Efecto dominó

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Efecto dominó

Mensaje por Teudis el Jue Oct 03, 2013 3:20 am

“La gran pieza ha caído, haciendo temblar los cimientos mismos sobre los cuales nos emplazamos. Licanos de todas las manadas están comentando avivadamente el último suceso que ha remecido nuestro mundo de tinieblas y engaños. Algunos anuncian que sonarán los aullidos de la guerra, otros reclaman mesura ante la urgencia y, con un silencio que comienza a inquietar a varios, los líderes reservan sus respuestas. Mientras el claustro del concilio se dialoga en secreto, los lobos comienzan a agitarse y reunirse voraces. Todos tienen hambre de algo, de unidad o conflicto, y todavía no encuentro ningún indiferente en todo este panorama. Eso me alegra, es una buena señal. No pasarán muchas más lunas sin que sepamos cuál será nuestra postura”.

Cuando la mañana llegó, abrí mis ojos con desesperación. Arrancado de mis sueños, un temor fresco había encontrado la forma de incrustarse en mi cabeza y tornar en angustia mis noches. Durante muchos años había confiado en la seguridad ilusoria en la cual deposité mi seguridad y sueños. Temía a la humanidad y su creciente poder, aun cuando mis hermanos de estirpe me llamaran traidor por tal motivo. Los vampiros, a quienes consideré tan distintos, eran un enemigo ancestral que yacía tan amenazado como nosotros por la extinción. Sin embargo, tras limpiar el sudor de mi frente, recordé un breve pasaje de mi pesadilla, uno que demostró en cuan insensato me había tornado con el paso de las décadas.

Tres manadas debían tomar una resolución en los próximos días respecto al acabado líder de la camarilla oscura. ¿Qué acción tomarían las manadas de la luna? ¿Mantendrían la distancia que, aunque confirmaba seguridad para el presente, no auguraba nada conciso para el mañana? o ¿nos rendiríamos a la ferocidad que latía dentro de cada uno de nosotros y arremeteríamos contra el enemigo ahora que se encontraba débil? Es complejo ser un Licano rebelde y no ceñirse a lo que la manada comanda. Jugar por tu propia cuenta, normalmente, significaba el exilio. En mi sueño, pues, era devorado por uno de mis hermanos.

Él se encontraba en su forma de crinos y yo vacilaba entre tornarme o no en glabro. Tras una contienda desigual, donde básicamente resistía el peso de sus garras sobre mí, cedo y él entrega el zarpazo final al cuello. En ese momento despierto e inmediatamente llevo mi diestra al área que perdía en la ilusión. ¿Por qué sigo soñando eso? Me pregunto cada noche, antes de intentar conciliar una vez más mi descanso. El otro día creí encontrar la respuesta.

No sólo temo a la humanidad, también tengo resguardo de mi propia naturaleza. Me angustia la resolución del concejo y el saber que un solo arranque de impulso, como es tan común entre todos mis hermanos, podría condenar a toda nuestra raza. No estamos en condiciones de combatir, no tenemos razones para tomar esa decisión ahora. Pero, cualquier provocación, por mínima que sea, puede despertar monstruos y cánticos de guerras pasadas una vez más en nuestra manada. También me asusta otro punto. Quizás, para todo el desprestigio que hago de mis hermanos, también soy culpable de ese mismo error. Más de una vez he anhelado seguridad, seguridad a través de la sangre de quienes temo. Pero, ¿por qué sigo siendo devorado por esa propia bestialidad que yace en todos nosotros? Nunca he sentido perder el control o, quizás, después de todos estos años, por primera vez percibo que mi control es insuficiente. El miedo es grande y, antes de que oculte la última luna de esta semana, sabré si estoy justificado o no.

“La gran pieza ha caído y no puedo evitar sentirme al final de la secuencia de derrumbe, esperando aterrorizado a ser aplastado por el cataclismo que acaba de desatarse”.

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Re: Efecto dominó

Mensaje por Leire Mausami el Jue Oct 10, 2013 2:13 am

En el hombro cargaba un trozo de metal que había logrado extraer de uno de los ataudes de madera del taller. Aun no entendía la razón de que esa cosa gustase tanto a Teo y por eso, ella misma quería preguntarle cuál era su valor. Recordó las noches pasadas cuando él apareció con una caja de madera diciendo específicamente que nadie la tocase y luego de pensarlo mucho, Mausami reflexionó en qué podría hacer esa cosa. La última vez que Teo le había gritado que no tocase sus estúpidos objetos fue cuando había logrado obtener un trozo de basura cuadrada de la cual emanaba un canto muy agradable del cual Mausami disfrutó por casi tres meses. Sin embargo, eso nuevo que tenía en sus manos no tiraba música de ningún sitio. Mausami lo observó largamente mientras lo paseaba entre sus manos, clavando su mirada oscura sobre cada pequeña marca y cruce que poseía aquello.

-¿Qué trajiste hoy, Teo? – se preguntaba a sí misma, con una pierna cruzada sobre la otra, moviendo sobre su regazo el frío metal del objeto. Y entonces, levantó una ceja, observando al aun durmiente joven sin moverse de la silla del escritorio que él tenía en su propia habitación. Pobre muchacho; si pudiese dormir más, ella creería que había entrado en hibernación o algo parecido. Sus gestos se suavizaron a la vez que pestañeaba dos veces. ¿Y si lo despertaba y le preguntaba qué era eso? Posiblemente él se molestaría porque ella lo había sacado de ese raro ataúd de madera. Había algo especialmente curioso al hecho de que el objeto haya venido encerrado en ese empaque y, quizás, solo quizás, Teo había hecho todo eso para que ella lo descubriese. ¿Acaso su hermano había decidido, por fin, luego de tanto tiempo, hacerle un regalo?

Sus ojos se iluminaron ante la idea, a la vez que bajaba su mirada de nuevo a aquella ‘cosa’. Ok, él podría haber decidido hacerle un obsequio y eso le despertaba extraña emoción pero, la pregunta volvía a su mente apenas posaba sus bellos ojos oscuros sobre el mismo ¿Para qué servía? La muchacha suspiró, agotada de buscar usos útiles para la cosa esa y se puso de pie. Sin ningún miramiento, posó la base de su bota sobre el costado de la cama de Teudis y con la punta de aquel objeto, comenzó a picarle el pecho – Teo…Teo…- decía a la vez que su mirada calma le veía desde la base del mismo, moviendo con la punta el mentón del adormecido muchacho. Cuando éste se despertó, encontró el cañon de un fal (Fusil Automático Ligero) apuntándole directamente a la cara – Teo, ¿Para qué sirve esta cosa que trajiste?-
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Re: Efecto dominó

Mensaje por Teudis el Sáb Oct 12, 2013 9:56 pm

Regresa acá”, grité con desesperación mientras corría tras el inmenso lobo pardo. Llevaba días en la persecución y, en ese momento, parecía no haberse extendido por más que unos segundos. Mi corazón latió acelerado, mientras mi diestra se extendía temblorosa hacia la cola del salvaje animal. Sin embargo, como venía ocurriendo en cada instante que estaba por alcanzarlo, el intento fue inútil. Tropecé y caí violentamente, mientras el Lupus me tomaba ventaja. Me levanté con más furia que antes y retomé mi carrera, un poco más determinado a alcanzarlo.

Teo…

El enemigo era tan imponente como majestuoso. No comprendía del todo por qué lo perseguía, pero tenía la sensación de que él me debía algo. Una deuda pendiente entre ambos que sólo se resolvería si lograba atraparlo, pero, ¿por qué me era tan difícil? Me sentía capaz de correr más rápido que cualquier Licano en toda Likaia y, aun así, el lobato me era esquivo. Inflé mis pulmones con aire renovado y mi corazón con angustia, mientras mis músculos se tensaban al punto de producirme dolor. Estaba tan cerca de finalmente alcanzarlo y resolver el misterio que contemplaba su captura, pero, una voz familiar y distante me llamaba desde el otro extremo del bosque, en el sentido contrario hacia el cual corría.

Teo…

-¡¿Qué?!- grité exasperado, con el corazón latiendo embravecido y mis ojos desorbitados por la emoción. La primera respuesta que recibí fue un sonoro disparo a un costado de mi rostro, el cual me dejó sordo y atónito por unos instantes. Lentamente, la realidad regresó a mí y observé a Leire a un costado mío, mirándome con expresión espantada y con el fondo de mi refugio tras ella. -¿Le… Leire?– musité casi sin voz, volteando mi rostro para observar el agujero en el colchón.

Cinco minutos después.

-Te he dicho que no tomes mis cosas sin mi consentimiento. ¿Qué estabas pensando? ¡Podrías haberte dañado! Sin contar el que casi me vuelas los sesos- gritó Teudis con fuerza en su voz. El Licano observaba a su hermana con profundo reproche, mientras guardaba el fusil de nuevo en su empaque de madera. “Además, estoy seguro que esa vez sí iba a atrapar al lobo…” pensó al final, buscando ocultar su expresión de malestar de Mausami.

Sin embargo, en el pasado podrían haber sucedido eventos similares entre la pareja de Likaios, aunque ninguno con los resultados de aquella mañana. No refiero a la curiosidad de la hermana o la casi fatalidad de Teudis, sino al material que quedó sobre el colchón del ingeniero. Leire no debió necesitar recibir el impacto para percatarse de lo que había sucedido, en sus manos se encontraba un arma humana y, como si eso no fuera suficiente, también había una particular característica con ese preciso fal. El casquete incrustado en la madera estaba recubierto de pura y alérgica plata. Teudis no tardó en explicarse cuando ella tocó o no el tema, sintió la necesidad.

-Ese es un rifle, un arma empleada por la humanidad para liquidarse entre ellos- susurró Teudis con cierta calma en su voz, mucho más relajado tras vociferar a Leire y liberar sus tensiones de muerte. –Aunque, este es distinto. Como habrás ya notado, sus municiones están compuestas de plata, pero no una común. Plata líquida al interior de las balas es mucho más fatal para los de nuestra estirpe que una simple incrustación de ella en nuestra carne. Pero, olvidemos de eso un poco, sólo quiero que entiendas lo peligroso que es tocar todo esto, cualquier cosa, sin comprender qué es, ¿está bien, Leire?- preguntó con preocupación y cierta candidez en su mirada. Sin embargo, la comprensión no perduró por mucho. Al cabo de unos segundos, el rictus serio y represor regresó a su ceño, mientras alzaba su índice para apuntarla. -¿Qué hacías tú acá a esta hora, por cierto? No es común verte en mi taller…, casa, digo, casa-.

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Re: Efecto dominó

Mensaje por Leire Mausami el Mar Oct 15, 2013 10:19 pm

Un sonido en seco. Solo eso bastó para que la muchacha liberase de sus manos aquel trozo de metal del cual emergía una leve nube de humo ahora. La mirada de Teo sobre ella y las plumas que se levantaban a su lado solo le llevaban a pensar una única cosa: Esa cosa en sus manos era peligrosa. Ahora, con el objeto en el suelo y los ojos oscuros de la mujer sobre su hermano, incapaz de notar qué era aquello que había hecho y por qué estaba mal, una sensación extraña comenzó a inundarle a la vez que veía a Teo moverse rápidamente del colchón en el cual estaba descansando. ¿Por qué se movía? Ella había dejado el arma y sí, ahora su cama tenía un agujero nuevo pero solo se sumaba a la gran cantidad de aperturas que el licano le había provocado con sus raras manías de ver objetos puntiagudos antes de dormir. ¿Qué era lo que había marcado el reverso de la cama? Ah, sí. Teo le decía “destornillador” y lo amaba tanto como ella podía amar un cuchillo de caza.

-Puedo coser eso –dijo en voz baja mientras él se movía de un lado al otro de la habitación, hablando acerca de sus cosas y demás. Pero cuando ella se acercó a la cama, una extraña sensación le invadió y se echó hacia atrás como un gato que acaba de ver un perro guardián pasar frente a sus ojos. Los cabellos de Mausami cayeron sobre su rostro a la vez que ella se volteaba para posar su mirada confusa en Teo y posteriormente, darle una patada al Fal que había caído sobre el suelo - ¿Qué escupió esa cosa, Teo? –preguntó, notándose en sus ojos la verdadera molestia de solo suponer que algo que escupía plata podía estar en la casa.

No hubo discursos capaces de convencer a Leire que había cometido un error y, solo por un momento, meditó en lo que habría sucedido de, efectivamente, darle un disparo a su hermano en la cabeza. ¿Plata? ¡¿Acaso él había perdido la razón?! La mirada de la licana seguía posada sobre Teo, esperando una explicación que él se negaba a dar. Tecnicismos, Teo siempre hablaba de forma técnica pero aun así, nada de lo que decía importaba en esos momentos.

-Ese es un rifle, un arma empleada por la humanidad para liquidarse entre ellos- Le dijo y ella frunció el ceño, uniendo sus brazos en su pecho, cruzándolos entre sí a la vez que clavaba su mirada de lobo sobre el muchacho - ¿Qué escupió esa cosa, Teo? – preguntó de nuevo, insistente y terca, tal como era su carácter cuando estaba molesta.

Si Mausami pensaba que la explicación de Teudis iba a terminar de calmar sus nervios, no podía estar más equivocada. Él no solo admitía que tenía un arma humana, cosa que no era extraño dados sus raros pasatiempos, pero ahora agregaba algo más a todo el asunto y era que esa basura podía asesinar licanos. Y no solo eso, estaba hecha para aquello. Obvió por completo el desplante de molestia de él y, presa de su propio enojo, lanzó un gruñido a Teo, buscando acallarle, o demostrarle que en caso de gritos, ella podía gritar más fuerte - ¿¡Tienes un arma que mata licanos aquí?! ¿¡Por qué trajiste eso?! – exclamó presa de la confusión y el enojo a la vez que se volvía para no verle. De seguir viéndole, le daría una bofetada en el rostro y, esa idea, por alguna razón, se le hacía extremadamente atractiva en esos momentos - ¡Pensé que tendrías algo bueno y útil en ese estúpido ataúd de madera! – Exclamó, señalando las cajas de dónde había sacado el fal y luego negó con la cabeza, molesta - ¡Quería hablar contigo y …! ¡Argh! ¡Maldición, Teo! ¿Plata? ¿Acaso estás loco?- le gritó finalmente – Si te hubiese escupido esa cosa en la cara, estarías muerto. ¡Debería haberte matado a ver si aprendes a no jugar con esas cosas! -
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Re: Efecto dominó

Mensaje por Teudis el Miér Oct 16, 2013 8:52 pm

Los ojos de Teudis se abrieron con sorpresa, escuchando con cierto resguardo las acusaciones de Leire respecto a la naturaleza del armamento. Más de una vez intentó interrumpirla, buscando aclarar que la palabra correcta era disparó, al contrario de “escupió”. Pero, los gritos de su hermana eran más poderosos que el índice de él que pedía sin éxito la palabra. Una expresión huraña se formó en el rostro del Licano y se cruzó de brazos, encarándose con la distante espalda de la enajenada guardiana.

-Primero, no escupe, no es un ser vivo. Tú escupes cuando gritas tanto. Dispara, es un arma, un arma de fuego- aclaró Teudis cuando finalmente Mausami guardó silencio, muy molesta como para seguir vociferando lo inconsciente que él era. –Ahora, si te calmas y me escuchas un segundo, te puedo explicar por qué tengo eso acá. Lo robé de un local la otra noche, aquella que salí solo…-

Seis días antes.

La noche era cálida y tranquila, tan silenciosa como para escuchar el propio susurro del aire que corría sin apuro por las calles de Malå, en la provincia de Västerbotten. Los pocos humanos que continuaban despiertos se encontraban demasiado ocupados en sus propias diversiones como para prestar atención al incógnito que caminaba apresurado en una dirección desconocida. Al menos, así fue por gran parte de la noche. Cuando la sombra de sonrisa amable pasó frente a una ferretería, uno de los hombres del interior extendió su brazo y saludó enérgico. –¡Larry, tanto tiempo! ¿Qué haces a esta…?- alcanzó a murmurar el sujeto que tenía algo de sobrepeso, dejando de lado el juego de cartas que mantenía con un grupo de individuos similares, callándose al recibir una respuesta rápida y cortante.

-Negocios, Andreas, y voy algo apresurado. Nos veremos el lunes, vendré por unas cosas. Buenas noches- respondió Larry Talbot con una cordialidad inusual para quién recorre una ciudad durmiente en la madrugada. Sobrepasó la vieja ferretería de Andreas y se perdió en los callejones más oscuros y sucios de la, mayormente, limpia y pulcra ciudad.

El Licano enmascarado, oculto bajo el disfraz de un humano regateador, se dirigía a paso veloz hacia una reunión que había coordinado con un extraño conocido como Niclas Larsson. Muchas historias había escuchado de tal personaje, algunas más inquietantes que otras, y Teudis sentía como el temor que la incertidumbre le producía comenzaba a acumularse en sus entrañas. Era la décima vez en la noche que había intentado inyectarse coraje a sí mismo, buscando no mostrar inseguridad a la hora de negociar. Sin embargo, tal clase de instancias las había vivido antes cientos de veces. ¿Por qué ahora era tan diferente? Quizás, el comentario que Andreas había escupido la mañana del día anterior.

“Es un salvaje, animal y demente. ¡Con esa clase de sujetos no se puede tratar, Larry! Sólo viene por las noches, siempre viste con esas ropas negras y parece enfermo, muy enfermo. Claro, si tan sólo fueran esas las inconveniencias de tratar con él, no habría problema. ¿Qué tan diferente sería de ti?” comentó Andreas con una carcajada, o al menos así lo recordaba el Likaios. “Además, y escucha esto bien, porque no lo repetiré…, dicen que es uno de esos sectarios que han estado ganando adherentes en los últimos meses. No soporto a esa clase de sujetos, pero, mientras pague bien, ¿quién soy yo para negarme a trabajar con él? Eso sí, lo cortés no quita lo valiente. Ten cuidado al tratar con él, Larry”.

...

-…El dueño de la ferretería me comentó eso antes de mi reunión con mi contacto. Cuando finalmente llegué al lugar…- alcanzó a relatar Teudis, cuando la puerta de su taller sonó tímidamente. El ingeniero calló sus palabras e indicó a Leire que lo esperara unos segundos, mientras atendía a quién llamaba por él.

Una joven lobato de no más de quince años se apareció del otro lado de la puerta, saludando formalmente al técnico y, un poco más tímida, a la hermana del mismo. –Señor técnico, Mausami, buenos días. ¿Es mal momento? Se me agotó mi batería y pensé que, quizás…- murmuró la niña Likaios, mientras intentaba observar hacia el interior del taller. Teudis sonrió y apoyó su diestra sobre el hombro de la pequeña, rozando los largos cabellos rojos de la misma. –Tranquila, Ladrienne, entiendo el problema. Ten, esta vez es gratis, pero, para las próximas, voy a comenzar a pedirte ciertos favores a cambio, ¿te parece justo eso?- comentó Teudis, reclinándose para extenderle un par de baterías a la muchacha. La niña las recibió inmediatamente y aceptó los términos que él le expuso. Al cabo de unos segundos, ella ya estaba corriendo de regreso para recargar su reproductor de música.

Cuando volvieron a quedar solos, Teudis exhaló aliviado. Por un momento, pensó que los guardias llegarían a su taller tras escuchar el disparo del rifle. Afortunadamente, nada más que una pequeña Likaios que parecía muy adecuada a los instrumentos humanos era todo lo que recibió. El ingeniero tomó asiento y observó, por momentos, de reojo a Leire. -¿Qué te comentaba? Lo olvidé. En conclusión, la cosa se puso fea y arranqué con todo esto. No es sólo un arma de plata, sin embargo- tras comentar eso, su diestra se arrastró hacia la pila de “ataúdes” a un lado de Mausami y sacó el cobertor que los ocultaba. Ante los ojos atónitos de la licana, una inmensa pila de múltiple armamento humano se mostró ante ella.

-Armas tradicionales sin modificar, capaz de matar humanos o dañar severamente a los de nuestra especie; cargas explosivas de napalm y otras barbaridades, especialmente útiles, aunque un poco rústicas, contra vampiros; y, por supuesto, unos cuantos rifles que nunca había visto antes. Plata líquida, especial para nosotros- susurró Teudis observando a Leire por el rabillo de su mirada. –Quién sea que estaba acumulando o buscando esto, se estaba preparando para una arremetida hacia todos los frentes posibles. ¿Algún demente solitario? Es posible, y espero que sea esa la respuesta. Tenía el rifle sobre la mesa, anoche estuve… estudiándolo y quería comprobar cuán nocivo podía ser para nosotros. Alek y los otros líderes tienen que enterarse de esto, pero, si voy sin pruebas, como siempre ellos mencionan, me despacharán y no conseguiré nada-.

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Re: Efecto dominó

Mensaje por Leire Mausami el Sáb Oct 26, 2013 3:41 am

La cabellera negra de Mausami caía apenas sobre sus hombros cubiertos por una chaquetilla color naranja que llegaba hasta su cintura, ajustada en un cinturón de cuero y una musculosa clara. Aun tenía ese nudo en la garganta de no poder gritar más porque su voz se lo impedía, sabiendo que podía hacer que los guardias de Likaia cayesen en el taller de Teo al sospechar que había material peligroso en él. Los pensamientos iban y venían en su cabeza como si fuesen una tormenta y, a pesar de tratar de calmarlos, éstos siempre se orientaban a lo mismo: ‘Teo es amigo de los humanos. Es más humano que Licano’. Humedeció sus labios rosados y suaves a la vez que unía sus brazos en un abrazo a sí misma, esperando la explicación con una mirada gélida, pero notoriamente expectante casi como si rogase a su hermano que la convenciese de no pensar mal de él…de nuevo.

-Te romperé la cara si vuelves a decir algo así – habría dicho a Thalon cuando se encontró con el guardia de la ciudad hablando acerca del técnico de la misma, aquel que podía generar luz en la noche y música que surgía de cosas cuadradas, pero era incapaz de convertirse. – Sabes que es cierto, Mauss- le replicó aquel, señalándole desde el suelo, llevando su mano desnuda a sus labios los cuales la mujer había abierto de un solo golpe de puño cerrado, a la vez que su sombra se dibujaba en el suelo, marcando la figura infrenable de una mujer que tenía vestigios de Ardwolf en su sangre. Por eso, tal vez, le respetaban a pesar de haberle visto caminando junto  a Teudis, el amante de los humanos como bien lo habían llamado – Teo nos da energía que no proviene de Gaia. Pasa más tiempo entre los humanos que entre sus hermanos. Él no quiere ser lobo y lo sabes. Puedes golpearme pero eso no cambiará – le dijo Thalon, poniéndose de pie a la vez que ella apretaba sus puños con molestia, marcando sus uñas en la palma de sus guantes de cuerpo que dejaban ver la blancura de sus dedos. Sus ojos claros tenían algo que parecía buscar ocultar que, en el fondo, pensaba que ese licano que hablaba tenía razón. Y aun así, no dijo nada. No volvió a golpearle y le dejó ir sin mirarle. “Teo, el amante de humanos”; “Teo, la mascota de los hombres”; “Teo, el traidor”.

Mientras estaba sentada en la silla frente a él, una pierna cruzó por encima de la otra, escuchando con atención las palabras del muchacho de cabellos negros y mirada totalmente abstraída en sus propios asuntos. Pero entonces, un sonido hizo que ella se pusiese de pie de repente, clavando su mirada en la puerta para luego mirar a Teo preocupada. – Teo…- susurró a la vez que estiraba la mano para impedir que él abriese la puerta. Pero estaba alejada de él y, por la cautela con la cual él se movió, entendió que él temía lo mismo que ella: Que en el umbral del taller hubiese guardias y no la pequeña que había ido por baterías para su objeto que tocaba música. Mausami se sorprendió al notar su corazón latir enloquecido, asintiendo con la cabeza a la pequeña y apretando los labios, tratando de recuperar el color de sus mejillas, las cuales habían empalidecido ante tal sorpresa.

Desde su sitio, la mujer continuaba paseando sus ojos por las herramientas sueltas y las cajas de madera. Teo retomó su explicación y entonces, ella volvió a mirarle a los ojos, con atención. Cada cosa que él decía chocaba con sus creencias y, aun así, las creía. Desde siempre él lo había advertido y ella optaba por creer que exageraba pero, algo en el fondo de su ser siempre le dijo que su hermano podía tener más razón de lo que otros le llegarían a atribuir jamás. Al ver aquella carga de armas, todas iguales, emanando de ellas esa aura extraña que le generaba malestar del solo hecho de tenerlas cerca, la licana dio un paso hacia atrás, escuchando las palabras de Teo con el ceño fruncido – ¿Plata liquida para atacar humanos? No lo creo. Con una piedra bien dirigida la vida de ellos se esfuma. – Empezó a decir, observando con su mirada clara cubierta por el pesar aquellas cosas que estaban perfectamente guardadas, tan letales como aquella porquería con la cual apunto a su hermano – Esto está hecho directamente para nosotros. ¿Crees que los vampiros estén detrás de estas cosas? – preguntó, viendo con seriedad al muchacho a la vez que soltaba un suspiro al escuchar hablar de los líderes – Me temo que si vas a compartirlo con ellos, llegas tarde. ALek partió ayer hacia la tierra de los Fenrir acudiendo al llamado de los Líderes. – Explicó ella, con los labios apretados, gesto normal que decía claramente que estaba nerviosa – Debiste de haberle avisado tu descubrimiento, Teo. Si alguien está buscando armas para cazar lobos, creo que es bueno que todas las manadas lo sepan. -
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Re: Efecto dominó

Mensaje por Teudis el Miér Oct 30, 2013 5:53 am

-¿Qué? Mierda, ¿por qué no me avisaron de eso?- rugió Teudis con expresión de profunda molestia en su rostro. Una vez más, fue omitido por el alto círculo de Likaia, donde la información se distribuía con especial cuidado. ¿Acaso él no era nadie?, se cuestionó con silencio y angustia el ingeniero que, aparentemente, ante los ojos de algunos, no debía dedicarse a más que mantener la ciudadela con energía ininterrumpida y repuestos interminables. Por supuesto, ambas expectativas eran una fantasía que él nunca logró hacerles entender. A veces, los mecanismos eléctricos fallan sin previo aviso, sobretodo en un ambiente tan salvaje como Likaia, y los repuestos eran escasos desde que el técnico disminuyó sus incursiones en territorio humano. No sólo era un ingeniero prescindible, también era “mediocre”, como solían recriminarle.

Teudis guardó silencio unos minutos, dejándose caer pesadamente sobre la cama. Evitó en todo momento el contacto visual con Leire y apretó sus rodillas con las palmas. –No habría tenido caso- dijo, rompiendo el silencio. –La manada no está interesada en esta clase de asuntos. Seguramente, dentro de unos días, Galliard los estará convenciendo de iniciar una guerra con espadas y garras. ¿Somos animales aún para ellos? ¿Por qué no pueden sentarse un momento y pensar?-.

Los ojos del licano se llenaron de frustración, apartando su rostro de la mirada de su hermana, para exhalar agobiado. –Además, ya sucedió una vez, ¿recuerdas? Cuando aprendí a usar estas cosas. Intenté hablar con Alek, pero, me detuvieron cerca del centro de la ciudad. Llevaba conmigo una pistola común, la primera que robé de un sujeto en la capital humana. Me llamaron traidor, que cargaba armamento humano y hasta insinuaron que era peligroso para la manada. Quiero decir, ¿tan mal estoy haciendo todo esto? Sólo intento que…- susurró Teudis, apretando sus labios con reprimida ira. –Incluso hoy, que trabajo para la manada, incluso hoy sigo siendo un traidor. A sus ojos, sigo siendo el mismo cachorro que rompió una estúpida creencia que inventaron los Fenrir-.

Teudis se levantó tras respirar pesadamente unos momentos, conteniendo la angustia en su pecho. Tomó la gran tela verde que ocultaba las armas y la regresó a su lugar, evitando las miradas curiosas de cualquier indeseado. –Leire, ¿también soy una decepción para ti?- preguntó de espalda a ella, deteniendo sus manos y exponiendo lo que deseaba liberar desde hacía bastante.

Las miradas y silencios de la licana podían ocultar bien su verdadero parecer con un lobezno joven e inexperimentado, que fijaba su atención hacia la magia tecnológica de otro mundo que lo envolvía día a día. Pero, con el pasar de los años, incluso el más distraído hermano podía comenzar a sentir el peso y el reproche mudo de la persona más cercana a él con cada acción que cometía. Esa tarde, él se percató del detalle que terminó por desestabilizar su persona. Mausami, por un segundo, estuvo confundida de Teudis cuando encontró el arma de plata. ¿Por qué razón alguien que confía plenamente debería dudar de su igual al encontrar algo así? Confusión y temor invadió a la guardiana momentos atrás, una sensación que no tardó en expandirse hacia el ingeniero.

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Re: Efecto dominó

Mensaje por Leire Mausami el Vie Nov 01, 2013 8:26 pm

Mausami se mantuvo con sus ojos negruzcos viendo a su hermano, quejarse como siempre, por no haber sido notificado directamente de lo que había pasado o de los movimientos de Alek pero ¿qué quería que ella dijese? Ella conocía su posición de la misma forma que él conocía la propia. ¿Por qué nadie le había notificado? En la mente de la guardiana, la pregunta se formula de otra manera “¿Por qué alguien debería hacerlo?”. Con la tranquilidad que invade sus facciones, uniendo sus brazos en un abrazo propio de forma que cada mano tomaba el codo contrario, Maus cierra sus ojos con quietud – Eres un ingeniero. Los movimientos de Alek no se te notifican, Teo – dice, olvidando una vez más, su tacto. Pero al instante en que sus palabras se formulan, un deje de arrepentimiento se apodera de la muchacha. Suspira y abre su mirada oscura de nuevo, para posarla sobre su hermano – Además, no fue algo planeado. Pocos en la guardia lo saben. Fue Roderick quien me lo dijo y él quedó a cargo, junto con Hans, de la seguridad de Likaia. Los demás guardianes no están enterados tampoco. –

Había una rara diferencia entre ambos jóvenes. Teo tenía un aspecto descuidado, casi como si estuviese nervioso la mayor parte del tiempo o con su mente en otro sitio. Demasiado abstraído en su mundo para notar la mugre de sus manos o cómo sus cabellos se habían caído hacia un costado mientras dormía. Maus era una efigie firme, de movimientos marcados en todos sus aspectos, desde su forma de caminar hasta sus miradas, penetrantes como sus ojos de obsidiana. Nadie comprendía por qué ambos estaban juntos todo el tiempo y cuando alguien respondía a esa pregunta con un “son hermanos”, lo que no entendían era cómo podían ser tan diferentes.

La inquietud de Teo era justificable pero, por momentos, Maus pensaba que se dedicaba demasiado a comprobar algo a personas que no les importaba escucharle. Es cierto, él siempre había tratado de hacer lo mejor para los suyos. Jamás hizo nada que demostrase lo contrario. Sus desapariciones podrían ser sospechosas pero, como ingeniero, parte de sus tareas era averiguar lo que los humanos hacían y tratar de utilizarlo para mejorar la calidad de vida de los Likaios. A veces se preguntaba qué tenían los hombres que probar entre sí. No era extraño que Alek trataba de probar que era buen Lider a Hans y que Hans trataba de probar a la manada que él habría sido un mejor guía para los Likaios. Teo trataba de probar que podría ayudar y ella…ella los miraba a los tres como si fuesen unos idiotas. ¿Tanto interés tenían en dejar en claro su postura respecto a los movimientos? Era como ese juego que su hermano le mostró hacía tiempo. Un tablero cuadriculado donde había una manada blanca y otra negra. La manada blanca trataba de llegar al rey de la manada negra y viceversa y quien llegase primero, ganaba el encuentro. – No podré entenderlos ni con todo mi esfuerzo, realmente – su voz es un susurro a la vez que deja descansar su cuerpo en la misma silla donde se había sentado antes de despertar a Teo. Él se dejó reposar en la cama, buscando en ella un punto de contención. -¿Recuerdas ese juego que me mostraste hace tiempo? El de los muñequitos que se mueven de un lado al otro y quieren matar al rey… - empezó a decir, volviendo sus ojos a su hermano que, dada la forma en que estaba acostado no podría verle - ¿Crees que el alfilero deseaba mostrarle a los reyes su capacidad de defensa? ¿O la torre peleaba para demostrarles a los demás que era dura como la piedra? ¿O la reina peleaba para demostrarles a las demás reinas que ella era la más poderosa y que era útil a pesar de ser una hembra? – nunca le había ido bien dar discursos pero, ese ejemplo se le hizo perfecto. –Cada posición, incluso la de los más inferiores, esos que llamaste “peones”, tenían que llevar a cabo su tarea. Y no porque quisieran probarle al rey o al enemigo que eran más o menos peones, sino porque querían el bien de los suyos. Si su rey caía, todos perdían – susurra su voz con quietud y calma, volviendo a cerrar sus ojos, ligeramente cansada – No eres una decepción para mí, Teo. Jamás lo has sido.-
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Re: Efecto dominó

Mensaje por Teudis el Dom Nov 03, 2013 5:20 pm

En silencio, el licano escuchó la reflexión de su hermana. Frío como la noche escandinava, su expresión se cristalizó con un matiz distinto al de antes, ahora cargando una intensidad meticulosa y penetrante. El ajedrez de Leire, como ella ejemplificó con recuerdos de décadas pasadas, sumergió al ingeniero en un profundo viaje de introspección, a través de un sendero que temía recorrer. Memorias vinieron a él y, en segundos, la emocionalidad que lo embargaba se consumió para dejar un incómodo vacío en su pecho. Teudis elevó su mirada, clavándose en los ojos agotados de Mausami. –No, es distinto-.

Seis días antes.

-¿Buenas noches?- susurré con cierta incomodidad en mi garganta, emitiendo un quejido más débil de lo que hubiera deseado. El comentario de Andreas y la noche inmóvil, diferente a tantas otras, me inquietaban más de lo que debería. Sudor corría por mi frente y, por instantes, dudaba si debía continuar. Me adentré en la vieja bodega, el lugar más cliché y estúpido para realizar una transacción ilegal de las normas humanas, escrudiñando entre las sombras y, entonces, lo vi. De pie, solitario y sereno, mi contacto parecía haber llegado mucho antes de la hora acordada. Sentí el pecho apretarse con incomodidad y me acerqué a él.

-Talbot, Larry Talbot- afirmé con toda la fuerza que mi voz logró emitir, buscando presentarme y ahorrar cualquier mal entendido. Él no dijo nada, sólo movió unos centímetros su rostro, como si me estudiara. Intenté conversar con este sujeto mudo, no recuerdo que balbuceé, pero no contestó. Había un aura entorno a su cuerpo, un hedor a putrefacción y decadencia que no dejaba de molestar mi olfato. De haberme encontrado en Glabro, podría haber distinguido con mayor claridad qué era, pero eso hubiera sido arriesgado. Él abrió un maletín y me mostró un arma humana, resplandeciente como la plata bajo la luz de luna que se filtraba tímida al lugar. Deslizó su mano, la tomó y, entonces, disparó.

Su movimiento fue más rápido de lo que pude anticipar. El miedo también lo ayudó a mantenerme estático, mientras sentía la plata ardiente incrustarse en mi abdomen. Nunca antes había sido alcanzado por ese metal y no tardé en comprender por qué tantos de nuestra estirpe caen ante él. Perdí la visión y lo busqué confuso, mientras intentaba cambiar. El hombre volvió a alzar su arma y dijo: “Regresa a casa, perro. No mueras aún, ahora tienes una misión”. No puedo olvidar su timbre o las facciones de su rostro en la oscuridad. Desperté a la mañana siguiente, con plata como nunca antes vi dentro de mí. En el centro del lugar estaba la pila de armas. Pasé los próximos dos días intentando recuperarme. Tuve suerte de llevar protección bajo la ropa, no lo habría logrado de ir sin ésta.



-…Luego registré las armas y las traje conmigo. Estaban limpias, sin ningún rastreador o alguna otra invención extraña. Por eso tardé tanto en volver- añadió el ingeniero, con su mirada helada ahora enfocada en el arsenal de guerra que yacía dentro de su taller. Teudis se levantó y caminó hacia la puerta del pequeño sitio, asegurándose de que nadie los fuera a interrumpir otra vez. –Me niego a ser una pieza en un tablero de ajedrez, Leire. Ese es un juego humano, una entretención de una raza que está dispuesta a acabar con todo, incluso ellos mismos. Yo no lucho por un rey, lo hago por mi manada. Cada pieza de ese ejército es igual de valiosa para mí como lo es quién los dirige. La estrategia de la jerarquización de esas armadas es algo no propio de nuestra naturaleza, la estratificación déspota de algunos en desmedro de otros es algo que no voy a seguir. No me interesa ser peón o rey, me interesa que quién esté a mi lado no muera por el interés egoísta de alguien que sólo vela por sí mismo o carece de la visión para compartir tal código- rugió Teudis, mientras sus facciones comenzaban a sutilmente a cambiar. Furia cruzó su sangre y, con aquello, el dormido glabro que nunca se apoderaba del ingeniero, comenzaba a asomarse en mínimas alteraciones de su faz.

-Tú tienes un código de la guardia y sé que no es diferente a lo que creo. Nos movemos como uno, sobrevivimos juntos y devoramos a nuestros enemigos como una jauría. Alek ahora está en tierras extrañas y alguien, algo más grande que el concilio o nosotros, está moviendo los hilos en la oscuridad. Tengo un pésimo presentimiento de todo esto- susurró Teudis, mientras sangre hirviente comenzaba a manchar su camisa. El sutil cambio había desplazado las gazas y la plata endurecida en sus músculos había rozado carne que no había sido cauterizada aún por la infección alérgica que el contacto con el metal producía.

-Leire, no me cuestiones ahora y sólo, por una vez, confía en mí. Reúnete conmigo en el claro al norte esta noche y no le comentes a nadie. Necesito mostrarte algo- habló Teudis, mientras apoyaba sus palmas sobre los hombros de la guardiana y la observaba expectante. Había reducido la distancia entre los dos y, en esa breve interacción, se pudo apreciar el cambio del joven ingeniero. Su rostro afilado y cuerpo delgado habían adquirido un carácter mucho más desafiante e imponentes, así como el tono de sus palabras que ahora parecían comandar y no implorar a su hermana. La última pieza del dominó había caído sobre el joven lobo y, con eso, pareció desmoronarse la mascarada que por tantos años tuvo con su hermana. El glabro había tomado control.

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