El Diablo viste de Seda

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El Diablo viste de Seda

Mensaje por Fenrir el Jue Sep 26, 2013 4:33 pm

Es un asco, en realidad. Tener que enfrentarte a cinco de tus hermanos únicamente por el derecho a darle caza a un sujeto desabrido y que, encima, es aliado de esas pestes llamadas vampiro; no, simplemente es indignante que tu, una Hija de Ardwolf, tenga que probar su valía ante un puñado de machos ciegos e insensatos. !Si Valadir aceptara que vales más que cualquiera de ellos!, pero no, su orgullo de líder, de alpha herido por la sabiduría de una hembra, le impide ver más allá de su nariz. Suspiras largamente y niegas con la cabeza conforme te deslizas por los tejados; el ruido de las tejas al crujir te recuerda el sonido de los huesos de tus hermanos al caer en la arena que el líder mandó armar para tales enfrentamientos, decidido a darte una lección que nunca olvidarías, y que, contrario a lo que esperaba, fue él quien terminó recibiendo un mensaje: Con la Hija de dos Manadas, no se juega.

No es común que alguien circulara por las calles de la ciudad a tan tardía hora de la madrugada, ni siquiera los mendigos o lo timadores habituales de esa parte de la ciudad parecían estar al acecho de tu efigie que se movía lenta y delicada por los callejones laterales de las grandes avenidas, con el repique de la campana de una iglesia cercana escondiendo su murmullo y el viento acariciando tus pasos para volverlos insonoros. Maldices la hora en la que perdiste la pista de ese idiota amante de los vampiros por culpa de uno de ellos que te seguía los pasos muy de cerca; pareciera que buscas hasta debajo de las piedras algo que parece ser de suma importancia, algo de vida o muerte que resolverá los dilemas del clan, o quizá... Quizá lo único que haces es ganar tiempo para que el manto de la noche ampare aquello que has sido enviada a cumplir.

De un bar de mala muerte al fondo del más oscuro callejón, una figura alta y delgada espera impaciente, taconeando y fumando sin parar mientras el gélido viento de Paris se cuela por los resquicios más ínfimos de su vestimenta; el hombre maldice mientras castañetea a la madre de quien esté esperando y fuma nuevamente con tal de alejar el frío. El reloj de la plaza lejana anuncia cuatro campanadas. Una... Dos... Tres...

-Cuatro-

Susurra tu voz, baja y siseante como el ronroneo de un gato, aterciopelada como el fino humo que expide el tabaco casi consumido. El hombre brinca del sitio donde está y choca con varias cajas que caen en medio de un alboroto y milagrosamente, nadie acude a mirar lo que sucede en el lugar. El fumador gira en redondo y es encima de una pila de cubos de madera, donde por fin te encuentra, la portadora de tan melodiosa y a la vez, intimidante voz.

-¿Acaso no te enseñaron a jamás asustar a un hombre?-

Los orbes oscuros brillan como toda respuesta a aquella increpación, no te mueves del sitio ni tampoco le prestas más atención al sujeto; chasqueas la lengua y bostezas aburrida, cual si una mísera cucaracha te hubiese hablado. Te desperezas cual cachorro mimoso y emites un bajo gruñido que culmina con una sonrisa altanera hacia tu interlocutor -que parecía no perder detalle-, si no cerraba la boca, entonces su cuello corría graves problemas. Tuerces el gesto ante el escrutinio y finalmente, te pones de pie precariamente sobre las cajas que se tambalearon, y en el momento justo en que la torre se desmoronaba, describes un suave y flexible arco con tu cuerpo, cayendo de pie con gracia y delicadeza ante el hombre que te miraba boqueando, sin darse cuenta de en qué momento, su cigarro descansaba en tus labios sonrosados, y su arma, apuntalaba su mentón.

-Aclara algo.. ¿Siempre eres tan bruto para jugar con fuego, sin saber hacerlo?. Espero que la información que me diste sea la correcta, o tendremos un verdadero problema-

La sonrisa no se borra, incluso raya en los confines del cinismo altanero; el filo del arma se desplaza lentamente por la piel y el sudor corre por el cuerpo del hombre que balbucea atropellado una disculpa mientras aprietas con más fuerza el arma contra el mentón del desafortunado sujeto que ahora, comienza a gritar pidiendo clemencia. El arma hace una suave raya en la piel, el silencio cae pesado entre ambos seguido de un resoplido hastiado, bajas el arma, te apartas del hombre y caminas un par de pasos antes de mirar por encima de tu hombro con delicadeza y un aire hosco en los ojos. El hombre se lleva la mano a la herida y gruñe mirando la sangre brotar de la herida, provocando su ira y con ello, la lengua viperina de exiliado traidor a la raza.

-Siempre serás la perra de Valadir, nunca más-

Te detienes y ladeas el rostro con delicadeza, sonríes fríamente y continúas tu camino mientras escucha las risotadas del sujeto que cada vez son más estentóreas y de la nada, dejan de sonar tras el eco reverberante de un grito desgarrador del hombre que, desesperado, intenta detener la hemorragia de su entrepierna.

-Nada mal para ser una simple perra... ¿No crees?... Por algo me dicen "Saya". Y descuida, la castración es gratis-.

Musitas cuando la luz de Selene alumbra la escena y el arma blanca ahora se encuentra clavada en la entrepierna del hombre -provocando mucho dolor y daño-, das media vuelta y te pierdes en el laberinto de calles hacia la zona residencial más opulenta que Paris puede ofrecer. Tu "víctima" oficial de la noche, es un aclamado Cronista, poeta, filántropo y demás ñoñerías que quedan sin validez alguna ante su verdadera culpa: Nicolás Boileau-Despréaux, poeta y crítico francés, protegido de Madame de Montespan e historiógrafo del rey Luis XIV. Miembro de una secta secreta pro-vampiros dentro de la corte francesa, esos humanos les sirven como "donantes de sangre" a cambio de protección, influencia y otros favores generalmente políticos y sociales. Los vampiros mueven los hilos desde las sombras para satisfacer los pagos solicitados por la secta, !qué extraño!, con toda la ironía que conlleva esa frase; el ser humano corrompe su alma por bagatelas.

-!Con un carajo!... ¿Que acaso estos tipos proliferan como la Peste Negra?-

Tuerces en una esquina y rápida, das un rodeo y por fin estás ante la lujosa casona propiedad del hombre, el ruido de voces y risas acusa una reunión, esperas paciente entre las sombras el momento propicio, mismo que se da cuando él abandona la estancia en compañía de una voluptuosa mujer escasamente vestida; sigues sus pasos por el exterior y, preparando tu arma favorita -aquel par de cuchillos muy bien afilados, capaz de cortar inclusive las más profundas capas de piel- esperas paciente a que, en medio de sus amoríos con la mujer -que resultó ser una  simple y vil prostituta- aquellas armas arrojadizas dan certeras en el blanco: Una en el pecho, horadando el corazón, y otra incrustada en medio de los ojos. Los gritos te hacen sonreír ampliamente, tu trabajo está hecho y la advertencia queda grabada en los corazones de aquella secta inútil y de sus titiriteros vampíricos. Apenas la mujer desaparece en medio de la histeria, penetras en la habitación y, retirando el cuchillo incrustado en el cráneo, decapitas al hombre y, tomando la cabeza ante tus ojos, escupes el rostro inerte con asco, antes de envolverlo en una tela de seda armando un pequeño bulto que cuelgas a tu cintura: La prueba para Valadir, de que la misión ha sido cumplida.

-Que pase lo que Gaia quiera que pase-

Musitas al irte, corriendo entre callejas, queriendo volver lo antes posible a la ciudadela a demostrarle a esa manada de machos intransigentes, que el sitio que mereces en la manada, está más que ganado.
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Re: El Diablo viste de Seda

Mensaje por Carlyle el Dom Oct 06, 2013 7:57 pm


AÑO 1711
— DOS MESES DESPUES —



Carlyle de joven:

No quiero perder más tiempo, Barthélemy, mon ami. Decidme dónde está el lobo.

La situación me aburría sobremanera. Mi brazo extendido, mi mano sujetando la garganta del pobre Barthélemy Rosseau, sus ojos llenos de terror y, bajo sus pies, el barranco más pintuagudo que había visto por tierras galas. Desde que se me notificó la muerte de Nicolás Boileau-Despréaux, uno de mis contactos humanos, proveedor de reservas de sangre a placer y aliado del Clan Raphael desde que lo conocí años atrás, llevaba semanas buscando al responsable de su asesinato. Por las características de su muerte, y tras conseguir examinar el cadaver, era evidente que había sido obra de un licano. Y ahora solo quedaba averiguar quién. De los tres clanes de lobos, los Ardwolf eran los guerreros, a ellos les iba más con su estilo eso de querer diezmar a las filas de "no-muertos". Pero no era típico de ellos matar humanos, por muy aliados nuestros que fueran. No era ético, no tenía honor ni gloria. Los Fenrir tenían un líder cobarde y escurridizo que evitaba el conflicto y mancharse las manos de sangre. No era en absoluto probable que tuvieran algo que ver con esto. Y los Likaios... eran un hazmerreír. Aún así, estábamos en tierras francesas, Boileau era uno de mis "protegidos culturales", gente a la que me gustaba visitar y de la que me enriquecía con unos u otros conocimientos. Y además tenía un trato con él. Protección y poder a cambio de sangre ilimitada. La cosa funcionaba, era un negocio fructífero y bien organizado, de calidad, algo grande y productivo. La mayor parte de las ocasiones los "donantes" eran voluntarios. Tenía que llegar un asqueroso licano a destrozar uno de mis negocios. No, yo no lo iba a permitir. No importaba que me hubiera tenido que desplazar a Francia, ni que gastara mi tiempo y energía en buscar durante un par de días a algún testigo que hubiera visto algo. Difícil como tal no fue, la palabra realmente era "molesto". Y tampoco a quien tenía delante era un testigo como tal, pero algo sabía por lo que pude averiguar en mi corta estancia en París, por lo que fuera lo que fuese me lo iba a contar. En ese preciso momento.

¡Soltadme, maldito psicópata!
No, en realidad no queréis que haga eso, Barthélemy.
¿Qué más queréis de mí?me preguntó casi entre sollozos.
Ya os lo he dicho. Me dísteis un lugar, me dísteis un motivo. Quiero un nombre. ¿Me vais a decir lo que quiero saber?
¡Sí! ¡Sí, os lo diré!

Apreté los dedos contra su garganta, clavándole las uñas y haciendo que sangrara ligeramente. El olor de la sangre me despertó el apetito.

Hum... Visage de traître. Quand la bouche dit «oui», le regard dit «peut-être». Mon ami, ce n'est pas au vieux singe qu'on apprend à faire la grimace [Hmm... La cara del traidor. Cuando la boca dice "si", la mirada dice "puede ser". Amigo mío, más sabe el diablo por viejo que por diablo].
Je vous jure, pour l'amour de Dieu! [¡Os lo juro, por el amor de Dios!]
Dios no os va a ayudar en esto, hijo. Decidme ya lo que quiero, y me pensaré si mataros o no.
¡Fue Aia! ¡La puta de Aia! Esa maldita loba me hizo... me hizo decirle la localización de vuestro amigo. Esa asquerosa me... me... ¡me cortó mis partes! ¡Casi muero!
Qué mujer...
Y todo para demostrar que es alguien relevante dentro de su manada. ¡La muy furcia! No quiso hacer caso de los consejos de su líder, no le gusta, sin más. Quería retarle y por eso no escuchó sus consejos.
Les vieillards aiment à donner de bons préceptes, pour se consoler de n'être plus en état de donner de mauvais exemples [Los ancianos gustan de dar buenos consejos, para consolarse de ya no poder dar malos ejemplos].
Sí, de acuerdo, lo que vos digáis, ¡pero soltadme, maldita sea! Os he dicho lo que queríais.
Tenéis toda la razón, Barthélemy. Por eso, y porque no puedo arriesgarme a que me traicionéis a mí del mismo modo que habéis traicionado a los Fenrir, ya no me servís de nada vivo.

No le di tiempo a que se quejara. Me llevé su cuello a mi boca y empecé a succionar toda la sangre de su cuerpo. Cuando quedó seco, solté su cuerpo inerte, el cual cayó estrepitosamente al vacío.

***
Salí desde las sombras en dirección al callejón que me había indicado Barthélemy antes de que le matara. Sabía que ella me encontraría allí, y por lo que había oído, no podría evitar llegar a mi encuentro. Para demostrar su valía. Para intentar matarme. Cachorra ilusa. Me senté en un escalón y esperé. Sabía que ella llegaría. Tarde o temprano...
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Re: El Diablo viste de Seda

Mensaje por Fenrir el Miér Oct 16, 2013 3:06 pm

No sirvió de nada que a Valadir le presentases la cabeza de Nicolás Boileau, no sirvió de nada que junto con ella, el informe detallado de sus movimientos y lo que la Sociedad -aquel círculo de donadores de sangre que te causa asco- a la que pertenecía, significaba para aquellas sanguijuelas desarrolladas con las que los Hijos de Gaia, siempre están en pie de guerra. Sin embargo, no es la renuencia de Valadir a aceptar tu valía como miembro útil de la manada, tampoco es el rechazo que ha generado tu propuesta, entre los Antiguos de la manada; es nada más ni nada menos, que la actitud pasiva, casi indiferente y suicida del líder. Un guía Fenrir debe poseer sensatez y cordura, comunión interna y la capacidad de aceptar teorías para ponerlas sobre la mesa, y discutirlas en Concilio. No, Valadir está pasando por alto un latente problema.

Y entonces, llegó. El aviso fue sutil, un simple murmullo mientras salías con un grupo de cazadores a rastrear una presa, un vampiro relativamente joven e insensato que había traspasado los límites territoriales, causando un par de bajas entre la manada. Quizá Gaia, en sus inmensos designios, fue quien te separó de la manada y dirigió tus pasos certeros hasta el vampiro, mismo que -sorpresa, sorpresa- pertenecía al Círculo de Protectores de aquellos humanos Pro-Vampiros. La Gran Madre es misteriosa, y actúa de formas inciertas incluso, para sus hijos. No tardas en enterarte que sobre tu cabeza hay un precio, e incluso, que hay un vampiro -un muy curioso y entrometido vampiro- buscándote. No fue necesario más nada, apenas la noticia llegó a oídos de Valadir, él mismo sentenció que si tan interesada estabas en el tema, lo más sensato es que acudieses en busca de aquel ser, para poder "recabar información" -lo que en lengua 'Valadiresca', era un claro 'espero que te coma'-.

Nuevamente París alberga tus pasos en la noche, nuevamente, son los susurros en la noche los que te anuncian el deceso de Barthélemy, el licano idiota que intentase jugar contigo meses atrás, cuando Boileau aún respiraba. Tsk, seguirle el rastro a ese vampiro no iba a ser fácil, y menos, si tu soplón "favorito" se encontraba abrazando el sueño eterno en el Infierno de Gaia; lo único que te preocupaba muy -pero muy- en el fondo, era que aquel maldito cobarde le hubiese proporcionado a ese vampiro en específico, información crucial sobre ti.

Aia, nacida de la casta guerrera Ardwolf, Hija de la Luna, Erinnia en la batalla, la grandeza precede tus pasos, si sabes cómo mover tus cartas

No fue difícil dar con él, después de todo, París no es tan grande, y no son muchos los vampiros que estén buscando a un licano en específico. El callejón aledaño a Le Saint Chapelle -donde los reyes hablaban con Dios- sería el escenario que definiría aquel encuentro. El vampiro -Carlyle, según el único contacto en el que puedes confiar ahora- parece esperar, pacientemente, que hagas una triunfal aparición. Sonríes conforme el momento se acerca, recuerdas aquel gesto característico en tu padre cuando estaba por enfrentarse a alguien que según decían, podía más que el viejo Ardwolf; no es arrogancia, es confianza, es la destilada y sutil esencia de aquellos que miran a la Dama Muerte a los ojos, y le sonríen como si fuese una vieja amiga. Tus pasos sobre el tejado de la iglesia son silenciosos, demasiado incluso para un licano, estás totalmente entregada a ese momento, a ese desenlace que llegará tarde o temprano; dejas que tu aroma invada el ambiente, que se percate de tu presencia para ponerlo sobre alerta, después de todo, atacar por la espalda es signo de cobardía, incluso, si la presa de esa noche, es un vampiro.

-Carlyle-
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Re: El Diablo viste de Seda

Mensaje por Carlyle el Lun Oct 21, 2013 7:23 pm

La espera fue larga, aburrida, tediosa. Pero resultó fructífera al final. Sobre el tejado de la iglesia que había junto a mí, alguien se acercaba. «Demasiado ruidosa» pensé, «incluso para un licántropo». La sensación que me daba toda esa situación era de que la loba se creía con ventaja sobre mí. Una cachorra que ni siquiera me conocía hasta que se metió en mis asuntos, una niña que no sabía con quién estaba jugando. La arrogancia en los jóvenes siempre es atractiva. Mi teoría al respecto era que provenía de la vitalidad que deesprendían. Al sentirse vivos, se creían invencibles, eternos. Infinitos. Y cuando algo quebraba esa creencia, el dulce sabor de la sangre de un ser recién decepcionado tenía un toque avinagrado y afrutado, todo ello proveniente del dolor, del desengaño y de ese último brillo de esperanza. Porque si había algo que me encantaba de los jóvenes era que se aferraban con todas sus fuerzas al mínimo haz de luz que se les apareciera. Y había dos cosas que me daban ventaja en esta contienda: la experiencia y que mi vida estaba rodeada de sombras. Cuando la loba dijo mi nombre, sonreí, sin levantar la vista hacia arriba.

Supongo que sois vos quienes me habéis estado incordiando matando a algunos de mis inversores en mis legítimos negocios. Concretamente a uno, de hecho. Si no, ¿por qué razón conoceríais mi nombre y acudiríais a mi encuentro? ¿O es que acaso mi fama me precede y yo ni siquiera tenía conocimiento de tal cosa? Pero bajad aquí, no seáis tímida. Estoy deseando conoceros más adecuadamente en persona para saber quién es la afortunada que va a perecer esta noche bajo el yugo de mis manos. Bajad, y permitidme que os mire a los ojos, para alimentarme así de vuestro miedo. Como os he dicho, estoy deseando conoceros.
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Re: El Diablo viste de Seda

Mensaje por Fenrir el Vie Oct 25, 2013 10:48 am

Confianza, sobrada en el vampiro, excesiva en tu persona; la arrogancia de quienes se creen invencibles y nunca tocados por mal alguno. La voz del hombre lleva un fuerte matiz de sarcasmo que únicamente te hace sonreír con soberbia, sus palabras son tan lacónicas y ensayadas que comienzas a pensar seriamente si en realidad, es tan letal como te han dicho, pues a tus ojos, no tiene más pinta, que la de un comediante.

-Ciertamente, el repulsivo Boileau. Tuvo su justo castigo por ser el banco de sangre de un vampiro-

Susurras, descendiendo por el tejado de un salto, cayendo agazapada frente al hombre, con la mitad de la silueta oculta en las sombras y la otra mitad en la luz, una dicotomía perfecta del licano que siempre está en una guerra interna contra la bestia. Tu diestra aprieta con firmeza la empuñadura de tu espada, esa arma fiel y dócil que se amolda a ti, una extensión más de tu cuerpo.

-¿Miedo?. No, asco, ira, repulsión, deleite quizá. Pero miedo, nunca-

Musitas, incorporándote y desenvainando aquella arma, cuyo brillo mortecino anuncia un enfrentamiento inminente. No hay marcha atrás, ambos están envueltos ya en una espiral que decantará en un desenlace quizá inesperado. El primer ataque viene de tu parte, una pelea que quizá sea decisiva en muchos aspectos. Tus músculos se tensan y tu cuerpo responde con la misma fiereza que caracteriza cada uno de tus movimientos; tu espada silba al moverse con la rapidez y certeza que siempre te ha caracterizado, una estocada directa al cuello que, si acierta, está destinada a separar de un tajo la extremidad.

Carlyle:
Lo siento Carlyle, por lo breve del post, pero en realidad que no se que más hacer, un ataque más directo y termina Fenrir siendo blanco fácil ^^" En cuanto a lo que expones en tu Mensaje Privado, me parece bien
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Re: El Diablo viste de Seda

Mensaje por Carlyle el Dom Oct 27, 2013 10:42 am

Off Fenrir:
No te preocupes por la brevedad del post, Fenrir. Si queremos narrar un combate, difícilmente lo haremos fluído si nos ponemos a escribir largos párrafos para contarlo. Creo que es completamente normal, y mejor incluso, que nuestros posts ahora sean más breves de lo normal. A ver si así conseguimos dinamismo en la pelea. Que por cierto, conseguir dinamismo es lo que más me cuesta a mí, jajajaja

Así que la loba quería jugar. Muy bien, jugaríamos entonces.

Tras soltarme unas bonitas palabras acerca de mi persona, la joven se lanzó de cabeza al ataque. Sacó su espada y la lanzó directa a mi cuello, para rebanarme la cabeza. De risa. Antes de que sacara incluso la espada de su vaina, me dio tiempo a repasar mentalmente todo el equipo que llevaba encima: un carcaj con siete flechas, un arco de madera de nogal, una espada bastarda con la hoja de acero, una daga de hoja curva y cuatro cuchillos para lanzar. Todas mis armas estaban bañadas en sangre del clan Donovan: la hoga de la bastarda, la de la daga, las de los cuatro cuchillos y las puntas de las siete flechas. Sabía a lo que venía, la idea era cazar y matar a un lobo, y como tantas otras veces atrás, venía equipado para ello. Pero como bien dije antes, la loba quería jugar. Y matarla con tanta rapidez no sería divertido. Ya cuando terminé de repasar todo mi equipo, la loba había sacado su espada, y era en ese momento cuando lanzaba su ataque hacia mi cuello, a fin de separar cabeza y tronco. «Muy lenta» pensé. Di un paso para atrás, esquivando su ataque. Y ella siguió. No desenfundé ningún arma. Sus primeros cinco ataques me los pasé sin decir palabra y simplemente esquivando sus estocadas. Cuando se detuvo durante un instante, aproveché para hablar.


¡Qué maleducada que sois! No me sorprende, viniendo de una manada de perros como provenís, pero esperaba al menos que os presentárais antes de que comenzáramos a bailarlos ojos de la loba desprendían odio por doquier. ¿Oís el silbido del viento? Esa es nuestra canción. ¿Me concedéis este baile, madame?

Sonreí. Tal como me esperaba, la joven no era una amenaza para mí. Pero eso la loba aún no lo sabía. Esperaría a que se diera cuenta cuando fuera demasiado tarde para ella. Y entonces la mataría.
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