El Eclipse sobre Viena

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El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Ileana Romanova el Lun Oct 07, 2013 2:56 pm

Dos días… Dos malditos días en los que Ileana estaba, como se diría por ahí, “como alma que lleva el diablo”. Aun las demás doncellas de la casa no salían de su asombro cuando aquella Donovan, aquella doncella que aun sirviendo gozaba de pertenecer a ese cerrado círculo con la pareja real y la sombra misma de su líder, mutaba sus facciones delicadas y siempre serenas a unas más rígidas, altaneras, molestas. No ver a su querida y amada Reina había hecho ya que le diera vuelta la cara de un golpe con la mano abierta a una doncella principiante por un error que hubiese pasado en otra situación. En su temple habitual se hubiese agachado ante ella y con una sonrisa le hubiese dicho que no importaba, que ella se encargaría de interceder ante sus reyes para que no hubiese castigo, que cualquier a cualquier neonato le podía pasar. En vez de eso la tachó de estúpida mientras los orbes de la recién convertida la miraba estupefacta. Aquel ángel que era la bella rumana fácilmente podía transformarse en un demonio, como si su tensión y duda abrieran una brecha que dejaba escapar su oscura naturaleza.
 
Quizás la parte más desesperante de todo era saber que no podía intervenir. Debía, como la fiel doncella que era, esperar el llamado de su querida Úrsula. Los pocos rumores que podían escapar de la Sombra y su Señor habían llegado a sus oídos pero nada que pudiera aplacar su espíritu atormentado por la duda. Esa noche estuvo con las nuevas doncellas, entre ellas la que golpeó, con la parsimonia que tanto la caracterizaba. Su rostro se iluminó cuando supo que ella la necesitaba, que la estaba llamando y no hace falta decir que la rumana contesto con premura.
 
Su cuerpo muto hasta transformarse en un cuervo, pequeño y con plumas de ébano más oscuras que la misma noche. Desde el primer momento que dominó este arte detestaba el no poder tomar una forma tan delicada y grácil como su Reina, pero no podía imaginar mayor placer que volar entre el viento frío de la noche veneciana. Frente a una puerta escondida la doncella regresó a su forma humana, mientras un vestido delicado pero discreto y de color negro cubría su piel de mármol blanco. No ingresó por la entrada principal porque sabía que interrumpir la concentración de la rusa cuando baila era algo casi imperdonable y bien se lo había dejado en claro desde el primer momento en que llegó.
 
Sus ojos grisáceos se cruzaron con ilusión con aquella figura que realizaba los movimientos de ballet que, alguna vez en el pasado, había sido el deleite de la humanidad. Era como si la vida, como si una entidad terrenal capaz de controlar el destino hubiese encontrado la forma de conservarla y tenerla para si por toda la eternidad al haberse enamorado de su suavidad, de sus gráciles movimientos así como de su cabello de ébano y sus ojos que parecían extraídos del más profundo de los glaciares. En esos momentos se podía dar cuenta de que Ileana la admiraba… Pero su sonrisa se desdibujó de inmediato.
 
¿Que era eso? ¿Que era aquella aura que opacaba a su reina como la Luna cuando es oscurecida con la sombra de la Tierra? “¡No, no y no!” exclamó Ileana para sí como aquella niña caprichosa que era, pero rara vez dejaba salir a la luz. ¡Algo le pasaba a SU Reina! Y la necesitaba…Casi se le escapa un “Regina mea”, pero pensó bien antes de siquiera pronunciar un sonido en su rumano natal.- Mi Reina.-  dijo suavemente mientras se acercaba con una mirada expectante a Úrsula. -¿En que puedo serle útil?-dijo, como siempre anunciaba su presencia ante ella o ante la pareja real.
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Úrsula Kozlova el Sáb Oct 12, 2013 10:37 pm

Sus palabras…Las de él. De su propio marido, pocas, pero hirientes habían hecho añicos el ego y el alma de la Señora de los Donovan, como si no estuviese hecha más que de cristal. Después de dos días, en los que la Reina se había limitado a vivir en su gran teatro, las heridas seguían abiertas y supurando pese a que el dolor y la rabia en su interior ardía de manera tan fiera que habría cauterizado la mutilación de una extremidad. Su vestido blanco, aquel que había roto en un momento de ira para que le sirviera de tutú improvisado, carecía de la pureza que Úrsula siempre había exigido.  Durante un día y medio se había dedicado únicamente a bailar. Escuchaba la música que hacía vibrar el teatro y se dejaba llevar por la melodía. Por cada nota alta y baja, acompañándolas de rápidos détornué o furiosos déboulés según lo requiriera la presentación. Los pies le dolían, la espalda le ardía, los músculos delineados de sus piernas temblaban y gritaban pidiéndole que se detuviera y así ella lo hizo.

Dejó caer su cuerpo, lleno de frustración y de rabia. Sus ojos, bañados en el color de la sangre, en el color de los rubíes, en el curioso color de las rosas y del fuego que estaba ardiendo en su interior, se deslizaron por su tersa piel observando sus piernas hasta alcanzar sus pies dañados. Había bailado sin zapatillas, había saltado y soportado el peso de su cuerpo haciendo demi pointe sin importarle el tirón en sus tendones ni las heridas abiertas. Movió las manos apartando la escasa tela de su vestido, lo que hizo que el épico brazalete de la Reina sonara, invadiendo sus oídos con el cálido tintineo que durante muchas noches le había traído calma. Ahora sólo la recordaba la fatal verdad.

Se arrancó el brazalete con furia y alzó la mirada hacia Ileana cuando ésta le habló. Aquellas orbes que habían sido, finalmente, coloreadas de forma permanente se posaron en los ojos azules de Ileana en los que comúnmente encontraba paz. Ahora encontraba un reto pues la preocupación en sus ojos le hizo saber que se había sumido en un decepcionante castigo restándole importancia a su poder. La Reina sonrió un poco y la luz del teatro pareció reflejarse en sus colmillos blancos mientras ella, haciendo caso omiso al dolor penetrante que azotaba su cuerpo,  se levantaba y lanzaba la importante joya a Ileana –Quémalo- Movió la mano con suavidad para que su cabello negro se apartara de su rostro y se acercó al límite del escenario.

Aunque quiso, no pudo cerrar la boca, pues los colmillos le pincharon la parte interna del labio. Alzó una ceja y afirmó –Junto con todo mi vestuario. No dejes nada a excepción de mi vestido de emparejamiento- Ella sabía a cuál se refería, era el único…El ÚNICO de todo su inmenso vestidor que no era blanco. Úrsula, para despertarse un poco del estado de tormenta emocional en el que había estado, se pasó las manos por el rostro sintiéndolo pegajoso y cuando apartó éstas se dio cuenta de que tenía los dedos manchados. Parpadeó con sorpresa antes de mirar con confusión a Ileana. Había llorado. Últimamente aquello se estaba convirtiendo en algo común pero, aquellas lágrimas, tenían algo diferente a las anteriores, estaban compuestas de su sangre. La habían roto de tal manera por dentro, que lo único que le quedaba a la Joya de la Raza era sangrar
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Ileana Romanova el Jue Oct 24, 2013 10:36 pm

Su rostro estaba marcado por ríos secos de sangre, su vestido de la más fina tela estaba rasgado en lo que parecía un improvisado tutu, sus pies estaban destruidos sin haber sido adecuadamente cuidados. Sudada, desalineada… Opaca. ¿Qué había pasado con la joya de la raza que ella tanto admiraba? Los  ojos grisáceos de Ileana no podían relucir otra cosa que no fuera incredulidad y sorpresa, una desagradable sorpresa.
 
Sonrió sí… Pero esa sonrisa no era nada en comparación a lo que había visto en los días de antaño donde ella era sinónimo de perfección y belleza. Su palabra fue tajante como directa su orden sumiendo a la doncella en la más cruda duda. -Regina mea.- volvió a pronunciar, pero de forma diferente; en un susurro tan frágil y pequeño en el que aún cabía su preocupación inmensa. ¿Qué fuerza había atormentado  su reina a tal punto de castigar su cuerpo de aquella forma y a tal punto de haberla alejado así de ella y del mundo por tanto tiempo? Ileana tomó con su mano delicada la invaluable joya mientras frunció su ceño aun. Miro a Úrsula, miro la joya y luego a la nada… ¿Solo eso sacaría luego de tanto tiempo? ¿Una simple orden? -Mi Reina…- una súplica estuvo a punto de salir de sus labios pero la acalló enseguida. A pesar de ser su consentida muchas veces la pequeña doncella tenía que recordar su lugar… Esperaría, por el momento esperaría…
 
Levantó la mirada de regreso a la rusa, cerró los ojos e hizo una leve reverencia. -Si, mi Reina… ¿Desea algo más?-

Off- Rol:
Úrsula, desde ya te pido disculpas por el tiempo en que tarde en contestarte. No queria hacerte un post tan vacio y al final termino saliendo esto, espero poder remediarlo mas adelante.
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Úrsula Kozlova el Dom Oct 27, 2013 12:04 am

La Reina observó con pesar la estupefacción de Ileana y no pudo hacer más que apartar la mirada de ella. Sus lastimados pies la guiaton lentamente hacia el  control remoto que se hallab en el piso.  Se inclino para tomarlo y de un simple toque la música clásica abandonó el teatro dejándolo sumido en un profundo silencio que Úrsula no se molestó en llenar durante el largo   minuto  que le  costo bajar del escenario. Se movía con cuidado y sus ojos carmesí tenían un aspecto vago  y meditabundo mientras sus manos pasaban su cabello sobre su hombro.

Sus dudas estaban a flor de piel y se sentia extrañamente vulnerable asi que alzó sus delicados brazos y se abrazó a si misma. Al llegar frente a la doncella sus ojos rojos se posaron en las preocupadss orbes de aquella niña que habia iniciado como una sirviente y ahora era mucho más que eso. -Ileana...- Su voz sonó ligeramente frágil y débil - ¿Confías en mi?- Preguntó la Reina de la Raza y bajó sus brazos con desgana esperando oír la respuesta de la damita.

No obstante, dos segundos después de haber hecho la pregunta, esa que le habia provocado un nudo en la garganta, se dio cuenta de que no  quería escucharla. Esquivó la mirada de la niña para seguir su camino hacia las butacas del teatro. Pese al dolor que estaba cercenando su cuerpo, la Reina Oscura se las arregló para mantener su elegancia y gracia mientras caminaba. Al llegar a la primer fila, sentándose exactamente donde Donovan se había sentado hace más de 300 años atrás.  Se humedeció los labios sólo para darse  cuenta de la increíble sed que tenía. Era bastante obvio. Había perdido mucha sangre durante el hechizo que planeaba hacer y, claramente, para nadie era un secreto que tras un frenesí,  el Donovan enfurecido lo único que quería era beber de su sire y amado. Sobre todo los emparejados.

La dama rusa inclinó la cabeza y apoyó la misma sobre sus dedos entrelazados -¿Sabías que Donovan estaba hastiado del ballet hasta que hice acto de presencia?- Úrsula levantó la cabeza con aparente interés y sonrió brevemente -Es como si hubiese visto una diosa bajar del cielo sólo para él. Fue ese el momento en el que me enamoré de él...Sin siquiera saber qué o quién era- Aunque una pequeña luz había iluminado su rostro por un momento, la sombra de la decepción volvió a colarse en sus rasgos rusos -Sin siquiera saber qué era lo que él buscaba en una mujer- Recordó vividamente la furia que había sentido tras enterarse del  claro engaño de su libertad.

-Necesito un pañuelo húmedo- Quería limpiarse esas lágrimas que él no merecía,  a él poco le había importado restregarle en la cara que quien mandaba en aquel clan era él.  Muy por encima de ella. Sus nudillos palidecieron mientras la Joya de la Raza apretaba los reposabrazos del asiento. Odiaba aquello. Había vivido durante años con una fantasía de falsa libertad. Él le había mentido y lo iba a hacer pagar por cada decada pérdida.  
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Ileana Romanova el Dom Oct 27, 2013 11:32 pm

Ni durante un solo segundo Ileana le aparto la mirada a aquella mujer que se había convertido, quizás, en lo más importante dentro de su pequeño y reducido mundo. Solo ella y la pequeña Grizzy mantenían la cordura y la templanza de aquella doncella que lograba ocultar la otra parte de su dualidad; una parte de si misma que ni siquiera ella conocía bien de que era capaz pero la dejaría a rienda suelta de ser necesario. Las consecuencias las asumiría después… Valdría la pena si era por la rusa y solo era por esto que en los ojos destellaba algo más que preocupación. La ira…
 
Su dama no le dejo responder a la pregunta que ella misma formulo. ¿Acaso dudaba? ¿Le dio razones alguna vez? Le hubiese preguntado esto y más antes de jurarle que le haría cambiar de parecer, que de pedirle cualquier cosa lo obtendría. Pero callo… Por el momento callaría pero no por propia voluntad sino por la estupefacción que aquella imagen y aquella situación misma le estaban provocando. Se limitó a seguirla hasta quedar delante de ella, con sus manos juntas delante de su vientre, sus ojos posados en la mujer a la que se le encargo servir, callada y serena como podía permitirse estarlo en ese momento. No se permitiría perder la compostura delante de ella. A medida que hablaba el ser que era Ileana sufría una transformación de la que la Reina misma no tendría ni la más remota idea. Porque ella podía disimular cualquier frustración e ira como si fuera la mejor de las actrices pero aquel rencor que se empezó a gestar desde el momento en que comprendió quien era el culpable de pesar de su querida Reina. Además la doncella no era estúpida… No profesaría abiertamente aquello que sentía sin que luego su cabeza rodara aun el llamado de los muertos lo impidiese.
 
-Se la traeré enseguida, mi Reina.- dicho esto se dirigió a un baño, al lado de las butacas del teatro. Rasgo una manga de su vestido y la humedeció con agua fría antes de regresar con la vampiresa rusa. Ante ella se arrodillo y sin mediar palabra empezó a secar ella misma la sangre que había resbalado por sus delicadas mejillas de mármol. Sus ojos se posaron en los de ella unos instantes y la quedo mirando antes de sonreír levemente. –En otro tiempo jamás me hubiese atrevido a tocarla sin permiso o a rasgar la ropa que usted escoge para mi.- siguió acariciando el rostro inmaculado de la Reina mientras esperaba que aquella respuesta fuese suficiente para calmar la duda que tenía en un principio. Pero aún más importante esperaba que entendiera que si iba a tomar un camino ella seguiría en su lugar: el de la fiel doncella que sirve a su Reina y cumple con su voluntad.
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Úrsula Kozlova el Dom Nov 03, 2013 7:04 pm

Aunque comprendía ciertamente la estupefacción de Ileana ante la destruida imagen de la mujer que siempre se vanaglorió de ser la hembra más fuerte del clan, odiaba que se quedara en mudo silencio escuchando las dolientes palabras que abandonaban sus labios. Por eso, la Reina de la Raza cerró la boca y simplemente observó con calma el teatro vacío…Si el típico encanto del piano y la banda escuchándose en el fondo, si la cálida luz blanca golpeándole el rostro a las bailarinas. Úrsula era una estrella porque destacaba entre las demás. Sin nada contra qué comparar, la Joya de la Raza simplemente había asumido que todos creerían que era maravilloso. Pero no. Incluso a su esposo parecía habérsele olvidado. La vida de niña mimada se había acabado. La Úrsula que había iniciado la revolución del ballet. Esa que desde adolescente vivió lejos de sus padres disfrutando de cada pedazo de mundo que no conocía, volvería a renacer y les demostraría  a todos y cada uno por qué no era la líder de los Donovan, si no su Reina.

Se pasó la lengua rasposa por los labios sintiéndolos agrietados y lastimados, por ello cerró los ojos y escuchó claramente la voz de Ileana complacer sus oídos. La dama rusa asintió y su cabello negro se meció con la suavidad de la seda mientras cruzaba una pierna sobre la otra pese a que sus músculos cansados le pedían que no los forzara con ningún otro movimiento. ¿Qué podía hacer Úrsula por el bien del clan? Había desechado la idea de “Esposa trofeo” que se le había colado en la mente cuando había estallado de rabia a causa de la reacción de Donovan. No, le iba a demostrar con hechos que estaba hecha de otra manera no del cristal frágil que él creía podía proteger de todo y a toda costa.

Sintió el dulce y perfecto aroma de la inocencia cuando Ileana volvió hacia ella y abrió sus jos carmesí para mirarla notando que su vestido estaba rasgado y, aunque estuvo a punto de decir algo, fue la damita quien la interrumpió. Úrsula le devolvió la sonrisa con algo más de ánimo y asintió perdonando la ofensa que había realizado mientras le permitió limpiarle el rostro –Tenemos que empezar a hacer cosas diferentes, Ileana- Murmuró la Reina y en sus ojos recordó todas las experiencias vividas incluso una que les había cambiado la vida a las dos. Los Trillizos. Úrsula sonrió un poco más y parpadeó suavemente mientras una pequeña idea empezaba a colarse en su mente –Vamos a empezar a hacer la historia de todos esos libros que leemos en el día-

Tomó sus manos y con una caricia detuvo la limpieza y la haló un poco hacia sí para que se incorporara –Por favor, téjeme todo el cabello- Le pidió con calidez antes de girarse levemente, agradeciendo que estaba en la butaca del final de la fila así podría hacerlo con más Ileana. Nunca le había pedido algo así, tal vez algún adorno específico pero ahora que estaba perfilando sus ideas necesitaba tener la mente clara y todo iniciaba por poner en orden su imagen –Haremos un viaje- Musitó de forma vaga  recordando las palabras de su esposo en la reunión con el antiguo caballero Aleksander –Conoceremos el clan Raphael. E investigaremos la muerte de su líder- Aparte tenía otro par de asuntos pendientes para conocer acerca del clan de los Renegados. Uno de los asuntos que entraba era establecer presión para que, finalmente, eligieran un líder -Hay que reunir al séquito- Úrsula saboreó aquella orden con orgullo. Estaba especialmente encantada con cada uno de los integrantes que había seleccionado para acompañarla en sus pequeñas y diferentes "aventuras" o "juegos".
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Ileana Romanova el Sáb Nov 09, 2013 1:37 am

Con suavidad y delicadeza, como todo lo que hacía, y con ese simple tacto suave podía notar que había un paulatino cambio en su Reina. Ileana era testigo de un cambio más grande de lo que podía imaginar y que no solo afectaría a Úrsula o a ella. Mientras le pasaba aquel retazo de tela fina rasgado de su vestido, húmedo y frío sobre su piel de mármol podía notarlo, a ese punto la conocía...Cuando escucho sus palabras la doncella la miro expectante, incluso con inocente ilusión en sus palabras; Úrsula planeaba un cambio, definitivamente, y ella quería su compañía en el mismo. No Donovan, no Stefan, no otra persona… La requería a ella, su fiel doncella.
-¿La historia, mi Reina?- su pregunta nació como la de cualquier niño, de la más pura inocencia y ilusión. Con una sonrisa y entusiasmo asintió ante la orden de su Reina y se colocó detrás de la butaca a paso apurado para empezar a tejer aquel cabello de ébano que caía como una cascada oscura sobre su cuerpo, ahora mal trecho y lastimado por tanto bailar. Aun tan maltratado como estaba se deslizaba entre sus dedos como la más fina tela de seda de cualquiera de los vestidos que en unos momentos tendría que consumir en el fuego. La miro curiosa, casi extrañada por sus palabras acerca de la muerte del líder de Raphael. ¿Que tendrían que ver el clan de guerreros en todo esto?
-¿Investigar, mi Reina? Creí que fue un suicidio…- dijo ella extrañada, cuestionando como pocas veces lo hacía aunque bien Úrsula entendería por qué. Aquella versión era la oficial y la única conocida entre los Clanes de Sangre y más allá de toda especulación personal nadie podía animarse a levantar la voz de entre los susurros para poder contrariarla. En el caso de Ileana poco había pensado en este tema… Si no tenía nada que ver con ella y con su Reina poco le importaba… Hasta ahora. “Hay que reunir al séquito”, dijo la rusa, haciendo que una sonrisa se dibujaba en sus labios. Por años la vampiresa que tenía enfrente fue reuniendo a los indicados para servirles, uno por uno de manera sumamente cuidadosa y ahora, por fin, estos demostrarían su valía. En poco tiempo una trenza perfectamente armada estaba apresando las hebras oscuras de Úrsula. -Los convocare de inmediato, mi Reina.-
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Re: El Eclipse sobre Viena

Mensaje por Úrsula Kozlova el Mar Nov 19, 2013 11:04 am

-Así es, Ileana-  Musitó y una leve sonrisa se dibujó en sus labios pálidos al percibir el tono tranquilo de su doncella –¿Alguna vez escuchaste aquella famosa frase que dice “Los hombres pelean las batallas, pero son las Reinas las que inician y terminan las guerras”?- Le cuestionó mientras sus ojos carmesí paseaban por el escenario que hace pocos minutos había absorbido toda su crisis emocional y el despertar de un nuevo amanecer –Pues eso es lo que haremos, Ileana. Acabar esta estúpida zozobra que generará una guerra y división en los clanes y nos volverá vulnerables al verdadero enemigo, los licántropos- La mujer apretó los reposabrazos con furia ante la incompetencia de los vampiros que anidaban en todos los clanes. Aquellos que no veían más allá de su nariz.

Úrsula ladeó la cabeza con una ceja alzada ante la sorpresa de la pregunta de Ileana. Apoyó su brazo en el respaldo de la butaca para negar la cabeza con pesar –Con el tiempo aprenderás a que ningún líder, mucho menos Raphael, se suicida. Los líderes mueren en batalla o son asesinados por traidores, Ileana –Dijo y por un momento frunció el ceño pensando que su doncella no estaba leyendo todos los libros que le daba –Pero el suicidio siempre es una forma más interesante, y obviamente previsible,  de esconder lo que en realidad pasó, preciosa- Se lamió los labios resecos y tomó la trenza finalizada en sus manos para acariciar la punta de su cabello con aire enigmático – Pero para aquellos que han nacido en este tipo de nidos, tenemos un especial manera de descubrir traiciones donde nadie las ve. Te enseñaré a observarlas porque cuando yo muera, tú tendrás que investigar quién lo hizo y tomar la venganza en tus manos- Dijo con suavidad y alzó su mirada carmesí hacia la muchacha que aparentaba fragilidad e incluso debilidad. Sus orbes oscuras trataron de escudriñar en el alma de aquella niña pese a que la nigromancia no era precisamente el arte que manejaba. Y le dio aquel trabajo porque sabía que el día en que ella pasara al mundo de las sombras, Donovan no tardaría en hacerlo.

-Tienes que dejar ir tu verdadera inocencia Ileana. Te mostraré un mundo donde sólo el más astuto sobrevive. Sí, mantén tu fachada, pero muy dentro de ti no puedes confiar en nadie más que en ti misma- La miro con un gesto levemente preocupado y frunció el ceño –Desconfía de todos y de todo. Excepto de mí, yo te protegeré hasta con mi última gota de sangre. Y tú lo harás de la misma manera- Le ordenó. Sabía que podía contar con ella, pero asimismo, la doncella era débil ante las órdenes de Úrsula. En otrora había pensado en pedirle su alma para ofrecérsela a los demonios y sabía que aunque n quisiera, no podrá resistirse a la orden. Pero no, no necesitaba d los demonios y espíritus teniendo a Eudoxia y a Francois de su lado.

Los ojos de Úrsula empezaron a mutar lentamente y ante la mirada de Ileana tomó su forma felina, la de una gata blanca algo más grande que el tamaño común de los felinos y aunque siempre tenía ojos diamantinos mientras estaba en esa forma, esa vez llamaba la atención  el rubí de aquellas orbes siniestras. Saltó a los brazos de Ileana que la capturó al vuelo y, con caricias, abandonaron aquel salón para dar la cara hacia el clan Donovan.
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