Elise von Odenssen

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Elise von Odenssen

Mensaje por Elise von Odenssen el Jue Dic 12, 2013 6:56 am

ELISE VON ODENSSEN
 

Datos básicos
Nombre completo: Elise von Odenssen.
Apodos: "Patricii".
Original o Predeterminado: Original.
Edad: 341 años (Incluyendo años mortales. Aparenta 28)
Fecha de nacimiento: 10/Febrero/1672
Lugar de nacimiento: Odense, Suecia.
Raza: Vampiro/Guerrera.
 


Descripción Psicológica
 

Ligeramente hermética, es difícil acceder a ella en casi todo sentido hasta que considera que puede permitirse socializar, consecuencia de una característica desconfianza general.  Incluso para los preceptos del clan, mantiene un bajo perfil y la fama le es totalmente ajena. Sin embargo, es una mujer de finos modales, llena de propiedad que rasguña la solemnidad, elegante al actuar y elocuente al hablar. Amante de la quietud y el orden, siempre en constante aprendizaje, se muestra gustosa de adquirir nuevos conocimientos. De un humor en ocasiones ácido, no duda en recurrir al sarcasmo y la sorna si la situación lo amerita, sino,  es común verle con una expresión seria y difícil de leer evocada por un profundo autocontrol que de perderse, resultará complicado saber dónde desembocará.
 
Después de ser abrazada  la lucha se convirtió en su felicidad, no duda en levantar su mano en contra de un objetivo o anteponer su escudo para proteger  al clan y los suyos, siempre con convicción. Se muestra orgullosa y leal al clan, considera a ellos su verdadera y única estirpe.


Historia
 


Aquel informe era escuálido en comparación a lo que sus ojos acostumbraban ver. Comparado con las verdaderas enciclopedias que exigían tomos  y tomos de lomos revestidos con piel y letras doradas que estaba acostumbrado a leer. Pero aquél… rayaba lo raquítico. Llevaba en la mano una humeante taza de café, preparado psicológicamente para la posible jornada de diez horas  o más  de lectura en las que solía sumirse con vehemente fascinación siempre impulsada por su inherente curiosidad. Pero mucha fue su decepción cuando vio el escueto folder abandonado sobre el escritorio de la alcoba. Siempre víctima de su fascinación natural  frente a la encomienda que caía en sus manos, se había creado más expectativas de las pertinentes tras la promesa de recibir directamente en su habitación de la sede el informe completo.
 
Dejó la taza y tomó asiento, iluminado sólo bajo la luz ámbar de la lámpara de lectura. Entonces abrió el folder con su insípido color amarillo solo para alimentar su decepción. Eran apenas un manojo de hojas, una fidedigna transcripción del original que databa del S. XVIII, redactado por Ezra Lightner.
 
¿Ezra Lightner? Su nombre era la firma de una cantidad monumental de invaluables investigaciones para la organización. Ahora ese delgado fajo de hojas si tenía su entera atención, había sido un ingenuo al desprestigiar una investigación con tanta anticipación. Las  numerosas fotografías y dibujos adjuntos  le resultaba  un tesoro que reavivó su usual avidez.
 
 
“EXPEDIENTE DE LA “HECHICERA”  DE TREINITÁ DEI MONTI”
-POR EZRA LIGHTNER.
 
 
 
Octubre 23, 1699, Roma.
 
Hace unas horas  he arribado con bien a Roma desde Londres después de abandonar la  casa matriz, dejando atrás una lamentable situación no muy diferente a la que se vive  aquí en Italia. Me he hospedado en un humilde hostal  de la Piazza di Spagna; un lugar cálido y solariego que me ha recibido con una hermosa vista que puedo contemplar  a través del ventanal desde el lugar donde ahora escribo con mi fiel escribanía. Llenándome de un etéreo sosiego que desaparece al recordar el triste motivo que me trajo hasta aquí.
 
Si bien no son todas, la mayoría de los eventos que atraen a nuestros investigadores a todos los puntos del globo tienen una triste semilla. Que deja como fruto solo la tragedia. Y muy a pesar de ello, con la frecuencia que nuestros ojos  ven la desgracia – me incluyo con mucho pesar – no nos es indiferente. De allí el motivo que ha guiado mis pasos a Italia con el apoyo y mandato de los altos. Para registros de la casa matriz, comenzaré como es debido dando una explicación del marco alrededor de un cuadro que se ha reproducido  con más asiduidad del que la  humanidad debería fomentar, extendiéndose por toda Europa.
 
Pero para ahorrarme una larga y probablemente innecesaria introducción, resumiré el prólogo —pues posiblemente esto llegara a manos de estudiosos de las sedes —  en dos funestas palabras que han arrasado con la vida de propios  y ajenos, en su mayoría mujeres: Malleus Maleficarum.
 
No creo que sea una novedad mencionar lo que esto ha representado para muchos en nuestras filas, tristes de ver la difusión devota de semejante documento como manual inherente de esta cruenta persecución en su mayoría indiscriminada que ha cobrado en formas inhumanas vidas que no deseo cuantificar. Por políticas de la institución, como miembros de la organización no es un secreto la impotencia que experimentamos muchos al no poder interceder en un suceso que estoy seguro pasará a la historia; dejándonos como meros espectadores sin poder tratar de echar en reversa algo que ya no tiene solución desde sus entrañas.
 
Pero podemos actuar como una fuente de información para los ojos temerosos e ignorantes que siguen ciegamente este movimiento sin precedentes y así por lo menos salvar una vida de entre las tantas que ya se han perdido.
 
Esta vez — como es de esperarse con todo lo que he descrito antes — es una mujer la que me ha traído a Italia. Dentro de la precaria situación de la actualidad, a la casa matriz de Londres habían llegado recurrentes reportes  en las últimas semanas de una mujer de la cual se decía: era una hechicera. Una bruja. Sería ingenuo en mis años cuestionar la existencia de estos seres, pues incluso algunos figuran en nuestras filas y mucho distan de una esencia malvada. Pero, los motivos que llevan a la gente a señalarla cada vez más descaradamente exceden cualquier necedad conocida y casos así  se han reproducido por Europa solo añadiendo más características para “saber” diferenciar una presunta bruja. Prueba indiscutible es la misión que pesa ahora en mis hombros.
 
Retomando las investigaciones preliminares. La mujer cuya vida puede estar pendiendo en mis manos desciende de una modesta familia medianamente acaudalada proveniente del oeste de Copenhague sin precisar con exactitud dónde — por ahora, la rapidez con la que suceden los eventos nos impiden emplear más personal del que disponemos y este caso en especial surgió prácticamente en nuestras narices no conforme con esto, el  tiempo apremia a cada letra que escribo —. Contando con no más de treinta años de edad, Elise Von Odenssen —inexplicablemente — ha permanecido hasta hoy sin ser desposada y había vivido hasta hace unos días  en el seno de su familia, conformada únicamente  por ella y sus padres quienes murieron hace siete días en una insurrección de la bien llamada “Cazería de Brujas”; donde lamentablemente su padre encontró la muerte intentando salvar a su esposa — y madre de Elise ­— quien pereció bajo una tortura que no me atrevo a describir y muy poco vale la pena narrar en este momento.
 
Como era de esperarse, el pensamiento común de las masas  fue que si la madre es una bruja, probablemente la hija también  lo era. Para justificarse a sí mismos, los moradores de las inmediaciones repiten con desquiciante frecuencia — incluso  yo mismo los he escuchado  conversarlo tan ordinariamente como cualquier otro tema en boga a penas con unas horas en suelo romano —  que la han vuelto a escuchar. Al parecer,  la doncella había encontrado  su indeseada — desde mi perspectiva — fama gracias a que periódicamente se le había escuchado tocar el violín a puertas abiertas, dejando que la “infernal” música — cómo lo describen los informes— escapara por la  terraza de la planta alta bañando la alabada escalinata que precede la iglesia de la Santissima Trinitá al Monte Pincio, lo cual ha rematado la herida fe de los residentes que consideran eso un reto directo al poder de Dios.
 
Y es que  los testigos interrogados por los aprendices, dicen que a través de las cuerdas parece manar  un sonido que no es de este mundo. No es normal. Que se dedicaba — incluso antes de que la cacería alcanzara a las mujeres Von Odenssen — a pasar tardes enteras con sus dedos sobre el instrumento profanado, tocando frenéticamente fuera de toda armonía conocida, invitando y despertando los  instintos naturales  de los hombres y guiando a las mujeres débiles de espíritu a satisfacerlos. Induciendo a los pecados de la carne con desconocidas melodías que nacían de las entrañas del páramo de la oscuridad. Según decían los  crédulos.
 
A eso se le sumaban los rumores de poder curar males de difícil tratamiento con inexplicable facilidad y sobre todo: éxito. Y claro, de ello sus “pacientes” nada replicaban; pero quienes  no habían pasado por sus cuidados sólo podían atribuir tal eficiencia a los favores de una oscura entidad  a su servicio. — “En la casa oculta decenas de frascos con dudosos contenidos” — había dicho alguno y yo no puedo más que reír con  entrañable tristeza.
 
Por ahora sólo puedo deducir de primera instancia que es víctima de una visión cegada por el terror de las masas. Es más, podría jurarlo. Sólo me resta observar y estudiar, como siempre lo he y hemos hecho,  confirmar su  inocencia  y abogar a favor de su redención… o seguirá el camino de su madre.
 
Octubre 26, 1699, Roma.
 
Dos días, errando como un espíritu sin rumbo por el centro de la ciudad. Llenándome la barriga y mimándome de fragantes panes acompañados de los mejores vinos que he podido encontrar  sin disfrutarlos a plenitud pues muy consciente estoy que mi estadía muy lejos está de un viaje de placer.
 
En alguna forma, la organización nos enseña a ser discretos para pasar desapercibidos al momento del estudio de campo, pero no puedo evitar recalcarme que esto es simple y puro espionaje. He seguido a Elise durante estos casi tres días, escribo en la mitad de la noche, plenamente seguro de que la doncella Von Odenssen se encuentra en su hogar  y durmiendo pues no hay ni el atisbo de luz en el interior de la casa. Hasta ahora, no he observado nada que pueda diferenciarla de una persona ordinaria aunque parece seguir un itinerario riguroso, partiendo muy temprano a realizar  magras compras  para cada comida, comprensible cuando solo queda  una boca que alimentar. Manifiesta su luto vestida de negro lo que es de esperarse e incluso desde el lugar donde la contemplé logré vislumbrar las  marcas que dejan jornadas de llanto en su rostro de porcelana.
 
Y es que sin duda — y con profundo respeto — confieso que es una hermosa doncella que a su edad se sabe, se conserva virgen.  Gesto de finas facciones que no ocultan su herencia del norte de Europa, adornada con una melena rubia pálida que apenas se ensortija hacia las puntas la cual lleva siempre levantada en un moño, con la piel blanca y resplandeciente conspira con la claridad de una mirada cenicienta. Demasiado alba para ser señalada como un esbirro de las sombras.


Hasta hoy, casi podía asegurar que ningún buen mozo en su sano juicio se atrevería a pretenderla influenciado por su creciente fama, pero esta tarde he notado que suele ser visitada por un hombre que parece procurarla como la sombra que la sigue. El hombre — del cual desconozco su nombre y por ende todo de él pues no figura en los informes  ni por error — es bien parecido, vigoroso y tremendamente varonil; ostentando un estandarte de aristocrática talante siempre vestido de fino traje negro que se confunde con su cabello largo y oscuro cual ébano; no he logrado leer sus labios — tampoco su pensamiento que  de alguna manera está vedado para mí lo cual me desconcierta de sobremanera — pero en el lenguaje que exhiben sus ademanes llenos de elegancia, la cortesía y gentileza que dedica a  Elise en las escenas que he podido presenciar. Podría asumir que el caballero podría estarla cortejando.
 
En consecuencia, después de que desaparecieran de mi vigilancia, invertí mi tiempo en saber del caballero, tras breves interrogatorios desperdigados entre la gente de las inmediaciones terminé en el mismo punto en el que había empezado. Sin nada.
 
La misma pregunta, diferentes personas, mismas respuestas. Todos lo han visto con la hechicera Von Odenssen desde hacía muchos meses atrás, pero nadie sabía nada de él. Ni siquiera su nombre. Ahora este hombre me provoca una fuerte curiosidad y atracción, pero al mismo tiempo pone en estado de alarma a mi intuición me dicta guardar mi distancia y abandonar la campaña, incluso la misma Italia. Contrario a todo, me siento más atraído a permanecer. Algo me dice que entre la pareja, si alguien podría tener aunque sea  un ínfimo hilo hilvanado al terreno sobre natura.  Es él.
 
Octubre 28, 1699, Roma.
 
Estoy encantado. Fascinado. Hoy he sido espectador indirecto de las habladurías y me encuentro escribiendo dominado por el frenesí. Y es que los rumores son relativamente genuinos.
 
La he escuchado tocar.
 
Aún tengo los oídos llenos del agudo rasgado del arco contra las cuerdas. Pero lejos de todo prejuicio, es grandioso el talento que posee teniendo el violín entre sus manos. Un espectáculo que sería digno de escuchar si la cruel casería no estuviese  pisándole los talones a la pobre Elise.
 
Llevo cinco días en Roma, me encuentro en el final de Octubre, en el corazón del invierno y en el ocaso del siglo con un amargo sabor apuntalado en las entrañas casi con el nuevo siglo viéndome  a la cara. Con cinco días empleados, considero que comienzo a perder mi talento que ha sido útil a mis caprichos y a la orden misma,  pues  apenas y he logrado obtener un manojo de anotaciones que puedan hacer la diferencia en mi empresa.  Luego de una aromática taza de té recobro el sosiego y caigo en cuenta de que si no he logrado dar con nada: es por qué no hay nada con lo cual dar.
 
Simplemente es una dama que excede al tiempo en el cual nació. Y es que esa  podría ser una definición — tal vez apresurada — para Elise. Atemporal. Dentro de lo poco que he podido reunir en mí haber, en esta hermosa tarde malva  y naranja de otoño en la cual he perdido nuevamente a Elise  y su extraño caballero guardián,  sé que su crianza no encaja con las costumbres de nuestro tiempo. A pesar de ello,  es como muchas conocedora y virtuosa del piano pero su pasión se abandona a las cuerdas del violín y su alarmante talento vanguardista que entra en perfecto eclipse con las dulzonas armonías  de nuestros días, terminó por regalarle los diabólicos atributos que  la gente le imputa.
 
Como la mujer convencional, obedeciendo a las tradiciones,  conoce todo lo que debe saber y un poco más. Realmente mucho más. Pues si podía rescatar algo hacia el final del siglo, es la creciente cifra de mujeres que se nutrían intelectualmente y estoy gustoso de decir que esta mujer ha demostrado una auténtica avidez fomentada por su propio padre. Con un poco más de esfuerzo podría comprobar que sus avances  medicinales podrían deberse a un refinado estudio por parte de Elise.
 
Retomando mi argumento,  Elise anda a zancadas en un mundo  donde casi todos caminan, avanzando a pasos agigantados. Desde otra perspectiva podría ser peligrosa para las mujeres de su tiempo de lograr contagiarlas. Simplemente atemporal, en su cuerpo blanco y lleno  de  casi veintiocho años — confirmado — ya su mirada refleja una sabiduría que brilla oscura  y con elegancia en comparación a las  mujeres  a su alrededor.
 
Y pude ser también privilegiado espectador de ello. Por desgracia hoy fue un mal día para tan lóbrego concierto que ofreció en su práctica vespertina, desafortunada y azarosa, eligió la noche donde las brujas suelen bailar, si lo planteo de una manera burda.  Los rumores se han intensificado, cada vez existe más repudio en las palabras de las masas y ya puedo adivinar una nueva insurrección que se levantará en su contra. La naturaleza predecible del ser  humano promedio y ordinario aunado a las revueltas indiscriminadas que he presenciado hasta ahora — en su mayoría erróneas o con espeluznantes finales  — me anuncia que el tiempo se me acaba.
 
Estoy agradecido en silencio con aquel gallardo caballero que la procura; pues esto al parecer  no sólo fue evidente para mí, sino también para él, llevándosela de la Piazza a los primeros indicios. Aunque aun no entiendo por qué no la ha sacado de Roma. Me inquieta.
 
Pero algo es seguro, el tiempo se agota. Aún seguro de la inocencia de la pobre Elise, no sé cómo podré disolver los temores afincados en el pueblo sin ser arrastrado por la corriente o ser precursor de las llamas que podrían elegir para incinerarla en vida.
 
Noviembre 1, 1699, Roma.
 
He sido un completo bueno para nada, he despilfarrado un tiempo valiosísimo que en este momento lamento desde lo más profundo de mi ser. Mi consciencia ya me dice que he venido para de nuevo ser un mero espectador que espera a que las cortinas bajen después de un amargo final. Y apenas ayer aun pensaba ingenuamente que contaba con un tiempo que nadie tiene, pero esta vez el pueblo se había enzarzado con la hechicera más temprano de lo esperado. Con las almas de la multitud enardecidas, sé que nada querrán escuchar.
 
Enseguida haré  una breve descripción de lo ocurrido en las últimas horas cuando la noche apenas baña Roma. Cómo cada día, en la juventud del atardecer, Elise salía después de dejar la compra del almuerzo para encontrarse con su oscuro confidente en el lugar de siempre, apenas pudo consolidar el encuentro junto a él  cuando todo empezó. Podría jurar que incluso aquello estuvo planeado de principio a fin, que en alguna parte  mi precario entendimiento  no pudo adivinar de dónde provenía la mano que parece orquestar  las revueltas desde las sombras donde resguarda su identidad. Y aun con toda mi experiencia que parece abandonarme a través de la herida de mis propios errores, ni siquiera  logro dar con el más  obvio por qué detrás de esto.
 
Gracias una soberbia que desconocía en mi persona, he subestimado la situación aun cuando al inicio supe cuan delicada era, dejando que los minutos  se me fueran de las manos.
 
Ahora, en estos momentos; Elise yace resguardada en el interior de la Santissima Trinitá al Monte Pincio con su leal caballero, responsable de que se encuentren allí tras haberla arrastrado  a la iglesia en cuanto la multitud  se empezó a acumular a la Piazza esta tarde. Desde entonces las puertas permanecen atrancadas por dentro junto con todos los accesos a la nave.  En pocas palabras, ella está ahí  y yo aquí en el pacífico cobijo de mi habitación, escuchando los gritos que envuelven la iglesia  al otro lado del hostal; clamores que exigen se les dé a la bruja para ser purificada en las llamas.
 
He cometido muchos errores a lo largo de mi vida entregada a la organización, pero este es el más monstruoso de todos. En una deuda a mi propia consciencia  y con la misma Elise, deberé intervenir directamente. Es lo único que puedo hacer. Si permanezco aquí… no seré muy diferente de aquellos que intentan segar su vida bajo el estandarte del martillo que aplasta las brujas, en voz de la multitud. Espero regresar a salvo y con buenas noticias.
 
Siempre fiel.
Ezra Lightner.
 
 
Noviembre 2
 
Ni siquiera el licor más fuerte ha sido útil para apaciguar  el terror en mis venas; he acabado con la mitad de una botella  y no siento ni el más nimio ápice de ebriedad. Creo que la embriaguez física me es negada para no poder volver a encontrar sosiego de nuevo en la vida, una cuota justa equiparada a mis errores que han desembocado  en una  abominable tragedia que ha vestido de rojo la escalinata que baja a la Piazza di Spagna. Esta tarde se perdieron más vidas de las que pudieron ser.  Ayer a mi arribo a la Trinitá dei Monti fue la epitome de mis errores e impotencias. Casi un centenar de almas incautas permanecían obstinadas  en tomar la vida de la bruja Von Odenssen y para este momento han pagado el precio. Que gran error.
 
En este momento, cuando creo que mi vida está en peligro y a punto de acabar, no sé qué sucedió. Pero Elise estaba muy lejos de ser clasificada como una bruja. Era algo totalmente opuesto. Se había convertido en un enemigo natural de las presas predilectas de la Inquisición. Tan sólo en el breve lapso que había durado encarcelada dentro de la iglesia.
 
La escena se repite  una y otra vez incesante en mi mente.  Cuando las  pequeñas puertas se abrieron de golpe tras el último halito de luz de sol, entre el malva que devoraba el día para convertirlo en noche. Y ahí estaba ella. Hermosa y siniestra con el talle del vestido roto  y oscurecido  en sangre que mancillaba el claro de su piel, pintando torpemente su rostro manchándole la boca con una mueca parecida a una sonrisa. Un sepulcral silencio nació en ese momento mientras su fantasmagórica figura observaba inerte a la multitud que un segundo atrás clamaba por  su  muerte.  Y al fondo, más allá de la nave, de pie en el presbiterio con aire de victoria sonreía genuinamente y con todo decoro  el oscuro caballero. El verdugo de Elise.
 
Si, la misma Elise que de repente gritando con furia histérica se había abalanzado entre la gente que se dividía entre aquellos que creyeron ilusamente poder contra la nueva ira que había dotado de fuerza a sus manos;  y los que  creyeron poder escapar  a los suspiros entre los cuales se escurría moviéndose con una velocidad sobrehumana.  Los gritos desgarradores interpretaban una funesta sinfonía para la destrucción bajo el sonido de los  cuellos que rompía entre sus blancas manitas  no sin antes haberles vaciado gran parte de la sangre y antes de acabar con un cuerpo ya se lanzaba sobre el siguiente, mientras veía en ella una avidez brillando en el escarlata que había desplazado el gris de sus ojos comenzando a tejer una  alfombra humana con los cuerpos inertes que iba dejando en el camino. Exudaba venganza. Respiraba con violencia, podía ver en su rostro el éxtasis de cada gota entrando su sistema  delicioso  y libídine. Antes de que acabar con el numeroso asedio humano que la había sitiado desde la tarde,  apenas un pequeño grupo de contingencia armado, ostentando sus capas  negras le apuntaba con pistola en mano.
 
Entre las manos que la amenazaban, más de una temblaba viendo a la reina blanca sola acabar con el lado negro del tablero coronándose de rojo entre  los cadáveres. Entonces un tiro se soltó perforando su pierna, contuve un grito al ver su inmediata caída  apenas vislumbrando  como su pierna se doblaba en una flexión inverosímil cediendo bajo su peso,  terminando tendida en el suelo en una posición perturbadora  aún con su precioso cabello de oro pálido regándose sobre ella absorbiendo lentamente la sangre  profanando su pureza. No se hicieron esperar las reacciones de alivio en las cuales cobardemente  me incluyo,  pues mi distancia con la escena fue la única razón que me permite de estar escribiendo tan rápido como me lo permiten mis manos.
 
Fue en ese momento que mi intuición me invitó a volver a ver al interior de Trinitá dei Monti,  ahí seguía aquel hombre, impertérrito y aún más risueño que antes. Recordándome con la curva de su boca a quién nos enfrentábamos. Elise se era un vampiro consumado. Y yo lo sabía.
 
Incapaz de declararlo bajo el cielo de Roma, sólo una carcajada espeluznante  rompió el segundo silencio sepulcral que Elise desencadenó con su aparente caída. Y entre la risa se elevaba un ligero sollozo embriagado de infinito dolor precediendo el momento en que la mujer se levantó de nuevo sosteniéndose sobre sus dos piernas  mientras aún se quejaba.
 
—“Mi niña, no llores…pelea”— había dicho aquel hombre y el eco de su voz rebotando dentro de la nave sólo hizo más siniestra su invitación. Todos los presentes estábamos petrificados de horror. Por un momento creí  que el caballero había desaparecido por un parpadeo y al siguiente en su diestra sostenía un escudo que lanzó con la gracia que se lanza una piedra al lago — “Una adquisición de mi maestra, un regalo para ti. Bienvenida a la familia pequeña” — añadió el hombre. El artefacto cayó incrustándose entre los cuerpos quebrándolos, anclándose en las baldosas  en niveles inferiores creando una penetrante reverberación melódica similar al funesto tañido  de una  campana anunciándonos el infausto final.
 
Yo observé todo desde un punto más allá de la fuente de la Piazza. Cuando la guardia siquiera pretendió  escapar, Elise sostenía con ambas manos el monumental escudo; torpe pero rauda como si sostuviera un cuerpo etéreo entre sus manos  mientras  trituraba bajo el peso del escudo los cuerpos de la guardia. Antes de que aquel hermoso némesis terminara con la última de sus víctimas me eché a correr hacía  el hostal a unos metros de ahí el cual estaba desolado hundido en tinieblas y apenas encendí la  lámpara, empinándome una botella abandonada en el recibidor, dejé  que las palabras salieran de mi mano. Y terminan aquí.
 
Este es  mi último informe, no necesito usar mis dones para saberlo. Sé que me vio. Escucho su respiración agitada estremecer los pasillos e incluso podría jurar que acabo de verla pasar por el hermoso jardín del  que tengo vista desde mi alcoba.
 
Siemp…
 
FIN DEL INFORME DE EZRA LIGHTNER.
 
 
INVESTIGACIONES POSTERIORES DEL CASO DE LA “HECHICERA” DE TRINITIÁ DEI MONTI.
 
Antes del incidente, Ezra Lightner había reportado a la casa matriz de Londres la magnitud de los hechos y un par de investigadores fueron enviados al lugar. A la mañana  del día tres de Noviembre del año 1699, se encontró a Ezra Lightner sin vida, la sangre había sido extraída de su cuerpo  y colgaba sostenido por el cuello clavado  a la puerta de la iglesia de la Santissima Trinitá al Monte Picio por un escudo puerta tipo scutum de color plateado y reflejos cobalto con incrustaciones de zafiro, se presume de una aleación de acero y cobalto recubierto de vanadio — deducciones atribuidas al aspecto del artefacto —. La falta de información acerca del escudo se debe  a su desaparición durante su traslado a la casa matriz. Se desconoce en qué punto del viaje fue extraído.
 
La investigación se hibernó por órdenes de los altos mandos. Sin embargo entre los estudiosos y aspirantes subsiguientes que conocieron el caso de la masacre de la Piazza di Spagna dentro de la organización se logró un último avistamiento  casi noventa años después.
 
El último registro fidedigno que se tiene de Von Odenssen, sucede después de  1795. Cuando investigadores de la orden se entrevistaron en un encuentro aparentemente fortuito con Antonio Paganini y su esposa Teresa Bocciardo, quienes externaron la confesión de su hijo Niccoló.
 
Con la inocencia propia de su juventud pero  el desconcierto que  les producía la frescura con la que el menor había confesado el suceso, la pareja  genovesa reveló la visita de una mujer que encaja con la descripción hecha en 1699  por Ezra Lightner confirmada con el cuadro sustraído  de la casa de la Piazza di Spagna actualmente se resguardado en la sede de Milán. La mujer quien se presume se trata de Von Odenssen, visitó al  joven músico en el año de 1789 durante un periodo no mayor  a una semana, fechas que concuerdan con la repentina aparición del gusto por el violín en Niccoló. El niño confesó también haber recibido sus primeras lecciones por parte de ella quien le había entregado un instrumento al infante con la  consigna de no revelarlo hasta  después de tres años cuando mejor le apeteciera y con ello también  le mostró “la nota que flotaba escondida en las cuerdas” — según la descripción textual de Niccoló — junto con los principios de la técnica que había empleado ella misma durante el  siglo XVII.
 
Desde entonces no se ha vuelto a ver a Elise Von Odenssen. En la actualidad se conserva el exquisito violín también en la sede de Milán tras la muerte de Niccoló Paganini. Fundada después de la masacre de Roma.
 
 
FIN DEL EXPEDIENTE.
 
 
La taza de café se había acabado entre los tragos automáticos que apuraba periódicamente; los pocos restos en el fondo se habían enfriado y él continuaba con la nariz hundida en el informe. No literalmente claro.  Entre sus dedos reposaba una generosa cantidad de polaroids que extendió en el orden que el número de serie le iba indicando. A sus ojos, la  tenebrosa secuencia lo invitaba a seguir inmerso en su oscuro significado. Habiendo pasado tantas veces con ordinaria cotidianidad por la Piazza di Spagna, no lograba imaginar plenamente la plaza asida en un vestido sanguinario como el que Ezra describía. Las primera fotos eran del pergamino original hecho por Lightner en su puño  y letra  para estudio grafológico. No era su especialidad más destacada dentro de su repertorio, pero sus conocimientos fueron suficientes como para saber que ese hombre… había rayado la demencia más allá del terror en sus últimos momentos. Lo compadecía.
 
En la foto siguiente estaba retratado  el  dibujo elaborado posteriormente a la desaparición del escudo, una pieza exquisita. Pero en su  curiosidad,  sabía que acariciar en vivo con su mirada cada detalle del escudo hubiese sido por mucho más satisfactorio. De entre la compilación sus ojos se desviaron  a las dos últimas fotos; la primera, era una foto del violín entregado a Niccoló y la segunda era la pintura retratada de Elise Von Odenssen. Ezra tenía la razón, la elegante pintura había capturado con plausible detalle la belleza indudable de la asesina de Trinitá. Se quedó contemplando durante  un largo periodo a los intensos ojos de expresión taimada plasmados en el retrato.
 
El árbol junto a la ventana  golpeó el cristal suavemente haciéndolo saltar en su asiento, fue entonces que notó la enorme tensión en la que se había sumido durante la lectura.
 
Se quitó  las gafas abandonándolas sin cuidado sobre el escritorio, pasándose las manos por el rostro y el cabello liberando en el acto el estrés  y el sopor que  conspiraban en su contra. Vaya pareja. Volviendo a colocarse las gafas miró el retrato nuevamente, sintiendo una enorme familiaridad al verlo… de alguna manera no le impresionaba, lo intrigaba. Si estaba en la casa matriz ¿cómo es que no recordaba la pintura de Von Odenssen? Tomó la gabardina marrón del perchero, iba anudando la cinta  de la cintura, con la imagen  de la chica en su cabeza. Entonces marchó  al pasillo más tranquilo y alejado de la sede, entonces la vio. Su mirada rodaba por las longevas pinceladas que databan de más de trescientos  años de antigüedad. Nuevamente se detuvo en la soberbia mirada cenicienta, bajo la luz de la bombilla apuntándole, adquiría un brillo que le daba mucha vida. No podía creer que con un aspecto tan diáfano se convirtiese en una segadora de almas. Era triste. Se resignó a la idea de ver el violín, posiblemente el objeto descansaba en los niveles inferiores de la casa para lo cual exigía una negociación previa que por esa noche no estaba dispuesto a hacer. Ya pasaba la media noche y abandonaba la sede de Milán abordando el primer taxi que se cruzó frente a él con destino al Centro Histórico.
 
Había recorrido la Piazza durante el día, pero nunca en el seno de la noche. Quería  intentar siquiera rasguñar  la imagen del preludio a la gran tragedia que el desafortunado Ezra había padecido.
 
El taxi aparcó al otro lado de la fuente, donde  Lightner había  contemplado todo,  se dio el tiempo de posicionarse  y como un perito tratar de seguir los eventos, imaginar las trayectorias. Pero  en  un rompecabezas de millares le hacían falta muchas piezas.
 
Teniendo en contra la indecente hora en la que su curiosidad se había despertado con toda su fuerza,  logró  ingresar en la iglesia. A sus  ojos ya no era la misma, si no el silencioso cómplice de una tal vez justificado pero inesperado “castigo” para quienes habían cosechado la cólera de Von Odenssen hasta el hartazgo. El eco de sus zapatos no advertía el sendero que seguía  entre las gigantescas bancas de madera separadas del presbiterio por una verja de latón negro.  Se postró frente a la verja, sus manos por inercia envolvieron con sus dedos las formas ensortijadas del latón apenas haciendo un gesto de dolor  notando un nuevo corte en su índice.
 
Entonces un cuerpo blando lo presionó por completo contra la verja suave pero con dominante fuerza sin ser siquiera capaz de oponerse. Una mano templada tomaba la suya herida, la humedad de una boca se apretó contra la herida limpiando la gota escarlata  provocándole una irracional sensación de  gozo y temor.
 
Fue al intentar volverse que cruzó con los luceros de plata resaltando de entre una fuente sedosa de cabellos con su belleza dorada.  Un escalofrío castigó su nuca mientras una sensación inclemente de vértigo estremecía sus entrañas. Estaba frente a la mujer del cuadro: Elise Von Odenssen.


—Buonanotte— saludaba irradiando un halo místico mientras pronunciaba con exquisito acento — o debería decir… Bonne nuit, monsieur Dorian Lampenoir — estaba condenado, ridículamente por una  minúscula gota sangre que ella había bebido ya — Así que ustedes  tienen mis pertenencias... —  escuchando su voz golpeando su mejilla, era deliciosamente aterrador,  con su rostro de porcelana  hundiéndose en su cabello acercándose a su cuello ­— Tiene usted, muy mala suerte… de estar hoy aquí, sólo para coincidir conmigo, solo para acabar como su antiguo predecesor y colega — escuchó su propia piel crujir bajo una fila de afilados  caninos  rompiendo su piel y después de ello un frío incalculable, un placer impensable y un dolor… que simplemente, no le permitió a los sonidos manar.
 
Dorian Lampenoir fue catalogado  como desaparecido  después de abandonar  la sede de Milan hacia las dos de la madrugada.  Su búsqueda permanece tras no da con su cuerpo.
 
La investigación del vampiro de Trinitá dei Monti, pasó de hibernado a cerrado por órdenes de los altos mandos de la organización con dos  investigadores perdidos en campo.


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Re: Elise von Odenssen

Mensaje por Marca del Lobo el Jue Dic 12, 2013 9:50 pm

'Si alguna vez estás dispuesto a vender tu alma, no te molestes a vendersela a otro ser humano. Es un mal negocio. No vale la pena ni tenerlo en cuenta'. Uno de los ultimos hijos de un linaje de brujos me dijo esa frase hace ya tanto tiempo. Un consejo sabio. Decían que un espíritu perseguia y protegía a su familia desde hacía más de diez generaciones.

Hermosa Elise, si él te viese diría que tu trato fue más que justo. Ninguno de los hijos de esa familia vive, sin embargo, dicen que el espiritu que les protegía aun camina por las sombras.

Se bienvenida a este mundo de tinieblas, preciosa hija de la noche. Sin embargo, ten cuidado...

'¿Acaso creías que podías bailar con el diablo y no pagar un precio por ello?'


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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