With the Fallen [Libre]

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Mensaje por Arcueid van Rip el Jue Ago 29, 2013 2:06 am

Clan Raphael - Alta horas de la madrugada

Aun era de madrugada cuando decidió abandonar la calma y soledad de su habitación. Como una sombra esquivando a los demás vampiros que ya abandonaban la multitud para volver a sus habitaciones y a las cortesanas, siempre tan pendientes y dedicadas, que tenían el deber de cuidar de sus guerreros como geishas. Podría haber tenido esa vida de no ser por el hombre al que iba a visitar y con el que se confesaba cuando tenía la oportunidad de estar en su compañía. La cubría una pesada capa negra que usaba para cazar de vez en cuando y que contrastaba enormemente con la claridad de sus facciones: su pelo y sus labios rojos como la sangre, su piel pálida y blanca como el frío mármol y sus ojos verdes como la vegetación del bosque que ahora era amenazado por la presencia de los lobos, como si hubiesen olido la falta de un vampiro, el más importante de todos.

Habiendo abandonado la torre principal sin que nadie la retuviera, pues lo último que quería era perder tiempo antes de la salida del sol, se dio cuenta de que el cielo estaba nublado. No era raro en Londres, pero al menos hubiese sido un pequeño consuelo ver la noche despejada… Al caminar pronto se encontraría con la Torre de los Maestros. Esta vieja y férrea estructura de piedra albergaba los cuerpos y reliquias más importantes de aquellos líderes que habían abandonado esta existencia y ahora, aunque no con las mismas “comodidades” que los demás descasaba Raphael. Aquella noche que se regresó a la fortaleza y Lucius les transmitió la amarga noticia sintió que toda aquella fortaleza y vitalidad que su amado le había dado junto al abrazo del vampiro le abandonaban de golpe y parte de aquellos años que su cuerpo jovial esquivaron le pasaban factura. Fue algo que ni el golpe más fuerte que recibió en la cabeza había sentido… Era ese amargo sabor a debilidad y desesperación. La puerta de madera delante de ella era lo suficientemente vieja para hacer un buen escándalo, pero al moverla se dio cuenta que estaba lo suficientemente bien mantenida como para no llamar la atención de nadie más. No se le prohibió a nadie llegar cerca para presentar sus condolencias, pero quería unos momentos a solas y en paz. Dado que querían tener todo despejado para cuando el nuevo líder asumiera, todas las flores y los arreglos formales de las manos de las cortesanas quedaron en ese cuarto frío como el manto de roció que pronto lo cubriría todo, dándole a Arcueid la bienvenida con una sutil fragancia a flores. Más allá de eso la estructura aún conservaba el viejo detalle de las antorchas, porque nadie iba a fastidiar a los muertos por una frívola instalación eléctrica, y una puerta de madera, más pesada aun que la anterior cerrada de tal forma que no hubiese podido pasar aunque así lo deseara. Se encamino hacia ella y poso la frente sobre una gélida viga de metal sabiendo que eso era lo más cerca que volvería a estar del único hombre al que pudo considerar un padre.

Gracias a él era una guerrera de los Raphael con todas las letras y era algo de lo que podía jactarse. Junto con Evans la entreno durante años curtiendo su piel, afinando su puntería, mejorando su fuerza, agilidad y destreza. Como si de un reloj a calibrar se tratase para corregir fallas y enfocarse en las virtudes que la ayudarían a destacarse en el combate.- Ríe Arcueid…-le solía decir cuando la tristeza o el mal humor se apoderaban de ella aun siendo la niña hija de nobles, esposa “perfecta”.- Ríe porque eres una Raphael ahora… ¿Entiendes lo que eso significa? Estas bendecida…Dame el placer de ver a los lobos caer bajo el filo de tu espada, déjame verte hecha una verdadera guerrera y sabré con certeza que la sangre de Dimitri corre por tus venas.- decía altivo y orgulloso. No hubo hombre, ni quizás tampoco lo haya, que la vampiresa pelirroja haya admirado más. 

-Maestro.- susurro. Por suerte no había nadie más para apreciar ese corto momento de “debilidad” pero no tardo en reincorporarse como si estuviese delante del mismo maestro.- Aunque trato de convencerme a mí misma no puedo arrancarme la idea de que las cosas no son lo que aparentan. – Arcueid se debatía entre buscar hasta las últimas consecuencias cualquier indicio aun si esto iba en contra del próximo líder a elegir o aceptar la cruda realidad, que el hombre que siempre admiro no era lo que ella creía. ¿Pero alguien en el clan le creería? Y pensándolo bien, ¿aun había lugar para ella entre los iluminados del mundo de los vampiros?
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Eliah Amasias el Dom Sep 01, 2013 8:29 am

(No sé exactamente como es la torre, así que voy a tomarme algunas libertades. La imagino como una sala algo amplia, similar a la de una iglesia. Tiene el techo alto, con muchas vigas colocadas de forma horizontal. La puerta que tienes cerca conduce a los niveles inferiores donde descansan los restos y suele estar cerrada. Si algo no te cuadra, coméntamelo)

Oculta entre las sombras, una mente trabaja, dándole vueltas a los muchos acontecimientos ocurridos y sopesando los venideros. Eliah se encontraba sentado en una de las vigas metálicas que sostenían la estructura, en algún lugar oscuro cerca del techo, a unos metros por encima de cualquier mirada. Tenía la espalda apoyada en la pared, así como la cabeza y los ojos cerrados. No había ya nada que ver en aquel lugar, pues ya lo conocía muy bien. El espadachín consideraba esa torre su sancta sanctorum. Un espacio normalmente vació donde pensar sin ser molestado por nadie. La fortaleza de Raphael bullía en actividad últimamente y no estaba tranquilo ni en sus propios aposentos. Miles de voces paseaban por los pasillos, pidiendo una cosa u otra. Además, los lobos se habían vuelto más atrevidos y rara era la noche en la que no fueran a eliminar alguna y que otra manada. No es que le importara demasiado, la actividad lo mantenía ocupado y distraído de todo el peso que cargaban sus hombros, pero había noches en las que tenía que organizar sus planes y pensar un poco en el futuro.

Aquella noche era una de esas. Con todo lo acontecido últimamente, tenía que pensar cuál sería su próximo movimiento en aquella enorme partida de ajedrez. La alianza con Lázaro ya era casi palpable y le otorgaría el poder necesario para reclamar el trono de Raphael. Evans lo apoyaría, estaba más que seguro y con él a su lado, sería imparable. Lo único problemático era la caída de Raphael… nadie debía saber nunca como había ocurrido, pues sería su perdición. Esperaba que Lázaro mantuviera su corrupta boca cerrada, pero no podía darlo por hecho. Quizás un día necesitara algo que Eliah tuviera que denegar, el encapuchado usaría el secreto para chantajearlo, aún a sabiendas de que revelar la trama provocaría una guerra entre clanes. El vampiro suspiró resignado,  a un buen elemento había ido a pedirle una alianza. Pero entre él y Dónovan, prefería al imprevisible Lázaro.

Unos suaves pasos interrumpieron sus pensamientos. El vampiro enarcó una ceja, sorprendido por encontrar un visitante más en aquella torre, normalmente desierta. Se incorporó ligeramente y escruto el lugar, en busca de la molesta interrupción. Era alguien completamente cubierto por una capa negra, dándole la espalda en ese mismo momento. Eliah esbozó una suave sonrisa, no necesitaba la vista para saber quién iba debajo de esa capa oscura, el aroma que emitía era inconfundible. Al parecer, la pelirroja Arcueid estaba necesitada de los mismos momentos de reflexión que el espadachín. Con suave movimiento, se dejó caer a unos metros de ella y caminó en el más absoluto silencio hasta situarse a su lado, delante de la enorme puerta de madera que conducía al sótano sagrado de los Raphael. –Mire donde mire, estás tú molestándome.- Dice el vampiro con una suave sonrisa en el rostro, apoyándose en la puerta de madera, quedando frente a frente con la mujer.

La mirada de Raphael, normalmente de color castaño, era en ese momento de color rojizo. Nadie sabía exactamente por qué, pero los ojos de Eliah podían cambiar de tono, a placer al parecer. El vampiro permaneció un rato inmóvil, observando a su odiada compañera de clan, preguntándose exactamente qué hacer.  Una buena pelea lo ayudaría bastante a despejar la mente y suavizar su carga, pero Arcueid siempre lo rehuía, refugiándose bajo las “faldas” de Evans, donde no podía tocarla. Aquel lugar era el sitio idóneo para matarla de una vez por todas, nadie la ayudaría o la escucharía gritar… Pero las heridas de su espada serían más que identificables y matar a un miembro del clan era un pecado imperdonable. No podía echar al traste todo por lo que había peleado. –Hagamos un trato.- Eliah mete la mano en el bolsillo, sacando un manojo de llaves de aspecto antiguo, muy antiguo. –Yo abro esta puerta para ti y tu entrenas conmigo. Sin trampa ni cartón, prometo no hacerte daño, al menos hasta que estemos en la sala de entrenamiento. Quiero ver si de verdad mereces la pena y ya que no me interesa para nada conocerte, la esgrima será mi forma de evaluarte.

La curiosidad nunca había desaparecido de la mente del guerrero, en los momentos en los que el odio irracional desaparecía, las preguntas ocupaban su lugar, resumidas siempre en un simple ¿Por qué? ¿Era su salvaje belleza lo que había hechizado a Dimitri hasta tal punto de dar la vida por ella? Parecía imposible que tamaña frivolidad hubiera trastocado la mente de su amigo y hermano. Algo más tenía que haber oculto tras aquellos ojos melancólicos que Eliah era incapaz de ver. Se esforzaría en averiguarlo, se lo debía a Dimitri y solo era belleza lo que encontraba en aquella mujer, se encargaría de arrancársela con sus propias manos.
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Arcueid van Rip el Miér Sep 04, 2013 12:30 am

Arcueid no estaba de humor para disfrutar de aquellas deliciosas y graciosas, aunque extrañas, ironías del destino que tanto podían llegar a divertirla en una situación común y corriente. Pero si realmente hay algún titiritero halando de los hilos del destino a este, obviamente, no le importaba en lo absoluto. La voz que de inmediato sonó tan clara como el agua solo le era, desde siempre, un recordatorio  de su nacimiento como vampiro en medio de una guerra donde perdió lo primero que, hasta ese momento, le había importado en los insignificantes años que llevaba como humana. No basto con perder a Dimitri sino que al llegar con el Clan Raphael y descubrir de quien había enamorado realmente, durante años se ganó un desprecio y una mala reputación que cargaba hasta la actualidad. Y ahora el líder de aquella inquisición estaba frente suyo, cuando menos quería verlo, cuando más necesitaba estar en paz.
 
Su mirada estaba lejos de ser la suave e indiferente que era siempre. Ahora estaba dura, mostraba molestia esta vez pero no por lo mismo de siempre. La hubiese tenido fuera quien fuera quien la hubiese ido  a molestar en aquel momento de meditación… Aun recordaba las noches que se quedaba hasta largas horas de la madrugada con el guerrero caído, recostada con la cabeza sobre su pecho escuchando fascinada sus historias sobre los vampiros, los clanes, sobre los Raphael y sobretodo sobre sus más cercanos camaradas. Podría haber afirmado que ya los conocía pero, dadas las circunstancias, parecía que Dimitri le hablo de gente totalmente diferente. Dos enamorados que no tenían demostrar lo que sentían, felices uno al lado del otro, y un bromista que lo obligaba a poner orden cuando la situación lo ameritaba habían sido reemplazados por un Evans diferente al que conoció estando a su lado, una mujer fría y distante que le profesaba su odio abiertamente al lado de un joven prometedor oscurecido por la peor perdida que podría sufrir. Y todo eso por ella… Su mirada volvió a suavizarse, tan resignada y distante como de costumbre.
 
-No es el momento Eliah.- le dijo sin un ápice de enojo en su voz aun sabiendo que al guerrero al que llamaban “Paladín Blanco” poco le importaba si estaba de humor o no. Lo único que podía esperar Arcueid era callar ese breve lapso de tiempo en el cual el la imaginaba siendo decapitada bajo el filo de su espada o siendo quemada en una enorme hoguera en los patios de la fortaleza. Por lo menos eso era lo que ella pensaba que hacia mientras aguantaba unos segundos y la observaba con sus ojos llenos de asco antes de que volviera a hablarle. ¿Qué lo detenía si tanto merecía la muerte? ¿Raphael? ¿Las leyes del clan? ¿Evans? Bien que pudo haberse deshecho de ella hace años si lo hubiese querido… Algunas veces pensaba que quizás, tan solo quizás, se estaba tomando el lujo de prepararse para lo que pudiera venir.
 

La piel blanca y pálida de su rostro se arrugo en una expresión incrédula cuando finalmente hablo. No podía creer que estuviera diciéndolo enserio y en cuanto vio las llaves fue peor aún. -¡¿Qué estás haciendo con eso?!- exclamo mientras tiraba un manotazo a las llaves para alcanzarlas pero sin éxito. Estaba terminalmente prohibido que cualquiera se acercara al cuerpo de Raphael hasta la ceremonia donde se elegiría al nuevo líder. Aunque quisiera verlo, respetaría las reglas del Clan por encima de cualquiera de sus deseos y le resultaba increíble escuchar aquello de Eliah. Si bien el podía detestarla, la vampiresa siempre lo vio como un guerrero con convicciones tan fuertes como las que poseía Dimitri o incluso cualquiera de sus camaradas. Realmente jamás odio a Eliah y dudaba mucho que algún día fuera a hacerlo… Levanto sus ojos claros hacia el vampiro. Trato de calmarse y alejar su mirada rígida de aquella incredulidad que sentía. ¿Tendría buenas razones? – No es mi culpa si todo este tiempo miraste a otro lado mientras estuve aquí. Tuviste…¿Cuántos años Eliah? Para verlo por tu cuenta…- callo unos instantes esperando, a ver si él contestaba o no. Luego prosiguió. - ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo?- 
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Eliah Amasias el Sáb Sep 07, 2013 8:42 pm

Eliah sonrió burlón y movió la mano que sostenía las llaves, guardándolas de nuevo en el bolsillo, a buen recaudo. –Evans y yo tenemos una copia para las “situaciones de emergencia”. Las leyes ayudan a mantener el orden Arcueid, eso no lo negaré, pero no todas… Algunas son estúpidas e inútiles y solo sirven para cohibir y reprimir. Raphael era nuestro líder, nuestro apoyo espiritual. Muchos de nosotros anhelamos su rostro y voz, impedir que al menos podamos ver su marmórea tez es una crueldad.-El joven vampiro se incorporó, sintiendo un escalofrió muy humano recorrer su espalda. ¿Cuándo se había convertido en lo que era? ¿Cuando había pasado de ser el caballero blanco, fiel y noble a ser un despojo hipócrita sin empatía alguna? Caminó varios metros, sentándose en uno de los numerosos bancos de madera dispuestos para las visitas. Recostó su cuerpo en el asiento marrón y apoyó las botas negras en el respaldo que tenía delante.

-¿Sabes porque no quieren que nadie vea a Raphel?- Preguntó Eliah con un tono de voz sombrío. –Tienen miedo. Miedo de que el clan comprenda realmente lo que está pasando, de que entiendan que el todopoderoso líder ha caído, pasando de omnipotente a polvo en un solo instante. A pesar de que todo el mundo está enterado de la caída de nuestro líder, la idea es difícil de asimilar y actualmente predomina la negación entre nuestras gentes. Exponer a Raphael sería exponer una realidad que no todo el mundo está aceptando. Además, los lideres gobiernan por puro misticismo, los vampiros creen que sus líderes son todopoderosos, como dioses. La caída de Raphael da opción a que cualquiera se envalentone y decida reclamar el puesto. Mientras ese cuerpo siga oculto, ese aire de misterio casi palpable mantendrá el equilibrio en nuestra casa. El joven espadachín se incorporo, caminando hacia la puerta con llave en mano. –Ya me has hecho hablar demasiado, acepta y quédate o rechaza y vete.-

Saco la llave de su bolsillo y la introdujo en una cerradura invisible, oculta por magia. Tras dar unas cuantas vueltas, acompañadas de tétricos crujidos, un temblor indicó que el portón había sido abierto. Eliah empujó suavemente la placa de madera, la cual fue moviéndose lentamente sin hacer ruido alguno, como si estuviera engrasada a la perfección. Antes de que el castaño pudiera avanzar un paso más, la suave voz de Arcueid formulo una pregunta muy familiar. ¿Por qué? ¿Era simple curiosidad lo que motivaba a Eliah? –Para entretenerme.- Contestó el vampiro con toda la sinceridad que pudo, sorprendido por lo difícil que era mantener su tono prepotente. –Tienes algo, de eso no hay duda, si no, no estarías aquí importunando mis momentos de meditación.-. Dio un suave giro y caminó hacia la pelirroja hasta que sus cuerpos quedaron separados por apenas un metro de distancia. El guerrero extendió la diestra, tomando el mentón de la muchacha.

-Hay veces, que una persona sufre una dolencia intensa y constante. Imposible de mitigar y difícil de llevar. Pocas opciones quedan en esta situación, siendo la más común la de “el dolor distractor”. La teoría es sencilla, generar otra dolencia temporal que suprima la anterior. De esta manera, la persona se centra en otra “experiencia”, negativa, por supuesto, pero nueva al fin y al cabo.- Eliah soltó el mentón de la muchacha, observándola durante unos segundos en los que se entretuvo en apartar un llameante mechón de caballero del pálido rostro. –Tú eres algo parecido a un dolor distractor, interesarme un rato en ti me permitirá distraer mis aturullados pensamientos.- Le dedico una de sus peligrosas sonrisas “amables” y se dio la vuelta, metiendo las manos en los bolsillos. Puso dirección a la puerta que ocultaba a Raphael y comenzó a caminar con paso tranquilo pero seguro. –La última palabra es tuya querida, tú decides si tomar o no el papel.- No freno o detuvo su paso, continuó caminando, esperando escuchar los pasos de su improvisada acompañante hacia aquel santuario prohibido. Básicamente, Eliah acababa de ofrecer a la mujer una extraña oportunidad. Una tregua a cambio de entretenimiento.
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Arcueid van Rip el Lun Sep 09, 2013 1:32 am

Durante años supo que Eliah no la miraba, ni la miraba ni estaba interesado en ello. Hacerlo era resistir una “comezón muy grande como para no rascarla”. Era tener que resistir ese impulso abrumador y cegante de tomar el mango de su famosa espada y bañar con ella la sangre del maldito suelo que ella estuviera pisando. Era tener que soportar el hecho de que no volvería a ver a Dimitri por su culpa. Muchas veces fueron las que se preguntó si era solo amistad lo que el joven sentía por él, pero averiguarlo solo sería corroer más una herida como apuñalar un apuñalado.
 
Incluso cuando se atrevió a tocarla Arcueid se mantuvo en silencio, inerte como el cadáver que parecía con su palidez. Las humillaciones, durante años, habían sido demasiadas como para que solo eso pudiera sacar de sus casillas a aquella que todos tachaban como bruja, como hechicera. Incluso las que venían de parte del vampiro que tenía enfrente pudo soportarlas durante años, empezando por tener que hacer un esfuerzo sobre humano para no llorar hasta el punto de poder “olvidar” que existía el y su odio maldito. Siendo una Raphael sentía esa ingenua sensación de que podía resistirlo y superar todo… Pero tanto Eliah como cualquiera sabían que hay fibras que no deben tocarse y el, en aquel momento fue como un niño que va saltando los charcos enlodados de una calle confiado hasta que se encuentra con uno profundo: metió la pata y la metió hasta el fondo.
 
Aquel sonido podría haberse escuchado incluso desde la fortaleza, a través de los pesados muros de piedra que formaban parte de la Torre de los Caídos. Aquel sonido, cual estallido repentino retumbo en toda la habitación. La impasible Arcuied, aquella tan serena y risueña asesina que podía sonreír tan sínicamente ante la peor injuria, le levanto la mano a Eliah, el intachable caballero blanco y el más seguro sucesor de Raphael que la hizo agachar la cabeza toda su vida como vampiro, y le dio una bofetada en la cara con toda la fuerza que se lo permitió la capa y la ira del momento.
 

-Vamos Eliah…- dijo cuando este le regreso la mirada. En sus ojos verdes había  un pesar diferente, estaba mezclado con indignación e incredulidad. ¿A qué punto había llegado el guerrero por el simple deleite y placer de rebajarla? ¿Cómo tendría que verla antes de poder quedar satisfecho? - ¿Crees que si me dejara injuriar de esta forma me podría hacer llamar una “Iluminada” sin que cualquiera tenga derecho a devolverme ese golpe por hipócrita?-  sus labios rojos apenas se abrían para hablar. Era como si los años, pocos para un vampiro en realidad, empezaran a pesarle como si fuera un humano normal otra vez. “Entretenimiento”, dijo él y de haber sido otra la respuesta aquello no hubiese  pasado.  Esa palabra, la forma tan despectiva en que lo dijo como si fuera menos que la más baja de las cortesanas, tratándola como menos que una prostituta, aquella sonrisa altanera con la que hablaba de la muerte de Raphael como si fuese un dolor tan fácilmente mitigable. ¿Qué demonios había pasado con el joven del que Dimitri estaba tan orgulloso? Y una vez más volvía… Una vez más evocaba a su amado caído en sus pensamientos y su mirada de volvió dudosa, negando con la cabeza levemente antes de darse cuenta que lo estaba haciendo. –Puedo soportar que me acuses de la muerte de Dimitri, jamás te negué la culpa… Pero estas totalmente equivocado si crees que voy a dejar que uses a Raphael y su muerte como excusa para humillarme.-dicho esto tomo firme el picaporte de la pesada puerta de madera y la cerro lo más sutilmente que pudo, si es que podía ser sutil en un momento así antes de dirigirse a la salida a paso pesado y pausado. Por primera vez en tanto tiempo la pelirroja reacciono… ¿Seria aquello, en realidad, lo que el “Caballero Blanco” había buscado?
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Eliah Amasias el Miér Sep 11, 2013 6:43 am

El poderoso bofetón de Arcueid se escuchó en toda la sala, seguido de su voz, cargada con algo que Eliah encontró similar al… odio. El joven vampiro no llego a escuchar sus palabras del todo, simplemente capto alguna suelta. Nada de eso era importante, había logrado algo que siempre había buscado y que jamás había conseguido, hacerla reaccionar. Alzó la vista una vez que la muchacha había terminado de hablar, la miro unos segundos a los ojos y comenzó a reírse. Las carcajadas salieron de la garganta del espadachín con ganas y se mantuvieron un buen rato, hasta que acabó silenciando sus labios. Aparto a Arcueid de su camino con un ligero empujón y caminó hasta el centro de la sala, donde permaneció observando a la muchacha.

-Imaginaba que sería algo así, agachabas la cabeza como un perrito asustado porque sentías culpa. Pero te juro que la gran mayoría de veces pensaba que no te importaba nada de lo ocurrido, es bueno saber que tienes un poco de conciencia.- Eliah comenzó a caminar tranquilamente de un lado a otro, meditando sus palabras. –Lo importante es que te das cuenta de que...- Alzó el brazo y señaló a la pelirroja. –Tú y solo tú eres la culpable de la muerte de Dimitri, la persona que era para mí como un padre se sacrifico para protegerte. Siempre me he preguntado si sería capaz de perdonarte, si podría dejarlo pasar. Y en parte puedo, su muerte hace tiempo que dejo de afectarme, colocada en la estantería como un amargo souvenir. Pero verte pasear por el pasillo todos los días, estando en el lugar en el que debería estar él, es superior a mis fuerzas.-

Eliah siempre se había preguntado el porqué de la pasividad de Arcueid, la culpa había sido uno de los motivos que había barajado. Se sentía mal por lo ocurrido y aceptaba los abusos del espadachín como un intento de redención. Nunca había conseguido hacerla explotar de aquella manera porque siempre atacaba desde el mismo ángulo. Solamente había tenido que variar un poco el ángulo para que la fría e impasible pelirroja reaccionara. Los dos vampiros quedaron en silencio, el espadachín pensando y la pelirroja con ganas de salir del lugar. Eliah observó como cerraba el portón de madera que llevaba a Raphael y comenzaba a caminar hacia la salida.

Dio unos cuantos pasos, colocándose en su camino, tenía muy claro que no iba a dejarla marchar por las buenas. Con un movimiento rápido desenvainó Aether y la apoyó en el suelo, dejando claras sus intenciones. –Esta vez no hay nadie que detenga mi brazo Arcueid, esta vez no hay nadie que nos diga lo que está bien o lo que está mal. En este mismo momento las reglas no existen para mí. De aquí saldrá únicamente uno de los dos.- Eliah tomó la espada y se colocó en posición de combate. –Antes de empezar, quiero que sepas que entiendo lo que pasa por tu cabeza, que te sientes culpable y sufres en un mar de dudas. Pero nada jamás me podría hacer cambiar de opinión.- Y sin mediar ni una sola palabra más, el vampiro saltó hacia ella con un movimiento absurdamente veloz, soltando un tremendo tajo horizontal, dispuesto a partirla por la mitad.
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Arcueid van Rip el Vie Sep 13, 2013 1:32 am

Cada palabra, cada silaba era peor que un azote sobre su piel blanca y pálida. Se hubiese lanzado contra él, peor que la cachetada le hubiese gustado golpearlo más duro… Pero todo lo que decía era cierto, siempre lo fue y siempre le pareció que tenía el derecho a recriminárselo, a elegir si la perdonaba o no. Poco a poco se fue calmando esa fiera enjaulada que era y volvía a ser la misma Arcueid de siempre, aquella mujer tranquila y serena. Pero ahora que había desatado la bestia que tanto había buscado parecía que el guerrero no la dejaría perderse tan rápido, encerrada de nuevo en aquella oscuridad de su conciencia.
 
Eliah se paró frente a ella y le dejo en claro dos cosas: La primer era que podía perdonarla, pero no quería. Fue tal el odio que le había tomado en estos años que incluso parecía haberse mesclado con un capricho. Pero Arcueid sabía que era así, sabía que por más que el dolor de la muerte de un maestro que, quiera o no, compartían  estuviera apaciguada como una herida que se convierte en una horrenda cicatriz era tal su desprecio que su sola visión seguramente lo asquearía. La segunda es que no le importaba, o no había meditado, las consecuencias sobre lo que pudiera pasar. Matar a un compañero, un hermano de sangre, estaba terminantemente prohibido y era un pecado que no se perdonaba bajo ninguna circunstancia. La ley de los Raphael así no asentaba… ¿Qué sería de cualquier de ellos si solo uno salía de ahí con vida? “Oh, un segundo…” pensó la pelirroja cuando esta pregunta se le cruzo por la cabeza. Primero tenía que procurar no morir.
 

Cuando Eliah tiro ese tajante corte mortal, la vampiresa ya había dirigido sus manos a ambas espadas cortas que calzaban en su cinturón, debajo de la ligera capa. Sim embargo tuvo que quitarlas inmediatamente para poder pasar debajo de la espalda, casi rodando por el piso. Cuando se hubo incorporado fueron solo segundos lo que darlo en sacar una de ellas y deslizar su filo por la pesada espada de Eliah hasta quedar frente a frente, cara a a cara.- ¡¿Qué demonios te pasa?!- exclamó.-¡¿Vas a mandar al infierno todo tu Clan y sus leyes solo por matarme y encima en la tumba de Raphael?! ¡Despierta!- el choque de ambas espadas fue tan sonoro como el grito de la guerrera cuyos brazos se resentían ante la fuerza de su oponente.  Ella era rápida y ágil pero el bien podía nivelar eso con fuerza y resistencia.
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Eliah Amasias el Vie Sep 20, 2013 7:43 am

El último espadazo de Eliah hizo que los dos vampiros quedaran a unos centímetros de distancia. Arc podía observar como los ojos color esmeralda del espadachín brillaban con algo que probablemente sería odio. Los dos vampiros mantenían la posición, sin ceder en ningún momento. –Que mejor sitio donde yacer- Dijo Eliah empujando con una fuerza sobrehumana para hacer retroceder a la ágil pelirroja. –¿Leyes dices? Al demonio con ellas, te matare, tirare tu cuerpo en el bosque y mandare a algunos lobos a que lo despedacen, nadie me culpara.- Los movimientos del vampiro se hicieron más y más agresivos conforme peleaban, no estaba lanzando tajos al azar o para provocarla, estaba lanzando cortes directos a puntos vitales, buscando acabar con ella de verdad.
 
Durante la pelea, Eliah exhibía una sonrisa de oreja a oreja. Eran esos momentos en los que se podía sentir vivo. Siempre tenía que llevar en la cabeza mil problemas diferentes. Se los había buscado el mismo, eso era cierto, pero estaba cansado de tanto pensar y maquinar, necesitaba un poco de acción. Aquella provocación le había venido de perlas, pues podría satisfacer dos necesidades; despejarse peleando y atacar a Arcueid. Había pensado por un momento que sería capaz de estar con ella en una misma habitación, la pasividad de sus reacciones habían aletargado el odio puro que sentía, dejando simplemente aversión. Pero aquel bofetón había despertado todo lo que había estado conteniendo en los últimos años.
 
Solo había una cosa que podría placar el mal genio del vampiro. Y Arcueid tuvo la enorme suerte de que esa única cosa ocurriera. En un último movimiento de la espectacular pelea que se estaba llevando a cabo, una carta salió de algún bolsillo de la muchacha, cayendo lentamente al suelo. En un principio, Eliah no le hizo demasiado caso, pero en un ataque la carta quedó justo debajo y alcanzó a leer “Eliah Amasías”. El vampiro era algo “metomentodo” y la curiosidad fue invadiéndolo, hasta que se hizo más fuerte que el odio. No podía ignorar el hecho de que la pelirroja llevara una carta con su nombre, podría ser algo importante.
 
El vampiro dejo de atacar y se detuvo justo encima de la carta. Clavó la espada en el suelo con un fuerte golpe y se inclinó a recoger aquella misteriosa carta. -¿Qué es esto? ¿Una carta en la que me declaras tu amor de forma anónima?- Abrió el sobre sin esperar una respuesta y comenzó a leer su contenido, enarcando una ceja en el proceso. -¿Quién es Mitsuhide Akechi? Creia que estabas enamorada de Evans.- Continúo leyendo y su entrecejo se frunció. –Quiere que vayas a verlo a Viena, ergo es un Donovan. Explícate Arcueid y más te vale darme una respuesta satisfactoria o continuaremos nuestra batallita hasta que tu maldita cabeza ruede por este suelo sagrado.- Si bien tenía todas las ganas del mundo de continuar peleando, aquello era bastante importante. Si se enteraba de que Arc estaba aliada con Donovan, tendría una excusa perfecta para acusarla y ejecutarla, sin el riesgo de que lo desterraran por falta grave. Aunque si lo pensaba bien, sería bastante irónico que la acusara de algo que el mismo estaba haciendo…
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Re: With the Fallen [Libre]

Mensaje por Arcueid van Rip el Mar Sep 24, 2013 3:07 am

Las espaldas chocando… Aquel sonido metálico que inundaba el campo de batalla y era eco repetitivo en los entrenamientos ahora fastidiaba el descanso eterno que Raphael se había ganado. ¿Quién habría dicho que, luego de aquel primer encuentro, llegaría a amarlo como a un padre? ¿Quién habría dicho que Eliah por fin habría encontrado con que darle? Pero había algo que el guerrero blanco no había conseguido y aunque su sonrisa inundaba su rostro pálido en Arcuied predominaba la seriedad. Nunca fue de esos guerreros que sintieran singular éxtasis por la batalla, sino que en ella parecía haber un estado de concentración tan grande que solo se equiparaba con la meditación. Luego de buenas jornadas de entrenamiento o duras cacerías en los bosques de los alrededores era cuando podía inflar el pecho y respirar como si la vida fluyera por sus venas nuevamente.   
 
Sin darse cuenta en esa danza de muerte que Eliah desato la orden de Mitsuhide cayó al suelo y no fue hasta que Eliah freno la pelea para tomar la carta que se percató de ello. Giro los ojos ante su pregunta sin un ápice de hastío y se abrió la capa para acomodar sus armas nuevamente en sus fundas mientras el guerrero las leía. Hizo caso omiso a la broma, de muy mal gusto, sobre Evans y Mitsuhide pero abrió la boca sin decir nada, parodiando la voz de Eliah cuando este le exigió explicaciones sobre la carta. Lo miro un buen rato mientras arqueaba una ceja… Para el Caballero Blanco cualquier tonta excusa que sirviera para quemarla en la hoguera como a una bruja servía aun si era algo tan estúpido como pensar que ella podría traicionar al Clan. Un Clan que más de una vez le dio motivos para hacerlo, pero era lo único que tenía…-¿Terminaste Sherlock?- pregunto irónica y sin esperar respuesta le arrebato los papeles de su mano de un manotazo. Estos se arrugaron en su mano y se agrietaron levemente en los bordes, pero aún eran perfectamente legibles. La pelirroja ojeo uno y otro y le entrego uno al joven.- Este es tuyo.-  mientras doblaba el que le correspondía continuo.- Mitsuhide está algo muy preocupado por el avance de los lobos sobre nuestro territorio y quiere que tu y Evans capturen uno vivo. En cuanto a mi lamento destruir tus ilusiones de traición pero solo se me encomendó ir a la Biblioteca de los Donovan por información acerca de los “felpuditos”.- guardo la carta en un lugar más seguro mientras intentaba volver a retomar la salida.
 
Sin embargo se detuvo al lado de Eliah uno momento.-¿Sabes? Cuando llegue a este Clan por mi todos y cada uno de ustedes se podían ir bien al infierno… Tú, Raphael, Evans, Layla…  Las cortesanas, los guerreros, todos. Sin Dimitri nadie valía un céntimo para mí. –dicho esto respiro profundo. -¿Sabes por qué no te odio? ¿Es lo que quieres saber?– su mirada volvía a ser el mismo pesar de siempre y por unos momentos le sonrió. -¿O te haría sentir mejor poder continuar si yo te odiara? Hazte un favor y déjalo ir.- la pelirroja le sostuvo la mirada. No se refería a Dimitri, eso ya se lo había dejado en claro, se refería a su odio. A medida que fue pasando el tiempo en la fortaleza muy pocos resabios quedaron de aquel muchachito del cual Dimitri tanto le hablaba. Fue como si Arcueid hubiese tenido la oportunidad de conocerlo solo para ver como aquella imagen se desplomaba. En silencio se disculpaba con su amado y le preguntaba noche tras noche si había algo que pudiera hacer, si él estaba presente como algún tipo de guía… Muchas noches paso sin respuesta hasta que finalmente lo olvido. Se calló a si misma unos instantes, a sus propios pensamientos… ¿Aun tenía alguna esperanza? Entonces esa corazonada volvió… Y las imágenes de sus pesadillas también, unas imágenes que la atormentaban desde la muerte de Raphael. No dijo más, quería irse y esperaba que no la volviera a frenar.
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