Listen to the Rain

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Mensaje por Arcueid van Rip el Sáb Oct 26, 2013 12:56 am

Un ruido acariciaba sus oídos, despertándola como si fuera un beso y ella una simple “bella durmiente más”. Había un olor húmedo en el ambiente que encantaba sus sensibles sentidos, algo frío en su frente… Aquellos orbes de gélidos glaciares se dejaron ver mientras poco a poco la vampiresa iba despertando de su sueño. Sintió de inmediato como el auto que la llevaba pasaba por un bache antes de golpearse levemente la frente al rebotar contra el vidrio. Aún estaba demasiado somnolienta como para reaccionar… Se encontró con una tormenta fuerte afuera, de aquellas en que los truenos aprovechan para bailar en la lejanía. Algunos de sus mechones color fuego se habían mojado por la humedad y se habían pegado al vidrio. Probablemente estaba hecha un desastre entre la fatiga del viaje y aquellas palabras… Las palabras de Galliard que golpeaban peor en su mente y dolían más que cualquier herida física o mental que haya recibido o pudo haber recibido antes.
Intento levantarse y sintió un dolor fuerte en la garganta; se llevó automáticamente la mano y sintió la tela rodear su cuello. ¿Qué había sucedido? Entonces recordó ese fuerte agarre… La mirada llena de odio y angustia de aquel licántropo, tan diferente a la que le profeso cuando creía que solo era un vampiro más en vez de la descendiente de aquel que le había arrebatado, quizás, lo único que pudo haber amado en este mundo. Le costaba tragar y moverse prácticamente era un desafío. Volteo a ver y comprobó que quien manejaba el auto era su querida cortesana, Sophia. La rubia estaba muy concentrada en el volante cuando ella despertó, por lo que no se percató de esto hasta pelirroja la llamo. La cortesana le regreso una sonrisa amistosa, una de esas tantas en las que quería encontrar el balance perfecto entre la amabilidad y alegría que quería transmitir sin que su orgullo fuera herido por hacer algún gesto de los que consideraba “aniñados”. –Así que ya despertaste.- necesitaba descansar y ella lo sabía. Pero obviamente no toleraría que eso se resumiera a una simple siesta en un auto… Tenía conocimiento de su encuentro con el licano más temido y de que era una suerte que estaba viva. Por eso era que sonreía… Pero desconocía totalmente el cruce de palabras que estos dos tuvieron durante el encuentro. La cortesana desconocía aquel océano caótico que ahora azotaba fuerte la mente de la pelirroja. Volvió la vista enfrente luego de que esta le dedicara una pequeña sonrisa, cansada pero amistosa, porque sabía bien que siempre que algo ocurriera, lo que sea, podía contar con el apoyo incondicional de aquella pequeña rubia que había rescatado de las calles parisinas.
Tras pasar los muros exteriores de la fortaleza, por la ventana pudo ver aquel espacio donde ahora solo se encontraban los escombros pesados que aún no se podían sacar. Era como si aquella porción de cielo que ahora mojaba con fuerza hubiese perdido parte de su belleza así como los Raphael habían perdido parte de su orgullo cuando esa imponente construcción cayo. En el hotel donde paso a buscarla la rubia le contó todo lo ocurrido mientras curaba sus heridas y la llenaba de vendas. Otro golpe más, uno tras otro como una batalla; una batalla que estaba, evidentemente, perdiendo. No pudo estar ahí para ayudar a salvar el cuerpo de Raphael, ni para ayudar en los trabajos de rescate posteriores, ni siquiera para buscar pistas acerca del culpable. Mientras tanto ella “jugando” con Galliard; revolviendo la tierra del pasado que creía haber dejado atrás. Fueron tantas las veces que pensó en marcharse, en tomar un nuevo camino lejos de los Raphael… Muchas veces miraba a Evans y a Layla, preguntándose si el irse arreglaría las cosas; si era su presencia lo que había apagado ese amor que tanto le dibujaron entre bromas y anécdotas. Si Eliah volvería a ser el mismo chico del que alguna vez le hablo Dimitri: alegre, valiente, inocente inclusive en vez de aquel vampiro corrompido por el odio. Miraba a Raphael por las noches, aguantando las quejas de sus soldados… “¡¿Por qué la proteges?! ¡Mato a TU heredero!” ¿Cuántas veces escucho las mismas palabras? Todo aquello pareció desfigurarse como la imagen perturbada de un espejo de agua por una simple piedra. Se quedó ante el espejo de su habitación un largo rato… Mirándose. Recordó la charla que  tuvo con Evans  hacía ya varias noches atrás. “Sí has cambiado, roja. No eres la chica que traje de España” dijo él. Todo lo que era ella… ¿Había sido por nada? Por todo lo que habían pasado el Clan Raphael, la Torre de  las Cenizas… ¿Todo eso fue en vano?
 
Todo parecía un mal sueño producto de un deseo que hubiese tenido hace mucho tiempo atrás seguramente. Pero al bajar la mirada a aquel morado que sobresalía de los vendajes de su cuello la mirada del Líder de los Ardwolf parecía más nítida que un simple sueño. En aquel bosque frío donde solo la sangre resaltaría con intensidad ante la nieve pudo ser testigo de algo que quizás, nadie más había visto. Y otra vez parecía contagiarse de forma empática de su dolor, de su impotencia. Levanto la mirada a su cabeza… Un golpe que no recordaba bien. Escuchaba a Sophia darle recomendaciones: que medicina tomar, que no debía bañarse sola y que no la desobedeciera.  Le dejo más ropa limpia aparte de la camisa blanca y el jean que tenía puesto, pero nada de ropa de combate, de eso tendría que abstenerse por un buen tiempo.  - ¿Necesitas algo más, Arc? – pregunto antes de dejarla sola en la habitación. La pelirroja se sentó en una mesa, al lado de una ventana con pesadas cortinas que cubrían la entrada del Sol en días despejados, por suerte podía darse el lujo de correrlas y ves la lluvia caer copiosa sobre la ventana. –Llama a Evans. Tengo que hablar con el.- fue lo único que dijo. Sus únicas palabras en el viaje, al entrar a la Fortaleza… Lo único que diría por el momento.


Última edición por Arcueid van Ripper el Dom Oct 27, 2013 2:33 pm, editado 1 vez
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Evans Cromwell el Dom Oct 27, 2013 12:27 pm

-Cierra los ojos por dos segundos…Solo dos y espera que todo pase. Por dos segundos, somos tu y yo…Tu y yo… - Las manos de Isis delineaban sus hombros mientras su chaqueta descansaba en el suelo así como su remera oscura. Estaba tenso y ella lo notó solo con verle. A ese nivel le conocía. Y por supuesto, haciendo uso de sus manipuladoras garras logró que él accediese a olvidarse por un momento de todo lo que podía estar mal en la fortaleza. ¿Eliah? Desde que se hubo enfrentado con él por la idiota que él quería hacer pasar por guerrera los ánimos estaban caldeados con su camarada. Y no era un misterio que la visión de Raphael crucificado había golpeado varias mentes dentro de los guerreros, cosa que se podía sentir en el ambiente mismo. Y finalmente, claro que no menos importante, Arcueid. No la había visto desde hacía demasiado tiempo y si bien Sophia hablaba y trataba de dar vueltas el tema, convenciéndole de que ella estaba bien, de que había salido a buscarse o encontrarse a sí misma y mierdas como esas, algo en lo más profundo de su ser le decía que ella estaba en peligro y él estaba demasiado lejos para llegar a salvarla. Cuando estaba por perder el control frente a Sophia, lo que quedaba de su sentido común le decía que era una amazona y, muy a su pesar, debía respetar su voluntad. Él no era Dimitri…Él no tenía derecho a exigirle que le dijese dónde y con quién estaba…así lo hiciese cada bendita vez que podía.

-Nena, de verdad, solo…- empezó a decir, tratando de hacer que Isis le envolviese, permitiéndole cerrar los ojos y adormecerse entre sus brazos claros y suaves, sintiendo el aroma a sándalo que emanaba de su piel cálida – Shhh….Evans, yo sé que…- empezó a decir cuando el sonido de un golpe en la puerta interrumpió aquel instante de calma al cual el cazador se había dejado someter después de tanto tiempo. Aspiró, cerrando los ojos con molestia, apretándolos mientras echaba la cabeza hacia atrás. Isis sabía que no debía decirle que no abriese. Ultimamente, la fortaleza exigía más que nunca a los cazadores activos, ya sea para limpiar los bosques, hacer misiones de reconocimiento o evaluar por decimoquinta vez el sistema de seguridad tan fácilmente ultrajado un mes atrás. Con paso pesado el mercenario caminó hacia la puerta, mirando la misma con cansancio el cual se veía reflejado en el entorno de sus ojos, oscurecidos por las ojeras que envolvían su mirada. Para Isis eso le daba un toque sombrío que lo hacía mucho más atractivo. Para él era una forma noble de decir ‘Evans, tienes las ojeras de un mapache’.

Al abrir la puerta sus ojos ambarinos se encontraron con la pequeña Sophia. Tuvo que pestañear dos veces para entender qué hacía ella frente a él. Si bien la muchacha era cercana de Arcueid, era muy extraño que apareciese golpeando la entrada de su habitación. Evans sacó la cabeza, con el ceño fruncido y miró hacia atrás de la muchacha, esperando ver a alguien más con ella, sin embargo, estaba sola. Volvió a ver a la joven quien tenía una mirada diferente a la que solía dedicarle y le miró con curiosidad - ¿Qué? – preguntó finalmente. -¿Carlyle me mandó a llamar?- La muchacha negó con la cabeza y solo bastó una palabra para que toda la energía de Evans volviese a su cuerpo.

Arcueid.

El camino que separaba su habitación de aquella donde estaba la pelirroja se le hizo infernalmente largo. No esperó que Sophia le acompañase, y si ella gritaba a sus espaldas, no le escuchó. Había que remarcar que tenía una facilidad notoria para ignorar a la muchacha puesto que no era secreto que no la soportaba demasiado y el sentimiento era mutuo.  
Abrió la puerta con cuidado sin carecer, aun así, de firmeza. Sin pedir permiso ingresó al cuarto, respirando y sintiendo como si el peso de una cruz hubiese caído al suelo al ver la cabellera roja intensa de Arcueid cayendo sobre su espalda. Le miró al entrar, incrédulo de aquello que parecía una visión en esos momentos. Sin mediar palabra fue hacia ella y la envolvió en sus brazos, aferrándose a su cuerpo como si éste fuese a desvanecerse de un momento a otro. Es que había soñado ese momento desde que pasó lo de la caída de la Torre. Él llegaba a salvar a Arcueid y cuando la veía y la tomaba en brazos, su figura se desvanecía entre sus dedos. Sin embargo, ahora ahí estaba. Todo su ser estaba ahí y él no podía soltarla así pusiese toda su voluntad en ello. Recordó el maldito instante en que entró en su alcoba y no la vio, pensando que ella era una de las víctimas de la explosión.

Aun así, su cordura no tardó en regresar, abriendo sus manos y liberando a la muchacha apenas hubo notado que lo que hacía no era correcto. Pasó saliva y sonrió nervioso, mirándola con el ceño fruncido - ¿qué decirte, roja? Te extrañé… - diría, con una sonrisa abierta mientras se acomodaba el cabello echándolo hacia atrás, haciendo él lo mismo con sus pasos tratando de desviar el tema de la acción que acababa de cometer. Fue entonces que se tomó el tiempo de mirarle; de recorrer cada centímetro de su cuerpo con la mirada ambarina y aguda que poseía. Y entonces la sonrisa desapareció así como su tranquilidad. Era un guerrero. Reconocía el cuerpo golpeado con facilidad y las marcas, ligeras puesto que se habían atenuado por el tiempo, que ella lucía en su piel blanca como el mármol decían más que sus propios labios - ¿Dónde estuviste, Arcueid? – preguntó secamente, apretando sus labios mientras le veía incrédulo mientras sus cabellos caían sobre su frente la cual, de repente, se había humedecido. Negó con la cabeza y apretó los puños,  sin quitar los ojos de ella – Dimelo …¿quién te hizo esto?-
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Arcueid van Rip el Lun Oct 28, 2013 2:42 am

Si le preguntaran cuanto tiempo paso desde que Sophia abandono la habitación de seguro la pelirroja no sabría qué contestar. Aun dudaba en decirle al guerrero lo ocurrido… A pesar de haberse vuelto una guerrera tenía que enfrentar la realidad de que había cosas que no podía cargar por su propia cuenta pero, ¿Cómo hacerlo si la única persona en la que puedes confiar ya tiene demasiado peso sobre sus hombros? Cuando lo miraba se daba cuenta… La muerte de Raphael parecía haberle caído como las rocas sobre  la espalda de un esclavo que no ha tenido ni un segundo de descanso y ella solo venía a darle más peso aun. Se quedó mirando por la ventana la Torre de las Cenizas…  Mirarla solo hacía que pensara aun con más claridad aquellos maltratos, las burlas, los entrenamientos más duros. Parecía revivir con singular nitidez las pisadas sobre su mano cada vez que estaba contra el suelo, acabada, e intentaba tomar la espada que se le cayó antes por un mal movimiento.  Quizás fuera por lo adolorido de su cuerpo, pero sentía los golpes producto de cada practica otra vez y el olor a barro y lodo en su pelo nuevamente  aun si esto fuera por la humedad propia del clima. Revivir todo eso y pensar que pudo haber sido por nada…
 
Tenía los ojos cerrados con fuerza cuando escucho la puerta abrirse tras si. Apenas se dio vuelta y los abrió se encontró con Evans y aquel abrazo que, sin que él lo supiera, podría ser la cosa que más estuviera necesitando en ese momento. Sus ojos se entrecerraron con una tranquilidad que no pudo sentir desde aquel encuentro con Galliard, pero antes de que pudiera levantar sus manos Evans la miraba de nuevo, habiéndola soltado, con esa sonrisa nerviosa con la que algunas veces pretendía zafarse de alguna tontería cometida.  Sonrió levemente, pues le era inevitable contagiarse de vez en cuando, y trato de mantener esta pequeña sonrisa con un inconsciente aire nostálgico aun cuando la expresión de guerrero cambio al haber notado sus heridas, imposibles de ocultar aunque hubiese querido. Le sostuvo la mirada sin cambiar su expresión ni por un solo segundo hasta que decidió que no había sido suficiente. Se acercó ella misma y deslizo sus manos por debajo de los del guerrero; sus manos abiertas se posaron en la espalda de Evans y lo atrajo hacia ella a la vez que recostaba su rostro sobre el. Clavo sus dedos en la chaqueta de cuero y un nudo se le formo en la garganta que, para fortuna de su orgullo, no paso de eso. Su respiración era profunda y podía notarse que en cada una iba incorporando algo de serenidad mientras que en aquel abrazo el tiempo evadía su mente como una pequeña traviesa que juega a las escondidas. Cuando pudo ya separarse en su rostro se podía notar una tenue tranquilidad, pero no sonreía más… Recordaba aun porque lo llamo en primer lugar.
 
-Siéntate Evans, tenemos que hablar.- dicho esto le dejo el camino libre para que se sentara en una silla o en la cama si así lo prefería, mientras ella cerraba la puerta del cuarto.  Tomo asiento, quedando frente a el vampiro de ojos ambarinos, heredero de Raphael, mejor amigo de Dimitri. Tardo unos momentos, tratando de encontrar bien las palabras o el punto de inicio de todo aquello.  – Me enviaron a una misión. Supuestamente no era la gran cosa…- apoyo los codos en sus piernas y su cabeza sobre sus manos, entrelazadas entre sí. –Pero... Me cruce con Galliard. – de nuevo las imágenes del licántropo percutieron su mente e hicieron que si mirada se apartara de los ojos de su compañero. Se llevó la mano al vendaje de su cuello que no alcanzaba a tapar aquellas manchas casi negruzcas que le había dejado sin poder recordar cuando fue la última vez que se paralizo de tal forma al ver un licano.-  Todo lo que escuche alguna vez de él se quedaba corto.- hizo una pequeña pausa en su relato para volver sus ojos azules al vampiro. – Me trato como a cualquier vampiro al principio hasta que se dio cuenta que tengo la misma sangre que Dimitri, entonces se puso peor.- sonrió ligeramente con algo de nerviosismo antes de tragar. Asintió levemente y luego se quedó quieta, desdibujo su sonrisa, lo miro fijo. – Y luego me pregunto dónde era que ocultábamos a Dimitri.-
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Evans Cromwell el Mar Oct 29, 2013 9:56 pm

¿Qué ha sucedido? ¿Qué tormenta ha osado rozar tus cabellos y acariciar tu piel? ¿Qué manos malditas han plasmado su forma sobre tu cuerpo hasta marcarlo? Un nombre, Arcueid, solo di un nombre y el vampiro que tienes en frente buscará al responsable, dándole caza hasta que su sangre llueva de los cielos.

Evans se mantenía completamente congelado, sintiendo una incertidumbre tal que todo rastro de cansancio en sus músculos se vio convertido en nerviosismo. Sus ojos, otras veces brillantes y vivos, ahora veían a la mujer frente a él con real temor de sus palabras. ¿Por qué ella le miraba así? ¿Qué había pasado para que su rostro, cubierto de juventud y alegrías, al menos para con él, estuviese teñido por la más cruel nostalgia? La idea del dolor por la caída de la Torre de los Antiguos pasó por su mente pero, hasta que ella dijese en sus palabras qué era lo que sucedía, él no podría saberlo jamás. Sintió los brazos fuertes y a la vez, frágiles envolviéndole y ante aquello, cerró los ojos. Aunque estaba muy sorprendido, se condujo con calma. Acarició tiernamente la cabeza de Arcueid, sintiendo la suavidad de los cabellos escarlata entre sus dedos endurecidos por los innumerables combates. Sus labios se posaron sobre ésta a la vez que el aroma que emanaba de su ser era captado por su olfato. Se permitió por cortos segundos olvidarse de lo que estaba bien y lo que estaba mal, sabiendo que atesoraba aquel instante de cercanía física más que cualquier noche de lujuria con cualquier mujer. Le dio un suave beso en la cabeza, casto como la contención de su abrazo, haciéndole notar con esto que él estaba ahí y seguiría ahí sin importar lo que pudiese pasar.- ¿Qué te hicieron, roja? – preguntaba en voz baja, sabiendo que la mujer entre sus brazos era víctima de una tormenta de emociones que él no podía decodificar.

Al verle a los ojos una vez que ella se alejó, Evans entendió que aquello que reinaba en la mente de Arcueid era tan pesado que incluso sonreír se volvía una odisea para ella. Y por primera vez desde que la vio, algo similar al miedo recorrió cada centímetro de su propio cuerpo. Demasiada incertidumbre para un hombre que había visto lo mejor y lo peor de un mundo cubierto de oscuridad. Se sentó sobre la cama desarmada donde ella había estado reposando, viendo como ella cerraba la puerta. Cuando la tuvo enfrente, notó que todo su ser estaba tenso. Tenía el ceño fruncido y los dientes apretados, como si hubiese levantado un escudo de defensa a algún ataque que ni siquiera estaba seguro de recibir. –Ya veo. – susurró ante las palabras de Arcueid. Una misión, así que por eso se había ausentado. Ahorcaría a Sophia apenas la viese por meterle tantas mentiras cuando la palabra “misión” le hubiese resultado bastante satisfactoria. Él mejor que nadie sabía lo que era el peso del deber. Sin embargo, en el instante en que los labios rojos de la mujer dijeron aquel nombre, la mirada de Evans se volvió una máscara de piedra. Separó sus labios para poder respirar, o gritar…o decir algo que no llegaba a su mente. -¿Él te hizo esto? – preguntó de repente, poniéndose de pie y colocando su rodilla sobre el suelo, viendo más detenidamente el vendaje del cuello que ocultaba los hematomas de las manos de ese mal parido. Evans tenía sus dedos sobre el mentón de Arcueid, analizando las heridas para continuar alimentando su propio veneno. Su agarre era suave, pero firme y sus ojos empezaban a perder el color ambarino del atardecer para ser envueltos por tonadas carmesí.

Sin embargo, ante la última frase que ella formuló, el vampiro sintió como si le hubiesen dado una patada directo en el rostro. Liberó el mentón de ella y frunció el ceño, confuso. ¿Acaso era una broma? ¿El maldito perro había dicho eso para hacer alguna especie de treta extraña y cruel al saber que ella había pertenecido a Dimitri? Todo eso pasó por la mente del cazador con la velocidad de un rayo. Evans se puso de pie, bajando la mirada al suelo, casi como si buscase en este alguna respuesta que su mente no terminaba de hallar. - ¿Cree que lo ocultamos? – preguntó, mientras su mirada parecía ser atravesada por una imagen del pasado. Todo volvió a él como un flashazo, chocando con el escudo mental que se había hecho para quebrarlo en tantas partes que, finalmente, se sintió completamente avasallado.

Tal como aquella vez, el hedor a madera quemada y los gritos destrozaban el silencio de la noche. Los cuerpos apilados que ya no tenían forma dejaban su marca sanguinaria en las callejuelas de Barcelona. La sangre nunca hedió tanto a su alrededor, sabiendo que muchos de los cuerpos que ardían eran de hermanos vampiros masacrados. Y tan fiel como solo una mente marcada puede recordar, la imagen de Dimitri se perdía en medio de la avasallante forma de varios licanos que buscaban apresarle luego de haber derramado la sangre de Galliard.
-Dimitri fue muerto por Galliard, Arcueid…- dijo secamente, tratando de convencerse a sí mismo - ¿Verdad? Tienes que decirme qué te dijo ese maldito hijo de puta ¡Se está burlando de nosotros! Si él estuviese vivo…no habría fuerza en el mundo que le evitase llegar a nosotros…-
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Arcueid van Rip el Vie Nov 01, 2013 3:30 am

Ver la cara de Evans; como iba mutando sus facciones y aquellos ojos de color similar al sol que es tan peligroso y cruel con las criaturas de la noche cambiaban a un rojo, un carmesí tan oscuro como la sangre de la que estaban condenados a alimentarse noche tras noche… Todo era una invitación a callarse y simplemente pasar aquella sensación como producto del terror de haberse cruzado con aquel licántropo. Galliard era fiero, era impiadoso con los vampiros sin importar el clan y fuerte  a tal punto de que pudo levantarla como un niño levanta un insecto al que le va a arrancar las patas solo para jugar. De no haber podido huir, quizás lo segundo no hubiese sido un escenario tan lejos de la realidad… ¿Qué tanto mal le podría hacer tan solo a sabiendas que podría quedar con una nueva marca en una reputación que estaba tan marcada como el cuerpo de un Lázaro? La infame bruja de los Raphael quería callar pero le era imposible…
Cerro sus ojos mientras el tocaba su mentón, mirando la herida. Para cuando regreso la vista no se encontró con una expresión diferente a la que esperaba. Desde que piso la fortaleza por primera vez no dejo que nadie le tocara un pelo aun si bien él era el primero en matarla por lo ocurrido. Si bien esto había cambiado, aquel trato se mantuvo con la misma firmeza que siempre en un balance constantemente buscado por respetarla como una guerrera sin faltarle a lo que fue la última voluntad de su amigo. Podía reírse de aquellas veces en que le reclamaba constantemente con quien y a donde salió, aun si hubiese estado a las afueras de la Fortaleza dando una vuelta en aquellos días en los que los lobos no se acercaban tanto como ahora. Pero en ese mismo instante no podía hacer más que verlo, rogándole con la mirada que se mantuvieran tranquilos. Pero, ¿Cómo hacerlo si cada palabra que tiene que profesarle alimenta más aun el veneno que lo consumía? Por supuesto nombrar a Dimitri fue el detonante perfecto para que terminara de irritarse…
“Dimitri fue muerto por Galliard, Arcueid.”… Al escuchar eso la pelirroja cerró fuerte los ojos y se llevó una mano a la cabeza. Esa simple frase hizo sentir infinitamente estúpida. Tan descabellado e irreal parecían las ideas que hasta ese momento pasaron su cabeza que volver a la Fortaleza parecía algo similar a despertar de un coma luego de haber tenido un largo sueño que hace que la realidad y lo falso se entrelacen. Entre más lo seguía pensando, más le parecía que se estaba transformando en un perfecto candidato para un manicomio y la idea la hizo sonreír con nerviosismo.  Cuando volvió a escuchar al vampiro y su última frase levanto la vista, un poco más calmada. Pensar en Dimitri no era solo recordar aquellas escapadas nocturnas en las que lograba burlar a sus criados solo para verlo, recordaba estar resguardándose del frío y ver a aquellos dos amigos tan cercanos burlándose el uno del otro, golpeándose en algunas ocasiones mientras ella negaba con la cabeza y una sonrisa se dibujaba en sus labios.  Pensar que todo eso que representaba él podría estar en alguna parte, lejos de ellos y del mundo que tanto lo extrañaba. –Lo se…- fue lo único que dijo luego de levantarse y tomarle la diestra en un intento por que se calmara. Lo quedo mirando un rato antes de hacer que se sentara nuevamente en la cama; una sonrisa calma en una expresión que trataba de decirle que todo estaría bien.
Junto sus manos delante de si y trato de recordar aquel encuentro tan fugaz pero  determinante.- Galliard, tan pronto se dio cuenta me pregunto dónde estaba, donde se escondía. Le dije que él lo asesino,  que no entendía de lo que estaba hablando pero no me creyó… Al principio.- en ese instante recordó aquel cambio de expresión en las facciones duras y reacias del licántropo que no daba crédito a lo que estaba escuchando. Por unos momentos le había parecido ver que su propio dolor se reflejaba con la misma claridad que un espejo te devuelve tu imagen en los ojos mismos del Líder Ardwolf y este, a su vez, se daba cuenta de que no mentía. –Luego me dijo que termino bastante herido pero nada mortal y consiguió escapar de alguna manera.- frunció el ceño cuando llego a la parte de aquella historia que no terminaba de encajar en su cabeza. Tal como dijo Evans ella misma juraría con su vida que no habría nada en este mundo que hubiese impedido que Dimitri regresara con ellos a excepción de la muerte misma. Pero ahora le decían que pudo haber sobrevivido… ¿Qué acaso hubo algo que hiciera que se alejara del Clan que lo vio crecer? ¿Acaso hubo algo más fuerte que su unión? Se quedó mirando la ventana, preguntándoselo…-¿Y si Galliard no miente, Evans?-
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Evans Cromwell el Miér Nov 13, 2013 1:15 am

Ella lo dudaba y tenía razones para hacerlo. El cazador aun no podía terminar de hilar sus propias ideas ante aquello que había golpeado su cara sin piedad, tratando de sacar las imágenes constantes de Dimitri siendo consumido por la terrible manada de Ardwolf que invadieron España aquella noche de luna llena. Su mirada estaba puesta en la memoria que escapaba de su alcance para ponerse ante él, casi sonriéndole como si de una burla se tratase. Dimitri llegó tarde esa noche al encuentro. Evans había hecho todo para conseguir un barco que les pusiese de nuevo rumbo a Londres. Aun pensaba cómo explicar al gran Raphael el hecho de que su heredero tenía ahora una compañera a la cual entrenar. Sabía por sentido común que ella no sería cortesana por nada del mundo y en cierta medida, mejor. El carácter del guerrero era demasiado celoso y orgulloso de la estirpe de batalla para siquiera pensar en la posibilidad. Pero internamente, Evans pensaba que Arcueid no sobreviviría a las pruebas. Conociendo a Raphael, éste no permitiría que fuese el mismo Dimitri quien la entrenase, sino que él evaluaría personalmente su desarrollo como en un tiempo había sucedido con Layla cuando Evans la presentó como postulante.

Layla, cerraba los ojos y la veía sonriendo con su cabellera negra cayendo sobre sus hombros de mármol. Los días para Evans se le hacían eternos ahora que estaba lejos de ella. Nunca terminó de entender cómo eran los vínculos entre vampiros y sus creadores porque, sinceramente, él jamás se sintió atraído a Raphael. Pero si hablaban de admiración, no habría ni existiría mejor guerrero para él. Cuando Dimitri le presentó a la ninfa de cabellos rojos como la sangre, Evans tardó en comprender qué era lo que quería con ella. Y fue luego de verle llegar una noche que el cazador interrogó a su amigo obteniendo la respuesta más completa que éste podía darle ‘Una compañera’.

-Como cambian las cosas, Dimitri. Cuando volví de esa guerra, no traje un emblema ni un trozo de tu cabello, tu arma o alguna insignia…Pero traje una parte de ti conmigo…- pensó volviendo su rostro a Arcueid cuando ella le tomó la mano con firmeza y una dulzura atípica en sus movimientos. Ella quería creer que esas palabras fuesen ciertas y por los dioses, él también quería creerlo. En la mirada de ambos existía una tormenta de emociones que ninguno podía siquiera explicar con palabras. Miedo, fascinación, furia…¿Y si de verdad él había sobrevivido? Eso no era más que la punta del iceberg. En tal caso, la pregunta era ¿Dónde estaba ahora? Con cada palabra de la pelirroja el cazador buscaba armar una imagen de lo sucedido. La pelea a muerte entre él y Galliard, una bestia que acababa de perder a su hembra y culpaba a Dimitri de ello. Cuando Evans tomó a Arcueid y se la llevó sobre el hombro supo que no volvería a ver a su camarada y era algo lógico. Las bestias que marcan a su víctima no dejan de perseguirla y Galliard le había marcado de muerte apenas sintió el aroma de Dimitri en el cadáver de su mujer. Y entonces, sintió que su estomago se achicaba ante la sola idea, con una furia incontrolable que se apoderaba de sus músculos –Si Dimitri escapó ¿Dónde está? ¡Trescientos años, Arcueid! ¿Qué podría mantener a Dimitri lejos de su hogar por trescientos años? – su voz demostraba temor, casi como si no supiese qué preguntar o qué decir. Quería creerlo, de verdad pero, su mente había levantado una pared de concreto ante la idea.

Sin embargo, en el instante en que levantó la mirada y sus ojos de ámbar se posaron sobre la belleza de los orbes de Arcueid pudo entender la verdad. Una corriente de electricidad recorrió cada centímetro de su cuerpo mientras sus propios labios se aferraban para contener la frase que quería decir a dos voces, gritar hasta creerla ‘Dimitri murió y no volverá’. Pero fueron los ojos de ella lo que le impidieron hacerlo. Ella lo quería vivo, lo deseaba con cada fibra de su ser. Evans se aferró a la idea dolorosa de que él regresase y un vestigio de algo que no reconocía le invadió de repente ¿Acaso se negaba a eso por ella? Repudio y asco ¿Cómo podía siquiera tener eso como posibilidad? No, claro que no. Quería a su amigo vivo más que a nada en el mundo. Quería que él volviese, que emergiese de la tumba donde lo habían enterrado sin tener su cuerpo siquiera. Suspiró agotado mientras apretaba los labios. Con la pesadez del mundo sobre su espalda los levantó con dificultad para liberarse de la mano de la pelirroja y colocar sus palmas en los hombros de ella. Una mirada que rara vez dirigía a cualquiera fue para ella en ese momento, hablando con la calma que podía controlar mientras buscaba esbozar la más real de las sonrisas…así esta no surgiese, dejando ser solo una mueca de una – Si él está vivo, roja…Te lo traeré de nuevo – susurró con firmeza. Volvería a dónde todo comenzó después de tantos años…Volvería a buscar entre las cenizas que había dejado la guerra…
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Arcueid van Rip el Jue Nov 14, 2013 4:23 pm

"–Si Dimitri escapó ¿Dónde está? ¡Trescientos años, Arcueid! ¿Qué podría mantener a Dimitri lejos de su hogar por trescientos años? –"
Aquellas palabras volvieron a revivir esa sensación de apaleo que Galliard le había dejado. Un gusto amargo y una pesadez le cayeron encima, todo eso de repente. Al lado de las palabras del cazador incluso parecía que cada momento vivido con él no había valido nada… Cerró los ojos con fuerza unos instantes como quien recibe un golpe repentino; pero el verdadero golpe fue la poca lógica que surge de la idea y lo tonta que le hacía sentir como una niña que no puede tolerar la dura realidad… Pero ella era una guerrera de casi trescientos cincuenta años y lo sentía de la misma forma, sin poder defenderse.
Luego las manos firmes de Evans en sus hombros, su sonrisa tan forzada. Aquella eterna expresión… 
-No.- respondió de inmediato, firme, cerrando los ojos fuertemente con el ceño fruncido. Con tan solo esa palabra la pelirroja volvió a cambiar y dejó de ser esa frágil mujer que solo el cazador que tenía delante había conocido  para volver a ser la firme y férrea guerrera que era. No era más la mujer, ahora era la cazadora… Y es que sentía que sin darse cuenta Evans volvió a asumir un peso sobre sus hombros y que también le correspondía a ella cargar. Sobretodo a ella...Por muchos años creyó que Dimitri había abandonado la lucha, el dejar que el Clan lo protegiera por el abrazo de la gloria que solo reciben los caídos en batalla. Hacía bastante ya sentía lo que muchos podrían confundir con olvido, ella lo sentía… Y ahora resultaba que no y la sola idea la hacía sentir como si Galliard le hubiese azotado la cabeza una y otra vez contra el árbol que la sujeto hasta medio matarla. No dejaría esto solo en manos del cazador… No mas. Sin abrir los ojos lo agarró de las muñecas y quito sus manos de sus hombros suavemente. -Tenemos cosas más importantes ahora.- como cualquier soldado de los Iluminados la pelirroja deseaba dar caza y encontrar a quien se atrevió a declararle la guerra de esa forma a los Raphael: Envolviendo en llamas el recinto de descanso de su líder, aquel que fue como un padre, un ejemplo a seguir para todos sus hijos. Las plantas que solía admirar por las afueras de la Fortaleza cuando, luego de sus entrenamientos, se dedicaba solo a caminar mientra el viento nocturno era acompañado por su perfume quería regarlas con su sangre.
Con sus manos peino su pelo rojizo hacia atrás y tomo aspiro profundamente como si tratara de reacomodar sus ideas, tomar valor. Seria mucho para un solo día, ¿pero cuando tendría la oportunidad de agarrarlo así nuevamente? Sentía que su mundo se derrumbaba frente a sus narices y ella solo podía mirar… Mientras Raphael gobernaba y una supuesta locura lo invadía de a poco, mientras Evans se iba consumiendo a si mismo bajo una carga que ella no podía descifrar si quiera… ¡Mientras todo esto ocurría y alguien se reía en las sombras por golpear al Clan una y otra maldita vez!... Ella solo podía mirar. Mirar como Raphael era consumido por las llamas que los ancianos se esforzaban por apagar, mirar como los lobos avanzaban pese a que cada día mas cazadores salían a dar la vida por su gente, mirar los escombros que quedaron de aquel atentado en el que ni siquiera pudo estar presente para ayudar. Sentir eso y recordar el día en que se le entregaron oficialmente sus primeras armas, la mirada de Raphael acompañada de una sonrisa orgullosa que jamas creyó que podría ver en su rostro endurecido por la mujer que aún seguían tachando como asesina de su heredero pero ahora, ante sus ojos, ella era una guerrera más; una amazona que podía dar el todo por el todo para el Clan. ¿Que tan bajo había caído?
-Evans.- abrió los ojos de nuevo sin tener noción de cuanto tiempo había tomado egoístamente para acomodar sus ideas. - Tu me conoces bien.- en cada pausa pensaba y re pensaba lo que iba a decir. - Si no te hubiese dicho nada de esto te hubieses dado cuenta que algo estaba mal y de seguro me hubieses asesinado por ocultártelo luego de sacarte la impresión que tienes encima.- dicho esto rió levemente recordando cada vez que le ocultó alguna salida, alguna historia con un soldado o incluso un humano del que luego se fuera a alimentar. Todas las veces que le exigía saber con quien y donde estaba como si no pudiera dar dos pasos fuera de la fortaleza sin correr el riesgo de que algo la asesinara.Volvió a tomarse un tiempo para pensar; para decir las palabras justas que la guiaran al punto al que quería llegar mientras se alejaba unos pasos y volvía a verlo cuando retomaba la palabra. - Trescientos años me estuvieron culpando de lo que pasó, Evans. Pero no importa que tan duro me hayan golpeado o que tan imposible me hayan hecho la existencia… Te miro y parece que todo eso cayó sobre ti por alguna razón que no alcanzo a entender.- Se sostuvo los codos, cruzando sus brazos sobre su vientre y lo quedó mirando unos instantes. ¿Sabría él a donde quería llegar? - Y es desde mucho antes de la muerte de Raphael.- aclaro. - Voy a investigar lo que haya ocurrido contigo, quieras o no. - un suspiro y luego una mirada fija; firme pero que al mismo tiempo rogaba y mostraba miedo en un ápice que solo salia por que - Confía un poco mas en mi, deja de cargar con todo tu solo… Evitame ver como se cae lo único que me queda en esta Fortaleza.- casi en un susurro, pero audible con solo el sonido de la lluvia cayendo y golpeando la ventana como único destructor de esos momentos de silencio que se generaban luego de confesión hecha y mas aun en ese momento entre dos guerreros que estaban tan poco acostumbrados a hablar tan seriamente, dejando las bromas y las tonterías de lado. Por unos momentos casi se hecha a reír y decirle "mira lo que me haces decir", pero pocas veces podría evocar una situación en la que podría estar hablando mas enserio. Aunque sea solo como fantasma la idea de que Dimitri estuviera aun entre ellos era tan esperanzadora que saldría corriendo hacia España en ese mismo instante si pudiese y hasta con la certeza, en su cabeza de que podría derribar a cualquiera que se le interpusiera. Pero aquella sonrisa forzada y los ojos cansados del vampiro, sus palabras la hicieron darse cuenta de inmediato de la realidad... Del hecho de que no estaba dispuesta a perderlo a el también.
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Evans Cromwell el Lun Nov 25, 2013 2:01 am

Sus ojos ambarinos se perdieron en el océano de fuego que eran los cabellos de Arcueid mientras los labios de ella, tan pálidos como su piel ahora dañada, negaba a sus palabras. La niña tonta que se vuelve guerrera… El mejor trozo de Dimitri que pudo haber llevado consigo a Raphael. ¿En qué momento pasó de ser esa cría que lloraba sin fuerza en sus extremidades a esa amazona que peleaba con un líder como Galliard y salía entera? No sabía exactamente cómo sentirse al respecto con ella. Y entonces, en su mente, volvía a aparecer la mirada gélida de Layla como un flashazo. Ella juzgando sus acciones, juzgando sus decisiones. ¿Qué todo lo que había pasado irremediablemente él lo había llevado sobre sus hombros? Claro que sí, Arcueid. Él te cargó sobre sus hombros aquella noche en España y con esta acción, cargó todas las cruces que podrían buscar caer sobre ti. Mientras la ninfa de cabellera carmesí hablaba, abriendo por primera vez su corazón a Evans, compartiendo sus miedos más profundos, él observaba detenidamente su rostro. No era bueno para determinar gestos ni entenderlos, pero a ella podía leerla con facilidad. Trescientos años no son poco tiempo, incluso para los inmortales.

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-¿Por qué volviste, Evans? – la voz de Layla golpeó contra su mente como un bólido en aquella charla que habían tenido hacía ya tanto que se había perdido en los vestigios más distantes de su mente. –Le prometí que volvería…- fue su respuesta, casi como si una parte de él esperase un abrazo o algo de comprensión ante su llegada. Como un niño que nunca dejó de serlo, como un guerrero que necesitaba volver a los brazos de su amada después de haberlo perdido todo. Pero la mirada fría de su compañera le atravesó como una de sus dagas mientras ésta despedía su cabellera negra como la noche, permitiendo que cayese cual cascada de carbón sobre sus hombros desnudos - ¿Cómo puedes vivir con eso? –le habría dicho tan gélida como si aquel tiempo en que estuvieron separados, algo de lo que tenían se hubiese congelado con el frío de la indiferencia, reconociendo el cazador en esos ojos de hielo la decepción de su pareja para con él - ¿Habrías querido que muriese ahí? Layla, mírame… Hace tiempo que no me miras ¡Hazlo! – exigió como nunca a esa mujer que por tantos años había caminado a su lado; acompañado su dolor y su felicidad. Él la amaba pero hasta el amor tiene un punto donde termina por quebrarse como les había pasado a ellos ¿Cuántas veces ella le había echado en la cara lo que había sucedido? ¿Tanto odiaba haberlo visto volver vivo? ¿Por alguna morbosa razón habría apreciado que fuese Dimitri el que trajese una de sus partes en un final trágico que, por lo visto, ella deseaba? Y esa mirada que la amazona le dirigió aquella noche fue la que determinó el fin de lo que eran, marcando un antes y un después. Como si de un velo se tratase, todas las caricias y los besos de sus labios, todas sus miradas de paz y contención fueron consumidas por esa última mirada de Layla y las palabras más hirientes que le pudo decir a un hombre que estaba a punto de colapsar – Yo nunca hubiese dejado a mi mejor amigo morir solo …-
Layla, te amo y te odio tanto que no puedes siquiera imaginarlo.
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Si Evans no le dio una bofetada en ese momento era porque una larga historia les unía pero, con cada una de sus venenosas palabras, ese amor se consumía como el fuego que una vez había sentido por ella. Una estocada más pedía y ella se la dio directo en el rostro cuando empezó una relación con el discípulo de Dimitri, el único amigo que le quedaba. Con cada una de esas acciones, vinieron muchas más. Vino el abrazo a Isis, vino el entrenamiento como cazador y abandonar el puesto de guerrero. Pelear a distancia, cazar licanos y obviar absolutamente todo lo relacionado con responsabilidades que buscaban caerle y él evitaba con gran habilidad.
Pero ni el más hábil puede escapar eternamente. Y aquel pasado que él buscaba olvidar había decidido caer sobre su ser de una vez por todas.

El vampiro suspiró, cansado mientras llevaba ambas manos a su rostro y movía hacia atrás los cabellos que caían sobre su frente para apretar los labios. –Roja…- empezó a decir mientras volvía a sentarse sobre la cama, con ambas manos puestas sobre sus rodillas, sin dejar de verle – Escucha…- comenzó a decir mientras buscaba las palabras que hábilmente escapaban de su cabeza. Iba a hablar; trataba de hacerlo. Sincerarse aun así era la cosa más difícil para quien se había mentido por tanto tiempo – Nunca fue justa la forma en la que te trataron, Arc. Lo que pasaste no deberías haberlo pasado jamás. Eliah se dejó llevar por el odio; Layla también. Hicieron de una vivencia terrible un infierno. – Empezó a decir y entonces, sus ojos se posaron sobre los de ella como si el velo que separaba su mirada empezase a desquebrajarse – No tenían derecho. Tú no tuviste nada que ver en lo que pasó. Tú no mataste a la hembra de Galliard; tú no hiciste nada ahí. Arcueid…- el cazador unió ambas manos a la altura de sus labios y clavó sus ojos en ella de nuevo, casi como si buscase decir aquello que por tanto tiempo había callado – Cuando te tomé en mis brazos, no fue para renunciar a mi amigo. No fue cambiar una vida por otra…Quiero que lo entiendas y que lo entiendas bien: Dimitri mató a la hembra de un Líder Ardwolf. Y no la mató por ti, ni por mí, ni por Raphael. Tú no fuiste ni eres ni serás la culpable de aquello. Te traje conmigo porque él me lo pidió. Y en el momento en que me pidió hacerlo, juré que ibas a vivir porque eras la parte de él que escogía dejar con nosotros. – empezó a decir con sublime seriedad, de esa que rara vez escapa de los labios del cazador puesto que usualmente, no habla en serio. Sus ojos manifestaban el más crudo cansancio en sus ojos nublados. Echó hacia atrás la cabeza y se tronó el cuello mientras pestañeaba con calma y esbozaba una sonrisa a Arcueid – Yo pude ver eso…Y lamento que los míos no.  Eliah estaba demasiado herido y necesitaba echar su furia a alguien. Layla…Ella es otra historia muy diferente… – dijo en un susurro, volviendo a soltar el aire de sus pulmones para finalmente, volver a posar sus ojos en el suelo por un instante- ¿De verdad se me nota tan agotado? – preguntó, levantando ambas cejas a la vez que hace eso con la mirada. Una sonrisa casi muerta en sus facciones, como aquel que por mucho tiempo no ha dormido, es lo único que puede dedicar a la mujer frente a él. ¿Y si Dimitri estaba vivo? ¿Y si él volvía? ¿Y si ellos…? Vaya que eres egoísta, Evans Cromwell. Aspiras la posibilidad de existencia de alguien que fue como tu hermano y ¿tu primera reacción es qué pasará con la mujer que has estado protegiendo por trescientos años?

-Solo sé que si él aun vive, más le valdrá tener la mejor de las excusas para no aparecer…- dijo para ver la mirada oceanica de la pelirroja ante él. Confianza…Él confiaba en ella más que en nadie en esos momentos y, por alguna razón, eso era lo que más dolor le causaba. Sus amigos se habían perdido con el tiempo, cayendo víctimas de la muerte o del odio para dejarle en medio de un mundo en ruinas que él debía tratar de rearmar. Aspiró el aire como si anhelara con esto conseguir la fuerza que le faltaba y levantó la mirada al techo de la habitación.

Oh, joder, ¿cómo la cosa se podía complicar tan de repente? ¿Cómo podía todo empezar a vibrar cuando él no tenía ni ánimos ni fuerzas para mantenerlo funcionando? ¿Era necesario traer a la vida a Dimitri ahora, luego de que tanto tiempo hubiese pasado? Quizás alimentaba una mentira, pero, ¡Justo en ese momento! ¡Justo luego de la caída de Raphael y de la torre misma, donde aun se pudrían cuerpos que no lograban sacar de los escombros…-Dame un respiro…- susurró para el universo más que para ella, mientras cerraba los ojos y llevaba ambas manos a éstos para tratar de acomodar sus pensamientos de una  vez – Estoy cansado. Estoy cansado de este circo, roja – comenzó a decir mientras sus ojos cerrados mutaban en otro color que dejaba de lado aquel tenue tomo miel que solía envolverles. – Mientras nos derrumbamos, nos devoramos entre nosotros. Eliah con sus estúpidos juegos; Layla con sus estúpidas acusaciones, Carlyle con sus malditos problemas y Mitsuhide con sus ridículas medidas…– rugió a la vez que abría los ojos. Estos estaban teñidos de rojo, casi como si la sangre de sus venas hubiese bañado los irises de él para darle una visión más oscura que de costumbre – Y tú que desapareces y te vas a pelear con Galliard de quien te salvaste…¡No sé cómo! – exclamó. Su voz se elevó  a la vez que se ponía de pie y caminaba hacia la pared de la habitación, con un gesto de molestia y furia contenida que amenazaba con estallar - ¿¡Pensaste en qué pasaría si no volvías!? – le gritó, cerrando el puño con fuerza, para finalmente girarse y verle a los ojos, enfurecido - ¿Verme derrumbado? Te vas a una misión suicida sin decir nada ¡Le dices a Sophia que me mienta! ¡¿Y me dices en la cara que no quieres verme a mí derrumbado!?  - exclamó mientras su rostro se acercaba al de ella, de forma que los ojos de él quedaban total y completamente expuestos en ese tono tan extraño en un Raphael calmo, que solo afloraba cuando las emociones empezaban a salirse de control  - Lo único que te pido es que no te pongas en riesgo. Lo único que te ruego es que no te pongas en riesgo… ¿Por qué crees que hago eso, Arcueid? – su pregunta era marcada, su mirada profunda y sus gestos pétreos. Esa mirada solo era dirigida a un rival con quien estaba a punto de combatir y, en esos momentos, estaba posada sobre ella, como una tormenta que le azotaba sin piedad – Dime ¡Dime ahora por qué crees que hago esto! -
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Arcueid van Rip el Lun Nov 25, 2013 11:21 pm

Hace trescientos años todo era diferente… Hace trescientos años a esa misma hora del día ella disfrutaba un te con el postre que quisiera luego de haber humillado a otro joven adinerado cruelmente en un pasatiempo que había nacido para “protegerse” y con el pasar de los años había llegado incluso a disfrutar. Un vestido de época impecable y elegante cubriendo su figura pálida mientras un peinado adornado sujetaba su cabellera rojiza. Una cría altanera, soberbia y soñadora que no tenia ningún interés en los hombres que tan caballerosamente le ofrecían fortunas  solo para obtener…Más fortuna. En un punto de su vida se creía que había llegado a la cúspide, que era una fortaleza impenetrable de frialdad e impiedad. Así de tonta era al momento de conocer a Dimitri y sentir algo que ante el cazador de mirada ámbar volvía a sentir con la misma  claridad de hacia trescientos años, como si sintiera otra vez el palpitar de su corazón y el beso caliente del sol sobre su delicada piel: Fragilidad. Ante  los verdaderos hombres que habían llamado su atención, con los únicos con los que quería caminar en este mundo hundido en las sombras era el ser mas frágil del mundo y parecía que a pesar de los años de arduo entrenamiento esa parte de ella no había cambiado en lo mas mínimo. No cuando lo que amas se derrumba ante tu mirada impotente… Mientras el cazador hablaba la postura de Arcueid apenas muto de estar de pie, con los brazos cruzados, mirándolo. Todo volvía una y otra vez como una historia que aun no estaba cerrada, que golpeaba como si los años con los que ambos habían cargado con ella jamas hubiesen existido. Todo por el… Siempre por Dimitri. Contemplo una vez mas sus facciones. “Si Evans… Estas cansado. Muy cansado…” pensó, pero nunca le contesto. Quería escuchar todo lo que tenia que decir de principio a fin.

Aparto la mirada con fuerza y hundió las uñas en su camisa, presionando contra su piel cuando lo escucho gritar enfurecido. ¿Enserio Arc? ¿Trescientos noventa y cinco años y aun actúas como una niña imprudente? Es eso… O cumplir una misión ciegamente o buscar morir de forma desesperada disfrazando un suicidio como una caída mas en las filas por la mano de Galliard. ¿Cuantas veces lo había añorado mientras el abrazo de del vampiro que le había dado aquella nueva vida y cuya ausencia bastaba para condenarse a si misma al infierno  que le atribuían como cuna tanto de humana como de vampiro? Y a pesar de eso lo quería vivo a el, exactamente de la misma forma que el cazador a ella mientras esperaba el abrazo de la muerte como una amante gentil que nos hace olvidar todo.

“¡Yo no sabia que vería a Galliard!, ¡No  creí que fuera a encontrarlo!” Quiso interrumpirlo de un grito pero tan pronto levantó la vista y contempló aquellos ojos que iban y venían con los colores del fuego no pudo decir nada, como si sus palabras se hubiesen destruido en aquel mismo instante en mil pedazos con tan solo sentir en su pecho lo mismo que el, como si al fin lograra comprenderlo. No era desconfianza… Era un  dolor real, una preocupación verdadera. Lo quedo mirando fijamente mientras continuaba, golpeando con esa pregunta que tantas veces se plateo con una respuesta que ella misma no podía darse. Aun con la cercanía que compartían había un punto en el que se estaban evitando, que los estaba haciendo discutir como nunca antes. Inspiro profundo y se quedo parada frente a el, firme como si estuviese preparándose para cualquier cosa que pudiera venir.- Se lo habías prometido a Dimitri, ¿no? Eso fue lo que dijiste. Se que lo hiciste, ¿o pensaste que esa respuesta sola debía bastar para los demás?- frunció el ceño dedicándole una mirada dudosa hablándole suave con toda la templanza que podía permitirse en ese instante ante un Evans que muy pocas veces vio. Derrumbado, dijo el… ¿Derrumbado si algo le pasaba? ¿Que si había pensado que pasaría si ella no regresaba? ¿Es que acaso iba a pasar algo? Sus ojos entrecerrados se abrieron entonces como si, luego de tantos años, al fin pudiera ver a través de aquel que era su compañero de tantos años. -No es por eso. - 

Evans, ¿cuanto tiempo estuviste cargando con esto?
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Evans Cromwell el Sáb Dic 14, 2013 10:27 pm

‘Se lo habías prometido a Dimitri’ – El nombre de su amigo le golpeó como una bofetada que no había esperado recibir porque, por ese instante, Dimitri había desaparecido de la plática como si nunca hubiese existido. Es verdad…Se lo había prometido a él. Y había cumplido. Llevó a Arcueid ante Raphael y se encargó de volverla útil para el clan. Salían a cazar juntos y hablaban como amigos de la vida durante largas horas. Peleaban mano a mano, sabiendo que él podía contar con el apoyo de su compañera como si fuese el mismo Dimitri y, lentamente, algo empezó a cambiar. De repente, la idea de que un solo rasguño tocase la piel nívea de la pelirroja le enfermaba. Cuando caía en los brazos de Isis o de cualquier otra cortesana, su mente viajaba en cualquier dirección donde pudiese encontrar un vestigio de aquella mujer que le había acompañado en la cacería. Pensaba en ella y en su piel, así como sus ojos azules puestos sobre él, olvidando a Dimitri por un instante para escuchar de sus labios decir su nombre. Y antes de poder siquiera seguir con el pensamiento, cerraba su mente a la sola opción que empezaba a aflorar en su traicionera mente.

Los años pasaban y Evans Cromwell, hermano de armas del heredero de Raphael, aprendió a vivir con aquello, escondiéndolo en lo más oscuro de su alma e ignorándolo, como siempre hacía con todo. Layla se volvió un fantasma al punto tal que llegó a importarle poco cuando se vinculó con Eliah. Pero jamás habría perdonado al cazador posar un solo dedo sobre la pelirroja Arcueid. Ni a él ni a nadie, reconociendo un espíritu animal que emergía de su ser como una fiera hambrienta ante la sola idea. Y aun así, lo ignoraba esperando que ese fuego terminase por consumirse en sí mismo. ¿Cuándo notaba que ese fuego continuaba en él? Cada una de las veces que se quedaba perdido en la mirada azul como el océano de Arcueid y sonreía ante ella para luego negar con la cabeza y romper ese momento con alguna frase estúpida que se le pasase por la cabeza en ese momento. Lo notó cuando se quedaba durante mañanas enteras mirando el techo de la habitación, pensando en esa cabellera carmesí que caía sobre sus hombros como una cascada de sangre. Y a pesar de cada una de las señales, cada vez más claras, Evans continuaba ignorándolo.

-Sí, lo prometí – dijo con su mentón en alto, con su garganta cerrada lo cual hizo sonar su voz más grave que nunca, con sus ojos clavados en Arcueid como si buscase decir todo con ello y , a su vez, ocultarlo bajo la misma pared que usaba para él dejar pasar lo que estaba sucediendo. –Mi mejor amigo me miró a la cara esa noche y me dijo que te trajese conmigo. – empezó a decir. De pie, frente a ella, como un guerrero ante una guerrera que más que nunca parecía tan pequeña para él y , a la vez, tan fuerte como él nunca lo había sido – Esa es la realidad, Roja... – susurró mientras apretaba sus labios así como sus puños. Sus cabellos caían sobre su frente humedecida mientras el viento se sentía golpear sobre la ventana, a la vez que gotas de agua chocaban sobre ella con ferocidad. Ese mismo viento aturdidor que , por alguna razón, aturdía más en ese instante que nunca antes en toda su vida. – O una parte de ella, al menos – escapó de sus labios como un suspiro mientras daba un paso a la mujer y notaba que la cercanía casi le quemaba en la piel de sus brazos. Tuvo que bajar la mirada para posarla sobre ella a la vez que sus brazos se empezaban a levantar, casi con voluntad anhelante, sin poder dejar de saber que, en medio del movimiento, éstos parecían temblar. Incluso muerto como decían que estaba, su corazón jamás había golpeado de tal forma contra su pecho. Sus pesadas manos se posaron sobre los hombros de ella notando entonces el detalle de que el cuerpo de Arcueid aun mantenía esa forma pequeña que tenía cuando la hubo traído. Tuvo que abrir sus labios, separarlos apenas para dejar salir el aliento de éstos y entonces, en aquel instante, cerró sus ojos como si fuesen pesadas puertas que caían. Sin más, acercó su cabeza a la de ella y posó su frente sobre la frente blanca como la espuma. Sus ojos habían retomado esa tonalidad ambarina de siempre y, en ese instante, parecía ligeramente ensombrecida y nublada. –Roja…Sigue pensando que lo es…- susurró de forma tal que ella no le escucharía de estar más lejos de él. Sus labios subieron a la frente de la mujer y se posaron sobre ésta con ternura, gesto que nadie reconocería en un guerrero cazador como era Evans Cromwell. Un hombre básico para todos, incluso para sus amigos más cercanos, incapaz de sentir algo por cualquier mujer que no fuese Layla, la que lo dejó por su amigo y a él parecía no importarle.
Ese era Evans Cromwell para todos…menos para Arcueid. Para la amazona de melena carmesí, él era todo lo que no había sido y nunca sería para nadie.
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Arcueid van Rip el Sáb Dic 21, 2013 4:30 am

La pelirroja se quedó en un silencio que le pareció casi eterno, durante el cual iba asumiendo una verdad que en ese instante y en los días venideros estaría preguntándose como fue tan estúpida como para no haberlo visto antes. Layla, Eliah, puede que incluso Raphael y todos los del clan lo hubiesen notado y ella seguía pensando que ante los ojos del vampiro frente a ella aún era solo una niña, una hermanita que proteger a la que le agradaba fastidiar despeinándola cuya vida representaba lo único que le había quedado de su mejor amigo en el mundo. Y aunque hubiese tenido tiempo de dar un vistazo al pasado y tratar de encontrar algo que le indicara sabía bien que en vez de eso, cada momento vivido junto al cazador adquiría un nuevo significado. Quería decir algo y sin embargo, aunque habría su boca, su garganta no podía emitir sonido alguno…  ¿Por qué no lo vio? ¿O si lo hizo y algo la había negado a la idea por completo?
Los brazos de Evans entonces le parecieron más pesados que nunca sobre sus hombros. Ahora levantaba la mirada a aquellos ojos de ocaso, ensombrecidos en ese instante por aquellas ojeras casi permanentes alrededor de ellos. Ahora por fin entendía por qué a veces parecía cargar con más pesar del que se permitía mostrar, sin importar cuantas bromas hiciera o que tan tranquilo insinuara estar siempre había algo que parecía molestarlo como un fantasma que acecha constantemente a tu alrededor y solo tú puedes verlo.
Sintió la frente de Evans fría en su la suya, sobre el vendaje y su piel. En ese momento comprendió que nunca antes se había sentido tan cerca del cazador y al mismo tiempo jamás lo había sentido tan lejos como para  que un nudo en la garganta se le formara… -¿Por qué ahora? - pregunto, mas al aire que esperando una respuesta del vampiro en un susurro que apenas la tormenta de afuera dejaría escuchar. Ahora sentía cada gota, cada golpe del viento con la misma claridad que ahora podía ver al hombre frente a él. Por primera vez estaba viendo una parte de él que jamás pensó que existió… No, mejor dicho que jamás pensó presenciar.  Fueron muchos los años y ahora la cruel ironía parecía un castigo del karma por haber dejado pasar tanto tiempo. Apretó los ojos con fuerza… “Sigue pensando que es así”... ¿Cómo hacer tal cosa? - Ósea que ahora tengo que asumir… Que sigas con tus aventuras con las cortesanas sabiendo esto.- la idea le soltó una risa nerviosa, un chiste tonto imitando lo grueso de su voz que lejos estuvo de despejar siquiera un poco de lo que estaba sintiendo. Era la primera vez que soltaba aquella idea como más que una broma y es que le enojaba tan solo imaginarlo… Los cuidados de las manos suaves de Isis, el embriagante aroma que invitaba a dejar los problemas atrás… Basta. No abrió los ojos, sus puños los tenia cerrados en el pecho de Evans como si quisiera golpearlo y no se atreviera...
Otra vez el tiempo se le escapo en sus narices… Cuando finalmente sintió que pudo, levanto la vista ante Evans. Su mejor amigo, su próximo líder sin duda, su protector...Levanto sus manos por su pecho hasta su cuello y luego en su rostro, donde lo sostuvo un rato mirándolo como si acabara de conocerlo y sonrió, a cuestas, pero sonrió. ¿Hasta qué punto podía decirle “todo estará bien” con esa porquería se sonrisa si apenas lo demostraba? Le sostuvo la mirada y acerco su rostro lo más que pudo. Le dejo un beso suave, corto, pequeño… Quedaría en eso y ahí, como el resto de las revelaciones de aquella noche tormentosa, nadie más lo sabría y bastaría para que al menos si el vampiro se lo preguntara, tuviera alguna idea de cuál hubiese sido su respuesta en otras circunstancias si es que alguna vez hubo posibilidad en las inmortales existencias que ambos transitaban y a la vez venían con la fragilidad y fugacidad de la vida de un soldado que sirve a Raphael. Agacho la cabeza después y se alejó dos o tres pasos. Otra vez la misma sensación dual, la certeza de que las cosas cambiarían sin poder siquiera imaginar cómo aunque el deber siempre los mantendría cerca el uno del otro. Vaya… Es dulce y digna de aplausos la ironía del universo: Ella, Arcueid van Rip, la Bruja de los Raphael que podía sonreír ante las peores calumnias como si fueran simples bromas ahora sentía que su interior era como la misma tormenta que se desataba afuera. No solo Dimitri volvía como un fantasma y parecía reclamar desde donde fuera que este… Evans estaba al descubierto ante ella de forma que no lo había estado con nadie antes solo para que se vieran obligados a seguir igual que antes… Si se le podía decir así. –Puedes irte si quieres.- se llevó las manos a sus brazos como si pudiera, recién ahí, sentir el frío que se colaba por la habitación en tan tormentosa noche. No se giro aunque sintió la necesidad de hacerlo... A pesar de todo quería mantenerse así, quería darle a entender que estaría para el. Nunca mas le faltaría, no correría mas riesgos absurdos, no se precipitaría al vacío... Lo acompañaría de ahora en adelante como siempre lo hizo con ella. Solo esperaba que entendiera el mensaje..."No te dejare solo Evans, no mas..."
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Evans Cromwell el Mar Ene 28, 2014 3:18 am

¿Por qué en ese momento todo debía ser de esa forma? ¿Por qué Arcueid debió partir la plática mencionando el nombre de su mejor amigo? ¿Por qué no asumir que estaba muerto y permitirle por una vez en toda su vida abrazar a esa mujer sin culpa alguna? ¿Por qué ahora era quien cargaba sobre sus hombros al clan? ¿Por qué ella se había puesto en riesgo? ¿Por qué…? Eso era todo lo que iba y venía en su mente mientras sus pesadas manos descansaban sobre los hombros de la mujer, tan frágiles como si nunca hubiesen perdido su delicadeza a pesar de los temibles enfrentamientos y entrenamientos a los cuales había sido sometida. Sus dedos se movían tímidamente, casi como si temiese que ella los notase sobre la tela que envolvía su piel, y aun así, escuchaba sus palabras sabiendo que sin importar lo que él dijese en ese instante, todo había quedado en evidencia. La máscara se había roto y ella lo sabía…Tantos años pensando que ella no lo notaría, ocultándolo como el secreto más íntimo que un hombre podría esconder y ahí estaba, presa de sus propias acciones, de sus más primitivos impulsos. Y aun así, con ella jamás se permitió ceder al lado primitivo que tan sometido lo tenía. Su frente estaba sobre la de ella, sintiendo el cálido aliento que escapaba de sus celestiales labios mientras los ojos del vampiro ahora se cerraban buscando hacer de ese instante una eternidad ‘¿Por qué ahora?’, preguntó ella en un susurro y él no pudo más que negar con la cabeza en silencio. ¿Por qué no ahora? , se preguntó pero sabría que sería estúpido exponerlo. Sin embargo, hubo algo que hizo que Evans abriese los ojos. Aquellas gemas ambarinas clavándose al instante en el rostro de Arcueid, marcado por las garras de Galliard y por viejas heridas, pero tan hermoso en ese instante a la tenue luz lunar que no podría dejar de mirarlo así su vida fuese en ello. El ceño de Evans se frunció y tuvo que pestañear al escucharle. ¿Acababa de decir lo que él estaba escuchando?. “- Ósea que ahora tengo que asumir… Que sigas con tus aventuras con las cortesanas sabiendo esto.-“ Tal como si estuviese vivo, un escalofríos le recorrió de pies a cabeza y se quedó mirando a la mujer como si no diese crédito a lo que acababa de escuchar. ¿Estaba diciendo que realmente le importaba lo que él hiciese? Sus ojos sobre ella le pedían una explicación pero, por alguna razón, no se atrevió a exigirla en voz alta. Había pensado mil cosas; millones de posibilidades. Pero jamás, en toda su existencia acariciaría siquiera la idea de que ella sintiese…algo por él.

Pero entonces los ojos de ella cayeron sobre él como una bendición y como un joven estúpido que ver por primera vez a la mujer de su vida, no pudo siqueira reaccionar. Ella no era Isis ni alguna cortesana. Ella era Arcueid Van Rip, la mujer que en el instante que vio, amó y jamás se atrevió a aceptarlo. Cerró sus ojos de nuevo cuando los labios de ella se posaron sobre los de él y un escalofríos le recorrió como un azote invernal. Lo único que respondió al silencio fue el ruido que la tormenta provocaba afuera y con éste, un resoplido por parte del cazador. Mordió su propio labio mientras tragaba saliva y tan confuso como un joven inexperto que ve por primera vez el cuerpo de una mujer, dio un par de pasos hacia atrás. No quiso mirarla. Sus ojos se perdieron en cualquier sitio que no fuese ella. Y entonces vio la puerta y caminó hacia ella. Sus pasos pesados y sus brazos seguros, gélido su cuerpo en movimientos pero sintiendo un calor insoportable en su ser. Cruzó el umbral en silencio y cerró la puerta tras de él. Volvería a Isis, volvería a sus brazos. Arcueid tenía que asumir que él caería con las cortesanas porque…
-No…- susurró para sí mismo y como una pantera se giró de nuevo, volviendo a ingresar por la puerta. Con la mano diestra cerró la misma y sin esperar o decir palabra alguna, cortó la distancia que le separaba de ella mientras sus manos le sujetaban del rostro con una ternura que nadie, absolutamente nadie, podría creer que Evans Cromwell sería capaz de mostrar – No me iré a ningún sitio, Roja – dijo firmemente mientras sus labios terminaban de decir lo que con palabras era imposible plasmar. La mujer de sus sueños estaba ahí, frente a él, dolida por heridas que Evans jamás podría sanar pero que haría todo por arreglar. Se juró protegerla hacía años por Dimitri. Maldito Dimitri si estaba vivo y no había cruzado el maldito infierno para llegar a esa mujer. Sus brazos la envolvieron sin pedirle permiso mientras continuaba con aquel beso que hubiese deseado fuese eterno, y solo en el instante en que volvió a hablar, negó con la cabeza mientras buscaba no sonreír –Ninguna…Quiero decir…Podría verlas a todas…y ninguna causaría con todo su cuerpo lo que tu causas cuando me miras…- susurró a la vez que apretaba los labios. Ni Isis, ni Layla, ni nadie. Siempre había sido ella la única capaz de quebrarlo y revivirlo con una sola mirada. La única mujer que sin importar cuánto desease, jamás se permitió querer.
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Arcueid van Rip el Mar Feb 18, 2014 3:00 am

“Not even a cascade of tears will save you
And keep you away from harm ”


¿Oye acaso la pelirroja la lluvia caer intensamente sobre los cristales de su ventana? Si, seguramente ahora como todo le aturde… Siente cada sonido con una claridad insoportable, el frío que trae consigo esta tormenta que de tanto en tanto deja ver la luna y hace que su piel blanca como la nieve se erice o eso quiere pensar. De la misma forma en que nota todo esto ahora y cada sensación le aclara que no es solo una vil pesadilla puede ver al hombre que la acompaña. Sin embargo, en aquel instante quiso cortar todo de una vez como si realmente fuera todo producto de su mente y evitar seguir teniendo que ver a ese hombre… “sigue pensando que lo es”... Cada herida que Galliard y sus hombres provocaron en su cuerpo no se asemejaba en lo más mínimo al dolor que esas palabras le habían provocado. Sin saberlo ni quererlo Evans la había expuesto de una forma que nadie había hecho antes y por primera vez en su vida se sintió realmente frágil, desprotegida. Sin saberlo tenía el poder de destruirla incluso con la más pequeña palabra y sin quererlo algo en su interior había terminado hecho añicos con estas simples vocablos… ¿Como darse vuelta y mirarlo sin flaquear ahora sin rogar que le arrancaran este recuerdo? Recordaba las veces que caminaba por los pasillos de la fortaleza luego de las largas cacerías donde una vez más ellos volvían victoriosos, con la satisfacción de saber que habían servido a su Clan y habiendolo protegido una vez más. Entonces levantaba la vista y se encontraba con el cazador e Isis, tan bella, tan suave y sensual como siempre invitandolo a una noche más a descansar su cuerpo pesado y agotado en sus brazos cálidos como los de cualquier buen amante.Tendría que seguir viendo aquello a sabiendas de que las cosas podrían ser diferentes. Abrigarlo en su abrazo, ser ella quien le de la paz que buscaba, acariciar su piel… Todo eso lo haría otra persona mientras ella solo seguiría igual, siendo sólo aquello que el protegio por su amigo y nada más, una promesa que cumplir por toda la eternidad.

Apretó la tela de su camisa mientras mantenía sus manos en sus brazos y escucho la puerta cerrarse entonces tras sí. Entonces soltó un suspiro y reunió toda la firmeza que le quedaba en su mano diestra mientras que la otra cubría sus ojos, ahora  horriblemente adoloridos. Una lagrima ya podía empezar a sentirla escapar en contra de su voluntad, mientras todo parecía darle vueltas. Evans Cromwell ya no estaba más ahí, el único hombre que siempre le importó, el único al que estaba dispuesta a seguir aun si la vida se le iba en ello se había marchado y aunque ignoraba que el seguia ahi, detras de la madera y el barniz sentía que ya había sido definitivo. Todo se había quedado y muerto ahí sin que pudiera hacer más…

“Please don´t let me bleed for all eternity”

Respiro profundo, y tiró su cabello hacia atrás mientras trataba de recobrarse o aunque sea parecer natural. Sophia volvería pronto y preocupar a la pequeña no era algo para lo que estuviera de humor… No así, no con eso. Se giró esperando ver su cabello rubio, su rostro infantil y jovial, luego de escuchar  la puerta abrirse y cerrarse nuevamente quedó desconcertada cuando se encontró con los ojos ambarinos del cazador fijos en ella como un felino. Jamas otro la había colocado en esa posición… Sin mediar palabra alguna aun cuando en la garganta de ella se atoro su voz pidiendo una explicación el se acerco. Sin quererlo, sin pensarlo, sin imaginarlo siquiera se encontró chocando contra la mesa de antes. Nuevamente sin quererlo, sin pensarlo, sin imaginarlo sus ojos quedaron fijos en él como si no pudiera apartar la mirada por más que quisiera y sin que pudiera dar crédito a que estuviera ahí. Su de piel rigida por el rigor de la batalla acaricio la piel de su rostro con sutileza y las sensaciones de antes; el ruido de la lluvia y gélido soplar de las pequeñas ventiscas que se colaban de la ventana- se le sumó aquella caricia sutil para avisarle que aquello era real, de que habia vuelto, estaba ahi.

De la misma forma en que una frase corta y simple la había desarmado esas palabras ahora parecían construir lo desecho. Lo más parecido a volver a vivir… En ese instante todo desapareció: no había un clan que la tachara de bruja ni a él de triador, todo aquel que pensara que había artimañas y embrujos desapareció de su mente, cada palabra, cada sospecha y rumor, Eliah y Layla, Dimitri y lo ocurrido hace trescientos años atrás, todo desapareció de repente mientras sus brazos rodeaban el cuello del cazador, permitiéndose por primera vez en sus años como vampiro y guerrera, como amazona  del clan Raphael olvidarse de lo que esta bien y lo que esta mal. Por primera vez cada uno tenía lo que quería, estaba exactamente donde quería estar…

Lo que hubiese querido que fuese eterno acabo en un momento, solo por el momento. Mantuvo sus ojos cerrados y la cabeza hacia adelante mientras tomaba aire antes de levantar aquella mirada gélida a él, a sus ojos tan diferentes, con una intensidad y calidez que nadie más podía ver. En sus labios rojos se esbozó una sonrisa de esas con la que intentaba siempre apaciguar el mar en tempestad de su alma diciéndole que todo estaría bien. Tenia tanto que preguntarle y aun asi cada vez que queria, cada pregunta se confundía con la anterior y le sacaba el don de la palabra del que alguna vez se jactó. Mientras la calidez y el frío se encontraban lo único que conseguido contestar una cosa. - Todo este tiempo, pensando que solo era una niña para ti. - no pudo evitar reír levemente entonces. ¿Desde cuando dejó de ser simplemente una promesa? ¿Desde cuando su mirada hacia cambiando a la que ahora tenía frente a ella con la misma intensidad de la calidez de su color? ¿Cuánto tiempo había pasado sin notar que el hombre que amaba, su razón de levantarse ante a la adversidad una y otra vez, la miraba así mientras el recuerdo del pasado usaba ese sentimiento para atormentarnos a cada instante? Tantas preguntas y aun así ninguna importaba… Con el ni el peor de silencio y tormenta capaz de destruir su mundo.
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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Marca del Lobo el Mar Mar 04, 2014 4:32 pm








Una sombra había estado vigilando la puerta desde el rincón contrario del pasillo. Su mirada implacable y sus ojos entrecerrados dejaban en claro la disconformidad que invadía cada una de sus extremidades ante la escena que su imaginación planteaba. Tenía el cigarrillo sin encender entre los labios, pero sus ojos aun así parecían haber perdido el interés en éste.

Ella estaba ahí. Él estaba ahí. Con esa sola explicación…con la mirada que él tuvo en ese corto lapso de tiempo que le tomó salir y entrar de nuevo a la habitación, pudo saber del todo lo que estaba por suceder.
Y entonces…Se quebró.

En lo que dura un solo pestañeo, la silueta desapareció dejando tras de sí el cigarrillo en el suelo, destrozado por sus dientes y un golpe en la pared que marcaba con claridad su puño cerrado.







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Re: Listen to the Rain

Mensaje por Marca de Sangre el Sáb Ago 30, 2014 11:56 am


TEMA FINALIZADO
Todo lo que inicia tiene un final, éste lo han marcado ustedes.

Pero no os confundáis, no siempre tendrán la misma libertad...




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