir él vivo? ¿O es que acaso él representaba una pieza en el infinito rompecabezas que  con toda su sabiduría había diseñado la madre ancestral?

Con toda seguridad podría decir que nunca lo sabría, en los taumaturgos quedaba interpretar las respuestas, pues Gaia no revelaría todos los por qué detrás de su gran arquetipo.

Pero aun creyéndose demasiado joven Adrilea sostenía en sus recovecos una verdad innegable; que la gran madre como tal no pretendía el mal para su creación y sus hijos, pues mucho sufría con la pérdida de cada uno. Como tal, conoce el riesgo en el que se hunden como su leal guardia, encarando la atrocidad y el peligro.
Peligro que no duerme… que se pasea cadencioso y cínico bajo las fauces de todos. Y Adrilea no era la excepción.

Un buen día Gaia no se manifestó más, la magna luz de Selene en el estanque por noches sólo reveló imágenes e inciertas siluetas de la Umbra. Adrilea mucho temió haber errado en algún punto del camino, que las influencias de años de rumores sobre el gran espíritu del agua hayan torcido algún hilo en su esencia, pues ya habían logrado sembrar la curiosidad por el magno ancestro y por ende verse desprovista de toda gracia frente a los ojos de Gaia.

Pero la realidad era otra. Sin saberlo, Adrilea se hallaba frente a una prueba que debía encarar con el silencio de la Gran Madre a cuestas. En aquel entonces lo ignoraba por completo,  pero era una condición nata.

Sorda al mundo de los espíritus, encontraba la forma del mundo espiritual a través de la piel, con su magnífica estructura, su cuerpo se había convertido en sus oídos, para percibir aquello que es inmaterial, siguiendo rastros sin naturaleza, sensaciones sin fundamento.

Durante aquel período, por ensalmo fue títere de toda clase de estímulos, crueles vértigos que como catalizadores encendían su inquietud  haciéndola despertar en medio de su descanso para perderse en el bosque siguiendo un rastro de sangre que la conducía a mar abierto. Nada parecía tener sentido. Pero era incapaz de ignorar sus instintos.

¿Acaso había enloquecido? Se preguntaron los chamanes, cuando en más de una ocasión la vieron actuar en sentidos contrarios. Pero al final, sólo ella conocería el cruce de todos y más peregrinos caminos en un solo individuo, después de haber encontrado más de un licano al cual le habían arrancado la vida en sus trayectos.

Habían sido tiempos de frágil quietud y paralelo a su condición, la realidad de la manada no era indiferente a los ojos de Adrilea y quienes la conformaban. Había entre los licanos una prodigiosa taumaturga de juventud parecida a la propia, la edad para ambas había sido un factor salvador de los decesos entre los chamanes en el anochecer de la era de Valadir. Aquella mujer era Eva.

Los ojos celestiales de Adrilea la habían contemplado con atención, viendo su espíritu marchitarse hacía un descenso parecido a la locura. Y pronto no eran sus ojos, junto al túmulo, era más tarde la mirada del unicornio que la custodiaba quien observaba a Eva con lástima y rencor. Siempre en su dirección, sin importar en qué punto del santuario se hallara. Un patrón que se repitió hasta el hartazgo. Hasta que la verdad que parecía rehuir a Adrilea afloró.

Nuevamente para desengaño de la corte de chamanes, hostigada de indicios y sensaciones, con los sentidos al punto de la atrofia exhibió la impía naturaleza de Eva tras ser conducida a ella y otra de sus atroces obras, descubriéndola en el perfecto momento que se entregaba a las artes oscuras de la magia mientras ofrecía el tributo precioso de la vida de un licano lo cual de inmediato la convertía en autora de los infortunios previos.

La había arrastrado hasta la ciudadela sólo para exhibir su traición frente a la manada, Eva había despertado la tempestad que había permanecido en letargo dentro de Adrilea. Por primera vez los taumaturgos fueron espectadores de la ira que tanto habían temido en su infancia.  

Magnífico de contemplar pero  terrible de enfrentar, cada arremetida era diferente a la anterior, cada vez más violenta, sin espacio para la clemencia, las formas cambiaban a cada parpadeo sólo para hacer gala de sus más intrincadas y magnas doctrinas. Era la Luna enfrentándose a la oscuridad que intentaba devorarla. Pero fue la loba de plata quien se levantó al final como doncella, alzándose como la indiscutible vencedora, Adrilea; quien agotada por la ira, satisfecha, pero con toda su piedad, profirió inquietante el susurró que decretaba la suerte de Eva,  lanzándola al exilio, al olvido.

En aquel día donde la luz selénica y la oscuridad caótica se enfrentaron, justos serían los nombres que por sus obras recibirían las doncellas a partir de entonces, llamadas por todos como la Bruja Blanca y la Bruja Negra de Fenrir, respectivamente.

Desde entonces, los chamanes supieron que la cólera de Adrilea, era justa, que de frente a la traición ruin no fue arrastrada al frenesí. En mucho tiempo aquella fue ocasión para que la Bruja Blanca gozara de su propio don, sanó sus heridas sumergida en las aguas del túmulo a través de la vida que en ellas nada, porque el agua era su medio. Porque la sangre en las venas es signo inequívoco de vida,  y en las venas de Gaia hay agua.

Gracias a esto y otras virtudes se perfiló como miembro del consejo, pero para alguien que había venido viviendo la vida como ella lo hacía, todo era exactamente igual. Esa sería la verdad que ella aceptaría durante décadas, donde vería hermanos ir y venir, algunos lo suficientemente dispuestos para lograrse un lugar en su existir con desdichadas partidas. Pero finalmente fue su turno de desmentirse.

La era de Aia mantenía una línea recta que desde Valadir se mantenía hasta ese entonces, la mirada cristalina de Adrilea seguía los pasos de la gobernante en busca de respuesta satisfactoria para explicar la tormenta que nublaba su discernimiento al frente de la manada. A eso se sumaba la palpable dificultad para establecer un vínculo con ella quien, a ojos de Adrilea distaba mucho de lo que hubiese esperado en un principio, cuando la creyó un símbolo perfecto que encajaba con los dogmas espirituales  de la manada en su naturaleza como mujer. Adrilea en su propia filosofía y pensamiento, no podía acceder a Fenrir.

Mientras los años pasaban la juventud llenaba los bosques y los cachorros en afinidad de los ciclos seguían llegando a los santuarios y esto solía llenarla de inexplicable bienestar. Primero, llegó Oren y con él, pero mucho más tarde, la advertencia prima del peligroso acercamiento de los oscuros a los Santuarios donde habían permanecido seguros durante tanto tiempo, donde tristemente el mal siempre nació entre ellos mismos.

El cachorro resulto ser más complejo en sí mismo de lo que su joven vivacidad demostró en un inicio, manifestando la sensibilidad a los caprichos de la luna y sus inexplicables cambios, alguien con quien compartir el onírico embelesamiento selénico. Y fue fácil vincularse con quien se convertiría en el llamado Guardian Blanco.

¿Sería que la compatibilidad radicaba en una cuestión de sangre? Era una explicación convincente… ¿a eso se debía su relación inconexa con Aia? No… en ese punto de la deducción todo perdía sentido, Adrilea era la prueba viviente de ello, nacida de sangre Ardwolf y Fenrir.

Después, llegó Maya. Nombre que por sí solo desmintió la verdad que ella había sostenido hasta entonces. Al conocerla sabría que no sólo  el manantial develaría las más entrañables tristezas… sino también que estas vagaban terrenales frente a sus ojos. Una realidad risible sólo por el tiempo que le tomó entenderlo.

Pero era necesario que ciertas verdades se encarnaran para su comprensión, era necesario revivir las heridas de un pasado remoto que volvía a recaer en un cachorro.  Cuando al fin su jerarquía como consejera marcó una diferencia en el camino que se había estacionado tan familiar hasta entonces.

Sólo sus ojos alardearon la felicidad que sintió, privilegiada de poder encontrarse con la pequeña bendición de cabello rojo, una tierna rosa carmín en medio de su propia blancura. Una rosa confinada a la soledad por sus espinas, es decir… por su propia naturaleza. En aquellos preciosos ojos selénicos, en el canto de cristal que entonaba incluso antes de hablar, se refugiaba un críptico enigma que sólo confirmaba un destino tan único, casi como el de la misma Fenrir.

Pero Adrilea aspiró a estar allí en lo posible, en lo pertinente; en su filosofía la Bruja Blanca no podría simplemente dejarla a su suerte entre aquellas paredes, porque sí, estaba consciente, consciente de que su espíritu clamaba encontrando en Maya al menos un halo de posible redención a una vetusta tristeza.


Diseñado por Elektra para Guerra de Sangre.
avatar
Adrilea Alatariel
MANADA DE FENRIR
MANADA DE FENRIR

Mensajes : 6

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Adrilea Alatariel

Mensaje por Marca del Lobo el Lun Abr 28, 2014 10:13 pm

Pocas veces un espíritu baja de su sitio a admirar una criatura nacida de él. Aquella que es espiritu y vida; tan bella como el agua y tan profunda como el oceano. En tu sangre existe la fuerza misma de los clanes antiguos y tus ojos de cristal han visto más allá de la existencia de tus hermanos e hijos. Alatariel ¿Tienes idea de la dicha que inunda mi corazón al verte?

Camina hacia mi, hija mia. Camina y siente la fuerza de mis brazos envolviendote antes de soltarte al mundo. Porque me duele soltarte a un mundo corrupto, a pesar de saber que con cada paso buscarás salvar a mis otros hijos.

Canta para mi, hija de la luna, dama de los bosques, espíritu de la noche. Canta para mi.

Yo responderé ahora con un aullido en honor a tu llegada.


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

• Guía de Inicio • Letanías del foro • Estatutos Básicos

avatar
Marca del Lobo
Admin

Mensajes : 390

Ver perfil de usuario http://guerradesangre.foro-phpbb.com

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.