Aullidos de dolor

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Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Jue Feb 20, 2014 2:51 am

La lluvia caía aquél fatídico día, las gotas recorrían cada hoja del bosque, buscando su inevitable reencuentro con la tierra para así, alimentar a los árboles que formaban aquella virgen y hermosa vista natural. Pero en vano.

Así lo pensaba el silencioso guerrero Fenrir, aquél vigilante de azulina mirada que parecía ser uno con el mismo bosque... Entregaba su amor y lealtad a Gaia, y el bosque respondía dandole resguardo y convirtiéndole en uno más del lugar. Ahí, en la lluvia se encontraba con sus ojos cerrados, y el rostro alzado, sintiendo la lluvia caer sobre su piel: "No llores más, madre..."

A lo lejos podía divisar aquél asentamiento, lugar donde su manada habitaba... Cuantos cachorros nuevos, cuantos rostros desconocidos. La guerra se estaba sembrando entre su raza, y al parecer su manada no estaba preparándose para ello.

¿Qué te sucede, Fenrir...? -Murmuró al momento que sus ojos azulinos parecieron hacerse más finos, y su espalda comenzó a encorvarse, los pelos azabaches comenzaron a brotar de su cuerpo, para así, luego de que su rostro ocultara el dolor de su transformación, en el lugar donde estaba aquél fórnido hombre solo había un hermoso lobo negro, con unos ojos azules tan penetrantes y agudos que daban la impresión de verlo todo. Éste animal alzó su rostro y dió un aullido en señal de saludo, para luego de ésto, comenzar el acercamiento hacia su propia manada, sin embargo el llanto de su madre no cesaría así. Debía encontrar a Fenrir, debía verla pronto, rápido.

En la entrada unos nuevos vigilantes en forma humanoide le observaron amenazantes e incluso, sacaron sus armas.  "¿Qué está pasando...?" Se preguntó el licano. Mientras ante aquella visión, un hermano más veterano observaba aquellos azulinos ojos y, en una sonrisa les calmaba a los nuevos cachorros.

"Es la mirada del cielo... ¿No la ven? Es un hermano, dejádle pasar"

En aquél instante que la voz del veterano irrumpió, el lobo negro se encontraba ya enseñando sus fauces y gruñiendo amenazante, sin embargo, ante aquél repentino cambio de hechos, simplemente siguió su carrera hacia el salón principal de la líder.

Un nuevo aullido se escuchó... un aullido tétrico, agónico... melancólico... Tantas preguntas para su líder. Parecía no hayar las horas de estar frente a su líder, su olfato no mentía: Se encontraba ahí.

Corrió con agilidad a través de algunas filas de guerreros para así, adentrarse en dicho salón y, al divisar a Fenrir, detenerse en su totalidad. Observándole con aquella pura y profunda mirada azulina... ¿Sería capaz de reconocerle? Oh Fenrir... un leal hijo de Gaia ha venido y le conoces muy bien. Sin embargo tus acciones han puesto en duda a éste hermano de manada... ¿Serías capaz de reconocerle...?
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Fenrir el Vie Feb 21, 2014 1:27 pm

Dentro de una formación de árboles cuyas copas funcionan como un techo natural, el aroma a agua limpia invade el olfato de la mujer sentada con las rodillas en el suelo, en posición de plegaria. Ambas manos sobre sus muslos y su cabellera cayendo como una cascada negra en su espalda, llenando de sus mechones oscuros en suelo a su alrededor. Ojos cerrados y mente apuntando al terrible pasado que aun no puede olvidar. Un sueño que la noche trajo en forma de susurro y que se apoderó de su mente y espíritu a capricho de aquel que lo había enviado. La oscuridad amenaza con ejecutar al licano y llenar su sangre de tinieblas. La diosa oscura se abre paso a paso el camino para así llegar a ella y, una vez que sus fauces traguen su carne, consumir también la manada Fenrir.
Frente a ella descansa en una caja de madera virgen una preciosa daga cuya hoja no destella como el metal. Incluso su empuñadura tiene una forma irregular que brilla con el color de la luna. Aia abre los ojos y éstos se posan sobre el arma la cual parece irradiar una fuerza que pocos licanos serían capaces de entender jamás.
-La muerte se acerca…- parece irradiar en forma de palabras dirigidas para ella, puesto que solo ella puede escucharles. Aia asiente con la cabeza y sus ojos se mantienen en el filo marfilado de esa daga sagrada – Sabes qué es lo correcto…- se dice a sí misma. Su mirada no cambia. Parece una efigie congelada en el tiempo y hundida en sus propios pensamientos.

Sabes qué es lo correcto, Aia. Si lo sabes, tomarás esa daga hecha de huesos de los antiguos Fenrir y caminarás a la roca donde tu fuerza dio muerte a Valadir. Colocarás el filo en tu pecho y arrancarás la carne de éste con la fuerza de tu voluntad. Tu sangre manará como un rio y delineará la forma de la roca que está debajo, cantando los chamanes para así acompañar tu ultimo acto como líder. Y con la fuerza que aun no abandonará tus puños, abriras tu propio pecho para dejar expuesto tu corazón palpitante. Y él deberá comer de él para así, mientras tu abandonas la vida, el nuevo Fenrir se alza. Muerte por vida. El vinculo de sangre del Lider de la manada espiritual.
Pero ¿quién sería Fenrir? ¿Él? …

El ceño de Aia se marca apenas y su mirada parece volverse más fría y distante que nunca – Él no está listo. No es más que un cachorro.- se dice a sí misma. Reconoce la figura alta del licano y la paz que invade sus ojos, pero es entonces que esa rara sensación de rechazo le invade como nunca antes le había invadido. Recordó un tiempo cuando ella quiso jugar a ser mujer y buscar verlo como algo más que un consejero ¿Qué había pasado por su cabeza? ¿Tan sola y triste estaba que buscó enamorarse de un licano como Oren Astvinur? Ella, que le triplicaba en edad y que había visto la sangre de tantos caer cuando él no había vivido más que un par de decepciones. Y es entonces que Aia descubre qué fue lo que le atrajo tanto y por qué él no podía llegar a ser más de lo que ya era – Es blanco. Demasiado blanco. Demasiado noble y demasiado corruptible. No está listo – lapida su respuesta con severidad.

Ante ella, arrodillada frente a la daga, una figura masculina de cabellera larga y negra como la propia le observa. Cuando la muerte se acerca, más se agudizan los sentidos. Quien ante ella está es Valadir, el Fenrir muerto por su propia mano – Tu tampoco lo estabas…- dijo él, con una mirada que en nada se parecía a la que había desencajado sus facciones cuando estaba vivo. La muerte nos vuelve a todos iguales y sabios, y nos permite formar parte de algo más grande a pesar de nuestros pecados. Valadir lo entendió ¿Caius lo entendería? No. La corrupción de un ser que juega con los muertos supera en demasía la demencia del antiguo Lider quien era su padre. – Pelearé con él y ganaré. No cederé mi título para que alguien pelee mi batalla. Soy una Ardwolf y por mi honor…- empieza a decir ella. Sus dientes se apretan y su rostro es invadido por el enojo momentáneo. Sin embargo, la entidad frente a su persona no hace nada más que observarle - …El bosque está muriendo…- finaliza aquel y su imagen se difumina. Aia aun no da crédito a aquello que escucha pero, es entonces que el eco de un aullido distante hace que su mirada se voltee y su vínculo con el mundo de los muertos se rompa. Estira las manos y con éstas envuelve la caja que poseía la daga ceremonial, cerrándola con respeto. Se pone de pie y la deposita en un altar orientado al punto cardinal donde la Luna emerge cada noche.

Ese aullido capaz de hacerle helar la piel, casi como si le trajese un fatídico mensaje. ¿Quién era? Y es entonces que el aroma salvaje llega a su olfato y la mirada de Fenrir manifiesta la más amplia sorpresa. Antes de verle siquiera, apenas sus pasos se dejan escuchar en el horizonte, ella logra decir en su mente el nombre de su visitante.
Aquel que poseía la mirada de los cielos. Dueño de unos ojos tan azules como el mar. El guardian de las sombras, licano que se mueve en el bosque como parte de éste. Su sola mención era mito para todo aquel que no era Fenrir y, aun así, siendo ella la líder que es, no puede negar esa explosión de curiosidad que le invade al sentirlo cerca.
Cuando él aparece ante su figura, ella le observa de pie, con esa mirada distante y helada que siempre porta ante cualquiera. –Setanta…- su voz susurra y, rápidamente, sus ojos le evitan. Algo tiene esa mirada azul que parece ser más la de un espíritu que la de un licano. Y algo hay en esos ojos que le hacen sentir vergüenza. - ¿Cuántas lunas han pasado? – Pregunta a la vez que vuelve a verle, buscando mantener la fuerza de su propio temperamento como estandarte -¿Gaia te ha dicho lo que nos ha pasado? ¿Te ha hablado del ataque que sufrió nuestra manada y por eso has elegido acercarte a nosotros? – Pregunta mientras sus labios se presionan, casi como si buscase callar sus palabras -...No doy crédito a mis ojos.
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Dom Feb 23, 2014 11:14 pm

Le observaba... aquél hermoso lobo negro le observaba fijamente sin moverse, siendo el brillo de sus ojos única prueba de la vida que habitaba en él. Su pelaje brillante exhibía en su lomo los dibujos totémicos que le caracterizaba, la astucia y sigilo del zorro le abrazaban por completo, exhibidos en un pelaje platino que resaltaba en lo negro de su pelaje. La escuchó atenta, nisiquiera su propia respiración fue causante de interrupción en aquél momento, y fue entonces cuando ésta pareció dudar en su hablar, que el lobo frente a ella comenzó a caminar lentamente hacia un costado de aquél sacro lugar. Su silueta parecía perderse por unos momentos de la vista, sus pasos no eran audibles, más bien con cada paso que éste daba, algún sonido de hojas provenientes del entorno parecía ayudarle en su propio subterfugio. Una sombra... nada más fue lo que se pudo apreciar en el momento que su silueta se perdía, y así es como ésta misma sombra se alzaba poco a poco, para así, finalizar en una forma humana. Nuevamente hacía aparición por detrás del rincón que le otorgó el lugar para su transformación, y al salir, sus ojos azulinos nuevamente se fijaron en Fenrir, sus cabellos dorados como el sol al emerger cada mañana caían desordenados por los costados de su rostro, la misma representación del bosque se podía apreciar en cada poro de Setanta.

Hablas de lo que ha pasado, Fenrir... -Mencionó mientras caminaba por el lugar en su natural desnudez, para un ser que ha dado su existencia a ser uno con su madre Gaia, las vestimentas eran algo totalmente ajeno y sin importancia; Se cruzó de brazos y la observaba.- ¿Pero qué importancia tiene lo que ha pasado...? Lo importante es lo que pasa ahora, líder. Lo importante es lo que sucederá... -Dijo tranquilamente, su voz entre susurros sonaba como la misma brisa acariciar las hojas otoñales del bosque.-

¿Que no das crédito a tus ojos...? -Dijo mientras se acercaba unos pasos hacia su líder, su mirada permanecía fija en los orbes de Fenrir.- Esos ojos, Fenrir... no son solo tus ojos... Son los ojos de una manada entera... ¿Si quien es los ojos de una manada no da crédito a ellos... quién lo hará?


-Murmuró mientras se detuvo a poca distancia de su líder, el olor a hierbas, flores y hojas inundaba el lugar con la presencia del licano. Lentamente ubicó su cabello tras su propia oreja para así establecer un contacto más directo con los ojos ajenos, luego de ello, se volvería a cruzar de brazos.-
 Abre bien tus ojos Fenrir... ¿Qué te ha sucedido? ¿Has olvidado que detrás de tí reposa el bienestar de nuestros vírgenes bosques, y las vidas de nuestros hermanos...?  Yo creo en tí, Fenrir... y por muchos años pude escuchar a Gaia gracias a tí... -Giró entonces su semblante dándole la espalda, acercándose lentamente hacia el lugar donde se encontraba aquella sagrada daga.-  ¿En qué estás pensando? 

El bosque está muriendo... -Dijo sentenciante, mientras los dedos ubicados en su antebrazo se apretaban denotando su ligera molestia.- Gaia llora y nuestros hermanos parten a la guerra... -Desvió entonces su mirada de aquella daga y volvía a fijar aquellos azulinos orbes en su líder.-
 Y no es momento para esconderse ni huir...
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Fenrir el Vie Feb 28, 2014 7:19 pm

Como una voz que emerge de las entrañas de la tierra, mientras el suspiro de la noche se pasea entre sus hijos dolientes, aquellas palabras de Nemhain son la clara forma de expresar que su trabajo como líder no ha sido el correcto. Ya no solo era esa cachorra idiota que dejaba en claro que no iba a arrodillarse ante su titulo; ya no era Oren, su amado secreto el que notaba que había hecho mal las cosas. Ahora desde los confines del bosque, emergiendo cual espíritu poderoso, el temible Setanta, cuya fama era tan mística como su poder y la imagen que representaba, era aquello que venía a mencionarle algo que ella sabía. Lo que había pasado fue el inicio de un fin que el mismo Valadir había predicho siglos antes. Ella lo sabe en el fondo de su alma y lo supo cuando sus palabras maldijeron a Gaia. Sintió su grito, el alarido de su Madre mientras la mirada de la bruja pelirroja se clavaba en sus ojos transparentes. Fenrir entendió que la bendición del Lobo empezaba a rogar por pasar a otro dueño y que, para eso, ella debía permitirlo. Pero ¿A quién? ¿A Oren? No. La sola idea era absurda. Darle el título para que él peleé sus propias peleas era digno de una hembra baja que ni hembra merecía llamarse. Maldita mil veces en su pasado que la había vuelto lo que era y maldita mil veces más en su presente que pensaba siquiera en la posibilidad.

Su puño se cierra con fuerza mientras la voz calma de Setanta le abraza como si se tratase de una canción de cuna. Los años que le habían llevado a la lejanía y la soledad no quitaron la calma de sus facciones. El lobo cuya mirada es la del cielo produce lo mismo que genera volver la vista a lo alto y sentir a los grandes guardianes observando. - ¿Crees en mi después de todo lo que ha sucedido? – la respuesta es tajante y doliente. La mirada esquiva e indirecta de la mujer parece haber perdido la distancia y la frialdad inicial para quebrarse cual espejo por un puño invisible – Nemhain, si vieses lo que yo veo…Si tus ojos viesen lo que los mios han visto…lo que mi corazón ha sentido…No solo no creerías en mi, sino que me rogarías que me aniquilase ahora mismo.- susurró mientras bajaba la mirada a la vez que sus cabellos de ébano caían como cascada alrededor de su rostro blanco como la luna. Sus dientes apretados y su mirada platinada directamente aferrada a su puño cerrado. Dile en qué estás pensando y soporta la mirada que él dirigirá hacia ti. O calla aquello que está en tu mente y dale una falsa esperanza en tus palabras.

La verdad era que pensaste en dejar todo por un macho que ni siquiera era un Alpha. Alcanzaste tal nivel de soledad y estupidez que llegaste a pensar que Oren Astvinur era capaz de volverse aquel que podría caminar a tu lado. Estabas tan aturdida que llegaste a creer que ese cachorro podría ser mejor Fenrir que tu. Y en el tiempo en que pensabas eso, se lo permitiste. Porque dejaste de desear ser Fenrir. Porque en el fondo de tu ser, detestabas serlo.
Está por decir esas palabras pero en el instante en que sus ojos se posan sobre la mirada del cielo de su compañero, todo aquello muere como si jamás hubiese existido. Y se siente como una tonta cuando éste habla del bosque y la guerra. Por Gaia, Aia. Has sido la mujer más egoísta y tonta de todo el mundo y , a pesar de eso, tienes al guardian de los bosques mirándote con esperanza en sus ojos místicos, creyendo que eres más que aquello que sabes, te has convertido.

-Mis hermanos van a la guerra, Nemhain. Y los bosques se están secando…- repite con voz calma mientras vuelve sus ojos a la daga oculta en la caja cerrada. Ese filo ceremonial que debería de abrir su pecho y dejar expuesto su corazón aun sangrante y que parece llamarle en un último acto de redención a todas sus faltas. Pero entonces, niega con la cabeza y vuelve a ver a los ojos a Setanta – Y esos no son ni la mitad de nuestros problemas – dice y camina alrededor del caballero, completamente ajena de su desnudez. – Gaia me ha mostrado que los Fenrir estamos a punto de enfrentar nuestra propia guerra. Una fuerza temible se mueve desde Oriente y amenazaba con destrozar la manada. – Dice viendo con sus ojos de hielo a las afueras de la habitación – Es el hijo del Lider Loco…–

El sobrenombre del ‘Lider Loco’ aun causa temor entre algunos de los más antiguos. Aquel Licano que siendo Fenrir ejecutaba a sus propios hermanos condenándolos de corruptos y alimentaba con la sangre de éstos la tierra sacra de Gaia. Aquel que murió bajo la mano de Aia hacía ya trescientos años. Nemhain no había conocido su rostro pero seguro que a sus oídos llegó la fama de aquel déspota que había perdido la cabeza y había traído tristeza y desolación a los Fenrir. – Lo he visto. Y su energía es más negra que la noche…Se acerca a nosotros y clama por una cosa…- dice y se vuelve a girar hacia él, viéndole a los ojos con calma, casi como si lo que dijese no llegase a causarla la preocupación que debería – Mi vida.-
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Lun Mar 17, 2014 6:05 pm

Su mirada permaneció fija en los ojos de su líder mientras ésta comenzaba  explicarse, sus músculos se encontraban totalmente relajados en aquélla postura, cruzado de brazos. No emitió sonido alguno más que su calma respiración, la serenidad del guardian de los bosques era uno de sus fuertes; Ningún símbolo de asombro o emoción alguna pudo ser vista en su rostro. Las palabras de Fenrir hacían eco en sus oídos, ¿Qué atrocidades podrían haber visto los ojos de la manada Fenrir? 
Una vez que se hizo una pausa, su voz se alzó nuevamente entre el silencio, con una seguridad y serenidad dignas de su renombre.-

Si no creyera en lo que realmente eres, Fenrir... no me hubiese molestado en venir. -Dijo certero, sus palabras eran en aquél momento secas y directas.- Si bien, me basta mirarte en éste mismo momento para saber que no eres lo que realmente puedes ser... Eso no destruye tu verdadera esencia...  Y créeme... nunca rogaría por la muerte de alguien... Si es una muerte pertinente, la efectúo yo mismo... -Dijo lentamente.- Sin embargo tu muerte es algo que afecta de una manera que quizás, no puedes entender...

Las palabras de su líder nuevamente hacían aparición, la escuchó con atención sin remover la vista de los ojos de Fenrir. La sola mención del líder loco hizo que sus ojos se abrieran ligeramente ante la sorpresa, llevando una de sus manos hasta su barbilla, acarició lentamente aquél lugar, pensativo.
Ésa era Fenrir... las visiones que su líder estaba teniendo, el venir de una negativa energía hacia sus bosques era un llamado a la precausión, su visita al parecer era mucho más importante que simplemente hacer reflexionar a su líder. Nada era coincidencia... Oh, amada madre ¿Seré capaz alguna vez de entender lo basto de tu sabiduría...?

Tiempos oscuros nos acechan, Fenrir... Quizás ya te lo demostré, pero te lo repito nuevamente... creo en tí... -Giró su semblante, comenzando a caminar lentamente hacia la salida del lugar, sus descalzos pies parecían no hacer sonido alguno ante su caminar.- Más importante... nuestra madre aún cree en tí... -Fue entonces que la observó de reojo y una comprensiva y fraternal sonrisa se dibujó en sus labios, solo para luego, observar hacia la salida y ahí, dándole la espalda murmuró.-

Sígueme Fenrir... hay algo que quiero que veas... -Dicho ésto, su cuerpo comenzaba a encorvarse nuevamente, sus ojos se cerraron a medida que su naturaleza cambiaformas hacía aparición, sobre el tatuaje totémico que decoraba su espalda nació un pelaje plateado, sobresaliendo totalmente con el brillante azabache que cubría el resto del cuerpo de aquél lobo que se encontraba en aquél lugar tras la transformación. Éste puro animal dió una última mirada hacia Fenrir, para así... comenzar a correr hacia la salida del asentamiento, teniendo como destino su hogar: aquellos vírgenes bosques que había procurado proteger.
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Fenrir el Sáb Mar 22, 2014 8:01 pm

¿Por qué no existías cuando el Lider Loco azotó la voluntad pobre de los antiguos Fenrir? Los hijos de los bosques necesitaban un macho alpha capaz de proteger a los suyos y tu, Nemhain, habrías sido el perfecto licano que traería real equilibrio mientras preparaba el puesto para el Fenrir definitivo. Pero no, aun no existía ni él , ni Oren, ni ninguno de los cachorros que ahora caminan entre los bosques vírgenes y la ciudadela. Valadir se había encargado de destrozar a cualquier licano capaz de representarle un reto y por eso, esa vez, la salvación llegó de otra manada hermana en forma de hembra.

Mientras él le mira, ella trata de no perder la compostura. Nunca fue capaz de ceder a la visión de un macho y por esa razón, Aia jamás había regalado su corazón a un compañero. Pero esta época turbulenta le había hecho confundirse más de la cuenta y ahora, gracias a ello, no podía ver a un licano hombre sin vergüenza en sus ojos de hielo. ¡Oh, Galliard! ¿Qué pensarías de tu hermana si la vieses ahora, quebrada como una doncella que busca la salida del cobarde? Los ardwolf jamás la aceptarían de nuevo de saber que por su mente pasó la idea de ceder el titulo sin pelear y huir lejos, para poder volver a vivir en paz consigo misma ¿Pero cómo vivir sabiendo que has fallado a Gaia y a tu propia gente?

La voz grave de Nemhain hizo que sus ojos se volviesen a posar en la mirada del cielo, tal como le llamaban entre los Fenrir, cachorros y adultos. Esta vez, Fenrir mantenía la mirada en alto, los labios apretados y las cejas levemente fruncidas mientras acentía con la cabeza -¿Serías capaz, guardían de los bosques, de ser tu quien me ejecutase si lo creyeses pertinente? – pregunta sincera y, en cierto aspecto, también necesaria. Fenrir había visto más allá de los vivos, en esos instantes en los cuales, la cercanía del final le lleva a conocer los secretos que se esconden del otro lado del velo. En caso de que la corrupción llegase a un punto cúspide…de que su mano fallase a la hora de pelear contra el enviado de las sombras, si éste mordía su corazón, los poderes de los antiguos Fenrir pasarían a su rival y con eso, él se volvería el próximo. – Necesito que me respondas, Setanta.- volvió a preguntar, tan decidida como siempre lo había sido, dejando de lado la mujer débil que buscaba quebrarle.

Baja la mirada siguiéndole en este gesto el color negro de sus cabellos de ébano, sombríos también sus ojos al escuchar que él, el gran guardian de los bosques que es enviado una vez cada generación, dueño de la mirada del cielo mismo, aun creía en ella. ¿Por qué esas simples palabras generaban en ella esa sensación de calor que creyó haber perdido? Era como si alimentasen su corazón y le levantasen, incluso contra su voluntad.
Observó el cambio ante ella y sin mediar palabra ni ofrecer dudas, desató la capa que cubría sus hombros, cayendo ésta pesadamente al suelo mientras que con cada uno de sus pasos, su forma humana cambiaba a la de animal. El pelaje negro de sus cabellos le cubrió por completo en un espasmo furioso, heredado de su sangre Ardwolf y comenzó a correr siguiendo al lobo de tatuaje de plata que le guiaba.
Era como seguir a un ser del otro mundo. Quizás esta vez no era Setanta quien quería darle una señal, sino los espíritus mismos.

“Si muero, Setanta…Prométeme que me arrancarás el corazón” piensa y la imagen del temible Caius llega a su cabeza como una epifanía. Caius tomando ese corazón palpitante y devorándolo como si nada, llenando sus labios de la sangre mientras los antiguos Fenrir pasan a su interior y le dan el poder que él tanto anhela.
No puedo morir. Debo ser yo quien venza. Es mi pelea. La batalla que he esperado por siglos…Nadie la peleará por mí. No puedo perder…Porque si él es vencedor la manada de Fenrir está condenada”
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Miér Mar 26, 2014 10:16 am

Las miradas de los guardianes que se encontraban en aquél asentamiento, todas se fijaron en aquellas dos fugaces siluetas que corrían ágiles hacia la salida del lugar, sonidos de sorpresa y murmullos fueron la estela que dejaron aquellos dos en su carrera. En el momento que ya habrían salido del asentamiento, con una agilidad digna de aquél lobo entre las sombras del bosque, su rumbo cambiaba drásticamente, y con un salto se adentraba entre unos arbustos, no necesitaba mirar hacia atrás, su olfato era más que suficiente para saber que su líder le seguía el paso. Fue en aquella carrera que uno de los dotes más reconocidos de Setanta podían ser apreciados, las hojas otoñales en el suelo del bosque, las ramas secas caídas y la flora en sí parecían hacer caso omiso, simplemente enmudecer ante la carrera del licano: Sus pasos no emitían sonido. Éste era su hogar... éste era su don, el precioso regalo de su madre Gaia.
El ritmo continuaba frenético y a medida que avanzaban el bosque iba tornándose más espeso, casi insoportable. Sin embargo cada hoja que rozaba el pelaje de Setanta, cada flor, incluso cada espina de algun arbustro eran lo que el llamaba caricias propinadas de la mano de su misma madre... Las espinas, amenazantes con rasgar parecían ser dóciles a su pasar, las ramas que éste lobo empujaba en su correr parecían ser suaves lianas, ya que solo se movían de forma natural ante el paso del licano, siendo éstas tan firmes y duras como cualquier rama en sí.

Fue entonces, cuando toda aquella masa de flora les rodeaba, aquél negro lobo se detuvo y, alzando su rostro hacia el cielo dió un hermoso aullido. Era en aquél punto donde todo comenzaba... Los límites conocidos del bosque eran frecuentados por todos, sin embargo aquélla masa, el corazón del bosque era prácticamente inaccesible debido a lo frondoso y espeso que se ponía mientras uno más se adentraba... las hiedras venenosas hacían su aparición casi como un cerco protector, al igual que espinas entrelazadas con bellas flores daban la impresión que era simplemente un montón de plantas juntas, sin embargo ésto no era casualidad y, aquél aullido daba la bienvenida a su líder hacia los lugares realmente vírgenes del bosque.

Su carrera comenzó nuevamente, unos cristalinos riachuelos caían desde unas rocas provenientes del bosque arriba, sin embargo a aquella altura no eran más que suaves y puras corrientes sin peligro alguno. Sus patas hicieron salpicar el agua mientras corría con aquella azulina mirada fija hacia el frente. 
Los árboles iban cambiando sus formas y tamaños, alzándose ahora cuales gigantes guardianes por todo el lugar, cipreses y araucarias en su mayoría eran los que más resaltaban, cuyo tamaño evidenciaba lo milenario de sus vidas, siendo simplemente las raíces de éstos mayores a los dos metros de alto; el camino se comenzaba  complicar desde éste punto debido a las numerosas raíces y árboles que adornaban tan paradisiaca escena, sin embargo la silueta de Setanta seguía moviéndose con gracia y agilidad, sin mostrar dificultad alguna.

Finalmente, al cabo de una hora aproximadamente de carrera por aquellos laberintos de árboles, matorrales y arbustos que finalmente, al atravesar lo que parecía un arco de enredaderas se pudo apreciar a lo lejos, un tótem de piedra por cada animal se encontraba en el lugar, todos hermosamente decorados con verdes enredaderas y suavemente rociados con el agua que la madrugada entregaba como suave baño al vírgen lugar. Sin embargo, la verdadera atención se encontraba en el centro de aquél lugar... un árbol que fácilmente triplicaba el tamaño de los árboles más grandes vistos anteriormente se alzaba como padre protector del bosque... Su imponente visión hacía helar la sangre y provocar un vacío e incluso vértigo en el estómago... Esto le sucedía incluso a Setanta cad vez que visitaba aquél lugar... Sus hojas se encontraban en una tonalidad café y rojiza... Algunas ramas rotas por sequedad y su corteza, rasgada y mal gastada: Estaba muriendo.

Su caminar se hizo más lento a medida que se comenzaba a acercar a aquél lugar que parecía incluso mágicamente bañado por la plateada luz de Selene. Fue entonces nuevamente que poco a poco éste hermoso animal se iba poniendo de pie, su columna se estiraba, la piel azabache y plateada desaprecía, sus cabellos adquirían aquel dorado color, volviéndo así a su humana forma.

Bienvenida seas Fenrir... -Dijo tranquilamente mientras su azulina y penetrante mirada se giraba hacia su líder- Al verdadero corazón de nuestros bosques... A mi gusto, el lugar donde más claramente puedes escuchar a nuestra madre... En cada hoja, en cada brisa... en cada animal que habita éste lugar puedes encontrarle. -Cerró sus ojos con una sonrisa mientras se acercaba hacia una de las gigantescas raíces de aquél moribundo árbol y la acarició con suavidad.- Como podrás ver... está muriendo... ésto no es más que el fiel reflejo de lo mucho que nos hemos alejado...y descuidado a nuestra madre... -Decía tranquilamente, observando aún fijamente a Fenrir, sin embargo aquella seria mirada pasó a una más comprensiva... una sonrisa se dibujó en sus labios a medida que caminaba hacia un costado del árbol y se arrodillaba, sabiendo que aquellas palabras podrían afectar y llegar directamente a su líder, daría el poder y energía necesarias para levantarse con lo próximo.-

Es inevitable lo que ha sucedido, y éste árbol agoniza en sus últimos momentos... Pero. -Dijo mientras arrodillado, observó de reojo a Fenrir, mientras se hacía a un costado aún arrodillado, y dejaba ver lo que se encontraba justo frente a él. Un hermoso brote de árbol, no medía más de 1 metro, sin embargo el vivaz verde de sus hojas marcaba la pureza y vida dentro de él.-

Acá está la verdadera prueba de que nuestra madre también...Aún cree en tí. -Dijo mientras una de sus yemas acarciaba con suavidad una de las hojas del pequeño brote.- 
Tú no has de morir Fenrir, Gaia aún lucha junto a tí, y juntas llevarán a la victoria y al éxito a nuestra manada... No, a toda nuestra raza.

Dijo certero, y fue entonces que guardaba silencio, observándola fijamente, ahí, en aquél inaccesible lugar cuyas puertas fueron abiertas para aquél que era más que solo un lobo... Era parte del mismo bosque y que, ahora... compartía el mayor tesoro con su líder para demostrar así, que no todo estaba perdido y que aún...No era tarde.
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Fenrir el Jue Abr 03, 2014 9:51 pm

Sus pasos empezaron a cambiar, dejando ya no su huella de licano en el suelo, sino la de mujer. Como una cascada de obsidiana su cabellera caía sobre su cuerpo blanco como la luna, no carente de cicatrices y, aun así, no menos hermosa, luciendo cada una de ellas como la marca misma del orgullo de su manada. La tierra bajo sus pies, húmeda como el aliento de la madrugada mientras la luz de la luna les bañaba a ambos, siendo ella quien era guiada nuevamente por un cachorro, si bien podía llamar así. El Gran Setanta con la mirada del cielo. El poder de sus ojos evocaba a los antiguos Fenrir y a los que vendrían, tratando de llenar nuevamente su vacio corazón de esperanzas. Aia, pues como Fenrir no podía ser reconocida hasta matar a aquel ser impío que cruzase la línea que separaba los bosques del mundo levantó su mirada y vio aquel árbol protegido por los tótems de animales tallados en roca. Ella, Fenrir, la hembra que poseía el titulo jamás habría visto ese sitio y entonces comprendió dónde había estado él por tanto tiempo. Sus ojos cubiertos del velo de la noche se iluminaron y tiñeron con el agua del rocío mientras volvía su mirada a lo alto, rindiéndole culto a aquello que Setanta le mostraba. No era el hogar de Oren lo más sagrado en la tierra virgen de los bosques, sino ese sitio. Titilantes luces brillaban a su alrededor como espíritus inquietos que van y vienen y entonces, luego de tanto tiempo, quizás siglos enteros, la hermosa líder de cabellera negra cerró los puños como si en estos tuviese la fuerza impetuosa de su raza. Sus labios vibraron y su mirada se bajó a la tierra dónde las raíces se envolvían como si buscasen llegar a ella. Su orgullo mal nacido y aun así, presente. Ardwolf hasta el último de sus alientos y también Fenrir por necesidad…

Paso a paso se acercó, seguida por la sombra de sus cabellos negros como la noche que les envolvía y una sonrisa resignada se dibujó en sus labios rosados. No tenía alma para pedir aquello que iba a pedir y aun así, eso era lo que escuchaba decir de la voz propia de los bosques…-Está muriendo…porque yo estoy muriendo también – diría en un susurro a la vez que sus ojos se perdían en la preciosa forma de aquel árbol que palpitaba exactamente igual a su corazón. –Yo…Realmente lo siento…- dijo y su voz se entrecortó mientras las lágrimas caían por sus mejillas pálidas como si fuesen las gotas del rocío. Negaba con su cabeza mientras su mano se mantenía puesta en la madera viviente de aquel árbol y aun así, se negaba a mirarla – Nemhain…mi orgullo me lleva a morir peleando esta última batalla pero…la verdad es que sé que no podré ganar…- sus labios se abrieron en el último suspiro ahogado de su garganta y entonces le buscó con la mirada. –Estabas aquí protegiéndola y yo…peleando mis propias guerras y viendo morir mi gente…- sus pasos la llevaron a retroceder y entonces, le buscó. Aquel macho con al aroma penetrante de la tierra y los árboles tanto en su piel como en su sangre. Para una traidora a su manada no existían formalismos que debiesen respetarse. Para una traidora a los suyos, no existían salidas honradas. Oren era un cachorro aun; podría sentirlo. Y no necesitaba un cachorro para aquello que estaba por hacer…

Sus piernas pálidas como la luna carente de marca y su cabellera negra como el manto de la noche la hacían una visión perfecta mientras se acercaba a Setanta con pasos silenciosos. ‘¿Qué dirías de mi, Galliard, hermano…si me vieses ahora?’ se preguntó mientras sus ojos permanecían puestos como dagas en la mirada del guardián de ojos azules como el cielo mismo. –Soy tu Lider. Tu aceptaste servirme desde que devoré el corazón de Valadir hasta hoy…- diría con voz de mujer, quebrada aun así, puesto que sus cuerdas vocales vibraban a la vez que extendía su mano hacia él como si de una invitación se tratase. Sus dedos helados; su piel sucia por la tierra y por la sangre derramada. Tomaba la tosca y grande diestra del licano negro ahora convertido en hombre y hacía que éste llevase la misma directo al centro de sus pechos, en el camino donde el palpitar de su corazón resonaba inquieto – Fenrir llevará la victoria  y  el éxito a esta manada, Nehmain…Y tu, como guardián de este bosque, promete que harás que así sea…- su mirada se endureció y sus ojos se cerraron por un instante que bien podría ser eterno – Fenrir necesita renacer y con él, toda nuestra manada- dijo mientras sus dientes se apretaban y sus ojos se empañaban en las lágrimas llenas de resignación, furia y dolor –Te ordeno que aquí, ante nuestra madre Gaia y ante la bendición de Selene, acabes con mi vida y regues con mi sangre estas raíces para que vuelva a renacer otro lider. Un digno lider para este tiempo tormentoso que nos azota sin piedad...-
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Jue Abr 24, 2014 3:23 pm

La observó en silencio... atónito ante las palabras que escuchaba, su palma sentía el constante palpitar de su corazón, el cual era prueba eficiente del estado anímico que atacaba a Fenrir... no solo su afligido rostro y lágrimas hablaban... su corazón también lo hacía.
Sangre... nuevamente sangre, había intentado anteriormente hacer caso omiso a la pregunta que había efectuado su líder, sin embargo ésta vez no había forma de no responder... Mordió su labio inferior al momento que entrecerraba sus ojos entre sensaciones de coraje y resignación, luego alzaría la mirada y la clavaría penetrante en los ojos de Fenrir, como si aquella mística mirada pudiese observar más allá de los simples ojos... intentando adentrarse en la misma alma de los Fenrir que convivían en ella. Dió un lento suspiro y tomó aire, para luego responder con serenidad.

Fenrir... mi líder -Comenzó, al momento que retiraba lentamente la palma del cuerpo de la representante de su manada, al momento que giraba su cuerpo y caminaba hacia aquél brote que evidenciaba la voluntad de Gaia aún existente.-
¿Qué dice tu corazón con respecto a lo que me pides...? Más importante aún... ¿Crees que nuestra madre lo que quiere es sangre...? ¿Sangre de una de sus hijas? ...No sé que visiones has tenido, Fenrir... pero nuestra tierra, nuestra madre no se alimenta de sangre...¡Menos de sus hijos! Eso es precisamente uno de los puntos contra los que luchamos... Me niego rotundamente a derramar tu sangre en la tierra de Gaia... y en nombre de ella. -Sus palabras eran certeras, frías y duras... totalmente convincentes dentro de los pensamientos propios del licano.-

Ahora... dices que sabes que perderás la batalla que se avecina... Eso soy capaz de comprenderlo... -Habiéndole dado la espalda anteriormente al girarse hacia el brote, ahora volvía su penetrante mirada hacia ella.- Y si piensas que es oportuno el nacimiento de un nuevo Fenrir... para que haga frente al mal que se avecina...Estoy de acuerdo, no permitiré que alguien que ha perdido su voluntad y fuerzas lleve el estandarte de la tierra... -Su mirada se hizo aguda, casi filosa... a medida que giraba ahora completamente su cuerpo y comenzaba a caminar hacia Fenrir... casi amenazante. Al quedar justo frente a ella, con la distancia totalmente acortada entre ellos, acercó su mano hacia su líder, como si estuviese dispuesto a acabar con su vida ahí y ahora... sin embargo ubicó su mano en el hombro de ésta.-  Si te mato yo aquí... significaría que yo tomaría el puesto de Fenrir... El ritual de la batalla a muerte, y el comer el corazón simbólica y espiritualmente se perdería en su totalidad... Si yo llevara tu corazón servido en bandeja para que cualquier incompetente lo devore... -Sus palabras ahora denotaban tristeza, había fallado en dar un nuevo aliento a su lider, sin embargo la vida continuaba... y la cruzada por liberar y salvar a Gaia aún no estaba perdida...-  Te dejaré unos momentos aquí a solas Fenrir... si tanto deseas morir, despídete y habla con Gaia... ella te escuchará acá más atenta y claro que nunca... Y al volver, se hablará sobre el nuevo Fenrir, el destino que enfrentarás... la batalla que tendrás... y el nuevo destino que azotará a nuestra manada... -Giró su semblante y comenzó a caminar lentamente, alejandose poco a poco del lugar, las sombras parecían ir abrazándolo silenciosamente hasta que su silueta parecía perderse definitivamente.- Te prometo que ahí estaré yo... Sea quién sea a quién elijas... Y de no ser algo bueno... Seré yo mismo quien termine y devore tu corazón Fenrir... para hacerte formar parte a tí, y a todas nuestras antiguas generaciones... parte de mí. -Su voz desaparecía lentamente al igual que su silueta, como si el mismo viento se la llevase a los confines del mismo bosque.-
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Fenrir el Lun Mayo 05, 2014 9:58 pm

Un macho capaz de llevar el titulo del Fenrir. ¿Tan cruel y despreciable era el destino? Ella, hembra y mujer había tolerado por años, siglos, la real posición de tener un titulo perteneciente a un macho. Ella, desconocida para tantos y tan respetada como un guerrero de su manada y de la manada que estaba protegiendo. Ella, que lo había echado todo a perder con su estúpido capricho enfermo. Maldito el día en el cual permitió que su mente trastabillase para fijarse en un crío de Fenrir, que debía aprender de ella y no al revés. Por un instante, cuando él se detuvo ante ella como la bestia que esperaba reaccionar para así golpearle y quizás, cumplir su designio por una vez en su vida, el peso de la mano de él en su hombro hizo que la mujer abriese los ojos, sorprendida. –Por favor, no…- rogó en voz baja mientras él explicaba sus razones. No quería llegar al punto de obligar a detenerle…No quería llegar al punto en el cual ella debiese ponerlo entre la espada y la pared.- Nemhain, licano de ojos azules, que has llegado en el momento preciso justo cuando Gaia dispuso que yo debía perecer…- diría y sus dientes se presionaron viéndolo alejarse. El bosque se secaba y ese pequeño brote no era ella. Ella estaba tan rota como podrida porque su propio orgullo estaba quebrado a la mitad.

-¡Tú no sabes nada! – rugió a Setanta antes que él partiese. En sus ojos de hielo había una ira tan profunda como el abismo mismo que solo la vergüenza podía provocar. Él no estuvo ahí y gracias a los dioses que fue así. ¿Cómo mirarlo de él saber aquello que había sucedido? ¿Cómo mirarlo de saber que ella, orgullosa líder de género prohibido había actuado como una pobre cachorra quinceañera enamorada de un guardián? Se llevó ambas manos al rostro y se giró de repente, siguiéndole sus cabellos como una ola de sombras para luego volver a enfrentarle, mirándolo cara a cara como si buscase su mirada insistentemente – ¡No me des la espalda, Setanta! – reclamó, desafiante, mientras su diestra le señalaba. La paz del lugar fue envuelta por el suspiro del viento, como si Gaia misma les arrullase a ambos. – Tú no tienes idea de qué he hecho…No sabes lo que es la vergüenza… ¡Me arrancaría el corazón yo misma de poder porque cada vez que recuerdo lo que hice, me doy asco! – rugió de nuevo, cerrando sus puños en garras mientras el césped salvaje del lugar se mecía con calma. –Gaia no pide mi vida…Pero si no la entrego a ti, otro la tomará. Y ese otro será un hijo de la oscuridad que nos llevará a todos a la ruina. Quiero pelear contra él…- su voz parecía enviciada, envuelta en la fuerza de su propio ser, sabiendo que la paz que un Fenrir debía tener acababa de desaparecer para dar lugar a su sangre Ardwolf, ardiente como lagos de agua hirviendo en sus venas – Lo deseo más que nada en el mundo. Pero ¿sabes por qué? ¡Porque en el fondo sé que él acabará con mi vergüenza! ¡No puedes simplemente desaparecer para aparecer justo ahora! ¡Ahora que yo, la líder de los Fenrir ha caído en la desgracia, descuidando mi pueblo por asuntos sin importancia! – soltó un alarido y giró de repente, volviendo sus brazos al árbol que esperaba en medio de aquel lugar sargado. Sus manos extendidas se posaron en la corteza mientras sus rodillas caían y chocaban el suelo, siendo cubierta por la cascada de su propio cabello negro - ¿Qué quieres que hable con ella? ¿Quieres que pida perdón por las almas que cayeron…? ¿O prefieres que ruegue clemencia por estar buscando aprovechar la muerte de mis hermanos para atraer la atención de un cachorro? –

Entreabrió sus ojos,  ya cansada, luego de que un suspiro finalizase con su propia angustia – Te elijo a ti…Nemhain. He pensado como una cachorra desde el principio, escondiéndome de mis necesidades. He hecho pensar a las demás manadas que, como hembra, no puedo con el peso del liderazgo, a tal punto que busqué un consejero. Me he deshonrado como Ardwolf al pensar en darle el titulo sin pelea…Me he deshonrado como hembra, al buscar atraer su atención con el dolor de mi pueblo…y me he deshonrado como líder al buscar la muerte en los brazos corruptos, sabiendo que no ganaré esa batalla. – su voz estaba apagada…seria…-Dime, Nemhain…¿Aun me respetas?-
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Miér Mayo 14, 2014 6:23 pm

Una suave brisa sacudió aquellos dos cuerpos que se encontraban en el sacro lugar, donde seguro Gaia les escuchaba y observaba con claridad. Intentó dejar a solas unos momentos a Fenrir, para que ésta ordenara sus pensamientos y tuviera un momento de intímidad con su madre, en aquél prohibído y oculto santuario. Sin embargo la ira, el orgullo quebrado y la resignación cegaron aquél momento de paz, tiñiéndolo con furia. No pudo evitar detenerse y aceptar aquella mirada que Fenrir le otorgaba, su ceño comenzaba a arrugarse lentamente mientras la observaba fijamente con aquellos ojos que asemejaban la profundidad del mismo cielo. Se mantuvo en silencio... escuchándola escupir todo aquél pesar, una vez ésta hacía una pausa, suspiró y entrecerró sus ojos, sin remover su vista de los ojos ajenos.

No que te disculpes con ella, Fenrir... Sino que encuentres un último momento de paz aquí... Antes de que nuestra madre abra sus brazos para recibirte en la eternidad de nuestra Tierra... -Desvió su mirada y observó nuevamente aquél símbolo de Gaia en la tierra, aquél enorme árbol.- Antes de que yo mismo ponga fin a tu deshonra, antes de que formes parte de mí al igual que todo nuestro legado...

Es un honor que me elijas a mí, Fenrir... -Murmuró con un suspiro, y observó de plano todo el lugar, con cierta melancolía; después de todo sabía que una vez asumiera el cargo, no visitaría lo que él llama su hogar tan seguido como acostumbraba.-

Y ante tu valentía de elegirme a mí sobre la oscuridad que se cierne sobre nosotros... Te haré una petición antes de regresar. -Su mirada entonces volvía a clavarse en la destrozada mujer, sus ojos parecían abrirse como si de una órden se tratáse, y su calma voz parecía entregar aires de valor y coraje.- Haremos todo el ritual frente a nuestra manada, pero más importante aún...

Quiero que luches con todas tus fuerzas, Fenrir. Olvida tus pesares en ése último momento. Restaura tu orgullo así sea en el lecho de tu muerte. Recupera tu honor luchando como nunca lo has hecho, contra mí... Y que Gaia decida. Será mi forma de honrar tu muerte, honrar a los nuestros, y un último regalo... Asumiendo que yo venza, de no ser así, el regalo es claro... Recuperarás tu fortaleza al recordar lo que eres.

Giró entonces su semblante y volvió a dar su calmado paso alejándose del lugar, dispuesto a regresar al fuerte Fenrir.- No quiero tomar el liderazgo exterminando la vida de una líder que ya se siente muerta...

Acepto tu petición... tomaré el lugar que Gaia y tú ponen frente a mí... ¿Aceptarás tu la mía...Fenrir?

Una vez que sus palabras cesaron, cerró sus ojos y su humana silueta comenzaba aquél místico cambio hacia la forma de aquél hermoso lobo azabache, con el tatuaje de su animal guardián teñido en pelajes plateados sobre su lomo, dispuesto así a regresar al fuerte, y llevar a cabo una nueva lucha, y dar un nuevo inicio...
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Marca del Lobo el Miér Mayo 14, 2014 8:10 pm

La Ultima Era




El Presagio

“Estos son los días finales. Los signos son claros. Incluso los cachorros lo saben.
Esta es la era del Apocalipsis.
Los humanos han corrompido la tierra; destruido los Arboles; domado a las fieras; ahogado el aire; envenenado  los suelos; atascado las aguas; desencadenado el fuego eterno.

Ahora, el Wyrm se levanta, para eclipsar la luna, devorándolo todo a su paso, cazando a los cazadores.” - Hombre Lobo Apocalypsis




El sonido del viento invadió aquel sitio, moviendo las hojas como si de un suspiro se tratase. Una a una , las ramas del gran árbol se mecieron en armonía para luego, de un instante a otro, moverse con furia. El sonido de los espíritus del bosque fue ensordecedor mientras el guardián de ojos del cielo podía notar algo que no era lo correcto. Su bosque, precioso en todas sus formas, protegido por él y sus antepasados, estaba gritando para llamar su atención.

-¡Está aquí!- fue como un aullido en la mente, el cuerpo y el espíritu del guardian y de la Lider. Podían sentirlo como un nido de hormigas que sube por sus espaldas y se apodera de sus cuerpos.

El Nicromante está en territorio sagrado...Y los espíritus aun puros no dejan de gritar.









Love to LCJUNIOR @ Caution 2.0


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Oren Astvinur el Lun Mayo 19, 2014 1:58 am

La oscuridad de un bosque cuyo nombre ha perdido su significado. Una maraña de árboles que crece a cada lado, adornados de ramas retorcidas y reseca madera. El sonido no existe, convertido en un anhelo que se escapa en helados suspiros hacia un vacío famélico. El peso del cuerpo es la única realidad inexorable, la titánica ancla que marca el sitio de unión entre dos estructuras perfectamente disímiles. En aquél nexo la soledad era magnánima dueña, escudada en la espesa bruma de una húmeda noche sin luna. Un primer paso revelaba el colchón de hojas, una suave pero muerta lámina de las vestiduras de cada roble. Sin guía ni estrellas, el camino solo podía apuntar hacia adelante en una tramposa jugarreta de las circunstancias. ¿Dónde quedaba la elección? Avanzar o caer a merced de las sombras que respiran tras la espalda. Las gotas de rocío y niebla se adherían al cuerpo en una fría segunda piel, con el aire denso y cargado sofocando los pulmones en un ardiente abrazo. ¿Cómo el tiempo podía ser tan cruel de no dar fin a la tortuosa agonía? Su andar arrastrado pesaba con la responsabilidad de una vida e incontables historias, vislumbrando solo el desfigurado gris de un túnel  lleno de penas. La ilusión de dos diminutos puntos perdidos en una nube de incertidumbre, el blanco perlado que se unía a la finura del metal; los ojos de su deseo y la mirada de quien desaparece pero jamás abandona. Cuanto añoraba poder llamar su nombre ahora que el derecho le era permitido, entregarse  a los brazos de quien comprendía sin la necesidad de palabras. La negación es la salvación de ninguno. Solo entonces el relámpago surcó el espeso negro de un cielo sin nubes.

El sonido que rompía el encanto de una vigilia no invocada, despertando un par de esmeraldas que tímidamente buscaban adaptarse a la escurridiza luz. Bajo su mano se mantenía el retrato, una hoja amarillada por los años que contenía las perfectas facciones que entrelazaban la completitud de aquellos dos mundos. El recuerdo de manos negras en carboncillo, las hacedoras de tal obra, permanecía latente con la fuerza de la presencia. Sentimientos que esperan el advenimiento de cada oportunidad, aflorando en la primavera maldita de la hambruna e inseguridad. El centro de su universo se encogía a un mísero punto  que acobardado reverberaba con el único propósito de mantener el funcionamiento. El aire envolvió los pulmones y todo comenzó a fluir, el derredor tomando colores que conocía con la certeza de la rutina. El níveo de los  lirios y la fuerte coraza de un árbol que lindaba lo atemporal. La mirada del guardián buscó la altura, como si solo esta podía otorgar la verdadera clave de su posición. Facciones que ya rara vez encontraban la sorpresa de lo inesperado, frunciendo la piel en pliegues que marcaban una edad no alcanzada, el testigo del desconcierto. Una de las ramas, aquella que había sido cuna, cama y abrigo en incontables ocasiones descansaba en el suelo con la muerte grabada en su corteza, la aridez al tacto de una vida que ha sido privada. Los ojos, las sombras y el relámpago, en ese instante las causas comenzaban a hilarse para otorgarle el patrón de un nuevo panorama. Peligro ¿Quién y dónde? Un viento huracanado que sopló desde toda dirección paralizando sus sentidos más mundanos.

-Corre-
-Ayuda-
-¡Rápido!-

La mandíbula del licano se tensó con la presión del momento, la miríada de voces que se repetían en incesante eco, cada una con su razón para ser escuchada.¡Lo sé! quiso exclamar en un intento inútil por conseguir templada paz. Propósitos que no conocieron el poder de las palabras ya que nunca serían suficientes. Las formas no obedecían a sus mismas leyes. Guíen el camino,fue su único deseo, sin cortar la raíz el tormento jamás desvanecería. Solo entonces la tempestad conoció rumbo, el aíre fluyendo en un corredor que mezclaba su visión con frescas memorias. Cada paso era un nuevo despertar apabullado por un coro que no conocía freno ni armonía. La sangre amenazaba a hervir con el grito de mil clamores, todo nervio predispuesto a capturar el mínimo cambio. Sin aviso, el desasosiego colmó su ser en una visión que no conocía precedentes. La madera negra manchaba el bosque como un parasito de su policromía, nada que restase para apreciar o sentir; un agujero que ni la muerte sabe dejar. La vida que había nacido del regazo de la madre tierra y el cuidado beso de la luna guardiana yacía yerma ante su mirada. Oren, protector y consejero, mostró sus dientes a la oscuridad inminente. Las leyendas hablan que donde allí donde las sombras reinan, la luz de plata siempre llega a su encuentro, la única salvaguarda en las eternas noches. Repite lo que las historias cuentan:

“Donde el nigromante ponga pie habrá un guardián blanco esperando”
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Fenrir el Mar Jun 24, 2014 8:35 pm

Él lo había comprendido. Por supuesto que lo había hecho. El licántropo con la mirada de los cielos más profundos, guardian de los bosques vírgenes y amado por Gaia, entendía que su líder estaba agonizando. Ella misma había tomado la daga ceremonial buscando acabar así con su vida patética y su deshonra pero, algo en su interior le pedía que no lo hiciese. La muerte es una amante exigente y, como tal, comprendía que no podía terminar con su vida sin haber elegido un sucesor ¿Cómo buscar a uno entre los licanos presentes? Existía Oren, el guardían, quien ahora, por sus acciones era visto de manera negativa ante los chamanes. Existía Maya, la hija de la luna, tan sutil y suave como una flor pero, tan cuidada a la vez que desconocía la batalla en carne propia. Adrilea no tomaría el poder. La dama de los bosques había puesto sus ojos oceánicos sobre la líder cuando notó que ésta pretendía a un licano por encima de la honra de su manada. Y estaba él. Setanta, el hijo de Gaia, abrazado y amado por ella. ¿Cómo puedes mirarle a los ojos ahora, Fenrir? No, ese nombre ya no debe ser usado por ti. ¿Cómo puedes verle a los ojos, Aia? ¿Cómo te atreves ahora a hacerlo?

-Estoy muerta…es cierto- Su voz cual letanía palpitaba a la par de su corazón pero, cual roble erguido una vez más, con su cabellera espesa y negra balanceándose en hebras de ébano, la mujer clavó sus ojos en los ajenos y el vestigio de una sonrisa se dibujó en sus labios – Pero no olvides que antes que Fenrir, fui Ardwolf. Y como tal, nunca daré mi título sin pelear – entrecerró sus ojos con soberbia, esa que por tanto tiempo se había ocultado en las capas pesadas de sus mil máscaras. –La muerte es un regalo, querido Nemhain. La muerte siempre ha sido mi regalo. Y por Gaia, no me ejecutaré a mí misma. Aun tengo algo de orgullo y dignidad en mis venas- diría mientras su entrecejo se veía ligeramente arrugado. Pero entonces las hojas de los árboles se agitaron como si una fuerza descomunal viniese, gritando con la voz de mil muertos. Aia abrió los ojos y cortó en contacto visual con Setanta, girándose en sí misma para buscar la razón de aquello. Los bosques hablaban con voz de hombre y tal como si estuviese expuesta al más cruento frío ártico, su piel se erizó así como sus cabellos. La mirada penetrante de la loba de otra manada buscó en medio de la oscuridad que comenzaba a cubrirlo todo - ¡Caius! – gritó su voz partiendo su garganta para entonces formar sus manos las garras con sus dedos.

Dos opciones…dos caminos. Si Caius peleaba con ella, la manada corría un riesgo de muerte. Si ella ganaba, todo estaría bien pero si Aia no lograba contrarrestar la fuerza demoniaca de ese ser y él ponía sus dientes sobre su corazón palpitante, el linaje de los lideres pasaría a él así como la bendición de la Marca del Lobo.

-Setanta ¡No hay tiempo! – dijo con voz ligeramente teñida en temor. - ¡Él está aquí!
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Maya Khandrá el Mar Jun 24, 2014 9:02 pm

Las hojas caen con el otoño que se acerca mientras la caricia del viento recorre el mundo como si fuese propio. Desde que la sangre sagrada de los Fenrir ha tocado el suelo de Gaia, la vida y la muerte han tenido nuevas formas ante los hijos de la luna. Seres que no son hombres y tampoco son lobos. Extraños seres que dejaron también de ser espíritus. ¿Qué son los Fenrir? La forma quimérica de esas tres existencias en una sola. Y dentro de ellos ¿Qué lugar ocuparía la joven elegida para ser un oráculo en aquel mundo? Era el medio entre la vida y la muerte; entre la luz y la oscuridad.  

El tono de la noche cae sobre la tierra, tiñéndole de azul y añil como un velo sagrado y místico que todo lo envuelve y todo lo abraza. Una malgama de formas de diferentes colores se mecen como si estuviesen bailando entre sí en perfecta armonía. Formas que por instantes adquieren brazos y piernas, cabellos y torsos, para luego volver a ser nada ante los ojos de quienes las observan.

La cabellera está suelta, libre al viento, como sus ropas, meciéndose como una espectral forma abrazando las curvas femeninas de su cuerpo. A su alrededor existe un público que lejos está de ser reconocido por el mundo. Su voz es un tintineo que genera la melodía que logra aquietar el espíritu mientras esas figuras danzan a su alrededor, casi invitándole a bailar también. Maya camina de un lado al otro, sintiendo sobre la piel delicada y desnuda de sus pies  la aspereza de la tierra; pasando por entre sus dedos, aplastando la hierba. Es como la sirena que atrae a los marineros perdidos en alta mar para luego obtener de ellos su voluntad. Aquellos capaces de escucharle no pueden no caer en un estado diferente, como si algo dentro de ellos reaccionase a esa voz milenaria que toca la tecla perfecta del inconsciente. Ese canto es como las invocaciones de los chamanes, solo que carece de letra y partitura. No hay palabra, más que tarareo; no hay sonido que no sea el del mar o el océano. Es una sirena, una ninfa de la melodía capaz de envolver con su glorioso hechizo los seres que se esconden en el velo de la noche, justo en el mundo del más allá.

“Ellos” han respondido a su llamado, y lo demuestran ahora con sus ojos firmes posados sobre la figura joven y delicada de la flor de la Luna. Podrían ser hombres, mujeres o niños, pero en el mundo de los muertos, toda visión de lo que fueron, desaparece. ¿Qué sienten cuando cruzan el temible umbral, volviéndose seres desencarnados en un terreno incierto? La mujer de cabellera roja como la sangre cayendo sobre sus hombros y espalda mantiene la mirada en aquellas formas sin forma, y entonces, las llamas se mecen con más brutalidad de repente.

-Habla…-
-Canta…-

No hay letras en su canto, solo tarareo. Aquella voz que mueve el mundo natural de las sombras y de la luz. El ‘canto de la sirena’ así le dicen, porque es capaz de hipnotizar a quien le escuche, recordándole cualquier cosa que haya quedado olvidada en su mente gracias a su contacto con la vida mundana. La sombra frente a Maya reacciona acercándose y aquella silueta parece más enorme de lo que era a lo lejos cuando está a su lado. En ese rostro vacio, los ojos grises brillan por un momento y en donde debería estar su boca aparece el rastro de una sonrisa. Extiende sus manos para así tomar su rostro en un gesto que parece llenarle de un placer malsano cuando algo a su alrededor hace que su propia energía se contorsione. La sirena ha dejado de cantar y todos los espíritus a su alrededor se quedaron congelados.

-Él está aquí –

La voz que susurra es la de la sombra que siempre le acompaña. Sus ojos ahora han adquirido el color verde de las esmeraldas mientras vuelve su mirada a su alrededor. Maya no parece entender qué ha pasado, pero busca una explicación en él…o en ellos.

-¿Quién es él? – ingenua voz de sirena, inocente y cegada al mundo que le rodea. Aquel espíritu se inquieta, moviéndose con furia a su alrededor como si se tratase de un animal enjaulado – No debe tocarte. Nadie debe tocarte…-

Aquel espíritu busca que ella se aleje pero, en tanto, los demás le piden que camine por los senderos de los bosques. No hay chamanes para protegerla ni formas que fuesen ajenas a su canto. Ella estaría sola, pero aun así, debe acudir. Gaia invita a sus hijos esa noche para presenciar el cambio.

-Debes ir…-
-Debes seguir nuestra voz.-
-Hija de la luna, no huyas del destino.-

Si bien teme, sus gestos no demuestran nada. Sus labios se han presionado mientras sus ojos azules siguen el camino que las formas le muestran. –Debo ir…- se disculpa y comienza a caminar. El espíritu se inquieta una vez más, negándose a que ella, la sirena, caminase al mismo punto de encuentro que ese ser. Sin embargo, no hay nada que pueda hacer. Él no controla las acciones de la licana quien, ahora, es llamada por un canto más fascinante e hipnótico que el de su propia voz. Es Gaia la que le ha invitado a una cita donde la muerte acudirá también.
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Re: Aullidos de dolor

Mensaje por Nemhain Setanta el Jue Jun 26, 2014 2:04 am

Aquél lobo azabache, cuyos tatuajes en aquella forma no eran más que bellas figuras totemizadas y plasmadas en su lomo con tonalidades de platino. Escuchó con atención las palabras de Fenrir... al menos en sus últimos momentos la líder recobraría su orgullo, y tendría una muerte digna de una guerrera. Nemhain respetaba eso, y procuraría que su última batalla fuera gloriosa. La serenidad y conformidad del lobo que ahora iba a plasmar paso de regreso al asentamiento junto a su manada se vió interrumpido por la alerta de sus bosques... Aquél constante grito de terror, y la oscuridad que se plasmaba en sus sacros suelos erizaron el lomo de aquél lobo, sus fauces se mostraron en señal de furia, y sus azulinos y profundos ojos vieron unos segundos a su actual líder, solo para luego dar un potente aullido de furia y reconocimiento: Aquél sonido que da a entender a cualquier lobo que no está solo, advirtiendo así su presencia; Fue en medio de aquél aullido que la forma de aquél lobo volvía a cambiar, sus patas se hacían más humanas y su torso se enderezaba ligeramente.
El tamaño aumentó considerablemente mientras éste se erguía en dos patas, su rostro más canino que humano observó de reojo a Fenrir; La forma Crinos en Setanta se había hecho presente.

El sonido y los gritos de terror y alerta que los mismos espíritus y en sí... el bosque, su madre Gaia le resonaban en sus tímpanos solo parecía alimentar aún más el creciente fervor de la batalla por venir.

No hay tiempo... Pero éste insulto no pasará desapercibido... -Murmuró con una voz que parecían más gruñidos que palabras, la voz de la misma bestia.-

Nadie... ¡NADIE ENSUCIARÁ ÉSTE SACRO LUGAR! -Gritó entonces al momento que de un salto su silueta se adentraba nuevamente en el bosque, la noche le acunaba... La luz de Selene iluminaba su sendero... Gaia abría sus puertas en aquél bosque. El guardián abrazado por la misma naturaleza comenzaba a moverse en su propio territorio, sintiendo el constante grito de su Madre.-

"Un traidor del Wyrm... Te acabaré con mis propias fauces..." -Pensó mientras su rápido correr parecía no concordar con el tamaño de su fase Crinos, puesto que el sonido que éste provocaba en su propio bosque era nulo... Un espíritu más de azulina mirada. Una sombra rastreando la corrupción y un olor en específico... El Wyrm se hacía notar, y Setanta lo encontraría.-
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Re: Aullidos de dolor

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