Alexander Sveengard

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Alexander Sveengard

Mensaje por Alexander Sveengard el Lun Ago 26, 2013 9:12 pm

Alexander Sveengard
Datos básicos
Nombre completo: Alexander Sveengard Apodos: Caballero Negro Original o Predeterminado: Original Edad:  349 años Fecha de nacimiento: 15 de diciembre, de 1665 Lugar de nacimiento: Viena, Austria Raza: Vampiro (Clan Donovan)

Descripción Psicológica

El enigmático vampiro Alexander Sveengard es tan poco amable al hablar de sí mismo, como lo es para descubrir los secretos de otros. A pesar de ser un vampiro que a alcanzado el poder de los años, muy pocos –y eso incluye a casi todos los miembros de su clan.- pueden decir que lo conocen. Sveengard es lo que podríamos llamar un antropólogo entre los vampiros, un investigador de la más antigua erudición entre los vástagos. Tal vez el más diabólico de todos los historiadores inmortales.

A pesar de su naturaleza erudita, también es un explorador valiente, con el vigor necesario para sobrevivir a expediciones en tierras de lobos, donde la mayoría de los vampiros temen caminar. Esta extremadamente bien versado en sus capacidades físicas, su elegante talante es solo un disfraz engañoso. Se sabe que en sus exploraciones llegó a eludir a toda una jauría de lobos que lo descubrierón.

Entre vampiros él siempre se expresa con un sentido versado de elocuencia, derrocha amabilidad cuando es necesario, pero no teme retar a cualquiera que le hable en un tono inadecuado. Siempre habla lentamente, lleno de autoridad y confianza. Su principio es muy simple: “Nunca hagas amenazas que no puedas cumplir, y no uses la fuerza a menos que sea absolutamente necesario”
Historia


Diario de Giselle von Bulow.
Mi nombre es Giselle, tengo veintidós años y soy una bebedora de sangre desde hace poco menos de un año, nací en las praderas vieneses en compañía de mis padres, en una tierra gris que había sido recocida por el sol. Allí ni siquiera la hierba era verde, de alguna manera que no me explico, los prados habían terminado por asimilarse a las rocas del paisaje. Hace pocos meses Roderich me encontró. Según me cuenta, sintió mi perfume embriagador a muchos kilómetros de distancia: y no hay llamado más poderoso para un vampiro que el dulce e inconfundible olor de una doncella virgen. No puedo calificar su acto como monstruoso… él es guapo y sincero, todo lo que siempre soñé durante mi vida mortal. Su intensa soledad lo nubla tanto como a mí, pero agradezco de cierto modo que Roderich este lo suficientemente desprovisto de maldad como para transformar su hambre en amor.
Desde que llegue a esta mansión quede sin saber que hacer. Nuestra casa, porque según dice él ahora es mía también, es un monumento a la avaricia de la edad media, su estilo clásico, sus columnas, sus extensos jardines y prados que se abren hasta el horizonte, su inmensa estructura, no puedo justificar una explicación para tanta opulencia, su único propósito debió ser el de deleitar a quienes vivían en ella.
La mansión y el terreno que la circundan están invadidos de espíritus que puedo sentir durante las noches, y eso no es ninguna leyenda sino un hecho. Pero sin duda no hay presencia más potente que la de los vampiros que viven en esta mansión, ni siquiera los fantasmas se acercan a ellos.
Por mucho tiempo no entendí una serie de cosas que pasaban aquí, lo que me sumió en un mar de confusiones, llegue a pensar en toda clase de cosas extrañas que no me atrevo a confesarme a mí misma. Por ejemplo me di cuenta que muchas de las habitaciones estaban cerradas con llave, y era prácticamente imposible acceder a ellas, pero nunca supe porque, y Roderich me cambiaba la conversación siempre que intentaba preguntarle al respecto.
También descubrí que en la biblioteca había muchos libros y documentos que recopilaban las leyendas más notables acerca del primer Donovan, fundador y líder original de nuestro clan. También encontré algunos libros que hablaban de un vampiro de más de 300 años, Alexander Sveengard, el dueño original de esta mansión, y sire de Roderich.
Hace dos días, mientras dormitaba en el susurro de las últimas horas de la noche, llegó hasta mí un delicado llanto, una moribunda voz susurrante llena de dolor. Un quejido que ya había escuchado en varias ocasiones, murmurando siempre lo mismo… el mismo nombre - “Natasha”.- recuerdo claramente.
Esa voz me llenó de una sensación febril y espantosa. Recorrí las escaleras de arriba abajo, intentando abrir las puertas de las habitaciones que siempre me estuvieron prohibidas, sin embargo todas estaban cerradas, y una sensación de impotencia se apodero de mí. Sin darme cuenta de cómo, llegue hasta el salón comedor, una lujosa y amplia habitación hecha para ofrecer todo tipo de banquetes. Ahí estaba el mismo retrato de siempre. Una joven mujer que nunca supe quién era. Una señorita de belleza muy distinguida, una jovial pelirroja que destellaba con halitos blanquecinos. La musa venusina llevaba puesto un vestido de terciopelo nacrado sin mangas, sus brazos daban la impresión de poseer una piel deliciosamente suave que cualquier hombre se moriría por besar, y a través de su delicada figura se ceñían unos guantes de seda blancos que ascendían poco más arriba de sus codos. Era una sensación extraña estar ante tal obra de arte.
Lady Natasha.- La voz de Roderich vino a sobresaltarme. Debía tener más sueño de lo que pensé, porque no lo sentí llegar.- Aquí hay toda clase de espíritus y fantasmas, pero no sabía que tú eras uno de ellos.- repuse, él sonrió antes de volver su pálido rostro hacia mí y observarme con esa expresión ausente que nunca le abandonaba. -¿Quién es ella?- Le cuestione, anteriormente le había encontrado en diferentes ocasiones observando el cuadro, no fue muy difícil deducir que la conoció.- Ella fue la esposa de mi Sire.- En ese momento no podía creer lo que veía, el rostro parco de Francis denotaba una clara tristeza. - ¿Murió? – No había terminado de preguntar cuando oí de nuevo la misma voz. – ¡NATASHA! – Esta vez era un grito desgarrador, ahogado entre un mar de emociones. También escuchamos un golpe en las habitaciones debajo del castillo, que en tiempos muy antiguos habían servido como catacumbas.
Mi señor esta teniendo pesadillas nuevamente.- Fue una sorpresa escuchar aquello, hasta esa noche Roderich nunca se había referido a nadie como “Mi señor”, y mucho menos imagine que lo tuviera. En ese año lo vi hacerse cargo de todos los asuntos de la mansión, los demás vampiros lo obedecían, simplemente supuse que él era el amo y señor de todos nosotros. Estaba a punto de descubrir mi error.
Ven, te mostrare algo.- Bajamos a lo que podríamos llamar los sótanos de la mansión, la construcción era totalmente diferente ahí, entre más escaleras bajábamos, más me daba la sensación de estar entrando en una especie de monasterio, las paredes estaban talladas con dioses y diosas como en los frisos de los templos. Finalmente llegamos al claustro subterráneo, una habitación a la que nunca llegan los rayos del sol, alumbrada por antorchas todo el tiempo. Roderich me agarró de la mano, mientras usaba la otra para empujar un portón de hierro macizo que chirriaba por el oxido.
Entonces lo vi, ahí estaba el sire de mi sire, sentado sobre su trono. Su piel había adquirido un tono opaco, un gris mortecino como el de las gárgolas. Sus dedos parecían fundirse con la piedra en los brazos de su trono. Tantos años bajo la oscuridad lo habían transformado, su apariencia no era humana, se asemejaba más a un ídolo esculpido, como las estatuas en las basílicas de Constantinopla. Pero sin duda seguía vivo, su corazón crepitaba delicadamente, solamente estaba en un estado de sopor.
¿Él es?...- Quise preguntar, pero Roderich se adelanto. –Sí, él es Alexander Sveengard, el vampiro que me creo hace 200 años.- Luego volteó hacia mí, y me apretó un poco más fuerte la mano.- Hubiera preferido nunca mostrarte esto, pero tú, entre todos los miembros que viven en esta mansión, eres quién más se ve afectada por el llanto de lord Sveengard.- Era natural, había nacido con un alma hipersensible a lo sobrenatural, desde muy pequeña percibía cosas que nadie más sentía o escuchaba, naci con una especie de sexto sentido que solo se hizo más notable después del abrazo. Desde que me convertí en vampiro podía sentir el movimiento innatural en las sombras de cada objeto de la mansión. Vivía asustada, y él era la razón, la aterradora presencia que me ahogaba era la de ese anciano vampiro postrado en su trono.
Intentaré narrar lo mejor posible las palabras de Roderich:
“Esto ocurrió una noche hace muchos siglos. Corrían tiempos de sangre en aquella época de discordancia entre las razas, en Alemania y en Rumania lobos y vampiros estaban enzarzados en una lucha sin sentido que arrastró a varias familias aristócratas a la ruina, una huella de destrucción que se extendía rápidamente por todo el oriente de Europa. Lord Sveengard había sido convertido en tiempos del sacro imperio romano germano, y aunque estaba familiarizado con la guerra y el uso de la espada, decidió mantenerse al margen de los hechos, para gozar de la propia eternidad. Hacía unos 100 años que el poderoso amo encontró a su alma gemela en medio de una asamblea en Rusia. Una fantástica doncella Arlovskaya bastante mimada a la que él mismo convirtió en vampiro. Desde entonces nunca más volvieron a estar separados uno del otro, incluso durante el sueño diurno compartían el mismo sarcófago lleno de flores secas que exhalaban un grato perfume. Todos creímos que sería para siempre... no teníamos la más mínima razón para sospechar que los lobos nos atacarían.

Ese día funesto caada vampiro del castillo estaba exánime debido a la cercanía del amanecer, una de las debilidades más notables de nuestra raza, a causa de ello nuestros sentidos adormilados no pudieron percibir ni el olor ni los pasos de los invasores. El joven vampiro que custodiaba la puerta del jardín fue el primero en caer, con su andar débil y lánguido no pudo hacer mucho por defenderse, pero su gritó de agonía nos previno a los demás.

Nuestro clan, y más nuestra casa, festeja de manera muy especial el vinculo de sangre, cuando uno de nosotros muere… los demás podemos sentirlo. Lord Sveengard sintió la muerte de su hijo. Lo vi enraizado en un frenesí incontrolable, arrojó con fuerza la tapa de su sarcófago; una enorme lapida de piedra maciza que debió pesar fácilmente un cuarto de tonelada, y cuya tosca caída sonó como un bombo de guerra.
Pero para cuando nuestro sire se había levantado, nuestra casa de vampiros ya había sido humillada, más de la mitad de los habitantes habían muerto, y muchos de los que quedaban estaban gravemente heridos, algunos incluso agonizantes. Cuando él vio todo eso, la amargura en su rostro era demasiado fuerte para siquiera intentar describirtela… comprenderás que para mí eso fue un suceso especialmente extraño. El temple de mi sire no demostraba nunca expresión alguna, salvo cuando estaba junto a su esposa Natasha.

¡A por ellos! –Rugió mi lord de un momento a otro, despertando, resucitando dentro de él al poderoso caballero, líder de un clan que desde tiempo feudales había sabido defender su territorio en los raudos valles nevados de la germánica tierra balcánica de los Otomanos. El aullido de los lobos se levantó en respuesta. Vi a Natasha pasar las manos sobre los hombros de mi sire una última vez, y luego mirar por la ventaba la tibia luz de la luna escondiéndose en el fondo del paisaje.

La escaramuza se desarrolló entre gritos y rugidos, y Sveengard deseoso de encontrar la muerte solo después de acabar con todos sus oponentes, partió con sus propias manos el espinazo de 3 alimañas, mientras el resto del clan nos arrancábamos la piel en un intercambio de zarpazos con los Lobos. Todo transcurrió en cuestión de minutos, casi la mitad de los vampiros restantes estaban tendidos en el piso, pero por los menos 4 de los 8 miembros de la manada enemiga habían muerto en la hazaña, y otro más estaba mal herido sin remedio, con las piernas rotas y sin oportunidad de luchar más.
Desde luego Sveengard estaba en pie, apenas un tanto lastimado, no por nada había luchado durante 15 años en la recuperación de Hungría contra los Otomanos. Sin embargo, el fulgor del sol ya se entreveía por los tejados de las torres más altas del castillo. Sin poder retroceder, con la muerte apuntando hacia todos lados, los lobos nos acorralaron cuando el primer rayo de sol cayó sobre el jardín. No nos dejaron regresar dentro de la mansión.

El líder de la manada, un europeo especialmente fornido de cabello rubio y vestido en un abrigo de piel, lanzó a lord Sveengard por los aires, y tomo a Nataasha por un brazo. Intenté detenerlo, pero también me arrojo lejos con su inconmensurable fuerza. El resto de la manada tomó a Natasha por las piernas, y jalaron en todas direcciones amenazando con desmembrarla… y esa habría sido una muerte misericordiosa, pero la crueldad de nuestros enemigos no tenía límites. La arrastraron a las primeras luces del día, la ira del cielo diurno fluctuó sobre ella y la convirtió en una pira luminiscente. El grito aterrador de socorro duró tan solo un segundo, para convertirse en un gemido seco al tiempo que su cuerpo se convirtió en cenizas.
Natasha Arlovskaya había dejado de existir, mis hermanos estaban muertos, la sensación de sed era insoportable. El resto de nosotros no podíamos hacer nada… más que esperar la muerte, ya fuera por los rayos del sol o los colmillos de los lobos.

Pero en un impreciso momento el grito de desesperación de Lord Sveengard nos saco de nuestro letargo. Ignorando toda lógica de nuestras debilidades, el amo Alexander se lanzó sobre nuestros enemigos, abriéndose paso por los rayos del sol como una antorcha humana. Cada latido de su corazón resonaba en el nuestro, y significaba agonía, finalmente fui yo quién tomo al resto de mis hermanos y los lleve dentro de la mansión. Con las cortinas cerradas y detrás de los muebles, caímos en sopor… esperando la muerte entre sueños.

Cuando la noche cayó nuevamente no estaba seguro de sí estaba dormido o despierto, solo una cosa sabía… seguíamos vivos. Como estaba demasiado débil para poder levantarme, me arrastre hacia el jardín para saber lo que había pasado.
No podía creer lo que vi. Con las manos aún convertidas en garras, Lord Sveengard estaba postrado en medio del patio, cubierto por las pieles de los lobos. Les había arrancado la piel de su estado crinos, y con ellas se cubrió de los rayos del sol. En su pecho se podían escuchar aún los latidos de su corazón. Su cuerpo estaba convertido en una llaga viviente, la piel cocida parecía burbujearle, pero sobreviviría.
Lo traje aquí para que se curara. Su cuerpo sano en algunos meses, pero la herida en su corazón… de esa no se ha recuperado, y creo que es la mayor razón por la que se niega a abandonar su estado de sopor.”
Seré sincera, después de su relato no dije nada más, nos envolvió una sensación de tristeza. Roderich lo significaba todo para mí, no podía imagina siquiera un mundo sin él. Cuando nos íbamos algo sucedió, una extraña energía nos golpeo; se sintió como un latigazo sobre la espalda. Al darnos la vuelta lo vimos… con toda su furia, con todo su esplendor. Él se puso de pie, y mis moléculas, mi alma vampira resonó ante su presencia, como si se regocijase y cantase su gloria. Al sentí aquello mi espíritu se convirtió en un torbellino. Incluso el trono detrás de él pareció gemir. –Roderich.- Habló, su voz era suave como el crepitar de un fuego, y al mismo tiempo poderosa como el rugir de un sol.
-Roderich, no los he olvidado hijos míos.- Volvió hablar. - He sido enterrado y he regresado, he sido golpeado, he sido derribado y aun así he vuelto a levantarme. El sol me ha mordido con toda su furia y sigo vivo… pero esto no es un milagro, responde Frederick… ¿Qué es esto? – Sus palabras nos dejaron mudos. Caminó hacia nosotros y nos tomo por los hombros. Sentí que su mano pesada podía desbaratarnos sí así lo quisiera.
Sus heridas habían sanado, y aparentemente despertó por una única razón. Solo el ojo por ojo iba a calmar su sed de venganza. Siento como si estuviera presenciando el principio de la madre de todas las guerras.

Diseñado por Elektra para Guerra de Sangre.


Última edición por Alexander Sveengard el Miér Abr 30, 2014 5:25 am, editado 2 veces
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Re: Alexander Sveengard

Mensaje por Marca del Lobo el Lun Ago 26, 2013 9:59 pm

¿Qué le puedes dar a un hombre que ha muerto? Dicen que el vampiro camina eternamente marcado por Dios en este mundo. La eternidad es efímera si tienes alguien con quien compartirla pero ¿cuando ese alguien escapa de tus garras? Oh, los dioses son crueles, hijo de Donovan. Te permiten probar la felicidad para luego quitartela, envidioso de ésta.

Todos tenemos fantasmas en nuestras espaldas...El tuyo posee el cabello encendido de las brujas antiguas. Pero ten cuidado, no sea que las llamas de su cabello terminen por consumir del todo tu cordura.

Se bienvenido, hijo de Donovan. Encuentra en tu venganza el consuelo de los heroes.
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