El origen del mal (Privado. Fenrir]

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El origen del mal (Privado. Fenrir]

Mensaje por Caius Ahroun el Miér Dic 18, 2013 12:14 am

Monte Tai, China.



Bajo el castigo constante de la cascada del “emperador de Jade”, la figura nacarada de un lobo enterrado en el olvido esperaba pacientemente, sus ojos puestos en el horizonte aguardaban una señal que no tardó en llegar; una luna roja estaba en el punto de su ocaso, perdiéndose lentamente detrás de las montañas del poniente.

Su cuerpo empapado había perdido todo vestigio de calidez; atestando un frio sepulcral acorde a las aguas congeladas de su baño espiritual, exudando una estela neblinosa como la del hielo seco. – Aia.- Salió el murmullo de sus labios. –Aia.- Volvió a repetir, cerrando los ojos mientas dejaba volar sus palabras.

Aia.- Con cada susurró el amo de la oscuridad entrecruzaba la distancia entre ellos, usando el flujo de la noche como guía; pues en ese minuto, a esa hora exacta, era de noche tanto aquí como allá; aunque no duraría mucho, pues mientras en Europa el reinado de la luna roja afloraba en un joven cenit, en China los primeros rayos del amanecer estaban a menos de una hora de distancia.


Aia- Repitió su nombre por cuarta vez. Aquello no era un acto de locura febril, su voz realmente podía lograr lo inimaginable, proyectándola por las urdimbres espirituales en el velo del sueño; donde el hilo que separa el mundo del espíritu y el de la realidad se vuelve delgado. Lentamente intentó invadir el sueño de la matriarca Fenrir, para convertir su descanso en una pesadilla.

Haz fallado miserablemente, he visto la precaria situación de los Fenrir. Tiempos oscuros están por venir Aia.- Primero solo fue la voz, pero conforme los segundos transcurrieron, la influencia mágica del licano inframortal intentó sumergir la mente de Fenrir en una ilusión.

Aia, mira a tu alrededor, este es el desenlace de tu ineptitud.- De tener éxito en su acometida, primero solo habría oscuridad a su alrededor; la más densa nunca antes visto, una neblina sofocante donde respirar era incluso difícil, pero conforme la bruma fue cediendo, bajo sus pies solo le esperaba una charca de sangre que le llegaba hasta los tobillos, y se extendía hasta donde el ojo alcanzaba.

Cuerpos mutilados sobresalían de ese pantano bermellón, y sus rostros congelados en el abrazo de la muerte en una expresión de sufrimiento eterno eran familiares; todos y cada uno de ellos eran las víctimas del suceso del concilio. –Eres débil Aia.- Entonces la ilusión se centro en una sola y terrible aparición; en medio de esa laguna de sangre se levantaba impávidamente un trono de cráneos humanos, donde se sentaba un patriarca oscuro. Un lobo cuyos rasgos recordaban a los de un antiguo líder loco, ¡Valadir!

No sabes gobernar, Aia. – La figura del lord infausto revestía ropas tan oscuras como la noche, y se mezclaban y perdían con la negruzca oquedad del paisaje. A su alrededor deambulaban espíritus de la infausta tierra ignota; y una respuesta era evidente y gritaba con toda su fuerza: ¡Nigromante! –Aia, pídelo, y misericordiosamente te librare de tu ineptitud, pídelo y cargare con la responsabilidad de salvar a los Fenrir.-
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Re: El origen del mal (Privado. Fenrir]

Mensaje por Fenrir el Sáb Ene 04, 2014 6:27 pm

La niebla que todo lo envuelve empezó a aflorar de las laberínticas sendas de un destino incierto. Y en medio de ella, la más sublime oscuridad, atrayente y profunda como el eco inevitable de la no existencia. ¿Qué hay en el fondo de esas grietas oscuras donde la silueta vestida con la piel del lobo camina ahora? Negro, su pelaje es negro como la noche y mientras sus patas le llevan a adentrarse más y más en ese llamado lejano, estas empiezan a perder la forma animal. Su silueta se vuelve la de una mujer a medida que avanza, cayendo su cabellera como una cascada de completa oscuridad hecha hebras. La frialdad acariciaba la piel desnuda de su cuerpo mortal, blanco como la luna misma mientras ésta le invadía valor con su brillo de plata.

¿Valor…? – es lo que escapa de sus labios pálidos con dudas, mientras su ceño se ve opacado por una línea que le atraviesa, deteniéndose en el instante en que nota que, por alguna razón, sus pasos no desean seguir adelante. Y al elevar su mirada a las lejanías, cayendo levemente su cabeza hacia el hombro derecho a la vez que su espesa melena hacía lo mismo, frunció también sus labios a la vez que el océano azul de sus ojos pestañeaba - ¿Qué hay más allá de la lejanía, Gaia? – pregunta mientras sus pasos, uno primero y después el otro, le lleva a buscar retroceder.  Fue un nombre lo que recibió de respuesta y con éste, abrió sus ojos al infinito. Un nombre que suspiraba como la muerte misma, trayendo trozos de esta con cada vocablo no dicho. Y entonces, detuvo su cuerpo con firmeza a la vez que la brisa que le acariciaba se volvía viento, llevando de atrás hacia adelante sus cabellos inquietos que se mecían como telas en el agua. – No puede ser… - empezó a decir mientras sus ojos se perdían en la nada que le envolvía, volviendo el camino de completa oscuridad en uno cubierto de sangre. Los árboles parecían derretirse en un movimiento tétrico a la vez que las hojas caían vuelvas formas difusas sobre la tierra. El bosque bañado en sangre que se secaba por la corrupción. Y la luna, hermosa y llena en lo alto, roja como el averno abierto - ¡Gaia! – gritó a la vez que volteó su rostro en un gesto amenazante, aun desnuda e incapaz de recurrir a la espada que usaba como arma mortal para defenderse. Pero entonces, detrás, siguiéndole como miles de vidas traídas de lo más profundo, vio montones de rostros pálidos que veían sin ver su ser.

“Haz fallado miserablemente, he visto la precaria situación de los Fenrir. Tiempos oscuros están por venir Aia.”
-No…No…- empezó a decir, girándose de nuevo al frente, viendo y reconociendo las caras de los muertos y de muchos otros que habían muerto en circunstancias diferentes - ¡La oscuridad no llegará a nuestros bosques de nuevo! – Rugió cual fiera a la vez que su mirada azul se volvía roja como la sangre que envolvía los suelos místicos de ese mundo onírico - ¡Cobarde…! – empezó a decir mientras su mano se giraba con furia hacia el aire viciado y sus cabellos caían sobre su cuerpo cual coraza -¡Desde la oscuridad, los más cobardes se vuelven guerreros! – rugió volviendo su mirada al vacío que le envolvía, solo ella con miles de muertos que se retorcían en el abrazo de la no existencia.

Eres débil, Aia. No sabes gobernar, Aia”. Maldito mil veces maldito aquel que recurría a su nombre por encima de su titulo. Solo quein no reconoce al Lider frente a sí comete tal acto de estupidez. – Emerge y di eso frente a mis ojos…O sigue escupiendo desdén desde las sombras y pierde el poco respeto que podrás obtener de mi – susurró esta vez, sin perder la firmeza de amazona que manifestaba su carácter. Y fue entonces que todo lo que bordeaba su mundo y lugar en ese momento se vio opacado por algo más: Una figura emergente de la nada misma llevando una mirada que ni el tiempo ni Gaia misma pudieron velar nunca de su memoria. Sus ojos ahora rojizos estaban firmes frente aquel ser desconocido que era tan conocido a la vez – Valadir…- sus labios murmuraron aquello como sin dudas pero algo en su interior, le llevaba a dudar. ¿Era él? ¿Había emergido para castigarle de haber ensuciado el titulo de Fenrir? ¿Con qué criterio el Lider loco podría hacer algo así? El instinto asesino que brillaba en ella como Ardwolf le hizo gruñir primeramente ante él. Pero lo que había aprendido como Fenrir hizo que entrecerrase sus ojos unos segundos, respirando y buscando escuchar más allá de lo que sus ojos tenían permitido ver.

“No sabes gobernar, Aia. Aia, pídelo, y misericordiosamente te librare de tu ineptitud, pídelo y cargare con la responsabilidad de salvar a los Fenrir.-“.
Tales palabras, tales visiones, tales sensaciones y una palabra que giraba en torno a ella como una letania. La furia de la matriarca se hizo evidente luego de su primera reacción de sorpresa y en un rugido impetuoso, su piel blanca como la nieve se vio cubierta por el destello lunar del astro corrupto. Como un manto sus vestiduras aparecieron cual forma sin forma marcando que la guerra estaba pronta y ella sería la que la encabezaría - ¡Jamás! – Rugido innato, más Ardwolf que Fenrir –Tu no tienes derecho de decirme que no sé gobernar. Y así como tu cordura fue velada, Varadir, también lo fue tu inteligencia al creer que verás a una Ardwolf con titulo de Fenrir rogar…! – Exclamó con repulsión mientras extendía su mano hacia el frente, meciéndose sus cabellos como entidades propias –No es tu responsabilidad salvar a los Fenrir. ¿No lo entiendes? ¿Estos años en el otro mundo no te permiten entenderlo? No eres más que un medio para algo mucho más grande. Ni tu ni yo salvaremos a nuestra manada. Yo lo ví en el instante en que te arrebaté la vida. – dijo a la vez que la luna roja comenzaba a teñirse de la blancura misma de la plata, casi como si bendijese aquel sueño - ¿Tanto es el vicio que te inunda que no puedes verlo ni siquiera luego de tantos años en el mundo de nuestros antepasados? -
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Re: El origen del mal (Privado. Fenrir]

Mensaje por Caius Ahroun el Mar Ene 21, 2014 10:46 pm

¡Sucia mestiza! Tu sangre pringosa es la mayor razón por la que no puedes gobernar.- Una sonrisa socarrona y desafiante se dibujo en sus labios, orgulloso de la confusión que su magia infausta había sobrepuesto en la mente y visión de la líder Fenrir.- Eres ciega, tu ojo etéreo no subsiste sí no esta Gaia para iluminarlo. Tu magía es débil. - Su figura se levantó de ese trono elevado sobre pilas y pilas de cráneos, y la oscuridad que lo rodeaba se altero violentamente, girando y retorciéndose a su alrededor de forma impasible, hasta que las tinieblas se convirtieron en algo más. Formaron una larga túnica para vestir su cuerpo; ocultando la presencia de una armadura que palpita con la magia de una Diosa que desafía las leyes de Gaia.

Y por fin su rostro se mostró más claramente; si bien cada uno de sus rasgos recordaba a Valadir, la juventud en su piel y sus facciones hablaban de una juventud dentro de los lobos.- Yo soy Caius, hijo de Valadir.- Su voz resonaba con el eco de los muertos, de su garganta parecía emerger el sonido de todos los espíritus malignos atados a su avatar; la fuente de su inmensurable poder. – La sangre pura de los Fenrir corre por mis venas, tengo el derecho absoluto de reclamar la muerte de todos aquellos que encontraron un fin miserable debido a tu inepta guía.- Tal vez debido a la influencia agobiante de la magia de la Tejedora, la presencia del heraldo de la corrupción licana parecía más poderosa de lo que realmente era.

Invocado por ese desafió, bajo de su poltrona, usando los cráneos amontonados como escalones que se re reventaban bajo la fuerza de su pisada. Y conforme se acercaba a ella, una claridad más inquietante se disparó. A su espalda apareció durante algunos segundos la silueta de esa Diosa oscura, cuidándolo como un arcángel de funesto prócer. Claro que fue solo una visión de tan solo unos segundos, antes de que se difuminara en la negruzca base que cimentaba aquella pesadilla.

Con solo un movimiento de su mano los cadáveres más cercanos a la matriarca Fenrir se arrastraron hacia ella para tomarla por los tobillos, y escalar por su cuerpo buscando subírsele encima. Sus gritos y quejidos eran el claro alarida de almas que no habían encontrado la paz; y todo aquello era bastante real, sin duda una ilusión de las más terribles.- Escucha, siente su dolor. ¿A quién crees que odian desde ese eterno limbo donde ahora diambulan? ¿A la magia donovan que mancillo sus almas y no los deja encontrar el descanso eterno? ¿O a ti? Que no pudiste cuidar de ellos. Aia, esto es lo que haz cosechado como líder de la manada Fenrir, cadáveres.-
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Re: El origen del mal (Privado. Fenrir]

Mensaje por Fenrir el Miér Ene 29, 2014 5:55 pm

-¿Cómo te atreves, esbirro de las sombras a tratarme de mestiza?- rugió con la fuerza de su voz rasgando su garganta a la vez que su potencia mental, esa que podía controlar sus miedos incluso cuando los sueños amenazaban con ser reales, lograba tomar la cimitarra que descansaba en su cinto como guardiana perpetua de su integridad a la vez que sus ojos destellaban la ira de una guerrera que acaba de ver como su Nemesis mostraba su rastrero rostro ante ella. La amazona permanecía de pie como una fiera guerrera escuchando las palabras venenosas que escapaban de aquella impía figura. Pero ni siquiera su férrea voluntad podría esconder aquello que el destino estaba a punto de revelar. Sus cabellos se movían como lenguas de sombras detrás de su figura, envolviendo la impecable armadura que revestía su silueta blanca como la nieve. Pero ahora la seguridad de sus hermosas facciones se habían deshecho ante aquellas palabras que revelaban la identidad de aquel bastardo de las tinieblas. Una imagen llegó a su mente tan clara como si la estuviese viendo: Un golpe en alto del temible Valadir, levantando su brazo por encima de la cabeza para arrancar el trozo de cuello de la amazona Ardwolf Aia. Pero en ese instante, la aguda juventud de la muchacha le iluminó para reaccionar más velozmente, lanzándose hacia su costado siniestro para evitar el zarpazo y así, en su forma Crinos, ser ella quien daba un contra ataque que resultó ser letal para el Lider loco. Arrancó parte de la garganta de Valadir y la sangre oscura cayó sobre la tierra como si fuese néctar regando la tierra y el brazo de la vencedora quien, lejos de permitirle la curación, sentenció su caída con la muerte. Era ardwolf de sangre y el honor de estos guerreros impedía permitir que un líder caído siguiese viviendo en la deshonrosa humillación de la derrota. Pero en ese instante cuando aun la sangre no se había secado de su piel, Aia volvió los ojos a su alrededor viendo los rostros de chamanes y guerreros; guardianes y exploradores. Y entre las sombras, con la mirada fija en ella y en el antiguo líder caído, dos figuras le observaban: Una hembra de cabellera oscura y mirada viperina que tenía ambas manos puestas sobre los hombros de un cachorro. La mujer de Valadir y su hijo…

La hermosa mujer palideció ante aquella epifanía y su mirada antes segura se deshacía en un gesto de horror. Las visiones que le envolvían y la asfixiante energía que surgia de él hizo que Fenrir debiese de llenar sus pulmones en busca de un aire que no llegaba a ingresar. No había pureza en esa tierra. Gaia estaba ausente en ese mundo. – ¡Estás enceguecido, Caius! – gritó en una mezcla de desafío y súplica, buscando apelar a algo de sentido común al enceguecido ser que había sido consumido por las tinieblas – Tu sangre pura está atrofiada ahora ¡Tu energía está podrida! ¡TE HAS VENDIDO! – gritó como si fuese un llamado a la guerra, volviendo a erguirse como amazona guerrera a la vez que sus cabellos se movían como su fuese la oscuridad misma.

Pero su furia se vio opacada por los gemidos de la muerte que comenzaban a surgir de las sombras. Manos y pies, cuerpos desdichados que lloraban por estar atrapados entre dos mundos. Con su mirada de hielo, la hermosa amazona paseó por cada rostro terminando por formarse una lágrima de plata en su mejilla. –Gaia me perdone… - susurró en el instante en que los dedos osados de la muerte buscaron sujetar sus tobillos. Les veía arrastrarse como almas en pena, caídas en combate, buscando libertad. Levantó la mirada al cielo y la luna estaba oculta en aquel mundo consumido por la magia negra de Caius y de los demonios a los cuales se había vendido. – Pero yo no los he traído aquí. Tu, impío traidor, ¡usas a tus hermanos como armas! – exclamó a la vez que la cimitarra en su mano trazó un circulo perfecto en su lado izquierdo, arrancando manos y abriéndose paso entre los cadáveres gimientes que continuaban su camino, como su fuesen gusanos. –Yo Soy Ardwolf de cuna y Fenrir por Titulo. Titulo que obtuve cuando ejecuté al gran Valadir, hijo de Barack. – Sus pasos eran firmes, caminando por encima de la nada misma, de un camino tan incierto como el futuro que habría de cernirse sobre la raza – De la misma forma que tu padre cayó, yo caeré. Pero recuerda mis palabras…Nunca tu reinarás en mi manada. Tu energía oscura destruye todo lo que un Fenrir representa. Pon un solo pie en el bosque virgen y te aseguro, por los cadaveres de mis hermanos caídos...Te arrepentirás.- finalizó, levantando la cimitarra para señalarle, mientras el gemido de la muerte rugía a sus espaldas como un canto de guerra declarada.

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Mensaje por Caius Ahroun el Vie Feb 07, 2014 3:13 pm

Un funesto resplandor destelló en sus ojos, aunque se tratara solo de una ilusión, verla triunfar nuevamente sobre la imagen de su padre despertaba todo el rencor que lo había alimentado durante siglos. “¿Por qué no caes? ¿Por qué te resistes a mí magia?” un pensamiento desconcertante, pocos habían logrado mantenerse en pie ante la influencia de su magia, normalmente aquellos que eran arropados durante el sueño por el infausto poder del lobo nigromante encontraban un fin calamitoso, pero Aia era diferente, la confusión no terminaba por quebrar su voluntad, había algo detrás de ella.

“¡Gaia!” El nombre de la Diosa hizo eco en su mente como un grito, a pesar de la distancia infinita que la madre de los lobos había adquirido para con sus hijos, Aia aún tenía esa rara bendición, su aura blanca, su armadura de luz, lograban desquebrajar la ilusión, colapsando pequeños fragmentos de la misma.- Te equivocas, mi poder es más entero que el tuyo, puedo sentirlo… como tu magia se ha ido desgastando, en cambio siente la mía, soy más fuerte de lo que tu jamás fuiste.- “Y ahora te lo demostraré” Golpeó el piso con la parte posterior del bastón de su lanza, produciendo un orfeón grave, una onomatopeya que cantaba “Om”, el mismo sonido que muchos chamanes atribuyen a la creación del universo.

La ilusión nuevamente cambió drásticamente, sí la espada refulgente de la matriarca cercenaba los cuerpos moribundos, el pantano de sangre se convertiría en la nueva defensa del Garou inframortal. Se volvió tan espesa como arenas movedizas, y aunque no eran muy profundas, pues su intención no era tragarse el cuerpo de la amazona mestiza, sí eran lo suficiente como para detener o retrasar significativamente el paso de Aia, o por lo menos eso es lo que él creía.

Avanzas a mí con tu indigna espada en la mano, alardeando del título que usurpaste arrancándole la vida a mi padre. Incluso citas a mi linaje, y para rematar tu estupidez me amenazas. Puedo ver tu desesperación, tus ganas de librarte de mí en este mismo lugar.- Sonrió, mostrándole ese colmillo largo y blanco de herencia licantropa.- No lo entiendes, estás sumergida en un mundo que dómino. Sí quisiera convertiría el piso bajo tus pies en fuego, o abriría una grieta tan grande que estarías cayendo por días enteros. Pero no es aquí donde te tengo que derrotar. Regresaré a casa con la frente en alto, y te derrotare en la misma palestra donde tú asesinaste a mi padre. Ese día una neblina sempiterna caerá sobre el bosque virgen, y los Fenrir tendrán que arrodillarse frente a la reina madre del único heredero legítimo del liderazgo Fenrir. La casa de Valadir regresara a donde pertenece.-
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Mensaje por Fenrir el Mar Feb 18, 2014 1:19 pm

De pie permanecía como una amazona guerrera. Sus largas cabelleras envolvían su espalda cual manto de obsidiana que se mecía ante las ráfagas de poder que danzaba en aquel mundo desconocido. La postura de la mujer era similar a las viejas imágenes de los hombres de la dama que vence al dragón, tal como si representaría a la Madre de la manada de pie, peleando con la fuerza de la misma Gaia para proteger a sus cachorros. Pero la mirada de Fenrir no era calma. En otros tiempos cuando caminaba por los bosques vírgenes, su mirada no demostraba emoción alguna. Era suave como el terciopelo y distante, casi como si estuviese esperando algo más allá del tiempo y el espacio. Ahora Fenrir tenía el rostro cubierto de líneas que marcaban su entrecejo y encima de su nariz. Sus labios semiabiertos, respirando de estos mientras las falanges de sus hermosas manos blancas se aferraban al mango de la cimitarra como si fuese el cuello de su más odiado rival. La belleza no se había opacado, sino que brillaba como nunca antes. ¿Cuánto tiempo estuvo la fuerza licana dormida? ¿Por cuánto tiempo, la sangre Ardwolf de su interior se contentó con recurrir a viejas memorias para saciar su sed de batalla? Años. Demasiados años. Y para desgracia del mundo que debía proteger y de ella misma incluso, Fenrir…no, Aia, sonrió en sus adentros.

-Había deseado esto por tanto tiempo y tan en silencio que ni siquiera yo lo sabía. Es por eso que no temo. Por el contrario…Oh, Gaia, perdóname. Perdóname por haber invocado en mis sueños esta fuerza descomunal. Siempre pensé que habías elegido mal al ponerme en el lugar de Valadir, hijo de Barack pero, ahora puedo entenderlo…- sus ojos diamantinos se entrecerraron por un instante y, para aquel que pudiese ver, una lágrima pareció asomar en ellos. Pero no fue más que un instante porque Fenrir volvió a pestañear y a rugir como una fiera enfurecida - …Finalmente lo he entendido – su voz habló en su mente como una letanía oculta y de Caius poder ver más allá de su soberbia, seguro notaría el gozo que recorría cada centímetro del cuerpo de la preciosa mujer licana. Un gozo que solo un Ardwolf podría comprender… -Caius, tus palabras delatan aquello en lo que te has convertido. Si tus ojos fuesen puros, verías lo que yo soy y dónde reside mi magia. Cualquier licano de verdad podría verlo más allá de ilusiones. Pero tú dejaste de ser un digno lobo cuando te vendiste. No eres más que un bufón de la oscuridad. – Su voz emergió gutural del interior de su garganta mientras sus pasos empezaban a adelantarse como si golpease con cada uno de sus pies la tierra debajo de ella – Esa fuerza que llamas tuya es en realidad prestada. ¿Dónde está tu orgullo, Bufón? ¿Lo perdiste junto con tu dignidad? –

De repente todo retumbó a su alrededor. Era como si la tierra bajo sus pies vibrase y a la vez, ese mundo también lo hiciese. La mujer de cabello negros detuvo su paso por un momento para luego buscar retomarlo pero entonces, debajo de ella, el suelo comenzó a volverse espeso. Ya no era sólido y oscuro. Ahí, dónde había caído la sangre  de sus miles de hermanos muertos, ahora existía un pantano de putrefacción corrupta que amenazaba con llevarla a las entrañas de aquel mundo. Comenzó a buscar levantar sus piernas, pero estas no podían responder. Cada movimiento parecía envolver más sus extremidades inferiores con esa sangre espesa que ahora cubría el suelo. Y fue entonces que las palabras de Caius remataron en un discurso que, finalmente, delataba sus intenciones. Fenrir levantó la mirada y aquellas marcas que habían adornado su rostro momentos antes comenzaron a suavizarse. Su rostro volvía a ser calmo, distante. Por momentos que parecieron eternos, la mirada inquisidora de la mujer se mantuvo puesta sobre Caius como si esperase algo más de él. Y entonces, en un movimiento veloz, su diestra se unió a su zurda frente a su abdomen. Ambas manos se aferraron al mango de la cimitarra cuya punta señalaba hacía el suelo pantanoso. Su cabellera caía como una cascada de sombras y sus ojos, puestos sobre su rival, se cerraron – Caius. Que Gaia perdone tus blasfemias. – su voz era calma, casi como apenada. Cantaba como un susurro que emerge del centro del alma. Pero entonces volvió a abrir sus ojos mientras los músculos de su cuerpo se tensaban y su mandíbula parecía marcarse. –Porque por Gaia, yo no perdonaré lo que acabas de decir. No creas que no matarme en este mundo tuyo te dará honor. Los licanos corruptos no conocen lo que es el honor.  – Su figura se mantenía completamente rígida –Sin embargo, yo sí. Pelearé contigo con todas mis fuerzas…-

Volveré a pelear después de tanto tiempo…¿Hay un final más glorioso para un Ardwolf?
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Re: El origen del mal (Privado. Fenrir]

Mensaje por Caius Ahroun el Mar Feb 18, 2014 7:27 pm

¿Corrupto? –Cuestionó en voz alta, mirando el paisaje que por momentos vibraba en un extraño palpitar que extendía y contraía su mundo oscuro, sacudidas que amenazaban con quebrarlo todo como si fueran muros de cristal. “Que violento es este poder. No esperaba este resultado”. –Tch.- Una mueca de disgusto se dibujo en sus labios, y con una mirada antipática puesta sobre la matriarca Fenrir, prosiguió a responderle.- Esta es mi fuerza, la fuerza que mi madre deposito en mí, la fuerza que descubrí el día que vi morir a mi padre delante de mis ojos.-

¿Conoces ese tipo de fuerza? – Reprochó, con el ceño arrugado en un gesto terrible; en el más franco de los rencores que un ser vivo puede manifestar.- Míralo mestiza, siente el dolor y la angustia. Abre tu mente al infierno.- Nuevamente golpeó el piso bajo sus pies con el bastón de acero que erige su lanza maldita, extendiendo el sonido  mágico que despliega su infausta magia; dándole una nueva visión a ese universo onírico atado a su voluntad.
Frente a ella apareció la escena que la glorificó años atrás. El momento exacto donde el patriarca de la tribu Fenrir agitaba los brazos desesperadamente, y exhalaba un último y pesado suspiro. La sangré emanaba de su cuerpo como un manantial por heridas hechas con esa misma cimitarra que la loba mestiza que cargaba en ese momento.

Pero esos recuerdos no eran de ella, no estaban visto desde sus ojos. Los ojos de esa escena estaban en otro lado, y los sentimientos no correspondían al de su momento de gloría. Fenrir estaba experimentando la escena desde la postura de un niño que lo había perdido todo en ese instante.

Le permitió sentir las manos de una madre apretándole los hombros, y las lagrimas que brotaban de la reciente viuda y que caían como gotas de lluvia sobre sus cabellos. Sintió las lágrimas amargas que brotaban de un niño que abrazaba la tristeza y la venganza al mismo tiempo, al igual que sus últimas palabras que seguramente ella nunca escuchó. Un grito desesperado que se levantaba entre la algarabía de una aldea que se sentía liberada de un tirano. –¡Aia, te maldigo!-

-¡Y te sigo maldiciendo!- Esta vez las palabras vinieron de una voz adulta. Entonces, en un violento choque de energía la arrancó de sus recuerdos, solo le mostró lo necesariamente indispensable.-  ¿He caído en la desgracia? No, tú me arrojaste a ella, tu sembraste en mí cada uno de estos demonios que intentaron devorar mi alma. Pero tú, tu volviste mi alma tan negra que he sido yo quién devoró a estos demonios y espíritus, y ahora están atados a mí, a mi voluntad, como pronto lo estará tu espíritu.  Esta es la cosecha de tus actos.-

La noche cerrada en la que había sumergido los sueños de Fenrir se abrieron, y en el cielo se pudo apreciar una luna llena roja, y nuevamente, durante unos breves segundos, la figura de un arcángel femenino de alas negras se pudo ver detrás de él, abrazándolo por el pecho. Un avatar maquiavélico pero al mismo tiempo protector, un serafín de los infiernos, una antigua diosa que pocos lobos comprenden. –Ahora te dejaré despertar de esta pesadilla. Pero recuerda, naci Fenrir, fui bautizado Fenrir, y tengo derechos de sangre y de clan que ni siquiera tu me puedes negar. Cuando las lunas rojas de Mayo vuelvan a iluminar el cielo del bosque virgen, llegaré a la casa que no me espera, desafiare al líder, y volveré al trono que me corresponde. Disfruta tus ultimas semanas de vida, y pide a Gaia que te cuide, porque mi Diosa sí lo hará conmigo.-
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