La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

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La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Sáb Oct 26, 2013 8:53 pm

El bastión del clan Donovan en Viena se levantaba ante la noche como la quilla de un barco ante las oscuras aguas del océano. Las cúpulas en punta, los arcos de ojiva, los arbotantes y los contrafuertes, los vitrales; la imponente y grandilocuente estructura que los Donovan llamaban hogar, se mostraba orgullosa en medio de las tinieblas nocturnas.


Anthony Black avanzó en medio de la oscuridad, llegando al recinto, pasando por entre los múltiples guardias que defendían la entrada principal. Desde el acontecimiento de las llamas en la fortaleza iluminada hacía un mes, los Donovan habían reforzado la seguridad en sus dominios.


El vampiro con aspecto de niño entró a la estructura y una vez bajo la bóveda de crucería que conformaba el techo, prosiguió su camino en dirección a la sala comunal del clan. Pasó por la entrada de la gran biblioteca y echó una mirada para ver al bibliotecario Emil Koubek discutiendo con sus dos sirvientes, para variar. Luego, siguió caminando y pasó por el pasillo que conduce al ala del castillo que alberga el dormitorio real de Donovan y Ursula. Luego, paso por otras salas y dependencias hasta llegar a la sala comunal que estaba casi vacía. 


Un par de vampiros conversaban en el fondo y lo ignoraron cuando él llegó, para su complacencia pues no tenía ganas de compartir con ellos tampoco. Se sentó en una butaca, masajeando su sien y lanzó un suspiro. Había tenido entrenamiento de sombras y pronto sería su prueba, la cual esperaba con ansiedad. Deseaba que por fin le otorgaran el cargo de "Maestro de Sombras", para el cual había sido convertido.


Un sirviente llegó y le preguntó si deseaba algo. -Una copa de vitae- dijo aburrido sin mirar al sirviente, quien fue por su copa al instante. Anthony echó la cabeza para atrás y descansó en la butaca, esperando su bebida.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Ileana Romanova el Jue Oct 31, 2013 10:00 pm

Ver tantos guardias y movimiento en la casa Donovan le era una situación totalmente nueva con las fechas que normalmente se celebraban tan lejos. Por su parte, Ileana estaba más ansiosa que nunca por acompañar a Úrsula  hacia los dominios de los Raphael. Lo que unía esto dos hechos era la caída de una de las Torres de la Fortaleza, un atentado al Clan más fuerte en cuanto a poder militar y el hecho de que recibieran un atentado hacia que una sensación de vulnerabilidad que caía como una losa pesada , no solo sobre los Donovan sino sobre toda la raza vampírica. Al menos eso suponía ella y la curiosidad la invadía… ¿Cuál sería la imagen de aquellos guerreros implacables ante tales ataques, uno tras del otro?
Pero mientras tanto los días avanzaban y el movimiento común de la Casa de los Donovan no se había frenado ni un poco. Ese mismo día otro vampiro llegaría a al Versalles de Viena buscando el título de Maestro de las Sombras en el que muy pocos conseguían destacar sin quedar como incompetentes. Es que los Donovan solo apuntaban a la perfección y, por supuesto, la magia y sus practicantes no eran la excepción. Como Úrsula estaba atendiendo asuntos en solitario por el momento lo único que le quedaba por hacer era sumarse a las labores de las demás doncellas hasta recibir el llamado de su amada Reina. Fue por eso que se acercó al joven Anthony, con la postura sutil y serena de siempre, con una sonrisa leve en el rostro; tan angelical y sumisa como siempre se mostraba en un principio ante todos, fuese quien fuese.

-Joven Black.- le dijo tratando de llamar su atención de forma educada. Se hizo a un lado y levanto la mano hacia el pasillo, como pidiéndole que le siguiera. – Su prueba se realizara tan pronto como mi Señor y el supervisor puedan atenderlo. Deberá disculparlos pero con el ataque a los Raphael aún tienen cabos sueltos que atar.- bien podía notarse que esa doncella no era como las demás, pues vestía diferente a otras doncellas con vestidos bien diferenciados. Ella usaba un vestido blanco, de esos que la Reina mandaba a hacer exclusivamente para ella, según ella era la vestimenta digna de la doncella personal de la nobleza.
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Mensaje por Anthony Black el Vie Nov 01, 2013 5:38 pm

El vampiro con aspecto de niño escuchó su nombre, pronunciado por una voz casi angelical. Abrió los ojos despacio y levantó la cabeza para ver a su interlocutora: una hermosa doncella. Pero había algo especial en ésta. No vestía como las otras y además, algo había en su porte que, demostraba que ella se sabía especial, superior a las otras.


Ladeó el rostro y mostrando curiosidad dijo: -¿y a quien han enviado a decirme esto? ¿Quién es usted que, además de honrarme con su fresca belleza, conoce mi nombre mas in embargo me deja con la intriga de saber la identidad de quien me pide que la acompañe?-


 Anthony se puso de pie, tomando la copa que le traía el sirviente y caminó lentamente hacia Ileana, con una sonrisa encantadora en los labios, clavando sus orbes azules en los brillantes y hermosos ojos de la vampiresa. Bebio un sorbo sin dejar de mirarla y, llegando a su lado, se agachó, aún viéndola. para tomarle la mano, besarle el dorso y sonreír nuevamente para decir: -Verdaderamente, es un placer conocerle. Sabía que las féminas del clan Donovan son todas hermosas, pero usted ciertamente resalta entre las demás. Es como aquella rosa blanca, la cual la naturaleza ha decidido dejar de pintar, en medio de un rosal carmesí. Mis ojos son honrados ante su belleza milady. Tenga por favor, la amabilidad de guiarme-
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Mensaje por Ileana Romanova el Jue Nov 07, 2013 3:28 pm

Ileana mantuvo su sonrisa hasta que escuchó el halago del joven, ruborizándose. Pero más allá de la timidez había algo más que hacía titubear a la doncella… Por muchos años evadió placeres y en ningún momento de su existencia se le ocurrió caer en ellos, ni siquiera lo tenía dentro de sus expectativas. Evadió la mirada pícara de su interlocutor hasta que este tomo su mano con delicadeza y educación antes de plantar un beso sobre su dorso.
-Ileana Romanova, señor.- Por unos momentos recordó toda las veces que tuvo, como ella lo veía, el infortunio de estar en aquella situación con un hombre. Bien sabe Ileana la naturaleza de los Donovan y todo lo que se encuentra bajo su elitismo y si hay algo en este mundo a lo que teme la doncella preferida de la Reina es que la toquen. Úrsula se lo tenía terminantemente prohibido… Si era por capricho, celos o lo que fuere jamás lo pensó ni le importaba. La Reina la quería pura, sin que nadie se atreviera siquiera a intentar tomar su sangre y si ese era el deseo de Úrsula lo haría cumplir. Perderla por una tontería así no era aceptable, no valía la pena. ¿Pero que pensaba? Nada tenia mas valor que el cariño de su Reina y por más exagerado que pareciera todo ese sin fin de ideas que pasaron por la mente de la joven le era imposible verlo de otra forma, sin revivir todas y cada una de las veces que intentaron tomarla a la fuerza sin importar el castigo que pudieran recibir. Era como un trauma, una pequeña fobia...
- Como todas las féminas del Clan Donovan, mi señor. - dijo mientras lo miraba con nerviosismo. - Si me permite, creo que le falta conocer a las mujeres de alta sociedad. Vera que no tienen comparación ante una “simple doncella”.- y por supuesto recalco aquellas últimas dos palabras con la firmeza que podía permitirse en ese momento y tenía que estar agradecida que nadie estuviera siendo testigo de aquello.  Antes de darle la oportunidad al vampiro de contestar se apartó levemente y le hizo un ademán con la mano con el que le pedía que lo acompañase. El actual Maestro de las Sombras, reconocido entre la élite por sus habilidades, estaría esperándolo si es que ya había terminado con sus deberes actuales.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Vie Nov 08, 2013 4:07 pm

Anthony Black miró a Ileana a los ojos mientras ésta le respondía y sonrió al escucharla. Justo cuando iba a contestarle, ella le hizo un además de que la siguiera y emprendió camino a lo largo del pasillo, por lo que el Niño de las Sombras la siguió, apresurando el paso para alcanzarla e ir a su lado.


-Oh pero, mi hermosa rosa blanca, mujeres de alta sociedad he visto durante toda mi existencia... de hecho, fui el hijo de posiblemente la más noble de las mujeres de alta sociedad en Gran Bretaña... y déjeme decirle que mis ojos jamás se habían posado en una belleza tan particular como la suya. Tan delicada y a la vez tan intimidante, que paralizaría de temor al más valiente de los caballeros que osaran mirarla siquiera; tan pura e inocente y a la vez tan sacrílegamente tentadora, que podría hacer que hasta los ángeles quisieran pecar. Posee usted la majestuosidad de toda la obra wagneriana, la gala de la arquitectura de Versailles y lo sublime de toda la pintura renacentista. Tiene usted, mi rosa blanca, una belleza tan cautivadora que estoy seguro que la sola visión suya, debe ser equivalente al más precioso de los amaneceres e igual de mortal.-



El querubín oscuro le dedicó una mirada con un cierto aire de travesura en los ojos y se rió, ocultando la risa detrás de la copa mientras bebía el último trago. Continuó caminando al lado de la doncella mientras prosiguió hablando.



-Pero cuénteme de usted por favor, puesto que una belleza externa sin la compañía de una personalidad acorde a la misma, es vacía y fría como una estatua de mármol. ¿De qué vale una eternidad de hermosura sin el encanto, la inteligencia y la ternura capaz de lograr que las rosas, las obras de arte y los amaneceres pierdan todo interés? Cuénteme más de usted por favor, aunque sea por este breve momento que tomará ir de un aposento a otro. Hónreme con la gracia de conocerla y saber más de usted, para que así pase de ser de una simple rosa, una simple doncella, a ser Ileana Romanova.-
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Ileana Romanova el Sáb Nov 09, 2013 8:10 pm

-Por favor, no siga.- evadiendo miradas, manteniendo la distancia y aun así el joven seguía con una cascada de halagos que hacían que Ileana no supiera donde meter la cara y que fue lo único que alcanzo a susurrar cuando Anthony dio una leve pausa de su discurso. ¿Qué pensaría Úrsula si la viera así? Desde que estaba en el Clan había evadido a cada vampiro que se le había acercado de la forma más educada posible hasta que la situación rebalsaba y lo único que podía hacer era huir, correr lo más rápido que le daban sus pies pequeños. Justo en una de esas huidas tuvo la suerte de encontrar a su pequeña Grizzy como si el destino se hubiese armonizado perfectamente con nada hecho en el momento exacto para que ambas niñas se encontraran en el bosque.
 
Cuando dijo querer conocerla la rumana se plantó frente a la puerta a la que tenía que conducirlo. Quería regresar a sus labores lo más antes posible, pero no estaba en condiciones de faltarle el respeto a un invitado. Se dio vuelta sin saber si mirarlo a los ojos o no y fue tan franca como si lo que dijera no ocultara una segunda intención. Junto sus manos delante de si y empezó a hablar como si se tratara de una lección que tenía que repetir a la perfección.- Soy Ileana Romanova, soy de Rumanía. Soy la doncella personal de la Reina, Úrsula Kozlova y ella me tiene terminantemente prohibido tener pareja o estar con alguien. Soy su regalo y solo vivo para servir a la Reina Oscura.- sus palabras fueron suaves, educadas, pero firmes. Se dio media vuelta y abrió de par en par las puertas donde estaba François esperando para que, como el respetado y talentoso Maestro de las Sombras que era, tomar la prueba que Anthony tenía que dar. Sin pronunciar palabra alguna la vampiresa hizo una reverencia al vampiro en señal de saludo y este respondió igual.
Off:
Lamento si el post quedo muy corto y vacío. x_x En segundo lugar si quieres saber quien es Francois ve  a la Búsqueda de Úrsula, ahí sabrás quien es xP
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Dom Nov 10, 2013 6:48 pm

Anthony la escuchó hablar de como Ursula no le permitiría tener pareja y sonrío al entender que sus palabras habían tenido efecto sobre la doncella. En su sonrisa había algo de picardía, incluso de desafío, mas sin embargo no respondió, pues Ileana al instante entró a la habitación donde el Maestro de Sombras esperaba por el vampiro de aspecto infantil.


Ileana le hizo una reverencia al Maestro y este le respondió. Anthony igualmente le hizo una reverencia a François y dijo: -Saludos Maestro de Sombras, es un honor que por fin se me haya dado la oportunidad de probar mi destreza en la sombramancia. Confío en que estoy a la altura de sus expectativas.-


El Niño de las Sombras giró el rostro hacia Ileana y sonriendo le dijo:



-Muchas gracias, señorita Romanova, por su agradable compañía. Ha sido un último rayo de luz, antes de sumirme para siempre en las tinieblas. Espero nos volvamos a encontrar pronto en los pasillos. De hecho, seguramente nos volveremos a ver en lo que vaya a saludar a nuestra amada Reina, una vez termine mi prueba.-


Al decir esto, volvió su atención hacia François, esperando por sus órdenes.


Off:
Tranquila, no hay problema. Perdona si suena a que cerré la interacción. Anthony entiende que solo tenias la mision de llevarlo. Si Ileana se va a quedar durante la prueba o algo, el no lo sabe.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Ileana Romanova el Sáb Nov 16, 2013 1:54 am

 No lo miro luego de hacer una reverencia ante el excéntrico maestro de las sombras y sirviente de Úrsula: Francois. Aunque este bien podría notar el extraño comportamiento de Ileana ninguno expreso más que una simple mirada que a la vez parecía decir mucho. Bastante conocían a la pequeña doncella de la Reina los miembros del sequito como para pasar por alto cualquier mínima perturbación en su aura tan serena e inocentemente reservada. Mientras ambos se presentaban la rumana camino hacia la puerta lentamente.
 -Le avisare que desea verla. - Fue lo único que respondió girándose levemente de la forma más respetuosa que podía y poniendo la debida distancia que quería y se le exigía. Tan pronto cerro las puertas tras sí Ileana salió a paso apurado a buscar a su Reina. Esperaba que necesitase algo de ella y así poder quedarse a su lado para volver a tomar aire nuevamente y seguir con su jornada. ¿Y si alguien había escuchado algo de lo que Anthony había dicho? Peor aún… ¿Si Stephan o Donovan mismo lo habían escuchado? ¿Alguien podría usar aquello para decir que encantaba a los jóvenes y así alejarla de su querida Reina? Ante ese sin fin de ideas que se forjaban en base al miedo y la paranoia Ileana tomo un respiro profundo… Luego otro. No podía permitirse, ella la perfecta doncella, mostrarse con tal actitud.  Recupero la compostura como las modelos recuperan la actitud firme y el ritmo en una pasarela y ella, actuando de igual forma, junto sus manos y empezó a caminar hacia el despacho de la rusa. “Fueron eso, solo palabras…” dijo la rumana de fríos ojos grisáceos mientras caminaba a paso lento con aquel vestido blanco acompañando sus movimientos sutiles armonizando en una imagen perfectamente angelical. La Ileana que todos conocen y ven detrás y al lado de la bella esposa de Donovan, la bailarina Úrsula Kozlova. La única persona a la que se debía enteramente, a la única a la que se mantendría fiel pase lo que pase...
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Nov 19, 2013 10:45 am

El Maestro de Sombras se encontraba con la mirada centrada en un amplio y gran espejo. Ante los ojos mundanos de Ileana, e incluso de Anthony, aquello podía percibirse como un gesto narcisista pues  mientras bebía de su copa de vino, el vástago parecía observar con mucho interés su propio reflejo. Pero aquello distaba totalmente de lo que en realidad pasaba. En realidad, el nigromante estaba invocando espíritus para la prueba del hombre que se encontraba a dos pasos de la puerta. El espejo parecía vibrar y, a diferencia del de la divina Eudoxia, la obsidiana formaba parte del marco del espejo. En unas curiosas forma que presentaba escenas de muertes una y otra vez. Para un Maestro de Sombras mostraría más cosas. Es más, incluso para los ojos no acostumbrados a las tinieblas no verían la misma imagen una y otra vez. Mutaba de la misma forma en la que mutaban los vampiros.

Las puertas se abrieron y el Maestro movió suavemente la mano haciendo que el espejo dejara de cibrar como el agua. Sus ojos azules y profundos se fijaron en el aura tenebrosa de Ileana y después en Anthony con aquella sonrisa de pillo que se dibujaba en sus labios. Francois entrecerró los ojos y respondió la reverencia de ambos. Bebió un trago de vino e invitó a Anthony a pasar a la sala. Nada amplia, más bien pequeña y poco decorada pues las escasas cosas que tenían competían por atención la una a la otra. Un par de muebles del siglo XIV tapizados en terciopelo negro, un escritorio del mismo siglo en madera de ébano, el espejo y, como no, algunos candelabros con gruesas y altas velas negras que eran la única iluminación de la sala una vez Ileana había cerrado las puertas.

-Si quieres vivir y hastiarte de las tinieblas, te recomiendo, que no vuelvas a dirigir tu lengua casanova a Ileana. La Reina te la arrancará  y después te la hará comer. Incluso cayéndole en gracia- Mencionó y su gesto no cambió. Se mantuvo serena, pero su voz, siseante, le advertía que, mejor, se abstenía de hacer estupideces alrededor de la doncella. –Bien- Dijo…Y se acercó hasta el escritorio donde una bandeja de plata tenía una copa nueva y una botella cuadrada de cristal con un líquido carmesí que, seguramente, era vino. Abandonó su copa sobre el escritorio y sirvió en la copa y mientras lo hacía murmuró suavemente unas palabras en un idioma muerto que provocó que el vino se transformó en un líquido negro y mucho más espero - ¿Conoces los riesgos de esta prueba, Anthony?- Cuestionó y se giró hacia él con la copa abrazada en ambas manos -¿Por qué, tú, quieres ser un Maestro de las Sombras?- Habían respuestas incoherentes y habían respuestas estúpidas. Ninguna era buena. Nadie en su sano juicio quería pasar por la prueba y convertirse en un nigromante Donovan. Pocos tenían las agallas de hacerlo y Francois no era flexible con los débiles. Es más, prefería no hacerle las preguntas y meterlos directamente a través del portal para que perdieran la cordura.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Miér Nov 20, 2013 11:45 pm

Las llamas de las velas danzaban haciendo que las sombras del salón en el que se encontraban bailaran con ellas... o quizás las sombras se movían solas. La verdad es que desde el momento en el que Ileana se había retirado y los sentidos de Anthony se habían enfocado en su entorno, todo se había convertido en una situación sumamente onírica.


En primer lugar estaba François, quien era un personaje digno del reino de Morfeo. La androginia que le caracterizaba, que hacía imposible discernir su género, indescifrable incluso por su nombre. Pero más allá de eso, ese misterio que le envolvía. Los zafiros que llevaba en el rostro, por medio de los cuales siempre veía todo, como si estuviese juzgando lo que le rodeaba.


Así mismo, el espejo con el que François jugaba, parecía hecho con la substancia con la que estaban confeccionados los sueños. Todo era tan surreal y al mismo tiempo, por primera vez, Anthony sentía la adrenalina en su cuerpo, desde la noche en la que fue convertido.


Pero lo que más parecía el inicio de un sueño para el querubín de la noche, era el saber que este sería el primer paso para la culminación de siglos de entrenamiento. Al fin se adentraría para siempre en las tinieblas, para convertirse en un Maestro de la Sombramancia.


El Niño de las Sombras miró a su interlocutor y sonrió ante la precaución. No dijo nada. Sabía que una réplica estaría de más, ya fuese para aceptar la sugerencia como para rebatirla. 


Para sumarse a la lista de experiencias oníricas del momento, la copa de... ¿vino? que el Nigromante de la Reina llevaba en las manos, se había tornado tan negra como la noche, bajo el efecto del maestro de sombras.


¿Conoces los riesgos de esta prueba, Anthony?- Preguntó François con el siseo característico de su voz y luego añadió -¿Por qué, tú, quieres ser un Maestro de las Sombras?- 



Anthony Black se puso totalmente serio, o más bien, por fin su rostro emuló el sentimiento que en realidad sentía en su interior, pues nunca había dejado de estarlo. Miró a François a las orbes color zafiro con sus ojos azules sin pestañear y dijo con calma y parsimonia.



-Si maestro, estoy consciente de los peligros que conlleva esta prueba. Me los han repetido millares de veces desde que inicié el entrenamiento hace siglos y aún así no han minado mi interés en presentarla. Deseo convertirme en un Maestro de Sombras porque, desde antes de mi renacimiento como vástago, ya las sombras me habían adoptado como uno de sus hijos. Ellas me cubrieron cuando quisieron acabar con mi vida al nacer, ellas me cobijaron cuando nadie velaba por mí. Fueron mi hogar cuando no pertenecía a nada ni a nadie y fueron el vehículo de mi Señora Dominique, quien fuese vástago de su mismo Sire e igualmente aprendió de él las artes de la sombramancia, Maestro.


Las sombras me cuidaron y me llevaron a que Dominique me convirtiera, para seguir su camino. Así mismo, desde ese entonces, he deseado entregarme a la oscuridad por lo que he vivido entrenando para ello y viviendo de ella, para ella y por ella. Ha sido mi compañera, mi sustento, mi herramienta, mi dueña y mi esencia.


Yo he escogido ser uno con las sombras, de la misma manera en la que las sombras me han escogido a mí, Maestro.

El vampiro con aspecto infantil sonrió levemente y calló luego de decir esto. Estaba decidido a lograr su meta y convertirse en lo que Dominique había previsto para él al momento de su abrazo. Este sería su tercer nacimiento. Primero nació como un humano... o una larva. Luego pasó a este estado de gestación o pupa en el que todo aquello que había sido antes, es totalmente destruido y reabsorbido para convertirse poco a poco en otro ser con una estructura totalmente distinta. Eso había sido para él convertirse en vampiro. Ahora, tras más de 400 años de metamorfosis, había llegado el momento de salir del capullo, en estado de imago. Había llegado el momento de convertirse en aquello para lo que había sido creado.
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Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Nov 26, 2013 12:34 pm

Lo que a Francois le molestaba sumamente de los que querían convertirse en Maestro de las Sombras es que daban por sentado que too su entrenamiento había valido la pena. Que después de tantos años ansiándolo, con “pasar la prueba” podrían realmente obtener el título. Muchas veces él se abstenía de reírse en su cara. Eran unos estúpidos si daban por sentado que sólo por el entrenamiento iban a obtener el título. Si fuese tan “fácil” todo el mundo lo obtendrían y el mismo Francois perdería su importancia en el clan. De igual manera, una de las cosas que más les sorprendía es que algunos ingenuos realmente creía que estaba en sus manos darle la aprobación. Más tarde comprenderían que él sólo era una vía de lo que el Más Allá estaba dispuesto a darles a cada uno de los estudiantes de las sombras.

Escuchó atentamente la respuesta de Anthony, dando por sentado que las sombras le habían adoptado como uno más. El francés acarició el cuello de la copa con gesto pensativo mientras la voz de Anthony seguía dándole a entender que era otro de esos chicuelos obstinados y egocéntricos cuyo conocimiento del arte les hacía superiores. A los espíritus no le gustan los petulantes pero se ahorró el comentario. Ya se daría cuenta de ello. O tal vez los espíritus se darían cuenta de quién era él primero.

-No- Corrigió con fiereza –Las sombras guiaron a Dominique- Mencionó con algo de ofuscación al oírle decir el nombre de su vieja amiga y compañera de travesuras –Ellas nos prestan atención a los humanos, Anthony. Son seres inservibles- No le interrumpió más y le dejó terminar. Francois cerró los ojos con cierto hastío –Tu seguridad te hace impertinente e insoportable y eso me molesta severamente. Te sobreestimas- Añadió y le tendió la copa con un gesto suave. Una vez que el hombrecillo la tomó se giró sobre sus talones haciendo que la túnica negra que llevaba absorbiera la luz de las velas sumiendo todo en oscuridad a excepción de un extraño halo dorado que despedía el espejo. Francois caminó hasta situarse frente al objeto y movió la mano llamando al vástago.

-Hora de tu esperada prueba- Mencionó y le indicó que bebiera de la copa anunciándole, demasiado tarde, que estaba hirviendo pese a que el contacto con el recipiente era gélido. Lo llamó con la mano para que se acercara hasta él y se colocara frente al espejo. Una vez que lo hizo, Francois tocó la superficie que empezó a ondular de una manera bastante drástica y sin más preámbulos, el Maestro de Sombra de los Donovan lo empujó haciéndole ingresar.

El cuerpo de Anthony comenzó a caer de forma brusca y rápida por el vacío oscuro que se cernía en torno a él. Mientras el clima alrededor se podría comparar con el punto más frío de la Patagonia Argentina, las cálidas manos de los espíritus regalaban caricias al sacrificio que Francois había enviado. Hambrientos, como siempre, por saber más y por controlar a este nuevo vástago, sus voces lo seducían, dándole mensajes que querían enviar…Gritándoles que los salvaran del abismo ignorando que era él quien necesitaba rescate.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Sáb Nov 30, 2013 6:56 pm

-NoLas sombras guiaron a DominiqueEllas nos prestan atención a los humanos, Anthony. Son seres inservibles-



El vampiro con aspecto infantil recibió con confusión las palabras de François. Su maestra Dominique siempre le había hecho entender esto. Los humanos eran ciertamente criaturas inferiores, pero no eran inservibles. Si se sabía como usarlos, los humanos eran una herramienta de poder infinita. Así mismo, de entre ellos se escogía a los futuros vástagos.


Así mismo, Dominique le había explicado que si bien, para los vampiros, los humanos eran inferiores, para las sombras, tanto vampiros como humanos eran simplemente piezas. Sin embargo, no osó siquiera llevarle la contraria al Maestro. Era François quien se encargaría de llevarlo a presentar la prueba y eran las sombras quienes lo juzgarían. Al final, lo que el Maestro pensara o creyera, no era importante y el querubín de la noche lo sabía. Se lo había explicado su Señora antes de ser ejecutada.


Aún más confusión le causaron las siguientes palabras de François: –Tu seguridad te hace impertinente e insoportable y eso me molesta severamente. Te sobreestimas- Anthony no entendía a que se refería el Maestro Nigromante. No había ningún dejo de soberbia en lo que acababa de responder. Acababa de aceptar que quería entregarse de lleno a la oscuridad, que las sombras eran sus dueñas. Además, ¿dónde estaba la impertinencia en estar seguro de las habilidades y los talentos propios? ¿Tanto le molestaba a François la posibilidad de que alguien alcanzara su status dentro del clan? ¿No quería acaso a otro Sombramante? 


El vampiro con rostro de niño no se sobreestimaba ni tampoco creía que este era el paso final para ser un Maestro. Nuevamente, él entendía este como el primer paso para la culminación de siglos de entrenamiento. Sin embargo, una vez más, decidió callar. No tenía sentido llevarle la contraria al andrógino.


-Hora de tu esperada prueba- dijo el francés de ojos color zafiro y le indicó que bebiera. Anthony ingirió el contenido de la copa, resintiendo la inesperada temperatura con una mueca, mas sin emitir mayor queja que una ligera inspiración apresurada por su nariz. Tragó sintiendo el ardor por su garganta y luego, observó como la habitación quedó en penumbras, pudiendo percibir un halo dorado en el espejo de François.



Se acercó a éste y entonces, repentinamente, el Maestro lo empujó hacia adentro, por lo que comenzó a caer en la oscuridad. Al principio el vértigo lo invadió por unos segundos, en la medida que su cuerpo, y sobre todo su mente, comprendían que caía rápidamente por un precipicio. Pero luego, se calmó y serenamente comprendió su situación.


Bajaba en caída libre. Por lo que estiró sus brazos para estabilizar su cuerpo y dejar de girar.  Luego de esto, abrazo sus propios brazos colocando las manos en sus hombros y los pies juntos, para quedar verticalmente, con la cabeza arriba y sus pies abajo, totalmente recto.

Extrañas entidades intentaban acariciarlo, tocarlo, halarlo. seducirlo. En aquel frío intenso, la calidez de las manos de los espíritus era sumamente tentadora. Pero Anthony no necesitaba calidez. Nunca la había tenido, ni siquiera cuando era un humano recién nacido. Nunca conoció el abrazo de una madre, ni siquiera el calor de un seno materno al ser alimentado, pues le habían dado leche de cabra en un pañuelo. Así mismo, el frío no era extraño para él. Por una década, pasó los inviernos tiritando por el clima helado, tratando de sobrevivir en las heladas paredes y pasillos a oscuras del castillo real. 

Dominique, su Señora, tampoco había sido amorosa ni cálida con él. Ella lo trataba con respeto, pero de forma sumamente marcial. Luego de la muerte de su Sire, nadie le ofreció confort ni tampoco él lo buscó. Las sombras eran su refugio y su meta.


Así que despreció las manos que trataban de seducirlo y llamarlo. Adentrándose y cayendo en la absoluta oscuridad que le rodeaba, aquella oscuridad que conocía bien, aquella oscuridad donde se sentía seguro y cómodo. Se concentró en la misma, limpiando su mente de todo, dejando en lugar de aquello, un espacio vacío y negro como la nada. Anthony Black le hacía honor a su nombre y se convertía, se fusionó con las sombras, volviéndose negro como la noche. Usando la habilidad básica de los Donovan, se convirtió en niebla y se hizo uno con las sombras.

-el primer paso para la culminación de siglos de entrenamiento.- fue lo último que resonó en su mente, antes de vaciarla por completo.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Marca de Sangre el Lun Dic 16, 2013 11:18 am

El vástago de cabellera plateada ya nada más tenía que hacer si no esperar. Él, que había vivido cada paso de aquella prueba y salido triunfador, sabía que el tiempo en aquel mundo pasaba de una manera extraña. Adelantándose y atrasándose de la misma manera en la que las sombras se retuercen alrededor de la llama más cándida de una vela. Por ello, se sentó, con paciencia mientras un solo espíritu se mantenía a su lado susurrándole historias y secretos  de guerras pasadas.

En el otro lado del portal, ahí, donde la Oscuridad era la Reina, el cuerpo débil de un vampiro caía al vacío siendo ansiado por cada sombra y espíritu que ahí residía. Los sonidos que empezaron como arrullos fueron convirtiéndose en chillidos estridentes, parecidos a los de una cruel arpía griega frustrada, cuando el jovenzuelo vació su mente y los oyó sin escuchar o prestar atención. Él tomó una acertada decisión al creer que este mundo paralelo se regía por las mismas reglas que aquel de donde su cuerpo había venido. Invocando la magia de su sangre su cuerpo se desintegró para convertirse en una densa niebla que se fundió –sólo por dos segundos- en el entorno. Fue entonces cuando una delicada y suave mano, una cual tacto él conocía, que lo tomó por los hombros y evitó su transformación. Lo obligó a tomar cuerpo entero y clavó sus cuencas vacías sobre los de él.

Una sonrisa putrefacta colgó en sus labios antes de desaparecer en una explosión de sombras mientras los pies del joven encontraban asidero y, ante él, tres puertas grises se distinguían. No había nada más. Las puertas se mantenían cerradas e iban en escala de grises, de un color más oscuro a uno más claro, en el sentido de las agujas del reloj. Estaban dispuestas en un semicírculo. Lo único que le permitía distinguir aquella situación era la llama de una extraña vela negra de cristal que se mantenía a su lado. Su tenue llama, aparentemente cálida y fogosa, sólo emitía ondas de frío y no de calor.

No había guías. No había nadie que esperara por él. Curiosamente, ni siquiera había un sonido que acariciara los sentidos del vampiro. Los espíritus se habían alejado de forma brusca en el mismo momento en el que la explosión de la mujer había ocurrido. Seguramente, se habían espantado. Y, por supuesto, no tardarían en regresar. El simple silencio, denso y cruel, llenaba la instancia con el mismo misticismo que la extraña luz que bañaba el lugar. Las puertas parecían exactamente iguales, rectangulares, mundanas incluso para lo que respectaba a la decoración que los ojos azules del vástago estaban acostumbrados a ver en la mansión de los Donovan.

Y así, durante lo que parecieron eternos minutos, se mantuvo la paz en el lugar.

Entonces los susurros, los gritos y los gemidos comenzaron. A través de las ranuras de las puertas se observó una suave luz que invitaba a curiosear. En la primera puerta, la más oscura, un halo negro empezó a desprenderse mientras los cánticos más suaves empezaban a escucharse. Estaban rezando, o eso parecía, debido a las inflexiones y pausas que hacían. Los susurros paraban de vez en cuando y, pese a que Anthony no lo oía, había una voz más profunda y cavernosa guiando aquel ritual. La segunda puerta, con una luz roja como la sangre que servía de alimento para su raza, era fuerte y estridente de la misma manera en que los gritos lo eran. Desgarradores aullidos de dolor se levantaban del lugar haciendo eco en la estancia y –casi- ocultando el resto de los sonidos. A  cualquier ser, su sexto sentido le diría que, no entrara ahí pero las pruebas de sombras no eran llevados por cualquier ser. Eran vampiros. Y tenían la Marca de Sangre en sus almas. Por último, la puerta más clara tenía un leve destello blanco que hacía evocar las imágenes de las dulces Vestales Donovan, como Ileana. Puras, inocentes, vírgenes. Sin embargo, el oído podía percibir los gemidos ahogados y otros no tanto, que se emitían de aquella puerta. Hasta el más insulso miembro de la sociedad se sentiría atraído por el morbo que despertaba en su persona.

Con el tiempo Anthony se daría cuenta que cuando sus ojos se posaban sobre alguna puerta en especial sus sonidos se hacían más notorios, más nítidos y opacaban al resto. Y, por ese remolino de sensaciones, no percibiría a la sombra de ojos encendidos que detrás de él observaba su desarrollo y su futura elección.


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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Dom Dic 22, 2013 6:11 pm

Anthony Black se había convertido en sombra por tan sólo dos segundos cuando una entidad lo devolvió a su estado corpóreo. Miró en esas cuencas vacías y la sonrisa putrefacta que el espectro le ofrecía, sin entender realmente, por que el tacto de este ser le era tan familiar.


Entonces, sus pies se posaron en un piso y frente a sí pudo ver tres cerradas puertas grises. Cada poterna variaba de un color más oscuro a uno más claro y estaban dispuestas en un semicírculo, del cual el querubín de la noche era el centro. Por las ranuras de cada batiente, se filtraba una iluminación tenue, acompañada de sonidos, que se hacían más perceptibles cuando el vampiro de aspecto infantil, posaba sus ojos sobre cada entrada... o salida.


¿Cuál puerta escoger? Esa era la cuestión. La primera, la más oscura, que despedía un halo sombrío, era acompañada por una serie de cánticos, como si un ritual se estuviese llevando a cabo detrás de su umbral. La segunda, dejaba entrever una luz rojiza y aullidos de dolor y sufrimiento se escuchaban detrás de ella. La tercera, la más clara, despedía un cálido destello, casi angelical, mientras gemidos y sonidos de placer eran emitidos más allá del umbral.


¿Cuál puerta escoger? La tercera le llamó la atención por un par de segundos, pero al instante la desdeñó, aún cuando la luz le recordó a la joven doncella que acababa de acompañarlo al cuarto donde... ¿Cuál era su nombre? Ella acababa de decírselo pero no podía recordarlo... ¿realmente acababa de escucharlo? ¿Cuánto tiempo llevaba en esa realidad? Todo lo que había pasado antes de atravesar ese espejo era como un sueño que vas olvidando a medida que transcurren los minutos, desde el momento en que despiertas. 


No le interesaban los placeres carnales ni el morbo. Si bien su eterno cuerpo infantil estaba inundado de hormonas que le llevaban a sentir curiosidad, sabía que la sexualidad era una debilidad si no se usaba con la cabeza... eso se lo había enseñado Dominique. Así que su razón le dijo que este no era momento para deleites hedonistas.


La puerta del medio le despertaba un hambre sobrenatural. El color rojo, el del vital alimento, el color de la sangre. Su instinto le impulsaba a arrojarse a esa puerta, a buscar alimento, a regocijarse ante el poder sobre sus víctimas mientras ingería el delicioso manjar, directamente de sus venas... 


Pero su razón volvió a imponerse. -Calma... sé astuto- dijo una voz en su cabeza. Sabía que, si bien el alimento era importante para sobrevivir, arrojarse a conseguirlo sin tener cuidado, podría significar la muerte. Al abandonar las sombras que lo protegían hubiese conseguido que lo mataran de pequeño, así como conseguiría que lo destruyeran ahora como vampiro... No debía abandonar a la oscuridad, al contrario, debía abrazarla.


Giró hacia la primera puerta, la más oscura y con paso decidido caminó hacia ella. Al llegar junto a la entrada, abrió la manija y entró.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Marca de Sangre el Vie Feb 14, 2014 10:54 am

La oscura puerta se abrió con suavidad y repentinamente los ruidos desaparecieron. Los ojos cristalinos del niño vampiro rodaron por la habitación viendo una escena, tal vez, familiar. Decenas de cuerpos envestidos en túnicas negras como una noche sin luna estaban reunidos frente a un altar de piedra, toscamente tallado, como aquellas obras de siglos anteriores que, curiosamente, guardaban cierto encanto en sus superficies carentes de pulitura y sus puntas poco perfeccionadas. El altar, en general, era simple. Una gran piedra principal cuyo centro se hundía hacia adentro y las esquinas de ésta, cuatro cirios negros con llamas del mismo color flameaban llenando la sala de una luz mortecina y un aroma particularmente dulce. La esencia de la muerte.

Las figuras encapuchadas se giraron con extrema lentitud hacia el nuevo visitante, casi como si sus huesos se fuesen a romper si hacían un movimiento brusco. Es más, en el silencio reinante y denso del lugar, Anthony pudo oír un chirrido asqueroso. Y aquella escena familiar se distorsionó al ver que las “personas” no eran más que esqueletos cuyas calaveras, sonrientes y perversas, observaban al vampiro con la devoción de un cazador que consigue una presa fácil.

La puerta detrás de Anthony se cerró antes de que él se percatara de ese hecho, colocando una barrera entre aquello que él mismo había sacrificado y lo que el nuevo mundo le ofrecía. Y la maciza entrada se hizo cenizas a los pies del chico mientras dos figuras se acercaban a él con premura. Al parecer, y como el rubio se daría cuenta después, la apariencia débil no era más que eso. Apariencia. Las manos huesudas se hicieron con los brazos de él y lo trasladaron a volandas al altar. Lo que tal vez él había perdido de vista eran las columnas cuyas cadenas heladas las figuras ataron a sus brazos antes de alzarlo por encima de la mesa.

Entonces, entre la multitud, se abrió paso a una figura que no distaba en apariencia de las demás pero que tenía una conexión con el niño vampiro. Sus cuencas vacías casi parecían rebosar de cierta empatía por el rubio hasta que una daga ceremonial de obsidiana apareció en sus manos, convocada por las mismas sombras que parecían pulular en su aura y formar su túnica. El esqueleto se acercó a Anthony y con un huesudo dedo acarició la suave línea de su mandíbula antes de cortar su garganta de un tajo.

Tras el movimiento el susurro de un cántico empezó a mecer la sala y, para sorpresa del vampiro, de su cuerpo no emanó sangre pero la figura siguió cortando con frenetismo, haciendo desaparecer sus ropajes y dejándole heridas penetrantes en numerosas partes del cuerpo. Ahí donde un corte podía hacerte perder la vida. La figura se quedó detenida en el tiempo clavando sus cuencas vacías en las orbes celestiales del niño tratando de transmitirle algún urgente mensaje, pero una brisa helada llamó la atención de ésta como quien recibe un grito de su superior y  se alejó del altar uniéndose y fundiéndose en la masa de criaturas que ahora rodeaban la mesa y entonaban con mayor fuerza sus canticos.

Repentinamente la sangre empezó a fluir provocando un intenso dolor repentino y lo que comenzaba a salir como el vital líquido carmesí que mantenía vivo y cálido el cuerpo del vampiro, antes de caer a la mesa se convertía en un espeso líquido negro. Casi oleoso. Y mientras más agitado se volvía el cántico, más rápido el vampiro perdía sus fuerzas y el frío de las cadenas pasaba a formar parte de su cuerpo diminuto.


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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Anthony Black el Lun Feb 17, 2014 6:54 pm

Anthony sintió miedo. No era un sentimiento al que estaba acostumbrado; de hecho, hacía siglos que no lo experimentaba. Era miedo, honesto, real. Las heridas de su cuerpo manaban sangre a borbotones y sabía bien que eso no podía ser beneficioso. Intentó mover sus extremidades con fuerza, pero las cadenas se lo impidieron. El dolor era agudo.


Pero entonces vio su líquido vital convertirse en esa substancia aceitosa y oscura, a medida que caía y viendo la negrura de la misma, su mente comenzó a divagar. Recordó la noche en que fue convertido en Vampiro y recordó como Dominique, su maestra y señora lo vació también de sangre antes de transformarlo en un ser superior. Recordó entonces que esto no era más que la transición a una nueva etapa, por lo que debía entregarse a la oscuridad, como se entregó a su señora aquella noche, sin reservas. Fue así como se calmó y decidió actuar.


Cerró los ojos y se dedicó a sentir lo que ocurría dentro de sí mismo. Sentía el líquido abandonar su cuerpo y escuchaba el cántico a su alrededor, tratando de discernir lo que decían esas voces entonadas. A medida que iba relajando músculos de su cuerpo, dejaba que el frío y la oscuridad lo dominaran por completo -lo más probable era que el frío se debiese a la ausencia de sangre, pero el vampiro con aspecto infantil no pensó en ello-. Poco a poco, dejó en manos de las sombras su corporeidad, entregándose de lleno a la oscuridad que lo tragaba.


Así, repentinamente, convirtió su ser en un ente de sombras absorbiendo la oscuridad que lo rodeaba como si ésta compensara la ausencia de vitae. Habiéndose tornado en etéreas tinieblas, sus manos atravesaron las cadenas que lo apresaban y se liberó, arrojándose al suelo, donde se fusionó con las sombras que hacían los bordes del altar que bloqueaban la luz de los cirios encendidos y la negrura que rodeaba los aposentos en que se encontraba. Hecho uno con las tinieblas, veía rápidamente todo concentrándose en pequeños detalles y saltando de sombra en sombra.


Observó la masa que había estado cantando y entre ellos al que había intentado darle un mensaje, observó el altar, las cadenas y los cirios. Se concentró en las llamas de las cuatro velas y las rodeó de oscuridad para apagarlas. Cuando la habitación quedó ennegrecida por la ausencia de luz, entonces se adentró en la oscuridad, dejando atrás el altar, viajando, por medio de las sombras, en la dirección opuesta a éste. Eventualmente llegaría a una pared y rodeando esta, alguna salida. Entre las sombras se sentía seguro y a salvo.
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Re: La expectativa antes del momento de gloria (Clan Donovan)

Mensaje por Marca de Sangre el Jue Feb 20, 2014 11:28 am

A medida que la cantidad de sangre iba cayendo sobre el altar, o, mejor dicho, el líquido aceitoso; en la parte final de la sala un cirio se alzaba  con la lentitud de quien sabe que resguarda demasiado poder. Era de forma cuadrada, a diferencia de aquellos que se encontraban en las cuatro esquinas del altar, y aunque no hubiese sido encendido era palpable que su llama sería muy diferente a las comunes. Era el poder de las sombras.

El ritual poco a poco se llevaba a cabo con normalidad. Ya Anthony había decidido a qué renunciar cuando había elegido aquella mítica puerta oscura. Los cánticos de las figuras encapuchadas dejaron de ser tan frenéticos para pasar a una tonada de altibajos que provocaban punzadas de dolor en el vampiro. Y no era para menos, el alma del rubio estaba siendo dividida en ese momento para que pudiese trasladarse a través del mundo de las sombras y obtener información sobre lugares en los que no tuviera que estar presente. La pasividad de Anthony había llamado la atención de los vástagos pero no era su deber pensar, ni hablar, ni opinar. Su deber estaba en seguir, incluso más allá de la muerte, los comandos y protocolos que la deidad de la raza había escrito de su propia sangre carmesí. Su deber era cumplir. Y punto.

Sin embargo, el Donovan se entregó demasiado rápido a las sombras que se encontraban a su alrededor, un acceso fácil, una pequeña trampa para los vástagos. Tal vez. Y como todo niño curioso e inmaduro pensó que sería divertido jugar. Atrapó con su látigo de sombras las escasas luces que emanaban aquellos cirios para opacar la sala lo que provocó que un tenso silencio se formara. Crudo. Cruel.

En una ráfaga de viento helado los esqueletos que habían pululado desde el principio en aquel salón se dispersaron rápidamente como quien huye de la furia de una bestia salvaje. Como los humanos escapaban del Kraken, como los hombres lo hacían de Medusa. Como sólo un ser inteligente haría al enfrentarse a un poder superior. Una apaciguada luz roja se estableció en el centro de la sala como si de un fuego fauto se tratase pero Anthony podía percibir que tal esencia tenía pensamientos, sentimientos. Que aquello era un ser.

Ante la vista del vampiro rubio aquella pequeña bola de luz roja fue expandiendose con gracia y lentitud, estirándose con la elegancia del guepardo que conoce cada músculo y hueso de su cuerpo. Cuando la deidad de la raza vampírica, Marca de Sangre, se alzó ante el pequeño mordedor, lo único que se podía apreciar bajo su túnica roja eran sus ojos encendidos con el mismo color del fuego que los vampiros tanto temían. La Madre de Todos ladeó la cabeza con suavidad, examinando minuciosamente al hombrecillo que tenía adelante. Conocía su historia, así como conocía a todos y cada uno de sus hijos; y más aún a aquellos que optaban por tomar una de sus pruebas.

Debajo de la curiosa túnica, cuyo aspecto recordaría a la boca de un volcán activo, cuya lava se movía esperando sólo un segundo para saltar y hacer arder tu piel, una mano de dedos pequeños y graciles se movió en dirección al rubio deteniendo aquella inexitosa búsqueda de una salida y atrapando con una fuerza invisible el delicado cuello de aquella fisionomía. Lo atrajo hacia sí, quedando tan sólo a escasos centímetros de la deidad, Anthony podía percibir el aroma a incienso que despedía –En el futuro, tal vez, si visitaba el panteón de las Cortesanas en la Fortaleza Raphael, se daría cuenta de que era el mismo apacible  y suave aroma-.

[i]-Existe algo con lo cual los niños no deben jugar, Anthony Black, antiguo príncipe y heredero de la corona de Inglaterra
- Su voz sonaba al arrullo de una madre, a las apacibles tonadas de cuna que todo bebé añoraba escuchar; aunque el tono era de profunda advertencia. Mientras tanto aquella presión que estaba en la garganta del rubio se hacía cada vez más fuerte. A un humano común ya le hubiese dado la muerte –Y esa son mis sombras, hijo mío- Los ojos de la  deidad brillaron con más intensidad –Te maldigo, Niño. Ellas te perseguirán y perderás la poca cordura que estos 400 años de no vida te han dejado. Ni en el letargo conseguirás paz. Desearás no haber nacido. Esta vez, Anthony, lo desearás de verdad- Terminó de asfixiarlo pese a que, realmente, Marca de Sangre no se había movido un milímetro desde que había ejercido la fuerza sobre el pequeño -¿Buscabas una salida? Pues quedas expulsado para siempre de mi mundo. Ni en la muerte podrás cruzar el umbral- Tras dicho esto una llamarada roja y naranja abandonó la túnica de la Madre de Todos e impulsó a Anthony contra la pared con rudeza, movimiento que lo trasladó directamente a la habitación de Francois, el Maestro de Sombras.


______________________________________________________________________


El andrógino ser había tomado todas las previsiones necesarias para el retorno de Anthony. Había solicitado a Ileana una de sus Vestales para que prestara su vena al niño a sabiendas de que perdería muchísima sangre en aquella prueba y regresaría debilitado, a punto de morir. De la misma forma, tenía a mano el incienso ceremonial para encender su cirio en el preciso momento en el que cayera en sus manos.

-Stella, preferiría que esperaras al lado izquierdo del espejo. En cuanto cruce tienes que meterle tu muñeca en la boca. No toleraré que pierdas un segundo- Advirtió con aquel acento francés que tras años, añísimos, de no vida nunca había perdido –Puede ser que llegue a rechazarte. Es un vampiro orgulloso, pero…- Se la quedó mirando con intensidad antes de acercarse a ella mientras sus ojos de zafiro se coloreaban en un profundo rojo, sus colmillos destellaron con fiereza pese a que aquel hombre no sentía un ápice de hambre o deseo, y los clavó directamente en su muñeca derecha lo que provocó un grito en la delicada mujer –No seas escandalosa. Sé que otros han sido más bruscos contigo- Señaló y dejó correr un poco de sangre por el brazo de la mujer antes de tomarla con los dedos y embadurnar su muñeca izquierda –La naturaleza responderá por él si su personalidad se interpone-

Hizo un gesto suave para que cerrara su muñeca derecha, realmente no podía perder sangre. El rubio hijo de Dominique necesitaría todo el vitae posible para reponerse del viaje. La dama se lamió con prontitud y se puso del lado del espejo que el Maestro de Sombras había decidido aunque se sentía medianamente mareada por la oleada de sensaciones que recorrían su cuerpo ya que la habitación del francés estaba llena de diferentes cosas aromáticas y tenía un aspecto gótico que nada tenía que ver con una doncella nacida durante el Romanticismo.

Francois ignoró a la mujer durante las horas que pasaron y miraba de manera constante el espejo de obsidiana sin encontrar respuesta alguna. Siendo honestos, a él le importunaba tener que someter a la gente a este tipo de pruebas porque anulaba su proyección en las sombras y desconocía qué sucedería; si volvería, si no; si lo haría vivo o muerto; si obtendrían el poder o serían malditos; eran demasiadas cosas que pensar. Volvió sobre sus pies hasta el bar donde accedió a tomar otro de sus fuertes brebajes para mantener en paz su alma cuando un estruendo catastrófico irrumpió en el silencio de la sala.

Vidrios rotos y el grito de la Vestal hicieron que Francois se volviera sobre sí mismo para observar al niño rubio en el piso con  el cuerpo desnudo expuesto y quemaduras en éste. Agradeció que la estúpida doncella cumpliera su orden y corriera a sus pies para clavarle la muñeca en la boca sin darle oportunidad de hablar. En eso, Francois se acercó con los ojos entrecerrados hasta el niño vampiro y buscó sin éxito lo que recibían los Maestros de Sombras cuando le era otorgado el don. No obstante, no podía creérselo -¿Dónde está el cirio, Anthony? ¿Qué has hecho con él?- Preguntó arrodillándose, dando por sentado que había sido autorizado tras el tiempo que había pasado en el Otro Lado.




OFF: El resultado final de la prueba, es decir, sus consecuencias; las recibirás por Privado.


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