Moriae A. Abu-Hanak; la promesa.

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Moriae A. Abu-Hanak; la promesa.

Mensaje por Moriae Abu-Hanak el Jue Dic 05, 2013 8:47 pm

MORIAE ALEXANDRA


Datos básicos
Nombre completo: Moriae A. Abu-Hanak
Apodos: Mori, Moria. "La promesa".
Original o Predeterminado: Original
Edad: 256 años. Aparentemente 24.
Fecha de nacimiento: 29 de diciembre de 1757
Lugar de nacimiento: Tánger, Marruecos.
Raza: Vampiro



Descripción Psicológica

Moriae siempre ha sido muy reservada y callada, incluso antes de ser vampiro, algo que provoca un misticismo que en la mayoría de casos deriva en un interés y curiosidad peligrosos. Su aspecto inocente y angelical pueden ser los causantes de que muchos la hayan subestimado y que otros aun se atrevan a hacerlo, pero lo cierto es que puede llegar a ser una mujer fría y sin escrúpulos capaz de hacer lo que sea por conseguir lo que se propone. Puede ser considerada lo que muchos llaman una víbora disfrazada de dulzura, aunque la realidad dista mucho de esto.

Tiene muchos fantasmas del pasado y a pesar de la careta que con los años ha sabido forjar es muy débil realmente. Es casi imposible saber lo que pasa por su mente o cual es su estado de animo real, pues lo máximo que verás reflejado en su rostro es una sonrisa claramente actuada. No le importa como puedan creer que es mientras que nadie lo sepa realmente. Considera que el conocimiento da poder, por lo que mientras menos se sepa de ella, mejor. Quizás es por esto que es tan difícil engañarla; es como si tuviese algo parecido a un sexto sentido para saber cuando le están mintiendo, sexto sentido que le falla con los hombres. Y es que nadie es perfecto, o eso dicen ¿no?

Parece mentira que a pesar de la forma en la que se muestra siga siendo tan fácil hacerle daño moral ¿Ya hemos dicho que no sabe actuar con los hombres, verdad? Es como si cuando se enamora se volviera otra, más crédula y inocente, más débil. Pero tampoco se achanta ante ellos; es extremadamente celosa y posesiva e incluso podría decirse que se vuelve más que peligrosa cuando se meten con lo que considera suyo. No necesita ser tomada para tomar lo que desea, cree que es un derecho que ella también tiene y no solo los machos.

Es muy respetuosa, tanto con sus iguales como con sus mayores o superiores, incluso con los de la raza rival. No suele meterse en líos si no se meten con sus seres queridos, puesto que es realmente sobreprotectora con los suyos. Algo que no ha hablado con nadie ni ha dicho en voz alta por miedo a que la juzguen, es el hecho de no odiar a los licanos. Ella cree que pueden coexistir perfectamente, sin guerras ni disputas.
 


Historia


Todo tiene un comienzo. Este es el mio.

Soy hija de una campesina marroquí asentada en Tánger a mediados del siglo XVIII y un adinerado austríaco que la abandonó poco después de dejarla en cinta. Viví de forma precaria mi niñez y buena parte de mi juventud, por lo que no puedo escribir nada bueno de aquel tiempo. Al menos hasta que a los dieciocho años una corte adinerada invadió mi pequeño y humilde pueblo en mi búsqueda ¿Que querían de mi? Posiblemente estarás pensado que no sería nada bueno y eso fue lo que también yo pensé en ese entonces, pero era todo lo contrario. Mi madre y yo siempre habíamos supuesto que nadie además de mi indeseable padre sabía de mi existencia más allá del mediterraneo, pero en eso también nos equivocábamos; había alguien que sí lo sabía: mi hermano.

Mi desconocido padre acababa de morir prematuramente -quizás el haber deseado tanto su desgracia había servido de algo-, y su primogénito y supuesto único hijo había decidido buscarme a espaldas de su madre. Puede ser que si no hubiera sido porque su "corte" me obligó a escucharlo, nunca lo hubiera hecho. Para sorpresa mía mi progenitor era un miembro de la casa Habsburgo, la misma que gobernaba Austria en aquella época. Poco o nada importa como se llamaba él, pero su hijo o mi hermano como prefiero recordarlo, había decidido pagar lo que su padre no había hecho dieciocho años atrás. Desde luego que podría no haber escuchado a aquel muchacho cuando llegó a mi casa, pero lo hice y ahí estaba yo, podrida de riquezas. Pero lo peor de todo es que me gustaba esa nueva vida.



Un final. Un renacer.

No tardé nada en hacerme a aquella nueva forma de vivir, aunque a la que sí le costó fue a mi madre. Habíamos viajado a Europa con mi hermano, el cual se hizo adorar desde el primer momento tanto por mi madre como por mi. Sin embargo aquella vida de lujos y gozos no le gustaba nada a la que me había parido, por lo que tardó cuatro años en volver a su tierra y dejarme sola, como yo le reprochaba en mis cartas. Eso me entristeció mucho. Demasiado quizás teniendo en cuenta el hecho de que yo era una mujer hecha y derecha en aquellos tiempos y que lloraba cada noche por la partida de mi madre. Y mi hermano, pobre de él, sufriendo al verme de aquella forma.

Pero todo empeoró con la muerte de mi madre. Unos seis meses tardó desde que se hubiera marchado a Marruecos y ahora que lo pienso es muy posible que se hubiera ido con la única intención de morir allí. Eso me partió el alma y con ella me quitó la salud. No comía ni salía; pasé posiblemente más de cuarenta días con sus noches encerrada en mi habitación y eso no podía ser bueno para nadie. Y mi hermano... mi hermano seguía sufriendo. Pasó cada día de mi encierro a mi lado y aquel tiempo con él me permitió ver que había algo en él que no era como era yo. Había algo que lo diferenciaba, aunque no lograba ver algo que me convenciera de ello ¿Mis ojos me decían acaso que le huía al sol? Yo a veces abría la ventana de mi habitación y entonces él desaparecía o se ocultaba en el rincón más oscuro de la sala. A ratos desaparecía, siempre de noche, y volvía rato después de dios sabía donde ¿Comía? No. O si lo hacía yo no lo veía.

Una noche decidí seguirlo. Yo estaba débil y en algún momento le perdí el paso en una de las infinitas y tortuosas calles de Viena. Y una señorita sola, en medio de la nada y de la noche... ¿Que podría esperarme? Alguien o algo me atacó, y digo algo porque aunque parecía humano no actuaba como tal. Sus ojos... sus ojos aun hacen que me estremezca si lo pienso, incluso a sabiendas de lo que era. Aquella sensación en mi cuello, sus dientes. Sentir que me arrancaba la vida, que cada inhalación de oxigeno me arrastraba a la muerte. Pero para suerte mía llegó mi hermano. Yo caí al suelo y él le hizo algo a aquel ser. No sé bien si lo mató o solo lo asustó, pero el caso es que no volvió a atacarme. Yo había caído al suelo, posiblemente demasiado débil para abrir los ojos y ver a mi hermano o para poder continuar la vida que tontamente yo sola me había jugado. Pero entonces volví a sentir aquella misma sensación, esta vez en mi muñeca. Me estremecí, no por el dolor, ni porque la respiración no parecía querer entrar ya en mi, si no porque esta vez era mi hermano quien me mordía.

Esta vez era mi hermano el que me quitaba la vida ¿O me la estaba dando?



Acepta lo que eres. El mundo es tuyo.

Si me detengo a pensarlo ahora no recuerdo cuantos días pasaron hasta que volví a abrir los ojos, pero cuando lo hice estaba en mi habitación. Podía sentir que era de día, quizás gracias a un sexto sentido que ahora sé que tengo, porque a través de la ventana no entraba ni un solo rayo de sol. No estaba mi hermano, pero tampoco estaba sola. Un hombre me observaba desde una silla situada a varios metros de mi. No lo conocía ¿O sí? Quizás lo hubiera visto alguna vez con mi hermano, pero no sabía decir con exactitud donde o de quien se trataba.

- ¿Estás despierta, Moriae? - me preguntó.

Yo asentí pero no dije nada. Algo en él me cortaba la respiración, quizás su mirada o su voz, o simplemente su presencia. Lo miré y él mantuvo sus ojos clavados en mi de una forma que jamás podré olvidar. Me tranquilizó de una forma, aunque por otra parte... por otra parte me inquietaba. De alguna forma sabía que debía respetarlo como si fuera un alguien mayor o superior a mi. Quizás no un padre ¿o sí? Estaba demasiado confusa.

- ¿Sabes quien soy? - volvió a preguntarme y yo negué con la cabeza. Un leve "no" salió de mis labios y él sonrió-. Lo suponía.

Se presentó como Donovan. Luego de eso me explicó quien era y también lo que eran él y mi hermano. Y lo que por consecuencia era yo. De una u otra forma mi hermano me había salvado la vida y así era como lo veía aquel hombre. Pero mi "salvador" no lo veía así, él se culpaba por lo que yo era y pensaba que no había sido justo convertirme en lo que ahora era sin yo haberlo elegido. Y posiblemente eso fue lo que me llevó a rechazarme a mi misma y a todos aquello. No sé si esa era la reacción de todos o solo la reacción de una niña que nunca había tenido nada y que de pronto había sido consentida con todo los lujos.

Estaba asustada, demasiado. Donovan me ayudó o al menos lo intentó, pero no fue hasta que mi hermano regresó a mi lado que no abrí los ojos. En los suyos aun había rastro de la culpa, pero me hizo entender que lo que ahora me esperaba era una nueva vida, una nueva forma de ver las cosas. "Eres la promesa que siempre me hice a mi mismo de ser mejor persona", me dijo. Esa frase nunca la entendí y aun hoy sigo sin entenderla. "Es momento de que vivas la vida para la que naciste", me repetía cada vez que me veía boquear.

Y puede ser que fuera cierto, porque una parte de mi murió la noche en la que mi hermano me unió a la inmortalidad: el miedo a vivir como quería hacerlo.


Cumplir un deseo nunca ha sido tan doloroso
Habían pasado los suficientes años como para que mi experiencia me hiciera un vampiro fuerte. Había aprendido de ellos y con ellos, ya no era una niña aunque mi aspecto era el mismo. Muchos creían que era como un fantasma, pues desaparecía cada dos por tres y no solo como un abrazo de la niebla. Había viajado, pues el estar bajo la mano de mi hermano y el clan no me gustaba del todo, pero eso no me llenaba tampoco. Había algo que cada noche creaba un hueco en mi corazón y es que a pesar de tantos años no había conseguido superar la falta de mi madre. Pasaba noches en vela hablándole a la nada y cuando volví a Viena, mi hermano me miraba reprochante ¿Por qué me estaba haciendo tanto daño? No lo sabía, pero había dejado pendiente una despedida con mi madre.

Una noche, sentada en el tejado de la casa en la que residíamos mi mente se quedó en blanco. Podría haberme caído del tejado si no hubiera sido porque mi cuerpo estaba completamente rígido y desde luego no era porque yo quisiera que se quedara así. Había algo raro, algo que impedía que pensara o que me moviera. Entonces escuché una voz, una voz que reconocí al instante y que me provocó tal dolor físico y mental que ni siquiera puedo describirlo. Era la voz de mi madre, la cuestión era ¿Como podía hablarme, si ya no estaba con nosotros?

Creo que me volví loca, loca por la pena. Quizás por eso guardé el secreto el suficiente tiempo como para olvidarme de lo ocurrido. Y olvidado ha estado hasta que he sabido que no era la única... ¿Es hablar con los muertos un don o una tortura?  



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Re: Moriae A. Abu-Hanak; la promesa.

Mensaje por Marca del Lobo el Vie Dic 06, 2013 12:26 pm

La muerte no es el fin, bella flor. La viva prueba de aquello está en que tus ojos se abrieron cuando tus brazos fueron envueltos por los ajenos y la sangre mística de los Oscuros ingresó a tu sangre. Moriste esa noche, preciosa Moriae...Y naciste de nuevo.

Y como aprenderás a lo largo de tus eternos años en esta tierra, caminando por ese mundo nuevo de tinieblas, los muertos suelen hablar como lo hacen los vivos.

...Y, a veces...más.

Se bienvenida a este mundo de oscuridad, hija de Donovan. Y recuerda: los muertos son como insectos que se acercan a la llama encendida que les demuestre el mínimo interés en escuchar lo que ellos tienen para decir.


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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