Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

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Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Leona Boadicea el Mar Dic 10, 2013 6:59 pm

Leona había permanecido dos horas sentada junto a la leña recién cortada ubicada junto a la cabaña construida cerca de la empalizada. Acomodada de forma que estuviese separada de la lluvia la cual, según su olfato, no tardaría en llegar, la muchacha se había sentado junto un par de leños colocados de forma horizontal en el suelo, casi como si quien los había cortado los hubiese colocado así con la meta de volverlos un asiento para la inquieta muchacha. Tenía ambas piernas entrecruzadas mientras observaba con inquietud la cabaña junto a ella, esperando que algo surgiese de la puerta que no se abría. Habían pasado algo de cuatro días desde el llamado de Galliard y, desde entonces, todos veían a la muchacha ardwolf poco más que como un fenómeno. Incluso su padre parecía no saber cómo dirigirse a ella para hablar de lo que había pasado y, con esto, la  joven lentamente comenzó a desear abandonar todo de lo que había visto o aprendido en los bosques de Fenrir. Y con cada día que pasaba, ese intento se hacía más y más fácil. Cada instante que estaba de nuevo en sus tierras donde el color de la tundra predominaba, más y más se convencía que lo que había vivido con los Fenrir no era más que un sueño. Por momentos parecía que algún recuerdo buscaba retornar como aquel sueño que emerge en medio de las actividades más cotidianas pero se ve ahogado al instante por la realidad. Su madre le había advertido acerca de aquello. Un mundo tan etéreo podría escapar entre sus manos como gotas de agua. La muchacha tenía que concentrarse para poder recordar la forma de los bosques y el color de éstos. Aun el aroma permanecía en su olfato cuando el sol se ocultaba y el agua del lago resonando contra la tierra como si acariciase la misma. Pero había olvidado la mayoría de los rostros y, tal cual un ser vivo nota al despertar, empezaba a costarle acomodar sus recuerdos de forma de convencerse que eso había sucedido y no lo había inventado.

Eso acariciaba su mente juvenil mientras esperaba sentada a que la puerta de la cabaña se abriese, sin decir nada ni emitir sonido alguno. Tenía ambas manos unidas en su abdomen, con los ojos fijos en un punto frente a ella que le era indiferente a pesar de estarle viendo. Las nubes oscuras fulguraban por un instante para finalizar devolviendo al cielo el tono grisáceo de las nubes que presagiaban una tormenta. El viento traía consigo agua, cosa que podía casi saborear desde su sitio y, aun así, ella permanecía quieta. Olvidó por un instante dónde estaba y por qué había ido hacia allá. Se había encerrado tanto en sí misma que su mente buscó hilvanar recuerdos y fue entonces que las hebras de su cabellera otoñal se mecieron de forma suave. Sus ojos se entrecerraron, volviéndose sus pupilas negras y cubriendo casi por completo el verde de sus irises. El canto de la Sirena de los Fenrir pareció llegar traído por el viento inquieto y, aun así, no le escuchaba por completo. Y en medio de la melodía, un rostro que buscaba formarse en su memoria. A pesar de aferrarse a éste, lentamente perdía las facciones y la mirada, la forma marcada de su cara e, incluso, el color de sus ojos. Eran verdes…¿O celestes? Eran verdes. Recordaba la hierba cuando le veía. El color de su piel era blanca pero, ¿blanca como la leche o blanca normal? Blanca como la luna…¿Era blanca como la luna?

El ceño de la muchacha se frunció en una duda mientras buscaba dibujar en su mente aquella forma que se perdía con especial rapidez. Sin embargo él sí había existido. Él era real, podía dar fe de ello. Habían hablado, habían discutido y definitivamente, habían llegado a un acuerdo. Él era real así como ese jardín blanco como la espuma y ese hogar oculto dentro de uno de los árboles.

Pensaba aun en aquello cuando la puerta se abrió de repente y la joven reaccionó saliendo de ese estado meditabundo en el cual había caído. Y fue entonces que sonrió por inercia, haciendo una mueca extraña y ligeramente nerviosa que de haberla visto reflejado en el agua habría pensado que era un poco estúpida. Aflojó sus hombros y saltó de los leños donde se había acomodado para mirar a quien había ido a buscar. Su padre le dijo que dejase a Niall tranquilo luego de lo que había sucedido. El muchacho necesitaba tiempo para calmar el dolor de su alma y , seguramente el bravo León temia que las ideas extrañas de su hija terminasen por confundir a quien había sido su maestro de infancia…o terminasen por enfurecerle. Sin embargo, Leona rara vez hacía caso y ni siquiera una estadía completa en tierra de Fenrir cambiaría esa muletilla en su caótico carácter. Además, como ella pensaba, no estaba molestando a Niall. Ella se había sentado en la puerta de su casa a esperarle. Y él apareció por misteriosa intromisión de Gaia. Técnicamente en su excusa…Niall era el culpable. – ¡Hey!  - su voz surgió juvenil, como siempre, notando entonces que se refería a su mentor el cual rara  vez tenía un carácter que reaccionase feliz a cualquier cosa. Apretó los labios y se acercó caminando hacia él –Parece que lloverá…- señaló lo obvio sin saber cómo introducirse a una plática con él. ¿Sería que la juzgaría de chaman demente como los demás? ¿Ahora la reconocería como Leona la adrwolf a pesar de haber vuelto tan extraña de aquella convivencia con los Fenrir? Sí, seguramente sí. Niall era diferente a la mayoría de los Ardwolf.
Él pensaba…
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Niall Ragnar el Lun Dic 16, 2013 11:32 pm

Fuerte, más fuerte de espíritu que débil su cuerpo, más fuerte que hermosa… Durante cuatro días, desde que Galliard había tocado las primeras notas de la melodía de la guerra, en vez de aquella siempre imponente presencia que la tomaba a ella entre sus brazos fuertes a su débil y pequeña esposa y solía cruzar tanto palabras como golpes con su hijo a cada momento había sido reemplazada por una urna inerte que Niall se quedaba mirando por largos instantes en los estaba a punto de salir a cazar y aquello lo frenaba.  Aquella imagen tan pequeña, tan estática que no podía hacer que el joven guerrero pudiera relacionarla con su padre de ninguna forma. Lo único que podía ver en frente era algo roto como la paz que los había  abrigado en su seno durante años y el, fuerte promesa de Gaia, solo podía suspirar y juntar los pedazos cual derrotado, por el momento. Ella sin embargo se mostró fuerte… La vista en alto y las palabras firmes a pesar del dolor que luchaba contra su voluntad por quebrar su garganta. ¿Cómo evitar el partirles la cara a cualquier que se atreviera a burlarse de esa mujer tan fuerte, cuando incluso aún se podía ver a algunos que no se habían despegado aun de las urnas que solo llevaban lo que alguna vez fue y no volverá a ser? No había derecho y en lo que al respectaba la estupidez puede curarse a golpes… No importa si esos vienen de su mano o de la vida misma.

El por su parte aun no caía en las palabras de Galliard tan pronto los animas se apaciguaron con la misma rapidez que se levantaron: “Ocuparas el lugar de tu padre.” ¿Se habría dado cuenta el líder que tanto significaban estas palabras? Si… De seguro lo comprendía a la perfección de la misma manera en que comprendió las palabras de su problemática alumna una vez que dejo de lado el dolor y la impotencia por la caída de sus camaradas. A pesar de sus años en los ojos de Galliard vio reflejado un  cachorro que recién ahora empezaba a ser productivo para la manada y hacia que reafirmara en su interior cuanto le faltaba por mostrar aun. Pensaba en aquello y sonreía levemente mientras conversaba a solas con su padre lejos de cualquier tipo de mirada que pudiera interrumpir aquellos momentos que se le empezaban a hacer costumbre.

Ese día no tuvo nada que decir mientras nuevamente se quedó mirando la urna de Úsmebu, sin nada que decirle a su padre aunque hace apenas unos días tuviera tantas novedades que contarle. Quería sentir la fuerza al tensar el arco, ese vínculo fugaz entre la presa y el cazador, el mundo reduciéndose a él y su objetivo sin nada más.  O, por qué no, practicar herrería… Sentir el calor avasallante del fuego y el metal fundido, golpear el hierro hasta darle forma como la dureza y el rigor le daba forma a cada Ardwolf caído y de pie.  Ahí era cuando la concentración misma de su labor y su objetivo hacia que todo lo que había a su alrededor dejara de existir solo para darle un regalo que agradecía haber encontrado a sus, para él, cortos años de edad: Sentirse vivo. Con esa premisa en su cabeza salió con arco y las flechas, aun cuando un trueno rompiendo en dos la calma del suelo y el olor a tierra húmeda le advertían sobre una próxima tormenta.  Para el, incluso, era mejor…

Aun así, al salir una voz jovial llamo su atención y la imagen otoñal de los cabellos salvajes de Leona llamo su atención al instante. Con una sonrisa la veía al fin, luego de cuatro días en que cada uno hizo su respectivo duelo. -¿Cómo que “hey”?- entendió el arco que llevaba en su diestra y le dio un pequeño golpe en la cabeza como una reprimenda. Joven o no ante ella seguía siendo su maestro… Le había enseñado como aprovechar su pequeño cuerpo ante grandes rivales  derribándolos con golpes certeros y tretas, entre los dos buscaron el arma que se adaptara mejor sus habilidades así explotarlas al máximo.  Le había enseñado tanto a esa niña que ante todas las posibilidades se paró ante Galliard y dijo lo que muy pocos ojos vieron, lo que muy pocas bocas se atrevieron a decir y el, un ególatra silencioso, tenía el orgullo de decir: “Esa es mi alumna”. – Así parece.- concordó, lanzando una mirada contemplativa a un cielo carente de estrellas pero no de belleza. – Pero me agrada el olor a tierra húmeda. – dijo luego de tomar un gran suspiro. Miro a su alumna con una sonrisa de lado.- Pienso salir igual. Si no tienes miedo al agua me puedes acompañar.- dicho esto empezó a caminar en dirección a los bosques. Poco le molestaba que aquel pequeño y jovial otoño lo acompañara… Mas era la curiosidad que le daba saber a que había llegado, en esta mitad de frió invierno.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Leona Boadicea el Jue Dic 19, 2013 9:10 pm

Al menos sonrió. Ese fue el primer pensamiento que azotó su mente  apenas le vio acercarse y golpear con el arco su cabeza despeinada. La verdad, entre mil cosas que podrían asolar la mente de Leona sobre si ir o no ir a ver a Niall había una que le había impedido hacerlo antes. La licana era joven, de eso no había duda. Y era torpe, tampoco lo dudaba. Tenía la carencia del tacto de Goliath en sus palabras y, aun así, había algo que jamás podría considerarse capaz de soportar: Ver llorar a un licano guerrero. Tal vez se debía a que su padre siempre le marcó la cabeza con la idea machista de que el verdadero guerrero mantiene sus emociones bajo la piel y las convierte en fuerza. Un guerrero de verdad usa el dolor para levantarse y la ira para atacar. Un verdadero Ardwolf busca anteponer el honor y el orgullo por encima de todo y, en ese camino, la debilidad no era una opción. Sin embargo, según esa lógica, lo que Galliard hizo al golpear a Tor fue liberar ese dolor que se había vuelto ira. Pero Niall, él no había hecho nada. Recordó su acción como un sueño nebuloso al punto tal que creyó haberlo inventado en su mente: Él había posado sus manos sobre los hombros de su madre, quien abrazaba los restos de Úsmebu y así como si nada, con el dolor y la tristeza latentes en sus ojos, él no gritó, no golpeó, no corrió. Aunque Leona no lo dijo ni lo diría nunca, temía llegar a casa de su mentor y verle llorando. ¿Qué haría ella si lo viese así? Seguramente se quedaría de pie sin poder moverse un centímetro, pensando mil palabras qué decir y sabiendo que ninguna saldría de su garganta. Finalmente, buscaría acerarse a él para detenerse a medio camino y luego, volver a pensar mil palabras más para terminar callando y, al final, quedarse ahí sin hacer nada. Si había algo que Leona sabía de sí misma era de lo incapaz que era para poder dar una palabra de aliento que no terminase en “Romperle la cara a los que hicieron esto”. Pero la amazona ardwolf adoraba a ese licano que le había enseñado con palabras lo que su padre le explicó a golpes. Sabía que su padre la había hecho resistente pero fue Niall quien le enseñó a pensar…

Sus dedos se envolvieron en su propia cabellera echándola hacia atrás mientras él le observaba – No puedes golpearme. Soy miembro honorario y temporal del consejo – se defendió con fingida molestia mientras sus cejas caían sobre sus ojos verdes como las hojas de los árboles. Sonrió cuando él comentó acerca de su miedo al agua y negó con la cabeza – No, claro que no. Me traumaste pero no tanto. Aun adoro la lluvia… – exclamó sonriendo a la vez que se adelantaba para poder colocarse al lado del guerrero el cual había empezado su camino sin esperarle. Tan típico de él como hablar poco y reír nada. Sin embargo, era tanto el tiempo que había pasado lejos de su mentor que se lo dejaría pasar porque, a pesar de ella quejarse, él le prestaría nada de atención y seguiría caminando. De todos los licanos machos que conocía en su manada, Niall tenía una capacidad impresionante de no escuchar ni sus quejas, caprichos o berrinches…Su madre decía que el muchacho tenía un filtro en lo que a Leona se refería. Y con los años, ella también lo había empezado a pensar.  

Caminaba a su lado sintiendo el aire traer el aroma de la lluvia mientras un nuevo relámpago partía en dos el cielo, iluminándolo todo de repente. Sus cabellos se azotaban en lo que parecía una batalla contra el viento mismo pero ella no parecía importarle. Volver a caminar por los bosques del norte; volver a sentir el aroma de sus hojas y el movimiento de sus bestias. Había crecido en esos parajes y los recordaba a todos y cada uno de ellos. Pero ahora que recordaba las lejanas tierras de Fenrir notó lo diferente que era un bosque del otro. Donde ella había crecido, donde ahora caminaba con Niall, era una tierra dura capaz de soportar el azote de los más temibles inviernos - ¿Sabes? El bosque de Fenrir es muy diferente  a este… - dijo su voz en un susurro sin dejar de mirar al frente, entre las hojas y las ramas que se mecían con la ventisca. Sin embargo, no sabía por qué. De nuevo su mente le jugaba una mala pasada al quitarle recuerdos que debería tener más que presentes – Tu conoces ese lugar ¿No es así? – empezó a decir mientras sus pasos le adelantaban y sus manos se abrían al viento, sintiendo el choque de éste sobre su cuerpo como una bocanada de aliento vital. A lo lejos se sentía el sonido de las gotas que no tardarían en llegar. La licana se volteó a su mentor y le miró con curiosidad –¿Qué sentiste cuando visitaste ese lugar?-
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Niall Ragnar el Lun Ene 27, 2014 12:57 am

¿Que hacia ahí la hija de León? El movimiento en aquel poblado había desaparecido así como la fe en que el humano regresará a sus raíces algún día y cuidará de la Madre Tierra como ellos proclamaban hacer ahora. Cada vez que se volteaba a verla parecía que Leona pensaba mil veces que iba a decir como si incluso la espontaneidad le costará. En ese momento la idea de haberle golpeado con el arco no le pareció tan mala. -Así es, tem-po-ral. Y sigo siendo tu maestro.- la miró con una ceja alzada por encima del  hombro y volvió la vista al camino de todos los días, tan normales ahora pero que comprendía toda una aventura cuando apenas era un inquieto cachorro.

Miro de reojo a Leona y por unos instantes tan fugaces como el relámpago que iluminó el cielo le pareció estar viendo la expresión de alguien que visita un lugar por primera vez. Cuando empezó a enseñarle aun estaba en la edad en la que con tan solo voltearse dos segundos podía significar una catástrofe; León lo mareaba hasta el cansancio advirtiéndole de lo mal que la pasaría si algo le llegaba a  pasar a su hija en lo que Cristal llegaba con una niña rebelde e inquieta. Mientras iba creciendo, aparentando casi a la perfección de que no aprendía nada de lo que le enseñaba la vio saltar, correr, rechazar pretendientes con la misma facilidad con la que se desenvolvía en aquellas tierras hostiles bajo condiciones en las que otros perecían al punto en que podía dejarla ir y venir sin que sin que estuviera su mirada vigilante de por medio. Miraba hacia atrás así hasta llegar al punto en que viajó a las tierras de la manada Fenrir encontrándose  de golpe con una filosofía de vida sumamente diferente a todo lo que conocía. Lo comprendió entonces cuando la escucho mencionar lo diferentes que eran el bosque que ahora los abrigaba bajo su manto y el de la Bretaña Francesa. No rió, no le recordó que era  una olvidadiza ni se burló de ella como solía hacer cada vez que un detalle como ese se le escapaba. Espero a que terminara de hablar y alzó sus cejas tratando de recordar… La ciudadela humilde en medio del bosque, las túnicas suaves como los pétalos de las flores en vez de las abrigadoras pieles a las que tanto se había acostumbrado al punto que en un principio se la pasaba la mayor parte del tiempo en su forma de lobo para no tener que usar aquella ropa. Las lecciones de los chamanes, una vida más humilde y tranquila pero sin duda lo que más tuvo presente durante su estadía y que golpeaba con más fuerza cada vez que recordaba aquellos días era esa sensación de que nunca estas solo. No importaba de qué forma soplara el viento, siempre parecía decir algo; transmitir la palabra justa para quienes tenían el suficiente “quien sabe que” para escucharlos. Sin explicar cómo o porque los mensajes llegaban, sólo llegaban siguiendo quién sabe qué orden o capricho con el viento dejando nada más que eso y la certeza de que Gaia y los espíritus siempre están, siempre observan. ¿Como explicarle aquella sensación a Leona con palabras? Levantó la vista unos momentos. -Raro… - hizo una pequeña pausa y luego regreso la vista al camino.- Imagina que muchas personas te hablan al mismo tiempo con la vista puesta en ti, sabes que te hablan y te miran pero no puedes entender que te dicen ni tampoco puedes enfocarte en ninguno.- volteo a verla unos instante pensando que quizás la había terminado por confundir más que aclararle las cosas. Pero... ¿Había ido solo a preguntarle eso o había algo mas allá de sus preguntas, aparentemente, tan al azar? Se detuvo de repente y se paró frente a su alumna mirándola directamente, bajo la cabeza y arqueó una ceja. -¿Que ocurre Leona?- El licano no podía creerse que estuviera ahí de casualidad y prefería no esperar a que ella llegara al punto; sabia que si la dejaba pasar estarían así toda la noche.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Leona Boadicea el Miér Ene 29, 2014 2:00 pm

-Raro- repitió con cuidado, aun de espaldas a su antiguo mentor mientras el viento se mecía en bocanadas agotadas que parecían buscar nuevas fuerzas en cada resoplido, meciendo así su cabellera cobriza como si fuese la melena de un león al acecho. Una figura tan pequeña en tamaño, y a la vez, poderosa en fuerza, de tez dorada por el sol y el frío, heredada de su lado paterno. Pero ahora nada de León había en ella, más allá que la marca que residía en su postura que definitivamente la declaraba como hija. Ahora su mirada había mutado en algo mucho más profundo y meditabundo, como aquella hija que por años Cristal quiso ver pero jamás pudo notar debajo de esa tormenta de emociones y discordias que desafiaba cualquier autoridad. Niall hablaba y en sus palabras graves y bajas, el sonido del viento se filtraba apenas como un susurro que busca pertenecer a la conversación. Leona aun así no escuchaba el viento. Las palabras de Niall eran más importantes.

Todos hablando a la vez, y ninguno diciendo nada. Claro que conocía esa sensación tan insoportable. Miles de voces, gritando a unísono lo mismo, pero con diferentes lenguas y palabras. Cerró los ojos y al abrirlos, su mirada esmeralda se posó sobre su mentor que le había rodeado hasta colocarse frente a ella. Leona apretó los labios, con una mezcla de vergüenza y pesar, como si no se atreviese a exponer lo que por su mente pasaba y golpeaba con la ferocidad de un martillo. Ella, un Ardwolf, criada entre Ardwolf, había visto otro mundo y en ese mundo, vio otras realidades. Conoció cosas que no pensaba que existiesen y, en el interior, se sintió atraída por ellas. La Leona anterior habría seguido a Galliard al infierno pero ésta…Ella simplemente no quería caminar hacia allá. “¿Qué ocurre Leona?”. La licana debió de pestañear al escuchar esas palabras mientras su instinto más primitivo le hizo retroceder un par de pasos, tentada realmente a la idea de escapar corriendo hacia la aldea, obviando aquella charla y las preguntas que Niall podría querer hacerle.  Pero era Niall. Jamás la dejaría correr y si lo hiciese, jamás olvidaría aquello y no perdería oportunidad para volver a hablar. Su gesto manifestó la clara confusión mientras trataba de explicar qué ocurría sin quedar en evidencia. Miró hacia el suelo y luego levantó la mirada al cazador. Negó con la cabeza rápidamente y empezó a moverse, de un lado al otro, buscando la forma de responderle a él y a sí misma también – Ese lugar…lo odié cuando puse mi pie ahí. Era inquieto, y sentía que todos me juzgaban. Las hembras son altivas a pesar de no saber combatir y la líder… ¡Ella me humilló diciéndome que debía arrodillarme ante su estúpido titulo! ¡Decían que era como la noche, Niall y ella no se parecía en nada a la noche! Era igual a cualquier licana que hubiese visto y peor. – rugió mientras sus dientes se mantenían presionados, recordando a aquella mujer que lucía el titulo de Fenrir. Hubiese sido tan fácil de haber quedado en esa situación y ya. Leona habría conocido a Fenrir y a los chamanes, los hubiese odiado por igual y se hubiese marchado para nunca volver, pero hubo otra cosa que interfirió con sus planes - …Y los machos son peor. Son estúpidos y débiles. Y hablan mucho. ¡Él no se callaba nunca! Hablaba de arboles y de agua y de reflejos y… ¡Cantaba! Era irritante, molesto, entrometido y no tenía idea del concepto de “espacio personal”. Siempre aparecía con su cara de imbécil y esa sonrisa de idiota que me provocaba caerle a golpes…- empezó a decir mientras su mirada bajaba, evitando así los ojos de su mentor, mientras los cabellos inquietos caían sobre su frente, buscando esconder la tristeza que invadía sus facciones - …Pero entre la gran cantidad de cosas que él decía…Había verdad. – susurró mientras volvía a posar sus ojos sobre Niall, sabiéndose completamente expuesta, pero temiendo que él la juzgase por ello – Sentí que lo que él decía era cierto. Y siento que lo que Galliard dice no lo es. Este licano es diferente a todos los que he conocido. Es diferente a mi padre, a Galliard…Y siento que dice la verdad…Y me confunde por eso – su voz empezó a decaer mientras sus labios vibraban apenas en un gesto realmente infantil que terminó por someter al morder su propia angustia y cerrar los ojos – Pero aquí nadie piensa ni actúa remotamente como él. Aquí es como si él no existiese. Solo que sí existe y ahora me siento...perdida porque si bien respeto a Galliard con todo mi corazón y mi ser, Niall…no le creo una sola palabra…-
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Niall Ragnar el Lun Feb 17, 2014 4:22 am

¿Que sucede Leona?

¿Que le sucede a la muchacha que nunca duda de sus pasos tan segura de cada uno de ellos como que de que existe el día y la noche, la luz y la oscuridad? En otro momento quizás le hubiese causado gracia como las facciones cobrizas de aquella loba se deformaban en aquellos gestos infantiles de vergüenza que aun cuando ante toda la tribu Galliard la proclamaba ya una loba adulta no parecían desaparecer por más que el tiempo pasara. En vez de eso arqueó las cejas e inclinó la cabeza hacia adelante en un intento inútil de descifrar de su rostro el mensaje que tan desesperadamente pedía salir de su garganta pero su orgullo no permitía demostrar con tanta facilidad. Una parte de él sabía bien que lo más seguro era que en vez de estar  pensado,acomodando las palabras en su mente, estaba preocupada por pensar una forma de zafarse y salir corriendo para evadir esa platica eternamente. La otra le pedía solemnemente confiar en que ella tuviera claro que el era su maestro y ella su alumna; que confiara en ese vínculo que con los años los dos habían logrado…

Entonces Leona, su pequeña e inquieta Leona, explotó. Sin poder huir, sin que su mente inquieta y salvaje encontrara la forma de evadir todo aquello, empezó a soltar todo lo que tenía como salían las cosas que a la hija de León se le sacaban por la fuerza: como un rompecabezas sin armar, un mensaje destruido y desorganizado que solo algunos pocos afortunados podían leer. El guerrero licano se quedó mirando a su alumna en el más absoluto silencio enderezando su postura tan pronto empezó a hablar. Espero pacientemente a que terminara en lo que sus palabras salían de su boca con la misma desesperación que proyectaban. Hablaba de las tierras Fenrir, lugar que sin que ellos fueran extraños a la raza había logrado ponerles los nervios de punta como ningún otro rival logró antes, como si toda mirada amenazante de un rival perdiera fuerza ante el “aire” que envuelve ese lugar tan lleno de… Luego hablaba de la líder Fenrir y Niall no pudo evitar abrir la boca levemente así como también sus ojos desagradable sorpresa. Casi ríe cuando escucho el “el” pero se contuvo afortunadamente para darse cuenta de que no eran solo cosas malas las que su alumna había sacado y entonces arqueó una ceja con aparente sorpresa. La grata sorpresa de que parecía haber alguien que fue capaz de llegar a la mente y el alma de Leona y salir ileso en el proceso habiendo dejado un poco de él. “Típico de un Fenrir” pensó.

Cuando termino empezó a reír levemente y luego de una forma más sonora con una sonrisa abierta que casi nadie podría recordar. Incluso aquella loba que sugería pertenecer más al otoño que al invierno por su cabello castaño y el cobrizo color de su piel pocos o ningún momento como ese recordaría del pasado como el que estaba viviendo en ese momento: Niall riendo abiertamente, dejando la seriedad por la que se destacaba de lado. Se sentó recostando su espalda en un árbol e invitando a su alumna a que hiciera igual. De saber que la conversación se hubiese inclinado en esa dirección jamás hubiese movido a esa cachorra, ya no tan cachorra, de lado del fuego que danzaba delante de ella como lo hacían las licanas de la tierra que tanto los intrigaba en ese momento. La mente de Niall empezaba a evocar viejas memorias en donde era testigo de la danza tanto de chamanes como de tela más suave aunque los pétalos de la más delicada de las flores que se pudiera encontrar en todo el territorio que rodeaba a los Ardwolf. El fuego tomando colores inimaginables, mensajes de los espíritus que jamás podrían haber llegado de las manos de un humano, el aire cambiando a la par del curso del viento; algunas veces era difícil respirar y otras cobraba diferentes olores como si alguien hubiese rociado algún perfume en el ambiente cuando ni siquiera las flores dueñas de dicho aroma estaban ahí. Durante los primeros días el lobo sentía que su cabeza iba a estallar hasta que el reto que el mismo se había auto-impuesto empezaba a superarse… Al comienzo aquel que llamaban “Campeón de los Dioses” era como la tinta cuando cae de repente en el agua pura y cristalina: tan diferente en textura y color, moviéndose lentamente hasta fundirse y volverse uno con lo que lo rodea. Entonces sus sentidos dejaron de aturdirse como si miles de personas le gritaran en el oído, como si miles de ojos estuvieran viéndolo constantemente...Una comunión casi perfecta con Gaia y el bosque Fenrir. Levantó la vista a la claridad de los ojos cafés de su pequeña licana mientras iba cobrando de poco un gesto más acorde  a lo que era su expresión rutinaria pero sin borrar esa sonrisa que ella misma le había arrancado sin saber.

-Olvidemos la tierra por ahora. No hay mucho que te pueda decir de eso más que es algo que simplemente… No puedo explicar ahora.- Paso su lengua por sus labios agrietados  mientras cargaba sus brazos sobre sus rodillas. -No es grato ni muy motivante saber que una líder te haya dicho eso. Aia fue ardwolf también, aun lo es… - su mirada se perdió entonces un momento entre la nieve y la maleza, entre la tierra húmeda y las raíces que sobresalían por encima de la tierra de los árboles añejos.- No entiendo porque te dijo eso… No debería importarle de hecho.- habría dicho más pero solo hubiese sido redundar en lo mismo. Durante años veía cómo los niños miraban con brillo en su mirar a Galliard, con una ilusión que el mismo tuvo alguna vez pero con el paso de los años, sin saber como ni porque, se fue perdiendo a  medida que cada día y noche se iba cuestionando la historia de la Guerra de las Cenizas. Cada nuevo dato, cada nueva versión de los hechos hacía que aquella miradas infantiles que le dedicaban al imponente líder Ardwolf se alejaran cada vez más y más de lo que era la admiración, el orgullo… el respeto. Muy pronto Galliard, el héroe que pudo con su mano y espada acabar con todo un clan vampírico se volvió lo mismo que una figura distorsionada por un espeso banco de neblina. Úsmebu y Kelda vieron aquel cambio con la misma claridad que brinca la luz del día pero nada pudieron hacer para alejar esa idea de su cabeza por más que su hijo insistiera en calmarlos, en que no era nada importante. -Como la noche… ¿Como la noche? - repitió frunciendo  el ceño sin entender bien a qué se refería. Mientras lo hacía y esperaba a ver si Leona le sacaba esta pequeña duda sacaba un trozo de pan que Kelda misma había preparado con las mujeres del pueblo y le tendía un poco a Leona. -Volviendo al tema del charlatán…- le dio una mordida a su pequeña cena, mastico y trago por fin encontrando calma para su hambre.- Me sorprende que hayas encontrado a alguien que seas capaz de escuchar. -

Se quedó un rato en silencio aguardando por la calma luego de su pequeña broma. Iba repasando las palabras de Leona en su mente como si fuera una lección al punto de llegar a lo que él mismo llevaba cuestionándose. Cuando hablo sobre Aia ese tema volvió con más fuerza a su mente de lo que lo hizo cuando nombró a la líder Fenrir y entonces regreso por fin a una expresión tan rígida como la de una estatua de piedra. - Te dijo cosas que te hacen dudar de nuestro líder, de sus palabras, dudar de la determinación que él mismo nos mostró cuando nos llamó a ser parte del concejo.- la voz  del licántropo sonaba más dura, profunda y áspera. Sus ojos claro se habían clavado en Leona directamente como una flecha certera en su objetivo mientras se preguntaba si ella lo había notado alguna vez, si siquiera lo había sospechado. Algo así no se le puede confesar a cualquiera y ni siquiera en los días en que Úsmebu y Kelda empezaron a notar ese cambio en Niall pudieron comprender con real seguridad todo ese torbellino que arrasaba con la mente de su hijo y le daba nuevo orden a su mundo, a sus pensamientos acerca de absolutamente todo. Dejo que el silencio se acomodara su gusto y en ese momento deseo estar cerca de una fogata, pues el viento pasó frío y veloz entre los árboles como la caricia cálida que se dice tienen los fantasmas. - Para serte sincero Leona, yo tampoco le creo nada.- parecía una broma, pero estaba hablando con la seriedad y preocupación que merecía el tema al punto que su voz se entorno grave y ronca, sin que sus ojos dejaran de fijarse en quien lo acompañaba. Su pequeña cachorra, su bella y fiera Leona. Cuando volvió a encontrarse con la mirada de Leona le recalco: -Hace ya mucho que he dejado de confiar en el.-
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Marca del Lobo el Vie Mar 28, 2014 8:33 pm

La Ultima Era




El Presagio

“Estos son los días finales. Los signos son claros. Incluso los cachorros lo saben.
Esta es la era del Apocalipsis.
Los humanos han corrompido la tierra; destruido los Arboles; domado a las fieras; ahogado el aire; envenenado  los suelos; atascado las aguas; desencadenado el fuego eterno.

Ahora, el Wyrm se levanta, para eclipsar la luna, devorándolo todo a su paso, cazando a los cazadores.” - Hombre Lobo Apocalypsis


El viento gimió con la fuerza de mil titanes, mientras el sonido de pasos inexistentes se escucharon en el suelo. Pasos que marcaban un comienzo definitivo de una puerta que se abría y traía las desgracias. Los No – Muertos no son solo los vampiros que caminan por la tierra. Los no- muertos son aquellos que no han alcanzado la redención y, atrapados por las garras pútridas de la oscuridad en un mundo que gira y gira y aun así, no les deja salir. Gaia había sangrado en su punto más vital, pero a diferencia de los bosques Fenrir, benditos por el canto y la luz del oráculo y los pocos chamanes vivos, ningún lobo imaginó que la sangre de los caídos perseguiría a las otras dos manadas.

Desde los bosques, como sombras que caminaban y veían con ojos de bestias, convertidos en sus estados crinos, aquellos licanos emergidos directamente de la tierra, con furia tan grande y corrupta que podía tomar forma en el mundo de la materia. Niall miraría sin dar crédito a sus ojos al notar que una figura era más grande que las demás. El sonido de los aullidos y la forma de sus hombros era incapaz de ser confundida con otra. Pero sabía que aquel ejército de veinte licanos que caminaba como si fuese marionetas no respondería a las palabras de los vivos porque, efectivamente, no lo estaban. Leona fue la primera en sentir ese temblor en todo su cuerpo, capaz de hacerle fallar las piernas en el momento equivocado. Caminaban acompañados por la luna muerta de esa noche. Caminaban llevados por la falta de Selene en el cielo. Caminaban directamente hacia la manada.

‘¿Conoces el cuento del fantasma de los Garou? Cuando un licano muere peleando, Gaia los envuelve en su seno y les permite volverse grandes héroes en la otra vida. Pero cuando un Garou es víctima de la marca de la corrupción, Gaia no puede tocarles. Y por eso, el licano que muere peleando contra la temible magia negra y es marcado, volverá con la luna negra a buscar venganza y calmar así su dolor. No conocen; no escuchan; no razonan. ’
Viejos cuentos de los más ancianos que no conocían la corrupción. Corrupción que ha resurgido en la última época y ha dado fundamento a los viejos relatos.







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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Leona Boadicea el Vie Mar 28, 2014 9:50 pm

Se giró con molestia cuando escuchó la voz de Niall remarcando que ella rara vez era capaz de escuchar algo que no sea su propia terquedad. Si él al menos supiese lo que era ese sujeto entendería por qué lo había escuchado. Era incapaz de no hacerlo dado que rara vez cerraba su hocico de lobo blanco. – No me molestes – dijo sin vueltas mientras volvía la mirada a la gran oscuridad de los bosques que se mecían con fiereza gracias al viento. La tormenta amenazaba con llegar pronto y , aun así, ella no sentía el frío en su piel humana gracias al fuerte fuego que corría por sus venas. – Decía estupideces y las susurraba a los oídos de esa mujer que se llama a sí misma Fenrir. Dicen que ella era un Ardwolf; tú mismo lo dices pero, la verdad…Ella no tiene nada de Ardwolf y tampoco de Fenrir… – dictaminó, bajando fieramente su brazo al suelo, recordando la mirada de aquella hembra licana viéndole por encima del hombro, con sus ojos azules como el cielo nocturno. Sin embargo, el enojo que embriagaba cada una de sus extremidades empezó a ceder al volver su rostro y notar que no hablaba con cualquiera, sino que aquel con quien estaba era Niall y con él no debía estar a la defensiva. Se cruzó de brazos y levantó ambas cejas, marcando aun más sus ojos verdes como las esmeraldas – Creo que estaba celosa. – dijo para luego sonreír más abiertamente, casi como si se tratase de una victoria haber hecho que la líder llegase a tal nivel de patetismo. –Celosa de que yo, una ‘cachorra’, tal como me llamó, pueda tener la capacidad de oponerme a un simple consejero. Mientras que ella actuaba como un perro alborotado ante él – finalizó levantando la cabeza con una sonrisa, vanagloriándose de su capacidad de hacer perder los estribos a esa licana, compañera y líder a la vez – Recuerdalo, Niall. Creceré y volveré. Y cuando lo haga, la golpearé tanto que me comeré su corazón y yo seré la verdadera Fenrir. ¡Porque yo sí pue…! – empezó a decir pero entonces, el viento se movió con fiereza casi empujando a la licana hacia el frente. Como si fuese un rugido emergente de las gargantas de la nada misma, los árboles se movieron con tal fuerza que sus ramas se quebraron y las piedras del suelo se levantaron al instante.

Toda su piel se erizó como si el viento que traía la noche ingresase directamente a sus huesos y en un acto reflejo, se acercó a Niall como una cachorra asustada. Sin embargo, haciendo uso de todas sus fuerzas, apretó los puños y se cargó de valor para poder mirar a aquella escena dantesca que se daba ante sus ojos. Respiraba agitada, y más aun cuando sus ojos reconocieron aquello que se acercaba y , a la vez…no lo reconocía. Sonaba como el canto de las caravanas de muertos, aquellos mitos que su madre le contaba cuando era pequeña. Cuando un licano caía, otros venían a buscarlo y si uno se detenía a ver a los espíritus, éstos le marcaban para la próxima visita. No podía ser…y a la vez sí. Los ojos de Leona se llenaron de lágrimas y su boca de palabras que no podía formular. Cachorra y mujer, futura amazona también. Había peleado con lobos y vampiros pero, nunca con algo semejante. Un espectro que se acercaba con tal lentitud que parecía querer someter a una tortura espantosa a quienes lo veían antes de darles el más cruento final. Un aullido colectivo y doloroso y , finalmente, el hedor de la sangre que ella misma ayudó a limpiar allá, en los bosques vírgenes.

-¡Niall! – gritó apenas pudo mover sus músculos, señalando aquella figura más alta que las otras, temblando como una cachorra mientras sus cabellos se envolvían como una tormenta de hojas otoñales. El grito que se elevó por los aires llegó con más potencia, haciendo que Leona se cubriera los oídos. ¿Era un grito espiritual o físico? Sea lo que sea, la muchacha no quería volver a ver esas caras. Algo en ellas era tan terrible como observar a la muerte misma y vivir para contarlo.

Flashback

-Y cuénteme, mamá de Niall…- empezó a decir Leona mientras se sentaba en el regazo de la tierna mujer y le miraba a los ojos mientras Niall negaba con la cabeza, divertido. – Te he dicho que me llames Kelda, pequeña Leona – respondía ella con cariño mientras le acariciaba la cabeza, despeinándole de forma que sus hebras otoñales cayesen sobre su rostro bronceado marcado por el barro – No soy pequeña – infló las mejillas y frunció el ceño, para luego continuar con su pregunta - ¿Por qué no puedo salir cuando la luna no está en el cielo?- preguntó inquieta, saltando en su regazo mientras miraba a Niall que afilaba uno de sus cuchillos con la espalda apoyada en una de las paredes de la cabaña. Kelda esbozó una sonrisa maternal y con la punta de su dedo tocó la nariz de la, en ese entonces, cachorra – Mi niña, Niall solo quiere cuidarte. Por eso no quiere que salgas sola las oscuras noches sin luna…- susurró ella mientras la cachorra se cruzaba de brazos, indignada – No necesito que me cuiden ¡Soy una guerrera! – Exclamó Leona mientras Kelda dedicaba a su hijo una sonrisa –  Mis abuelos decían que cuando la noche estaba sin luna, los espíritus malignos aprovechaban a salir a cazar y atormentar a los vivos. La Luna, Leona, es la guardiana de los licanos así como Gaia es nuestra madre. Por eso, cuando ella se oculta, nuestros enemigos aprovechan para salir a atormentarnos…- respondió la amable mujer. Leona miraba a los ojos a Kelda y luego volvía a inflar las mejillas – Pero… ¡No me importa! A una guerrera no le asustan los estúpidos espir…- empezó a decir cuando Niall, por la espalda, le hizo un sonoro ‘Buu’ que hizo que la pequeña Leona saltase en su lugar y se ocultase en el pecho de Kelda, aterrada. – No te preocupes, mi niña. Solo son historias viejas. Niall, eres un malvado…-
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Niall Ragnar el Sáb Mar 29, 2014 7:29 pm

“No me molestes” dijo Leona. ¿Cuantas veces ella le había dicho eso y el le había regresado la misma expresión: cejas arqueadas y una expresión altanera tan propia del lobo como lo es aquel olor húmedo en el ambiente de los días de lluvia? Seguramente ninguno de los dos podría contar aquellos momentos con exactitud si es que algún día llegaba a interesarles hacerlo. Solo se dedicaba a disfrutar el producto de su “esfuerzo” viendo aquellas mejillas infladas mientras apartaba la mirada con molestia.
Pero cada palabra que salía de los labios de su querida cachorra no hacían más que provocarle la extraña sensación de que no conocía para nada a los Fenrir. No a aquellos sobre los que le hablaba esa joven de cabello del color de las hojas en el otoño. Podría, quizás, entender lo del charlatán pero no entendía qué diablos ocurría con la líder; una mujer que junto con los chamanes lo habían transformado prácticamente en un licano nuevo, en un guerrero que era capaz de detenerse a observar a su alrededor en vez de actuar como una fiera enjaulada cada vez que no tenía un arma en mano y un oponente enfrente. Niall parecía un lobo llegado bajo la luz de la luna llena hasta que se encontró con aquel mundo místico, lo único capaz de liberar aquello que ese joven lobo tenía escondido desde hace tanto tiempo y nadie, ni siquiera los más allegados a él, había notado siquiera que existía. Hasta el momento en que Leona calmo su enojo y volvió hablar el joven Ragnar se había quedado  mirando hacia un punto arbitrario enfrente. Frunció el ceño y levantó su vista a esa loba que ahora lo miraba con una sonrisa victoriosa. Levantó una ceja esperando una respuesta que no tardó en llegar  pero que nunca se completó del todo… El viento se agitó exigiendo su atención y callando a su joven alumna de forma repentina y brusca. Todo el cuerpo de Niall se tensó al instante ante un frío más duro que cualquier otro abrazo gélido del viento al que los Ardwolfs estuvieran acostumbrados. Se incorporó de inmediato para solo para recibir a hija de León en sus brazos como si de un acto reflejo se tratase. Como si todo su cuerpo tuviera incorporado por naturaleza el mensaje: Protegela.
No importa cuan fuerte sea un guerrero, no importa cuántas promesas se hagan desde su nacimiento o cuantos logros en batalla tengan por enfrentarse al guerrero más fuerte o a los vampiros más peligrosos. Aulladores de Gaia o Colmillo de Hueso, aquella imagen hubiese golpeado tan fuerte como lo hacía en ese instante y a todos les hubiese llegado de la misma manera. Ante la imagen Niall se quedó tan rígido como el acero de las armas que su padre forjaba y trabajaba durante horas y horas. Su padre… Los sollozos de Leona así como cualquier sonido a su alrededor callaron en sus oídos, empezó a sudar y su respiración a hacerse más acelerada. De repente solo era él,  esa imagen salida de lo más oscuro de sus pesadillas con el único aullido que alguna vez pudiera crearle la más horrible de las sensaciones y un hedor a sangre tan asqueroso y repugnante que aún podía sentirlo cada vez que se acercaba a la urna de su padre...
No salgas en las noches sin Luna, pequeño Ardwolf… Hay horrores en este mundo que no se pueden vencer solo con la espalda.
“¡Niall!”
De haber estado solo… Apretó sus ojos fuertemente y miró a Leona aun junto a él, en el mismo estado de shock. La tomó por la muñeca y empezó a alejarse a la carrera de nuevo hacia la aldea. En ese momento estaba desesperado… No sabia que demonios era lo que sus ojos veían y estaban demasiado cerca de la aldea. Leona, Kelda… Todo Ardwolf era ahora acechado por lo que solo camina en la noche sin luna.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Leona Boadicea el Vie Abr 11, 2014 1:41 pm

Temblaba, tanto que no había notado que la lluvia comenzó a liberar pequeñas gotas como si fuesen el llanto de la noche marcando el inicio de algo. De repente, todo fue helado y, en lo alto, el abismo más absoluto se abría ante ellos. Las estrellas brillaban y, aun así, todo parecía tan negro. Leona tenía sus ojos clavados en las figuras que, en inicio, siendo sombras, habían tomado forma ante su propia visión, alcanzando a distinguir cuerpos muertos que ella tuvo en brazos y que vio como se deshacían con la sabia intervención de las llamas. Su respiración estaba agitada y la piel de su cuerpo humano se había erizado entera. Los  brazos de Niall le envolvían como raras veces habría permitido pero, es que no daba crédito a sus ojos. Y fue cuando notó la mirada de su mentor  posada sobre esa imagen dantesca que comprendió lo que debía ser para él estar ante aquello. Pero no había tiempo porque, por más que uno conociese a cada figura que se movía lentamente con la noche hacia ellos, algo en el instinto más primitivo de su ser le decía que estaba mal que se moviesen…Que cada cosa que sucedía esa noche estaba tan mal.

Comenzaron a correr, viendo de reojo hacia atrás, sintiendo sus cabellos mojados sobre su rostro ahora que la lluvia había decidido soltarse con fiereza sobre ella. Pero no. Era como si escapar de esa visión fuese imposible y si ellos no podían correr, la aldea tampoco lo haría. Debía advertir a sus hermanos mientras sus pasos se marcaban en la tierra mojada, volviendo de vez en cuando la mirada hacia atrás para notar que esas cosas seguían moviéndose. Y entonces, como si de un gélido aliento que le atraviesa, sintió el grito…el aullido, de esos seres a lo lejos, casi marcando el inicio de una guerra sin cuartel, donde hermano ataca a hermano. Y tratando de cubrir sus oídos con la mano libre, buscó acercarse más a Niall en una reacción entre infantil y arcaica. Era la reacción al miedo…al terror… al pánico que el grito proferido en el silencio sepulcral de la noche le había generado. Y siguiendo a eso, ella gritó también, buscando decir con esta acción su sola desesperación – ¡La aldea! ¡Van a la aldea! – exclamó enloquecida, alcanzando a ver las casas que aparecían ante ellos, iluminadas por estufas de piedra y hogueras pequeñas, tan calmo y puro a diferencia de aquello que caminaba detrás de ellos.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Marca del Lobo el Vie Abr 11, 2014 1:56 pm

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El Presagio

“Estos son los días finales. Los signos son claros. Incluso los cachorros lo saben.
Esta es la era del Apocalipsis.
Los humanos han corrompido la tierra; destruido los Arboles; domado a las fieras; ahogado el aire; envenenado  los suelos; atascado las aguas; desencadenado el fuego eterno.

Ahora, el Wyrm se levanta, para eclipsar la luna, devorándolo todo a su paso, cazando a los cazadores.” - Hombre Lobo Apocalypsis


Dentro, el fuego era apacible. Sus dedos helados buscaban calentarse mientras su mirada estaba posada en las llamas que por tantos años habían acompañado sus relatos. Su mente había viajado ahora que su hijo se marchaba a cazar, dandose el tiempo para estar sola por primera vez luego de enterarse de la muerte de su esposo. Y cómo si las llamas le indicasen que lo hiciese, llevó ambas manos a sus labios, para acallar un grito que no tuvo la oportunidad de soltar. Un alarido silencioso mientras comenzaba a llorar, recordando aquel momento en el cual el Lider de la manada le había hecho entrega de la urna dónde descansaban los restos de su esposo. Estiró los dedos, palma sobre palma, mirando el fuego que alcanzaba a calentar su ardiente rostro - Dame fuerza, madre mia...- susurró ahogada mientras terminaba por cubrir su cara con sus palmas húmedas.

Pero entonces, el fuego de la hoguera que le alumbraba se consumió y como si el invierno soplase sobre ésta, la cabaña quedó a oscuras, haciendo que la mujer tuviese que levantarse de repente, asustada como estaba, echandose hacia atrás. ¿De dónde había salido ese aliento gélido a muerte? Kelda observaba sin entender cuando un alarido descomunal le atravesó los oídos, viniendo de los bosques. Cayó de rodillas mientras se cubría ambos oídos con las manos y cerraba los ojos, sin entender lo que pasaba.

Pero aquel sonido provocaba una reacción que los antiguos licanos han sentido las noches sin luna. Una sensación de completa soledad y desosiego, como cuando un niño descubre que su madre no está a su lado y se siente completamente solo. Se puso de pie rapidamente, recordando que su pequeño cachorro estaba en los bosques. Abrió la puerta con rapidez y salió, encontrandose fuera con Cid quien se le notaba enfurecido. Había sentido el mismo grito que ella y había tenido sobre él el mismo resultado - ¡Cid! ¡Dile al gran Galliard! -exclamó enloquecida, queriendo ir al bosque a buscar a su hijo pero siendo detenido por la feroz figura del titan ardwolf - ¿decirle qué? - preguntó, sin entender. Él no conocía más grito de guerra que aquel que salía por garganta viva. Pero Kelda entendía...lo supo cuando estuvo dentro de la cabaña. Aquellos cuentos que sus abuelos contaban...que los antiguos narraban parecían estarse volviendo realidad. Y con su voz elevandose encima de los rayos que se abrían en el cielo, la voz quebrada de la mujer exclamó - ¡Que la muerte camina hacia nosotros! - dijo safandose del brazo de Cid para correr sin más , buscando con la mirada en el camino del claro a Niall. Allá, a lo lejos, alcanzó a ver dos figuras que corrían pero su mirada, aguda como pocas, no pudo ver lo que venía detrás. Solo con ver a su cachorro a lo lejos percibió el peligro y su garganta se abrió en un grito desgarrador mientras la aldea quedaba a oscuras

- ¡Niall! -







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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Galliard el Dom Abr 13, 2014 6:06 am

Un líder sentado a la orilla del fuego, escuchando el crepitar de las leñas; un líder que se sentía herido en el orgullo, eso era él en ese momento, un lobo buscando respuestas en las chispas de una flama que le recordaban por momentos una masacre de hace 300 años atrás y la gloria que lo levantó y ahora se caía a pedazos. Sus manos apretaban con fuerza un tarro de madera, amenazando con desmoronarlo en cualquier momento. Sus casuales suspiros exhalaban un humor penetrante de hidromiel, tan solo por aquella noche se permitiría beber hasta perder el conocimiento, tan solo por esa noche quiso olvidar el aciago destino que estaba cayendo sobre ellos.

De repente, cuando sus ojos dormitaban cerrándose bajo el pesado manto del ensueño, una corriente de aire fulminó el fuego de su choza dejándolo en las sombras. Lo supo de inmediato cuando ese torrente helado golpeó su piel, las tierras ignotas se encontraban perturbadas. Un coro de aullidos de ultratumba llegó segundos después, y aunque su cacofonía era una vorágine infernal, tenía claridad… ese canto de guerra, ese himno lo había acompañado tantas veces en el pasado. - No puede ser...- Se dijo desconcertado, preocupado, pensando por un segundo que el alcohol le estaba jugando una mala broma, luego volvió a escuchar esos aullidos y sonrió con pesar durante unos segundos. -Sí, si puede ser, los muertos sin paz claman mi presencia.-

Su arma estaba cerca; la empuñó. Su viejo yelmo maltrecho y de un solo cuerno estaba al alcance de su zurda; se coronó de inmediato, y bajo esos dos símbolos que representaban la magnitud de toda su efigie guerrera, salió de su choza con determinación, la gnosis borraba todo rastro de torpedad que pudo haber adquirido con el alcohol, en cambió lo llenó de una violencia con la que casi derriba la puerta de la entrada.

Esos aullidos no dejaban de sonar, penetraban hasta sus huesos, y más allá de eso eran un ensalmo que invocaban su presencia para vengarce. ¿Estaban sus antiguos camaradas furiosos con él por llevarlos a la muerte? ¿O estaban sus espiritus siendo empujados por la sangre maldita de los Donovan?, cualquiera que fuese el caso lo único que podía hacer por ellos era ir a confrontarlos. Su pesada y descomunal espada peinó la tierra mientras era arrastrada, dejando un surco detrás de sus pasos; firmes y lentos, casi como una marcha. Empezó a caminar lentamente pero decidido hacia lo que consideró el sino de su existencia.

Emitió estrepitosamente un aullido con toda la fuerza de sus pulmones, pero era diferente, no era su acostumbrado llamado de guerra, la agudeza y la extensión tenían un especial significado para toda la tribu: Les ordenaba que huyeran de la aldea, que cada hombre, mujer y cachorro corriera tan rápido y tan lejos como pudiera de ahí, porque aquello que se acercaba no podía ser detenido por las espadas y los colmillos, aquello que se acercaba no era de este mundo y todos podían percibirlo en la naturaleza de esos llamados que se levantaban en la frondosidad del bosque.

¡Atrás! ¡Veté y llévate a tu familia lejos! – Un guerrero quiso unírsele, y lo rechazó con esas palabras, y después otro encontró exactamente las mismas palabras, y luego otro, hasta que finalmente la mayoría empezaba a entenderlo. Cuando por fin estuvo cerca de la puerta sus pies aceleraron gradualmente, hasta que su marcha se convirtió en un trote, y el trote en una carrera. “Gaia, dame la fuerza para defender a mi manada. Dame el poder para conseguirles la paz, permite que mi espada, mi garra y mi colmillo perforen sus ánimas.” No, él no dudaba en pelear, en levantar sus armas contra los que alguna vez fueron valiosos guerreros del clan Ardwolf, en la vida o en la muerte, en la pureza o la corrupción lo único que desea un Ardwolf que marcha a la lucha es encontrar un final heróico que le abra las puertas del Valhalla. Y esa noche tenía solo dos finales posibles; o libraría a sus antiguos camaradas de su pesar en la muerte, dandoles el paraiso anhelado en una ultima batalla, o él se uniría a sus antepasados con la verguenza de haber fallado en su misión.

Sus ojos rojos estaban tan concentrados en su camino; en ese punto por donde venían los lobos de su vieja guardia, que rebasó a Kaelda y a Cid sin prestarles atención, y pasó junto a Leona y Niall sin notarlos, casi arrollándolos. Sus ojos ardían, porque sabía perfectamente que ese día el destino pondría a prueba la supuesta “inmortalidad” de la que hablaban amigos y enemigos al entonar su leyenda.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Shayne Aryn el Lun Abr 14, 2014 11:52 pm

Shayne Aryn meditaba los sucesos acontecidos los últimos días a los pies de un frondoso árbol. Ese mismo arbol era aque donde había lanzado un cuchillo muchísimos años atrás para ponerle una prueba al pequeño Nial Ragnar. Ese mismo árbol la había visto llorar la muerte de Minerva y Shane. Era un sitio especial para ella, donde la calma podía apoderarse de la Licana por algunos instantes y así poder descansar de todo lo demás.

La Indomable comenzaba a cuestionarse muchas de las creencias que, hasta ese momento había considerado como firmes. Su principal preocupación tenía que ver con los Likaios ¿Acaso aquellos jovenes Licanos tenían las suficientes agallas para unirse a los Ardwolf en una guerra que llevaba años cocinandose? ¿Podrían recordar sus raices y su escencia, recobrar su memoria como orgullosos lobos en lugar de continuar sus costumbres humanas?. Shayne también pensaba en su propia manada ¿Acaso los Ardwolf estaban subestimando a los Likaios?¿Estaban siendo cegados por su orgullo y su vanidad, al creerse el clan guerrero más poderoso?.

Todas esas dudas aquejaban a la licana de los ojos azules, que se posaban sobre el cielo buscando el consuelo de Selene. Y mientras yacía ahí, reflexionando como nunca antes lo había hecho, un gélido viento sacudió aquel santuario suyo y agitó las hojas del enorme arbol que la cubría con su manto. —¿Pero que demonios...?—Un escalofrío recorrió la espina de Shayne y le erizó los vellos de la nuca. Se levantó de un salto y comenzó a mirar a todas partes. Si algo había aprendido ya en tantos años de vida era que, cuando un viento de esa calaña golpeaba sus tierras, podía estar segura de que la muerte rondaba a los Ardwolf. Ya había ocurrido cuando sus padres murieron, también ocurrió cuando los Ardwolf y los Fenrir sufrieron aquel horrible siniestro. Y ahora...

Un coro de aullidos lastimeros rompió el silencio, erizandole aún más los vellos de la nuca. Comenzaron en un intervalo más o menos regular y pronto se volvío una especie de cántico constante que no auguraba nada bueno. Al final, un aullido diferente, más poderoso pero que no convocaba a nada, si no que les indicaba a los demás a alejarse de ahí. Shayne reconoció ese aullido y sin pensarlo dos veces corrió en dirección a donde aquellos sonidos habían tenido lugar. Pudo ver en su trayecto a familias enteras confundidas, dejando sus hogares para dirigirse a la salida de los terrenos. La casa de los Ardwolf era un verdadero caos pero nadie sabía que estaba pasando. La licana se abrió paso rápidamente y alcanzó a ver a  un Licano llamado Cid que miraba con horror algo que había mucho más adelante. Shayne lllegó hasta donde el se alzaba como un roble.


—¿Que está ocurriendo?— pero no hubo necesidad de que le contestaran, puesto que más adelante vió como Kelda alcanzaba a Nial y a Leona, ambos se notaban sumamente agitados y ¿asustados?. Shayne avanzó corriendo hasta aquel grupo y de inmediato, levantando la voz los interrogó:

—Nial, Leona, ¿que pasa? ¿Porque están...?— Las palabras de Shayne fueron acalladas de inmediato. Más allá de donde ella y aquel grupo se encontraban, pudo ver unas siluetas oscuras avanzando con paso firme pero con movimientos bastante extraños, hacía la aldea de los Ardwolf. Otra figura, imponente y que se movía a gran velocidad, corría para interceptarlos. La lejanía no le permitía ver con exactitud la escena, pero un rayo de luna alcanzó a iluminar el yelmo partido de Galliard, que corría a enfrentarse a aquellos seres que alguna vez habían pertenecido a sus filas. La sorpresa se adueñó de Shayne, que observaba como su líder corría con desesperación para poder terminar aquella amenaza.

En primer luga, Shayne deseó correr tras él para ayudarlo pero, al ver que ningún otro guerrero lo había acompañado pudo deducirlo: Galliard había ordenado que todos huyeran y era por eso que la aldea entera estaba corriendo en dirección contrraria. La licana  frunció el ceño pero pronto dirigió su mirada, de un azul intenso, a Kelda, Nial y Leona


—Rápido, tenemos que alejarnos de aquí, Galliard nos dará tiempo. ¡De prisa!—

Shayne dirigió a los 3 Ardwolf cerca de donde estaba Cid y le pidió que los llevara lejos, junto con los demás de la aldea. Mientras tanto, ella comenzó a gritarle a todo aquel que se encontraba tratando de organizarlos para que no fuera un caos total: un grupo debería escoltar a mujeres, niños y ancianos a un sitio seguro, otro grupo debía adelantarse a peinar la zona para buscar alguna trampa puesta por los Hijos de la Sangre y otro grupo más debía asegurarse de que nadie se quedara cerca de donde los muertos avanzaban a paso veloz, siendo detenidos únicamente por el valiente jefe de los Ardwolf. Shayne se unió a los que examinaban la aldea en busca de algún rezagado, con el único propósito de servir como respaldo para Galliard en caso de que su destino tuviese un final trágico.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Cid Kefa el Dom Abr 20, 2014 8:19 pm

El viento solo trajo una señal que marcaba el cielo. El viento no era nada esa noche cuando la luz de las aldeas se consumieron asfixiadas por manos invisibles provenientes de otro mundo. Y por esa razón el viento no le causó el menor rechazo, a pesar de que, al instante en que volvió su cabeza a los brazos, sintió como cada milímetro de su piel se erizaba y los dedos enormes, capaces de tomar la cabeza de un niño y destrozarle en caso de presionar con más fuerza de la necesaria, temblaban por el frío. Frío al que estaba acostumbrado y que las pieles de animales que cubrían su gran torso y colosal figura lograba frenar. Pero aun así, todo su ser parecía helado y lo estaba. Ese frío no era el del clima, no entraba por la piel sino que salía directamente del centro de los huesos, congelándolos parte a parte, centímetro a centímetro como un aliento muerto que comienza a volver hielo los glóbulos rojos y blancos.

Los gritos de las mujeres cercanas y de aquellas que estaban más lejos... La mirada confusa de los cazadores más jóvenes y el sonido de la noche que parecía gemir como si hubiese sido herida de muerte. El inquebrantable gesto de Cid, titánico y barbárico licano que poseía la altura superior a cualquier otro buscaba alguna respuesta a lo lejos pero no podía ver nada.

“La muerte”, dice Kelda y  aun así, la muerte no puede tomar forma y amenazar una manada. Él ha visto la muerte en los ojos de sus víctimas mil y un veces y nunca se sintió de esa forma.

-¿La muerte?- repite pero el sonido del golpeteo en el suelo y una potencia conocida hace que el brutal hombre se gire para ver pasar a su lado a Galliard, amigo de combate y hermano de manada. Lider, El líder. Un gesto de desprecio se dibujó en sus labios mientras giraba en negativa ante aquella orden tácita que no había escuchado pero podía deducir. Nadie jamás aceptaría fallar a la voluntad de Galliard porque él era aquel cuya palabra se volvía ley. Pero si era la muerte aquella que caminaba hacia la aldea amenazándolos a todos con consumirlos en un temible y frío abrazo letal, no sería él quien huyese de ella. – Busca a tu cachorro, Kelda. –  grave fue su voz y pesados sus pasos mientras tomaba una de las pesadas mazas de punta de piedra que estaban tumbadas con las cuales algunos novatos habían estado cortando la corteza de la leña – ¡Búscalo y hagan la fogata más grande jamás vista! – agrega a la vez que carga el pesado mazo al hombro y comienza a caminar, un paso delante del otro, viendo con la calma del cruel océano hacia el frente – ¡Aullen tan alto que hasta los no muertos logren escucharles! Porque si la muerte llega a sobrepasarnos en esta noche…- sus ojos teñidos de negro y su rostro comenzando a transmutar en una forma extremadamente bestial – Llegará a la aldea sin ojos, sin oídos y sin lengua. ¡Y así sabrán los licanos que tuvo la estúpida idea de enfrentarse a Kefa! – El gruñido que rompió su garganta siguió sus pasos que se lanzaron en carrera mortal siguiendo a Galliard. Aquel líder podría haberse negado pero Cid era quien comandaba la fuerza de defensa de los Ardwolf. Su misión no era seguir a Galliard, era evitar que cualquiera llegase a su aldea.

Mano a mano, como amigo y hombre, como bestia y monstruo, lucharía contra los muertos sin piedad alguna. Esos rostros conocidos que apelaban golpear el inconsciente de Kefa no eran nada más que algo que no debía existir. En lo que dura un suspiro, sus pasos ahora corrían tras los de Galliard y sin decir palabra ni advertir nada, cuando estuvo tan cerca de aquellos seres que el hedor a podrido llegó a su olfato, Kefa elevó su mano y lanzó el martillo justo al frente. Éste giraba en forma de hélice, pasando peligrosamente cerca del rostro de Galliard pero, no dirigido a él y abriéndose paso por la cabeza de carne putrefacta del espectro más cercano.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Niall Ragnar el Sáb Mayo 03, 2014 5:15 pm

La muerte… En su vida como Ardwolf ya la había visto de cara a cara una vez, peleando de igual a igual y sin embargo la muy caprichosa como un bromista resentido que no logra su objetivo la primera vez había regresado en una forma que le hervía la sangre y lo helaba peor aún que el soplo de los vientos árticos en ese momento. Mientras corría la única idea que podía sostenerse con firmeza en medio de esa tormenta confusa era la de hacer que esa cachorra que llevaba el otoño impregnado en su cabello y en su piel se quedara con él en este mundo y no acompañara a los caídos que ahora se levantaban como si buscasen venganza en quienes los habían llorado.

Pasaron de Galliard a la carrera, casi chocandolo dado que el líder licano había tomado un camino al trote que al principio el guerrero no se percató. Ese aullido aun lo helaba por dentro cuando llego hasta donde su progenitora lo esperaba. Pero lejos de mantener su mirada fija en el esta estaba en dirección hacia el horror que se levantaba amenazante sobre el pueblo Ardwolfs. - ¡Madre! - las acudió con una falta de delicadeza tan propia y a la vez con una falta de interés tan grande en la misma. Shayne se les acercó y aunque tuviese tiempo de contestar su duda antes de que esta se respondiese por sí misma seguramente no hubiese encontrado palabras para describir esa visión que no creyó jamás ni siquiera ver en sus peores pesadillas. Sin embargo no entendió lo siguiente que quiso decir la licana… ¿Que Galliard les daría tiempo? ¿Acaso no pelearíamos a su lado? Mientras la imponente loba empezaba a movilizar la aldea y  los grupos que lejos de cuestionar su autoridad coordinaron su labor en grupo para asegurarse de guiar a la población a un lugar seguro lejos de aquellos caminantes de la noche sin luna vio como cada guerrero que se disponía a luchar al lado del imponente licano era automáticamente rechazado con una nueva orden que nadie se atrevía a cuestionar. Sin embargo la voluntad de Cid Kefa se alzó sin mediar palabra con Galliard dispuesto a dar su vida junto con los hombres que lideraba. El ya había tomado una decisión. - Leona ve con mi madre, no te separes de ella. Y no se te ocurra desobedecerme- la miro a los ojos fijamente a sabiendas de que si llegaba a discutirle entendería que no lograría mucho y aunque ver caer a su pequeña alumna era un peso que quería evitarse también le estaba confiando a la hija de León algo más importante aún para el que su propia vida: La vida de Kelda.

Luego de asegurarse de que las licanas tomaran el camino que él les había designado tomó sus armas y se unió a Shayne en su labor de coordinar las fuerzas del pueblo. Le pidió a uno de los guerreros que acompañarían a la pequeña e improvisada caravana una de sus espadas pues no podía volver a su hogar y tomarse la libertad de buscar las propias en un momento así. Aquel hermano al que Galliard había encomendado proteger a su familia se la entregó de inmediato. Cada cual tenía ya su labor fija en mente sea auto-impuesta o por designio de otro… El licano estaba dispuesto a morir antes de dejar que cualquier amenaza llegará a Kelda y a Leona.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Marca del Lobo el Dom Mayo 11, 2014 11:32 pm

La Ultima Era




El Presagio

“Estos son los días finales. Los signos son claros. Incluso los cachorros lo saben.
Esta es la era del Apocalipsis.
Los humanos han corrompido la tierra; destruido los Arboles; domado a las fieras; ahogado el aire; envenenado  los suelos; atascado las aguas; desencadenado el fuego eterno.

Ahora, el Wyrm se levanta, para eclipsar la luna, devorándolo todo a su paso, cazando a los cazadores.” - Hombre Lobo Apocalypsis


Los pasos de aquellos seres pisaban el suelo pero, a la vez, era como si no lo hiciesen. La hierba bajo sus patas empezaba a oscurecerse con cada contacto que había entre aquellos que estaban muertos con la vida de Gaia. Corrupta esencia que se mueve lenta y pesadamente por el mundo sin tener que estar en éste. Los caídos no reconocen a aquellos que están acercándose y es cuando la figura de Galliard se distingue del resto, corriendo y buscando la colisión en lugar de huir cuando uno de los más queridos amigos del líder licano, tan muerto como lo estaba su cuerpo ahora hecho cenizas, da un alarido y su forma cambia, perdiendo lo poco que queda de humano en su ser para alcanzar una altura superior a los tres metros. En su pecho, la marca roja de una cicatriz palpita, hecha por aquellas armas que le habían ejecutado cuando estaba vivo. Sus ojos, así como los de los caminantes que le seguían eran trozos de llagas ardientes, y en las articulaciones se podía ver la forma de sus huesos, deformes. Sufrían con cada paso y cada paso les enojaba.

Y cuando ésta fuerza iba a lanzarse justo sobre Galliard, el hacha que Cid mueve como parte de sí mismo corta el aire junto al rostro del Gran Lider y atraviesa a esa figura. La misma, en un grito demoledor, se deshace como si fuesen sombras. Es que no son cuerpo, sino almas…espiritus que han caído y buscan destruir aquello que sigue vivo. En tu nombre cayeron, Galliard, Lider de los Ardwolf. Y ahora que la Lider de los Fenrir ha caído en desgracia, aquellos que no pueden hablar claman justicia. El velo de los vivos y los muertos se empieza a partir, dejando el paso a algo que los antiguos licanos habían visto y creían mito.

Los muertos claman por la vida…Los muertos claman venganza.

Detrás, un alarido nuevo liquida la quietud de la noche, mientras un rayo destroza el cielo, partiéndolo en dos. Y el sonido de la tierra es como un palpitar cuando se siente que el golpe continuo de una de las fieras que camina lentamente se vuelve un trote constante. Sus ojos rojos y su figura convertida en una extraña mezcla del Glabro y el Crinos. El cabello se ha quemado por el fuego y en sus ojos se nota la sangre de aquellos que no ven. Busca lanzarse en venganza de aquel que le dejó morir.

‘-Mi señor Galliard... –' su voz es firme y su mirada constante, viendo con los ojos dilatados la figura de aquel hombre por quien daría la vida y moriría mil veces –' Debe irse ahora –‘ Esas fueron las últimas palabras que el gran Lider Galliard escuchó de aquel licano. Mayor en tamaño que muchos, más salvaje que tantos. Padre de un cachorro que aun no había conocido hembra y amigo leal que había cubierto con su espalda la vida de su señor más de mil veces. Aquel licano que, con la poca fuerza que quedaba, mientras la sangre corrupta de los Donovan le quemaba por dentro, encontró la fortaleza para poder ir a advertir a su Lider del peligro y morir ante él. Ese era, Harald, el grande, que corría como un toro rabioso hacia el licano que juró defender con su vida. Un espíritu que podía golpear tan fuerte como un ser vivo pero que, extrañamente, no tenía cuerpo.

Tanto así era el odio que daba forma a los caídos. Odio al estar lejos de Gaia…Odio al ser abandonados por ella. Odio al haber muerto en la deshonra y ser marcados por la figura de la corrupta esencia.

¿Qué son estos seres?


Como pueden ver, los seres que se acercan a la aldea no son seres físicos. El velo entre los mundos se ha debilitado de tal forma que algo está controlando espiritus volviendolos seres vengativos. Los muertos en el concilio fueron marcados y esa marca representa el estancamiento de su espiritu con la criatura que los mató. Un tipo de Necromancia.

Los Fenrir son los encargados de proteger el velo y actualmente la caída de su Lider y la baja de fuerzas en ella ha generado esto. Estos seres se deshacen al golpear algo que no sea carne, como ha pasado con el ataque del Cid. Pero si ellos marcan a un licano, éste empezará a sentir como la piel le quema volviendose incapaz de regenerar dado que sus marcas son 'marcas de corrupción'.

No hay orden de posteo, pero cada uno debe esperar tres post como minimo para poder responder a menos que yo, como master, les indique una acción directa, como acaba de pasar con Galliard y Cid.










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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Leona Boadicea el Mar Jun 17, 2014 1:08 am

-No, no puedes hacerme esto- reclamó al instante pero su queja quedó sumida en la nada. Los cabellos se movían brutalmente de un lado al otro gracias al viento que iba y venía.  Su mirada estaba puesta en la lejanía, donde las fieras se perdían como si fuesen sombras pero, por alguna razón que no terminaba de entender, no eran sombras.  Sus ojos volvieron a posarse sobre Shayne, esta vez, viendo a la mujer que tanto admiraba por tener la fuerza de un lobo macho con la desesperación de una adolescente. Vamos, Leona, reacciona. ¡Ya no eres una maldita cachorra! Pero entonces por qué temía que los machos fuesen a pelear contra aquello ¿Qué era eso que se movía desde la sombra con las formas de viejos amigos caídos en combate? – No podemos dejar al líder solo…- susurró pero entonces, cuando notó que el Gran Cid había acompañado a Galliard, fue la primera vez que se vio en una encrucijada. Por un lado, ella podría demostrarles a todos que no temía a nada y por eso, podía ser una guerrera. Por el otro, estaba realmente aterrada. Jamás, en toda su existencia había visto cosa semejante y en el fondo de su alma temió que el gran Cid y el Gran Galliard, guerreros completos que podían pelear con sus propias manos contra la muerte misma podrían morir en manos de algo que ni siquiera la sabia Kelda podría comprender.

¿Dónde estaba su padre? ¿Dónde estaba su madre? ¿Niall? Él estaba a su lado. Y por eso, cuando él le habló, tardó un instante en comprender lo que tenía que decir. ¿Quería que ella se fuese? Pero…¿Qué sería de él entonces? Sus manos se levantaron para tomarlo del brazo, clavando en éste sus dedos mientras temblaba de pies a cabeza – Niall, no… - reclamó. No porque ella quisiese pelear también, sino porque no quería que él fuese. Sea lo que sea que se acercaba no era algo que tuviese piedad. Era más negro que los vampiros mismos…y habían tomado la forma de lo que más amaban.

-Niall, no lo hagas. Tú los viste…no puedes ir. ¡Ven con  nosotros! – decía rápidamente mientras sentía como los cabellos de su espalda y nuca se erizaban ante cada alarido naciente de esas gargantas sumidas en sufrimiento. – ¡No podemos pelear!- exclamó.

-Kelda, llévate a mi cachorra – reclamó otra voz que emergió desde atrás de la joven, tomándola tajantemente del hombro para echarla hacia atrás mientras sus pasos marcaban el camino a seguir. León, el guerrero padre de la joven había facilitado el camino a los más ancianos y detrás de él, su mujer. Cristal poseía la piel pálida de los Fenrir, dueña de una cabellera castaña que parecía adquirir un tono ligeramente gris con la noche. Sus ojos, tan verdes como los de su hija resaltaban notoriamente. Por un instante, la mirada de León volvió a su mujer casi esperando de ella una última palabra. La mano diestra de ella se levantó posándose en su mejilla marcada por las batallas mientras en un gesto solemne, asentía con la cabeza. León se giró y comenzó a correr hacia su Líder y el segundo en poder, Cid Kefa. La licana Fenrir clavó sus ojos verdes en Niall – Nunca has enfrentado algo así, Niall. No dejes que te toquen. Eso es lo que ellos buscan. Están corruptos…están enojados…Y nos culpan por ello – diría volviendo sus ojos a Shayne y a Leona, su única hija. La luz de su mirada era como si en esta viviese la luna misma. Cristal poseía el encanto de los Fenrir y la paz de los hijos de Selene –Si huimos, ellos nos seguirán. El fuego de la aldea fue apagado por sus esencias…Eso nos da una señal. Le temen a algo. Kelda ¿Puedes entenderlo? – Preguntó mientras volvía su mirada a seguir el recorrido que su esposo había recorrido – Los espíritus que surgen la noche sin luna lo hacen porque pueden moverse en la oscuridad. Selene no está esta noche para protegernos… Solo el fuego podrá mantenernos a salvo. El fuego y nuestro propio grito.-declaró cuando, nuevamente, un grito desgarrador surgía de las gargantas de aquellos espíritus, casi como si con ésto quisiesen congelar el corazón de quienes le escuchaban.
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Mensaje por Galliard el Vie Jun 20, 2014 7:31 am

Cuando por fin estuvo en frente de aquellas criaturas, Galliard, el iracundo líder Ardwolf, levantó un aullido tan seco y ronco que pareció más el rugido de un tigre. Preparó su brazo derecho para levantar su colosal espada desde el piso, y aplicar un golpe al primero de aquellas abominaciones, pero justo cuando su ancha y maciza cintura iba a sacar el golpe, un mazo pasó cortando el aire, rozándole la mejilla y alborotando su larga cabellera de ébano.

El impacto fue mortal; la cabeza de aquella criatura se partió, y su cuerpo pasó a convertirse en una nube mal oliente de niebla y polvo que hedía como los mantos putrefactos del Wyrm. - ¿No te dije que te quedarás? – En ningún momento giró su cuello para mirar al ingente Cid, por lo que aquella pregunta espetó de espaldas con cierta rudeza. Pero una sonrisa fuera de toda vista se enmarcó en los labios del temible líder.

Levantó el mazo que había caído justo en frente. Era pesado, poco cómodo para las muñecas, tan similar a la espada empuñada en su diestra. Acto seguido lo arrojo hacia atrás; regresándolo por donde vino, regresándolo a las manos del Cid. –Lo vas a necesitar.- Atinó sus palabras, al mismo tiempo que observaba aquellas figuras lóbregas escurrirse entre las sombras del follaje.

Una de las criaturas no tardo en desprenderse del grupo, su tamaño, la manera de trotar, todo develaba su antigua personalidad. Y finalmente esas palabras, el último eco de su consciencia y lealtad.


Galliard agachó la cabeza un segundo, y los cabellos largos le cubrieron de tal modo que era imposible verle el rostro. Detrás de su melena, de las sombras que caían, se escondía un gesto afligido de ojos tristes. Harald de entre todos aquellos que murieron había sido el más cercano, el más amigo. –Perdóname… - Susurró.

En ese momento levantó la cabeza de nuevo con tal violencia que los cabellos se le fueron hacia atrás, dejando su rostro a la claridad de la noche. Ya no había tristeza, de un segundo a otro un tizón amarillento refulgió en sus ojos, y el gesto de su rostro se mostraba impacible.


La rabia palpitaba en su corazón, y se extendía por sus venas. Salió a trote rápido justo por la misma dirección en la que venía Harald, peinando la hierba con su espada a rastras. Aquello no tenía el sabor de un duelo, enfrentarlo era una deuda, darle paz una obligación.

Cuando la imponente abominación estaba a unos metros de él, el embravecido líder brincó para ganar altura e impulso.  Y con ambas manos tomo la empuñadura de su espada para levantarla sobre su cabeza. –¡Harald regresa al Valhalla!- Gritó, y en el momento que iba perdiendo altura, cayendo justo hacia la figura tenebrosa del gigantesco lobo fantasma, sus brazos abanicaron el golpe con todo el empuje que podía generar, lanzando un tajo vertical sobre su cabeza; buscando guillotinarlo con un movimiento violento y raudo que ya le había ganado varias batallas de un solo golpe en el pasado.
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Niall Ragnar el Dom Jun 22, 2014 1:09 am

Las historias con las que había crecido estaban ahora ante el, amenazando con hacer parte de esa corrupción, que levantaba ante sus ojos agudos la imagen del pasado, todo lo que amaba, todo por lo que el peleaba… Cuando quiso avanzar hacia el frente un agarre suave y firme a la vez lo freno en seco e hizo que sus ojos se abrieran con extraña sorpresa ante una reacción que por nada hubiese esperado: No era el agarre firme y cariñoso de una madre que le ruega a su hijo no dirigirse a una muerte segura, Kelda jamas fue de ese tipo de madres y como buena ardwolf entendió desde que vio a su pequeño hijo nacer cual era su deber dentro de la manada, tampoco era Leona avisándole que no seguiría sus ordenes y que tomaría las armas como la guerrera que era. Era ella, su alumna, esa cachorra fiel encarnación del otoño que lo sostenía como nada que el joven lobo pudiera comparar. Su sorpresa fue tal que sus labios se sellaron en vez de recordarle cual era su misión. No... Ella lo sabia, lo sabia perfectamente. Sus ojos la vieron con confundida dureza hasta que León la aparto de nuevo a la compañía de su anciana madre.

León fue directo a la batalla con el resto de los Ardwolf mientras que Niall se quedo inmóvil respirando profundamente alrededor de un montón de cosas que se esforzaba por demás en entender aun cuando la situación no ea idónea para ello. La voz suave y llena de templanza de Cristal lo hizo girarse lentamente para escuchar atento su sabio consejo; pues no viajo lejos de la tierra que lo vio nacer y ni paso varios de sus años entre los Fenrirs para desperdiciar la sabiduría de sus palabras aun cuando le costara mil horrores entender la mayoría de sus mensajes. Asintió en silencio y prontamente tomo el arco y las flechas para enfrentarse a el ataque. - Manténganse alejadas de ellos-. Dicho esto volvió a su plan original. Las flechas le darían la distancia que Cristal le advirtió que debía guardar con los corruptos y entre todas no había mejor arma que pudiera manejar el cazador para asegurar el pronto escape de los que habían quedado más atrás. Un grito pequeño, agudo y despavorido llamo al instante su atención encontrándose con uno de esos pequeños que se internan en el bosque a jugar y que, de seguro había, sido sorprendido por el avance de esa fuerza corrupta con la imagen de todo lo que alguna vez amaron dirigiéndose a la aldea. Encima de el un veterano, un viejo guerrero que con su mano pesada le había dado un un coscorrón cuando solo era un pequeño y peleonero cachorro. ¿Que había hecho? Estaba peleando seguro, pero la razón no la recordaba… Solo recuerda su golpe y el ardor que le dejo en la cabeza mientras le decía que solo un estúpido se enfrascaría en una pelea por “algo así”. Ahora su misma mano amenazaba con corrupción a un alma inocente mientras en otro tiempo impartió castigo y educación a los pequeños de la manada. Por su mente aparecían mil imágenes mientras el mundo a su alrededor parecía tan pesado y  tan lento. La flecha lo atravesó y pronto se volvió un montón de polvo oscuro y demás cosas que no llegaba a dilucidar ni tenia tiempo para ello. Así era con cada miembro que había formado la comitiva que acompaño al viejo Galliard; todos un recuerdo, una memoria. Fue así hasta que se encontró con la imagen de su padre mirándolo fijamente como si fuese el único licano en toda la aldea, en todo el norte, en toda la faz de la Tierra… Fuese terror o el viento ártico que parecía soplar más frío que antes la piel del lobo se erizo de inmediato. Cargo el arco en su hombro y guardo la flecha que iba a usar en su carcaj antes de tomar la espada que le había dado el lobo con el que se cruzo instantes atrás. Una imagen más amarga que la hiel misma, pero en su boca reseca se formo una sonrisa tan improbable como la misma visión que estaba teniendo ante sus ojos. Niall Ragnar, el “campeón” de la tribu ardwolf, sonreía tranquilo y si alguien lo hubiese visto en aquel momento de seguro pensaría que la visión de Úsmebu entre los muertos termino haciendo mella su razón. Sin embargo nunca hubo antes imagen que lo destrozara más por dentro pero al mismo tiempo daba gracias por esa oportunidad de despedida y purga; de ser el quien tuviese la oportunidad de decirle "adiós". Cuando estuvo a escasos metros de aquella aparición oscura y esta se lazo sobre el con los brazos en alto rodó por el piso y con un golpe veloz asesto la espada en su nuca para cortar su cuello. La imagen empezó a consumirse en si misma ante sus ojos mientras que el se quedaba ahí… En el mundo de los vivos con un nudo en la garganta pero con el alma tranquila de saber que fue el quien libero su espíritu de aquella corrupción que nunca fue parte ni tuvo nada que ver con su padre… ¡Con ningún licano de esa aldea vivo o muerto y cuyo único lazo en el futuro seria este amargo momento!

-Yo me encargo a partir de ahora- pronuncio en voz alta esperando que, desde donde quiera que este ahora, lo escuchase. Poco duro todo este momento tan eterno para el cazador. La aldea aun estaba amenazada con ser diezmada por la oscuridad y muchos eran los riesgos que corría estando ahí parado tan al descubierto. Tomo nuevamente su arco y volvió a la cacería para defender a su pueblo, para defender a Kelda y a Leona. Para defender todo lo que el amaba...
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Re: Vuelve a las raíces. (Abierta a los Ardwolf)

Mensaje por Shayne Aryn el Jue Sep 04, 2014 3:18 pm

Confusión.
Eso era lo que Shayne Aryn sentía en aquel momento. Necesitaban sacar a los Licanos de la aldea, ponerlos en un sitio seguro y demases... pero no se sentía bien con esa tarea.

Ella había jurado pelear al lado de Galliard, había dicho que no se separaría de su lado cuando tuviese una dificultad pero ¿que estaba haciendo? lejos de su líder, movilizando a mujeres y niños para que saliera. La licana volteó en dirección a donde Galliard y Cid peleaban. Miró de nuevo a los que restaban de la tribu Ardwolf ¿que diantres debía hacer?. "¡Atrás! ¡Veté y llévate a tu familia lejos! " había dicho,  pero ¿cual era su familia?. Sus padres estaban muertos, no tenía hermanos. A los únicos a quienes podía considerar parte de su familia eran Kelda y Nial, si bien no completamente, pero había pasado mucho más tiempo con ellos que con los demás licanos.
Y luego estaba Galliard.
Sentía por el demasiado respeto, demasiada admiraciónque podía considerarlo como parte de su familia. Quizas el no la considerase así, ni siquiera notara su presencia, pero ella sentía que debía defenderlo, pelear a su lado, demostrar porque en todos sus años viviendo entre los Ardwolf le había llamado "La Indomable".  Si. Estaría desobedeciendo ordenes directas, pero no quería perder a un miembro de su familia.

-Alguien, que se haga cargo de terminar de mover a nuestros hermanos ¡RAPIDO!-Gritó al tiempo que tomaba una antorcha, empuñaba su cuchillo de caza y corría a toda velocidad en dirección a donde Galliard y Cid peleaban. Si las palabras de Cristal habían sido ciertas, el fuego les ayudaría contra aquellos seres. El dolor de tener que destruir a sus hermanos de manada le inundaban, pero su deber y su palabra de siempre luchar junto a su lider pesaban más para ella. Tendrían que deshacerse de aquellos con quienes alguna vez compartieron la cena, la caza y el techo. Eso simplemente enfurecía más a Shayne, pues los hijos de la sangre no solo le habían robado a sus padres, sino que estaban intentando destruir todo lo que le importaba.
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