Identidad - Con Oren

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Identidad - Con Oren

Mensaje por Leona Boadicea el Jue Sep 26, 2013 10:17 pm

-Ya te lo dije, no quiero ir a ese estúpido bosque- la voz de la muchacha es firme, pero la mirada de su madre lo es más. Cristal, la mujer de cabellos castaños y mirada azul no deja de ver a quien, a sus ojos, siempre será una niña. Sin embargo, Leona crece, y con cada día, su carácter demuestra que será difícil de controlar en la adultez. Llegar completamente lastimada luego de provocar una pelea con un lobo exiliado había sido el colmo de los colmos que la licana hija de Fenrir podría tolerar del comportamiento de su única cachorra. El amor que le unía con León era lo suficientemente grande para abandonar su manada e ir con él a las tierras rústicas de los Ardwolf. Había pasado tantos años ahí, como chaman del gran guerrero y héroe Galliard, viendo las batallas entre lobos y el compañerismo salvaje como una nueva forma de vida a la cual ella no estaba acostumbrada. Leona se había criado entre los cachorros Ardwolf, buscando ser de la misma estirpe pura que su padre. ¿Cuántas veces le había reclamado no tener la sangre pura de los demás cachorros? ¿Cuántas veces había detestado haber sido más pequeña en tamaño o de piel más suave? Criada entre guerreros, Leona aspiraba a ser uno, tomando como ejemplo al Lider Galliard, volviéndolo su amor platónico con el cuál jamás compartió palabra alguna. Detrás de esa máscara de prepotencia y arrogancia existía una niña que lo único que deseaba era ser aclamada por ser la hija de su padre, el guerrero Ardwolf León. Y Cristal permitió que pasaran los años y el carácter de la muchacha se acrecentase, olvidando o decidiendo olvidar que había algo de la mística del Fenrir en su interior. Ya cuando su madre tomó cartas en el asunto, la muchacha era una fierecilla que no podía ser dominada. Solo respetaba a aquel que a fuerza de músculos la dejaba incapacitada de alguna forma y eso no era lo que la hermosa licana de cabellos castaños buscaba para su única hija.

A pesar de las negativas primeras de su pareja, León admitió que Leona necesitaba alejarse de la manada de los Ardwolf. Al principio se ofreció en acompañarles pero la sabia voz de Cristal le hizo entender que la cercanía de la figura que ella tomaba como modelo a evitar podría impedir que se sintiese cómoda entre la manada Fenrir. Lo mejor era alejarla de todos y con dolor en su corazón ella misma optó por alejarse de su esposo mientras llevaba a su hija al mundo donde había nacido.

La fiera retorna a la gracia de la tierra. La bestia salvaje nacida con la luna llena en lo alto vuelve a pisar el mundo de Fenrir una vez más…

-No quiero esto, no me gusta – suspira viendo las ropas de telas finas que su madre le había hecho vestir. A diferencia de sus cómodas prendas de cuero que había armado para poder entrenar con su padre, lo que su madre le había dado le hacen sentir como si estuviese desnuda. Si corre con eso, tropezará y caerá al suelo de cara. Sin embargo, Cristal no presta atención a sus replicas, ni siquiera cuando por tercera vez le pide que guarde silencio para escuchar la voz del agua. Al primer día, la licana sabía que a su hija le costaría adaptarse pero no imaginó que luego de doce lunas, Leona se sentiría como un gato enjaulado en aquel lugar. Nada le salía bien, así pusiese todo su empeño en ello. Era torpe para caminar con esas prendas, pero sin ellas, volvía a ser un ágil lobo que corría sin problemas. Era brusca para confeccionar cosas, pero sus manos podían dar formas de punta a varas para proveerse de armas. Era demasiado atropellada para poder callarse y escuchar la voz del viento pero su sigilo aumentaba cuando la prueba era cazar algo. Leona no parecía tener una pisca de Fenrir en su sangre y eso se incrementaba con cada luna. Leona se dormía por la noche y reaccionaba con el sol. Era como si la luz del amanecer en sus cabellos reflejase su naturaleza diurna. Cristal ya no podía entender del todo cómo actuar para liberar la parte Fenrir de su hija, al punto que midió la posibilidad de que no hubiese parte alguna en ella o que estuviese tan callada y dormida, que fuese imposible despertarle ya.

-Corre, Leona, corre, corre. ¡Viste un lago por estos lados! –decía en su mente mientras las telas finas se entrelazaban entre sus piernas ágiles. Había dormido todo el día dado que su madre la tuvo en la noche tratando de meditar para escuchar el canto de sabrá cuál elemento. Por eso, apenas abrió los ojos, deseó correr. Correr lejos, llegar a ese lago que había visto por los alrededores ¿Por qué ese lago en particular? Cuando había caminado junto con Cristal a la tierra de Fenrir, ella le habló de las aguas misticas que los chamanes encantaban para poder borrar la memoria de los hombres. Con los días que pasaban, Leona deseaba más que nunca olvidar todo lo que tenía impregnado en su propio espíritu. Veía el desconcierto y la desilusión en los ojos de su madre y no podía tolerarlo cuando ella le miraba con dudas ante la negativa de la joven a cualquier acción que pudiese acercarle al lado que le unía con su cuna materna. Corrió por minutos, quizás horas. Sabía que debía encontrar esas aguas para mirar con sus ojos felinos las mismas, ver su reflejo y tratar de entender cómo podía cambiar su naturaleza. Finalmente, apareció ante su mirada de cristal. Las ropas se habían abierto en hebras en las piernas puesto que, para no romper las telas, no quiso convertirse en lobo por más que le fuese mucho más fácil. Por desgracia, correr de esa forma no ayudó tampoco.

Leona miró su propio cuerpo con molestia y frustración. Ni correr como una licana libre podía en ese maldito y asqueroso lugar. Sus pasos le llevaron, ahora más lentos, hacia la orilla de ese lago azul. Veía orbes de colores titilantes sobre el agua calma, elevándose como si surgieran de ésta para llegar al cielo. Y el reflejo de la luna en lo alto brillaba como la aurora, más intensa que nunca. Pensó en Bhalion sin saber por qué. Ver esa luna le recordó aquella batalla que tuvo con el licano de la máscara. La luna que despertó su naturaleza más visceral, llegando a desear acabar con la vida de quien nunca quiso hacerle daño en realidad. A eso estaba llegando. Estaba tan perdida entre dos rutas que ni siquiera era buena para ser Ardwolf. ¿Quién era en realidad? ¿Qué quería ser? Leona solo tenía una cosa clara en esos momentos: No era lo que ella deseaba. Quería, por una vez en su vida, ser la licana que llenase de orgullo a su madre.

Se puso de rodillas ante la tierra, manchando con ésta las telas blanquecinas de sus ropas y asomó sus ojos sobre el agua, la cual reflejó su mirada felina como si se tratase de un espejo. Ojos felinos…Que extraño ¿Ahora era una rara mezcla de felino con lobo, nombre de otro animal, sangre de guerrero y pacifista chaman? ¿Qué raro dios estaba de guardia al realizar tal chiste cuando le tocó ser creada? Cerró los ojos unos segundos y apretó los labios, mordiéndolos- Si mojo mi rostro con esta agua…¿olvidaré lo que soy? – susurró con un toque de infantil pesadez en su voz, mientras tomaba el liquido en una pequeña vasija que había hecho con ambas manos. Y sin pensar, se lanzó el agua en el rostro. Si esa agua era mística, olvidaría las peleas, olvidaría las burlas, olvidaría quien era, empezaría de cero…

Miró, congelada al frente, mientras el agua caía como gotas transparentes sobre su rostro ligeramente tostado por el sol. Nada había cambiado…Eso no era más que un lago. Esa no era más que un cuento que su madre le había contado – No…- empezó a decir mientras se echaba agua al rostro, una y otra vez, notando que nada pasaba. En nada se diferenciaba al agua que bebía – No…no…no… - repetía, frustrada, llegando a golpear el agua con sus manos llenas de cortes por los intentos de hacer con tela lo que su madre hacía. Ni siquiera los Fenrir podían cambiar lo que era. No era Ardwolf; no era Fenrir, no era licana, no era felina, no era niña, tampoco adulta…No era nada.
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Oren Astvinur el Dom Oct 06, 2013 9:35 pm

¿A dónde va la propia calma cuando necesita serenarse? Uno sería capaz de reír ante la ironía de la propia pregunta pero esta iba tan en serio como cualquiera de sus pensamientos. Jamás aceptaría dejarse sobrellevar por la situación, o mostrar desesperanza en su mirar. Por oscuro que se viera el futuro y cuan terribles sonaran las voces de los espíritus, jamás retrocedería en el trayecto transitado. A fin de cuentas, no estaba solo, pues quien lo esta es porque decide que así sea. A marcha decidida había dejado su hogar atrás, el aroma a los lirios impregnándose en su persona con cada paso que daba. Tal y como si la naturaleza le entendiera, lo observara y cuidara, las flores y hojas hacían leves cosquillas a sus pies, arrancándole así una leve sonrisa. Aquello era un sentimiento momentáneo de felicidad que le daba las fuerzas para recorrer el camino restante. Como era costumbre la sensación de haber tomado un rumbo erróneo volvía a trepar por su espina como si fueran heladas esquirlas que aplicaban incesante presión. Una enredadera de sentimientos que apresaba a la razón hasta dejarla sin conciencia, mas su instinto lo decía, iba en el camino correcto. El aire se volvía denso, mas no eran los pulmones quienes estaban faltos del mismo. El lobo tuvo que agachar la cabeza para poder ingresar evitando un posible golpe. La oscuridad parecía cernirse en el interior, mas un repentino crepitar le revelaba que había llegado al sitio indicado. Fuego interno, el calor de la vida, fluctuante cual pensamiento ¿Se dejaría vencer al soplo del destino? Una rama crujió bajo el pie del lobo, un sonido que en el vacío sonó cual estruendo, similar a un hueso al romperse. Predispuesto como estaba, la imagen del pasado cobró vida en su mente justo en el instante donde la había dejado.

- o -

-Tu sombra al fin te ha alcanzado- la silueta ajena se vislumbraba tras aquél tenue fuego. Absoluta, inamovible, como si el tiempo hasta ese próximo encuentro no hubiese sido más que un efímero segundo. El aire volvía a cargarse con aquél extraño matiz de aromas, una mezcla de añejo y lo nuevo, de un fuego que no quemaba y una madera que se consumía. Aun esperando respuesta aquél hombre movió una de sus manos, acomodando uno de los troncos en un intento de avivar la luz entre ambos. Las miradas de los dos refulgieron como respuesta, adaptándose al nuevo cambio. Colores de la naturaleza, claros como el agua, verde de las hojas, puros en su esencia, rodeados de peligros escondidos a cada vuelta. ¿Era el turno de hablar, escuchar, o simplemente permanecer? El hombre era muy complejo de entender y la incertidumbre se colaba por los poros cual ponzoña paralizante. Labios que se movían, palabras pronunciadas en silencio, el permiso que esperaba ser expresado -Traición- los pocos fonemas, al igual que había hecho el tronar de la rama evocaron, al pasado con la precisión de un cronometro.

- ¿Qué podía hacer? – me animé a hablar al fin, rompiendo el silencio que portaba desde mi entrada. La imagen era tan vívida a mis ojos que podía sentir los latidos de mi corazón acelerarse en respuesta. -La desesperación se colaba en mis venas, amenazando con dejarme congelado en mi lugar, pero desistir a la circunstancias simbolizaba perder. Me aterraba siquiera darle un significado a esa pérdida ¿Qué podía ofrecer aquella sombra para compeler a un lobo de traicionar a los suyos? ¿Qué era tan grande como para que el lazo más íntimo y natural se viera roto con la fragilidad de un cristal? No podía imaginar, ni siquiera calcular cual era el alcance del ser que se comunicaba más allá del negro absoluto. Mi única opción era actuar, accionar, porque las palabras no tendrían efecto. Juez y ejecutor, o al final no hubiese sido más que testigo de la muerte injustificada de mis hermanos. Pude sentir como mis extremidades se curvaban levemente para hacer de mi cuerpo toda un arma mortal-

-No tienes que odiar al vampiro para entender que evadir el contacto es siempre la mejor opción. Carentes de verdadera vida y muerte, no se puede atribuirles ni un elemento dentro de la naturaleza. Los caminantes de una línea invisible, los hijos del velo entre dos mundos. Mis pensamientos ardían en su contra, encontrándome incapaz de frenarlos. Cuanto más probaba la sangre putrefacta de mi víctima, el control se desvanecía para dejarme solo a la merced de mis instintos. La situación era caos por donde se viera, desorden desatado y en expansión: una masacre en potencia. Utilicé el poco de cordura restante, o quizás no fue más que un intento desesperado, para reunir a mis hermanos bajo un mismo aullido. En la unidad esta la fuerza,  y cuando la fortuna no te sonríe, haz de aferrarte al mínimo rastro de esperanza. Bajo la gracia de los espíritus mi voz obtuvo respuesta, de un segundo al otro habíamos pasado de ser simples presas a una gran amenaza-

Volví a inspirar profundo. Mi mente dando pausa a las imágenes que no dejaban de llegar, pareciendo ser producidas por cada ondulación de las llamas de aquél fuego. Faltaba poco más para dar con una verdad que jamás he pronunciado, un secreto que el Historiador terminaría por hacer inmortal. Retomé el ritmo de mis palabras, dispuesto a darle fin a ese suceso – Podía escuchar el latido de propio corazón. Lo sentía como un tambor, un ritmo que preparaba a mi cuerpo para la batalla. Barrí el terreno con la mirada, concentrándome un instante en sus números y en los propios. El ataque sorpresa había reducido a muchos de mis hermanos, pero un lobo jamás cae sin dar pelea, dispuesto hasta el último aullido. El conocimiento marcial amenazaba con inundarme, uno instruido a lo largo de toda mi vida, pero carente de orden no encontraría sentido. Lo dejé fluir, de la misma manera que un río que lleva un dique por delante, la fuerza avasallante lista para la pelea. De allí en adelante no hubo misericordia para el alma manchada y corrupta del bando enemigo.

-¿Qué sentí al tomar la vanguardia? Vida. Irónico, ya que con aquél puesto lo más inminente era el posible fin de la misma. Estaba convencido que a pesar de ello, si moría allí, el proteger a los demás habría sido una buena causa. Sin embargo, no estaba solo y para mi sorpresa el grupo entero se había unido, despellejando la línea frontal enemiga de la misma manera que lo haría una flecha. El sendero quedaba limpio, una línea directa hacia el traidor. Recuerdo como el viento acompañó mi salto, liberando a mi cuerpo de toda pesadez sentida hasta el momento. Por un segundo fui libre, todo mi ser respondiendo a mis propias órdenes. Estoy seguro que aquél hombre no lo esperaba, pues aún recuerdo los ojos del traidor al momento que mi mandíbula desgarraba su garganta, privándolo de su vida- Suspiré. Una parte de mi mente quería frenar allí, evitar más memorias, pero una vez que quedaba atrapado en la vista del Historiador, mi persona simplemente no tenía escape- No siento orgullo por ello. Jamás has de sentir orgullo por matar a un hermano, sin importar la razón. Levanté mi mirada, buscando a quien este le había hablado. Podía sentirlo, algo en el entorno estaba mal, pero a pesar de poder ver en esa  oscuridad la sombra eludía a mi vista.

Me preparé mentalmente para lo que seguía. Palabras que había escuchado más de joven y cuyo significado no había logrado comprender pero que ahora son parte de mí y que no puedo evitar. El mero recuerdo de aquella voz me hacía erizar, pero allí estaban las palabras, grabadas como si fuera piedra:

“Cachorro, se testigo del comienzo, de esta primera semilla. No habrá paz para los tuyos o ellos, pues incapaces son de ver las causas. Así como estos Raphael y tus hermanos han caído aquí, volverán a caer, y es entonces cuando recordarás esto que te he dicho. Traición  Estas jugando nuestro juego ahora, falla en entender su mecanismo y encontrarás que no te queda nada que proteger. El tiempo corre, y es hora de unir los puntos. ¿Lograrás ver la consecuencia antes de que sea demasiado tarde? ” – la escalofriante risa volvió a resonar en mi cabeza, como si esta estuviera repitiendo aquello justo en ese momento. Mi mirada buscó al Historiador mas este se mostraba tan impasible como siempre. Esperé de corazón que solo fuera mi imaginación jugándome una broma.

-Volvimos con la manada, pero las palabras me han atormentado desde entonces. Busqué en las experiencias pero la respuesta escapa a mí. Es como si…- La voz de ambos resonó en aquél interior, nuestros dos tonos mezclándose en una armonía perfecta- ”Se espera que el sabio sea siempre más sabio”- parpadee ante mi sorpresa, sintiendo un vendaval cruzar de un extremo al otro de la habitación. En principio creí que la corriente había llegado desde afuera, pero algo dentro de mí decía que no podía estar del todo seguro de ello. El fuego se había extinguido pero mis ojos me informaban que el Historiador no se había movido un centímetro –Debo irme. Creo…creo que aún tengo mucho que pensar- me sinceré, tanto con él como con mi propia persona.

Lo que sea que hagas terminará siendo tu decisión, y estaré aquí para escucharla

- o -

Era extraño que  dedicara una oración de más de unas pocas palabras, la única suposición que quedaba era asumir que se debía a un regalo por la calidad del relato. El lobo dejó la morada del Historiador atrás, sintiéndose aliviado de haber quitado las palabras de su pecho. El entorno volvía a ser familiar, a excepción de una cosa, un rostro y una fragancia que se presentaban por primera vez. Tan acostumbrado estaba a andar por el bosque que su andar solía ser sigiloso, tanto como el pasar del viento entre las hojas. La joven no parecía haber percatado de su presencia, permitiéndole capturar parte del monologo que aplicaba a sí misma. Sonrió, acercándose a ella con las manos tras la espalda, la paz volviendo a él como si nunca se hubiera esfumado en primera instancia – Somos lo que hacemos, y aunque la mente intente olvidar, el cuerpo siempre recuerda – El guardián se acercó hasta la chica, mirando su propio reflejo de la misma manera que había hecho con el fuego momentos antes- ¿Qué te trae a estos bosques con tanto pesar? –preguntó luego, ladeando la mirada para encontrar la ajena.

Conflictos de pertenencia, la incertidumbre de un suelo que se deshace a los pies de uno. ¿Eran tan distintos, o solo dos caras de una misma moneda? Destino, gran jugador, misteriosa será la forma en que entrelaces estos nuevos hilos.
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Leona Boadicea el Mar Oct 08, 2013 10:35 am

“– Somos lo que hacemos, y aunque la mente intente olvidar, el cuerpo siempre recuerda –“

Tal voz, aunque cubierta de una extraña paz embriagante la hizo sobresaltar. Detrás de ella, una silueta alta alcanzó a mostrarse, primero en el reflejo del agua y posteriormente, ante sus ojos cristalinos. ¿Cómo pudo ser tan tonta o distraída de no captar su aroma o escuchar sus pasos? En ese bosque extraño todo era raro. Desde el movimiento del viento hasta los animales que caminaban lentamente por sus parajes, perdiéndose entre las hojas que se veían siempre teñidas del color de la noche, perdiendo el verde para alcanzar el predominio del azul. Leona clavó sus ojos inquisidores al instante sobre aquél, viéndole con desconfianza. Durante cortos instantes, la mirada de la muchacha permaneció puesta sobre la efigie masculina casi como si buscase algo más de lo que en realidad veía. ¿Qué buscaba? Asegurarse que no era una visión y que esa agua que se había echado en la cara no tuviese algún tipo de conjuro común entre los Fenrir que le haya hecho perder definitivamente la cabeza. La joven entrecerró sus ojos, destellando éstos ligero despecho ante aquel, desconfianza ante todo por no reconocerlo o haberle visto antes. Pero entonces, el aroma llegó a su olfato y lo aspiró como quien huele una flor por primera vez. Era un Fenrir, no podría negarlo. Tenía el aroma de los parajes y de los árboles. Pero lo que era más particular, era que además de tener el toque de la tierra y el viento en sus ropas y piel, desprendía un ligero olor a flores. ¿Había visto flores en el bosque mientras caminaba? Sí pero, no recordaba que las flores silvestres tuviesen una fragancia tan poderosa como para quedar captada en el cuerpo.

A pesar de reconocerlo como ser vivo a su lado, la joven no dejó de mirarle con desconfianza. Si bien sus gestos se suavizaron, continuaba con los ojos clavados en él. Lo estaba analizando. No se parecía a ningún Ardwolf que hubiese visto. Si padre tenía la piel tostada por el sol y la marca de cicatrices profundas en la parte del cuello lo hacían ver amenazante. Ni hablar de su gran tamaño y la potencia de sus ojos color oliva. Galliard era algo incapaz de ser descrito con palabras puesto que más allá de ser un héroe, las veces que la muchacha lo había visto pasar, su figura opacaba al sol y su larga cabellera le seguía como una sombra leal. Cuando llegó a la tierra de Fenrir lo primero que notó era que los machos no parecían ser especialmente grandes pero, ella solo había visto a los chamanes. Y por más que mirase y buscase en el cuerpo y la cara del recién llegado, no tenía cara de chamán. Había algo de salvaje en sus facciones pero a la vez, algo completamente cargado de quietud. Pensó en Bhalyon buscando encontrar algo con qué compararle pero rápidamente la idea se esfumó al notar que aquel guerrero con el cual se había enfrentado no habría podido adquirir jamás la mirada del hombre que le observaba. En los ojos del extraño había una rara paz que Leona no entendía. En los ojos de Bhalyon había tormenta…la misma que se encontraba en el interior de la muchacha.

-Y si no hago nada bien…¿Mi cuerpo está para recordarme que soy un fracaso a secas?- preguntó luego de analizar aquella reflexión que el extraño había dejado en el aire. Curioso que dijese algo así a quien es incapaz de meditar por más de tres minutos sin bostezar. Leona no dejaba de verle a los ojos. Siendo criada de la forma en que lo había sido, sus amigos eran inexistentes. Dueña de un carácter caótico, buscando ganarse el puesto como Ardwolf pura a pesar de no serlo, la muchacha no podía establecer vinculo alguno con nadie. Sin embargo, tenía una facilidad casi increíble de ganarse la antipatía de la gente. Aparte de su padre, el único amigo que tenía era Rou y se debía a que, por alguna razón que nadie comprendía, toleraba a la tormenta de cabellos soleados retarlo a duelos para ganarle y luego, mofarse de aquello.

Levantó la mirada, tratando de parecer más grande de lo que era puesto que en tamaño no superaría el metro sesenta y cinco y volvió a hablar – No tengo pesar …- quería estar convencida pero, para su desgracia, su transparencia era equivalente a su terquedad – Estaba caminando por el bosque y llegué aquí. Me dijeron que el lago era mágico y quería verlo pero…Solo es agua. No hay magia en él – se puso de pie. Con algo de vergüenza vio que el tamaño del extraño era superior al suyo pero no quiso que eso se viese reflejado en su mirada. Por eso, tenía sus ojos clavados en los ojos del recién llegado, hablando de igual a igual – ¿Eres un Fenrir? – su pregunta es sincera. Realmente necesitaba que él mismo, de sus propios labios le dijese que no se trataba de una visión extraña. Es que, para ella, los machos licanos no eran como él. Había algo que lo hacía diferente a todos aquellos a quienes había visto antes. Recordó cuando cruzó sus ojos con la misma Fenrir y miró a su madre incrédula.

-Ten respeto, Leona. Ella es la Líder del clan espiritual. – le habría dicho su madre pero la muchacha abrió sus labios para soltar una queja - ¡Pero mírala! Es como cualquier Ardwolf. Me dijiste que era como el agua y la noche ¡No se parece al agua, madre! ¡Tampoco a la noche! – habría exclamado la muchacha, siendo callada por su progenitora.

Pero ese hombre era diferente. Ese hombre sí le recordaba al agua, la noche y aquel mundo del que tanto hablaban pero que estaba velado para ella. – No te pareces a los Fenrir que he visto...– dijo, más para sí que para él pero, por supuesto, él había sido capaz de oírle. Leona solo había visto hembras del clan, a la líder y por supuesto, a los chamanes que iban y venían. Se había preguntado si existían guerreros en esa manada. Los ojos de la muchacha se iluminaron al pensar en la posibilidad que aquel sea un luchador de la manada - ¿Eres un guerrero?- Si lo era ¿Por qué los tenían ocultos a la vista de todos? ¿Sería porque eran excelentes combatientes que surgían con la noche y arrancaban la piel de sus presas sin piedad?
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Oren Astvinur el Jue Oct 10, 2013 2:22 am

¿Qué encuentras en esa mirada sino desconocimiento e incertidumbre? ¿Quién puede culpar y juzgar por ello, conocedor del todo absoluto? El lobo permitió que su sonrisa se deslizara por sus facciones, tenue y sutil como una caricia al viento. Parte de la tormenta había pasado mas los daños colaterales aún estaban por verse. No tenía sentido el arrastrar a otro a un caos personal. Con cada hilo que une a las personas,  calmar al otro significa actuar también en uno mismo, y viceversa. Hombro a hombro, quizás solo así podrían despejarse las nubes de confusión que amenazaban con llover no solo sobre el níveo lobo, sino sobre toda su gente. Los segundos pasaban sin ser contados, y la interacción entre los desconocidos se limitaba a un intercambio regio de miradas. Un simple vistazo dice mucho de la otra persona: seguridad, sinceridad, sus intenciones, e incluso secretos que creen ser guardados tras un muro imperceptible de cristal. Notaba la extrañeza ajena, casi como si esta estuviera grabada a flor de piel. Un destello curioso y a la vez cuidado de la misma manera que uno observa algo interesante desde la distancia, solo que esta era apenas un par de pasos entre ambos. Si habría de buscar las razones para esa mirada ¿Qué encontraría como respuesta? ¿Sería parte de algo que pudiera sospechar o el destino estaba dispuesto a depararle una sorpresa? Como el agua, era su trabajo, su forma, el simplemente dejarse fluir, amoldarse a la situación jamás dejando de ser sí mismo. Mantuvo su lugar, quizás acrecentando esa sensación de no pertenecer, de estar más allá de un simple bosque. Sin embargo, su voz era capaz de romper con la ilusión, o quizás de crear una distinta.
-Si no haces nada bien, cosa que me permito dudar, tu cuerpo te recuerda que siempre has de seguir intentando- Sus ojos pasaron divertidos de un lado al otro por el entorno que los rodeaba, fijándose principalmente en los árboles – Ellos no han crecido de la noche a la mañana. Muchas de sus ramas y raíces se torcieron debido a malas elecciones, pero no por eso han abandonado su objetivo y camino. Si me preguntas, creo que ninguno se doblegaría aunque el viento les golpee con toda su furia- Volvió a encontrar los ojos de la joven. No se sentía intimidado por aquella mirada que parecía buscar razones hasta lo más profundo de su ser. Llegado el caso, le gustaría ser capaz de explicarse mejor, que sus experiencias se convirtieran en ejemplos, un libro abierto para aquél dispuesto a aprender. Su mano amenazó a moverse, acariciar la melena de la joven pero sin confianza, carente de un nombre, su gesto podría pasar menospreciado. El lobo desvió la mano hacia el agua, sumergiendo la propia bajo aquél liquido cristalino, mirando las ondas que se formaban con un interés que podía resultar increíble y carente de fundamentos. El movimiento se reflejaba en sus ojos, haciendo que aquél color esmeralda fluctuase en leves destellos de color. Un brillo prístino, quizás tan antiguo como el agua formaba los límites del mundo Fenrir. ¿Cómo podía negarse su magia, cuando todo lo conocido cambiaba radicalmente tras esas barreras invisibles?
-Que no puedas ver, o sentir su poder, no significa que este sea inexistente. Pongamos a nuestros ancestros y los espíritus como ejemplo. Ellos siempre están presentes, susurrando a nuestro oído a pesar de no poder escucharles. Sin embargo, el cuerpo entiende y actúa en respuesta- El hombre esperó un poco antes de continuar su explicación, esperando a que sus palabras se asienten y pudiesen encontrar sentido y relación en la cabeza de su acompañante- Instinto ¿Nunca has hecho algo sin entender por qué? Y aun así, todo tiene su razón de ser. Un conocimiento silente e inocuo, pasado de generación en generación. Las leyes se aplican aún sin nuestro conocimiento. El mundo ha estado antes que nosotros ¿Podemos entonces siquiera aspirar a entender? Debemos cerrar los ojos, y escuchar, no con nuestros oídos – la mano que tenía en el agua ascendió hasta su propio pecho, señalando el centro con su dedo índice. La gota que pendía en la punta descendió por la piel hasta perderse bajo la ropa- Sino con el espíritu. El lobo es un todo universal, unidos en lo más ínfimo de nuestros seres, somos nosotros quienes decidimos ignorar esa parte de nuestra persona –luego asintió con la cabeza- Soy un lobo, y pertenezco a quienes reciben el nombre de Fenrir. Mi nombre es Oren, y es también mi trabajo, deber y placer darte la bienvenida a estas tierras.

Sus ojos se cerraron, creando oscuridad en sus facciones, como un cielo que se quedaba sin estrellas –Supongo entonces que aún te queda mucho que conocer –escuchó sus palabras con interés, curioso y encantado de tener una nueva integrante en la manada. Un nuevo punto de vista, un abanico infinito a otras posibilidades- Soy un guerrero, el escudo de los míos. Ningún daño va alcanzarte siempre que me encuentre cerca. Si has de sentir peligro, llama, un guardián siempre acude, pues esa es nuestra labor- Retomando su posición inicial dio unos pasos hacia atrás, tan silencioso como la manera en la que había llegado. Tras haber ganado cierta distancia la miró por encima del hombro, sonriendo lo suficiente para mostrar su dentadura. Unos fuertes caninos sobresalían letales, listos para desgarrar de ser necesario.

- Algunas veces, todo lo que necesitas para ver la magia es simplemente un poco de fe-
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Leona Boadicea el Dom Oct 13, 2013 10:21 pm

Solo la suave brisa que recorre los parajes del bosque lograba mover los cabellos despeinados de la muchacha de ojos claros. Tal como quien se niega a ver más allá de lo que ve, pero que sin recurrir a su sentido de la vista, lo percibe, Leona mantenía la postura de alerta. ¿A quién le recordaba ese recién llegado que, con voz de sabio, trata de explicarle cómo funciona el cuerpo y cómo ella debe interpretar su propia incapacidad de actuar como una Fenrir? En toda su vida, jamás había cruzado palabras con un hombre que no fuese guerrero y todo para  terminar desafiándolo, de forma que pudiese comprobar qué tan cierto era su alarde de poder. Pero en este caso, todo era diferente.  Pero aquel no se parecía en absoluto a los Ardwolf o a cualquier ser vivo que conociese de su pasado. Ante la primera frase de respuesta, los ojos de la joven fueron velados por la profundidad de sus cejas castañas, cayendo en clara señal de duda. ¿Seguir intentando? Su cuerpo no le decía que continuase intentando. Cada mísero músculo que rodeaba sus extremidades manifestaba a gritos que no lo intentase más. Desde que había puesto su primer pie en esos bosques de tonos negros y azules, cada centímetro de su ser empezó a boicotear todo intento por pertenecer, así sea mínimamente, a las costumbres de aquel lugar. - ¿Es una broma? – preguntó, notándose en sus ojos claros como el agua la contradicción de la cual era víctima en ese momento, siendo tan transparente el carácter de la joven que las dudas eran evidentes en la sola mirada de ella. Ya no temía si era un fantasma o no dado que él había hecho algo preciso para desviar la atención de Leona a otro tema. Sin embargo, la muchacha reaccionó ligeramente alerta al sentir que él se acercaba. No acostumbraba la cercanía de la gente a menos que se tratase de un duelo. Todo su cuerpo se tensó al instante pero se relajó apenas notó que el primer interés de aquel era tocar el agua, no a ella. El ceño de la muchacha dijo más que sus propias palabras cuándo el extraño mencionó los árboles que le rodeaban, volviendo su mirada a éstos, terminó por volver a mirarle para, finalmente, negar con la cabeza - … ¿Qué mala elección puede hacer un árbol? Solo tiene que crecer y ya – su voz era incrédula, la misma que usaba cuando su madre buscaba hacerle entender los mitos que rodeaban la magia de la manada de Fenrir, el clan más místico de los licanos europeos. La joven cerró los ojos para luego soltar un resoplido a la vez que bajaba la cabeza para tratar de contener la tormenta de ira que le invadió en aquel instante. Por alguna razón, todo le sonó absurdo pero, claro que para él eso tenía sentido. Si los Fenrir eran magia ¡Él era la perfecta manifestación de ésta! Sus ropas, el tono de su piel, el color de sus ojos ¡Ese extraño era una visión mística! Su aroma era embriagante, envolvente como la primavera y su mirada era calma y pacifica como las aguas del lago. Cuando se hubo acercado a ella, Leona ni siquiera le había notado, lo que marcaba que él podía moverse con habilidad entre los bosques sin ser visto u oído. –Es fácil para ti decirlo. – susurró a la vez que sus ojos se abrían apenas, hundiéndose en el suelo bajo sus pies. Notó la gran diferencia entre las ropas rotas y sucias de ella; los rasguños y marcas de barro y la pulcra y sacra imagen que aquel licano representaba. Seguramente si ella le decía que bordase o meditase como su madre le insistía, él lo haría sin problema. – Tu cuerpo reacciona y se mueve con tus órdenes. Y yo le ordeno al mío que…- empezó a decir. Levantó la mirada y miró con el ceño arrugado al extraño, apretando sus propias manos, formando puños. Todo su aire se encapsuló en sus pulmones, inflando su pecho pero, antes de decir algo, suspiró, resignada, bajando los brazos y la cabeza a la vez – No debo estar aquí. Lo siento en cada parte de mi cuerpo. Aquí todo es noche y calma. No puedo meditar, no puedo pensar…Yo solo sé pelear. ¡Y me gusta pelear! – Volvió sus ojos a sus propias palmas y esbozó una pequeña sonrisa de pesar – Con éstas puedo hacer lanzas y cuchillos de piedra pero no puedo hacer una estúpida prenda de vestir ¡Y es que no entiendo para qué sirven esas cosas! Tú hablas de árboles pero ellos no deben hacer nada más que estar ahí. Crecen para arriba y ya. Yo en cambio debo…tratar de ser cómo mi madre- replicó y rápidamente, la mirada de Leona se posó sobre el extraño, notando que estaba hablando más de la cuenta. Sus ojos manifestaban desconfianza ahora y, en un acto reflejo, dio un paso hacia atrás, sintiendo solo la brisa de la noche acariciar sus cabellos como si se tratase de un gesto solemne de una madre amorosa. Y tal como si fuese una contención silenciosa, las palabras del extraño acerca del espíritu llegaron a ella como una melodía. Por ese momento, por ése instante, todo fue calma y silencio, exceptuando la voz grave de él que continuaba marcando, sublime, la divina forma de ser lo que se es, así no sepamos qué es eso.

La mirada de Leona se mantuvo tiesa sobre él y no fue hasta que aquel dio su nombre que ella pestañeó. “Oren”, así dijo que se llamaba. Y sí, no era un espíritu de la noche que había emergido de las aguas. La joven separó sus labios por un instante, buscando la forma de interpretar las palabras que siguieron ¿Le habían enviado a recibirle? Haciendo uso de toda su fortaleza, Leona se quedó erguida frente a él, levantando la mirada de forma que su mentón quedase paralelo al suelo – Soy Leona y  soy una Ardwolf – su respuesta fue seca, áspera. Había omitido por completo la parte mística que habitaba en ella, más por costumbre que por otra cosa. Luego recordó que no era del todo cierto y rápidamente habló de nuevo, buscando marcar su error - …Y también soy una Fenrir – agregó para luego negar con la cabeza y mover sus hombros apenas – …Aunque no lo creas…- Claro que no debería de creerlo. Cualquiera que viese a esa muchacha pensaría que de Fenrir tenía lo mismo que Oren de vampiro. Y para su desgracia, la joven Leona no podía opacar tal opinión ni siquiera con toda la fuerza de su voluntad.

Pero hubo algo en las palabras de aquel que rápidamente consumieron la paz y el pesar de las facciones de la muchacha, quien abrió sus ojos al instante, clavándolos sin piedad en la figura de Oren. ¿Acababa de decir que ella necesitaba que la protegiesen? Oh, no. Una cosa era que su madre quisiese volverla Fenrir y ella no pudiese escuchar ni la voz de sus propios pensamientos pero ¡¿Proteger a una Ardwolf?! Entrecerró su mirada a la vez que sus ojos de cristal destellaban en una emoción tan poderosa como su espíritu ardiente. Ella era el sol y por eso, carecía de la quietud de los hijos de esos bosques. Era capaz de notarse a lo lejos la energía que bullía de su interior, reflejada, más que nada, en sus ojos – No necesito que me protejas. No necesito guardianes. ¿Cómo te atreves a sugerirlo? – Estaba indignada. La confusión que le invadió chocaba con el pesar y la humillación de que un desconocido, un guerrero de la raza más religiosa, la tildase de ser incapaz de enfrentar el peligro ella sola. ¡Lo había hecho! ¡Y el peligro jamás le había asustado! – He peleado con guerreros mucho más grandes que tu y les gané! No puedo meditar, ni coser, ni bordar, ni ver la magia o hacer que esa agua funcione …-exclamó, señalando el agua del lago, refiriéndose a las facultades místicas que los cuentos de su madre le habían atribuido y entonces, volvió a señalarle, pero ésta vez, a Oren - ¡Pero por Gaia, puedo pelear y muy bien! -
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Oren Astvinur el Vie Oct 18, 2013 11:56 pm

El viento, y la música que trae, tan misteriosa fuerza como el origen que le da su causa. Suave aire que acariciaba los cabellos ajenos y propios ¿Es una reprimenda, dulce madre, o esperas infundir paz en un  corazón joven y volátil como el de la chica? Por más que quisiese tampoco podía eludir su propia verdad, la calma no es una virtud que se adquiere fácil, pues incluso cuando crees ganado el juego se es capaz de perderla. Alerta, perspicaz, lo sentidos de la chica respondían a lo extraño. Instinto del lobo, tan salvaje y primitivo ¿Qué atormenta tu calma cachorra que desconfías de un hermano? El cuerpo recuerda, nos indica cómo actuar cuando la razón no encuentra sentido. Escuchar es cuestión del propio querer, la voluntad de la propia elección. La intuición es guía en tu falta de sabiduría pero el velo terrenal te ciega ante la verdad. Abre los ojos, hija del bosque, escucha, siente más allá de lo que ves. Aquella sangre latente sigue pulsando en tu interior, como un río que no conoce límites, solo al dejarlo fluir se es capaz de aprovechar su energía. El temple del lobo cambió para denotar sorpresa ante la pregunta que obtenía como primer acercamiento por parte de la joven. ¿Había sido pobre la elección de sus palabras que incitaba a la incertidumbre  y desconfianza? Obligó a su mente a dar una vuelta más rebuscada, un camino distinto por el cual acercarse y poner a ambos en la misma sintonía. El tiempo diría si eso siquiera era posible. El tiempo cambia y transforma, solo lo dispuesto, nuevo y antiguo pueden llegar a congeniar  en mutuo acuerdo sin caer en ardiente entropía - ¿Una broma? – preguntó con suavidad en su tono, una nueva caricia con apenas dos palabras. Dulce calma del que oye entre dos mundos, donde el consejo se esconde de la percepción mundana. El silbar del viento, el movimiento de las hojas, movimientos que parecerían caóticos y sin embargo no son más que el resultado de un cuidado designio natural, quizás mucho más ancestral que la razón misma. Por otro lado, la tensión parecía crecer en el cuerpo ajeno, como si la chica fuera aplastada por la constricción de un algo invisible. Hay momentos en los que uno mismo es el enemigo, vil serpiente que nos presiona desde adentro. Venenosa a veces, carcomiendo el pensamiento hasta no dejar trazo de quien uno es. La tranquilidad al final es una virtud y bendición que se ha de aprender a ganar y mantener. No se trata simplemente de alcanzar el control, de poder ver el mundo sin las emociones controlando el accionar. Paz como un modo de percepción y vida – No estaba bromeando. Déjame que explique- el lobo se acercó a uno de los árboles, primero fijándose en el fuerte tronco, pasando su mano por la áspera corteza. Las marcas de los años se hacían presente bajo su tacto de la misma manera que lo haría una cicatriz en propia piel. Los ojos del guardián buscaron lo alto, la luz de la luna filtrándose danzarina entre la frondosa copa de hojas. Ramas iban y venían, cada una en distinta dirección, curvas y no tanto, aunque aquél árbol se alzaba alto y regio con la intención de tocar el nocturno cielo - ¿Crees que crecer es solo una elección? – su pie trazó un arco en la tierra, revelando una de las grandes raíces de aquél enorme espécimen- La vegetación también ha de alimentarse y buscar agua. Con cada momento, cada decisión es crucial. Cuando frágil, crecer sin apuntar a lo alto puede probar mortal, quedando a merced del quiebre ante el fuerte viento, o escondido a la sombra de otro, privado de la luz de la vida. Crecer no es tan sencillo, con cada opción que escogemos el resultado da un nuevo giro. Somos lo que hemos escogido, paso a paso- el hombre negó con la cabeza a las palabras ajenas, ahora volviendo a fijarse en ella. La llama de su esencia brillaba con fuerza mas con tanta presión podría ahogarse en su propio candor- Déjame ponerlo en otras palabras. Si yo he podido hacerlo, incluso lograr que se vea fácil ¿Qué te detiene a ti? ¿Por qué no habrías de conseguirlo? ¿Te gusta pelear? Pues déjame decirte, la guerra más difícil que has de ganar es siempre contra ti misma. Nadie te conoce mejor, o sabrá de antemano todo lo que piensas. Es una batalla constante que puede desgastarte hasta el punto de querer ceder –Con una leve sonrisa mira las manos de la chica de cabellos castaños para luego hacer lo mismo con las propias- Una manada requiere manos en cada una de las tareas, yo no sé de ropajes, las mías están hechas para defender. Lo que has de aprender, es a valorar cada trabajo como si fuera el tuyo. Ponerte en los zapatos del otro es una buena aproximación. Sin comida, defensa, calor y la guía de los espíritus nuestra manada no se alzaría como lo hace hoy.

El lobo sonrió aún más amplio mostrando dos perfectas hileras de blancos dientes escondiéndose tras sus labios. En un rápido movimiento se permitía dar un gran salto, su brazo listo y estirado para atrapar una rama. Tan fugaz como había llegado desaparecía en la espesura de las hojas y ramas. Solo el movimiento de cada paso que dejaba atrás marcaba un camino de vibrante verde y unas pocas hojas que llovían alrededor de la jovencita- Creo tu palabra, las razones me sobran para no desconfiar. El hecho que puedas decirlo en voz alta me dice de la aceptación que tienes de ello. Ya no puedes negarlo pero ¡Que complicada es la existencia de uno incluso cuando se logra dar nombre! ¿Verdad? – Su voz daba la misma vuelta que su cuerpo trazaba, envolviendo todo desde las alturas al suelo en una burbuja de ideas expresadas- Puedo escuchar las palabras que te rodean y que a la vez te obligas a no oír. Mitad y mitad, baja ese dedo y señala a ti misma. No a quien eres, sino a quien quieres ser. Quizás desees elegir una, las circunstancias y las personas siempre nos obligan a hacerlo, encontrar tu lugar en la batalla con la fuerza bruta de Gaia, o su mística voluntad. ¿Qué puedo aconsejarte bajo la luz de esta luna? El mundo no son solo dos hilos, enhebra el propio. Dos que son uno, uno que son dos. Selene tiene muchas caras, pero son todas ellas las que la completan.

Su voz y silueta y se perdieron un momento, la calma reinaba en el bosque que ni los insectos atrevían a pertúrbala. El guardián buscó la rama más prominente y que dejara su figura fuera del follaje de hojas, sentándose allí en lo alto y a la vista de su acompañante. Tarareó una melodía de pocas notas, una que comenzaba a fundirse con el aire que volvía a soplar meciendo todo a aquél ritmo natural.

La guerra sus rastros deja
En luz de luna tan vieja
Sus sombras fluyen en ríos
En ríos que no puedo comprender
Las nubes de tormenta acechan el anochecer
El peligro se acerca
¿Por qué no estoy protegiendo
Todo aquello que siempre he querido?

El lobo descendió de un nuevo salto, cayendo como lo haría la luna si dejara su lugar en los cielos, apenas un metro separando a ambos – No es que lo necesites, pero es algo que yo no me puedo permitir dejar. Tan crudo como cerrar los ojos frente a la injusticia. Ineludible como la fuerza de vida que nos rige. Si estas pérdida, escucha. Oye el rugir de la pelea y de aquellos que la libraron antes que tú. Cuando la sabiduría este en tus manos, no podrás hacer una elección errónea- finalizó aquello con una nueva sonrisa, bajando levemente la cabeza en un acto de respeto  a las propias palabras y un ancestral conocimiento compartido.
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Leona Boadicea el Dom Oct 27, 2013 2:18 am

¿Te ha sucedido que observas un suceso frente a tu ser y no terminas de distinguir si es verdad o mentira? El famoso deja vu; ese instante en que tu mente te juega una broma que estás demasiado confuso para identificar, cuando todo el ambiente que rodea tu cuerpo parece formar parte de una realidad que no has visto nunca pero que, aun así, sabes que existe en el fondo de tu ser. Es fácil creer en la tierra y en el agua dado que los ojos pueden verle y los dedos acariciarle. Pero creer en algo más allá de lo determinado, aquello que se esconde en el mundo de lo abstracto es una tarea demasiado difícil para algunos. Y Leona era una de esas personas. Cuando su madre le hablaba de la magia, cantando acerca de aquello que el agua ocultaba o la lluvia decía; de los cantos nocturnos que la Luna dedicaba a sus amados lobos, la joven licana optaba por no creerlo. ¿Por qué? Porque es más fácil no aceptarlo que creer algo que luego descubres que es mentira. Nunca comprendió del todo por qué estaba tan negada a aquellas situaciones de las cuales carecía de control, buscando asegurar cada cosa y creencia con la fuerza de una roca, incluso sabiendo que hasta los Ardwolf creían en sus dioses y confiaban en estos. Si ella creía en algo, ese algo era su Señor Galliard. Él, que con sus manos había traído paz al mundo de los lobos, limpiando el terreno de uno de los clanes de sangre y permitiendo a los licanos vivir en paz por trescientos años. Eso no lo hizo Gaia ni Fenrir, lo hizo él; él y sus guerreros.

Se empeñó en esos sistemas de creencias que, en ocasiones, la hacía parecer obtusa ante los demás, incluyendo su madre. Y ahora, en esa noche de Luna creciente, en aquel manantial de aguas azulinas cubierto por la luz azul de la luna, ante ese hombre tan extraño, algo dentro de ella le decía una y otra vez “Cree”. Sin embargo, no le aclaraba en qué debía creer y por qué. Desde que hubo pisado ese lugar, esa tierra desconocida;  todo le pareció una pérdida de tiempo y ahora, por primera vez luego de conocer a Oren, puesto que ese fue el nombre con el cual aquel extraño se presentó, la muchacha llegó a debatirse si estaba despierta o si había caído presa del sueño. Luego de elevar su voz pensó que aquel se iría, dejándola sola ante su terquedad, pero en lugar de eso, Oren continuó hablando, casi como si buscase hacerle entender su postura, su realidad, aquella tan diferente a la que ella acostumbraba ver. -¿Por qué haces eso, espíritu de Gaia? – se preguntó mientras escuchaba el discurso acerca de la fuerza de los árboles, aquellos que crecen y eligen cómo crecer. Aquellos que creen y eligen qué y por qué creer. Leona por un instante se quedó con su mirada de cristal posada sobre él y, para quienes le viesen en un cuadro realmente extraño y particular, verían dos partes de una misma moneda; las mirada entre el día y la noche, entre la luz y las penumbras: Ella pertenecía al día. Su postura, su energía, su fuerza, su carácter, hasta el color de sus cabellos pertenecía al sol. Él era la noche, la luna. Su piel y su rostro, su mirada y sus formas. Hasta su voz poseía una energía tan mística como envolvente que decía “no somos iguales, pero aun así, quiero seguir sabiendo quién es y por qué”. La muchacha bajó por un instante sus ojos esmeraldas. Sus facciones se habían endurecido de repente ante tales palabras y, presa de su carácter temperamental, se volvió, encontrando en el agua transparente la forma de su propio cuerpo, más adulto y mayor, casi como si otra cosa le devolviese la mirada de las aguas. ¿Había algo de Fenrir en ella? Estaba convencida de que no, pero, mientras escuchaba la voz suave de ese licano, sintió que le conocía…que le reconocía, casi como si algo en su interior, algo realmente dormido encontrase en él una verdad que ella no admitiría porque eso significaba creer algo que no podía ver. Creer por fe…

Pestañeó, viendo su reflejo a la vez que él hablaba de las guerras internas y por un instante, sintió que su propia imagen le desafiaba con la fuerza de un ser que ha estado por demasiado tiempo enjaulado. Decir cualquier palabra equivaldría a darle la razón, por lo que calló, volviendo a clavar su mirada aguda sobre las formas de Oren. Antes le había estudiado y ahora, solo le observaba. Se sorprendió con la naturalidad con la cual él le sonrió, levantando ambas cejas, ligeramente contrariada. Ante sus ojos sorprendidos, la figura de él desapareció, tomando las ramas del mismo árbol que había usado como ejemplo, moviéndose de rama en rama como si se tratase de un espíritu del bosque que no poseía peso alguno. Leona le siguió con interés, escuchando sus palabras hasta que éste se sentó en una de las ramas con la Luna creciente detrás, casi como si se tratase de un escudo que le protegía. ¿Quién éres, Oren? Quien llamó a los licanos "hijos de la luna" seguramente se inspiró en ti para darles tal titulo. -¿Eres real? – alcanzó a preguntar a la vez que una sonrisa se dibujaba en sus labios sin ella aceptarlo o permitirlo, presa de los músculos inconscientes de su rostro. Pero entonces, cuando él bajó del árbol después de relatar tal canción con la calma y la soltura de un bardo de aquellos que su padre veía de mala manera en las manadas frías de los Ardwolf, la joven se intimidó. No lo admitiría pero un paso hacia atrás volvió a poner distancia ante ambos y su mirada se volvió analítica de repente, borrando así la sonrisa de sus labios – Porque…hablas mucho – dijo de repente, incapaz de calmar su espíritu conflictivo. Quería creer, más que nada en el mundo pero, la verdad, tenía miedo de hacerlo. Era mejor saber que ella era una guerrera y aceptarlo a pensar que podía ser Fenrir y golpearse de cara con una terrible realidad. ¿Ese hombre de mirada intensa y noble frente a ella era real? Claro que lo era. Pero era algo tan diferente a ella que por más que su espíritu le reconociese, jamás encontraría la forma siquiera de estar en una sintonía similar. –Mientras hablas, escucho lo que dices y es como si todo este lugar te rindiese tributo. Pero la verdad es esta, Fenrir …- diría a la vez que el viento acariciaba sus cabellos desordenándolos aun más mientras tomaba un trozo de las telas que cubrían sus piernas y le impedían correr. Con el revés de su mano arrancó el mismo liberando las formas juveniles de sus extremidades inferiores, para hacer lo mismo con las delicadas mangas que caían sobre sus brazos. – Este sitio no es el mio. Puedo tener algo de Fenrir pero no nací para serlo. Si hay algo remotamente similar a tu manada en mi, mi lado ardwolf lo golpeó tanto que optó por esconderse. Sin embargo, cuando te veo…yo…-preguntó y entonces, pestañeó dos veces recordando el nombre de ese joven. –Espera un segundo ¿Oren? – preguntó y sus ojos se clavaron en él como si hubiese descubierto un secreto que rechazaba con la fuerza misma de un puñetazo - ¿La mano derecha de Fenrir?- preguntó tajante y la mirada de la muchacha se transfiguró en algo que denotaba molestia, y una muy profunda. Ella, que creyó que había aparecido de la nada traído por alguna especie de espíritu que se había sentido piadoso al verla tan perdida con su propia identidad, ahora recordaba las palabras de su madre mientras le hablaba de los Lideres de la manada. “Si hay algo que puede hacer que escuches tu lado místico, Leona, esa es Fenrir. Fenrir y su mano derecha. Con la guia adecuada aprenderás a abrazar la fuerza de mi sangre que reside en tí y te niegas a entender” ¿Acaso él la estaba manipulando? ¿Acaso supo antes de verla quién era y cómo llegar a ella? Hablaba con palabras bonitas acerca del mundo de los espíritus pero ¿su madre le había enviado a ser algo así como su mentor? Tal idea le causó rechazo instantáneo mientras fruncía su ceño, volviendo sus facciones diurnas una máscara de dolor y ofensa al sentir por un solo instante que los espíritus habían escuchado sus súplicas. Al verle entonces, recordó a esa figura que vio tan mundana apenas pisó esas tierras místicas y un rechazo instantáneo recorrió cada particula de su ser. “El perro de Fenrir” , pensó. Claro que lo pensó. Entre Ardwolf se hablaba del hombre que reinaba desde las sombras de la Lider, aquella que por ser mujer a veces era poco respetada por las manadas de hombres. Ese que asentía y aconsejaba a la Lider, causando las burlas de muchos al notar que la Madre de la Manada necesitaba la ayuda y la voz de un macho para pensar.

Ese era Oren, aquel frente a ella. Y por arte de magia, quebrándose como mil partes de un cristal, dejó de ser el Fenrir perfecto, el espiritual guerrero que había emergido de las aguas y se había bañado con la luna. No era más que un perro que seguía a un Lider y ahora venía a decirle algo para convencerla de que, como hija de Fenrir, debía hacer lo que su madre y la Lider de la manada querían. –Uhm…-susurró bajando sus ojos y retrocediendo tres pasos, queriendo alejarse de aquel hombre – Por un momento te creí, ¿sabes? Creí que eras…- empezó a decir, mirando al muchacho con un dejo de desilusión en sus ojos transparentes como el agua. Por un momento quiso creer que él podría ayudarle sin tratar de cambiar un solo instante quién era ella. Por un momento, quiso admirarle más que a Galliard, por encima de Galliard porque, en el fondo de su ser, quiso sentir que él estaba por encima. Pero no, solo había sido enviado para “cuidar a la cachorra y asegurarse de que no se metiese en líos”. Así funcionaba su madre y la escuálida figura que todos tanto respetaban y que era tan mundana como las piedras que decoran los caminos que los Ardwolf recorren. –Creí que no eras verdad porque eras demasiado bueno o diferente para serlo. Como si tu existencia me dijese “Hey, no todo es lo que tocas. Hay un mundo más allá”. – empezó a decir, cruzándose de brazos, girando sobre sí a la vez que empezaba a caminar, dispuesta a alejarse de él – Buen truco. Te creí. Por un momento, te creí.-
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Re: Identidad - Con Oren

Mensaje por Oren Astvinur el Dom Nov 03, 2013 5:00 am

No todo esta tallado en la piedra, nada es un absoluto. Los hilos cambian, uniéndose y entrelazándose en distintos patrones, algunos nuevos, otros más tradicionales, cada uno con relevante importancia. Incluso aquél que se rompe es parte del todo, una pequeña fisura que hace al dibujo de la verdad universal. Cada causa genera una consecuencia, y estas a la vez nuevas causas. El mundo se basa en un equilibrio dinámico que no ha de parar nunca. El movimiento es vida, agua que fluye, fuego que crispa, aire que sopla y tierra que acuna. Cada ser está compuesto de esos elementos y con ellos resplandece la parte más importante. El núcleo que mantiene a todo en unión y perfecto cosmos, la luz que hace que la vida disipe las sombras de la incertidumbre, y fría muerte. Espíritu. Es increíble como una simple palabra es capaz de albergar tanta verdad, como misterio en su propio concepto. Lo pequeño es un universo en sí mismo, quien sabe apreciarlo tiene a las de ganar, pues ha vivido la eternidad de un microcosmo. La tierra se mueve, rebosante de vida, mucho se aprende de observarla, como también de las estrellas. El existir se basa en las experiencias, haciendo de cada una un relato que merece ser escuchado. ¿Cuántas fábulas hablan de ello y son desestimadas como cuentos de niños? La codicia aleja el conocimiento. La sabiduría relevada a la sombra de la ignorancia por quienes quieren poseer todo y no lograr nada. ¿Te permitirías tu caer a tal destino? ¿Ser uno más que se pierde por influencias que aclaman la veracidad y se aferran a las más terribles mentiras? Entrelaza las líneas, siente más allá, la verdad yace entre medio. No caigas, no cedas. Resiste ante lo que intenta arrastrarte y quitar lo que tienes. Hay valor en uno mismo, quienes lo ven y atesoran ¿Serías capaz de desestimarte de tal manera?

Cuan fácil sería el mundo si la comunicación fuera directa, sin ruedos y farsas. La necesidad de pruebas ralentiza los procesos, agotando a los involucrados en el camino. ¿Dónde queda aquella pureza del simple querer y creer? Un suspiro que se perdía en el aire, el peso que tensaba los hombros de quien lo carga. La negación se clava como navajas afiladas al cuerpo del que ha trabajado para construirla. ¿Cuándo  se dejó de lado la creencia para convertir al lobo en ser de desconfianza? La imaginación es el mayor arma. Se vive con la intención de hacer los deseos y metas una realidad. El sueño se vuelve efímero cuando la voluntad no sostiene las intenciones. Sin embargo, cuando esta persevera, el mundo cambia, las fuerzas responden y un nuevo hilo se crea en el entorno que lo envuelve. Aquello que empieza como un simple sentimiento,  que crece hasta tomar el brillo de la esperanza, transformándose en un anhelo y cambiando hasta palabras. Palabras que se vuelven más fuertes e intensas hasta lograr que lo onírico se transmute en realidad - ¿Por qué no hacerlo? ¿Te ha privado mi libertad de la tuya?- Un pacto ancestral, jamás escrito, quizás nunca pronunciado. Pero así como la voz del viento se hace oír, el corazón late recordando los pilares de la propia esencia. Las leyes del universo aplicándose aún ante el desconocimiento de las partes implicadas. Ineludible, tal como la lluvia a la intemperie, los hilos primordiales que dan el sostén al telar que llamamos mundo. ¿Dónde está el límite? Los pasos no importa donde lleven, siempre y cuando estos no pisen a aquél que ha cruzado descalzo frente a uno. La luna se alza contemplativa, entendida de estas razones, las que ha vivido en carne propia. Una serena observadora, brillante compañera y amiga de las causas pérdidas. Tan similar al sol, pero todos los sentidos indican lo contrario ¿Qué hace que evoque a las palabras de los poetas y a los misterios más profundos del sentir? ¿Es añoranza la que posees y destilas en tus rayos de tenue plata? Resplandor que careces de calor, más entiendes la vida como ninguno. Considerado débil por ser reflejo de quien posee más fuerza, ciego es quien no sabe comprender tu entereza y templanza. Rodeado de sombras, faro en la noche y guía de los espíritus, solo en una vasta oscuridad ¿Sería otra voluntad igual de fuerte para ocupar tu lugar? La eternidad te respalda sin hallarte suplanto. Bendito eres, y maldito en igual medida.

El silencio otorga el poder de mantener puro lo que es de uno. Maestro y señor de los propios pensamientos, quien sabe callar es capaz de tomar las riendas y avanzar por el camino que encuentre más conveniente. El raciocinio no tarda en intentar dar  su juicio, los sentidos sentados en un estrado como un jurado imparcial y carente de misericordia. Incapaces de aceptar errores inherentes a la naturaleza misma de sus raíces, su veredicto sesgado ante las limitaciones de cada uno. Para arañar la verdad, acariciarla con el ansia del tacto contra suave seda, debe haber una unión, un balance. No se trata de desestimar, sino agregar, utilizar el conjunto para trascender más allá de ese individualismo cerrado y subjetivo. Las facciones del hombre se dejaban ser de la misma manera que una hoja fuera de su rama cuando sopla la brisa. Esmeraldas de la tierra, el color de las copas sobre sus cabezas, la calma del bosque en todo su esplendor, aquél travieso verde que titila con la plata como la hierba ante la luna, amoldándose para recibir algo nuevo en su extenso abrazo –La realidad es tan discutida, como la vida que nos hace únicos. Cree en mí, o no lo hagas, la elección de hacer del recuerdo una furtiva y olvidada imagen siempre queda en uno- Las risas no tardaban en hacer presencias, el aire soplando y moviendo las copas como si le acompañaran en el gesto. Susurros del silencio, ojos que no miran, cada uno capaz de retratar lo que se percibe con una precisión que raya el desquicio- ¿Hablar mucho? Puede que así sea, pero las palabras están para dar sentido a  la realidad, ser escuchadas. Abusar es un pecado, pero salvación cuando se sabe que están siendo oídas. ¿Lo haces, Leona?- su sonrisa también volvía a tomar su papel, tan cálida como el fuego en una noche invernal, ligera y preciosa como el vuelo de una pluma – Nacemos con ciertas herramientas, cada uno hace con ellas lo que siente más apto. Quienes somos y queremos ser, esa es una decisión que queda al propio criterio. Aquí puedes aprender de esa otra parte y su beneficio, cuando lo hagas tu elección será tan fácil que reirás de tu antiguo yo – Asintió a la pregunta de la joven, aunque la expresión ajena sonaba fría y distante de tal manera que parecía un error continuar hablando. Tampoco le gustaban los términos o las etiquetas. Guardián y consejero, sí, cuanto fuera necesario. Lanza o escudo cuando el grito de sus hermanos le aclamen, la manada lo es todo - ¿Crees que yo he nacido para esto? He hecho cuanto he creído mejor con mi sabiduría, este no es más que uno de los tantos caminos que se han expuesto ante mí, y es el que al final he elegido. Entrenado como guerrero, corazón de guardián. Quienes hemos nacido y lo que somos, pueden ser tan iguales o distintos como una hoja y los pétalos de la flor- El sentimiento extraño seguía en aumento, cómo un vórtice que amenazaba en devorar los discursos, transformándolos en monstruos que peleaban una guerra en su contra. La incertidumbre y el desentendimiento trepaban por los semblantes como una enredadera hambrienta de luz, tapando todo aquello que estuviese en su camino. Frunció el ceño, intentando dar sentido mas este lo eludía con la consistencia de un fantasma tras la niebla.

¿Truco? – La palabra resonó en el vacío lugar como si no perteneciera al entorno, empujada hacia la lejanía hasta perderse, aborrecida por los árboles que absorbían el significado hasta disiparlo en la fuerte tierra a través de  sus raíces – Eres libre de creer lo que quieras. Tú también quien labra tu propio destino, quien decide qué camino seguir y en que hilo has de convertirte – el lobo se adelantó, dejándola levemente atrás, apelando a la tranquilidad de la soledad para un alma confundida. Elevó su rostro, capturando haces argénteos en su piel y una brisa que lo acariciaba como una madre a su hijo. Dejó el aire fluir, lentamente ladeando la cabeza para mirar a la joven por encima del hombro – No puedo mostrarte lo que no quieres ver. La sabiduría requiere voluntad y fuerza –Ahora volteaba completamente, mirándola frente a frente desde su posición- Fuerza del espíritu –su mano se cerró en el centro de su pecho, dando un suave golpe con los nudillos- El lobo aprende de experiencias, en su mayoría heredadas de quien le enseña. Ser Fenrir, significa nutrirse de aquello que no ves, como lo hace un árbol y sus raíces –bajó su mano, volviendo a darle la espalda- Acceder a lo que nos precede por varias generaciones es quizás el camino más duro a transitar. Los sentidos...no… uno mismo se convierte en el propio enemigo pero la riqueza en cada paso adelante se vuelve inmensurable. Hay un mundo más allá, cuando quieras verlo, vuelve a encontrarme- comenzó su marcha hacia el interior del bosque, dejando aquél linde del territorio atrás. Sus pies levantaban las hojas que descansaban sobre el lecho de tierra, cada una danzando compañeras a su paso

- Gaia te otorgue el entender y Selene guíe tu regreso-
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