Dennan Huhtmaki

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Dennan Huhtmaki

Mensaje por Dennan Huhtmaki el Miér Ago 28, 2013 6:04 am

Dennan Huhtmaki
 


Datos básicos
Nombre completo: Dennan Huhtmaki 
Apodos: "D"
Original o Predeterminado: Original 
Edad: 94 años (Edad aparente: 24/25 años)
Fecha de nacimiento: 15/Octubre/1919
Lugar de nacimiento: Helsinki/Finlandia. 
Raza: Vampiro (Hijos de Raphael)
 
Ocupación: Guerrero




Descripción Psicológica
 


Dennan Huhtmaki, un vástago que poco tiene de serio, o al menos eso aparenta. Suele tener una faceta sumamente burlesca y sarcástica, con una sonrisa que pocas veces abandona sus labios. La confianza en sí mismo es notable al igual que su serenidad frente a casi cualquier situación, demostrando por lo general que subestima los hechos por muy complicados o adversos que puedan ser para él, sin embargo ésa es solo parte de una faceta, ya que realmente Dennan es un vástago sumamente precavido, previsor y astuto, suele analizar cada detalle y entre sus bromas y sarcasmos es posible que alguna realidad escape, aunque con aquél tono burlesco y sarcástico, es difícil de decir. Nunca se sabe qué es lo que realmente puede pensar. Por otro lado, la moneda contraria a aquella faceta despreocupada y sarcástica se encuentra el total opuesto, ya que en batalla o en ciertas circunstancias puede escapar la bestia que toda criatura de la noche oculta, convirtiéndose en un ser totalmente sádico, que gusta de torturar a aquellos que son más débiles que él, imponiendo así su propia fuerza y poderío, no es común que ésto suceda, pero su mirada tiende a cambiar rotundamente demostrando su sed de sangre y sadismo, la cual, sumada a sus cristalinos orbes puede significar una vista en su totalidad perturbante.


Historia
 



Spoiler:
Saludos Vástagos:
 
Mi nombre es Dennan Huhtmaki
 
¿Alguna vez has escuchado ese nombre?, francamente lo dudo, los que lo han escuchado o bien: están sepultados bajo los huesos de su misma índole, siendo más que cenizas que el viento ha arrastrado a lugares inimaginables o bien: Permanecen con vida, y si han tenido ese privilegio después de verme, no creo que sean tan estúpidos como para darme una razón que me haga deducir que debería acabar con ellos, cuando saben de lo que soy capaz.
Pero, en todo caso, ahora sabrán a que se enfrentan cuando luchen contra mí, dicen que no hay mayor ventaja que saber del pasado de tu enemigo, quizás es cierto, pero dudo que siquiera con esa información puedan herirme, así que proseguiré con mis planes:
 
Mi historia como la de cualquier vástago, comenzó siendo tan solo un mero mortal, hoy en día los observo y me pregunto como pueden andar tan tranquilos, cuando arrebatar una vida es tan patéticamente fácil, bastaría con apretar las manos sutilmente en torno a su cuello, mientras bebes su sangre hasta dejarlo moribundo, una situación que francamente me encanta.
La ironía de la no-vida es palpable y desconcertante al principio, pero supongo que después de tanto tiempo me he acostumbrado. Nací en el año 1919, un 15 de Octubre
En la frívola ciudad de Helsinki, capital del País de los Lagos, Finlandia.
Mi familia no era ni demasiado pobre, ni demasiado rica, es decir, en el nuevo termino social, pertenecía a la clase Media Alta, desde muy pequeño disfrutaba de la apreciación de cada detalle y me deleitaba con las historias que mi familia había resguardado en la memoria a lo largo de los años, con el tiempo aprendí a leer casi a la perfección, mi profesor particular les había contado a mis padres que era un niño precoz y muy inteligente; mi abuelo materno, al escuchar esta declaración, fue a mi alcoba y me regaló un libro sobre la historia del país que tenía desde hace mucho años, según me contó perteneció a mi Tatarabuelo. Sentí un escalofrío al ver la inscripción en el libro, en letras doradas estaba escrito “La Verdadera Historia de la Tierra de Los Lagos” tallados alrededor habían figuras que semejaban a los árboles tan característicos del invierno finlandés y la portada era de pasta dura, la aferré entre mis manos, como si pudiesen arrebatármela en cualquier momento, seguidamente me dispuse a retirarme a un lugar más íntimo para leer, una vez que pude hacerlo me senté en una de las mecedoras favoritas de mi padre y comencé a balancearme al tiempo que pasaba las hojas de aquel obsequio, me deleité con cada descripción, admirando que aquellas palabras que mis ojos recorrían con avidez,  no eran más que hechos verídicos que transcurrieron hacia ya muchos años. Quizás esa fue la primera piedra de mi construcción como historiador, que hasta el día de hoy conservo.
Mi niñez transcurrió tranquila, no era un ejemplo para nadie y tampoco era un mal ejemplo, aunque siempre fui lo que llamarían rebelde, simplemente no soportaba el sistema, cada día a medida que crecía se escuchaba por la radio nacional más problemas a nivel mundial, habían promesas de guerra, en mi familia no las creían, se creían a salvo, yo digamos que no estaba tan seguro y me pregunto ¿Cómo podían considerarse a salvo?  Cada nuevo día nos acercaba a todos más hacia la muerte, bueno, a todos excepto a mí, a mi me esperaba otro destino.
Nunca dude que el mundo entero estaba apunto de arder entre nuevas bombas tecnológicas que azotarían el mundo, solo que me tomo desprevenido, esa fecha, un 1 de septiembre de 1939, una fecha que el mundo jamás olvidaría, al igual que yo. 
Contaba con 20 años para ese entonces, tenía grandes planes para mi futuro, soñaba con poder ejercer una carrera como Profesor de Historia en Helsinki, aun me faltaban 2 años de estudios, pero de pronto eso ya no valió la pena.
Aún así, es diferente escuchar la voz monótona del comentarista por la radio a sentir lo que es estar en la guerra, no una cualquiera, sino en la Segunda Guerra Mundial.
El 30 de Noviembre la URSS atacó a nuestro país, aún recuerdo la detonación de la primera bomba, los llantos ahogados de mi madre contra mi pecho, la cara de incredulidad de mi padre, las risas inaudibles del enemigo estallar contra mi vida: Mi abuelo había muerto. 
Posteriormente se firmó un tratado de paz en Moscú el 12 de marzo de 1940, Finlandia tuvo que ceder posesiones territoriales, nada más y nada menos que 35 mil Km2 (9%) de nuestro territorio a cambio de conservar la independencia, me pareció una maldita injusticia, ese fue el momento que quise que la sangre manara de aquellos desgraciados y al final no fue un deseo, logré convencer a mis padres de alistarme en el ejercito, iba a ir a la guerra e iba matarlos a todos, pensaba; La historia me daría la razón y finalmente saldaría cuenta con la sangre soviética, tomando parte en la conocida como “Operación Barbarroja” en 1941.
 
Aún hoy recuerdo, aquella primera sensación de aparente independencia, cuando dejas la casa de la familia acomodada a la que perteneces, para ir a entrenarte como soldado en una guerra de tales proporciones, solo apreciables medianamente, nadie tenía realmente idea de lo que se había sembrado sobre el mundo.
La radio, aunque molesta en ocasiones, era lo que me había impulsado a dejar tanto al país como a mi carrera, pensaba ir a Alemania, al parecer allí era donde se desarrollaban los verdaderos acontecimientos y los mejores soldados solo podían surgir de allí.
Aún recuerdo la expresión en la cara de mis padres, mi madre me abrazo y sollozo amargamente, creía que entrenaría en Finlandia y lucharía desde aquí, intentó hacerme declinar en mi decisión, pero antes de intentarlo, supo que iba a fracasar estrepitosamente, aún así, llene de besos su rostro y le prometí que intentaría escribirle cuando pudiera, ella solo emitió un débil sollozo y se derrumbo en la silla;  me acerqué a mi padre, con su expresión ausente, le di un abrazo, él me palmeo la espalda y me deseo buena suerte, en realidad sus palabras fueron “Acaba con todos esos hijos de puta” supongo que la sutileza ya no existía en esos tiempos.
Por suerte para mí, en aquellos tiempos había vuelos en pequeñas e incomodas avionetas de Finlandia a Alemania cada día, por medio de un tío, persona muy influyente y general de la guardia armada de Finlandia, pude conseguir rápidamente el pasaje.
Recuerdo la sensación de la pesadez del equipaje empujar invisiblemente mis brazos hacia abajo, el casco de aviador sutilmente empañado por la llovizna que arreciaba aquella mañana, salude con una seña al piloto, este me indicó que le diera el equipaje que seguidamente guardó y ocupe el asiento de pasajero en tiempo record, miré hacia mi izquierda y allí estaban mis padres, mi madre parecía más pequeña y débil calmando los sollozos contra el pecho de mi padre, que a diferencia de ella, se encontraba erguido  y expectante, y me pareció notar que su mirada en aquel preciso momento no fue tan distante.
El motor se encendió, el piloto ya había tomado mando de la última innovación alemana en aviones de guerra: un  Messerschmitt Bf 109, un caza ligero alemán. En ese momento al ver la impresionante potencia de aquel caza, comprendí que iba a ir a la guerra y que ese y muchos otros aviones solo estaban destinados a la matanza, el mundo se estaba tomando un tiempo.  Me ajuste los cinturones y el casco, entonces el piloto bajó la cúpula.
Había emprendido mi primer vuelo, súbitamente sentí una sensación de vació en el estomago, íbamos a una velocidad de vértigo sobre aquel pájaro de hierro. Cuando pude entreabrir los ojos, descubrí que ya habíamos despegado rumbo al cielo de un azul perfecto y un recuerdo distante atisbo a mi mente de la gran tormenta que se había desatado la noche anterior y entonces, me pareció difícil creer que el cielo pareciera tan apacible precisamente aquel día.
Aún recuerdo la travesía sobre aquel mar que nunca había osado sobrevolar tan pronto, el piloto era todo un veterano y apenas y tuvimos problemas con el tiempo, de vez en cuando las nubes desaparecían y me permitían divisar el horizonte, vi el amanecer semi-dormido y aquella visión me termino de despertar; irónico, ese fue uno de los últimos amaneceres que mis ojos atisbaron sin saber, sin tener en cuenta que pronto todo daría un giro y caería sin uniforme y sin arma en mi propia guerra personal.
Después de varias horas de vuelo a bordo de aquel caza de última generación, noté que comenzábamos a descender y una nueva sensación de vació rodeó mi vientre por varios minutos, gire mi vista lo más que pude por la posición y me encontré en un ambiente tan diferente a mi tierra que tuve que ahogar un suspiro que en sí ya fue ayudado por portar el casco. Aunque en aquella época los vestigios de la guerra no fueron ni la sombra de cómo quedó la nación de Hitler al finalizar La Segunda Guerra Mundial, la pobreza imperaba, la mayoría de los edificios estaban ennegrecidos y la niebla no dejaba divisar mucho más. El piloto se alejaba de la ciudad sin dejar de descender, sabía de antemano que era la ciudad de Postdam, llegamos a las afueras y de pronto, a nuestro alrededor, el aire se vio cortado por una explosión a pocos metros de distancia, mi corazón latió al ritmo del sonido de las aspas del caza y para mi desgracia, aterrizamos.
Una vez que lo hice, me di cuenta de que no era el único, cerca de mi se notaba por la vestimenta y el cabello a los aspirantes a nuevos reclutas. Un fornido sargento alemán daba ordenes de un modo tan tenaz, apenas separando los dientes, que tuve que hacer verdaderos esfuerzos por entenderlo, comprendí mientras enlazaba pequeñas frases que entendía, que había que ir a los campos de tiro para comenzar el entrenamiento, explico que teníamos cinco minutos para dejar nuestro equipaje en la habitación que eligiésemos o sino nos cortaría los testículos a todos, esperé haberme equivocado con la traducción, aunque no me quise arriesgar. Llevé mi equipaje junto con los demás a las deterioradas habitaciones, escasamente alumbradas y rápidamente baje para encontrarme a los alemanes con los respectivos uniformes de la nación en una multitud de cajas, desperdigadas por los suelos y la perspectiva de raparnos a cero. Es imborrable la sensación de sentir la navaja dejarte desprovisto de tu cabello, era como si eso formara parte de un significado aun mayor, mientras estaba allí sentado, sintiendo los pequeños cortes del filo de la navaja, sentí que me estaban dejando desprovisto de algo más, pero un escalofrió me recorrió cuando después de haberme puesto el uniforme, vi a mis nuevos compañeros: apenas y nos distinguíamos los unos de los otros y entonces me sentí como una ficha de ajedrez, un simple peón en la guerra, podría morir en cualquier momento.
Cada entrenamiento era peor, tuve varios desgarrones de músculos los primeros días, pero aún así seguí, no podía volver a mi tierra como un cobarde, ya no. Muchos se retiraron o quisieron hacerlo, todos los días estaban llenos de estallidos de impresión y en el aire se respiraba pólvora, apenas y dormía: las heridas parecían abrirse mientras estaba recostado. 
Pronto ascendí, me asignaron a un pelotón de guerra entre los primeros meses de entrenamiento y entonces empezó la verdadera entrada al infierno, aún mi cuerpo inmortal, preserva muchas de las cicatrices que me hicieron diferentes tipos de balas cuando teníamos que atacar o éramos atacados, soñar me estaba negado, aguardaba con mi MP44 acurrucado en mi cama, esperando un nuevo disparo, con el corazón siempre a mil por hora. Día tras día mis compañeros eran encontrados muertos después de los disparos, varias veces me pregunté si por error yo no habría sido el culpable de sus muertes, pues, nunca miraba hacia atrás después de descargar la MP44 sobre lo primero que captara mi visión. Día tras día me bañaba en sangre y mi alma poco a poco se fue calcinando en el tormento, siempre que disparaba aquél fusil de asalto la sensación era la misma: Un fuerte golpe en el vientre por el retroceso de su impacto, al principio se me entumecían los músculos y muchas veces quede adolorido con los ojos entrecerrados, evocando en silencio mi mala suerte. Después se hizo adictivo sentir como mis músculos me pedían a gritos que soltara el arma y huyera de aquel averno, me encontraba riendo entre la sangre y entre la muerte de aliados y adversarios, enloquecido por la guerra.
Pasaron los meses y me fui obsesionando con la idea de seguir vivo y si para ello tenía que matar todos los días una docena de Soviéticos malditos, o franceses, o lo que fuera…lo haría, fui continuamente intercambiado entre batallones y participé en diferentes episodios en la guerra, la sensación del barro adherido a las botas en las ciénagas, con los músculos tensados, esperando un solo movimiento para descargar mi arma sobre ellos. Los combates aéreos que se divisaban a lo lejos, en ocasiones, no me importaba si ganábamos o no, solo olía y veía muerte.
Con el tiempo dejé de preguntar el nombre de mis nuevos compañeros, que temerosos arribaban creyéndose ilusos que saldrían vivos, estaba cansado de conocer a más muertos que a vivos.
Pero un día mi suerte cambió, fui asignado a un pelotón de emergencia para ir a una misión prácticamente suicida alrededor de las seis y media de la tarde, al parecer estábamos perdiendo a muchos hombres en una batalla a pocos kilómetros de allí. Monté con mi MP44 en uno de los 12 jeep que esperaban y partí con el ceño fruncido, insultando mentalmente a todos los incompetentes que eran parte de mi mismo bando y doblando mis insultos para los franceses, ni en mis peores pesadillas me podría haber imaginado a lo que en pocos minutos me enfrentaría.
Era un día tan nublado que temía que aquello me valiera la vida, maldije para mis adentros y con el fusil en mano me adentré entre la maleza, me valí de un cuchillo para adentrarme entre ella, a los lejos comencé a escuchar los disparos y gritos que desgarraban el aire, estaba en completa tensión, sentía que la aorta en mi cuello me estallaría en cualquier segundo por la manera como la sentía palpitar, camine y con la visión casi fallida por la neblina me hundí entre las ciénagas hasta las rodillas. Cuando logré salir, lanzando improperios con los dientes tan juntos que me habrían dolido de no estar tan concentrado, los disparos cesaron.  Mi primera reacción fue la de que habíamos ganado, pero no podía estar completamente seguro, cuando llegue al campo de batalla estuve apunto de tropezarme con los cadáveres, la neblina me llegaba hasta la cintura en aquella zona, mi mirada parecía ser inservible mientras intentaba escrutar entre la espesa bruma que nos rodeaba, semejante a la que se agolpa en los lagos de escocia en temporada de invierno, no había ido, pero eso me dijo mi tío Adolf que fue por unos días a tan lejano país y después de varias décadas pude comprobar que las palabras de mi tío eran ciertas.
Cavilando en estos recuerdos estaba cuando de pronto lo vi: Un soldado alto, no demasiado fornido se acercaba hacia mí lentamente, por instinto levanté mi MP44 y disparé, la bala cortó el aire y se hincó justo en el lugar donde debería estar el riñón de aquel ser, un golpe en esa zona era suficiente para matar a alguien en pocos minutos, mecánicamente lo vislumbre en mi mente tumbado en el suelo con un profuso hilo de sangre surtir de sus entrañas, pero me vi desagradablemente sorprendido: este siguió caminando. Lleve mi mirada de sorpresa hasta su rostro y casi pude jurar que estaba sonriendo, de pronto se paró, creí que se moriría en el acto, pero con el cuerpo erguido lanzó su arma a un lado y justo en ese momento me dispuse a descargar mi arma sobre él, sentía el constante golpe en el vientre del retroceso del arma y los disparos tan seguidos me aturdieron, pero las balas aunque se veían incrustarse en la piel de aquel sujeto, no parecían hacer efecto. Aquel ser seguía caminando con el mismo aplomo, directo hacia mí, el nerviosismo se apoderó de mi cuerpo, aunque no quise revelarlo y no me moví de mi lugar, con los pies atestados de cadáveres. El aire siguió siendo sobrevolado por las balas mientras mi fusil las escupía cada vez más aprisa, ya no sentía el dedo que oprimía el gatillo, entonces la última bala pasó rozando la mejilla de aquel extraño soldado y se produjo entonces un repentino silencio que me estremeció, mientras miraba incrédulo a aquel espécimen: seguía vivo. Lancé mi fiel arma al suelo y tomando el cuchillo de uno de los bolsillos de mi uniforme me lancé contra el, sus movimientos eran tan rápidos que a duras penas podía seguirlo, sus golpes me atontaban, aunque me di cuenta de que en realidad si quisiera matarme ya lo habría hecho: me estaba probando.
La luz de la luna apenas  rasgaba la cortina de niebla en la que estábamos sumidos, los segundos se transformaron en minutos y los minutos parecían transformarse en horas, los músculos chillaban de dolor por el esfuerzo de dar cada puñalada a su cuerpo y prácticamente inmortal a mis ojos y aunque desde el principio supe que iba a perder, no le iba a dar la satisfacción de matarme fácilmente.
Entonces, sucedió, la pierna no me respondió, un golpe en el vientre me hizo caer en un giro ladeado cerca de sus pies, me intente reincorporar, pero el pié se me había acalambrado y  apoyado como estaba en ambas manos lo miré fijamente: no le iba a dar la satisfacción de verme sufrir. De pronto su mirada pareció destellar al mirarme en esa posición, por instinto hubiese cerrado los ojos cuando blandió su mano sobre mi, pero los mantuve bien abiertos. Un golpe, sangre, de pronto, todo se torno oscuro. 
Desperté con un sobresalto, estaba tumbado sobre una roca en un lugar sumamente oscuro, apenas y divisaba más allá de unos cuantos arbustos a unos cinco metros de distancia, apoye las manos en el suelo y palpe la roca, me pareció que estaba en la parte baja de una montaña, de pronto aún aturdido recordé la batalla y sentí un escalofrió al darme cuenta de que no tenia ni el cuchillo ni mi MP44 conmigo, había tenido momentos difíciles desde que entre al ejercito, de aquellos en los que crees que la próxima bocanada de oxigeno será la última,  pero sin duda jamás me había sentido tan desprotegido y tan fascinado al mismo tiempo, asumí que aquel extraño soldado me había llevado hasta allí justo después del combate y justo cuando lo pensé: lo vi acercarse, no tenia rasgos alemanes, ni tampoco netamente franceses, entonces me volví a sentir aturdido.
Se sentó en una roca cerca de mí, no tenía fuerzas ni para golpearlo, además sabía a ciencia cierta que mis golpes no le harían nada. Creí que había llegado mi hora, pero cuan equivocado estaba: Aquel ser se presento, dijo ser italiano, lo hubiese intuido por su marcado acento al hablar, aunque si no fuera por ello, su alemán seria perfecto.
-          ¿Por qué peleas?- Sus ojos ámbar casi amarillos ante la poca claridad de la zona destellaban de un modo casi felino. - ¿Por qué no tienes miedo de morir? – Volvió a decir con un tono de voz firme pero no demasiado alto, al ver que no respondía - ¿Qué es lo que deseas realmente? -  Entonces su voz dejo de retumbar amenazadoramente entre las paredes de mis sesos.
-          Soy un simple historiador traído a la guerra – Comencé, sin apartar mi mirada de aquel extraño ser, que más que aterrarme me fascinaba y en lo profundo de mis intenciones le admiraba -  He experimentado solo lo que hasta hace pocos años leí en libros y como historiador... – Humedecí mis labios mientras sopesaba mis palabras -  Quiero perdurar por la eternidad y ser un eco infinito en la historia – Concluí mirándole de forma retadora, no le tenía miedo.
Este fue el comienzo de una conversación que se llevaría a cabo en torno a las noches que le sucederían a esta, no volví al campo de batalla y aunque en el cuartel me buscaron junto a otros que murieron aquella noche, no encontraron mi cadáver y supusieron que los franceses me tenían cautivo, aun hoy ardo en furia al acordarme del trato de olvido que tuve después de mi supuesta “muerte” o desaparición, pero Dante D´Argento, el misterioso ser que había provocado esta situación, me aconsejó que lo mejor seria que me tomaran por muerto, así podría entrenarme y cada noche al caer el sol poder hablar de sus experiencias y mis precarias vivencias en comparación a las de él.  Con el tiempo comprendí que Dante D´Argento no era cualquier guerrero más, no solo era sumamente culto, pues por lo que me relataba deduje que había visto la mitad del mundo a sus aparente 25 años de edad, lo cual para mí en aquella época era del todo desconcertante, sino que además era un guerrero temible como pude comprobar aquella vez que me dejo cansarme para luego perdonarme la vida ante la visión de mis ojos que no denotaban miedo a morir.
Me habló de batallas tan épicas por sus características que de haberlo creído posible, las habría atribuido a una época más lejana. Nunca hablaba de fechas y al parecer le encantaba relatar la forma precisa en que había matado a sus victimas. Con el tiempo me fui acostumbrando a estas charlas en torno a la fogata en las que asábamos pequeños animales de caza que el conseguía previamente, desde el primer momento lo consideré un excéntrico, aseguraba que no lo molestase hasta la caída del sol y que podía pasar el día practicando con sus distintos tipos de armas, las que la noche anterior me había enseñado a usar. Cuando servia la comida me decía que el posteriormente ya había comido, aunque siempre me acompañaba y un par de veces pude ver un atisbo de melancolía en su mirada cuando me veía devorar con placer la comida de aquella noche. Supongo que aun con el sabor de la sangre deslizarse entre los labios, después de tantos años extrañas aquellos sabores de la vida mortal.
El frío comenzó a remitir y el sol comenzó a derretir la nieve, pasaron los meses y con ellos los entrenamientos se hicieron más furiosos, al tiempo que me preguntaba día a día más cosas en torno al pasado de mi maestro, en ocasiones me hablaba sobre cosas que intuía que eran referencias a lo que era, pero nunca fui demasiado crédulo y tomé por sentado que era aprendiz de armas de un extraño, aunque agradable sujeto. Por supuesto Dante D´Argento era algo más, mucho más de lo que podía imaginarme.
Algunos antiguos afirman que aun después de mucho tiempo el momento de la transición de ser un mortal a un vástago es inolvidable, no hay mayor recuerdo en la mente de los condenados que este.
Han pasado casi 70 años desde aquella vez y lo recuerdo con tanta nitidez que pensaría que no han pasado más que un par de horas desde aquella primera mordida. Era una noche templada, aunque nuevamente estábamos rozando otoño, aún el frío no imperaba sobre las montañas, la guerra seguía en su apogeo pero de alguna forma desde aquel lugar se vislumbraba como una película vieja con excesivo volumen, el tiempo había hecho que las detonaciones ya fueran parte de un paisaje ennegrecido y corrompido que se atisbaba en la lejanía de los entrenamientos a los que me dedicaba con un ahínco que nunca creí posible en mí.
Eran alrededor de las seis de la tarde, mi maestro aún no había aparecido y mientras le esperaba para el entrenamiento que correspondía a aquella noche, estaba sentado sobre un roble podrido en medio del sendero que correspondía a nuestra zona de combate, un claro entre el bosque en que la luna llena alumbraba con todas sus fuerzas. Mientras era bañado por la luz de la luna que se ubicaba a mis espaldas, rotaba una daga entre mis dedos, aun enfundada. La brisa nocturna me envolvía, recuerdo que olía a una fuerte esencia de pino y movía mis cabellos que a esas alturas ya me llegaban hasta los hombros. Entonces, sucedió, un gruñido, demasiado poderoso para tratarse de un animal pequeño, ni siquiera de proporciones medianas. Me reincorporé de un salto y supe que lo tenia prácticamente a mis espaldas, mi oído ya plenamente agudizado, captaba sus pisadas cada vez más rápidas en mi dirección, desenvaine mi daga limpiamente al tiempo que daba un giro de 90 grados calculando donde estaría la garganta de aquella bestia, al hacerlo: el filo de la daga hirió el pecho de un lobo de proporciones indescriptibles: parado sobre sus patas, mediría aproximadamente dos metros, su pelaje era tan plateado que por unos segundos pensé que sería producto del haz de la luna, sus ojos de un dorado imposible me escrutaban con ferocidad y sus fauces babeantes enseñaban con ahínco unos caninos del tamaño de mi dedo índice y el doble de gruesos que el pulgar. Esto solo lo pensé en un segundo, mi próximo paso, aunque aterrado fue esquivar un zarpazo de la bestia que apenas rozo mi hombro, haciéndolo sangrar al instante, era tal la fuerza de aquella bestia que este pequeño roce me lanzo varios pasos hacia atrás y caí de espaldas al suelo, mis ojos viajaron por el enorme torso del animal, nunca creí que existiera una criatura así: era la primera vez que veía a un lupino.
El apacible silencio ahora era continuamente quebrado por los gruñidos del animal, de su cráneo surgían dos orejas perfectamente puntiagudas en señal de alerta y sus ojos sin dejar de escrutarme alumbraban como dos faros aquel claro del bosque que ya comenzaba a oscurecerse, baje sutilmente la mirada y vi que la daga seguía clavada en el pecho del animal y su pelaje se comenzaba a llenar de una sangre tan roja como la que mi hombro en ese preciso momento desprendía.
El enorme lobo se lanzó hacia mi, sin arma y sin poco menos que mi cordura no podría vencerle, eso me lo gritó mi mente y en ese momento estuve seguro que iba a morir, una zarpa quebró la ruta del aire en mi dirección, logré tumbar el rostro hacia atrás y de pronto aquella bestia soltó un desgarrador alarido, en pocos segundos vi como su gran cabeza se desprendía del resto de su cuerpo y rodaba en mi dirección, logré apartarme de su camino al tiempo que sentía mis ropajes pegados a mi piel, sudados. Mi mirada vago hacia donde estaba el ya caído cuerpo mutilado e inerte de aquella bestia y  pude percibir con una especie de alivio y miedo entremezclados la silueta de mi maestro y, un destello de la luna me permitió ver como sangre bajaba por el filo de la espada que sus manos portaban con firmeza, su mirada me aterro y por unos segundos divise sus labios entreabiertos: unos colmillos más puntiagudos de lo normal.
Mis primeras palabras fueron de agradecimiento, pero mi maestro se mostraba furioso y terrible como nunca antes lo había visto, mascullo palabras que no entendí en aquel momento y acercándose a mi tomo mi mano para levantarme, lo hizo tan fuerte que creí que me había desgarrado un músculo y mi hombro sangro aun más, pero no mostré siquiera un pequeño gesto de dolor.
-          Por un demonio, ¿Qué hacías aquí? Te dije que no vinieras a este lugar solo, nunca sabes cuando pueden llegar los lupinos -  Me murmuro con un deje de alivio y reprimenda que me dejó desconcertado.
-          ¿Lupinos? – Logré musitar – Creí que solo eran leyendas
-          Hay muchas cosas que debes cuestionar si son reales o no, Dennan.
-          ¿Es una broma, no? – Cada vez entendía menos, parecía que Dante D´Argento me estuviera hablando en otro idioma, por un momento creí que había perdido la cordura o que estaba en una densa pesadilla de la que no veía como salir.
-          No, no es una broma, pequeño. No pensaba decirte nada aún Dennan, pero después de esto tendré que explicártelo todo.
-          ¿Explicarme que? -  Estaba exasperado y molesto pues no entendía nada. - ¿Me ha estado ocultando algo? 
-          ¿Ocultarte algo? En lo absoluto, solo no quería que lo supieras antes de tiempo...– Me susurro al tiempo que me indicaba que no dijera nada más -  No hables hasta que yo termine y espero que tengas la suficiente hombría para no salir corriendo después de lo que te diré. 
 
Obviamente no grite pero poco me faltó para que pensara en ingresar a mi maestro a un centro de atención psiquiátrica, mi escepticismo era grande aun después de lo que había visto, pero todo esto termino, cuando después de terminar su relato, en el que me explico que era un vampiro muy antiguo de tiempos de la conquista de los romanos, la formación de la sociedad vampírica en el mundo actual, las preocupaciones, guerras secretas y conflictos. Sonrió y pude vislumbrar con cierto pavor y fascinación sus colmillos, capaces de desgarrar la carne más dura. Las horas transcurrieron mientras me contaba aquellas cosas que siempre quise preguntarle; me relató su historia, así como yo hoy lo estoy haciendo y cuando terminó me miró fijamente.
 
-          Aquella vez cuando luchamos entre las ciénagas, me di cuenta de que tu a diferencia de los demás no aceptas que tus enemigos vean en tu cara la derrota, los retas hasta el último segundo y aunque puedes estar seguro de que morirás, no les dejarás vislumbrar que están ganando, además, tu forma de luchar con armas de cuerpo a cuerpo es muy buena -  Sonrió vampíricamente y me miro con admiración unos segundos, aunque no podría estar seguro de este gesto, eso fue lo que me pareció en aquel momento – de hecho, me recuerdas a mí en las primeras cruzadas, antes de que me concedieran el don oscuro. .- Me aseguró al tiempo que limpiaba el filo de su espada de la sangre del fallecido lupino. – No es una propuesta, es algo que se hará real, pero espero que la aceptes así como yo lo acepté en aquellos tiempos. Los mortales duran poco, son fáciles de matar y su tiempo no les permite aprender lo que quisieran, están apegados a un sistema de vida, sabiendo que lo único seguro que tienen es la muerte -  Susurró mirando hacia el cielo adornado por una multitud de estrellas refulgentes, perdido en sus pensamientos -  Los vástagos en cambio, podemos elegir a donde queremos ir y cuanto queremos aprender, las batallas son la adrenalina de cada día y la sangre.... OH Dennan -  Su voz se quebró al tiempo que entrecerraba sus ojos y se relamía el labio inferior – La sangre es la sensación más alucinante del mundo.
 
La brisa con esencia a pino impregnaba mi olfato al tiempo que observaba como mi maestro se deleitaba hablándome de aquel sabor tan perfecto, que hacía suspirar a un ser como Dante D´Argento, culto, temible y vividor. Mientras lo escrutaba con una fascinación renovada, un suspiro escapó de mis labios, me imaginaba viajando a donde quisiera, haciendo del mundo entero mi parque de diversiones sanguinarias y en aquel momento supe que no me resistiría a convertirme en un ser de la noche, de hecho, cada poro de mi piel lo anhelaba.
Quizás mi expresión era tan legible que a Dante D´Argento solo le basto verme para saber que ese era el momento en que ocurriría o quizás es que como el había dicho no le importaba si yo quería esta condena y a la vez don., simplemente ocurriría y así fue: sucedió, su cuerpo más ágil que fuerte se inclino hacia mi, sus fosas nasales estaban ubicadas a la altura de mi cuello y me estremecí al tiempo que no note ninguna respiración surgir de ellos, pronto, estaría tan muerto como él. 
Sus colmillos desgarraron mi piel apenas en el primer roce, su brazo me apego hacia el con rudeza al tiempo que los colmillos perforaban en mi aorta robándome la vida, que ya nunca más volvería a mi. Mi mente se nublo de desconcierto y unos últimos suspiros lograron surgir de la cárcel de mis ya pálidos labios, estaba muriendo. Las extremidades se tornaron rígidas y de pronto un estallido de placer golpeo mi mente, cerré los ojos con fuerza y mi cabeza quedo arrojada hacia un lado. Entonces, sentí como en mi labio inferior caían un par de gotas, por instinto las tomé y fue como respirar nuevamente. Su muñeca abierta se apego a mis labios, succione poseído por aquella primera sensación, no existía el frío, ni el calor, el dolor era solo parte de un placer aun mayor, mi oído detecto hasta el chasquido de las garras de una lechuza aferrarse a su presa y la esencia a pino me invitó a dormir en mi placido renacer.
Una fuerza aun mayor hizo que mis ojos se abrieran en el acto, sentía un hambre tan letal que me hervían las entrañas y mi mente comenzaba a derramar fragmentos de cordura, enloquecía, solo la sangre podía domarme.
Dante D´Argento aparto la muñeca de mi boca y me señalo a una niña refugiada en las montañas que dormitaba en una cueva y había visto antes un par de ocasiones, no recuerdo mucho de aquel momento, la bestia es domable pero la primera vez se hace por completo de ti, corrí tan rápido que de no haber estado tan hambriento me habría mareado en el acto, aferre aquel pequeño cuerpo entre mis manos, sus gritos y arañazos solo me enloquecían de placer, al tiempo que mordía y succionaba torpemente de su cuello, solo frené en mi delirio cuando un crujido me saco de mi sopor y casi al instante sentí nauseas, había quebrado el cuello de aquella chica que no contaba con más de quince años de edad, con solo tomarla del cuello para que no escapase.
Una vez que hubo cesado mi hambre y recupere el dominio sobre mi mismo extenuado seguí a Dante D´Argento, éste me llevó a una gruta que estaba tan oscura que tropecé varias veces en el camino, me indicó que el sol pronto saldría y que allí estaríamos seguros. Cavilando entre la moral de haber matado de esa forma a una niña indefensa, inocente a mi propia guerra personal  y entre la realidad a la que ahora estaba sujeto, me dormí pocos minutos antes de que afuera el sol cubriese a la tierra con su manto de claridad, antes de dormirme pensé con melancolía que nunca más lo vería, si bien nuestro clan era bendecido en aquél sentido, nunca he me ha gustado arriesgarme tanto, los rayos del sol pueden ser más rápidos que uno mismo.
A la noche siguiente, desperté totalmente desorientado, el ulular de una lechuza me recordó vagamente la noche anterior, logré salir de la caverna y observé practicando con su espada a Dante D´Argento, éste sin volverse me saludó y me reprendió por ser tan poco sigiloso, asegurándome que sino cambiaba eso en el mundo vástago pronto sería una presa fácil; posteriormente, sentado a su lado el me hablo del clan al que pertenecíamos: Hijos de Raphael; me habló de los tres clanes vampíricos, y mirándome de reojo al tiempo que daba un tajazo perfecto y veloz en el aire me aseguró de que no había nada como pertenecer a nuestro clan. Aquella noche apenas y recibí entrenamiento, a cambio recibí una Katana, la cual me enseñó a usar Dante D´Argento en los primeros meses de entrenamiento, mi MP44 que él había recogido y había cargado después del combate y municiones para la misma y por último un arma que él mismo utilizaba, la cual me llevó años perfeccionarla, incluso después de recibirla, una arma marcial llamada Kusarigama, posteriormente la encontré sumamente útil, aparte que sus cadenas, enrolladas en el cuerpo y el filo a la espalda bajo una gabardina resultaba cómodo y discreto, le tomé el gusto a tener distintas armas sobre mí.
 
Además me atiborro de las normas vástagos y de cómo debía comportarme en distintas ocasiones, siempre como una recomendación, jamás me ordeno nada, yo era el dueño de mi propio camino y solo yo podría decidir a donde viajaría y como lo haría. 
Después de varias horas me sugirió que fuéramos al poblado para alimentarnos, allí me enseño a cazar de un modo silencioso y efectivo, parecíamos dos sombras sanguinarias aquella noche buscando con nuestra mirada sobrenatural quien seria la victima de nuestra insaciable hambre y caminábamos con la fatídica paciencia de un astuto depredador. Sentía que el mundo era nuestro. 
La noche siguiente desperté más tarde de lo normal y tarde varios minutos en reincorporarme, todo me parecía absolutamente perfecto, la inmortalidad era un delirio del que todavía no conocía sus dimensiones e iluso la alababa. Fui hacia el viejo roble esperando ver a mi maestro entrenando, pero el silencio y la brisa helada de invierno fueron lo único que sentí golpearme en el rostro, me quedé desconcertado, supuse que habría ido a cazar y de pronto me sentí molesto por no haberme esperado, me dediqué a esperarlo mientras entrenaba, todavía tenia muchas preguntas que hacerle. Aquella noche no apareció y solo después de varias horas tuve la desagradable sensación de que no lo volvería a ver. Retrocedí en mis pasos devolviéndome hacia la gruta y sobre mi lugar de sueño estaba una piedra que pisaba un papel cuya dirección no lograba avistar. Tomé la piedra, la levanté y tome el papel pensando que allí me indicaría mi maestro donde me reuniría con él. Entonces, una dirección: tenía que volver a Postdam.  Aquella noche pensé que no lograría conciliar el sueño, tenia ganas de partir cuanto antes, quería sentir la adrenalina de la que me había hablado mi maestro en cada combate y tenia la sensación de que en aquella dirección lo descubriría, en realidad, nunca estuve demasiado equivocado.
A la noche siguiente desperté pronto y me encaminé hacia la ciudad, cuando llegué toda mi ropa estaba empapada por una copiosa lluvia que había sido mi única compañía en todo el viaje, los edificios esta vez más allá de la altura de mi vista me recordaron a la primera impresión que tuve de Postdam cuando la sobrevolamos con el Messerschmitt Bf 109. La pintura de las paredes apenas era perceptible, en muchos casos no existía, las paredes estaban agrietas y se caían a pedazos, mientras la mayoría de las construcciones estaban ennegrecidas con sus tejados surcados por multitud de goteras.
Solo pocas personas se atrevían a acercarse a las ventanas, en su multitud rotas y con ojos temerosos escrutaban al único transeúnte que caminaba  por la ciudad.  Aunque eran poco menos de las diez y media, mi mirada no vislumbro siquiera a un gato por las calles, era una visión absolutamente enfermiza y pensé que de no haber tenido la dirección aferrada entre mis manos con tal firmeza y decisión, me habría ido de aquel  penoso lugar apenas al haber divisado el primer parque destartalado que me encontré al entrar en la ciudad: los columpios en su mayoría habían sido arrancados, en el piso encima de un charco reposaba una tabla de cuyos bordes hacía no muchos años habían pendido cadenas, sosteniendo a niños que sonreían y se gritaban entre risas los unos a otros, invadidos por la felicidad y la inocencia, desprovistos del miedo que se filtraba por los poros de sus pieles y les gritaba promesas de muerte, era un ambiente lúgubre y corrupto. Un solo tablón apenas aguantado por una cadena oscilaba ante el empuje natural de la ventisca de aquella noche, produciendo un chirrido grotesco: rasgaba el aire.
Por fin divise la calle que correspondía al nombre de la dirección que mi maestro me había dejado, pensé en que al entrar en aquella especie de oficina le encontraría, pero fue en vano, nunca más volví a ver a Dante D´Argento, de hecho, nadie le conocía…fue en ése momento que me enteré de una desagradable verdad: Ése no era su verdadero nombre lo cual me llevó a la pregunta: Si bien sabía que su edad podía datar a los tiempos romanos, debido a las historias que me comentó ¿Qué me aseguraba que no había más? "Dante" era un misterio, y esperé...y espero algún día saberlo, qué tan viejo era ese desgraciado.
 Los años pasaron y jamás volví a saber de él, he visto y conocido a bastantes vampiros, aún nadie me ha podido dar pista sobre mi Sire, pero tarde o temprano le encontraré, y disfrutaré una revancha con él.
Por mi parte no tardé en comenzar a anhelar más y más. Una misión tras otra, sangre por sangre, el filo de mis armas marcaba un camino de cadáveres a mi espalda, todo aquél que pusiera frente a mi como enemigo, no vivía lo suficiente como para lamentarse. Mi ascenso fue rápido y en los pocos años que ha durado mi inmortalidad…Porque vamos, seamos realistas, 94 años no es nada comparado con los 300 o más que he visto MUY regularmente en rostros pálidos de distintos clanes. Sin embargo mi edad no habla por mí, sino mi astucia y habilidad, y fue gracias a ello que logré el puesto, fama y reputación que tengo hoy en día. Cuando mi nombre comenzó a resonar, comencé a grabar la inicial “D” en los cadáveres de mis víctimas, aunque hoy en día lo he considerado mejor… Y fue una mala idea.
 
Debí incluir también un número… Así llevaría una cuenta, aunque nunca es demasiado tarde para empezar… ¿Hasta dónde llegará la cifra?


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Última edición por Dennan Huhtmaki el Jue Jul 31, 2014 7:00 pm, editado 3 veces
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Re: Dennan Huhtmaki

Mensaje por Marca del Lobo el Miér Ago 28, 2013 3:32 pm

La guerra… ¿cuántas almas desdichadas se ha llevado esta amante temible de la naturaleza humana? Sin embargo, los que viven más allá de los hombres no pierden esa muletilla marcada a fuego en sus almas. Los no muertos también abrazan la guerra por más que llenen sus labios de paz y calma. No hay paz en la vida mientras camines sobre tus pies. Eso no cambia en la no- vida.

Hijo de Raphael, has pasado por algo que no le deseo ni al peor desdichado: Tener un mentor en este mundo es como tener un pilar en el cual afirmarse. Los primeros momentos nos vuelven sabios, los primeros golpes, fuertes. Pero siempre es el pilar lo que nos mantiene de pie. ¿Crees que tu caminata te lleve a tenerle en frente una vez más? ¿Qué le dirás en ese momento, de cualquier forma? No dudo que él reconoce la marca en cada cuerpo que abandonas a su suerte a la putrefacción porque es la muerte la firma perfecta de tu paso por el mundo.

Se bienvenido, hijo de Raphael; joven guerrero que peleó en la guerra y no teme a la muerte. Pero, recuerda, en este mundo de sombras, la muerte solo el más perfecto aliento de alivio. No por nada, tarde o temprano, los que han vivido demasiado buscan su abrazo.

Un detalle, por cierto, en este mundo no importa como te refieras a tus formas. Primera o tercera persona es nada. Lo unico que interesa es lo que tienes que decir. Sabia criatura, no lo olvides, el lenguaje es tu medio y tambien tu poder. Úsalo como desees.
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