Ciudad de Cicatrices - Libre.

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Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Miér Ago 28, 2013 5:35 pm

Momento: Tres semanas despues de la caída de Raphael.

Situación: Cacería de Lobos. Recuento de mensajes.
Cualquier Raphael puede introducirse puesto que se dá en las inmediaciones de la Fortaleza de Raphael. En caso de ser otro clan, debe explicar qué hacía por esos lugares.
Los Licanos ocupados aquí son PNJ...Por ahora.




Evans Cromwell

Un lobo…El segundo desde la caída de Raphael. Aun le ardía en el brazo derecho el zarpazo que la fiera le lanzó cuando éste trató de contener el poderoso embiste. Desde que el Líder había muerto en manos del misterio, la sensación de inseguridad dentro de la fortaleza se hacía notar más que antes. Evans notaba que su paso era ligeramente inestable cuando abrió el gran portón de rejas negras y caminó torpemente por los espaciosos jardines cubiertos por las penumbras. A su alrededor sentía los ojos expectantes de los vigías siguiendo con firmeza cada uno de sus pasos. Sin embargo, él no levantó la mirada para verles. Solo quería llegar a su sitio; un cuarto hecho para él por él mismo.

La fortaleza de Raphael era una construcción realizada allá por el año 1200 DC, con una arquitectura ejecutada para que ese sitio viese ir y venir generaciones completas y soportase cualquier tipo de ataque por tierra que pudiese llegar. Pero lo más intimidante de ese lugar que se alzaba majestuoso en la zona sur del Rio Támesis, justo en el centro londinense, eran sus torres. Con cada nuevo Líder, una nueva torre se mandaba a construir y desde su fundación al día de la fecha, la Fortaleza de Rafael contaba con catorce torres. Cada una poseía un nombre y una historia que daba más fuerza y misterio a aquella fortaleza de Marfil, como solían llamarle.

Arrastraba sus pasos cuando levantó la mirada a la torre más alta que se podía apreciar desde el frente de la construcción: ‘La torre de Cenizas’. Una sensación punzante recorrió su cuerpo cuando el recuerdo de la terrible batalla que dejó a uno de los clanes de sangre exterminado y permitió que los licanos se extendiesen por el Bosque Negro chocó contra su mente. Esa Torre rememoraba aquella guerra y en ella se mantuvieron cautivos las bestias mitad hombre, mitad  lobos que se cazaron en los años venideros para recordarles a los hijos de la Luna que la casa de la sangre no perdona.

Pero ahora, esa noche de luna nueva, la visión de esa torre alta, blanca como el mármol, hacía que Evans se retorciese en una mueca de desagrado. Raphael, el último líder la había erigido y él ahora no estaba ahí. La visión de ella era como la mirada tajante de la muerte sobre ellos. La última vez que una casa de sangre se quedó sin líder, un clan fue extinto y los vampiros vivieron en carne propia la visión de sus propios caídos tratando de contener las oleadas de licanos que se lanzaron como fieras buscando destruirles en su vulnerabilidad. Ahora, con Raphael muerto, Eliah y él eran quienes mantendrían el control en Londres mientras se decidía quién se sentaría al mando como el nuevo Lider y eso, en los tiempos de guerra que se respiraban, era incapaz de llevar tranquilidad a nadie.

Al abrir la pesada puerta, una figura delgada le recibió con atención. Al ver al mercenario adolorido, con la manga de la chaqueta abierta en tres zarpazos y numerosos rasguños en su cara, el vampiro Lucius, servidor de la casa de Raphael desde que el tercer iluminado había pasado por la tierra, para luego honrar a once Lideres después de él, se alarmó. –Joven Evans… ¿Está usted…?- dijo en un extraño acento que era una mezcla de inglés con otro que el mercenario no recordaba. Evans no se explicaba como luego de 400 años no lograse terminar de dominar el idioma. Tendría que ver con que el hombre fue convertido a la edad de cincuenta y tantos años y quizás eso lo había hecho menos hábil en el aprendizaje – Encontré un licano en las inmediaciones de los bosques. Están saliendo…- susurró apretando los dientes mientras sus ojos destellaron por un instante en color escarlata para finalmente volver a tomar el tono ambarino de éstos. El anciano, como le solían decir dado que era difícil entre los vampiros que existiesen convertidos de edades avanzadas, le envolvió en sus brazos para ayudar a guiarle a una de las salas. El mercenario hizo un gesto y rechazó aquella ayuda con su cuerpo y una mirada de molestia marcada en sus facciones pero la insistencia fue inmediata – Joven, la herida causada por las garras de la bestia lunar duele más que la amputación misma. Y ésta es profunda. Permítame tratar de cauterizarla y ayudar con el dolor. Luego usted hará el resto – Cosas como esas llevaban a los Iluminados a tomar hombres de ciencias para volverlos parte de su clan. Mientras que los Lazaro tenían un gusto más macabro y los Donovan total y plenamente elitista, los Raphael consideraban que en la variedad estaba la verdadera fuerza del clan. Los jóvenes eran elegidos por sus virtudes y los mayores por su sabiduría. Un joven recién convertido era impetuoso; un anciano recién convertido era astuto. Si bien Raphael les dotaba con la misma fuerza a ambos, el cuerpo joven se amoldaba más al cambio y siempre tenía más potencia que el cuerpo anciano, más allá de la bendición del abrazo. Pero el anciano tenía una temperamento más marcado y su experiencia les había proporcionado paciencia y prudencia que los hacía excelentes consejeros.

Evans clavó sus ojos en Lucius y sus gestos se ensombrecieron – No es la primera vez que me marca un pulgoso – dijo con desprecio. Sin embargo el anciano le miraba con la misma quietud, con ambas manos posadas a la altura de su estomago, notándose lo pálido y delgados de sus dedos – Desde lo sucedido, tanto usted como los demás guerreros han doblado sus obligaciones tratando de mantener el orden. Así como los humanos se desgastan, los vampiros…- empezó a decir pero Evans interrumpió – Bebemos sangre y nos recuperamos. -  Lucius cerró sus ojos con respeto y asintió, pero no por creerlo, sino porque sabía cómo llevar al testarudo joven – Cuando era un muchacho, tenía un tío que era cazador. Un hombre fornido de piel rasgada por los fríos inviernos de Irlanda…- empezó a decir el anciano. Evans entendió cuál era el otro acento de Lucius: irlandés. Una mezcla muy particular si le preguntaban. El anciano continuó –Una tarde mientras salía de cacería, cayó del caballo y se hizo un corte en la pierna, a la altura del muslo – Evans no entendía a dónde quería llegar pero siempre le escuchaba. Había algo en el anciano que lo volvía interesante de escuchar – Trágico – susurró. Lucius continuó – Así es. Su padre, mi abuelo, le insistió en que se hiciese tratar esa herida pero él dijo que no. Que había recibido heridas punzantes de pies a cabeza y nunca tuvo que tratarlas… - Evans suspiró agotado – Lucius…No puedo morir por un corte…- reclamó el guerrero pero el anciano le interrumpió – Mi tío murió de Sífilis luego de acostarse con una prostituta… – respondió el anciano. El muchacho frunció el ceño. Si esa era una historia dónde se diese algún tipo de moraleja, realmente no la entendía - ¿Eh? – preguntó ya malhumorado. El anciano sonrió para sí mismo – Pero antes de eso, sufrió por tres años una infección en la pierna. Pudo haberse evitado el dolor pero su orgullo le decía que no, que el dolor lo hacía hombre. En realidad, el dolor no nos hace hombres, joven Evans, solo duele. ¿Le parece lógico dejar que duela hasta que cicatrice solo porque es vampiro y no va a matarle? – Como siempre y para variar, el anciano tenía un punto. El mercenario apretó los labios y se empezó a quitar la chaqueta con ayuda de esos dedos huesudos y pálidos y mostró al hombre de ojos grises y pequeños las tres líneas paralelas que palpitaban entre los músculos y la carne del brazo derecho. Mientras el anciano miraba la herida, parecía analizar los cortes – Tendones, músculos…Me temo que por esta noche no podrá volver a salir – susurró. Mientras Evans volvía a sentarse, Lucius se perdía en los pasillos de aquella preciosa construcción y volvía a aparecer junto al mercenario sin emitir ruido alguno. En sus manos traía un cofre pequeño el cual abrió para dejar a la vista tres pequeños frascos de cristal. – Hay que avisar a los vigías. Si encontré un licano…- empezó a decir pero el anciano le interrumpió, limpiando las heridas del brazo con cuidado con aquel liquido rojo negruzco. Era sangre. El liquido vital que hacía que el caminante nocturno se revitalizase como el agua lo hace con un sediento –Hay más licanos en los bosques y los vigías lo saben, joven Cromwell. Ahora debería descansar y estarse quieto. Ya saben lo que dice el dicho: Mientras un Raphael duerme, hay otros veinte vigilando. –
Evans odiaba ese refrán. – No te olvides que ya hay un Raphael durmiendo; por eso no puedo darme ese lujo…- susurró, clavando sus ojos en la mirada gris de Lucius, refiriéndose al líder caído que había dejado un hueco en las filas del clan.


Arcueid Van Ripper

De unos pocos disparos un blanco más caía pero, ¿de que servía afinar su puntería? ¿De qué habia servido entrenar duro todos estos años si no podía servir ante la amenaza que ahora azotaba la Casa de la Sangre? Era el colmo que Eliah y Evans fueran quienes estuvieran a cargo y a el ultimo se le ocurriese salir cazar lobos ante la primera señal de pelo de perro que viera. Tampoco podía culparlo, desde la caída del líder parecía que estas bestias habían olfateado la ausencia de su mentor y uno tras otro, poco a poco se iban acercando. Como si quisiesen rebajarlos, o provocarlos, a sentir lo que siente una presa acechada. Pensándolo así era difícil saber si lo que los impulsaba a salir era el deber o el orgullo…

El cargar su frustración contra los blancos inertes de la Sala de Tiro solo le basto para darse cuenta que aquello no la satisfacía en lo más mínimo. En las últimas semanas su carácter despreocupado había sido reemplazado por uno más indiferente y serio. Aun recordaba como el ultimo líder derribaba a sus oponentes en los entrenamientos con la misma facilidad que caminaba y ahora había caído entre tanta duda, tanto misterio. Y aquella creciente amenaza que aumentaba con cada cambio de luna no les permitía detenerse a pensar ni un solo segundo. Sin embargo la mente de Arcueid no había parado ni un solo día y estaba decidida. Le debía mucho su mentor como para dejar las cosas así. Se había quedado pensando en eso, apuntando al blanco que había parecido pero sin ánimos de disparar, sin ver más allá de su pistola 9 mm. Luego de un rato en silencio finalmente la regreso a su cintura y antes de que pudiera pensar en que hacer escucho de un par de soldados que pasaban que Evans había regresado  y no en muy buenas condiciones al parecer.

Conocía bien su terquedad y supuso que habría seguido a algún licántropo hasta las últimas consecuencias. Quizás si se daba prisa podría ver en qué estado estaba antes de que aparecieran Layla o Eliah… Lo último que quería, y que por suerte pudo evitar en aquellas últimas semanas, era tener que aguantar a ambos y aquella actitud despectiva y humillante que estuvo aguantando desde la muerte de Dimitri. Y ahora que Raphael había caído, la pelirroja se planteaba seriamente el permanecer entre los demás miembros del Clan y la idea de una vida lejos de Londres y aquel mundo empezaba a sonar tentadora.

Fueron los  vigías los que le confirmaron su llegada y le avisaron que el vampiro estaba siendo atendido por Lucius, uno de los hombres más pacientes y excéntricos que había conocido en su vida. No tardó en llegar a la habitación y entrar luego de tocar la puerta… Su cara no puedo evitar dibujar un gesto de dolor al ver semejante herida. – Tú siempre tan extremista.- se cruzó de brazos y lo quedo mirando desde la puerta luego de cerrar tras sí. Miro los rasguños en su cara y se sonrió unos momentos, aquella mirada y actitud tosca era una buena señal.




Eliah Amasias

Una templada mirada de color ámbar, unos pasos lentos y  algún y que otro suspiro eran los protagonistas de aquella incómoda situación. Eliah caminaba de un lado a otro mientras mantenía los brazos cruzados en un gesto pensativo. –Esto no debería haber ocurrido…- Dijo por tercera vez el enmascarado y nervioso vampiro de Lázaro que se frotaba las manos compulsivamente. –Ya lo sé Lucas, ya lo sé, que lo repitas una y otra vez no va a cambiar nada.- Entre ambos, un maniatado guardia de bajo rango de Raphael esperaba de rodillas un sino probablemente desagraciado. El infeliz había tenido la mala suerte de escuchar una conversación que colocaba al aspirante a líder de Raphael en una incómoda situación. Obviamente, Eliah no podía dejar marchar a aquel joven, por lo que lo había reducido e inmovilizado para pensar que hacer con él –Podrías llevárselo a Fausto, pero sería un castigo desmesurado en relación con el crimen cometido.- El Lázaro se encogió de hombros sin emitir ninguna palabra mientras el vampiro de cabello castaño emitía un suspiro cargado de resignación. –Está bien, está bien, vamos a hacerlo a tu manera.-

Eliah alzó su diestra, agarrando algo invisible por encima de su hombro. Conforme la enguantada mano del guerrero se cerró entorno al mango, la imponente espada Aether hizo acto de aparición, deshaciéndose el hechizo de invisibilidad que la mantenía oculta para evitar situaciones incómodas con los mortales. –En fin- Dijo mientras desenfundaba el gran mandoble que colgaba en su espalda, apoyando la punta en el suelo y a su vez, la palma de la mano en el fin del mango. –No es nada personal chico, no puedo permitir que divulgues nada de lo que has escuchado- El Raphael maniatado trató de hablar, pero solo murmullos salieron de su cubierta boca. La decisión había sido tomada, y fue definitiva con un rápido corte. El largo filo cercenó la cabeza del joven en un destello, haciéndola caer al suelo, donde rodó unos cuantos metros. El cuerpo la acompaño, desplomándose como un saco de patatas con un ruido sordo. –Deshazte de eso y hazlo bien, no quiero más imprevistos.- El lázaro asintió nervioso mientras el guerrero enfundaba el arma que volvía a su estado de invisibilidad.

-¿Re…recuerdas lo que te he dicho, verdad Medianoche?- Dijo Lucas usando el nombre que los contactos de Lazaro empleaban para ocultar la verdadera identidad de Eliah. –Esos lobos están poniendo mucho en peligro, se están acercando demasiado a la guarida oeste y Lázaro quiere que los quitéis de encima- El castaño desvió la mirada del cadáver hacia su contacto, enarcando una ceja. –Oh… ¿ahora soy el recadero de Lázaro?- Preguntó con un suave tono que indicaba puro peligro. –N…no…no… Es un favor que te pide, sus hombres están ocupados asegurando las zonas que comentaste y algunas guaridas han quedado vulnerables… Espera que puedas ofrecer tu ayuda.- Eliah se cruzó de brazos y observó pensativo durante unos segundos al escuálido chupóptero que tenía delante suyo. Estaba pensado en hacérselo pasar un poco mal, pero no tenía el cuerpo para bromas y no quería arriesgarse más tiempo con esa reunión. –Está bien, ahora tomare un grupo y despejare el bosque oeste, dile a Lazaro que dentro de dos días iré a visitarlo, aún tenemos mucho de qué hablar.- Dicho esto, Eliah se dio la vuelta y tomo camino directo a la fortaleza.

Aquella noche había sido más bien frustrante, poco había avanzado en sus sueños de gloría y el camino estaba empezando a llenarse de piedras, demasiadas para su gusto. Su ambicioso proyecto se desarrollaba lentamente y le estaba costando preparar el terreno para reclamar lo que era suyo por derecho, el liderazgo de Raphael. Quería a Evans como un hermano y en otra situación, habría cedido el puesto sin dudarlo, ofreciendo una sonrisa y completo apoyo. Pero todo se alejaba alarmantemente de la situación “ideal” y su hermanito había demostrado con creces no ser digno del cargo. Se estaba tomando tantas molestias para asegurar su ascensión sin encontrarse ningún impedimento. Indigno o no, Evans era su mejor amigo y dañarlo no era una opción. Si tan solo ella no hubiera hundido todo aquello por lo que habían peleado por sacar a flote… Eliah cerró los ojos unos segundos mientras metía las manos en los bolsillos de su abrigo largo de color blanco, relajando su aturullada mente. Era inútil pensar en el pasado y en el “y si…” tenía que centrarse en el presente y en el futuro, muchas decisiones importantes tendrían que ser tomadas y era completamente necesario tomar las correctas.

Cuando el vampiro abrió los ojos de nuevo, una suave brisa fría acarició su largo cabello castaño, dándole la bienvenida a la imponente fortaleza que se alzaba ante él.  A unos metros de distancia tenía el bastión que hacía las veces de hogar para los miembros de su clan, antaño un lugar que representaba muchas cosas agradables dentro de un mundo oscuro, actualmente un edificio inútil que servía para recordarle una y otra vez lo mal que había ido todo. –Cuando suba al poder tiraré todo este estúpido montón de piedra.- Susurró Eliah frunciendo ligeramente los labios. –Y construiré algo que represente la nueva era que está por llegar, buenos tiempos.-

Los guardias que custodiaban la entrada le dieron la bienvenida, mencionando además que Evans había tenido un pequeño percance con un Lícano y que estaba siendo atendido por Lucius en su cuarto. Eliah tomo paso hacía el cuarto de Evans agradeciendo la información recibida. Le venía de perlas que el pasatiempo de su amigo fuera matar perros, no tendría que trabajar demasiado para convencerlo de ir un rato de caza al oeste. Por muy buen guerrero que fuera, dos son mejor que uno y Evans sabía perfectamente como pelear sin ponerse en medio de su filo. Tras unos minutos de pasos y saludos, el guerrero estaba empujando con suavidad la puerta que daba directamente a los aposentos de su amigo, como siempre, sin llamar.

Lo primero que sus ojos alcanzaron a ver fue una larga cabellera de color rojo sangre a pocos metros de su posición. Aquel cabello inconfundible que tantos sentimientos despertaba, todos negativos por supuesto. En un acto reflejo, el vampiro alzó su diestra hacia el mango de Aether, pero la detuvo a medio camino entrando en razón, Evans la protegería como siempre hacía. –Oh… Si es mi Yoko Ono personal.- Dijo esbozando una pequeña y malvada sonrisa. Desenvainó la espada y caminó hasta situarse entre Evans y Arc. Con un lento movimiento colocó Aether de forma vertical, apoyando la punta en el suelo y dejando descansar sus manos en el mango de la espada, que quedaba casi a la altura de su barbilla. –Dime Arcueid, ¿Cómo te ha ido? Han pasado unos días desde la última vez que te vi… Cuéntame, ¿has destrozado muchos clanes en este tiempo?. Le dedico una de esas miradas asesinas que la pelirroja ya conocía bien, mirándola a los ojos durante unos segundos. Ganas de partirla por la mitad no le faltaban, era algo realmente científico, solamente su presencia era capaz de minar el enorme temple del vampiro. –Estas viejo ya.- Dijo finalmente, desviando el rostro de Arc a Evans, que en ese momento estaba siendo “arreglado” por Lucius. –Probablemente esta cura ha ido acompañada de la historia del tío o primo que agarró sífilis por meter su amiguito hasta en los agujeros de los topos ¿verdad? Es un clásico.

Lucius renegó ante el comentario de Eliah y abandonó la habitación con un. –Déjalo descansar, cada vez que se va contigo vuelve peor.- Cuando las puertas emitieron el conocido sonido de cierre, el castaño lanzó un suspiro y eliminó la sonrisa de sus labios. –Me han informado de un grupo de Licanos en la zona oeste, en uno de los bosques. Esa manada es importante, por lo que si los tumbamos, despejaremos durante un tiempo toda esa zona. No es que quiera forzarte, pero sería adecuado ponernos a ello lo antes posible. ¿Cómo te ves?. La herida se veía algo fea, pero no era nada a lo que su amigo no estuviera acostumbrado. Cuanto antes despejara la zona mejor, no quería llegar demasiado tarde pues significaría tener a Lazarus un mes entero echándoselo en cara.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Miér Ago 28, 2013 5:38 pm


Evans Cromwell

Una mueca fue la primer respuesta de Evans a Lucius mientras éste continuaba limpiando la herida con calma a la vez que tarareaba una melodía desconocída sin abrir sus labios. En ese momento, la puerta se abrió y los ojos ambarinos del muchacho se clavaron en la misma para recibir a la dueña de una espesa cabellera de fuego y ojos tan verdes como trozos de esmeralda. El mercenario hizo un gesto con la cabeza ante sus palabras y luego desvió la vista, ligeramente apesadumbrado – No es nada. Pero Lucius insiste en que…- empezó a decir. Un movimiento de los dedos del anciano en su carne hizo que el vampiro se retorciese ligeramente y volviese sus ojos a él, refunfuñando algún insulto que por respeto no exteriorizó - …No me estoy quejando…Solo iba a decir que insistes en curarme, mierda…- reclamó con los dientes tan apretados que el rostro de Lucius no pudo hacer más que sonreír – Oh, mis disculpas, joven Evans. A veces no controlo mi propia fuerza – susurró con voz calma. Mentía, todos lo sabían. Ese anciano era vampiro antes que ellos mismos fuesen planeados por sus madres y  si bien no podía con su acento, definitivamente controlaba los dones que Raphael le había dado como si hubiese nacido con ellos –Seh, seh…- se quejó Evans, volviendo sus ojos a Arcueid mientras echaba su mano zurda sobre el rostro para tirar hacia atrás los cabellos que habían caído sobre su frente marcada por ligeros cortes que nada tardarían en sanar – Los licanos se extienden por la zona de la rivera. Encontré uno exactamente en el mismo sitio donde cacé el anterior. No me está gustando esto…- empezó a decir pero su rostro se suavizó un instante mientras su herida era cubierta por vendajes de seda blanca que daban forma al músculo de su brazo. Probó el dolor moviendo el mismo y, si bien se había opuesto a la curación del anciano al principio, ahora debía darle crédito. Picaba como el demonio, sí, pero no era nada en comparación al dolor inicial. Con las horas, esas líneas se cerrarían y sería como si nunca hubiesen existido. -¿Cómo estás, roja?-preguntó, finalmente.

Antes de poder decir cualquier palabra, el sonido de la puerta abriéndose volvió a interrumpirle. Se sorprendió. Sabía que Arc estaba por el lugar, pero no imaginaba que Eliah estaba también dentro de la Fortaleza. Sus movimientos confiados y su carácter tranquilo nunca podían caer mal a nadie, excepto cuando Arcueid estaba cerca. En ese momento era como si Evans tuviese que aspirar a toda la paciencia posible para tratar de mantener al hilo cualquier tipo de conflicto; primero porque Eliah sabía bien como hacer enfadar a Arcueid y segundo, porque la roja no era la manifestación de la sumisión tampoco. Por un instante, la mirada del mercenario se clavó en el joven de cabellos castaños, siguiéndole con especial atención. Con Raphael, nadie, absolutamente nadie provocaría jamás una batalla dentro de la fortaleza pero desde que éste había caído, las cosas no podían asegurarse. Temía que el odio de Eliah hacia la chica fuese más fuerte que su prudencia y por eso había buscado evitar ese tipo de encuentros desde que se hubo llevado a cabo la exhumación del Lider.

Pero el posible conflicto se vio consumido ( en evidencia, al menos) cuando Eliah puso su atención en Evans. Como los viejos tiempos, el listillo más joven se jactaba de su edad – Tsk…Me tomó por sorpresa, es todo. Si así quedé yo, imagina como quedó él…- sonrió con calma, mostrando que si bien su brazo estaba marcado, su ego permanecía intocable. – Había sido su tío. – recordó el muchacho de cabellos color arena mientras Lucius permanecía intocable y quieto a su lado, con la mirada de cansancio ante aquella reunión de “muchachos irrespetuosos”. Evans apretó los labios mientras el anciano dejaba claro su necesidad de descanso, pero apenas éste cruzó la puerta, negó con la cabeza para ponerse de pie y mover su brazo derecho con agilidad. Si bien sentía molestia en el mismo, para apuntar y disparar no se necesitaba tener el cuerpo en excelentes condiciones. Ademas, no podría simplemente sentarse en la cama y esperar la llegada del día sabiendo que había pulgosos cerca. Su mirada se ensombreció un segundo mientras caminaba había la silla dónde había dejado su cinturón con sus Browning Hp35. Ojeó el cargador y luego volvió a calzarlas en sus estuches mientras verificaba la presencia del cuchillo cazador en su pierna y la presencia de cargadores de repuesto. Tenía el ceño fruncido mientras escuchaba la información del mercenario y entonces, clavó su mirada en él para dar su respuesta – Excelente – susurró y se colocó el cinturón.

Una manada importante. Él había enfrentado a uno que lo tomó por sorpresa y esa bestia le había marcado como si fuese su maldita perra. Necesitaba enviar a otros a la perrera para volver a sentirse mejor consigo mismo. Sin embargo, no era tan estúpido como podía aparentar. Herido no llegaba al cien por ciento de sus habilidades. Layla estaba en algún lado y Arcueid estaba con ellos. Evans y ella hacían una gran dupla pero la idea de tener en el mismo equipo a Eliah y la pelirroja solo llamaba al desastre – Bien…-empezó a decir mientras clavaba sus ojos en su amigo y luego en la joven – ¿Qué dices, Roja? – Preguntó, buscando su chaqueta mientras se la colocaba y le dedicaba una mirada - ¿Tienes ánimos de salir de cacería? – preguntó. Entonces posó sus ojos en Eliah y le clavó la mirada un instante mientras caminaba hacia la puerta – Se bueno. Tres en lugar de dos siempre es mejor – susurró.

‘Tres en lugar de dos, siempre es mejor’ Esa frase la había aprendido de Dimitri cuando éste les llevó a su primera expedición juntos. Si bien Evans entendía a Eliah, había algo que tenía esperanzas que sucediese tarde o temprano con él: Que las circunstancias le llevasen a notar que esa chica no era la causa de la muerte de su amig; eran los lobos. Ese era el enemigo en común que debían odiar, tanto Arcueid como él. Quizás ahora que la sombra de la guerra empezaba a cubrir la fortaleza, el mercenario entendería aquello. Quizás la muerte de Raphael le llevase a comprender que las viejos conflictos no tenían cabida en el nuevo mundo que deberían empezar a construir.





Arcueid Van Ripper

El vampiro podría tener el cuerpo totalmente destruido que, de poder hacerlo, seguiría afirmando con toda seguridad que no tenia nada mas que "un simple rasguño". Cruzada de brazos, contra la pared de piedra de aquel cuarto rió divertida cuando Evans arrugo su rostro en aquella expresión de dolor. Lucius era un anciano que sabia bien como "regañarte" en el momento justo y exacto, aunque sabia de primera mano como se sentía siempre era un cómico deleite ver aquel tipo de situaciones. Ademas, ella hubiese hecho exactamente lo mismo...

Sin embargo su sonrisa fue reemplazada por la seriedad que tomaba cualquier vampiro de la casa de los Raphael cuando trataba el tema que solo había traído mas tensión de la que ya existía desde la muerte del líder. Y durante ese tiempo parecía ser la única preocupación de Evans, pero también cada cacería era nueva información para los miembros del clan desde que lugares evitar concurrir solo hasta los horarios de mayor peligro y actividad. Pero soldados como el, heridos de aquella forma empezaban a ser cosa de todos los días.

Levanto la mirada cuando pareció que quiso empezar una conversación como la de cualquier día pero no tuvo tiempo a contestar. Poco le duro la paz, la que puede llegar a tener un vampiro y uno que lucha para los Raphael. Estaba tan acostumbrada a sentir aquella mirada de odio que hasta seria raro dejar de sentirla cada vez que Eliah aparecía y resistía su indisimulable tentación de tomar su espada para cortarle la cabeza. Hizo una mueca en la que sus labios rojizos, sonriendo de lado cuando el inmortal finalizo. -Mejoraste tus insultos, gran manera de aprovechar el tiempo.- arqueo sus cejas mientras intentaba suavizar, sin muchos ánimos, su sarcasmo. Le sostuvo la mirada unos momentos, no con odio pero no era ya mas aquella niña delicada que había llegado al cuidado de Evans, que solo debía agachar la cabeza con resignación y pesar. Era un soldado mas desde hacia años y si se necesitaban unos mil años para demostrarle que tenia el orgullo de los Raphael no había problema. Su odio y el de cualquiera siempre seria nada en comparación con la muerte de Dimitri.

En cuanto Evans empezó a levantarse Arcueid lo miro frunciendo el ceño, admirada pero no sorprendida considerando que se trataba de lo que mas detestaba. Acababa de llegar herido y ya quería salir de nuevo a matar licanos como un niño que se raspa la rodilla jugando a la pelota y solo le basta una bandita para volver a correr con sus amigos. - ¿Acaso el cachorro también te quito la sensibilidad en el cuerpo? - parecía que no había entendido al viejo vampiro y la parte de "necesita descansar". Pero bien sabia ella que lo que pudiera llegar a decir no seria suficiente para frenarlo y mas con su orgullo arrollado por uno de sus queridos amigos pulgosos. Giro sus ojos verdes y se separo de la pared en la que estaba recostada para dirigirse a la salida. Si iba a acompañarlos debería buscar un buen equipamiento y por lo menos una chaqueta. -Por supuesto, no vaya a ser cosa que te lastimes de nuevo.  Los veré en el portón.- levanto la diestra como un saludo y  cerro la puerta tras si antes de tuviera que quedarse a escuchar otro insulto del guerrero que tanto la detestaba. Quería estar tranquila y con la mente despejada en lo que restaba de la noche antes de salir a cazar, lo ultimo que necesitaba era enredarse en otra interminable discusión con Eliah por cualquier mínima estupidez. Solo esperaba que esto no interfiera con su trabajo...





Eliah Amasias

-Gracias querida- Dijo Eliah ofreciendole una ya típica mirada seria. –Dedico cada noche a imaginar y diseñar perjurios hacia tu persona, pronto podré solicitar un título universitario y todo-. Mientras la desafortunada pareja se sostenía la mirada, Evans decidió hablar, en un intento de distraer la tensa situación y justo como había pensado, el pistolero mantenía intacto ese ímpetu mata perros que le caracterizaba y que tan bien conocía su compañero de armas. A decir verdad ninguno de los 3 vampiros que hacían acto de presencia en la habitación habría dejado pasar la oportunidad de desfogarse con una manada de lobos, más si estos eran importantes y podría suponer una mejora de la incómoda situación que vivían actualmente. Para Eliah aquella batalla supondría una doble ventaja, cuantos menos lobos mejor y cuanto antes defendiera la guarida de Lázaro mejor aún.

Y como no, Evans invitó a la señorita Arcueid. No iba a mentir diciendo que no se esperaba aquello, pero siempre quedaba la esperanza en el interior de que se diera cuenta de una vez que siempre hay excepciones al refrán de “El roce hace el cariño”. Eliah se encogió de hombros resignado y colocó en su rostro una amable e inocente sonrisa. –Claro, siempre da gusto poder contar con la oportunidad de fallar un ataque por aquí, lanzar un lobo hacia alguien por allá… Últimamente mi visión nocturna no es tan buena ¿sabes? Creo que tu vejez es contagiosa Evans. Arc ignoró a Eliah y se despidió de ellos citándolos en la salida de la fortaleza. El vampiro la observó marcharse, sintiendo una inevitable curiosidad por aquella detestable mujer. -¿Por qué no me odia? Preguntó en voz alta más para sí mismo que para Evans.

-Le he hecho la vida imposible, he boicoteado, trampeado y  vilipendiado su persona y sus acciones. Y aún así, nuestras discusiones siempre comienzan por desgaste, cuando ya está cansada de las trescientas directas que le lanzo por minuto. Mas por la pesadez de la constancia que por el contenido en sí mismo. Además, siempre que la miro a los ojos hay resignación o indiferencia, nunca odio... Eliah se frotó el mentón pensativo y miro a su amigo, observándolo durante unos segundos. –En fin.- Dijo finalmente encogiéndose de hombros. –Quien entiende la mente de una mujer… a veces incluso tengo dificultades para entender la mía.- Esbozó una suave sonrisa y tras dejar su espada reposando tranquilamente en su funda, se estiró como un felino de cabello largo. –No te excedas ¿Estamos? Tranquiliza saber que me cubres con esos juguetitos tuyos, pero tienes dos armas y necesitas mantener los dos brazos. Se dio la vuelta y caminó para salir de la habitación. –Voy a ponerme guapo para la ocasión, tú asegúrate de que eso esta bien curado y no la metas en sitios raros para no acabar como el tío imaginario de Lucius.

Tras salir de los aposentos de Evans, Eliah tomo camino a los suyos propios, situados en la planta superior. “Ponerse guapo” consistía en colocar encima de su cuerpo la misma pseudo armadura que empleaba siempre que las cosas se ponían serias. Eran ropajes relativamente sencillos y cómodos, diseñados para poder moverse libremente por el campo de batalla. El “set” estaba formado por una gabardina blanca compuesta por tela y zonas metálicas, como la coraza de acero templado que cubría su brazo izquierdo, haciendo las veces de escudo y arma contundente. Un pantalón de fibra reforzada y unas botas altas de cuero teñido de blanco con una ligerísima capa de acero por encima, liviana pero muy resistente. El traje había sido diseñado por un talentoso vampiro amigo de Dimitri, atendiendo a las demandas de unas prendas resistentes pero cómodas y ligeras.

Solo le tomo diez minutos cambiarse y tomar un pequeño tentempié, por lo que tras doce minutos exactos, su espalda estaba apoyada en la pared contigua a los portones de la fortaleza. Con los brazos cruzados y la mirada perdida, Eliah organizaba mentalmente el “planning” de la noche. Molestar y tratar de matar a Arc formaban siempre parte de sus planes, eran una constante. Pero aquella noche se jugaba bastante y no quería meter la pata. El grupo de lobos era numeroso y relativamente poderoso, así que tendría que emplear las seis manos con las que contaba, cinco si Lucius tenía razón y a Evans se le caía el brazo. Dejaría eso de tratar de matar a Arc con un accidente para otro día, se centraría en las bromas e insultos varios. El vampiro alzó la mirada, observó la maravillosa luna llena que brillaba con tono pálido y emitió una pequeña sonrisa. Si todo salía bien, aquella noche sería un paso más hacia sus sueños de gloria.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Miér Ago 28, 2013 5:42 pm


Evans Cromwell

No comprendía muchas cosas de sus compañeros. La primera era esa necesidad constante de discutir entre sí por estupideces. La segunda era que lo hiciesen en esos momentos. Aun así, había algo en Arcueid que buscaba siempre zanjar el tema con Eliah, con un cansancio interno que evitaba que quebrase en insultos. Ella le miraba y con esa mirada había mil cosas que solo los grandes sabios podrían leer. Evans no era uno. Él clavaba sus ojos en la mujer de cabellos rojos y sentía como si una sombra oscura le cubriese y opacara cualquier cosa que ella pudiese manifestar. ¿Era cansancio? Seguramente lo era. Pero se sumaba a algo más.
El mercenario apretó los dientes mientras le vio marcharse. Sus ojos le siguieron sin decir palabra, casi buscando preguntar algo que no sabía bien qué era. Él y ella habían hablado mucho en muchas ocasiones pero nunca llegaron a mencionar nada respecto a Eliah y Layla. Era como una regla tácita que ellos odiaran a la pelirroja y que, por regla, él debería hacerlo también. Pero no le había costado poco no ceder a su desprecio. Cuando pensaba en la joven, automáticamente recordaba aquel momento en el cual su amigo había elegido la inmolación para salvarle. ¿Qué tipo de embrujo tenía esa cabellera escarlata y esos ojos verdes que hicieron que uno de los vampiros más respetados del clan muriese por ellos? La mente del mercenario se vio nublada un instante y se dejó llevar por el recuerdo de esa noche. Era nítido, rememorado mil veces en sus pesadillas.

Olía a madera quemada, tal como la habitación en ese instante. Solo que en su recuerdo, era la brisa la que traía la caricia de la destrucción como una dama rencorosa que posa sus ojos en un amante infiel. La visión más latente era la de la larga cabellera de Arcueid liberada al viento luego de que éste le arrebatase las ataduras de su cabello de fuego y, a su lado, Dimitri. Evans conocía a la perfección a su amigo, calmo e incapaz de ceder a las emociones, pero esa noche algo que había desconocido formaba parte de la mirada de su mejor amigo: Tenía terror. Por un instante, mientras Arcueid se abrazaba a sí misma, Dimitri le tomó del brazo, clavando en los ojos ambarinos del vampiro su mirada oscura – Si algo pasa, llévasela a Raphael – le habría dicho, mirándole por un instante qué le había parecido eterno. – No, tu llévala. Yo me encargo de esto…- repuso Evans, acomodando las mangas de su chaqueta, haciendo oídos sordos a las órdenes de él. Sin embargo, Dimitri le afirmó del brazo, volviendo a ponerlo en su lugar, con real desesperación en sus facciones, pero una decisión tan notoria que Evans supo que cualquier negativa sería inútil – Evans, por una vez, no juegues al héroe. No es a ti a quien buscan, sino a mí. Si tú te quedas, te matarán; me buscaran y me matarán a mí. Darán con ella y será la última en caer…Conmigo no tiene ninguna esperanza de vivir…-
¿Cómo explicarle a Arcueid el plan? No hubo tiempo para hacerlo. Para cuando Dimitri la lanzó a los brazos de Evans y se quedó atrás, volviendo entre sus propios pasos, ella comprendió de la peor forma que sería la última vez que lo vería con vida. Mientras el mercenario la sostenía sobre el hombro y corría con ella, envolviendo con su brazo la espalda baja de ella; su mirada se negó a volver hacia atrás. Pensaba en los licanos lanzándose sobre su camarada y sometiéndole luego de una terrible pelea. Lo golpearían hasta que no hubiese hueso en él que no estuviese roto y luego, abrirían su piel como castigo al deshonor de asesinar a la hembra del Líder Ardwolf. Por eso le buscaban; por eso lo habían marcado. Y es sabido que cuando un licano marca a su presa en estado de frenesí, no se detiene hasta que se baña en su sangre.  

Fue entonces que Eliah hizo en alta voz la pregunta que él se hacía en silencio. Cuando la puerta se cerró con un ligero “crack” y Evans liberó un suspiro de cansancio. – No te odiará. A pesar de lo que hagas, ella...Se siente culpable – susurró sin dejar de mirar la puerta cerrada. Entonces volvió sus ojos a Eliah y le mantuvo la mirada por unos segundos. Conocía al muchacho y cada vez que le veía, notaba que Dimitri no murió solo. Se había llevado una parte de Eliah con él. La mirada del chico había cambiado tanto desde la caída del camarada de ambos, que pedirle que no odiase a Arcueid era como pedirle que no adorase a Dimitri. Evans logró soltar su furia luego de mucho pelear contra sí mismo. No podía pedirle a Eliah lo mismo que él. En silencio le posó la pesada mano diestra en su hombro y le dedicó una sonrisa apagada – No olvides con quién cazaste tu primer perro, niño. Necesitan más que un rasguño para dejarme inutilizable – sonrió mientras asentía a las palabras del mercenario. Respondió con una sonrisa lejana mientras le seguía, saliendo ambos por las puertas, pero tomando Evans por el camino contrario al de Eliah – No te pongas tan bello, viejo. Queremos matarlos, no que se enamoren de ti. – dijo con seriedad. Entonces, sonrió para sí mismo , volteando la mirada a Eliah que continuaba caminando por el pasillo – El día que me traigas pretendiente, espero que no tenga más pelos que tu ahaha- Mientras el silencio volvía a cubrirle, recordó a Layla. Había algo que ambos sabían: Layla fue de él y luego de terminar, Eliah y ella comenzaron “algo”. ¿Qué era ese algo? Nunca lo sabría. Nunca se molestó en preguntar. Había un código que debía respetar y si bien no le gustaba ni un palmo la idea, sabía que si Layla y Eliah formalizaban en algún momento, él no podría pensar en mejor sujeto para ella. –Nos vemos afuera…- susurró finalmente y continuó caminando.

Caminaba hacia el portón mientras el humo del cigarrillo que fumaba se levantaba a su lado como un vaho espectral que se perdía en el aire y continuaba caminando con la lentitud de los humanos. La herida de su brazo estaba cubierta por la chaqueta de cuero y con su caminar lento y su pensamiento en que la vampireza Ridder se había vuelto más buena por alguna razón que no entendía, el dolor se había desvanecido. Al llegar al portón soltó el cigarrillo y clavó su mirada ambarina en la negrura intensa que cubría la fortaleza. Sintió entonces que la brisa detrás de él se abrió y supo que Eliah había llegado. No le miró - ¿Qué te detuvo? – preguntó mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios y aspiró el aire unos segundos. Sus ojos destellaron en carmesí y se tronó el cuello, volviendo la mirada a su compañero – Licanos en el Oeste ¿eh? Bueno, luego de que el ultimo hijo de puta me rompiese la chaqueta…Necesito cuero para una nueva. ¿La Roja aun no llega? – preguntó con un poco de ansiedad, volviendo la mirada a su alrededor.  





Layla LeBlanc

Verde. Árboles de tamaño colosal y grandes raíces que sobresalen como garras aferradas a la tierra, la misma que luce  cubierta de fértiles enredaderas que extienden su abrazo hasta el comienzo de otras plantas más pequeñas que no tardan en ceder su lugar, asfixiadas en la lucha por un poco de sol. Una mancha difusa color esmeralda. Pero ahora es la luna quién despliega su poderío bañando con un delicado manto de plata el bosque a sus pies, entreteniéndose con las sombras que se revelan ante su presencia. El borrón verde aparece y desaparece entre aquellas sombras como si jugara a las escondidas con la hija mayor de la noche, pero el juego termina abruptamente cuando un olor ácido perfuma el lugar. Rojo. Desagradable.

La figura envuelta en la capa berilo detiene sus movimientos y voltea hacia la dirección de donde proviene el efluvio. Sus pies parecen no tocar el suelo cuando se deja arrastrar por el instinto que la lleva a indagar la fuente de aquel aroma preparándose para un desenlace anunciado. No hay margen de error, sólo un ser es capaz de despedir una peste como esa que ahora inunda su nariz.

Unos metros más adelante el suelo del bosque cambia de tonalidad, impregnado del líquido escarlata que sirve de manto al animal recostado sobre ella. Está replegado sobre si mismo y tiembla producto de los espasmos de dolor que parece sufrir. La figura encubierta se acerca a él con cuidado y deja caer por primera vez la capucha que mantenía su rostro oculto revelando unas pálidas facciones femeninas. Levanta su mentón con aire altivo y sus ojos, a juego con la tela que resguarda su cuerpo, brillan con ferocidad en la oscuridad.

- Asqueroso perro que te atreves a profanar este bosque con tu sangre... - El lobo gira sus ojos casi humanos hasta dar con ella aumentando las convulsiones en un intento desesperado por ponerse de pie. Una media sonrisa carente de toda calidez se descuelga de los labios de Layla al observar el penoso espectáculo y reanuda su caminar, esta vez con lentitud rodeando a la bestia con interés clínico. Una gran herida se abre desde la parte inferior de su columna hasta el costado izquierdo pero no es la única fuente de dolor. Su pata derecha está en una posición forzada y no parece tener el pleno control de las extremidades superiores.

Los gruñidos del animal retumban en aquel lugar del bosque reforzados por el claro en el que se encuentran, coronados a ambos lados por antiguos árboles que aguardan expectantes la escena. Pero pese a la actitud que ella evidencia no realiza ningún movimiento destinado a poner fin al sufrimiento de aquel ser, aún cuando su sola presencia le resulta repulsiva. Por el contrario, se mantiene a su lado inmóvil hasta que la última exhalación abandona ese cuerpo destrozado.  Un segundo después ya no hay rastro de Layla en la escena.

La mujer corre a gran velocidad entre los arboles de tupido follaje y otros más jóvenes que recién comienzan a abrirse camino entre los más ancestrales. Corre y el aroma natural del bosque purifica el olor fétido que se haya impreso en sus sentidos. Le resulta evidente que ese animal estuvo en más de una batalla porque contó al menos dos tipos de heridas completamente diferentes en su anatomía y es esa certeza lo que la lleva a abalanzarse directamente hacia la fortaleza de Raphael. Ni siquiera cuando los altos muros se hacen visibles detiene su marcha, sólo lo hace cuando dos siluetas se alzan imponentes a unos metros de ella. Los pies se clavan en el suelo con facilidad pero la capa se agita hacia adelante producto del mismo impulso adquirido durante la carrera anterior.

La imagen se le antoja incompleta, la ausencia del color del fuego tiñe la escena de la melancolía que lleva consigo el recuerdo de tiempos pasados que sin duda fueron mejores. Arcueid por Dimitri, el cambio había sido insultante desde el comienzo pero no tanto como la aceptación que Evans demuestra sentir. Con caminar pausado se acerca hacia el dúo a tiempo de escuchar la desafortunada frase de uno de ellos.

- Antes disimulabas mejor tu interés, estás perdiendo el encanto finalmente - el tono aburrido se cuela entre sus palabras desviando la mirada hacia Eliah - De él no me sorprende ¿Pero tu pensabas ir de fiesta sin avisar? Veo que las malas costumbres se contagian con facilidad - el reciente descubrimiento de las marcas en el lobo muerto cosquillea en su lengua pero no dice nada al respecto, aún interesada en el posible motivo de la excursión que los llevaba a partir de improviso - ¿Dónde es el fuego?





Arcueid Van Ripper

Ya en su cuarto la vampiresa pelirroja deposito sobre una mesa una especie de bolso enrollado, que al desplegarse dejo ver una hermosa colección personal de armas que se había hecho para sí misma en lo que entrenaba e iba descubriendo, aprendiendo.  Entre ellas se podían encontrar armas de cierta antigüedad pero aun con la misma potencia que tenían cuando ella las empuño por primera vez.  Dentro de un armario aún tenía más y de diferente tipo como si le hubiese tomado el mismo gusto que una mujer normal por la ropa, pero no todas sabias usarla de la mejor manera.

“Una mujer normal”. Si no hubiese sido por mero capricho la idea quizás no le hubiese resultado tan repelente y poco atractiva. Fue tan caprichosa en este aspecto que incluso le había hecho frente a su padre: aquel hombre de linaje remontado a siglos, de imponente presencia y mirada soberbia capaz de hacer sentir en inferioridad de condiciones a cualquiera. Ninguno de sus hijos e hijas había heredado la suficiente valentía para hacerle frente, excepto la menor…La más pequeña y frágil pero bella flor que había concebido. Reservo celosamente aquella pequeña joya escarlata para un pretendiente que cumpliera con sus expectativas monetarias, los de la más alta alcurnia y renombre,  pero cuando su hija se atrevió a rechazar de forma tan humillante al primero,comenzó una constante lucha entre él y aquella niña obstinada y soberbia.  Entre más aumentaba la tensión, su control sobre Arcueid parecía escapar más y más de sus manos, hasta que finalmente escapo definitivamente con la entrada del vampiro a escena. Como para menos… Aquel hijo de la noche tenía una presencia, una fuerza  y una tranquilidad a la vez que nunca había visto en ningún hombre antes pero que no tardo en cautivarla.  Y aunque Dimitri ya se la había ganado, rápidamente la tentación de una vida a su lado en la que pudiera tener una libertad y fortaleza que jamás sintió, ni sentiría llevando una vida como humana, terminaron por convencerla totalmente. Con todo esto ni el razonable temor a la transformación  le hicieron titubear a la hora de darle al soldado del Clan Raphael su cuerpo, su sangre y su humanidad.

Sin embargo el destino hizo que, para la pelirroja, el precio a pagar por su antigua vida fuera aún más alto… Ni el odio que Eliah y Layla, junto con Evans en un principio, le profesaban cada día desde aquel en que llego bajo el cuidado de este último se compararían jamás a la imagen desgarrante de Dimitri quedándose a merced de aquella maldita jauría. Nada les regresaría a su camarada, al amigo que había perdido… Pero por lo menos les daría un soldado por el que habían perdido. Fue este simple pensamiento, quizás surgido de la necesidad por mantenerse lucida, lo que la había transformado en quien era  y por supuesto Raphael. Aun recordaba un entrenamiento complicado, una pelea contra dos soldados ellos armados con palos del largo de una lanza y ella sin nada.... La mirada dura de Evans estaba sobre el campo de entrenamiento embarrado, cansada pero firme, supervisándola. El cabello rojo de Arcueid se había cubierto de barro que apenas caía con las gotas de lluvia, mientras que su cuerpo herido y cansado se esforzaba por levantarse.

-Es imposible… -Susurró en lo bajo, creyendo no ser escuchada. Pero como si sus labios hubiesen sido muy obvios o lo hubiese gritado a los cuatro vientos, su mentor se acercó serio, incluso parecía molesto. No tanto por su falla, sino por sus palabras… Bajo aquella tormenta y exactamente ante las mismas condiciones rápidamente venció a sus soldados, que no se habían contenido en ninguno de sus ataques. Ella solo pudo admirar como hacía que cada hombre cayera con una singular destreza para después inclinarse levemente, mirándola a sus ojos verdes para susurrar una simple palabra.-Practica.- volvió pasando al lado de Evans con el mismo porte y postura de comandante con la que había entrado antes de dar la orden para que continuar. Fue otra de las más grandes muestras de fortaleza que aquel Clan le dio y solo sentía que sus ganas de pertenecer a él se acrecentaban. Era una fascinación difícil de explicar… Fue el único hombre dentro de la casa que no le profeso odio abiertamente cuando llego, aunque dentro de ella siempre había tenido esa duda.  Cuando reunía el valor para preguntárselo, el simplemente sonreía de forma sincera y le restaba importancia al tema.  Fue gracias a él que consiguió el permiso para poder transformarse en un soldado a sus servicios, luego de que Evans la dejara con una rotunda negativa. Y ahora también se había marchado de una forma tan misteriosa que no sabía que pensar… Ni siquiera si debía quedarse. En estas últimas semanas su actitud se había tornado sombría como solo una vez se vio y mas distante de lo que era comúnmente.

Quería estar cuanto antes en la entrada, pero se había tomado más tiempo del que creyó cuando vio a Eliah con su mirada seria y el destello típico de los  cigarrillos que Evans solía fumar. Al verlo aún tenía una sensación de pertenencia al Clan cuando recordaba por todo lo que había pasado a su lado. La noche era clara y brillante, simplemente perfecta tanto como para lobos como para vampiros. La vampiresa no vestía muy diferente a los demás soldados de la casa a diferencia de una chaqueta de cuero negra que la resguardaba del frio y las dos pistolas en su cintura. Su pelo estaba suelto baila a la par del viento helado que hasta resultaba placentero en su piel pálida. Mientras se acercaba otra figura, de las últimas que quería ver, grácil y delicada pero imponente se presentó en el lugar. Le había extrañado que Layla no fuera con Evans luego de que este llegara con aquella semejante herida y ahora entendía que era porque estaba fuera. Un suspiro resignado se escapó por sus labios rojizos ante lo inminente, sabiendo que cuando aquellos dos vampiros estaban juntos su paciencia y temple se ponían a prueba por partida doble. Y el algún tiempo fue triple… Cada tanto se preguntaba si aún existía algo de aquel rencor cuando una mirada escapaba de la otra. Pero juzgarlo a estas alturas y con todo lo sucedido era algo injusto  desde su posición.

-Lamento la tardanza.- fue lo único que atino a decir mientras pasaba su lado y continuaba hasta la entrada del bosque dispuesta a adelantarse. Llevaba ambas manos en sus bolsillos y aquella actitud indiferente que resultaba lo único que podía profesarles abierta y diariamente durante todos estos años.  




Eliah Amasias

Nota: Doy por hecho algunas cosillas para acelerar un poco la trama, como que entráis conmigo en el coche y que llegamos todos a la misma vez. No he narrado nada dentro del coche para dejaros libertad para rechazar la ofertad de Eliah, sentiros libres de llegar de otra manera si os apetece. A disfrutar~

Eliah salió de su ensimismamiento y descanso la vista en Evans, que rebosaba ganas de pelea. –Estaba empolvándome la nariz.- Dijo el espadachín mostrando una pequeña sonrisa. –Yo también tengo ganas de estirar un poco los brazos, pero tenemos que ir con cierta precaución. El vampiro se cruzo de brazos y se apoyo de nuevo en la pared, alternando la mirada de un lado a otro, esperando a la pelirroja y a su medio de transporte. –Usamos la misma táctica de siempre, cada uno a lo suyo y cuando haga falta espalda contra espalda. Lo único que me escama es el lugar, un bosque es ideal para una emboscada, además de para separarnos. Tienes que prometerme que no llorarás si me alejo mucho de ti.- Comentó divertido en el mismo momento que el viento le entregó un olor muy familiar. Aspiró profundamente y movió la cabeza hacia el lugar del que provenía el aroma, justo cuando la dueña hacía acto de presencia.

La estilizada figura de Layla se alzaba ante ellos, ágil e imponente, como un grácil felino siempre listo para saltar sobre su presa. Su mirada de ojos azules taladra a los dos amigos y sus labios hablan con esperados reproches. –No sé de qué te extrañas querida. Nunca estas cuando te busco pero siempre apareces cuando te necesito. Eres especialista en llegar en el momento oportuno y aquí estás.- Le dedico una inocente sonrisa mientras se inclinaba en una leve reverencia de disculpa. Es cierto que siempre que salía a batallar un poco solía encontrarse con Layla, como si tuviera un sexto sentido que la avisara. El caso es que siempre que requería su compañía la encontraba, así que había tomado la costumbre de no avisarla a no ser que fuera completamente necesario.  –Igualmente he preguntado por ti y me han dicho que habías salido, así que culpa mía, esta vez, no es.- Mintió aun sabiendo que ella no le creería, pues lo conocía muy bien.

Definir la relación que mantenían Layla y Eliah era ciertamente complicado, explicarlo completamente requeriría extenderse un poco así que solían simplificarlo en “odio común”. Los dos vampiros culpaban a Arcueid de la muerte de Dimitri, por lo que ambos eran los principales protagonistas de la guerra psicología en contra de la pelirroja. Además eran compañeros en el campo de batalla, siendo capaces de complementar a la perfección la fuerza bruta de uno con la velocidad de la otra. –Hueles a perro y a bosque.- Dijo el vampiro enarcando una ceja mientras alzaba su diestra hacia el cabello de la mujer, retirando una pequeña hoja esmeralda que tenía aferrada. –Vamos a hacer un poco de limpieza y tú ya has calentado para la ocasión, por lo que parece. Solo falta… -Mientras pronunciaba esas palabras, Arcueid hizo de acto de presencia con una sencilla frase. Eliah la miró pensativo, siguiéndola con la vista mientras se adelantaba al grupo con su típica actitud defensiva, la indiferencia. Realmente admiraba la paciencia con la que solía ignorarlos, los budistas estarían muy orgullosos de ella.

Tras unos segundos, el agradable ronroneo de un coche hizo acto de presencia. Un Chevrolet Impala apareció ante el trío, deteniéndose justo delante. Era el coche que Evans y Eliah habían montado juntos pieza por pieza, era su “niño mimado”. Un soldado salió del coche y tendió las llaves a Evans, pero Eliah las agarró con rapidez. –Esta vez me toca a mi.- Dijo lanzándole una mirada asesina a su amigo. –No me vas a engañar como la última vez, gracias por traer el coche Piers.- Los dos amigos solían discutir siempre por ver quien conducía aquella maravilla y normalmente recurrían a ardides de todo tipo para hacerse con las preciadas llaves. –Por mucho que nos guste correr entre los árboles, iremos mejor en este pequeñin.- Se descolgó la funda de Aether de la espalda y coloco la gran espada encima del techo del coche, sujeta en unos pequeños anclajes colocados expresamente para ello.

-Eh.- Dijo elevando la voz en dirección a Arcueid. –Son unos 70 km hasta la entrada del bosque, puedes ir andando si quieres pero cuando llegues la fiesta se habrá acabado. Te permito montarte, pero si manchas el coche o le haces algo raro te prometo que tendré amnesia selectiva y olvidaré misteriosamente el juramento entre clanes.- Sin dedicarle ni una sola palabra más, tomó asiento y posó las manos en el volante, sonriendo como un niño pequeño con un juguete nuevo. –Tienes que estar orgulloso de nuestro hijo.- Comentó mientras habría la puerta del copiloto para que Evans tomara asiento. –Vamos que nos atrapa el sol.- Y tras esperar a que todo el mundo estuviera en su sitio, piso el acelerador y salió como alma que lleva el diablo de la fortaleza del clan.

El viaje fue relativamente rápido, en unos 25 minutos estaban pisando el improvisado aparcamiento que había hecho Eliah entre unos árboles. Ante ellos tenían el linde de un enorme y majestuoso bosque, protagonista de cientos de historias, algunas fantásticas, otras algo más reales. La luna llena los observaba desde un despejado cielo oscuro y una suave brisa otoñal acaricio sus cabellos con suavidad entregándoles todo tipo de aromas, donde destacaba ese vomitivo toque a lícano. Tras ocultar el coche con varias ramas, el guerrero desenfundó su imponente mandoble Aether , dejando la funda en el tejado del coche. –Está bien, esto es lo que sabemos.- Clavó la enorme espada en el suelo y se cruzó de brazos observando a sus compañeros. –Una importante manada de chuchos se ha instalado en algún lugar del bosque. Tumbarlos a todos será un duro golpe, pero no va a ser fácil, pues menos de quince no van a ser.- Las ramas de los arboles se movieron suavemente, emitiendo un extraño sonido que parecía darle la razón.

-En el centro de este bosque, hay un castillo que todos conocemos. Antiguamente estaba abierto a las visitas, pero tras varios accidentes, se cerró y abandonó indefinidamente. Tenía mazmorras y pasadizos que llevaban a diversas zonas del bosque, además de unos muros relativamente intactos. Me parece un lugar bastante adecuado para comenzar a buscar.- Normalmente los vampiros y los lobos se rastreaban de la misma forma, mediante el olor. Pero el bosque entero apestaba a perro y seguir un rastro mediante el olfato sería casi imposible. -Sugiero que avancemos por parejas como siempre, Evans con Arcueid y Layla conmigo. Sin separarse más de tres metros y atentos al más mínimo movimiento. Un bosque es un lugar peligroso para cazar a una manada y no podemos permitirnos ni un solo fallo.- El tono de Eliah había pasado a ser serio y autoritario. No quería ni una sola equivocación, se jugaba perder una alianza que le garantizaría una victoria. –Tu- Dijo señalando a Arcueid con la cabeza. –Tenemos una tregua dentro de este bosque, pero vigila tu espalda porque no seré yo el que salve tu vida. ¿Estamos?- Una vez terminado el discurso, Eliah tomó su espada y apoyó la parte plana del filo en su hombro. –¿Dudas o sugerencias?- Esperó paciente a que sus compañeros pusieran de su parte, necesitarían las cuatro mentes trabajando al máximo para salir bien de aquella situación.


Última edición por Evans Cromwell el Miér Ago 28, 2013 5:48 pm, editado 1 vez
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Miér Ago 28, 2013 5:47 pm


Evans Cromwell

-Tranquilo. Si las cosas se ponen complicadas, siempre podemos intercambiar nuestra libertad por esa chaqueta tuya, si se puede llamar chaqueta – dijo con una sonrisa, clavando sus ojos ambarinos en Eliah. La forma de bromear de ambos era particular. Primero, porque para Evans, la forma de vestir tan pintoresca de Eliah siempre fue motivo de burla y se lo hacía notar cada vez que podía. Todavía se debía hacerle una apuesta a su amigo para ver si había posibilidades de vestirlo “como hombre” y no con esa ropa inglesa que le pateaba directamente los sentidos. Entonces, algo sucedió ¿Había perdido la agudeza de los mismos? Seguramente no. Pero estaba demasiado ensimismado para notar la presencia de quien se había acercado desde las penumbras. Apenas sintió el sonido y notó que una sombra apareció de la nada, llevó su mano buena al arma situada en su cinturón y clavó sus ojos en la mujer que le hablaba. Layla… ¿Cómo podría no ser Layla? Claro, solo ella podría marcar con tanta sutileza que él había preguntado por Arcueid. Es que, vamos, podría haber escuchado cualquier cosa; desde que el clima era malo hasta que se había montado una fiesta la noche anterior con Elizabeth, la vampiresa novata que había sido tomada por el clan como cortesana porque estaba educada para ser dama en lugar de guerrera y quizás, eso no hubiese provocado una pregunta hostil de parte de la recién llegada. Pero la mujer justo le escuchó preguntar por la única vampiresa en todo el mundo que no podía aceptar…y para colmo de males, estaba Eliah para unirse en el odio mutuo.

Evans apretó los labios y soltó un suspiro mientras echaba la cabeza hacia atrás y soltaba el humo del cigarrillo por la nariz, consumiéndose en un tinte naranja intenso- Buenas noches también, nena. Es un gusto verte ¿Esa capa es nueva?- replicó con los labios presionados mientras llevaba ambas manos a los bolsillos de la chaqueta. A veces se sentía entre la espada y la puta pared, realmente. Ese dúo con el que estaba tratando eran sus hermanos de sangre. Los amaba como había amado a Dimitri pero, no podía ir contra sus propias concepciones. Ellos no vieron lo que había sucedido y se contentaban con culpar a la pelirroja de la desdicha de su amigo. Él estuvo ahí; él lo vivió. Hubiese sido mil veces más fácil odiar a Arcueid también, pero él sabía que ella no tenía la culpa. Lo vio mucho después de la llegada a la Fortaleza, mientras esa piel perfumada sin rasguño alguno empezaba a verse marcada por los combates. Ella quería ganarse su lugar…Ella se lo había ganado. Muchas veces, durante la soledad de la noche, mientras iba a la torre de las cenizas para rememorar viejas épocas, Evans hablaba con la oscuridad como si fuese su amigo desaparecido el que le miraba desde ésta. Y había una frase que repetía religiosamente en el silencio de la nada para que solo él le escuchase – Estarías orgulloso de ella – Entre vampiros, el maestro es quien convierte al humano. Él fue maestro de Layla y luego ella adquirió su lugar. Dimitri lo fue de Eliah, y luego él adquirió su propio lugar también. Con Arcueid las cosas cambiaron. Su maestro murió la misma noche de la transformación y por eso ella pasó por lo que se considera “camino del huérfano” en el cual varios vampiros le instruyen para volverla remotamente útil. Raphael y él aceptaron tal reto pero Eliah lo había aclarado, al igual que la reina oscura que acababa de aparecer: -“Dejame instruirla, y encontrarás su cabeza en una pica antes de que salga el sol”- Con el tiempo, con los años, Evans pensó que eso pasaría pero no podía estar más equivocado. Por lo visto hay emociones que no mueren y el odio es una de ellas.

Levantó ambas cejas mientras escuchaba las excusas de Eliah y sonreía para sus adentros. A cara partida, no había quien le ganase al sujeto pero le daba crédito, tenía una forma tan sutil de decir las cosas que uno rara vez podía enojarse con él. Mientras el mercenario y Layla se ponían al día, el castaño había notado que Arcueid ya se acercaba. Difícil no ver esa tormenta de fuego de sus cabellos moviéndose al viento. No tenía que ser un telepata para saber que la visión de Layla no había sentado en gracia a la muchacha, pero la verdad era que ella sabía ocultarlo. Era difícil que alguna emoción transparentase la mirada gélida de sus facciones. Sin embargo, ella pasó a su lado como si nada, evitando así entablar cualquier tipo de palabra con los presentes. Y él le siguió solo que en lugar de hacerlo de forma sumisa, la tomaría del hombro, aprovechando su altura para posar la otra mano sobre su cabeza como quien trata con una hermana menor –Admiro tu deseo de ir de caza, roja. Pero si vamos a pie, corremos varios riesgos. El primero, que nos intercepten. El segundo, que nos sientan y se preparen y el tercero…No tengo ganas de caminar. Hombre herido… ¿recuerdas mi brazo? – bromeó, mostrándole su mano moviéndola frente a ella con una sonrisa alardeando que esa solo era una excusa porque su herida estaba bastante bien. – Además, créeme, soy un magnifico conductor y…- empezó a decir luego de ver llegar su preciosa pieza mecánica negra traída por las manos de Piers (Que el Dios de los vampiros haya medido que esos dedos se hubiesen lavado antes de tocar el volante porque sino Piers iba a perderlos), pero entonces, las llaves fueron tomadas por Eliah. Dos segundos tardó Evans en notar que el vampiro iba a tomar el control de su máquina – ¡Oh, vamos! No seas rencoroso. Y si lo eres, descárgate conmigo, no con mi bebé.- Iba a decir “nuestro” pero no podía evitar sentirte total y plenamente gay si lo hacía. Incluso una mueca de extrañeza llegaba a su rostro cada vez que Eliah se refería de esa forma al automóvil. Esa vez no fue la excepción. Se sentó en el asiento de acompañante mientras esperaba que las damas subiesen a la parte de atrás. –Ok, reglas dentro del coche: No se come, no se bebe y no pueden subir perros. Así que si quieren rehenes, desde ya les digo que tendrán que pedir un taxi para traerlos aquí – exclamó mientras tiraba la colilla del cigarrillo a lo lejos, ingresando al Impala. -Advertido, chico, cualquier cosa que le hagas a este coche, te lo haré a ti. A menos que sea algo gay; en tal caso, solo te mataré.-

Sabía que la plática dentro del coche sería difícil de entablar por lo que se mantuvo en silencio. Al menos, según las formaciones, ahora que eran cuatro puesto que Layla no iba a meterse a la fortaleza luego de salir de caza, irían de dos en dos. Eso evitaría que Eliah y Arcueid tuviesen más roces de los necesarios. Si bien sabía que su amigo no sería tan imprudente para dañarla realmente, muy a pesar de sus amenazas, nunca le gustaba tentar a la suerte. Y había una realidad que él obviaba por no mencionar pero que estaba latente en el mercenario: Si alguien, perro o vampiro, trataba de herir a la pelirroja, él iba a estar ahí para impedirlo. –Bueno, entonces. Recuerden, ojo avizor. Si visualizan el castillo o alguna manada, no se meten solos… Recuerden: donde hay uno, seguro hay dos más cerca – susurró el vampiro abriendo su chaqueta y posando ambas manos en las armas que descansaban cómodamente ahí. Con la cabeza le hizo una seña a la pelirroja para que fuese adelante, mientras que volvía su mirada carmesí a sus dos camaradas, asintiendo con la cabeza. Entre cazadores, el silencio era primordial. Los licanos eran cazadores también y con cualquier sonido podrían saltarles encima sin problema. Para colmo de males, no tenían idea de la cantidad exacta y eso siempre podía jugarles muy en contra si eran Guerreros de la Luna. Aun así, sus ojos destellaron un instante ante la última amenaza de Eliah a Arcueid. Evans tenía un código: él no iba a ponerse a pelear o discutir con sus camaradas por ella. Primero, porque no creía que lo necesitase y segundo, un par de amenazas no matan a nadie, crean carácter. Él le había creado carácter a varios novatos haciéndoles bulling y sobrevivieron. Aun así, cuando la vida de su círculo estaba en real peligro, como era ese momento, el mercenario se volvía una real fiera y lo demostró con sus palabras – No te preocupes, Eliah. No serás tú quien proteja su espalda. Me contentaré con que protejas la mía – finalizó.



Mensaje de Master

-Tienes tres puñaladas en la derecha – diría una mujer de cabellos naranjas mientras observaba un cadáver colocado en el centro del castillo de piso de piedra. Era una ruina espantosa, cubierta de oscuridad y antorchas apagadas; todas llenas de cenizas que marcaban una época en la cual iluminaban perpetuamente aquel salón. Los ladrillos de roca sólida eran grisaseos, pero algunos estaban teñidos de negro por el destello de algún incendio pasado provocado por jóvenes aburridos que habían intrusado el lugar. Fuera de eso, solo había polvo, rocas y maleza. – Ellos saben que estamos cerca – agregó aquella mujer, viendo a un ser de altura anormal, pasando los dos metros. De sus brazos y piernas así como de su cabeza salía una gran maraña de pelo castaño que bien podría parecer negro por las sombras. Al mirar a la mujer y salir al tenue reflejo de la noche, se notaron las cicatrices marcadas en su rostro. Era un licano; todos los que estaban presentes lo eran también; inclusive el cadáver del hombre muerto en medio de las seis bestias.

Recuerda esto, cazador: Los licanos siempre andan en números impares.

Cuando otra mujer, poco más baja que la primera pero de cabellos negros se acercó al cadáver y lo giró hizo un gesto doliente mientras negaba con la cabeza –Traté de salvarlo pero…Son armas malditas. No llegó a regenerar a tiempo –susurró ella. Ladeó la mirada y volvió a ponerse de pie -¿Qué hacemos con él? Debemos quemarle para que sus cenizas vuelvan a la tierra – pidió. Sin embargo el licano más grande emitió un gruñido, negación suprema a aquella sugerencia - ¡No hay funerales en las misiones! Si los humanos lo ven, creeran que es uno de ellos y lo enterraran. No olvidemos la misión que nos trajo a los límites.- susurró haciendo que cada uno de los seis presentes asintiese con la cabeza.-Pero no olvidaremos esta ofensa tampoco - agregó mientras su voz se distorsionaba.

En ese momento, de las seis figuras solo se notaron los orbes resplandecientes de sus cuencas. Y en un abrir y cerrar de ojos, las seis parecieron esfumarse mientras algunos que mantenían la forma de los hombres, cambiaban a algo más grande…más intimidante y feroz. Habían salido a cazar...El hermano caído no iba a ser incinerado como los dioses pedían; pero éstos sí clamaban venganza.


[color=#333366]Nota:
Hasta la crónica 2; los licanos serán personajes PNJ. Pero aun así, en este caso se trata de 6 guerreros. El licano asesinado murió por la mano de un vampiro de Lazaro, aquellos que Eliah trata de proteger en secreto.

En este momento, la partida tendrá intervención de personajes PNJ para que no sea aburrido batallar.

Pueden, si lo desean, manipular a los licanos pero no olviden una cosa: No son seres estupidos. Además, dentro del bosque hay otros ojos que los estaran vigilando. Si llegasen a dar con un vampiro de Lazaro, eso levantará sospechas instantaneas de por qué un Lazaro estaría en terreno de Raphael. Si llegasen a dar con los licanos (Ahora separados en dos grupos de 3), eso generará un enfrentamiento directo y el licanos más fuerte y dificil de bajar será el Lider. Es más alto que Evans y Eliah, supera los dos metros cincuenta en estado de semitransformación (Garras, dientes y rostro alargado) Son seres de gran fuerza y agilidad. Si alguno es mordido o recibe un arañazo de sus garras no morirá, pero dolerá más que cualquier herida con arma comun: Los licanos son el peor enemigo del vampiro y viceversa. Están hechos para repelerse uno al otro.





Layla LeBlanc

El movimiento es sutil pero esas reacciones hace años se volvieron predecibles para la mujer. Finge no haberla notado pero la mano de Evans sobre su arma es una imagen tentadora para Layla, más a aún que un pálido cuello expuesto a la luz de la luna, con un palpitar fuerte y constante debajo de la piel. Sus ojos se estrechan imperceptiblemente cuando su mente juega planteando la situación en otro contexto. El mismo castillo con altas torres elevando su magnificencia al cielo nocturno, el bosque custodiando la entrada y los tres vampiros que en otros tiempos fueron unidos. Igual que ahora, enfrentados por una mujer. Entonces ¿Evans también sería veloz para desenfundar el arma? La respuesta se le antoja evidente en el mismo momento en que una nube oculta la luna ensombreciendo su rostro.

- Es nueva - Responde quedamente y el término "nena" suena en sus oídos igual que un par de uñas arañando el cristal - Prefiero estrenar ropa que amistades, cuestión de gustos supongo - Una sonrisa que deja al descubierto sus dientes blancos como perlas. Una, que no llega a sus ojos. La respuesta de Eliah no se hace esperar y Layla enarca una ceja ante la improvisada disculpa. Original, con tintes de crítica y una descarada manera de desentenderse del reclamo - Buena respuesta aunque tendría mejor efecto si no insinuara que no respondo al llamado de los míos - Esta vez hay cierto humor en sus palabras cuando él quita una hoja de sus cabellos- Jamás me agradaron las multitudes y el castillo empieza a rebosar de gente innecesaria - Planea comentar el resultado de su expedición, no es la única a la que el olor delata y Evans además no parece gozar del total de sus capacidades, pero el fuego finalmente pasa a su lado dejando una estela de destrucción a su paso y como resultado la confianza que sentía antes para hablar de temas relevantes se convierte en cenizas.

Corre, como un perro detrás del hueso. La comparación se le antoja burda pero acertada al observar la reacción de Evans y eso le confirma que hay situaciones más nauseabundas que la que presenció en el bosque hace unos minutos. El auto, símbolo de la unidad que Eliah y Evans mantienen como así también del incrementado sentido de apropiación que sienten con facilidad, aparece a tiempo para opacar todo lo demás. Layla hace rodar sus ojos con gesto cansado y en cuanto el soldado entrega las llaves se monta en silencio al comprender la situación inevitable que se avecina. Los amigos se disputarían el lugar del conductor pero sin importar el resultado dos personas se ubicarían en los asientos traseros.

Con la espada protegida por la funda de cuero sobre su regazo y apuntando deliberadamente hacia el lugar que queda libre, se dispone a comenzar el viaje mientras el arma con balas de plata para situaciones extremas continua aferrada a su cintura. Sin embargo, el silencio de sus labios no contagia a los ojos que mantienen su vista fija en la pelirroja. La observa, analiza y clasifica según el orden de importancia de sus puntos aparentemente débiles. Su contextura, vestimenta y tipo de arma que lleva consigo. Luego, continua examinando sus ventajas ya que virtudes duda seriamente que posea.

Para cuando llegan al lugar señalado Layla tiene un mapa conceptual bastante detallado de Arcueid y más entusiasmo para cazar que cuando salieron del castillo. La situación es planteada por Eliah al igual que la distribución de los grupos y Layla se ve tentada a dejar en evidencia su opinión sobre algunos pormenores en las frases utilizadas por sus compañeros pero desiste debido al respeto que siente por la batalla. La adrenalina se concentra en su cuerpo a medida que el efluvio de los perros impregna la ropa y sus pasos toman el sentido contrario al que tomó Evans. Los árboles y la tierra revelan un clima hostil tan diametralmente opuestos al bosque que custodia la fortaleza de Raphael que ella tiene la certeza de que la contaminación de aquellos seres repugnantes es capaz de alterar la misma naturaleza.

- Estamos lejos de nuestras tierras Eliah - Su voz es apenas un susurro perceptible por su compañero, consciente de que los bosques tienen más vida de la que aparentan - Y si Evans no estuviera tan obnubilado notaría cierto tinte de locura en esta cacería - Sus ojos verdes continúan rastreando con la mirada cualquier anomalía en la vegetación mientras sus pies apenas tocan el suelo. Lleva la espada desenfundada por debajo de la capa para evitar que cualquier reflejo llame la atención de indeseables. Su caminar se detiene frente a un montículo de hojas de diferente coloración al resto que yace en el suelo, se inclina y remueve con su mano la hojarasca hasta que sus dedos tocan una estructura rígida. Están, probablemente, en presencia de uno de los túneles ocultos que llevan al interior del castillo pero esa entrada en especial parece haber sido dejada de usar hace tiempo puesto que la vegetación encargada de camuflar su presencia parece ligeramente diferente al resto debajo de las capas más recientes.

Una argolla de metal es lo único que necesita para levantar la pesada tapa que revela una boca abierta ansiosa por engullirlos - ¿Te gustan los atajos? - la pregunta hacia Eliah flota en el aire hasta algunos segundos de que Layla desaparezca por el hueco. Sus piernas se flexionan justo a tiempo para amortiguar la caída, siempre consideró que utilizar las escaleras era una pérdida de tiempo y aún lo afirma. El aire se vuelve denso, cargado de humedad y un olor a podredumbre casi logra opacar el otro, el que se encuentra como marca indeleble en todo el lugar. Apesta a licántropos.

Esta vez su espada luce completamente desnuda y su portadora abandona cualquier preámbulo dispuesta a comenzar cuanto antes la misión. Sus grandes ojos brillan felinos en la oscuridad cuando Eliah se le une y continúan la inspección. Las paredes lucen desgastadas y en algunas piedras el moho y otros tipos de plantas parecen adueñarse del entorno reclamándolo como suyo. Llevan apenas unos pocos metros cuando la mujer se detiene con la mano en alto, de repente algo había cambiado en aquel túnel.





Arcueid Van Ripper

Cuando vio el auto llegar no hizo más que girar los ojos. Incluso la imponente Fortaleza del Clan Raphael parecía un lugar pequeño para que ella pudiera convivir con Eliah y Layla lo más tranquilamente posible, ni siquiera podían estar en una habitación, como hace unos instantes cuando Evans llego malherido, más de cinco minutos sin lanzarse alguna que otra indirecta. Prefería mil veces apañárselas sola, como lo venía haciendo desde que tenía uso de razón. Pero en cuando escucho al soldado y sintió su mano caer suavemente sobre su cabeza, como solía hacer cuando se burlaba, jactándose de que era más grande que ella, su temple volvió a ser la indicada para el conbate. Le dedico una sonrisa a la vez que arqueaba sus cejas en gesto irónico.- ¿Ahora recuerdas que tienes el brazo herido? No puedes burlarte de “mis deseos de cazar” cuando tú vas por una segunda ronda.- aun estando en un error buscaría la forma de discutirle a Evans por mera diversión. Llevarle la contraria al guerrero era un lujo que no muchos podían darse y, obviamente, ella no iba desperdiciar la oportunidad. Aun rememoraba los días en que luchaba por ganarse su aprobación y la de Raphael cuando tanto solo el roce de su mirada bastaba para hacerle agachar la cabeza. Pero nunca dudo que Dimitri, seguramente, no pudo haberla dejado en mejores manos…

Aquella discusión por el auto no hizo más que arrancarle una risa antes de subir en la parte de atrás. – Eres peor que un niño con un juguete nuevo.- respondió cuando Evans termino de recitar las reglas del auto por milésima vez en lo que el vehículo llevaba en el Clan. El viaje se había mantenido en silencio y hasta hubiese sido tranquilo si no fuera por la mirada inquisidora de Layla sobre ella, detallando hasta la mínima falla que pudiera dejarle un punto ciego para morir en batalla. Aquella vampiresa de orbes claros como la luz de la luna y un cabello tan negro como el mimo cielo que la acompaña siempre fue una guerrera formidable. Una de las pocas que conseguían el honor de blandir una espada por su clan y, aunque siempre recibió no más que desprecio de su parte, podía decirse que Arcuied la admiraba en cierto modo por eso. Las costumbres del Clan fueron algo que, cuando entro, tuvo que acatar a "rajatabla" si deseaba convivir entre sus nuevos pares, y como lo deseaba… Pero la vida de cortesana de la sangre no distaba mucho de las ideas sobre el matrimonio que le habían sido inculcadas desde niña y que tanto aborrecía. Además el único hombre al que hubiese dedicado su vida termino bajo las garras de los lobos por su culpa… Por sus sueños, por su desesperación.

Sintió despertarse de un leve sueño cuando el vehículo freno. ¿En que podía haberse ido su mente mientras la camioneta avanzaba? No se podía asegurar… Aun cuando era humana solía ausentarse en conciencia y con los años esto se había convertido en una buena forma de sobrellevar el contante odio acosador de los viejos camaradas de Dimitri. No hizo más alboroto que a una mueca leve al estirarse luego de salir de la camioneta y se limitó a escuchar a sus compañeros en la cacería. Había empezado a caminar cuando Evans se lo indico pero no alcanzo ni a dar tres pasos cuando oyó el pequeño y corto cruce de palabras. Eso era un problema… El vampiro jamás se metía entre ella y sus otros camaradas cuando estaban dentro de la fortaleza y tenían la desgracia de cruzar palabras cuando ya no podían evitar, fuera el motivo que fuera, verse las caras. Las pocas veces que lo hizo, contadas con el dedo de una mano, ocurrieron cuando la situación se había tornado demasiado tensa como para pasarla por alto y necesitaban su intervención. La pelirroja le coloco una mano en el hombro, le sonrió… No iban a estar con ellos y ambos se las apañaban bien cuando cazaban juntos. –Nunca pensaría lo contrario.- respondió al joven vampiro, descendiente del mismo guerrero que ella. Era extraño imaginar que no importara que tanto odio podría tenerle, era su hermana de sangre en un sentido aún más directo que para con el resto de los vampiros del clan. Hubiese sido algo que podría haberle echado en cara por años… Pero no. Palmeo el hombro de su compañero y dijo él un susurro. –Vamos que no quiero que nos agarre el Sol.- la noche aún estaba alta por supuesto. Sonrió nuevamente y empezó a caminar al frente mientras sacaba una de sus pistolas y la materia firme. Las cacerías nunca resultaron tan tensas como aquellas que se llevaron a acabo en esas tres semanas, desde el fatídico día en que Raphael cayó. Apenas unos días atrás estaba fuerte, todo un ejemplo de hombre y a pesar de sus años seguía siendo el diestro guerrero capaz de derribar a cualquiera. Orgulloso, valiente, honorable… Y todo eso apagado de golpe, como un fuerte viento que apaga la pequeña llama de una humilde vela. A cada paso las hojas crujían tímidamente y con total cuidado, primero con sus pasos… Luego ya no eran solo los dos vampiros. Un grupo de tres laicanos se acercaron sigilosamente cerrándoles cualquier medio de escape que pudieran llegar a usar, o mejor dicho que ellos creían que pudieran usar. –Dos parásitos por uno de los nuestros… Sigue siendo un precio muy bajo.- susurro una voz femenina con la amenaza de un gruñido distorsionando su profunda y melodiosa voz.





Eliah Amasias

El sonido brillaba por su ausencia, tanto por parte de los dos vampiros, que avanzaban sin hacer ni un solo ruido, como por parte del bosque, que permanecía callado, sin un ápice de vida que mostrara que no estaban solos en la espesura. Ni un insecto, ni un animal, aquel lugar estaba anormalmente callado, como si estuviera conteniendo la respiración, tenso por los acontecimientos que se estaban desarrollando. Entre toda esa calma, la pareja de guerreros continuaban buscando su destino, con todos los sentidos al máximo, preparados para reaccionar ante cualquier amenaza. –No veo locura alguna. -Susurró el castaño caminando detrás de Layla con la espada apoyada en el hombro, como solía hacer. –Un líder, una gran manada, un gran golpe. No tiene mucho misterio.- El vampiro observó la espalda de su compañera de forma pensativa, meditando aquellas palabras. Nunca sabía con exactitud lo que Layla pensaba y nunca le había importado demasiado, siempre que queria saber algo, ella se lo decía sin tapujos. Pero aquel comentario denotaba cierta sospecha por parte de la mujer y eso no le hacía demasiada gracia. -¿Qué ves de extraño?- Preguntó segundos antes de que la mujer detuviera sus pasos.

Eliah se colocó a su lado y observó con curiosidad como levantaba una trampilla oculta entre unas hojas secas. –Esa es mi chica.- Dijo esbozando una pequeña sonrisa, agachándose para ayudarla a levantar la pesada plancha de piedra. En condiciones normales, se habría dado cuenta el también, pero se había distraído, preocupándose por el comentario de la mujer. Sería mejor aparcar pensamientos innecesarios para la vuelta a la fortaleza, tenía que poner toda su atención en la tarea que llevaban, o podría costarle la vida. La pareja se dejó caer por el agujero, aterrizando en un maloliente túnel invadido por la suciedad y un desagradable olor a perro mojado. El vampiro torció la nariz, asqueado por el excesivo olor a licántropo, el olfato no les sería de mucha utilidad en aquel lugar. Los vampiros continúan avanzando hasta que Layla, se detiene bruscamente, indicándole a Eliah que la imite. El castaño, enarcando una ceja, se coloca a su lado observando lo que había detenido a su compañera. A unos metros por delante, el túnel no continuaba de forma natural, de hecho no continuaba de ninguna manera, pues una completa y absoluta oscuridad les impedía ver más alla. No se trataba de negrura provocada por falta de luz, era un tono opaco y completamente artificial.

–Oh…- Dijo el vampiro acercándose al muro negro que tenían delante. –¿Será alguna barrera anti intrusos?- Sin esperar respuesta de Layla, propinó un tajo con su espada Aether. El muro de oscuridad fue atravesado por la espada limpiamente, emitiendo como única respuesta una suave oscilación, como el que produce la superficie de un lago al tirar una piedra. –Curioso cuanto menos. Recuerdo haber visto algo parecido, si no me equivoco, sirve para…- Dio un paso y atravesó el muro negro. Tras una desagradable sensación de humedad, apareció en el claro de mismo bosque por el que habían estado caminando. Eliah se giró, esperando ver el muro negro del que había salido, pero simplemente se topó con una gran piedra, incrustada entre muchos árboles. –Un atajo…- Susurró el vampiro encogiéndose de hombros. Imaginaba que los pasadizos darían directamente al castillo, pero al parecer, por seguridad, daban a algún lugar cercano, acortando el trayecto en caso de emergencia sin dejar una entrada sencilla a enemigos. Se giró de nuevo y no tardo demasiado en encontrar con la vista lo que había estado buscando. Las almenas del castillo abandonado se alzaban majestuosas a lo lejos, a un kilómetro aproximadamente de su situación.

-Vamos querida, no estamos solos.- Dijo Eliah en voz alta, esperando a que su compañera de batallas traspasara el portal. No había sido necesario poner demasiada atención para descubrir que varios lobos los estaban observando desde la oscuridad, ellos querían ser descubiertos pues no se habían molestado en ser sigilosos. Tras las palabras del vampiro, un grupo de tres lícanos salió de la espesura, a unos metros de su posición. Eran tres ejemplares de buen tamaño, dos metros aproximadamente, de pelaje oscuro y mirada enfurecida, muy enfurecida. – ¿No habéis tenido suficiente, sanguijuelas?- Preguntó el lobo colocado en el centro de la formación. –Matar a Lucius no fue suficiente para vosotros, teníais que venir a por más.- Eliah lanzó un suspiro resignado, pues sabía perfectamente quien había matado a Lucius. –No sé de qué me estás hablando.- Dijo el vampiro encogiéndose de hombros. –Pero no hace falta que te explique cómo va esto, tu entras en nuestro territorio, nosotros os sacamos.- Y sin mediar ni una sola palabra, Eliah se colocó en posición de combate, esperando únicamente la confirmación de Layla. Tenía que cerrar la boca a aquellos malditos lobos, no podía permitir que nadie supiera que una guarida Lázaro se ocultaba en la zona, pues generaría sospechas y un enfrentamiento directo con el clan al haber violado la norma del territorio.

Cuando confirmó que su compañera estaba lista, Eliah se lanzó directo al combate, movimiendose con la anormal velocidad que caracterizaba al guerrero, conocída en el clan y solo superada por la agil Layla. El primer licántropo reaccionó ajustandose a las caracteristicas de su especie, y esquivó el tajo directo y brutal que golpeo el suelo, haciendo saltar tierra y hojas secas. El lobo contratacó con un tosco zarpazo, pero el vampiro se movió a un lado, evitando el golpe y poniendo un poco de distancia entre los tres perros. Normalmente, la pareja de vampiros peleaba siguiendo un plan preestablecido. Eliah era brusco y directo, utilizaba su pura fuerza para someter a sus enemigos. Layla, mas rápida y precisa, peleaba a su lado, atenta a todos los enemigos, esperando una leve distracción para dar un golpe de gracia. En pocas palabras, Eliah entretenía y Layla mataba. -Lo de siempre.- Dijo el espadachin a su compañera y sin mediar ni una sola palabra, comenzó a lanzar potentes tajos a diestro y siniestro, esquivando y atacando a partes iguales, tratando de contener a los lobos para ofrecerle una apertura a la mortal vampiresa. A pesar de ser un equipo mortal, estaban en inferioridad numérica, por lo que tenían que ser más cuidadosos que de costumbre para evitar problemas mayores que los cortes que estaban empezando a aparecer en el brazo derecho de Eliah, lugar más espuesto por la posición de combate.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Vie Ago 30, 2013 6:52 pm

Los pasos eran el único eco que se hacía sentir en aquel bosque oscuro y espeso. Evans usualmente era lo suficientemente lanzado para no lamentarse por ir de misión, así ésta fuese bajar al Hades y arrancarle una de las tres cabezas al perro mitológico del dios del inframundo. Pero desde la batalla de las cenizas, una cicatriz en su espíritu le había quedado como reprimenda de no meditar sus movimientos antes de hacerlo. Tenía el brazo bien, sí; sus reflejos seguían siendo felinos y su mirada aguda, sí…Pero aun había algo que le picaba directo en el alma y no sabía explicar por qué. Miraba a su alrededor sin mover la cabeza, con sus manos preparadas para caer sobre las armas de su cinturón en un movimiento veloz en caso de aparecer cualquier tipo de enemigo. Dos pistolas; cuatro cargadores y un cuchillo y , aun así, se sentía estúpidamente expuesto. ¿Qué era eso que le hacía erizar los cabellos de la nuca y mirar como un condenado idiota a su alrededor? ¿Sería el cruce de palabras que acababa de tener con Eliah? No, claro que no. Era obvio que él siempre estaría en medio durante una pelea verbal de Eliah y Layla contra Arcueid. Decir que no estaba acostumbrado sería mentir. Pero, entonces ¿qué era lo que velaba su tranquilidad?

El viento movió las hojas de los árboles y el aroma a humedad empezó a recorrerlo todo. Por un instante, se sintió como un ciervo en medio de una emboscada. Y entonces, en un movimiento veloz de su diestra, sacó una de sus armas del estuche y se volteó sesenta grados a la derecha – No debimos separarnos…- alcanzó a decir cuando una voz de hembra se alzó ante él y Arcuied. Al inicio, pensó que la mujer que tenía al alcance de su primer disparo era la única pero luego, sus sentidos delataron a los demás. No era un solo licano, eran tres…Los licanos nunca van en números pares, sabrá Dios por qué. Tres licanos contra dos vampiros y cruzando los dedos de que Eliah y Layla no se hubiesen topado con otros más. Su instante de tensión se vio rápidamente interrumpido por un hábil movimiento de su diestra, la misma donde tenía el arma, girándola en su mano y abriendo sus brazos con calma – Tres a dos…Oh, vamos ¿dónde está el honor? – preguntó con una sonrisa en sus labios y entonces, en un movimiento veloz, volvió a apuntar a la hembra licana, apretando el gatillo de su arma dos veces, directo a su rostro. No tuvo tiempo de ver si habrían impactado puesto que el gruñido y el movimiento de sus compañeros hicieron que el mercenario se voltease, tomando ahora con la zurda la otra pistola, de forma que sostendría un arma con cada una de sus manos. - ¡Roja! – gritó mientras se movía hacia atrás evitando el primer zarpazo de uno de los machos, el cual pasó peligrosamente cerca de su rostro - ¡Atrás! – exclamó, viendo como detrás de Arcueid, una sombra que le llevaba dos cabezas con ojos palpitantes y sanguinarios se alzaba.

La única estupidez que hizo aquel ser fue gruñir antes de atacar a la pelirroja. El aliento caliente de su garganta revelaría su lugar, pero solo por dos segundos. No tardó en abrir sus garras y lanzarse sobre Arcueid, esperando destajar sin ningún cuidado a la muchacha por la espalda.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Saskia Deruchete el Sáb Ago 31, 2013 1:46 am

Sueños que se convierten en realidad, o es solo que la realidad se visualiza muchas vecez en los sueños, en medio de la negrura infinita que rodea a los ojos de la hija de Lázaro, un debil resplandor comienza a disipar las tinieblas, y a lo lejos se observa un islote rodeado por aguas tranquilas, y sobre el islote una imponente torre del siglo XVI se levanta, un estandarte ondeando en lo más alto, moviendose al impulso de un inexistente viento, y sobre la superficie de las grises aguas, avanzando lentamente hacia la torre, el viento parece arreciar entonces de intensidad, pero la niebla continua inamovible su marcha, como si intentara devorar u ocultar de la vista de propios y extraños aquella torre,  sentada a la distancia sobre una barca, una mujer de cabellos aun mas blancos que su ya pálida piel, observa con atención la escena...se lleva una mano a los oídos, en el preciso instante en que el cielo explota con el rugir sonoro de un trueno, nubes de tormenta comienzan a cubrirla, y se deslizan rapidamente hasta alcanzar aquella torre...un rayo parte nuevamente el cielo, y cae sobre el estandarte...pedazos de la torre comienzan a caer, mientras la niebla ha tomado la forma de seres extraños, que comienzan a trepar por las paredes de la destruida torre...no basta, el agua no se tiñe de color sangre, esto es un sueño premonitorio no un maldito cliché de una pelicula hollywoodense.

Despierta sobre el suelo, cubierta de sudor, y con una rata caminando sobre su pecho, Los finos dedos de la mano izquiera de Saskia acarician al animal en la cabeza, mientras este lanza un chillido asustado y huye despavorido, las ratas no confian en los lázaros, los ven como depredadores, aunque para la mujer que se encuentra en el piso, comer animales es algo que en raras ocasiones en todos sus años de existencia como no muerta ha hecho, sus ojos recorren el espacio en que se encuentra, mientras en su cabeza, comienzan a difuminarse rapidamente las imagenes de su sueño...era un mensaje sin lugar a dudas...el sueño habia sido demasiado claro...la isla flotando sobre las aguas, no era otra cosa que Inglaterra, la torre que caía...simbolizaba el poder y las cosas que se movian alrededor de ella trepando...eran los oportunistas, que como Salomé danzarían sobre la cabeza decapitada del bautista, asi aparecerían en el momento de tragedia...entonces una carcajada aguda y desquiciante brotó de los labios de la muchacha, mientras se llevaba las manosa la cara,enterrando los dedos de su mano izquierda en su rostro, pues en la derecha, solamente existía un muñon, y el dedo pulgar, todos los demás estaban amputados
-Rafi ha muerto, Ralphie Ralph, Raphael ha muerto. Un momento. No se supone que pueda morir algo que ya esta muerto.¿ Se pudriria como la comida cuando se hace vieja, si Raphael era viejo, se ha pudrido como una lechuga jajajajajaja, pero...y si la visión falló, fue muy precisa, como hacia tiempo no tenía, creo mi pequeña Isabelle que es tiempo de que realizes un viaje a la torre de los inhabilitados mentales guerreros sin gracia, y creo que la información que consigas, le podrá interesar a muchas personas...y creo...creo...¿a que tengo que ir a londrés...ah si, el anciano que estiro la pata...es tiempo de empezar a movernos-.

Saskia se levantó, y tomó una canasta vieja y raída, caló su cabeza con una capucha y canturreó con suavidad - A mi, mis preciosas Cecile, Dionne y Francoise, mami las necesita- no bien habia terminado sus palabras, tres ratas de color pardo, salieron corriendo de entre las sombras, treparon con presteza sobre la mesa, y se introdujeron en la canasta, en la cual un brillo plateado pálido se dejó ver durante unos momentos, antes de que Saskia cubriera la canasta con un trapo de terciopelo negro y gastado.
Se caló una capa negra sobre sus hombros, y tras salir de las cloacas, sus pasos se perdieron hacia las afueras de la ciudad.
Tras un par de días de viaje la vampira llegó a Londres,no era dificil seguir el rastro de los Rafael, su opulencia aristocrática y ridícula no era dificil de investigar, además de que de vez en vez, en su ya de por si confundida mente, aparecían visiones como una especie de pelicula vieja en blanco y negro, del lugar al que debía llegar; la fortaleza de Raphael se alzaba a lo lejos, circundada por un bosque, la no muerta se internó en este despreocupadamente, tarareando con suavidad y en voz baja una canción inentendible, con varias palabras sueltas hasta que llegado a un punto, sintió que una fuerza la detenía en seco en el piso, abrió los ojos, y sus labios se separaron en una sonrisa perversa, esa sensación que empezaba a recorrer su espalda y que hacia que se estremeciera, la canasta se balanzó sobre su brazo izquierdo, mientras se paso el muñon que tenia por mano derecha en el rostro, sonriendo como un felino complacido.

-No es buen momento, los hijos de Raphael están en problemillas. En el bosque los perritos corren sueltos, los perros, los guardianes de Selene han venido de cazería, los perros no son tontos, pero los chupasangre son siempre demaciado imbéciles y arrogantes como para valorar a sus rivales, por eso los Lázaros al final nos alzaremos con el control de todo, cuando su propia arrogancia termine de destrozar a los clanes que aun quedan jajajajaja, y las dulces jovencitas francesas, no deben pasearse sola, en los bosques de Gevaudan vive la bestia, el hombre lobo de Gevaudan ha devorado ya a otras campesinas, pero yo soy lista, yo sé que hay que esconderse, mis niñas, aquí entran ustedes, anden con cuidado y sean los ojos y oidos de mami, norte este y oeste, sigan los puntos cardinales, y recojan todo lo que sus pequeñitas orejitas y ojos capten.- Las ratas brincaron avidas de obedecer a su dueña de la canasta, perdiendose entre las hojas secas, mientras con una gracia inusitada en los movimientos avecez torpes, a vecez delicados de Saskia, esta trepara hasta las densas ramas de los árboles, quedando parcialmente oculta entre el follaje,era dificil ayudandose con los dedos de una sola mano,se sentó cruzando la pierna, y sus ojos se clavaron en la fortaleza de Raphael que se extendía ante ella.
Esperando pacientemente, la niebla ya habia comenzado a envolver los cimientos de aquel lugar, y sería cuestión de tiempo para que el primer rayo callese...y con el callese la estirpe de Raphael.

Fuera de juego:
Espero esté bien, lamento meterme pero me parecio interesante y vi que era un tema libre.

Saskia Deruchete

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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Layla Leblanc el Sáb Ago 31, 2013 9:28 pm

¿Qué ves de extraño?

Todo. La palabra cobra cuerpo en su mente como la oscuridad que crece al amparo de cualquier objeto expuesto a una luz apropiada, pero no deja que esa respuesta se filtre a través de sus labios. En cambio, deja que la almohada roja que duerme dentro de su boca acaricie con recelo las perlas de sus dientes. La guerra ha sido interpretada de diversas maneras a lo largo de la historia, Layla lo sabe y aprueba varias de esas teorías mientras considera una abominación otras tantas. Aún así, desde su perspectiva cuando el rey es cercado lo más sensato es replegarse y concentrar fuerzas en lugar de disgregar a los caballeros en tierras inexploradas. ¿Acaso la ausencia de Raphael no equivalía a que la raza hubiera sido diezmada? Nadie lo admite en voz alta por miedo a los lugares a los que el viento pueda llevar esas palabras, pero ellos lo saben. Son un cuerpo sin cabeza y aunque muchas especies sobreviven un tiempo sin ella ninguno se va a la guerra esperando ganar con miembros ciegos.

Su pálida mano se aferra con mayor intensidad a la empuñadura de la espada, la dureza del metal siempre le ayuda a conectar con la realidad cuando la batalla amenaza con hacerla llegar hasta el frenesí y aunque su olfato sigue sin detectar sangre derramada, su mente busca por sí misma  mecanismos de defensa ante lo inminente de un enfrentamiento. La oscuridad anormal del túnel engulle a Eliah y la mujer barre con la mirada el camino ya recorrido en busca de alguna alteración, al no encontrarla le sigue.

Esta vez, y a pesar de encontrarse nuevamente en el exterior por obra de algún artilugio de defensa, el olor agridulce del enemigo amenaza con perforar sus fosas nasales, haciendo que en el mismo instante en que los pies tocan la tierra del bosque su expresión se contorsione revelando su verdadera naturaleza vampírica. Una voz rasposa es todo el preámbulo que Layla necesita para saber que esa manada está desquiciada por el deseo de venganza, lo que sin duda es algo a tener en cuenta para cuando la batalla alcance su punto álgido. ¿Pero quién había matado a ese Lucius? Temporalmente se le hace inverosímil que sea alguna baja establecida por Evans y su nueva adquisición, limitándose a dejar que sea Eliah quién responda a esa acusación. Mueve con rapidez la mano izquierda hacia el broche de plata de su capa dejándola caer por completo en el suelo como si de una laguna artificial se tratara, irónicamente poniendo un poco de vida en su entorno a pesar de que su dueña representa a la muerte misma.

La imagen del cuerpo herido que encontró en el bosque antes de reunirse con sus pares estalla fugazmente en su memoria en busca de similitudes. Tal vez comenzaban a cazarse entre su propia raza. Quizás ninguna raza es tan confiable como decían ser, aunque los mismos Raphael estén incluidos en ese grupo. Eliah es el primero en comenzar el ataque y logra la casi inmediata transformación del mayor de los tres licántropos frente a ellos. El golpe es esquivado sin mayores dificultades y el sonido del acero en el aire reemplaza el silencio desquiciante que invadía hace unos momentos atrás el bosque.

Los cabellos oscuros de la mujer se agitan en el aire con cada movimiento de evasión de su parte y sus ojos relampaguean con morboso deleite ante la promesa de exterminar a sus adversarios esa noche. La hembra del grupo lanza un zarpazo que logra alcanzar la espalda de la inmortal y teñir su vestimenta de un color más oscuro y brillante, haciendo que un gruñido gutural se escape de la garganta de Layla, pero antes de voltearse completamente hacia ella percibe una falla en la forma de ataque del lobo que batalla con Eliah. Rueda en el suelo y se coloca a los pies de su compañero a tiempo de levantar su espada e incrustarla en el vientre de la bestia, que termina rociando parte de su sangre en el rostro de Layla. Su cuerpo no se detiene y da un medio giro más hasta ponerse de pie fuera de la zona de ataque, sabe que tiene muchas posibilidades de que esa estocada no sea mortal pero al menos va a reducir en buena medida los movimientos del animal debilitándolo a cada segundo. El tercer licántropo aúlla como si de un grito de guerra se tratara y deja que sus afilados dientes se abalancen sobre la pierna de Layla quién logra saltar sobre su adversario aunque no lo suficiente como para salir ilesa del todo.

Mientras, unos diminutos ojos brillan en la oscuridad observando la batalla, emitiendo imperceptibles chillidos opacados por el fragor de la pelea. Una de las ratas de la mujer Lázaro parece haber llegado a su objetivo sin demasiadas dificultades, ansiosa por reunirse nuevamente con su ama.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Arcueid van Rip el Dom Sep 01, 2013 3:40 pm

“Es adorable esa inocencia suya… Creer que porque uno de nosotros caiga nos dejaremos someter.”

Esas fueron las palabras de Arcueid ante uno de los lobos con los que se había topado en aquellos días en los que no quería cruzarse con nadie dentro de la fortaleza. Como dirían vulgarmente, “estaba que se la lleva el diablo”. Y bien que a mas de uno le gustaría que no fuera solo metáfora… Pensar en eso le arrancaba una sonrisa divertida de vez en cuanto por que a esa altura del partido ya lo único que podía hacer era reír. Una vez un vampiro, de esos que entraron después que ella y en vez de odio adoptaron la indiferencia por su mala fama, le pregunto que la mantenía tan firme en ese Clan donde no importaba lo que hiciera lo único que tenia era el odio de sus “compatriotas”. Ella solo sonrió y respondió: “Se los debo.” Por lo menos esa era la razón mas conocida y la única que necesitaban saber…

Las preocupaciones de Evans parecían bien justificadas y parecía que habían interrumpido una misión importante para los hijos de la luna. El grito de la mujer resonó tan pronto como los disparos  pero no hubo tiempo de verificar con la mirada si había dado en el blanco. Apenas el cazador alcanzo a advertirle mientras esquivaba un zarpazo de uno de los licántropos. Fueron tan solo un par de segundos pero casi como eternos en los que la pelirroja reacciono, agachándose antes de que las zarpas de aquel guerrero de la luna se cruzaran apenas cortándoles unos pocos mechones rojos de su larga cabellera. Esquivo el zarpazo pero el lobo pensó rápido y no vio venir un golpe con el dorso de la su enorme garra que la hizo chocar de espalda contra un árbol cercano.  Mientras trataba de reincorporarse vio como su enemigo se acercaba dispuesto a depedazarla. – Tres contra dos, ataque por la espalda… Vaya honor.-  renegaba a la vez que empezaba a subir por el mismo árbol que choco.  Escucho un rugido y espero el momento indicado para lazarse sobre el  y caer sobre su espalda.

Arcueid no tenia la fuerza de los otros guerreros de Raphael, pero era certera y veloz lo suficiente como para caer sobre la espalda del licántropo aferrándose firmemente a su pelaje, sacar el cuchillo de una de sus botas y clavarla de forma certera y letal en el cuello del guerrero. Cuando este pudo agarrarla para azotarla contra el suelo la pelirroja ya le había abierto un gran corte que expulsaba sangre por chorros. Aunque trato de contener la hemorragia el lobo ya estaba perdido…  Pero si que había dejado a la vampiresa bien magullada, si le hubiese asestado un zarpazo como alguno de ambos golpes las partes de su cuerpo estarían bañando el suelo de rojo. Su cuerpo se movía lento hacia donde estaba Evans esperando que hubiese podido contra su respectivo enemigo laicano, pero por las dudas saco su otra pistola.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Eliah Amasias el Vie Sep 06, 2013 8:44 am

La ardua batalla a la que se vieron sometidos los dos vampiros se extendió más de lo necesario. Estar en desventaja numérica no resultaba útil y haberse topado con unos lobos que realmente sabían pelear, algo poco común, no facilitaba las cosas. Eliah se movía con agilidad, bailando al son de su espada, manteniendo a raya las garras de dos de los lobos, mientras Layla luchaba a su lado con el tercero. Tras unos minutos agotadores, la ágil mujer logró abrir una brecha en la defensa de uno de los lobos, apuñalándolo en el estómago. Eso no lo haría detenido, pero el castaño supo aprovechar muy bien la oportunidad. Encajó a voluntad un golpe en el pecho que abrió cuatro líneas paralelas de color rojizo en su gabardina y le otorgó la oportunidad de ir a por otro objetivo. Aether brilló un segundo antes de rebanar limpiamente la cabeza del lícano apuñalado, dándole a Layla la oportunidad de ponerse a cubierto.

El segundo lobo titubeo un segundo ante la cruel caída de su amigo, momento que Eliah aprovecho para clavar su espada en el pecho de la criatura, otorgándole una muerte instantánea por la magia que contenía la hoja del espadón. Pero el tercer lobo, envuelto en una rabia cegadora, se lanzó sin piedad encima de la mujer, tratando de arrancar su garganta con unas afiladas y goteantes fauces, tras un feo conato de mordisco en la pierna. Tras unos segundos de frenéticos movimientos en el suelo, Eliah consigue agarrar al lobo del pelaje de la espalda, sacándolo de encima de su maltrecha amiga con un tirón que lo aleja lo suficiente para que pudiera ponerse a salvo. El lícano, cegado por la furia, se lanza encima del vampiro en un ataque desesperado y obvio que es esquivado con insultante facilidad. –Todo tuyo- Dice Eliah dejando que Layla acabe con el asqueroso perro que la ha herido.

Tras toda aquella tormenta, la pareja se encuentra en el ojo del huracán. Una situación algo precaria en la que es difícil tomar una decisión clara. Eliah enfunda la espada y observa su maltrecho cuerpo, haciendo un pequeño recuento de las heridas. -Dos profundas, en el pecho y en la cintura, que darán problemas si no se tratan en... unas dos horas. Varias superficiales que no suponen una amenaza, pero escuecen como mil demonios.- Tras finalizar el recuento, el vampiro se sienta en el suelo con los ojos cerrados, emitiendo un suave suspiro. –Han caído tres e imagino que Evans y Arcueid serán capaces de matar a otros tres. Las manadas no suelen contener más de quince o dieciséis miembros… Creo que sería buena idea retroceder y reunirnos con ellos para juntar fuerzas y hacer un asalto al castillo, ya que sabemos dónde está.- Eliah desvía la mirada mientras habla, dirigiendo sus ojos rojizos hacia un punto en el bosque que llama su atención.

El vampiro es incapaz de decir exactamente que es, pero siente que algo lo está observando desde algún lugar entre las ramas. Por descarte, los lobos quedan fuera, pues aprovecharían el momento de descanso para atacar con la esperanza de acabar con ellos. Eso deja dos opciones, un observador desconocido y un observador de Lázaro. No podía arriesgarse a ir a por lo quiera que fuese, pues corría el riesgo de descubrir la presencia del nauseabundo clan vampiro en el bosque. Tras unos segundos observando el verde oscuro, Eliah decide ignorar la presencia. No dudaba que Layla también sería capaz de detectarla, pero mejor no ser él quien sacara el tema. – ¿Como lo ves querida?-. Pregunta el guerrero levantándose y caminando hacia su compañera. – ¿Volvemos a por la pareja feliz o investigamos el castillo de los lobos como dos niños malos? Lo dejo a tu sabia elección.- El vampiro el dedica una pequeña reverencia mientras le dedica una de sus “encantadoras” sonrisas.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Saskia Deruchete el Sáb Sep 07, 2013 7:07 am

fuera de juego :
Si no es molestia me podrían decir después de quien voy?

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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Dom Sep 08, 2013 9:19 pm

Todo estalló de repente. El vampiro vio con el gesto congelado como Arcueid evitaba el primer manotazo de la bestia. Hubiese sonreído de no haber comprobado como ella, confiándose ante aquel movimiento, ignoraba que llegase un segundo golpe que la lanzó contra uno de los arboles, chocando su cuerpo salvajemente contra éste. La mirada de Evans se petrificó y sus ojos ambarinos se clavaron en la escena mientras apretaba el arma con su zurda disponiéndose a girarse cuando el licano que no era la hembra que gritaba de dolor por los disparos que le habrían hecho daño en alguna parte de su asqueroso rostro, apareció frente a él. Sin medir tiempos o espacios, el cazador levantó el arma apuntando directamente hacia la cara de la bestia pero la oscuridad y la preocupación le hacían enfocarse más en la tormenta de cabellos rojos que en su propia situación. Y entonces, no midió distancias cuando de un zarpazo, la pistola escapó de su mano.  Silenció un grito al sentir el calor de la sangre correr por sus dedos pero no se dispuso a quedarse esperando a ver si los tenía todos o, con el arma, alguno había sido arrancado tambien. Con el hombro se lanzó en embestida contra el lobo que faltaba, el mismo que le había atacado y afirmando su otra pistola en la diestra, le empujó hasta hacer que éste trastabillase y cayese al suelo de espaldas con Evans encima. El Licano levantó ambas zarpas hacia él pero el vampiro se movió mucho más rápido, colocando el cañón del arma sobre el torso del animal y disparando a quemarropa ante un alarido descomunal. Cuando la bestia se movió en un gesto ansioso  y desesperado, Evans levantó poco más el arma, poniendo el cañón ahora dentro de las fauces del licano y , cerrando los ojos, apretó tres veces el gatillo. Tres disparos ingresaron por la boca del lobo y salieron por la parte de atrás del cráneo mientras su forma cuasi humana se deshacía. Los cabellos, la mandibula y demás volvían a la forma de hombre, más bajo que Evans, pero más musculoso.

No esperó ni se quedó viendo la verdadera cara de su víctima, sino que volvió a ponerse de pie para verificar hacia donde estaba Arcueid. Entonces su mirada se clavó en el licano que ella había sometido, soltando su sangre asquerosa hacia todos lados. Respiró aliviado, mirando a la muchacha de cabellera de fuego con una sonrisa. – No puedo dejarte ni un…- empezó a decir pero su discurso de vio opacado cuando, de atrás de él, la respiración acortada por un grito descomunal le hizo voltearse y encontrarse cara a cara con la licana a la que había disparado primero. Le lanzó un zarpazo pero el cazador reaccionó más rápido, moviéndose hacia atrás mientras levantaba el arma y apretaba nuevamente el gatillo, colocándole una bala justo en medio de sus ojos. – ¡La que me parió! – exclamó, viendo como ese cuerpo caía inerte y lleno de sangre al suelo, cerca del otro licano. Evans relajó por un instante sus hombros mientras negaba con la cabeza y miraba al trío de licanos con el ceño fruncido. – Tsk, si son más, los disparos les llamaran sin duda – dijo mientras giraba el arma en su mano buena y la montaba en la cartuchera de su cinturón. Caminó hacia Arcueid y se apoyó contra un árbol, el mismo donde ella se había subido para lanzarse contra el lobo que le había atacado, y empezó a sacarse la chaqueta. Ya no quería ni mirarla. Sabía que donde le buscase, le encontraría una nueva apertura gracias a las uñas de esas bestias que tanto disfrutaba cazar. La dejó caer al suelo y miró su mano zurda. Cerró los ojos, aliviado, mientras echaba la cabeza hacia atrás y trataba de mover las falanges temblorosas de su mano – Los tengo todos…- soltó con alivio, refiriéndose a sus dedos - ¿Te imaginas que pierda uno? – preguntó, volviendo la mirada agotada a Arcueid y sonriéndose, mientras se ponía en cuclillas, espalda contra el árbol, y buscaba en los bolsillos de su chaqueta algo que parecía escaparse de su diestra. Cuando dio con el objeto, lo sacó victorioso, mostrando una botella pequeña que guardaba en el bolsillo interno de la cazadora marrón que tenía puesta. Era una petaca y seguramente, contenía alcohol dentro. Desde que fue de gran utilidad durante una cacería para incendiar un licano que se negaba a morirse, Evans jamás salía sin ella. - ¿Estás bien, roja? ¿Te lastimó? – preguntó escondiendo cualquier vestigio de preocupación en su voz, pero mirándole de forma realmente insistente, notándose un poco de ansiedad no en su tono, pero si en sus ojos de color ámbar. Usó sus dientes para abrir la botella y dejó caer su contenido contra la mano zurda, la cual lucía dos cortes paralelos justo en la muñeca, apretando las muelas y cerrando los ojos para contener el ardor – Hijo de puta…- soltó, molesto, echando hacia atrás la cabeza y luego volviendo a apoyar la misma contra el árbol – No lo vi venir – agregó, dejando un poco del liquido para dar un sorbo él de aquel whisky añejo que humedecía el interior de la petaca.

Off: Vienes justo ahora, Saskia. Justo despues de mi.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Saskia Deruchete el Sáb Sep 14, 2013 5:38 am

Se habia quedado con la mirada perdida en el horizonte, mientras con su voz, imitaba a la perfección el graznido de un cuervo, sin proponerselo había atraido la atención de uno de ellos, y este, desconfiado al principio se habia posado en una rama superior a la de donde se encontraba la vampira, hasta que no pudiendo resistir la fascinacion que aquella mujer de facciones dulces le provocaba se posó cerca de su hombro.

Saskia deslizó con suavidad uno de sus dedos por el plumaje azabache de su peso, lo miró fijamente a los ojos, y entonces le musitó.-Asi que no has visto nada, mi pequeño Pepinó...está bien...puedes volar de nueva cuenta al cielo, mientras yo espero a tus hermanas que se posan en la tierra...vuelva mi bello amigo...-Soltó una suave risa divertida, y en ese momento, un chillido suave, la hizo soltar una alegre risotada y aplaudir sonoramente, una de sus queridas ratas habia llegado.

El animal trepó con rapidez por el grueso tronco de arbol, y Saskia extendió su mano, en la que habia un mendrugo de pan que la rata comió rapidamente, sujetó a la rata con una mano ( la que tenía todos los dedos) y la llevó a su rostro, los ojos de Saskia, impregnados en sangre, se pusieron blancos en un instante, lo mismo que los ojos de la rata, quien soltó un bufido que denotaba cierto estado de relajación.

-Así que lobitos y rafitas juegan juntos en el bosque, pero no sabes exactamente por que peleaban ni que era lo que buscaban....que dices...mmmm buscan algo en el interior de aquella fortaleza que se alza a lo lejos...te parece si nos adelantamos a ella, mi querida Francoise- Saltó con suavidad del árbol, acomodo la falda de encaje que llevaba y comenzó a caminar en dirección de la fortaleza, produciendo un gracioso crujir de hojas secas a cada saltito que daba como si fuese la caperuzita roja...pero el lobo, aun rondaba en el bosque, no bien habia avanzado unos cuantos pasos, un rugido la hizo volverse en sí...

Detrás de ella, se alzaba imponente un lobo, era un licántropo sin lugar a dudas, pero no se encontraba transformado en la fase que a ella mas terror le producian, por el contrario, se habia transformado en una especie de lobo cavernario, alguna vez habia escuchado que esa transformación se llamaba Hispo...la bestia tenia las garras de fuera y los gigantescos colmillos brillaban en su hocico, Saskia abrió la boca aterrorizada, soltó a la rata en el piso y gritó con fuerza
-Corre Francoise, Corre!!...mueve tus piernitas y tu colita pelona y salvate mi pequeña, tu serás quien difunda mi mensaje de paz y amor y...no espera un momento...bueno solo corre!!.- La rata se escabulló velozmente entre las raices y hojas secas, mientras el lobo se continuaba aproximando a ella...Si habia tenido una buena vida, y sin embargo ella esperaba ver que el primero en morir fuera el estúpido de Emanuelle y no ella, se agazapó contra un arbol, el animal flexionó las patas y saltó hacia ella...

Entonces los ojos de Saskia se volvieron completamente negros, como si aquellos globos oculares hubiesen sido sustituidos por un tunel oscuro e interminable, Saskia volteó su rostro y enlazó su mirada con la de aquel licantropo al tiempo que gritaba con una voz potente y autoritaria
-PAZ HERMANO LOBO, EN NOMBRE DE SAN FRANCISCO DE ASÍS- El animal detuvo su ataque a escasos centimetros de distancia del rostro de Saskia, esta no parpadeo en lo absoluto, su mirada se habia quedado clavada en la de la bestia sin emitir siquiera el más minimo parpadeo...Entonces una sonrisa de suficiencia se dibujó en sus labios.

-Sabes hijo de Gaia por que los licántropos como tu, son presa fácil para las lindas doncellas lázaro, encerradas en antiguas torres...por que nosotros tenemos un vínculo especial que aun no logramos entender con la naturaleza...y eso se refleja en que los animales nos obedezcan...desafortunadamente para ti, en ese estado en que te encuentras, eres más bestia que humano...por lo que si quiero, serás mi cachorrito...ahora sientate y lame mis zapatos.- El gigantesco lobo se sentó docilmente, Saskia no parpadeaba en lo absoluto ni quitaba la vista de los ojos del animal, pero mientras se incorporaba, sintió que las piernas le temblaban, el esfuerzo que hacia por mantenerlo dominado, aunado a la necesidad de parpadear ( soy una vampira no un fenómeno de circo...necesito usar mis parpados), hizo que su control comenzara a romperse, el lobo empezó a gruñir de nuevo y pese a que lamia docilmente las zapatillas de Saskia de vez en cuando lanzaba un severo gruñido entonces la muchacha dijo.

-Internate en el bosque...y mata a cualquier otro vampiro que veas...no vuelvas a molestarme...- El animal se incorporó, profirió un agudo aullido, y saltó internandose en la oscuridad, entonces la vampira se desplomó pesadamente en la tierra...si no encontraba a ningungo, entonces estaría en problemas...y definitivamente lo estaba....el animal pasados unos minutos, habia vuelto a aparecer....Saskia lo observó, sin poder contener el pánico en su rostro carente de cordura...si...estaba por terminar cerró sus ojos, y metió su mano sin dedos al interior de la canasta...habia sido una larga no vida.

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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Layla Leblanc el Miér Sep 18, 2013 8:19 pm

Disparos. El graznido lejano de las aves espantadas antes de remontar vuelo se alza sobre el sonido propio de la batalla y una llamarada toma forma ante los ojos de Layla por un segundo. La convertida de Dimitri y Evans están teniendo su propia batalla varios kilómetros más hacia el este, lo que deja en evidencia a una manada de tamaño medio, siendo lo suficientemente optimisma como para considerar que no hay otros lobos rastreando el bosque.

La distracción es breve pero como todo accionar, o ausencia de este, tiene su consecuencia. El último cuadrúpedo en pie se abalanza hacia ella haciéndola ceder bajo su peso. Las fauces de la bestia se abren en todo su esplendor dejando que la pestilencia abrace a la mujer que hace uso de todos sus recursos para invertir la situación. A pesar de la cercanía no les es posible distinguir los ojos de la bestia porque todo frente a ella se reduce a una fila de dientes ansiosos por desgarrar y triturar. Layla flexiona sus piernas concentrando la mayor parte de sus fuerzas en ese sector y patea al animal con la certeza de que las puntas de metal de sus botas no dejarán impune su defensa. 

Sus miembros quedan libres recobrando la movilidad, momento que utiliza para ponerse de pie velozmente a pesar de sus heridas. Distracción, algo que no puede permitirse y el llamado de atención hace eco en su mente mientras extrae una de las dagas de su cintura. Apenas el licántropo se siente liberado de los brazos de Eliah y dirige hacia él su frustración Layla hace volar el arma blanca hacia uno de los ojos con resultado satisfactorio. El aullido de dolor llena de vitalidad a la mujer que ve ante si la revancha de haberla reducido en combate, por un error propio, y la sangre ajena que baña su rostro brilla bajo la luz de la luna como un manto de triunfo prematuro.

Salta hacia la bestia desestabilizándolo el tiempo suficiente para clavar en su cuello la espada y atravesarlo por completo. Aún cuando el cuerpo inerte cae sobre el suelo Layla continua encima suyo analizando con interés casi clínico el cadáver que comienza a cobrar forma humana.

- Alguien estuvo antes que nosotros - Las palabras fluyen como un río de agua clara en medio de la oscuridad - Por un momento pensé que estaban cazándose a ellos mismos para disputar el territorio, pero no hay manera de confundir la forma de matar de un animal con uno de nosotros. Se huele en el aire.

Extrae la daga del cráneo y la limpia en la misma piel desnuda del difunto incorporándose con lentitud. Escucha el recuento de heridas de Eliah y hace lo propio con su cuerpo. El ardor en su espalda se esparce como lenguas de fuego pero no llega a tener la misma relevancia que la herida de su pierna derecha, por el momento es perfectamente capaz de soportar su propio peso pero no está segura de por cuanto tiempo pueda conservar su agilidad intacta. Aún así la idea de reagruparse con Evans y su infierno personal no le resulta tentadora.

Recoge la capa del suelo con cuidado innecesario y vuelve a colocársela dejando a la vista sólo su rostro coloreado por la sangre del lobo. La pestilencia es apenas tolerable pero su mente trabaja en algo que no termina de cobrar forma ante sus sospechas.

- Esta noche, antes de encontrarme con la tan elocuente comitiva a las entradas del fuerte encontré algo llamativo - Su voz se muestra cautelosa como resultado de haber meditado con detalle el hecho antes de transmitirlo - Una de estas bestias estaba tendida con la mayor parte del cuerpo destrozado - No hay compasión ni aprensión en el tono en que lo comunica pero si reflexión - Era una bolsa de carne y huesos incapaz de mover su mandíbula lo suficiente como para expresar su dolor - Las esmeraldas de sus ojos dejan caer todo su peso sobre el rostro de Eliah mientras en ellos aún arde el fragor de la batalla - Ambos sabemos que esa no es la forma de atacar de Evans y él era el único de los nuestros patrullando esa zona específica. Algo me dice que justo ahora no es de los licántropos de quién más debemos cuidarnos - Sus ojos se desvían para recorrer el bosque que los rodea con insistencia, inquieta, con la ponzoña inundando el sabor de su boca. 

El murmullo del viento danzando sobre la copa de los árboles parece inundar el aire de secretos y posibles enemigos. Layla enfunda su espada y corrobora la ubicación del arma de fuego que no desea utilizar hasta que sus otros recursos se vean extinguidos. Ya no hay disparos surcando el bosque, ni sonido alguno que indique el estado de los otros dos compañeros internados en esa tierra hostil infestada de usurpadores. 

- Volvamos con Evans pero no confío en ella como para compartir ningún tipo de información - Le parece la opción más acertada, aún no tienen el número exacto de lobos que conforman esa manada y mantenerse separados sólo disminuye la posibilidad de un ataque en conjunto y más letal.

Un chillido anormal atrae nuevamente la atención de Layla que se inclina levemente para tener una mejor perspectiva del animal. Una rata. Su ceño se frunce ante el inusual comportamiento del roedor que parece reclamar atención y a pesar de que sus últimas palabras dejaron en claro su deseo de unirse con los otros Raphael no duda en correr detrás del pequeño animal que continúa chillando mientras se escabulle en la cama de hojas secas que cubre el suelo del bosque. El olor se hace más nítido conforme sus pasos dejan de ser guiados por la rata para concentrarse en lo que su propio instinto le indica. Dulce y agrio, mezclados. Desconoce si Eliah desestimó su accionar quedándose al margen de su arrebato de locura o está detrás porque la imagen que se alza frente a ella detiene el rumbo de sus pensamientos.

Un lobo de pelaje rojizo se prepara para atacar a una mujer con el rostro desencajado por el pánico. Su mano derecha desenvaina la espada instintivamente pero los ojos de Layla se detienen más tiempo del necesario en las facciones de quién aparenta ser la parte indefensa en esa escena. La locura impregna cada una de sus cicatrices, y a pesar de que mantiene ambas manos dentro de lo que simula ser una cesta el brillo metálico se deja apreciar sin problemas. Le falta una extremidad. El descubrimiento logra que los ojos de la guerrera se abran por la sorpresa y el rechazo. Frente a ella uno de sus mayores miedos personificado. La locura en su máximo esplendor.

- Un lázaro...

El animal gruñe ante la interrupción y Layla reacciona a tiempo para hundir su espada en el abdomen de la bestia y girarla en el sentido contrario a las agujas del reloj antes de que se voltee completamente hacia ella, terminándolo con una estocada cerca del pecho. Así se asegura de que el licántropo se desangre lentamente sin posibilidades de recuperación terminando con cualquier distracción.

- ¿Hay más contigo? - La pregunta está impregnada de recelo y flota en el aire sin que Layla se decida a guardar su espada ¿Sería ella la responsable de la muerte del lobo que les atribuían? Imposible, alguien que se sienta a esperar su muerte no es merecedor de tal gloria.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Arcueid van Rip el Jue Sep 19, 2013 4:30 pm

Dos fuertes golpes, no fueron lo suficiente para matarla, pero bien podía sentir su brazo izquierdo adolorido por el segundo. La forma humana iba reapareciendo en el animal mientras ella se acercaba al vampiro que, tan pronto empezó a hablar, le arranco una sonrisa que se desdibujo al instante. - ¡Atrás!- exclamó sonoramente. Por simple inercia grito, pues el aliento salvaje de aquella hembra ya le había advertido del peligro e inmediatamente puso fin a su existencia de un solo disparo bien en medio de los ojos. Suspiro aliviada y cuando lo escucho quejarse rió por lo bajo, algo normal para despejar los nervios.
 
Caminando por alrededor de los cuerpo miraba el suelo, prestando atención a donde habría caído su primera pistola. Al escucharlo levanto la cabeza y le dedico una mirada extrañada.- ¿Cómo mataste al otro sin llamar su atención antes entonces?- ya sea que le contestara o no siguió buscando hasta que recibió a su pistola en su mano nuevamente con una sonrisa. No había caído demasiado lejos de cuando fue azotada contra el árbol. Luego fue por su cuchillo, bañado en la sangre que aun salía del cuello del cadáver por lo que lo agarro con sumo cuidado antes de limpiarlo en el amplio ropaje que llevaba el enemigo. Ropa holgada y liviana para que no fastidiara a la transformación pronto se tiño de puro rojo mientras la vampiresa escuchaba a Evans respirar aliviado al ver que no perdió ningún dedo. -¿Qué? ¿Menos con que tocar cortesanas? – respondió a su pregunta con un tono burlón como el gesto de su cabeza. Se acerco a el ya con el cuchillo aceptablemente limpio y poso sus ojos azules en su mirada ambamarina, preocupada. -Estoy bien.- respondió mientras le devolvía la sonrisa de hace unos momentos. Sabia bien que solo estaba herido por un descuido, uno que bien pudo haber sido por su culpa. ¿Por que insistía en protegerla?
 

-Tu siempre tan exagerado. ¿Tenias que echarte tan…?- iba a acercarse pero en el suelo noto algo similar a una moneda, de un tamaño un poco mayor. El metal parecía que haber perdido su brillo hace mucho pero podía notarse bien el oro formando la imagen de las cadenas con un eslabón roto. Tomo el emblema de entre las hojas secas dejándola en medio de mano derecha para que Evans también la viera. Paso su pulgar enguantado sobre la imagen en relieve y unas gotas de sangre se difuminaron sobre ella. - ¿Y esto?-.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Eliah Amasias el Vie Sep 20, 2013 8:40 am

Un artificial silencio invade de nuevo el bosque. La extraña pareja observa, recelosa, todo lo que le rodea, conteniendo la respiración y agudizando los sentidos en busca de otra posible amenaza. Cuando tienen la certeza de todo está relativamente bien, comienzan a moverse, volviendo sobre sus pasos. –No tenemos que compartir información ninguna. Simplemente aumentar nuestro número para no estar en desventaja.- Eliah camina hacia Layla mientras saca un pañuelo que siempre lleva guardado en el bolsillo interior de la gabardina. Cuando esta delante de ella, toma su mentón con suavidad y limpia de su rostro las manchas de sangre enemiga. –Rojo y azul no combinan.- Dice con una pequeña sonrisa, haciendo referencia al tono añil de sus fríos ojos. -Me gusta tan poco como a ti estar en un equipo con Arcueid, pero ahora mismo estamos en desventaja y esto tiene que quedar limpio.-
 
Unos segundos después de que Eliah posara el pañuelo en la blanca tez de su compañera, un extraño sonido, similar al de arañar una pizarra atrae su atención y hace que salga corriendo. El vampiro se queda de pie con el pañuelo alzado, mirando algo aturdido como Layla sale corriendo como alma que lleva el diablo. -¿Pero qué…? ¡Eh! ¡Y si es una trampa, espera!- Eliah sale corriendo detrás de ella, siguiendo su paso de la mejor forma posible, ya que la vampiresa era condenadamente rápida y atraparla sería una hazaña imposible para él, más con Aether colgando de su espalda.  Aquello no era para nada buena idea, debían reagruparse con Evans y Arcueid para hacerse más fuertes, pero no podía dejarla sola. Como fueran directos a una emboscada, sobrevivir sería una opción dificil de alcanzar, debía estar preparado.
 
Tras una buena carrera por el bosque, llegó justo a tiempo para ver como un lobo caía al suelo con un gruñido gutural. Justo detrás del peludo bicho, una bella muchachita de rostro preocupantemente familiar permanece con los ojos cerrados. Parecía una versión macabra de caperucita roja, con su canasta y su lobo desangrándose justo delante. Eliah conocía a aquella chica y Layla dijo lo que pasaba por la mente del espadachin. Una lázaro. Era exactamente lo último que necesitaba en ese mismo momento, el maldito Lázaro era incapaz de controlar a sus estúpidos vampiros. Había sido muy claro, no quería a un solo miembro de su clan rondando por el bosque, pues podía poner en peligro toda la operación.
 
Si bien la había visto alguna y que otra vez rondar por el refugio principal de Lázaro, no estaba seguro de que ella lo hubiera visto a él. Y si lo hubiera visto, esperaba que no fuera tan estúpida de decir nada al respecto. Si la cosa se ponía fea y como último recurso, la silenciaría a la altura del cuello, pero por el momento solo podía esperar a ver qué pasaba. Apoyo el enorme espadón en el hombre y observó la situación con resignación. –Estas en el lugar equivocado en el momento equivocado, señorita. Este lugar ha sido invadido por los lobos y nosotros nos encargamos de limpiarlo, vuelve con tu señor en silencio y no nos des más problemas de los que ya tenemos.- Esperaba que la parte “en silencio” hubiera quedado bien clara. 

No podía hacer nada directo que hiciera sospechar a Layla, pues la chica era un autentico sabueso, como algo se le metiera en la cabeza no lo dejaba escapar. Lo último que necesitaba en ese mismo momento era tener a la sigilosa chica soplandole la nuca día y noche. Fuera como fuese, cuando todo aquello terminara, tendría una buena charla con Lázaro. Conociendo al trastocado vampiro, aquello había sido planeado y estaba observándolo de alguna forma, partiéndose de risa en su infecto trono. Tenía en mente dos opciones. La primera, si caperucita revelaba que su clan tenía una guarida cerca, simplemente actuaría como si no supiera nada. Era imposible relacionar nada, aunque sabía que la desconfiada mente de Layla encontraría alguna relación. La segunda opción, si revelaba haberlo visto en alguna guarida de Lázaro, era admitir que había obtenido información de un espía de Lázaro para encontrar lobos que supusieran un peligro inminente. Las reuniones con el líder del clan eran siempre en habitaciones cerradas, los dos solos. Ningún miembro del clan los podía haber visto juntos en una misma habitación, así que eso no era un problema.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Evans Cromwell el Lun Sep 23, 2013 3:11 am

Ok, la pelirroja era astuta, eso no podía negarlo. Y él demasiado tranquilo aunque en ese momento su mente estuviese más alerta que de costumbre – Bueno, quizás sí atraje la atención pero, vamos, míralo por el lado bueno…- empezó a decir abriendo ambas manos en un gesto que simulaba ser el de un niño que buscaba escapar de una situación peligrosa donde sus travesuras lo habían metido – Si los lobos escucharon, también lo escucharon Layla y Eliah. O sea, saben que nos cargamos algunos perros – ante esa frase final, movió ambas cejas con una sonrisa victoriosa – Eso les hará morirse de envidia ¿eh? – finalizó, terminando de probar que su brazo aun podía servir para alguna que otra pelea. Pero entonces, la voz de Lucius llegó a su mente, casi como si le recitase un rosario de quejas por su comportamiento – El viejo me matará por eso…- susurró para sí mismo.

Ante el comentario de las cortesanas, el cazador no supo cómo reaccionar. ¿Acaso Arcueid sabía acerca de sus “aventuras poco honorables” durante las noches? Pensaría que fue Layla la que le fue con el cuento pero, el hecho de que no se hablasen hacía esa posibilidad algo improbable. Sin embargo, realmente le incomodó aquella suposición. Miró a la muchacha y esbozó una sonrisa, para luego tratar de reubicarse ante ella, volviendo a ponerse de pie, tomando con la mano sana la chaqueta que descansaba a su lado – Podría responderte eso pero…No lo haré. Porque aunque no lo creas, soy un caballero – finalizó, levantando una ceja y tronándose el cuello con un movimiento para luego aflojar sus hombros. ¡Claro que no iba a hablar con ella de cortesanas y lo que un cazador hace con ellas! –Además, técnicamente no necesito dedos para tocar a…-empezó a decir para luego cerrar la boca. La mirada de Arcueid fue como si una gran cantidad de espinas saltasen sobre él, evitando que pudiese mirarla, incluso sabiendo que no le debía explicaciones. – No hablaremos de esto ¿ok? – finalizó tajantemente, tomando el arma que ella le pasaba – Y gracias, roja – agregó, sonriendo.

Pero entonces, mientras él se ponía la chaqueta a duras penas, el sonido de los bosques parecía no traer mensaje alguno. Si hubiese lobos, los muy tontos estarían enviándose un mensaje a aullidos. Además, los sentidos del cazador estaban especialmente despiertos luego de tal batalla, gracias a la adrenalina que recorría su cuerpo. Sin embargo, la voz de la pelirroja volvió a traerlo a la tierra, girando su mirada para encontrarse con la de ella - ¿Qué cosa? – preguntó mientras se acercaba a la muchacha. Su mano pesada tomó aquello que Arcueid había encontrado, por lo visto, tirado en el suelo, en medio de los grandes bosques. La mirada de Evans se clavó como los ojos de un felino sobre el emblema, mientras fruncía el ceño con desconfianza. Reconocía ese escudo, claro que sí pero, no era de dónde había salido lo que le generaba expectación, sino qué hacía ahí. –Roja, esto es el emblema de los Lazaro –susurró seriamente mientras veía a los ojos azules de Arcueid - ¿Qué hacen los Lazaro en los bosques de Londres? – preguntó sin dejar de ver la forma ovalada en su mano sana. La mirada del muchacho se ensombreció al instante y sus ojos ambarinos se clavaron en el camino por el cual habían llegado – Tenemos que ir con Eliah y Layla – dijo seriamente, devolviendo a la muchacha el emblema que había encontrado mientras verificaba el cargador de su arma y las balas que le quedaban – La sangre no es vieja. Además…los esclavos inferiores, las ratas de los Lazaro no tienen emblemas así. Sea lo que sea…- empezó a decir pero no supo como terminar de explicar su idea. Si había algo que el vampiro no toleraba era dar pie a paranoias sin sentido, pero en todos sus años como centinela, los Lazaro no habían pisado Londres. ¿Por qué ahora? ¿Por qué justo en el momento en el cual el Lider Raphael acababa de morir?

El camino de retorno al punto de partida fue fácil y rápido, pero Evans no terminaba de entender por qué Eliah y Layla se estaban tardando tanto. La mirada del cazador estaba puesta en las sombras, buscando la figura de sus amigos, o un sonido que les indicase, al menos, que estaban bien. - Tanto silencio no me gusta. - aclaró finalmente, volviendo al auto dónde habían llegado. Tomó un trozo de tela para envolver su mano y dejó la chaqueta en el interior. Acomodó sus armas y se aseguró de llevar el cuchillo al alcance de su mano buena, solo por si se quedaba sin balar - Roja, quedate en el coche. Voy a buscarlos. Si no vuelvo en media hora, te vas - dijo con decisión, clavando sus ojos ambarinos en la mirada de hielo de la mujer. Podrían ir juntos, pero el día no perdonaba. Si Evans no daba con Eliah y Layla a tiempo, la luz del sol les cubriría y eso en los bosques, con algun Lazaro o lobo suelto nunca era buena idea. Quería a Arcueid lejos de todo y segura en la fortaleza de Raphael.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Saskia Deruchete el Miér Oct 02, 2013 12:44 am

"Un Lázaro" aquellas palabras estallaron en su cabeza, era su voz?, o era la voz de su otro yo, o la voz de alguna de sus ratas, o la de su madre que habia venido a recoger a su pobre hija, la muchacha bajó lentamente las manos de su rostro, aquella que tenía los dedos completos, finos y delicados, y aquella otra mana, en la cual la mayor parte de sus dedos habian sido amputados, quedando solo un muñón raro de ver, su primer visión fue la de una mujer con una espada ensangrentada y acto seguido, el cadaver del lobo que la habia atacado con el cuerpo sangrante, habia sido atravesado por la mujer sin lugar a dudas, Saskia abrió la boca un tanto sorprendida, sus ojos se quedaron con la mirada perdida en el horizonte, tardaron unos segundos de un silencio incómodo.

-Una Lázaro es lo mas correcto pequeña Alicia, de verdad se nota que no te han servido de nada tus lecciones debajo del arbol, si tan sólo dejaras de corretear conejos blancos y pusieras mas atención en las reglas de etiqueta, sabrías que lo primero en una conversación es un apretón de manos, y luego decir tu nombre...puedes tomar mi mano izquierda, en esa están aun mis dedos.- La chica esbozó una sonrisa ensoñadora, pero no le extendió la mano tal cual le habia dicho, si los momentos de lucidez de Saskia eran bastante escazos, su mente estaba tan llena de libros, imagenes, visiones, fantasmas y pesadillas, que rara vez lograba encontrar momentos de lucidez, aunque claro, cuando los tenia, una franqueza y una sinceridad bastante hirientes desbordaban por sus labios en cada una de sus palabras.

-Si hay mas conmigo, Jean Pierre, Pepinó y Nicolette vinieron conmigo, ellos seguramente deben estar en alguna parte del bosque...Muchas gracias por salvar mi vida Alicia, y pensar que segundos antes pensaba ordenar a mis seguidores que te cortaran la cabeza...Mira...ahi viene el señor don Oruga- Saskia extendió su mano en un movimiento teatral, indicando con su dedo índice a un punto fijo detrás de ella en el bosque, donde un joven se aproximaba, si Saskia lo habia visto antes o no, no podía recordarlo demasiado bien, habia visto tantos hombres en su vida, y casi ninguno despertaba demasiado interés en ella como para poder darle unos minutos de su atención, la muchacha apretó contra su pecho la canasta que llevaba y deslizó con un movimiento sigiloso la mano que no tenía dedos, el muchacho le hablaba en tono arrogante, Saskia lo contempló unos segundos a los ojos, mirandolo inquisitivamente con aquellos ojos de color escarlata, se puso lenta y torpemente de pie, las piernas le temblaban un poco aún, y le espetó de la siguiente forma.

-Jamás serás una mariposa con esos modales tan desfachatados, no me hables como si fuera tu igual, que yo no soy una oruga como tu...es perfecto, ustedes tienen su tarea y yo tengo la mía, voy más allá del simple combate contra unas cuantas bestias, y dudo que aunque te lo explique logres entender el porque estoy aquí, las visiones se han hecho cada vez mas fuertes, y las almas de los difuntos y de los antiguos, no dejan de venir a atozigarme cuando intento tomar mi té. Además jovencito donde está tu hospitalidad, acaso no es lo correcto devolver la cortesía de la visita de vez en cuando...o te incomoda tener a una desquiciada armada delante de ti...no me refiero a ti Alicia, tu eres tan cuerda como cualquier otro.- Al termino de esas palabras Saskia deslizó la mano que tenia guardada en el interior de la canasta, ahora iba cubierta por un guante de un brillante metal plateado, ahora Saskia tenia dedos, los dedos ocupaban el lugar donde debian de haber estado los dedos faltantes que eran casi todos menos el pulgar de la mano de Saskia, pero eran dedos metálicos, terminados en afiladas y largas navajas, Saskia bajó su brazo con un movimiento suave, el aire silvo cuando fue cortado por aquellas garras, demostrando asi el filo que tenían.

-Es lindo no...un buen hombre me hizo el favor de elaborarmelo, soy una gran fan de las peliculas de Freddy Kruegger...asi que supongo que queda bien con mi pequeño defecto físico... Sin inmutarse ni prestar mayor atención Saskia se aproximó al cadaver con una serie de brinquitos infantiles, se arrodillo ante el lobo, tomó el hocico del animal con la mano sana, y hundió dos dedos navaja en las fauces del lobo, segundos después, extrajo un trozo rosado y sanguinolento, la lengua del lobo, tomó un frasco en el cual habia un líquido amarillento que llevaba dentro de su cesto e inrodujo la lengua en el.

Se levantó una vez más y entonces añadió.-Que sienten ahora que su papi se ha ido de casa ajajajajaja...deben de estar apunto de entrar en una inminente guerra civil Rafaélica supongo jajajajajajajaja aquella risa fue mas fuerte de lo normal, y al punto, un susurro se deslizó por el follaje, una rata parda y de gran tamaño, apareció corriendo rapidamente, trepó por los pies de Saskia y se quedó acurrucada en su hombro, Saskia le dedicó una sonrisa maliciosa al animal y luego miró de reojo a los otros dos vampiros.
-Mira Jean Pierre...son los huérfanos...cuanto tiempo crees que perduren antes de que sucumban ante las desgracias y sobervia propias de su clan Saskia fingía contarle un secreto a la rata, aunque su voz sonaba bastante fuerte y clara, la muchacha bajó una mano y añadió por último.

-Ahora que lo recuerdo, gracias por salvar mi vida Alicia de verdad, estoy en deuda perpetua contigo, otro lázaro no lo hubiera hecho...mi nombre es Madamme Saskia Deruchete, vidente, médium y devota fiel al clan lázaro, a tus pies.- había puesto especial ironía en la palabra devota, al tiempo que su cuerpo se inclinaba en una ligera reverencia, del siglo XVI

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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Arcueid van Rip el Miér Oct 02, 2013 3:04 am

Mientras Evans hablaba ella se cruzó de brazos, arqueando las cejas como una madre que solo escucha las malas excusas de un hijo problemático. Ladeo la cabeza con una sonrisa y lo dejo por la paz, ya lo golpearía por eso. Quizás habían quedado a mano después de la pequeña broma sobre las cortesanas que parecía haberlo sacado un poco de su lugar, pero aun asi se lo cobraría en algún momento. Siempre podía hacerle alguna pequeña maldad…
 
Sin embargo toda risa o chiste desapareció al instante cuando la mirada del vampiro se posó en el símbolo de los Lázaro y fue ensombreciéndose con la duda y la sorpresa, una muy desagradable sorpresa. Y no era para menos… Hacia unas pocas semanas que Raphael había caído de forma tan sorpresiva que el Clan más fuerte, más poderoso y aquel que se consideraba una fuerza definitiva contra la amenaza de los licántropos, ahora parecían la debilidad más grande, una pequeña abertura por el cual poder ir ingresando poco a poco a cualquiera que sea el objetivo: El poder, la destrucción… Incluso la exterminación. ¿Quién no querría sacar provecho de una oportunidad tan exquisita? El tiempo avanzaba con premura  como un sinfín de ideas que atravesaban la mente inquieta de la pelirroja. Otra vez la imagen de Raphael, su cuerpo carbonizado e inerte, la alarma de todos los ancianos y las cortesanas, la calma de aquella noche destruida en mil pedazos igual que su mundo. En aquel momento la pelirroja no pudo hacer más que verlo, inerte, como si toda la eternidad que tenía por delante no bastara para convencerse de lo ocurrido…
 
Sin embargo la voz de Evans la regreso a la realidad mientras emprendían la marcha de regreso al vehículo en donde habían llegado. La camioneta estaba intacta, pero no había ni el mayor rastro de Layla y Eliah, cosa que para ella podía representar un pequeño alivio pero no era nada bueno en realidad. –No voy a irme.- dijo, pronunciando cada silaba con el cuidado y la perfección que requieren dejar algo perfectamente claro a alguien tan terco y obstinado como el vampiro. ¿Irse así como y dejarlos solos? Ya cargaba con un caído sobre sus espaldas como para aguantar lo mismo nuevamente y más tratándose de él. En otra situación hubiese sido diferente, pero se trabaja de un bosque donde Lázaros y licántropos habían tomado como parque para jugar a las escondidas.  Sus miradas se mantuvieron así, como más de una vez ya había ocurrido en el pasado y bien sabían que el otro haría lo necesario para no ceder. La pelirroja se cruzó de brazos y lo miro de forma altanera, teniendo que ocultar una sonrisa que estaba por salir. Una sonrisa que decía claramente “gane”.- Además, Eliah tienes las llaves, ¿recuerdas?-
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Layla Leblanc el Mar Oct 08, 2013 1:37 am

Las facciones de Layla se tensan en cuanto las palabras de la mujer que tiene en frente revelan el grado de desequilibrio mental que podía deducir por su apariencia. No hay coherencia en sus frases inconclusas ni en su actuar errático y todo lo que la guerrera puede experimentar es rechazo. Aún más que hacia un licántropo. Sus ojos claros se zambullen en la locura que emanan los de ese lázaro y la oscuridad que percibe le eriza la piel ¿Que horrores guarda esa mente consumida por el dolor? ¿Que destino le había llevado a prolongar su existencia tan sólo para convertirse en una marioneta hueca consumida por los delirios? 

A pesar de lo incoherente de su conversación se niega a descartar la posibilidad de que haya cierta verdad oculta entrelazada entre mentiras descaradas, retorciéndose hasta formar un mismo árbol de frutos apetecibles pero de agrio sabor. ¿Acaso aún en medio del caos no hay siempre cierto grado de armonía?. La luminosidad de la noche le indica que está próxima a llegar a su fin y en ese momento Eliah se les une haciendo que Layla se sienta ligeramente reconfortada. 

Todo el bosque fuera de ellos tres parece sumido en el más absoluto silencio a pesar de que el amanecer no tarda en llegar y con él la vida del bosque cobraría más ritmo. La luna abandona con lentitud su trono de plata en la cima del cielo creando sombras más alargadas que simulan ser garras formadas por las copas de las árboles deshojados. Garras como la que esa mujer agita en el aire como recuerdo de una batalla ganada.

Layla desestima la amenaza hacia su compañero y en cambio observa como la lengua de la bestia es amputada de forma sistemática para formar parte de un trofeo que la demente no había conseguido por sus propios méritos. Esta vez su rostro se gira hacia el raphael recordando la descripción antes hecha del cuerpo que había encontrado en el bosque, entonces ¿No era ella la única lázaro que rondaba sus tierras? La guerrera no deja que ninguna palabra se escape de sus labios que siguen sellados con determinación pero una risa fuera de lugar hace que las conjeturas pasen a segundo plano por un momento.

Es absurdo reaccionar con violencia hacia esa falta de respeto que de venir de otra persona sería castigada de inmediato y aún así la guerrera se remueve inquieta en su lugar sintiendo como la herida en su pierna comienza a hacerse notar con más insistencia. Opta por centrarse en la rata que antes había llamado su atención llevándola hasta ese sector del bosque. Ratas, esa era la compañía que ella afirmaba traer consigo antes.

- Vuelve a tu refugio Deruchete que el día no tarda en llegar - Cuando lo dice guarda finalmente su espada y recorre la distancia que la separaba de Eliah - No debí alejarme, será mejor que nos apresuremos para regresar al auto - Voltea por última vez hacia la mujer y como todo saludo realiza un incómodo asentimiento con su cabeza.

La sensación de extrañeza no abandona su cuerpo ni siquiera cuando lleva varios metros recorridos y no se esmera por ocultarlo mientras arrastra ligeramente su pierna herida con cada paso que da.

- Jamás me gustaron los lázaro - su voz es apenas un murmullo que se desliza hasta llegar a su compañero - ¿Crees que la locura que se adquiere con los años es algo parecido a eso? - "¿Crees que por eso Raphael prefirió llegar a su fin?" La pregunta no llega a materializarse pero Layla confía en que Eliah la conozca lo suficiente como para interpretar sus palabras. Por su parte no piensa decir nada al respecto sobre lo sucedido en los alrededores del castillo ni en el peculiar encuentro con Deruchete frente a ninguno de los dos compañeros que ya los deben estar aguardando para retirarse del bosque.
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Re: Ciudad de Cicatrices - Libre.

Mensaje por Eliah Amasias el Vie Oct 18, 2013 9:30 am

Un enorme alivio invadió todo el cuerpo del espadachín al escuchar las absurdas palabras de la curiosa muchacha. Estaba completamente grillada y si bien parecía tener alguna y que otra idea de la situación actual de los clanes, no pareció reconocerlo. Eliah enarcó una ceja al escuchar la palabra “oruga”, pero no abrió los labios, únicamente se cruzó de brazos, escuchando y contemplando a la extraña Lázaro. Nada de lo que decía era de especial interés, únicamente parecía estar ahí por alguna sórdida tarea que solo ella podría conocer. No mencionó en ningún momento ninguna guarida, lo cual era lógico en cierto modo, sería una locura dedicarse a revelar las bases del clan propio. Pero de un Lázaro te puedes esperar cualquier cosa. El vampiro de cabellos castaños desvió la mirada hacia la incómoda Layla, fijándose en el cambio de postura que realiza con frecuencia. Aquella fea herida estaba empezando a pasarle factura, sería mejor volver.

-Sí, volvamos, con un poco de suerte solo una persona nos esperará.- Dijo sonriendo. –Adiós, caperucita. Ten cuidado con el lobo.- Echo a correr tras su compañera, tentado a tomarla en brazos para facilitarle la tarea. Pero bien sabía que si se atrevía a mostrar preocupación por la aguerrida Layla recibiría un buen golpe en la entrepierna. –La locura deriva de la debilidad. No es el tiempo el que la crea, es la falta de fuerza para repeler lo que quiera corromper tu mente. Por eso el clan Lázaro está lleno de blandengues.- Le dedico una sonrisa que intentó ser reconfortante. –Aunque no siempre es locura lo que presenciamos, simplemente puede ser ceguera. No puedes ver lo que va a acabar contigo.- Sabía muy bien a qué se refería su esquiva compañera.

Continuaron avanzando un buen tramo, volviendo al portal que habían tomado para llegar a esa zona. Tras adentrarse en el, unos cuantos metros los separaba del lugar de origen y un aroma familiar invadió sus fosas nasales. La aparición de Saskia podría ser tomada como un hecho aislado, una trastornada Lázaro que va a un bosque concreto a por una turbia tarea. Con un poco de suerte no sería tomado demasiado en serio. Sabía que eso no pasaría, Layla y Evans disfrutaban sacando punta a todo y sin duda se esforzarían en buscar alguna relación. Con un poco de suerte la guarida de Lázaro seguiría en secreto. Si salía a la luz, Eliah solo diría que eso explicaba la presencia de los lobos en el lugar.

Finalmente acabaron llegando al punto de partida, encontrándose con una pareja algo magullada. –Tenéis una pinta horrible, esperaba que Arcueid palmara y que tu llegaras algo tocado, pero esto… Estas viejo ya Evans, si no me tienes a tu lado no funcionas bien.- Dijo divertido llegando a su posición. –Mira que bien llega Layla después de haber trabajado conmigo. Ignora eso de su pierna, es salsa de tomate.- Se sentó en el suelo y apoyó la espalda en el lateral del coche, cerrando los ojos unos segundos y emitiendo un largo suspiro. Aquel descanso le sentó bastante bien. –Hemos matado a cinco chuchos y nos hemos encontrado con una Lázaro caperucita roja que se dedica a recopilar lenguas de lobo. También hemos localizado el castillo que os dije, no está muy lejos vía portal. ¿Qué hacemos ahora? Pensad vosotros, que a mí me da pereza.- Cerró los ojos y espero a escuchar las opiniones de sus compañeros.


Off: Tengo internet de nuevo y vuelvo a estar muy activo. Disculpad el enorme retraso.
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