Busqueda [Flashback]

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Busqueda [Flashback]

Mensaje por Fenrir el Vie Dic 06, 2013 1:48 pm

La parsimoniosa vehemencia del bosque se vio en ese momento invadido por la discordia, más allá de su siniestro interior, en medio de lúgubres arboles, la violenta estela de un astro perturbaba el sosiego, y como si su voluntad quebrase el eterno paisaje que sobre el bosque se cierne, la niebla se arremolinó con violencia, soplando con terror su aliento helado. Se abría como cortinas, permitiendole el paso a una figura de altura considerable, cubierta por el velo negro de su propia cabellera en penumbras.  Aquella que con melancolía marcaba sobre su talante un movimiento elegante, lleno de grandeza, lleno de poder, hasta tal punto que todo bajo la planta de sus pies y a su alrededor parecía rendirle la más marcada pleitesía. Lentamente, con paciencia infinita alienando cada uno de sus movimientos, detuvo sus pasos ante los bosques abiertos en forma de un claro que se perdía más allá de la visión, dejando a los árboles atrás. –Los límites de Fenrir – El silencio se hizo eterno durante algunos segundos, mientras el gesto de su rostro anidaba un carácter templado y molesto sobre sus ojos. Orbes profundos, cristalinos como el aire que ahora le envuelve, y en cuyo reflejo nacían infinitas chispas como estrellas.

Su sueño no había hablado con mentiras y ahora estaba totalmente segura de aquello. Las palabras que llegaron traídas por la noche denotaban que uno de sus más queridos hermanos estaba en peligro. En siglos anteriores, la Ardwolf que existía por naturaleza en ella habría hecho oídos sordos al llamado espiritual que se extendía en un mundo que ella no comprendía. Pero las cosas habían cambiado. Los licanos poseían un vínculo irrompible  con un mundo diferente al de los seres vivos. Y en ese mundo donde la vigilia y el sueño se unen, había visto a uno de sus antiguos compañeros,  guerrero de Fenrir protegido por el espíritu del Zorro, clamando por su ayuda.

A su lado, escuchó los pasos que sometían la hierba a su peso de Oren Astvinur, aquel joven cachorro que había acogido como su consejero, enseñándole lo que un Fenrir necesitaba saber para mantener la manada en orden y libre, protegida en las tierras misteriosas que le envolvían, pero aceptando de su parte la sabiduría que él tenía por naturaleza y sangre y que escapaba a los conocimientos de su propio ser. Ella había nacido guerrera y como guerrera se había educado. Pero Fenrir era más que la batalla. Decir que podría llegar sola a tal grado de iluminación sería permitir a la soberbia hablar por sus labios pálidos, ahora teñidos de púrpura gracias a la caricia constante del viento helado. Poco más atrás sintió el movimiento más tímido de otra presencia: Forest. El espíritu del zorro cubría sus movimientos pero el aroma que envolvía su cabellera era incapaz de escapar al hábil olfato de Fenrir. – Los sueños nuevamente han mostrado la verdad. Puedo sentir la muerte en esta dirección...– señaló la derecha con la mirada, sin volver sus ojos a los acompañantes. Sin embargo el aullido del viento resoplo con furia, meciendo suavemente la cascada azabache en la cabellera de la licana quien notó la duda hasta aquel azote tan repentino. Pocos fueron los segundos en que el silencio volvió a  invadirles y, entonces, su voz se elevó a sus acompañantes – Forest, quiero que vayas al este. Eres la más pequeña y en el arte de la batalla aun no has sido instruida – ante esas palabras hubo de volverse, para que sus ojos viesen directamente la mirada de la licana – Te quiero lejos del riesgo. Pero , además, hay otra cosa …- el ceño delató las dudas que le invadieron por un instante volviendo a pensar qué podría señalar Gaia que existía en aquella zona aledaña. -La casa de Thomas está en esa dirección. Encuentrale. Dile que yo le he escuchado y que ahora mismo recorreré estas tierras buscando la amenaza que se cierne sobre su terreno. – la altura entre ambas era marcada. Fenrir tenía que bajar apenas los ojos para encontrar la mirada de la licana más pequeña. Su siniestra mano se levantó sobre el aire, y con la misma calma de las aguas del mar, deslizo suavemente él revés de su mano en la mejilla de Forest –No salgas hasta que nos veas llegar. – Profirió, y cuando hubo terminadas sus palabras, retrocedió, cubierta por el inmenso manto de sus propios cabellos.

Su voluntad volvió agitar la parsimoniosa serenidad del bosque, meciendose la neblina como si vientos indomables azotaran sobre ella y entonces, sus ojos se clavaron en el punto contrario al señalado. La dirección marcada primera era de dónde provenía el hedor mismo de la muerte más cruenta. No hubo necesidad de hablar a su consejero para que le siguiese. Sin mirarle supo que él había captado la misma esencia mortecina en la dirección oeste. Sea lo que sea, aun no se acercaba al sitio dónde Thomas vivía con su familia. ¿Por qué? No habría tiempo para preguntar. Gaia en su sabiduría aun mantenía alejados a estos malvivientes del hogar del licano y por Gaia, Fenrir se encargaría de mantener así las cosas.

Sus piernas se tensaron mientras su cuerpo era envuelto por el viento nocturno, llevando hacia atrás sus cabellos a la vez que las ropas que caían por sus caderas hacían lo mismo. Parecía una ilusión movida por entre las penumbras, casi como si ella misma formase parte de éstas. Los orbes azules resaltaban en su piel pálida, captando lo que surgía de entre la  nada misma de aquel claro. Y con cada metro que acortaba en distancia, más evidente se hacía el hedor a muerte. Sin embargo, ese hedor era diferente al de los hijos de la sangre. Había algunos de ellos, sí, pero además, había otro tipo de sangre ahora en esa mezcla macabra de aromas y esencias.  La mirada de la licana se ensombreció sin siquiera emitir palabra ante el pensamiento que azotó su mente en aquel instante.

-He llegado demasiado tarde…-

Rol Off:

Alexa está sola en la casa. Oren y Fenrir irán hacia el lado contrario, dónde están los cadaveres o pronto cadaveres de los padres de Alexa.
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Re: Busqueda [Flashback]

Mensaje por Oren Astvinur el Miér Dic 11, 2013 12:42 am

Un entramado que no tiene fin, de destinos y decisiones que se entrelazan unas a otras bajo plena conciencia o la total ignorancia. Infinito es el camino, innumerables los colores y matices que se muestra capaz de captar, todo bajo una misma ala. Ciego no es quien no puede ver, sino quien falla en apreciar esa ínfima, y a la vez universal, belleza. No importa cuán grande se presente algo, no existe excepción a la regla de que su conjunto siempre está compuesto por piezas más pequeñas y discriminables. Para comenzar a comprender, a dar entendimiento, acariciar la verdadera sabiduría, siempre se ha de ver primero la base, las partes que el mundano suele desestimar. Por sobre todo, iniciar en uno mismo; si no das sentido a lo que más conoces, habrás perdido la batalla antes de comenzar. Es así que el mundo se encuentra envuelto en historias, adornado en un manto de palabras. En cuanto el velo cae, y la verdad se revela, los hilos muestran su origen. El destino se desenlaza frente a tus ojos. Una tarea que no es sencilla ante un sistema que vive en constante dinamismo. Los relatos nacen a cada momento, la historia siendo escrita y reescrita a cada instante con cada nueva voz que se suma a la crítica y percepción de este entorno. Sus piernas respondían a órdenes de su mente, hacia adelante, siempre hacia adelante. Ese día sería capaz de capturar una nueva crónica bajo su mirada, inmortalizando los hechos en la memoria del lobo. Por su parte tenía además un rol que cumplir y por eso sus pies jamás se detendrían.

En primera instancia, habría creído que la situación sería fácil de sobrellevar, el objetivo era claro, el peligro solo algo latente. La propia líder había tomado las riendas del asunto ¿Qué podía salir mal? Planeamiento estructurado, la colosal fuerza de choque de quienes caminan entre dos mundos, benditos por la tierra que les mantenía, agraciados con la luz de la luna celestial. El movimiento incesante invocaba a recuerdos, enseñanzas y lecciones que debía mantener a flor de piel para mantener alejada la posibilidad de errar. Se preguntó si su maestro sería capaz de verlo hora ¿Tendría idea del resultado de su accionar en el joven guardián blanco? El viento no trajo respuesta, demasiado centrado en su propia labor, sin embargo algo en su persona le daba la razón, como si la luz que le bañaba dijera el “sí” que el aire callaba. La noche se movía con el grupo, portadora de una larga cabellera que ondulaba como las olas acercándose a la orilla. Los orbes que trazaban el camino hacían de estrellas en la penumbra, y como era costumbre la luna ascendiendo desde uno de sus lados, resguardando la vida contra sombras profundas y traicioneras. Como guardián era su deber, como miembro de la manada era su trabajado, como Fenrir era un llamado natural, innegable, arraigado a su espíritu como las raíces de un árbol a la tierra. Su voluntad no daría lugar a flaqueo, primero estaban los otros, su existencia ardía con esa determinación. La compañía se detuvo un momento, la voz de la líder cortando el silencio nocturno para dar las primeras instrucciones, curiosamente iban a la más joven del grupo, alguien que tendría propia responsabilidad bajo sus hombros. Aunque pareciese ínfimo, Fenrir estaba depositando en ella mucho más que simple confianza; si bien era por la seguridad ajena, su guía creía en la habilidad de Forest para continuar el resto del camino sola, en una dirección opuesta a la que ellos seguirían. Selene iluminara sus pasos y en su abrazo encuentre resguardo. Inspiró profundo, encontrando su calma, y a la vez un aroma que amenazaba con hacer mella en el temple apenas conseguido. El silencio fue suficiente para dar entendimiento, y con la verdad haciendo presencia, la seguiría hasta el fin del mundo.

El cuerpo volvía a responder, a regañadientes, acercándose al origen de tan pútrido aroma. La mente debía obligar a la acción, y para ello había entrenado gran parte de su vida. La aptitud física conseguida era tanto un regalo de la naturaleza como la necesidad de adaptar sus movimientos a la velocidad de sus pensamientos. Un balance perfecto. Arma y escudo, listo para la batalla. Así es que su cuerpo se tensó ante la visión. Las figuras pálidas, no del blanco de la luna sino cuales cenizas, voltearon su atención en el grupo. Sonrisas desfiguradas por dentaduras bañadas en rojo, quizás todo el calor que irradiaban era por aquél líquido en el cual se habían regodeado al cumplir su cometido. Sintió la tensión en sus compañeros, también como su instinto daba golpes como un torrente de agua contenido en una prisión demasiado pequeña. Su calma aún reinaba, pero la luna sabría cuánto podría extenderse hasta que lobo fuera liberado sobre su presa.

El enemigo no tenía intención a dar tregua, a que los licanos dieran cuenta de números y posiciones en la sombra. Sin embargo, uno tonto subestimó el poder de la unión de la tierra, del vínculo entre hermanos, ignorando el resplandor de Selene. El susodicho se arrojaba contra la cabeza del grupo, la misma Fenrir, creyendo tener la ventaja de uno de los flancos. Sí, alcanzaba a la punta de la flecha por un lado, para encontrarse que el guardián tomaba su lugar, bloqueando el avance con puño y antebrazo. El vampiro golpeó de llenó, los huesos ajenos se torcieron para dar lugar a unas facciones deformes en el rostro. La escoria parecía haber dado contra una pared, y ahora ese muro lo enviaba lejos, aturdiendo su cuerpo en el choque contra un árbol que tembló ante aquella fuerza.

Sin la necesidad de palabras, estaban todos enlazados, tanto en un mundo como el otro. Aquella noche la luna estaba dispuesta a demostrar su papel. A dejar ver porque es la luz que aún brilla cuando la oscuridad se apodera del día.
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