Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

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Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Úrsula Kozlova el Miér Nov 20, 2013 10:26 am

Después de tantos preparativos, el plan se había puesto en marcha. Ni siquiera su mensajero Francois sabía exactamente dónde llegaría la Reina Oscura, pues atenta a sus caprichos naturales y respetando su personalidad decidiría en el momento en el que sus pies pisaran Londres, dónde quería reunirse con los Iluminados. Las seis partes de su séquito se distanciaron de sí tras la orden de la Reina a quien se le veía con un actitud más tranquila pero, a la vez, más nostálgica en comparación al mal controlado frenesí que la había gobernado durante el último mes. Sus ojos sagaces habían vuelto a su carencia de color, recordando que la Reina podía ser tan fría como los glaciares y tan cálida como la caricia de un copo de nieve en pleno invierno.

Al final, Úrsula había viajado con Eskil solamente en avión. Un viaje que no duró más que un par de horas. El trayecto a través del aeropuerto tampoco fue demasiado problemático. Ileana había hecho bien su tarea y, por ende, habían ocupado la clase VIP del viaje –con todos sus tratos preferenciales- mientras el jet privado del Clan Donovan era usado por Eudoxia y su propio séquito. Su doncella, la dulce pequeña, había viajado con Andras a través del mar. De la misma forma que Viveka y Aesir.  Y mientras Francois estaba en Londres, Anthony había ocupado su puesto en otro de los viajes por avión. Y por último, pero no menos importante, si no tal vez la cuestión más decisiva de aquel viaje, Victoria con el arma del futuro líder Raphael tomó el viaje por tierra.  Las mujeres fueron obligadas a vestirse de blanco para distraer a cualquier atacante pues uno de los rumores que recorrían a la mística Reina Oscura era su pasión por marcar la diferencia de sus súbditos vistiendo el único color que el clan solía repudiar.

El viaje transcurrió con normalidad pese a que Úrsula no estaba acostumbrada a estar rodeada de humanos y, no solo eso, si no que había partido el mismo día en el que Donovan y ella se habían reconciliado. Le ardía el alma con cada paso que tomaba lejos de él pero muy dentro de sí sabía que tenía que seguir con esta cruzada o, de lo contrario, caerían en la misma rutina asquerosa que los había hundido en aquella mal aparentada figura de matrimonio. Eskill había percibido, como todos sus amigos del séquito, el cambio en la Reina pero si algo tenían sus miembros es que no cuestionaban o molestaban a Úrsula. Sin embargo, Eudoxia sí que le había dicho un par de palabras y aunque la Reina al instante se puso a la defensiva, la Antigua optó por abandonarla después de aquello.

Una vez abandonaron el aeropuerto –En el que tuvieron que hacer una parada para que la Reina retomara su costumbre de uso del blanco y, por supuesto, hacer las compras pertinentes ya que había quemado hasta los cimientos su guardarropa- Eskill esperó a que la Reina Úrsula decidiera el punto de encuentro –Viví un tiempo en Londres…Es una ciudad hermosa- Fueron las primeras palabras que cruzó Úrsula con su Guardia Real y después posó sus ojos de cristal sobre el noruego –London Eye- Mencionó con una mínima sonrisa lo que provocó que Eskill sacara su teléfono móvil y coordinara la llegada del resto de las patrullas. La Reina Úrsula avanzó un par de pasos metiendo las manos en sus bolsillos para sacar el suyo propio y marcó el único número que se sabía de memoria. Él no lo dejó sonar.

-He llegado- Le dijo en ruso con un tono de voz cuya inflexión daba a entender que aún se sentía resentida por haberlo abandonado en Viena. Esperó un momento en silencio dejando que él le hablara y asintió –Te llamaré cuando llegue a la Fortaleza. Te amo- Musitó y esperó su respuesta que no tardó en llegar. Sonrió con suavidad y cortó la comunicación al tiempo que Eskill llamaba su atención abriendo la puerta de un auto deportivo de color blanco. Era él quien manejaría pues la Reina no confiaba en ningún otro chofer, ni humano ni vampiro. Ascendió al asiento trasero –ya que sólo tenía dos- y después de que él cerró la puerta, fue al asiento del piloto y encendió el coche manejando directamente hacia el lugar de encuentro con los Iluminados. La Reina se abstuvo de decir nada una vez colocó a Chopin de fondo y subió la capucha de su túnica blanca para esconder su rostro.

El recorrido fue corto ya que Eskill no tenía ningún problema con la velocidad, y lo cierto es que Úrsula tampoco. Sin embargo, hubiese agradecido un paseo más largo sólo para disfrutar más de la ciudad. Se detuvieron en el famoso lugar donde los guardianes Raphael estarían esperando. Estacionó y se bajó del auto dejándolo encendido y encerrando a la Reina adentro por precaución. Mientras tanto acomodó su elegante traje gris con gesto tosco y se apoyó con  con vagancia sobre el capó del auto, mientras sacó uno de sus cuchillos y una pequeña piedra de afilar. El panorama era muy curioso, si lo analizabas bien. Un fornido hombre que se veía más bien encerrado que cómodo en el ambo manejando un cuchillo de grandes proporciones como si se tratara de un juguetito, dejando saber que idiota con las armas no era,  mientras en el fondo del auto deportivo una silueta remarcada por la luz que despedía la gran rueda de Londres mantenía su identidad en incógnita al ser recorrida por un halo blanco que despedía más que su porte real  y noble, el misticismo del rostro que había enloquecido al líder oscuro del Clan Donovan.



Off rol:
Cualquier otro miembro del Séquito que quiera abrir un rol tendrá que contactar un Raphael para que lo guíe hasta la Fortaleza.
Si no quieren hacerlo, ya iniciaré un tema donde diré que todos llegamos con normalidad


Última edición por Úrsula Kozlova el Mar Dic 03, 2013 11:38 am, editado 1 vez
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Rowan McArthy el Sáb Nov 23, 2013 10:20 pm

Aquella noche había comenzado más pronto de lo que acostumbraba, la luz vespertina aún moría cuando abrió sus ojos castaños, suspiró profundamente recordando la misión que debía llevar a cabo en el transcurso de la noche, era de vital importancia hacerlo eficientemente y sin contratiempo alguno; su mandíbula se tensó al pensar en las escaramuzas que los lobos hacían constantemente desde la caída de Raphael y aún más después del ataque a la Torre. Se vistió con ropas cómodas de telas resistentes, pues no solía usar prendas de cuero más allá de la chaqueta de motociclista que llevaba en aquella ocasión, anudó firmemente las agujetas de grado militar que solía colocar en todas sus botas y se cepilló el cabello antes de peinarlo en una trenza baja.
 
Caminó hasta la armería con aquel paso firme, seguro y ligeramente altivo que le caracterizaba; se alegró de verla casi desierta por la temprana hora que era, muy pocos solían empezar sus actividades antes de que la luz del crepúsculo muriese por completo dando paso a la noche cerrada; dirigió una mirada dura a los pocos vampiros que estaban en la sala, era una muda advertencia de que no deseaba ser observada mientras se colocaba el armamento, le provocaba un sentimiento cercano a la ira. Algunos de ellos ya habían presenciado lo que desoír aquella mirada a la que sólo le faltaba el color carmesí ocasionaba  y no querían volver a ver aquello. Se quitó la chaqueta dejando a la vista tu torso cubierto por una camiseta sin mangas; se colocó una pistolera  en cada uno de sus costados y su ya común cuchillo kukri sobre el muslo. Volvió a colocarse la chaqueta y salió con total tranquilidad en dirección a los hangares para tomar un vehículo; eligió un Land Rover negro de tres puertas todoterreno; salió con calma hacia el punto de reunión acordado.
 
Las luces de la ciudad acompañaron su recorrido hasta aquella enorme rueda de la fortuna a las orillas del Támesis, el London Eye se alzaba imponente iluminada con aquella gama multicolor que le daba un aspecto aún más irreal. Aparcó en un lugar despejado y esperó hasta que el vehículo que le habían descrito apareció en su campo de visión; enarcó una ceja al ver al hombretón que descendió de él, sobre todo al verlo manipular aquella arma blanca con tanta facilidad. Bajó del vehículo y se dirigió hacia el auto deportivo con paso marcial.
 
~Saludos de Raphael; me han enviado para escoltarlos a la Fortaleza.
 
Saludó secamente al vampiro recargado en el capó del deportivo, su mirada se dirigió fugazmente a la nívea figura dentro de aquel vehículo; pero volvió sus ojos marrones hacia el que adivinaba era el guardia de aquella que esperaba imperturbable envuelta en la blancura de sus ropas.
 
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Nov 26, 2013 11:27 am

No pasó demasiado tiempo antes de que una mujer descendiera de una camioneta oscura a un par de metros de donde habían aparcado. Eskill lo había percibido por el rabillo del ojo pero espero a que se adelantara un poco más hasta ellos para incorporarse y girar la cabeza hacia la señorita. Sin duda, le llamó la atención. Las razones obvias es que su imagen distaba de aquella alta nobleza que estaba acostumbrado a mirar en las mujeres del clan Donovan. Su cuerpo estaba entallado en una chaqueta negra y unos pantalones del mismo color donde el Guardia Real pudo adivinar, no sus curvas, si no las armas que llevaba bajo la ropa. Tenía una imagen ruda, como la de una mujer con la cual sí podía batirse en una guerra y, con suerte –mucha-, incluso le ganaba. No obstante, las líneas de su rostro eran suaves y redondeadas apartando lo brusco de su imagen y dándole un toque más suave y hermoso. El hombre en Eskill fue seducido pero su mente era mucho más sagaz y sabía perfectamente cuál era su objetivo. Por esa razón Úrsula lo había elegido a él y no a los demás.

La Bestia se movió hasta bloquear la puerta del conductor con el cuerpo resguardando, aún más, a la Reina Oscura y recibió el saludo de la mujer. Pero – a sabiendas de lo curioso que podría tornarse la situación- tomar medidas extremas nunca estaba demás. Como pocas vces en la vida, el Guardia Real sonrió con fiereza y mostró sus largos caninos blanco que relucían cual pieza de joyería ante la luz que despedía la fantástica atracción. Aquel haz también se dejó ver en las oscuras orbes que cuyo color verde había desaparecido para tornarse rojos –Y los Oscuros devuelven el saludo, mi lady- Saludó con su voz grave, baja y fuerte acento noruego. Pero al tener esa reacción quedaba bastante en claro que él no se movería ni un centímetro hasta que comprobara visualmente la naturaleza vampírica de la mujer. Y resaltando visualmente porque su aroma ya apestaba a la sangre humana que recorría sus venas debido a la constante alimentación que debían tener los miembros de su clan.

Eskill guardó su cuchillo en el interior de su chaqueta ya que a la hora de establecer una pelea sus gruesas manos enmarcarían el delicado cuello de la mujer que –estaba plenamente seguro- se lo pondría difícil pero al final la fuerza bruta  estaría por encima de ella y quebraría su columna vertebral de un movimiento. Y, de alguna extraña manera, deseó pelear con ella. La sonrisa desapareció y los caninos volvieron a esconderse mientras los ojos del vikingo volvían a retomar el color de las esmeraldas y esperaba con paciencia la autoprovocación del frenesí de la mujer.

En el interior del vehículo, la Reina Oscura ignoraba deliberadamente la escena pues todo corría a manos de Eskill. Sin embargo, todos sus sentidos estaban alertas y ante cualquier señal del vampiro la dama rusa tenía que tomar las medidas que habían discutido. Los ojos claros de la Reina se paseaban por el London Eye apreciando la vista de los fatídicos humanos que disfrutaban cada segundo de su miserable vida como en otrora hiciera ella. Recostó la cabeza del espaldar y observó su teléfono un segundo, tratando de delinear las invisibles líneas que aún la unían a su marido y meditaba sobre el preciso momento en el que habían dejado de ser una pareja estable. ¿Hace cuánto no la veía bailar? ¿Hace cuánto no cenaban solos? Siempre había algo de por medio. En el caso de ella seguramente algún capricho; en el caso de él, seguramente algún espíritu. Se habían dedicado a la parte más corporal de la relación olvidando a sus almas e incluso a su corazón. Suspiró y el vaho de su aliento desapareció tan rápido como las agujas del Big Ben marcaban el próximo segundo.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Rowan McArthy el Lun Dic 02, 2013 11:49 pm

Rowan depositó el peso de su cuerpo sobre su pierna derecha y ladeó la cabeza dejando que en su rostro aparciera una media sonrisa llena de frialdad que desentonó por un momento con la chispa de interés que cruzó por sus ojos al ver los colmillos asomandose por aquella sonrisa del fiel guardian, tan direfentes a los propios aunque con el mismo propósito. Tensó los muscúlos cuando aquella hoja desaparció de su vista, había visto la mirada del extranjero reconociendo en ella el deseo de lucha, aquel que predominaba entre los guerreros y amazonas del clan; dejó que su sonrisa se volviese irónica y en su interior creciese aquella sensación que le envolvía cuando sentía en el aire el aroma de uno de aquellos perros que merodeaban por los terrenos de la fortaleza, la misma descarga de adrenalina, el mismo deseo de medir sus fuerzas y casí deseó tener la oportunidad de ello no sólo por el deseo de luchar sino porque mirando más profundamente aquel atisbo en los ojos del otro vampiro también había una seguridad casi petulante, como si ella no representara una verdadera amenaza, justo aquello provocaba la ironía en su rostro, pues era una amazona raphaelita y como tal era mucho mas que una vampiresa, algo más que solo una mujer; aunque seguramente aquel gigantón podría saber eso, quizás no era a la primera de su clan que veía, quizás había enfrentado alguna vez a algún Raphael y si no... ya habría oportunidad de mostrarle el porqué los Raphael eran el brazo armado de las casas de sangre.

Cerró los ojos después de lanzar una mirada a su alrededor, cuando sus ojos marrones volvieron a abrirse éstos se habían tornado carmesí, sentía sus dientes pugnando por salir  y así se los permitió mientras su rostro se deformaba mostrando al monstruo que llevaba dentro; sus dientes brillaron bajo la luz del London Eye volviendo su boca una remembranza de la de un tiburón a punto de morder, esbozó una mueca que intentaba pasar por sonrisa antes de volver a colocar sus dientes dentro de las encías y dejar que el rojo dejara paso al marrón habitual de sus ojos. Sonrió complaciente al nórdico mientras cambiaba su peso para repartirlo entre sus dos extremidades.

~Ahora que nos hemos ‘presentado’, si me permite les conduciré al hogar de los Raphael.

Aunque algo de su sarcásmo se coló por su voz se recompuso inmediatamente volviéndose neutral y formal; ya habría tiempo para aquellas vanalidades cuando estuviesen a resguardo entre los muros de los Raphael, aunque aquella idea le hizo apretar los labios en una tensa linea momentánea recordando lo sucedido un mes atrás, recompuso su rostro y dirigió una nueva morada alrededor, algunos adolescentes pasaban cerca de ellos lanzándoles miradas curiosas que respondió con otra completamente gélida. Escuchó los murmullos que intecambiaron aquellos jovenes según se alejaban hacia la salida, el olor de uno de ellos le atrajo, el tipo de chicos al que gustaba secarle las venas sin embargo apartó aquella idea de inmediato, tenía una tarea que realizar y era todo lo que importaba. Dirigió su mirada franca hacia el vampiro Donovan dejándole claro que estaba a la espera de sus órdenes para abandonar el lugar.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Dic 03, 2013 12:28 pm

Eskill sonrió con más petulancia aun cuando la Raphaelita le respondió la mirada con la picardía que envuelve un encuentro violento. El único pensamiento que recorrió la mente del guerrero fue simple “Interesante”; ya intentaría intercambiar información e incluso entrenamiento con el ejemplar de mujer que tenía delante de él. Tras aquello notó que la vampira fue mucho más pausada y controlada a la hora de provocar su frenesí ya que observó alrededor, a diferencia de él. Por un lado supuso a que ellos consideraban comida a las asquerosas criaturas que invadían Londres. Sin embargo, si Eskill llegase a ser visto por alguien no perteneciente a las lides de la oscuridad, asesinaría  al bastardo. Los ojos de la mujer abandonaron su “cálida” tonalidad para pasar al fiero carmesí de todo vampiro y su increíble dentadura se convirtió en un arma más de guerra. El noruego nunca había visto a ningún Raphael y menos aún transformándose pero no le espantó, lo consideró una obra de arte y le hizo preguntarse –nuevamente- si serían tan dementes en la guerra como se decía.

Incluso, si no hubiese sido porque era el más controlado de los trillizos, le hubiese parecido divertido meter la mano en su boca y acariciar sus colmillos que nada tenían que envidiar a un tiburón. Pero se abstuvo. Era aún muy pronto para jugar. Contuvo una risa inferior y asintió con serenidad cuando la mujer volvió a su forma natural. Finalmente el hombre estiró la mano en un intercambio mundano y humano –Eskill- Dijo y esperó a que ella le diera su nombre y estrechara su mano. Tras aquello asintió sobre lo de la dirección -Te seguiremos- Mencionó con su acento noruego y esperó a que la mujer se alejara hasta el vehículo donde había venido para ingresar hasta el de él. Una forma más de proteger a la Reina. Una vez que entró, Úrsula guio sus gélidas orbes hacia él y éste asintió –Comunicate con el resto. En altavoz- Ordenó la Reina Oscura y Eskill empezó a apretar los números correspondientes para hacer una llamada en común con los seis puntos de movimiento del clan. La voz de Ileana fue la primera en notarse –Mi Reina- La dama rusa –y todos en el séquito- pudieron percibir el ligero tono de agonía en aquellas palabras. Más tarde la seguirían Eudoxia, Anthony, Victoria y el resto del séquito -¿Todos están en camino?- Cuestionó la Reina sin necesidad de desviarse a temas tontos como “¿Algún imprevisto en el viaje?”. Como sabían que Úrsula odiaba el superponer de voces hablaron en el mismo orden en el que habían saludado especificando que ya se encontraban con sus guardianes Raphael vía a la Fortaleza.

-Nadie desciende hasta que los seis puntos estén reunidos- Repitió la Reina con la seguridad que le era propia –Se mantendrá la conversación abierta si sale algún problema. Sin embargo, es preferible mantenerla en silencio. No sabemos quien puede estar escuchando- Añadió la mujer de cabello de ébano mientras Eskill seguía a Rowan con una distancia de tres o cuatro autos pero sin perderla en absoluto de vista –Victoria…¿El paquete?- Preguntó Úrsula con suavidad y la voz de la Maestra de Armas cruzó la barrera informática –En perfectas condiciones- Dijo enfáticamente y la Reina asintió –En silencio- Finalizó ordenando a todos que mantuvieran la boca cerrada.

El tiempo fue pasando mientras desde los dispares puntos de encuentro se dirigían hasta la Fortaleza Raphael. Poco a poco se fue dejando atrás la urbe londinense para entrar en terrenos más privados, correspondientes –por supuesto- al misterio del clan vampírico. La voz de Victoria fue la primera en avisar que habían arribado, el siguió Anthony y un poco más tarde Ileana quien se preocupó en relatar que habían más guardias esperando fuera de la Fortaleza y allí también se encontraba el Maestro de Sombras cuyo avatar estaba en ese momento con ella escuchando a la Reina –De acuerdo. Si hubiese algo fuera de lo normal, te lo haría saber. Francois has hecho un excelente trabajo, te lo agradezco- Dijo y en su voz se pudo percibir la sonrisa que revoloteaba en su rostro.

Rowan estacionó y Úrsula pudo observar a través del oscuro cristal el resto de los autos estacionados en pleno silencio y pronto la sombra de Francois ocupó un lugar en su auto. Eskill no agradeció la sorpresa y  la Reina se rió en el momento en que la última camioneta estacionaba y Viveka se reportaba –Bien. Guardias, bajen y esperen. Corto comunicación- Mencionó la Reina y apagó la llamada para luego despedir con un gesto a Francois. Tomó su celular y marcó el teléfono de Donovan intercambiando un par de palabras con él. Una charla corta que ya alargaría después, cuando tuviera tiempo. La Reina Oscura tomó un largo respiro y acomodó la parte superior de su túnica antes de tocar con suavidad la ventana de su vidrio lo que provocó que Eskill hiciese un gesto al resto de los guardias que abrieron las puertas de los seis vehículos.

De cada uno de ellos descendió una figura envuelta en una capa blanca cuya capucha escondía su rostro. La estrategia había sido planteada ya que había claros rumores de que la única Donovan que usaba blanco era la Reina Oscura. Una pequeña broma para confundir al enemigo, en caso de que hubiese uno. No obstante, una vez que empezaron a caminar por el estrecho pasillo que los guardias Raphael habían establecido antes de ingresar, todos quienes las tenían se las retiraron y dieron vuelta convirtiendo la capa en una negra más acorde a las vestimentas que tenían debajo, destacando la delicada figura de Úrsula del resto de sus súbditos. Francois se unió al selecto grupo que ingresó hasta la Fortaleza dejando a la dama rusa con su túnica blanca y su capucha alzada en la parte de atrás de la formación, rodeada de sus tres Guardias Reales e Ileana, su doncella.

Una vez dentro del salón todos esperaron en silencio mientras sus ojos paseaban con suspicacia por el lugar observando a la corte vampírica de Raphael que se habían reunido para recibirlos. Eran muchos, incluso a sabiendas de que varios se habían quedado afuera para resguardar la Fortaleza. Tomando en cuenta –también- que seguramente había muchos soldados afuera realizando las guardias y rondas normales. Pero, por supuesto, no todos los años se puede tener la oportunidad de conocer a un Donovan. Y no sólo a un miembro del clan, si no a la mismísima Reina Oscura. El respetuoso e incluso tenso silencio que se establecía en el salón hablaba de la poca relación que mantenían los dos clanes debido, no sólo a la lejanía geográfica, sino también a las estúpidas cosas que se decían sobre ellos. Aún así también se respiraba   el resentimiento que tenían los Iluminados al dejar entrar a desconocidos a su hogar, hogar que había sido atacado hace poco y en el que perduraban los recuerdos , como dicen por ahí: “Donde hubo fuego, cenizas quedan”.

Lo que rompió la mítica atmósfera fue el sonido de movimiento que establecieron los pasos que dio la formación para darle espacio a Ileana cuyo vestido gris perlado hablaba de su posición cercana a la Reina. La muchacha, con su rostro de dulces y suaves facciones, avanzó cual cervatillo a la boca del lobo y alzó la mirada hasta quien consideraba era el líder sólo un segundo para llamar su atención antes de bajar el rostro en una posición claramente sumisa –Lord Evans- saludó con una pequeña reverencia hasta apartarse lentamente del camino de su señora –La Reina Oscura... Úrsula Kozlova- Anunció con devoción la vestal. Se pudo percibir cierto movimiento en la parte trasera de las filas de vampiros que había en el lugar, suponiendo que querían observar a la mujer que había encadenado al invencible líder de los Donovan.

Úrsula caminó resguardada de ambos lados por sus Guardias Reales y, un poco más allá, el resto de su séquito. Sus pasos, a diferencia de los demás, no perforaron el silencio sino que trajeron un suave murmullo de cercanía a medida que sus delicadas y suaves manos ascendían hasta retirar la capucha blanca que escondía su identidad. Mientras tanto, sus Donovans hincaron una rodilla en tierra pues –después de todo- no la habían saludado como correspondían tras el largo viaje, siendo los últimos sus trillizos noruegos. La tela cayó hacia atrás haciendo que su sedoso cabello ébano descendiera contrastando contra la pureza de la tela atrapando la luz de cada una de las velas que iluminaban el lugar. Fue entonces cuando los primeros vampiros ajenos al clan Donovan pudieron observar la belleza de la efigie rusa que había encantado a Donovan, que había encadenado su voluntad a los deseos de complacencia de su Reina. Sus pómulos altos, sus labios gruesos y rojos, su nariz perfilada y delicada y –como no- sus gélidas orbes diamantinas que, orgullosas como ellas solas, se fijaron únicamente en el hombre que tenía un rango parecido –no igual- al que ella portaba.

La Reina Oscura se apartó un poco de su séquito al dar tres pasos adelante hacia el vampiro que los Iluminados habían elegido como líder sucesor del Antiguo –Es un honor conocerlo, lord Evans- Su voz, con la calidez que sólo las escenas más extrañas del crudo invierno podía generar, arrulló tanto a sus propios súbditos como a los vástagos Iluminados mientras sus labios se curvaban en una suave sonrisa esperando la respuesta del caballero. Mientras tanto la Reina Oscura se regodeaba en cada ápice de atención que le daban, sintiendose la estrella del espectáculo, y lo era pues miles de ojos Raphaelita se posaban sobre los finos rasgos rusos y las curvas que se adivinaban bajo la casta capa blanca que escondia su figura de escándalo.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Evans Cromwell el Jue Dic 05, 2013 12:29 pm

-Joven Evans, debe comprender qué ahora su rutina diaria ha cambiado a…- empezó a decir con voz calma Lucius, el anciano de mirada escondida tras los finos lentes que permitían verle, contenidos en la forma de su nariz afilada. En sus manos tenía uno de los frascos que continuaba estudiando , como siempre, buscando la forma de hacer que la sangre del guerrero Raphael cicatrizase más rápido ante las heridas provocadas por los hijos de la Luna. Y frente a su escritorio habían varios libros abiertos, más una carpeta cerrada que el mismo Evans Cromwell había tirado para llamar su atención - ¡Mis cojones! ¡No voy a cambiar mi rutina de cacería porque ahora un montón de neófitos necesiten que me quede acá criando culo! ¡La vigilancia del bosque oeste es mía desde hace 79 años! – exclamó, con su rostro iracundo, elevando la voz, como siempre, a uno de los pocos ancianos que le soportaba sus arrebatos de furia ligeramente infantil con la temple de hielo que solo la madurez y la paciencia pueden otorgar. Lucius suspiró mientras dejaba frente a él una de las muestras de sangre con las cuales trabajaba, colocándola calmadamente sobre un contenedor del tamaño de un botiquín que le permitía mantener la misma helada y utilizable, impidiéndole la irremediable coagulación. Hecho esto, volvió a posar sus ojos calmos en Evans mientras el silencio se apoderaba del recinto –Y a partir de ahora, será de la Amazona Rowan, joven Evans. Lo hemos decidido con aprobación del General Mitsuhide. – respondió con total paciencia el anciano de lentes finos y piel tostada. Su mirada era particular, casi como tan calma que era incapaz pensar que ese hombre fuese capaz de enojarse pero, para quien conoce los ojos de los demás, había algo que llevaba a pensar a Evans si se contenía cada vez que hablaba con él. Rápidamente, notaba que no. El carácter de Lucius fue calmo hasta las últimas circunstancias, incluso luego de que una bomba explotase ante él, hiriéndole sus manos y parte del rostro que tardó días en recuperar. – Joven Cromwell, comprendo que esté molesto. Pero actualmente, su figura será más requerida dentro de la Fortaleza que fuera…- comenzó a decir mientras el rostro de Evans se veía turbado, mostrando un entrecejo fruncido y la ligera forma blanca de sus dientes entre sus labios entreabiertos – Si estás sugiriendo que me siente en esa silla a dar órdenes, Lucius, juro por la ceniza de Raphael que…-empezó a decir pero con un movimiento de la mano, el anciano hizo un alto a su comentario, interrumpiéndole – Por supuesto que nunca me atrevería a tal atrevimiento, joven Cromwell.  Sugiero que nos brinde su sabiduría como cazador y experiencia como guerrero mercenario para poder implementar un sistema de defensa más estricto, llevándonos a determinar quién fue culpable de la explosión en la torre. Para eso, por supuesto, necesitamos establecer vínculos y alianzas lo cual demostrará a nuestros enemigos que los Raphael vuelven a ser guerreros a los cuales temer…-
Por supuesto, ante esa respuesta, Evans frunció el ceño casi como si buscase entre tantas palabras el vestigio de la treta. Porque conocía a ese anciano y sabía que era perfectamente capaz de jugarle sucio, haciendo que aceptase algo de lo que luego se arrepentiría. –Entonces…no quieres que me quede aquí para hacer papeleo…- empezó a decir mientras la mirada del anciano se veía iluminada por el vestigio de una sonrisa calma – Por supuesto que no. La tarea de los Lideres es mucho más que eso. Con el General Akeshi y el Consejero Carlyle hemos determinado que su presencia en la fortaleza será un sello del cual nuestros enemigos temerán. Y para eso, necesitamos que usted se haga cargo personalmente de ciertas…situaciones – finalizó el anciano. Evans levantó una ceja ante aquello. La ira de su rostro había desaparecido ya, mientras analizaba con calma la propuesta y se cruzaba de brazos. –Puedo hacerme cargo de las situaciones que necesiten…- dijo Evans en voz alta, logrando que Lucius asintiese con la cabeza. Pero para su pesar, antes de lo que pensaba se arrepentiría de tal afirmación.

...Horas más tarde...

Ahí estaba él, caminando por los pasillos de la fortaleza hacia las escaleras como un maldito principito inglés, acompañado por Arcueid y Dennan, uno a cada lado de su hombro. ¿Por qué? Porque por lo visto, la idea de Lucius de establecer relaciones sociales indicaba salir a recibir a sabría dios quien con un innecesario movimiento atípico de las fuerzas militares inglesas. – Podría estar cazando en este instante…- rugió mientras caminaba con decisión, sabiendo que Dennan le oiría. Habían hablado de ‘rastrillar’ la zona oeste de los bosques buscando viejas pistas pero, ahora, solo los centinelas novatos habían ido en minoría a verificar que los perros no estuviesen moviéndose en territorio de Raphael. Seguramente el finlandés de ojos celestes no estaba feliz de que lo hubiesen metido en la escolta de Evans pero, como él le explicó a ambos vampiros que le acompañaban, mataría a cualquiera que quisiese o sugiriese siquiera serle escolta. Por ende, necesitaba dos que no solo no quisiese matar, sino que supiese que en momentos determinantes, serían camaradas para pelear y no míseros escudos.

Y por eso estaba especialmente molesto ante la idea de ir a saludar al Lider Donovan. Conocía los formalismos de ese grupo al cual solía llamar, de manera despectiva ‘secta’. Para ellos, el rey y su reina eran todo y los soldados debían morir por ellos de ser necesario. Los Raphael eran hermanos, guerreros de ley y honor remarcados donde el Lider peleaba mano a mano con sus soldados. En el instante que cruzó los pasillos y bajó las escaleras, luciendo una chaqueta de cuero marron y pesados pantalones, marcando sus pasos cada golpe al suelo con sus pesados borceguíes, el cazador se quedó de pie observando una escena que no esperaba ver: Cientos de militares, cazadores y vigilantes, cortesanas y ancianos, hacían un camino para permitir el paso a un par de personas. Cada uno de ellos vestía de blanco, color extraño en un clan conocido como los ‘oscuros’. Y fue entonces que la vena de molestia recorrió cada centímetro de su ser, matizando al instante su mirada ambarina ¿Dónde estaba Donovan? Sus ojos pasearon desde la figura de una mujer a quien apenas vio el mentón y rastros de su cabello color arena debajo de la capucha hasta la de varios más que a simple vista, eran hombres. Y entonces, una figura más pequeña se acercó a él, haciendo que el cazador bajase la mirada ligeramente descolocado.  
“Lord Evans. La Reina Úrsula Koslova”.

Si Dennan le hubiese dado un golpe en la nuca y Arcueid una patada en el estomago en ese instante, Evans se hubiese sentido menos sorprendido incluso. Sus ojos siguieron con expectación cada movimiento que se realizaba a su alrededor, viendo como los vástagos de blanco se hincaban al suelo ante uno que se acercaba. Dueña de una figura preciosa como si fuese tallada para los sueños más elitistas, con una cabellera negra como la noche y ojos de cristal, una mujer se mostró ante él. Había visto mucho a lo largo de su vida como cazador, pero jamás algo semejante. La belleza de las mujeres era algo que él apreciaba y disfrutaba cada noche pero, no había existido una que fuese como ella, casi como una visión en la tierra de algo que está más allá. Y entonces cayó en idea que ella no era Donovan ¡Que Donovan había enviado a su mujer!

Sus ojos ambarinos permanecieron en las facciones de la dama, irremediablemente descendiendo un instante por la efigie de su cuerpo para luego asentir, humedeciendo sus labios con nerviosismo mientras asentía al saludo de Úrsula – El honor es mio, Úrsula…- empezó a decir pero entonces, detrás de él, como una  sombra que aparece cuando alguien lo requiere, otra voz le interrumpió. Poniendose al lado de Evans, entre él y Arcueid, Lucius hizo una reverencia solemne ante la dama recién llegada – Sed bienvenida a nuestra morada, Estrella de los Donovan. Nuestros ojos se iluminan ante vuestra belleza. – diría aquel con una educación elegante, causando que no solo Arcueid y Dennan le mirasen, sino el mismo Evans con una mirada que decía claramente ‘¿Qué carajos estás haciendo?’ Lucius continuó – Lamentamos que vuestro recibimiento no sea digno de vuestra figura, pero hace poco hemos recibido un ataque y nuestros mejores guerreros se encuentran bordeando el perímetro para asegurar vuestra seguridad – empezó a explicar el anciano que conocía, y mucho, acerca del ego y la vanidad de los Donovan y, por encima de todo, de la mujer que tenía ante él. Sin embargo Evans no gozaba de la misma prudencia, notándose el descontento en sus ojos al instante. Él era militar. De diplomacias y educaciones sabía tan poco como de magia y ese modelo elitista y vanidoso de los Donovan era para él, exactamente igual que una triple patada voladora directo en el hígado – Estoy seguro que ella es perfectamente capaz de comprender que no estamos en el mejor momento para festividades y ceremonias – dijo el cazador, cortando con el discurso lamebotas del anciano, mirándolo antes con molestia ante tanta hipocresía. Volvió sus ojos a la mujer, sin poder dejar de admirar su belleza mística y entonces comprendió por qué decían que Donovan se había vuelto loco por ella. Era hermosa, como una de esas figuras que uno imagina cuando escucha las viejas historias de guerreros que destrozaron ciudades enteras por una dama. Y aun así, Evans no pudo encontrar en ella algo que le llevase a pensar que él haría lo mismo. Tan marcada estaba la diferencia de caracteres y mentes que el militar predominaba por encima del hombre. Una mujer que necesitase tanto alboroto para demostrar que ha aparecido definitivamente no sería jamás una mujer que le interese. Aun así, le dedicó una sonrisa forzada mientras exponía a sus compañeros – Reina Koslova, le presento a Lucius Doyle. Uno de los más respetados ancianos del Clan – comenzó a decir mientras la figura de Lucius se mantenía altiva y complaciente. Posteriormente, el cazador volvió su mirada a su derecha – Dennan Hutmaki …- agregó y volvió sus ojos a su izquierda – Y Arcueid Van Ripper. Ambos guerreros de Elite – remarcó volviendo a ver la figura de la mujer ante él para asentir con un ligero gesto de la cabeza – Soy Evans Cromwell. Temporalmente, represento a los Raphael. El honor de conocerle es mío…- sus ojos bajaron a la zurda de ella y por un instante, acarició la idea de posar sus labios en la piel de la mujer pero, su orgullo fue más poderoso - ¿Su esposo nos acompañará? – preguntó finalmente.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Mitsuhide Akechi el Jue Dic 05, 2013 4:13 pm

-Los 6 jugadores han anotado- Dijo por radio la voz de uno de los guardias Rafaelitas, cuando seis vehículos habían entrado ya a los dominios del clan Rafael.

El General Mitsuhide Akechi estaba en las afueras de la fortaleza, dando órdenes e instrucciones a los soldados ante la llegada de la Reina Oscura al bastión iluminado. Seguía el protocolo de seguridad que habían planificado entre Carlyle, Lucius y él mismo, para luego haber sido aprobado por el mismo Evans, tomando en cuenta los lineamientos expuestos por la misma Ursula en su misiva, enviada por medio de François, el andrógino Maestro de Sombras.


Tal como lo habían previsto, seis carros habían llegado a la fachada del edificio, conducido cada uno por un miembro del clan iluminado, luego de haberlo revisado a cabalidad, para evitar dispositivos explosivos o cualquier otro peligro. De cada uno, descendió una figura envuelta en túnicas blancas. 


El General ordenó a los guardias a desplegarse alrededor de la comitiva, todos atentos. Él mismo observaba todo desde el balcón de la entrada, con su katana guardada en la vaina, pero su mano sobre el manubrio. Uno de sus 3 fieles soldados, que siempre le acompañaban tenía un radio en la mano e iba repitiendo las órdenes que el dictaba.


Las seis figuras de blanco entraron al bastión, por lo que el nipón dio por concluida la segunda etapa del protocolo de seguridad. Adentro serían recibidos por un selecto grupo de Rafaelitas, aquellos en los que podían confiar plenamente: Evans, por supuesto, quien en su posición de regente, tenía el deber de recibir a la Reina. Lucius, uno de los más antiguos del clan, quien siempre andaba al lado de Evans. Y para concluir, los dos expertos cazadores, Arcueid y Dennan, también estaban en el comité de recepción. Él no estaría en ese grupo pues no era su puesto el de la diplomacia y la política, sino el de estar detrás de la seguridad. De hecho, compadecía un poco al regente Cromwell pues podía suponer que el mismo se sentía fuera de lugar entre tanta parafernalia y protocolo.


Mitsuhide dio la orden de comenzar la etapa tres del plan, que era volver a revisar la seguridad en los aposentos dispuestos para los visitantes, así como replegar las fuerzas de soldados alrededor de la fortaleza. La noche apenas comenzaba para el antiguo samurai y sería tan angustiosa como todas las siguientes en las que los visitantes Donovan, se encontraran entre ellos... junto al traidor del clan... fuese quien fuese.


-Sé que estás escondido detrás de algún uniforme de soldado, detrás de alguna sonrisa o incluso detrás de una máscara de indiferente seriedad bastardo...- dijo para sí el asiático -pero eventualmente te atraparé. Por lo pronto, mi misión es mantener a salvo al séquito Real y a la Reina Donovan, para evitar un conflicto entre clanes.-


Dicho esto, recordó las palabras mencionadas en la reunión con Evans, cuando le entregó la carta enviada por la reina: -Sería trágico que algo le ocurriera a Ursula en nuestras tierras... Donovan jamás nos lo perdonaría.- Definitivamente era prioridad la seguridad de la consorte oscura. Si alguien quería realmente lastimar al clan, este sería el golpe perfecto.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Dennan Huhtmaki el Jue Dic 05, 2013 8:30 pm

La noche abría sus puertas par una nueva jornada de sucesos, una noche más, una víctima más. Al menos esa era la idea, sin embargo últimamente se le había visto al finlandés bastante pensativo deambular por la fortaleza. No había tenido el tiempo para ir de caza y así despejar sus males y enojos, para así, en cierta forma "liberar tensiones" como le llamaba él. Su mente se encontraba especialmente enfocada en aquel "complot" del que se enteró justo minutos antes de la explosión en la fortaleza, aquél pensamiento no salía de él: Alguien lo había enviado a morir a manos del líder guerrero de los licanos. ¿Pero qué podía hacer? ¿De qué forma llegaría al punto raíz del asunto...? Ni si quiera plasmar de forma macabra sus logros en la carne moribunda de sus víctimas había logrado fruto alguno con respecto a aquél ser que de alguna forma buscaba -aunque lo negase-.

Pero que maldita mierda... -Dijo en un suspiro mientras observaba por el balcón de su habitación. La luna nueva se abría paso entre las nubes, las cuales de haber querido podrían haber ocultado en su totalidad la delgada y bien definida forma de la reina argenta, sin embargo parecían danzar a su alrededor resaltando aún más la belleza de ésta misma.

Fue en ése instante que su puerta sonó. Con un bufido se dió vuelta, no sin antes dejar caer por el balcón el cigarrillo a medias que se estaba fumando. Caminó hacia la misma puerta y la abrió de golpe, para así alzar las cejas y sonreír ligeramente al notar la figura de Evans frente a él-

¿Y tu? -Murmuró al tiempo que dejó la puerta abierta y giró su semblante para así caminar hacia una mesilla y apoyarse en ésta, cruzándose de brazos-

¿Que planea, señor líder...? -Le sonrió burlescamente, sabiendo que a pesar de la molestia que el mismo podía sentir con la situación, de una u otra forma Evans ya había comprendido y entendio el humor particular del finlandés-

Apagar el cigarrillo en tu lengua si vuelves a decirme líder...-Respondió con una sonrisa-

¿Qué cigarrillo...? -Sonrió mostrando sus manos vacías en un burlesco acto, sin embargo el olor en la habitación le delataba probablemente-

-Saca un cigarrillo y lo sostiene con sus labios mientras lo enciende y hace un gesto con las cejas ante el mismo- Este...-Responde y aspira del mismo, notándose el color naranja del tabaco volviéndose cenizas- Ya, quería pedirte algo, Dennan. ¿Recuerdas que hablamos de salir de cacería? Cambio de planes. No habrán perros esta noche...o quizás, sí, pero no de los que acostumbramos a cazar...

-Le observó con atención en el momento que éste mencionó "pedirte algo", para luego soltar un suspiro en una desganada risa- Veamos con qué me sales ahora... -Mencionó justo cuando de los labios de Evans salían las palabras "cambio de planes", lo cual no le gustó para nada, y lo hizo saber con un suspiro- Ahá...¿Y qué tipo de perros habrán ésta noche entonces...? O es que... ¿Quizás aquellas dos indefensas de la otra vez te dejaron con ganas de más? -Rió divertido al tiempo que, a pesar de ya haber fumado, sacaba un nuevo cigarro de uno de sus bolsillos y lo ubicaba en sus labios, sin duda, una de las cosas que amaba de su inmortalidad era poder abusar de un exceso tan placentero para él como era un cigarro.-

-Sonríe con los labios cerrados, mientras posaba sus ojos ambarinos en el finlandés- Me ofendes... -Definitivamente la idea de una reunión con esas dos féminas le resultaría más entretenida que lo que estaba por proponer- ¿A quién engaño? Tu y Arcueid Van Ripper me acompañarán durante la llegada de los Donovan. ¿Por qué? Porque si otro imbécil se para a mi lado y dice que es mi escolta, me lo cargo. -Dijo de mal humor, apoyándose contra la pared mientras se cruzaba de brazos- No me gustan esos vampiritos finos, pero son hermanos de sangre muy a mi pesar. Y si de verdad vienen con intenciones turbias, quiero un guerrero a mi lado y no un lamebotas.

Asíque los Donovan... -Dijo con sus ojos entrecerrados mientras encendía su cigarrillo; Dejó escapar lentamente el humo entre sus labios al tiempo que su diamantina mirada se clavó ladina en los ojos de Evans- ¿"Turbias"? ¿Qué sucede, eh...? Para que digas algo así, debe existir alguna posibilidad de... Bah! Como digas... -Dijo al tiempo que le daba la espalda y caminaba hacia un armario, del cual extrajo su Katana y su Kusari-gama, cuyas cadenas resonaron en la habitación- Acepto...Pero solo por la curiosidad que me da el hecho de que estés pensando de ésta forma Evans... Algo divertido podría salir de aquí. -Le guiñó un ojo de forma cómplice, mientras comenzaba a hacer girar las cadenas en torno a su torso, para así ubicar de forma propicia su arma en su cuerpo-

-Evans sonrió mientras se vuelve al umbral de la puerta. - Y si mi sentido arácnido no falla... -Susurra mientras vuelve sus ojos a su camarada- Dicen que las mujeres Donovan están buenísimas. - Fue su última palabra antes de dejar la habitación-

Eso ya lo veremos... -Murmuró con una sonrisa en sus labios al tiempo que siguió por aquellos momentos preparando su armamento-

Las horas transcurrieron lentas para el finlandés, se mantuvo gran parte del tiempo en su habitación leyendo aquél único libro que guardaba con recelo sobre la historia de Finlandia, después de todo, aún mantenía su hábito de leer y su alma de historiador, sin embargo no lograba concentrarse, aquellas preguntas seguían en su mente por lo cual optó en despejarse un rato... Y nada mejor que blandir su fiel acero contra algún blanco invisible en la zona de prácticas. Alzó su mirada hacia el reloj y se puso de pie para así, dejar su habitación.


A las horas después...


Caminó por los pasillos, sin mirar a nadie, hasta que a lo lejos pudo observar a Evans y Arcueid caminando, detrás de ellos le seguía aquél anciano que por donde lo mirases, te inspiraba sabiduría y comprensión, aunque vamos, que la experiencia entrega en gran parte astucia. Viejo zorro, pensó.

Con un movimiento de cabeza saludó tanto a Evans como a Arcueid, y se ubicó a la derecha del primero, para así, sin decir absolutamente nada, comenzar a seguirle. Observó toda aquella parafernalia y devoción por quien sería el invitado de honor y no le inspiró absolutamente nada más que gracia.

Es mejor morir de pie, que vivir de rodillas... -Murmuró en voz baja hacia Evans, mientras una sardónica sonrisa se dibujó en sus labios, fue entonces cuando el actual representante se decidió a avanzar y presentarse. Como era debido, le siguió sin chistar, sin embargo, cuando todo había comenzado, aquél anciano tomó la palabra haciendo uso de una etiqueta y educación únicos. Notable, loable... pero para nada de su estilo. Le volvió a causar gracia como Evans volvía a tomar la conversación, sin embargo su rostro permaneció impertérrito, tan serio y frío como cualquier militar entrenado. Al escuchar su nombre, cerró sus ojos y hizo un suave ademán con su rostro en señal de saludo, al tiempo que sus cristalinos ojos se fijaron en los de la Reina de los Donovan, una última gracia para el momento, la cual supo disimular en su totalidad: El "sentido arácnido" de Evans no se equivocó.


Última edición por Dennan Huhtmaki el Lun Dic 09, 2013 10:26 pm, editado 1 vez
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Úrsula Kozlova el Vie Dic 06, 2013 11:39 am

Los ojos cristalinos de la Reina reposaron con curiosidad sobre la mirada ámbar de Lord Evans. Había olvidado completamente cómo los hombres reaccionaban ante su presencia. En Viena el brillo particular de los ojos del Iluminado despertarían la ira de Donovan y posiblemente desatarían su muerte, sin embargo, lejos de su esposo y en un territorio desconocido para ambos ¿cómo ejecutar tal sentencia? Úrsula sonrió interiormente con soberbia pues hacía mucho tiempo que no sentía esa fascinación de un hombre que no fuera su esposo. Había olvidado lo que era ser alabada sólo por su belleza o su don de baile, pues en la Corte de Austria todos tenían el deber de rendirle pleitesía…Antes se la rendían porque era la forma física de la palabra maravilla. No obstante, la voz masculina de Evans se le antojó llena de alguna especie de juicio y aquello hizo que entrecerrara los ojos con suavidad, sobre todo, cuando eliminó totalmente su cargo  y la tuteó. La Reina Oscura alzó lentamente el mentón otorgándose más de aquella faceta noble de su ser y empezando a ponerse a la defensiva hasta que un hombre se metió entre el trío.

Aquello no le llamó la atención pues su mirada estaba clavada en su “igual”, pero en el momento en el que  se dirigió a ella de aquella manera, Úrsula no pudo evitar girar suavemente su rostro hacia él con menos gesto gélido. Es más, incluso sus labios se separaron para mostrar su impecable dentadura. “Por fin alguien con los modales para tratar conmigo”, pensó al momento en el que miró al trío de militares observar al hombre con sorpresa –Os comprendo, hermanos. Y no os preocupéis, he llegado hasta su Fortaleza entera y estoy segura de que bajo este techo nadie se atrevería a desatar la ira de Donovan- Mencionó con suavidad, porque así era ella, una mujer que deslizaba su veneno en pequeñas palabras agradables al oído hasta que las analizabas. La Reina volvió su mirada hacia Evans pero no la detuvo un segundo más si no que volvió a mirar a Lucius pues parecía el único ser coherente de los Raphael que tenía al frente. Cuando el líder temporal finalmente decidió presentar al hombre la Reina tuvo la delicadeza de acercarse con gracia hacia éste y extender la mano de forma “humana” y no como lo hacía para sus vasallos, después de todo, sólo los Oscuros tenían la potestad para besar su anillo. El hombre, a conciencia del protocolo, se inclinó ante el toque para besar su piel pero Úrsula giró suavemente su mano derecha para voltear la de él, y apoyar la izquierda también sobre aquella unión –Estoy encantada de conoceros. Y espero poder robarle un par de minutos para que me ilumine con vuestra sabiduría- Tras saludarle se inclinó en una leve reverencia llena de devoción. Pese a toda la soberbia que salía de cada uno de sus poros, Úrsula sentía un profundo respeto por los Antiguos pues esperaba obtener consejos y anécdotas, así como información, y precisamente por ello su séquito tenía a tres de los Donovans más viejos del clan.

Volvió a erguirse eliminando aquel toque y observó a Evans mientras presentaba al caballero a su lado a quien la Reina le hizo una leve reverencia –Ser Dennan- Musitó y su mirada giró hacia Arcueid notando en primera instancia su fogosa cabellera lo que le provocó un rechazo inmediato pero en su pétreo rostro no apareció gesto alguno, sólo hizo una rígida reverencia –Lady Arcueid- Mencionó su nombre con suavidad antes de erguirse mirándola fijamente a los ojos con frialdad pues le recordaba demasiado a la Viuda Negra para sentir empatía por ella y después miró a Evans con una sonrisa pequeña ante el título “temporal” pero no dijo nada más -Es un orgullo conocer a los miembros élite de los Iluminados, después de todo, nuestra seguridad residen en sus manos- Dio media vuelta para volver junto a su séquito que ya se había puesto en pie y en plena caminata escuchó la pregunta del líder de los Iluminados. La Reina Oscura se detuvo en pleno y esperó sólo unos segundos antes de darse la vuelta.

¿Le había parecido a ella o aquella pregunta tenía otro significado? No le había parecido, lo tenía.  La Reina rió graciosamente  mientras se giraba sobre sus pies y le daba la cara al "Líder". Los miembros del Séquito posaron sus miradas de advertencia sobre la reacción de la  Reina antes de mirar gélidamente al líder del Clan . Sus Guardias Reales acortaron los pasos que le separaban de su Sire y de Úrsula –No- Cortó su risa de forma muy seca con aquella respuesta –Entiendo que tienes poco tiempo en el puesto, pero tu ignorancia no tiene justificación- Añadió con voz tranquila y de forma cuidadosa, sin embargo, aquello le había dolido y se notaba a leguas- Los Reyes Donovan nunca viajan juntos. Si uno se encuentra fuera de la Corte de Austria, el otro debe mantenerse en la Mansión para atender cualquier eventualidad interna- Explicó como si le hablara a un niño de dos años de edad y tras aquello miró a Lucius por unos cortos tres segundos antes de volver a mirar a Evans –Tendrá que lidiar conmigo por el momento. Y que no os confunda mi figura femenina, Evans, poseo el mismo poder que Donovan. Pero si precisas a un representante con un miembro masculino entre las piernas, bien puedes viajar a Viena porque Donovan no vendrá a conocerte por el momento- No poseía el mismísimo nivel de Donovan, pero ellos compartían el poder y las decisiones más importantes las consultaban entre sí antes de emitir algún juicio. E incluso cuando él viajaba siempre le informaba. Ella se mantendría en constante contacto con él pero no podía permitir que el imbécil parado delante de ella la subestimara -No mientras yo esté aquí- Agregó con un tono cortante.

Estuvo a punto de soltarle un “te perdono la insolencia” pero le pareció enfriar las relaciones demasiado rápido. Aún así no le dejó contestar y se unió a su séquito –Mientras te haces la idea de la ausencia masculina,  te presento a mi séquito. Lady Eudoxia y el duque Dimitri, miembros y líderes del Ducado de Londres del clan. A quien ya conocen, el Maestro de Sombras, Francois. La Maestra de Armas del clan, Victoria- Añadió y fue señalando a cada uno de ellos sonriéndole por último a Victoria pues, gran parte de las armas que tenían los Raphael venían de ella, por ende; muchos podrían ponerle rostro a la persona cuyo arte era mortal. E incluso le provocó algo de gracia, porque, una vez más, la figura femenina de poder se alzaba en un puesto de real importancia –Por supuesto, el joven Anthony- Dijo con una entonación ligeramente extraña en la pronunciación de la palabra “joven” pero lo cierto es que había preferido mantener la fachada de su juventud aunque él fuera mucho más peligroso de lo que aparentaba. –Mi doncella personal, Lady Ileana y mi guarda privada, Viveka; y los trillizos: Aesir, Andras y Eskill- Presentó a cada uno e introdujo a Viveka en dicho grupo porque quedaría mal presentarla como su asesina predilecta. Cada uno de ellos hizo una reverencia al oír su nombre y volvieron a erguirse.

La Reina observó el panorama del resto de militares y cortesanas que mantenían un largo silencio por lo que volvió su mirada diamantina hacia Evans -Oh… ¿El general Mitsushide se encuentra en la Fortaleza? Quiero agradecerle su encarecido trabajo- Sonrió como si nada de lo anterior hubiese pasado.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Anthony Black el Vie Dic 06, 2013 5:43 pm

La gran fortaleza de los Rafaelitas. Después de siglos escuchando sobre ella, el querubín de la noche por fin tenía la oportunidad de estar en ella. No era como la imaginaba. Siendo un clan marcial y guerrero como el de los Iluminados, Anthony siempre había creído que su bastión sería más como una barraca o un edificio simplón. Por el contrario, era una fortaleza elegante -claro, jamás comparable con el lujo y la deleitable perfección del hogar de los Donovan en Viena-.


El vampiro con aspecto infantil iba detrás de la Reina, acompañado por el resto del séquito, envuelto en sus túnicas negras, observando todo con detalle. Sus ojos azules captaban cada minúsculo pormenor de lo que les rodeaba, así como cada sombra existente en el lugar. 


Veía a los guardias Rafaelitas detenidamente. En verdad se veían formidables. Si bien los guardias Donovani poseían un porte elegante y sin duda eran totalmente capaces de presentar batalla con total destreza, los Iluminados tenían un... "no se qué" que los hacía ver más feroces y aptos para el combate -también tenían más cicatrices y su armamento estaba menos pulido y brillante, eso sin duda delataba que habían usado sus armas con mucha más frecuencia que los Oscuros-.


Por fin fueron recibidos por un comité de recepción. Por unos cuantos minutos, la Reina Ursula intercambió unas palabras con el nuevo regente del clan guerrero, que iba acompañado por un trío bastante particular. Un hombre con un aspecto burlón en el rostro, aún cuando lo mantenía serio, con un dejo de misterio en su mirada; una mujer pelirroja con una cicatriz que atravesaba su ojo, quien también portaba un rostro impávido e igualmente dejaba entrever en sus orbes una firme noción de alerta, digna de una guerrera experimentada; y sin duda el más peculiar de los tres acompañantes del regente... un vampiro anciano quien resultó ser el que mejores modales presentaba.


El niño de las sombras disimuló exitosamente la risa que le produjo toda la situación. Ciertamente era deplorable la carencia absoluta de cortesía que tenía el líder del clan Rafael. Supuso que algún mérito en batalla o en estrategia tendría este hombre para llevar semejante cargo, porque modales y etiqueta no tenía ninguna. Se notaba a leguas que se sentía incómodo como un judío en una celebración neonazi.


Aún así, su Señora Ursula era lo suficientemente noble y elegante para llevar aquella situación con guantes de seda (y la fusta en la diestra para enseñarle aquellas cuestiones que ignorara el "reyezuelo" Rafaelita).


Llegado el momento en que cada miembro del séquito fue presentado uno a uno, Anthony se retiró la capucha de su cabeza cuando su nombre fue pronunciado por la Reina e hizo un leve ademán con la cabeza, mirando a los ojos a los presentes. Luego de esto, siguió esperando en silencio, sin dejar de prestar atención a los alrededores.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Arcueid van Rip el Vie Ene 31, 2014 12:27 am

Si algún día la pelirroja tenía que colgar las espadas y dedicarse a otra cosa que no fuera la muerte y la guerra realmente se evocaría a las historias… A escribirlas y a escucharlas como siempre hizo desde que tiene uso de memoria pues si había algo que recordara de su vida como humana era esos días de su inocente infancia donde escuchaba embobada y fascinada las historias de uno de sus tantos maestros que, sin saberlo, había alimentado un mundo de curiosidad e intriga que no dejaba de crecer con los años aun los que le siguieron a su renacimiento como hija de Raphael. Cuando las llamas del odio se habían apaciguado como un voraz incendio apagado por una pequeña llovizna, lenta pero constante, los sabios del Clan que podian ver mas alla de la brujería y la oscuridad que le atribuían le contaban historias sobre los excéntricos lazaros y los elegantes oscuros. Sobre su elegante y pequeño reino feudal de sombras, sus reyes, su forma de alimentarse y sus celos tan arraigados a un lado salvaje que parecían no tener, el Versalles de Viena, su exquisita belleza. Para Arcueid, escuchar hablar de ellos se había vuelto como una serpiente que ronda alrededor con sus hipnotizantes movimientos luciendo en su piel un negro brillante, tan encantadora y mortal a la vez. Quien quiera que haya decidido poner seguridad y escoltas de seguro pensaba lo mismo, sea Evans o Lucius o quien fuere, porque no encontraba otra explicación para tanto protocolo.
Con una que otra diferencia aquel sueño que tantos descansos había perturbado ya se había presentado más vivido que nunca a tal punto que casi le pareció sentir el frío de la nieve cayendo sobre ella antes de transformarse en cenizas, la espada congelada por el ambiente en su propia mano, el dolor de las llamas abrazando su piel...Se había despertado agitada, afortunadamente Sophia no estaba ahí para verla como había pasado otras noches. Si bien la adorable rubia sabía desde hace noches que algo la atormentaba en el mundo onírico la realidad era que poco le dejaba indagar Arcuied sobre aquellas imágenes que poco sentido podía encontrar pero sabía bien que su mensaje no podía significar nada bueno. Se duchó, se vistió y rápidamente se reportó antes de que a alguien se le ocurriera hacer problemas por eso. Mientras iba caminando escucho un grito detrás de las puertas que la hizo frenarse en seco…”¡Mis cojones! ¡No voy a cambiar mi rutina de cacería porque ahora un montón de neófitos necesiten que me quede acá criando culo! ¡La vigilancia del bosque oeste es mía desde hace 79 años!” A paso lento pero seguro se fue alejando de la puerta como quien se aleja de una bestia furiosa y no quiere caer víctima de su ira. En ese instante se topó con Sophia emprendiendo sus labores como cortesana con la misma eficacia que siempre. -Si, esta molesto.- fue lo único que dijo antes de alejarse y seguir con lo suyo como si estuviera ya hace rato escuchando esa charla. Imito a la cortesana y rápidamente se alejo hasta que su presencia fuera requerida. Durante esas horas en las que la noche alcanzaba su punto más alto y la comitiva estaba a punto de llegar la pelirroja veía ir y venir a las cortesanas limpiando, decorando y preparando el lugar como si la presencia de la fortaleza y lo que fueran a pensar al verla fuera lo único que sostendría sus vidas a los ojos de  los Donovan. Muy pronto la noche llegó su punto más alto y ahí estaba ella, a unos cuantos pasos detrás de Evans al lado de Dennan y Lucius.
Finalmente la comitiva se abrió paso entre la multitud acomodada a ambos lados de un camino claramente marcado con una alfombra. Al mostrarse se acercó una muchacha que si quisiera fácilmente podría hacerse pasar por un ángel ante las miradas expectantes de los soldados y ante cualquiera. Mayor aún fue el impacto que causó aquella que fue capaz de hacerse con el corazón de un hombre que supuestamente no lo tenía. Otra vez recordaba las palabras que sabios y viejos le dedicaron a ese hombre tan oscuro y frío y a su mujer tan bella y distante para cualquiera que desease aunque sea una caricia de su ser. Entendió finalmente en esos momentos porque en el mundo humano se colaba el mito sobre la belleza de los vampiros como si fuesen dioses. Levantó la vista entonces hacia su comitiva y los hombres que la protegían no causaban un impacto diferente. Se preguntó si hubiese podido evitar aquel encanto de ser humana y agradeció no ver un Donovan hasta la fecha. Joven, ingenua, soñadora e inexperta… ¿Quien sabe que pudo haber pasado? El hechizo se rompió cuando Evans llamó a su nombre e inmediatamente respondió con una reverencia que le hubiese gustado no haber concluido cuando al levantarse se encontró con la gélida mirada de Úrsula sobre ella y una sensación extraña y desagradable le recorrió la espalda con la fugacidad de una estrella. No puedo preguntárselo mucho tiempo porque cuando Evans hizo esa pregunta apenas pudo reaccionar. No como quisiera, por supuesto… De ser así hubiese corrido a taparle la boca. Pero fue tarde y solo atino a llevarse la diestra a la cara mientras Úrsula hablaba ofendida y a cada punto que exponía encogía más los hombros como si fuese ella la regañada. Cuando finalmente terminó de presentar a cada miembro de su comitiva pregunto por Mitsuhide a lo que automáticamente frunció el ceño en un gesto de duda y miró a Lucius. Si bien tenía entendido estaba coordinando la seguridad general alrededor de la fortaleza en ese momento desde las afueras de los muros que resguardaban toda la fortaleza interna.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Evans Cromwell el Dom Feb 16, 2014 7:36 pm

Hay cosas que aquel vampiro que parecía un muchacho de no más de treinta años no solía soportar en nadie y era la mirada altanera. Reconocía haber acomodado a Eliah de esa muletilla a golpes pero, con la hermosa dama que tenía frente a sus ojos no podía recurrir a tal primitivo método. Cuando ella volvió la espalda y le dedicó esa mirada que Evans hábilmente respondió con un ceño arrugado, la voz de Lucius fue la que quebró el silencio, calma y tranquila, mientras volvía a colocarse frente a él. Lucius, el anciano que le había dedicado su oído y sus sabios consejos durante siglos antes y después de la muerte de Dimitri. Ahí estaba de nuevo, saliendo a ayudar a quien veía como un hijo en apuros. – La luz de vuestra presencia es suficiente para nuestro Lider Raphael. Somos conscientes de que vuestro esposo ha de estar atendiendo asuntos de suma importancia en la mansión de Viena y por el bien de los Clanes, alabamos a los dioses de contar con ustedes para pulir los asuntos que tanto nos conciernen a todos. En tanto, los Raphael mantenemos el cuidado de las fronteras con honor y sapiencia. Le pido no tome las palabras de nuestro Señor Cromwell como ofensivas, sino como una genuina muestra de interés en el bienestar de su esposo y un respetuoso deseo de expresar sus saludos.-

La mirada de Evans no podía permanecer más congelada mientras miles de insultos rememoraba en este idioma y el español mal hablado que había aprendido allá en España hacía trescientos años.  Soltó un soplido tratando de mantener la compostura, apenas volviendo la mirada a Dennan, el único guerrero capaz de comprender lo bajo y temible que era para el ego de un Raphael aquello que Lucius acababa de hacer. Pero el anciano sabía las razones y en el fondo de su alma, Evans lo comprendía y justificaba. Él podía hablar con la sabiduría de Ludovico, el antiguo señor y moverse entre los demás clanes con diplomacia. Evans era un cazador…Y solo se movía hábilmente en un campo de guerra frente a un montón de licanos a los cuales destrozar. Sin embargo, el ego del guerrero era más grande y ni siquiera cuando los ojos de la mujer volvieron a posarse en su mirada pétrea, él demostró emoción alguna o el mínimo interés de otorgar una disculpa. Solo le miró. Las palabras de Lucius debieron de ser suficientes para calmar el ego desmesurado de esa mujer Donovan, casada con un hombre con un ego aun peor. Con cada nombre que escapaba de los labios marmolados de la hermosa efigie femenina frente a él, un ligero gesto de la cabeza era lo único que devolvía, sin dejar de ver cada rostro. Uno más bello que el otro…Incluso uno que parecía femenino pero, luego de ver por un instante, tal idea se vio opacada rapidamente. La quijada del cazador se marcó sin poder evitar que su ceño cayese sobre sus ojos ambarinos pesadamente. – Bienvenidos a la Fortaleza.- respondió secamente, levantando la mirada para pasearla entre los guerreros y amazonas que mantenían su postura erguida y respetuosa ante los recién llegados. Pero la prudencia no era parte de Evans Cromwell y ante tanto decoro, volvió a ver a la pelirroja a su lado y a su camarada de armas – Como bien dije, Arcueid Van Ripper y Dennan Huthmaki – agregó mientras Lucius le dirigía por primera vez una mirada que decía, claramente, ‘silencio’.

-El General Akechi está a cargo de los centinelas que vigilan el exterior de la fortaleza – respondió. Aun no había hablado con Mitsuhide acerca de su decisión de liberar a la cortesana aquella y por alguna razón, ese recuerdo llegó a su mente en el instante en que Ursula preguntó por él. Ahora, con tantas visitas últimamente, veía cada vez más difícil encontrarse a solas con él o con Carlyle. Dios, solo pensar en ambos riñendo le generaba migraña. Una migraña que se había fortificado al pensar que tendría de huésped a una mujer que necesitaba nueve personas detrás para viajar a terreno aliado. Asintió con la espalda recta mientras posaba nuevamente sus ojos ambarinos en la hermosa mujer Donovan y su tono de voz se suavizó – Ninguna medida de seguridad es suficiente para proteger a la Reina de los Donovan – dijo.

Y se odió como nunca antes se había odiado.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Dennan Huhtmaki el Dom Feb 16, 2014 7:58 pm

La situación en sí se estaba tornando súmamente pesada, y el ambiente tan denso como la niebla finlandesa rodeando los lagos en pleno invierno. Las palabras del anciano si bien habían sido acertadas...Le asquearon totalmente por dejarse pasar a llevar de ésa forma -o al menos así lo veía- sin embargo prefirió omitirlo. Su mano diestra lentamente pareció acercarse a su cinto, sin embargo las elegantes y calmadas palabras del Lucius, y la respuesta ya un poco más calma de la reina, le terminaron de convencer que la situación no se saldría de control, por lo cual volvía a cruzarse de brazos. La bella joya de Donovan se expresaba con una finesa y lejanía dignas de los libros de historia que tanto leía el finlandés, por un lado se sentía admirado, sin embargo la incomódidad que pasó por su cabeza, de solo imaginarse viviendo bajo órdenes y estatutos llenos de etiqueta, era notable.

Era el momento de las presentaciones por el lado de los Donovan, por lo cual su mirada se agudizó, y sus diamantinos orbes fueron paseando por cada una de las ensombrecidas personas que seguían a la reina.

"Eudoxia y Dimitri" líderes del ducado.... Bah, Dejó de prestar atención a aquella presentación... títulos, títulos y títulos... seguramente serían tan etiquetados como su misma reina, por lo cual dentro de su prejuicio pensó que poco servirían de contacto, su naturaleza guerrera debía ser demasiada "bajeza" para aquéllos títulos y estatutos. Su pie se movía lentamente, y una mirada de odio pareció ser dirigida hacia Evans, en caso de que éste se diera cuenta, aquella mirada decía claramente "No sabes cuánto te odio por tenerme aquí..."

Las presentaciones continuaban... ¿Quién seguiría? el nombre no se hizo esperar mucho... "Francois", Maestro de sombras. Vaya pseudónimo... había escuchado sobre los magos y sus tretas... ¿Tendría que ver con eso...? Su sagaz mirada se clavó en éste ser por unos segundos, intentando divagar en aquella apariencia, sin duda llamaba su atención aquél título, por lo cual le recordaría.

Victoria... Maestra de Armas... ¡Muy bien! Nuevamente un rostro hermoso...no veía marcas de guerra ni señales de batallas cercanas... pero al menos el título le gustaba. Victoria... a medida que las mujeres eran presentadas, cerró sus ojos mientras por su cabeza cruzaba el pensamiento "Cuánta razón tenías Evans..."

Sus orbes volvían a abrirse para así continuar las presentaciones, "joven Anthony"... -Su mirada permanecía clavada en la silueta que se descubriría ahora... Una joven...? No... ¡un niño! Sin embargo en su mirada demostraba la experiencia y astucia que solo una criatura de la noche posee... Sintió desconfianza desde aquél preciso momento por ése joven, haciendo un gesto con su cabeza en señal de saludo y respeto de igual forma. Todas aquellas emociones y caretas requeridas para la situación las sabía ocultar sumamente bien, debido a sus entrenamientos rígidos y vivencias extremas en la segunda guerra mundial.

Ileana... otra preciosidad más... Viveka... trillizos... Muy bien, era demasido. No recordaría todos los nombres en aquél momento, y solo si se daba la oportunidad de conocerles, es cuando realmente aprendería los mismos. Por lo cual su atención se desvió totalmente... Un suspiro le siguió, para así escuchar las últimas palabras y bienvenida de Evans. Al parecer finalmente la bienvenida estaba terminando... Y apenas ésto sucediera, agarraría del hombro a Evans, y expresaría todo aquello que se guardaba mientras fumaba su cigarro. Oh... cuanto necesitaba de un cigarrillo en aquél instante.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Úrsula Kozlova el Vie Feb 21, 2014 12:10 pm

De los labios carmesí de la Reina Oscura se difuminó la sonrisa abierta para permanecer con éstos ligeramente estirados dándose cuenta de que Evans estaba forzándose a no recurrir a ese primitivo instinto asesino que todo guerrero tiene y que, evidentemente, identifica a los Raphael. “Oh, no, querido imbécil, yo soy intocable. A menos que quieras acabar peor que Raphael y desees la desaparición de tu clan”. Las manos de la dama rusa se deslizaron con suavidad por su capa acariciando la tela mientras mantenían aquella ligera batalla de miradas. Sin embargo, un destello divertido apareció en los ojos de la Reina cuando Lucius volvió a tomar la palabra para acomodar la mella que había hecho el novato político. Cuando el anciano terminó de hablar, Úrsula se tomó su tiempo para saborear aquellas palabras mientras sus ojos críticos enviaban un mensaje muy directo al hombre que se había dirigido a ella…Un básico “Más te vale que estés en las reuniones o prometo comérmelo vivo”. Después de eso sonrió con una dulzura que parecía que no tener –Le enviaré sus saludos, Lord Evans, de parte de todo el clan Raphael. De eso puede estar seguro- Y también de que Donovan se iba a enterar del menosprecio de éste y, por supuesto, su estupidez inhumana.

Tras presentar a su séquito, todos parecieron relajarse un ápice tras el cambio divino de su Señora. Sin embargo, a ésta le pareció sumamente gracioso que Evans se arriesgara nuevamente a tomar la palabra así que aquellas orbes carentes de color y brillantes como los diamantes se posaron sobre la mirada ámbar del militar, retándolo a decir otra tontería –Entiendo. Espero pueda darle las gracias de mi parte por su ayuda- Señaló la Reina con elegancia y galantería antes de escuchar con suma alegría como el líder reventaba y caía a sus pies.  “No, nunca es suficiente. Y has aprendido eso en cuestión de minutos. Interesante. Parecías no tener inteligencia alguna”. –Os lo agradezco mucho. No me hubiese movido de Viena si no confiara en ustedes, mi lord- Agregó la Reina Oscura con un rintintin de orgullo y soberbia denotable en cada sílaba de aquella oración. “Aprenderás a hacer política, querido”.

-En ese sentido, Lord Evans, como imagino sabrás, el clan Donovan tiene por tradición otorgar a un nuevo líder…- Musitó distraída mientras se retiraba la capa impoluta de sus hombros, movimiento que detuvo en plena oración y alzó la vista hacia él –Aunque fuese temporal- añadió con una sonrisa amable, antes de volver a deslizar la pieza de tela que más tarde caería sobre las manos de Ileana, su adorable doncella, dejando ver un vestido muy sencillo que se adaptaba a las curvas de la bailarina profesional como un guante a una mano. Nada pomposo, seda blanca cuyo único detalle a observar era el profundo escote en su espalda que estaba delineado por una cadenilla de diamantes; y que se pudo apreciar cuando la Reina volvió a darle la espalda a Evans para hacer un gesto y llamar a Victoria –Un arma forjada en el mismo núcleo de nuestro clan, por las manos de nuestra Maestra de Armas- Le dedicó una sonrisa genuina de orgullo a Victoria. La amaba. Y la hacía sentir orgullosa de maneras que muy pocas personas de su propio séquito lo hacían.

La rubia, cuyo aroma a mar en seguida inundó la sala ante su movimiento, entregó el arma enfundada en un pedazo de tela roja de terciopelo a la Reina con una pequeña reverencia y la mujer de Donovan se giró sobre sus pies con la elegancia y control que sólo ella podía tener.

-Esta arma en particular, mi lord, se ha hecho bajo mi severa observación pues debía ser perfecta para poder complementar al nuevo líder Raphael…- Mientras Úrsula se acercaba a Evans, con –curiosamente- un aspecto felino muy parecido al de su transfiguración, sonreía con supremacía –Temporal o no- Añadió ladeando la cabeza suavemente provocando varios mechones de su cabello se fueran hacia atrás. –En tanto, le he pedido a Victoria que utilizara una sangre muy especial- Llegó hasta él y se detuvo delante a sólo un par de centímetros. Ante el silencio que dejó caer la Reina casi podría inferirse que había sido la de ella, pero nadie en su antigua vida, ni en ésta, ni en la próxima tomaría una gota del vitae de la Reina de los Donovan –La de mi doncella, Ileana Romanova, líder de las Vestales Donovan. Querida, acércate- Le ordenó a la pequeña que pronto acudió a su lado resguardando con aprecio la capa de su Señora.  Dudaba, claramente, que Evans entendiera qué era una Vestal pero no iba a ponerse a explicar delante de todo el clan porque….No quería y él ya se había puesto en ridículo suficiente tiempo. Ya Lucius, quien observaba a la rubia con interés y sorpresa, porque conocía su relación con la Reina Donovan, le ilustraría.

Ileana no tardó en hacer una reverencia y antes de siqueira solicitarselo abrió la funda para que se pudiera apreciar el arma. Era una espada de dos manos con una hoja de destellos rojos y plateados, símbolo de que la sangre del clan había sido usada durante su trabajo, y un pomo cómodo de cuero negro. Victoria, según le había dicho a la Reina, había investigado sobre Evans por lo que intentó mantener la comodidad en el arma. Sin embargo, tuvo que agregarle su toque personal. En la base del pomo estaba tallado en rubíes y obsidiana el símbolo de los Raphael, así como su lema se podía apreciar claramente a lo largo del metal. Aparte, tenía unos aparatos extraños para el conocimiento de la Reina que se activaban al presionar el emblema, pero Victoria dijo que serían funcionales para un líder por lo que se lo permitió, ya que, después de todo, ella era la que sabía sobre armas –Por ende, Evans, he aquí la ofrenda del clan Donovan en pro de mantener la unión de los clanes. Espero le des buen uso… Y despedazes a un par de malditos licanos en nuestro nombre y el de Raphael- Añadió la Reina con un tinte sádico al final de la frase extendiendo los brazos para que el líder tomara su arma nueva.

Mientras la tomaba Úrsula se inclinó hacia él para susurrarle –Por favor, cuidado al tocar el emblema del clan. No quieres matar a nadie hoy. Victoria le explicará después- Señaló y volvió a su posición retirando la tela y entregándosela a Ileana para que la sostuviera cuando Evans tomó el arma.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Arcueid van Rip el Miér Mar 05, 2014 2:52 am

En esos instantes Lucius era similar a un ángel salvador para todos los presentes. De un carácter fatal como pocas mujeres, o más bien como las mujeres de verdad, Úrsula se mostraba orgullosa e indomable, más orgullosa que indomable porque había sido su orgullo lo que Evans hirió sin querer y como buena herida había quedado expuesta a la vista de todos los que pudieran verlo con la claridad con la que lo vio la pelirroja. Mientras el viejo Docto hablaba su vista azulina paseo hasta la figura de quien ahora ejerce el puesto de líder en el clan. Con los años que había pasado a su lado pocas eran las veces en que no podía percibir su molestia aun cuando volvió a hablar, alzando la voz en tono desafiante. “¿Es que acaso no se lo esperaban?”pensó la pelirroja mientras cerraba los ojos y desdibujaba una sonrisa por respeto ante las palabras de Cromwell. Para ella, las cosas bien podían ir peor… Estaba lo suficientemente tranquila y lo suficientemente segura de que la reunión terminara sin ningún percance. Luego iría a los bosques a unirse a los cazadores en su misión de limpiar el terreno de los lobos que se iban acercando peligrosamente a la fortaleza si es que no había otros planes para ella dentro de los muros de la Fortaleza Raphael. La Reina ya había presentado a cada miembro de su séquito: Francois un ser poseedor de un título del que sólo conocía por libros e historias que la francesa leía con voracidad y especial atención. Ileana… Una niña que gozaba de una belleza tan angelical que varios soldados parecían hechizados ante la visión de quien parece un ángel caminando en tierra mortal. Los trillizos cuyos rostros eran perfectos como el de cualquier hombre Donovan, atractivos lo suficiente para captar la atención de cualquier mujer cortesana o amazona. Viveka una mujer de belleza tan especial como las anteriores mujeres junto a la Maestra de las Armas, digna merecedora de varios de los mejores trabajos en años por lo que ella sabía. Y por último el joven Anthony, la muestra cabal de lo pura que puede llegar a ser la oscuridad…

Ningún problema… Se permitió olvidarse y perderse de lo que estaban hablando acerca de Mitsuhide y su respectiva participacion en el arreglo de la reunion hasta que su fino oído captó las palabras de la Reina Donovan y una sonrisa complacida se dibujó en sus labios. Luego tendría la oportunidad de acercarse a Evans y felicitarlo por su nueva arma en lo que terminaba aquella bienvenida. Por supuesto nunca imagino lo que vendría después como una cruel burla del destino, como un golpe repentino y directo… La mirada de Arcueid, tan interesada y curiosa como la del resto del clan sin que por su parte se preocupara por ocultarlo, se paseo por el estuche hasta contemplar la funda que envolvía el regalo del líder, una obra maestra forjada exclusivamente para él y acabar con sus enemigos. Sin embargo en el momento en que las manos suaves de la bella criatura, que parecía ser la más unida a la Reina, desenvolvieron la espada la sonrisa se borró inmediatamente del rostro de Arcuied. Su boca entreabierta y sus ojos abiertos casi por completos mientras la asesina era una completa estatua de piedra imposibilitada para moverse si en aquel momento o hubiese requerido. El tiempo pareció frenarse de golpe mientras solo estaba ella y la imagen fantasmal de la espada que noche tras noche se consumía en el fuego ante sus ojos antes de que la muerte llegará silenciosa y veloz a buscarla. No había en su cabeza explicación alguna que pudiera acertar a toda lógica posible… ¿Era una broma? ¿Una simple burla de mal gusto? ¿Que clase de visión maldita es la que ahora se levantaba ante sus ojos y le hacía perder el contacto entre lo onírico y lo real? Contuvo el aliento como si todo en su interior también se hubiese frenado y así de estática se quedó, con aquella mirada en una mezcla intrínseca entre incredulidad y desasosiego. Desde ese mismo instante Arcueid empezó a dudar… Lo antes era simple tortura parecía ser algo más y aquellas noches de constante azote a su mente empezaban al fin a tener forma sin que ella pudiera apreciarla finalmente. Un dolor de cabeza desgarrador apareció de repente sin que se mostrará como tal en su ceño levemente fruncido mientras veía a Úrsula alejarse de Evans…
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Aesir, Andras y Eskill el Jue Mar 20, 2014 6:51 pm

Aesir se encontraba inquieto. Se identificaba de sus hermanos por ser el más nervioso y porque era el que siempre se mantenía más alejado de la escena. Pero en aquel desconocido lugar, Aesir no podía hacer lo que mejor se le daba. Desde el primer vistazo que le había echado a la fortaleza de los Raphaelitas, se había instalado en él el deseo de explorarlo. Además de que era lo que necesitaban en ese momento. Siendo especialmente diestro en la distancia, se sentía más que incómodo junto a los demás en el centro de la sala. Y más si estaba siendo observado por los otros vampiros. Lejos de tener la desconfianza propia de su hermano Eskill, Aesir estaba más concentrado en memorizar los lugares de potencial escape en caso de enfrentamiento. Porque a pesar de que su deseo era alejarse de donde estaba, jamás cometería la estupidez de dejar la compañía de la Reina Oscura. Confiaba en sus hermanos, y en todas las personas que conformaban el séquito, sin embargo era su deber permanecer en el lugar que se le había asignado. Y hay estaba.

Los trillizos Bronnjfell reaccionaron de igual manera ante la presentaciones. Cada uno de ellos evaluó a las nuevas personas que se unían a la reunión que habitual reticiencia por su presencia. Y de igual forma permanecieron callados, totalmente inmóviles cuando se realizo su presentación. No hay muchas razones para que comporten de esa forma, es algo bastante simple. Los tres se encontraban allí para proteger a la reina Úrsula. No para hacer amigos, por eso mismo no tenían ni la intención de socializar, ni de entablar amistad con ninguno de los presentes Raphaelitas.

Andras podía ver como su hermano más próximo comenzaba a ponerse nervioso. Y no entendía porqué de ese comportamiento en Aesir. Aunque él rara vez entendía el comportamiento de alguno de sus hermanos. Trillizos o no, cada uno tenía una forma de ser. Y Andras podía ver las cosas de manera muy arrogante, que se diferenciaba de Aesir porque veía cada movimiento como un punto cínico de la vida y Eskill que se concentraba en mantener el honor y el control de cada una de sus acciones. Para el más arrogante de los hermanos, que hubieran sido capaces de entrar en la gran fortaleza del clan Raphael sin ningún tipo de altercado o problema, era una victoria. A pesar de lo ridículo que pudiera sonar. Era una barrera que habían cruzado con éxito, aunque aun les quedaba mucho camino hasta que el objetivo se completara. Una diminuta sonrisa cruzo su rostro al oír la presentación de Evans Cromwell, "el temporal representante del clan". Eso si que era una ironía en aquella situación. Además de eso lo que más le interesaba de aquel lugar es saber los secretos que ocultarían los sabios. Aunque por lo que había podido apreciar, solo tendría que hablar con el anciano que parecía tener los modales que agradaban a la Reina Oscura. Ese hombre mayor si que llamo la atención de uno de los trillizos, mucho más que el resto de los vampiros Raphaelitas que había a su alrededor. Quizás podría tener en algún momento la oportunidad de encontrar la biblioteca y averiguar unos cuantos secretos ocultos. Aunque lo duda, ciertamente.

A penas se podía percibir diferencia entre ellos. Vestidos todos con las túnicas blancas que Úrsula le había hecho llevar, a penas había diferencia visible. Sin embargo, para aquellos que verdaderamente conocía a los tres y sus distantes personalidades y gustos, si que podían percatarse de los cambios y los gestos que los caracterizaban. Como la evidente tensión que cruzo el cuerpo de Eskill cuando la Reina Oscura desenfundo el arma que Victoria había preparado expresamente para el encuentro, para Evans Cromwell. El nerviosismo que se adivinaba en el movimiento de los dedos que Aesir se empeñaba en ocultar. O la media sonrisa que cruzaba en interesado rostro de Andras. Cada uno de ellos se veía diferenciado por sus actos y sus virtudes ante la situación que los rodeaban. Y por las habilidades que habían desarrollado para encontrar su lugar entre el privilegiado circulo que rodeaba a la reina de los Donovan.

Eskill no había podido evitar que su cuerpo se estremeciera al ver un arma tan cerca de Úrsula. Es cierto, que era ella misma la que sostenía la espada. Sin embargo cuando se la acerco al líder Cromwell, no pudo evitar ponerse en la peor situación. Una situación que conocía bastante bien, gracias a las tretas que solían utilizar sus hermanos durante los entrenamientos que tenían en común. Cualquiera podía cometer una traición, con un solo instante las cosas podían cambiar completamente. Y desde que había entrado en aquel lugar no había podido evitar sentirse de esa forma. Con Aesir a la derecha, Eskill podía controlar cada movimiento del hermano más imprevisible de los tres y blanqueado por Andras a su izquierda, sabía que cualquiera de ellos haría cualquier cosa por mantener las cosas como estaban. Así como la aparente apatía y frialdad que mostraban en su rostro. Lo único que alteraba la mente del mayor de los tres, Eskill, era la amazona que lo había conducido hasta el edificio del clan. Le había llamado la atención su comportamiento, casi tan parecida a él, que lo había atraído. Sin embargo ahora tenía otras prioridades: Úrsula Kozlova, la mujer que lo había salvo a él y a sus hermanos de una larga agonía y la certera muerte. Mantenerla a salvo, y devolverla al territorio de Donovan en perfecto estado era lo único que le importaba.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Eliah Amasias el Jue Mar 20, 2014 8:16 pm

Desde hacía tanto tiempo solo la visión de la noche había logrado saciar el interior inquieto del animal que buscaba salir a destrozar las formas humanas que gozaba ahora. Y por esa razón él no quiso formar parte de la ceremonia de llegada de una Donovan, tan creída como su marido y todo el clan que le besaba los pies. Esperó pacientemente a que Evans le invitase a formar parte de su propia escolta pero eso no sucedió y para colmo de males, la relación con el ahora Lider de los Raphael empezaba a despedazarse como un espejo que comienza a ser quebrado con el poder de un puño. Desde lo alto de uno de los ventanales, acompañado por la espada bendita de la sangre Donovan que Dimitri le había regalado antes de morir, él observaba cual felino al acecho, como una sombra que buscaba una sola señal de que su amigo aun le extrañaba. No hubo señal. Ahora lo entendía. Ver a ese maldito mercenario conocido como Dennan a la derecha de Evans fue como una puñalada en el centro de su corazón. No pudo evitar la mueca de odio y fastidio que invadió sus angelicales facciones mientras bajaba la cabeza dejando que los caebllos castaños cayesen sobre su frente y ojos enfurecidos.

-Debías haberte muerto…-

No fue más que un susurro entre dientes mientras apretaba un papel que guardaba celosamente entre sus ropas blancas. La mente de Eliah jamás pudo aceptar que otros se acercasen a su grupo. Evans era como su hermano. Dimitri era como su hermano y ahora, luego de la muerte del segundo, aparecía otro a tomar el lugar de amigo para arrebatarle lo único que le quedaba en la vida. Maldito y miserable Dennan. La idea era morir. Fuiste enviado solo a las profundidades del bosque, justo en el campamento del miserable Galliard. Debías matarlo o morir y no hiciste ninguna de las  dos cosas. Por supuesto que el plan había fallado. Y como buen Raphael, debía desaparecer del mapa avergonzado ¡no volver hecho un héroe!

-¿Por qué no te mueres? Ese maldito mató a Dimitri ¿por qué no te mató a ti? –

Su voz era un canto constante que nadie oía. Su odio aumentaba cuando volvía la vista a la izquierda de Evans y veía esa cabellera asquerosamente roja. ¿Esos eran los que tomaban ahora el lugar que le pertenecían a él y a Layla?

-Nos has cambiado, Evans…-

Decía y negaba con la cabeza una y otra vez. El dolor en su mirada y el odio en sus puños que envolvían la empuñadura de la espada que descansaba, invisible, a su lado.

-Has dejado que te embrujen. Ella…La misma bruja que envolvió a Dimitri…Zorra…-

Cierra los ojos y luego abre los labios. Tiene que enfocarse tan solo un poco mientras su mente empieza a maquinar recuerdos que  quizás no existen. Reconoce a Raphael en la soledad del patio principal, ahí, de pie. Reconoce la mirada que éste le dirige mientras levanta una mano y lo señala. Finalmente, reconoce sus palabras…

-Tu no tomarás mi lugar, Eliah. Tuve dos hijos. Perdí a uno en la batalla de las cenizas pero el otro está conmigo. ¡No hables de él como si no existiese!
‘No me señales, viejo. Nunca me señales. No me gusta eso.’
-Puedo ser un sucesor. Soy creación de Dimitri. Fui entrenado por él para ser como tu ¡Para ser el próximo!- ‘Por favor, Raphael. No me obligues.’

-Te irás a América por un tiempo. No malinterpretes mis palabras, hijo. Pero creo que la falta de Dimitri te ha afectado. Temo por tu cordura. Necesitas alejarte de Evans ahora.

-¿Crees que lo lastimaría? Evans es…mi mejor amigo. Lo único que me queda…-

-He visto guerras desatadas por amigos. He visto masacres llevadas a cabo por hermanos. Eres muy impetuoso, Eliah. Dimitri sabía que tu…-

‘Silencio. Silencio, viejo. No hables de Dimitri. Nunca hables de Dimitri. ¿Por qué lo nombras? ¿Por qué no te callas? Quizás…sí, Él me lo había dicho. Lazaro me lo había dicho. Tú jamás me aceptarías como Lider. Tú buscarías separarme de Evans y del clan. La única forma que tengo de mantenerme ahí es esta. La única forma de callarte es esta…Mi espada teñida por tu sangre en un golpe por la nuca que no esperas. El sol hará el resto. Total…Estas demasiado viejo para seguir en el poder.

-¿de verdad piensas que puedo hacerle daño a mi mejor amigo, Raphael? – le preguntó mientras los ojos asombrados de aquel se clavaban en la imagen de uno de sus favoritos, quien se alejaba rápidamente de su agarre y le daba una nueva estocada, directo al pecho – Evans es todo lo que me queda. Por eso no puede ser líder. Si lo haces líder…deberé lastimarlo también. –

Ese recuerdo aun palpita en su mente. Eliah abre los ojos y los coloca nuevamente en el grupo que recibe a esa mujer Donovan y todo su séquito. Su corazón aun le duele por la indiferencia de su mejor amigo y la cercanía de aquel maldito mercenario joven que le acompaña. Ella lo hizo. La bruja pelirroja lo ha hecho todo. Estaba en Eliah salvar el clan…Si Lazaro no le ayudaba, recurriría a aquello que él poseía, heredado directamente de Dimitri: Cerebro.

Pero todo tendría un momento y un lugar. Todo el clan lo había llevado a eso y con dolor en el alma, debía terminar lo que había empezado. Él, su mejor y más grande aliado se acercaba. Era tiempo de empezar a mover las piezas de ajedrez que faltaban. Se puso de pie y se giró para saltar hacia la parte superior de la fortaleza. Debía hablar con Mitsuhide. Debía decirle lo que sabía. Debía confesar aquel crimen que vio con sus propios ojos...Donde Raphael era muerto en el patio de la fortaleza...Por la mano de Evans Cromwell.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Carlyle el Dom Mar 23, 2014 9:32 pm

Durante dos horas estuve meditando con una copa de sangre en la mano acerca de si debía presentarme ante Úrsula Kozlova o, por el contrario, mantenerme un tiempo más en las sombras. Mi presencia no era realmente relevante en dicha reunión, ni en nada actualmente. Había perdido el poder y la influencia de los que antaño disfruté en el clan. Ahora muchos me veían como un simple anciano carente de importancia, relevacia y utilidad. Mi enemistad con Mitsuhide Akechi era más que latente desde que ese cerdo traidor me encerrara en los calabozos durante una ridícula noche por sentir su orgullo militar herido, apenas había hecho acto de presencia públicamente en el clan desde mi vuelta y además había un traidor en nuestra casta, algo que no me permitía descansar ni ordenar mis ideas con normalidad. Presentarme ante Úrsula era un claro riesgo de poner en evidencia a nuestro clan ante los Donovan. Pero bien era cierto que Evans me necesitaba a su lado, quisiera o no. Y que la influencia que Dennan estaba teniendo sobre él era cada vez mayor. ¿Casualidad que no quisiera ayudarnos a Rowan y a mí a ocultar el cuerpo de Raphael en algún lugar más seguro que nuestra propia Fortaleza y que actualmente se estuviera volviendo uña y carne del actual líder de los Raphael? Pudiera ser, pero con el tiempo aprendí a no creer en las casualidades. Removí el líquido de mi vaso y le di un pequeño sorbo, saboreando los matices de sabores que le proporcionaba a mi paladar. Durante unos instantes, mi mirada se quedó mirando al vacío, exenta de todo pensamiento. Cuando volví de mi ensimismamiento, me bebí la sangre de un solo trago y me levanté del sillón para vestirme con el mejor de mis trajes y dirigirme hacia el Salón Principal.

Llegué tarde.

Al parecer Úrsula había traído a todo un séquito con ella. Bien era sabido por todos los altos niveles de petulancia y arrogancia que la definían, pero siendo honestos, podía permitírselo. La primera persona a la que vi nada más cruzar el umbral de la puerta fue a ella, de espaldas, con su larga cabellera negra cayendo sobre sus hombros. Aún recordaba con perfecta claridad lo hermosa que era, ni siquiera me hacía falta volver a ver su rostro para rememorar cada detalle de sus finas facciones. Tras ella, todo el circo que había traído consigo. Y ante ella, Evans y el resto de Raphael a los que él había llamado para que estuvieran a su lado. Una punzada de orgullo herido arremetió en mi interior, sintiendo durante un breve instante un gran resquemor contra Cromwell por haber prescindido de mí de un modo tan insultante. Después de haberle asesorado junto al despreciable Mitsuhide sobre la recepción de la líder de los Donovan, de estar dándolo todo por él y por el clan, decide no contar conmigo a su lado. Respiré hondo y avancé hacia ellos, ignorando la muchedumbre Raphael que nos rodeaba. Debían de estar muy ocupados, pues sólo se percataron de mi presencia cuando estuve a unos metros de ellos. Mostré la mejor de mis sonrisas y comencé con el espectáculo.

Os pido mil disculpas por mi injustificable demora, líder Cromwell. Estaba finiquitando aquellos asuntos que me habíais encargado a principios de la noche y se me fue el santo al cielo. Dios me libre de no poder recibir como se merece a semejante...me giré hacia Úrsula...esplendor. Mi querida y hermosa reina de los Donovan. Es un verdadero honor y un indescriptible placer poder volver a veros después de tanto tiempo. Seguís tan deslumbrante como siemprehice una reverencia en señal de respeto. Permitidme que os dé la bienvenida a nuestra humilde morada.

Sin duda mi presencia habría descolocado no solo a la líder Donovan, quien desconocía que yo seguía vivo, sino al propio Evans, quien si no se había dado cuenta en ese momento del craso error que había cometido al no convocarme para estar junto a él en aquella comitiva de recibimiento era todavía más corto de miras de lo que pudiera parecer. Aproveché mi entrada inesperada para echar un vistazo al séquito que venía con la Reina Oscura. A algunos les conocía, al menos de vista. Con otros no había coincidido nunca. De lo único que estaba seguro es que ninguno de ellos era de fiar.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Evans Cromwell el Vie Abr 25, 2014 10:00 pm

La mirada de Lucius se deshizo en una reverencia, clavando sus ojso cerrados en el suelo mientras la mujer de las sombras dirigía su mirada de cristal a su figura. La vanidad es un pecado que envió a Lucifer directo al infierno y, por lo visto, sus hijos, los Donovan, habían heredado tal falta de virtud. Con la humildad se lograban cosas que podrían considerarse mágicas, como sublevar una voluntad tan poderosa como la de la Reina Ursula Kozlova.

Evans en cambio, desconocía el poder de las pequeñas acciones, y por eso el anciano siempre se aseguraba de mantenerse cerca. No era más que un militar , que pensaba como militar y actuaba como militar, con la espalda tan rígida como si fuese una columna de hierro inamovible que le impedía doblegarse siquiera un palmo. Con el tiempo aprendería que en el poder, aquello que no se doblega tiende a romperse y la historia secundaba esa teoría. Lucius levantó apenas la mirada para observar a su señor Lider, hijo que nunca había tenido, de pie como una gárgola, tan tieso y a la vez, inquieto. Si el niño tuviese una idea de lo que se mecía ante él, posiblemente reaccionaría de una manera tan arisca como un gato acorralado. –Van a devorarte, Evans…- pensó para sus adentros mientras sus ojos siempre atentos se paseaban por el lugar, viendo en lo alto una figura que de lejos observaba y luego, una escolta que parecía inquieta con sus movimientos. Lucius suspiró y entonces, se detuvo en su lugar, detrás de Arcueid, la hermosa guerrera de cabellos rojos.

Evans abrió los ojos con completa sorpresa ante las palabras de la mujer de cabellos negros, que traía consigo el manto de la noche como acompañante adicional, detrás de su pomposa escolta. ¿Regalo? ¿Cómo podía él siquiera saber que iba a recibir algo? Su mirada buscó mantenerse impávida mientras asentía con la cabeza, ladeando la misma a Dennan para verle de reojo y luego volver a asentir – Me halaga, mi señora – diría con un poco de incomodidad ¿Debía él darle algo a cambio? ¿Qué se le puede dar a esa mujer que no lo considere una ofensa? De ser por él, enviaría a Donovan la cabeza del ultimo licano cazado como muestra que cumplían su deber cómo bien debían hacer. Pero seguramente eso sería mal visto por la dama de mirada de cristal. Trató de volver la mirada hacia otro lado cuando sus ojos se posaron en al piel desnuda de la espalad que ante él se presentaba. Por dentro se sintió idiota un segundo cuando reconoció que de haber sido un hombre aquel con quien trataba, se habría sentido más cómodo. En su cabeza había dos tipos de mujeres a las cuales podía tratar: Las cortesanas y las guerreras. ¿Cómo se trata a una reina de otro clan? Más cuando con cada uno de sus movimientos incita claramente a ver aquello y no acercarse…

La visión de aquella arma logró hacer que el vampiro de mirada ambarina se perdiese en su belleza. Nunca tuvo la habilidad para las armas de mano como sí tenía puntería con las armas a distancia. Sin embargo, aquella hermosa pieza se reveló ante él, invadiendo y turbando su atención. Sabía que los Donovan lograban caer ante la belleza, pero un militar que sabe de armas, cede ante éstas pues, en el campo de combate, ellas se vuelven la mejor amiga del hombre. Las palabras resonaron un instante y los ojos del vampiro cazador se posaron en la niña que había bautizado su nueva espada. Y entonces, el espíritu de ésta le respondió en una voz que solo el fallecido Lider caído reconocería: Él también tenía un arma que Donovan le había regalado cuando se conocieron. Un arma que le acompañó hasta sus últimos días en la tierra.

-…Mi señora…- diría Evans, levantando la mirada para encontrarse con la forma perfecta de la mujer y entonces, extender las manos para tomar aquella espada con ambas. En un gesto solemne, le estudió lentamente, analizando los detalles y luego, viendo de reojo a la criatura que le había dado su sangre – Ileana. Así la llamaré en tu nombre, pequeña -  susurró mientras su zurda se paseaba por la silueta oculta de la hoja perfecta. Por primera vez, dejando de lado al niño que podría ser a veces, el cazador permitió que emergiese el  guerrero. De mirada altiva, firme como un soldado, con el metal helado y caliente a la vez, su rodilla cayó al suelo ante la reina, bajando la cabeza en señal de respeto en una ceremonia que pocos guerreros de leal estirpe reconocían: La gratitud –Y en su nombre…En nuestro nombre. En nombre de todos los clanes de sangre alimentaré su filo con cada criatura que amenace nuestra existencia-

En el instante en que se puso de pie, sus ojos habían adquirido el tono rojo de la sangre. Sus cabellos caían sobre su frente y una sonrisa de satisfacción se dibujaría en su rostro - …Y esa será mi retribución por este presente, Reina Úrsula –

Fue entonces que otra voz atrajo su atención. Ahora frente a él, emergiendo detrás de Dennan y Arcueid, pasando junto a Lucius, Carlyle aparecía. Evans clavó en él sus ojos que habían retornado a su estado normal. Asintió con respeto ante su aparición mientras volvía la mirada a la pelirroja Arcueid y le hacía entrega de la espada para que la sostuviese para así, liberar sus propias manos – Por favor…- susurró clavando en ella su mirada y luego volviendo a ver al anciano – Ursula Kozlova, le presento a uno de nuestros más antiguos ancianos. Carlyle fue amigo cercano y mano derecha de nuestro Lider, Raphael. – diría acercándose a él para colocar una mano en su hombro y así, asentir ante ella.

-Llegó a la fortaleza hace menos de una treintena de días luego que lo dimos por desaparecido en una misión en America– agregó.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Abr 29, 2014 3:06 pm

Úrsula logró contener la risita lacónica que produjo la reacción de Evans ante el anuncio de su regalo –Es la idea, Lord Evans- Musitó y con un gesto delicado le quitó peso al asunto. No era necesario ahondar en el tema. La muestra de aprecio era un intercambio que fortalecería la relación entre los clanes, afianzando la hermandad de la raza contra los impíos que intentaban destruirla. La efigie rusa finalmente descubrió el arma y la reacción de aquellos que se encontraban a su alrededor la hizo sonreír con orgullo. Sin embargo, su mirada de cristal –que había perdido parte de su gélido ardor- se posó sobre la mujer de cabellos de fuego observando con frialdad su reacción. ¿Por qué había horror en su rostro? ¿Por qué sus pupilas se habían dilatado de miedo y no de sorpresa? Aquello despertó su curiosidad y la hizo apretar las muelas lentamente para evitar que su lengua viperina maldijera a la raphaelita.

La voz del vampiro, grave y ronca, llamó su atención y sus ojos diamantinos se posaron con suavidad en la calidez de aquellas orbes notando un cambio radical en su forma de mirarla y complacida de ello. Dejó que tomara la espada y la tela que la recubría fue a detenerse directamente en las manos delicadas e inocentes de Ileana –Una magnífica decisión- Murmuró con lentitud y gracia pero con un rintintin casi maldito. ¿Por qué? Fácil. Úrsula era mucho más importante que su doncella. La adoraba, sí, pero había sido la Reina quien había organizado el viaje y dado todas las órdenes para que aquello se concretara. Aquel momento le recordó el pesado pasado. Aquel en el que Stefan se había mostrado seducido por Ileana. La única mujer que alguna vez había despertado algo en el Demonio Escarlata. Maldita rumana  y su pura inocencia. Las manos de la Reina se entrelazaron y posaron en su espalda escuchando las palabras de Evans sin realmente prestarle atención pues estaba teniendo un atrevido ataque de celos que había osado mutar el color de sus orbes celestiales al mismísimo color del fuego del infierno.

Cuando Evans se levantó se encontraría con que la Reina también sonreía con un deje sádico y orgulloso ante su sumisión, convirtiendo aquel rostro delicado en uno de fiera belleza pues sus colmillos de marfil habían salido a relucir a causa del frenesí ridículo provocado por un nombre. Una ligera comunión sangrienta. Un pacto había nacido entre los dos. Más le valía cumplir con su palabra –Lo agradecería. Hazle honor- Musitó de forma siseante antes de que un movimiento cercano llamara su atención. Sus ojos encendidos cual brasas de fuego se posaron en la figura de Carlyle y por apenas dos segundos no lo reconoció.

Úrsula inspiró profundamente para confirmar las sospechas que su piel erizada le habían provocado. Sí, el aroma de un raphaelita. Carlyle ya no vestía las pesadas ropas con las cuales le había conocido. No, tenía un guardarropa actualizado y aquello le sorprendió pero, supuso, en la adaptación está la supervivencia. La sorpresa de ver al antiguo vampiro eliminó de raíz su frenesí y provocó que diera un paso hacia él –Carlyle…- Murmuró su nombre con una ligera expresión de desconcierto mientras lo observaba reverenciarla. Tras aquello movió su mirada hacia Evans asintiendo –Conozco a Ser Carlyle, Lord Evans. Somos…viejos amigos- Tanto así como amigos cercanos no eran, pero en sus encuentros habían hablado muchísimo y ella había aprendido sobre la organización del clan Raphael y su importancia para la vida de la raza. Extendió la mano hacia él esperando estrechársela con suavidad en el único gesto físico de condolencia que le estaba permitido dar sin que Donovan terminara matándolo –Siento mucho lo de Raphael, Carlyle. Ha sido un golpe terrible para todos nosotros. Donovan está muy afectado- Le dijo con un tono cálido y sincero que hasta el momento no había utilizado con nadie en el clan pues todos eran desconocidos para ella.

Después soltó su mano y frunció el ceño con ligera confusión –Creímos… Que habías muerto. Tus visitas a Viena se redujeron de manera tan drástica…- Añadió con algo de consternación –Deberás contarme qué ha pasado- Le dijo y pronto se percató de que la escena era ridículamente íntima para ella y no quería hablarlo delante de todo el clan –No obstante, no será ahora. Estoy cansada del viaje y preferiría retirarme a mis habitaciones- Aquellas palabras provocaron que todo el séquito se pusiera en alerta para atender las necesidades de la Reina. Andras y Viveka se retiraron para ir a buscar el equipaje de todos al igual que Victoria que traía otro cargamento de armas para los Donovan y no dejaría que nadie más lo tocara.

Un gesto de Lucius hizo que una pelirroja avanzara entre la multitud con la elegancia característica de las cortesanas Raphael Su majestad, yo la guiaré  a sus habitaciones- Dijo mientras hacía una rígida reverencia, después de todo, los Iluminados no estaban acostumbrados a ese protocolo. Úrsula la miró asintiendo e Ileana se dedicó a intercambiar un par de palabras con la mujer, entre las cuales destacaban los caprichos de Úrsula para hacer su estadía cómoda. Volvió su vista hacia ambos vampiros pero enfocó su vista hacia Evans –Espero podamos reunirnos en privado. Pronto- Advirtió asintiendo con la cabeza y después observó a Carlyle significativamente –Nosotros también tenemos que hablar- Dijo y sin más se dio media vuelta para seguir a la Vestal y a la Cortesana cuyo ceño fruncido delataba que, sin duda, los Raphael eran muy diferentes a los Donovan. Abandonaron el salón central para perderse entre los pasillos de la fortaleza.
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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

Mensaje por Marca de Sangre el Sáb Ago 30, 2014 11:54 am


TEMA FINALIZADO
Todo lo que inicia tiene un final, éste lo han marcado ustedes.

Pero no os confundáis, no siempre tendrán la misma libertad...




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Re: Soy dueña de la luz que iluminará vuestro camino de sombras

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