Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

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Mensaje por Úrsula Kozlova el Dom Mar 02, 2014 4:32 pm

En la soledad de sus pensamientos, la Reina Oscura vagabundeaba por los pasillos de la Fortaleza Roja siguiendo con sus delicadas sandalias doradas las zanjas entre las cerámicas de forma ensimismada. Tenía el mentón alto pero aquellos diamantes que tenía como ojos estaban enfocados en el piso que se extendía delante de ella. Sus manos estaban entrelazadas en su espalda y tenía una postura erguida que obligaba a su elegante y voluminosa camisa de satén blanco a extenderse lo suficiente para que su escote en V se volviera peligroso al revelar la cumbre de sus perfectos pechos, sin embargo, ahí residía una de las marcas de Donovan: El precioso anillo de compromiso que le había dado. Úrsula tenía dueño. Cada curva de aquel glorioso cuerpo estaba coronado por el aroma de él, por sus marcas de colmillos e incluso dentro en la forma más presencial: corriendo a través de su sangre, atrapando su corazón y siendo el Rey de su alma. E irónicamente, también ocupaba sus pensamientos en ese momento.

Pero si algún Raphaelita se la encontraba preguntaría qué hacía la Reina Oscura caminando sin rumbo fijo,  y más aún, sin protección alguna dentro de la misma Fortaleza donde meses antes hubo un ataque, un incendio que azotó el clan. La respuesta vendría fácil para quienes la conocían: Un capricho. El más sincero antojo que podía otorgársele a una mujer de alta alcurnia: La soledad cuando la necesitaba. Aparte, estaba demás decir que mucho era el protocolo que como Majestad de los Oscuros debía respetar pero Úrsula era mucho más peligrosa de lo que aparentaba y no se trataba sólo de las ponzoñosas sonrisas políticas de las que estaba llena su visita si no de la misma magia mística que obtenía de su condición. Ahí donde la veías, tan puritana y prolija en su falda ejecutiva blanca, con aquella aura de pureza y gracia en cada paso que daba; la Reina Oscura era –tal vez junto a Victoria y Francois- las armas más fuertes que tenía el clan Donovan. Era la Maestra Suprema de Sangre y los secretos detrás de los rituales más complicados  y misteriosos de aquellos vampiros ella los conocía de mano. Así que si algún día a algún estúpido se imaginaba que podría tomarla para servir de rehén, para chantajear al clan estaría jugando con su vida directamente porque Úrsula no se sometía ante nadie e irónicamente era sumamente protectora con sus hijos, incluso más con los miembros de su séquito. Por ende, que anduviese sola no era ni tan sorprendente ni tan peligroso.

Antes de que pudiese percatarse de dónde estaba, Úrsula se detuvo repentinamente y su cabello flotó con suavidad a su alrededor mientras su mirada diamantina examinaba con estupendo placer el portal que se elevaba delante de ella. Se acercó un poco y sus dedos acariciaron la escritura en lengua muerta que se alzaba alrededor de éste como una ligera advertencia según ciertos símbolos que Úrsula pudo distinguir. Se humedeció los labios y finalmente sus dulces manos se apoyaron en la puerta para empujarla, la misma cedió con lentitud y mucho ruido dejando ver un Panteón. La Reina Oscura se quedó petrificada en el portal cuando se percató de dónde había metido las narices. Estaba nada más y nada menos que parada delante de lugar sagrado de la raza vampírica. El altar de Marca de Sangre. Aunque tal vez lo que más la dejó atónita era el estado de abandono en el que se encontraba.

Las telarañas colgaban de cada esquina deslizándose lentamente por cada columna labrada en obsidiana. En el mismo altar se observaban restos de velas que se quedaron detenidas en el tiempo y espacio manchando el lugar como si no les importara, en lo absoluto, la imagen que daban. Y por lo que Úrsula predecía hacía mucho tiempo que nadie se detenía por aquellos lares. Oh...Oh, iba a hablar con Evans; iba a hablar con Evans muy seriamente.
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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca del Lobo el Jue Mar 20, 2014 3:56 pm








Fiora Camilleri



Hacía días que el aroma a otra sangre invadía cada uno de los rincones oscuros de la Fortaleza. Sangre hermana pero no igual, casi tan diferente como la que bebían los Raphael de sus pobres y desdichadas victimas. Sin embargo, cuando uno pasaba por entre las filas de hombres que protegían la estancia, no existía en ellos el menor cambio en sus facciones. Los militares no se rigen por el aroma. Ellos poseen otros códigos que los Donovan no entenderían jamás. Una orden para un militar es aquello que debe cumplirse sin importar las consecuencias. Raphael, el antiguo, el primero…Tanto se había hablado de él y nadie aun así sabía nada de su figura. Ella solía imaginarlo como un gallardo Alejandro Magno, conquistador de otras tierras, cuando se sentaba en la soledad de la biblioteca a ojear los libros antiguos pertenecientes a los sabios. Pero en realidad, no había el menor indicio de que ‘el primero’ hubiese sido así.


Sin embargo, sabía que el actual lejos estaba de ser un conquistador. Lucius buscaba guiar sus pequeños pies de cachorro por el mundo de la política pero que, lejos de entender razones, seguía pensando que el mundo de los vampiros era una batalla constante con los licanos. Oh, pobre Evans. El juego de la guerra quedó atrás hace ya bastante. No son los licanos nuestros peores enemigos sino que, quizás, éstos estén más cerca de lo que piensas. Pero ¿qué podría ella decirle a un guerrero? Los Raphael aun tenían marcados ciertas máximas en sus mentes que los dejaban al nivel de machistas tontos en su mayoría. Solo un verdadero Raphael ve más alla de la guerra. Solo un verdadero Raphael ve más allá del género. Y por esa razón, ese niño conocido como Evans Cromwley puede ser un súbdito…pero jamás un señor.

Lucius en cambio se negaba a escuchar razones y a pesar de los años de amistad que unían a ambos, cuando se trataba de Evans, el anciano se cerraba de una manera demasiado particular. Fiora entendía aquella reacción. En su otra vida había sido madre y era eso lo que tanto le preocupaba de lo que sucedía. –Él no es tu hijo, Lucius. Y no hablamos de un partido de soccer. Sus errores los pagaremos todos…- fueron las últimas palabras que alcanzó a decir mientras el anciano le daba la espalda y se marchaba con el rostro impávido tal como cuando se enfadaba. Fiora se vio sola en los pasillos otra vez viendo a aquel hombre alejarse y negó con la cabeza mientras se giraba en un elegante movimiento para disponerse a caminar un poco y sacarse de la cabeza los fantasmas que comenzaban a querer golpear su mente. Primero, tener que atender un Lazaro, cuyo aroma era algo que no podía describir pero que, definitivamente no le gustaba. Luego, saber que había vampiros de otros clanes dando vueltas por la mansión y por último, jugar a la niñera del Raphael actual, quien conocía en guerras y mujeres lo que desconocía en prudencia. 
Pasos que le llevaban de un lado al otro, moviéndose tras de sí solo su sombra mientras giraba en un pasillo y reconocía el aroma tan poco habitual entre los hijos de Raphael. Apenas se arrugó el ceño ante aquello y sus ojos se posaron sin comprender del todo, ante la silueta que estaba frente a ella. Una visión de cabellos negros como la noche y belleza casi imposible de esas que generan la reacción de clara envidia en una mujer. Llevó ambas manos a sus caderas y se irguió cual amazona mientras suavizaba sus rasgos – ¿El hermoso tesoro de los Donovan se ha perdido en el camino? – preguntó con voz sublime mientras llevaba a cabo una reverencia. Se encontraba recelosa de ver a un vampiro que no era Raphael caminando por esa zona de la fortaleza, sola…- No debería estar sola por esta fortaleza luego de lo que ha sucedido. Mandaré a llamar a una escolta si me lo permite…-






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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Sáb Mar 29, 2014 1:58 pm

Los ojos cristalinos de la Reina seguían recorriendo cada ápice de la abandonada estancia. Cada esquina reflejaba el abandono que tanto Marca de Sangre como las Cortesanas habían mantenido durante… ¿Cuánto? ¿Tres siglos? Úrsula no lo comprendían. Es decir, nadie sabía exactamente por qué la deidad de la raza vampírica había decidido dejar a sus hijos sin guía alguna durante tanto tiempo pero de ahí a que las mismas Cortesanas raphaelita cuya misión era recibir y reportar cualquier mensaje que Sangre diera, abandonaran la comunicación e incluso la veneración hacia ésta le parecía a Úrsula totalmente absurdo. Es decir, el Dios de la religión cristiana hace más de doscientos siglos que no aparecía pero la gente seguía cumpliendo en la iglesia y rezándole cada noche. ¿Por qué entonces las vampiras no hacían lo mismo? Se cuestionó una vez más.

La oscuridad que reinaba en el lugar le hacía recordar los salones y habitaciones privadas de los Maestros de Sombras del clan. Lugares lúgubres, húmedos y sin vida pese a que hubiese una increíble sensación de que alguien le estaba mirando. Y así se sentía la Reina, mientras abandonaba las columnas corroídas y posaba sus orbes diamantinas sobre la imagen de Marca de Sangre. De alguna manera, sentía que aquella mirada hecha de rubíes se clavaba en ella y la quemaba por dentro. Percibía incluso la decepción de la Madre de Todos para con el estado de su panteón. El único que existía entre todas las casas vampíricas.

Úrsula se sintió repentinamente avergonzada y decepcionada. También incluso con un deje furioso y a punto estuvo de utilizar su propia sangre para limpiar aquel lugar pero la interrupción de una Raphaelita llamó su atención. La Reina de los Donovan giró sobre sus pies en un movimiento grácil mientras observaba con cautela la reverencia de la mujer. Guardó silencio mientras ella hablaba lo que provocó que su mandíbula se tensara brevemente –No, querida, no me he extraviado. Curiosamente estoy en el lugar en el que quiero estar- Dijo y ladeó la cabeza nuevamente hacia el Panteón humedeciéndose los labios mientras escuchaba lo de la escolta. Una sonrisa de pérfida dulzura se dibujó en sus carnosos labios rojos y asintió brevemente. Ella quería mantener aquella fachada de vulnerabilidad que bien había representado durante tanto tiempo Estoy segura de que mis guardias no están demasiado lejos. Agradezco vuestra preocupación. Pero no es necesario. Nunca estoy sola. No verdaderamente- Musitó en voz baja antes de volver su mirada a ella. Aquello era cierto, podía ser que el mismo Andras estuviese por ahí y ninguno lo percibiera. O incluso la sombra de Francois podía estar pululando en las áreas oscuras del lugar vigilando a la Reina. La mirada de la dama rusa evaluó lentamente a aquella mujer que tenía delante.  Exuberante como ella sola, su físico no sólo hablaba de la fortaleza que las Iluminadas tenían si no también lo que había detrás de aquella mirada. Entrecerró suavemente los ojos antes de percatarse de que no estaba vestida como una guerrera -¿Cómo debo llamarte, Raphaelita? Cuestionó con tranquilidad mientras entrelazaba sus manos en  su espalda.

Quería ir con paso lento, sobre todo, después de aquello que Lady Arcueid le había informado pero la curiosidad inmensa que tenía por saber qué era lo que había provocado que Marca de Sangre dejara de comunicarse con sus hijas le superaba. El abandono del panteón, que databa de varios años atrás –si no, siglos-, le daba una pista pero sin duda debía haber alguna razón un poco más oscura detrás.
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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca del Lobo el Vie Abr 04, 2014 8:16 pm








Fiora Camilleri


La cruenta belleza de la mujer de Donovan, aquella que solo puede ser descrita por poetas y ni así hacerle real reverencia a la verdad. La sangre que recorría las venas de Fiora parecía un rio de agua ardiente como si el estigio mismo estuviese dentro de ella y a pesar de no moverse un solo músculo de sus preciosas facciones, la mujer comprendió que ella, la Reina de los Oscuros tenía un pacto de sangre que le permitía manejar la misma a voluntad. Sus ojos empañados por un instante de dudas, mientras recordaba los viejos momentos en los cuales reposaba en la cama de Lucius, escuchando las historias de magia que envolvían a los Donovan. –Una bruja de sangre…- su piel se erizó al solo pensar en aquello pero su postura volvió a ser la correcta al instante, forjando la sonrisa que debía dedicarle por educación mientras bajaba la cabeza ligeramente en una instruida reverencia. ¿Qué significaba esa sensación de temor que de repente invadía cada uno de sus músculos mientras la saliva pasaba por su seca garganta, deseando como nunca antes beber del cuello vivo de un ser humano? ¿Temor? ¿A una mujer? No. Temor a la magia. Temor a esas fuerzas tan antiguas que vivían y palpitaban en el corazón del mundo pero que, por respeto, los Raphael habían optado por ignorar ¿No eran ellos ya lo suficientemente mágicos como para poder quebrar el cuello de un licano y sobrevivir para jactarse de eso? ¿No era ella, cortesana de alta categoría, dueña del hechizo de seducción que lograba imponerse ante los hombres vivos y muertos, acariciándolos con la punta de sus dedos y llevándoles a hacer lo que ella deseaba cuando estaba viva? Ser mujer implica ser bruja y controlar los hilos de la vida y la muerte con la misma facilidad.

Pero ella, la ‘Donovan’, tal como se refirió en su mente cuando la vio liberaba otro tipo de energía palpitante como el corazón ahogado de un moribundo cuando se lo arrancas y se lo muestras. Una energía vital que no dejaba de embriagarle, casi como si tuviese ante sus ojos la figura viva de una presa cuya sangre sería oro puro en su garganta. Debió bajar de nuevo los ojos y por un instante, cerrarlos mientras tomaba el aliento para responder –Me disculpo por interrumpirle, Reina de los Donovan – dijo con la garganta tan seca que rasgaba, sintiendo entonces la mirada de miles de ojos invisibles sobre ella. Ojos de guardias o escoltas que estaban mirando desde las sombras cada uno de sus movimientos. De solo dar un paso hacia la mujer, aquella mirada que veía desde la oscuridad saltaría a su cuello como una pantera. ¿Cuándo fue la última vez que se sintió así de intimidada? Cuando no era más que una niña…Que una vil y pequeña mortal.

Abrió sus labios y levantó la mirada para sentir el hielo de esos ojos diamantinos recorrer por su espina. Respiró como si estuviese viva y fue su lengua la primera en saborear la resequedad de su boca – Fiora, Reina mia. Fiora Camilleri. Soy Cortesana de los Raphael y estoy a su servicios – diría bajando la cabeza de nuevo. Se había sorprendido de sus palabras, así como de su gesto el cual surgió de la base de su garganta sin siquiera haberlo pensado previamente.







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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Abr 15, 2014 12:21 pm

La Reina Oscura alzó una de sus delicadas cejas al notar la niebla que cubrió los ojos de la mujer por escasos segundos. Incluso entrecerró los ojos antes de jactarse internamente del cambio de actitud de la cortesana. Su rostro, sin embargo, permaneció suavemente impasible mientras su mirada diamantina se mantenía clavada en la de su acompañante. La sumisión que mostró le importunó un poco a Úrsula y, le recordó, que aunque ellas estaban educadas para servir como sus propias Vestales; siempre había considerado a las Raphaelitas como guerreras –No creo en las interrupciones, querida. Estás aquí por una razón. Tú y yo debíamos encontrarnos- Finalmente, la Reina Oscura avanzó con aquella gracia felina tan propia de sí,  sin emitir un solo sonido mientras caminaba casi como si flotara en el aire –Y, evidentemente, me serás de ayuda- Su voz, delicada y suave, pero a la vez con un tilde agudo que no terminaba de agradar a nadie excepto por Donovan tal vez; se elevó hacia ella como una delicada melodía cuya orden intrínseca casi pasaba desapercibida. Sobre todo, por la sonrisa que los labios carmesí de la Oscura delineaban en ese momento.

Se dio cuenta, al escuchar su voz cortada, que la mujer estaba intimidada y eso provocó que su ego ascendiera más; si esto era posible. Úrsula finalmente llegó hasta donde estaba la mujer y acarició con un dedo frío y grácil la línea de la mandíbula de la Cortesana hasta que alzó su cabeza Fiora…- Murmuró como saboreando el nombre antes de sonreír gratamente –Italiana. Tienes la belleza de aquella tierra. La exuberancia de su historia- Abandonó la caricia y bajó la mano antes de ladear la cabeza con suavidad y volver a pasear su mirada alrededor del cuerpo de la mujer ¿Eres una cortesana especializada, Fiora? ¿Letrada, Amante?- Cuestionó con un claro interés antes de volver su mirada sobre su hombro al escuchar un murmullo proveniente de la oscuridad. Un ligero cambio en el ambiente.

Úrsula terminó girándose sobre sus talones con una seria necesidad de ingresar en el Panteón de Marca de Sangre. Era una sensación cálida que se extendía directamente por su torrente sanguíneo, seduciendo su atención y arrastrando su interés hacia aquella puerta con tantas advertencias grabadas en su exterior. Y si, era el Llamado de la Sangre; pero no del tipo que compartían Donovan y ella. Éste era realmente diferente. No más fuerte si no más…Penetrante. Agudo. Su piel se erizó cuando el atractivo siguió creciendo, los dedos de sus manos se movieron inquietos cuando una corriente de estática se propagó entre ellos antes de que el encantamiento se apagara con rapidez. Una brisa suave le acarició las hebras de su cabello de ébano como despidiéndose de ella. Pensó en su esposo de manera inmediata. Sabía que estaba bien, el vínculo existía para algo pero necesitaba contarle esos pequeños segundos en los que se sintió llamada por el Otro lado.

-Fiora. ¿Hace cuanto tiempo una cortesana no ingresa al Panteón?- Cuestionó y se giró hacia ella nuevamente esperando que la mujer le respondiera con la verdad. Al tiempo que su mirada diamantina y gélida se posaba en el rostro de la mujer tratando de descifrar si había sentido lo mismo que ella. Aquel extraño llamado. ¿De quién? No lo sabía pero… Le aterraba.
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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca del Lobo el Sáb Abr 26, 2014 8:42 pm








Fiora Camilleri


Cada minúsculo músculo de su cuerpo esbelto y hermoso vibraba en un extraño y profundo malestar. Aquella cuya belleza equivalía a la noche misma estaba en su presencia, viéndole cual pantera que emergía de las sombras. Aun así, ella era una de las cortesanas más respetadas, capaz de traer la paz al corazón de los más bravos guerreros. Ya no era una pobre joven como otras tantas, sino que aspiraba a una presencia potente y poderosa que solo las mujeres realmente orgullosas de serlo podían tener. Ante las palabras dichas por la reina, Fiora no encontró respuesta alguna. Su ceño se frunció apenas en un ínfimo gesto de desconfianza y curiosidad – No estoy segura de comprenderle, mi señora – diría ladeando apenas la cabeza para que ésta cayese sobre su hombro derecho. Pero entonces la cercanía y el magnetismo de aquella mujer que compartía la belleza con la preciosa Selene delineó la forma de su rostro con confianza. Fiora no temía al tacto en absoluto, la verdad. Estaba acostumbrada a éste por parte de guerreros y guerreras. Su mirada aguda de posó sobre los ojos de cristal de la reina Donovan, escuchando las palabras que ésta le dedicaba como si fuesen una cálida melodía envolvente – De ahí provengo. Era religiosa en la Catedral de San Lorenzo antes de conocer…- empezó a decir cuando su contacto visual se cortó y volvió la mirada al suelo - …Antes de conocer esta nueva vida – diría volviendo a elevar su rostro perfecto, carente de marca alguna.

Seguidamente, su rostro asintió a la pregunta de Úrsula. Por su educación como religiosa, tenía muchos conocimientos que otras cortesanas no poseían. No por nada, además de amante de Lucius, el anciano sabio, la mujer podría contarse entre sus pocas amigas de confianza – Ambas, mi señora. Doy fe y gozo a los corazones solitarios de nuestros guerreros. Además, enseño a las nuevas hijas de Raphael el fino arte de la conquista y el amor. Pero mentiría de decir que solo conozco aquello. Soy de las pocas cortesanas que también se consideran eruditas dentro de la fortaleza.- respondió mientras sus ojos se levantaban apenas para ver el cambio que se daba en la hermosa Reina de los Oscuros. Fiora no solía interactuar con mujeres inteligentes dado que muchas veces, las amazonas solo sabían de peleas y las cortesanas de sexo. En este caso había una mujer que parecía tan segura de sí que pocos podrían siquiera pensar en aprovecharse de su estado femenino, visto en una escala más abajo dentro de uno de los clanes machistas por excelencia, como lo eran los Raphael.

La Reina le dio la espalda y la cortesana mantuvo sus ojos fijos en ella. ¿Qué era lo que la Donovan percibía que escapaba a ella? ¿Por qué, por un instante, sintió que la reina se alejaba en otro mundo desconocido para cualquiera, como si una voz misteriosa le hablase y ella no pudiese responder? Fiora dio dos pasos al frente, acercándose dubitativa a la efigie de la reina cuando ésta interrumpió su andar con una pregunta. De repente, Úrsula ya no estaba de espaldas sino que le veía a los ojos nuevamente. Fiora pestañeó un par de veces, sin estar segura de qué extraño giro había tomado la conversación - ¿Disculpe? Bueno…- empezó a pensar, volviendo sus ojos a la entrada descuidada del panteón. Jamás había entrado, la verdad. Desconocía si alguien lo había hecho en los últimos años – Desde que yo llegué aquí, no tengo conocimiento de que nadie lo haya hecho. Según se dice, el Lider Raphael...- su lengua humedeció su labio inferior cuando tuvo que volver a plantear lo que estaba explicando - …El antiguo Lider Raphael perdió su fe luego de la guerra de las cenizas, con la caída del clan de sangre, Brodde. – diría ella, rememorando una respuesta que había escuchado hacía siglos de los labios de Lucius - ¿Está interesada en ingresar? – Desconocía que los Donovan fuesen religiosos pero, según tenía entendido, de los tres clanes europeos eran quien más compartían un vínculo con el mundo espiritual. Quizás la reina deseaba orar en silencio…Quizás de ahí provenía su interés.






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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Miér Abr 30, 2014 2:45 pm

Úrsula sonrió con cautela cuando Fiora confesó que no entendía sus palabras –Ya lo verás- Mencionó segura de que sus pasos habían sido guiados hasta aquel pasillo por una razón. La misma razón por la cual Fiora había terminado allí delante de ella. La Reina de los Donovan ya no creía en las casualidades, todo en la vida estaba planificado con simple y muy ligero margen de error que permitía el libre albedrío. Pero aquella era sólo una fisura imperfecta que las deidades se encargaban de corregir siempre que la acción libre afectara su plan maestro. No obstante… ¿Qué tendría Marca de Sangre en mente? Algo en su interior le decía que estaba a punto de descubrirlo.

La sonrisa de Úrsula se amplió un poco más cuando confirmó sus palabras –Curioso lugar para encontrar a una cortesana- Mencionó la Joya de la Raza con cierta confusión pero sin aquel tono ligeramente amistoso y cordial que estaba empleando. Tras aquello Fiora empezó a explicar sus funciones y poco a poco la Reina dejó de sonreir para mostrar una faceta más pacífica de su hermoso rostro. Tenía un gesto concentrado y atento ante las palabras que salían de la boca de la italiana. Sin duda, le sería de mucha más ayuda que una letrada pues pese a cumplir su deber de amante tenía conocimiento de la fe y su cultivo desde antes de incorporarse a las lides raphaelitas –Me parece interesante. Y sí, definitivamente, Fiora quiero que me acompañes- Asintió mientras retomaba el camino que las separaba del famoso y único Panteón de la Sangre que tenía toda la raza vampírica.

-¿En los últimos meses han percibido algún cambio por parte de Marca de Sangre?- Cuestionó aunque la respuesta de la cortesana respecto a la asistencia de la fe dentro del clan raphaelita sólo confirmó aún más sus sospechas. La dejadez también formaba parte del exilio que se había impuesto la deidad para con sus hijos. –Ni siquiera tú- Dijo con certeza al darse cuenta que Fiora había visto el estado de la religión vampírica y también la había dejado pasar. No era la culpable per sé, pero no ayudó tampoco.  Úrsula se detuvo delante del arco admirando nuevamente el delicado trabajo de runas que se encontraba ante sus ojos. Lleno de poder, emitía una vibra que tal vez muchos Raphael no sentían pero para los Oscuros estaba latente. Débil, pero aún existía. La deidad aún prestaba atención sólo que no se comunicaba.

-Claro. Entiendo a Raphael pero no comparto su accionar- Dijo con suma tranquilidad sin siquiera importarle en lo más mínimo si aquellas palabras ofendían a la cortesana. Úrsula se quedó en silencio un rato mientras interpretaba todas y cada una de las runas. Había algunas que se le escapaban pero después de pensar un poco y sacando conclusiones lograba salir adelante. “No es la carne ni el corazón, si no vuestra sangre, lo que los hace hermanos; hijos míos”. La voz dulce de Fiora llamó la atención de Úrsula y ella giró su rostro hacia la cortesana como si la pregunta fuese complicada –Oh… Sí- Musitó distraída antes de generar su propio frenesí. No era algo planeado si no, simplemente, algo que deseaba a hacer. Algo que su alma le incitaba. Los perfectos colmillos blancos de la Reina Oscura se expusieron atrayendo hacia sí la luz de las antorchas que iluminaban el pasillo y su mano derecha ascendió hasta sus labios para que estos hicieran una herida. La sangre roja empezó a descender por su muñeca  en un ligero manantial que Úrsula llevó hasta el inicio de las runas y, poco a poco, movió la mano para que cada una de ellas quedara impregnada con su sangre. La piedra absorbía el líquido carmesí con una sed bestial y mientras la Reina murmuraba un cántico en voz suave y baja, el polvo desaparecía y la basta imagen de las runas se convertía en una superficie oscura y pulida que podría recordar a la obsidiana. Curioso era que aunque reflejara la luz de las antorchas también parecía emitir un aura propia. ¿Cálida? Sí, tal vez. Cálida y muy hermosa. Una invitación a ingresar.

La Maestra Suprema de Sangre abandonó su canto en suave murmullo y una brisa calurosa acarició las facciones de ambas mujeres a medida que las antorchas interiores del Panteón de la Sangre cobraban vida con luces rojas y naranjas que destellaban y mostraban un interior abandonado y lleno de telarañas. Finalmente, la dama rusa atrajo  nuevamente su mano y pasó su lengua por la herida cerrándola definitivamente aunque percibía que tendría que volver a usar su sangre. Volvió sus fieros ojos carmesí hacia la raphaelita con una sonrisa mística y curiosa –Ahora sí, Fiora. Por favor, guíame adentro- Mencionó y le dejó espacio para que pasara sin importarle que la mujer le había advertido que nadie, incluso ella, había entrado ahí desde hace más de tres siglos.
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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca del Lobo el Lun Mayo 05, 2014 9:21 pm








Fiora Camilleri


¿Cambios en la marca de sangre? Por lo visto los donovan no comprendían la forma de vida que tenían los Raphaelitas, hijos militares y estudiosos del arte de la guerra. Nadie notaría un cambio en los panteones a menos que éste estallase ante sus ojos. Aquellos movimientos ligeros que se podían sentir en la esencia mística del universo de la fortaleza no eran nada comparados con los temblores que habían azotado sin piedad a los iluminados. No pudo negar que no sintió vergüenza al admitirlo puesto que, incluso ella, quien en otros tiempos había sido religiosa, comprendía que había cosas más importantes que el mundo que se escondía tras el velo de la existencia. Sus labios se presionaron un poco cuando negó con la cabeza, clavando sus ojos almendrados en la bella reina Ursula, sabiendo que, quizás, esa no era la respuesta que esperaba. – Si ha habido movimiento en el mundo espiritual se vio opacado por la tormenta que nos ha azotado en el real. Una de nuestras torres fue destrozada; nuestro líder ardió ante las llamas como hace trescientos años Brodde lo hizo y los licántropos se ven cada vez más cerca de nuestro territorio. Mi reina, no planeo ser grosera y esa no es mi intención tampoco, pero los Raphael tienen en su cabeza otro tipo de problemas como para escuchar mensajes de deidades dormidas.- fue su respuesta, sublime y a la vez, resignada. Estaba triste. Claro que lo estaba. Ella que había rogado por años a un Dios cristiano en su otra vida para encontrar la muerte en un guerrero que se había perdido en su belleza. Ella, que descubrió que la otra vida no existía. No había paraíso y tampoco infierno, solo más vida ¿Qué existiría luego de que el cuerpo se volviese cenizas? ¿La nada absoluta?

Sus ojos almendrados continuaron estudiando con curiosidad los movimientos lentos de Úrsula cuando el aroma de la sangre de ella emanó de tal forma que la mujer cortesana tuvo que llevar la diestra a su propia boca para cubrir los dientes que comenzaban a emerger. Sangre de Donovan, tan nauseabunda para los hermanos de sangre como atrayente. Sin saber por qué, de repente el hambre despertó en la cortesana, teniendo que cerrar los ojos y volver la mirada hacia otro lado con tal de contener sus pensamientos.

El sonido de las piedras moviéndose, calzándose de tal forma que parecían responder a la presencia y el líquido vital de Úrsula hizo que toda su sed se viese consumida al instante, gracias a la estupefacción. A pesar de lo extraña de la situación, no hubo miedo en su interior. Recordó aquella vez que dejó la vida humana y se permitió renacer en forma de vampiresa. Recordó los brazos que le envolvieron y la mirada de aquel vampiro que acarició con sus poderosas manos sus bellas facciones y entonces, recordó lo sola que se había sentido. Sola…muerta, viva…Sin un Dios arriba ni un demonio abajo. Sin saber por qué, la sola presencia de esa puerta abierta y la luz que le rodeaba, los ojos almendrados de la hermosa cortesana se vieron cubiertos por lágrimas que no permitió surgir. Asintió en silencio ante la reina de los Donovan y sin esperar, tan hipnotizada como un insecto que camina hacia la luz para ser ejecutado, Fiora se adelantó a aquel panteón abandonado.

En su interior, el hedor al polvo y la humedad era insoportable. Las últimas flores dispuestas en los rincones se habían podrido en sus floreros de bronce. Su rostro dibujó un gesto de desagrado ante aquello. Por alguna razón, se sintió entrando en medio de una tumba abandonada y perdida. Y entonces, como si viniese del interior mismo de las paredes, pudo sentir un palpitar que no terminaba de comprender. El palpitar de un corazón que parecía vibrar más y más con cada uno de sus pasos – Mi señora…- diría deteniendo su paso en seco, volviendo sus ojos a la hermosa mujer esposa del señor de los Oscuros – ¿Puede escuchar eso?-







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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca de Sangre el Mar Mayo 06, 2014 2:37 pm







Marca de Sangre


El tiempo. Para ella, un ser inmortal, una deidad; no era un factor que afectase en demasía su existencia. Lo que para ella podía ser un parpadeo, para el mundo podía ser una década, un siglo, un milenio. Observando desde las sombras el desarrollo de la sociedad, Marca de Sangre se había quedado suspendida en el dolor de perder a todo un clan a manos de los demás. Una traición que había perpetrado sus principios y había destrozado su corazón. Un corazón que aún roto en mil pedazos seguía amando con cada uno de estos a sus hijos. Excepto a tres. Y de esos tres ya quedaban dos. A causa, también, de uno de ellos. De su favorito.

En el silencio del círculo donde se encontraba, las sombras a su alrededor acariciaban su túnica clamando piedad mientras otras recorrían con adoración sus mejillas, limpiando las lágrimas negras que descendían como muestra intacta del desconsuelo que sus mismos hijos le habían traído. ¿Acaso el Iluminado no se percataba de lo que estaba haciendo? ¿Acaso el líder Oscuro no notaba el cambio en el mundo espiritual? ¿Acaso los Renegados no se daban cuenta del ataque que se les venía encima? Un ligero movimiento de sus manos provocó que todas las sombras se disiparan como el polvo lo hacía en el viento porque a través de su constante vigilancia pudo observar el presente…Y el futuro. Un futuro nada alentador para su raza. Ni para el mundo, pero a ella sólo le importaban sus retoños.

Y en el presente, ella; la única con algo de poder dentro de los clanes para poder generar una escasa diferencia si era oída. Ella, quien era inocente de todo pecado que sus hermanos hubiesen cometido contra su propia raza. Ella, carente de la capacidad de ver en su mundo de sombras, adicta a la sangre y al placer. Pecadora solo de soberbia y lujuria, de envidia e ira, de avaricia. Acompañada de una de sus seguidoras. Una cuya fe podía sentir renovándose con cada instante en el que se adentraba en aquel Panteón de Sangre tan abandonado. Cuya fe podía marcar la diferencia dentro de los Renegados que empezaban a acoplarse a un nuevo líder y que, tal vez, ahora más que nunca necesitaban ser abrazados y cobijados por su madre.

Sin embargo, ninguna de las dos estaba ahí porque sí. Úrsula había sido seducida. Ella, su madre, había enviado mensajes que Donovan había opacado pero su hija no había hecho oídos sordos. Fiora, ella también había sido atraída, pero con un sentimiento diferente. Y en pocos minutos ambas quedarían marcadas con una misión que podría salvar a los clanes si la oían. Si de verdad prestaban atención.

– Mi señora…  ¿Puede escuchar eso?- Preguntó aquella cortesana y Marca de Sangre dibujó una sonrisa en sus mortecinos labios negros. Tan inocente. Tan ignorante. Aquel sonido sólo estaba en su mente pues la Madre de la Raza Vampírica sólo se comunicaba con ella –No-Susurró suavemente en su mente mientras la luz de las antorchas empezaba a titilar con temor. Todas y cada una de ellas mutó su brillante esplendor naranja por un oscuro negro que, curiosamente, aún así otorgaba iluminación al panteón. Sólo que más lúgubre No puede. Ella no puede oírlo, ni podrá hacerlo nunca. A diferencia de ti, sólo puede sentirlo. ¿Acaso nunca te instruyeron, Renegada? Sólo ustedes pueden oírme. Sólo tú puedes oír mi corazón- Mencionó y un destello apenas visible se notó en el fondo del altar. Una grieta. El aire alrededor de la figura de Marca de Sangre, aquella estatua de obsidiana tallada hacia milenios, empezó a vibrar suavemente hasta que finalmente la luz fue absorbida por la figura y después expulsada en el momento en el que la antigua deidad hacía acto de presencia en el Panteón de la Sangre después de 300 años en silencio. La etérea figura se deslizó hasta el piso y ambas mujeres pudieron notar que no caminaba, si no, más bien flotaba sobre éste. La túnica tan roja como la sangre que corría por las venas de ambas damas parecía emitir destellos cristalinos como el de un rubí mientras, bajo esta, la misma luz negra se diseminaba formando el estilizado cuerpo de Marca de Sangre.

Pero aunque la imagen de la Madre de la Raza emitía un aura de poder que seducía los cinco sentido de sus hijos, quienes realmente deseaban mirar con más detalle cada ápice de ese ser mítico, eran sus ojos los verdaderos anclas. Emitían un resplandor rojo en su forma felina pero en estas  profundidades podían verse pequeñas chispas de un rojo más intenso o incluso, alguna sombra a su disposición. ¿Qué era aquello? Un portal a su mundo. Al Reino que sólo Marca de Sangre tenía acceso. Y aunque las damas podían pelear con el deseo de ver toda la figura, no podían evitar apartar su mirada de aquellas orbes por más de unos segundos.

-Hijas mías- Los extraños irises de la deidad se posaron en Fiora y emitieron un estallido de advertencia –Deberían arrodillarse ante su madre- Mencionó y esperó a que la Renegada pasara el mensaje a su compañera antes de volver sus ojos a la Reina Donovan Ahora mismo-








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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Miér Mayo 07, 2014 2:24 pm

A la Reina Úrsula se le salió un chasqueo de lengua nada apropiado con su protocolar comportamiento. Fue un gesto espontáneo generado por las palabras de Fiora en las que explicaba que los asuntos acontecidos en el núcleo de los Renegados las habían distraído. Su reacción fue totalmente sincera pues ella misma había tenido que lidiar con mucho en los últimos meses, también por culpa de la muerte de Raphael, y aún así lo había percibido –No está dormida. Está de luto. A ustedes se les olvidó que existía, eso es diferente- Añadió mordaz pues lo cierto es que a Úrsula le indignaba de sobre manera cómo las cortesanas habían olvidado –olímpicamente- uno de sus trabajos más importantes. Los miembros de la religión católica no veían a su Dios desde hace más de dos mil años y aún así siguen creyendo fervientemente en él. Marca de Sangre sólo desapareció por 300 años, y contando, y las vampiras decidieron dejar de venerarla.

Tomó un respiro profundo. Lento, llenando sus pulmones de aire para tranquilizar su sólido temperamento que amenazaba con ser aún más insoportable y viperina; pues había percibido las inflexiones tristes en la voz de la raphaelita. Decidió no seguir con el tema aunque bien le restregaría en la cara a Lord Evans que ella, la Reina Oscura, había tenido que acudir de Viena para renovar la fe de la raza. Cosa tan estúpida con la cantidad de cortesanas que habitaban en la fortaleza. Cuando la dama rusa giró su vista observó con ligera sorpresa la reacción de Fiora pero no dijo absolutamente nada. ¿Acaso lo que necesitaba era un empujón? ¿Un poco de magia para empezar a creer? Le dejó espacio para que avanzara y entró tras ella bañando el lugar con su mirada cristalina. Observando cada ápice de ésta para después centrar su atención en la estatua principal que guardaba la figura de Marca de Sangre.

Se podía ver una clara influencia del romanticismo cosa que sorprendió a Úrsula debido a que, en su opinión, los Raphaelita carecían de aquella característica y se definían más por los tonos oscuros y lúgubres del barroco. Sin embargo, pudo apreciar otras influencias que no dejó pasar pero que tampoco acapararían su atención por demasiado tiempo –Hay que higienizar esta zona si se pretende retomar la fe- Dijo en un tono claro de orden y dando por sentado que las cortesanas volverían a venerar a la diosa. Su delicada mano subió hasta su nariz tratando de evadir los olores que se elevaban del panteón pero no tuvo mucho éxito. Cuando Fiora se detuvo, la mirada de Úrsula descansó en ella justo en el momento en el que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. No se trataba del clima pues no había corriente alguna que le generara aquella reacción. Se trataba de otra cosa. Algo más poderoso.

La Reina abrió la boca para hablar y responderle a la cortesana pero el desdoblamiento del plano en el que estaban hizo que cerrara sus labios e hiciera sólo un leve gesto de negación con la cabeza antes de alzar su mirada hacia la estatua. Recordaba aquella sensación de ansiedad y desasociego ante la imagen que se presentaba ante ellas. La misma Marca de Sangre que Fiora anunciaba estaba dormida, estaba parada delante de ellas ejerciendo todo su esplendor. Úrsula se quedó mirando aquellas orbes explosivas con estupefacción. Sentía el aura atrayente de la deidad de una manera particularmente fuerte pues no podía siquiera girar su vista hacia Fiora. Tensó los labios y al perderse en aquellos ojos lo primero que hizo fue recordar a Donovan y cómo se quedaba tanto tiempo navegando en aquel plano sin rumbo. Lo comprendió. Y también entendió el poder de seducción que ejercían las sombras.

Lamentó no poder establecer contacto con la deidad pero sabía que pocos eran los indicados para oírla. De los Donovan sólo algunos Maestros de Sombras habían tenido la oportunidad de recibir algún mensaje directo de ella. Es más, sospechaba que ni siquiera Donovan había hablado con ella realmente. Cuando la diosa giró su vista hacia Úrsula, la dama sintió una punzada de dolor en la parte trasera de las rodillas y percibió por el rabillo del ojo que Fiora aflojaba las piernas –Marca de Sangre- Murmuró haciendo una escueta reverencia pensando que eso era lo que buscaba. Pero no. Percibió otro latigazo de dolor que la obligó a flexionar las rodillas, mientras ahogaba un grito,  y caer hacia delante frente a la deidad. Sin embargo, su barbilla continuaba paralela al piso antes de alzar su mirada nuevamente hacia la deidad y luego hacia Fiora cuestionándole con la mirada. Volvió sus ojos a la deidad –Nos sentimos honradas con vuestra presencia- Mencionó con un tono que aparentaba serenidad pese a que internamente estaba hecha un manojo de nervios y de miedo.
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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca del Lobo el Jue Jun 12, 2014 3:36 pm


Come to me, little ****

Fiora Camilleri



 

La piel de su columna se erizó como si hubiese sido tocada por un trozo de hielo. La cortesana abrió sus preciosos ojos enmarcados en pestañas tan oscuras como espesas y llevó ambas manos a sus labios. ¿Qué sucedía? ¿por qué, de repente, el miedo se había vuelto una extraña emoción que inundaba su pecho? – No…yo no… - diría mirando a su alrededor y luego a la reina de los Donovan mientras sus ojos se llenaban de lágrimas que no podía contener. Un deseo tan extraño como placentero. Una emoción similar a la de una hija que recibe el abrazo de su madre y, a la vez, teme una represalia por un error cometido.

Todo su cuerpo se congeló ante la visión que se presentaba frente a ella, sublime y poderosa, como si emitiese de su cuerpo una energía desconocida. Parecía ver un fantasma pero, en el interior, sabía que no lo era.  Todo su cuerpo vibró cuando la voz volvió a hablar y sin más, olvidándose del orgullo que resaltaba en su personalidad, sus rodillas cedieron por una  fuerza invisible, mientras su cuerpo colapsaba haciendo que Fiora cayese de rodillas ante la imagen de Marca de Sangre. – Madre mia…Mi señora – su voz era claro matiz de fascinación y miedo. Cuando sus ojos vieron que la reina de los Oscuros se mantenía de pie, sin poder evitar el temblor de sus labios, volvió a hablar – Marca de Sangre, madre de los clanes..Madre de la raza, le pide que se ponga de rodillas- pasó saliva, entendiendo que esa acción sería extraña y quizás imposible para la reina de los Donovan, mujer acostumbrada a ser tratada como joya de todo un clan. –Ahora mismo…- finalizó, volviendo a clavar sus ojos al suelo así como sus palmas abiertas contra el polvo de éste.





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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca de Sangre el Mar Jun 17, 2014 5:33 pm


Come to me little ****

Las víboras vendrán




Una ligera chispa de regocijo se encendió dentro del pecho de la Madre de la Raza. Nadie lo vio, ni lo percibió pero un cálido baño recorrió el cuerpo de la entidad generándole gran satisfacción. Aquello fue provocado por la mirada que Fiora le había regalado. Desde que se había convertido en Cortesana, con aquel pasado tan religioso, Sangre había puesto sus ojos en ella de forma repetitiva a través de los años esperando que tuviese una iniciativa. No la había tenido, le había tocado a ella impulsarla a pasar aquella puerta del demonio. Pero no le importaba, el hecho de que se emocionara tanto al verla la cautivaba. Más aún aquella sublime y deliciosa actitud de servicio que pronto vio en ella.

No así en el rostro de la mal llamada Joya de la Raza.

A la bailarina de ballet tuvo que obligarla a inclinarse y pegar sus delicadas rodillas al piso pero entendió que Úrsula había comprendido quién tenía poder y quién no. Marca de Sangre clavó sus ojos fogosos sobre la mujer de Donovan cuando le dedicó la palabra y se bañó con el sonido de estas. No es que fuese fanática del acento ruso pero hacía más de 300 años que no escuchaba la voz de alguno de sus hijos y, al escuchar a ambas mujeres, se dio cuenta de cuánto los extrañaba. Ahora que las tenía a ambas delante de ella se cuestionaba su actitud. ¿Es que había sido una mala decisión permanecer ausente durante tanto tiempo? ¿Tal vez Raphael seguiría vivo si ella hubiese estado más presente?

Las manos de la deidad se entrelazaron en la parte delantera de su cuerpo y cambió su mirada hacia la voluptuosa belleza italiana Fiora, hija mía… Hace tanto tiempo que he deseado hablar contigo. Hace tanto que quería que traspasaras esa puerta. Quería que fueses tu quien llevara mi mensaje al clan. A Evans, a Lucius- Guardó silencio. No es que esperara una respuesta de ella. Por el contrario, aquello era una especie de reprimenda. Empezó a deslizarse alrededor del panteón observando cada pequeño espacio de este y lo frágil que se encontraban algunas estructuras debido al descuido. Es decir, aquel lugar reflejaba exactamente el estado de la raza vampírica a nivel mundial. Pareció suspirar, si es que una deidad puede hacer eso.

-Úrsula también jugará un papel importante. Es pieza clave para lo que deseo advertir- Murmuró en la mente de la italiana mientras vagaba sin destino a través de la onírica sala Mi aparición ante ustedes ha sido planeada desde hace mucho, hija. Ambas serán mis mensajeras de maneras muy diferentes pues la raza necesita mi ayuda si no quiere desaparecer…En específico, si los Iluminados no quieren desaparecer de la faz de la tierra como en otrora hicieron mis Brodde- Mencionó  con pesar y esta vez se detuvo ante el símbolo de la lanza  que representaba a la casa de Raphael. Un movimiento de manos bastó para iluminar el altar emblemático de cada una de las casas.

-La cadena no soporta más. Y embebidos en su propio cinismo, los tres clanes caerán. Las víboras vendrán, Fiora. Las víboras vendrán por todos ustedes. No se salvarán- Susurró en la mente de la mujer de una forma tenebrosa. Y una serie de imágenes consternó la mente de la Cortesana, provocando que pusiera las manos en el piso para no perder el equilibrio. Aquella película sangrienta no hacía más que predecir lo que ocurriría si todo seguía el cauce actual. Los Iluminados sin un líder concreto, los Oscuros sin una figura de poder sólida y… Lázaro despierto. Y un poco más allá La Hidra de la Legión trabajando en las sombras. Ella no entendería todo aquello, pero podía interpretar perfectamente que no era bueno lo que venía.

Un grito desgarrador interrumpió el conticinio que reinaba en el panteón y que otorgaba un aire místico al encuentro de las dos mujeres. La garganta de la Reina Oscura se partió en dos cuando su cuerpo fue obligado a sucumbir antes los caprichos de la Madre de la Raza quien giró su rostro encapuchado a ellas con un gesto tenso en los labios –Su alma gemela es demasiado ciega… No cree en las palabras así que le dejaré un muy específico mensaje y a la vista- Musitó y, aunque muchos podrían decir que aquellas palabras guardaban algún tipo de tono lacónico; sin embargo, lo único que se podía percibir era una feroz rabia hacia aquel vampiro. Fiora no sabría porqué, ni ahora, ni nunca.

En la espalda de la Reina Oscura tres serpientes cobraban vida, abriéndose paso a través de su piel para tatuar de por vida el panorama que vislumbraba Sangre para su raza. Cada serpiente, representada en los colores y símbolos del clan, se entrelazaban entre sí armando un triángulo en el cual cada cabeza mordía la cola de la próxima serpiente. O así estaba planteado excepto porque ninguna hacía lo que debía hacer. La víbora que representaba a los Raphael estaba llena de curvas, desconociendo el camino a seguir. El reptil que era portavoz de los Oscuros estaba enrollado en sí mismo y los Lázaro…Era una serpiente de dos cabezas que perseguía a sus hermanas con los colmillos expuestos y en el medio la cabeza de un lobo gigante en tonos oscuros gruñía agresivamente contra las mismas.

Y ahí… al final de aquella sensual espalda, tan conocida por el egocéntrico de Donovan, una peligrosa hidra esperaba quietamente a que los restos cayeran en bandeja de plata.

-Deberías mencionarle a Úrsula que sufrirá cada ápice del movimiento de esas víboras y cuando cumplan con su correcta posición…Entonces será ahí cuando sea liberada de su sufrimiento- Los ojos fogosos de Marca de Sangre miraron a Fiora que se había recuperado lentamente del trance en el que la deidad la había metido –Y mientras tú sigas viniendo aquí, no tendré que destrozar tu mente- La diosa giró por última vez su mirada hacia la espalda de la Reina para admirar el panorama sangriento que tan perfectamente había calcado su camisa de gasa blanca. Una sonrisa de resignación se coló en sus labios y la Cortesana, si prestaba atención, tal vez podría vislumbrar un ápice de dolor y después candidez en  los ojos de la mujer mientras el vórtice de oscuridad se tragaba la imagen de la deidad.



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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Vie Jun 20, 2014 7:55 pm

La Joya de la Raza empezó a sentir cómo la temperatura del panteón descendía constantemente hasta que la piel se le erizaba ante cualquier corriente de viento que pasara por ahí. Tensó suavemente los labios y percibió el aura que poseía la Madre de la Raza, una llena de poder que no aceptaba ningún tipo de reclamo. La voz de Fiora llamó su atención y Úrsula giró la vista hacia ella cuando mencionó que la deidad la quería de rodillas, cosa que quedó en claro cuando se encontró por primera vez en la vida postrada ante alguien. Hizo un sonido con la garganta parecido a un “umjum” para hacerle entender a Fiora que había comprendido. Apoyó sus manos en las rodillas y aunque quería levantarse pues permanecer en esa posición, aparte de hacerle creer a Fiora que estaban al mismo nivel, le causaba molestia, algo en su interior le advertía que era mucho mejor mantenerse como estaba. Rechinó los dientes y aquel distintivo sonido inundó el silencio que habitaba en la pieza.

El hecho de que la deidad no le respondiera también incomodaba a la Reina pese a saber perfectamente que aquella sólo se comunicaba con las Cortesanas, pese a tomarse todas y cada una de las molestias para ingresar al panteón con una; Úrsula se sentía desplazada. Una más del montón. Y no estaba acostumbrada a tener esa sensación. Mucho menos a ser ignorada de la manera en que la Madre de la Raza lo hacía mientras prestaba atención a la infraestructura y diseño del panteón. De alguna manera, la dama rusa quería exponer ante la mujer todo lo que había hecho para venir a visitarla, quería robarse el mérito de haberla convocado con su presencia. Pero lo que más quería es que la mirara y le respondiera.

Los ojos cristalinos de la Reina se posaron sobre el altar de los Raphael cuando éste fue iluminado con fuego. Una llama que no traía nada de calidez al interior de aquel lugar forjado en hierro, piedras y sangre. Tras aquello el resto de los altares se incendiaron, incluso el de los Brodde lo que despertó la curiosidad de la mujer de Donovan… Abrió la boca para hacer una de las mil preguntas que tenía guardadas para Marca de Sangre pero un movimiento a su lado la hizo perder el hilo. Fiora se había inclinado hacia delante con el rostro consternado por el dolor y las manos las posaba en su cabeza. Úrsula parpadeó sorprendida y giró su vista hacia la mujer cubierta con aquel manto oscuro pero ella no le devolvió la mirada. Volvió a poner tenso los labios y extendió una mano para posarla con suavidad en la espalda de la cortesana italiana esperando que el gesto afectivo la ayudara a pasar por tal mal momento.

¿Qué era lo que Marca de Sangre estaba diciéndole a aquella fémina? ¿Tan terrible era todo que Fiora había sido quebrada? ¿La estaba regañando? ¿Era eso?

Y en ese momento Úrsula ya no envidió más a la mujer.
Por el contrario, ella también gritó.

Como si el filo de un cuchillo ardiendo estuviese abriéndole la carne, la Reina de los Donovan fue víctima de la atención de Sangre, su Madre. Apoyó las manos en el piso mientras gritaba ferozmente para liberar algo de la tensión que se acumulaba en su cuerpo. Podía sentir cada trazo, cada ápice de aquella maldición que la deidad echaba sobre ella. Podía sentir el líquido carmesí vital de los Oscuros deslizarse por su espalda y ser absorbido por su camisa blanca. Podía saborear el odio y enojo de Marca de Sangre para con su clan y muy en el fondo de su ser Úrsula se encontraba, más que adolorida, confundida. ¿Qué había hecho ella para insultarla? ¿Había tardado demasiado en arrodillarse? ¿La había mirado demasiado tiempo a los ojos? ¿Se había tomado mucho tiempo antes de venir al panteón? Por segunda vez en menos de seis meses, la Reina Oscura volvió a sentir el sabor de su propia sangre expulsada a través de sus orbes producto del martirio que le era provocado.

Antes de que pudiera tomar una segunda respiración la peor parte había acabado, las llamas que iluminaban los altares de los clanes habían desaparecido y poco a poco el gélido clima que se había instalado se desvanecía. Pero aún así Úrsula temblaba frenéticamente mientras  punzadas de dolor atenazaban su cuerpo y alma a raíz de lo que Marca de Sangre le había hecho. Escuchó lejanamente la voz de Fiora intentando ayudarla pero no podía distinguirla a la perfección. Su mente se encontraba divagando hacia Viena y con cada puntada se acercaba más.

Necesitaba a Donovan.

Su cuerpo lo necesitaba. Había perdido demasiada sangre. Pero más allá de un pedido corporal, Úrsula podía percibir claramente el vínculo que los unía. Lo sentía en cada fibra de su ser. Él también había percibido lo que ella estaba sintiendo. Una epifanía se vislumbraba en su mente. Sus ojos, bañados en el color de la sangre,  veían más allá de lo que tenía en frente, veían  a su marido levantar el rostro con un gesto sombrío mientras se percataba de que algo no estaba bien. Por el contrario, algo estaba terriblemente mal.  Y la había ubicado, la había visto a los ojos durante los escasos segundos que aquella conexión duró antes de ser rota por Fiora. La Reina giró su cara desencajada hacia la cortesana y le gruñó exponiendo sus perfectos y largos colmillos de marfil pero la italiana no se inmutó.

-Necesita atención, Su Majestad- Úrsula la miró a los ojos y finalmente la reconoció, incluso se avergonzó de su reacción y bajó el rostro parpadeando para lograr enjaular las sensaciones que corroían su cuerpo y actuar como era de esperarse. –Su Majestad- Insistió la mujer y la rusa intentó ponerse de pie lográndolo sólo porque ella la ayudó –Necesito a mi esposo- Cortó por lo sano, no iba a permitir que ningún Iluminado le pusiera las manos encima –Necesito ir a Viena. Infórmale a Evans lo que ha pasado, me retiro esta noche- Musitó antes de empezar a caminar hacia la salida de aquel lugar dejando un rastro de su sangre pero en medio del camino se detuvo y giró sin gracia -¿Qué te ha dicho?- Cuestionó y volvió sobre sus pasos para acercarse a la cortesana quien expresó en palabras lo que Marca de Sangre había susurrado en su mente, pero, se guardó parte de las imágenes para sí misma.

Úrsula la miró en silencio escuchando atentamente lo que decía antes de asentir con suavidad y, sin más, abandonar el Panteón de la Sangre para organizar su viaje de vuelta a Viena y, por supuesto, ver cuál era el daño que había hecho la deidad. Pero antes de todo eso, sacó su teléfono para llamar a Donovan y resumir lo que había ocurrido.
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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

Mensaje por Marca de Sangre el Sáb Ago 30, 2014 11:55 am


TEMA FINALIZADO
Todo lo que inicia tiene un final, éste lo han marcado ustedes.

Pero no os confundáis, no siempre tendrán la misma libertad...




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Re: Come to me, little....b***...Queen [LIBRE]

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