Lazos de Oscuridad

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Lazos de Oscuridad

Mensaje por Stefan Kâlâescu el Vie Nov 29, 2013 9:57 pm

La sangre aun bordeaba sus labios rojos, aquellos que acababan de alimentarse de una de las mujeres de la corte. Elizabeth era su nombre y sus cabellos negros cual manto de la noche caía sobre su figura luego de que él la hubo mordido sin su permiso. Porque la Sombra no pedía permiso para saciar su hambre y no decía palabra alguna luego de realizar tal acto. Su torso aun mostraba las marcas sutiles de arañazos leves en el pecho, abriéndose en líneas paralelas que van desde el cuello hasta el abdomen. ¿Marcas de resistencia? Jamás. Eran más bien, marcas de pasión. El cuerpo de su amante se deshizo entre sus pesados brazos mientras él bebía de su cuello sin soltarle como una fiera que acaba de encontrar el cuello de su pequeño y  frágil ciervo del cual beber sin detenerse.  Estaba saciado y ahora, por los pasillos de la mansión, alcanzaba a escuchar la voz de la doncella postrada en su cama clamando por su nombre. ‘Stefan…Stefan…’. Solo hablaba mientras él la sometía con la fiereza de una pantera…Solo decía cosas que se perdían en medio de sus segundos de ensimismamiento en las acciones que llevaba a cabo. ¿Qué decía?

Los pasos lentos y marcados de Stefan no causaban el menor sonido ahora que se movía con perpetua calma por entre los pasillos amoblados de la mansión. A esa hora de la noche la mayoría debería de estar en otra zona del lugar y aun podía sentir el aroma de Donovan y su presencia en el despacho. La Reina estaría en la habitación, manteniendo ese silencio sepulcral para con su marido hasta que sus caprichos terminen por ceder al amor que ella sentía por él y todo, para entonces, volvería a ser cómo era antes. Aun así, en los parajes perdidos de la preciosa construcción donde se exhibían piezas de arte antiguos y obras malsanas que costaban tanto dinero como el espacio que ocupaban, se respiraba una sensación particular de calma y quietud. Era porque acababa de alimentarse, seguramente. ¿Cuántos días habían pasado desde la última vez que lo hizo? ¿Tres? ¿Cuatro? El recuerdo de un momento que lo llevó a estallar su hambre visceral apareció en su mente mientras detenía sus pasos justo frente a un espejo que revelaba el tamaño real de su figura. Casi dos metros, una musculatura marcada, pálida y ahora con la marca de unas uñas frágiles formando una tenue forma paralela en la piel de su torso y cuello que no tardaría en desaparecer. Se puso de frente a ese espejo de bordes dorados, mirando detenidamente su imagen y con los dedos delineó la misma forma de la marca. Fue como si su tacto la hubiese disuelto ante su mirada pétrea. No había tenido el tiempo ni el deseo de volver a acomodar su camisa abierta luego de que las manos mismas de la temible vampiresa le rompiese algunos botones de la misma. El rumano respiró con molestia…No le gustaba cuando la sed se volvía insoportable menos en esos momentos en los cuales se vuelve un consuelo temporal para terminar por torturar la conciencia después mostrando lo que le llevó a ver las cosas de esa forma.

-No le gustas, Stefan. – le habría dicho Donovan con seriedad, sin dejar de mirar la inmensidad de los jardines ante él. Como la sombra que era, Stefan solo le miraba en silencio, con sus ojos teñidos de sangre clavados en la figura de su señor mientras éste proseguía con su explicación – Será temporal. Tampoco me agrada pensar que no estarás cerca de mí pero…- trató de decir. Aun así fue de las pocas veces que el protector del gran Lider interrumpía su discurso con palabras lentas pero firmes – Vi lo que hiciste con la Viuda. Ed Uram…¿Por qué no la mataste, simplemente? – su aliento emanó de sus labios como si fuese niebla espesa a la vez que él surgía de las penumbras del despacho. Donovan apenas se inmutó de su movimiento – Ese es otro asunto. La mataré, pero no aun. Es lo que esa maldita perra quiere. – la voz de Donovan era tan marcada como sus facciones. Estaba enojado, molesto ante el solo hecho de que su sombra hubiese nombrado el pseudónimo de esa mujer que él tanto detestaba. –La muerte era el paso lógico. Es una hermana de sangr…- empezó a decir el rumano cuando Donovan se volteó de repente, cayendo sus cabellos sobre su frente de mármol mientras su puño cerrado se azotaba con firmeza en el rostro de Stefan, quien se mantuvo de pie, como una montaña inamovible, con el rostro volteado y los ojos cerrados -¡Ella no es una Donovan, maldita sea! ¡Esa mujer será muerta de la peor de las formas! ¡Y  si vuelves a sugerir que ella tiene algo que ver conmigo por un vínculo de clan, tu le seguirás!  - rugió como una fiera. Su mirada transparente había adquirido el color rojo de la sangre más intensa, viendo con furia a su Sombra, quien ahora tenía los ojos cerrados y el rostro volteado. De la parte derecha de sus labios, un hilo fino de sangre delineó rápidamente su mentón. El silencio de la muerte les invadió al instante. Y sin Stefan abrir los ojos sintió los dedos de Donovan cruzando sus labios pétreos y helados. Los teñía en la sangre que caía y luego llevaba un poco de la misma a su propia boca. Un suspiro eterno que parecía calmar la fiera de su Señor – Mis disculpas, Ed Uram…- susurró Stefan y sin más le dio la espalda luego de una reverencia, saliendo de la habitación. Pero apenas sus pies abandonaron el despacho, el vampiro abrió sus ojos y la mirada que tenía era la de un animal enceguecido. Su puño cerrado había empezado a sangrar de la forma en la cual estaba aferrado, tensando los músculos de su antebrazo.

Como la niebla se movió cual animal que acecha e ingresó a la primera habitación que encontró, cayendo como una bestia sobre Elizabeth, la que no podía callarse hasta que él puso una de sus pesadas manos en sus labios. Un encuentro fugaz, exquisito y a la vez, decepcionante una vez que llegó a su fin. Donovan jamás se había atrevido a levantarle la mano y ahora, por una sola frase, ¿se atrevió a golpearle? El recuerdo de lo que fue hacía que la respiración del vampiro sea más leve pero, la visión de lo que pudo ser en caso de él responder volvía a alimentar el palpitar embravecido de su corazón. Fue por eso que al mirar su reflejo volvió a mirar sus ojos penetrantes y las palabras de Eudoxia acudieron a él como una caricia en medio de la oscuridad.



" Si en verdad amais a este hombre, no permitireis que la oscuridad lo consuma "
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Re: Lazos de Oscuridad

Mensaje por Ileana Romanova el Lun Ene 20, 2014 4:59 am

¿Que ese aroma a desolación que inunda la casa? ¿Cuando empezó? ¿Fue desde aquel momento en que su grácil Reina apago su luz en aquella danza desenfrenada de la que solo las paredes fueron testigo? No… Casi había olvidado los días anteriores en los que la cólera le había transformado en la niña caprichosa y mimada que todos decían que era pero nadie veía hasta que los caprichos de Ileana no eran satisfechos. Una doncella caprichosa… ¿Se vio alguna vez en este mundo combinación más rara? Sigue buscando pequeña Donovan donde es que los negros días empezaron a corromper tu familia como un virus silencioso que no anuncia ni advierte. El orden natural de todo lo que ella amaba estaba roto y aun cuando estar más cerca de Úrsula la hacía inmensamente feliz la rumana no era tonta y sabia que algún día las sombras que ahora rondan por la caza como cualquier hijo de la oscuridad también podían envolverla en la más infinita desgracia. Se lo pregunta una y otra vez… ¿Que esta amenazando la paz de su hogar? La fina tela del vestido que Úrsula había elegido para ella ese día se mecía rozando el suelo acompañando el movimiento de sus pasos ligeros pero suaves. Por ir como un ratón silencioso quizás no la vio… Pero Ileana se detuvo como si de repente y la expresión en sus suaves rasgos tan inertes y rígidas que pareciera que hubiese sido petrificada por la mirada de Medusa ante la imagen de Stefan delante de la puerta. Bendita una vez por no ser notada, bendita mil veces por que el decidiera tomar el camino contrario a donde estaba y ni ella misma seguro llegaba a comprender que tan afortunada era.  Vio al vampiro desaparecer entre niebla y oscuridad pero no fue hasta que desapareció por completo que avanzó por el pasillo despabilándose como quien despierta de una pesadilla vivida y horrible. Un suave aroma atrapó su olfato y agradeció para sus adentros haberse dado cuenta antes de manchar su vestido de claro marfil y tener que afrontar que su amada Reina la regañara por mancharlo aunque sea en lo más mínimo. Se acuclilló y con la diestra mancho levemente sus dedos y se los llevó cerca de la nariz… Sangre… ¿Sangre de Stefan? ¿Por que sangraba y delante del despacho de su señor? La sangre de la Sombra de Donovan era algo que casi nadie conocía y mucho menos su sabor...Las damas que tenían sus encuentros fugaces con él antes de que fueran olvidadas como una burda comida de humanos sin gusto ni gracia jamás conocieron el sabor de su sangre ni lo que era . En ese instante lo recordó con intensidad y una sonrisa apareció con la misma fugacidad con la que se desvaneció. Si algo había pasado no le convenía estar ahí y de seguro la mirada rígida que Donovan le dedicaba en cada insólito momento no sería lo único que recibiría así que de inmediato continuó su camino.
El silencio que inundaba los pasillos de la mansión de repente se rompieron de la misma forma que lo había hecho un jarrón que una sirvienta llevaba con unas rosas rojas en su otra mano. Al instante en que vio a Ileana su rostro pareció desear que no estuviera ahí y al mismo tiempo agradecer que no fuera uno de los reyes quien la hubiese visto en el esplendor de su torpe episodio. - Señorita Ileana.- susurro de forma apenas audible como si el miedo luchara por escapar a través de su voz.- Disculpe estaba llevando esto al cuarto de mi Lady Elizabeth y…- las delicadas manos de la doncella de la Reina deslizándose alrededor del ramo la hicieron callar mirando sin comprender como abrazaba el pesado ramo.
-Ve a buscar un reemplazo, yo los llevare para tu señora.- sin darle tiempo a responder le dio la espalda a la doncella que se alejo a paso apresurado. Nadie en toda la corte era tan condescendiente con sus criados como lo era su amada Reina y sabia bien que todo error algunas veces significaba un castigo peor que la muerte. No tenia que ver con la falta… Solo depende de que humor tenga el que tiene en sus manos tu cabeza. Las flores que tan egoistamente se obligan a morir en un recipiente eran solo un capricho de la noble vampiresa no muy lejano a cualquier capricho de una mujer y que quiere ver su entorno en armonía con la belleza que posee. Ileana se encontró a si misma delante de la puerta de su habitación y justo antes de tocar un ruido llego a ella como una advertencia de la fiereza que recaería sobre ella si interrumpía aquel desatar de pasiones.  No muchas cosas habían cambiado aun al parecer, pensó mientras giraba los ojos y dejaba aquel ramo espinoso en una mesa al lado de la puerta. Solo el nombre de su compañero esa noche lograba escapar de sus labios mientras el ruido se iba suavizando como se va calmando el agua agitada y eso fue una señal para irse. Su encargo estaba hecho y podía volver a deambular por el palacio cuanto quisiera hasta que sus servicios fueran reclamados nuevamente...
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Re: Lazos de Oscuridad

Mensaje por Stefan Kâlâescu el Sáb Mar 22, 2014 7:37 pm

Fuerte y a la vez silenciosos, esos eran los pasos de aquel hombre que buscaba acallar con la quietud de sus facciones de hielo el clamor incesante de su corazón muerto en evidencia. Su cuerpo desnudo en la parte superior como pocas veces exhibía aun las marcas de uñas de Elizabeth, la mujer que ahora estaba tumbada en el suelo sobre las alfombras de algodón egipcio y ese penetrante ahora a jazmines que prefería su dueña. La cabellera de la misma se había deshecho, quedando en el suelo la peineta de plata que buscaba sostener su melena leonina color negro. Sus ropas rasgadas y el cuello aun soltando un poco de ese líquido rojo y negro que también estaba en los labios cerrados de Stefan. La sombra de Donovan se había perdido en su propio reflejo como si este fuese un mundo aparte dónde solo él podía verse. Pero no se veía a sí mismo, sino a una bruja de otros tiempos y al hombre de otros tiempos que podía doblegar el mundo sin depender de una hembra. Ed Uram…Tantas eternidades han cruzados solo teniéndose el uno al otro y ahora, con la llegada de esa mujer, se ha atrevido a pedirle que se alejase. ¿Cómo lograr tal temible hazaña si el aroma de él es lo único a lo cual está acostumbrado a sentir como un pacto macabro de aquel instante en que le dio la vida?

Una mano de dedos largos, patricios aun manchados en su propia sangre luego de que éste le hubiese abierto la garganta con el filo de sus dientes, se posó en el hombro ardiente del vampiro rumano, casi como una caricia leve que buscaba llegar desde el hombro a la nuca, entrelazándose con sus cabellos negros como la noche, cayendo suaves sobre su cuello. –No sabía que tenías una cicatriz…- la voz de Elizabeth habló, viendo el reflejo de Stefan desde su propio sitio, notándose ahora juntos en el marco del cristal como una pareja que acaba de entregarse la una a la otra. Efectivamente, una cicatriz cruzaba el pecho del vampiro en sentido diagonal, desde el corazón hasta la parte superior del ombligo. Y otra más, mucho más evidente para cualquiera, estaba dibujada en el entrecejo, justo en medio de su cráneo. El vampiro rumano entrecerró los ojos, los cuales, lentamente perdían esa tonalidad carmesí para alcanzar a teñirse del gris característico mientras observaba ambas marcas como si las acabase de descubrir. Marcas de una historia nunca contada por sus labios ni por los de Donovan. –No tienes que irte…yo no he bebido, Stefan…- susurró a su oído con aire lascivo la hermosa mujer mientras esa mano que descansaba en su hombro ahora bajaba a la espada formada de aquel, buscando con la zurda tomar el rostro áspero de él y así, sacarlo de la visión del espejo para posarla sobre ella. Sus labios se habían abierto y en estos, dos colmillos perlados tomaron forma, acercando ambos cuerpos de forma que sus pechos semidesnudos chocasen con el torso completamente desvestido de él. Stefan no hacía más que ver, sin mover un solo musculo de su rostro. Ella le dio un beso, suave como pocos, directo en los labios, a lo cual él no respondió. Solo le miraba erguido como una gárgola de piedra que se dejaba tocar sin emitir opinión alguna. Pero entonces, ella bajó los labios, directo a su cuello por el lado derecho, aspirando el aroma a masculinidad que emanaba de la piel desnuda y ardiente del vampiro. Abrió sus labios delineados por el carmesí cuando, sin palabra alguna, él posó su diestra en el hombro contrario de ella y la alejó sin cuidado, haciendo que tropezase con la alfombra levemente levantada, cayendo al suelo sentada mientras su larga cabellera se abría en hebras inquietas y sus ojos se teñían del tono escarlata que adornaba sus labios.

El vampiro rumano se volteó dirigiéndose a la puerta, satisfecho e indiferente a pesar de los gritos de Elizabeth dentro de la habitación, exigiéndole girarse a verla; hablando de ella como un objeto y de él como un maldito. Palabras que estallaban en sus oídos y aun así, no representaban el menor sentido.

Para cuando la diestra de Stefan se posó en el picaporte de la puerta, el  aroma de algo hizo que sus ojos se abriesen sacándolo de su estado de completa calma e indiferencia. Sus dedos envolvieron el metal de ésta y giraron el mismo casi como si buscase alargar los segundos para encontrarse del otro lado con algo que anhelaba más que cualquier paz y cualquier guerra. Aspiró en su lugar, siendo los gritos de la mujer callados ante la expectación de que, quizás, su amante había entrado en razón y se quedaría con ella. Sin embargo, eso no sucedió. Los músculos de sus brazos se tensaron y echó hacia atrás la puerta para encontrarse, cara a cara con la pequeña querubín que siempre acompañaba a la Reina Ursula. Los ojos del vampiro se quedaron posados sobre la dulce Ileana como si no dieran crédito a lo que veían. Flores, aroma a éstas y, por encima de ellas, otro aroma más dulce que el mismo placer. La forma pétrea del rostro de Stefan por un instante pareció suavizarse cuando los gritos detrás de él comenzaron otro vez. Gritos que buscaban llamar su atención mientras él deseaba no escucharlos.

-¿Qué haces aquí, niña? - su voz era grave y tenue, casi como si no saliese de su garganta, sino que envolviese aquel recinto en penumbras y como si fuese la noche la que hablaba.
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Re: Lazos de Oscuridad

Mensaje por Ileana Romanova el Mar Ago 05, 2014 9:12 pm

Su voz grave lejos estaba de ser un arrullo pero tampoco era un instrumento mal afinado… Era como si el diablo mismo armonizara con los sonidos más sombríos oscureciendo hasta la voz que Stefan rara vez dejaba salir; como si el simple hecho de hablar pudiera traer una desgracia a este mundo. Ileana abrazo de forma sobreprotectora el ramo como si fuese este el que sintiera la amenaza que aquel vampiro significaba para aquel ente blanco y puro que cuando no estaba con Úrsula merodeaba como un fantasma; impoluta y ajena de todo ese mundo de muerte, sangre y lujuria. ¿Por cuánto tiempo seguirá así?
-Mi trabajo- respondió suavemente en un susurro leve que apenas se comparaba con el soplo del viento. Los gritos de la bella Elizabeth solo cesaron una vez que se dio cuenta de que la pequeña acompañante de Úrsula estaba ahí recuperando la compostura en un intento de recobrar su imagen como miembro de la Corte. Ella conocía los típicos rumores que iban de boca en boca de la mano de las vestales que, en su mayoría, conocían casi todos los secretos de sus amos y más cuando estos eran tan cercanos a ellas como lo era aquel pequeño querubín blanco con la Reina Oscura. Pero Ileana era callada, solo respondiendo cuando se lo pedían… Sin embargo era cercana a la Reina. ¿Qué pensaría aquella bella dama ante la sola idea de que ese teatro escandaloso con el Jefe de la Guardia Real llegará a sus oídos? ¿Como sobrellevar y remontar la carga de ser visto con malos ojos por uno de los reyes si es que no era por ambos? - Su vestal esta arreglando un detalle de su arreglo. No tardará nada- dijo girandose hacia la belleza exótica de la dama que hace instantes estaba entregándose a Stefan. Una mujer cuya belleza era sólo comparable con la belleza que los poetas le atribuían a las diosas de antaño y ni aun ella había sido capaz de sobrepasar las barreras que parecen separar a Stefan del resto del mundo.
Nada parecía estar fuera de lo normal, otro dia tipico en la Clan Donovan. Pero entonces, ¿por que su Señor estaba tan furioso con quien llamaban su “Sombra”. Como nada tenía que hacer ya ahí como una buena vestal, que sólo deja como huella de su paso por el lugar el deber cumplido, se retiró suave y silenciosa dejando a los amantes nuevamente en el abrazo de la intimidad de la que Stefan parecía estarse alejando. Con una mirada, tímida y curiosa pero oculta, levantó sus ojos grisáceos hasta el vampiro de negra cabellera… ¿Podría el, que ha caminado más allá del tiempo del que proviene su amada Reina y su Señor, leer más allá de lo que mostraba su mirada?
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