Aullidos de Guerra

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Aullidos de Guerra

Mensaje por Galliard el Jue Nov 07, 2013 6:15 am

El alba del sexto día había llegado, todos esperaban el regreso de una pequeña liga de guerreros que partieron osados y orgullosos al otro lado de Europa para reunirse con sus hermanos Fenrir, liderados por el mismísimo campeón del pueblo más valiente y belicoso de los hijos de Gai.


Pero la tragedia era evidente, las figuras que se asomaron por el tupido  velo de la niebla matinal no correspondían a las magnificas siluetas de los 20 guerreros que habían partido una semana atrás. Solo Galliard retorno a la cuna de los Ardwolfs, y su rostro atribulado confirmaba la desgracia.


Su paso era lento, y daba una sensación de pesadez. Una pequeña caja en sus brazos era la culpable de esa huella de cansancio, el peso que ejercía no caía en sus hombros, sino en su alma. Un osario con un nombre. Harald, el “lobo danzante” como muchos le llamaban, yacía en sus manos, dentro de una urna de cenizas.


Y aquellos que le acompañaban cargaban cuidadosamente una caja igual. Ni siquiera pudo llevar sus cuerpos para que descansaran bajo tierra. Mutilados e infectados por la sangre de los Donovans, lo benevolente para las familias de aquellos lobos era no verlos


Aulló, con toda su fuerza, con toda su rabia, pero pronto su bramido se quebró y se calló. Los sentimientos en su pecho ahogaban su garganta.


Los guardias de la entrada abrieron las puertas de una norme muralla hecha con viejos troncos de roble que terminaban en amenazantes puntas. El santuario de los Ardwolf era todo lo que amigos y enemigos imaginaban de él, una fortaleza emplazada donde la gente vive en barracas y cabrerizas.
Por primera vez en su vida el paisaje inmemorial del Trelleborg no le proporcionaba alivió. El sonido de un cuerno anunció su regresó. Los lobos salieron de sus hogares, esperando recibir a sus héroes, pero lo que encontraron los desconcertó a todos.


Los más ancianos podían suponer lo que sucedió. Pero los más jóvenes murmuraban, las esposas y los hijos sonreían con cierto nerviosismo, mirando hacia la profundidad del bosque, esperando, añorando ver a los hombres más valientes del santuario llegar. Pero en su lugar había desconocidos, un grupo de Fenrir que llevaban entre sus brazos. No sucedió, no llegarón.



La primera que se acercó fue la esposa de Harald, él más cercano, él más valiente de todos los guerreros que lucharon hombro con hombro en incontables batallas junto al líder Ardwolf.- Mi señor ¿Dónde esta mi esposo?- Mirarla de frente fue el reto más difícil en sus 500 años de vida. Esos ojos primeramente llenos de ilusión, nublándose al tiempo que una sonrisa se desdibujaba. Nadie debería ver a una mujer entristecerse y llorar de esa manera.


Lo siento.- Le dio cuidadosamente la urna con las cenizas de su marido. Y encontrando fuerzas (o fingiéndolas) mantuvo su postura estoica, siguiendo su camino hacia la plaza. Los llantos a su espalda estallaron, conforme las viudas se acercaban a la comita Fenrir para reclamar los restos de sus conyugues. Los Ardwolf estaban de luto una vez más.


¡Mi señor!- La viuda de Harald nuevamente. Volteó a verla.- Murió peleando, murió como un héroe ¿Verdad? Se llevo consigo a su asesino ¿Verdad? – Supo lo que ella quería oír, lo que toda viuda de un guerrero desearía escuchar, a eso se resumía el orgullo de los Ardwolf, encontrar una muerte digna y heroica.- Harald no solo mato a su asesino. Me salvo la vida y derrotó más enemigos de los que pude contar.


Fue un héroe.- Repitió ella, abrazando la urna con todas sus fuerzas.- Lo fue.- Dijo él. Entonces siguió su camino, pero sus pasos no lo llevaban a su cabaña, ni a ningún banquete o descanso. Fue directamente a la plaza central.


“Probablemente declaras una guerra que no puedes ganar, pero mira a tu alrededor. Nos estamos marchitando. Nos estamos extinguiendo, y junto a nosotros la única esperanza para Gaia. Ya no puedo esperar más. Con o sin la ayuda de Fenrir y Alek. Con o sin la ayuda de Gaia.”


Ahí tomó el cuerno de Thalass, un tesoro que perteneció al guerrero del mismo nombre, cuyo liderato fue leyenda mucho cientos de años antes de que las profecías hablaran siquiera de Galliard. Desde tiempos inmemoriables ese tesoro, ese cuerno se había convertido en el portavoz oficial de la guerra. Cada vez que un líder lo soplaba la tribu de los Ardwolf sabía que habían entrado oficialmente en una guerra.


Titubeó unos segundos con el cuerno blanco en las manos. Habían pasado muchos años desde la última vez que lo tocó. “No puedes dudar. Eres el líder, tienes que hacer algo al respecto. No puedes esperar a que vengan aquí y los maten a todos. No puedes esperar a que te pase lo mismo que a Fenrir.” Pensó para sí mismo. Entonces lo toco, soplo ese cuerno con todas sus fuerzas, para que cada hombre, mujer y niño dentro del santuario lo supiera.


Los Ardwolf estaban en guerra, y su furia, su rabia y sus deseos de revancha apuntaban a un enemigo claro: El clan Donovan.   
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Mikhelle Valair el Miér Nov 13, 2013 4:00 pm

Llegaba el día, el momento en el cual las puertas se abrirían para dejar paso al pequeño contingente guerrero que marchase a la tierra de Fenrir acompañando al Gran Líder Galliard tras el Concilio entre los líderes. Aún no entiendes por qué no te permitieron asistir, por qué siendo quien eres, teniendo la trayectoria guerrera, la casta bélica en la sangre, no te concedieron los Ancianos la gracia de ir a la Tierra Sagrada de Gaia como parte de la comitiva. No puedes negar que aquello te decepcionó un poco y los cachorros que entrenaste en ausencia de los guerreros, sufrieron las consecuencias de ese arranque de mal humor suscitado por las circunstancias.

-!Han regresado!, !Galliard y los guerreros han regresado!-

Las voces alegres de madres, esposas, hijas -femeninas y seductoras- que flotan en el ambiente van cargadas con la excitación propia de quienes se han separado de sus seres queridos por un tiempo impronunciable; lo que para ti fueron apenas veinte días, para ellas bien pudo ser una eternidad -nunca entenderás del todo aquel vínculo tan ridículamente impredecible, que conllevan los sentimentalismos-; sacudes la cabeza mientras el pequeño cachorro que entrenaba contigo te mira con esa súplica en el rostro, esperando que te apiadaras de él y le dejases ir a recibir a su padre, ese fiero guerrero que en más de una ocasión ha demostrado su valía en el campo de batalla.

-Anda, lárgate-

Le gruñes mientras le das la espalda, depositando las armas en un rincón, arrugando el ceño ante los gritos de júbilo del pequeño que ya se ha unido al contigente que se dirige a las murallas a recibir a sus hombres; tu rostro se crispa en una suave mueca de extrañeza, el aullido de Galliard fue solitario y por lo general, la compañía siempre anuncia su llegada en pleno, siguiendo el poderoso ejemplo del líder. Algo no está bien, el aire lleva un aroma diferente, un ambiente pesado que solo puede augurar noticias devastadoras para los Hijos de Ardwolf que permanecieron en casa; ¿habrá sido Aia, capaz de permitir un motín entre sus hermanos durante el Concilio?, después de todo, siempre has condenado a la líder Fenrir por haber abandonado sus raíces Ardwolf para abrazar la pasiva espiritualidad de su tribu adoptiva.

Te abres camino contrario entre la gente que se dirige a las murallas, vas contra la corriente hasta que escuchas el primer grito, el primer llanto desconsolado que confirma las sospechas que tienes: Una desgracia. El plañidero coro de lamentos que corre de una a otra mujer y niño, el pequeño cachorro que dejases ir corre con furia y tristeza hasta chocar contigo, su rostro redondo y bañado de lágrimas te provoca una especie de confusión que no puedes entender, te apartas de él y caminas hacia la muchedumbre, posando la mano en los hombros de las viudas, atisbando entre tu gente, al grupo de extraños y desconocidos que ahora entregan pequeñas urnas a diversas mujeres. Ni uno solo, ni un guerrero en pie salvo Galliard.

El Cuerno de Thalass se deja escuchar con toda la majestuosa y solemne potencia de su bramido, tu paso se detiene e inmediatamente das media vuelta, con el ceño fruncido mirando hacia la solitaria figura que se levanta en medio de la plaza; tu diestra se mueve instintivamente hacia la espada que pende de tu cadera -esa pesada arma hecha únicamente para las fuertes manos de un guerrero-; el gemido de aquel cuerno se extiende por todo el Santuario Ardwolf, acallando casi de inmediato los llantos bajo una sola consigna que carga el ambiente: La Venganza.

-Galliard-

Llamas al líder con la familiaridad que les permite siglos de conocerse, de luchar hombro con hombro, de mirar al rostro a la Dama de la Muerte y burlarse de ella al salir con vida. Tu mano aferra la empuñadura del arma y la saca de su vaina, tomas por el filo aquella espada que ha visto la guerra en su esplendor y ha sido bañada por la sangre ardiente de los enemigos, y la ofreces hacia el líder del clan, una muda prueba de apoyo incondicional.

-Si tu declaras la guerra, Galliard, entonces mi espada es tuya para seguirte, hermano-
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Leona Boadicea el Jue Nov 14, 2013 3:14 am

Storm clouds are creeping closer danger is drawing near
why am I not protecting all that I once held dear?
Cada paso que se marcaba en la tierra era una pisada que le alejaba de aquel mundo nuevo donde sus ojos se encontraron con el pasado, el presente y también el futuro. Raíces tan presentes en su ser como sus ojos esmeraldas y que ella había ignorado por completo. A tal punto Leona había visto aquel mundo nuevo que sentir que se alejaba de él era como si miles de pequeñas agujas le penetrasen directo en el pecho. Su sonrisa altanera había desaparecido cosa que era entendible para quien, en su edad tan joven, había visto lo que los no muertos eran capaces de hacer con su familia. Sin embargo, detrás de ella, siguiéndole con la mirada, su hermosa madre, hija de la tierra de Fenrir, parecía ver algo más que la cachorra no admitía. Sería que no era más la niña que había llevado pero, lejos de apagar su espíritu aquella visita al mundo místico de dónde su progenitora venía, algo se había activado, impulsándole a brillar más fuerte que el sol. Y sin embargo, no sonreía. ¿Qué había sucedido con la muchacha que buscaba peleas por probar su valía y alardeaba de sus victorias ante todo aquello que tuviese cerca? ¿Tan profunda era la cicatriz que abrazaba su corazón al haber visto morir a los hijos de su amado padre? ¿O había algo mas profundo en su alma ahora?...

En sus manos Leona había insistido en llevar una urna similar a la del glorioso Galliard, perteneciente a Tannis, el contador de historias. Ambas manos de la muchacha se mantenían presionadas sobre la caja que atesoraba, esperando el momento en el  cual las grandes puertas del pasaje se abriesen, sabiendo que el grito contenido del temible Lider presagiaba una terrible noticia a quienes no sabían el destino de los licanos en el concilio de plata. Ella no podía gritar con tal fuerza…jamás con la fuerza de un Lider. Y sin embargo, sentía que si lo hacía, lograría calmar un poco toda la impotencia de su ser en ese momento. Cristal, su benevolente madre, no le sacaba los ojos de encima, sintiendo el pesar de su alma al ver a su pequeña perder la inocencia de tal forma, así como la luz de su sonrisa.

Ver cómo su temible y glorioso líder mentía para poder alivianar la pena de la esposa de Harald fue algo que terminó de nublar la visión de la joven de piel de amazona, quien mantenía sus ojos al frente, fijos en la figura del guerrero mientras pesadas gotas de agua caían por su mirada de jade a pesar de buscar contenerlas. Él murió peleando…Todos habían muerto peleando. No había mejor gloria en el mundo para un ardwolf…y aun así, era tan amarga la realidad, que la muchacha bajó la cabeza al suelo, dejando que su cabellera otoñal tapase lo que sus ojos en realidad decían. No notó nada, hasta que unos brazos pesados le envolvieron, posándose sobre sus hombros, buscando su mirada salvaje, sacándole de sus pensamientos.

-Leona…Hija – Su padre, el cazador León buscaba su rostro incansable, tratando de limpiar el agua que humedecía las mejillas de la joven a pesar de no ceder al llanto en ningun momento. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Por qué había escuchado un cuerno a lo lejos? Movió los dedos y bajó la mirada a sus manos. Vacias…Abrió y cerró los dedos tratando de entender qué había pasado - ¡Tannis! ¿Dónde está Tannis? Debo entregarle a…- empezó a decir pero Leon movió su rostro ante ella, en negativa – Ya lo hiciste….-


Él trató de decir algo más, trató de abrazar ese rostro joven o tal vez, dar alguna palabra de aliento a quien había visto cosas que prefería olvidar. Sin embargo, la muchacha escapó de sus manos al instante en que entendió que lo que sonaba era el gran Cuerno de Galliard, un llamado milenario que hacía que su piel se erizase con fiereza a la vez de que su sangre ardiese como si estuviese hecha de fuego. “El Cuerno de Thalas. No puede ser el cuerno de Thalas” se repetía en vano, sabiendo que muy a pesar de sus ruegos, eso era lo que retumbaba en toda la ciudad, llamando a los guerreros antiguos y jóvenes a unirse bajo el mismo manto de la tierra para declarar aquello que todos veían venir desde que salieron de la tierra mística de Fenrir. A lo lejos vio al gran Lider, erigido como la escolta de un titan, poderoso y fuerte, pero triste y enfurecido. Iban a ir a la guerra siguiendo a Galliard…Iban a ir a morir.

Buscó abrirse camino entre la muchedumbre, entre el llanto de viudas, niños y amigos, pero el paso hasta Galliard se le hacía cada vez más difícil. –Necesito decirle…Necesito decirle…- pensaba sin detenerse. Pero entonces una mano fuerte le tomó del brazo, obligándole a detenerse. Cría tonta ¿creíste que abrazando la sangre de tu madre obtendrías el respeto que solo la guerra brinda? ¿Creíste que él escucharía tu rugido de cachorro? -¡Sueltame! – gritó, volviendo sus ojos esmeraldas a su padre quien le veía sin comprender qué le pasaba. Atribuyó al dolor aquel actuar, pero había algo más en la mirada determinada de la muchacha - ¡Leona! ¿Qué haces? – le atrajo hacia sí, haciendo que su rostro quedase a escasos centímetros del de su hija. Pero ella no lloró ni se quebró, por el contrario. El sol caía sobre su cabellera como rayos de otoño mientras su mirada era consumida por un gesto que muchos de los guerreros podrían identificar -¡Debo decirle!... – empezó a decir, mientras León buscaba callar sus intentos de levantar la voz, intentando que eso no atrajese la atención de los presentes, cosa que con cada forcejeo se volvía más y más difícil - ¡Debes dormir, cachorra! Desvarías …- susurró el guerrero, girándose sobre sus pies sin soltarla, dispuesto a llevarla contra su voluntad – Padre, te lo ruego…no lo entiendes…- empezó a decir. Y entonces un recuerdo llegó a su mente como un flashazo involuntario. La mirada del lobo blanco, observándole aquella noche de Luna junto al lago “Las palabras representan la verdad que somos capaces de decir en este mundo. No es necesario que hables. Lo que haces, es el discurso de tu propio espíritu.”

-Oren...
-
su pensamiento fue directo a él y todo su cuerpo se vio envuelto en una furia incontenible. Él tenía razón. Podía llenarse los labios de palabras pero solo una acción demasiado valerosa o demasiado estupida siemrpre llevaría la delantera a un discurso.
Grita, cachorra, grita. Que tu rugido se vuelva un alarido desesperado para hacerte oír. Di lo que piensas a pesar de todo...a pesar de las miradas, de las reprimendas y los golpes.

Sus pulmones se llenaron de aire y sus pies se plantaron en su sitio mientras todo su cuerpo se erizó como si estuviese frente a un ejercito de vampiros dispuestos a atacarle - ¡Tienes que dejarme hablar! – Elevó su voz como un rugido a la vez que su propio padre volvía sus ojos a ella incapaz de comprender qué era lo que acababa de pasar - ¡Si vamos a la guerra, ninguno de nosotros volverá! – exclamó, con sus labios temblando con furia y nerviosismo, mientras sus preciosas facciones salvajes se desdibujaban ante la mirada pasmada de quienes le rodeaban.

...And you said break free from all that holds you
kings hand and maiden's tear run now into my arms
together we'll conquer our fears"
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Goliath el Jue Nov 14, 2013 10:40 pm

El legendario aullido del cuerno de Thalas se extendió por toda la aldea, inundando el ambiente con una mezcla de confusión, ansiedad e incredulidad. Como cuando pasa un evento de tanta contundencia y trascendencia, que uno siente que se encuentra en un sueño, mas sin embargo, se está consciente de que es imposible despertar de él. Durante un par de siglos, los miembros del clan Ardwolf habían esperado por aquel sonido que los llevara a la gloria de antaño. Los más antiguos, añoraban volver al clamor de la guerra, tal como lo hicieran en la mítica Batalla de las Cenizas. Los más jóvenes, deseosos de ganar honor y renombre en el ejercicio bélico, soñaban con ese trueno que los llevara al momento en el que se convertirían oficialmente en guerreros...

Pero cuando por fin el día llegó y el cuerno dejo sonar su alarido, sonó más a un lamento que a un rugido... Los miembros del clan vieron a su imponente líder con obvias marcas de pelea, llegar sólo a la aldea, cuando había partido con hermanos, hijos, padres, esposos y amigos de la manada.

La conmoción era general en la aldea. Entonces, la masa se abrió paso para dejar pasar al gigantesco y titánico Goliath, que avanzó por el espacio dejado por sus hermanos, caminando con su hacha al hombro y su rostro impávido. Se acercó a la plaza central y llegó al lado de Mikhelle, viéndola a los ojos para luego ver al gran Galliard y bajar la cabeza, no en un gesto sumiso ni timido, sino de reconocimiento y apoyo al regente que acababa de declarar la guerra. ¿Quién era el enemigo? Al gigante licántropo poco le importaba. Seguramente serían vampiros y él no necesitaba razón alguna para, primeramente, seguir a Mikhelle hasta el mismísimo infierno, segundo, obedecer a su admirado líder sin dudar siquiera y en tercer lugar, una oportunidad para triturar vampiros a granel.

Goliath levantó el rostro y gruñendo murmuró guturalmente: -Goliath irá a guerra también. Mi hacha a la batalla... la guerra. Mikhelle. Yo contigo. A sus órdenes Galliard, Señor!-
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Galliard el Sáb Nov 16, 2013 6:01 am

El sonido del cuerno se extendió cual orfeón, arrebozando en el ambiente un aura misteriosa, ese era el efecto especial de la nota en el tesoro de Thalass; encendía valor y bravura en la sangre de los Ardwolf, como un eterno recordatorio de su misión en este mundo. La tribu más antigua había sido creada por Gaia con único propósito, librar las batallas en nombre de la madre de la creación y la naturaleza.
La trompeta no daba alivio, pero sí les daba a los familiares una sensación de justicia que amainaba el sabor amargo de la angustia.
Los guerreros levantaron sus armas hacia el cielo nublado de las místicas montañas del santuario licano. Y aunque no había un sol que las iluminara, brillaban a su manera, en un sentido alegórico, encarnando el alma castrense de cada uno de los lobos que la empuñaban. Los Ardwolf querían ir a la guerra, la añoraban como un niño deplora la leche materna. Así de intenso era el deseo de justicia, así de grande su índole temeraria, no por nada representaban todo aquello que significa ser un verdadero hijo de Gaia; fuerza, nobleza, lealtad y perseverancia.
La primera voz que se levantó era la más familiar de todas las que conocía. Una voz femenina, pero nada dulce o delicada, sino más bien aspera; la voz de un guerrero que a rugido y aullado en tantas batallas que se ha transformado dejando atrás de sí la suavidad y ternura de una naturaleza femenina, para erigirse como el canto bravo que solo poseen las valkirias más notables de la tribu.
Y como si personificara la voz de todos los guerreros que han estado bajo su tutela, o su puño para hacerse respetar, los demás no tardaron en atronar su voz en apoyo. Incluso el gigante de la tribu estaba ahí para respaldarlo. Aunque era demasiado orgulloso y reservado para admitirlo, tener a Goliath y Mikhelle luchando hombro con hombro junto a él, le daba una sensación de seguridad.
¡Hermanos! –Levantó su voz, a punto de emitir un discurso emotivo como era su costumbre antes de organizar una batalla, pero lo interrumpieron; como nunca nadie en 500 años de vida lo había hecho alguien. Su gesto cambió, sus ojos cristalinos reconocían a la altanera y valiente cachorra que se atrevió a levantar su voz sobre la de él.
¡Tienes que dejarme hablar!-
Decía, y su ímpetu juvenil se imponía en un arrebato que él mismo reconocía a la perfección; finalmente cuando joven él tuvo esa misma osadía de levantar su aullido de cachorro sobre la sabiduría de los ancianos del clan. Supo que nadie podría persuadirla, ni siquiera su padre, al que reconoció desde la lejanía.
Levantó la mano; en un gesto que los guerreros reconocían perfectamente, advirtiéndoles a todos que nadie debía interrumpir a la loba benjamín. Pero la decisión cambió pronto. Lo que escuchó no lo esperaba. Desde que nació los chamanes y oráculos de la raza predijeron solo su victoria, y ese día, a 500 años de lucha constante, predijeron por primera vez su derrota.
Y no fue la voz de un oráculo, o las tabas de un viejo chaman, ni siquiera una visión de Fenrir. Una niña lo había sentenciado a perder sí se precipitaba en una guerra justo ahora.
¡¡Tú!! -
Iracundo por semejante atrevimiento y falacia, perdió el control por unos segundos, lanzándose en un rumbo directo contra la niña. Torvald, un joven guerrero, prodigio en su habilidad, y normalmente callado y respetuoso con sus instructores, fue el único que se atrevió a interponerse en el camino del enrabiado líder Ardwolf. Motivado por una admiración al padre de Leona, y probablemente un amor juvenil por la cachorra que intentaba comunicar su opinión.
Lid…- No terminó la palabra, el puño de Galliard cerró la boca del joven en un golpe que le hizo volar un diente, un segundo después lo hizo volar por los aires como ejemplo de lo que le sucedería a cualquiera que intentase interponerse en su camino.

Su otro puño ya estaba listo para ir hacia ella de la misma manera, pero esta vez sí hubo una palabra que lo detuvo.- ¡Alto Galliard! – Un anciano guerrero, miembro distintivo del consejo de armas de los Ardwolf. Un hombre que había luchado al lado del padre del héroe, y que había conocido también a la madre. Uno de sus mentores más importantes. Su voz le hizo entrar en razón, deteniendo el puño a escasos centímetros del rostro de Leona.
Sangre Fenrir corre por la sangre de esa niña. Déjala hablar, podría traer consigo un mensaje de Gaia.-  Ahí estaba de nuevo,  la estúpida aprensión Ardwolf hacia la sangre mágica de los Fenrir. Las visiones de los brujos Fenrir siempre habían poseído el poder para llevar a los Ardwolf a la guerra, y por supuesto que también poseían la influencia para detener o atrasar una.
¡Argh! –Un rugido de impotencia escapó de sus labios al tiempo que alejaba el puño. Todo sucedió tan rápido que apenas pudo darse cuenta de sus acciones. Frustrado por su comportamiento, le dio la espalda a la niña para ayudar al lobo que él mismo había golpeado y arrojado por los aires. Salvo por los desafíos en la palestra, golpear e imponerse ante otro Ardwolf no le otorgaba ninguna satisfacción.
¡Habla entonces hija de León! Dime porque motivo ninguno de nosotros volveremos si partimos a la batalla justo ahora. !Dame una buena razón de porque los Ardwolf no debemos ir a la guerra! -  En el fondo esperaba que aquello fuera cierto, que la sangre Fenrir le hubiera dado una visión de Gaia a esa niña. Más que él, el indiscutible líder, el “invencible” Galliard, necesitaba la guía de la Gran Madre.
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Mikhelle Valair el Mar Nov 19, 2013 12:45 pm

Off rol Galliard y Lucas:
Señores (tanto Lucas como Galliard), este es un tema On rol, no una zona de debate acerca de si se toma o no en cuenta a un personaje per se. Si desean llevara cabo el debate, ¿por qué no abrirlo en otra zona off rol en lugar de spammear el topic?. Saludos a ambos y por favor, a pasarla bien, que para eso es el rol ^^

La vibración de los últimos acordes del Cuerno de Thalass traen consigo una especie de agitada calma, la sensación que conlleva el despertar de un sueño profundo en el cual uno se siente atrapado, con esa pesadez en las extremidades que hace imposible el regreso a la realidad. Realidad una curiosa palabra que en esos momentos, suena muda, ausente en medio de los sucesos que transcurren en cámara lenta mientras el tiempo se niega a detener su paso, acercando con cada movimiento perezoso de sus manecillas, el destino final de los Ardwolf: La gloriosa batalla, la muerte del Guerrero, el honor del sacrificio.

Eres consciente de la llegada de Goliath a tu lado, una sonrisa casi imperceptible se dibuja en tus labios -agrietados por el clima, sin esa tersura propia de las líneas femeninas- y tras dirigir al gigante una mirada de soslayo, asientes a su sentencia, confirmando las mismas con la silenciosa vehemencia de un guerrero que sabe cuando las palabras salen sobrando. Aún resientes la orden de los ancianos que te obligó a permanecer en casa, y más ahora, por que sabes que quizá si participabas en la comitiva que visitó las tierras de Fenrir, algo pudieses haber hecho para devolver al menos a varios de los fieros Hijos de Ardwolf al lado de sus familias. En esos momentos recuerdas a tu padre -el fiero guerrero que buscaba la gloria de la batalla en la sangre derramada por los oponentes- cuando marcharon a la Batalla de las Cenizas: "Aunque seamos el frente de guerra, Gaia nos mueve por un motivo. Sus designios son misteriosos y somos parte de un todo, la voluntad de la Madre es la que nosotros acatamos por medio de la fuerza que ella misma nos dió". ¿Será cierto acaso, que todo sucede por algo?; miras de nuevo a Galliard, su rostro pétreo que esconde la verdad, su mirada se encuentra apagada, inerte, sin esa chispa de fiereza que tu bien conoces, ese mismo brillo que llena de temor el alma de sus oponentes. ¿Cuándo fue la última vez que notaste esa ausencia de todo, esa falta del "algo" supremo que moviese al líder de la Tribu?; la respuesta es simple: No habías notado aquello desde la Guerra contra los Brodde, cuando la maldita bruja de Fenrir los envió como carne de cañón y Kaira pagó el precio. Ese mismo día, viste caer al Gran Galliard y levantarse de entre el sufrimiento, renovado con la sed de venganza y la inexpresividad que desde entonces, le ha caracterizado; Galliard, el líder, Galliard, tu amigo y compañero de armas. Tu hermano.

Sin embargo, como tu padre mismo dijese en su momento, los caminos de Gaia son misteriosos, y así como cuatrocientos años atrás, Aia -convertida en Fenrir- abriese la boca para presagiar la caída de uno de los clanes vampíricos más poderosos a manos de los Ardwolf, así ahora la Madre enviaba a una nueva bruja infectada con la sangre de los videntes de la tribu mística, para prevenir al líder de los horrores de una guerra como la que convocaba. La voz juvenil -aún sin modularse en el rugido del adulto, del guerrero que clama por la victoria- se eleva por encima del silencio que el Cuerno de Thalass ha impuesto, rompiendo el mítico encanto de aquel gemido lastimero y la promesa que encierra para las familias de los caídos; Leona, la Hija de León -como todos la conocían en la tribu- ruge para hacerse escuchar, sus palabras presagian el fatalismo en oposición a las órdenes del líder, tu reacción primaria es guardar la espada y mirar a la cachorra con una mezcla de ira por atreverse a intervenir en asuntos de adultos y a la vez, un rescoldo de reconocimiento, de esa fiereza propia de quien desea -necesita- ser vista y tomada como un igual, ese mismo deseo que ha marcado tu existencia, para probar ante todos, que eres digna de ser llamada Amazona. Lo que quizá no pudiste prever fue la reacción de Galliard, ese ímpetu y ese enojo para con la causante de la interrupción te hace retroceder un paso, mirar a Goliath desconcertada antes de precipitarte tras el líder Ardwolf, buscando calmar esa furia titánica que parecía destinada a caer sobre la cachorra insensata y lengua larga aún con más insistencia, luego de ver cómo un joven guerrero, llevado por motivos inexplicables para ti, cae al suelo derribado por el puño furioso del lobo alfa

-!Galliard!-

Tu voz es un rugido que se ahoga con la voz imperiosa de un anciano, tu diestra aferra con firmeza el brazo del líder mientras la sentencia del lobo le daba a la pequeña cachorra, la habilidad de hablar libremente ante sus superiores. Frunces el ceño profundamente y miras con un deje de escepticismo a la joven lobezna, si, ciertamente sangre Fenrir corría por sus venas, ¿será entonces igual que Aia?, ¿una bruja disfrazada de amazona -o de futura amazona-?, ¿un oráculo de desgracias envuelto en el frágil cuerpo de la femineidad?. Maldita sea la hora en la que Gaia le dio a los Fenrir, el poder de frenar o llevar a la guerra a los Hijos de Ardwolf. Maldita sea la hora, en la que los designios de la Madre, habían llegado en labios femeninos al pueblo guerrero, primero Aia, ahora Leona. Maldito estigma de los espíritus, en el delicado envoltorio de tus congéneres.

-Mas vale cachorra, que tus palabras tengan la sensatez que pregonas y el respaldo de un buen motivo-

Gruñes profundamente a la joven Hija de León, la chiquilla comienza a irritarte por la simple semejanza con la líder Fenrir, tu mano suelta el brazo de Galliard cuando este ayuda al joven guerrero a incorporarse, le diriges una mirada de soslayo al lobo que ostenta la marca del puño del líder en el rostro y con un bajo y fiero gruñido, le adviertes que cierre la boca y permanezca al margen de los sucesos a partir de ese momento; con una simple mirada y un leve gesto, llamas a Goliath a tu lado -pues sabes que si Galliard llega a perder la compostura, únicamente el gigante Ardwolf podría contener su ira- y te posicionas apenas un paso atrás del alfa, tensa y expectante, esperando que las palabras de la joven loba no terminen por desatar el infierno en la aldea, ese infierno externo que parece querer entrar en la Fortaleza y expandirse cual veneno.
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Niall Ragnar el Vie Nov 22, 2013 12:32 am

Desde hace tiempo esta igual… Aquella hermosa y delicada mujer que jamas pudo empuñar ni la mas ligera de las armas no ha apartado desde hace días la vista de la entrada de rígidos robles que protege la tribu como digno representante de la fortaleza de sus guerreros. Cuando estos se abren llamando la atención de todo el pueblo es una de las primeras esposas en salir corriendo a dar el cálido abrazo que tanto ansían los guerreros luego de una prolongada ausencia. El también por supuesto salio con una sonrisa tras su madre… Ansioso por contarle al viejo cantas novedades había surgido y con tanto que preguntarle. Tanto que quedaría solo en el simple deseo…
Se congelo al instante al escuchar el aullido solitario de Galliard… No escucho los llantos, ni las preguntas desesperadas hasta que vio a uno de los lobos entregarle una urna a su madre y dejándola sola entre lagrimas y sollozos. Nunca nadie en la tribu comprendió que le había visto uno de los mejores y poderosos guerreros de la tribu a tan débil mujer y como muchas veces ocurrió en su vida ningún lobo le daba si quiera una simple palmada en la espalda con la que muchos guerreros incluso juntaban valor. Ante los ojos del joven campeón nadie era mas fuerte que aquella mujer que ahora ensuciaba su túnica en el suelo húmedo y frió, abrazando lo que quedaba de el único hombre que amo y aun amaba. Solo levanto la vista cuando sus ojos azules se encontraron con aquellos mismos que se habían transmitido a un niño por el cual nadie daba ni unos segundos de vida. -Ven mama. Vamos a casa.- dijo mientras la ayudaba a levantarse. No eran necesarias las palabras entre ellos, pues los verdaderos vínculos como ese transmiten la fuerza para seguir en cada gesto, en cada mirada. Y aunque el parecía transmitir la fuerza a su madre, a los ojos mundanos, de los dos era quien mas destruido estaba, peor aun después de que su madre le dirigiera la mismas palabras que el lobo que hizo entrega de los restos relantandole la tragedia ocurrida en tierras hermanas… Ya no habría mas jornadas de entrenamiento, ni lecciones de herrería acompañados de golpes y replicas cuando algo le salia mal… Ahora de su padre solo quedaban cenizas, armas y trabajos incompletos en un taller que ahora estaría apagado, aun con el fulgor del fuego bailando en su interior. En lo que restaba del día quería acompañar a la única familia que le quedaba pero Galliard, aquel hombre que siempre había mirado con respeto, tenia otros planes. 
-Ve a casa mama, tengo que ir.-  sus ojos se fijaron en los zafiros de su progenitora con decisión y esta asintió, recibiendo un mensaje que decía mas que las palabras de su hijo. Tan pronto el Cuerno de Thalas hizo estruendo en la aldea como un rayo que parte la calma del cielo en dos un fulgor pareció encenderse en cada Ardwolf vivo. Pero, ¿que encendía ese fulgor?... Para el Ardwolf encendía solo la sed de venganza en los corazones de los hijos de Gaia pobremente disfrazado de la exigencia de justicia. Lo peor no era eso siquiera… Sino que quien se diera cuenta de aquello de seguro no tendría el valor de decirlo abiertamente… O eso creía. 
Solo pudo ver como Galliard estaba a punto de dirigirse a Mikhelle y Goliath antes de que un rugido joven y familiar para el guerrero se hiciera escuchar entre aquellos que parecían aclamar la victoria de una guerra que apenas estaba declarada. Se volvió a Leona, una hija nacida de la dualidad que tenia la sangre Fenrir para escuchar los mensajes de la Madre Gaia y con la sangre Ardwolf para darle el valor suficiente para transmitir esos mensajes. Después de todo son pocos los  que se atreven a alzar su voz en contra de las ordenes y designios de su líder sin temor a reprimendas como la que aquel lobezno  sufrió por solo ponerse en su camino. Ni dos palabras alcanzo a decir antes de recibir un puñetazo, débil advertencia del golpe que la hija de León estaba a punto de recibir. Estaba a punto de interponerse y, de seguro ser el siguiente, antes de que la voz de uno de los ancianos de la tribu se hiciera notar entre la multitud que miraba expectante a la vez que otro guerrero lo tomaba del brazo. Cuando aquel momento paso se zafo de aquel agarre violentamente y fue con Leona, colocando la diestra en su hombro. Su mirada sin embargo se mantuvo seria y reacia hasta que escucho las palabras de Mikhelle y un leve gruñido deformo su boca luego de retirar la mano, esperando haberle transmitido algo de apoyo a su joven alumna. Al lado de la imponente valkiria rubia, el joven campeón no era mas que un lobezno… Pero aun en ese corto lapso de vida que no se le equiparaba a su larga experiencia había entendido bien lo que significa ese vinculo con la Madre Gaia que los Ardwolf tanto pregonaban entender y defender pero cuando su mensaje se manifestaba a través de sus hermanos ellos huían de el como los niños que huyen de los regaños que no quieren oír. Frunció el ceño con expectativa esperando que Galliard si le había dado permiso para hablar que fuera para algo mas que alimentar su veneno mutado de la muerte de sus hermanos y la sangre Donovan. Rogaba por que el imponente Líder le demostrara que no tenia nada que temer de sus decisiones, que era solo un joven tonto temiendo por nada… Que le de a ese joven guerrero herido por la misma espada que el, el alivio que tanto anhela su alma.
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Leona Boadicea el Vie Nov 22, 2013 6:02 am

La mano cerrada sobre la piel cobriza teñida por el sol aun no le permitía liberarse mientras los ojos verduzcos de la joven se mantenían desafiantes en la mirada de su padre. Una mirada que le atravesaba como dos dagas afiladas, como si aquello que acababa de escuchar fuese la peor de las blasfemias. Leona se mantenía con sus ojos fijos en él y los labios apretados como si con estos contuviese una tormentosa verdad y, aun así, no decía palabra, mirando a su progenitor en perpetuo silencio mientras los murmullos de guerreros y chamanes se hacían escuchar a su alrededor. Esperaba el golpe…Esperaba el primero directo en el rostro, como se suele callar a los cachorros que desconocen su lugar. Aquellos que se niegan a caminar en fila como los más antiguos querían que caminase. De esa forma se entrena y educa a un guerrero Ardwolf…De esa forma se lo adoctrina para que comprenda que el mundo no está ahí para poder llevarlo por encima. La respiración que escapaba de su nariz como un resoplido y la transpiración que cubría su piel podía manifestar su miedo y, aun así, se mantenía de frente, viendo fijamente a su padre mientras sus cabelleras cobrizas bailaban con el viento, combinando sus hebras otoñales con el frío del ambiente.

Pero otro sonido fue lo que hizo que ambas miradas se alejasen una de la otra. El sonido de la tierra moviéndose feroz gracias a las pisadas temibles de un monstruo que se acercaba, mucho más grande que varios guerreros, con la mirada cubierta de ira, llenando con ésta el aire que les envolvía. Podía sentir el calor de su furia más allá del frío helado y aun así, su reacción inmediata no fue escapar. Leona le veía acercarse como un toro enfurecido, como un poderoso Huargo legendario, abriéndose paso ante su propio ejército para llegar a ella, bufando entre la comisura de sus labios como si su aliento fuese la más cruda tormenta infernal que solo se contentaría cuando encontrase un bloque en el cual descargarse. La joven sintió la mano de su padre liberando su brazo, y ni siquiera con eso fue capaz de quitar su mirada de la figura del gran Galliard que se acercaba amenazante.  Todo su cuerpo temblaba y no respondía a ningún tipo de orden porque su mente no podía darlas. Veía a ese lobo legendario, héroe de leyendas, aquel capaz de destruir un clan y llevar a una manada a la victoria por encima de miles de cuerpos de no muertos, trayendo a los licanos una era de paz, acercándose a ella…mirándola como si fuese un enemigo en ese instante. Pero ni el miedo es capaz de superar el espíritu ardiente de un licano joven nacido bajo el abrazo de la luna llena. Porque cuando Leona vio que Torvald era golpeado directo en el rostro por tratar de interferir en esa temible colisión, los rasgos de la joven se enrabiaron mostrando los dientes a la vez que todos los cabellos de su nuca se erizaron.

Quiso correr como nunca en su vida, pero sus piernas se mantuvieron clavadas en el suelo como estacas mientras las palabras escapaban de su aliento para continuar viendo a Gallaird acercarse. Estaba aterrada como pocas veces, y ni así, cedió un solo palmo. Ese golpe a Torvald debía de haber sido para ella. Sus ojos clavados en el líder, en la mirada enfurecida y enceguecida de él como si fuese una gárgola que espera el momento en el cual un puño destroza su rostro sin piedad. – No necesito un escudo…Seré la lanza…y seré el escudo… - se repetía en su mente mientras sus labios vibraban y sus ojos se humedecían sin dejar de ver al frente –  ¡Yo seré mi propio escudo! – sus labios susurraban invocando el orgullo de su sangre paterna, rememorando una plática con el guardián de los bosques de Fenrir luego de que una terrible noche de luna gibosa, la desgracia les atrapó haciendo entender a la joven que la carne no es roca…y por eso, se puede romper con extrema facilidad. Pero su vanidad era demasiada y ser protegida por un macho era algo que no toleraba, así fuese en ese momento contra un Licano capaz de quebrar sus huesos de un solo golpe. Si el dolor era el precio de llamar la atención del Líder y hacerse escuchar, con dolor pagaría, pero con el suyo, no con el de otro.

El viento vibró entre ambos y sus cabellos se movieron como furias hacia el frente cuando el aliento de Galliard cortó el espacio que le separaba de ella acariciando con su calor la piel de Leona, y entonces fue cuando los ojos de jade de ella se cerraron presionados, cayendo una lágrima de temor por su mejilla, esperando un único y seco golpe que jamás llegó. Al abrir los ojos, el puño del Lider estaba puesto ante ella, sintiendo aun el aroma de Torvald en sus nudillos. La joven abrió sus labios, tratando de formular palabra pero entonces notó que, a pesar de su fortaleza, no había músculo en su cuerpo que no temblase. Abrió los labios para respirar mientras la voz de uno de los más antiguos, el anciano de la guerra, como ella solía llamarle, aquel que tenía un ojo cegado por una cicatriz y la aguda visión de las águilas en el ojo sano que mantenía, intervino a su favor. Leona le miró con sorpresa, notando que él tenía su sabia mirada puesta en ella, casi como si un vestigio de esperanza brillase en su ser. Y fue entonces que notó que no había mirada a su alrededor que no estuviese posada sobre su cuerpo. La licana que caminaba entre dos mundos, más pequeña en tamaño que un Ardwolf de raza pura, con el sol posado en las hebras de su cabello otoñal y la piel más oscurecida que la de la mayoría de los hijos de Fenrir, ahora era la que tenía la voz para decir todo aquello a una manada de guerreros.

Oh, Gaia, ¿Cuánto hubiese dado ella por ser la de antes en ese momento? Porque esa guerra que él le ofrecía era el salto que le faltaba para mostrar su valía como guerrera y amazona. Sus ojos siguieron los movimientos de Galliard cuando éste ayudó al hermano caído en el suelo con la nobleza que podía esperar de su líder para admitir que había hecho mal. Incluso cuando el temible Lider volvió a dirigirle la palabra, todo su valor se vio empequeñecido por el temor de su sola presencia y el recuerdo de lo que acababa de pasar. Bajó su mirada, limpiando con su torpe zurda la humedad de su mejilla. ¿Qué palabras podía decir para contentar a quienes le escuchaban ahora?
-Debo hablar…- se dijo a sí misma, respirando agitada con su mirada puesta en sus compañeros y en sus superiores. Sus ojos pasaron por Mikhele y también por Goliath; por su padre y por su madre, quien fue la única que le dedicó una mirada de comprensión en ese momento. – Habla, Leona. Tienes la atención que deseabas. Esta es la única oportunidad que tendrás…Habla, hija – parecían decir los ojos transparentes de Cristal que le veían desde atrás del hombro del gran León.

La joven asintió con su cabeza en un gesto que parecía costarle más incluso que estar de pie y entonces, volvió a posar sus ojos en el Lider Galliard. Ya no hay tiempo para ser cachorro. Lo que los ojos de la joven vieron, los vestigios de sus hermanos que quedaron en la tierra, habían destruido a la niña que fue para volverla lo que hoy era. Recordó limpiar el cadáver de Úsmebu de la sangre maldita y de nuevo, el picor entre sus dedos pareció surgir, haciendo que, inevitablemente, se frotase las manos inconscientemente.

-El cuerpo recuerda…- pareció escuchar en su mente la sabia frase y entonces, se apoyó en ésta como si fuese el único estandarte de su verdad; aquel que cargaría para mantenerse en pie. Pero entonces, el peso de una mano se posó en su hombro y por un instante, ella se volvió a quien estaba a su lado. ¿Era posible que él hubiese llegado? No. Él no había salido del bosque de Fenrir. Pero, entonces ¿Quién era aquel que?…

La mirada de la joven se quedó pasmada viendo a Niall de pie a su lado, como la figura de protección y poder que había peleado contra ella, enseñándole varios trucos para sobrevivir. Un campeón, asi le llamaban y Leona sabría que lo sería porque lo fue desde el inicio. Los gestos de la joven se desdibujaron, formando una mueca de pesar al verle y negando con la cabeza…– Pasaron como una tormenta y se llevaron la vida de muchos de los nuestros. Y tan fugaz como un pestañeo, desaparecieron. – empezó a decir con voz marcada, más allá del temblor de ésta. Sus ojos veían al guerrero a su lado, casi como si buscase explicarle qué era aquello que tanto daño le había hecho a sus hombres…A su padre.- Lo siento mucho...-  Mordió su labio inferior tratando de contener la emoción de angustia y cerró los ojos, volviendo la mirada al gran Líder quien le exigía una razón para haber dicho lo que de sus labios había escapado– Gran Galliard…Su nombre es conocido por todos. Su sola mención es leyenda. “El Gran Galliard no se quedará de brazos cruzado y atacará” pero ¿Y si es lo que ellos desean?- exclamó, notándose la desesperación a medida que hablaba, marcadamente en sus manos y su rostro. Leona jamás había sido elocuente, torpe en movimientos como en palabras, éstas escapaban de sus labios antes de pensarlas siquiera – Cuando fueron a buscar al Lider Likaio conocí a uno de ellos. Gran Galliard…Nuestros enemigos tienen armas capaces de escupir plata más rápido que nuestras flechas. Tienen murallas que no podríamos saltar y ¡Tienen la sangre maldita que yo misma limpié en muchos cadáveres de hermanos! No le pido que se quede de brazos cruzados…Solo le pido que… -Abría y cerraba sus labios, moviendo las manos buscando las palabras correctas que se negaban a llegar - Necesitamos de los hermanos de Likaia y también de los hermanos Fenrir. ¡Necesitamos pensar, planear y ver contra quien nos enfrentamos! “Conoce a tu enemigo…” ¡Aprendí eso de usted! Por la fuerza con la cual Gaia nos ha bendecido ¿ Realmente conocemos a este enemigo? - exclamó dejando escapar de su garganta su propio descontento al no saber explicar bien lo que deseaba decir – Mi señor Galliard, lo seguiré a la batalla si esa es su decisión. Por mi madre, soy Fenrir y le aseguro que algo dentro de mí augura un terrible destino en caso de continuar con esto…Pero el orgullo que heredé de mi padre no tolerará ver a mis hermanos irse sin mí. Lo seguiré a la muerte de ser necesario. Todos lo haremos…- empezó a decir, mirando a todos los guerreros que le veían en ese momento, para finalizar viendo a su bravo mentor, de pie a su lado como un guardian que estaba ahí para darle la fuerza que a ella le faltaba ahora –Pero Gaia no sonríe a esta guerra… la muerte, en cambio... sí lo hace. – finalizó, cayendo sus brazos en paralelo a su cuerpo con pesar.
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Galliard el Dom Dic 15, 2013 7:04 pm

Una repentina serenidad cayó de nuevo en la flagrante imagen del líder Ardwolf, y el tizón de sus ojos también adquirió un resplandor diferente. Su talante no solo había recobrado la paz, había regresado a él algo que con el paso de los años se mitigó. Tras dejar al lobo que él mismo derribó en los brazos de otros guerreros, caminó hacia Leona y su repentino héroe. Los miró severamente, en una rígida expresión que no buscaba intimidarlos o reprimirlos; por primera vez los inquisitivos ojos del líder Ardwolf volteaban a ellos para juzgarlos como adultos.

Su mano derecha; tan grande como se podría esperar de un sujeto de sus dimensiones, se situó suavemente en el hombro de Mikhelle, intercediendo por la conciliación que él mismo había rotó. –Basta de gruñidos.- Su voz manifestó la fuerza de siempre; dirigiéndose a todos con un tono autoritario, pues eso ultimo no estaba en discusión.

Escuchó, a pesar del instinto, a pesar del atrevimiento, prestó sus oídos a las palabras de la jovenzuela, añorando muy en el fondo una señal de Gaia en ellas, pero lo que obtuvo sin embargo fue solo la transición de un cachorro que se había convertido repentinamente en un adulto. Suspiró, y luego sonrió.- Que orgulloso debe sentirse tu padre en este momento, dejas la leche del hogar materno para convertirte finalmente en un miembro productivo de la manada.- Entonces caminó hacia ellos; con esa postura pesada, con ese paso firme y robusto que le da una constante sensación de pesadez.

La diferencia entre ellos era notable, en toda la manada solo había dos lobos que superaban los atributos físicos del Colmillo Blanco, y junto aquellos joviales lobeznos su efigie retrataba el nervio de un alto Sansón. – Tus palabras suenan como las de un Fenrir, tú lógica apunta a la astucia Likaia, has aprendido bien de tus mentores en tus pequeños viajes por el seno de ambos clanes.- Asentó las manos sobre ellos un segundo, en sus hombros. – Niall, Leona, déjenme mostrarles algo.- Agregó, para luego retroceder dos pasos, y ganar ante ellos una distancia suficiente.

Con una lentitud casi gentil, se sacó de encima el abrigo de pieles. Su cuerpo cubierto por una armadura de cuerpo endurecido dejaba al desnudo la mitad de su torso; y tan solo en esa porción de su cuerpo había más heridas de las que muchos lobos adultos habían coleccionado alrededor de su vida. Con el índice de su izquierda señalo cuatro cicatrices en su pecho, depresiones arrugando su piel; no como la marca de una espada, sino más bien como la herida de un acero caliente que mordió su piel.- La piel de los lobos se regenera de las heridas normales. Cada una de mis cicatrices fue hecha por un arma de plata o por un arma encantada por la sangre de los Donovan. Conozco perfectamente las armas que escupen plata fundida, y lo terribles que pueden llegar a ser.- Infló el pecho, y luego despidió el aire en un lento y largo suspiro.

Los Fenrir y los Likaios no irán a la guerra por la sencilla razón de que la filosofía y el cálculo estan en nuestra contra en este momento. Pero yo que he estado en más guerras y en más batallas que todos ellos juntos, te puedo decir que en el campo de batalla las matemáticas, el cálculo y la filosofía pierden su significado… ¿Sabes porque los Ardwolfs hemos triunfado y prevalecido en batallas donde el resto de las tribus creían que marchábamos a la extinción? Porque creímos, porque tuvimos fe, y fuimos recompensados.- Su sonrisa lobuna; su gesto encantador, renovó su significado iconográfico.

No te pido que tengas fe en mí, te pido que pongas tu fe en la misión que Gaia nos encomendó, y sobre todo que pongas tu fe en la tribu.- Se puso el abrigo de nuevo, y luego prosiguió.- Todos los miembros del consejo de guerra den un paso adelante y manifiéstense, los demás vuelvan a sus actividades normales.- Su voz se volvió un rugido, con la suficiente estridencia para que todos lo escucharan.- Ustedes dos se quedan. Leona, te nombraré miembro honorario y temporal del consejo, para que veas por tus propios ojos que los Ardwolf no vamos ciegamente a la batalla, y tú, Niall, de ahora en adelante ocuparas el lugar de tu padre, haz que se sienta orgulloso de ti desde el valhalla.-
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Sheila Lindgren el Lun Dic 16, 2013 1:42 pm

off:
Disculpen mi intromisión tan "sheila" XD...pero me dijeron que podía postear mi llegada a la aldea  Ardwolf aquí y así unirme un poco a la trama ^^u espero que no moleste, aunque si es así o si Sheila esta muy fuera de tono con el tema me avisan por pm y borro o edito encantada, no quiero desteñir en un tema tan importante...

No tenía idea de que diablos estaba haciendo allí o en que estaba pensando cuando decidió irse con aquel lobo que había conocido en aquella horrible noche. Todo indicaba de que no pertenecía allí tampoco cosa de comenzó a lapidar su alegre e irreberente carácter, pasaba entre riñas como cuando estaba con los Likaios sólo que ahora ella no era la más grande o fuerte, muy al contrario era ahora cuado notaba más que nunca su mitad humana ya que era más débil que losotros cachorros de su edad y algo más pequeña. Al menos con los Likaios tenía la seguridad de que no la molestarían porque era más grande y los demás cachorros le temían, pero aquí era completamente al revés.
Desde su primer día los otros cachorros la miraron raro por su vestimenta y más aun cuando preguntó por un tomacorriente para recargar su móvil y además por la forma de ser que tenía, según los cachorros ardwolf Sheila era un ejemplo claro de como sepodía arruinar a un lobo joven con la basura del mundo exterior.

Pero aun así la chiquilla era terca cual mula y si los otros cachorros solían emboscarla en los callejones de la aldea guerrera, pues ella andaba por los tejados. No era tan ágil ni tan pequeña como un Likaios, pero crecer entre ellos le había dado una buena agilidad que los acartonados Ardwolf no tenían. Y así pasaron los días, Sheila se sumió en la búsqueda de su padre de una forma casi obsesiva y se pasaba el día husmeándo por cada ventana y recoveco olisqueándo o siguiendo a alguien.
En ocaciones se atrevía a huir antes de que su, ahora mentor Lucas Trenant, despertara y la llevara a entrenar o lediera una aburrida charla sobre el orgullo guerrero y cosas por el estilo. Lo que si le gustaba y escuchaba gustosa era cuando le daba lecciones sobre tácticas de guerra o de como hacer para que tu enemigo cayera en una linda emboscada, la pequeña absorvía aquella información como una esponja y en más de una ocación acotaba cosas que ponían en evidencia alguna debilidad de la táctica a estudiar.

Pero aquella mañana había vuelto a huir, se había escabullido silenciosa cual felino hasta saltar por una ventana, notaba una alegre tesión en el aire como si esperaran que algo bueno llegara másle bastó elcomentario de un niño emocionado para saber de que un grupo de guerreros iba a llegar. Lo que ocurrió a continuación fue rápido, raro y triste al mismo tiempo aunque Sheila no tenía nada que ver con nadie de los difuntos, ni sabía que había pasado donde Fenrir.
Rápidamente saltó de techo a árbol y a tejado nuevamente para situarse cerca del gran lider y así poder escuchar lo que se decía, lo único que sabía era que algo los había atacado cuando estaban con Fenrir y si estaba ella también estaba Oren. La niña sintió un nudo en el estómago y en la gargánta al pensar de que aquel lobo blanco podría haber muerto, que su hermano postizo podría estar tan muerto como los que estaban en los cofres que sostenían las viudas llorosas y cachorros que sollozaban en silencio.

De pronto todo fue tensión e ira por parte del gran lider, al parecer otra cachorra había dicho algo que a los adultos no les agrada que les digan....la verdad. Sheila se acomodó mejor en el tejado afirmándose con ambas manos en el borde para extender su cuello y así poder ver con mayor claridad sin darse cuenta de que quedaba completamente a la vista.
La chiquilla siguió cada palabra dicha con suma atención y sintiéndo algo de miedo por la chica, si a ella misma la golpeaban los otros por contestar de mala forma (según ellos) quién sabe que horrible castigo recibiría aquella loba. Pero para su sorpresa no llegó castigo alguno, si no que más bien una felicitación y una recompensa!

Sheila estaba tan estupefacta con aquello, no sabía si enojarse o alegrarse de que la otra estuviera aun viva y entera, pero lo encontraba tan injusto.
Tan concentrada estaba en sus lucha interna que no se percató del joven que la asechaba desde el suelo, uno de los "amiguitos" que disfrutaban de la "superioridad" de los pura sangre. El chico saltó y agarró una de las muñecas de Sheila haciéndola caer encima de él, la chica aprovechó para morderle con fuerza la mano que la sujetaba y huir perdiéndose entre la multitud sin darse cuenta de que iba directamente hacia el centro de la atención, ella estaba pendiénde de no encontrarse con uno de los muchachos que la molestaban y no miró hacia el frente hasta que chocó con la espalda de alguien.
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Shayne Aryn el Lun Ene 20, 2014 2:47 am

Una y otra vez la hembra licana se disponía a lanzar su cuchillo de combate contra el piso, tomarlo y lanzarlo de nuevo en un ciclo infinito que no parecía tener fin. Shayne Aryl, "la Indomable" hembra Ardwolf yacía solitaria cerca de la Arena de combate donde tantas veces había salido victoriosa. Se mantenía expectante ya que, según sus calculos, el selecto grupo que acompaño a el Líder Galliard a la morada del clan Fenrir para el Gran Concilio debía volver pronto.

Si bien a Shayne le habría encantado participar en ese selecto grupo, sabía que solo los hombres de mayor confianza de Gilliard participarían para proteger a la Leyenda Viviente de los Ardwolf, aquel estóico guerrero Licano que había pagado un gran precio en la Batalla de las Cenizas. Los tiempos se volvían dificiles para los Hijos de Gaia y era alta la posibilidad de una Guerra.

La Licana permanecía impavida, lanzando su cuchillo al piso, mientras algunos cachorros se aventuraban y corrían cerca de ella. La hembra no les prestaba atención, se había concentrado mucho más en sus oscuros pensamientos, los cuales pocas veces eran comprendidos por sus mismos hermanos. Se había dedicado todo el día a entrenarse, como lo hacía diariamente, ya fuese haciendolo sola o desafiando a los machos de la manada. Aquello se había ya vuelto una costumbre, pues Shayne era conocida desde que era una cachorra por pelear constantemente con los machos más fuertes para mostrar su valía.

Fue aquel sonido que auguraba una gran batalla lo que sacó a Shayne de sus pensamientos.Primero fue un aullido solitario, lastimero e imponente. Hubo un gran silencio y luego fue un cuerno. No había duda, se trataba del cuerno de Thalass, aquel sonido que desde hacía muchas lunas había esperado por escuchar. De inmediato se levantó, colgando su cuchillo de combate a su cinturon de cuero y, agitando su castaña cabellera cuyo largo le llegaba a los hombros de una forma sumamente desaliñada y avanzó a zancadas hasta el sitio del cual provenía el sonido.

Se encontró con muchas madres, esposas, hijos e hijas devastados, llorando desgarradoramente mientras le suplicaban a la Madre Gaia que bendijese los espíritus de los caídos. Continuó avanzando abriendose paso entre la multitud, silenciosa pero imponente, dado que su altura era mayor a la de cualquier hembra Ardwolf y los musculos en sus brazos se marcaban mucho más. -¿Pero que ha ocurrido aquí?- Escuchó hablar a un cachorro que decía que toda la guardía de Galliard había perecido y esuchó a otro más maldiciendo a los Hijos de la Sangre, aquellos que en sus venas llevaban la sangre Donovan por tan atroz ataque durante el Gran Concilio. A lo lejos diviso a su señor Galliard, junto con un grupo de guerreros que, al parecer se encontraban discutiendo alguna situación.

Rápida y habilmente, Shayne se escabulló entre sus hermanos y hermanas Ardwolf para encontrarse con Galliard, Mikhelle y Goliath, Licanos que conocía de tiempo atrás pero con quienes no había establecido ningun tipo de relación. Luego se encontró con una cachorra, en cuya sangre corría la esencia de los Fenrir, mirando con sumo temor a Galliard. Notó también al joven Licano en el piso, al anciano lobo que intentaba hacer entrar en razón a el lider Ardwolf, al Licano Niall, hijo de uno de los guerreros que acompañaron a Galliard al Gran Concilio,al lado de -si no mal recordaba- Leona.

Se situo a un lado del gran Goliath y escuchó atenta, por lo que pronto comprendió la situación: al parecer Leona acababa de desafiar a Galliard y, en un intento por protegerla, el joven que yacía en el piso había recibido un golpe de parte del macho alfa. En esos instantes Mikhelle le hablaba con autoridad a Leona quien, visiblemente temerosa y nerviosa expuso los motivos por lo que los Ardwolf no debían ir a una Guerra.

Shayne recibió aquellas palabras como un insulto a su ser y a todo su clan, los Ardwolf eran, de las 3 manadas de licántropos, los más calificados y orgullosos guerreros que habían sido bendecidos por la Madre Gaia para proteger la valía y las tradiciones de los Licanos. Quizo reprender a la cachorra por semejante excusa, pero en ese momento Galliard, haciendo gala de sus dotes como un gran líder explicó a la cachorra que  lo impulsaba a declarar una guerra abierta contra los Donovan. Shayne observó detenidamente a su lider mientras exponía sus puntos, y posaba momentaneamente la mirada en Leona y Niall, comprendiendo entonces que su padre había muerto.

Luego del ofrecimiento de Galliard hacia Leona para que fuera miembro del consejo, Shayne sintió como alguien chocaba tras de ella, lo que la hizo dar un pequeño paso hacia enfrente. Volteó y se encontró con una pequeña cachorra, una qu eno había visto antes y que al parecer iba huyendo de alguien. Shayne se volvió y se colocó de cuclillas frente ala cachorra de piel tostada que sacudía la cabeza por el golpe que se llevo. La Licana simplemente sonrio -algo muy poco usual en ella, pero al ser una cachorra hembra la que tenía frente a ella no dudó ni un segundo- y le puso la mano en la cabeza, revolviendole los cabellos color azabache -Anda, ve a jugar en otro lado- su tono de voz fue serio pero amable mientras la observaba con sus ojos de un azul profundo. Luego de aquel gesto, se incorporó inmediatamente, sacó su cuchillo de caza y se postró ante Gilliard, ofreciendo su arma al macho alfa

-Mi señor Galliard, yo confió en la tarea que nuestra madre tierra nos ha preparado y si nuestro clan ha de marchar hacia la guerra lo seguiré gustosa- la solemnidad con la que Shayne hablaba era tal que se notaba claramente la admiración y devoción que tenía por su líder -Por favor deme la oportunidad de acompañarlo a esta gran prueba que nuestra madre Gaia nos ha impuesto. 
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Niall Ragnar el Mar Ene 21, 2014 5:07 am

Niall no se había movido ni un centímetro de aquel lugar al lado de su alumna. Aun cuando el resto de la tribu solo esperaba que la joven recibiera el golpe que “merecidamente” Galliard le debía y los gruñidos que se detenían solo por la presencia del líder se escuchaban constantes y leves entre el silencio expectante, el lobo se mantenía serio y con expresión rígida aun cuando el dolor de la pérdida lo embargaba como a cualquier pequeño niño o cualquier viuda que ahora abrazaba los restos de sus seres queridos caídos. Padres, hermanos, hijos… El azote de la oscuridad les había sacado una gran parte de su fuerza. Diestros guerreros que fueron convocados para disfrutar de las delicias que ofrece el Valhala y ellos ahí, aguantando, luchando, sobreviviendo…

¿Porque Galliard lo nombró en ese momento? ¿Había sido alguna mirada suya una ventana abierta a sus pensamientos más profundos? ¿Acaso Úsmebu dijo algo? No, el no seria capaz...Ni siquiera su bella y frágil madre conocían las más oscuras dudas que aparecían en la cabeza del joven Ardwolf cada vez que recordaba las historias de victorias que envolvían a Galliard como las pieles de las que ahora se despojaba para mostrar un sin fin de heridas que venían de la mano de esa sangre maldita; la sangre que hizo caer a tantos y era símbolo de pruebas superadas en otros. Sus facciones endurecidas por el rigor de aquella tierra hostil no mutaron mientras su mente viajaba a la imagen de su padre cuando era niño. Una de las tantas veces que este se empeñaba en ofrecerle la sabiduría y el conocimiento de la herrería, un pequeño Niall veía con estupefacción las innumerables marcas de batallas hechas en la piel de su padre, como las de de su líder ahora delante de el. Y a pesar de tener su cuerpo deformado en mil líneas tanto su padre como Galliard las llevaban como medallas de honor, símbolos de la victoria y la experiencia de haber pasado por la vivida guerra.

Las palabras de Galliard fueron escuchadas con atención y expectativa de su parte, pero muy dentro de él no podía depositar su fe en ellas. No después de haber visto como la intrínseca espiritualidad de los Fenrir y el astuto ingenio de los Likaios hacían la diferencia incluso en las cosas mas minimas. Aun cuando salía a cazar en estas tierras luego de volver de sus viajes podía encontrar el alivio de una palabra de aliento en el viento helado de su tierra cuando los días todavía estaban llenos de la paz que ahora empezaba a quebrarse como el cristal, a desaparecer como el hielo congelado en los pinos cuando la primavera se acerca. Todavía recordaba claramente como aquellos que estaban más alejados de la santidad de los bosques abrazaban no solo la tecnología sino también mil soluciones derivadas de una sola cabeza como si fueran libros de ideas vivientes a la vez que estos le explicaban a un Niall totalmente escéptico como la adaptación era parte de la supervivencia. ¿En que diferenciaba la férrea determinación Ardwolf y su fe con estas cualidades tan preciosas? En sus años ese prodigio de los Ardwolf que tacharon de campeón llegó a la conclusión de que era lo mismo que hacía que esas otras cualidades también perdieran su brillo y quedaran fácilmente franqueables antes las miles de amenazas que se alzaban tras los bosques y eso era que sin las otras dos, una por sí sola no era nada… Los Fenrirs quedan extremadamente vulnerables y un golpe para ellos es un golpe directo al corazón de lo que las tres manadas proclaman defender. Los Likaios se centran en su sagaz lógica, pero si todas las puertas se le cierran en la cara y todas las posibilidades desaparecen no hay fe ni determinación que les haga seguir adelante. En cuanto a los Ardwolfls eran una implacable fuerza de choque, pero sorda y enceguecida sin un camino fijo más que el que conduce al enemigo tan franqueable y fácil de parar… Algo dentro suyo le grita que esto es la verdad pero, ¿que puede hacer él si todo eso ya salió de los labios de su alumna más que rogar a los dioses porque Galliard vea esa verdad? Otra vez ruega por que le demuestre que esta en un error al desconfiar y que en el lugar que alguna vez le perteneció a su padre en el consejo se levante el hombre que admiro desde niño, idolatrando y anhelando ser como él, para guiarlos al fulgor de la batalla con la tranquilidad de saber que hacen lo correcto, lo justo.

Cuando llamo al consejo y escucho la mención de Leona apretó la mano sobre su hombro y le palmeo. Cuando llegó su turno miró al gran macho alfa estupefacto unos momentos antes de sacudir  la cabeza como quien le llega una noticia de golpe. Aún no se acostumbraba al hecho de que su padre no estuviera entre ellos, no al menos como antes… -Si señor, lo haré-. Atino a responder antes de que se diera media vuelta sin estar seguro si lo había escuchado ahora o no. Su vieja madre debería esperar y el por su parte esperar que las noticias llegaran a sus oídos de alguna forma pues no podía pedir tiempo ni faltar al consejo del que se le había pedido expresamente que formara. Volvió a palmear el hombro de Leona y se adelantó para caminar mientras algunos lobos lo imitaban y otros dibujaban señales de aprobación en sus rostros especialmente aquellos viejos lobos que lo habían visto crecer y que ahora se sentarán con él para tratar los asuntos que corresponden a estas nuevas épocas. Nadie podía hacer o decir más, pues las circunstancias no ameritaba alegrías ni euforias. El costo de ese lugar había sido demasiado alto… En eso escucho ruidos que sólo son propios de los niños traviesos al hacer sus jugarretas y vio a la pequeña cachorra chocar justo con  la mujer más imponente de todo la manada. Casi se siente afortunado de no estar en su lugar cuando vio aquel suceso tan singular de la naturaleza -la sonrisa de Shayne- y como la guerrera le hablaba con firmeza y serenidad a la vez. Se sonrió levemente y siguió su camino, seguro de que eso quedaría ahí y ahora solo había trabajo por hacer.
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Friedrich Kramer el Vie Mar 28, 2014 5:50 pm

Friedrich aún no entendía el por qué el consejo de sabios no le había permitido partir en junto con su líder Galliard. Él había demostrado desde hace ya muchos años ser un hábil guerrero con la "habilidad extra" por decirlo de alguna manera de poder moverse en silencio, de moverse en las sombras casi sin ser visto o escuchado pero era alguien que acataba las reglas y las decisiones y más las tomadas por aquellos sabios y experimentados hombres, por alguna razón no le habían permitido partir.

El tiempo que ellos estuvieron fuera él se la pasó en la aldea, cazando y trabajando el cuero para un nuevo traje que quería pues el que portaba ya se estaba comenzando a desgastar. Mientras le estaba dando los detalles finales a su nuevo traje escuchó el aullido de Galliard, fue paciente para alistarse pero mientras lo hacía se extrañó de no escuchar el aullido de los demás guerreros -Esto huele mal...- dijo mientras tomaba el sombrero y salía al encuentro.

El único de todos los que llegaron que pudo reconocer a Galliard, no sabía quienes eran los demás pero ¿Por qué todos llevaban urnas? caminó por entre todas las personas, las esposas de los nobles guerreros comenzaban a llorar. Al escuchar el cuerno entendió todo, entendió lo que sucedía. Se quitó el sombrero y lo puso contra su pecho mientras se acercaba lentamente por entre las personas hacía la plaza, debía hablar con Galliard. Mientras se movía entre el pueblo una fuerte discusión se formo, Galliard golpeó a un licántropo e iba a golpear a otra pero fue detenido por uno de los más viejos y sabios.

Espero un poco a lo lejos a que las aguas se calmasen, todo el mundo estaba volviendo a sus actividades normales pero el debía hablar con Galliard -Mi señor...- expresó mientras se acercaba esperando que no fuese a reaccionar mal por no hacer caso de retirarse a seguir con su vida -sé que casi nadie me conoce pues no hablo con nadie y solo cumplo con mis órdenes.- se puso de nuevo el sombrero -Iré a la guerra por nuestro pueblo, iré a la guerra por Gaia.-
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Galliard el Dom Mar 30, 2014 5:36 am

Hace 500 años un anciano vidente de la tribu Ardwolf había predicho que Galliard se convertiría en el líder lobo más temible de la historia, y desde entonces tuvo que vivir con la carga del más temible auspicio; ese mismo que ahora, a kilómetros de distancia ahogaba a la única hembra lobo que podía comprender el aciago de una supuesta gloria predestinada. Pero a diferencia de su homologo Fenrir, Galliard se había entregado a las profecías, y ese peso que amenazó con ahogarlo en el fango en varias ocasiones finalmente se convirtió en fortaleza. Su espalda estaba hecha de piel y hueso, pero el nervio de su espíritu no podía ser quebrado una vez que tomaba rumbo. Los Brodde habían aprendieron esa lección demasiado tarde, y ahora un enemigo desconocido había cometido el peor error, acorralar al líder Ardwolf.

La lógica y los hechos apuntaban a una dirección; el clan de los oscuros, y en sus ojos podía verse un fuego ardiendo; los guerreros más antiguos ya habían visto esa misma mirada que pronosticaba por partes iguales gloria y extinción. Gloria para los Ardwolf, y la total aniquilación de sus enemigos.

Se había sumergido tanto en eso, en visualizar su batalla, que tardó un rato en reconocer la llegada de Shayne y Friedrich. –Discúlpenme.- Sonrió al verlos, ningún rostro de la aldea le era ajeno, y mucho menos aquellos que habían estado con él en el pasado, sosteniéndolo bajo el castigo constante de la batalla; porque los Ardwolf eran más que Galliard, aunque muchos no lo comprendían, el espíritu de los autoproclamados lobo guerreros estaba en la unión. Juntos avanzaban como una fuerza imparable, y era momento de que sus enemigos vampiros recordaran ello – Bien, me alegra oir eso por parte de ambos, porque los necesitare más que nunca.-

Vio de re ojo a la pequeña cachorra detrás de Shayne, la piel de ébano resaltaba entre ellos como lo haría una rosa en medio de tulipanes. Su tez simplemente era lo contrario a los rasgos genéricos de los Ardwolf; blancos como la leche, además de que carecia de heridas y cicatrices que ya habría obtenido un cachorro de la aldea a su edad. -¿Quién es ella?- Guardó silencio, mirándola durante unos segundos. –No importa, si no tienes con quién dejarla tráela contigo Shayne, necesito que todos los soldados destacados me sigan a las barracas de la mesnada.-
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Re: Aullidos de Guerra

Mensaje por Galliard el Dom Mar 30, 2014 6:54 am

Sí les parece bien a todos los involucrados, continuamos el tema acá:
http://guerradesangre.foro-phpbb.com/t584-sangre-de-lobo#3776
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Re: Aullidos de Guerra

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