De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

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De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Alek Arthes el Dom Nov 17, 2013 10:20 pm

Acababa de llegar a Likaia luego del rescate por parte de Leire, Teudis y Ken. Aún andaba sin camisa y aunque ya había regenerado sus heridas, una marca quedaba ahí donde la sangre Donovan le había quemado. Dio unas cuantas órdenes para reforzar la seguridad de la ciudad, informándole al Capitán de ésta lo ocurrido en la aldea Fenrir, pidió a Teudis que pusiera a disposición de las tropas la tecnología necesaria para repeler un ataque directo y mandó a cerrar las puertas. Nadie podría entrar o salir de Likaia sin pasar por una alcabala.


Luego, se dirigió a la casa de Satinne. Aún cuando ya había preguntado por la seguridad de su amada y Roderick le había prometido que se encontraba a salvo, el líder Likaio necesitaba verla. Durante el camino de regreso, Alek se había quedado dormido, extenuado por la actividad, y había soñado con la visión de Satinne sin ojos, con hojillas de plata en las manos y babeando sangre de Donovan. Alek intentaba despertarla pero las hojillas y la sangre lo lastimaban. Despertó gritando minutos antes de llegar a la ciudad.


Corrió cuando ya estaba cerca de la casa y tocó el timbre. Impaciente, golpeó la puerta también. El corazón le palpitaba con fuerza y velocidad y la adrenalina le hacía temblar. Necesitaba verla a salvo, necesitaba verla nuevamente. 
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Satinne Noir el Mar Nov 19, 2013 2:54 pm

La noche sin luna se había cernido ya sobre Likaia, la conmoción que desde tempranas horas de la mañana había sacudido a la ciudad entera comenzaba a quedar disipada entre la bruma nocturna. No habías tenido noticias del paradero de Alek, al parecer, un pequeño grupo había salido en su búsqueda, pero hasta ahora, ni una señal, ni una llamada, ni siquiera el aullido ancestral del lobo milenario, para indicar su posición. Estás harta, casi al borde de los nervios, tu recámara se ha vuelto zona de guerra desde que regresaras, siendo receptora de tu frustración y la impotencia de no saber nada.

El ruido nocturno de la misma ciudad -que noches antes te arrullara- termina de crisparte los nervios y, decidida, te enfundas en la chaqueta de piel y sales de la casa, ignorando olímpicamente a Roderick y frenando sus intentos de detenerte con un sonoro golpe a puño cerrado en la quijada, mismo que ocasiona que tus nudillos crujan y el dedo medio terminase al menos, fisurado. Caminas calle abajo por el sendero que lleva al punto más alejado de Likaia, Baines no hace intento alguno por seguirte y esperas que el mensaje haya quedado claro para el imbécil licántropo; !pobre incauta!, si él no ha hecho amago alguno de seguirte es por que en realidad, sabe perfecto que no podrás poner un pie fuera de la ciudadela.

Dicho y hecho, cerca de la muralla un grupo de guardias frena tu avance, ellos no fueron tan dulces y gentiles como Ken o incluso, como Roderick -muy a su manera-; dos de ellos te toman de los brazos y aún en medio de tu forcejeo, te reducen y te "escoltan amablemente" de vuelta a tu morada, donde escuchas primero el timbre de la entrada y luego el golpeteo insistente en la puerta, antes de vislumbrar por completo la efigie de Alek  y sentir que tu corazón vuelve a latir con tanta fuerza después de estar en un período de inactividad y expectativa. Duele, no sabes si es el alivio, la tensión, la ira por los guardias o incluso, la misma preocupación que por fin estalla en tus hermosos orbes celeste, lo que hace que dejes de pelear con los guardias y por consecuencia, ellos te dejen libre apenas la imagen del líder Likaio les es distinguible a la distancia.

Sabes que no hay nadie en casa, tu madre salió de Likaia días antes sin un motivo específico -quizá no toleraría tu estado de ánimo ante el encierro-; te cruzas de brazos y dudas un momento si encaminarte hacia el sitio donde el licano llama impaciente a la puerta, o dar media vuelta e ir a molestar a Caleb o incluso a Roderick. Miras desde la penumbra a Alek y el labio inferior te tiembla ligeramente mientras suspiras largamente y te enfilas hacia el umbral de tu hogar, tus pasos resuenan en el súbito silencio y llegas hasta la puerta, pasando junto a Alek y sin dirigir una sola mirada, levantas la mano con la palma hacia afuera para indicarle que espere;  con parsimonia, abres la puerta de entrada, penetras en la estancia y dejas la puerta abierta para que él pase mientras depositas la chaqueta de cuero en la silla del comedor.

El silencio se deposita en la estancia, aferras el borde de la silla en un intento de mantener la compostura y no es hasta que escuchas el chasquido de la puerta, que das media vuelta para ver si él ha entrado o no. Aprietas los puños con fuerza y una sonrisa se pierde en medio de tus facciones pétreas cuando tu pasos irremediablemente te llevan hacia él y dejas caer una bofetada en el rostro del lobo, con los orbes plagados de lágrimas rebeldes que te niegas a dejar caer para justo después, mirarlo fijamente a los ojos y arrojarte a sus brazos, aferrándote a él con fuerza, sin importarte realmente si al lobo le agrada aquello después del golpe recibido. Estás aliviada de verlo a salvo, estás feliz de tenerlo por fin en Likaia sin más daño que en cualquier otra situación,  estás... Bueno... Por fin te sientes en paz y completa por primera vez desde que él atravesara las puertas de la ciudadela, rumbo al Concilio

-¿Tienes idea de lo preocupada... Preocupados, que han estado todos?-
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Alek Arthes el Mar Nov 19, 2013 11:29 pm

El líder Likaio continuaba golpeando la puerta y empezaba a desesperar cuando un sonido lo hizo voltear. Allí estaba ella... Satinne... por fin podía verla después de... Repentinamente ella, sin decir nada, caminó pasando por al lado de él y, tras abrir la puerta y hacerle una seña para que la siguiera, entró a la casa.


Alek la vio pasar a su lado un poco confundido, pero no le dio mucha cabeza al asunto. Quizás Satinne querría darle la bienvenida en privado... al fin y al cabo, con lo hermética que era ella... aunque... bah, lo ignoró. Ignoró todo pues al fin y al cabo, ahí estaba, frente a ella por fin. Entró detrás de ella, cerrando la puerta a su paso y, cuando la tuvo delante de él, estuvo a punto de hablarle, de decirle cuánto se había preocupado por ella y porque ella estuviera bien, cuánto miedo había sentido de morir sin decirle una vez más lo que sentía, sin besarla siquiera una vez más... Estuvo a punto de empezar a decirle estas cosas cuando recibió una bofetada.


La mejilla le ardía y le palpitaba por el azote que acababa de recibir, mientras confundido, trataba de entender lo que había ocurrido. Intentó ordenar sus ideas y mientras lo hacía, una rabia empezó a embargarlo. Después de la angustia, después del miedo de que a ella le pasara algo o que él no pudiera volver a verla; después del horror vivido en la aldea de los Fenrir, de la espantosa herida que toda la raza había recibido, lo menos que necesitaba el lobo de ojos azules era que la mujer de su vida lo recibiera con un golpe. La ira empezó a erizarle la piel y apretó la mejilla y los puños justo cuando ella se le arrojó encima.


Satinne se aferró con fuerza a su cuerpo y lo estrechó, mientras le decía: -¿Tienes idea de lo preocupada... Preocupados, que han estado todos?-


¿Preocupados? ¿Quería ella hablar de preocupaciones? ¿Sabía ella siquiera lo preocupado que debió estar él? ¿Sabía ella lo preocupado que está en este momento? ¿Podía ella imaginar la angustia que sintió durante las últimas horas el líder Likaios al ver la aldea Fenrir caer sin que nadie pudiera hacer nada? ¿Había pensado ella en las tribulaciones del líder y como en su mente, la misma situación se daba en Likaia? ¿Cómo se retorcía de pensar que mientras él estaba en el bosque, un grupo de licanos ciegos, con hojillas de plata y escupiendo sangre de Donovan, acababa con su ciudad amada, con sus amigos, sus hermanos, su manada? Peor aún, también acababan con ella...



¿Preocupación? ¿Se había sentado ella a pensar cuánto se preocupaba él por ella? Desde hacía un año el todas las mañanas se encargaba de verificar que ella estaba a salvo y que había pasado una noche más sin que los vampiros le dieran caza y encontraran por fin a Julie Austenson! Más aún, sentía el temor de que las otras manadas se enteraran por fin de que la escritora residía en Likaia y que era nada menos que el amor de su vida! A diario tenía que vivir con la posibilidad de que Galliard y Fenrir le exigieran su cabeza. Más aún, con el temor de que los mismos miembros de Likaia la exigieran.


Y ¿ella venía a reclamarle porque él la había preocupado? ¿Ella lo golpeaba porque él los había preocupado??? Él había ido a un concilio de licanos en tierras Fenrir, donde estaría la guardia de ese clan y seguramente Galliard iba a llevar algunos amigos. Nadie podía haber imaginado que el infierno ocurrido se iba a dar...


Apretó los dientes, apretó los ojos cerrándolos y los puños. Tensó los músculos de la espalda. Levantó los brazos lentamente, como conteniendo un impulso, una pasión... hasta que no pudo más... y la abrazó con fuerza, la estrechó también entre sus brazos. ¡Estaba frente a ella! ¡Ella estaba a salvo! ¡Likaia y ella estaban a salvo!


La apretó contra sí, oliendo su cabello, su cuello, su piel. Sintió su cuerpo contra el suyo y relajó la mandíbula, los ojos y los músculos, mientras un par de lágrimas corrieron por sus mejillas. 


-Perdón- se limitó a decir.
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Satinne Noir el Miér Nov 20, 2013 5:48 pm

Por Gaia, ¿qué es lo que acabas de hacer?. Ahí entre los brazos de Alek, después de escuchar su voz pronunciar una única palabra dirigida a ti, sientes el peso de tus acciones caer sobre tus hombros con violencia, ¿en que demonios pensabas para reaccionar de esa manera?, !él volvió con vida!, !está ahí en Likaia sano y salvo, te tiene entre sus brazos!, ¿!cómo demonios te atreviste a recibirlo de esa manera?!.

-No... Alek... Yo...-

Suspiras, te cuesta demasiado pronunciar esas palabras, ¿por que?, !demonios!, !¿por qué no puedes ser una persona normal y admitir de una buena vez por todas que te equivocaste?!, que en lugar de golpearlo, lo que deseabas era abrazarlo, arrinconarlo contra la puerta y besarlo hasta que te dolieran los labios, hasta que su ausencia quedase resanada por el roce de su piel, por el sonido de su voz, por la sonrisa aquella que posee, que te vuelve idiota cuando la atisbas por entre las miradas que le diriges cuando no te observa?!. Va a cansarse, más pronto que tarde, Alek Arthes se hartará de tus constipaciones emocionales y tus graves problemas de compromiso.

-Cuando Caleb me dijo que la señal de la motocicleta desapareció, sentí que el mundo se desmoronaba a mis pies-

Susurras, apartándote de él un par de pasos, cruzándote de brazos y bajando la cabeza para posar la mirada en el suelo, como si el entramado de la madera fuese tan fascinante que no puedes dejar de mirarlo; lentamente, sientes esa leve opresión en el pecho aumentar, esa misma que sientes cada vez que estás por dejar entrever parte de la sensibilidad que ocultas tras mil candados, peor que si tu persona, fuese la inexpugable Alcatraz.

-Por un instante, creí que te había perdido para siempre. Pensé en salir hacia tierra de los Fenrir a buscarte, pensé en volver a París a buscar a los vampiros que irrumpieron en mi departamento, pensé en mil cosas a la vez para hacer si te perdía...-

Haces una suave mueca y aprietas los labios con delicadeza, luchando contra las palabras que quieren salir y no permites que lo hagan; recuerdas a tu madre riendo ante tu testarudez, semanas atrás, al recalcar las cualidades del líder Likaio que tu misma, habías repetido antes y que en ese momento negabas rotundamente. ¿Por qué es tan difícil decirle simplemente "te amo, me preocupé por ti, perdóname"?.

-Lo siento Alek. Por el golpe... No debí hacerlo-
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Alek Arthes el Miér Nov 20, 2013 10:40 pm

El segundero del reloj de la pared marcaba un ritmo monótono en medio de la silenciosa oscuridad de la noche. Estaban dentro de la casa de Satinne, a oscuras y solos, abrazados el uno al otro. En otra ocasión, esto hubiese llevado a un acercamiento específico, pero esa noche no.

La mejilla todavía le palpitaba a Alek y negar que el golpe todavía le daba rabia sería mentir, pero en ese momento nada importaba porque al fin la tenía entre brazos.

Mas sin embargo, Satinne se separó de él diciendo: -No... Alek... Yo... Cuando Caleb me dijo que la señal de la motocicleta desapareció, sentí que el mundo se desmoronaba a mis pies-

La loba escritora bajó entonces la mirada al suelo con los brazos cruzados... esa postura tan característica de ella. Esa manía de cerrarse o más bien, encerrarse, aislándose de la realidad, dejando una vez más a Alek por fuera.

El líder Likaio  pensó brevemente en las palabras de Satinne... primero le emocionaron pues pensó que era casi una expresión de cariño a su manera... pero luego, la vio ahí, con los brazos cruzados, apartándose de él... comenzó a sentir nuevamente la rabia crecer en su interior. Aún no olvidaba el golpe y además, por fin estaban juntos y ella lo alejaba nuevamente. Desde aquel día en el que ella había tomado la iniciativa y dado el primer paso, no había vuelto a demostrarle al lobo de ojos azules sus sentimientos abiertamente, mientras que él, intentaba por todos los medios llegar a ella.

¿Cuál era el problema? ¿Acaso lo que él sentía por ella no era correspondido? Quizás debería abandonar toda esperanza... ¿Sabía ella lo que estaba haciendo? ¿Sabía como lo lastimaba cada vez que lo dejaba afuera de su muralla? Saltar los muros de Likaia era más sencillo que penetrar la coraza de la señorita Noir.

Para Alek era casi incomprensible. Si alguien quiere estar con alguien, lo está. Mucho más cuando es evidente que esa otra persona también lo desea... entonces... ¿por qué ella seguía apartándolo?

Estaba a punto de decir algo tosco cuando ella volvió a hablar: -Por un instante, creí que te había perdido para siempre. Pensé en salir hacia tierra de los Fenrir a buscarte, pensé en volver a París a buscar a los vampiros que irrumpieron en mi departamento, pensé en mil cosas a la vez para hacer si te perdía...-

La sola idea lo horrorizó. ¿Pero en qué estaba pensando ella? ¿Por qué le venían a la mente estas ideas suicidas y autodestructivas? Ella le reclamaba que él siempre le pusiera centinelas pero, ¿cómo no preocuparse por ella cuando a veces pareciera que lo único que ella buscaba era acabar con su existencia?

La ira dentro del lobo estaba por estallar cuando entonces, Satinne dijo sin levantar la mirada: -Lo siento Alek. Por el golpe... No debí hacerlo-

Alek suspiró profundamente y miró a la pared. Todavía estaba molesto, pero el que ella le pidiera disculpas era un buen inicio. Sobre todo con lo orgullosa que era ella. -No te preocupes. Supongo que fue un arranque de los tuyos...- dijo con la quijada tensa.

El líder Likaio se llevó ambas manos a la cabeza y respiró profundo tratando de deshacer la rabia acumulada. Bajó las manos por su rostro y luego bajó ambos brazos dejándolos caer al lado de su torso. La miró... no a los ojos porque ella seguía viendo el piso como una autista... a veces eso era lo que Alek sentía, que hablaba, discutía, que enamoraba, que compartía con alguien que simplemente estaba encerrada en su propio mundo...

-¡Tienes la inteligencia emocional de un erizo!!!!- gritó dentro de su mente... pero no, no podía hacerlo. No podía... aún muriéndose por dentro, debido a la agonía que suponía que ella lo mantuviera en ese estado, él prefería esa tensa calma, ese momento absurdo a su lado, que el que estallara una pelea que los separara para siempre... Tal vez era cierto lo que Lana, la anciana Likaia le decía: era un masoquista.

Tragó saliva y dijo simplemente: -Nada... Ya puedo respirar tranquilo. Sólo necesitaba saber que estabas bien. Durante el ataque y la masacre de la aldea Fenrir, sólo podía pensar en que quizás ese escenario se repetía aquí en Likaia y la sola idea de perderte...- como siempre que llegaba a ese punto, no logró concluir la idea.

-nada... pues me voy y te dejo tranquila. No molesto más.- dijo al final Alek Arthes, respirando profundamente una vez más, caminando hacia la salida. Al pasar al lado de ella, ya a su espalda, dijo antes de abrir la puerta: -te amo Satinne... no quería morir sin decírtelo antes.- y la cerradura de la puerta empezó a sonar.
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Satinne Noir el Jue Nov 21, 2013 4:59 pm



I know I left too much mess and
destruction to come back again
And I caused nothing but trouble
I understand if you can't talk to me again
And if you live by the rules of "it's over"
then I'm sure that that makes sense

Nuevamente lo empujas hacia atrás, te cierras a él como si fueses una fortaleza, dejando fuera al lobo que por todos los medios intenta hacerse paso en tu vida -si, tampoco eres ciega, lo sabes perfectamente-; sabes que tarde o temprano terminará hartándose de esa actitud y saldrá por esa puerta para no regresar más, y entonces... Entonces conocerás en carne propia toda la angustia de perderlo, que fue meramente figurativa ante la noticia de su desaparición. ¿Por qué te cuesta tanto ser franca con él?, ¿acaso temes que algo suceda?, ¿o es acaso, que temes ser tu misma -la real y transparente Satinne- y al final, Alek Arthes termine causando un daño irreparable?. Te estremeces ante sus palabras, "un arranque de los tuyos", !qué certera y a la vez, qué hiriente puede ser una simple frase!; muerdes tu labio inferior con delicadeza para contener las lágrimas que se agolpan en tus orbes de jade, respiras profundamente un par de veces y te restriegas el rostro con ambas manos para ocultar el ligero temblor de los labios; no, aquello no puede pasar. Ni Alek ni nadie, puede verte llorar de esa manera.

Es entonces que sus palabras, nuevamente te devuelven de golpe a la realidad con aquella crudeza que sólo el sabe imprimirles; sólo Alek es capaz de hacer que olvides el enfado o que te sientas mal por algo, en cuestión de segundos. Lo miras caminar a la salida y dudas en tu sitio, sus palabras aún resuenan en tus oídos y el corazón grita que salgas tras él y no lo dejes ir, que pongas llave a esa puerta y el mundo exterior quede ahí confinado mientras dentro de esas paredes, existen únicamente ustedes dos; pero la razón -esa maldita racionalidad tuya, inoportuna en más de una ocasión- intenta imponerse con los argumentos de siempre: Siendo Alek el líder del Clan, lo que menos necesita en su vida es a una mujer con tantos problemas como tu, cuya cabeza tiene un precio no solo entre los vampiros, si no también entre su propia gente. ¿La imprimación puede deshacerse?, por que si no es así, ruegas a Gaia que esto sea solo un capricho por parte del lobo.

Se va... !Se está marchando!, !carajo, haz algo!

Es mejor así. Cada uno en un extremo de Likaia.

Pero... !Saldrá caminando de nuestra vida!

Entonces, así debe de ser. No se puede cambiar el destino.


Lo miras llegar a la puerta, escuchas el suave chasquido de la cerradura y tu mundo parece detenerse; cierras los ojos, escondiendo las gemas esmeralda tras los cansados párpados que han pasado noches en vela desde que la noticia del Concilio llegase a tus oídos. Se irá, saldrá de tu vida de la misma forma intempestiva que entró, se volverá un recuerdo que evocarás en los momentos de melancolía y una punzada de enfado cuando Baines le meta entre ceja y ceja a otra mujer. "Es mejor así".

!No!. !No, claro que no!, !jamás "será mejor" el alejar premeditadamente a una persona que ha llegado a representar la piedra angular en la vida del otro!

-Alek-

Lo llamas mientras tus pasos resuenan rápidos en dirección a la entrada, tu diestra lo toma del brazo y tira de él hacia atrás para apartarlo de la entrada mientras tu mano libre empuja de nuevo la puerta hasta que ésta topa con el marco y pasas el cerrojo, giras suavemente y te interpones entre el lobo y la entrada, levantas la mirada hasta encontrarte con la del hombre, te estremeces ligeramente y entonces sientes de nuevo esa opresión en el pecho que te advierte que una vez digas algo, no habrá marcha atrás; estás entrando en terreno peligroso, en un dominio que no entiendes por más que lo intentes, estás arrastrando a Alek a la locura que conlleva tenerte en su vida de forma constante y completa, ya no serán únicamente las discusiones y los encuentros rutinarios de cada mañana, ya no serán charlas cortantes o la apremiante necesidad de apartarlo del camino. No, una vez hables, Gaia sellará con sangre el destino de ambos. ¿En realidad quieres que él esté envuelto en todo eso?.

-La única razón por la cual pensé en salir de Likaia, fue para buscarte. Cuando Caleb confirmó que habían perdido tu señal, lo único que pude pensar fue en ir directamente hacia tierras Fenrir por ti, por que si algo te había pasado, si... yo... Si...-

!Vamos, dilo de una vez!, ¿qué sacas con postergar más ese momento?. Tragas saliva suavemente, tienes un nudo en la garganta donde las palabras se atoran, luchas contra tu propio instinto de supervivencia que dictamina alejarte y salir por la tangente con un comentario sarcástico, encerrándote de nuevo en el "Alcatraz interno" de tu persona. Respiras profundo, aprietas los labios y sientes el escozor leve de las lágrimas de impotencia y enfado que comienzan a surgir en tus orbes de ciénega.!Al demonio!. Que Gaia los proteja.

-Perdóname. Por reaccionar así, por dejarte fuera una vez mas... Si te perdía, si algo te pasaba, ¿qué sentido tendría seguir?. El alivio que sentí al verte de pie frente a la puerta de mi casa, la alegría de saberte vivo y a salvo, todo se desbordaba de forma que entré en pánico, nunca he sido buena para manejar las emociones en persona, es más fácil hacerlo cuando están únicamente sobre el papel, por que nadie sale herido. Tenía rabia, Alek, enfado conmigo misma por obligarme a detener esos impulsos, enfado contigo por haberte expuesto a algo tan riesgoso como ir al Concilio solo, por dejarme aquí sola, enfado con Roderick y Ken por mantenerme encerrada en Likaia, enfado con Caleb por tardar tanto en notificar a la Guardia; estaba aliviada de verte con vida, estaba contenta de ver nuevamente esa sonrisa tuya, dime Alek, ¿cómo maneja una persona cuerda, tantas sensaciones a la vez?!. !Es imposible!, es... imposible. Nadie es capaz de pasar por esa montaña rusa emocional y permanecer ecuánime. Creo que lo que quiero decir es que no eres el único que siente todo eso, que aunque te he mantenido al margen, aunque he intentado por todos los medios posibles ignorar el juego de Gaia, convirtiendo esa única noche salvaje en un simple encuentro sin importancia, Alek Arthes, yo... pues...-

Simplemente te pones de puntas y unes tus labios a los de Alek en un beso cargado de cierta duda y no exento del temor a su reacción, después de todo, bien merecido te lo tendrías. No, es inútil, los sentimientos hablados no son lo tuyo, definitivamente necesitarás un traductor de pensamientos si planeas quedarte ahí en Likaia, ¿será que Teudis tenga la destreza para crear un artefacto así?, mira que si lo patenta, podría volverse millonario en un abrir y cerrar de ojos.

-Te amo-

Susurras al separarte de él, bajando la mirada y mordiendo tu labio con suavidad, sintiendo las emociones a flor de piel, el corazón golpear en tu pecho con tanta fuerza que pareciera querer escapar, refrenando el impulso de decir alguna otra idiotez. Cierras los ojos y nuevamente levantas la mirada al abrirlos, clavando la mirada en los orbes celestes ante ti. Lentamente te mueves hacia la derecha, apartándote de la puerta para dejarle el paso libre mientras intentas controlar el suave temblor de tus manos al entrelazarlas y colocarlas cobre tu mentón.

-No soy la persona más adecuada para un líder licano, Alek. Ni siquiera se si soy la más adecuada para cualquier persona. No suelo demostrar abiertamente quien soy ni lo que siento, tampoco estoy acostumbrada a que alguien se preocupe por mi. Entiendo si prefieres continuar tu camino después de todo-
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Alek Arthes el Sáb Nov 23, 2013 2:17 am





Alek Arthes estaba estupefacto. Petrificado frente a la puerta aún tratando de digerir todo lo que acababa de ocurrir. La mujer que ama estuvo a punto de dejarlo marchar de su casa hasta que, en un arranque, se interpuso entre él y la salida, para confesarle el amor que siente por él y besarle, para entonces, apartarse y volverle a dejar el camino libre.


¿Por qué le era tan difícil a Satinne simplemente dejarse llevar? ¿Por qué ella seguía poniendo peros? Ahora salía con que el líder Likaio no debería estar con ella...


Alek la miró a los ojos y caminó hacia ella, bajando sus manos del mentón para luego abrazarla y unirla a su cuerpo, clavándole un beso en la boca, lleno de pasión, de toda la suma de las emociones que había sentido en ese momento. La besó con rabia, con dulzura, con angustia, con lujuria, con pasión y amor.


Así mismo, le agarró por las muñecas y la empujó clavando la espalda de la loba contra la pared, sin dejar de besarla, para entonces llevar ambas manos de ella a las espaldas de él. Luego, dejó que sus manos pasearan por el cuerpo de Satinne, con la misma furia y euforia con la que la besaba, adentrándose entre las telas que llevaba por vestimenta.


Luego de besarla por un par de minutos, separó su boca de la de ella para empezar a besarle el cuello, mientras decía: -¡Deja de decidir por mí lo que es bueno ni adecuado para mí! ¡Eso es mí problema, no tuyo!- dicho esto, le mordió el cuello en el área en donde se unía con el hombro, mientras con las manos le rasgó la prenda que llevaba al torso. Volvió a separar su boca del cuerpo de ella para añadir -Tú eres la mujer que amo, la hembra que Gaia ha elegido para ser mi compañera y la persona con la que quiero envejecer.-


Pasó las manos con fuerza por la piel de ella, casi arañándola, a pesar de no tener garras afuera, mientras le besaba el área sobre la clavícula, el esternón y la escápula. Volvió a separar la boca para quitarse la camisa mientras decía: -y si no quieres volver a decirme lo que sientes con palabras, no lo hagas, pero hazlo con acciones.-



La tomó por los muslos y la levantó, para volver a besarla en la boca, apoyándola contra la pared, luego la cargó y la llevó hasta el sofá, donde la dejó caer y terminando de desvestirla y de desnudarse, dejó que la pasión hiciera de las suyas.







Un par de horas más tarde, acostados en el suelo de la sala, cubiertos con la chaqueta de cuero de Alek y entrelazando las piernas, ambos veían el techo. El lobo de ojos azules le acariciaba el cabello a la loba de orbes verdes en silencio, sin pensar en nada, simplemente disfrutando de ese momento a cabalidad.



Pero entonces un pensamiento invadió su cabeza... el recuerdo de la conversación antes de aquel beso que él le propició a Satinne. Se levantó un poco y se colocó sobre ella para verla a los ojos y habló


-Satinne... quiero... necesito que entiendas algo. Yo te amo y eso te hace la mujer que el líder Likaio necesita a su lado. Gaia te ha elegido a ti para ese puesto y yo también te quiero a ti en él. Si tú también sientes lo mismo, simplemente deja que te ame y ámame. No tienes que decirme nada, no tienes que hacer nada más especial. Te quiero así como eres. Simplemente no huyas de lo que sentimos y termina de entender que así como tú te preocupaste por mí mientras no sabías de mí, me preocupo yo por ti. Es así de simple.-



Le dio un beso suave en los labios y continuó: -En ese mismo orden de ideas, si te he entrenado durante un año, ¡no es para que el primer momento de crisis vayas como una loca a entregarte a los vampiros o aquellos que quieren atrapar a Julie Austenson! Quiero que te cuides y te protejas porque... porque no siempre podré cuidarte yo, sobre todo en la guerra que se avecina. Yo sé perfectamente que eres capaz de defenderte por ti misma, pero para eso necesito que pienses claramente mi amor. No vuelvas siquiera a decir que vas a arrojar tu vida a un pozo, aún si mañana Gaia decidiera arrancar mi vida de tu lado.-
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Re: De regreso en Likaia (Privado con Satinne)

Mensaje por Marca de Sangre el Lun Sep 01, 2014 12:10 pm


DARKNESS WILL END THIS NOW
Las Marcas no decidimos sobre los corazones y, por eso, a veces lamentamos las deciciones de nuestros hijos.
La declaración de amor de esta pareja, condenará a Alek durante su estadía en el poder porque al final del día... ¿Quién le da cobijo a una persona que revela tus secretos más íntimos? ¿Qué lógica se aplica?
Incluso para las Marcas el pecado de Satinne supera las expectativas. Y nosotras nunca olvidamos. Nunca.




Tus derechos terminan donde comienzan los del otro
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