Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

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Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Arcueid van Rip el Miér Dic 04, 2013 3:23 am

Hubo una época donde todo era diferente para ella, para Arcueid... Si es que así se la puede llamar, pues a ese punto se ha arrancado su humanidad, a ese punto a querido dejarla atrás... Donde se hacía su voluntad y sus caprichos eran deseos para ser cumplidos por la servidumbre en vez de ser aquella arpía, una bruja, una Eris encarnada que había nacido, según Eliah, exclusivamente para la caída de los Raphael. Durante aquellos días las espadas no eran más que adornos en las paredes para evocar al recuerdo y el renombre de la familia en vez de empuñarlas en sus propias manos contra los licanos, unos seres que se resumían a simples grabados y leyendas en libros que leía con entusiasmo. Cuando lo hacía no podía evitar recordar a Tahúr y aquellas horas que pasaban fugaces, escuchando sus historias cuando debería estar recibiendo clases… Aquella joven distaba mucho de ser la imponente asesina en la que se convirtió bajo la mano dura de los Iluminados y al mismo tiempo parecía que los años no habían pasado en lo más mínimo.
Jamás hubo un solo problema mientras estuviera tranquila en su cuarto leyendo algún libro o tocando algún instrumento, envolviendo aquella casa con un ambiente que parecía haberse perdido desde la muerte de la señora de la casa. No parecía haber ni problemas ni discordia mientras estuviese así, sin que nadie la molestara entre sus pasatiempos la pelirroja era la misma imagen de la templanza. Una máscara angelical y serena que se rompía en mil pedazos cuando la voluntad del dueño de la casa se imponía. El señor LeReux  era un hombre cuya mirada de gélidos ojos azules podía hacer sentir en inferioridad de condiciones a esclavos y nobles por igual. Un hombre de gran tamaño como presencia capaz de manipular los hilos de la realidad a favor del dinero y el poder. ¿Qué tan impactante seria haber concebido una hija que era capaz de desafiarlo abiertamente y sostener con los mismos ojos que el aquella mirada con la que otros se sometían nerviosos, derrotados? Durante muchos años había querido un varón, un hombre que cuidara de él y de sus bienes cuando le tocara bajar los brazos. Un confidente, un amigo, un aliado...En vez de eso tuvo siete hijas. Siete hijas que solo podían asegurarle su posición con el matrimonio siempre y cuando él les asegurara sus caprichos. La fortuna de la familia se había invertido en vestidos, joyas y educación con resultados más que satisfactorios. Territorios y capital iban sumándose a su increíble fortuna, una por una... Hasta que le llegó el turno a la menor y ahí la paz de la familia junto a sus planes y su futuro se fueron al infierno. Irónicamente aquella misma familia cavo su tumba entre tantas insistencias… Oscureciendo su corazón, alimentando una rebeldía que crecía a la par de su belleza y una máscara tan convincente como la que uso para cubrir su rostro aquella noche.
Bien como las apariencias que la sociedad suele mantener, aquello su un preludio de tragedia manifestándose bajo más mismas narices del señor de la casa. Los esclavos aquellas noches temían… Decían que el diablo estaba cerca, que rondaba por la casa.
 
-Señorita Evangeline.- la puerta de la habitación de la más pequeña resonó con unos pocos golpes. Una doncella de la servidumbre de ya bastante edad abrió la puerta cuando no recibió respuesta alguna de la joven dueña de los fríos y gélidos ojos, iguales a los de su padre que estaba frente a balcón de su cuarto con las ventanas de par en par, viendo como el sol teñía el cielo de colores cálidos como si fuera una incomparable obra de acuarelas. El largo cabello rojizo de aquella joven parecía una cascada de fuego similar al de aquel ocaso caía sobre sus hombros lejos de adoptar la posición firme que años después estaría acostumbrada a llevar. Estaba desgana, aburrida… Cuando la doncella entro giro los ojos a la vez que ella le recalcaba que tan enojado estaría el señor si llegaba tarde a la reunión que se estaba celebrando abajo. Un cumpleaños, no podía recordar de cuál de sus hermanas ni tampoco es que le hubiese importado mucho. No cuando cualquier fiesta era una simple excusa para arrojarla a los brazos del mejor postor como una simple esclava.
-Por favor, mignonette.- dijo la dama que conocía a la caprichosa hija de su señor desde su alabada llegada al mundo. Evangeline era la promesa de alegría, una pequeña luz que había llegado para irradiar calidez a todos y cada uno de sus habitantes. Pero en vez de eso su mirada era gélida y fría, su calidez prometida se transformó en el ardor del fuego que quema para que nada se acerque a él sin afrontar las consecuencias, sin destruirlo hasta que aprenda la lección o se consuma entre aquella danza roja que es tan necesaria y destructiva a la vez.- No armes ningún alboroto, no provoques la ira de tu padre con una broma de las tuyas.- en ningún momento volvió a verla y la doncella tampoco. Estaba sentaba con la cabeza hacia abajo frente a un espejo mientras ella la peinaba y ninguna hubiese podido voltear la vista aunque quisieran. Pero eso no era algo malo… La sonrisa en la que se curvaron los labios rojos de Evageline entre la sombra que formaba su pelo caído. ¿Que no hiciera problemas? ¿Era realmente una petición seria? - Lo intentare, Agnés. - susurro. La pobre doncella no hizo más que suspirar. Siempre era igual… A ella no le importaba el dolor de los castigos de su padre ni cuanto podrían dolerle a ellas o a quien fuese en el alma verla así. Ver como su familia iba cayendo poco a poco en lo que encontraba una forma de huir lejos de aquella burda aristocracia era algo tan dulce que no había beso que la satisfaga u hombre que pudiera ofrecerle justo lo que quería para poder dejar aquellas almas seguir con su teatral farsa. Hoy, una vez más, se sentía el maestro de ceremonias que guía a su orquesta o un capitán que con sus órdenes puede mandar a sus hombres a buen puerto o al desastre. Ya era tanto el tiempo que venía haciéndolo que era simplemente ser ella misma, esperar a que le preparen con un vestido de época rosa pálido, para esta noche, maquillaje, su larga cabellera recogida y adornada por un simple lirio armonizando con el vestido y un collar negro. Se miraba en el espejo y se sonreía confiada… Ella era hermosa, perfecta… No habría nadie que pudiera si quiera estar a la altura para hacerse merecedor de un beso, una caricia.  Y se aseguraría de que eso siguiera así mientras no apareciera alguien que le llamara verdaderamente la atención. Así de caprichosa era aquella niña cuyo aspecto recordaba a las ninfas puras y delicadas. Un lobo con piel de oveja, un demonio con rostro de ángel…
Luego del último toque, una máscara negra capricho o juego de una de sus hermanitas, bajo hasta el salón. Su casa por supuesto era ostentosa pero sobria en la medida “justa”. Sus colores sutiles, solo cálidos cuando las luces le daban de lleno a cada una de las paredes generando un ambiente agradable para la reunión, su falta de arte e instrumentos, solo decorado con la imagen dulce de la mirada de la antigua señora mirando a quien posara sus ojos atrapados por tal belleza: Una mujer de largo cabello ondulado rojo como solo una de sus hijas lo lleva, con ojos esmeraldas más verdes que los campos más fértiles y prósperos. Solo un retrato y era como sentirse ante la presencia misma de Afrodita pero con una esencia más dulce y pura aunque la misma diosa del amor. Aun entre el apuro de saludar invitados y lo que su padre pudiera decirle, se quedaba en el descanso en el que aquellas escaleras se bifurcaban cual palacio mirándola, extrañándola. ¿Cómo tan dulce y bella mujer había terminado con el demonio frío y gélido que constantemente buscaba someterla? Cuando esta pregunta llegaba a su mente y la respuesta venía de la mano de la mirada ártica del señor LeRoux solo mantiene su convicción más fuerte, solo la convencía mas de que prefería morir que verse en manos de cualquier imbécil. Entonces era en ese momento que se volteaba con desdén y soberbia ante los invitados y familiares, todos enmascarados, con la sonrisa altanera de quien sabe que no pueden con ella y solo mira a los demás presentes como meros juguetes esperando, rogándole con aquellas miradas embelesadas, admiradas de la más pequeña que los humillara. “Solo una palabra y te haré desear matarme.”, “solo un roce y te haré vivir un infierno”. Con toda su templanza y arrogancia en aquellos momentos estaba como un amante deseosa esperando por los brazos de aquel que solo puede ver una vez cada quien sabe cuánto. El único caballero con el que se permitía bailar y arrojarse totalmente a sus brazos, rendida ante el Caos… A paso lento saludaba cordial, habría mucha diversión para ella ya… Cada tanto que podía las miradas y las de quien se creía su total dueño se cruzaban como choques de espada.
Solo un mensaje se escapaba de aquellos copos de nieve que eran los ojos de la pelirroja: “Por favor, obligame  a arruinarte”
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Arcueid van Rip
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Liam Volt el Vie Dic 06, 2013 2:23 am

El parqué delataba sus pasos, resonando en una habitación completamente carente de vida, incluida la propia. No es que viniera al caso, pensó con una sonrisa. La oscuridad absoluta no le era un incordio, prefiriéndola que a la luz reveladora de la verdad en un mundo asqueroso e impío. En este universo donde los detalles solo muestran la imperfección de la creación, sus fallas y errores, la destrucción se convertía en un arte de cualidades preciosas. Nada que invita a la nada, una danza elegante cuyo detalle lleva a la eliminación de las faltas. Un arte que no todos aprecian, que la mayoría desconoce, o cuyos intentos se vuelven burdos y repugnantes. Un insulto a la verdadera mente, de la habilidad requerida y adquirida, de existencias superiores que agracian a la imagen de auténtica iluminación. Su cuerpo se inclinó, las manos palpando para luego agarrarse de los apoyabrazos y sentarse con la mirada hacia adelante, hacia sombras de condena inminente. El resplandor artificial se hizo presente, revelando un ejemplo de la descripción antes provista. El brillo de los ojos, una sonrisa sutil, pensamientos que rozaban el infinito. Una de sus manos ascendió, apoyando el codo en uno de los lados, dando golpecitos en la cien con su dedo índice. El ritmo era constante, como si cronometrara el tiempo con cada nuevo toque. La pantalla frente al hombre revelaba una única imagen y toda una seguidilla de texto respecto a la misma, uno que la memoria podía recitar sin errores. Evangeline LeRoux. Se permitió soltar una leve risa al respecto ya que el mismo no le hacía del todo justicia. No. Tenía total preferencia por el nombre que había decidido adoptar ante nuevas circunstancias.  El azul de aquellos ojos le devolvía la mirada, profundos y llenos de delicioso caos. La mente dio inicio al preludio, pronunciando su nombre por primera vez en mucho tiempo: Arcueid Van Ripper.

Casi cuatro siglos atrás, las situaciones cambian, también las perspectivas pero el mundo se mantiene absoluto, una total inmundicia. Con poco más de cien años de verdadera práctica, de conservar su existencia en secreto y sutilmente probar las habilidades adquiridas y sus límites las redes poco a poco expandían su alcance. Paso a paso, avance medido, el tiempo no era un impedimento para su persona. Esta sería una muestra decisiva, si lograba llevarla a cabo sin complicaciones podía continuar a un nuevo nivel. Los humanos eran la base de una pirámide que se expandía y cruzaba muchos planos del cosmos. Poder, alimento, conocimiento y percepción. De todo, siempre lo más bajo, aquello donde la mayoría se mantiene parado y donde todo desperdicio cae. El primer escalón a conquistar. La política mortal era todo un entretenimiento en sí mismo. El caos generado por el azar del accionar humano, la traición y la vil ambición. En resumen, absoluta estupidez. La utopía que siempre se ha retratado, cuyas poesías ha adornado y sueños ha generado, era un objetivo que resultaba un tanto fácil y de proporciones hasta risibles. Sin embargo, el desorden genera más desorden, y la imposibilidad de tal paz llegaba solo por  decisión propia, de toda una raza criada en la ignorancia. Bajo su crítica mirada, los humanos eran parte del mundo simplemente para hacer de fichas y a una partida divertida entre quienes se mostraban capaces de mover el tablero. Vida, muerte, cada aspecto del mundo solo hacía al escenario, a  los eventos para disfrutar como parte de la ruta a la victoria. A estas alturas se consideraba invicto en su tarea, y aún no imaginaba todo cuanto le esperaba en el futuro o la sonrisa que portaría sería una muy distinta.

La imagen en ese entonces de sí mismo era un tanto distinta, aunque siempre portadora de la perfección de la que se jactaba. También es un hecho que la moda masculina  no conoce gran cambio con las épocas, quizás un poco más ostentosa, con telas llenas de volados que abultaban las siluetas y enaltecen la imagen pero siempre portador de aquellos aires de elegancia. El espejo, quizás no el más fiel amigo pero sí cercano, le devolvía su pulcro reflejo. El cabello de Volt evocaba a la noche, cuidadamente peinado hacia atrás para dar paso y libertad al encanto de su mirada. Sus ojos eran un arma sin filo  y no por ello carente de peligro, llegado el caso era numerosas veces más letal. Las líneas y el corte de su vestimenta acentuaban el ancho de su espalda y su altura,  el negro que daba al color del conjunto era carente de imperfecciones, como si estuviera embestido en delicadas sombras. Sonrió, y el blanco de sus dientes produjeron contraste, acentuado a la altura de los caninos. Con más de una vida de práctica había aprendido a sonreír sin dejar en evidencia esa característica de su persona, mezclándose entre humanos, confundiendo incluso a su propia especie. Tiro del cuello para acomodar la prenda en su lugar, juzgando  el alineamiento adecuado. Las manos del vampiro se deslizaron por su cuerpo, deshaciendo cualquier arruga, estaba listo para hacer su trabajo, un hilado fino y cuidado que lo pondría en una de las posiciones que ansiaba. Maquiavelo estaría orgulloso de haberlo conocido. Rio, posiblemente tendría mucho que enseñarle al italiano , explicarle de un par de huecos y errores presentes en su lógica y procedimiento.

Europa, la tierra que lo había visto nacer, morir y cambiar. Se encontraba lejos de su Italia, pero Francia era un buen centro de operación, principalmente con todos los eventos que se cocinaban en su seno, la oportunidad que se le había presentado era perfecta. La inteligencia francesa a su alcance, la aristocracia bajo sus manos y manto. Lo único que debía era ofrecer vanalidades,  no eran dinero o títulos lo que hacían al poder sino información, conocimiento y sabiduría. El oro va y viene, las denominaciones mueren con las personas, pero el saber no conoce tiempo y límites, mucho más para un ser inmortal. Pertenecer al mundo el tiempo de múltiples vidas, te hace olvidar de los problemas del presente, el lugar está asegurado y una amplia visión permite aprovechar la victoria de planes a largo plazo. Este era uno de ellos, y estaba listo para cosechar lo sembrado. El carruaje llevó a su persona hasta la residencia LeRoux en aquella noche, ostentoso a tal punto que no eran necesarias más explicaciones respecto a cuan profundo llegaba su bolsillo y el alcance de su mano. Dejó que se encargaran de presentarlo, yendo directo a hablar con el anfitrión como si el encuentro fuera estrictamente de negocios. Ansiado y esperado, se deleitaba en sentir aquellas sensaciones aflorar en la superficie de la mente del hombre. No le tomó demasiado discutir los detalles con el caballero. Concluida la parte sencilla tenía la libertad de disfrutar de la velada y terminar el último trabajo de la noche, uno de delicado y precioso sabor.

Las miradas se paseaban por su persona, algunas cargadas de odio y rivalidad, tan obvias que lograban arrancarle una sonrisa en dirección a los culpables. Luego tenías el encanto, alternado por las mujeres presentes en la fiesta. Algunas reconocía como las hijas del caballero LeRoux, impacientes por hacer que Volt se sintiera cómodo y en casa. Cordialmente compartió conversaciones hasta liberarse de su compañía, sus mentes eran tan superficiales como el simple hecho de encontrar un hombre adinerado con quien casarse y poder mantener sus vanas vidas. No había ilusión o novedad alguna que se desprendiese de sus personas, era como observar paredes blancas, beber de insípida agua o esperar que un árbol hiciera algo interesante. El vampiro sentía el caos arremolinarse pero su origen aún eludía a su encuentro. Cruzó las multitudes, desatendiendo cuan rápido podía permitirse, más movimiento y contactos no venían mal, así como dejar fluir rumores y aprender secretos, pero también conocía límites de interacción con la apestosa basura mortal. Dejó el recinto de aquella planta, saliendo por unos de los balcones que daban a la vista de los campos de la mansión. Solo una figura allí fuera, ojos de la intensidad de una estrella, una cabellera del mismo color de la sustancia que le daba vida. Se acercó con las manos tras la espalda, sonrisa medida y cuidada, inclinándose perfectamente a manera de saludo- Evangeline, contando los días es que doy fe de cuanto le favorece el tiempo- tono de grave seda, se tomó la libertad de tomar su mano y besar el dorso para completar aquél ritual.

-Sospeché que las aves preferían la libertad del aire libre ¿O será que son las rosas las que crecen aquí, siendo un precioso adorno en esta noble casa, pero nunca más que eso?- Los ojos del hombre capturaron la luz de la luna, mostrándose divertidos – Que tortura es allí dentro ¿No cree? Uno termina cuestionándose si una fiesta es la salvación a la rutina o una condena a la ruina por el deber-La música llegaba débil pero acompasada al exterior, el nivel que juzgo justo- ¿Un baile? – Otra vez no aceptó negativa, tomándola de la cintura para cortar la distancia entre ambos, y propiciar  lentos pasos a la armonía que les alcanzaba. Su rostro se encontraba levemente inclinado al lateral de la pelirroja para alcanzar su oreja y susurrar- ¿Qué tiene a tal única alma con tanto pesar? –le dejó saber en un tono contenedor, despejando el rostro de su acompañante con una suave caricia.


La noche abrazaba a la pareja, conocedora de los secretos, de susurros en las sombra ¿Qué otros estaba a punto de desatar?
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Arcueid van Rip el Dom Dic 15, 2013 7:03 pm

¿Cómo no mirarlas y sentirse superior a aquellas que tan “felizmente” se pavoneaban alardeando sobre sus vidas perfectas? Eso es lo que pasa cuando elevas a un ser por encima de sus pares, cuando alimentas su ego tachándolo de perfecto, angelical, y luego pretendes hacerlo descender a la misma altura de aquellos que no eran más que “del montón”. Por mucho que se rehusaran a aceptar la idea, la fallecida señora LeReux no había sido la única en alimentar lo que parecía ser la perdición de su familia pero si la principal precursora del mismo. Siempre los más pequeños son los hijos más mimados y al principio todos y cada uno de los habitantes de la casa consentían a la pequeña que con el pasar del tiempo se parecía cada vez más a su madre. En su época, la mujer había sido más codiciada que incluso la menor y todas sus demás hijas… Un cabello rojo y ondulado, largo hasta su cintura que hacía que al moverse aquellas hebras carmesí bailaran como lo hace el fuego agitado por el viento. Unos ojos claros e inocentes que cautivaban incluso aun desde el cuadro que Evangeline miraba por largos ratos cuando se animaba a salir por su casa. Una diosa, un ángel que había tenido la desgracia de caer en las peores manos solo para mostrarle al mundo el más claro ejemplo de una luz consumiéndose en manos de la oscuridad de los hombres. Un destino que su pequeña no estaba dispuesta a correr. Después de la muerte de su madre, dulce guardiana de la inocencia, la séptima hija empezó a ver algo que, de no haberlo visto quizás, hubiese hecho que siguiera el mismo destino que todo el resto de sus hermanas: La primera vez fue jugando en el parque, uno tan extenso como para tener un laberinto de arbustos donde se realizaba el típico juego de fiestas donde los hombres buscan y las mujeres se esconden. Ese día pronto habría una fiesta para celebrar un compromiso y ella junto con dos de las hermanas que le antecedían, no habían tenido mejor idea que huir de la doncella que las cuidaba y esconderse hasta último momento. ¿Qué mejor lugar para no ser visto que aquel laberinto que todas conocían como la palma de su mano? Las pequeñas se dividieron y cada cual tomo su camino entre los cuidados arbustos y sus intrínsecos caminos. Entre salto y salto, tarareando una canción escucho ruidos que no podría distinguir hasta muchos años después. A cada paso parecían aumentar en intensidad… Logro captar palabras sueltas y escucho la voz de una de sus hermanas, de las mayores pero del otro no tenía idea de conocerlo si quiera. Con los años comprendió mejor, y con mucho asco, el porqué de la cercanía, aquel aspecto cansado y agitado acompañado de la ropa desacomodada para la ocasión. En la mirada estupefacta de Evangeline no había ni un ápice de comprender que era lo que estaba pasando hasta que vio los besos que tan apasionadamente se daban y cesaron solo cuando se dieron cuenta de la nueva presencia. Tan pronto las miradas se clavaron en ella comenzó a correr lo mas rápido posible hasta su hogar. Los oídos sordos y las suplicas y amenazas que le pedían que guardara el secreto fueron el cierre perfecto para terminar de asquearla. Ver al esposo de su hermana preguntándose si sabía o no, si acaso le importaba o a sus hijos y preguntarse si eran sus hijos o los de aquel otro hombre… Y así las mentiras de aquel mundo fueron cayendo ante sus ojos inocentes una tras otra mientras la repulsión crecía y se alimentaba con cada revelación. Las propuestas se cruzaban, iban y venían delante de sus narices y aunque fueran a escondidas para todos parecía ser lo más normal del mundo. Cuando creció le llegó el turno de sumarse al círculo de aquel juego bizarro en donde le esperaban ansiosos los esposos infieles de algunas de sus hermanas. Luego del primer intento ninguno más se atrevió a correr el riesgo de un posible escandalo como el que hubiese surgido si no fuera porque el señor LeRoux lo oculto todo. Primero la dignidad de sus hijas antes que sucumbir ante la presión de la opinión publica… ¿Cómo hizo aquella bella mujer para soportar aquello mientras la vida se le iba consumiendo de a poco y aun así tener la fuerza para sonreír delante de sus pequeñas?

Y sin darse cuenta alimentaron un monstruo que podían enjaular, pero no destruir porque les era tan necesario como peligroso.

Solo tres hijas faltaban por contraer matrimonio, entre ellos la festejada. Muy a diferencia de ella y su otra hermana la pelirroja huía de ellos con la facilidad que el tiempo y la experiencia le habían otorgado. “Señorita, ¿me concedería el placer de bailar con usted?” -Tal vez después.- Contestaba tajante antes de alejarse sin dar tiempo a una respuesta. “Señorita LeRoux, se ve hermosa esta noche.” - Lo se.-  respondía ella y se volvía a alejar sin ganas de cruzar más palabras, ni con él, ni con el anterior ni con nadie. Más invitados iban llegados a medida que la noche avanzaba como el ajetreo, la intensidad de las voces y murmullos que se escondían de forma tan traviesa debajo de la música que inundaba el recinto. Se alejó de la fiesta unos instantes, abriéndose ante ella la inmensidad del jardín que con tanto esmero cuidaba la servidumbre de la casa. Otra fachada de hermosos colores que ocultaba tanta inmundicia… Se permitió sacarse la máscara unos instantes antes de que se diera cuenta de que la soledad poco le había durado. La voz la conocía, pero solo cuando se dio vuelta reconoció a Liam Volt. ¿Por qué no estaba siendo atosigado por alguna de sus hermanas? Recordaba bien haberlo escuchado más de una vez en las conversaciones tan poco interesantes que solían tener entre ellas y ahora a las muy inútiles se les había escapado de las garras. Peor aún, a su padre le agradaba…

-Señor Volt.- saludo tomando su vestido e inclinándose levemente. Sus palabras salieron como casi en un goce y Evangeline sintió que ya podía ir detestándolo, aunque eso fuera solo aceptar que sus palabras eran tan acertadas como el tiro certero de los mejores cazadores. Y aun así apenas había hablado y le mostraba ser tan diferente al resto de las falsas promesas que iban y venían en busca de poder y una bella mujer de la cual hacer alarde. -¿Importa si contesto ahora? - dijo mientras el compás de música empezaba a guiar los pasos del caballero y posteriormente de ella. Se mantuvo siempre sonriente hasta que la pregunta le plasmo la seriedad de lleno en la cara como el agua que empapa de repente aunque si Liam lo noto no sabría decirlo pues tan pronto se alejó de ella con una caricia que le pareció casi gélida. -¿Además de que cualquier lugar sobre la Tierra se luce increíblemente tentador al lado de esta fiesta? Nada. - respondió tan natural como quien estuviera llevando una amena conversación. -Aunque más que afligida estoy sorprendida de que no esté ahora con alguna de mis hermanas. Recuerdo haber escuchado bien que estaban ansiosas por verlo nuevamente. Aunque veo que no lleva mascara, quizás lo busquen para que se nos una al pequeño juego de esta noche.- dijo con voz encantadora y suave mientras pensaba: “Si es que tienen la cabeza suficiente como para buscarlo aquí.”
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Liam Volt el Sáb Ene 25, 2014 12:41 am

No era lo suficientemente antiguo como para referirse al inicio de los tiempos, pero que el hombre poco aprende con el paso del tiempo es casi una certeza. Incluso en sus días como hombre mortal esa parte de la existencia quedaba tan en evidencia que podía considerarse hasta un hecho risible. La facilidad con que una mente es moldeable hace a la manipulación una actividad más cercana al arte que a una simple y llana técnica o representación. Los humanos podían hablar de cambios, de revolución, de ideales y nuevas épocas pero su naturaleza quedaba estática, inalterable. Sucios, rastreros, traidores, egoístas, por sobre todo débiles y subyugables. Pregunta el precio y los tendrás comiendo de tu mano. Curiosamente el ejemplo también se extiende a los propios inmortales, la prueba de que posiblemente en una parte de su existir han sido uno de los endebles juguetes humanos. Podrías inquirir a quién había convertido al propio Liam, si no fuera que llevaba ya sus años disfrutando del olvido tras la muerte. Nadie queda exento del alcance de su mano y sombra, el mundo pidiendo a gritos el resurgir de un nuevo dios que diera propósito a sus miserables vidas. Música para los oídos, aquél vitoreo mental que no dejaba de repetir una dupla de palabras una y otra vez. Liam Volt. Liam Volt. El peso y carga de iluminar el despojo de seres que habitaban la tierra, todo centrado en él, a sus manos, a su gusto, a su voluntad. Cada paso medido era un nuevo sonar de trompetas que anunciaba su llegada, y aun así no hay peores sordos que aquellos que se niegan a escuchar. En el momento de la realización, todo sería demasiado tarde, no más cartas que jugar, sino sumirse al destino que estaría preparado: su destino. Poco a poco los pequeños pastores llevarían a las ovejas directo a la boca del lobo, a su justo sacrificio, dando cuenta que no solo el rebaño era comida. Una fuerza inevitable, una trampa de cadenas, el infierno libre a sus anchas. La obra perfecta, ya en su apertura mostraba sus delicados matices de dramática tragedia. Bajo su dirección, las cortinas comenzaban a abrirse, la música a tocar, como las notas que se escapaban del interior de una mansión en la vieja y siempre bella Francia. Los primeros actores entraban a escena, ocultos tras máscaras, creyéndose dueños de su lugar. Había otros que portaban una sedosa cabellera, tintada del color de la sangre sobre un blanco perfecto. Un fino cuerpo que hacía de lienzo dando a la posibilidad de retratar una imagen a gusto.

El vampiro vio cómo su mano se deslizaba sutilmente por el cuerpo ajeno, un vaivén cuidadoso que estimulaba el tacto de la cintura acompañante. Un buen jugador no solo conoce sus cartas, sino que usa sus manos como apoyo, creando la ilusión de un poder envidiable. No se necesita de las mejores armas, o los músculos más grandes para dominar una partida, lo único que toma es hacer creer a los demás, obligarlos a temer a nada más que fantasmas. Una sutil sonrisa agrega color, vida, una falsa sensación de seguridad. El queso de las ratas - ¿Quién podría detenerla, mi dulce dama? ¿No cree que las alondras se ven y cantan con mayor dulzura en libertad? Que nada frene su palabra, mataría por el solo hecho de escuchar su voz – su sonrisa se amplió, con el cuidado de jamás mostrar los caninos que se escondían tras ella, un trabajo que le había costado años de práctica. Sin embargo, aquél demonio de hermosa sonrisa estaba más que acostumbrado a mentir, engañar, ocultar la verdad tras un velo que era digno de admirar. Invitó a la joven a dar una vuelta, aprovechando para deleitarse en su figura, el aroma que despedía al hacer danzar el aire. Con gracia y un agarre firme volvió a capturarla en sus manos, extendiendo el baile hasta que la música adquirió tal monotonía que continuar amenazaba al aburrimiento y el ridículo – Asumo que poco ha conocido entonces, puesto que hay sitios que dejarían esta casa y jardines como el paraíso, como también otros tantos que sepultarían a oscuras, eclipsando su brillo como a la luna. Pero el suyo, Evangeline, ese es algo único.  Hay momentos en que un monstruo se apodera de mí y amenaza con querer arrancarla de estas raíces, dejarla crecer a la luz, y no una simple sombra. Maldita sea la conciencia que nos frena de posibilidades que podrían ser mejores ¿No cree? Puede estar tranquila, sería impropio de un caballero dejarse llevar, uno siempre ha de preguntar primero, y una dama a hablar y expresar su deseo Un tono que se convertía en una caricia en sí mismo, jugando con el sonido de la misma manera que el ronroneo de un gato imita al placer. Su derecha subió a su rostro, haciendo una línea desde la frente a la barbilla, fingiendo sorpresa– Esta usted en lo correcto, parece que he perdido mi máscara, que descuidado he sido-pero el antifaz estaba allí, deslumbrando con una sonrisa, tono de seda y una mirada capaz a acatar cualquier pedido.

Su risa resonó, perdiéndose en la brisa nocturna. La insinuación de la señorita podía pasar invicta como broma del año, y temprano, quizás muy temprano, quedaría en evidencia – En ese caso tendré que negarme, creo estar un poco mayor para juegos. Sin embargo, de quererlo, podría hacer de esta noche, una que rompa tradiciones, entretenimiento a medida- el cuerpo del hombre se volteó, encarando hacia la casa – Hemos visto esto innumerables veces, tantas que el aburrimiento llega a abrumar. Esto no es más que una caja de arena para infantes jugando a ser adultos. Han olvidado que el mayor regalo de crecer es la libertad de hacer y pensar. Dime, il mio Uccello ¿Qué cambiarias?- Sus propias palabras demostraban el punto, atreviendo a tutearla bajo propia potestad. La sonrisa volvía  a hacer presencia, dirigida solo a ella.

Es hora de que el ave vuele y la rosa muestre sus espinas.
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Arcueid van Rip el Miér Mar 05, 2014 2:09 am

La francesa solo atino a girar los ojos mientras Liam hablaba. El vampiro era apuesto, encantador y buen conversador hasta lo que su interés le permitía apreciar pero nada cambiaba las cosas: a lo que a ella le respectaba era otro hombre en su casa buscando lo que su padre ofrecía de la misma forma que se ofrecía a las esclavas en la antigüedad. En cada palabra imaginaba a cualquiera de sus hermanas cayendo rendidas ante la simple idea de sentirse protegidas y sus deseos resguardados por aquel hombre de voz aterciopelada y si hubiese tenido la oportunidad de cambiar de lugar en ese instante de seguro lo hubiese aprovechado. Eran débiles y tontas después de todo... Ni la restricciones que guardan los votos matrimoniales y reservan las muestras de amor las frenarían. Sin imaginarse si quiera donde es que las aguas del destino la llevarían luego ella ya estaba demostrando un espíritu combativo, digno de una amazona. Pero esa niña, ese botón color rojo puro y lleno de espinas solo podía limitarse a pelear mientras la vida se le escapaba de las manos sin encontrar una solución que buscaba desesperada pero en silencio. Arqueo las cejas cuando Liam termino de hablar como fingiendo sorpresa aunque en sus ojos podía notarse la misma mirada de los alumnos cuando no quieren escuchar a sus maestros.
“De quererlo…” Repitió internamente Evangeline mientras acaricia esas palabras como si fuera el más fino terciopelo. Claro que “si quería”... Para ella no había nada en este mundo capaz de someter su voluntad y si Liam tenia un mínimo de intenciones de tenerla apartada para algo se le estaba agotando el tiempo. Una sonrisa altanera se dibujo en su boca cuando escucho la pregunta de su acompañante. Dio unos cuantos pasos quedando delante del hombre mientras contemplaba la “caja de arena” y guardaba silencio, por que no tenia que pensar mucho su respuesta.
-Lord Volt, si pudiera cambiar algo aquí…- se dio la vuelta levemente. En ese momento su sonrisa se había borrado y su expresión se volvió tan fría como la piel gélida del hombre frente a sus ojos cada vez que sentía el roce de sus manos. - Yo seria la única alma en toda esta casa-. Aquellos invitados de falsas sonrisas y amplias pretensiones, su padre con ropa de noble, poder de dictador y alma de proxeneta; sus hermanas vacías tanto de alma como de cerebro e inclusive aquel hombre que ante su visión apenas resaltaba en su interés hasta que llegara el momento y tuviera que sacárselo de encima como al resto. Los quería lejos, a todos ser libre a su modo y respirar por fin la paz lejos de ese mundo lleno de beateria y cinismo, donde sus hermanas, prostitutas de alta sociedad, iban y venían de las camas de quienes fuesen al igual que sus esposos todo delante de las narices de su propio padre que prefería el poder antes que el respeto; respeto por su titulo, por sus hijas, por su mismo nombre. ¿Ante que tenia que temer entonces? ¿Con que derecho se atrevía a alzar sus voz encima por la de ella exigiendo un respeto que no se tenia? Estaba dispuesta a desafiarlo hasta las ultimas consecuencias y de hacerlo caer en la mas profunda miseria si eso le abria las puertas a una vida diferente a esta...
-Creo que cualquiera de mis hermanas estarían más encantadas de jugar con usted que yo. Por que yo ya me aburrí...- sonrió ampliamente y comenzó a caminar pensando que ya no tenia nada más que tratar con aquel hombre. O eso creía... Sin darse cuenta la pequeña Eva estaba ya envuelta en la oscuridad, incluso desde la mas temprana e inocente edad. Sin saberlo cada instante de su vida estuvo encamino a que terminara como termino...
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Liam Volt el Miér Mar 05, 2014 8:39 pm

El tronar de campanas que anunciaban nueva llegada, el mensajero oscuro de una crueldad sin nombre. Un ángelus retorcido que ironizaba la vida para dar protagonismo a su fin. La muerte es un estado que todo espíritu menor merece, incapaces de trascender, de superar las barreras del alfa y el omega. Infelices almas sin un propósito en un mundo o el siguiente, piezas que hacen a meros juguetes, al tablero y el placentero pasar del tiempo. Ignorantes mentes, sordos y ciegos ante un péndulo que estaba a punto de detenerse. Cuerpos que se movían alegremente al compás de su réquiem, portando mascaras que ocultaban la fealdad encarnada sobre sus seres. El interior comenzaba a cargarse con el aroma a perfume mal empleado, mezclándose con el agrio sudor de la porquería humana. No eran más que cerdos en una línea directa al matadero, encauzados por un camino de espinas y la dulce voz de una sirena con cabellos de intenso fuego. La música perdía su color y ritmo para convertirse en un desordenado ruido, las cuerdas cual agudo chirrido de metal; la percusión, el golpe de huesos contra la piedra hasta volverse polvo. Un simple juego, la obertura a una fantástica obra con la mente y dirección de uno solo, Él. La belleza no es más que el antifaz de la verdadera oscuridad y desgracia. Su proximidad era el ojo de la tormenta, el sonar de las trompetas que anunciaba el inicio de un premeditado fin. Evangeline, sin manera de saberlo, era el epicentro de un movimiento que estaba a punto de lograr que la tierra tragase toda su casa. Un entierro sin ataúdes, un velatorio que no conocería cuerpos para divina sepultura. Cuando el Diablo te sonríe, la suerte ya está echada y solo puedes ver como la vida se desgrana frente a tu mirada. El precio siempre es demasiado alto.

De quererlo, ya es suficiente. Las palabras hicieron eco silente en el espacio entre ambos que poco a poco aumentaba ante la despedida de la joven mujer. Un momentáneo hasta luego, puesto que el hombre le siguió de cerca, atreviendo a adelantarse. En un gesto sutil, cargado de una gracia felina, filoso como sus garras, deslizó su mirada hacia ella. Las ventanas al alma, el claro cristal que le mostraba todo cuanto necesitaba saber, la imagen que debía ofrecer. Saludó con una escueta venia de la cabeza, internándose más entre las salas hasta perderse entre la infinidad de puertas y pasillos. El bullicio era enfermizo, las voces no encontrando límite, siempre más y más fuertes. Falsas risotadas, el coqueteo y toques furtivos, carentes de verdadera vergüenza. Las paredes se convertían en soportes, manteniendo la figura de uno sobre otra, manos que van y vienen a zonas prohibidas. Una antesala a la locura, todos los pecados y males reunidos en un solo sitio. La cúspide de la corrupción. Cuidado con lo que deseas. Una risa lejana, símil a un profundo gruñido resonó en todo el recinto. Un sonido que permanecía en los rincones de la mente, el recordatorio de un pacto y promesa jamás dicha; el repiqueteo de las campanas que anunciaban la hora exacta. El telón se abría y las máscaras caían para mostrar el rostro de los actores. La armonía de las notas sería el comienzo para el surgir de una obra maestra, el arte de un profesional, el regalo de un dios.

La hora oscura

Los sentimientos no son más que estados de la mente; lo percibido es la manera en que se le da sentido y existencia. La mente es un lugar misterioso, un mundo en sí mismo que ni el propio portador conoce y comprende. El espacio no existe, el tiempo se moldea a la dominante voluntad. Posibilidades infinitas, con un todo permitido. Allí se daba inicio a una peculiar hora, donde las leyes no existen y la coherencia se quiebra en irreconocibles pedazos. Un sonido sordo, preciso, ahogándose en un precioso río carmesí. Era la banda, su violinista, quien con una sonrisa había encontrado un nuevo instrumento, empleando el arco en cuerdas mucho más finas y delicadas: las propias. Los ojos miraban maravillados, resplandeciendo al escuchar el acuoso vaivén del ir y venir, sumiendo más la pieza en la garganta del músico. Un aria perfecta, finalizando en el estruendo del cadáver al caer, sonreía, y a su lado revotaba la madera ensangrentada de su amado arco. La percusión era todo un deleite, cómo los cráneos tronaban una y otra vez en cada azote entre cabeza y cabeza. Como mellizos que quisieran ser uno, pensar de igual manera, compartir los recuerdos y pensamientos. Los invitados querían danzar ante tal melodía, el impulso los llamaba, tan intenso que ni importaba desvivirse, quebrar cada hueso en un salvaje baile.

Nunca falta quien asiste por un buen banquete, el vino añejo. Tan delicioso era el cristal, saboreando un nuevo gusto cuando este rasgaba por dentro al ser tragado. No hay como bebida de la fuente, dientes rasgando cálidas aortas para que el fluido de la vida mojase los labios resecos, llenando estómagos con el viscoso fluido. Uno a uno todos caían, dejando atrás un precioso telón rojo que anunciaba el fin del primer acto. Se hizo al silencio, la preciosa dama en una habitación en paz, nada para molestarla, libre era de andar pues ningún corazón palpitaba en busca de ella.

Evangeline

Evangeline, la voz cortó el breve lapso, ese interludio que daba nuevo inicio. No, no era una, sino muchas, distintas y a la vez tan similares a las propias. La primera se hizo presente, siempre tan altiva como sólo la primogénita podía ser. El pomposo vestido no era más que jirones, abierto y sin pena mostrando su desnudez. Ven a jugar dijo con su tono travieso, mordiendo sus labios. Las manos acariciaban la piel descubierta, una que se veía pálida, traslucida. Muerta. Dos más se unieron, girando de un lado a otro como bailarinas de ballet, acompañada de sus parejas, hombres horribles que no perdían oportunidad de tocar y aprovecharse de ellas.Crack. Un simple movimiento de ásperas manos y los cuellos rotaban, una vuelta demasiado violenta, muy poco natural. Las siguientes llegaban coquetas, cubiertas de sedosos velos, quedando en su cercanía para descubrirse. Todo en ello brillaba, la piel deformada ante tal número de incrustaciones de reluciente metal. Oro, plata, gemas. La combinación abultaba los rasgos de tal manera que poco era reconocible. Y así llego la última, tan entusiasta. ¡Evangeline, mira! ¡Mira! No había nada que observar, solo quizás la falta de sus ojos. Felizmente rodeaba a su hermana, atrapándola en brazos. ¡Mira! Su mano señalo al techo, allí donde su padre descansaba, su cuerpo unido a una araña de oro y vidrio. No había ni brazos ni piernas, reemplazadas por gruesas cadenas que cayeron desde lo alto, amenazadoramente colgando y meciéndose en dirección de la flamante joven. No escaparás dijo su gruesa voz, despegando sus labios para dejar escapar la espesa negrura de sus mentiras en un densa y oscura bilis que goteaba desde arriba. A lejos, al final del pasillo, un tenue resplandor, como una moneda ante la luz. Corre, mi ave alguien decía con suavidad, la voz comenzando a perderse en los desaforados gritos del padre cuyo torso se movía con rabia, como si intentara cubrirla entre cadenas, siempre pronunciando su nombre, Evangeline.

-Evangeline. ¡Evangeline! – Las manos del hombre se habían afianzado a sus hombros, su mirada quedando a la misma altura, moviéndola levemente como quien busca despertar a alguien de un sueño –Parece que el aburrimiento ha sido tan grande que te he perdido- su risa volvió a sonar, aquellas campanas en el rincón olvidado de la mente. Permanecían a fuera, a escasos pasos de un interior que se mostraba turbio y lleno de gente. Una banda e invitados que discutían y bailaban con cierto fervor- Os pido una segunda oportunidad, un caballero debe remediar su error – Su mano se cerró en torno a los delicados dedos ajenos, intentando alejarla del interior para un paseo por el jardín – Siendo sincero, no creo que una simple noche sea testimonio de quien soy, por eso es tiempo lo que pido. Solo una pregunta ¿Conoces España, mi dulce alondra? –besó la mano que mantenía cautiva, dedicándole su misteriosa sonrisa, una luz entre cadenas. Sus labios continuaron el recorrido, finalizando a la altura de su oído para quedadamente susurrar- Hay lugares donde la mano de su Padre no alcanza, donde cadenas no existen y uno es libre de volar. Un simple sí, y el deseo se convierte en voluntad- la soltó, alejándose con una tenue risa- ¿Qué digo? Seguro tiene mucho con lo que conformarse aquí, pero a fin de cuentas serán hombres que solo piensan en sí mismos. El valor de su persona, es algo que no quiero ver opacado. Sería una lástima- calló.

Sería una lástima que tuvieras que morir junto a toda esta peste.
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Arcueid van Rip el Vie Abr 11, 2014 10:44 pm

Mira a la cara la inmundicia que te rodea… Ese va y ven de lujuria y perversión del que no quieres ser parte y del que todos participan por gracia y gusto de pertenecer a algo a lo que esa sirena de sangre no podía ver. Tanto poder malgastado en idiotas deseosos… ¿Que haría ella con todo ese poder? Tanto, tanto… Y sin embargo lo máximo que podía aspirar era a convertirse en la esposa de uno de ellos viendo como iba y venía su influencia de mano en mano. Los rostros se deformaban, la música se transforma en ruido crudo y estridente mientras ella atravesaba ese océano de impureza sin valor como lo había hecho desde su tierna infancia pero que ahora se alzaba en todo su esplendor. Como hizo en sus cortos años de vida y seguiría haciendo hasta el fin de sus días si era necesario busco, encerrada en aquella ilusión, escapar de todo. De todo eso que buscaba poseerla y envolverla en su abrazo para que otra flor sea consumida por la podredumbre del pecado. La imagen de sus hermanas y el Señor de la casa buscando unirlas a sus deseos y diversión la acorralaron. Y aun con todo la mirada de la pequeña LeRoux, bruja y demonio de la casa, era siempre desafiante. Primero la muerte antes que la sumisión… Para ella solo había dos opciones: Luchar y resistir… O perecer.
Como un espejo que no te regresa lo que quieres ver aquellas visiones desaparecen. Las putrefactos olores, las perturbadoras y horribles visiones, los sonidos que hacían mella en su sentido como si escuchara al peor violinista del mundo… Todo se fue cuando escuchó la voz de Liam llamándola como si hubiese sido un salvavidas. No fue hasta que se giró al mismo tiempo que el joven hablaba y se encontró con los invitados aun bailando y riendo como si nada hubiese pasado para caer en la cuenta de que había vivido lo que muchos años después sería su único referente equiparado a lo que los sabios del clan le relataban que eran las visiones y pesadillas con la que los Lázaro envuelven a sus víctimas y quiebran su mente. Sin embargo, en ese momento la pequeña rosa de la familia estaba más que confundida y cuando pudo reaccionar no fue más que para sacarse a Liam de un pequeño empujón que la hizo trastabillar. Tomó aliento… Las visiones le habían hecho perder todo el aire de sus pulmones, ¿quién podría siquiera asegurarle que no hubiera estado gritando en medio de ese trance como si fuera una desquiciada? Se incorporó firme siempre manteniendo la vista fija en aquel hombre delante suyo como fuese un enemigo.
- ¿No lo entiendes verdad?-.Entrecerró sus ojos admirada de la persistencia y el poco autorespeto que se podría llegar a tener. No, definitivamente estaba ante otro hombre que tenia la misma capacidad de interpretar sus deseos como  la humanidad de entender los de dios y el diablo. Se tomó su tiempo para lo que parecía era pensar en sus palabras aunque en realidad fuera para recuperar el aliento que le había sacado esas visiones de artística y macabra representación de la visión . Solo eso, una pesadilla… Nada más. - No quiero darte una oportunidad, no quiero dársela a nadie por que no quiero tener que atarme ti o a quien sea. ¿Me hablas de liberarme de las cadenas encerrándome en otra asquerosa jaula de oro?- levantó una ceja y frunció el ceño como si otra vez estuviese admirada de la persistencia y asqueada siquiera de pensar en lo ocurrido. -Por favor, apenas he estado menos de treinta minutos cerca tuyo y ya me has provocado pesadillas-. Una mirada soberbia lo recorrió de arriba a abajo como si no fuese más que un simple miembro de la plebe antes de empezar a acercarse sosteniéndole la mirada de la misma forma que una depredador mantiene sus ojos fijos en su presa antes de atacar. - No soy tu alondra, no soy de nadie y ni se te ocurra siquiera volver a insinuarlo o haré que te corten la lengua por mentiroso y si me vuelves a tocar haré que te quiten todo deseo de volver a tocar a una mujer-. Por atrás empezó a escuchar las risas divertidas y curiosas de sus adorables y tontas hermanas mayores haciendo que las mirara por encima de su hombro descubierto al tiempo que arqueaba una ceja y giraba los ojos. Sin volverse a ver al caballero le dio la espalda y empezó a caminar a paso firme y constante haciendo que sus zapatos resonaban en el camino, levantó su mano y dijo en voz alta.- Hasta nunca, Señor Volt. No fue para nada un placer…-  en el camino dos de sus hermanas, Collete y Lilianne, seguramente esperando desde hace rato a que su pequeña hermanita se apartara por su propia cuenta para dejarles el camino libre. -Asegúrense de hablarle fuerte y claro, creo que es sordo o algo así- dijo antes de regresar a la fiesta. Se entretuvo bailando con sus tíos y parientes y encargándose de hacerles saber a cualquiera que tocara el tema de que seguía sin encontrar quien diera su brazo a torcer y la llevara hasta el altar. En lo que se aburrió y la fiesta seguía su curso regreso a su habitación para leer unos momentos antes de que el bullicio termine y pudiera dormir.
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Liam Volt el Mar Abr 22, 2014 11:46 pm

Combatir batallas que no puedes ganar es la cúspide de la estupidez. Asimismo jugar al ignorante acerca de las obviedades del universo. Desde un inicio y hasta su final el mundo es de unos pocos, los elegidos para moldear la realidad como una figurilla de arcilla, frágil y reemplazable. El salmón es natural ejemplo, la energía desgastada en una pelea que tiene a la solitaria muerte como final, el frío abrazo que espera a todo ser. El orgullo por sí mismo no es razón suficiente para tirar por la borda lo poco que hace único a cada existencia. Sin motivos, el vacío prevalece, un patético estado reservado para el desprevenido o el voluntario ciego. El juego es de quienes pueden ver el tablero, el resto de cada pieza destinada a cumplir su rol, condenadas por la ignorancia y la desgraciada naturaleza que les ha tocado. No hay lugar a culpa, y por lo tanto tampoco de culpables. La vida es un destino cruel a la que cada ser se condena desde su inicio con pocos privilegiados siendo la excepción. La supervivencia del más fuerte y el más apto conforman una sola regla, puntualizando en escasos números a las entidades supremas. El devorador del mundos y el mesías de la salvación son caras de una misma moneda, solo basta una mínima fuerza para que la vuelta ocurra, tan próximos entre ambos que la distinción es una hazaña de la que pocos se jactan. Destino es el nombre que se le otorga a la fuerza invisible que gobierna cada camino, un nombre sofisticado para las sombras de aquellas manos que desde tiempos inmemoriales han manipulado los hilos a antojo y conveniencia.No hay escape o como comúnmente se dice. El precio de la libertad es la muerte.

Presa y depredador. El repentino arranque del instinto de supervivencia, aquél que lleva hasta lugares impensables de la psique existencial. Arrinconada, su pequeño juguete quería escapar de las manos de un autoproclamado dueño. La razón, la verdad en sus palabras destilaba por sus poros pero ignorante de ello, apresada en una visión incapaz de contener  toda dimensión. El aroma no hacía más que nutrirse de la ignorancia, de los sentimientos y sensaciones a flor de piel, capaz de embriagar y enceguecer a los más meticulosos y retorcidos seres. La sangre es uno de más de los alimentos de un vampiro; la vida expresada en tantas maneras que aquél brebaje carmesí no es lo único necesario para sustentar una eternidad. El aburrimiento es furtivo y silente, una fuerza que carcome desde adentro hasta dejar nada más que vacío. Una existencia sin sentido pierde propósito y con ello su derecho a ser considerado por sus pares. Al final, sólo el frío beso de la muerte otorga la preciada libertad. El juego ha de continuar, macabro en cada vuelta, cuidado y medido como un canal de acido mortal. La lucha lleva al cansancio, a la trampa suprema; los hilos de una telaraña que se estira, pegándose más en su víctima avisando como una alarma de cada intento. Dulce era el sabor de la ira y desesperación, de sueños rotos y la falta de libertad. El universo como un intrincado patrón de colores y sensaciones que estaban dispuestas para su personal deleite. Comienzo y caída de una cortina negra, en la oscuridad tras el escenario las sombras se preparan para un único festín, reiterando sin cansancio el nombre: Evangeline

-Como desees, pero temo que no ha hecho más que subestimar y malinterpretar mis palabras. La mejor forma de superar las barreras es contentar al otro- Su mano se extendió, mostrando la palma en dirección a la impaciente y volátil pelirroja- La ilusión es una poderosa herramienta, realmente no hay nada que necesite de ti más que tu agradable compañía, tan dispar del conformismo actual. Dales cuanto quieren, y entonces el poder será tuyo –su mano se cerró de golpe, su risa resonando grave en su pecho –Hay placer en ver a la belleza en su libertad, una sagrada cúspide que es lo que te ofrezco- Su mirada se opacó un instante, ensombrecida por falsa pesadez de una historia jamás real- Quizás solo así pueda redimir de mi pasado- Con esas palabras la dejó partir, inmóvil desde su lugar mientras ella retornaba a un mentiroso montaje de podredumbre humana.

¿O es esto lo que quieres?

Su voz resonó en aquella cabeza, como si cada cabello fuera hilo de brazas ardientes. Una primera entrada era suficiente, su vil esencia perpetrando cual parasito mental. Más imágenes. Una sucesión sin fin de lo mismo, una y otra vez. El estruendo de aquellas risas falsas que simulaban cortesía, las mugrientas intenciones tras mascaras de amabilidad. Una eternidad de bailes forzados hasta que la muerte habría de llevar su agotada alma. ¿Es esto lo que quieres? Un coro unísono de su familia riendo ante su fatídica desgracia.

En la noche las sombras cobran vida, moviéndose mortecinas sin que nadie pueda notarlas. Sobre la cama, una nota.

“Todo estará en su debido orden esta noche, puedes abrazar tu libertad o condenarte con ella hasta el olvido. Corre Evangeline, tras las puertas te espera una nueva vida. Verdadera vida”
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Re: Preludio [Flashback - Priv. Liam Volt]

Mensaje por Arcueid van Rip el Miér Jun 18, 2014 6:48 pm

“No creo ni en la casualidad ni en la necesidad; mi voluntad es el destino.”
Avanza la pesadilla, la lógica se derriten como hielo al sol ante sus ojos claros que a cada paso no dejan de gritar su desafío. Dentro de sí, aunque no sepa bien que es que ahora, se pregunta si esta en su cuarto dormida y solo es una pesadilla. Se pregunta si no esta ahora en un manicomio atada de pies o manos mientras las ratas roen sus dedos sin que ella lo sienta o es violada sin siquiera sentir el ese calor humano que ha evitado por tantos años con la mirada perdida como su conciencia en ese mundo de pesadilla. Ante ella solo esta el espejo donde tantas noches se refleja mientras cepilla esa larga cabellera de fuego y sangre y tras sí las cadenas que se deslizan como serpientes, como constrictoras que buscan envolver a su víctima en un abrazo mortal. Las risas replicaban como mil golpes sobre su cabeza y ni el azote de la más violenta ola contra las rocas le hubiese provocado jamás tal aturdimiento y dolor como la que sufrió aquella noche. 
El espejo le regreso la imagen de una sonrisa que jamás vio… “¿O es esto lo que quieres?”. La interrogante había hecho que su sangre se helase como si el hielo de sus ojos se hubiese esparcido por todo su cuerpo. La joya y la inmundicia cubría a sus hermanas por igual, su padre era el más experto titiritero buscando encaminarla al mismo destino… Las cadenas avanzaban ante sus ojos como una señal de que el tiempo se consumía para elegir… Libertad, dice el Sr.Volt. Para ella eso no es libertad, solo ve a un perro con una correa más larga para correr. De todas formas terminara pereciendo, ¿que importa si es a su lado o aturdida de por vida con las arpías y su rey? Una lágrima se resbala por su mejilla en ese instante y a pesar de no dar crédito a las imágenes que se acercan hacia ella parece recordar una realidad que sabe bien pero muy pocas veces la tiene tan frente y presente como ahora. Por ambos caminos terminará como una flor marchita, condenada a una muerte lenta en un pobre vaso con agua. Las cadenas rozan su piel blanquecina pasando del vestido que lucía esa noche, escondiéndose bajo su pelo rojo, empezando a oscurecerse y a oxidarse como si el oro que antes las lucía fuera una simple mentira. Sus labios vuelven delinear una sonrisa, pero amarga. Por siempre ella sería un peligro, condena de la imagen que dan a relucir con tanto orgullo ante una sociedad igual de pútrida. A medida que la negrura avanza detrás de la puerta llama su nombre pero su mirada se ha fijado con dureza en cada imagen bizarra, metáforas de lo que siempre ha visto y sabido. Todo empieza a ser consumido por la oscuridad y parece ser el fin… Evangeline, la pequeña Evangeline vuelve a sonreír una tercera vez más mientras cierra los ojos ante el destino que ha escogido. Todo acabara rápido cuando la oscuridad llene su mundo y lo sabe…
¡Evangeline!
Un grito suplicante la hace saltar. No viene de la puerta, la oscuridad aun viene pero no la llama, ella misma la busca. La muchacha se gira lentamente encontrándose con una diosa perdida, con esa imagen que contempla cada día del único ser al que ha amado desinteresadamente. Sus ojos de hielo ven con asombro sus mismas facciones en el cristal pero levemente alteradas por la edad, una sonrisa de paz pura contorneando sus labios rosados y una larga cabellera rojiza como la suya que cae ondulada sobre su piel nívea e inmaculada. Su madre la mira al otro lado del cristal con la templanza de los ángeles mientras le extiende sus manos en una invitación que la muchacha no ansia despreciar. Pero esta estupefacta ante aquella visión de sueños entre tanta oscuridad.
Tu no perteneces aquí, mi niña.
Sus susurros la llenan de regocijo y como nunca el pecho se le llena de alegría. La pequeña mesa se consume en las sombras como el resto del cuarto y el cristal ahora simula un gran ventanal. No hay más que ella y el espejo… Esa mujer, la única digna de su amor, llamándola y ofreciéndole algo más allá… Un mundo lejos de la oscuridad. ¿Dudar? Ni por un segundo Evangeline se pregunta si es real o una ilusión, si esta bien o esta mal; si por ella hubiese sido hasta la tumba la hubiese seguido. Su mano atraviesa el cristal como si fuera un espejo de agua y siente el viento congelado besar su mano. De prisa cruza el umbral con rapidez y … Todo se oscurece. Un grito espantado rompe la armonía de la noche y todo se vuelve una conmoción. 
-¿Que me paso?-
- No lo sabemos mignonette, solo saltaste. O eso suponemos. No había nadie que pudiese haberte empujado.- Agnes la miraba con una mezcla extraña entre tristeza y alivio. De ese rostro avejentado paso a su pie vendado, un precio barato por caer de tal altura aun contando que cayó entre los arbustos. Inmediatamente la fiesta se detuvo para socorrer al pequeño demonio LeRoux. Mientras Agnes le contaba todo aquello, ese demonio leía la nota que la había esperado paciente en su cama alejada de las miradas curiosas del resto de los pobladores de la casa.
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