Die Walrider

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Die Walrider

Mensaje por Lázaro el Mar Dic 17, 2013 1:29 am

Los relatos de esta historia ocurren antes del viaje de Haine hacia Londres, ésta es una de las tantas anécdotas que se viven en aquella ciudad subterránea manejada por la demencia que Lázaro esgrime...a medida que leas este relato irás conociendo un poco más de la sociedad oculta de los renegados....





Lázaro se encontraba en aquella eterna morada...la habitación del trono...su cuerpo era la viva imagen de una existencia totalmente envuelta en la demencia...la manera en que su cuerpo se estremecía por instantes por ondas e impulsos que tomaban su cuerpo por sorpresa...aquellos espasmos y reacciones en ese contenedor físico donde habitaban el concilio de mentes que lideran aquella sociedad subterránea.

La mente de Lázaro recorría en silencio sus catacumbas..no de manera física pero si a través de la eterna conexión mental del padre con los hijos...no podía leer a total  perfección los recuerdos de sus hijos..al menos no como nosotros los vemos...pero si recibía aquel eterno torrente de pensamientos ...imágenes..sonidos...fragancias...sensaciones...omnipresente sin duda...sólo aquel ser ancestral podría domar aquel interminable manantial de demencia...plegarias....pensamientos...deseos en los cuales se deslizaba...ese era su reino...

Finalmente existió una pausa...como si el rey de la locura hubiera encontrado algo que llamase su atención...ahí observó imágenes de una época de guerras interminables....experimentos humanos...tortura...sonidos de agonía...quejidos de dolor...súplicas y el clamar de la piedad....sin embargo había una esencia sobre todas estas imágenes que se sobreponía...el Liberador le observaba y envolvía lentamente como la serpiente que constriñe a su presa...poco a poco podía escuchar ese bisílabo...era tan sencillo...pero era la esencia con la cual aquella mente había sido esculpida...

"¿Por qué?"

Una mente curiosa...divertida...realmente del interés de aquel ser ancestral...poco a poco intentaba desenvolver ese enmarañado mundo dentro de la mente retorcida...existía un gran potencial...así como el agricultor que sabe el momento preciso cuando extraer una fruta madura...Lázaro sabía que su hijo se encontraba listo para dar el siguiente paso...en su nueva existencia...

Percibía el potencial...reconocía el esbozo de esa mente...una fruta lista a ser devorada...

Sin embargo una imagen abordó el torrente de pensamientos...brillante...casi como un sol...



No cualquiera puede recorrer la demencia como lo hace aquel ser ancestral...la manera en que los recuerdos aparecen como un incontenible rayo de luz..los sonidos que ensordecen a una mente inexperta...

Pero aquellas mentes conocían la manera de tejer su camino sin perder su propia existencia en el proceso... imágenes de una niña...sus cabellos son brillantes como el sol y tan llamativos como el oro...sus ojos son celestes y parecen atesorar los secretos del cielo mismo...su piel es blanca y enternecida por la corta edad...su mirada está llena de....curiosidad...el sonido de una caja musical embriaga aquellas imágenes...hasta que la niña pronuncia una palabra

"Vati"

La figura de Lázaro volvió a tornarse completamente inmóvil por unos segundos mientras descansa de esa manera sepulcral en su trono...aquellos antiguos gobernantes de la demencia que habitan el agonizante contenedor finalmente indicaban un nuevo designio...

Haine...hijo...ven a mis aposentos...
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Re: Die Walrider

Mensaje por Haine L. Strauss el Lun Mar 03, 2014 4:23 am

"La vida sería imposible si todo se pudiera recordar. El secreto está en elegir lo que uno debe olvidarse”

Pensamiento:
El llanto de la pequeña inundo la habitacion del hospital en que se encontraban. Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. Extendió los brazos esperando recibir a su pequeña, pero aquel hombre solo se alejo con la niña, mientras era rodeada por el personal allí presente. Sus miradas una vez más se cruzaron; desesperación y dudas en los ojos de ella, inseguridad y tristeza en los ojos de él. Una última vez fue la que su mirada se hizo evidente, una última vez, en la cual no podria pronunciar un “Te amo”. No quedó más que esperar, en aquel pasillo, solo, abrazando la poca esperanza que la situacion podría darle. Esa esperanza que se desvaneció con las palabras del médico…

Sus ojos se comenzaron a desorbitar en aquella habitacion, casi intentando buscar una salida que no encontraria. Suspiro, algo melancólico al recordar aquella escena y se vio a sí mismo inundado de la oscuridad de aquella catacumba. Aquel recuerdo condenaría sus decisiones, sus acciones y sus palabras por la eternidad, recordándole que una vez, fue feliz, volviendolo mas humano, vulnerable… Debil. Un sorbo de whisky alivio su pequeño penar, haciéndolo volver en sí, mientras tomaba una pluma y proseguía con sus escritos. El silencio inundaba aquel momento, y la tenue luz de las velas era su única compañía mientras las palabras eran impregnadas en aquellas hojas, las cuales estaban llenas de sus memorias.

Las anotaciones casi garabateaban ideas, solo comprensible para aquellos que conocían algo de ciencia y filosofía. Frases que se complementaban con números y dibujos, intentando redondear algo que no tenia logica para las mentes simples. Pero él sí, podía observar cada engranaje moviéndose, dando vida a sus ideas. El si podía proyectar aquellos escritos. Y gracias a él, su padre podía entender y regocijarse en ese comprendimiento… Pero hoy, parecía que algo bloqueaba aquel santuario de ideas, hoy la maquinaria parecía rechinar desesperada por un poco de aceite… Hoy...

Pensamiento:
Su pequeñas manos se abrieron, extendiendo sus brazos hacia él, esperando su respuesta con una sonrisa en su rostro. El solo la observaba, con una mirada vacía, y una lágrima en su mejilla. Le dio la espalda una vez más, tapando su rostro con ambas manos, rasgando su carne desesperado, marcas que le recordaban su perdida. Marcas que estarian allí por el resto de su vida…

"Vati"


La brusca carcajada desesperada y llena de dolor y desdicha inundó el cuarto y resonó por los pasillos de la catacumba, haciendo eco en cada una de las mentes de sus hermanos y lazarillos que allí se encontraban. Sus brazos rodearon su pecho en forma de cruz, mientras sostenía fuertemente sus hombres con sus manos, al mismo tiempo que caía de rodillas al suelo. Las lágrimas brotaron de sus desorbitados ojos, mientras la carcajada se hacía notar cada vez más, dolor era lo único que veía en su mente. Dolor que atraia un placer casi lujurioso.


“Haine… Hijo… Ven a mis aposentos…”

Fueron las palabras que lo volvieron a la realidad. Sus músculos se relajaron, permitiendole levantarse y encaminarse deseoso a ver a su padre.

-Padre, aquí estoy ¿Desea algo especial el dia de hoy?-



Agregó con una suave sonrisa en su rostro, llena de la pureza de un niño, al ver a su padre jugar con el
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Re: Die Walrider

Mensaje por Lázaro el Sáb Mar 22, 2014 1:28 pm

Los lazarillos tienen habilidades innatas, este es el regalo con el que cada uno de ellos florece en su nueva existencia; cada uno esgrimiéndola y otorgándole una forma muy distinta de la de sus otros hermanos, casi como una huella digital que les distingue entre sí. Desde ese momento en que un ser humano inicia su travesía en este reino de la demencia…desde ese instante en que se le nombra un “sellado” empieza a abrir los candados de ese cofre…el cofre de la mente…el proceso es más largo para unos que otros…el momento en que llegan a ser “liberados”…pero sin duda para Lázaro esto representa un gran logro…la manera en que la mente de sus hijos descubre por completo…todo ese potencial finalmente…potencial  a la plena disposición del padre para cumplir sus objetivos…
 
Haine no es la excepción…al igual que con los otros “Liberados”…el vampiro de origen alemán también fue reconocido por Lázaro…descubrió ese potencial que le distinguiría de los demás hijos del eslabón roto. Pero existe una peculiaridad en el caso de Haine: Lázaro pudo percibirlo mientras nutría la demencia en la mente de sus hijos…los líderes antiguos recorren la mente de sus hijos como jinetes explorando sus pensamientos…el regocijante viaje por las mentes …experiencias…imágenes y recuerdos…abrumador torrente de información que sólo aquel ser ancestral puede resistir…ese cuerpo que agoniza y brota en heridas repentinas. Pero algo había irrumpido mientras Lázaro saciaba la demencia de Haine…era demasiado intenso para ser una alucinación…seguramente no era la primera vez que esto ocurría…era un recuerdo…un recuerdo de la vida humana de Haine…un recuerdo que lo aferraba a su existencia anterior…
 
Haine había llegado a la habitación; aquel cuerpo cadavérico se mantuvo en silencio por unos instantes mientras de seguro el vampiro de sonrisa maquiavélica podía percibir la colosal presencia que provenía de ese cuerpo cadavérico.
 
-Padre, aquí estoy ¿Desea algo especial el dia de hoy?-
Apenas esas palabras habían terminado la habitación …ese santuario donde habitaba el líder de los renegados había cambiado de forma…Haine pudo ver soldados pasando en frente suyo, todos marchaban alzando cánticos en alemán, muchachos de distintas edades, algunos inclusive parecieran mantener la cándida e inocente mirada de alguien que nunca ha alzado los puños en una pelea; sin embargo marchan….no se detienen…hay un cierto sentimiento de júbilo y poderío en sus rostros




Habían tanques desfilando y demostrando el poderío de la ingeniería mecánica alemana, aquellas armas de destrucción masiva…los temibles Panzer que alguna vez abrieron su camino por los terrenos enemigos al Tercer Reich…la habitación donde habitaba el rey de la demencia ha cambiado…Haine ahora parece encontrarse en Nuremberg mientras se lleva a cabo uno de los congresos donde el partido Nazi demostraba su poderío. Haine está viendo toda la marcha como un espectador…el vampiro de la sonrisa siniestra está ubicado entre los ciudadanos que alzan la mano en saludo.




Los soldado siguen marchando, siguen cantando; sin embargo la escena cambia…los elegantes uniformes se tiñen de sangre, los jóvenes que alzan sus cantos ahora llevan en sus rostros grotescas heridas…orificios de balas…rostros magullados….cortes que exponen la piel…los ciudadanos que alzan sus brazos con orgullo ahora cargan en sus rostros los traumas de la guerra…sus rostros muestran desesperación…hay lágrimas en sus mejillas y sangre en los vestidos de las mujeres…

En ese instante una figura oscura se posiciona al costado de Haine…ahí está Lázaro…su rostro cubierto bajo un manto…su cuerpo parece apenas ser capaz de estar de pie…repentinos espasmos le recorren la espalda y obligan su cabeza a seder hacia un costado de manera casi inhumana…

Haine…mi querido Haine…

Susurra la espeluznante figura sin mover los labios que se ven como una fina línea oscura incubada bajo esos ropajes…al menos eso es lo que parece…su voz parece provenir como un eco en el aire…

Has acudido a mi llamado…qué…alegría….

La escena alrededor suyo no se detiene…los soldados siguen cantando la nefasta multitud no detiene sus cánticos mientras una figura se acerca a un estrado..y empieza un venenoso discurso
 
Es así como Lázaro alimentaba la demencia de Haine…sin embargo en ese instante todo se detiene…


Hay un brillo en el  lugar…una luz casi dorada…cálida como el sol que parece avanzar entre los soldados…una pequeña niña que parece intentar encontrar a alguien…nadie le ayuda…nadie le responde…ninguna de las espeluznantes figuras responde a sus pedidos de ayuda.

La grotezca figura de Lázaro empieza a avanzar a la niña que ahora está a solo unos metros de Haine pero sin poder encontrarle…la pequeña grita algo con toda la fuerza que sus pulmones le permiten mientras se escapan lágrimas de sus ojos....pero los cantos de los soldados no permiten escuchar sus palabras….pronto la figura de Lázaro se interpone entre Haine y la niña…esa espalda bañada en heridas ya no permite al vampiro de la sonrisa siniestra ver qué es lo que ocurre o lo que la niña deseaba…los delgados brazos de Lázaro parecen ubicarse al altura del cuello de la niña .

La ilusión termina abruptamente cuando el grito de la niña se vuelve ensordecedor…una mezcla entre un quejido agudo y los tocidos de alguien que se asfixia

Están devuelta en la habitación de Lázaro…

Haine…encuéntrala…es hora que des el siguiente paso en tu no existencia…tus alas necesitan abrirse…pero para lograrlo…debes cortar ese peso que te ata …rompe tus cadenas hijo ...yo estoy contigo…el futuro de nuestra raza depende de ti….Walrider…
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Re: Die Walrider

Mensaje por Marca del Estigio el Miér Abr 30, 2014 10:28 pm

Anne Kleiman








Una vida entera llena de tristezas y alegrias como todas pero con una sola que la abrumó cada día de su paso por el mundo de los mortales. Una vida larga, llena de recocijo y descubrimientos que muchos historiadores matarían por obtener... Anne se encontraba otra noche frente a su escritorio iluminado por una lámpara de luz amarilla que dejaba ver un sin fin de papeles e imágenes, objetos antiguos, libros, cartas, etcétera. Sin embargo ante su mirada atenta destacaban dos cosas: Una era un informe medico llegado ese mismo día a sus manos  y lo otro era una foto que la había acompañado toda su vida, sucia, amarillenta y en blanco y negro como todas las imágenes que provenían de aquella epoca. Un hombre con un uniforme militar de la SS le regresaba una mirada fija e inerte como si fuera su única compañía entre toda aquella oscura habitación. De repente un golpeteo resuena firme pero pareciera, por alguna razón, escucharse lejano.

-Señora, es hora de su medicina-. Con sumo fastidio se quitó los lentes, cruel y triste intento de mantener los últimos vestigios del sentido de la vista que se le iba debilitando con los años. Sin un segundo aviso una joven con traje de mucama entró al cuarto no sin antes encender las luces y cegar por unos instantes a la alemana que la miraba como si desease echarla de inmediato. Anne no era una mujer difícil de tratar aun cuando se interfería sutil e insignificante con su trabajo y su ardua meditación como lo había hecho aquella joven. Pero los años habían caído con dureza sobre quien fue alguna vez una mujer bella y de esbelta figura pero con una sobriedad y un vacío tan grandes que apenas le habían dado una que otra alegría de la que podía jactarse y sentirse satisfecha antes de poner su siguiente pie en la tumba. Con el pasar de los años su piel se fue marchitando y arrugado así como su cabello fue perdiendo el tinte dorado que relucía con los rayos del sol. Su carácter animosamente tranquilo y sosegado se había pedido junto con la salud que a duras penas mantenía aún con el dinero de una generosa jubilación y lo que sus hijos le pasaban. Es en aquellos años que se empieza a notar que no importa cuanto poseas… La muerte llega para todos y Anne la sentía a sus espaldas, reclamando por su inmediata compañía sin que le dejara hacer más avances con respecto a lo único que le había interesado encontrar toda su vida. Eso la enfurecía; la alemana había atravesado las barreras, superado los límites con los que todo Observador se encuentra al saber que hay más en este mundo de lo que suponemos y aun asi nada de eso, nada de lo que había hecho en aquel miserable lapso de vida le había llevado a ver al hombre de la fotografía más allá de ese simple papel inerte que le regresaba la misma mirada día tras día, noche tras noche.

Luego de hacer ese pequeño ritual que prolongaba brevemente su vida tomo un papel y empezó a escribir una carta mientras de tanto en tanto le dedicaba una mirada a un cajón con llave y pensaba… ¿Quién sería el más indicado? Muy pocas decisiones puede tomar un ser tan insignificante en este mundo que realmente signifique abrir un abanico de un sin fin de posibilidades, tan pleno como el mar. Seria mucho para cualquiera pero no era nada ante sus ojos… Quizás alguien con una mejor apreciación pudiera darle un mejor uso, quizás alguien encontrara en el las respuestas que ante ella pasaron por un simple dato más. Guardo en papel en un sobre y a su vez este término en la tapa de un diario forrado de cuero que salió del cajón al que Anne le dedicaba una mirada de tanto en tanto. Uno de aquellos chicos recibiría el diario… Era lo único que podía dejar.







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