Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

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Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

Mensaje por Oren Astvinur el Lun Nov 11, 2013 11:58 pm

Balance, una palabra que repetía una y otra vez en su mente. Un mantra que le permitía seguir, continuar sin mirar atrás, dar la importancia justa a las causas y consecuencias. En su afán de sabiduría, en aquella búsqueda personal de mejorar esa parte de sí mismo había descuidado otros aspectos, unos que ahora estaba dispuesto a pulir con toda determinación. Para defender los ideales, propios y comunes, tenía que convertirse en la mejor versión de sí mismo, recordar sus propias raíces, someterse a límites insospechados. El cuerpo tiene su propia memoria, y para avanzar hay que aplicar fuerzas que obliguen al cambio. Ya no podía ignorar el llamado, los susurros se hacían más fuertes, los suspiros y llantos lejanos amenazaban con quebrar el espíritu. Necesitaba hacerlos oír, evitar otra catástrofe similar a la del concilio. Cuanto más ahondaba en sí mismo, más intrincadas y confusas eran las preguntas y cuestiones. Sin embargo, las palabras se hacían claras, no podía seguir negando su don, debía encontrar su balance, por el bien propio…por el bien de todo lo que había jurado proteger.

La noche lo recibía con brazos abiertos mas ya no estaba al tanto de las horas, llegaban incluso momentos en los cuales solo frenaba porque la luz del sol hacía arder sus orbes esmeraldas. Rara vez se había dejado someter a los candentes rayos del astro del mediodía pero en las recientes, y pasadas, ocasiones no parecía haberle importado. La voluntad es capaz de mover hilos y mundos cuando la meta es clara y los esfuerzos se aúnan en realizarla. No había lugar a dudas, no más grietas en las decisiones y razonamiento, tocaba aprender a observar y accionar al mismo tiempo. El entramado espera a ser moldeado ¿Alcanzaría su fuerza para hacerlo? Con todo esto en mente, su puño dio un golpe con mayor intensidad, la madera de la corteza astillándose y sus pedazos volando unos centímetros para luego caer al suelo. Una nueva seguidilla de puños retomó el trabajo del anterior. Los dedos del lobo se marcaban por el impacto, enérgico y preciso, mas su dura piel no dejaba la aparición de heridas. Acompañaron patadas, saltos hacia atrás y contraataques contra la propia naturaleza. Las hojas se movían casi en una danza con el lobo, los árboles listos para los golpes. Uno consigo mismo y el entorno. Cerró los ojos, escuchando al viento soplar, arrancar más de las verdes hojas con la facilidad de un huracán. Ahora llovían en su dirección, amenazantes con tocarlo, determinado a no darles el gusto. Un paso hacia un lado, luego en frente. Ladeó la cabeza, dejando que una de las hojas danzase por encima del hombro hasta seguir su camino al suelo. Un paso hacia atrás y luego un giro. Salta. Confiando en la voz se impulsó hacia adelante, apoyándose luego en sus manos y dar una segunda vuelta. Su pierna barrió el piso, encontrando un nuevo eje para incorporarse. Giro a la izquierda, un salto hacia atrás. Reinó el silencio. Inspiró profundo permitiéndose cortar aquél momento con la voz –Gracias- dijo  en un susurro cuidado y cariñoso, abriendo finalmente los ojos. Estaba parado sobre lo poco de hierba que era visible, todo su alrededor siendo un colchón de hojas. El guardián limpió el sudor de su frente haciendo uso de su antebrazo, dispuesto a caminar un corto trecho hasta donde el agua fluía. El río que atravesaba el bosque.

Allí donde se encontraba, las bajas colinas daban a lugar a cascadas de pocos metros. Ya en la orilla se inclinó, extendiendo los brazos para acunar un poco del líquido entre sus manos y refrescar su rostro con el mismo. Tras hacerlo su mirada se centró en una roca que se alzaba cerca de la cascada, a mitad de la cuenca. Caminó, y ya en la proximidad dio un salto para ubicarse sobre la piedra, las esmeraldas de sus ojos fijas en el fluido que caía. Cualquiera podría pensar que estaba hipnotizado por los patrones del agua, el cómo esta reflejaba la luz y caía con sutil y delicada gracia. Se sentó en ese lugar, aun enfrentando la caída, siendo salpicado cada tanto pero sin darle importancia. En sus ojos la añoranza de ser como lo que veía, sabio y moldeable a cualquier situación, flexible e inquebrantable, calmo y de fuerza devastadora. Se ha de tomar un tiempo y aprender de las cosas más básicas, la naturaleza es simple a su manera y en ella siempre encontrarás respuesta. Asintió, siendo este el único movimiento de su cuerpo. Estaba cansado, su accionar terminaba con marcadas represalias a su persona, ello también era parte del aprendizaje.

Una rama se quiebra. El romper de un velo y el delicado equilibrio. El guardián ladeó la cabeza, mirando por encima de su hombro. No veía nada, tampoco tenía la certeza de haberlo escuchado, pero estaba seguro de algo. Alguien se acercaba desde una distancia que superaba sus sentidos.


Última edición por Oren Astvinur el Vie Mayo 16, 2014 12:27 pm, editado 1 vez
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Re: Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

Mensaje por Adrilea Alatariel el Dom Mayo 04, 2014 11:34 am

Los susurros flotando en el tímido aire emiten el silbido usual a través de las hojas en lo alto, donde las copas de los árboles se agitan con discreción bailando al ritmo de una canción que arrulla a la tierra desde su juventud. Una melodía entendible para unos cuantos, sin embargo no es egoísta para aquellos que no son capaz de comprenderla, con una nobleza femenina se deja adorar  y en respuesta otorga confort, bienestar para quien la escucha. La única forma de rehuir a su candor es la negación, ¿pero quién sería capaz de eludir a tan bella sinfonía natural? ¿Quién es capaz de no cerrar los ojos para ceder al beso invisible del viento? Para la aparición de imposible blancura que peregrina viaja por la arboleda azul, eso era sencillamente imposible. Engalanada en las vaporosas telas blanquecinas, aquel delicado ser muy bien sabe apreciar aquello que viaja en la brisa, aún sin entenderla esto no representa impedimento aparente, ¿pues qué sería de ella si no fuese presa de su propio contenedor y sus sensaciones?
 
Ya que la verdad incuestionable era de que ella y por encima de cualquier elusión, todos, eran espíritus encerrados en ánforas perecederas que algún día habrían de volver al barro del que salieron. Sin importar cual fuera la discapacidad del ser físico, cómo hijos de Gaia, ella, en su infinita paciencia y amor sabrá alcanzar la esencia escondida y por muchos, olvidada dentro del garou, tarde o temprano. Aunque, Adrilea anhelaba con vehemencia que ocurriese pronto y esto no era un secreto para ninguno. Como una flor abandonada en la oscuridad había visto el delicado hilo que conecta al garou con su origen, podrirse. A cada paso más lejos, vio y sigue viendo como la raza se va distanciando de la Gran Madre, los lobos ensordecen, los lobos enceguecen. En resumen, aquellos “ordinarios” gestos, en el susurro indiscreto del viento al oído, en el beso del agua se encontraban los esfuerzos por guiar un hijo invidente.
 
Muy a pesar del lamentable rostro que ofrece la realidad, en la Bruja Blanca no cabía el lamento en ese instante, guiada a tientas por el bosque siguiendo el vestigio de un aroma que la atrae cual mano invisible. Sólo las telas que se arrastran por la hierba traicioneras anuncian su andanza pues exiguo es el sonido de sus pasos desnudos junto al río. Su camino termina al filo de un peñasco, donde las aguas impertérritas no temen a la caída que se avecina lanzándose al vacío y también era allí donde el rastro moría y supo que cual fuese la intención de los espíritus que la habían guiado hasta allí, sólo restaba esperar.
 
En apacible soledad se sentó junto a la caída de agua dejando que la hierba le acariciara las piernas, convirtiéndose en un centinela que vigila desde las alturas donde se el seductor aroma de la humedad se eleva para dominar. Rápidamente se acostumbró al estruendoso rugido constante de la cascada, incluso en su violenta naturaleza, el romper de las aguas contra las rocas la llenaba de maneras desconocidas. Sin embargo, por encima del propio equilibrio que sostiene el bosque, entre su inquietante paz y el solemne caos, un disturbio disonante reclamó su atención contemplando la oscura nube autónoma que despavorida abandonaba el bosque cuando los árboles convulsionaban percutidos por una fuerza arrolladora. Exterminada su tranquilidad volvió a erguirse y de repente el mundo que la rodeaba parecía estremecerse en presencia de una entidad sobrecogedora, pero de inmediato el encendido azul de sus ojos prístinos fue cediendo, la tempestad en sus ojos se apaciguaba mientras una lluvia de las hojas arrancadas de los árboles la devoraba escondiendo en ellas la última veta de olor que confirmó el rastro que la había conducido hasta allí. Sin poder evitarlo una fina sonrisa se apropió de su boca, no pasaría mucho antes de ver la efigie del Guardián Blanco emerger del sombrío cobijo del bosque.
 
De repente la inquietud de sentirse una espía le alcanzó al sentarse de nuevo quebrando las ramitas debajo de ella acunada por la hierba, contemplando complacida que el encanto de las aguas aún  era capaz de surtir efecto en el licano. Digna hija de la Luna era el agua que con su incomprensible y única esencia lograban deshacer en anhelos el espíritu. —La inocencia en la curiosidad de los niños les permite entender cosas que suelen escapar al entendimiento endurecido por los años joven Astvinur— la melodía en su voz escapó a los labios que sabios ofrecían su palabra oportuna  a la mirada críptica del muchacho en tanto una nube en el firmamento cubrió el ojo resplandeciente de Selene que nunca se cierra y que todo lo ve, confinándolo todo a una oscuridad de cristal — ¿Buscas algo? ¿Oren?— la dama blanca invitaba al joven licano a replantearse aquella pregunta si es que la verdad escapaba de él. Pues aquello que sus ojos selénicos parecían buscar había estado allí incluso antes que él refiriéndose a sí misma. La pregunta quedó sostenida por la mano impalpable del aire, entretanto la luna abandonaba su inocente escondite lanzando los listones lumínicos que fueron bordeando la magnífica silueta nívea de la Bruja Blanca de Fenrir.
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Re: Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

Mensaje por Oren Astvinur el Miér Mayo 07, 2014 1:24 am

Misterios que eluden la razón desde tiempos inmemoriales, las cicatrices del pasado sin nombre o dueño, páginas dejadas en blanco en un continuo libro llamado existencia. Una miríada de vidas intentando llenar espacios vacíos con subjetivos bastimentos. Una psique limitada por banales sentidos, guiada entre las sombras por ojos que no ven. El hambre de  preguntas nulas, carcomiendo la fría carcaza hasta dejar la cruda realidad expuesta. La razón se pierde en la esencia del laberinto de su conocimiento; el corazón es el perfecto títere, la voluntad que jamás concedida se desvanece en el humo de su propio arder. Los ecos del tiempo convertidos en el arpón  dentado que desgarra la carne en la búsqueda de un desesperado despertar, la herramienta y el imán de un todo destruido desde su áureo amanecer. Fragmentos sin la falta del error y sin embargo carentes de la evasiva realidad. Mente y cuerpo, las víctimas destinadas a desvanecer en un solitario olvido. El tiempo es un distante participante y macabro asesino. Espíritu como una idea sin cadenas, maldito con el más envidiado don de un mundo delimitado por cuatro puntos; la posibilidad de hacer la elección y condicionarse a ella. La suave y seductora voz de una conciencia muda y objetiva. El origen de las causas cual portador de bello nombre. Una tríada que con cada segundo llama a la atención individual invitando a la condena entre cada repetición. La sabiduría es el cauce de agua que permite a tres ser uno en igual medida y concordancia, la lengua muerta capaz de rellenar el por qué y hacer de las vírgenes hojas un universo con sentido y propósito. Un juego, el sutil cambio que pocos denotan, el momento en que las razones cesan de necesitar su causa para preguntar un “¿Cómo?”

La determinación absoluta es una ilusión que voluntariamente se acepta, el temor ganando la mano sin librar batalla. En donde los pilares fallan, las estructuras caen sobre aquellos que fervientemente las han sostenido. La aleatoriedad es un fenómeno que no puede ser eludido ni en una casi perfecta certeza. La pieza de dominó que puede llevarse todo el conjunto sin importar cuan fuerte o débil sea su posición. El caos es una fuerza innegable, la cuna de nacimiento de toda entropía. Un vórtice devorador insaciable de la seguridad innata y la fuerza de la fe personal. ¿Qué es lo que resta en un panorama que solo se muestra siniestro y ominoso? La esperanza es la chispa de toda vida, la reacción a la perturbación mal concebida, una última fortaleza al peligroso asedio de la incertidumbre. En una cuidada circunferencia se vuelve al inicio ¿Cómo se deja que la impureza fluya para convertirse en un río de cristalina sustancia? Manos templadas por la sucesión de experiencias descienden a encontrar la sabiduría de su ejemplo. Una reverberante sensación que se diluye por el cuerpo en una descarga a tierra. El surgir del despertar que crepita bajo la piel en un beso electrizante, baña así cada pronunciada línea y lleva consigo el impuro rastro, renovando la claridad del espíritu desazonado. Un movimiento sutil que denota la inquietante alerta, unas últimas gotas que se unen a la serena fuente de un flujo incesante. Árboles cuyas frondosas copas daban cabida al andar de dos mundos, y a la vez su entrecruzamiento. El hogar de la brillante vida, su contracara y una balanza que constantemente se disputaba un frágil equilibrio. La confianza en uno mismo transformada en la puntiaguda lanza capaz de atravesar un muro invisible, el resplandor de una luz reveladora que desbarata toda ilusión.  Las esmeraldas mantenían su color posado sobre el líquido espejo bañado en luz de plata - ¿Desde cuándo es costumbre intentar escabullirse a los sentidos de un hermano? Aun cuando la hierba no sea su suelo, siempre poder escucharle Alatariel – la sombra de una sonrisa que recuerda la animosidad de un cachorro, sobrepuesta sobre marcadas facciones de un hombre que ha visto más allá de su tiempo.

Un gesto que no tardó en arquearse, retorciéndose como una raíz en busca de agua y que la sequía no ha dejado contenta. Por supuesto que sabía. Sin embargo, sus oídos jamás se acostumbrarían a las pocas sílabas cargadas de significado incluso expuestas por labios tan cuidados. Ast-Vin-Ur. La pregunta que no conocía respuesta. La mirada del guardián sucumbió a la oscuridad de sus propios parpados, deslizándose sobre sus ojos como la palma que borra una huella sobre la arena. ¿Qué deseas Oren? Una válida redundancia de un destino que se mostraba satírico bromista, dirigido a una conexión intangible pero no por ello insustancial. ¿Cuándo serían aprendidas las palabras correctas que desentramaban tal incógnita? – A pesar de tal dureza siempre encuentra el sendero que lleva a una nueva lección y entendimiento ¿Podría siquiera llegar a aburrirme?- Finalmente la encontraba cara a cara, tomando sus manos y uniéndolas en el centro del espacio que los separaba; un beso a cada dorso cargados con un valor secreto que la mente ya no consideraba, el revivir de una tradición pérdida – Creo que por primera vez no busco el silencio sino la cuna de la palabra. Gaia calla y sin su hálito la vida olvida su propósito ¿Debe uno cruzar los brazos y aceptar cada designio sin recapacitar?¿Cuál es nuestra posición como cuidadores o sirvientes? Ahora mismo…

¿Qué significa ser Fenrir?


En un punto lejano en aquella extraña línea llamada tiempo, un diminuto eco que apuntaba hacia adelante y circulaba en espiral sobre sí mismo. El peso de una responsabilidad que gravita a su propio epicentro.
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Re: Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

Mensaje por Adrilea Alatariel el Vie Mayo 16, 2014 11:22 am

Intangible silencio  se hace dueño del yermo entre la arboleda que en esa noche, se manifiesta un tanto  más oscuro que en días pasados, con la luna llena caminando hacia la parte más sombría de su sendero en el ciclo. Y sin embargo, aún en el mutismo de la oscuridad, vaticinando una probable inquietud dentro de las sombras, la sola presencia de la magna bruja parece lanzarla al exilio. Induciéndolo todo a un encanto pleno e inexplicable, purificando todo desasosiego. Pero Adrilea no hacía más que contagiar su entorno, irradiando una paz que parecía nunca abandonarla, aunque la sola idea era indudablemente ingenua.
 
Los astros de su mirada vigilaron sin discreción la cambiante expresión de Oren brevemente perdida en los enigmas que fantasmales danzaban sobre el rostro del albo guardián. Y aunque la bondad de los años generosos había concedido de gracias a la blanca doncella, leer la mente sin duda no era una de ellas. Podría sentirse dichosa por ello, estando tan lejos de adivinar el críptico enigma que ni su poseedor parece domar. La mirada acuática se esconde tras los párpados y en aquel rostro de inmutable porcelana no se atisba el menor signo que las palabras del garou podrían haber inspirado — No sé a qué te refieres exactamente Oren, aunque espero no ser yo a quien te refieres— un suspiro escapó a los delgados labios llenos, arrastrado a la brisa helada que mece los cabellos blancos rozándole el rostro — mucho me decepcionaría saber que me has confundido con el rastro que deja un espíritu— resultaba imposible eludir a la verdad de la juventud del licano, una verdad tatuada eternamente en la sonrisa que solía recibir de él como la de ese momento al abrir de nuevo los ojos. Una curva impoluta que vuelve imposible no sucumbir a seguir viéndolo como uno de sus cachorros.
 
¿Qué no es esa mi misión? Llevar el mensaje a través de la tormenta— humildemente los vocablos manan dulces con la voz melodiosa en perfecto contraste al ego que podría interpretarse de tales palabras. Aún más sencilla, su cuerpo hablaba modesto sin temer a levantar el rostro contemplando al efebo acercarse. Su rostro se iluminó a cada beso, casi podría vislumbrarse una sonrisa bordear los límites de su boca y sin embargo la ternura parecía irradiar en sus ojos— espero no sea así, pues el conocimiento no entiende de humores. Llega siempre en su momento oportuno, cuando debe ser escuchado… No antes, no después— el halito maternal desaparece y concede el paso  a algo más que simple sabiduría bañada de enigmas.
 
De su arcón de misterios había dejado salir una mariposa con aquellas palabras, la cual, seguiría aleteando en el ambiente sobrentendida hasta que el joven licano fuese capaz de capturarla, de entenderla. Pero, comenzaba a cuestionarse si él sería capaz de lograrlo cuando la duda se cierne sobre él tan densa como lo expuesto en sus palabras. Sólo el interior de Adrilea sabría cuanta desazón cabía creyendo a Oren en peligro de seguir el camino de otros tantos garou — Gaia nunca calla— inició, tal vez, por una declaración de las más severas dadas en las últimas Lunas; su mano con una caricia rozó por el índice la superficie del río y las aguas por un instante cantaron la gloria de quien se creía su hija predilecta — sólo aquellos que han dado la espalda a su benevolente encomienda sin fin creen que así es, pues la verdad es que ya no pueden escucharla… no guarda silencio, es que se han vuelto sordos…— tan engravecida como al inicio de su discurso, la voz melodiosa de la dama sigue entonando la seriedad pertinente del mismo, enloquecería intentando recordar las veces que sus oídos han escuchado la oración “Gaia calla”, “Gaia guarda silencio” y ambas, estaban equivocadas en su estrecha semántica — la vida, nunca pierde su propósito, pensar que es así  sería subestimar el magnífico arquetipo que Gaia diseñó y que aún sigue andando, pero es lo que mora en este plano aquello que corrompe su perfección aunque no lo parezca así frente a nuestros ojos. Es por eso que estamos aquí, no como sirvientes o simples cuidadores, somos guardianes, la defensa de un órgano inmenso.
 
Y mientras las palabras salían a borbotones, los níveos dedos que aún quedaban entre las manos ajenas fueron escurriéndose hasta  caer a la hierba lentamente. La aparición de increíble blancura que yacía sentada frente a Oren lo contemplaba con el talento que sólo una preciosa estatua podía concebir, con dos zafiros por ojos que no le quitaban de encima la mirada intemporal. La cúspide del misticismo quedaba firmada en los ecos de voz que acompañaban cada vocablo incluso antes de que fuese capaz de separar los labios — ¿Qué significa ser Fenrir has dicho? — Repitió circunspecta filtrando toda señal de alerta inherente — la pregunta correcta sería qué significa ser Garou ¿No lo crees mejor?— repuso inmediatamente pero con la paciencia de quien el tiempo le es indiferente sobrentendiendo la sutil retórica que invitaba a meditar en busca del trasfondo oculto — nuestra cultura, Fenrir, decae, somos una roca azotada por las olas, una luz que se apaga lentamente en la oscuridad Oren... somos mitad carne  y mitad espíritu, siendo ambos y ninguno. Pero en algún momento fuimos ambos en uno sólo antes de llegar a este plano, inconscientemente buscamos desesperadamente esa mitad que nos falta, el espíritu. Pero de entre las manadas, parece que sólo Fenrir recuerda esta realidad, pero incluso tú sabes que hay quienes han escapado a ella. La esencia del garou, es la esencia del Fenrir mismo…
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Re: Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

Mensaje por Oren Astvinur el Sáb Jun 21, 2014 12:20 am

En un crepúsculo deífico que comenzaba a ver su muerte, oculto tras nubes negras de un exterior ajeno. La noche es un evento que abre la cortina a una infinidad de posibles opciones. La oscuridad es un trayecto eterno que no posee rumbo, nublando la vista para favorecer el libre albedrío. ¿Dónde ir con sentidos entumecidos en la vasta bruma negra? ¿Cuál es la forma de saber la mejor opción y seguro sendero? Las personas son más que simples sentidos, una amalgama de sensaciones, recuerdos, pensamientos y razón. Espíritu. Una batalla es capaz de pasar con la ligereza de un río que  fluye, tan insípida como el agua y efímera como el líquido que se evapora. La solidez se encuentra en la única voluntad, un hecho que revuela en círculos repetidas veces de inicio a fin.  Era hora de volver al comienzo, al sentimiento que se expresa tras dejar el primer resguardo para adentrarse en un mundo cuya naturaleza es cruel. Predador y presa, la ley del más fuerte, con cimientos tan cruentos ¿Quién se atreve a  cuestionar la evidencia de una verdad a plena vista? Iluso no es el soñador sino quien desconoce. La belleza puede cegar pero no peca de ignorante, el miedo es la defensa del cauto ante el inminente peligro. Apreciaciones que reverberaban  en el fondo de la mente en un unísono casi perfecto que referían a la misma idea. La esencia nocturna se extiende y los pensamientos de una joven mente no tienen fin. No temía a la ley, ni a un fantasma de haberlo visto; sin embargo aquello era desconocido, una vaga silueta en la profundidad de un pasillo abismal. ¿Cómo luchar contra la letalidad de la incertidumbre, cuan seguro se puede estar que la fuerza será suficiente? Lo único que era preciso era la electrizante adrenalina que comenzaba a recorrer el cuerpo y se potenciaba con la tensión de la tarea encargada; de preguntas sin respuestas. 

Oren era un hombre de mirada perdida, caminando por cada recoveco del mundo con una mezcla de asombro y encanto sobre sus facciones. Un tacto frágil a la vista, cual bebé que experimenta el mundo a través de los sentidos de su madre. Su silueta una sombra perdida y danzante entre los árboles que parecían no percatar de su presencia. No es tu tiempo. Labios que repetían las palabras ocultas tras una dulce sonrisa ignorada. Su acompañante  habiendo tomado el lugar inició el avance, esperando pacientemente bajo el cobijo de un cuidado velo propio hasta obtener una reacción por parte del guardián. Un vuelco y la atención pasó hacia lo bajo. El agua comenzaba a filtrarse por entre las finas telas, besando la piel con su tacto de gélida regente. Un presagio enfermo descendía sobre ambos  con la delicadeza y una finura musical, el perpetuo repiqueteo del afluente que encuentra nuevamente su lugar en la tierra, sobre cada ser y objeto. Se erizó casi como haría un cachorro, la piel descubierta entre viejos cueros tensándose como única defensa – Es inevitable, el espíritu de gran voluntad deja la marca tras su paso, una que solo el decidido puede ver. Confundirte habría sido un error pero ha sido la tierra quien te ha delatado y no el hálito de tu etérea voluntad - El reflejo en el agua de un hombre de marcadas facciones y movimientos cuidados. Pon un diamante en el barro y seguirá brillando. En un intento de no perturbar la quietud, el joven guardián unió sus manos cual pequeño cuenco para atraer el agua hacia sí. Sus labios finalmente se mojaban, despertando con una extraña mezcla insípida y refrescante.

“Dijeron que tengo talentos, que soy virtuoso en una amplia variedad de dimensiones, que sólo debo mirar aquellas chispas que relucen en algún lugar de este laberinto. Dijeron que debo abrazar lo que tengo y compensarlo con un poco de esfuerzo.

Dijeron tantas cosas lindas que a veces no las recuerdo todas y debo recurrir a un libro donde guardo aquellas cosas alguna vez dichas, alguna vez escritas. Dijeron tantas cosas que algunas no se creen, porque no se ven, y otras tantas que tal vez se han perdido. ¿Cómo crees algo que no visualizas? ¿Cómo crees algo que no sientes? Ni siquiera un ciego puede validar en la existencia de algo que sus sentidos no perciben.”


Tras una larga línea de pensamientos, invocados por las palabras como la magia de una araña tejedora, el lobo quedó en silencio, cruzado de brazos con una solemnidad típica. Un extraño sonido escapó a su garganta, un rápido trino que desapareció en el aire para ser seguido por toda una corriente del mismo: su risa. No era su completa intención, pero el hecho de haber atrapado a la bruja blanca en la red de su decir era una gracia que no todos los días podía permitirse – Adrilea, tú fuiste quien me enseñó que cada momento tiene su lugar, a observar no solo el mensaje, sino el origen. La vida que es perpetuo cambio, un dinamismo que no puede ser callado. Incluso el silencio lleva su mensaje. Gaia indica con más que voz. No es una falta de la Madre, sino de la sabiduría de los hijos. Guardianes, y por ello decidí portar el título- finalizó en suave tesitura, colando sus ojos de verde esmeralda hacia la mirada ajena en un intento de redención por la jugada que había hecho. Era extraño poder incentivar la mente a tal nivel, enaltecerla en la participación de sabiduría embebida.

“La esencia del garou, es la esencia del Fenrir mismo…”

-¿No estamos pecando en orgullo con tales afirmaciones? ¿Puede el Fenrir realmente ser uno entero?- las preguntas que salieron de su boca y otras tantas reverberaban en el centro de un círculo perfecto. Un ínfimo punto lleno de eternidad y la raíz de todo porque. La molestia arañaba las paredes como una bestia incontrolable que busca salir y aflorar con el instinto – Cuando nuestra propia esencia mengua ¿Cómo hacemos para llenar el vacío de una noche sin luna? – como quien da cuenta de sus propias palabras y sigue el consejo, miró sus manos, atentamente notando incluso las cicatrices que ya no estaban- Mi ser aúlla desde su núcleo, buscando un camino al cual temo. He visto y soñado ríos de sangre ¿No es la compasión el estandarte que todo hombre justo ha de portar?-
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Re: Lo que significa ser Fenrir [Adrilea]

Mensaje por Adrilea Alatariel el Jue Sep 25, 2014 6:42 am

Algo se regocijó cantarín y discreto en los profundos recovecos intrínsecos de la bruja blanquísima. Pues imposible resultaba rehuir a una verdad que flotaba en el aire para ella en la afluente del tiempo, el cual, no importaba cuán lejos fluyera, podría seguir viendo el atisbo, ese hilo fino que aunque delgado le mantenía unida a él como si fuese su cachorro. Aunque no hubiese brotado de su vientre. Y para bien o mal, a sus ojos, por momentos, lucía como tal. En especial cuando Oren esbozaba ese singular rictus taciturno, en consecuencia ella alcanzaba a olvidar la sobriedad que el momento demandaba tras haber largado tan drásticas palabras.

Pero para ella, los minutos fluían lejos del deber, sobre la corriente hacía una inalienable encomienda que cumplía con profunda gratitud. Porque era  un privilegio tener y poder traspasar  el saber… sólo así podría construir con el tiempo, un registro alterno de aquello que no debía quedar velado.
Y disfrutaba el proceso, así como permitía que el lobo lo hiciera hasta lo permisible. Mucho le gratificaba saber que conocía la risa oportuna así como la mesura. Enarcó una ceja en su rostro, recibió la excusa brillando en las esmeraldas que la contemplaron; aquella fue la única respuesta que podría recibir de la figura maternal.

Dejó que las palabras inquietas del cachorro fluyeran frente a ella, al término sólo levantó un índice izado para negar —Estas palabras no deben torcerse, no deben adquirir más valor del que ameritan, ni menos del que  exigen… Su significado, sólo es. — Dijo parca para acallar el posible revuelo de Oren— no sólo Fenrir, sino también el resto de las manadas… no es una virtud celosa, es un don para todos los hijos de Gaia — alzó los ojos zafirinos a la noche igual de azul, pero de entre todo el mar astral en calma sobre su testa, se concentró en bordear la elegante silueta de Selene — la única diferencia reside en que mientras  unos rehúyen a nuestra raíz, nosotros intentamos mantenerla avante y en el proceso nuestra madre ha llorado empapándose del sacrificio de sus hijos… —dijo con innegable pesar que se trazó en el reflejo de la luna sobre sus ojos, en aquella radiación selénica que tremó dentro de su mirar como si fuese ella a quien esto doliese, pero… Es que aún tenía impregnado el metálico aroma de sangre taladrándole la nariz.

Inspiró profundo al tiempo que se incorporó sobre sus piernas para ver el portento casi ausente del guardián; entornando los ojos, encarnando un semblante que pocas veces agraciaba su faz. Una que desencajaba de todo concepto sobre la bruja blanca y su inmaculada quietud. Entre la copa de los árboles un viento sacudió las hojas, se arrastró por el roció hacia el norte  y con ello llamó la atención de Adrilea quien creyó ver una silueta equina picando la tierra con una pata.

Y con el simple hecho de creer que lo había visto, bastaba — La Luna no brilla por sí misma, hace falta algo que la haga brillar, pero no por eso deja de ser Luna, pero es mucho más hermoso poder verla brillante y despierta que oscura y durmiente… ¿No es así? — pronunció con la sonrisa adosada a los labios cual pétalos que lucharon por suavizar la densidad que las circunstancias habían adquirido en su mente— sólo debemos brillar aquí abajo… para alimentarla allí, en el cielo… esperarla pacientemente — volvió a inhalar, más profundo esta vez  y casi se sintió irradiar su luz de plata como en las noches de Selene plena.

Permaneció así, un poco más; concentrada en el firmamento, con el rostro alabastrino inmutable mientras las inquietudes se le desbordaban por los ojos —Dime Oren… ¿A que le temes realmente? ¿Cuál es la fuente de tus inquietudes? — Insinuó quedamente  sin verle, dándole oportunidad a expresarse sin estar ante el juicio de su mirada… aunque ello podía ser aún más agudo — ¿Acaso tus sueños te atormentan? ¿El pasado quizá?
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