La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

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La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Leire Mausami el Vie Nov 01, 2013 7:14 pm

Sus ojos al frente y sus brazos cruzados, uno sobre el otro. Teo conduce esa extraña maquinaria que se mueve por entre los caminos menos armados del bosque, meciéndose cual hoja que nada en el agua tormentosa. Su mirada lo dice todo cuando detiene sus ojos sobre los árboles que se cierran ante ellos. Con un deje de preocupación, la guardiana vuelve sus ojos a Ken Hirakawa quien estaba en el asiento detrás de ellos. Él debería de conocer aquellos parajes, envueltos en el abrazo de la noche, donde la línea de lo normal y lo que no lo era se perdía irremediablemente: Las tierras de Fenrir, ubicadas en los bosques perpetuos de la Bretaña Francesa. Casi como si supiesen que habían llegado, un raro sonido emerge de los árboles, acariciándoles como si se tratasen de los dedos de una madre fatigada. Maus conoce la comunicación con la naturaleza pero, el viento jamás le había hablado de esa forma. Sin saber por qué, su piel se eriza y su mirada se posa en la unidad de árboles que cierran el paso al vehículo de Teo. Sus ojos están velados por la sombra y aun así, se veían las líneas paralelas que atraviesan su entrecejo apenas. De no tener la chaqueta marrón que cubre sus brazos, sus compañeros habrían visto como los vellos que vestían sus brazos se erizaban y estaba muy segura que lo mismo pasaba con la piel de su espalda. No entendió hasta volver a escuchar el sonido del viento la razón de esa reacción de su cuerpo: Suena como un lamento, como un gemido que circunda su paso como la hoja afilada de una espada para llegar a ellos.

Dí que solo es el viento, Teo…- piensa sin dejar de ver aquella profundidad boscosa, sin mostrar en su rostro el menor rastro de miedo, pero sabiendo que algo en su interior ha reaccionado con aquello que está presenciando – Di que no ha pasado nada, Ken- vuelve a rogar, pero siempre en silencio. Temer al viento o escuchar demás sus presagios no era algo que ella acostumbrase hacer. ¿Por qué ahí, en ese lugar, algo tan salvaje y místico gritaba como un alarido constante, exigiéndolo reconocerlo? ¿Era esa la magia que envolvía los mitos de Fenrir? Qué no daría por estar ahora en Likaia tratando de abrazar esa realidad a la cual se había aferrado por tantos años. Volvió sus ojos del color de las penumbras, entre negro y purpura, al joven chaman a sus espaldas. Su mirada lo dijo todo, habló más incluso que el silencio que Mausami manejaba en ese momento -¿Sentiste eso?- y a pesar de haber dicho esas palabras con su mente, solo con su mirada, ruega en su interior que Ken dijese que no era más que el viento de Fenrir y algún temor infundado que ahora acaricia la imaginación de la guardiana.

-No podremos seguir por los caminos del bosque con este vehículo, Teo – decide romper el silencio, viendo en un movimiento lento y sereno a su hermano. No quiere hablarle de sensaciones. Han llegado ahí sabiendo que algo malo podría haber pasado y el bosque con ese recibimiento reafirmaba su teoría. ¿Qué pesar ha caído sobre sus hermanos? Piensa con cautela qué hacer mientras observa hacia adelante. La oscuridad que se filtra entre los arboles es una niebla que no llama a la tranquilidad. Aquello que reside en cada lobo reconoce a su madre dolida, herida de muerte. ¿Qué hacer en ese momento? ¿Entrar a buscar a su líder? ¿Entrar a socorrer a sus camaradas de raza? No había necesidad de siquiera preguntarle a sus amigos aquella encrucijada. Los tres que habían ido sabían a la perfección qué era lo que podían encontrar. – Debemos seguir a pie…-

Spoiler:
Chicos: Estamos en la entrada del bosque, debemos narrar como llegamos y si encontramos algo en el camino a la ciudadela de Fenrir. Ken sabe el camino ¿No es así? Y si no lo es, a rastrear jaja.
Situación: Teo perdió el contacto con la motocicleta de Alek y estamos todos preocupados por el Lider que es cabezón y se fue solo al concilio. Hagan lo que deseen, la idea es llegar. Cualquier Fenrir o Lider de otra manada puede recibirnos Smile
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Mensaje por Teudis el Dom Nov 03, 2013 6:08 pm

El motor se detuvo ante la arboleda infranqueable que se presentó ante ellos, elevándose como un muro que separaba el mundo terrenal de lo desconocido. “Y acá estamos, las tierras de Fenrir”, pensó Teudis con cierta incertidumbre en su expresión. Décadas habían pasado desde la última vez que se adentró a los bosques misteriosos de Francia, donde chamanes invocaban fuerzas que escapaban de su lógica y la tecnología que él empleaba parecía ser la hechicería en los ojos de sus habitantes, haciéndolo cuestionarse cuánto podía recordar del viejo camino, un sendero plagado de susurros espectrales y aullidos en el viento de lobos que hacía mucho habían abandonado esa tierra. Un escalofrío recorrió la espalda del ingeniero y, rápidamente, la lógica ingresó para tomar control de las emociones.

-Creo recordar el camino- afirmó, buscando a Ken para escuchar su respuesta. Si el licano oriental también lo hacía, sería un viaje mucho más sencillo de lo que estimó originalmente. Tras aquella interacción, Teudis se bajó del vehículo y exhaló cansado, con cierta expresión de urgencia en su mirada. Debían apresurarse, el enigma de qué había sucedido en el concilio y, puntualmente, con el transporte del líder de Likaia aumentaba minuto a minuto. El ingeniero sacó un bolso de la parte posterior del transporte y lo dejó en el piso, entre sus acompañantes.

Abrió el cierre y mostró un arsenal de armas humanas de increíble tecnología. Munición de alto impacto en cada rifle, suficiente para detener a un vampiro, licano o abominación con una descarga precisa. Teudis tomó una pistola más pequeña y la guardó al interior de su chaqueta, ofreciéndoles a sus compañeros que se abastezcan con algo del arsenal restante. –Por favor- insistió, concretamente a Leire. Desconocía cuáles eran las prácticas de Ken, sólo rumores había escuchado del nacido extranjero, sólo que alguna vez participó en una gran guerra humana. De su hermana, sin embargo, casi le imploró con la mirada que tomara alguno de los rifles. Tras aquello, los incitó a retomar la marcha, cargándose el bolso con el armamento restante en su espalda.

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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Ken Hirakawa el Miér Nov 06, 2013 10:00 pm

Había acudido más como guía que otra cosa con el ingeniero y la chica que me lo había pedido. No había dudado en aceptar, no había razones para no hacerlo y me permitía recordar no sólo mi parte guerrera que ha estado sumida más de 50 años en el olvido, sino ser útil. Había pocas cosas que yo podía hacer sin duda alguna y que nadie más podía hacer: esta es una de ellas.

Llevaba ropa cómoda y apropiada, vaqueros, camiseta, chaqueta de cuero y botas, algo que me pudiera servir como ventaja y no como desventaja en un terreno como este. El vehículo me parecía sofisticado y complicado, pero muy apropiado para quien conducía. En cuanto subí, bajé la ventanilla y contemplaba con mirada ausente todo lo que podía ver a través de ella.

No tardé en cerrar los ojos, dejando que el silencio o la presencia de sonido dentro del vehículo me fueran ajenos. Yo buscaba algo en la lejanía, y a veces es mejor buscar sin mirar.

Cuando nos acercamos al lindero del bosque, el viento cambia. Estiro la mano y la saco por la ventanilla sintiendo la brisa sobre mi mano. Leire se pone nerviosa y no la culpo. Pide confirmación no sólo al ingeniero, sino a mí, de que esto no es realmente nada. Abro los ojos y la miro entre la penumbra.

- Lo sentí, y no te mentiré: algo ha pasado. Pero no tengas miedo, las tierras de Fenrir son extrañas y misteriosas. El viento está triste por alguna razón...

Críptico quizá para aquellos que no están acostumbrados a hacer lo que hago yo, pero al mismo tiempo ser así es lo que me hace valioso para mi manada, y aún más en este momento.

Coincido con la chica, seguir el camino en el vehículo nos limita y no sólo en cuanto al terreno, sino a lo que es realmente la guía para mí.

El problema de la dirección se hace presente y me alegra que Teudis también conozca estas tierras.

- Yo conozco el camino, no hay nada de qué preocuparse en cuanto a eso. Déjenmelo a mí y preocúpense por otras cosas de las que no podré hacerlo yo por cuidar el camino.


Esta es mi idea de equipo: hacer lo mejor que pueda en mi área mientras los demás hacen lo mismo. No necesito cuidarme las espaldas a cada momento, si ellos pueden hacerlo, del mismo modo en que no necesitan saber cómo llegar si yo puedo hacerlo.

Bajamos del auto y cierro la ventanilla antes de cerrar la puerta. Respiro varias veces y veo que Teudis saca armas. Yo traigo mi vieja katana, pero admito que un rifle es mejor opción en muchos casos. Tomo uno de los rifles y lo que considero munición suficiente. Lo cuelgo de mi espalda al lado de la katana.

Espero a que estemos listos y tras asentir a Teudis, comienzo la marcha, siguiendo el camino correcto. El camino con la mayor carga espiritual.

- ¿Lo sienten? Así pueden ubicarse, además de simplemente con mirar el bosque. Fenrir es el lugar más espiritual.
__________________________________________________
Off: lamento la tardanza, me quedé sin internet u_u
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Leire Mausami el Sáb Nov 09, 2013 8:55 pm

Sus pies cubiertos por botas de cuero, cómodos para poder correr en el bosque y saltar entre los árboles fueron los primeros en pisar la hierba húmeda del suelo. Mientras sus ojos se perdían en la quietud atípica de los bosques, sintiendo en su piel el hielo del aliento extraño que de éstos emanaba como un canto gutural que emerge de las entrañas mismas de la tierra. Fue Teo el primero en captar su atención, más allá de que las palabras de Ken continúan golpeando en su mente generando inseguridad en la guardiana de Likaia.
-Espero que Alek esté bien – susurró con serenidad en sus facciones, pero claro temor en sus ojos los cuales rara vez decían lo mismo que sus labios. Pudo recordar aquel instante en que se reunió con Teo en la zona norte de la ciudad y elevó su mirada a los cielos, viendo con temor el mensaje de una luna que sangraba como si hubiese sido herida de muerte. Malos presagios…y más que eso, malos presentimientos.

-Caballeros, no sabemos qué encontraremos en el interior de estos bosques. Desde niña me contaban relatos de los espíritus de los licanos que caminan en los parajes profundos pero, es como siempre he dicho, no es a los muertos a los cuales debemos temer, sino a los no-muertos – su mirada era severa mientras veía con un ligero malestar aquello que Teo le ofrecía, sabiendo que era más práctico usar un arma de fuego que cualquier otra cosa. Al no saber a dónde iban ni con qué se encontrarían al llegar, era mejor contar con aquello que él amaba tanto como a su manada: Sus inventos humanos.

-Gracias – susurró a la vez que acomodó el fusil en su hombro y volvió sus ojos a la neblinosa profundidad que se abría ante ellos como una caverna peligrosa, mirando a los ojos a Teudis. En caso de peligro, Ken y ella podrían convertirse y huir, en el último de los casos. Teo no tenía esa capacidad y por eso necesitaba tener todos sus sentidos al frente, sabiendo que en caso de ser necesario, se volvería una pared entre el peligro y sus camaradas.

Ken fue quien comenzó su caminar calmo, casi como si se tratase de un espíritu con forma de hombre ante ellos. Sin decir palabra, Mausami indicó a Teo que le siguiese, introduciéndose así en los temibles y profundos bosques de Fenrir. Lo primero que acarició su hábil olfato fue el aroma a inquietud y el silencio. Un silencio tal que solo quien pudiese entenderlo comprendería que en nada infundaba quietud, muy por el contrario. Era algo palpitante, lascerante como heridas en la piel que surgen de dentro hacia afuera. El silencio de la agonía…de la nada misma.

Ha peleado con miles de formas en miles de ocasiones. Hombres y licanos, vampiros y rebeldes pero jamás en su vida se pudo sentir lista para enfrentarse a algo que no podía ver. Una sensación de miedo se apoderó de cada uno de sus pasos a pesar de que esto no se notase en su mirada profunda y lapidante, gris como el cielo cubierto de nubes que traen la lluvia en sus formas. Por eso no podía sentir lo que Ken decía. Sentir algo así en un camino era imposible puesto que con solo ponerse de pie en esa profundidad, la carga espiritual le chocaba de todas las formas posibles.

-Tengo de chamán lo que tengo de fenrir…absolutamente nada – fue su respuesta tajante mientras su mano zurda se aferraba firme al mango del fusil que cargaba como el estandarte de gloria de toda una tribu. Sus ojos agudos estaban buscando movimiento pero éste al igual que el sonido se había perdido en la nada. Y entonces, lo sintió. Sutil, tan sutil como un susurro en el oído en medio de una noche de lluvia. Tan tenue como la luz de una vela que amenaza con desaparecer – Sangre…- susurró agudizando su olfato. Pero así como aquel aroma le acarició, volvió a perderse. – Ahora entiendo por qué nunca había querido pisar este sitio. Es como si tuviese vida. Desde que entramos no logro sacarme la terrible sensación de que algo nos está mirando…-

Off: No te preocupes, Ken Smile
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Teudis el Lun Nov 11, 2013 4:55 pm

-Dudo que los espíritus se hayan cargado el sistema electrónico de la motocicleta de Alek- añadió Teudis tras las breves intervenciones de sus compañeros, adelantándose unos metros para vigilar el flanco izquierdo del grupo. Con el rifle en lo alto y el índice en el gatillo, a diferencia de Leire y Ken, el ingeniero no lo llevaba reposando en su hombro. Parecía más listo o incluso ansioso de encontrar un enemigo en los bosques de la Bretaña francesa de lo que debería estar. –Este lugar es perverso, confunde los sentidos y obnubila la mente. Enfoquémonos en buscar a la manada y no escuchemos al bosque-.

La mirada decidida del licano se volteó sólo un segundo hacia sus hermanos de Likaia, buscando la respuesta de ellos en su expresión. No sabía cómo reaccionarían ante tal propuesta, incluso estaba un poco confundido por el misticismo con el cual se expresaba Mausami, pero sentía que era necesario. Si permitía al grupo dormirse en un sueño de ilusiones y voces de otra realidad, seguramente terminarían embrujados por el hechizo del bosque de Fenrir más pronto de lo que hubiera deseado el ingeniero. Incluso si estaba comportándose como un paranoico, no quería arriesgar nada. Si algo había sucedido en el gran concilio, definitivamente no había sido obra de espectro alguno.

Teudis continuó avanzando en absoluto silencio, disponiendo los limitados recursos que tenía en su forma homínida para enfocarse absolutamente en el viejo camino. Era una senda conocida como el Paso de los espíritus, un nombre bastante apropiado para una cultura como la de aquellos bosques, el primer tramo de un laberíntico camino donde cada esquina y sección del bosque parecía igual a las otras. Tras recorrer ese desquiciante terreno, deberían llegar hacia El altar de Fenrir, otro lugar famoso por su belleza y misterios entre los licanos de las tres manadas.

-Uno debería cambiar- sugirió Lluvia-salvaje repentinamente, rompiendo su sigilosa y pausada marcha. Se apostó tras un árbol, observando hacia el frente y tomó asiento en la tierra unos momentos, dejando el rifle a un costado. –Lo he estado pensando y, entre más nos acercamos, creo que es peligroso seguir así. Somos tres desconocidos armados aventurándonos en tierras de Fenrir cuando se debería estar celebrando una reunión secreta entre líderes. No puedo ignorar la idea de que, en cualquier momento, vamos a terminar con una flecha en la cabeza. Además…- susurró, bajando su mirada hacia su propio cuerpo. Sus vestimentas distaban mucho de las de Ken y Leire, que eran más prácticas. Él vestía más como un humano o un vampiro, dependiendo de cuáles no-muertos se conociera, convirtiéndolo en un invasor de dudosa procedencia ante los ojos vigilantes de algún guardián de la espiritual manada.

-Necesitamos estar impregnados de un mensaje que diga: no somos enemigos, somos hermanos. Por otro lado, también nos va a ayudar a rastrear mejor-. Teudis esperó la respuesta de sus compañeros y, en caso de uno acceder a alterar su forma, él recibiría su rifle para cargarlo a su hombro.

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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Ken Hirakawa el Miér Nov 13, 2013 2:27 am

La chica teme, yo entiendo este lugar aunque no tanto seguramente como lo entiende un Fenrir.

- Aquí no sólo caminan los licanos. Confía en tu instinto y estarás bien. Tenemos que entrar de todos modos.

Tomo un rifle y municiones y empiezo a caminar en cuanto estamos todos listos para ello. Cada cierto tiempo, extiendo una mano, en la que llevo una pulsera de cuentas tan vieja como yo mismo, y una más reciente. No dudo al caminar porque conozco el camino, más de una forma que no puedo explicar que porque pueda ubicarme por los árboles y el terreno. Aquí, esas cosas pueden mentir, ahí radica en gran medida el peligro de este bosque.

Intento que entiendan cómo me guío por si algo sucede y nos separamos, pero debí entender que por esto mismo es por lo que me trajeron.

- Descuida, sólo sígueme y ya.

Lo mismo que yo encuentro fascinante, no le agrada a mis compañeros.

- Es que este lugar tiene vida. Lo que nos mira son los espíritus. No le presten atención, confíen en mí.

Camino entre el bosque, apartando ramas ocasionales y viendo con pada caso que doy, que en verdad el bosque es diferente de cuando paseo. Cada vez cambia, y termino cerrando los ojos por un momento más largo de lo que quizá Teudis consideraría prudente, antes de seguir.

Es entonces cuando el ingeniero se detiene detrás de un árbol y propone que uno de nosotros cambie.

- Yo lo haré, dame un minuto. A menos que Leire prefiera hacerlo.

Me acerco al árbol y saco una daga de mi bota. Corto mi palma y la pego a la corteza del árbol, justo donde sale algo de resina. Cierro los ojos y murmuro mi petición. Quiero saber el camino correcto, quiero saber cuáles son los árboles amigos que me guiarán a él.
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Marca del Lobo el Jue Nov 14, 2013 9:10 pm

Primero, un suspiro que emerge de la nada y termina por detenerse en el momento mismo en el cual los ojos del chaman se abren. EL suspiro de la tierra que finaliza en un alarido lejano.

Sigue las voces, chamán. Sigue el canto. Mientras más dolor sientas, más cerca estarás.
Así como tu sangre recorre las grietas de la corteza, ante la nada los vientos que ingresan por ningún punto mueven los cabellos de la madre tierra, como un suspiro que ruega que continúes y, a la vez, intenta decirte que no lo hagas.
De los presentes, tu lo vez con claridad, más el hombre que te acompaña no lo distingue. Solo una sensación invade a los tres como un abrazo de tundra. De repente la piel es demasiado fina para no sentir el frío roce del invierno…en un día primaveral.

A medida que se internan los sonidos empiezan a desaparecer. Y por un instante es tan profundo el silencio que la mente busca hallar sonido alguno en las inmediaciones. No cualquiera se pasea por los caminos de Fenrir, y si bien el chamán está acostumbrado a oír más allá de lo que ve, esta vez, los caminos de la diosa madre están heridos. Sangran, como su palma que cicatriza con rapidez.



Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Leire Mausami el Dom Nov 17, 2013 8:27 pm

Desde que era una niña, relatos inciertos habían llegado a su mente respecto a esa tierra misteriosa. Likaia no podía ser más diferente a ese mundo y, por un instante, sintió la sombra de la culpa ante aquel pensamiento. ¿Acaso los lobos, los primeros licanos, habían todos vividos en bosques similares? ¿Era normal que ellos, nacidos en otras épocas, recurriendo más a una humanidad que consideraban más podrida que sana, sintiesen ese abrazo primitivo como si fuese amenazador? Se negaba a creerlo, rotunda y secamente – Cuidado con lo que dices, Teo – su voz se hizo notar sin elevarse, adelantándose al paso de su hermano mientras miraba a su alrededor – Lo que tu crees que enceguece nuestros sentidos, quizás es lo que en realidad nos ayudará a ver…- agregó, volviendo su mirada a esos senderos boscosos, que parecían mitigar un dolor más profundo que cualquiera que se haya sentido jamás.

Mausami conocía esa mirada de Teo sobre ella, la misma que le había dedicado aquella noche de Luna Roja, dos días antes. Era difícil que ambos buscasen entenderse realmente, dado que eran tan diferentes como el día de la noche. Ella no comprendía la pasión de su hermano con esas criaturas humanas que tanto idolatraba y admiraba, buscando de ellos diferentes cosas para mejorar la forma de vida en Likaia. No lo comprendía porque, en el fondo, algo en su interior, le decía que los humanos perdieron su contacto con la tierra gracias a esas mismas cosas. Teo no quería contactarse con las raíces, sino directamente con el árbol y eso significaba conocer la verdad a medias, sin entender para qué existían siquiera. Para desgracia del licano hombre, las ultimas palabras que eligió para justificar el cambio de alguno de los presentes hizo que Mausami le dedicase una mirada severa, frunciendo su ceño al instante mientras los hilos negros de sus cabellos se cruzaban en su frente de alabastro – Licanos, Teo. No todo es lo que ves. Si ellos llegasen a dudar de nosotros, el aroma que emerge de nuestros cuerpos es el de hermanos…- empezó a decir pero, casi al instante, Ken admitió que sería él quien cambiase de forma. No iba a negarse a tal pedido. La verdad, cambiar no le molestaba en absoluto a ella, pero consideraba que dadas las circunstancias y la necesidad posible de recurrir a esa arma que Teo le había entregado, lo mejor era tener pulgares oponibles con los cuales manejarles. Miró al muchacho chamán casi con un gesto de gratitud en sus facciones. No tenía problemas de cambiar pero en ese lugar, le provocaba algo demasiado extraño. Temía sumirse más y más en lo primitivo de su ser, perdiendo la verdadera razón del viaje. Ella era la guardiana de Likaia y debía dar con Alek Arthes y llevarlo a la ciudad o, al menos, llevar su cadáver para escoger un nuevo líder. No había tiempo para vueltas o sentimentalismos. Todo es un entramado…

-Hazlo, Ken. Te cubriremos…- replicó con decisión, levantando el fusil de forma que el cuerpo del mismo quedase directamente sobre su hombro.
Luego de una extraña práctica que Maus no conocía, algo pasó en el lugar. No supo decir qué pero, su piel se erizó como si de repente el aliento helado de alguien acariciase su nuca. Su mirada se mantenía estoica, fuerte y fija en el frente pero, algo en ella empezó a incomodarse. Su nariz se movió un poco y sus ojos oscuros permanecían paseando de sombra en sombra, como si buscasen algo en ellas. Y fue entonces que notó algo…Tonta…¿Hacía cuanto que había notado tal cambio? – Del uno al diez, genio…¿Qué tan normal es que en un bosque lleno de animales e insectos…no se escuche absolutamente nada?- preguntó a Teo sin mirarle.
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Teudis el Dom Nov 17, 2013 9:16 pm

-No lo sé, ¿normal? Cada bosque es diferente- respondió Teudis, cuestionando la inusual pregunta de Leire con una expresión de desconcierto. No había forma de que el ingeniero encontrara el camino que sus hermanos de manada parecían buscar, resignándose a esperar el cambio de Ken para proseguir. A través de su sangre no corría el llamado de Gaia y, si alguna vez lo hizo, su eco hacía mucho que dejó de resonar en el espíritu del Likaio.

Exhaló agotado, para luego ensanchar sus pulmones con la brisa particular del bosque de Fenrir. ¿Los sonidos del bosque? Se cuestionó, percatándose que la interrogante de Mausami no era del todo descabellada. No había ningún susurro en todo el lugar, como si los árboles hubieran devorado el ruido de una naturaleza viva y enérgica. Por momentos, Teudis se sintió atrapado dentro de una cripta verde e inanimada. Era cierto, ¿cuán normal era que no existiera un solo arrullo del viento cruzando el espejo follaje?

El licano comenzó a apostarse tras el tronco que se encontraba, afianzando su agarre sobre el rifle y, por instantes, oculto a la vista de Hirakawa y su hermana, buscó la cartuchera al interior de su chaqueta, colgando a un lado de su torso, donde portaba su propia arma de defensa personal, una pistola cargada con balas de plata líquida. Su quijada se endureció y apretó sus dientes.

-No debemos estar lejos de El Paso- susurró, mientras comenzaba a levantarse, indicando que lo único que esperaba era la transformación de Ken. –Cuando quieras-.

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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Ken Hirakawa el Dom Nov 17, 2013 11:51 pm

Pego mi palma herida al tronco del árbol y susurro mi petición. Abro los ojos pero no separo mi mano y escucho un suspiro y un mensaje secreto que hace que ponga los ojos en blanco al tiempo que una expresión entrecortada escapa de mi garganta. El árbol comparte conmigo y escucho, o tal vez sólo siento al espíritu de la tierra que me pide seguir, y me pide detenerme. Todo en la "voz" sel susurro del mensajero espiritual del viento, que rodea mi cuerpo, agita mi cabello y enfría mi piel.

Cuando vuelvo a enfocar estoy hincado frente al árbol. Mi mano se deslizó hasta casi tocar la base y hay una marca roja que marca su camino. Me miro la mano, cicatriza rápido y tiene restos de resina, pero la corteza del árbol está llena de sangre. Y ahí está el resto del mensaje.

Dejo que ellos hablen y yo no lo hago hasta que la herida de mi mano ha desaparecido y Teudis apresura el paso.

- Esta tierra está herida, algo malo pasó. Para encontrar el camino, debemos acercarnos a donde la herida es más fuerte.

Me descuelgo el rifle y se lo paso a Teo.

- Si aún piensas que es una buena idea, lo haré. Pero si dudo de nuevo sobre el camino, volveré a convertirme en humano. ¿De acuerdo?
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Leire Mausami el Dom Nov 24, 2013 8:50 pm

No hay palabras de parte de la guardiana que observa constantemente a su alrededor mientras el viento helado acaricia cada centímetro de su piel casi como si le recordase  que en ese lugar, ninguno de ellos tenía control alguno de lo que podría pasar. Mientras Teo y Ken hablaban, la mirada de Maus se perdió en un cúmulo de arboles a su alrededor, teñido de sombras. Como una forma completamente negruzca dado que ni siquiera la luz lunar o solar habría llegar ahí antes. Estaba secándose, podía verlo desde el sitio donde ella estaba. Con pasos lentos, Mausami se encaminó hacia el mismo, completamente atraída por la forma bizarra de esos arboles en particular pero, entonces, se detuvo en seco a medio camino. Ahora que sus ojos le habían acercado lo suficiente, la guardiana comprendió que aquella forma no era un árbol que estaba secándose, sino que el mismo estaba pudriéndose en vida. Levantó la mirada y sobre las ramas abiertas azulinas, como si se tratase de una peste que se extiende, vio insectos, montones de ellos que habían anidado en su interior. Un gesto de asco fue lo primero que se apoderó de sus rasgos de porcelana mientras negaba con la cabeza, volviendo con su equipo. -¿Qué demonios ha pasado aquí?-se preguntó, rogando realmente que luego la misión de búsqueda les llevase con un Alek vivo, a salvo y con una manada completamente sana. Pero para quien cree en los presagios, éstos eran tan negros como la noche de luna muerta.
Fue cuando empezó a acercarse a sus camaradas de nuevo que el sonido proveniente de ese mismo árbol le hizo volver. Por un instante, la licana pensó que éste se había retorcido a sus espaldas. Le miró con desconfianza mientras sus ojos se agudizaban para buscar ver, desde su posición qué era lo que estaba pasando con esa forma en particular. De nuevo ese frío que lo envolvía pareció emerger, casi como invitándole, o rogándole que se marchasen de ese lugar cuanto antes – Teo…- habló Mausami en un susurro pero fue tan leve que éste apenas le escucharía. La mujer entrecerró los ojos y buscó ver con más cautela qué era aquel sonido que emergía del árbol pero el extraño crepitar de miles de insectos en su interior hacía que no pudiese distinguir bien. La visión de la muerte que consume desde adentro hacia afuera…Que se alimenta de la vida hasta secar del todo a su huésped, hasta pudrir su cuerpo. Y entonces, en un movimiento más salvaje, la corteza del árbol se abrió como si se tratase de una matriz que acaba de dar a luz, despidiendo una fiera que ninguno podría reconocer. Podría ser un jabalí, un alce, un licano incluso pero es tan deforme gracias a esas cosas que crecen en su interior, gracias a esos pequeños insectos que han anidado en su ser como en aquel árbol en un presagio terrible de muerte, que cualquiera de los presentes no alcanza a distinguir su naturaleza a simple vista. Sin embargo, el movimiento ha hecho que los insectos, moscas y avispas que vivían en el árbol se desplegasen mientras que la fiera corría sin cuartel hacía el trío.

-¡Atrás! – exclamó la guardiana apuntando a la bestia que se acercaba con el arma que Teo le había entregado. Sin pensar descargó dos tiros sobre la misma pero, era tanto el estado de frenesí y locura que envolvía al pobre animal que con aquello solo hizo que las avispas y moscas se despegasen de él y del árbol, formando una nube de alimañas.
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Teudis el Vie Dic 06, 2013 5:43 pm

El ingeniero recibió el rifle de Ken con presteza, asintiendo ante las palabras que le entregó junto al arma. Lo colgó en su hombro izquierdo y reafirmó su decisión con el rostro. Ante la imposibilidad de él cambiar, debía depositar su confianza en sus compañeros para realizar la transformación. Continuaba pareciéndole la elección más lógica. No sólo se encontraban en tierra de espíritus, los cuales aparentaban causar estragos en los sentidos de Hirakawa y Mausami, sino también en hogar de lobos muy protectores de sus bosques. Adentrarse sin un resguardo de esa índole era, a los ojos meticulosos de Teudis, arriesgarse a recibir una bienvenida hostil.

Sintió el llamado de Leire, pero no respondió inmediatamente. Unos segundos pasaron hasta que escapó de su garganta un apagado sonido que intentaba consultar qué sucedía. Para un trío de Likaios perdidos en un bosque insonoro, atrapado en el tiempo y congelado en el insondable espacio de su profundo verdor, cada pequeño ruido era una alerta inmediata. La voz familiar de su hermana no lo alertó, pero sí lo hizo reafirmar su agarre sobre el rifle que portaba con precaución.

Entonces, lo inesperado aconteció. Como una cruenta cinta de ficción humana, de las cuales había conocido escuetamente durante su descubrimiento del cine, una nube negra y ponzoñosa de insectos sobrevoló el área. Teudis se giró de su lugar, tropezando torpemente con la sorpresa. Con ambas palmas en el suelo, su rostro empalideció cuando se encontró con la bestia deforme y desconocida que arremetía contra ellos. Su voz enmudeció y, aunque deseó gritar, su cuerpo se convulsionó en un ataque de pánico, arrojándose de regreso tras el árbol que se había apostado anteriormente. Su rifle se encontraba en el piso, habiéndolo perdido cuando cayó, pero todavía disponía del que Ken le había entregado.

-¡Ken!- gritó frenético, pateando su arma en la tierra húmeda, esperando que el licano oriental lo recibiera. Mientras, el ingeniero descolgó su arma del hombro y se asomó del lado contrario del árbol para obtener una visión más clara de la bestia y, desastrosamente, fallar los dos disparos que liberó. –¡A los árboles!- volvió a elevar su voz, mientras comenzaba a trepar por el tronco seco de la corteza del gran roble que estaba a su espalda.

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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Ken Hirakawa el Vie Dic 13, 2013 4:57 am

Esta tierra está herida y de algún modo, me siento herido también. Los espíritus han pasado por algo tan fuerte que los ha dejado en este estado. Debemos hacer aglo, pero no sé muy bien qué hacer, así que lo aplazo para pensarlo después. Quizá baste con encontrar a nuestro alfa y al resto de los miembros del consejo, al menos es lo que quiero creer.

Le informo a mis compañeros sobre lo que vi, aunque estoy seguro de que ellos no sienten esto como lo siento yo. Mi cercanía con el mundo espiritual quizá hace que sienta ganas de llorar por esta tierra que quizá no es la mía, pero con la que comparto una cierta afinidad.

Teudis toma mi rifle y me dispongo a transformarme, pero Leire llama nuestra atención. Me aparto un poco del ingeniero, en parte porque no quiero arriesgarme siquiera a lastimarlo cuando me transforme, pero quien se apropia de mi atención es la chica. Está cerca de un grupo de árboles que parecen sumidos en una oscuridad más profunda que la que nos rodea.

Y pronto, se desata el caos...

Me cubro la cara para evitar a los insectos, pero estoy consciente de que ya no estoy armado, y de que en cualquier caso, no es posible matar así a un insecto. Giro, agito los brazos y mi cuerpo golpea con alguno de estos seres, pero no se detienen. Tampoco me detengo yo hasta que escucho mi nombre, y me abro paso dirigiéndome hacia el sonido. Aparto los insectos lo suficiente y cuando mi bota choca con algo, levanto el arma del suelo del bosque. Antes de disparar, de pensar siquiera en hacerlo, escucho el grito de Teudis y busco el primer árbol que encuentro.

Me cuelgo el arma a la espalda, y empiezo a trepar, tal y como está haciendo el ingeniero. Lo hago lo más rápido que puedo, aprovechando que soy mucho más ágil que fuerte. Me detengo en la primera rama sólida a buena distancia y descuelgo el rifle de mi espalda. Respiro y me tomo mi tiempo para enfocar la masa negra con forma de animal salvaje y dispararle un tiro certero.

Aunque, es un espíritu, ¿qué va a hacerle una bala a un espíritu?
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Leire Mausami el Jue Dic 19, 2013 7:43 pm

Como emergidas de las fauces mismas del averno, los insectos se abrieron en una nube imposible mientras la fiera, aquella que por alguna razón no caía ante el poder de las balas de metal, continuaba corriendo hacia sus hermanos. Mausami tragó un grito a la vez que buscaba cargar de nuevo ese fusil que, como nunca, se había revelado entre sus manos. Su mirada azabache y un destelló en sus ojos de zafiro demostraron la frustración a la vez que sus dedos se volvieron garras a la par del arma. Tan humana, tan inservible.

Los cabellos cortos de la guardiana se erizaron como si ésta estuviese expuesta al frío artico del invierno a la vez que sus ojos perdieron la oscuridad de la noche para brillar como perlas platinadas a la vez que cada músculo de su cuerpo se tensaba como si estuviese siendo expuesto a la más brutal electricidad. El rostro joven de la mujer empezó a deformarse ante un gesto de dolor que se manifestaba en su mirada enfurecida a la vez que su cuerpo se contorsionaba de tal manera que cayó sobre sus propios brazos. Sus manos se volvieron garras feroces y una larga y pesada melena negra cubrió cada centímetro de su piel. Sus ropas se rasgaron, sus armas cayeron al suelo y en un grito implacable que se volvió aullido, sus patas azotaron el suelo mientras se lanzaba cual feroz fiera hacia la bestia que buscaba llegar a su hermano y el chamán. Un disparo resonó más fuerte que el grito de la bestia, pero fue oculto por el sonido del avispero que acababa de formar una nube alrededor del animal. Ken había impactado pero, tan muerto como enloquecido estaba la bestia, éste siguió corriendo al punto que cualquiera pensaría que ni siquiera las balas de los hombres podría frenarle. Sin embargo, Mausami vio que éste corría más torpe que antes. La bala de Ken había impactado y por sus movimientos, seguramente fue a una de sus patas.

Sin pensarlo dio un salto emergiendo de la nube de insectos, sintiendo el hedor a putrefacción envolver su sensible olfato y, antes que la bestia llegase a golpear contra el árbol donde los licanos habían buscado refugio, la guardiana le embistió, cayendo sobre él a la vez que levantaba una de sus garras y le arrancaba parte del cráneo. Un hedor insoportable a muerte, a la vez que gusanos caminaban por la piel de ese ser. Mausami hizo un gesto de furia al echarse hacia atrás, hincándose sobre sus dos patas traseras sin dejar de ver aquel cadáver. Si había sido un jabalí, las moscas y los insectos lo habían deshecho. La muerte que ella le hubo dado con ayuda del chamán había sido lo más piadoso que se podía hacer.

Sus pasos chocaron contra el suelo y sus ojos se posaron con desdén sobre lo que había quedado de ese animal, mientras golpeaba el aire con sus garras.’ -¿Qué ha sido del bosque de Fenrir? Debemos encontrar a Alek y largarnos de aquí…’- Su voz habló directo a la mente de sus hermanos y, sin detenerse a esperar una respuesta, un profundo aullido se elevó por encima del silencio sepulcral de ese lugar, solo invadido por el aleteo de las moscas que volvían a buscar seguir devorando el cadáver de ese pobre animal muerto. –‘¡Alek!-‘
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Alek Arthes el Vie Ene 03, 2014 12:30 am

Sus ojos se abrieron como aquel que ha estado preso de una pesadilla pero no puede recordar que… ¿Para qué ser atormentado por ilusiones de sentido vago si la realidad golpea con más fuerza que cualquier horrorosa visión que la mente pueda mostrar? ¿Qué tanto importaba las visiones que lo atacaban solo a él en su mundo cuando en su pecho tenía la muestra de que sus enemigos estaban más allá del mundo onírico? El líder de la manada de los Likaios, aquel pobre y tonto líder que nada útil pudo hacer durante el ataque al concilio estaba tirado sobre el suelo, resguardado en un hogar solitario pero con buena custodia. Había tantos heridos que atender, tantos caídos que limpiar y cremar, tanto que investigar y Fenrir, aquella hermana adorable que sufría en carne propia cada herida que producía la sangre Donovan a medida que avanzaba y corrompía a cada hermano y cada centímetro de tierra que tocaba como el elixir de  oscuridad y perdición que era.
Se levantó pesadamente y se mojó la cara con agua que le habían dejado los “niñeros” que la líder le había encargado.  La medicina de los chamanes era increíble… Aun cuando la sangre le había dado de lleno se apresuraron para atenderlo con resultados más óptimos de lo que el recordaba de la medicina humana occidental. La tela que envolvía su torso le llegaba hasta debajo de los hombros pero aun así no lograba ocultar del todo las quemaduras que él, ante todo ruego y advertencia de los chamanes y sus hermanos, había decidido conservar.  Alek se había quedado en shock, viendo a la Sirena de los Muertos tomar entre sus brazos níveos a un Ardwolf caído aun cuando este seguía con aquella sangre maldita encima consumiéndole como ácido la piel. Aun en todo eso la loba de cabello carmesí se quedó con sus hermanos, aun cuando ella y su talento es una bendición demasiado grande como para perderse en un ataque que marcaba el inicio de una nueva era para todos los que estaban regidos bajo las caras de la Luna. Su canto era embelesante, pero no era para ningún vivo y mucho menos para el… Era para aquellas almas que ahora se unían las otras, era un canto llena de tristeza y lamentó como si a través de su boca sonrosada la Gran Madre expresara su dolor por que aquella sangre infernal también baño su tierra santa y fértil. Aun cuando estaba ahí, delante del agua y todavía no había siquiera salido afuera parecía poder sentir el lamento del bosque. Su aire olía tan diferente a cuando llego y a tantas otras veces que visitó los bosques…Solo diferente, simplemente diferente. Cuando atravesó el umbral de la modesta construcción se encontró con un animal, un ave mas bien. Quizás había ido para morir ahí en la noche pero ya estaba agusanada, con moscas revoloteando alrededor de su carne inerte y sin vida ahí, delante de sus pies. Se la quedó mirando un rato con aire ausente… Incluso para ese que tildan de cachorro incluso entre los de la manada que lidera no es una novedad que eso era símbolo de malos augurios.
-Lider Arthes-. Escucho a su lado, algo lejos, el llamado de un joven guerrero que se acercaba, mucho más joven que él pues se le notaba que aún no había alcanzado del todo la madurez de su cuerpo aunque el destino lo haya hecho madurar tan de repente y crecer en lo que parecía una nueva época de conflictos. –Dicen que eso…- el joven empezó a hablar pero él lo detuvo sin dejar de mirar el pájaro muerto.
- Es de mal augurio, lo sé-.  Respondió con voz firme y serena. El muchacho carraspeo y hablo finalmente para lo que lo habían llamado a buscar. 
-Se reportó a unos desconocidos a las afueras del asentamiento. Llevan armas humanas y ropa, también humana. Dos hombres y una mujer, se cree que son humanos o… - y en ese momento la paz remota del bosque, mejor dicho su silencio, se quebró en dos por un aullido que los hizo levantar la vista hacia la espesura. Alek mantenía su ceño fruncido pero lo relajo inmediatamente y sin decir nada se adelantó de inmediato a los guardias que tuvieron la suerte de no caer pero no estaban dispuestos a dejar pasar ni una sola amenaza más. No necesitaba más descripciones, aquel aullido había sido más que suficiente para saber que quienes estaban bajo la mirada aguda de los guerreros eran lobos de su propia manada.
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Marca del Lobo el Dom Ene 05, 2014 7:21 pm

Off: Estimados, dado que Teudis está incapacitado de seguir con el rol temporalmente, Mausami, Alek y Ken tienen permitido dirigir y manipular sus acciones. Claro, por favor, no lo maten, les pido. Que continue el rol.


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

Mensaje por Ken Hirakawa el Sáb Ene 18, 2014 3:25 am

Mi tiro da en el blanco, aunque el animal espiritual, si es que era tal cosa. Siento alivio por un lado, pero también siento tristeza. Sea lo que sea esto, no es su culpa que la oscuridad lo haya absorbido. Veo cómo enloquece y me preparo para darle un seguro tiro, pero Leire se abalanza sobre él. Por miedo a disparar mal, sólo veo a través de la mira y espero. Pero pese a que uno pensaría que las balas deben ser superiores a las garras, de nuevo queda demostrado que no es así. Ella es fuerte y certera, va directo a la cabeza y le arranca una parte del cráneo. Se aparta y veo que el jabalí se ha detenido, así que bajo ágilmente del árbol tras colgarme el rifle del hombro izquierdo, listo por si debía volver a utilizarlo. Me acerco a Leire y observo al jabalí, o lo que quedaba de él. Era como una masa amorfa negra, llena de oscuridad.

Volteo a mirar a Leire, quien aunque no habla en voz alta, la escucho perfectamente. Está preocupada, y con razón. Este tipo de seres no son algo normal, y mucho menos en un lugar tan espiritual como lo es el bosque de Fenrir.

- Se ha llenado de oscuridad, pero no sé por qué y no hay tiempo de tratar de averiguarlo.

Observo el bosque al escuchar el aullido. No era un buen presagio, desde que entramos aquí todo han sido malos presagios.

- ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo rastreamos? Como dice Leire, tenemos que encontrar a Alek.
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Re: La herida de Gaia [Flashback] - Ken, Teo, Maus

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