The Broken Soul [Oren]

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The Broken Soul [Oren]

Mensaje por Fenrir el Vie Nov 15, 2013 4:59 pm


Treinta días transcurrieron. Un ciclo lunar completo en el cual, el Clan Fenrir comenzó a sanar sus heridas, a reconstruir sus hogares, a levantar de las cenizas el alma de su tribu cual fénix enardecido, a buscar en la máxima figura, el consuelo de aquel golpe y la espera de una decisión que pudiese traerles la calma que realmente, necesitan y han perdido en medio de aquel sorpresivo asalto. Lentamente fuiste consciente de lo sucedido, en cámara lenta, las atrocidades tomaron forma una y otra vez en tus sueños cada vez más efímeros hasta que por fin, la duermevela fue el estado permanente de tu persona. Aia, la rebelde y testaruda chiquilla se agita en el interior, ahogada por la agonía de una congoja no expresada, suprimida por Fenrir hasta el punto mismo de renegar de aquella sensación de dolor e ira, de frustración e impotencia que carcome tu esencia lentamente. Galliard marchó con las cenizas de los suyos hacia su fortaleza, con el alma y el orgullo lacerado por el ataque, con el dolor de la pérdida, con la ira que produce la impotencia que tu misma sientes, entiendes y compartes, pero que a diferencia suya, encierras en tu interior para evitar que los demás se den cuenta de ello. Estás perdida en ti misma, naufragando entre dos mundos sin una cuerda de salvamento que te saque de aquel estado, por que fuera de las paredes de tu residencia, sigues siendo la estoica líder, la serena y dedicada Fenrir, la madre, la hermana, la guía espiritual de todos, aún cuando por dentro, en los pocos momentos a solas dentro de tu recámara, eres la pequeña y quebrada Aia, desesperanzada, agotada, rota.

Un mes en el cual, Gaia te ha hablado sin que puedas entenderla, treinta días en los cuales, deseaste delegar el peso que conlleva el liderazgo y exiliarte para sanar tus propias heridas que siguen manado sangre espesa y amarga, supurando la hiel de la derrota y la tristeza de un alma quebrada, fragmentada por los sucesos que acusan la incompetencia de una confianza sobrada. Suspiras largamente mientras cubres tu cuerpo con una delicada túnica ceñida a la cintura, la luna rojiza en lo alto del cielo acusa el paso de las horas en las cuales tu mundo privado se ha visto plagado de pesadillas y meditaciones; la hoguera que arde día y noche en el recinto te recuerda las palabras de Gaia y lo apremiante de una decisión. Estás entre la espada y la pared, pues tu deber con Galliard -como digna Ardwolf- es seguirlo en la batalla, vengar las vidas perdidas de los hermanos caídos, repetir la historia de los Brodde sin la certeza del mismo resultado. ¿Y si esta vez, tu perdías a Oren?. Posas los orbes celeste en las llamas danzantes, la Madre y los espíritus hablan en susurros que te son incomprensibles en ocasiones, pero en otras, como esa noche misma, las voces de la tierra son claras y sonoras, te conminan a tomar una decisión, una parte en el conflicto por venir. La guerra es inminente, si los licanos van a la guerra, sabes que muy pocos sobrevivirán, será un exterminio total de la raza y con ello,el llanto de Gaia se hará eterno; no pueden permitir que en esta ocasión predominen los sentimientos viscerales sobre la mente y la estrategia de la Madre, los Ardwolf tienen que entender que los espíritus obran de maneras misteriosas pero también, sientes que la Diosa ha hablado en los actos de Galliard. ¿Qué hacer?, ¿qué decisión tomar?, ¿podrán los Fenrir ir a la guerra con los Ardwolf y los Likaios?, ¿serán el puente entre los espíritus y sus hijos?, ¿serán neutrales?, !¿qué, por amor de Gaia, es lo que tu y los tuyos deben hacer?!.

Una última mirada a las llamas, el tenue susurro de la leña al arder parece mencionar tu nombre de pila -Aia-, como si fuese la voluntad de las sombras, traer de nueva cuenta a la cachorra de dos mundos para dejar atrás a Fenrir. ¿Significaría eso entonces, que la Madre no te considera apta para seguir liderando a su Clan?. Niegas con la cabeza, estás confundida, perdida en los designios de la Gran Diosa y no puedes -ni quieres- confiarle a nadie ese pesar que anida en tu corazón y nubla tu percepción con la más fina tela de tristeza. Sales del recinto, diriges tus pasos por la ciudadela donde todos duermen y los guardias están alertas -más que nunca, la seguridad se ha reforzado de maneras impensables-, atentos al más mínimo sonido que escape a la cotidianidad de sus noches; un par de guardias presentan armas al verte rondar los muros, uno de los soldados se acerca rápidamente hacia ti y tras un breve informe que parece indicar que todo está en calma, retorna a su puesto y las puertas de la ciudadela se abren de par en par para dejarte salir; te detienes un instante en el límite de la entrada, miras sobre tu hombro y por un efímero instante, las lágrimas nublan tu hermosa mirada de zafiro para ser contenidas con la terquedad propia de los fuertes e inquebrantables, un guardia, cachorro hace décadas, -hombre ahora que creció bajo tu entrenamiento- te ofrece con cierta tímida comprensión de tu silencio, el carcaj de flechas y el arco de madera de arce finamente tallado, preciosa pieza de artesanía cortesía de un viejo Fenrir fallecido muchas lunas atrás, cuando recién adoptases el nombre de Fenrir. En el interior del arco, una sola frase parecía brillar en medio de la oscuridad: "Una flecha siempre da en el blanco, aun cuando su camino sea incierto". Sabias palabras, sabio hombre.

"Saya, ¿hace cuanto que no estiras la cuerda, tensas los músculos, sientes el roce de las plumas en la mejilla, el aroma de la madera, el crujir de la misma segundos antes de liberar la flecha?"

Agradeces con un leve gesto de la cabeza y tomas aquella arma que te ofrece, adentrándote en el bosque, dejando que la luna de Gaia ilumine tus pasos, alejándote lo suficiente para tener un poco de paz, pero no lo necesario, para no percibir si la aldea llegaba a estar en problemas. Necesitas un tiempo a solas, en comunión con la Madre para poder entender sus designios que desde el ataque, te han sido velados por diferentes motivos. Sabes que tu afrenta no quedará impune, Gaia no perdonará tu momento de duda y flaqueza, el momento mismo en el que blasfemaste contra ella, cegada por la ira y el dolor de ver a tus hijos caer en manos de sus hermanos. Llegas cerca del río, el sitio más cercano a la ciudadela y a la vez, el más solitario, propicio para los pensantes y ermitaños; una roca sobresale del medio, te introduces en el agua helada -lo que provoca que tus prendas se empapen- y al alcanzar aquel lugar, trepas en ella y dejas de lado las armas,es lo suficientemente grande para que quepan dos personas sin problemas,ocupas la diestra y mirando la luna, te abstraes en tus pensamientos, dialogando con Gaia en muda conferencia, implorando su perdón por tu desaire, clamando por la respuesta a tus dudas, por el sosiego que le ha negado a tu alma. Estás por quebrarte, por perder la serena máscara que vistes fuera de las paredes de tu dormitorio; estás por venirte abajo, sin esa cuerda que te rescate de aquello, sin un pilar para apoyarte. Eres Fenrir, si, pero también eres mujer, un ser de carne y hueso, también sientes y te dejas llevar por los sentimientos que, por estar reprimidos tanto tiempo, cobran fuerza con ímpetu. Te sientes derrotada, sola, perdida. El ídolo con pies de barro que en cualquier momento, se desmoronará.

-¿Qué hago, Madre?-
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Re: The Broken Soul [Oren]

Mensaje por Oren Astvinur el Dom Nov 17, 2013 1:22 am

Perdido. Con los recientes eventos se podía decir que hasta él mismo había vuelto a aquél estado en donde la dirección la que tomar era más que incierta. El hombre no había retornado a ningún lugar público, restringiéndose a los límites de su propio territorio y hogar. Cumpliendo con su palabra a voces, su existencia se había confinado a sí mismo, resguardándose en los pocos lugares de absoluta naturaleza. Necesitaba de aquél tipo de calma por un par de días o lo que fueron décadas de escucha, sabiduría, observación y prudencia, podían estropearse en nada más que segundos por una mala y apresurada decisión. Con cada día que pasaba el lobo se daba cuenta de que ponerse en el lugar de quién había sido era una labor de proporciones colosales, cuya ilusión se vendría abajo tarde o temprano si no encontraba su balance y una respuesta. Después de todo, era incapaz de emitir una mentira, y también tocaba sincerarse con uno mismo. El guardián tenía la ventaja de haber vivido el tiempo suficiente para templar una paciencia que superaba la de muchos ¿Sería esta suficiente para calmar las nubes de tormenta que tronaban invisibles sobre su gente?

Los días se hicieron semanas y sólo decidió volver a andar luego de haber logrado establecer cierto orden a su interior y de alguna forma etiquetar ese maremoto de sentimientos que tenía dentro. Las palabras que había cruzado con quienes el destino había puesto delante también tenían su influencia, generando causas y consecuencias que comenzaban a brotar. El mero hecho de contemplar aquella línea borrosa desde el otro lado despertó la incerteza de si su accionar era el correcto. Era como si dentro de él se activaran alarmas desde múltiples locaciones, y diferentes focos de incendio intentasen arrasar con ciertas estructuras que creía axiomáticas. Pero de alguna forma algo dentro suyo calmaba el fuego, repitiendo que no siempre es necesaria una razón para confiar y tener fe. Algunas veces las situaciones simplemente se dan y desaprovecharlas podía significar perder algo de gran valor. Sus prioridades volvían a revolverse lo que internamente le provocaba un agudo dolor de cabeza el cual intentaba quitar frunciendo el ceño, obviamente sin resultado alguno.

El día tan esperado debía de llegar pero eso no quitaba ni un poco aquella opresión que sentía en su pecho. Su corazón parecía estar a punto de estallar ante la fuerza que lo oprimía mas no podía escapar de su destino y de lo que debía hacer. Si tan solo pudiese callar los susurros, borrar las imágenes, dormir y no soñar.

La muerte. Una construcción mística a la cual todo ser suele temer. El miedo a lo desconocido que carcome hasta lo profundo de toda alma de días contados. El temple de Oren se mostró inmutable a pesar de acercarse a tan ineludible verdad ¿Qué podía hacer? No iba a oponerse a un destino que significaba el bienestar de sus amigos y de todas y cada una de las personas a las que había aprendido a querer. Sí, junto a ellos había asimilado lo que meses, años, e incluso siglos llevaba tiempo comprender. Algunas almas incluso se pasan vidas enteras sin siquiera arañar la superficie de algo tan singular y poderoso como puede ser el sentimiento y sabiduría. Y esa era la razón para la que algo tan complejo tuviese lugar desde un principio. El entendimiento y acceso al verdadero poder interno es una cuestión que escapa incluso a los más grandes poderes, la multiplicidad de puntos de vista es de lo poco que puede dar estructura a un panorama tan extenso. El entramado estaba compuesto de numerosos hilos, cuantos más se concentraran en lo mismo, más claro sería el patrón .Así es que las fuerzas del cosmos eran tan reales como las del caos, y el lobo estaba decidido a mostrar que no permitiría que el mundo fuese corrompido sin encontrar resistencia. Destrucción, hambre, muerte son los asuntos de cada día, si aquello se hacía oír, el brillo de la esperanza podría cernirse sobre una dimensión al borde de su propio colapso. Aun así la situación era demasiado compleja y a fin de cuentas el destino quedaba a privanzas de unos pocos elegidos.

Sus manos acariciaban con sumo cuidado la superficie de cada árbol que cruzaba en su camino, el gesto parecía indicar que el guardián saludaba a la naturaleza ¿O estaba conversando con ella? Los vestigios de una sonrisa podían verse cada tanto aunque de hecho la naturaleza guardaba tanto respeto a su tipo como viceversa., por sobretodo, parecía una reunión de antiguos conocidos. Tarareaba una canción que databa de los inicios de la memoria, cuando aquellos seres que habían logrado la conexión entre persona y bestia encontraron el cobijo y el ejemplo de Gaia. No era extraño escucharle entonar esa corta melodía en busca de guía y protección cuando las sombras de la realidad e incertidumbre acechaban desde la oscuridad. La luz de la luna era su guía y cobijo, la guardiana y protectora aún si con el avanzar de las edades simplemente la mayoría ha olvidado quien era su más primigenio guardián.

Escuchó el agua correr, y el viento traer palabras. ¿Qué hago Madre? La mirada del níveo lobo se alzó para encontrar la luna de plata, capturar los rayos pálidos en sus ojos esmeraldas. La pregunta hizo eco en su mente ¿Qué hago Madre? Oh, cuan silenciosa era ella, como si su belleza fuera suficiente como respuesta a cualquier interrogante. Como el cielo nocturno se hubiese espejado en la tierra, captó la larga cabellera de Fenrir, su silueta ubicada sobre una roca, empapada ¿Cuánto te ha golpeado la marea que cabizbaja observas el agua fluir, rendida a su fuerza? Sus labios se abrieron para dar respuesta, solemne y acompañado de una suave brisa que respaldaba su tono –Gaia no va a decir que hacer, ella nos ha regalado el libre albedrío de la tierra, tu Madre aconseja. Con una eternidad respaldando su sabiduría, su voz se hace notar, pero quien siempre ha decidido es uno mismo- El cuerpo del guardián se perdió grácilmente bajo el agua, emergiendo en el lado libre de la roca, impulsándose para salir cual potente geiser y tomar el lugar junto a ella.

-El tiempo va en retroceso sobre la llama que impulsa a nuestros hermanos. Los días no son amigos cuando lo necesitamos. Nos toca escoger entre el ser, deber, poder y querer, y cuando ninguno nos da la solución ¿Será que hemos alcanzado nuestro límite?- sus ojos se ladearon para encontrar aquellos cristales de profundo azul- Los susurros han hablado, y con nuestro silencio las preguntas ya han quedado atrás. Tal como todo aquél que ha venido antes que nosotros y cuyo lugar tomamos, nos toca elegir,e incluso la duda misma es respuesta. Entonces... ¿Qué es lo que dice tu propio espíritu a tu pregunta?-
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Re: The Broken Soul [Oren]

Mensaje por Fenrir el Mar Nov 19, 2013 6:32 pm

Gaia siempre responde -de una u otra manera- al llamado de sus hijos; siempre ofrece su sabiduría cuando menos se le espera, pero también, se divierte jugando con los corazones de sus creaciones cuando éstos menos lo necesitan. Los sentimientos a veces salen sobrando cuando lo que uno realmente tiene como obligación es ser el pilar fuerte de toda una manada, y es entonces, cuando las cosas están por resquebrajarse, que la Madre juega sus triquiñuelas al poner en el camino de quien se cuestiona, a la única persona capaz de romper sus defensas.

Oren Astvinur. De todos los Hijos de la Luna, la Gran Diosa tuvo que enviar al Lobo Blanco a interrumpir tu soliloquio con la soledad; Oren, Consejero, Guardián, Lanza y Escudo, mano derecha, amigo, ... Y hasta ahí admites la importancia e influencia del licano en tu vida, aunque veladamente, hay algo más que te une a él y sabes también, que así sea por ordenes de la misma Gaia, no te permitirás jamás descubrir ese rescoldo oculto de tu alma. Suspiras imperceptiblemente sin dejar de mirar el reflejo de Selene en el agua, el ruido que genera su cuerpo fuerte al romper la superficie del agua te señala que a partir de ese momento, tendrás que moderar todas y cada una de tus reacciones para continuar siendo la persona hiperracional que has sido, en lugar de la visceral que se esconde en las sombras de la habitación.

-Buenas noches, Oren Astvinur, Hijo de Gaia-

Susurras simplemente ante sus palabras, posando la mano sobre el arco y el carcaj de flechas, como si cada una de las hendiduras del arma te prodigasen la seguridad que no posees desde aquel ataque. Tus orbes cansados se elevan desde la claridad del agua cristalina hasta la vera misma del río que fluye desde un punto desconocido; el zumbido del silencio se ve interrumpido nuevamente por el movimiento de la espigada fisonomía del Guardián Blanco al emerger del agua y subir a la roca, tomando asiento a tu lado con la naturalidad que siempre le ha caracterizado. Envidias en cierta forma la manera que tiene el hombre de simplificar algunas cosas hasta el punto más básico donde lo único que queda por hacer, es aceptar y comprender el por qué de eso mismo.

-Lo que debe ser, lo que queremos y lo que podemos, son cosas arbitrarias que nunca se unifican para dar pie a la comprensión máxima. Tiempo atrás, gracias a una persona creí poder unificar lo que quería y lo que debía ser y las circunstancias se encargaron de enseñarme lo risible de mis intentos-

Susurras quedamente en respuesta a sus palabras sin inmutarte, sin variar ni un ápice la postura o la inflexión de la voz, sin dar siquiera un leve vistazo a tu verdadero estado de ánimo. Estás ahí, sentada en medio de la creación de la Gran Diosa y pareces una muñeca de porcelana inexpresiva y ausente, ni siquiera la suave sonrisa que el Consejero lograba arrancarte siempre, se hace presente en esos momentos donde la oscuridad no es únicamente externa, si no también, está anidando en tu alma.

-Grita una dicotomía, Guardián Blanco. Llama a tomar las armas para obtener el pago justo por la vida de mis hermanos, pero a la par, conmina al sosiego de la prudencia puesto que negros augurios han vaticinado sobre nuestros hermanos, si la guerra llega a desatarse. Gaia misma susurra el nombre que ustedes me dieron, y a la vez, me llama Aia. ¿A cual debo hacer caso?-

Por fin, bajas la mirada hasta encontrar la del joven Consejero, tus orbes celestes brillan con una emoción contenida que delata la verdadera esencia de tu interior, amenazando con quebrar la pétrea fachada que has construido en ese último ciclo lunar. La serenidad propia de la líder entregada, la sabiduría de la antigua tribu que fluye a través de ti, la seriedad propia de quien vive por y para su gente. Roto, todo descosido y precariamente remendado, las costuras cederán tarde o temprano.

Estoy perdida Oren. Necesito regresar a la orilla, necesito la paz que antaño tuve, te necesito.

Palabras que no llegas a pronunciar jamás, las dos últimas simplemente resuenan con el eco de un sentir que pugna por salir a flote y es reprimido con el resto, subyugado, amordazado, obligado a caer en el fondo del pozo negro donde todo lo demás pierde un sentido lírico para volverse literal. Cierras los ojos un instante, aferrando con más fuerza el arco entre tus dedos, como si el contacto con la madera te hiciera guardar la compostura y la cordura.

-Perdí el rumbo, Oren. ¿Soy capaz de hacer lo correcto por mi gente?-

Es todo lo que admitirás, no dirás más de lo que es evidente. La congoja que pesa sobre tus hombros acerca del futuro de tu gente es notoria y ahí encuentras un puerto seguro para anclar las palabras de Oren, sin dejar pasar más allá de ese umbral fuertemente sellado a cal y canto, donde ahogas cada vez más la flama que siempre había ondeado en tus zafiros orbes.
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Re: The Broken Soul [Oren]

Mensaje por Oren Astvinur el Jue Dic 05, 2013 5:53 pm

La vida es un regalo, un don demasiado preciado para ser denominado de otra manera. El fuego de la existencia no era un objeto a ser poseído, un juego a ser ganado, un trofeo a coleccionarse. De todos, los seres eternos son quienes más pueden dar  testigo de ello. Gaia posee sus razones, siempre en su mayor interés pues la creación es su hija. La Luna por su parte vela por el espíritu, la noche, en aquellas horas donde las sombras se apoderan del mundo y el cuerpo suele descansar. En esas horas la línea de la conciencia se difumina, murallas caen y la conexión con lo que los sentidos físicos  no ven se intensifica. La caricia de la historia, de los ecos de tiempos inmemoriales, de conocimientos y razones que no conocen palabras sino que laten en el cuerpo con cada latido, fluyendo como la sangre sin siquiera ser notado. Herencia y sucesión, instinto e intuición, rasgos transmitidos de generación en generación. En su mayoría nadie lo explica, pero todos responden a ello sin cuestionar. Verdades que rara vez se cuestionan, no eternas pero casi igual de inmortales que el lobo ¿Cuándo es que se deja de lado el axioma para dar sitio a la duda, el cambio, y nuevos límites? Los ojos del guardián se mantenían en la mujer, también capturando el entorno tras ellos. Los orbes verdes del joven reflejaban la naturaleza, como si el agua cristalina le hubiese compartido sus propiedades por un instante de tiempo. Un universo justo en frente, todo un mundo en su interior, conciliar  tanto podía ser una labor que se fuera de manos. Sin embargo no se rendía, jamás lo haría, es parte del encanto de vivir. El regalo de la existencia vale que arda hasta el último intento por alcanzar un nuevo camino y resplandor.

-Buenas noches- El nombre quedó atorado en su garganta, como si el aire que había inspirado se desvaneciese en la nada. Le tomó un segundo acomodar el torbellino de razones para tal resultado, suspirando con pesadez por la ineludible realidad ¿Qué podía decir? ¿Sería prudente dejar libres palabras que se desenvolvieran inadvertidas? La mención de su apellido envió un frío a recorrer su espalda, significados atormentando su cabeza. Recuerdos, propios y ajenos, removiendo peligrosamente su interior. Calma, invocó su voz, haciendo eco en su mente, congelando la sensación de caos en su lugar, intentaría solucionar  esa parte de sí luego siempre que esta no explotara antes. Deseo. Sus manos se cerraron en puños presionando contra la roca que lo mantenía a flote. Debía realmente silenciar la voz que gritaba desde su interior antes de que esta soltara sin cuidado las ideas que prefería tener bajo control. En un momento tan crítico era cuando realmente debía mostrar una voluntad inquebrantable. El lobo siguió la mirada ajena, encontrando el reflejo de la luna en el agua. Sintió como su pecho se encogía hasta volverse un minúsculo punto ¿Es pena lo que profesas con tu brillo, Madre vestida de plata? –No me llames así, por favor. No bajo tantas miradas, no ante tu duda- dice a pesar de la soledad en la que se encontraban ambos. Nadie a la vista, nadie posiblemente en pocos kilómetros. Sin embargo, para ellos el mundo se extendía a límites insospechados, lleno de vida y muerte; alma y espíritu- Todo tiene su tiempo, mi querida Hermana. Los intentos de ayer son hechos hoy y mañana mentiras. El mundo posee una base fija, original pero el entramado siempre cambia. Nuestro deber es encontrar el balance entre ambos, cambiar nuestra acción y percepción de acuerdo a los nuevos desenlaces. Un árbol puede mostrarse siempre  igual, pero nunca notamos como las hojas crecen distintas, o las raíces alteran su curso. A la vez, cada situación es única e irrepetible, no puedo decirte que hacer sino marcarte los caminos-

Las palabras callan, las mentiras pueden pasar, pero la verdad no se oculta. La verdad está escrita en las almas y hay quienes lo ven, o al menos oyen a quienes se encuentran en un mayor contacto con esa parte. Libre de apariencias, uno se encuentra emancipado a apreciar todo el panorama, como también la parte ínfima y fácilmente despreciable. Una hoja cayó sobre el dorso de su mano, el hombre dejó que se deslizara hasta poder voltear y atraparla, aquella fina lámina de vida crujiendo bajo su toque.Muerte . El fallecimiento de fe y confianza, de voces cuyas palabras habían sido negadas. Los llantos y el dolor aún se extendían, alcanzando los rincones más apartados, con cada vez más y más fuerza. Tenía tiempo ignorándolos, pero en tal soledad era casi imposible, como si estos estuvieran empecinados en hacerse oír. Su cuerpo se tensó en represalia y sus oídos se centraron en la voz ajenas para alejarse de la helada sensación – La venganza jamás es una respuesta, nuestras garras no hacen más que atravesar sombras que ríen a nuestra cara. Gaia sabe mejor que nosotros, no es una dicotomía. Aia, Fenrir: Uno que son dos, dos que son uno-

Su voz volvió a perderse, reinando un silencio que trascendía más de un plano. Sus ojos esmeraldas contemplaban, y a través de ellos, un mismo infinito también observaba. ¿Capaz de hacer lo correcto? Esa era una respuesta que posiblemente hasta la misma Gaia esperaba de su hija. Los labios del consejero se mantenían sellados, esperando que la propia historia se hiciera frente a él, esta vez no era solo su persona quien había decidido callar. Los segundos se extendieron y habló lo único que creyó correcto –Sin importar la cantidad de días o circunstancias, la Luna jamás ha dejado de brillar. No es una cuestión de capacidad, la tienes siempre presente. Una situación que posee la simpleza y complejidad de cualquier elección ¿Puedes tú resplandecer en la dirección correcta?


La oscuridad forma una cúpula que todo lo oculta, atrapando el corazón en el miedo y la incertidumbre. El camino es uno solo y en alzarse como la Luna se revela la verdadera dirección.
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Re: The Broken Soul [Oren]

Mensaje por Fenrir el Lun Dic 09, 2013 5:33 pm

Un despliegue de viento envolvente, aquel que renace de los pulmones mismos de la tierra. Fue un susurro hecho suspiro que se mecía por encima de las aguas, las mismas que acariciaban sus pies de terciopelo y a la vez, caía en forma de gotas tímidas por su cuerpo. Una figura contorneada que ahora describía la perfecta forma de sus extremidades guerreras desnudas, mientras las pobres telas que bordeaban su silueta ahora estaban adheridas a la figura amazónica de la Lider de la manada de Fenrir. La luna aun en lo alto brillaba en su forma media, casi como si observase cual presencia maternal lo que pronto sucedería y, a su vez, temiese un futuro incierto que se manifestaba en la mirada helada como las rocas expuestas a los vientos invernales de su hija. Sus ojos no se posaron ni por un instante en el joven Guardian, ahora consejero. Ella le escuchaba y al hablar se lo dejó en claro, demostrando al ingenuo cachorro que ella no era la guerrera intocable que todos creían.

Soberbia amazona nacida en tierra ajena, capaz de destruir con un azote todo aquello que fuese blanco de su mirada oceánica. Sus cabellos se mecían a la par de la noche, llegando a volverse un espectro para sus enemigos, resplandeciendo su piel como la espuma más pura a pesar de estar sucia con sangre y tierra. Aia, ese era su nombre, corto y feroz como un aullido…¿Hace cuanto que nadie le llama con ese nombre que sus padres escogieron? Entonces, esa era la razón por la cual estaba tan confundida en esos momentos en los cuales el viento traía los gritos de guerra de sus propios hermanos. Por un lado, Aia, la guerrera que había peleado mano a mano con el mismísimo Galliard. La furia de largos cabellos que se abrió paso entre los enemigos dejando atrás olas de destrucción y muerte. La misma que empuñó en su diestra la sangre contaminada de Valadir antes de que éste destruyese con su falta de sentido común a su propia manada. Aia, la impetuosa e impiadosa hija de los Ardwolf. Y por el otro lado, Fenrir. Un nombre que reflejaba un titulo que no había pedido pero que, por honor, jamás cedería. Fenrir, aquella que cargó con una manada ajena sobre sus propios hombros, guiándoles a periodos de paz y quietud mientras pagaba con su vida la sangre derramada del anterior. Una vida por miles…

Sin embargo, Aia, la guerrera, se negaba a la guerra que su hermano Galliard buscaba declarar. Demasiada sangre derramada hacía escasos días y aun éstas teñían los dedos de sus propias manos. Aia arañaba el interior de ese cuerpo blanco como la espuma, deseando llegar más allá de una guerra sin sentido, buscando cobrarse cada una de las vidas destruidas. Y a la vez, Aia le culpaba por haber sido tan ciega para no ver lo que estaba gestándose en el interior de su terreno mientras debatía palabras absurdas con los demás Lideres. Pensó en Alek y su estomago se cerró al instante. No era más que un cachorro en una manada de cachorros como él ¿Qué sucedería si iban a una guerra y llevaban a ese cachorro que salió corriendo detrás de ella y de la oráculo? Fue entonces que su mente voló hacia Galliard, el amigo de guerras antiguas con quien había compartido más que consejos. El guerrero desolado por la pérdida a quien calmó el desconsuelo de ésta con su propio cuerpo. -¿Qué estás pensando, Galliard? ¿Crees que con una guerra ella volverá? ¿Crees que ésto nos devolverá a nuestros muertos? – Pero aun así, lo comprendía y entendía esa impotencia venenosa puesto que también le envolvía a ella. Pero la voz de Fenrir era más sublime, marcada por encima de cualquier otra voz, sabiendo que un conflicto en el estado en el cual estaban solo terminaría de destruir la paz que con su sangre y su esfuerzo mantuvieron por trescientos años.

Sus ojos oceánicos, azules como el cielo nocturno cubierto de estrellas se entrecerraron ante la respuesta que el guardián hacía oír. Voz profunda, casi tanto como su mirada, pero a la vez, confusa. Algo reaccionó en él al escuchar su nombre antepuesto a tan patético ruego. Y el orgullo de la guerrera amazona pareció sufrir una grieta al reconocer su propia debilidad. ¿Qué pensaría su clan y ella misma al verse buscando la piedad y contención de un macho? Ella, la guerrera que había peleado guerras propias y ajenas, llegando a destituir al antiguo Lider. Tantos años peleando con el estigma de ser hembra y ardwolf; tanto tiempo para ahora ceder a algo tan secundario como un enamoramiento infantil…Ese muchacho que fue un cachorro ante ella y se volvió hombre bajo su propio mando era más que un licano cualquiera. Y fue esa luz, ese manto cristalino de su ser lo que pudo confundir sus pensamientos. Pero no fue eso lo que le hizo reaccionar, sino notar en él la verdadera decepción que sus propias palabras habían provocado. Sus facciones se endurecieron y su ceño se marcó apenas a la vez que sus musculos marcaban sus antebrazos y la forma perfecta de sus piernas - ¿Ante mi duda, has dicho? – repite su voz a la vez que su rostro parece indagar en el semblante puro del joven guardián. – Jamás he dejado de dudar, Oren – escapa de su garganta como una confesión que ha mantenido callada por demasiado tiempo. Su mirada de hielo es fría y a la vez, dolida, como un cristal que ha sido agrietado de un golpe ¿Está dolida con él? No, él no ha hecho nada para ofenderla. Acaba de entender que se ha ofendido sola ante su llanto interno de momentos antes, a ella y a todos los ancestros que pasaron por su vida. Ha ofendido a su gente, a los Fenrir y a los Ardwolf. Y también a sus caídos, vigilantes eternos que caminaran por esa tierra hasta el final de los tiempos – Desde el instante en que empuñé el arma que arrancó a Valadir su vida…Hasta momento en que me senté aquí y tu llegaste. Nunca he dejado de dudar. – su voz es solemne, casi como lapidante y a la vez, tiene un halo de vulnerabilidad que demuestra que la temible Lider está enfrentando una de las peores batallas que ha tenido que pelear en todos sus años de vida: Con su propio ser – Cuando llegué aquí era una Ardwolf…una extraña. Llegué a una manada aterrada por un Lider déspota…y nadie , absolutamente nadie tenía el poder para doblegarlo. Y fueron mis manos las que le arrancaron la vida y como Ardwolf dejé mi hogar y mi nombre para volverme Fenrir. ¿Cómo no dudar? ¿Cómo no temer? Cada instante que cierro los ojos me pregunto por qué Gaia eligió este camino para mí. Y ante todas estas dudas que me azotan constantemente ¿sabes qué respuesta obtengo? –sus pasos le llevaron a mirarle tan cerca que pudo ver con claridad la forma transparente de sus ojos verdes como las hojas de los árboles – “Porque así debe ser. Porque así debió ser y porque es”- Su garganta por un instante pareció que se cerraría por una emoción que no había dejado aflorar en tanto tiempo. Sentía los grilletes de cadenas invisibles aferrados a sus muñecas y ahora, ante aquella epifanía, acababa de descubrirlo. Siempre había dudado y eso significaba que ella no había elegido ese camino de forma ciega. Y aun así ahí estaba, recorriéndolo. Viviendo cada día con una sonrisa en sus labios, dirigiendo una manada ajena y a la vez, tan propia como su sangre Ardwolf.

Fenrir bajó su mirada por un instante soltando un suspiro de sus labios entrecerrados mientras volvía a erguirse como una loba orgullosa de su propia existencia. La luz de la luna les iluminó por ese instante donde el agua hacía eco de la plática que se llevaba a cabo sobre la roca –Ahí está tu error, joven guardián. Creer que la duda significa negativa o debilidad. Todos dudamos porque somos seres imperfectos. No es en la duda donde encontrarás debilidad, tampoco en el miedo…Sino en el arrepentimiento – finalizó clavando sus ojos en los ojos verdes de él – Has lo que debas hacer pero no te arrepientas de ello porque en la senda de Gaia no hay lugar para quienes buscan borrar lo que ya escribieron. – Sus pasos le llevaban a rodear al joven Guardian a la vez que el agua caía de su cuerpo empapado en forma de lágrimas ajenas, sin quitar por un solo instante la visión transparente del manantial que les rodeaba.- Con estas manos he escrito guerras, vidas y muertes. También cambios…- susurraba a la vez que posaba sus ojos sobre ambas palmas, abiertas ante ella. Esas palmas que habían portado las armas de sus antepasados; que habían levantado con esfuerzo los cadáveres de sus caídos. Las manos que habían mantenido la manada de Fenrir viva luego de dar muerte a Valadir. - …Pero…Incluso las más largas historias necesitan un final…- pensaba en voz alta. Era como si hablase a la misma Selene que brillaba en lo alto.- ¿Serán estas manos las que lo escriban? -
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Re: The Broken Soul [Oren]

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