¿Quién es Donovan?

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¿Quién es Donovan?

Mensaje por Donovan el Dom Mar 23, 2014 9:07 pm

-Pero, mi señor…Lo que yo escucho son espíritus…- susurró la voz de la pequeña niña de pie a su costado, mientras él observaba por los balcones de su mansión condenada a la riqueza y el lujo desde el mismo instante en que él ejecutó al líder anterior y tomó el lugar como el nuevo Donovan. Una niña que, según decían, podía hablar con espiritus y por los dioses, Donovan no lo dudaba. Pero por alguna razón que se le hacía imposible, la sola presencia de esa cría cerca hacía aflorar su mal humor. Esas formas de tratarle que tenía, con miedo y a la vez, interés, creyendo que por besar sus pies y halagar su persona lograría obtener de él más que una mirada fría. –Tu no escuchas los espíritus, Grisabella…- respondió cortante, con su voz grave como si emergiese de los fondos de su más temible garganta. No había rastro de sonrisa en sus facciones de hielo cuando hizo un gesto que bien podría interpretarse a repulsión al volver sus ojos a ella. Esta vez, Stefan no estaba en el recinto. La sombra del temible Donovan caminaba por las afueras como un fantasma que surge de los infiernos en la noche de muertos, buscando un alma a la cual condenar. – Lo único que escuchas son las voces de tu tierna mentecilla creciendo en tu cuerpo…Un cuerpo que no crecerá nunca y siempre tendrá esa misma forma de niña jamás tocada…- respondió, volviendo a posar sus ojos en el patio oscuro, cubierto de niebla donde la luna llena brillaba como dueña y señora del mismo. La muchacha hizo un gesto de dolor ante aquella respuesta, bajando su mirada y llevando su diestra al pecho. ¿Había fallado la prueba de gustarle al señor de los Donovan? ¿Acaso él no soportaba su presencia? ¿Por qué ella no podía ser de compañía para él tal como Ileana lo era para la reina? Ella veía espíritus; los escuchaba ¿Por qué él no podía creerle?

-¡Se equivoca! Yo puedo escucharles. Ellos me dicen que hable con usted…¡Me dicen que puedo ser como…! – empezó a susurrar nerviosa, temblando de pies a cabeza como un conejo asustado. Y hasta el temblor de sus extremidades se congeló cuando el temible señor de los oscuros movió elegantemente su cabeza, para posar sus ojos de hielo sobre ella, bajando un par de centímetros la mirada para poder equiparar la falta de tamaño de esa criatura que no superaría los doce años. - …¿Puedes ser como quién?- su pregunta era lenta y su voz, tan suave como fría. Ese suspiro de la noche que circunda la paz para atraer a la piel el escalosfríos del peligro que se acerca. Y la niña lo sintió en cada milímetro de su cuerpo de carne y de su imprudente lengua - …Como usted, mi señor. ¡No mejor que usted! …Jamás mejor que usted…Solo…- empezó a decir mientras sus labios temblaban. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras buscaba con la mirada a cualquier alma caritativa que la sacase de la visión constante y tajante del príncipe de la oscuridad. Hedía a miedo como una rata ante un gato y eso terminó de hacer enfadar a Donovan, más de lo que ya estaba. Pero sus facciones no se desdibujaron ni siquiera por un instante, mientras la mano de él bajó a la altura de la cabeza de ella y acarició sus cabellos castaños – Pequeña…¿Quieres ser como yo? – preguntó mientras le miraba de una forma que  bien podría ser la de un padre a un hijo. Su rodilla descendió al suelo de forma que ambos rostros quedaron uno a la altura del otro. La mano del Lider acariciaba ahora la mejilla de ella, cubierta de lágrimas mientras que su agudo oído percibía el palpitar enloquecido de su corazón.- No temas, mi preciosa Grisabella. Solo dimelo ¿Es eso lo que deseas? – volvió a preguntar. La niña asintió con la cabeza, apretando sus puños al igual que sus labios temblorosos – Quiero que usted me acepte…- replicó.

El vampiro se quedó largos instantes viendo a los ojos a la niña mientras su mente divagaba en mil recuerdos distintos. Convertir a una niña que crecía con los años y que, sin embargo, seguía teniendo el cuerpo de una niña. Una pequeña que jamás había sentido el roce de un hombre en su piel ni el beso de un amante. Qué desdicha que justo a él le llevasen ese tipo de cosas como regalo. Verla no hacía más que despertar su repulsión. Sin más, la tomó de los cabellos y se puso de pie, llevándola a rastas en medio de gritos al cuarto de al lado, junto a su despacho. Sin embargo, la voz de Donovan hablaba por encima de las súplicas constantes de la muchacha – Los Donovan no rogamos por afecto. Los Donovan no buscamos ser queridos – decía entre dientes, bien sabiendo que ella escuchaba aquello mientras él la arrastraba a pesar de sus intentos de escapar – Grisabella, desde que te vi por primera vez supe que  no merecías pertenecer a mi clan. Siempre tan servicial y con tan poca personalidad. Una copia barata de la pequeña bruja que acompaña a mi esposa. Pero…quizás y me equivoco…- dijo a la vez que la mano libre de él abría una puerta que daba al norte. Una habitación a la cual ni siquiera la mismísima Ursula podría ingresar por estricta orden de su esposo. Un sitio dónde él se encerraba para poder conversar con la oscuridad, cubierto de alfombras negras y cortinas del mismo color, dónde solo los espejos colgaban de las paredes, cada uno dividido solo por velas que él decidía si encender o no. Un altar al frente con un espejo de obsidiana, negro como el abismo, dónde él se había visto ya tantas veces, indagando en sus propios recuerdos. ‘El cuarto de los espíritus’, así le llamaban y hasta Stefan, la sombra de Donovan tenía que esperar en la puerta de éste cada vez que su señor decidía cruzar el umbral. Solo Francois, maestro de las sombras de los Donovan tenía autorización de ingresar y solo en circunstancias de extrema necesidad. Quien no estaba preparado para hablar con la muerte, podría perder la cabeza al poner un solo pie en su altar.

Donovan liberó a la pequeña pero, apenas ésta intentó huir, la volvió a sujetar del brazo, lanzándola sin miramientos al interior de la habitación para luego cerrar la puerta con llave – Dos cosas pueden pasar ahora: Realmente eres una elegida por ellos y te dirán como salir de ahí…- diría el líder de la oscuridad, escondiendo la llave en el bolsillo de su camisa -…O tu me has estado fastidiando y quitando el tiempo con tu necesidad de atención y ellos te volverán tan loca que posiblemente te mande a quemar mañana – finalizó mientras los golpes de la niña se escuchaban en el interior de la habitación en una desesperada súplica. Sin embargo, en el interior, algo extraño comenzó a escucharse también, casi como un gutural suspiro que parecía hacer que la niña entrase en el más profundo de los pánicos. Donovan levantó una ceja y negó con la cabeza mientras le daba la espalda a la habitación y se disponía a salir de ahí – Novatos. Sueñan con un fantasma cualquiera y ya se creen espiritistas…-

Sus pasos le llevaron cada vez más lejos, donde los gritos de la niña dejaron de escucharse. El sonido de la servidumbre yendo y viniendo no hizo más que llamar su atención, dado que era extraño que hubiese movimiento dentro de la mansión ahora que su preciosa Ursula estaba ausente. Una de las doncellas se detuvo ante él, besando primero su anillo con más soltura que otras veces, cosa que él atribuía a la ausencia de su celosa mujer. Cuando volvió a verle a los ojos, la dama le hizo una reverencia e indicó el salón principal – Hemos recibido una visita, mi señor – empezó a decir ella. Donovan simplemente soltó un suspiro a la vez que llevaba una de sus manos a la nuca y se disponía a volver a su despacho, evitando cualquier tipo de cruce con algún tonto noble que creía que por ser noble, debía dar sus saludos al señor de los Oscuros – No me interesa. Dile que vuelva cuando mi esposa esté…- empezó a decir pero, rapidamente la doncella volvió a hablar – El señor Nergal dijo que supuso que esa sería su respuesta. Pero no es a ella a quien desea dar sus saludos, dado que sabe que está ausente. Sino a usted…- respondió.

Donovan se quedó en su sitio, viendo a la mujer por un instante mientras la seriedad desaparecía de su rostro y se dibujaba en sus labios algo similar a una sonrisa – Ya veo. Has hecho bien en comentarme de su llegada…- empezó a decir mientras le daba una suave caricia en el hombro y caminaba hacia las escaleras, dispuesto a encontrarse con un antiguo amigo; quizás uno de los pocos que podía considerar amigo. La doncella se sonrojó por un instante y luego reaccionó a los gritos que venían del cuarto del Lider - …Mi Señor… ¿Desea que vaya a verificar qué …?- empezó a decir pero él negó con la mano, sin volverse a ella – Déjala que grite. Si continua haciéndolo en un par de horas, dile a Stefan que la lleve al jardín frontal…- diría él ahora bajando las escaleras. La doncella le miró ligeramente curiosa ante aquellas palabras – Mi señor…amanecerá dentro de un par de horas…- susurró. Fue entonces que el señor de la oscuridad volvió sus ojos de diamante a la doncella y le mostró una sonrisa tan gélida como encantadora – Así es.-
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Re: ¿Quién es Donovan?

Mensaje por Stefan Kâlâescu el Sáb Abr 26, 2014 9:13 pm

El despacho se encontraba en imperturbable oscuridad luego de que el Señor de los oscuros saliese por la puerta, cerrándola tras de sí. El silencio, sin embargo, era interrumpido por el continuo griterío agudo que emergía de la desesperada garganta de aquella niña que, encerrada cómo estaba dentro de aquella habitación ubicada en el lado siniestro de la morada donde Donovan solía aceptar perderse por horas enteras para permitir que la negrura de su interior atraiga a los antiguos espíritus muertos y con ellos, nuevos mensajes para el clan así como para él mismo. El sonido de los puños golpeando la puerta pesada de madera de roble retumbaba como un tambor, casi como el palpitar constante del corazón de un ser vivo desesperado, que reconoce la muerte antes de ésta siquiera verle a la cara. El miedo…Podría oler el miedo a kilómetros de distancia como si se tratase del perfume mas embriagante del mundo que llegaba a su olfato. ¿cómo no sentirlo cual esencia afrodisiaca de una habitación a la otra?

Sus ojos se abrieron con lentitud, marcándose el rojo de sus irises como si fuesen rubíes encendidos apenas iluminados por la luna llena que se filtraba por la enorme ventana que adornaba la habitación. El tono blanquecino de la misma delineaba su silueta enorme y pesada, más alta que la de cualquier otro vampiro y fácilmente reconocible para aquellos descuidados donovan que vivían en la mansión y fuera de ella. Era el ‘Perro’ del Lider; su sombra, que lenta como la noche caminaba a sus espaldas, marcando su figura como acompañante eterna y demonio de la guarda, capaz de destajar a cualquier enemigo que ose siquiera volver su mirada al Señor de los oscuros. Un ser temible sin corazón ni alma, decían algunos. Y para otros, un demonio encarnado que no hablaba más que lo necesario y rara vez interactuaba con alguien que no fuese su señor.

El sonido de sus pasos resonó en la inquietud del cuarto cuando se detuvo, lento y curioso, junto a la puerta cerrada. Del otro lado, la niña Grizabella lloraba como una infante abandonada a su más temible suerte, mientras el eco de la oscuridad palpitaba en sus oídos, amenazándole con enloquecerla. Stefan se mantuvo unos segundos viendo la puerta a la vez que sus ojos se entrecerraban para reconocer el aroma dulce de la suprema infelicidad que envolvía a la niña del otro lado.

Su mano derecha, grande y pesada, se elevó unos centímetros para así, posarse con la palma sobre la madera, sintiendo el eco de los golpes que daban desde el otro lado. Quien le vería en la completa oscuridad, seguramente pensaría que no era más que un espíritu oscuro de ojos rojos y cabellos de ébano, cubierto por el manto de la noche sobre su piel pálida donde la luz de la luna blanca se reflejaba. Parecía admirar aquel dolor ajeno sin siquiera sentir que su corazón, vivo en otro tiempo, se desconsolase ante el mismo. Aspiró el aire que surgía debajo de la puerta, viciado con el aroma de la sangre de esa niña que estaba del otro lado y sus párpados cayeron pesados sobre sus ojos, casi como su estuviese entrando en un estado de completo deseo. Un deseo al que no podía ceder…Un deseo que debía atar con las cadenas de su propia voluntad. –Ileana…- sus labios mortecinos se separaron al formular el nombre de aquella niña, reconociendo en Grizabella el aroma que con ella compartía. Ileana no podía ser tocada por nadie. Y aun así, ella sí le había tocado a él. Injusta vida y temible muerte, que da a probar a un león el sabor de la sangre y luego le ordena nunca acceder a sus propios instintos asesinos.

¿Quién está del otro lado? ¿Por qué está llorando? ¿Por qué con cada nuevo grito, la sombra de Donovan parece regocijarse?

Stefan abrió los ojos entonces, siendo estos dos trozos de brasas encendidas mientras una leve sonrisa se dibujó en sus labios pálidos y helados – Shhh…- susurró lentamente –No llores, niña – su voz grave emergió desde su garganta como una letanía de muerte mientras la palma de su mano se separaba de la madera y ahora solo dejaba la punta de sus dedos sobre ésta. En una caricia que emulaba un tacto apenas existente, recorrió de derecha a izquierda la forma de la puerta cerrada, imaginando que en su interior, era otra niña la que gritaba. Otra niña que ya había visto encerrada una vez, encadenada como una mascota; dueña de la belleza impiadosa del clan de los Donovan. Pero había una diferencia…Ileana no lloró ni siquiera luego de verle a él. Ella era silenciosa como la noche misma.
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Re: ¿Quién es Donovan?

Mensaje por Grizabella Argento el Lun Abr 28, 2014 11:24 pm

Silencio… Silencio profundo y perpetuo como muchas veces lo había añorado en el pasado y aun así nunca imagino que lo odiaría tanto como en ese momento. Solo su llanto inconsolable rompía esa afonía sepulcral en el que se había sumido todo aquello que una vez dio como certero y real pero que ahora las palabras de Donovan parecían haber sellado derrumbando su pequeño mundo como si fuera una niña que acaba de entender que el mundo de fantasía que sus padres dibujan es solo una mentira para entretenerla, educar o incluso asustar. Por un largo rato estuvo igual buscando entre aquellos espejos oscuros alguna señal, buscando con el fino sentido que su naturaleza le había dado algún sonido, buscando con su espíritu… Buscaba, buscaba.
-¿Por qué?-. Aquel pequeño querubín solo repetía esas palabras y en cada una repercutió una duda diferente. ¿Por que su señor se había negado a aceptarla a ella? Ella que tenía desde que era una débil e inútil humana tenía un don al que él seguramente sólo había alcanzado cuando la sangre del líder tocó sus labios. Ella que tenía un don raro incluso entre los Oscuros y que podría ser la llave para romper las barreras que los desligaban de un mundo que no podía ser ajeno a los sucesos del banal mundo mortal. ¿Porque Ileana la dejó sola nuevamente en vez de llevarla consigo a la Fortaleza Raphael? Aun recordaba la mirada eternamente serena y esa sonrisa sutil de aquella que la había rescatado del abrazo de la muerte en el olvido, consumida por los rayos del sol cuando llegara el amanecer reduciendo su pequeña existencia a cenizas. Luego hundía su pequeño rostro en su pecho mientras la vestal acariciaba su largo pelo con suavidad. Su voz suave y armoniosa trata de alzarse sobre sus sollozos y calmarla avisando que pronto regresaría pero su Reina no le permitiría acompañarla. La Reina, Úrsula, aquella maldita mujer y la única que se alzaba por encima de ella ante los ojos de Ileana. Nunca importaba cuánto la necesitaba siempre que alzaba sus voz ella iba a su servicio dejándola sola con las innumerables amenazas que acechaban la fortaleza como si Ileana misma inclusive estuviese ciega ante el poder que podría protegerla más que cualquier Reina, que podría protegerlas a las dos… Pero ahora era tarde. Contra toda súplica y advertencia Grizabella estaba ahí, sollozando como si esa fuera la única forma de mantener su cordura entre todo ese nuevo silencio que se presentaba ante ella. Toda una vida segura de que podía escucharlos y ahora las palabras del Señor de los Oscuros chocaban en su conciencia con la intensidad de las olas y con la furia con la que chocan las espadas.
-Se fueron…- susurro. Los espíritus que por tanto tiempo la habían acompañado se fueron. Desaparecieron como si jamás hubiesen existido así como las caricias y los besos en su piel nívea y sus labios sonrosados como inocentes rosas con el color de la furia y la pasión suavizado con un toque de inocencia. Mientras se lamentaba ante sus esperanzas destruidas un aroma se deslizó suave por uno de los sentidos tan finos y a la vez tan dormidos de la pequeña Grizabella. Un aroma del que Ileana le había advertido como si el beso infernal del sol fuera solo una leve caricia equiparado con la oscuridad que traía su presencia. Se echó para atrás y retrocedió hasta el punto más lejano y recóndito de la habitación, chocando con los espejos que devolvían una imagen en tinieblas tan confusa como temible. Entre lágrimas recordó a Ileana acariciando su cabello con la misma suavidad consolante que siempre, cantando canciones de cuna con aquella voz angelical que ante el resto nunca se alzaba más de lo necesario solo para transformarse en un susurro que reconocía su lugar entre las innumerables voces altivas del Palacio. Le cantaba para calmarla, para aplacar sus miedos como el Mesías de los humanos hacia con el mar el viento con tan solo levantar una mano… ¿Fue su voz de sirena lo que le hizo olvidar sus advertencias?
-No te acerques a nuestro Señor-
No…
-Ocultate de Stefan… No debe verte jamás.-
Ella sin embargo se paseaba delante del Guardia a sabiendas de que estaba prohibida hasta para el, para todos. Donovan la había separado de él con violencia por ofenderle y aun así su cabeza estaba sobre sus hombros, sus colmillos en su lugar, eternamente pura… ¿Porque ella no podía aspirar a lo mismo? ¿Porque no podía ganarse su lugar de la misma forma que la rumana lo había hecho al lado de Úrsula? “La copia barata de Ileana…” así la había llamado la Reina. Tan angelical y sublime ante los ojos de su doncella y tan fría y soberbia para ella pero mil veces se hubiese quedado con aquella respuesta desinteresada antes de ir hacia Donovan. Hubiese callado y esperado por la compañía de la única que le devolvía una mirada amigable cuando abría los ojos. Y ahora estaba bajo la voluntad de Donovan de la forma más cruda y triste, ante el hombre que más terror le hubiese inspirado alguna vez…
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Re: ¿Quién es Donovan?

Mensaje por Ileana Romanova el Dom Mayo 04, 2014 11:18 pm

Aquella imagen lamentable que le regresaba esa pequeña Donovan tan triste y sollozante casi  le provocaba pena… Casi. Grizabella no había demostrado nada más que inutilidad desde el primer momento que se encontró con ella pues como los ingenuos troyanos que ignoraron las varias advertencias de Casandra ella ignoro cada mensaje de advertencia que le había dado; se desvió del camino que le había dictado y ahora que estaba a total merced de Donovan y su sombra rogaba por los mensajes de los espíritus que tanto oyó pero jamas escucho. Donovan…Sabía con certeza que de correr sangre por sus venas esta herviría como si la lava fuese su néctar de una vida que hacía tantos años ya había dejado atrás. Ahora era solo una figura etérea y sin forma pura pero con tanta sed… Lo único que podía hacer por esa niña es otorgarle el silencio que tanto había rogado hace no tanto tiempo atrás porque ya de nada servirá a su propósito. Grizabella aun podría escucharlo si así lo deseara pero ningún mensaje salió de él y solo se alejo lejos, viajando a donde estaba su pequeña. Había llegado la hora de que su poder se desatara, que dejara de silenciar su realidad y aceptará los mensajes que llegarían para proteger a las únicas mujeres por las que aun sentía algo que distaba del rencor. El sabía que lo haria, despues de todo era su hija… Ileana era una buena niña.
La conciencia de esta pequeña doncella fue abrazada por el sopor, frágil sueño al que pueden permitirse los Donovan y momento perfecto para que Ileana por fin viera la oscuridad que acechaba su seguridad y la de su amada bailarina. Aun podía recordar la figura de Úrsula moverse y danzar en el escenario como si fuera un ángel, una bendición y la expectativa por hacerla suya y toda una vida juntos… Destruida. Hecha mil pedazos como luego lo estuvo su nueva ilusión: Una criatura con inocente belleza, un botón inmaculado que quería que cuidar y nutrir, que le había regresado las ganas de vivir que perdió y sin embargo ella esa criatura tan pura y que tanto necesitaba de él había surgido entre la oscuridad y la inmundicia que el se había sumido como una flor que nace en medio de un oscuro pantano o un desolado desierto.
-Ileana…- como un llamado gutural que se eleva de un abismo llamó a su pequeña princesa. Ante ella esa presencia tomaría el fiel reflejo de memorias pasadas, memorias que la pequeña Romanova creía muertas y lejanas pero como toda historia inconclusa volverían para dar un fin a esta tragedia. El mundo de los muertos reclamaba su presencia y de un momento a otro toda esencia abandonó aquel cuerpo eternamente joven para unirse a aquel mensajero que clamaba por su atención. No podía entender con seguridad que ocurría; todo recuerdo y memoria que la ataban a aquel ser se volvió difuso como los mensajes que hasta el momento había recibido como si fueran susurros traídos del viento. Su alma se vio inquieta antes de que pudiera volver a escuchar al único ser con el que podía comunicarse en ese instante. -Tranquila mi princesa, no temas. Tu padre siempre te protege y te cuida…-su voz voz se volvió un profundo arrullo que si hubiese tenido que evocar a algún momento de su vida podría afirmar con seguridad que nadie antes le había hablado así. -Pero también te enseña y disciplina- susurro con una pizca de autoritarismo digna de lo que se hacía llamar. Percibió de inmediato la confusión de su princesa en aquel plano y en ella la invadió de pronto la calidez que invade a quien recibe una sonrisa sincera. Pronto todas sus dudas se despejarían y cada verdad quedaría revelada a la luz…
Pronto se alejaron de aquella Fortaleza, de piedra como lo es la voluntad los guerreros que la habitaban, y viajaron lejos de regreso a las tierras de Viena contra toda regla de espacio o tiempo donde la oscuridad viste de seda y corrompe hasta la presencia más pura. La esencia de Ileana paso de confusa a verse envuelta por el terror más cruel al ver a su pequeña en aquella cámara oscura sollozando y pidiendo por un mensaje que la ayude a librarse de aquel castigo. La doncella no pudo entenderlo hasta que empezó a atar cabos por su cuenta solo para entonces soltar un lastimero susurro que su amada Grizabella nunca escucho: -¿Por que?-  
-No puede oírte…- susurró aquella voz paternal nuevamente.- Eres solo un sonido sordo en sus oídos mi princesa. Toda su vida se ha volcado en forma literal a un solo instante. No te escucho a ti, no escucho a los espíritus que tanto quisieron advertirle y protegerla y por eso la han abandonado. Y ahora te buscamos a ti, mi princesa.- Sin embargo la presencia de Ileana se agitó de manera alarmante. De tener que encontrar un equivalente sería similar a gritos y llantos que, pronto descubrió, Grizabella realmente no podía escuchar como si ella fuera otro simple ser sin nada de especial en su carne ni más allá. Su don, de alguna forma, se había extinguido como una vela derretida llevada hasta lo más extremo de sus límites. El mensaje por el que lloraba nunca llegaría aun si mil almas se manifestaran de la misma forma que la doncella de la Reina. Si no podía salvarla, ¿entonces para que la había traído hasta allí? 
Como si fuera de la misma forma en que lo sentía solo para alejarse cada vez que sus caminos corrían el riesgo de encontrarse la conciencia de Ileana pronto se percató de la presencia del Líder de la Guardia Real. Por unos momentos pensó que la había sentido hasta que sintió en sí la reconfortante calidez de un abrazo y aquel ser que la acompañaba le recordó que nada podía hacerle daño ahí donde ella estaba. Sus más intensos miedos se manifestaron ante ella como una pesadilla de la cual era testigo en vez de protagonista pero no por eso dejaba de ser más espeluznante. Y aunque no fuera solo esa conciencia etérea que se agitaba con cada nueva visión, ¿que hubiese podido hacer para liberar a su pequeña?  Stefan la superaba en cualquier aspecto físico y fácilmente la hubiese sometido antes… El pensamiento de Ileana se congeló al instante temiendo siquiera a imaginar lo que pudiera pasar.  Y sin embargo solo podía observar...
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