Oren Astvinur

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Oren Astvinur

Mensaje por Oren Astvinur el Sáb Ago 31, 2013 4:14 pm

Oren Astvinur


Datos básicos
Nombre completo: Oren Astvinur
Apodos: Guardián Blanco
Original o Predeterminado: Original
Edad: 105 años
Fecha de nacimiento: 10/07/1908
Lugar de nacimiento: Suiza, frontera con Francia.
Raza: Licano.
Luna en la cuál nació: Media
Animal Totémico: Tortuga



Descripción Psicológica


“¿Existe siquiera la manera de llegar a describirnos completamente? ¿Cuándo es que las palabras alcanzan a delimitar la integridad de las personas? Creo en el dinamismo de las personas con el mismo fervor que en su balance. Todo cambia, al igual que la luna, y bajo su luz nada queda eterno” – Confesiones de mi mente bajo una luna gibosa.

Existe paridad en el pasar de las estaciones, de los años en el propio ciclo de la luna. Nacido bajo esta, su ser completo responde  a la influencia del argénteo astro, tan común y particular como quien se encargue de analizarlo. Si empezamos desde la raíz, allí donde las cosas se encuentran más arraigadas y con una tendencia menor a fluctuar, es leal, protector, paternalista y justo. Por norma general cada acción está sujeta a una reacción y lo mismo puede aplicarse al actuar de una persona. El ambiente, el entorno, los demás seres, todo ello condiciona en la manera de pensar y accionar, desde el nacimiento hasta el fin de la propia vida. Bajo esta perspectiva todo es posible,  y sin embargo, como existe el caos también el orden, las razones pueden explicar el comportamiento del universo, el suyo sin excepción. Encontrarás que el lobo siempre tiene algo nuevo para mostrarte, que quien creías conocer puede demostrar otra faceta con el pasar de los días. Se requiere de mucha observación para dar cuenta que sus actitudes varían con el crecer y menguar de la luna. Una vida devota a la misma. Evita los extremos, o los explota en igual medida, y si bien cambia, el propósito final es mantener un perfecto equilibrio interior.

“Hay veces en las que simplemente no puedes evitar desear la muerte de otro ser, como tampoco el deseo de aferrarse a otras vidas. Por hoy, espero encontrar mi camino bajo tu resplandor” – Confesiones de mi corazón bajo la luna llena.

Suele mantener sus espíritus en alto, aunque bajo un estricto control cuyo único objetivo es no pasar demasiado por optimista o incluso inocentón. Muy a pesar de  esto, en el fondo posiblemente tenga un poco de ambos. Habla solo cuando es necesario, hay poder en las palabras y prefiere reservarlas para el momento indicado. Cuando el cielo solo está cubierto de estrellas difícilmente le sacarías demasiado. Así como la luna se esconde en la inmensa oscuridad, su mente divaga sobre sí misma en introspección. Un momento en el cual medir la balanza de sus propias acciones, ser justo consigo mismo. Respeta la línea de mando sin cuestionar. Un líder innato en sí mismo, principalmente en situaciones de extremo estrés donde puede mantener muy bien su cordura – para los estándares particulares de los lobos- una sonrisa apropiada es capaz de hacer enfervorecer los corazones y ponerlos a lugar para seguir órdenes. No le gusta ser el centro de atención, aunque inevitablemente suele atraerla. La manada lo es todo y no negaría una pata a quien lo necesite. Quizás no se ve a sí  mismo como un líder convencional, sino alguien a quienes los demás puedan acudir en tiempos aciagos.

“Puedo ayudarte cuanto quieras, solo no vayas a enojarme. No, espíritus tengan piedad, nunca me enfades” – Una completa verdad.



Historia



Una única chispa dio a lugar a luz entre tanta oscuridad. El negro absoluto era apresante, como una cortina de humo, capaz de ingresar a los pulmones y sofocar en cuestión de escasos segundos. No estaba en la intención, dejarse llevar por meras sensaciones. Tan pronto como el fuego iluminó el interior del ancestral aposento aquello se disipó como un efímero parpadeo. Los ojos se acostumbraban a la nueva luminancia y el interior adquiría un matiz rústico, mezclado con la apariencia salvaje de la mismísima intemperie. Había vida aun fluyendo por las robustas paredes de madera, labradas en el mismísimo tronco que les daba origen. El aire olía a viejo pero no lo suficiente para obligar a una retirada, aquello indicaba que estaba en el lugar correcto. Un nuevo par de ojos se hizo notar, contrastando en su celeste prístino con todo el entorno que lo rodeaba, bañado en el débil resplandor de un fuego entre ambos. Se acercó, como solía hacer, y al estirar unos labios rasgados dio lugar a una impactante sonrisa que dejaba ver imponentes caninos y una fuerte dentadura. El común de las personas jamás daría con un estimado de su edad, incluso considerando su desaliñado aspecto. Sin embargo, era antiguo y la naturaleza circundante lo aprobaba y recibía como tal.

-¿Estás seguro de esto? – preguntó. Su tono, aunque calmo, dejaba a entender que ya era tarde para dar la vuelta y retirarse con la cola entre las patas. Nuevamente, no había intención alguna de hacerlo. Las reglas de aquél hombre eran muy bien sabidas –muy a diferencia de su edad-

-Estoy listo, por supuesto. No sé si sirva de algo pero es algo que quiero hacer. Las memorias no son para siempre, pero al menos en tus manos encontrarán su valor – O al menos eso quería creer, era la única razón por la que había acudido a aquella persona en primer lugar.

-Comienza entonces- respondió, volviendo a sonreír en el proceso. Acto seguido echó un trozo de madera, avivando el pequeño fuego interno. Curiosamente la madera no desprendía aroma alguno al convertirse en carbón. La silueta apenas parecía moverse entre los densos y pesados cueros que lo vestían. Aunque la temperatura no lo ameritaba, parecía estar cómodo entre aquellas capas, de lo que sí podía estar seguro era que el hombre estaba escribiendo allí debajo, sus notas escondidas entres pieles que hacían de muralla a la vista.

-Mi nombre es Oren. La manada siempre ha sido mi familia. Nací en ella y supongo que moriré por ella, no habría mayor honor en mi existencia. Soy un lobo, es parte de mi verdad y los discursos serían escasos para expresar el orgullo que poseo por ello. Nunca negaría mi naturaleza, incluso si eso me cuesta la vida. Los bosques son mi hogar y entre sus árboles es que encuentro descanso. Así fue siempre, y aún lo sigue siendo. Aprendí siempre de mis hermanos, y las propias experiencias, pero por sobre todo, la historia. Hay mucho para aprender de los que vinieron antes, incluso si estos ya no caminan entre nosotros. Hay una razón por la cual estas palabras quedan asentadas el día de hoy, espero que te sirvan de ayuda- Detuve mi discurso para fijar mi mirada en el Historiador. En apariencia no había movido un pelo, sin embargo, algo en mi interior me decía que hasta las intenciones que yo mismo no alcanzaba a percibir habían quedado grabadas en aquél escrito. Asentí con la cabeza, dando a entender que continuaría

– Puede que mi discurso palidezca a comparación de muchos otros, o que incluso mis garras carezcan la fuerza para derribar a todo enemigo, pero mi completo ser está con los míos. Puedo tener muchas fallas, incluso tú también tenerlas, pero entiende que la convicción es algo infaltable si deseas tener éxito. Yo no estoy aquí por poseer el mejor recuento de cabezas impuras, o porque lo espíritus me favorecen en sus bendiciones. No, al final del día, creo que todo puede resumirse a la propia voluntad. El punto está en el balance.

Inspiré profundo, dejándome absorber en mis propios recuerdos. Así pasaron los rostros de mis padres, algo que no haría a la diferencia o relevancia. Mis primeros años, los cambios… había mucho dolor en todo ello, pero no tendría sentido sumirme, o al lector, en penas innecesarias. El aprendizaje lo es todo para un lobo, como mínimo quería dejar eso en claro ¿Qué de todo un centenar de años podía utilizar con tal propósito? Debía hacerlo bien pues luego de la primer palabra no habría vuelta atrás- La luna – y por supuesto que en la vida de un licántropo había mucho de ella, en algunos más que otros, establecería el ejemplo. Rápidamente afirme la idea en mi mente.
-Seguramente te sientes atraído a ella, en mayor o menor medida. Puedes cantarle durante la noche, bañarse en su hermosa luz mas es un hecho que nos es imposible alcanzarla. Desde pequeño sentimos esa conexión, tú sabrás juzgar lo que sientes, en mi caso desde pequeño me he creído fuertemente unido a ella. Quizás es una ilusión que todo lobo se crea para cubrir su añoranza, y sin embargo encuentro una diferencia sustancial entre la percepción propia y la de mis hermanos. Un lazo existencial, privado, único, uno al cual no puedo resistirme. Complejo de poner en palabras, puesto que tampoco es similar al que establecen los chamanes y los espíritus. Simplemente es.  ¿Has escuchado las historias de como un licántropo se rige en su forma de ser según la noche en que ha nacido? Comienzo a creer que soy la excepción a la regla. De algún modo siempre he sido sensible a cada cambio, puedo sentirlo en mi interior, repiqueteando como el agua en las orillas. Así como la luna mengua, yo también lo hago. Mis palabras han de confundirte, pero espero esclarecerme con cada uno de mis relatos. Ofreceré el primero – Escuché la leve risa de mi acompañante, preguntándome que podría resultarle gracioso. Me encogí de hombros, inspirando profundo para luego continuar.

- Supongo que debo darle un título- Escrudiñé la oscuridad con la mirada, como si en ella fuera capaz de encontrar la respuesta a lo que buscaba.

---
“Aquél que hablaba a la oscuridad”

-Era joven en ese momento, más de lo que soy ahora, aunque lo suficiente para haber sido considerado un adulto. Las responsabilidades jamás me abrumaron, y en cierto sentido he sido alguien que siempre las ha buscado y ese día en especial no eludiría a mi deber- Dejé que mi mente divagara mucho más en el interior, embargándome en las emociones pasadas, retornado al lobo que fui en esos momentos- Extraño. Eso fue lo primero que me llamó la  atención en aquél tiempo. El bosque se sentía extraño y no tardé en comprobar que no solo eran ilusiones mías, los rostros de mis hermanos lo decían todo.

-Como era costumbre, los chamanes fueron los primeros en reunirse, llamando luego al concilio de guerreros para dar un veredicto. Fue la primera vez que presencié uno como un miembro completo de la manada- Callé. Ha decir verdad jamás me sentí como un guerrero, si bien estar en la vanguardia es algo que mueve mi espíritu, mis convicciones quizás son algo distintas al común del lobo. No estoy allí como una línea de ofensiva, mi deber es proteger la sangre de la Luna. El carraspeo de mi acompañante me hizo volver, ciertamente tenía una historia por contar.

-Corrupción- agregué rápidamente, pidiendo disculpas con el tono empleado- No muertos. Esa fue la conclusión que se nos fue entregada. No había que ser un gran observador para notar como el cabello de mis hermanos se erizaba ante la más mera mención de aquello. Profundo en los bosques, recluidos a nosotros mismos las amenazas no solían tocar a la puerta. Sería mi primera vez enfrentándome a tal peligro y mi interior no paraba de gritarme que la situación era ya demasiado extraña. Desestimé mi instinto, creyéndome muy joven, inexperto, cuanto me equivocaba. Comprende esto y jamás lo olvides, el instinto es una de las armas más mortales del lobo. Yo lo aprendí muy tarde.

-El tiempo pasó demasiado rápido, y cuando ya volví en mí, estaba viendo el bosque desde una perspectiva diferente. El tronar de huesos fue la apertura a lo que seguiría. El dolor era palpable aún luego de dar un primer paso, de observar una de mis patas delanteras avanzar. Níveo pelaje, la energía fluyendo por todo mi interior como un afluente de agua torrencial. El viento parecía moverse con vida propia en múltiples direcciones, no era normal, como si este fuera capaz de predecir nuestro avance, encerrándonos poco a poco.

-Las sombras son la especialidad de un hijo de la luna y pude captar como estas se estiraban, adquiriendo formas altas y alargadas. Supongo que en ese momento solté un gruñido, me es difícil recordar esta experiencia con sumo detalle. Tardé un segundo en procesar los nuevos sonidos, el andar casi etéreo, el aullido desgarrador de un lobo herido. Habíamos salido dispuestos a pelear, pero su cercanía fue sorpresivamente excesiva a nuestro hogar. ¿Dónde estaban los exploradores, la guardia, aquellos que ocupaban los puestos de avanzada? Nada. Había sido entrar en la boca del lobo, y estos no éramos nosotros. Sé que mi mente se alternaba en todo mi alrededor, mis patas respondiendo al momento exacto para esquivar la rápida embestida de uno de aquellos seres, armas en alto. ¿Qué haces cuando vez la muerte a la cara? La muerdes. Sentí el hueso de su clavícula crujir ante mi presión, astillarse como lo haría una rama debido a mi peso. Blanco que se volvía rojo y un sabor que inundaba mis sentidos, uno que me sentí obligado a ignorar para no ser sobrepasado por la repulsión. Alcé la mirada, captando un débil rayo de luna que se filtraba entre las densas copas de los árboles dando sobre los claros cabellos de un hombre. Uno de nosotros estaba en su forma humana, moviendo sus labios hacia algo que yacía más allá de las sombras. Negro sobre negro, aquél que le hablaba a la oscuridad.

Traición

Interesante – me interrumpió el Historiador. La primera palabra que había pronunciado desde que yo había comenzado a relatar. Lo que resultaba llamativo es que a una persona como él le resultara interesante – Con que tú eres aquél ser – Comentó, críptico y misterioso. Al escuchar sus palabras fruncí el ceño ¿A qué se estaba refiriendo? No tardé en preguntarle al respecto – Eso es algo que quizás algún día aprendas. Espero a escuchar más de ti, Oren Astvinur – Y con eso supe que mi tiempo allí había terminado, tendría que dejar el resto para otro día.

- o -

¿A dónde va la propia calma cuando necesita serenarse? Uno sería capaz de reír ante la ironía de la propia pregunta pero esta iba tan en serio como cualquiera de sus pensamientos. Jamás aceptaría dejarse sobrellevar por la situación, o mostrar desesperanza en su mirar. Por oscuro que se viera el futuro y cuan terribles sonaran las voces de los espíritus, jamás retrocedería en el trayecto transitado. A fin de cuentas, no estaba solo, pues quien lo esta es porque decide que así sea. A marcha decidida había dejado su hogar atrás, el aroma a los lirios impregnándose en su persona con cada paso que daba. Tal y como si la naturaleza le entendiera, lo observara y cuidara, las flores y hojas hacían leves cosquillas a sus pies, arrancándole así una leve sonrisa. Aquello era un sentimiento momentáneo de felicidad que le daba las fuerzas para recorrer el camino restante. Como era costumbre la sensación de haber tomado un rumbo erróneo volvía a trepar por su espina como si fueran heladas esquirlas que aplicaban incesante presión. Una enredadera de sentimientos que apresaba a la razón hasta dejarla sin conciencia, mas su instinto lo decía, iba en el camino correcto. El aire se volvía denso, mas no eran los pulmones quienes estaban faltos del mismo. El lobo tuvo que agachar la cabeza para poder ingresar evitando un posible golpe. La oscuridad parecía cernirse en el interior, mas un repentino crepitar le revelaba que había llegado al sitio indicado. Fuego interno, el calor de la vida, fluctuante cual pensamiento ¿Se dejaría vencer al soplo del destino? Una rama crujió bajo el pie del lobo, un sonido que en el vacío sonó cual estruendo, similar a un hueso al romperse. Predispuesto como estaba, la imagen del pasado cobró vida en su mente justo en el instante donde la había dejado.

-Tu sombra al fin te ha alcanzado- la silueta ajena se vislumbraba tras aquél tenue fuego. Absoluta, inamovible, como si el tiempo hasta ese próximo encuentro no hubiese sido más que un efímero segundo. El aire volvía a cargarse con aquél extraño matiz de aromas, una mezcla de añejo y lo nuevo, de un fuego que no quemaba y una madera que se consumía. Aun esperando respuesta aquél hombre movió una de sus manos, acomodando uno de los troncos en un intento de avivar la luz entre ambos. Las miradas de los dos refulgieron como respuesta, adaptándose al nuevo cambio. Colores de la naturaleza, claros como el agua, verde de las hojas, puros en su esencia, rodeados de peligros escondidos a cada vuelta. ¿Era el turno de hablar, escuchar, o simplemente permanecer? El hombre era muy complejo de entender y la incertidumbre se colaba por los poros cual ponzoña paralizante. Labios que se movían, palabras pronunciadas en silencio, el permiso que esperaba ser expresado -Traición- los pocos fonemas, al igual que había hecho el tronar de la rama evocaron, al pasado con la precisión de un cronometro.

- ¿Qué podía hacer? – me animé a hablar al fin, rompiendo el silencio que portaba desde mi entrada. La imagen era tan vívida a mis ojos que podía sentir los latidos de mi corazón acelerarse en respuesta. -La desesperación se colaba en mis venas, amenazando con dejarme congelado en mi lugar, pero desistir a la circunstancias simbolizaba perder. Me aterraba siquiera darle un significado a esa pérdida ¿Qué podía ofrecer aquella sombra para compeler a un lobo de traicionar a los suyos? ¿Qué era tan grande como para que el lazo más íntimo y natural se viera roto con la fragilidad de un cristal? No podía imaginar, ni siquiera calcular cual era el alcance del ser que se comunicaba más allá del negro absoluto. Mi única opción era actuar, accionar, porque las palabras no tendrían efecto. Juez y ejecutor, o al final no hubiese sido más que testigo de la muerte injustificada de mis hermanos. Pude sentir como mis extremidades se curvaban levemente para hacer de mi cuerpo toda un arma mortal-

-No tienes que odiar al vampiro para entender que evadir el contacto es siempre la mejor opción. Carentes de verdadera vida y muerte, no se puede atribuirles ni un elemento dentro de la naturaleza. Los caminantes de una línea invisible, los hijos del velo entre dos mundos. Mis pensamientos ardían en su contra, encontrándome incapaz de frenarlos. Cuanto más probaba la sangre putrefacta de mi víctima, el control se desvanecía para dejarme solo a la merced de mis instintos. La situación era caos por donde se viera, desorden desatado y en expansión: una masacre en potencia. Utilicé el poco de cordura restante, o quizás no fue más que un intento desesperado, para reunir a mis hermanos bajo un mismo aullido. En la unidad esta la fuerza,  y cuando la fortuna no te sonríe, haz de aferrarte al mínimo rastro de esperanza. Bajo la gracia de los espíritus mi voz obtuvo respuesta, de un segundo al otro habíamos pasado de ser simples presas a una gran amenaza-

Volví a inspirar profundo. Mi mente dando pausa a las imágenes que no dejaban de llegar, pareciendo ser producidas por cada ondulación de las llamas de aquél fuego. Faltaba poco más para dar con una verdad que jamás he pronunciado, un secreto que el Historiador terminaría por hacer inmortal. Retomé el ritmo de mis palabras, dispuesto a darle fin a ese suceso – Podía escuchar el latido de propio corazón. Lo sentía como un tambor, un ritmo que preparaba a mi cuerpo para la batalla. Barrí el terreno con la mirada, concentrándome un instante en sus números y en los propios. El ataque sorpresa había reducido a muchos de mis hermanos, pero un lobo jamás cae sin dar pelea, dispuesto hasta el último aullido. El conocimiento marcial amenazaba con inundarme, uno instruido a lo largo de toda mi vida, pero carente de orden no encontraría sentido. Lo dejé fluir, de la misma manera que un río que lleva un dique por delante, la fuerza avasallante lista para la pelea. De allí en adelante no hubo misericordia para el alma manchada y corrupta del bando enemigo.

-¿Qué sentí al tomar la vanguardia? Vida. Irónico, ya que con aquél puesto lo más inminente era el posible fin de la misma. Estaba convencido que a pesar de ello, si moría allí, el proteger a los demás habría sido una buena causa. Sin embargo, no estaba solo y para mi sorpresa el grupo entero se había unido, despellejando la línea frontal enemiga de la misma manera que lo haría una flecha. El sendero quedaba limpio, una línea directa hacia el traidor. Recuerdo como el viento acompañó mi salto, liberando a mi cuerpo de toda pesadez sentida hasta el momento. Por un segundo fui libre, todo mi ser respondiendo a mis propias órdenes. Estoy seguro que aquél hombre no lo esperaba, pues aún recuerdo los ojos del traidor al momento que mi mandíbula desgarraba su garganta, privándolo de su vida- Suspiré. Una parte de mi mente quería frenar allí, evitar más memorias, pero una vez que quedaba atrapado en la vista del Historiador, mi persona simplemente no tenía escape- No siento orgullo por ello. Jamás has de sentir orgullo por matar a un hermano, sin importar la razón. Levanté mi mirada, buscando a quien este le había hablado. Podía sentirlo, algo en el entorno estaba mal, pero a pesar de poder ver en esa  oscuridad la sombra eludía a mi vista.

Me preparé mentalmente para lo que seguía. Palabras que había escuchado más de joven y cuyo significado no había logrado comprender pero que ahora son parte de mí y que no puedo evitar. El mero recuerdo de aquella voz me hacía erizar, pero allí estaban las palabras, grabadas como si fuera piedra:

“Cachorro, se testigo del comienzo, de esta primera semilla. No habrá paz para los tuyos o ellos, pues incapaces son de ver las causas. Así como estos Raphael y tus hermanos han caído aquí, volverán a caer, y es entonces cuando recordarás esto que te he dicho. Traición  Estas jugando nuestro juego ahora, falla en entender su mecanismo y encontrarás que no te queda nada que proteger. El tiempo corre, y es hora de unir los puntos. ¿Lograrás ver la consecuencia antes de que sea demasiado tarde? ” – la escalofriante risa volvió a resonar en mi cabeza, como si esta estuviera repitiendo aquello justo en ese momento. Mi mirada buscó al Historiador mas este se mostraba tan impasible como siempre. Esperé de corazón que solo fuera mi imaginación jugándome una broma.

-Volvimos con la manada, pero las palabras me han atormentado desde entonces. Busqué en las experiencias pero la respuesta escapa a mí. Es como si…- La voz de ambos resonó en aquél interior, nuestros dos tonos mezclándose en una armonía perfecta- ”Se espera que el sabio sea siempre más sabio”- parpadee ante mi sorpresa, sintiendo un vendaval cruzar de un extremo al otro de la habitación. En principio creí que la corriente había llegado desde afuera, pero algo dentro de mí decía que no podía estar del todo seguro de ello. El fuego se había extinguido pero mis ojos me informaban que el Historiador no se había movido un centímetro –Debo irme. Creo…creo que aún tengo mucho que pensar- me sinceré, tanto con él como con mi propia persona.

Lo que sea que hagas terminará siendo tu decisión, y estaré aquí para escucharla

-o-

La memoria que los lirios traían con ellos

Lo recuerdo, lo recuerdo perfectamente. No es que pueda olvidar, no. No puedo hacerlo. El bosque siempre se comportaba extraño, podía sentirlo dentro de mí. Como odiaba esa sensación, era como si cientos de ojos estuvieran centrados en mí, pero no había nada. Mi vista despejaba las sombras de la noche, y nada. Solo el viento soplaba, elevándose con el terreno hacia una única dirección. Mi sangre se congeló, mi cuerpo negándose a las indicaciones de mi mente. La imagen que tenía en frente  era una que generaba iguales dosis de miedo y respeto. Maestro. Fue lo único que mis labios pudieron pronunciar, separándose casi para soltarlo en un suspiro. Un título un tanto particular para aquél ser. De acuerdo a sus ideas, tenía algo que aprender de un aspecto tan simple como es un apodo. La mayoría de veces eso sólo lograba producirme horrorosos dolores de cabeza, ofuscando mi persona por algo que hoy me parece tan tonto y verdadero. En ese entonces era un joven ignorante, hambriento de historias pero con la paciencia de una tempestad. Mi sinfín de preguntas rara vez obtenía respuesta, y créeme, nunca fueron directas. Las ropas de guardián cubrían su figura y una hermosa capucha de plumas solía ensombrecer su rostro. Algunas veces me quedaba como tonto, simplemente viendo el níveo blanco sobre su cabeza resplandecer a la luz de la luna. El viento se alzó una vez más y mi maestro miró hacia adelante. Suspiré ¿Otra vez? No tenía que dar la orden, para entonces tenía cierta claridad respecto a sus intenciones. Sígueme , decían labios que jamás se movían.

Ya había perdido la cuenta de la cantidad de días, semanas y meses que llevábamos en tal rutina y la verdad, ya estaba algo cansado de preguntar las razones. Podíamos estar corriendo por horas, sin rumbo alguno. Como dije, era joven. Bostecé a medio camino, cubriendo mi gesto con una mano, dando una vuelta que comenzaba a hacerse familiar. No siempre se repetía, pero cada tanto caíamos en esa especie de rutina. Un giro a la derecha, sortear el río, volver al punto en una circunferencia perfecta. Límites claros, bordes que quedaron grabados por siempre en mi cabeza. Conozco el bosque, cada recoveco, solo porque mis pies lo habían transitado una y otra vez en su totalidad. Frenamos en el punto habitual, un claro apartado. Observé la figura hecha en roca que se erigía allí mismo. Una luna creciente, una que mis propias manos crearon, llevando cada piedra una a una. El peso no pareció importarle tanto a mi maestro como a mí. Por supuesto, su figura solo me observaba a una distancia prudente. Como también era costumbre, lo vi subirse a la roca central, la parte más ancha de aquella luna de piedra, el astro que llevaba el nombre compartiendo su luz a su persona. Respeto. Si viera lo que yo entenderías el porqué.

Me quedé en mi lugar, abriendo mis ojos como pregunta y expectativa. Nada. ¿Otra vez nada? ¿Cómo se suponía que fuera un guardián si todo lo que hacía era correr? El destino me mostraría que fui tonto, la línea entre la vida y la muerte algunas veces queda trazada solo por el hecho de que tan rápido y cuanto puedes correr. Mi paciencia se iba agotando, y me cruce de brazos, permitiendo que una media sonrisa se deslizara por mi rostro, como si otra vez saliera triunfante de hacer su pedido. Me observaba, y Gaia testigo de cuanto era capaz de decir con solo una mirada. En aquella oscuridad artificial que creaba su cubierta, los ojos centellaban cual dos lunas gemelas. Su silencio me carcomía, pero mi juventud estaba impaciente de arder- ¿No podemos hacer algo más divertido? ¡Tú sabes…! –Allí estaba de nuevo, aquél vistazo capaz de atravesar cualquier defensa, algo dentro mío me gritaba en creces que incluso los árboles no podían resistirle- ¡Vamos Di--!- Me di cuenta de mi error antes de pronunciarlo, pero mi boca simplemente iba más rápido. Mis manos ascendieron agilmente. Jamás lo suficientemente veloces. El aire me abandonaba, dejando escapar las últimas silabas en un susurro ahogado- ana…- Sentí que mi cuerpo escapaba a la seguridad de la tierra, suspendiéndose a pocos centímetros del suelo. Su agarre era más fuerte que yo, muy a pesar de que le superaba en estatura. Su rapidez había echado atrás la capucha, liberando una larga cabellera pálida como la luna en el cielo. Nuevamente no tenía que decirme nada, estaba todo grabado en sus facciones. Aún no has aprendido la lección. No tienes derecho a llamar mi nombre. La noche se apoderó de mi allí mismo, sumiéndome en su oscuro abrazo. Mis ojos se cerraban lentamente, observando la luna, su mirada hasta que nada quedó.

Igualdad. Yo no la conocía. No comprendía el balance, las razones. Sólo por ser más grande no me hacía ni más fuerte o mejor que ella, mi Maestro. No era un objeto para hacer mi voluntad, no era alguien destinada a servirme. Diferentes, pero partes iguales de un entero. Me tomó mi tiempo, pero eventualmente pude llamarla. Otro eco del tiempo:

Diana
                                               
-o-
Ecos del pasado

- La mente tiene sus formas de representar lo que vemos, no solo en lo físico y  que los ojos ven, sino  a cada estrato de nuestra percepción y existencia- Palabras finales de un viejo chaman. El gris teñía una larga cabellera moteada en mechones sueltos y enmarañados. Las arrugas cortaban la piel cuando demostraba la seriedad de sus palabras, obteniendo un asentimiento repetido por parte del joven frente a él. Era un contraste bastante notable: cabello corto, de un dorado viejo que se mezclaba con el fuerte castaño de la corteza de los árboles. Dos perfectas joyas de plata hacían a sus ojos una vista única.  Sentado de piernas cruzadas, el joven se balanceaba hacia atrás y delante, las manos aferrándose a los pies.  Alto para su edad, aunque su rostro revelaba la verdad de aquel cuerpo. Los brazos y piernas se tensaban con el movimiento, revelando una musculatura que comenzaba a formarse bajo la presión del entrenamiento. ¿Qué me tocara? se preguntó con curiosa ansiedad. Espero que sea uno de los geniales volvió a decir, sus movimientos tornándose más nerviosos y carentes del pacifico temple demostrado hasta el momento. Solo en la oscuridad, conocía las instrucciones de memoria y lo único que restaba era esperar un llamado: su nombre.

Oren.

Se incorporó rápidamente, temiendo las consecuencias de no atender de inmediato. Un fuerte fuego se alzaba en el centro de aquella morada entre árboles, los chamanes daban un paso atrás con cada uno que el joven tomaba hacia adelante. Las sombras los consumieron, y pronto era solo él y el fuego. Lo embargo un sentimiento extraño, de un momento a otro se encontraba sentado, observando las llamas danzar como único interés en el mundo. Curioso y a la vez familiar pero a pesar de ello no tenía forma de darle nombre a lo que veía y sentía. Las figuras se movían de manera particular. Un momento ¿Figuras? El fuego se acercaba hacia sí, ardiente y amenazador, mas el lobo parecía estar interesado en su propia percepción, y no la impresión de su tacto al ser acariciado por el calor- ¿Quién eres? ¿Qué eres? – fue su pregunta, la fogata chisporroteando como si el mero hecho de pronunciar palabra fuera una broma inocente por parte del lobo – Y quiero un animal genial – prácticamente termino gruñendo de cara al abrazador infierno que tenía en frente. Hubo respuesta, tanto más inesperada por el joven.

Y así será, esa es tu voluntad, nuestra voluntad. Su voluntad. Una tortuga, para proteger el verdadero valor, que en su espalda cargue el peso y  a su momento lleve lo que guarda a su destino. Estaremos esperando, siempre viendo, a tu lado transitando.

El fuego se concentró y aulló, abalanzándose sobre el joven como una tormenta enfurecida, cabello ardiente, enormes fauces que se abrieron, atravesando su pecho y saliendo completamente por la espalda, dejando solo la oscuridad tras su paso y una marca  a su espalda, la tortuga que porta, cubriendo y resguardando la verdad. El joven abrió los ojos, no capturando la luz cual luna, sino en perfectas esmeraldas.



Diseñado por Elektra para Guerra de Sangre.


Última edición por Oren Astvinur el Dom Ene 19, 2014 8:24 pm, editado 5 veces
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Re: Oren Astvinur

Mensaje por Marca del Lobo el Sáb Ago 31, 2013 8:55 pm

Es común que los lobos jóvenes sufran la muletilla de muchos hijos de hombres: No escuchar el latido salvaje de su interior. Cuando afirmamos nuestro instinto somos como la noche estrellada: contemplamos el mundo a través de miles de ojos.

Joven lobo, he escuchado tu historia y me pregunto si has llegado a confiar plenamente en tu propio instinto. Éste late en ti desde antes de notarlo siquiera. Es aquello que te permite escuchar el idioma que muchos no comprenden y cantar con la noche sonetos que enamoran a la luna.

Abraza tu naturaleza, incluso si ésta te dice que ataques con la fuerza demoledora y destructiva de tu lado oscuro. Todos tenemos un lado oscuro; tu preciosa luna también lo tiene ¿Por qué habrías de reprimir el tuyo?

Se bienvenido a este mundo de tinieblas, hijo de la Luna. En el fondo de tu ser, la voz más sabia es la que habla. Por eso los chamanes son los doctos de los lobos; ellos jamás desestiman el aullido de su espíritu.


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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