De maître à ennemi [Privada Donovan]

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De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Gabrielle d'Enfant el Vie Ago 30, 2013 3:59 pm

Sucesión de tiempo, días interminables de inmortalidad, el tedio proscrito de un sin fin de cortesías y protocolos que detestas, que desearías tirar de lado solo para ver la rígida estructura de los Donovan caer cual ídolo de barro, sucio, cubierto de la podredumbre mundana, tocado por la peste que ellos mismos designan indigna de su persona. ¿Cómo fue que Ballard pensó que alguien como tu -libre, aventurera, rebelde- encajaría en la estructura formal de aquel clan de estirados aspirantes a realeza elitista?. Has soportado mucho, décadas encerrada en esa rigidez que te empeñas en romper cada que puedes, desafiando a todos, incluyendo a Donovan mismo, el líder, el "todopoderoso" vampiro que rige el clan, y a su insulsa auto nombrada "reina", la misma para la cual, Ballard tenía intenciones de doblegar tu carácter y entregarte a su servicio tras acobardarse y frenar sus planes iniciales. Sobra decir, que hasta el día de su muerte, jamás lo consiguió y nunca existirá ser que logre hacerlo. El ambiente de esa noche es lúgubre, no hay luna y la oscuridad envuelve todo; el tipo de noches en las cuales te deleitas vagando por las ciudades, aumentando la histeria y el temor a lo desconocido, provocando, bebiendo de simples humanos sin importarte la rigidez de las reglas del clan.

Todo es demasiado lúgubre y autoritario para tu gusto; pero esa noche en específico, permaneces alejada, observando indolente por la ventana del amplio estudio donde Donovan te ha citado sin saber por qué. Tu mente viaja tiempo atrás, al último momento de vida mortal, cuando Ballard por fin decide ser franco contigo y devela el verdadero motivo por el cual posó la inmortal mirada en tu persona. No encajas con el perfil del Donovan común, ¿por qué no un Raphael?, siendo aguerrida e independiente, la rigidez del clan de tu Sire sería una condena perpetua. Suspiras largamente, por un segundo, la arrogancia se pierde en la contemplación del pasado, del futuro que te fuese arrebatado por culpa de los escrúpulos de Ballard. Imbécil, si tan solo se hubiese apegado al plan, los Donovan serían realmente, los vampiros que deberían ser, en lugar de los afeminados vampiros que eran.

-Mas vale que sea algo bueno Donovan, estás interrumpiendo mi cacería por permanecer aquí, esperando que te dignes a aparecer-

El siseo bajo reverbera en la estancia mal iluminada, con el frío viento colándose por cada resquicio; escuchas atenta cada sonido, dispuesta a no dejarte tomar por sorpresa ante la aparición intempestiva del hombre. Resoplas algo irritada, si llegase a presentar ante ti a Úrsula, bien puede irse de narices, por que no permanecerás un segundo más ahí, si encima de tolerarlo a él,tendrás que cargar con "la reina" del clan. Respiras profundo, ese odio hacia todo Donovan que te corroe terminará por hacerte dar un paso en falso y caer para deleite de todos aquellos que esperan el momento. Hay demasiado en juego, tu sí llevarás a cabo aquello que Ballard tanto temió hacer; después de todo, ¿qué puede perder alguien, que no tiene nada que perder?.

Donovan:
Lamento lo cortito del post, no buscaba como iniciar y ando en modo "absent"... El siguiente será mejor, !promesa!
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Donovan el Mar Sep 03, 2013 5:23 pm

-Olvidas que puedo escuchar lo que dices, viuda- dijo en voz alta el temible Líder Donovan. Sus pasos resonaron en un eco profundo mientras emergía de las temibles sombras que parecían envolverlo todo. Parecía estar solo pero con Donovan, nunca se sabía. Se decía que existían en la perpetua oscuridad temibles ojos rojos que vigilaban cada uno de sus pasos. Estaba protegido de cualquiera que quisiese hacerle daño y que solo el tonto sería capaz de permitir emerger de su madriguera la más ínfima amenaza ante aquel que ahora lideraba el clan. Su mirada era altanera y sus gestos soberbios. Parecía que miraba más allá del alma a todo aquel en quien posaba sus ojos ponzoñosos y constantemente ponía en evaluación a los incautos que estaban a su merced. En este caso, la mirada de Donovan ya no era del todo pétrea. Poseía una ligera sonrisa en sus facciones de hielo, mientras sus ojos de cristal continuaban fijos en la mujer que esperaba ser atendida por él. Ella, la dama de cabellos de fuego y lengua de serpiente ¿Cómo pospuso por tanto tiempo tal sublime encuentro? – Me han puesto en conocimiento que trajiste un nuevo macho del cual alimentarte – empezó a decir, mientras cerraba la puerta tras de sí, envolviendo en soledad aquel sitio, donde solo se encontraban él y ella en esos momentos – Te advertí que no toleraría ese tipo de comportamientos, viuda. De por sí es asqueroso que te creas digna de convertir a alguien pero ¿Matarlo? – susurró. Su voz se notaba cansada, casi como si hubiese aguantado demasiado tiempo en su garganta tal reclamo. La mirada de Gabrielle era preciosa, pero tenía algo que le causaba más que malestar. En varias ocasiones bien habría pedido a Stefan que la rebanase ante él para su diversión y en momentos como ese, realmente no entendía por qué nunca lo hacía.

-¿Cuántos han sido? ¿Hum? – Su ceño estaba fruncido y sus ojos clavados en ella, casi esperando una sola respuesta de su parte que le diese la excusa perfecta de borrar la linda sonrisa altanera de la bruja de sus facciones de mármol – Este nuevo es el ultimo. Aprenderás a vivir con él; te entregarás a él; adoptarás un maldito cachorro con él y morirás a su lado. Serás tan feliz con él que si no te veo sonreír en el instante en que te cruces conmigo, mandaré a que someta hasta que sonrías. Si me entero que le has hecho lo mismo que al resto, bruja, te arrancaré los dientes y te someteré a la abstinencia- mientras hablaba, se acercaba peligrosamente a ella. Sus ojos estaban cubiertos por un tinte carmesí que envolvía el color diamantino de sus irises. Parecía una bestia esperando el momento preciso para saltar a la yugular de su presa - ¿Quién te has creído que eres? – hablaba lento, bajo, realmente arrastraba sus palabra pero sus ojos no se separaban un instante de la mirada esmeralda de Gabrielle –Deberías besarme los pies por no mandarte a someter ahora mismo. ¡Has matado a tus propios hijos y a tu sire! – su grito resonó en todo el salón luego de haber hablado tan bajo. Sus cabellos cayeron apenas sobre su frente de mármol y sus muelas estaban presionadas tanto que la forma de su rostro se marcaba aun más - ¡Debería estar arrancándote los colmillos ahora mismo para luego tirar tu cuerpo inútil a los perros!-
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Gabrielle d'Enfant el Miér Sep 04, 2013 9:21 pm

Donovan, pequeño, estúpido y predecible Donovan. Su voz, sus pasos, su misma actitud grita la frustración y el hastío que le provoca tu presencia, sabes muy bien que si por el fuese, a estas alturas estarías convertida en cenizas, pero claro, Ballard no fue idiota, las promesas de sangre son sagradas y hasta el mismo líder del clan las respeta, aunque ignore realmente, que la llevó a cabo.

Una sonrisa felina, taimada y astuta se dibuja en tus labios rojizos, los cuales relames con el mismo deleite que tinta tus orbes celestes, estás muy divertida por la situación, no puedes negarlo; hasta el reclamo por la muerte de tu Sire te causa mucha gracia por el simple hecho de que el mismo Donovan, de saber el favor que le hiciste, tendría que admitir que le salvaste el pellejo. Una fresca, suave, burlona y cristalina carcajada escapa de tus labios apenas termina de hablar, sintiendo su presencia demasiado cerca, su ira, su enfado, las ansias asesinas de convertirse en el ejecutor de uno de los suyos. Y es que tu eres su némesis, la piedra en su zapato, la Erinnia que lo atormenta para únicamente divertirse.

-¿Terminaste ya?-

Musitas con esa misma frescura irreverente, empujando suavemente la frente del hombre hacia atrás con el dedo índice, apartándote de su camino mientras recorres la amplia estancia con paso delicado y elástico, una verdadera sombra de exquisita textura danzando entre los pequeños haces de luz que salían de las velas y lámparas añejas como todo aquello que existía en aquel lugar.

-Para iniciar, Donovan, nunca he seguido el protocolo y no pretendo hacerlo ahora. Andrè llegó apenas ayer si, pero si me aburre mañana, lo dejaré totalmente seco para el atardecer; eres bienvenido a probar su sangre, es demasiado dulce para un hombre. Si tu quieres ser un eunuco dominado por su hembra, adelante, se feliz de esa manera. Pero nunca, jamás, pidas sumisión de mi parte, para con un maldito e inservible macho-

Un suave aunque enérgico giro, los bajos del faldón que llevas sobre los pantalones de cuero se abren en abanico dejando ver parte de tu silueta armónica y perfecta, tensa y lista para saltar sobre quien siguiera incordiando tu existencia. Resoplas hacia Donovan con socarronería, sonríes con cierto desagrado y hastío, volviendo tus pasos hacia él y clavando los orbes zafiro en el vampiro, intensos y firmes, sin ápice de temor o incluso, arrepentimiento; sabes que él mismo puede matarte con sus propias manos en cuanto lo desee, pero claro, no le será tan fácil.No le temes a Donovan, no le temes a nada, ni siquiera a la muerte misma, que sigue iracunda por que te arrancaron de sus brazos.

-Seguiré haciendo esto las veces que me plazca Donovan, ¿quieres arrancarme los colmillos?, ¿quieres deshollarme viva?, ¿quieres lanzarme a la hoguera como la bruja que dices soy?... Adelante, hazlo, pero eso no quitará del medio, el hecho de que no pudiste ni podrás dominar a alguien como yo... Eso te enoja, ¿cierto?, tener a una hija que no baja la cabeza ante ti, que no te teme, ni a tu insulsa reina... Hm... En lo personal, hubiese escogido a alguien menos... Narcicista-


Siseas con frialdad, apartándote un paso y sacudiendo la pelirroja cabellera, mirando por el ventanal la luz de la luna que baña todo a su paso; a lo lejos, el potente aullido de un lobo te hace sonreir.Si, definitivamente, tu debiste ser abrazada por un Raphael, o en el peor de los casos, maldita por un Lycan.
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Donovan el Miér Sep 04, 2013 9:57 pm

Las voces parecían danzar en aquel encierro mientras el Lider y la súbdita discutían. Si había algo que él no toleraba aparte de su mera presencia, era su voz siempre aclarando que ella no se sometería. Había pensado en ocasiones enseñarle modales pero Gabrielle muy a pesar de sus intentos, jamás logró molestarle hasta tal punto. Nunca pasaba más que amenazas entre ambos; rara vez seguían mirándose luego de que él la echaba de un lugar, accediendo ella a cuidar su cuello, saliendo sin dejar pasar una última frase ponzoñosa de su temible lengua de serpiente. Pero ahora él iba preparado para una respuesta así. Casi la había planeado en su mente. Se había sonreído y él sabría que lo haría. Gabrielle, esa arpía de cabellos rojos y mirada esmeralda siempre sonreía por el solo hecho de hacerle enfadar. Cuando ella habló, él volteó apenas la mirada, manteniéndose de espaldas, mientras sus ojos se clavaban en la piel porcelana de esa prostituta. No era más que eso para él. Y se lo haría notar en ese preciso instante. Escuchó sus palabras, chocando contra él y su mirada aun así tenía algo extraño, marcado y manifestado en sus ojos. Estos parecían brillar ante la penumbra. Y por alguna razón que nadie entendería, la mirada de Donovan, si bien carecía de la sonrisa de sus labios, parecía extraña y perversamente satisfecha. Pasó su lengua por el labio superior de su boca y entonces, detrás de la puerta del ambiente se escucharon pasos. Eran varios pares de pasos, todos detenidos frente a la misma. Pero aun así, la puerta no se abrió, no se abriría aun.

Él se volteó y sin medir distancias, acortó el escaso espacio que le separaba de ella en un místico movimiento que pareció transmutar su cuerpo escasos segundos en las más profundas tinieblas. Y emergiendo de éstas, sin perder del todo su forma, a puño cerrado, el Líder Donovan le dio un fuerte golpe en el rostro, buscando mancillar la piel pálida de la hembra justo en los labios – Te voy a enseñar a respetarme, viuda – diría él, sin siquiera mostrar el menor problema ante aquel acto cobarde de macho sometiendo a hembra contra su voluntad. Atrajo el puño con el cual le había golpeado, lamiendo con la punta de la lengua el frente de su mano dónde había un tinte carmesí de los labios de ella…o quizás el rouge que usaba para delinear su exquisita boca.

–Te he dejado hablar demasiadas veces. Sé que no te importa la muerte... Tu estúpida forma de actuar me lo ha dejado más que claro…– empezó a decir mientras le miraba, caminando levemente hacia atrás, dándole la espalda por un instante para luego volver a mirarle –Pero hay cosas peores que la muerte…y yo las conozco todas – susurró él arrastrando sus palabras. No había más que el sonido de sus pasos y la expectación de los fantasmas que acudían a ser testigos de ese encuentro. Entonces, se detuvo frente a la mujer. Levantando su diestra, le mostró una alianza que llevaba con orgullo en el dedo anular de su mano derecha. No era la alianza de compromiso, no. Esa iba en la otra mano. En su diestra llevaba un anillo de plata tallado con la marca del escudo Donovan. Ese mismo anillo se lo había quitado al anterior líder y ahora lo lucía él. – Cuando la gente te ve, piensa: Esa es la viuda que desafía al Lider ¿Lo sabías?-

Así que eso era lo que había detonado la furia de Donovan. Alguien le había marcado que ella faltaba a sus órdenes y si había algo que él no toleraba jamás, era la burla. Menos de una cualquiera como Gabrielle. – A partir de ahora, eso cambiará. Cuando te vean, todos diran: Esa fue la estúpida ramera que creyó que podía burlarse de Donovan…- Sus ojos se clavaron en la mujer, mientras se quitaba el anillo. Con la llama de uno de los candelabros empezó a calentarlo. – Cuando te vean, tendrás mi marca en ti…Una de tantas…- Donovan, el pétreo hombre de hielo que nunca demostraba absolutamente nada. En esos momentos, sonreía. Sonreía de una forma capaz de congelar el alma y causar real temor a quienes eran capaces de despertar aquel lado tan oscuro de su ser. Y entonces, sin decir más su figura empezó a volverse humo. Niebla negra, como si fuese consumido por las sombras, primero los pies, luego los brazos, y luego, todo su ser se había desvanecido.

Por cuatro segundos pareció como si ella estuviese completamente sola en el cuarto, y entonces, detrás de Gabrielle, una mano la tomó por el rostro, echando hacia atrás el mismo , buscando exponer por completo la palidez de  su cuello mientras que la otra le colocaba el anillo con el sello de Donovan al rojo vivo directo en éste. Su piel de mármol, sobre las marcas de la conversión, sobre las cicatrices de su Sire- ¿Terminar? No...– susurró él con extremo placer directamente en el oído de ella, mientras sus ojos se teñían del rojo intenso de la sangre y soltaba su aliento sobre la piel de ella - Estoy comenzando-
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Gabrielle d'Enfant el Miér Sep 04, 2013 10:44 pm


Todo acto tiene una consecuencia, incluso las palabras que se deslizan cual veneno por las heridas abiertas, pueden acarrear una hecatombe como resultado. ¿Temes en realidad el tipo de reacción de Donovan?. No, claro que no; él puede doblegar tu cuerpo, hacer que te arrodilles en partes, pero nunca, jamás, logrará doblegar a la amazona que llevas dentro. Un suave y tenue resoplido burlesco escapa de tus labios tras su primer movimiento, más etéreo que la neblina de la madrugada -esa que corroe hasta los más ínfimos rincones de los páramos helados-; esa clase de "trucos" ya están demasiado vistos, aunque en tu interior, sabes bien que es la antesala del infierno, has desatado una furia ancestral y estás orgullosa de ello, después de todo, ¿quién puede jactarse de haber llevado a Donovan a los límites de su propia pasividad?. Elevas el mentón de forma desafiante al tenerlo frente a ti, emergiendo de las sombras; apenas tienes tiempo para reaccionar, el golpe estalla en pleno rostro, la fuerza del mismo te obliga a retroceder un paso y bajar la cabeza hacia un costado, tomando una gran bocanada de aire tras el incidente, pasando la punta de la lengua por la herida abierta que manaba aquel elixir precioso. Lentamente llevas la diestra al sitio exacto del golpe, tiñendo la punta de los dedos de carmesí brillante; tu mirada se transforma, la burla de segundos atrás da paso a la más fría y absoluta ira, al desprecio más intenso por aquel que ha osado mancillar la blancura de tu piel con sus impías manos.

-Maldito hijo de perra-

Siseas en voz baja, a sabiendas que él va a escucharlo; afuera, el murmullo de varias voces y pasos que se congregaban en la entrada te distrajo lo suficiente para permitirle al hombre alejarse mientras con el dorso de la mano, limpias la sangre que brota provocativamente; de ser otro el momento, habrías disfrutado de ello con verdadero deleite, incluso te habrías mofado de él sin piedad, pero ahora... Ahora había más que solo palabras en juego: Ambos se han desafiado. Sus palabras horadan tus sentidos, el frío aguijón de la ira comienza a picar en blando, hallando tu cuerpo más que dispuesto a responder con agresividad, tenso, preparado para saltar sobre Donovan y arrancarle la cabeza.

-Puedes condenarme Donovan, puedes intentar doblegar un cuerpo inservible, pero jamás tendrás el mínimo respeto de mi parte. Hagas lo que hagas, siempre seguirán pensando en mi como la única con las agallas suficientes para desafiarte-

Siseas, irguiéndote en la totalidad de tu estatura, el cuerpo firme y esbelto, tenso y atento a la menor provocación. Observas al hombre moverse, haces una ligera mueca de hastío ante la sortija que lleva y que, con parsimonia se quita y calienta al fuego de las velas; retrocedes un paso y llevas la mano hacia la cintura, entornando la mirada cuando el cuerpo se desdibuja en una negra y espesa sombra, desapareciendo lentamente. Por un instante, giras en derredor, atenta y vigilante, la desaparición de Donovan no presagia nada bueno y, aunque aquella situación te divierte, la tensión puede palparse en el ambiente. Un leve jadeo de sorpresa escapa de tus labios entreabiertos, la mano del vampiro aferra firmemente tu rostro desde la oscuridad, volviendo corpórea la sombra, obligando a dejar aquel inmaculado cuello al descubierto para después mancillarlo con aquel hierro candente. Un grito surge de tus labios conforme la piel se consume y queda grabada, tu cuerpo se tensa y pelea felinamente por liberarse; la diestra se dirige a tu cintura bajo el abrigo, sacando una daga perfectamente afilada que, sin dilación diriges al brazo que te sostiene hundiendo su hoja en él y apartándote en un giro, cambiando de sitio la daga, lanzando con la mano opuesta, una estocada al rostro destinado a dejar marcadas aquellas facciones de mármol pulido. Retrocedes sin darle la espalda, con aquella marca roja en el cuello escociendo, la respiración agitada y la ira asesina, pintada en los hermosos y expresivos orbes zafiro.

-No seré la única en llevar marcas Donovan. Te acordarás de mi el resto de tu maldita existencia-
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Donovan el Vie Sep 06, 2013 10:27 pm

Los dientes del temible servidor de la noche estaban tan apretados como si tuviese entre sus muelas un trozo de carne putrefacto de esa mujer que tanto detestaba. Pero su gesto usualmente helado como la nieve, ahora sonreía en una mueca realmente desagradable. Aferraba con sus dedos clavados en la piel de la mujer a esa  bruja de cabellera escarlata mientras veía y aspiraba el miedo y el dolor que escapaba de cada uno de sus asquerosos poros. Eso le hacía sentir tanto placer que de no ser ella aquella a la que doblegaba, posiblemente se habría olvidado un instante del amor que le ataba a su esposa, cediendo a la lujuria del poder. ¿Había amante más poderosa que el poder sobre otro? Donovan se había enamorado de esa sensación de superioridad desde el instante en que mordió al antiguo Líder y tomó su puesto como nuevo representante de los oscuros. El poder que abrazaba ahora mientras torturaba a la fiera inmunda que se había atrevido a contradecirle. Pero, era Gabrielle. No había belleza capaz de compensar el asco que ella despertaba en él. Era una mujer preciosa pero desagradable. Pensar que había matado a su Señor para luego convertir y liquidar a sus vampiros le revolvía el estomago, casi tanto como la presencia nauseabunda de ella.

Sin embargo, ahí estaba, riendo mientras sus dedos se clavaban en el rostro de ella y su otra mano marcaba en su piel blanca el sello de Donovan. Escuchó su réplica, orgullosa hasta el final y sonrió con más sadismo, casi como si se hubiese planeado cada uno de los vocablos que emergerían de sus pútridos y perfectos labios rojos – Jajaja oh, viuda. ¿De verdad crees que me importa que me respetes? Puedo vivir sin tu asqueroso respeto, pero viviré haciéndote pagar cada una de tus burlas por el solo hecho de divertirme – susurró él en su oído mientras la aferraba como una fiera en celo, acercándole más y clavando sus dedos en el rostro precioso y níveo de ella –No eres más que mi prostituta, zorra inmunda… - Fue en ese instante cuando ella se liberó de él, haciéndole sentir el filo de la hoja de su daga justo en el abdomen del Lider oscuro. La mirada de aquel no se movió un palmo, no cambió un milímetro mientras la punta de la daga abría un corte justo en su mejilla. Armada, claro. Como toda araña armada con su veneno. Infame y traicionera como una vil serpiente. ¿Por qué no la había matado antes? ¿Qué llevaba a Donovan a mantenerla con vida? En ese momento, mientras miraba con sus ojos transparentes la forma fiera de aquella mujer y un hilo de sangre corría por su propio rostro, evaluó aquello. Podría matarla ahora, en ese instante y la justificación estaba en su mejilla cortada. Habían muerto tantos por menos que eso. Pero entonces entendió que eso no era más que hacerle un favor. Matarla era hacer que ella se liberase de todo el dolor que en vida pudiese obtener ese cuerpo mancillado por el uso – No, Gabrielle… - elevó él su voz llamandole por su nombre por vez primera, mientras todo rastro de emoción desaparecía de su rostro. Le miraba tan apático que era como si estuviese viendo un trozo de nada frente a él, incapaz de despertarle la menor emoción – Yo no me acordaré de ti. No eres nada para mí. No eres más que una inmunda callejera, perra…inferior a la basura. Una zorra que necesita hacerse notar, llamar la atención de alguna forma porque con tu cuerpo inservible no logras cautivar más que a los tontos que te siguen y luego devoras – empezó a decir mientras levantaba su mano diestra a su propia mejilla y posaba sus dedos en ésta, sintiendo el aroma de su propia sangre. Sus ojos destellaron un instante en un tono carmesí que bordeó sus irises y luego volvió a clavarlos en esa mujer frente a él –Estoy más que seguro que tú te acordarás de mi, aun así. Cada instante que sigas viviendo; cada vez que despiertes en tu tormento y te duermas abrazando tu inmundo ser. ¿Y sabes por qué? Porque esta marca que me hiciste se irá. No soy un licano, mujer estúpida. Pero lo que yo te haré te acompañará el resto de tu vida o…no- vida. – diría, sin siquiera sonreír. En ese instante, la puerta detrás de él se abrió en un sonoro golpe. Tres parejas de  soldados cubiertos de armaduras de color gris ingresaron al lugar, levantando en sus manos lanzas que le superaban una cabeza su altura. Solo el sonido de los pasos se escucharon en el recinto cuando éstos rodearon a la mujer con sus lanzas colocadas firmemente frente a ellos. Donovan sonrió viendo a Gabrielle a los ojos –Esta hembra ha faltado a mi autoridad y ha osado levantar su mano contra mi – dijo él sin siquiera volver la mirada al Líder del grupo de soldados. Su mirada estaba posada en ella, con una leve sonrisa en sus labios pálidos – Como castigo, yo, Donovan, señor de los oscuros les ordeno que cada uno beba la sangre que tan preciadamente guarda en su asquerosa forma de carne. Y cuando hayan saciado su sed, sacien también su lujuria con su cuerpo – agregó, sacando con su diestra un pañuelo blanco del bolsillo con el cual limpió el tinte carmesí de sangre que teñía su propia mejilla. Su mirada helada estaba posada en la ninfa de fuego, atravesando a Gabrielle y disfrutando por ella, sabiendo que no podía someterla a peor ultraje para una mujer orgullosa como ella – Pero no la maten. Quiero que viva, sabiendo que yo soy su dueño y hago con ella lo que me plazca, porque no es más que una mascota para mí. Y quiero que cada instante de su mísera existencia, lo recuerde. – empezó a decir mientras le volvía la espalda, dispuesto a salir por la puerta, dejando el espectáculo que se llevaría a cabo atrás como una diversión perversa que no quería observar – Y cuando termines con ella, Fredrick, envia a maten a su nueva adquisición. No quiero un vampiro celoso dando vueltas por la fortaleza. - susurró finalmente al Lider de la comisión de guardias.
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Gabrielle d'Enfant el Miér Sep 11, 2013 10:34 am

Tu rostro se crispa conforme el tiempo pasa, tus facciones denotan el enfado que te envuelve mientras la herida escoce como recordatorio del ultraje recibido. No, definitivamente Donovan pagará caro todos y cada uno de los golpes recibidos y los que vendrán; no sabes como, ni cuando, pero lo verás retorcerse a tus pies. Resoplas suavemente y miras al hombre la mejilla sangrando, manchando de carmesí su camino, el mismo elixir que tiñe la daga que tienes en las manos; lentamente, en un nuevo acto de desafío lames lentamente la sangre de la hoja, paladeando el sabor de aquella sangre "preciosa" que todos parecen venerar. Suspiras largamente y cuando su voz resuena en el lugar con el laconismo, simplemente te cruzas de brazos escuchando sus palabras con una sonrisita ante los insultos, mas sin embargo conforme sus palabras cobran el matiz de sentencia, las delicadas lineas de tu rostro adquieren la textura de la piedra; cada uno de tus movimientos adquiere un tinte tenso y furioso, tu mirada se tiñe del carmesí de la ira, cualquiera diría que estás dispuesta a saltar sobre Donovan y arrancarle de un tajo, la presumida y vacía cabeza.

-No cuentes con eso-

Siseas suavemente, aprestando la daga nuevamente, haciendo un suave amago de movimiento que se ve cortado por la intromisión de la guardia en el recinto. Claro, ¿cómo no predecirlo?, Donovan es incapaz de manejarte solo, siempre tiene que ser Stefan o su patética guardia la que refrene tus avances; la voz del vampiro se deja escuchar en medio del silencio, tu rostro palidece de ira apenas pronuncia aquella sentencia, ¿en realidad espera que tu, Gabrielle d'Enfant, la famosa "Viuda Negra", acepte aquello sin más?.

-Primero muerta Donovan, que convertirme en mascota de alguien que es incapaz de llevar a cabo por sus propias manos, un castigo-

Gruñes aquellas palabras, la ira comienza a cegar todo entendimiento, varios soldados te miran y sonríen con el deseo pintado en sus asquerosos rostros, ¿cada cuanto se les presenta la oportunidad de ser partícipes de un castigo que involucra beber la sangre de alguien a quien nadie más que los que ella escoge, logran degustarla con un fatídico final?. Giras en redondo lentamente, mirando fijamente a cada uno de los guardias que presenta firmemente la lanza ante ti, te tienen cercada y Donovan se marcha triunfal. Hm.

-Si ellos logran ponerme un dedo encima, Donovan, por la memoria del primero, nuestro padre, juro que caerás de tu pedestal, te veré agonizar de dolor ante la suerte de tu reina, beberé tu sangre antes de arrancarte la cabeza y colocarla en mi repisa. Nunca olvides Donovan, que doblegando el cuerpo, enardeces el espíritu... Ballard lo hizo y ya ves como terminó-

Siseas cada palabra con el desprecio que sientes hacia el hombre; Él ha dictado su sentencia, pero tu también has dictado la tuya. ¿Quiere tomarlo a broma?, adelante, ¿quiere creer que te ha vencido?, es su decisión, pero nunca, jamás, logrará verte sobre las rodillas, suplicando. Sus últimas palabras arrancan una siniestra sonrisa a tus labios rojizos que han palidecido, quitan de en medio a Andrè.

-Me estarías haciendo un enorme favor-

Susurras sonriendo levemente cual felina, moviéndote conforme hablas en torno a las lanzas que los guardias presentan ante ti, protegiendo al hombre que veneran como un dios, y que como tantos otros ídolos, tiene pies putrefactos de barro. Posas la mirada fijamente en uno de los guardias, sonríes a medias con la delicadeza de una araña ante la mosca, para ser un guardia de la élite de Donovan, es bastante descuidado, pues su lanza cae más abajo que la de sus compañeros, dejando a su portador en desventaja; tu sonrisa se ensancha conforme tus pasos se dirigen hacia él, el murmullo de voces a tu alrededor semeja un zumbido molesto; uno de los guardias te sujeta del brazo para detener tu avance y aquello pareciera ser el detonante de la calamidad. Tu diestra libre empuña hábilmente la daga que en un firme giro, clavas en el cuello del hombre y tiras de ella para desgarrar la carne, dejando que la sangre brote y su aroma, tiña de carmesí tus pupilas brillantes; la batalla comienza, sabes que estás en desventaja, pero nunca caerás sin pelear. Te agazapas rápidamente, mirando a los guardias que vienen contra ti; instintivamente, tomas la lanza del caído y te incorporas, lanzando la primera estocada que choca en blando, con el satisfactorio crujido del metal atravesando la piel; retraes el arma hacia ti al momento mismo en que el líder de la guarnición arremete contra ti desarmándote y la vara de una de las lanzas se presiona contra tu cuello, aprisionando tu cuerpo contra el del guardia mientras un tercero inmoviliza tu torso de la misma manera. No cejas en la pelea, sigues revolviéndote de manera arisca y bélica, marcando la piel de los que se encuentran cerca con tus uñas hasta que el mismo líder de la guarnición llega a inmovilizar tus manos con unos gruesos grilletes y a callar los gruñidos con un fuerte golpe directo al rostro que mancha de carmín, la blancura inmaculada del mismo.

-Tu serás el primero en arder una vez salga de aquí-

Siseas al hombre, debatiendote aún en aquella prisión de varas, cuerpos y grilletes. Respiras agitada por la furia, miras fijamente a Donovan con el odio tintado en los orbes celeste y escupes en el suelo con desprecio.

-Entonces que así sea Donovan. Tu lo quisiste así-
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Re: De maître à ennemi [Privada Donovan]

Mensaje por Donovan el Mar Sep 17, 2013 8:17 pm

Sonríe, por supuesto que lo hace al ver como la lengua viperina de la mujer acaricia esa hoja afilada que había dañado su rostro. No era a él a quien provocaba con su estupidez, sino a dos seres más: su preciosa rosa negra, celosa como una fiera encadenada esperando el instante en que la soltasen y su temible perro guardián, el único ser que había probado el dulce néctar de su sangre en secreto una y otra vez. -¿Sabes una cosa, viuda? Eso te costará mucho más caro que el corte – susurró mientras sus parpados caían sobre sus ojos de hielo, adornando aquel místico y pétreo rostro pálido. Y entonces, la risa de sus pulmones se libera con una fuerza tal que bien podría hacer erizar la piel más perfecta. Mira a Gabrielle destilar furia y maldiciones contra él, pero Donovan ni siquiera parece importarle, muy por el contrario, sonríe viéndole. -¿Muerta, dices? – pregunta y en esa interrogación es perfectamente captable la burla de su tono de voz. Un paso hacia atrás y él observando aquella escena con los ojos entrecerrados, como quien mira una película cómica en primera fila. Sabía que la muy sucia no podría quedarse quieta. Donovan solía comparar a Gabrielle con una gata que Úrsula había adoptado hacía mucho tiempo ya. Una fiera de tonos grises que era cariñosa solo con la mano de su dueña. Sin embargo, cuando cualquiera, incluyéndola, trataba de atraparla entre sus garras y la fierecilla no quería que lo hicieran, sus uñas dejaban marcas a todos. Así fue hasta que Donovan le vio. Acercándose a aquella bestia, le miró largamente, logrando que el animal ganase su confianza. Y mientras ella dormía en su regazo, apretó su nuca, sin siquiera mirarle. No hubo gesto en su rostro mientras los ojos del animal se cristalizaban y perdía la respiración. Asquerosa bestia y tan hermosa en su muerte. Con Gabrielle fue directo al castigo. Había que entender que la viuda le caía mucho más mal que ese gato y le importaba mucho menos dado que no era importante para su esposa.

Lo más interesante fue el juramento ¿Cuántos ya habían jurado que él moriría? Donovan abrió los labios y rió en voz alta; sus cejas perdieron la molestia para levantarse en su frente. Da dos pasos y aun estando de espaldas, necesitaba volver a ver ese rostro molesto de furia contra él – Bla, bla, bla – susurra de forma que genera una global carcajada en sus súbditos. Escuchando aun el sonido de la batalla, sabiendo que había caído alguno que otro guardia, eso hace que una leve satisfacción se apoderase de su pérfido espíritu. La Viuda ahora se había ganado que algo, de por sí desagradable, fuese mucho peor. Los guardias estaban encolerizados y la sola idea de que ella pelease despertaba al macho alpha de cada uno de esos pobres diablos. El pañuelo blanco de su mejilla había terminado de limpiar el líquido vital formando una leve marca y aun así, él no pudo evitar escuchar el sonido de la voz de Gabrielle; siempre quejándose. Quizás por eso le había agradado más esa gata de Úrsula que la vampiresa: La gata no hablaba. –Que mi esposa no vea lo que quede de ella. De por sí es desagradable verla, luego de todo, imagino que será impresentable. – diría, terminando, por fin, esa reunión con esa tonta mujer. No había vez que viese a Gabrielle en la cual ella le fuese ligeramente agradable y alejarse de ella para él era ver el cielo cubierto por la luna. Prometió que no pensaría más en ella y, como hijo de la noche y Líder de los Donovan, él simplemente se olvidó de lo que estaba pasando a sus espaldas. Una vez que la puerta se cerró, no hubo nada más que sus pasos. Lamió con lujuria sus labios secos y pensó en Úrsula; su preciosa esposa. Por alguna razón, la deseaba más que nunca en ese momento.
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