Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

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Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Ileana Romanova el Sáb Ago 31, 2013 6:17 pm

Pasado - Palacio del Clan Donovan - Fiesta de la Reina Ùrsula Kozlova


Ileana Romanova
 
Oscuridad... Luego de haber escapado de aquel maldito orfanato esta había sido su manto, su aliada y su compañera. Todo fue sido improvisado al punto que solo traía su pijama blanco, largo hasta los pies que llevaba descubiertos. Esa noche de invierno se había aventurado por el bosque hacia... ¿Hacia qué huía? No tenía familia, todo lo que una vez le perteneció le fue arrebatado, no tenía ni siquiera otra cosa a la que someter su voluntad. Huir no tenía sentido, pero no quería volver. Sus pies delicados se llenaban de tierra y hojas pequeñas mientras empalidecía, mientras sus labios iban tomando color morado y aquel cuerpo delicado luchaba por no desperdiciar ningún esfuerzo alejándose más y más. Como nunca había salido del convento no tardo en perderse y aunque había sido un riesgo que no le importaba correr estaba empezando a fatigarse, a caer. Quizás eso debía pasar simplemente caer entre el olor del bosque helado, único testigo de su locura... O eso creía ella.
 
Una presencia se acercaba a ella, lentamente, casi como si una curiosidad mórbida se apoderada de cada uno de sus movimientos felinos. No pensó mucho en si era la locura o la realidad tajante de su inminente fin. Simplemente cerró sus ojos grisáceos y se entró a, lo que ella creía, el dulce sueño eterno. Desde entonces la joven no recordó más... Permaneció inconsciente al cuidado de aquel vampiro del Clan Donovan que la había tomado como si su falta de voluntad fuera algo cautivante. Para el día elegido la joven ya gozaba de una nueva existencia s y lucia como una muñeca vestida de forma tan angelical como elegante. Despertó con ansiedad y miedo, preguntándose si la muerte hubiese sido más piadosa en comparación con lo que le sucedería.
 
Una carroza negra la llevaba al palacio más hermoso que jamás había visto. Sería más que entendible su fascinación, más marcada que la de cualquier otro, si se sabía que lo más lujoso que había visto era la iglesia que las monjas cuidaban más que a sí mismas, con una devoción que a la reciente vampiresa le asqueaba. Sus manos estaban esposadas a la vez que un grillete rodeaba su cuello de blanca piel pero mucho distaban de ser los típicos artefactos esclavistas oxidados  y viejos. Estaban perfectamente pulidos como si fuera mercancía de alta calidad, no le profería ninguna molestia más las que tenía cuando su cazador tiraba de ella apurándola para continuar. Aun su vista estaba plasmada en aquel monumento como para poder ver por donde caminaba. Por dentro seguía siendo tan majestuoso como por fuera... Aquella decoración que combinaba de forma armoniosa el arte antiguo con el lujo actual, en esa época,  no dejaban de fascinarla y hacerse preguntar qué clase de reyes podrían ocupar un lugar tan majestuoso. Cada sirviente que se ocupada del lugar tenía un cuidado extremo con cada objeto del lugar, como si el romper el más pequeño de los cristales equivaldría a la muerte. Pero lo que más le extraño fue la belleza de cada uno. Las suaves y finas facciones de porcelana de las mujeres y las miradas intensas de los hombres altos y apuestos como jamás había visto en su corta vida. Recordó inmediatamente la tentación dibujada en las palabras de la biblia e imaginó que estaba en el infierno, pero no quería salir de allí…

 
Desde el cuarto donde fue encerrada hasta nuevo aviso se podía escuchar el bullicio de una fiesta, pero no una descontrolada ni excesivamente alegre. Era más bien como un bullicio más apacible, de gente que va de aquí para allá, de curiosidad y expectativa. Tantas preguntas inundaban su mente así como el embriagante aroma que empezó a sentir desde que llego y una cruel ansiedad, un deseo que no podía comprender pero no tenía energías suficientes para entregarse a la locura.
 


 
Ursula Kozlova



 
Era curioso lo que podías llegar a ansiar cuando tenías la inmortalidad. Cuando vivías en la eternidad todos los días te despertabas con un capricho nuevo. O tal vez sólo fuera Úrsula, quien había con el porte para llevar una corona y ser complacida una y otra vez. La mujer elevó su cabeza del hueco entre el hombro y el cuello de Donovan, mientras se lamía los labios su cabello oscuro como el ébano más puro caía sobre sus pesados senos desnudos cubriéndolos. Se terminó de limpiar la comisura de los labios con los dedos antes de lamerlos con suavidad. El chasquido de una puerta hizo que Úrsula girara su cabeza hacia el balcón y sus ojos transparentes brillaron en la oscuridad como los de un felino -Han llegado invitados- Murmuró antes de dibujar una sonrisa hermosa, llena de perlas, y coronada por dos grandes y blancos colmillos bañados de sangre. Miró a Donovan con curiosidad y bajó su cuerpo desnudo del de él para incorporarse.
 
Ronroneó mientras se acercaba a la ventana lo suficiente para poder observar sin ser vista. Escuchó el suave gruñido de Donovan y le miró por encima del hombro riéndose pícaramente antes de escaparse a la ducha en una serie de delicados y bien llevados giros. Cerró la puerta aunque bien sabía que, de quererlo, él podría derribarla. Se sumergió en la bañera caliente y allí estuvo el suficiente tiempo como para que, si aún fuese humana, se le arrugara la piel de los dedos. Tras aquello comenzó su rutina de arreglo. Mientras peinaba su cabello oscuro observó su reflejo en el espejo. Era curioso imaginar el aspecto que tendría ahora si todavía fuese humana. Aún más curioso imaginar en dónde estaría si Donovan no la hubiese tomado. ¿Habría conseguido algún mortal que encantara sus ojos? ¿Habría tenido hijos y una familia? ¿Habría dejado el ballet? Sus ojos de cristal repasaron una vez más su rostro de corazón, los labios rojos como el fuego que ardía en su interior debido a la reciente alimentación. Se acarició los pómulos altos y sonrió. Aunque aquellos pensamiento solían ponerla nostálgica no podía evitar sonreír y sentirse feliz por ser tan hermosa como siempre. Ahora y por toda la eternidad.
 
Salió hacia la habitación y la encontró vacía aunque aún podía percibir el aroma almizclado y picante del sexo por toda la habitación. Sonrío brevemente antes de colocarse l vestido dorado que con tanta predilección había escogido hace seis meses. Era atrevido y sensual, coqueto y espectacular. Digno de ser llevado por la Joya de la Raza, por la Reina de los Donovan. Mientras deslizaba su cuerpo por el pesado ropaje se reía internamente por la forma del mismo, era curioso que pareciera estar envuelta en llamas cuando de ésto era de lo único de lo cual Donovan le había enseñado a huir. Se colocó finalmente una larga e intrincada cadena de oro con un pesado anillo circular que llevaba desde el día de su emparejamiento con Donovan. Por último se agregó un pesado anillo con un gigante ópalo que llamaba la atención de cualquiera que posara la vista en ella. Sintiéndose completa con el aroma de él por todo su cuerpo, finalmente descendió hacia la reunión.
 
Los murmullos poco a poco fueron cesando mientras la Reina de los míticos vampiros bajaba por las escaleras robando miradas y suspiros. Se detuvo en el penúltimo escalón con un suave movimiento de cabeza que hizo que su delicadas hebras de ébano se movieran y miró a cada par de ojos que encontró reconociendo el orgullo, el respeto, el temor en cada ápice de las orbes que se posaban en ella. Extendió con delicadeza la mano en la cual reposaba la extraña y antigua pieza de joyería y uno por uno se fueron inclinando ante ella besando el anillo como muestra de su absoluta e inconmensurable devoción a Úrsula Kozlova. El silencio se extendió por la sala mientras cada uno de ellos pasaba delante de ella. Por último, Donovan se acercó y pasó sus brazos alrededor de ella. La Reina depositó un suave beso en sus labios antes de dedicarse a sus súbditos. -Os agradezco a todos por acudir. Más que agradecida, estoy honrada con vuestra presencia- Murmuró. Úrsula solía hablar en voz baja y suave provocando que todos guardaran un exquisito e igual de extremo silencio para oír ronronear a la Reina. -Por favor, disfrutad de la velada- Insistió a sabiendas de que pronto iniciarian las danzas de época e incluso la ceremonia de los regalos.
 


 
Stefan Kâlâescu
 
El sonido que escapaba de los instrumentos de cuerda y las orquestas marcaba el principio de una cadencia de sonidos que formaban las melodías. En el gran recinto la soledad no era una opción puesto que había rostros en todos lados y lenguas inquietas en los más profundos rincones. Era el día que se festejaba la llegada de la Reina de cabellera negra, oscura como la raza que simbolizaba; la elegida por él, el Líder de los Donovan quien gozaba del nombre mismo del clan. Ella sabía que era la Reina proclamada de todos ahí, de los que vivían en el palacio como de aquellos que pasaban sus eternas existencias fuera de éste.  Y la dama de ojos de cristal disfrutaba total y completamente la atención que recibía de su amado, quien no perdía oportunidad de agasajarle como de los demás miembros del clan más elitista de toda Europa.
 
Junto a la escalera, de pie como una gárgola, una figura resaltaba aun más que el resto de los presentes. Dueño de una altura que rozaba los dos metros y una postura poderosa, un hombre de cabellos negros peinados hacia atrás y los pómulos marcados parecía esperar que le diesen una señal para moverse. Sus brazos cruzados eran el símbolo de que no estaba muy entretenido en la ceremonia puesto que su carácter lejos estaba de preferir los grupos grandes de gente. Sin embargo, él jamás haría saber algo así a su Señor, y menos a su señora con quien rara vez cruzaba palabra alguna. Ni siquiera le miraba cuando besaba el anillo de ópalo de su dedo delicado y blanco. Sus ojos siempre se posaban en el Líder primero puesto que observar siquiera a su mujer era equivalente a desafiar su autoridad. Por esa razón, Stefan jamás cruzaba su mirada gris con los ojos plateados de Úrsula. Si ella se dirigiese a él para pedirle algo, sus ojos siempre estarían en el suelo, en señal de sumisión. Era extraño para todos los que vivían bajo el techo de aquel palacio de reyes como el único vampiro  que gozaba de la más plena confianza del Líder tuviese tantos reparos en interactuar siquiera con su reina, pero muchos lo atribuían al carácter ‘domesticado’ de aquel imponente individuo.
 
Cuando la perpetua reina de la raza hizo su aparición, la música no dejó de sonar un solo instante. Todos y cada uno de los presentes se agachó en una reverencia única hacia ella en señal de respeto a la mujer elegida por el Líder que todos adoraban. Y él no fue la excepción. Cuando la dama pasó a su lado, en un supremo gesto que hizo reverenciar su presencia, disminuyendo su altura ante ella, el vampiro tomó la mano de la Reina y depositó un beso helado en la joya que ella exhibía en su dedo. El resplandor del vestido que ella lucía amenazó con iluminar sus ojos grises, más nuevamente él alejó la vista de la dama a la vez que el Lider del clan hacía su aparición al abrazar a su esposa por las espaldas.
 
En ese momento, el caballero rumano levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los ojos de su Señor. No hubo necesidad de musitar palabra alguna entre ambos. Los ojos entrecerrados de Donovan y el leve esbozo de una sonrisa fueron suficientes para que su Sombra le entendiese. Asintió en silencio y empezó a caminar, marcando sus pasos cada vez que apoyaba sus pesados pies en el suelo. El tapado negro que cubría su cuerpo se mecía a la par de su ser mientras sus cabellos parecían hacer lo mismo en un ritmo mucho más lento. Algunas damas murmuraban cosas acerca de él. Muchas de las presentes conocían a aquel hombre en la intimidad y aun así, él no les dedicaba siquiera el saludo. Era como si viviese solo y para su Líder, cosa que pocos podían siquiera entender.
 
Subió las escaleras y cruzó un largo corredor donde pesadas cortinas envolvían las gloriosas ventanas que bien podían permitir a un hombre pasar por estas sin problema. Afuera, la luz de la luna acariciaba los bien cuidados jardines y poco más allá, donde las sombras impedían que la mirada de los hombres distinguiese forma alguna, estaban las tumbas de los antiguos líderes. El día de mañana, Donovan descansaría en ellas también, así como su sucesor y el sucesor de éste. Todos sabían que ni siquiera la inmortalidad era eterna y menos en una raza tan visceral como aquella que festejaba esa noche en aquel recinto de lujos y comodidades. Apenas giró en uno de los interminables pasillos y su olfato captó al instante un aroma que no pudo dejar de llamar su atención. Sus ojos se entrecerraron sin dejar de caminar, solo que sus pasos volvían a ser más lentos y pausados, casi dubitativos. Por instinto, su lengua áspera se abrió paso lento por entre sus labios cerrados y entonces, sintió que los colmillos habían emergido de sus dientes blancos. Paso a paso fue acercándose a un cuarto alejado del resto. La llave permanecía en la parte de afuera de la cerradura; una pieza fascinante de plata que tenía el dibujo de un grial invertido en el metal, decorado con piedras rojas que simulaban ser gotas de sangre. El gran vampiro se detuvo frente a la puerta que le separaba de aquello que iba a buscar y, por un momento, aspiró el aire a su alrededor, separando sus labios a la vez que levantaba apenas la mirada y permitía que el aroma a frescura invadiese sus pulmones. Una virgen. Sangre tan pura como el cuerpo que la producía. Tuvo que aspirar una, dos veces y luego, pestañear para volver en sí. La frialdad volvió a apoderarse de  sus facciones salvajes cuando giró la llave en el cerrojo y abrió la puerta frente a él.

Sus ojos le vieron más allá de la tenue luz que invadía el pequeño pero confortable cuarto. No habían encendido los candelabros mientras dejaban a la muchacha en aquella silenciosa espera. Los segundos pasaron mientras él clavaba sus ojos grises sobre la joven e ingenua figurilla. No mediría más que un metro sesenta, porque a simple vista notaba que en caso de aferrarla entre sus brazos, ella difícilmente le llegaría al torso. En un abrir y cerrar de ojos, el vampiro se encontraba frente a la jovencita, teniendo que bajar la mirada para poder verle con más comodidad. Separó sus labios un instante mientras el vaho de su aliento emergía en forma de niebla y de disipaba al instante en el aire. Su pesada mano movió los cabellos que bordeaban el rostro de la joven, llevando el mismo hacia atrás con suprema lentitud, casi como si disfrutase del tacto suave de su piel – Ha llegado la hora de llevarte ante tu Reina, pequeña – su voz era grave y tenue, casi como si no saliese de su garganta, sino que envolviese aquel recinto en penumbras y como si fuese la noche la que hablaba – Dime, niña ¿De qué forma te llaman aquellos que te han traído? – agregó,  mientras la misma mano que acababa de marcar la belleza física del rostro de la muchacha descendía para abrirse entre ambos, como si fuese una invitación a que ella tomase la misma para empezar a guiarle por aquel laberíntico palacio. Aquel que jamás miraba a la reina a los ojos no podía quitar su mirada salvaje del regalo de ésta y se había interesado en conocer el nombre de quien se convertiría en la mascota de la mujer de Donovan. Pero entonces, él percibió algo en esa muchacha - ¿Tienes...miedo? - susurró, acercando sus ojos a los de ella, casi sintiendo el aroma virginal que exhudaba su cuerpo mezclarse con otro que hacía despertar el instinto más básico de la sombra del Lider. ¿Temía de él o temía de todos? - No temas. No puedo  tocarte...No eres mía- agregó entonces, esperando que tal aclaración hiciese que ella dejase de producir el aroma dulce del temor.
 


 

Ileana Romanova
 
Luego de que el vampiro dejara el cuarto bajo la sola iluminación de la luna clara Ileana perdió la noción del tiempo atrapada en aquella oscuridad e incertidumbre. Lanzarse a la nada del bosque al fin y al cabo resulto peor o mejor de lo que había pensado. Rió levemente, quizás un condenado a muerte por el simple hecho de conocer su destino no tendría ni un cuarto del terror que ella sentía en aquel momento... Sus sentidos la estaban volviendo loca, la aturdían junto con aquella ansiedad que hacía que se apretara con las unas su piel suave y su boca seca como el de una pobre alma condenada que ha vagado por quien sabe cuánto tiempo en el desierto sin probar el agua.
 
Sus piernas juntas y sus manos unidas descansando sobre ellas a la vez que mantenía la cabeza agachada pero con los ojos bien abiertos y temblaba. Mucho tardaría después en acostumbrarse al frío de su propia piel, ahora como la porcelana de la que parece estar hechos los cadáveres. De todos los sonidos que llevaba escuchando desde que estaba ahí ningún había sonado tan fuerte como el de la llave girando el cerrojo por lo que levanto la cabeza al instante. Un olor fuerte se apodero de ella y aquella sensación de sed se hizo más poderosa, pero tenía mucho miedo como para hacer algo más que solo apretar sus uñas fuertemente contra su carne. En un parpadeo lo tuvo a escasos centímetros de distancia y tuvo que contener el aliento para no sobresaltarse de impresión. De rasgos duros como el de los gitanos que las monjas solían ayudar cuando pasaban por la Iglesia por algún que otro motivo pero aun manteniendo cierta similitud con los demás hombres que había visto al llegar y alto al punto que tuvo que levantar la cabeza para poder verlo bien. Seguramente al tocarla podría haber sentido su leve temblor tanto por el miedo como por la ansiedad que la estaba consumiendo por dentro. Cuando pregunto cómo era que la llamaban aparto la vista para pensar unos instantes y negó con la cabeza. En el internado sus papeles fueron destruidos y desde que fue capturada no recordaba que la hubiesen llamado de alguna forma. –Nose.- seguramente habrían dejado este detalle para gusto de la misma reina pero no pudo darle ninguna respuesta certera a aquel hombre de mirada lobuna en aquel momento.
 
“¿Tienes miedo?”. Su pregunta nacida de su voz gruesa y profunda le hizo regresar la mirada. Tenía miedo y bien sus ojos fríos y apagados cual lago congelado lo mostraban. No sabría decir si sintió una pequeña paz cuando volvió a hablar o se dio cuenta de que su destino en realidad estaba descansando en las manos de otra persona, aquella Reina que el había mencionado. Solo trago saliva y asintió con la cabeza de tal forma que se preguntaba si en realidad se movió. Levanto su mano pálida y pequeña dejándola descansar en la suya, más grande, mas áspera pero tan fría como la suya. Cuando salió del cuarto junto Stefan se volvió a apoderar de ella aquella curiosidad. Muchos la miraban y hacían comentarios acerca del “nuevo regalo” para la reina. En un momento, vio a una pareja de vampiros y en cuanto la mujer se dio cuenta le lanzo un gruñido que casi provoca que se caiga al suelo, sobresaltándose. No grito, pero si se escuchó su reacción e inmediatamente aparto la mirada. ¿Qué clase de lugar era ese?
 



 
Donovan



 
Sus manos continuaban puestas sobre la piel desnuda de su amada, quien delataba en su cuerpo el aroma mismo de la fortaleza que, como reina, debía tener. Los cabellos negros expedían el olor tenue de la exquisitez mientras los ajuares de diamantes que lucía como adornos apenas podían hacer el honor a sus ojos de cristal. Donovan la mostraba como un macho orgulloso enseña ante el mundo algo que nadie más que él podría gozar tener a su lado puesto que ese salón estaba lleno de hermosas figuras femeninas pero todas eran nada comparadas con su mujer. En una suave caricia por su espalda desnuda con el dedo índice de su diestra, el vampiro Líder le hacía notar su presencia aceptando, aun así, que ella saludase a los recién llegados. Una media sonrisa y un movimiento de la cabeza era todo lo que él les dedicaba a quienes le rendían tributo para solo verificar que nadie se acercase más a ella de lo que él pudiese tolerar. Territorial como un animal, el vampiro caminaba como un caballero a su lado, observando con ligero desinterés a cada uno de los que hacían acto de presencia para besar con devoción el anillo de ópalo que la dama de la oscuridad lucía en sus blancos y finos dedos. Nunca entendió el gusto de Úrsula por las ceremonias pero nunca se molestó en entenderle tampoco. Para él no había cosa más desagradable que estar acompañado por personas que no le importaban, más nunca le prohibiría a su Reina dar rienda suelta a esos caprichos. –Mi señor…- susurró una mujer acompañada por un vampiro de origen belga puesto que sus cabellos y el escudo de sus vestimentas delataban con claridad su cuna. Por un instante, el Líder de los Oscuros comprendió por qué razón le desagradaba tanto el juntadero de gente que no conocía: Veía las nuevas adquisiciones de su clan de las cuales él no estaba al tanto. Algunas eran aceptables, pero otras significaban para él un rechazo instantáneo. Pomposos engreídos que podrían creerse más que el resto por haber sido benditos por la sangre mística de los hijos de la oscuridad.
 
Cuando la desconocida amagó a besar la mano derecha de él, no sin antes haber hecho lo mismo con su Señora, Donovan hizo un gesto rápido para capturar él mismo la mano delicada de ella entre sus dedos. Estaba fría como un cadaver y por alguna razón, eso se le hizo desagradable. –Mi señora…- susurró con gesto solemne mientras hacía una leve reverencia ante ella y era él quien posaba sus labios en la piel de aquella mujer. Antes de hacerlo, sus ojos se clavaron en el acompañante, quien, incluso luego de marcar a esa mujer no parecía mostrar nada más que miedo ante tal gesto. Sus ojos continuaron puestos sobre ese belga, casi como desafiándole a que frenase su acción pero solo veía la incomodidad de sus rasgos envolviendo su espíritu dubitativo. Entonces comprendió qué era lo que le había desagradado de ellos: Tenían el espíritu de los débiles ¿Quién en su sano juicio había bendecido a esa pareja con el don de los oscuros y los había dejado caminar entre los suyos? – Sed bienvenidos a mi morada– respondió él, volviendo a adquirir la postura erguida de Líder mientras sus ojos continuaban clavados en ese macho, si podía llamarse así.
 

Sabía que Úrsula no estaría contenta pero, para igualar condiciones, él tampoco lo estaba. Cuando se hubieron alejado, les siguió con la mirada y el ceño apenas arrugado mientras estos se perdían en los rincones fatuos de la enorme mansión -No movió un solo músculo ¿Lo has notado? – susurró con un toque de comicidad en su voz, contando aquel encuentro con ese ‘novato’ a su esposa como si fuese algo de lo que pudiese jactarse – Es como si el don no hubiese cambiado el hecho de que es un cobarde. ¿Cómo se atreven a haberle elegido para hacerlo uno de los nuestros? – agregó. Estaba disgustado. Nunca le gustaron los cobardes y menos entre su clan. Esos eran los que fallaban a la hora de actuar: los primeros en traicionar y quebrarse para entregar a su Lider. Eran tan débiles para un ataque cuerpo a cuerpo que solían atacar por la espalda. –Oh, Úrsula ¿estás disgustada? – Susurró entonces al notar que ella no le había dirigido la palabra desde que aquello sucedió – Mi Reina, ¿Estarás castigándome el resto de la noche con la tortura de tu silencio?  – replicó él, sabiendo que la sola idea de ver sus ojos puestos sobre otra hembra hacía que su sangre hirviese como agua en el fuego. Por alguna razón, eso le hacía sentir cierto regocijo. Había algo encantador en las preciosas facciones de Úrsula cuando algo no le caía en gracia. Sin más, buscó tomar su rostro con una de sus manos para obligar a que le mirase en un íntimo cruce de miradas, besando los labios pálidos de ella, aun contra su voluntad - Sabes que mis ojos son tuyos, Reina mia. Pueden posarse en otras mujeres pero no les miran en realidad. Ninguna de ellas tiene el poder para hacer que yo me fije siquiera en sus presencias.-


Última edición por Ileana Romanova el Sáb Ago 31, 2013 7:17 pm, editado 1 vez
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Ileana Romanova el Sáb Ago 31, 2013 6:29 pm

Úrsula Kozlova



Si él la hubiese acariciado de esa manera cuando aún era mortal, Úrsula no habría podido controlar a su cuerpo virginal y sus mejillas delatarían con un profundo carmesí el escalofrío que iba generando Donovan a medida que avanzaba por su cuerpo. Pero más de trescientos años después Úrsula sólo deslizó sus labios en una sonrisa encendida que mostraba sus perfectos dientes deslumbrando a los súbditos rezagados que terminaban de presentar sus respetos ante ella. La última pareja se apartó de ella y la Reina contempló su anillo con gusto antes de apartar la mano. Su cuerpo giró con la elegancia que le era innata hacia su esposo pero el gesto se vio congelado cuando una mujer llamó la atención de Donovan. Una rápida mirada al macho le hizo saber que era un imbécil así que sus ojos claros y gélidos, carentes de aquel brillo cálido que les había proporcionado a sus vástagos, se clavaron en la mujer.
 
 
La osadía de ella hizo que Úrsula sintiera una punzada en sus caninos pero fue el movimiento de Donovan lo que provocó que sus colmillos salieran disparados y le lastimaran la parte interna de los labios haciendolos sangrar. Sus ojos de cristal poco a poco fueron adquiriendo el color de la sangre que más tarde vería regada en la mazmorra. Los súbidtos a su alrededor, la música que sonaba armoniosa por el lugar, el vástago que era pareja de la maldita mujer se habían vuelto borrosos igual que la cordura de Úrsula cuando su marido posó SUS labios -Porque aquellos eran de ella- sobre la pálida mano de la dama. La Reina no pudo evitar, porque aquello formaba parte de su naturaleza, empezar a gruñir bajo antes de ir elevando medianamente el sonido. Las palabras de Donovan entraron por su oído pero no las escuchó. La mujer tuvo el descaro de sonreírle después de que él le hablara y Úrsula se movió un paso hacia ella con ganas de torcerle el cuello y arrancarle la cabeza del cuerpo. Su pareja se la llevó con premura ante la escena que la rusa estaba realizando. Pero la famosa bailarina le iba a dar un final delante de todo el clan para que comprendiera que nadie, absolutamente nadie, tocaba a su marido -Stefan- El nombre de la sombra hizo que los vástagos que no se habían fijado en la situación, la miraran. La Sombra del Rey era llamada, siempre, en el peor de los casos. Bajó un escalón más sin apartar la mirada de la mujer pero no iba a perseguirla. Ella vendría arrastrándose hasta Úrsula...Stefan. ¿Dónde demonios estaba Stefan? Necesitaba sentenciar a la zorra.
 
 
Detuvo el descenso por las escaleras y apartó la mirada de la dama para buscar entre los vástagos a la Sombra de Donovan. No la encontró lo que provocó un golpe a su mente que hizo que cerrara los labios al observar el terror en cada pálido rostro de la sala. La música había comenzado nuevamente y las palabras de su marido le llegaron lejos. “¿Disgustada?”. Entrecerró los ojos y buscó de nuevo a la mujer cuya pareja, sabiamente, había puesto de espaldas a ella. “Arderá en los Siete infiernos porque yo crearé todos y cada uno para ella”. Su marido volvió a hablarle y aquello le hizo cierta gracia. “¿Silencio? Sí, sería interesante. Tú también eres un descarado insoportable”. La Reina dejó de clavarse las uñas en las palmas de las manos y pidió a un siviente un pañuelo para limpiarse los labios. Le tendieron un pañuelo blanco con sus iniciales cuando Donovan la tomó del rostro. Los ojos que clavó en las orbes de él eran fieros, sangrantes y furiosos. “Así no debería empezar mi velada. Quiero matarla”.
 
Intentó esquivar el beso pero no lo logró y aquello la frustró un ápice más. Cuando él usaba la fuerza con ella, era poco lo que la rusa podía hacer. Era buena escapándose de sus manos cuando él no se ponía a cazarla en serio. Cuando lo precisaba, no había manera. Elevó el mentón en una pose claramente altanera y desafiante -Y sin embargo, has posado tus labios sobre su piel- Le respondió con un siseo venenoso -La voy a matar- Sentenció y se inclinó hacia él para susurrarle -Necesitarás algo mejor que palabras para que te perdone la osadía, Donovan. Y no me vuelvas a besar con el sabor de su piel en tus labios. Es asqueroso- Iba a seguir diciendole cosas porque, ¿Para qué negarlo?, se sentía bien tenerlo tan cerca, respirando su aroma masculino, sintiendo su poderoso calor envolviéndola; después de que había estado con aquella mujer y, con tan poca distancia, y sus colmillos punzándole...¿Por qué no hacerlo suyo?. Era una buena manera de darle lo que quería. Una venganza divina. Le clavó los colmillos en la vena que venía directo de su corazón y el cuerpo de Úrsula vibró con suavidad contra el de él dejando caer el pañuelo mientras sentía la poderosa sangre de Donovan enloquecer sus sentidos y bajar hasta su estómago como el más exquisito elixir que alguna vez hubiese probado. Como fuego quemando su cuerpo de forma placentera. Sus ojos no estaban cerrados, estaban clavados en los de la maldita mujer que se había dado la vuelta. Era una respuesta territorial, Donovan era suyo. Ella palideció brevemente y escapó de su vista. La Reina entonces cerró los ojos y subió las manos por el pecho de él hasta abrazarlo contra ella. Ronroneó suavemente mientras recordaba las horas anteriores a la velada, deberían cancelar todo y volver al dormitorio. Sin esperar más -Eres mío, Donovan. Mío y de nadie más- Murmuró contra su cuello mientras cerraba sus heridas con delicadas pasadas de su lengua. Ahora podría perdonarlo, después de todo, sabía que el espectáculo de la alimentación no era usual en público porque se trataba de algo íntimo entre las parejas. Pero ella necesitaba hacer una declaración.
 

El gruñido de una mujer hizo que Úrsula se girara con suavidad para mirar sobre su hombro. Entonces, la vio. La pequeña trasbillaba y casi se cae si no fuese porque la Sombra estaba a su lado. La curiosidad despertó en Úrsula y se separó sólo un poco de Donovan sin muchos ánimos de dejarlo ir. Quería saber quién era pero el brillo de los grilletes la alertó -¿Por qué lleva grilletes?- Preguntó algo consternada. Lo primero que podía sentir era el terror que emanaba de la niña y un instinto profundo de protección se volcó sobre Úrsula. La Reina se separó oficialmente de su marido pero lo arrastró con ella hacia la pequeña con sus ojos rojos brillando a causa de la luz de las velas. Se detuvo al final del camino de la niña y Stefan. Y si ella no sabía en donde estaba, al ver a Úrsula con los ojos carmesí, sus labios entreabiertos a causa de los sangrantes colmillos blancos que atrapaban cualquier atención, sus labios rojos y su piel resplandecinte por la reciente alimentación y las dos heridas a punto de curarse en el cuello de Donovan; entonces se daría cuenta que había caído en un clan de vampiros. -Destruye esos grilletes ahora, Stefan- Demandó con su voz suave carente de calidez. Esa era una orden oficial. Sus ojos calculadores evaluaron a la jovencita antes de girarse hacia Donovan -Dorogoy, ¿Por qué tiene grilletes?- Volvió a cuestionar mientras sus ojos poco a poco perdían el color hasta quedar tan transparentes y fríos como un diamante.




Stefan Kâlâescu


No lo sabía. El solo vocablo de esa afirmación fue como una deliciosa melodía en los oídos del vampiro de ojos plateados, el cual esbozó una sonrisa soberbia ante tales palabras, sintiendo como el deseo lujurioso de cada uno de sus músculos se manifestaba en el entrecerrar de sus ojos. – No lo sabes…- respondió, embelesado, admirando el exquisito sabor de la inocencia femenina que la muchacha dejaba entrever por sus poros virginales. Stefan tuvo que hacer uso de toda su razón y control para evitar cerrar esa puerta detrás de él y envolver en un abrazo eterno a esa criatura de la tierna noche. ¿Cuántas hembras había visto pasar por la fortaleza de Donovan, cuyos aromas eran iguales a los de los machos que habían bebido de ellas innumerables veces? ¿Existía una sola que no tuviese perversión en su sangre como aquella pieza sublime de carne que se hallaba frente a él? Realmente no. Las hembras solteras habían sido probadas y las marcadas estaban demasiadas evidentes de sus dueños que le atraían casi tanto como a un perro puede atraerle el aroma de la carne mancillada por el tiempo y la saliva de otros carroñeros.
 
Cuando la delicada mano de la muchacha se posó en la gruesa base de sus dedos, la Sombra cerró los mismos para hacerle entender que no la dejaría marchar. Sabía que de cruzarse por la mente inocente de la criatura escapar de su agarre, las cadenas que envolvían sus extremidades evitarían su movimiento y sería un placer malsano incluso perseguirla sin recurrir a sus habilidades, sonriendo como una bestia en celo ante la cacería de su presa. En tal caso, él podría tocarla de desearlo…y debería hacerlo porque si ella se volvía animal al cual cazar, no había orden que frenase el instinto del vampiro. Rogó en silencio aquel vestigio de rebeldía, pero sabría que nunca llegaría. Lo supo cuando vio los ojos de la niña. Supo que su terror iba de la mano con su prudencia.
 
Cada paso que daban atraía la mirada de las hembras y machos invitados. Muchos de ellos no comprendían qué significaba ese formal movimiento de aquel que caminaba con el mentón en paralelo al suelo, meciéndose su capa negra como una cascada de obsidiana sobre su espalda. Su rostro pálido, su mirada fija en el frente era aquello que le hacía ver como un ser inalcanzable para cualquiera de los que estaban ahí. ‘El asesino del Lider’, le llamaban algunos, reconociendo en aquel hombre la capacidad innata de matar sin mostrar más que gozo en sus facciones, usualmente, pétreas. ‘El perro de Donovan ‘ , le llamaban otros que se admiraban de que aquel hombre más alto que los demás, incluso que el mismo líder, se  hincase profundamente ante éste, aceptando cualquier capricho que escapase de sus labios. Le llamaban de muchas formas, y la mayoría de las formas eran negativas, pero siempre se decían a su espalda porque nadie se atrevía a referirse a él frente a frente.
 
Solo le entregó el silencio a en aquella caminata infernal por los pasillos de la Fortaleza. Un silencio que se veía opacado por sus pasos profundos, seguido por el sonido de las cadenas enlazadas que tintineaban ante el movimiento de las extremidades débiles de esa criatura. De los labios entrecerrados de Stefan, el vaho de su aliento se deshacía, acariciando la frialdad de su rostro de mármol mientras sus ojos alcanzaban a vislumbrar frente a ambos a la pareja real a la cual él servía. Su mirada gris no tardó en notar la mancha de sangre oscura en el pecho de su Señor Donovan, tiñendo también los labios de la reina en un tinte carmesí. El aroma de ella invadió sus sentidos, plasmando a los mismos un desconcierto extraño, teniendo que hacer uso de todas sus facultades para desprenderse de éstos. Bajó la mirada luego de clavar por un instante sus ojos en la mirada de Donovan y, liberando la mano de la muchacha, se hizo a un costado sin formular palabra, mientras sus ojos volvían a posarse en el suelo, bajo los pies de los Líderes. Escuchó con claridad la pregunta que la Reina formulaba a Donovan, pero no estaba en él responderle. No fue hasta que su nombre fue dicho por los labios puros de Úrsula que él asintió ante la orden, caminando nuevamente hacia la pequeña, depositando una de sus rodillas sobre el suelo para tomar las manos de ella entre sus manos. Aprovechó ese corto instante para clavar sus ojos grises en la mirada de la pequeña muchacha y, sin dejar de verle, acercó a sus propios labios el dedo índice de su diestra. Abrió los mismos y mostró ante ella, sosteniéndola con su zurda implacable en caso de que el miedo le dijese que debía huir, que donde debía lucir una dentadura normal, lucía incisivos puntiagudos y afilados como los de un perro salvaje. Y entonces, aun sujetándole, dio un leve mordisco a su propio dedo índice el cual empezó a sangrar al instante en forma de gotas espesas. La mirada de las hembras sin dueño se clavó en el macho al instante, cuando con un movimiento leve, bajó su dedo ensangrentado a las cadenas, tiñendo las mismas con el tinte carmesí de su líquido vital. El contorno de sus irises se habían envuelto en un anillo escarlata y solo separó sus ojos de la muchacha cuando tuvo que volver su mirada húngara en los eslabones de la cadena. Su mano diestra se aferró a las mismas y solo bastó un apretón de sus dedos para quebrar en miles de trozos el metal que las aferraban, cayendo al suelo como una lluvia de hierro para terminar de deshacerse contra el marmolado.
 
-Esta es la reina a la que debes lealtad, niña. La misma que ha decidido liberarte de las ataduras que gobernaban tus movimientos –susurró en voz baja, acariciando con sus palabras los oídos de la muchacha mientras volvía a ponerse de pie, haciendo notar la diferencia de tamaños para recuperar su posición junto a la joven y su mirada al frente, como una gárgola de roca sólida.
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Ileana Romanova el Miér Sep 04, 2013 8:45 pm

De alguna forma que tardaría mucho tiempo en comprender, Ileana podía sentir el salvajismo y el deseo de aquel hombre de ojos color plata mientras se veía reflejada en ellos entre la oscuridad de aquel cuarto. Quizás lo que más la asustaba y la aturdía era esa maraña de sensaciones que tienen los recién transformados pero que, muy a diferencia de ella, son rápidamente explicados por sus maestros. Ella aun no sabía ni que era y al mismo tiempo se sentía más fuerte, con una vitalidad que jamás había experimentado y un deseo que no sabía cómo aplacar. Era como si un el calor de una hoguera la estuviera consumiendo cual bruja que ha cometido un irremediable pecado.
 
Luego de aquella escena que casi la tira al suelo se encontró ante la pareja que parecía más sobresalir entre las presentes. Dado lo ocurrido con la mujer celosa no se atrevió  levantar la mirada directamente a Donovan y aunque asi lo hubiese querido delante de ella se movió grácil otra figura que le dedicaba una mirada diferente a las demás. Su figura estilizada y elegante era algo que jamás vio antes al estar entre mujeres tan insulsas, junto su pelo oscuro en armonioso contraste con su piel blanca cual espuma marina y  sus ojos llenos de compasión como de un gélido color que recuerda esa parte del invierno tan bella que solo pocos pueden apreciar cómo se debe. Tanta elegancia, tanto misterio en aquellas personas. Tenía la sensación de conocer aquello, de estar familiarizada con esa esencia pero no podía recordar porque… No sabía si seguir aterrada o dejarse atrapar de una vez por lo que sus ojos le mostraban. Sin embargo, como un fuerte golpe, se sintió aturdida como un aroma dulce en el ambiente. Se llevó una mano a la cabeza cuando esta empezó a dolerle y entonces vio en los labios de aquella mujer  el tinte carmesí de la sangre. ¿Estaba perdiendo la razón o realmente había caído en un infierno donde primero sería embelesada y luego torturada? Casi ni escucho cuando le ordeno al hombre que la había llevado ante ella que destrozara las cadenas que tanto le pesaban y solo reacciono cuando sus ojos grises se cruzaron con los suyos. Cerró los ojos de forma profunda y tomo un  gran respiro cuando olio la sangre del macho…Ahí realmente entendió que era ahora y que estaba muriendo de hambre. Su temple era el de un muerto de hambre delante de un banquete que no podía probar ni un solo bocado. Ni la caída de los metales sobre el suelo lograron despejar su atención centrada en los vampiros delante de ella y aquel aroma que la encantaba y a la vez la hacía sufrir por la falta de alimento.
 

Temblorosa y sumisa escucho a Stefan y le dirigió una mirada que mostraba duda, como si no hubiese entendido hasta que volvió a ver a Úrsula. Ella era la única entre aquella cantidad de bellas vampiresas que merecía el título de “Reina”. Desde el primer momento en que la vio jamás dejo de admirarla pero no sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Además, el obsequio aun tenía que recibir la aprobación de la Reina. ¿Cuál sería su veredicto ante el primer obsequio que se le fue presentado?
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Donovan el Jue Sep 05, 2013 11:03 pm

Desde el instante en que Úrsula comenzó a mostrarse distante con él, Donovan sintió el real regocijo de la satisfacción. Su Reina y los celos de ella eran como un vals que le envolvía, a sabiendas de que la ira provocada en la mujer siempre terminaba por desatar una tormenta. Sabía que el aroma que predominaba en sus labios era el de la piel de esa desconocida, sabía que Úrsula no le perdonaría fácilmente aquella acción y aun así, continuaba sonriente, buscando hacerla enfadar más, sacarla de ese nido de gente que no le importaba y llevarla de nuevo a la habitación de la cual nunca debieron salir. Sabía que con palabras tiernas no doblegaría el poderoso temple de su mujer, pero también sabía a la perfección cómo hacerlo. ¿Ella se olvidaría de la mujer que él había tocado frente a sus ojos? Seguramente no. Seguramente esperaría el instante para asesinarla de la mejor de las formas, agregando un diente más a su exquisita joyería. En todo caso, no importaba. Ni la hembra desconocida ni el macho que la convirtió. Úrsula solo purificaría aun más el territorio de los Donovan y por eso, él no respondió ante su amenaza – Mátala, Úrsula. No me molesta en lo más mínimo – susurró mientras bajaba la mirada al cuello de mármol de la mujer, uniendo sus labios en éste mientras mordía apenas su piel. Pero entonces, fue ella quien tomó el mando de lo que estaba sucediendo. Donovan sintió el dolor punzante de sus dientes en su propia piel, frunciendo levemente el ceño en un destello placentero que invadía todo su cuerpo. Le había mordido y era el aroma de su propia sangre el que empezaba a invadir su alrededor. Cuando volvió a encontrar sus ojos, él estaba más que dispuesto a alejarla de esas personas. Tenía su mirada clavada en ella de manera imperturbable, los dientes apretados. De sus labios entreabiertos alcanzaban a notarse el color marfil de sus colmillos mientras cerrada sus ojos para envolverle entre sus propios brazos, sintiendo como ella se entregaba a ese abrazo que bien podría durar una eternidad.

Pero el aroma de Stefan marcó su presencia. Sin liberar a Úrsula de sus brazos, el Lider Donovan movió la mirada para observar a su mano derecha, caminando como una sombra poderosa, trayendo consigo a la pequeña muchacha que él había mandado a traer para su Reina. No miró a la niña ¿qué podía importarle de ella? Pero sus ojos se posaron al instante en Stefan y el tinte extraño que habían adquirido sus ojos grises. Levantó una ceja mientras abría sus brazos para dejar ir a su Reina. Con solo mirarle , entendió que su Sombra estaba realmente embelesado por esa pequeña figura que se movía a su lado. Sonrió con extraña satisfacción ante aquello. ¿Stefan enamorado? Claro que no, menos de una chiquilla. Lo que él sentía era otra cosa que ninguna de las pútridas mujeres del clan tenían. Esa sangre era pura y por los dioses, él deseaba probarla. Podía aspirar ese deseo en el aire que le envolvía. –De haber sabido, le hubiese mandado a pedir una mascota para él también – pensó para sus adentros sin evitar divertirse con la idea para luego volver su mirada a la dama que gobernaba su mente y corazón. No pudo evitar sentir una emoción que creía muerta en él cuando Úrsula se acercó a esa criatura. Donovan no solía sentir empatía por nada y si su mujer hubiese querido hacerse una alfombra con esa niña, él no se hubiese opuesto en absoluto. Pero la reacción de ella no hizo menos que conmoverle. Observó como pedía que liberasen sus manos, las cuales estaban envueltas en pesadas cadenas de metal. Mientras su Sombra acudía a cumplir con los deseos de su preciosa reina, Donovan volvió los ojos en ella cuando ésta se dirigió a él. – Es una mascota…- dijo con total naturalidad – Mi reina, esta vampiresa fue creada especialmente para ti. No tiene mentor, padre o sire.– dijo él, acercándose a la pequeña, mirando sus ojos por primera vez. Le miró por un instante, mientras colocaba una de sus manos en el hombro de su esposa, para volver a mirar sus ojos diamantinos – Este es mi regalo. Haz con ella lo que desees – susurró tomando el suave mentón de Úrsula, posando sus ojos transparentes en los de ella, mientras le dedicaba una nueva sonrisa. - ¿Es ella de tu agrado, querida mía?- preguntó, a la vez que su mano se volvía una caricia en la mejilla perfecta de su Reina.
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Sáb Sep 07, 2013 1:47 pm

El susurro de Donovan le erizó la piel. No se trataba de que le diera “permiso” o “autorización” porque ella no se lo estaba pidiendo, la muerte de aquella mujer era un hecho. Lo que hizo que su cuerpo temblara de placer es que, como dijo, no le importaba y Úrsula podía percibir por su tono, sin ningún tipo de inflexión correspondiente a sentimientos, que su esposo decía la verdad. Aparte, podía sentir como su mordida había provocado efecto  en él. Estaba cediendo a sus más primitivos deseos de la misma manera que ella. Por eso había apartado sus labios de él. Sólo un poco más de su elixir, un poco más de él…Y perdería la cabeza.

Pero muchos aromas invadieron la habitación y la mirada de Úrsula se perdió en la divina criatura que se presentaba ante ella. Aunque aquello duró sólo un par de segundos pues el ambiente tenso alrededor de Stefan le llamó la atención. Sus ojos cristalinos miraron con curiosidad al Guardián y pronto destellaron de sorpresa. Él…El imbatible Perro, el temerario Stefan estaba… ¿Abrumado? ¿Turbado? En su mente empezaron a dar vueltas distintos adjetivos hasta que finalmente dio con alguno, estaba hipnotizado por la pequeñaja. Úrsula sintió una pulla de envidia que ardió hasta lo más profundo de su ser clavándose en sus entrañas. La muchachita había despertado la atención de Stefan cuando ella, la maldita Joya de la Raza, ni siquiera había logrado que éste le mirara directamente a los ojos más de dos segundos. La súbdita había despertado los instintos masculinos del vampiro que muchos en el clan creían dormidos y la Reina miró con fiereza a la niña, acercándose a ella con curiosidad y percibiendo en el aire el aroma de la sangre del vástago.  Sin embargo, segundos más tarde se daría cuenta –por la cercanía- que pese al fuerte olor acre de temor que emanaba el de la niña, había otro que inundaba sus fosas nasales por lo que se detuvo a un par de pasos.

Era virgen. Y no sólo virgen. Si no que su belleza inmaculada era pura. Sus labios voluptuosos nunca habían sido besados y, tal vez, no fuese la niña en realidad quien despertaba eso en Stefan sino la “idea” que, curiosamente, había tomado forma en el cuerpo débil e inmaduro de la mascota. Entonces comprendió y bajó la guardia mientras su lado sádico despertaba de forma lenta pero muy segura.

Sus ojos se alzaron hacia su esposo pero primero disfrutaron de la vista de su cuerpo, recorriéndolo con una chispa libidinosa despertada por el placer de torturar vampiros. Y las mismas orbes brillaron con diversión cuando le advirtió que aquella damita que sólo a pasos estaba de ella, era suya y sólo suya –No sólo del mío, dorogoy- Murmuró riendo y antes de abrir la boca para condenar a Stefan a un episodio frustrado, atrapó los labios de su marido en un beso lento pero igual de intenso. No le importó sus palabras anteriores –aunque nunca se retractaría-,  aún tenía su sabor en la lengua y sólo necesitaba agradecerle por el estupendo regalo que le dio. Se separó de él con algo de reticencia pero su mente, divertida, quería jugar. Apoyó la frente en la de Donovan y le robó otro beso de sus cálidos labios sintiendo la fortaleza de sus colmillos en el tacto –Gracias…- Murmuró arrastrando las “R” con su marcado acento ruso y se abrazó a su cuerpo apoyando la cabeza en su pecho en una dulce posición.

Su mirada de diamante volvió a posarse sobre la niña -¿Cuál es tu nombre, pequeña?- Preguntó con su voz suave y armoniosa pero no recibió ninguna respuesta de parte de la muchachita lo que la hizo sonreír de manera engreída y malvada. Por supuesto que no iba a recordar nada. Úrsula aún podía rememorar los primeros minutos desde su despertar. Su cabeza estaba hecha un lío por querer recordar qué le había pasado y por qué…entonces había llegado Donovan y le había saciado de todas sus necesidades. Todas. Pero Úrsula nunca permitiría que el cuerpo de su mascota fuese profanado. Encontraba divertido torturar a Stefan -Oh…Claro- Dijo con tono jocoso dando a entender que sabía lo que le ocurría desde hace mucho pero había querido alargar la espera antes de soltar la bestia –Stefan…Aliméntala- Le ordenó y guardó silencio sólo un par de segundos –Y de la vena del cuello. La de la muñeca no va a ser suficiente para su deleite- Murmuró mientras apretaba con sus manos los fornidos brazos de su marido y alzaba la vista con un muy pero muy pequeño destello de cuestionamiento. ¿Estaría consciente Donovan de lo que Úrsula pretendía? ¿Le dejaría? –Y después tienes que ayudarme a asesinar a una meretriz condenada y su pareja- Susurró con serenidad dejando las palabras al aire esperando la reacción de todos a su alrededor.
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Stefan Kâlâescu el Miér Sep 11, 2013 11:45 pm

Sin ver hacia ningún sitio, los ojos de la sombra permanecían estáticos en un punto fijo frente a él, como si sus pensamientos mórbidos vagasen sin rumbo en los interminables senderos de su mente. El aroma era intenso, pero su voluntad lo era más. Sin embargo, la presencia de la niña tan cerca de él rápidamente despertó su hambre. Si veía a una hembra cerca, la que fuese, se lanzaría como una pantera sobre ella, para beber hasta saciarse y luego dejarla, como siempre había sido su costumbre. Trataba de mantener la mente ocupada cuando cuatro vocablos chocaron contra sus oídos, como el ronroneo de un gato que busca hacerse notar por medio de un ligero maullido. El demonio de mirada escarlata giró su cabeza con lentitud hacia la reina Úrsula Koslova y sus ojos grises se fijaron como pocas veces en ella. Su gesto se endureció al instante y su mirada se posó en el Líder de los oscuros  por cortos segundos. Podría haber dicho más con la fiera seriedad de sus ojos que con palabras pero su carácter templado y frío no caería a tal nivel. Ignoró la burla de aquella, que quizás no era burla, sino una mera observación y volvió a posar sus ojos al frente, en el temible vacio. Ese vacío que todo lo envuelve y lo consume como las manos de una amante; ese vacío que lograba calmar su embravecido espíritu y su indomable hambre, mezclada con el morbo de la lujuria que esa criatura jamás tocada representaba para él.

La criatura no respondió a la pregunta de la Reina puesto que ni siquiera el miedo que ella podría producirle lograría que la niña se inventase un nombre de la nada. A pesar de no verles, Stefan se mantenía con el oído agudo, escuchando cada una de las palabras que ambas compartían como un secreto susurro que emergía de sus labios. Y entonces fue su nombre el que lo sacó de su postura pétrea, volviéndose a la Reina por segunda vez. La lentitud de sus movimientos eran como los de las sombras mismas, envueltos en un claro misticismo que solo desafiaba a los razonables  espíritus caminando en el mundo de los hombres. Por un instante, pareció como si el caballero de la oscuridad no hubiese entendido lo que la Reina había formulado a pesar de haber escuchado tales palabras con extrema claridad. Sus ojos grises, envueltos en un vaho carmesí que rebelaba el estado en el que se encontraba, se clavaron en Úrsula Kozlova y posteriormente, pasaron a la criatura que estaba junto a ella. ¿Dejar que ella bebiese de él? Él jamás permitía que ninguna hembra lo hiciese. Pasó saliva y su ceño se frunció en un acto reflejo, dubitativo, mientras su fiera postura se mantenía erguida, sin mover un solo músculo. Sus muelas se apretaron, cosa que se notó al formarse la quijada brava de su cuna rumana y entonces en extrema lentitud dobló el brazo diestro para acercarse a los labios su propia muñeca. Mordería la vena que alimentaba sus dedos y entonces, la niña podría beber la sangre que brotase de ahí. Sin embargo, la Reina hizo saber que no aceptaba que la alimentase de esa forma. Era de su cuello de donde la sangre debía provenir. El vampiro en ese instante abrió los ojos, clavándolos por vez primera en los ojos de Úrsula, casi desafiante – Mi Reina… - susurró. ¿Cómo explicarle que si él hacía eso, contenerse sería demasiado difícil? Debería de recurrir a toda su capacidad mental para no abrir sus labios y clavarlos en el cuello virgen de esa muchacha. Era como tentar a un león a que un venado le lamiese el cuello…

Sin volver el rostro a Donovan, sin siquiera mirarle, se puso de espaldas a él y caminó hacia la Reina y la pequeña niña. Como un temible caballero de la oscuridad, bajó su rodilla colocándola sobre el marmolado suelo bajo sus pies y movió con lentitud sus hombros. Dejó que su saliva pasease por su boca cerrada mientras sus ojos se volvían a posar en la mirada huidiza de esa criatura. Y entonces, sus pupilas se dilataron hasta cubrir casi por completo el color gris de sus irises que lentamente empezaban a tornarse rojos, como la sangre; mientras acercaba sus labios a los labios de ella. Notaba la diferencia de tamaños casi con fascinación. Notaba la perfección de la piel de la muchacha casi embelesado con esta. Su lengua acarició sus propios labios para poder humedecerlos ante aquel deseo que se apoderaba de cada centímetro de su ser. El vampiro abrió los labios y los perlados colmillos se formaron en estos. Respiraba con la boca entreabierta, siendo el vaho de su aliento con lo único con lo que se permitió tocar la piel virgen de esa muchacha. Apenas le separaba un suspiro de esos labios cuando torció la mirada, posándola atrás de la muchacha, dejando expuesta la parte izquierda de su cuello masculino y amplio. Tuvo que cerrar los ojos para no dejar que la visión de esa niña le tentase aun más puesto que el solo aroma de ella hacía ese trabajo. – Abre los labios, niña…Debes morder …- empezó a decir mientras su mano derecha se posaba lentamente, casi temerosa, dudoza, contenida, detrás de la cabeza de ella, acariciando sus cabellos a la vez que le obligaba a acercarse a él -…Justo…ahí – susurró a su oído a la vez que su rostro cayó sobre el cuello pequeño de ella. Era tanto lo que le costaba contenerse, que sentía que su cuerpo estaba entrando a un estado de rebelión contra él mismo, teniendo que abrir sus labios con pesar. El calor de su aliento envolvió la piel debajo de la oreja izquierda de ella y por un solo instante, la lengua de Stefan amenazó con escapar de sus labios, rozando apenas la piel virgen de ella. Pero entonces el vampiro abrió los ojos y torció el rostro en una mueca de anhelo prohibido. Su voz se volvió un rugido gutural cuando escapó por su garganta seca – ¡Muerde!
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Ileana Romanova el Miér Sep 18, 2013 10:41 pm

La mirada de la joven recién transformada se dirigió rápidamente al suelo al sentir la fiereza plasmada en los ojos cristalinos de Úrsula. A pesar de apartar la vista, era como si pudiera percibir un sinfín de sensaciones presentes en los aromas de aquellos seres que la rodeaban con expectativas.  Incluso podía escuchar leves susurros ante la escena que protagonizaban los reyes, el obsequio y la mano derecha de Donovan. Para colmo de males temblaba, si no fuera por que Stefan le había arrebatado las cadenas que la aprisionaban estas estarían tintineando por la ansiedad, el hambre… ¿Cuánto tiempo llevaría transformada sin poder probar un bocado?Días quizás… Nada para un vampiro común, un tiempo impresionantemente irritante y molesto para un recién transformado.

 
Apenas volvió la vista cuando aquella mujer de cabello negro y mirada glacial le pregunto su nombre pero no supo responder. Estaba tan aturdida que ni siquiera podía recordar su nombre... Sin embargo algo destellaba en su mente, un viejo recuerdo que se apaga y se prende como una luciérnaga que vuela entre los árboles oscuros de la noche y parece titilar. No pudo entender bien la situación que se estaba dando... ¿Alimentarla? ¿Que iban a darle? Los ojos se Ileana se abrieron grandes... ¿Estaba, realmente, hablando en serio?  Si... No había ni un ápice de gracia en aquellas directas órdenes que le profirió a la mano derecha de Donovan. Más adelante ella miraría a los vampiros recién creados, viendo como sus sires se tomaban el tiempo necesario para que ellos asumieran su nueva naturaleza hasta la primera cena. Ella no... Pero dentro de su delicadeza era fuerte, esas cosas la hicieron fuerte.
 

En aquel momento sólo pudo percibir con aquel miedo natural como Stefan se acercaba a ella a la vez que levantaba la mirada lentablemte. Fue entonces cuando apareció la naturaleza vampírica de los Donovan en todo su esplendor: Aquellos ojos rojos y los colmillos que sobresalían de la dentadura del vampiro que ahora se le ofrecía como alimento para calmar aquella ansiedad que estaba despertando, muy de a poco, sus más salvajes instintos. El olor a sangre que emanaba de las cadenas aún estaban presentes en el aire junto a la cercanía de Stefan y aquella esencia producto del deseo. Lentamente sintió las caricias del vampiro sobre su pelo lacio y arreglado mientras este acercaba su rostro a su cuello masculino. Sintió como su dentadura empezaba a cambiar profiriendo un leve gemido de dolor junto con el susurro y sus labios chocando suavemente con su piel. Dudo… Era inevitable después de todo. Pero como un cachorro que salta ante un fuerte regaño de su amo Ileana abrió su boca y clavó sus dientes en la piel con todas sus fuerzas. Luego fueron sus dedos sosteniendo al vampiro mientras sus ojos perdían aquel gris frío para reemplazarlo con el fuerte rojo sangre de los hijo de la noche al alimentarse. Fue la primera vez que Ileana probaba el placer de alimentarse y todo el éxtasis que conllevaba para un Donovan. Y por un momento todo lo que tenía a su alrededor se sumió en el olvido...
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Donovan el Jue Sep 19, 2013 5:14 pm

Su mirada estaba pétrea sobre la escena. Sentía en su pecho las uñas de Úrsula pero no pudo hacer más que desdibujar el placer en su rostro cuando escuchó de la boca de su mujer las palabras más temibles que podría haber dicho – “Stefan; aliméntala”- Una chispa de furia recorrió cada centímetro de su cuerpo, clavando sus ojos de hielo sobre el titán sombrío mientras le veía ceder a las órdenes de su propia esposa. El ceño del Líder se frunció al instante y ahora ya no miraba a la preciosa mujer a la cual envolvía con sus brazos, sino la escena que se llevaba a cabo frente a sus narices. ¿Acaso Úrsula no había entendido lo que Stefan era para él? ¿Acaso seguía viéndolo como un pobre esclavo cualquiera que podría usar a su antojo y capricho? La ira que invadió al líder en ese momento fue tal que los dedos que estaban posados sobre los brazos de su amada se volvieron garras mientras bajaba su mirada con molestia a ella - ¿Perdiste la razón? – su voz estaba teñida con el tinte del enojo que todos podían ver, incluso estando a lo lejos. Stefan, ese hombre hincado frente a esa niña era quien le había dado el abrazo de la eternidad. En su sangre corría también la divina sangre de Donovan ¿Y ella le hacía alimentar a esa recién convertida que bien podría ser violada por mil hombres ahora y a él importarle menos? Lo que continuó fue un gruñido mientras soltaba a Úrsula y volvía a posar sus ojos de hielo. Algo extraño estaba pasando en su interior en ese instante mientras apreciaba y odiaba la escena. Podría haberle puesto fin con uno solo de sus gritos; con una mísera palabra, pero él continuaba observando con detenimiento lo que sucedía. Stefan no podía controlarse y sería un buen escarmiento para su caprichosa esposa que no lo hiciese. Pero, además, ver a su Mentor, su Sombra, su Guardián siendo consumido por los deseos prohibidos de lo que no podía tener logró que sus rasgos y su propio espíritu animal cediesen por un instante. ¿Celos? ¿Acaso estaba celoso de ver que alguien lograba despertar el deseo muerto de ese vampiro antiguo, y que ese alguien podría no ser él mismo? Quizás en el fondo, él era tan o más caprichoso que Úrsula. Quizás eran tan iguales uno al otro que eso los hacía la pareja perfecta.

Donovan cerró los ojos y soltó el aire que guardaba en sus pulmones con un resoplo. Y sin más, en un abrir y cerrar de ojos, se vio de pie entre ambas figuras, con sus ojos entrecerrados posados en aquel acto. Levantó la mirada y observó a los presentes, quienes veían con una mezcla de placer y lujuria aquella escena. Si se hubiese visto a sí mismo, habría visto que su mirada de hielo se había teñido del color rojo de la sangre, pero todos los presentes lograron captar eso con solo posar sus ojos en él. Y entonces, la pétrea forma de su rostro desdibujó una paz tormentosa cuando Donovan posó una de sus manos en el hombro de la pequeña Ileana y sin reparos, la echó hacia atrás, arrancando sus fauces cerradas la piel del temible titán vampírico, quien se echó hacia atrás a la vez, puesto que con la otra mano, Donovan lo empujó lejos de la muchacha. Entrecerró sus ojos y lanzó una mirada de molestia hacia la niña que había mordido a su sombra, severo como un padre que nota que su hija ha hecho algo que no debía hacer jamás –Limpia tu boca – rugió con molestia, volviendo a levantar su mirada altanera para posarla, finalmente, sobre su esposa Úrsula – Si vuelves a hacer algo así, permitiré que Stefan haga de esa niña su juguete ¿He sido claro? – la paz de su voz era tenebrosa, casi como si estuviese conteniendo la tormenta de su furia para no lanzarla a los presentes en ese momento. Bajó sus ojos de hielo entrecerrados a su Sombra, quien respiraba agitado desde el suelo. Ahora él era el hambriento y si no fuese que Donovan realmente amaba a su esposa a pesar de todo, le habría permitido lanzarse cual pantera sobre esa condenada cría que había osado por uno solo de sus dientes encima de él.

Donovan apretó los labios mientras volvía sus ojos a su alrededor. Y entonces vio a una mujer cualquiera, una soltera seguramente dado que estaba completamente sola. Sin mediar palabras la sujetó del brazo al instante, clavando su mirada carmesí sobre los ojos aterrados de aquella – Aliméntale – ordenó. Sumisa como un perro que sigue la orden de su amo, la mujer caminó hacia aquel vampiro y se hincó a su lado. En un gesto suave, delicado y cuidadoso acercó sus propios labios a la herida que Ileana había provocado en él. Pero en el instante en que ella lamió la misma, Stefan la contuvo con sus manos poderosas, besando al instante y sin medir fuerzas los labios teñidos con su propia sangre. Posteriormente, bajó sus fauces al cuello desnudo de la mujer mientras se apoderaba como una bestia, rompiendo un poco la parte superior del vestido de la extraña. Una vez que sus dientes penetraron la piel pálida de ella, la mujer soltó un gemido de dolor a la vez que contenía el rostro del vampiro antiguo entre sus manos.
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Lun Sep 23, 2013 11:42 am

La Reina Oscura confundió la reacción de Stefan como un animal que, finalmente, recibe lo que deseaba. Fue entonces cuando ella giró su cabeza y miró fijamente a los ojos de Stefan cuando éste la refutó. Úrsula no lo comprendió, es más, nunca lo haría y la confusión se clavó en sus ojos y se reflejó en todo su cuerpo. Alzó la mano con suavidad –Si crees que alguien de la sala puede alimentarla mejor que tú, hazlo llamar, confío en ti- Dijo la Reina y la inflexión en su voz dio a entender que aunque no lo entendía, respetaba si no lo quería hacer. La mano la llevó a su cabello y lo arregló hacia un lado observando cómo tras decir aquellas palabras acudía a obedecer la orden. Sin embargo, la bonita escena no llamó la atención de Úrsula, si no la inmediata reacción de Donovan haciéndole daño en los brazos. Estaba clavándole los dedos en su tersa piel mientras su mirada encendida de furia la atravesaba.  Y si Úrsula había estado confundida, ahora estaba permanentemente turbada…Totalmente perdida.

Cuando la soltó de aquella manera tan denigrante se alejó un par de pasos mientras subía sus brazos para abrazarse a ella misma. ¿Qué era lo que había hecho? Si Ileana iba  a ser su mascota, tenía que tener a alguien de confianza alimentándola. Obviamente a ningún macho emparejado y, más aún, que siempre se mantuviera cerca. Stefan guardaba todos esos requisitos y más pues era la mano derecha de  Donovan y para Úrsula aquel regalo sería, seguramente, lo que Stefan era para su esposo. La forma en la que dejó escapar el aire le dijo a la Reina Oscura que se estaba conteniendo más de lo que debía y sintió pena, vergüenza y celos por aquella escena. La mezcla de sentimientos, en ese preciso momento, la tenía estupefacta. Observaba con sus ojos cristalinos como Donovan separaba a la pareja con más rabia que tacto y trataba de manera cruel a la recién convertida. Cuando la mirada carmesí de Donovan se posó sobre la de ella, Úrsula palideció. No por las palabras, no por la sentencia que el líder le imponía, no por la orden que le daba a una mujer que no seguía las reglas de nadie, sino porque la misma escena que ella pensó complacería a Stefan e Ileana –tanto como a Úrsula le complacía dar y beber de Donovan-  había provocado un arrebato de celos en su esposo.

¿Quién era Stefan después de todo? ¿Cuál era el núcleo de aquella relación? ¿Había algo más que ella no sabía? ¿Algo de aquel oscuro pasado que su esposo mantenía oculto para todo el mundo, incluida ella? Se humedeció los labios que, repentinamente, se le habían secado y asintió con temor ante él. Sus ojos cristalinos, sin ningún ápice de brillo, se volvieron hacia su nueva mascota con un aire ausente –Ve a tus aposentos. Ven a buscarme cuando recuerdes tu nombre mortal- Le ordenó a la niña cuyos ojos iban perdiendo el tinte carmesí. Bajó los brazos de donde los tenía y respiró profundo ignorando la escena de Stefan con la mujer que, en cualquier otra ocasión, habría subido su libido –Por favor, la música- Ordenó en voz baja ya que ante la escena los músicos habían dejado de tocar. Sin más que añadir, dio la vuelta sobre sus pies y se dirigió a la escalera deteniéndose sólo un momento para hablar con un de sus guardias privados –Escolta a la niña y enciérrala. Nadie debe verla. Ni siquiera Donovan, es mía- Mencionó sintiéndose incómoda a dar la orden y después miró sobre su hombro a la mujer que había provocado que su cumpleaños se fuera al desastre –Y a esa pareja…Llévenlos a la mazmorra. Separados. Y no dejes que S... Nadie entre- No quiso ni pronunciar su nombre –Sólo yo- Añadió  pensando que más tarde necesitaría, sin duda, descargarse contra alguien.

Siguió subiendo las escaleras mientras oía a los guardias moverse y los gritos de la estúpida pareja de fondo. No le importó y agradeció que mientras más avanzaba sólo escuchaba la música acompañándola como escolta hasta sus aposentos donde ingresó percibiendo el penetrante aroma de su pareja y el suyo antes de abrir los ventanales y observar los  jardines que conformaban su “reino”. Oyó el susurro del viento y sonrió brevemente escuchando más que sólo eso -¿Con quién más tengo que compartirlo? ¿No es suficiente con ustedes?- Cuestionó preguntándole al aire, a la nada y recibiendo respuestas que nunca entendería porque ella no había recibido ese don, ni ningún otro, de los Donovan.
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Re: Para mi Reina... [Flashback - Clan Donovan]

Mensaje por Stefan Kâlâescu el Vie Abr 11, 2014 9:51 pm

La mujer que sostenía con sus poderosos brazos emitía continuos jadeos mientras él, con la mirada clavada en el vacío, continuaba saboreando la condena eterna de su sangre. Tan insípida y asquerosa como aquello que uno ha probado una y otra vez, saboreado por otros labios pero, a la vez, tan sediento estaba que no había control sobre sus actos. Fueron minutos eternos para ella a medida que él comenzaba a liberarla de sus garras, cual serpiente que termina de apretar hasta un punto crítico y luego no le queda más opción que liberar. Lento, con cada aliento de sus labios mientras sus ojos buscaban algo en ese salón…Había perdido la razón por un instante y lo único que encontró para poder volver en sí fue la figura de su Señor de pie, viéndole con descontento. Esa mirada cristalina posada sobre le remontó a otros tiempos, aquellos en los cuales, en el placer más sublime de lo prohibido, él le alimentaba con su sangre de líder. Recordaba esos instantes que pasaron por su mente como flashazos letales, en los cuales sus labios se abrían en la muñeca pálida del Señor de los Oscuros, sintiendo primero el aroma para luego lamer con cuidado la piel. Y cual bestia sanguinaria, mientras sus dientes perdían la forma y daban paso a afilados colmillos, abría la piel de él sintiendo como su cuerpo reaccionaba en una mezcla exquisita de dolor y placer.

Saciado como estaba, su respiración se hizo más lenta y sus ojos volvieron a adquirir el tono gris que les caracterizaba. La mujer en sus brazos buscó abrazarle por un momento y la reacción de la Sombra de Donovan, ese titán en tamaño, intimidante fiera que caminaba tranquilo por los pasillos de la mansión de Viena extendió su mano y sin cuidado la echó hacia atrás. Su solo hedor le repugnaba, pasada por tantos hombres una y otra vez como una cualquiera. Ni siquiera le miró luego de aquello, usando la palma de su propia mano para limpiar los vestigios de sangre que humedecían sus labios helados. Se puso de pie con lentitud mientras su gélida mirada bajaba al suelo, cayendo sus cabellos sobre su frente pálida a la vez que lo hacía el sobretodo negro que le  cubría el cuerpo. Por un ínfimo instante, el vaho de su aliento liberó el sonido de su voz mientras se  dirigía a su señor, más bajo que él en altura pero no por eso menos intimidante. La gran forma de su espalda fue lo que le dirigió al resto, incapaz siquiera de seguir con la mirada a la enfurecida Reina que se perdía de su propia fiesta. – Ed uram…- declaró en un susurro en su lengua madre, clavando por un instante sus ojos grises en él. Sin embargo, no agregó palabra alguna y volvió a bajar la mirada. Reconocía el enojo de su señor y con esto, todo lo que debía hacer era apelar al silencio. Donovan era un hombre  capaz de estallar en ira y volver a la calma con la misma facilidad; pero exigía quietud para ello. Además, había otra cosa que ahora envolvía sus pensamientos, casi como si fuesen una invitación prohibida que se negaba a soltarle. No era la sangre que caía sobre sus propios atavíos ni la hembra que buscaba clamar su atención, siendo alejada por otras igual de insípidas que ella. Era esa aroma que había quemado sus sentidos con rabia y que ahora gobernaba la totalidad de su ser. La sentía en cada milímetro de la sala y siguió el camino por dónde se la habían llevado con la mirada. Ella, tan pura como la mañana…Ella, quien le había enloquecido de tal forma que por un instante, casi desafía las ordenes de su reina con tal de ceder a lo más básico y primitivo de sí. ¿Quién era ella? ¿Por qué su nombre palpitaba en su mente si ella misma desconocía el mismo? Aspiró el aire por un instante y cerró sus ojos calmando su propio espíritu. Y como quien huele la sangre y puede leerla, su mirada volvió a destellar mientras se despedía en silencio de aquella fascinante y exquisita criatura – Ileana…- le llamó en voz baja, volviendo a cerrar sus ojos, a la vez que su rostro era cubierto por la más completa y pasiva frialdad de las sombras.
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