El Gran Concilio

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El Gran Concilio

Mensaje por Fenrir el Jue Sep 26, 2013 1:28 pm

El suave latido en tus sienes no augura nada bueno, el simple hecho de saber que tendrás a Galliard y  Alek bajo el mismo techo -y al mismo tiempo- te causa una severa migraña que ningún té de hierbas puede remediar. Suspiras largamente mientras miras por la ventana, de un momento a otro los Centinelas darán la alerta y custodiarán a los líderes de las dos manadas hermanas hasta tu morada, poniendo fin a la calma que Gaia te ha regalado en esos momentos previos a la tormenta. Has mandado a llamar a Oren, quieres que esté presente como tu hombre de confianza, tu Consejero y mano derecha, esperas que llegue antes que Galliard y Alek para poder tener un par de palabras con él y no llegar al impasse de ser tomados por sorpresa por el otro.

Una de las cachorras de la manada, una dulce niña de negros cabellos, piel tostada por el sol y hoyuelos en las mejillas que te mira con curiosidad y respeto, deposita en la mesa baja ante ti, una bandeja con tres copas y una botella de licor de moras que uno de los lobos de la manada prepara y que -no sabes por qué- es uno de tus favoritos. Todo está dispuesto ya para el Concilio, todo, menos tu atribulada mente que no deja de repasar las palabras de Moira una y otra vez, el nombre de aquel clan -grabado a fuego en tu memoria- causa una punzada en tu pecho ante la ira y la impotencia de no haber podido resguardar a tus cachorros. Cinco en total, todos desaparecidos sin dejar rastro, todos presas de los oscuros designios de Gaia en su infinita sabiduría; pero, si Gaia es la madre dulce y bondadosa entonces, ¿por qué permite que sus pequeños hijos caigan en manos de quienes los detestan?, Gaia comienza a ser cambiante como Selene, te preocupa que el día de mañana, la Guerra se repita y en esta ocasión, no tendrán de su parte, el elemento sorpresa.

-Te lo agradezco, pequeña Arien. Puedes retirarte. Si ves a Oren, por favor, recuérdale que lo espero-

Susurras distraída mientras terminas el té de hierbas que humea en la taza ante ti, tu mente se encuentra divagando de uno a otro asunto sin un orden aparente, dando tumbos como si de pronto, hubieses quedado ciega a los designios de la Madre. ¿Qué quiere Gaia de ti, de ustedes?, ¿en realidad puede ser tan cruel de darle la espalda a sus hijos en los momentos de necesidad?. Gaia, la Gran Madre, permanece en silencio mientras los Oscuros planean la caída de toda una raza. Tu mente se centra en un suceso que no tiene mucho tiempo, quizá un par de meses, un año cuando mucho; un incidente desagradable, en parte causante de la migraña que hoy te aqueja y que lleva el nombre de Alek Arthes escrito en cada latido de tus sienes.

Esa mañana lluviosa y cargada de neblina había sido el primer mensaje de los espíritus para que te quedases en casa, metida en cama y disfrutando de una taza de té caliente, pero no, el deber llama y siempre va primero. La desaparición del tercer cachorro había sacudido por completo a toda la manada, pues justamente días antes, había alcanzado la edad suficiente para ser considerado un lobo "adulto", y su entrenamiento se daba por finalizado. Las partidas de búsqueda habían salido en la noche y las noticias no eran alentadoras esa mañana pues habían encontrado rastros que iban al sur y en un claro -donde el rastro se perdía- la sangre rojiza brillaba a la luz de Selene denotando en la destrucción de los alrededores, el enfrentamiento. El Hijo de Fenrir había peleado hasta la última consecuencia, pero al parecer, había sido abatido al final; aquella desaparición te había marcado demasiado, pues el joven lobo era tu pupilo y todo su entrenamiento había dependido de ti, lo conocías, compartías con él un vínculo de hermanos, de mentor y alumno, su pérdida calaba profundo en ti, logrando que la ira de los Ardwolf estuviese a flor de piel y cualquier suceso, provocase una reacción contradictoria.

Oren nunca se apartó de tu lado, ese fue el primer indicio de su madurez y su dedicación para con la manada, día y noche estuvo en la búsqueda e incluso, fue tu fiel acompañante cuando decidiste seguir hacia territorio Likaio y hablar con su líder para que una partida de caza, se sumara a la búsqueda. Ojalá pudieses tirar el tiempo atrás y evitar aquello, o al menos, mantener la cabeza fría ante las bromas -de mal gusto- de Alek; una simple palabra, un simple gesto, incluso un simple movimiento o la interpretación errónea de una frase pudo ser lo que desatara el enfrentamiento que, gracias a Gaia, no terminó en ambos convertidos en Lupus y enzarzados en una batalla innecesaria realmente. Alek Arthes no te inspiraba confianza, nunca lo ha hecho, y nunca lo hará, sientes que no tiene la madera necesaria para ser líder, es demasiado relajado y bromista, no toma nada en serio, es demasiado arrogante y exige un sitio que no ha sabido ganarse. Te recuerda a muchos de los Antiguos con los que tuviste que enfrentarte cuando asumiste el mando de la manada, convirtiéndote en Fenrir a la baja de Valadir. No, ese concilio no será fácil; si no lo llevan con prudencia, seriedad y cuidado, la Fortaleza Fenrir podría convertirse en el escenario de un enfrentamiento poco grato e innecesario en esos momentos de hermandad.

-Gaia, dame fuerza para soportar a mis dos hermanos-
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Alek Arthes el Jue Sep 26, 2013 2:57 pm

El líder de la manada del clan Likaios, Alek Arthes, terminó su rutina matutina de ejercicios. Tomó una ducha caliente, comió un desayuno digno de un troglodita y se vistió para lo que sabía que sería, un día largo, pesado y conflictivo.


Se colocó un pantalón blue jean, una camiseta blanca y unos zapatos deportivos de goma. Mientras se ponía la chaqueta negra de cuero, pensó en el concilio que estaba por darse. Vería nuevamente a Fenrir, "la loba madre" como él solía decirle, anticuada, demasiado seria y demasiado apegada a la configuración de su mentalidad, como para poder siquiera ver y aceptar que Gaia ha cambiado con los tiempos y que sus hijos, deben cambiar con ella. Demasiado ensimismada para aceptar que una broma no es una ofensa, y más absorta en sus propios designios como para comprender que el que vean a un clan por completo por encima del hombro sí lo es. Tener que lidiar con ella luego del último encuentro, hace ya casi un año quizás, era cuanto menos, incómodo.


Pero eso no era lo único, en aquella reunión estaría Galliard, el líder del clan Ardwolf, "el alfa" máximo. Si Fenrir era la personificación de la tradición y el fanatismo irracional, Galliard era la personificación del pensamiento bélico. El guerrero. Aquel que nació de entre la sangre y las cenizas de la guerra, cegado por la muerte de sus seres queridos, queriendo encontrar el descanso eterno, sin éxito alguno, por lo que se venga de esta situación, destruyendo a todos aquellos que se le escapan a la parca.


El día de hoy, Alek se enfrentaría cara a cara con el fanatismo conservador y el obtuso pensamiento militar en su máxima expresión. Una vez más sería llamado débil, indigno, hereje, extraño y un sinfín de adjetivos, sólo porque las vías del clan Likaios no le eran agradable a sus hermanos mayores. Una vez más, los líderes Ardwolf y Fenrir querrán tener el monopolio sobre el amor y el honor de ser hijos de Gaia, sin asumir que la diosa también había creado a los Likaios y los había hecho tal como eran, en su infinita sabiduría: un clan para nuevos tiempos. Un clan que podía adaptarse. Un clan que sería pieza clave en la lucha contra los vampiros.


Tomó las llaves de su motocicleta, una Ducati Streetfighter 848, y caminó hacia ella. Le dio direcciones a su mano derecha, su mejor amigo Roderik, se despidió de su círculo interno de hermanos. Miró en dirección a la casa en la que se encontraba Satinne Isabella Noir, quien sabía que sería uno de los mayores dolores de cabeza en dicha reunión, subió a la moto para colocarse el casco y arrancó, en dirección al hogar del clan Fenrir, con el sol de frente.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Galliard el Jue Sep 26, 2013 11:06 pm

El último rastro del día susurraba suavemente, y en el aire había una espesura angustiante que se acoplaba espantosamente con la tempestad convergiendo del cielo, los espíritus de la naturaleza se expresaban nuevamente con sus manifestaciones ambiguas e ilegibles, aún así los hijos más fieros de Gaia, la jauría Ardwolf, marchaba detrás de ese tenue murmulló, esperando al final de él la gloria o la muerte.

Pronto los primeros aullidos de La Garra Infernal ensordecieron la tranquilidad del valle francés, anunciando su llegada con ese proceder vanidoso tan propio de ellos. Aunque de corazón noble, los guerreros del clan Ardwolf también eran en su mayoría ególatras, con una tendencia fastidiosa por menospreciar la valentía militar de los otros hijos de Gaia. La lucha era su esencia, y por eso la protegían y representaban con un recelo casi obsesivo.

Fenrir era el corazón de las tradiciones, protectora del espiritualismo, dotada con una magia misteriosa incluso para los chamanes más longevos de la raza, muy a pesar de su voluntad ella era la heraldo indiscutible de los designios de la madre Gaia. El don de Lakaios simbolizaba la supervivencia de los licanos, con una mente brillante y audaz era el Prometeo salvador. A los ojos de las tribus esos líderes simbolizaban el corazón y la mente de la eterna lucha contra los engendros de Lazaro.

¿Qué tenían ellos? Los Ardwolf eran una tribu desprovista de las grandes cualidades mágicas de los Fenrir, y su naturaleza folclórica los había transformado mayormente en una comunidad marginal incapaz de sobrevivir fuera de sus territorios ancestrales, simplemente eran incapaces de adaptarse a la evolución del mundo, salvo los más jóvenes cuyo comportamiento los hacía sentirse más identificados con la filosofía e ideales de Lakaios.

Galliard cargaba con el peso de esa realidad, por eso el semblante de su rostro siempre expresaba dureza y antipatía. Los Ardwolf eran anticuados, y torpes con la magia, pero su fuerza y determinación los situaba en la primera fila de la batalla. Ellos eran eso, la columna vertebral; cargando y acarreando el mayor peso posible. Ese era su papel en la obra y planes de Gaia, y hubo muchas veces que los desafíos y situaciones lograron doblarlos, pero jamás se rompieron, y eventualmente superaron todos los retos que el destino les había puesto.

Por eso los Ardwolf podían sentirse orgulloso, y libres de aullar con una holgura de dignidad. Y así lo hicieron, aullaron una y otra vez a lo largo de varias horas mientras avanzaban por los bosques de la Bretaña francesa, hasta que todos en la guarida de Fenrir pudieron percibir sus figuras homínidas a la lejanía.

Con solo verlos hasta el más incauto de los cachorros Fenrir podía adivinar su naturaleza. Su estilo les caracterizaba, solo los chiquillos de Galliard usaban esos pesados y largos abrigos de pieles que los protegía del terrible invierno noruego.

Los ojos del campeón se achicaron, agudizando su mirada para penetrar en la niebla. Aunque no podía verla por el momento, el aroma de la hembra líder perfumaba el ambiente.

Marcharon lentamente hacia la entrada, esperando que se acercara un comité de bienvenida.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Maya Khandrá el Sáb Sep 28, 2013 10:25 pm

El sol se comenzaba a ocultar cuando el día fue pasando, volviendo sus rayos destellos muertos de otro día que finalizaba. Con las penumbras nacientes, los refugios del bosque empezaban a encender las luces de sus lámparas llenando de tonalidades azules el recinto donde se llevaría a cabo la reunión. Caminando por las sendas pedregosas de la ciudadela, Maya parecía sortear sus más profundos pensamientos, reconociendo aquel camino que cruzó una vez hace ya muchos años para alejarse del mundo que otros vivían y ocultarse en la soledad de los refugios donde los chamanes cantaban y adoraban a los dioses que nadie ve. Ataviada con una tela que cubría desde su busto para afinarse en su cintura, ésta caía cual capa espiritual a sus espaldas para seguir envolviéndose en una sola pieza para terminar por unirse en su cabeza en perfecta comunión para ocultar la cabellera larga y roja y parte de su rostro, más marcadamente la parte de los ojos. Solo son sus pies los que fácilmente se podían visualizar, blancos como la piel que envuelve sus manos, tan pulcros como el color que adquirían las nubes del cielo. Sus facciones oscurecidas no carecían de expresión, por el contrario, veía con interés cada cambio que se llevaba a cabo a su alrededor.

Quietud y silencio, a eso estaba acostumbrada. Aun así, sabía que en aquella noche ambas cosas serían dejadas de lado para atraer a la vida viejos conflictos y recuerdos que someten aun el interior más profundo de cada una de sus partes. Dos chamanes caminaban frente a ella, casi como si fuesen una escolta a la cual Maya seguía. Desde aquel desafortunado encuentro con un likaio maldito, era imposible que los místicos de Fenrir dejasen sola a la muchacha que por años fue encomendada a la más profunda soledad, a punto tal que hablar se le olvidó en un momento. Pero los años no pasan para ella, y no hay rencor en sus formas dado que el aislamiento hasta el destello de rencor ha borrado de su ser.
El aire se inquieta y ella es la primera en sentirlo cuando la piel de sus brazos se eriza como si el frío hubiese caído de repente. Levanta la cabeza para ver más allá de las personas cuyas auras conoce. Puede verles antes de que lleguen, ellos le dicen que están viniendo.

-El hijo rebelde…-
-El amante marchito…-
-La flora se reciente, la fauna reacciona…-


-Maya, por aquí. Tu estarás sentada detrás de nosotros, junto a Fenrir – la voz del anciano atrapa su atención. No es anciano pero así le dicen a pesar de que no haya marca en la piel de su rostro que le diese una edad determinada. Ella asiente pero casi no presta atención a ello. Su mirada está puesta en la entrada a la ciudadela. Ellos se acercan y su energía no se parece a nada que ella haya sentido antes. Solo Fenrir mantiene esa fuerza interna tan marcada, femenina como la de una madre y masculina como la de un guerrero. Pero estos dos seres no son como Fenrir. Hay otras cosas que les envuelven, cosas que despiertan interés y a la vez, temor. –Están viniendo. ¿No escuchan? - Los chamanes detienen el paso y se miran uno al otro. Notan como ella cierra sus ojos casi entregada a aquel mensaje que el viento trae. Como una niña, una sonrisa aparece en sus labios teñidos de pétalos de rosa. Un sonido a lo lejos, es como el rugido de un animal salvaje pero que no es animal siquiera. Un aroma al oeste, fuerte y embriagante como el de la misma tierra. Los líderes se acercaban marcando su paso, uno tan diferente a otro que cualquiera dudaría de que su madre fuese la misma Gaia.
Y entonces la firma final hizo que las aves se levantasen y volasen a la vez. Aullidos, el canto de los ardwolf. Los ojos de la médium brillaron de emoción ante la fuerza que los aullidos transmitían.

-Maya, no es bueno que entables contacto directo con los Líderes de otros clanes. – el otro chaman posa su mano sobre el hombro de la mujer y ésta entiende lo que eso significa. Debe ver, pero no a los líderes. Debe ver los espíritus que se congregarán esa noche. Ella debe ver los mensajes y transmitirlos, como la herramienta que era. -“Herramienta”- pensó y su sonrisa se veló como si la niebla que bordeaba cada centímetro del bosque hubiese caído sobre ella “Que fría palabra. Herramienta.”- Sin deseos de pelear, asiente con su cabeza, pero ya no hay sonrisa en sus labios. Aun así, sus ojos se pierden en las grandes puertas de la ciudadela de Fenrir ¿Cómo se verán? ¿En qué se diferenciarán de ellos? Dicen que los ardwolf son guerreros mucho más grandes que los osos y los likaios tienen todo tipo de objetos que los Fenrir ni siquiera imaginan que existan. ¿Eso es lo que produce ese rugido que se acerca? ¿Un mágico objeto del Lider Likaios? Ya lo vería. Y solo pensar en eso hacía que sus ansias aumentasen.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Oren Astvinur el Sáb Sep 28, 2013 11:12 pm

Ese día en particular no encontraba momento para quedarse quieto, impasible. El interior del lobo era un revuelo de emociones a las cuales no podía dar sentido. Con cada paso que daba su corazón crecía en impaciencia, los sonidos que le alcanzaban no hacían más que ponerlo más nervioso por razones que escapaban a su entendimiento y propia persona. La tierra parecía palpitar a un ritmo extraño, respondiendo a ecos que aún se mantenían lejanos. Las manos del lobo pasaron suavemente  por las delicadas flores que crecían haciendo una cama a su alrededor. Un fino arcoíris de color que estimulaba la vista así como dulces aromas al olfato. Sus ojos pasaron de allí, observando los alrededores hacia aquellas masivas estructuras, fuertes y  seguras, que componían los hogares de todo Fenrir. Para quienes sabían apreciar, el hogar de la manada era de gran belleza, antigua y casi inalterable con el paso de los tiempos. Un museo natural de historias, saberes, hogares y familias. Si los robustos árboles fuesen capaces de hablar podría pasarse una vida sentado allí, escuchándoles relatar hasta caer dormido día tras día, acunado en su raíces.

El escenario solo parecía cambiar con la vida que se mostraba en movimiento. Lobos que iban y venían en sus quehaceres diarios. Había una razón para que ese día en particular incluso los patrones se vieron rotos, una que estaba intrínsecamente relacionada con el pesar en su persona. Sus orbes esmeraldas se fijaron en una figura que se acercaba a paso descuidado, torpe y claramente nervioso. En pos de un intento por serenar las aguas el lobo se incorporó lentamente, sin prisas, portando una dulce sonrisa en su rostro que se reflejó en el ajeno involuntariamente. Cuando uno se toma su tiempo en observar las causas y reacciones  es capaz de denotar ciertos aspectos ineludibles de la interacción persona a persona. La violencia genera más violencia, las sonrisas y bostezos se contagian, la paz se transmite en el silencio. El amor es una fuerza de creación y cambio, mientras que el odio solo destruye. La reacción de la joven había sido previsible para el consejero, sonrisa que se paga con sonrisa, a ojos del hombre su rostro se veía más natural  de esa manera. La juventud es para aprender y disfrutar de ello, no hay razón ensombrecer el corazón con responsabilidades y cargas que los cachorros aún no están listos para portar.

Los rasgos de Arien llamaban la atención para el normal de los Fenrir, piel obviamente expuesta al sol y cabello que se fundía con la noche. Sus movimientos y la manera en que su melena se mecía con los últimos pasos que la separaban de su objetivo le recordaron a Sheila. Gaia sabría en que asuntos andaría metida la pequeña Likaios. Escuchó lo que la mensajera tenía para decir, nada más que unas pocas palabras que provenían de la misma Fenrir. A veces ni siquiera es necesario pronunciar un fonema, pues una expresión es capaz de valer toda una idea. Asintió como única respuesta, entendiendo que posiblemente lo mejor sería acudir a su líder cuanto antes. Cuando el deber y la promesa se encuentran, la voluntad difícilmente se  da a torcer. Hoy sería un día en que se pondría la habilidad del lobo para aconsejar y ser de vínculo entre sus hermanos.

Todos somos uno, pensó, sintiendo el peso de su propia idea que llegaba a golpearlo para darle un poco de claridad a su mente. Y allí también se encontraba un sentimiento interno, de reconocimiento, de estar junto a las fuerzas que eran capaz de enhebrar los hilos del destino con el exclamar de una orden. Su gente, el sentimiento de pertenencia, la necesidad de proteger se hacía más intensa con cada paso que daba en dirección a Fenrir. En su andar, el tiempo había cambiado su forma de transcurrir, siendo tan efímero que tras un instante pareció sorprenderse de ya estar a pocos metros de encontrarse con la líder de su clan. Bajó la cabeza en señal de respeto, guardando las palabras para el momento preciso. Fue entonces cuando la realidad de la situación le sacudió completamente desde adentro. La raíz del nerviosismo no estaba en sí mismo, sino arraigadas a la sabiduría de Fenrir y los otros dos. Esperaba que hubiese entendimiento, diferencias dejadas de lado, puesto que lo que estaba en juego trascendía más allá de una, dos, o las tres manadas en su conjunto.

Los aullidos que llegaban en forma de un canto exclamado no tardaron en hacerse escuchar. Notas cargadas de la fuerza inquebrantable de los Ardwolf, orgullo con la templanza del acero, el grito salvaje de la naturaleza. Con el semblante que solía caracterizarlo avanzó hasta el lado vacío de Fenrir, ladeando la mirada solo un momento. Prestó mayor atención a la presencia cercana, saludando a la joven con un movimiento de cabeza. Era la primera que vez la veía, cabello que ondulaba cual fuego, labios de un intenso carmesí, rebosantes de la esencia de la vida. El hilo rojo que se enredaba en el entramado otorgándole un nuevo matiz. Sus ojos continuaron el recorrido, posándose en la figura de Fenrir, en como su cabello caía sobre sus hombros y cubría parte de su espalda.

Estoy aquí, no temas, pues cuando la luna se alza completa no hay diferencias. Somos todos hermanos. Intentó que su mirada fuera capaz de transmitir aquello, y al final, si fuera necesario tenía sus palabras listas.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Fenrir el Dom Sep 29, 2013 7:53 pm

Gaia no llega, las respuestas que antaño la Madre te ofrecía en el susurro del viento, en la danza de la hoguera, en el simple roce de las hojas al caer, te están siendo vetadas desde el retorno a casa. ¿Qué pretenden los espíritus al perpetuar tu sordera ante ellos?, ¿qué quiere Gaia de ti, si no puedes ser su portavoz nuevamente?. Los sueños y la voz del viento se confunden, no encuentras la paz que deberían traer consigo aquellos místicos menesteres, temes por tu manada, por tus hermanos, por todos aquellos que llevan la Sangre de la Luna en sus venas, provengan de donde provengan. Todos los Hijos de Gaia se enfrentarán a una amenaza inminente; esta vez, la paz y la quietud -que por siglos mantuviesen los bosques en un letargo complaciente- se esfuma para darle paso al fragor de la guerra y el frío hálito de la Dama Muerte.

Te encuentras sentada en el suelo, sobre un rústico cojín de tela basta; las llamas de la pequeña hoguera alimentada con romero y salvia bailan sin salir nunca de aquel círculo perfecto que las rodea, tu cabello liso y negro, suelto sobre hombros y espalda parece cobrar vida propia por momentos, meciéndose en la caricia del viento que circula por la estancia; permaneces con los ojos cerrados, la espalda muy recta y los sentidos primarios del lobo, alertas. Pides a Gaia la sabiduría de tus ancestros, el dominio de la razón sobre el instinto, la neutralidad milenaria para con los sucesos por venir, y la paciencia suficiente para tratar con tus dos hermanos de diferente camada. El suave murmullo de la tela rozando el viento se abre camino por encima del silencio sepulcral que envuelve tu entorno, los pasos pesados de aquellos Antiguos Chamanes se arrastran por el sendero, cada vez más cerca, seguidos de otros pasos, ligeros y suaves, etéreos como la bruma matutina, inesperados y a la vez, certeros como el rocío en las flores; Gaia debe haber hablado por fin con la exquisita creatura que tan celosamente guardan los sabios de la tribu: Maya, la loba espiritual, la pelirroja vidente, la virgen de Gaia.

Dejas que vengan, que tomen asiento y escuchen el Concilio como sólo a ellos les es permitido, no interrumpen tu meditación por respeto a la comunión que la Madre y tu pueden tener en esos momentos; lentamente, el ocaso enmarca el horizonte, tiñendo tu piel canela de los matices anaranjados, anunciando en su declive el momento de la verdad. Un nuevo par de pisadas se dejan escuchar, llevan en su rumor la indolente docilidad del río y la fuerza de las ventiscas; ladeas ligeramente el rostro hacia la entrada -sin abrir los ojos- y sonríes imperceptiblemente al reconocer el aroma inconfundible de Oren. Todo está en manos de Gaia ahora, el reloj temible del Destino comienza a correr y un escalofrío recorre tu espina dorsal; entre la creciente penumbra, el aullido milenario de la bestia se deja escuchar en un dirección y el rugido del futuro en la contraria. La Sangre Ardwolf en tu interior se agita, gruñe, araña en medio de la quietud Fenrir; lentamente abres los ojos, los clavas un largo rato en las danzarinas llamas y finalmente, cuando el aroma de Galliard está tan cerca que puedes identificarlo sin error alguno, te incorporas, le diriges una larga mirada a los Chamanes y asientes con delicadeza antes de clavar la mirada en tu Consejero y, con un ademán ligero y desapercibido, despedir a la Guardia que se ha apostado en el interior.

-Maya, tu eres la Voz de Gaia y debes permanecer aquí mientras tanto. Oren, ven conmigo. Hay que darle a nuestros hermanos, la bienvenida-

Susurras suavemente. Tus facciones finas denotan la calma que te envuelve, no hay una sola traza de preocupación, tampoco la hay de ferocidad o de intransigencia, solo una dulce, perfecta y sutil armonía, una paz interna que muy pocos logran obtener. Agradeces silenciosamente a la Madre Tierra por llenarte de su sabiduría y la calma de sus bosques, miras de reojo a Oren y con un suave asentimiento le indicas que camine a tu lado; sales de ahí y cruzas por los senderos de la aldea hacia la Gran Entrada, el silencio que pesa sobre tus gente se incrementa conforme los segundos pasan, todos parecen retirarse a sus viviendas, los cachorros dejan sus juegos, los cazadores y los guerreros respetuosamente se retiran, formando una calzada para recibir a los líderes de las dos Manadas de la Luna. Ante la muralla, el inconfundible aroma de Galliard y Alek se mezcla con el bosque, los aullidos han cesado uno por uno hasta que el silencio total se instala en medio de todo; a una orden tuya, las Puertas se abren de par en par dejando el paso libre a los viajeros, posas una mano en el hombro de tu Consejero y tras una última mirada en la que respondías con serenidad a la suya, te adelantas a él y encaras a Galliard y Alek -los dos líderes- abriendo los brazos en señal de bienvenida, mostrando una sonrisa sutil y apacible, sin traza alguna de negatividad.

-Mis hermanos, sean bienvenidos. Gaia esta noche será testigo de la unión de sus Hijos para el bien de nuestros hermanos. Él es Oren Astvinur, Hijo de Fenrir, mi Consejero y hombre de total confianza; así mismo, espero que ustedes confíen en su juicio y su palabra-

Susurras, presentando al joven licano que va contigo, llegando frente a ellos y estrechando la mano de Galliard con seriedad y fuerza, con la promesa honorable de que, entre los muros de la aldea, nada ni nadie dañará a los suyos.

-Gaia vuelve a cruzar nuestros caminos, Gran Galliard, en los tiempos de Oscuridad-

Musitas y a continuación, pasas la atención a Alek y estrechas su mano de igual manera, mas sin embargo, terminas posando la mano libre sobre ambas, en un signo inequívoco de bienvenida y apoyo.

-Se que nuestros encuentros no han sido los mejores, pero confío en Gaia que ambos tengamos la suficiente paciencia para tratar el uno con el otro-

Susurras mirándolo a los ojos fijamente, no hay hostilidad alguna, solo una profunda y latente calma, una serenidad que trasciende linajes y fronteras; esa noche no son líderes de Manadas diferentes, no son Licanos puros o Malditos, simplemente, esa noche son hermanos velando por el bien común de la raza licana.

-Bienvenidos, están en su humilde morada-

Musitas conforme guías a los líderes hacia el interior, donde tu gente espera, formando una especie de valla que lleva hasta la entrada del lugar donde el Concilio se llevará a cabo. Muchos son guerreros de batallas antiguas, conocen a los fieros guerreros Ardwolf y les dejan el espacio que han ganado en esas filas, conforme la comitiva pasa, las filas se rompen y se suman al caminar hasta llegar a la entrada del recinto, ahí únicamente los líderes y Oren pueden pasar al interior.

El rumor del viento vuelve lento y sutil, tu espíritu se agita tembloroso conforme penetras al lugar y tomas asiento, esperando que tus hermanos hagan lo mismo; eres consciente de la presencia de Maya y lo que esto implica para aquella reunión; cierras los ojos un instante y respiras profundo, implorando a Gaia que la calma no te abandone; has decidido no presentar a la joven chamán a menos que sea estrictamente necesario, pues las advertencias de los Antiguos han sido demasiado exigentes.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Alek Arthes el Dom Sep 29, 2013 9:44 pm

Había llegado a los límites de la aldea, descendido de su motocicleta para respetar el hecho de que semejantes artificios humanos, podían incomodar a los Fenrir y caminó hasta la gran entrada de la ciudadela. Por designios de Gaia, Alek y Galliard habían llegado en conjunto ante Fenrir. Eso podía ser una buena señal.


El saludo de Fenrir sinceramente sorprendió al líder Likaios. Sobre todo cuando la última vez que habían coincidido habían discutido en una tensa calma. Esta vez no había altanería ni ofensa por parte de la "loba madre" así que él también puso de su parte para no hacer alguna de sus bromas típicas. Simplemente le respondió con una reverencia silenciosa. También saludó a Oren en silencio, con el respeto que el chico había ganado la última vez.


Luego giró para ver a Galliard y viéndolo a los ojos, le hizo un saludo similar al de Fenrir y tan sólo dijo: -Saludos hermano Galliard. Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos y es un gusto volver a contar con tu presencia.-


Alek giró y siguió a Fenrir hasta el lugar donde se llevaría a cabo el Gran Concilio. No sabía que esperar de dicho evento. En principio pareciera que la noche se presentaba amable y prometedora, pero apenas comenzaba y no faltaría mucho para que, a penas la más simple de las chispas, encendiera la mecha y detonara la tensión entre los clanes.



Satinne pasó por sus pensamientos. Así mismo Teudis. Esos dos nombres serían causa de roce entre sus hermanos, sobre todo el de la osada escritora. Recordó el estigma que los dos clanes antiguos han colocado sobre el suyo, como si repentinamente un sabor amargo dañara un postre. El clan de los malditos, de los traidores a las tradiciones de Gaia, los que adoran y emulan a los humanos. Rápidamente juzgados con la misma velocidad con la que aceptan su ayuda en la guerra. La decisión de proteger a Austenson y de defender el derecho de Larry Talbot a no querer transformarse, iban a colocar nuevas humillaciones sobre él.


Pero decidió seguir adelante sin titubear. Sus hermanos sabían que la amenaza vampírica era latente. La caída de Rafael era una espada de Damocles. Si bien, había debilitado a los engendros nocturnos, pondría a esas abominaciones en un estado de desesperación y a optar por acciones extremas. Si los tres líderes no lograban pasar por alto sus propias diferencias para ver aquello que les unía, la sangre salvaje, regalo de Gaia, entonces estarían perdidos.


Entró al recinto y esperó que se el fuese indicado el lugar donde habría de sentarse. Miró a su alrededor, viendo a los chamanes y a una chica a la que no recordaba haber visto nunca. Cubría sus facciones con un velo, pero la vista aguda de Alek notó unas hebras pelirrojas. La curiosidad lo embargó pero decidió ignorarla, por lo que volvió su atención al concilio que estaba por comenzar.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Galliard el Mar Oct 01, 2013 12:27 am

El advenimiento de la noche latía en sus venas, cuando levantó su mirada hacia el cielo supo lo que vería, a través de una laguna en las nubes se asomaba la silueta de una hermosa luna llena. Infló el pecho, respirando con fuerza el aliento de la noche que aún no terminaba de presentarse. – Luna llena.- Susurró el líder, y sus fieles soldados que no parecían haberlo notado del todo también levantaron los ojos al cielo buscando la figura de Artemisa.

Aunque el destino lo convirtió en líder bajo el alumbramiento de una luna diferente, su espíritu guerrero se mostraba especialmente afanoso durante noches como esa; bajo el pletórico astro de la noche que simbolizaba el alma guerrera de los Ardwolfs. Por un momento deseó no estar ahí, para correr en su forma lupus en lo profundo de su santuario en los Alpes escandinavos.

Pero una fuerza mayor lo había llevado hasta ahí, por primera vez en muchos años el hijo primogénito de Gaía pudo escuchar el susurró de su madre, aunque muy tenuamente. No con palabras, no mediante los espíritus de la naturaleza. Ella le hablaba directamente al corazón, y cada uno de sus latidos le incitaba estar ahí. Sus ojos se alumbraron, sus puños se cerraron. Su destino lo estaba alcanzando, en su corazón, en su alma es donde podía sentir esa extraña anomalía. El karma que se le encomendó desde antes de nacer estaba casi al alcance de su puño, y tal vez entonces Gaia sería lo suficientemente generosa con él para otorgarle el tan ansiado descanso en la muerte que tanto ha deseado.

Entonces, cuando las puertas comenzaron a abrirse, un olor familiar lo sacó de su ensimismamiento. “El cachorro”  cruzó en su pensamiento, e instintivamente volvió su mirada en la dirección donde sus sentidos le percibieron. –Hmph.- Un áspero ronquido salió de su pecho en respuesta, al tiempo que levantó el mentón.  

Su filosofía y principios le impedían menospreciar a cualquiera de sus hermanos, sin importar su camada de origen, y sin embargo Alek le despertaba una sensación de incomodidad bastante difícil de explicar. La ciudad estaba demasiado presente en él, incluso su aroma de lobo se mezclaba con el del combustible y el humo de la motocicleta en la que llegó montado.

Ahí viene el perro urbano, el cachorro domesticado.- Murmuró uno de los hombres de Galliard, y luego otro le prosiguió- Apesta a esos venenos de ciudad que matan a nuestra madre.- Y de un momento a otro los susurros entre ellos rompieron el  parsimonioso silencio del santuario Fenrir. Palabras como “extraño”, “infiel”, “indigno”, “hiena” se hicieron distinguir entre el balbuceo. Disgustado por ese comportamiento, el Colmillo Blanco los hizo callar de un gruñido.

Optó por el silencio; era menos incomodo para ambos, que darse una explicación que ninguno quería. Inmediatamente se adentró al interior de la muralla. Un par de aspiradas le confirmaron lo que desde mucho antes esperaba encontrar, Fenrir misma le recibiría.
“¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez?” Se pregunta a sí mismo. Aunque cruzar el túnel de la muralla le llevó apenas unos segundos, se sintieron como una eternidad. Durante ese lapso de tiempo su mente divagó entre los recuerdos más vivos de aquella noche en la que exterminó a todo un clan de vampiros. Aia, como le gustaba llamarla en ocasiones, fue la única que lo vio llorar aquella noche, y también la única que contemplo lo terrible y cruel que puede llegar a ser cuando se deja guiar por la rabia incotronlada.

-Hermana.- Fue lo primero que dijo cuando la vio, acompañada de su hombre de confianza; un lobo que no le es del todo desconocido. Tantas batallas, tantos hermanos, no siempre le es posible acordarse de los nombres de todos, pero los rostros y los aromas se quedan grabados en su memoria, sus sentidos no le mentían. Lo miró; con ese tono inquisitivo, calificándolo como siempre parece hacer con todos, no obstante también le sonrió, y cuando terminaron de presentarlo asintió hacia él por educación. “Oren, no me olvidare de tu nombre de ahora en más.”, pensó.

Estrechó la mano de Fenrir, aunque no dijo mucho más. La serenidad de su rostro hablaba por él; desde tiempos antiguos el silencio le ha caracterizado y aquella noche no iba ser muy diferente. Él único que lo hizo romper el silencio fue Alek, al que tanto se esforzó por ignorar en un principio.- Sí, muchos años hermano.- Respondió su saludo, estrechándole la mano con la fuerza necesaria; sin apretar de más o de menos. Aún así había un cierto deje entre ellos, o más específicamente por parte de Galliard; no solo se trataba de las diferencias obvias entre los clanes. Cada vez que lo veía, un sentimiento amargo se apoderaba de él… ¿Cómo odiarlo y como no odiarlo? Pocos saben que el Colmillo Blanco tuvo la oportunidad de presenciar los primeros años lobunos del líder Likaios. Lo vio ganarse un titulo entre los hijos de la luna a pesar de no haber nacido puro o mestizo. Lo vio triunfar, y obtener el pleno derecho de su piel licana. Pero también lo vio alejarse de las tradiciones, y llevarse a todo un clan de sus santuarios para adoptar vidas y costumbres humanas.

Después de unos cuantos segundos de silencio y miradas, volvió a caer en su ensimismamiento, limitándose a seguir la sibila Fenrir hasta su guarida. Sus hombres gruñeron cuando les fue limitado el paso, y de no haber sido por el gesto de Galliard probablemente habrían luchado contra la guardia de Fenrir con tal de acompañar a su líder.- Espérenme aquí.- Agregó, aunque innecesariamente, todos y cada uno de ellos le habían entendido desde el momento en que lo vieron a los ojos. Tantos años de lucha les había dado cierta empatía; esa era la mayor virtud y cualidad de los Ardwolf, la comprensión de los unos con los otros y sobre todo con su líder, lo que les permitía moverse como una sola fuerza viviente en el campo de batalla.

De nuevo aspiró dos veces.- ¿Con quién nos llevas Fenrir?- Cuestiono, indudablemente capto el olor de la hembra virgen al otro lado de la puerta. Así como supo que Oren había estado antes en su presencia, también estuvo seguro de que ese olor no lo había percibido antes en toda su vida. El aroma hablaba por sí mismo, una hembra joven, pero no una cachorra. Lo que más le intrigaba era no reconocer el aroma. Cuando las puertas se abrieron, y por fin las cruzaron, la vio.

El "tirón" en su cuerpo lo desespero; abrió y cerró los puños en una sucesión rápida de movimientos. Galliard estaba desprovisto de las habilidades mágicas, pero era afín a ellas, y esa mujer, esa médium despedía un aura taumatúrgica casi tan poderosa y agobiante como la de Fenrir misma. –Tú.- La señaló, con esa expresión patriarcal que le personifica.- Dime cuál es tu nombre.-
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Maya Khandrá el Mar Oct 01, 2013 9:55 pm

El suspiro del viento movió las telas que le cubrían solemne junto con algunos rizos de su cabellera rojiza logrando que los frágiles brazos de la medium se uniesen en su abdomen en un abrazo propio. Ella nunca se había sentido tan sola en el mundo. Cuando niña, cada vez que sus sueños se veían eclipsados por las pesadillas, esa figura oscura aparecía de la nada abismal a su alrededor como un ángel de tonos sombríos, hablándole en medio del silencio para lograr que volviese a conciliar el sueño. Su mente se había dejado envolver por las garras de las sombras en más de una ocasión y ni así lograba comprender por qué siempre terminaba aislada, casi como si el mundo real no quisiese saber de ella. Con el tiempo, ella también perdió interés en saber cosas de ese mundo que se le negaba. Cuando ella aspiraba a ver más allá del mundo impuesto, solo las sombras respondían. Ellas siempre le habían sido leales. Optó por el silencio viendo, aun así, con curiosidad lo que sucedía a su alrededor. A las palabras de Fenrir, la líder a cargo de la manada espiritual, asintió en profundo silencio, sin poder ocultar la sombra que caía sobre sus ojos luego de la llamada de atención de los chamanes. Ambas reconocían algo que había sucedido lunas atrás cuando el canto de la sirena atrajo un espíritu que ella jamás esperó ver. Aun mantenía la marca de aquella mano sombría en su piel blanca como la nieve y el recuerdo de aquello golpeaba su mente sin cesar, cada noche y día por igual. Las palabras no se deshacían, a pesar de que el rostro que ahora predominaba en sus recuerdos fuese nebuloso, con más sombra que forma.

-Ella les ha dicho…Ella sembró la sospecha. En cuestión de tiempo…-

Ella. Maya había pasado lunas enteras buscando un significado a esas palabras graves, salidas de la tumba, del interior de un alma que aun ardía en un mundo desconocido.

–... Los bosques arderán como mi clan ardió. Y tu danzarás conmigo en los infiernos…-

Desde que ella tuvo aquel encuentro con el más allá, desde que vio en los ojos de Fenrir la preocupación por esas palabras, ninguna de las dos necesitó hablar. Maya entendía más el silencio. Estaba preocupada y era algo normal que lo estuviese. La pregunta era ¿Lo mostraría ante los líderes?
Le vio alejarse, para luego volver a esconder su mirada en el interior del lugar, escuchando con cuidado el movimiento de la noche. Ellos habían llegado y ella reconocía que las penumbras guardaban energías nuevas. Sin embargo, algo estaba turbando su mente. Escuchaba un canto a lo lejos, un canto que provenía de ningún sitio y de todas partes. Había palabras pero se mezclaban entre sí y Maya no podía entenderlas.

-¿Qué dices? – su voz es un susurró pero la acalla una potente voz, más poderosa que la suya. Los Chamanes levantan al instante la mirada, posándola sobre una figura demasiado grande para ser medida. Maya siente que algo le recorre de pies a cabeza; una sensación muy similar al temblor que envuelve las extremidades cuando la piel se somete al frío. Vuelve sus ojos, azules como el océano, y cuando posa éstos sobre el hombre que ha hablado, entiende que se refiere a ella. Tal confusión calla las voces a su alrededor. Si los fantasmas cantan ahora, ella no puede escucharles. La extrema paz que inunda su carácter fue levemente turbado por aquella llamada de atención. Por un momento, no hay más que silencio, durante ese efímero instante en que los ojos de ambos se mantuvieron puestos uno sobre el otro. Jamás había visto ojos tan potentes, desafiantes al mundo y a la vez, tristes. –Galliard – su voz escapó antes de pensar siquiera esas palabras y un deje de emoción envolvió sus facciones. Aquel hombre que había llevado la muerte a clanes enteros. Su sangre había regado los prados y las cicatrices de su cuerpo lo demostraban. Él es aquel que levanta su voz y hace que todos los presentes sientan un deje de nerviosismo latente en sus cuerpos. Los chamanes reaccionan; primero el más anciano que le había pedido que no establezca contacto con los Lideres, poniéndose frente a la mujer, viendo con humildad al temible señor de las manadas de Ardwolf – Ignore su presencia, gran señor Ardwolf. Ella solo está aquí para observar el movimiento del mundo espiritual… - a la primera voz, una segunda se suma, que es la del otro chaman que se coloca justo al lado del primero, elevando sus ojos a la figura de Galliard – Ella es la hija de la luna que está en comunión con los espíritus, mi señor. Si su presencia ha logrado causar que…- La voz no termina de hablar. Detrás de ambos, una palabra interviene, haciendo que los dos chamanes se volteen a la vez, clavando sus ojos en la mujer cuya cabellera y cuerpo es cubierta por atavíos blancos como la luna –Maya – Su nombre no es largo; tampoco difícil. Escapa de sus labios como si fuese un suspiro. Ni siquiera por un instante a logrado dejar de ver los ojos que le interrogan sin saber la razón – Me conocen como la flor lunar que pisa el mundo una vez en eternidades. “Medium”; “Bruja blanca”; “amante de los espíritus” o “sirena de la muerte”; con esos títulos se me presenta pero… pero mi nombre es Maya – la seriedad de sus facciones se suaviza al instante, cuando sus labios cubiertos por los pétalos de las rosas le dedican una sonrisa sincera.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Oren Astvinur el Sáb Oct 05, 2013 8:39 pm

Una palabra que con solo decirlo se convertía en una orden absoluta. No tenía que emplear un tono imperativo, o insinuar la verdad en un juego de pocos fonemas. El lobo la seguiría incluso hasta donde la luz de Selene no es más que un punto que se pierde en el horizonte de una oscuridad absoluta. Su mente se abstrajo con cada paso, como si el mundo se expandiera con el eco de las pisadas en su marcha. Intentaba visualizar como habría sido su hogar mucho tiempo atrás, cuando un concilio similar tuvo sitio entre los árboles que les protegían. ¿Habría sido la naturaleza tan fuerte y robusta como la veía? ¿Llegarían las copas a proyectar grandes sombras en ese entonces? Las preguntas no paraban de llegar, pero quizás las más importantes rondaban en torno a las personas. El mundo de entonces era distinto, parte de ello lo había escuchado de los ancianos y de la misma Fenrir. Las razones, causas y pensamientos, cada uno tan disímil como puede ser la mente de las personas. Con objetivos distintos, las acciones y consecuencias también cambian ¿Quién habría ocupado su puesto en aquél distante pasado? ¿Estaba a la altura de su predecesor, o no era más que un cachorro jugando a decir palabras de adulto? Quizás solo su líder tenía el suficiente tiempo en la manada como para dar respuesta a parte de los interrogantes. Las generaciones pasadas habían sentado las bases, abierto las puertas al camino que ahora transitaban ¿Podrían los allí reunidos hacer lo mismo para quienes llegarían en el futuro?

Luego de ser presentado por Fenrir, bajó la cabeza con sublime solemnidad hacia los otros líderes. Galliard, señor de los Ardwolf, suya era la fuerza y fiereza de la naturaleza. Imparable como el fuego de la sangre que guiaba a su gente a la batalla. Vanguardia y ofensiva, los lobos que miraban la muerte a la cara solo para proferirle gruñidos de advertencias o ella misma saldría con unos buenos mordiscos. Sí, también había mucho de lo que aprender de quienes en un primer vistazo parecían ser el espectro más simple dentro del panorama. Las cicatrices eran signo de historias y batallas, mas eran las palabras del líder quienes podían dar vida y sentido a las mismas. Los orbes esmeralda del lobo volvieron a repasar la figura de Galliard, no parecía del tipo dispuesto a relatar historias, pero si algo sabía muy bien es que jamás debería dejarse llevar por las apariencias. Con una pregunta bastaba, pero no era la hora para cuentos sino de dejar las diferencias de lado para tratar problemas que concernían a todos. Lobos como hermanos, una sola gran manada.

El siguiente en captar su atención fue el líder Likaios, Alek Arthes. Un lobo que parecía haber capturado la luz de la propia Selene en sus ojos ¿Quién podía negar la hermandad, cuando cada uno caminaba siendo portador de un regalo de la naturaleza? El cambio, la adaptación, incluso estos aspectos pertenecen al ciclo de la vida y muerte. Nada es eterno en un mundo material, negarse a aceptarlo era una pérdida de tiempo y energía. Las diferencias los convertían en un ser completo, el lobo. Como si cada manada no fuera más que piezas de un gran rompecabezas.

Y la última, era Fenrir misma. La loba cuyo cabello parecía heredado de la noche misma, un perfecto cielo sin estrellas imitando los tiempos de luna nueva. El aire en su alrededor parecía presentarse distinto, una mezcla que semejaba a la fuerza salvaje del Ardwolf y la templanza de los bosques. ¿Acaso no era ella el claro ejemplo de que no había diferencias entre lobos? No era un misterio cual era la sangre que corría por las venas de su líder, y sin embargo allí estaba, para todos, respondiendo en alto al nombre de Fenrir. Cuando las sombras hablan y lo espíritus escuchan, el presagio del cambio se hace inminente. ¿Probaría aquél trío ser apto para su posición? Hasta que la crisis no tocara a la puerta sería difícil de saber, pero se mantendría en su lugar, esperando a hacer su trabajo, marcar el sendero, y en casos de fallas corregir los errores. Lo importante, al final del día, era el lobo y no la cara que lo representase. El todo que forma a una unidad.

Así como el instinto patriarcal de Galliard lo incitaba a preguntar e imponerse con regia presencia, el lobo blanco se situó frente a Maya. La joven era alguien a quien jamás le había visto la cara, como una leyenda que solo escuchas de boca en boca. Sin embargo, los chamanes hablan y Oren era de oírlos. Su instinto había actuado solo, cubriéndola hasta del mismo viento que osara a acariciarla. Lirio blanco, flor de la luna, tan sensible que tu voz no es más que la caricia de la seda. Impoluta, lejos has de estar de todo mal o infinita puede ser la desgracia que caiga sobre los tuyos. El consejero no se movió, no buscaba ser un importuno para el líder Ardwolf y mucho menos alguien irrespetuoso, pero no permitiría que allí se pase un límite que establecían los mismos espíritus.

-Creo que hay asuntos más importantes que discutir primero- Instantáneamente su mirada buscó a Fenrir – Maya solo debería de hablar según la voluntad de Gaia disponga. Galliard, disculpa, pero la distancia ha de ser prudente –dijo alzando la cabeza para encontrar los ojos del enorme lobo. No le temía, pues jamás sentía miedo de un hermano.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Fenrir el Jue Oct 10, 2013 1:35 pm

off:
Si, si... merezco Juicio Sumario y Corte Marcial (?) por irresponsable, perezosa y mala redactora [ha quedado infinitamente más corto que el resto] u.u !lo siento!

Las cosas no están bien, puedes sentir la tensión que carga cada uno de los presentes en ese Concilio y sabes que, por más diplomática y serena que te encuentres, llegará el momento en el que Gaia quiera ponerlos a prueba y haga que esa olla de grillos estalle en un enfrentamiento que seguramente, terminará por fraccionar a los hermanos. Suspiras largamente y cierras los ojos un efímero instante para regresar a la armonía que los espíritus mismos te han concedido ese atardecer; confías en que Oren será lo suficientemente sensato para cubrir cualquier carencia que tu carácter pueda presentar, y Maya... Esa mujer sabes que será generadora de desgracias, una sola palabra suya puede definir el destino y hacia dónde se incline la balanza. La miras de reojo, !que pesada ha de ser su carga!, siempre aislada, siempre viviendo en medio del mundo espiritual, lejos de aquel contacto físico, de aquellas palabras, de aquellos pequeños momentos que hacen el día a día. Entornas la mirada justo al momento en que Galliard se elevaba muy cerca de Maya, ante la mirada temerosa de los Ancianos, que intentaron calmar al líder Ardwolf, señalando la presencia de la loba como algo fortuito y de los Espíritus; tu cuerpo esta tenso, sabes que el patriarca de ese Clan no es precisamente afecto a la magia y sus consecuentes líneas, por lo tanto, su reacción es impredecible al grado que el nerviosismo aumenta en todo el interior de aquella estancia. Estás a punto de intervenir para sosegar a Galliard, cuando es la voz de la propia Sacerdotisa la que rompe el silencio tenso en respuesta a las exigencias del imponente lobo. Maya, Maya... Tan dulce e inocente, tan pacífica y a la vez, impulsiva al declarar abiertamente su exacta naturaleza: La Sirena de la Muerte, la Consorte de los Espíritus, la Medium, la Bruja. Fue entonces la presencia del mismo Oren ante Maya, lo que te hace reaccionar en un simple instinto de protección; te pones de pie y caminas hasta quedar ente Galliard y tu Consejero, encaras a uno y otro con una larga mirada cargada de reproche para uno e incertidumbre para el otro; lentamente colocas una mano en el hombro de Galliard y niegas con la cabeza para remarcar un poco más las palabras del joven Lobo que defiende a la Sirena.

-Galliard, por Gaia te suplico que guardes tu distancia ante ella. Maya está aquí como portavoz de los espíritus y nada más. Toma asiento hermano y no hagas esta situación, mas tensa de lo que ya está-

Musitas suavemente, mirándolo siempre fijo a los ojos, buscando bajo aquella mirada fiera y siempre hosca, el recuerdo del Galliard de siglos atrás, aquel que compartía la vida y la sonrisa con su loba, aquel que por un tiempo, tocó el cielo antes de ser regresado brutalmente al infierno. Buscabas al compañero de batallas, si, pero también al hombre que en mucho, siempre fue importante para ti. Le diriges una mirada de reojo a Oren, indicando sin palabras que no se moviese de su sitio mientras el líder no tomase el suyo. Vuelves la mirada de nuevo a Galliard y ejerces un poco de presión en tu agarre para indicarle que es hora de tomar eso en serio; ladeas el rostro con delicadeza y miras a Alek, sorprendida -no vas a negarlo- de que no sea él quien cause los líos en esa ocasión. Aún plantada frente al líder de los Ardwolf -esa casta guerrera cuya sangre fluye por tus venas- miras a todos y cada uno de los presentes largamente, el cargo de ser quien dirija ese Concilio comienza a pesar en tu conciencia pues en realidad, estás jugando a la ruleta rusa.

-Estamos aquí no para discutir diferencias entre nosotros, ni generar más conflictos de los que ya tenemos de por si; estamos aquí por que tenemos ante nosotros un panorama que parece querer repetir una vieja historia que tu, Galliard, conoces bien-

Aquí decides separarte y tomar asiento nuevamente, respirando profundamente, tomando aire antes de clavar la mirada en Oren, cual si buscases en sus simples gestos, esa fuerza que en ti comenzaba a mermar ante el asunto desagradable que tenían que tratar. Sabías bien que los Raphael estaban sin una dirección, sabías bien -gracias a Moira- que los Lázaro eran los culpables de las desapariciones de aquellos inocentes cachorros, y sabías también, que era cuestión de tiempo para que los Donovan, decidieran comenzar a fabricar sus malditas armas para destruirlos. Miras de reojo a Maya y su presencia te inquieta por que el conflicto latente que sus palabras pueden desarrollar, sabes que lo dicho por la Sirena será decisivo para los eventos que seguirán.

-Hay amenazas latentes más grandes, que los simples desacuerdos entre manadas. Gaia quiere ponernos a prueba de nuevo, quiere romper el hermoso equilibrio que desde hace siglos, guardamos precariamente tras la caída de los Brodde. Nuestros cachorros desaparecen sin dejar rastro y sabemos quienes son los causantes de eso, más no podemos probar nada a ciencia cierta, el líder Raphael ha caído y la desorganización de sus miembros puede ser productiva para nosotros. Una vez más, el factor "sorpresa" podría estar de nuestro lado, pero lo que más me preocupa, es el motivo de la presencia de Maya en el Concilio-

Susurras, pues aquella escena en la hoguera no deja de rondar tu mente. La Bruja Blanca tiene un mensaje de los espíritus, tu parte mística puede sentirlo aunque no adivinarlo; los Ancianos te miran y luego a la joven pelirroja, respiras profundo y luego miras a los dos lobos ante ti, los extremos opuestos de la cuerda de Gaia: Galliard, el guerrero, el bárbaro, el hombre forjado en la sangre y el dolor; y Alek, el innovador, el "traidor a Gaia", el "Cachorro urbanizado", el líder de una manada que, aunque no lo pareciera, poseía más fuerza de la que dejaban ver. ¿Y dónde quedas entonces tu, Fenrir?, ¿en el medio?, ¿siendo la conciliadora de ambos clanes?, ¿a lado del líder Ardwolf, guiando la batalla?, ¿a lado de Alek, desafiando a Gaia?, ¿o por el contrario, levantándote entre ambos?.

-Negros días están en el porvenir de nuestra gente-
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Alek Arthes el Vie Oct 11, 2013 7:11 pm

El líder Likaios se dejó guiar hasta su puesto para el Concilio. Miraba con detenimiento lo que sucedía en la estancia, mas sin embargo sin tomar postura o parte de nada. Sentado en la silla que le habían indicado, meditaba sobre varios temas.


Primero pensó en la guerra por venir. En la caída del líder de los Rafael y como esto podría ser un paso para otra "Batalla de las Cenizas". ¿Caerían los vampiros guerreros como cayeron los Brodde hace ya más de un siglo?


Pensó también en los otros clanes de chupasangres. Los dementes Lázaro y los sombríos Donovan, con sus artes demoníacas. Si las manadas no se unían, las sanguijuelas podrían aprovechar esa división, ya sea para sanar a sus soldados y reponer la ausencia de líder, como para atacar a los hijos de Gaia.


Pensó en su propio clan. En el estigma y la manera peyorativa que los otros clanes de licántropos los veían. Apretó los puños y tensó la quijada. Ellos eran también hijos de Gaia y merecían tanto respeto como los Fenrir o los Ardwolf. Ellos también estaban cumpliendo su parte en la guerra, espiando a los mosquitos y dificultándole las cosas en la ciudad. Pero como pago, lo que recibían eran desplantes, burlas e insultos por parte de sus hermanos mayores. ¿Tendría que ignorar las ofensas y poner la otra mejilla en beneficio de toda la raza o podría convencerlos de que merecían respeto y honor?


Entonces pensó en Satinne... y por un momento se distrajo de lo que ocurría a su alrededor. Odiaba haberla dejado sola. Si, Roderick y un grupo selecto la protegían, Entre ellos Ken. Pero sufría ante la idea de perderla. Se convertiría en una imagen análoga de Galliard, llorando la muerte de su hembra y buscando la muerte escurridiza.


Galliard... fue cuando retornó la atención a su alrededor. Algo pasaba entre el líder Ardwolf, Oren, Fenrir y la loba de cabellos rojos. Vio como Fenrir trataba de calmar la situación, pero incluso ella estaba tensa. Recibió una mirada de la líder del clan de los espíritus y Alek no supo si era una petición de ayuda o peor, una manera de asegurarse de que todo esto no era culpa suya o que no pondría la situación peor con algún acto.


Alek decidió entonces sacar su tableta portátil y se puso a jugar "Angry Birds", esperando a que se iniciara la reunión por la que estaban todos ahí reunidos. Fenrir fue a su puesto y tomó asiento.


Repentinamente algo lo golpeó en lo profundo de su mente... mientras derrumbaba una edificación para acabar con 3 cerdos verdes grandes, y unos cuantos más pequeños, cayó en cuenta de algo que lo aterró. Ahí estaban, los tres líderes licántropos, cada uno ensimismado en sus propias necesidades y necedades, ninguno enfocado en lo que hacía falta y peor aun, todos con la guardia en el suelo. Rezó a Gaia porque Fenrir en realidad no hubiese tomado con ligereza la seguridad del Concilio. De igual modo esperaba que los Ardwolf que acompañaban a su líder, estuvieran más pendientes de lo que les rodeaba que de su ego.


Se levantó sin moverse de su puesto y dijo en voz alta: -¿Podríamos dar inicio de una vez a este Concilio? Galliard, Fenrir, por favor... Creo que no es inteligente seguir postergando este evento. Es hora de acordarnos que hablamos por nuestros clanes y por la totalidad de nuestra raza. ¡Dejemos nuestros asuntos personales para luego!
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Marca del Lobo el Lun Oct 14, 2013 10:06 pm

Desde tiempos inmemorables, los hermanos de una misma raza han sufrido diferentes posiciones respecto a sus propias preferencias. Un Ardwolf era como el hermano mayor de una manada; un Fenrir como la hermana cautelosa y cariñosa y un Likaio como el hermano rebelde. Con el paso de los años, estos papeles no parecían cambiar para ninguno de aquellos. ¿Quién diría que solo la catástrofe podría unirles a todos bajo el mismo cielo?

Todos habían puesto especial interés en la muchacha Fenrir que, de entrada, debía de ser pasada por alto. Algo en ella ha despertado la curiosidad del Lider Ardwolf y el instinto de protección del consejero de Fenrir. En medio del silencio, las miradas hablan más que las palabras y por cortos momentos, el centro de atención de todo el concilio se centra en Maya. Murmullos, palabras que van y vienen. No hay amenazas pero muchos buscan decirlas con su mirada puesta en los envueltos en tal problema. Las puertas se han cerrado y, con estas, todo lo que sucede en el interior del recinto pierde a los testigos del exterior.
Los minutos se pierden como si fuesen agua entre los dedos y cada quien expone su propia posición.

“-Negros días están en el porvenir de nuestra gente- “

Fenrir, si tuvieses la remota idea de lo acertadas que son tus palabras, habrías pensado mucho antes de llevarlas a cabo. El Likaio es quien más inquieto se muestra, como si ocultase algo que se aferra a su pecho como un secreto que no desea plasmar. Pero entonces, los oídos de todos captan el golpe en seco que se lleva a cabo en la puerta. Sin esperar que alguien la abriese, aquella se mueve con lentitud, mostrando a uno de los guerreros que habían acompañado a Galliard al Concilio. Sus pasos son lentos y, cuando alguien trata de frenar su movimiento, éste niega con la cabeza y la mano, haciendo caso omiso a cualquiera que no sea su Señor.
-Mi señor Galliard – su voz es firme y su mirada constante, viendo con los ojos dilatados la figura de aquel hombre por quien daría la vida y moriría mil veces – Debe irse ahora – finaliza en un susurro a la vez que se tambalea. Una vez, dos veces y finalmente, cae al suelo. Detrás, justo en su espalda, tres flechas le atraviesan. El rojo de su sangre parece arder como si fuese ácido. Flechas malditas, de plata o envestidas en la sangre de los Donovan. Nadie lo sabe pero en una reacción normal, todos dan un paso hacia atrás. Apenas alcanzan a reaccionar ante aquello que una figura ingresa corriendo por la puerta. ¿Dónde se dirige? A la sacerdotisa Maya. Sus manos se mueven envueltas en una túnica negra. Su mirada no sigue ninguna posición normal. Es torpe, casi como si no tuviese control sobre sus movimientos. Sus ojos, éstos sangran a la vez que la boca misma sangra. Corre hacia Maya, le atrae su olor puesto que, según parece, no hay otro sentido que al cual reaccionar. Pero apenas se acerca a la mujer, en un gesto totalmente inconsciente, abre los brazos y muestra que en el sitio donde deberían de estar sus manos hay dos cuchillas insertadas. ¿Él lo sabe? Seguramente no. Quien le haya mutilado buscaba que se volviese el arma perfecta para ingresar al lugar. Y detrás de él, otros siete hombres chamanes ingresan exactamente en el mismo estado, incapaces de ver porque sus ojos ya no están; incapaces de hablar porque su lengua ha sido arrancada. Caminan torpemente porque no saben qué seguir, solo el olor les guía a sus hermanos. Y en sus manos, las armas mortales de plata pueden causar pesar sin siquiera ellos imaginarlo.

Alek cae cuando uno de los chamanes choca contra él y en el instante en que esto sucede, una bocanada de sangre se vacía sobre su pecho. Sangre maldita que hace que todo su ser sienta la debilidad y el terror instantáneo: Quien había mutilado a los chamanes, había hecho la última treta malvada al hacerles beber la sangre de los Donovan. Ahora éstos eran Kamikases humanos que buscaban llegar Fenrir y Maya, así como al Guardian Oren. Pero sus ojos velados les impiden saber a dónde correr y chocan con cualquiera que estuviese en sus caminos.

Fuera, los otros hijos de Ardwolf estaban boca abajo, muertos por las flechas malditas en sus cuerpos. El único que alcanzó a sobrevivir para alertar a su señor moriría poco después de dar el mensaje. Pero eso no era todo; la dantesca escena en el concilio no era nada comparado con lo que sucedía afuera. De los arboles, cuerpos de chamanes y soldados Fenrir colgados esperaban a ser vistos por los Lideres. Las partes mutiladas de los chamanes adornaban el suelo y la sangre de los guardianes y soldados teñían la tierra.

La Luna llena estaba sangrando…Lloraba por sus hijos que habían caído esa noche…y por los que caerían de ahora en más.
________________________
Galliard es quien debe responder ahora. Luego se seguirá el orden establecido por los post anteriores.

Si algun Fenrir desea ingresar a la trama, recuerden que estaban en la ciudadela. Es perfectamente posible que al notar algo de lo que ha sucedido, así sea el aroma a la sangre Donovan; o las señales de la tierra y demás, ellos vean que algo no está bien en el concilio, así no sean guardianes o chamanes.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Galliard el Jue Oct 17, 2013 3:43 am

Su temperamento estuvo a punto de explotar en la iracunda rabia trivial que tanto le caracterizaba y marcaba la más notable de todas las peculiaridades que envuelven su leyenda. Pero se contuvo al oír el suave arrullo en la voz de la hechicera. Sus palabras emitían un delicado halito de magia capaz de sosegar la cólera del Colmillo Blanco. Sus puños se ablandaron, y lentamente sus manos dejaron esa postura de pelea. Su ceño arrugado también se desvaneció, y en un completo silencio se retiro suavemente.- Descuiden.- Fue la única palabra que profirió, mirando a los monjes y a cada uno de los presentes que fueron interponiéndose rápidamente entre él y el nuevo oráculo en las filas mágicas de los Fenrir.

Palmeó uno de los hombros de la valkiria Fenrir, haciéndole saber con ese gesto entrañable que todo estaba bien por su parte. Finalmente el indiscutible campeón de la manada Ardwolf no olvidaba dos cosas importantes, primeramente su deber como líder; la razón de esa asamblea era unificar a los hijos de Gaia y debía comportarse a la altura de la situación como un caudillo sabio y diplomático. La segunda era el código de honor de los hijos de Gaia, no podía permitirse el lujo de olvidar las leyes, y mientras él y sus hermanos estuvieran acogidos por la amabilidad de la tribu Fenrir en el santuario de la valkiria, debían respeto y obediencia a las leyes del gurú espiritual.

Finalmente Fenrir era un símbolo para todos, incluso para Galliard, quién en más de una ocasión a volteado en búsqueda de la sabiduría de Aia en tiempos de incertidumbre. Y sinceramente jamás había necesitado tanto de la guía de su compañera como ahora. La sombra neblinosa de la angustia comenzaba ahogarlo poco a poco. Gaia era cada día más caprichosa con sus designios, y ambigua con sus palabras. “Madre” como él msmo suele referirse hacia su diosa, lo había abandonado, o por lo menos ese era su penumbroso sentir.

Tomó el lugar que le correspondía en la mesa; con ese aire estoico y superior. En silencio sí, pero cada una de sus acciones hablaban. Sus hombros rígidos y su espalda firme denotaban su rango castrense. Sus puños sobre la mesa su naturaleza inquisidora. Y esa expresión en sus labios el odio y repulsión a causa de los crímenes que han cobrado la vida de muchos cachorros en todas y cada una de las tribus.

Golpeó la mesa un par de veces con los puños, cimbrándola. La sangre del lobo nórdico hirvió en el momento que Fenrir le recuerda a la asamblea los crímenes de guerra en contra de los miembros más jóvenes de la raza.- ¿Desde cuándo tenemos que probar algo? Sabemos quiénes son los asesinos y no hemos hecho nada, pero eso se acabo, los ardwolf vamos a...- Estuvo a punto de proclamar oficialmente su segunda cruzada contra los vampiros, pero el golpe seco detrás de la puerta de la habitación lo acallo.

Harald… -Susurró el nombre del lobo que atraviesa la puerta. Con solo mirarlo a los ojos puede adivinar que algo no va bien. Esos movimientos torpes, esa fatiga que languidece en sus piernas y brazos son señal de un mal presagio. Lo ve caer demasiado rápido, en una sucesión de advertencias y acciones que transcurren sin darle oportunidad de nada.

Harald.- Volvió a susurrar, con la mirada fija sobre el guerrero en el piso. Pero la estupefacción le dura muy poco, sí alguno de los presentes tuvo la ocurrencia de mirar su rostro durante esos segundos cruciales, vio por seguro una radical transformación en su rostro y mirada.

Aún en medio del caos, se percato de las inusuales armas con las que atacaban esas aberraciones. Las cuchillas y el vomito.

Dominado por la rabia, es el primero en responder. Sus ojos se clavarón sobre la sombra que atraviesa el umbral; e instintivamente se dispuso a cerrarle el paso.- ¡Grr-Agh! – Un sonido gutural escapó de su garganta, y con una fuerza hercúlea alzó por delante la tosca mesa donde se sentaba el concilio hace unos segundos, interponiéndola en frente de sus enemigos de tal modo que les estorbara el paso. Después embistió con ella usando toda su fuerza, arrollando a la primer alimaña; la misma que avanzaba hacia Fenrir y Maya.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Bron Murk el Jue Oct 17, 2013 8:15 pm

Una penumbra espesa se  esparcía por el bosque como  ungido con saña  por la noche. En medio del silencio apenas interrumpido por el crascitar de los cuervos el lobo de pelaje cenizo  y ojos dorados   buscaba con  curiosidad por donde  había escapado aquella figura, una figura femenina sutil y   elegante ¿Quién era? ¿Por qué escapaba así?¿o a donde le estaba conduciendo?. Esa última pregunta  se la había hecho al notar que se detenía a momentos entre los árboles y de pronto  avanzaba otra vez. No estaba escapando, ni el persiguiéndole, los pasos de ambos eran calmos y pensados casi a conciencia. Pero de un momento a otro  todo tomo un giro extraño cuando llegaron a aquel claro, el follaje en el suelo parecía teñirse en sangre  y el cielo con el, era como su aquella espesa  mancha rojiza oscura subiera por los arboles y de sus ramas semi muertas, florecieran cadáveres colgándose cuales frutos podridos esperando a ser recogidos por piadosas manos. El lobo abrió muchos sus ojos mirando la cruenta  escena mientras todo giraba lentamente a su alrededor hasta ver aquella figura frente a el, era Fenrir, su diosa de  guerra con el rostro  carcomido por la  tristeza casi llorando  mirando los cadáveres  que en ese momento tomaban forma, de lobos.  –Arghhhh- Despertó de su sueño en su  modesto departamento  a las afueras de la ciudad.  

De un manotazo aparo las sabanas antes de bajar los pues de la cama. Estaba agitado en una odisea de sudor y   respiraciones entrecortadas. Era la segunda maldita noche que tenía el mismo sueño. Demasiada coincidencia   en noches seguidas como para dejarla escapar.  Se levanto mientras sus cabellos casi  escurrían por su rostro mientras  vestido solo con unos pantalones sueltos  y nada más  se dirigía a la mesa de la cocina, encendía la luz y miraba  ahí su Ouija  a un lado del sombrero el cual aparto con cuidado antes de dejarse caer en la silla y tomar la cuña de madera no sin antes preguntarse si debía, no, mas bien si quería  hacerlo. La dejo sobre el tablero y después se levanto y abrió el refrigerador, casi vacío a excepción de unas cervezas, tomo una y la abrió. Mientras la bebía no podía dejar de largo  el pensamiento “y si descubres algo ¿Qué harás Bron?” Regreso  a sentarse y  dejando la lata a medio beber a un lado y suspirar decidió que quizás era mejor saberlo por mas horrendo que fuese.

3horas estuvo en comunicación profunda con el mundo espiritual, con el mundo de los muertos, en la línea donde el pasado, presente y futuro se tocan y  dejan ver sus hilos. Cuando amanecía lo comprendía perfectamente bien, pero quizás para ese momento ya era algo tarde.  Era una profecía que alcanzaba a entender pero no del todo claro , había partes muy oscuras en lo sucedido y  el olor a sangre en el aire  le marcaba que lo que  pasaría ya había comenzado a suceder en algún lugar, se arrepintió por un momento de dejar pasar un sueño, quizás si lo hubiese intentado la noche anterior, pero ya no  tenía sentido. Se levantó y se preparo para su viaje, quizás con suerte podría alcanzar  a hacer algo.
 
Cuando llego a aquel lugar  ya habían transcurrido los eventos fatídicos, se encuentra caminando en el bosque hacia donde  están los líderes reunidos, y el corazón la retembla en el pecho como sintiendo en lo más profundo el dolor de lo que viene, pero su rostro esta  inmutable. Y así permanece cuando llega a donde  los chamanes  yacían colgados como  en las noches anteriores. Apretar los puños no merma el sentimiento de ira, pero hace crujir  el cuero de sus guantes.  Al levantar la mirada y verlos ahí  entre el olor a sangre maldita y despidiendo a gritos  una declaración abierta de  guerra no puede  evitar que encomendar a Gaia sus almas. Desvía un momento la mirada buscando  ver a Fenrir porque lo que lo llevada a ese lugar justo en aquel momento, no era como en otras ocasiones  la oportunidad de hacer  notar a la mujer  sus intenciones románticas. Le desquebrajaba el alma  lo tenía para los líderes de los clanes, era una locura y aun para el que  no temía a las artes mas polémicas entre los chamanes  y videntes de su raza le parecía algo impensable. Pero por el descanso de los que caídos quizás  valía la pena hacer de tripas corazón  solo por la oportunidad de llegar con los culpables. No habría molestado a alguien como Galliard o  importunado a su líder  con algo así, incluso sentía respeto por Alek por memoria de sus padres, pero  era lo único que estaba en sus manos hacer.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Maya Khandrá el Sáb Oct 19, 2013 10:43 pm

Primero el olor, luego la presencia. Como formas que se levanta en medio de la oscuridad de la noche, una silueta plasmó su figura entre ella y los chamanes, así como aquel Lider que tanto interés tenía en reconocerle. Maya entrecierra sus ojos y los baja en una mirada de ligera inquietud, como si no terminase de comprender qué podía ser tan desagradable en la interacción. Pero luego otra cosa se apodera de su mente y es la razón por la cual su nombre resulta tan importante para aquel que ha caminado y guiado guerras desde antes que ella fuese testigo de la vida y la muerte.

Une sus manos a la altura del regazo, sintiendo sobre su ser todas las miradas que no desea atraer pero, sin terminar de entender qué hay de malo en aquello. La voz de Fenrir en un discurso parece marcar una temporada de oscuridad que tanto ella como la líder pueden reconocer. Solo Fenrir sabe aquel mensaje que ha llegado a la mente de la mujer espiritista, sirena de los muertos, aquella noche en la cual fue hallada frente al fuego. Todavía en su antebrazo está la forma marcada de los dedos que le contuvieron en una mirada llena de lujuria y pesar. El calor del fuego que había abrazado ese cuerpo por un momento abrazó su piel blanca también y, cual pétalo de rosa que se toca con demasiada fuerza, la marca quedó en su ser como un sello. Aun así, las ropas suaves que le envuelven cubren aquel estigma y solo vuelve a levantar la mirada ante las ultimas palabras de Fenrir “Negros días están en el porvenir de nuestra gente”. Como si aquella letanía fuese el suspiro del hielo sobre su piel, todo parece aquietarse ante ella apenas la escucha. Y lo que acaba de pasar pasa a ser secundario para Maya. Silencio, todo es silencio, puesto que es lo único que escucha. Sus ojos azules se pasean por el sitio y tiene que cerrarlos para poder concentrarse en tanta cantidad de personas.

-Negros días están en el porvenir de nuestra gente – una voz vuelve a sonar, femenina pero baja, como si escapase de las entrañas de la tierra. Nadie más que ella puede escucharle dado que es un mensaje que no está hecho para los vivos…o tal vez sí.
Las sombras se mecen alrededor de Maya por un instante y ella debe envolver sus brazos en un abrazo a sí misma a la vez que escucha las palabras de los espíritus que caminan, inquietos, ocultos bajo el manto de la noche. Todos hablan a la vez, y solo el eco inconfundible de esa mujer que emerge de la nada abismal es lo único que alcanza a distinguir:

-La sangre cae -
-Maya, corre…-
-Ellos vienen.-

La mujer levanta ambas manos para posarlas sobre su sien, cerrando los ojos de nuevo , tratando de entender algo de la gran cantidad de palabras que van y vienen en su mente, justo en sus oídos como un susurro constante de un aviso que debe escuchar. Desean hacerse oír y entonces, la puerta suena, haciendo que abra su mirada a aquello que aparece. Una imagen; es un ardwolf que camina como un héroe que vuelve de la guerra. Pero aquello a su alrededor es del color negro de la noche absoluta y por eso, Maya levanta ante su labios ambas manos, negando con la cabeza -¡No!- escapa de su voz a la vez que éste entrega a Galliard, el Lider Ardwolf su mensaje. Cada centímetro de su cuerpo se somete a un temblor inconsciente viendo aquella sombra que se cierne sobre el cadáver y, en un gesto de nobleza suprema, busca retirar a Oren y los dos chamanes de su camino para llegar a aquel que había visto a la muerte a los ojos y había sido vencido por ella. Sin embargo, la mano firme de uno de los chamanes la sostiene en el momento justo –Por Gaia. Debemos sacarte de aquí – empezó a decir, sosteniéndole de la mano. Pero entonces algo pasó por la puerta. Su forma física no es ni la sombra de lo que era y eso hace que la mujer se deje proteger por el chaman que busca alejarle. Pero aun así, es incapaz de mover los ojos de aquello que se acerca.

-Le arrancaron los ojos, cubren el césped-
-No tiene la lengua, está clavada en los árboles que no hablan.-
-Sus manos forman un camino de hormigas.-
-Corre, Maya, corre, corre de su abrazo –

Todas las voces estallan a la vez en su cabeza y ella no puede hacer más que soltar un gemido a la vez que las lágrimas saladas escapan de sus ojos y su respiración se entrecorta ante la desesperación ¿Qué les han hecho? Aquellos que corren le habían acunado de cachorra. Aquellos que corren le enseñaron lo que hoy conoce. Aquellos que corren sin lengua ni ojos fueron su única compañía por años. Chamanes que ahora están muertos. Chamanes que escupen sangre sobre los licanos.

Todo su ser tiembla cuando Galliard grita como una bestia ante aquello que se acerca. Él también está sorprendido y le duele la pérdida pero ambos lo demuestran de formas diferentes. Utiliza la misma mesa del concilio para frenar la carrera de aquel que amenaza con llegar a ella pero, en ese momento, otros más ingresan detrás de él. ¿Qué puede hacer más que cantar? No hay fuerza capaz de refrenar a esos seres pero, lo único que buscan es un abrazo de los suyos. Desesperados están, están muriendo y aun así, eso buscan. Con lágrimas en los ojos, la mujer echa hacia atrás la túnica de finas vestiduras que cubren su rostro y deja libre su cabellera salvaje para apretar los dientes, los cuales son perlas blancas que tiemblan a la vez que lo hacen los labios que las lucen – ¡Están hechos para matarnos! – grita, viendo como uno choca directamente sobre el Lider Alek y lo tumba en el suelo. –Han enviado un mensaje... – susurra su voz a la vez que lamenta con el corazón decir esas palabras. Si no los matan, aquellos que buscan el abrazo les mataran. –No pueden ver, ni hablar, no pueden tocar. Buscan que matemos a nuestros propios hermanos o...ellos nos matarán a nosotros – dice de forma que su voz sea escuchada por los cercanos, desde Fenrir hasta Oren, desde Galliard hasta Alek. Sus lágrimas redondean la forma perfecta de su rostro, viendo aquella escena que ni siquiera sus sueños más perversos podrían haber predicho jamás. Sea quien sea quien ha hecho esto, usa los cuerpos de los lobos para atacar a los lobos. Hermanos contra hermanos ¿Existe crueldad más grande?
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Oren Astvinur el Lun Oct 21, 2013 8:34 pm

Guarda las palabras y las energías para el momento en el que sean necesarias. Su mente intentaba convencerse de ello, mantener el balance y calma para poder concebir un concilio fructífero y en paz. Las ideas y acuerdos son el mejor método para evitar una guerra, inevitablemente salvar vidas. Concientizó a si mismo de poder obviar ciertas reacciones, de que su lugar no era juzgar a nadie, sino aconsejar con la sabiduría que lo envolvía. ¿Sería eso suficiente? ¿Alcanzarían los cuentos, historias, fábulas y experiencias pasadas, propias y ajenas, a ayudar a toda una raza a continuar hacia adelante? Era la parte de sí que tenía para entregar  a los tres líderes, su lugar en aquél mundo que decidía esconderse a propia voluntad. Secreto, incompatible, las pesadillas que mejor dejar olvidadas bajo la cama. Hacer ojo ciego de las circunstancias no es diferente a huir, todo puede parecer perfecto, pero en cuanto desborda, la realidad solo espera para golpear más fuerte. Sin escapes, ni salidas, todo lo que queda es tu persona ahogando en los propios errores. Como si el destino estuviera dispuesto a dejarlo llevar por sus pensamientos, el lobo sintió como si le faltara el aire, su pecho negándose a dejar entrar o salir más de tan vital esencia. A su suerte, la sensación desapareció con un pestañeo, como si no fuera más que una traviesa parte de su imaginación jugando una mala pasada.

La cabeza del consejero descendió levemente como señal de respeto ante el retroceso del líder Ardwolf. No había recelo en la mirada de Galliard, un hecho que agradeció a Gaia en debido silencio.  Quizás había esperanza, las palabras alcanzarían para llegar a un acuerdo, alzar al lobo de la misma manera que la luna cada noche. Su mirada pasó por cada uno de los presentes, como si buscara retratar en sus recuerdos un momento que sería historia para el futuro. Cada palabra, sus intenciones, las emociones denotadas en sus gestos pasaban a formar parte de un todo completo inmortalizado en espíritu. Una fotografía mental y etérea del estandarte que las personas allí presentes habían decidido portar  para el concilio entre tres. Tres que formaban una gran familia. Corre. Cada músculo del lobo se tensó como si estuviera listo para salir despedido en una carrera sin retorno. Congelado en su lugar, perdido en una niebla de confusión, sorprendido por el repentino arranque personal. Obligó a su mente a centrarse, las yemas de sus dedos haciendo presión en sus piernas, el único escape de su propia cabeza. Sin embargo, podía sentirlo, punzando desde lo profundo de su interior, buscando nuevamente hacerse presente. No se lo permitió, allí necesitaban de su racionalidad, de consejos medidos, no de una intuición esporádica que aparecía sin causa aparente. Joven es el lobo, capaz de cometer errores ¿Tendría la fuerza y entereza para pagar su falta?

Tan absorto en sí mismo que las palabras comenzaban a pasar sin penas ni glorias. Observaba los intensos labios de su líder moverse, articular fonemas tan precisos como la punta de una lanza, dulces en su tono como caricia de flor. Un discurso que a sus oídos perdía el propósito y sentido, piezas de un rompecabezas que no tenían forma de encajar. No, no, no Su mente volvía a repetir. Tuvo que agitar la cabeza para deshacerse de la idea y concentrarse en la situación, aún si prácticamente todo su interior negaba a hacer caso de ello.

Sintió el silencio reinar tras las palabras de Fenrir, absoluto cual ley tácita. Un acuerdo ilícito entre los pocos presentes. El tiempo se detenía para ofrecerles un largo segundo de respiro, el universo expandiéndose un instante, dilatando la llegada de la catástrofe. Negros días… Negros días… Como si fuera parte de un sueño, su mirada se perdió más allá de las personas, observando como el fuego proyectaba macabras sombras danzarinas en dirección de las paredes y puerta. Por una fracción de segundo pudo comprender a su propio instinto, los recuerdos arremolinándose para dar un fuerte golpe a su conciencia. Al final tu sombra te ha alcanzado . Pudo ver la sonrisa de aquél sujeto casi como si volvieran a estar cara a cara. La sangre cae continuó su discurso, desapareciendo de su realidad, tan furtivo como el despertar. Las puertas prácticamente tronaron, quizá las causantes de tan brutal ruptura en su intrínseca y onírica conexión. La escena cambiaba con cada nuevo parpadeo, obligándolo a cuestionarse si de verdad había despertado, o aquello no era sino su más terrible pesadilla.

-Le arrancaron los ojos, cubren el césped-
-No tiene la lengua, está clavada en los árboles que no hablan.-
-Sus manos forman un camino de hormigas.-
-Corre, corre, corre de su abrazo –


Sus manos se cerraron en torno a su cabeza, tirando un poco de su cabello ante su falta de cuidado. Sus facciones se tensaban en un dolor indescriptible, como si las palabras perdieran su significado, los colores de la vida desvaneciéndose hacia un sucio negro - ¡Lo sé! – exclamó casi en un rugido dirigido a la nada, bajando sus brazos con furia contenida y provocada por el dolor avasallante. La mesa volaba, y la estancia se ocupaba de miedos tallados e inscriptos en carne de hermanos. Uñas que se volvieron garras, una mirada decidida hacia adelante. Tomó nada más que un par de pasos ubicarse junto a Maya, justo detrás del líder Ardwolf – Esto es más que un simple mensaje – dijo en un suspiro serio, bajo, pero audible a todo el presente – La sombra no ha golpeado, sino sobrepasado nuestras puertas. Sangre que enloquece al lobo, nos han Marcado – terminó de decir en seco, sus dedos arqueándose, preparando la ofensiva- La oscuridad busca devorarnos como en una noche sin luna – Un paso más y estaba junto a Galliard, sus ojos fijos en quienes el destino había convertido a hermanos en enemigos- Luchamos, pues la luz de Selene reside en cada uno de nuestros alientos. Una rápida muerte es la mayor piedad –bajo su cabeza un momento para una simple oración – Gaia recibe sus almas antes de que las tinieblas las aclamen- Ahora seguía al peligro, mirándolo la cara, sus ojos mostrando fiereza, una letalidad mucho más grande- ¡Fenrir, toma a Maya! Deben de salir de aquí, ella no puede ser alcanzada. Galliard –el lobo gruñó a uno de los chamanes que se acercaba, sabía que no podía oírlo, pero su amenaza iba por lo que residía más allá de su hermano. Al culpable – Van a necesitar de tus fuerzas, mi confianza va en ti. Fenrir, la vida de esta manada está a tu cuidado- Inspiró profundo, preparándose para lo inevitable- Arthes, tú tienes esa cosa rara, eres veloz, si queda alguien vivo, será quien tiene una mejor posibilidad de rescate.

Su mirada se desvió por un instante, dedicándose a Maya- Tu puedes ver ¿Verdad? Guíalos, sácalos de esta Oscuridad- Cerró sus manos en puños, chocando uno con otros- Me toca hacer mi trabajo. Les será más difícil herirme. Por Gaia que van a arrepentirse. Abriré el camino, no hay lugar a dudas hermanos…Corran- Sin más, se lanzó hacia adelante, cada musculo de su cuerpo fortaleciéndose con el cambio que significaba dejar fluir la sangre licana. Su único objetivo en mente era eliminar a quienes obstruían el camino directo a la salida.

De aquellas cenizas la voz de la sirena habría de crear un camino de bella luz. Joven guardián blanco, escudo y punta de lanza dispuesta a atravesar la oscuridad. Una promesa que no se rompería jamás.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Fenrir el Vie Oct 25, 2013 10:25 am

Marca de Lobo:
Un vez más, si en algún punto he incurrido en manipulación o desvío las acciones que tenías planeadas, por favor, házmelo saber y edito.

Instinto. Reconocimiento. Furia. Indecisión

Gaia ha hablado por medio de sus hijos, las reacciones de cada uno son tan claras como el agua de los estanques que reflejan a Selene. Sabes que no estás sola entonces, que Galliard y Alek -aun en su aparente distracción con implementos humanos- estarán hombro con hombro en los sucesos que se desarrollen en un futuro demasiado cercano; miras de reojo a Oren y sonríes de forma imperceptible, un gesto de pequeño triunfo personal que acompaña el silencio que precede a la exclamación de Galliard; y no hemos hecho nada, la voz del líder Ardwolf resuena junto al golpe que genera eco no sólo en la estancia, si no en el negro presentimiento que anida en tu alma.  Contienes la respiración por instantes efímeros, segundos que se vuelven eternos en la expectativa que desata la antesala del infierno conforme el Hijo de Ardwolf avanza con pesar, arrastrando los pies en el último aliento para avisar a su Señor de aquello que fuera de la seguridad de esas cuatro paredes, se ha desatado. Tus delicados labios se abren ante la sorpresa, tres flechas se clavan en la espalda del fiero guerrero y es ahí, cuando el fragor del exterior alcanza por fin la suave burbuja del interior, revelando la masacre que afuera se lleva a cabo. Tus Hijos, tus hermanos, los Hijos de Gaia malditos en el momento de su muerte, conducidos a la locura para volverse el arma perfecta contra quienes los han protegido durante toda su vida. Tu mirada pasa del lobo caído a la puerta abierta donde un hombre penetra en una carrera desesperada, oteando el aire, olfateando, siguiendo una trayectoria directa hacia la única persona que en esos mismos momentos, está indefensa en el Concilio: Maya, la Sirena de la Muerte.

Tu instinto ante la amenaza despierta, inmediatamente adoptas la postura defensiva ante la loba de rojos cabellos, tu vista pasa de la efigie negra hacia Galliard que en esos momentos, reacciona con la ira Ardwolf que caracteriza a los Hijos de esa manada; una súbita chispa de reconocimiento se alza en tu mirada segundos antes de que aquel ser fuese embestido por la gran mesa que le ha cerrado el paso: Un Fenrir, un chamán, un antiguo maestro de las artes espirituales, convertido en la peor aberración que alguien pudiese imaginar.

Gaia, apiádate de su alma

Un pensamiento rápido -un reflejo que no sirve para distraerte de los sucesos presentes- y una mirada que abarca la sala entera, inclusive las siete siluetas que penetran en ella, todas conocidas, todas desfiguradas por la Maldición de la Sangre. Tus hermanos, mutilados de forma inhumana, convertidos en armas perfectas contra los ahí reunidos. Un gruñido escapa de lo profundo de tu pecho, la ira antigua de los Ardwolf renace en tu sangre y las palabras de Maya parecen cobrar más fuerza de la que en realidad tienen, le diriges una rápida mirada a la Sirena pelirroja y sus lágrimas inundando el perfecto óvalo de su rostro son todo el motivo que necesitas, para salir del trance que la misma sorpresa y el dolor, han instaurado en tu persona. Empujas con suavidad a Maya hacia atrás, dejándola en el resguardo de las sillas que en torno a ella, se cerraban momentos antes de la tormenta, miras a Oren y luego tu mirada pasa hacia Alek, al momento mismo de ser embestido por uno de aquellos seres -pues sientes que ya no son tus hermanos-; tu mano rápida, se dirige al único consuelo que ahora, puedes tener: Tu arma, una espada perfecta y ligera, certera como tu mismo sobrenombre -Saya- y letal en tus manos diestras. Te adelantas un paso hasta quedar a la altura de Galliard, uno de los seres se dirige nuevamente hacia Maya y Oren, y es tu misma mano esta vez, la que corta su carrera con un tajo firme que separa la cabeza del cuerpo, en medio de la ira y el dolor que sientes por llegar a tal punto, un rugido resuena en tus labios mientras hundes la hoja del arma en el sitio donde aquel antaño chamán llevaba el corazón, horadando, profanando el sagrado altar de su cuerpo con la finalidad de liberarlo de aquella agonía impía.

Gaia, !Nos has abandonado, Madre!, !tus hijos agonizan en la miseria del horror y tu lo permites!, !Maldita sea la hora, Gran Madre, en que cerraste los ojos y nos diste la espalda!

La blasfemia jamás pronunciada por tus labios -ahora desencajados en un fiero gesto de ira- se vuelve un mantra que repites una y otra vez mientras vuelves a enfrentarte a uno más, que busca llegar a la joven Sacerdotisa en un intento desesperado por recibir el abrazo cálido de su gente. Malditos, todos y cada uno de tus Hijos, abrazados por la muerte en la más negra hora de sus vidas. Son las palabras de Oren las que refrenan el impulso de lanzarte contra aquellos que siguen buscando llegar a la Sirena y causar más daño del que puedes calcular. Tu mirada se posa en el lobo y por un instante, estás a punto de negarte a su exigencia de abandonar aquel recinto y dejarlo a él, enfrentarse a la amenaza -!Eso no debería ser así!, !Oren es quien debería sacar a Maya de ahí, ponerse a salvo!-, mas sin embargo, quieren los espíritus que aún conserves algo de la prudencia y la sabiduría que te caracteriza, pues dando la media vuelta, miras a Maya fijamente y cierras tu diestra en torno a su muñeca, aprisionando firmemente, con más fuerza quizá de la necesaria

-Todo el tiempo, permanece detrás de mi. Te llevaré a los linderos de la ciudadela y de ahí, corre. Corre como si no hubiese mañana, corre a la seguridad de Likaia y busca asilo en ella-

Musitas en un firme tono que no admite réplica alguna. La mujer de ígneos cabellos es el único eslabón que puede fortalecer a la manada tras estos sucesos, la única que, en comunión con los espíritus, puede devolverle a los Fenrir, la esperanza. Si ella cae, la manada entera estará perdida. La imagen de Oren arriesgando su vida por la de aquella Sirena te estremece en lo profundo, con la diestra en torno a la mano de Maya y la opuesta empuñando aún el arma, diriges una mirada rápida a Alek que tiene sus propios problemas; tiras de la joven loba y en dirección apuesta a la entrada, la guías por un pasillo corto hasta una trastienda cuya salida lleva directamente a la explanada principal; el abrir la puerta y sentir el aire del bosque viciado por el olor a sangre maldita y putrefacción no fue nada, ni remotamente, comparado con lo que te esperaba apenas tu mirada se enfocase en lo que antaño, había sido la plaza principal de la ciudadela Fenrir. Tus orbes se llenaron de espanto, las lágrimas se agolparon en los luceros de tu rostro, el temblor que trajo consigo la ira y el grito desgarrador que se convirtió en un fiero rugido de duelo fueron suficientes para sacudir toda aquella traza de serenidad que aún poseías. Tu gente, masacrada y torturada de una manera inhumana, tus hermanos -aquellos que horas atrás, habían ayudado a preparar el Concilio, aquellos con los cuales habías crecido, entrenando hombro con hombro- colgados de los árboles, crucificados, empalados, convertidos en meros despojos de lo que eran en realidad. La Tribu Fenrir estaba en agonía y tu, su líder, no pudiste hacer nada para protegerlos.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Alek Arthes el Vie Oct 25, 2013 11:59 pm

Alek sintió un dolor punzante y un ardor espantoso en la piel del pecho, en el momento en el cual, la sangre maldita que emanó de la boca del chamán mutilado, le cayó encima. Con agilidad, flexionó ambas piernas para colocar la suela de sus botas en el pecho del pobre diablo que tenía encima y las estiró con fuerza para catapultarlo lejos de sí. 


Rodó por el suelo sufriendo de dolor ante la substancia que le quemaba el pecho, despojándose de la chaqueta y la camisa que cargaba encima. Estuvo unos cuantos segundos en el piso resintiendo las heridas pero rápidamente escuchó la voz de Oren llamándole y diciéndole que salvara a los sobrevivientes con su motocicleta, lo que lo hizo despertar y enfocó sus sentidos en lo que ocurría a su alrededor. El peligro no había pasado, estaban bajo ataque y los demás miembros del concilio estaban también en peligro. 


Se puso de pie, apretando los dientes para resistir la casi intolerable sensación de su pecho y observó lo que ocurría a su alredeor. Vio a Galliard y a Oren enfrentando a otros de aquellos antiguos hermanos convertidos en armas letales. Vio el caos que inundaba el recinto del concilio y pudo notar a Fenrir huyendo con la loba de cabellos rojizos por una puerta trasera. El líder Likaios se encontraba demasiado distraído para notar que el despojo licano que había mandado a volar segundos antes se abalanzaba nuevamente sobre él, pero segundos antes de ser atrapado por las hojillas mortales que llevaban por manos, logró escucharlo venir y girando, le conectó la suela de sus botas en el pecho para empujarlo nuevamente y dejarlo en el suelo.


Arthes se debatió entre quedarse a pelear junto al regente Ardwolf y el consejero Fenrir, pero comprendió que él no era un guerrero. Oren tenía razón, el sería más útil salvando a alguno de los sobrevivientes, por lo que pensó en Fenrir y la oráculo pelirroja, huyendo y emprendió la carrera detrás de ellas, por la misma vía. Fue entonces cuando se topó con ambas, viendo a Fenrir en estado de shock ante el desolador panorama que tenía en frente.


-¡Fenrir! ¡Fenrir!!!- le dijo a la líder el místico clan chamán, mientras la tomaba por los hombros y la sacudía -¡Vamos! ¡Te necesitamos aquí y ahora! Necesitamos tu sabiduría, tu fuerza, tu valor y coraje. Gaia no nos ha abandonado. Nos está poniendo a prueba y este es el momento de responderle. Las manadas necesitábamos una amenaza en común para unirnos y la hemos recibido.-


Alek vio la desolación y la muerte en la plaza del emplazamiento Fenrir y repentinamente pensó en Likaia y sintió temor... ¿estaría Likaia bajo ataque también? ¿Estaría a salvo su clan? ¿Sus amigos? Satinne! El temor invadió su corazón, pero por un segundo cerró los ojos y la sintió. Estaba a salvo, por ahora. Además ella podía defenderse y además Roderick, Ken y los otros estaban ahí también.



Sin embargo decidió que debía irse. Miró a Fenrir y le dijo: -Fenrir, tu clan te necesita aquí con ellos. Los que quedan vivos necesitan a su líder. Yo me llevaré a la oráculo, si me lo permites, y la tendré a salvo en Likaia. Nuestras defensas, los radares, nuestras armas, harían menos probable un ataque sorpresa como este, por lo que estará a salvo allá. Una vez que llegue a la ciudad, la pondré en resguardo y regresaré con refuerzos. ¿Te parece bien?-
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Galliard el Lun Oct 28, 2013 7:32 pm

¡No! –La respuesta del líder Ardwolf fue inmediata y severa. La retorica era una herramienta inservible en contra de él, su temple raudo lo obligaba a estar en el seno de la batalla, y por esa misma razón el discurso del consejero de la líder Fenrir solo pareció irritarlo más. ¿Quién en su sano juicio le pediría a un Ardwolf que abandonara una batalla?, Oren había olvidado el fundamento principal de la filosofía castrense del clan guerrero “La lucha justa te vuelve valioso. La muerte en la lucha te vuelve eterno”, aquella petición era una ofensa, casi lo mismo que pedirle que abandonara por siempre sus armas.

Sacrificarte por los demás es un acto muy noble y triste, pero yo no necesito que nadie se sacrifique por mí. Ahora prepárate, porque tendrás el honor de luchar hombro con hombro junto a un Ardwolf. – Marcó una sonrisa socarrona durante algunos segundos, avanzando junto al otro lobo hacia la confrontación directa. Le basto una mirada rápida por el panorama para darse cuenta de la muerte de todos sus guerreros. 19 de sus mejores soldados. 19 de sus hermanos. Las explicaciones anteriores por parte de Oren y Maya no podían condoler el corazón del campeón licano, así fueran víctimas de una magia despreciable, los chamanes corrompidos se volvieron sus enemigos personales en el momento que arrebataron la vida de sus guerreros.

Echó la mirada atrás por un segundo, asegurándose de que Fenrir y Maya abandonaron el recinto por aquel pasaje secreto. Luego intercambió una mirada rápida con Alek, muy diferente a todo lo anterior. Sus ojos no buscaron a los del líder Lakaio para retarlo o cuestionarlo, era diferente, sin palabras y solo con ese gesto le dio a entender que confiaba en él para resguardar a los tesoros de Gaia. Sin ellas, especialmente sin Fenrir, las bestias lunares no tenían oportunidad de sobrevivir, la necesitaban como guía espiritual en una guerra de ultratumba.

Cuando volvió su mirada al frente, su ceño se arrugó, desdibujando la indiferencia habitual de su rostro para encarnar la furia trivial. -Argh.- Emitió una especie de ladrido como última advertencia, y justo en el siguiente paso de su diestra, un tizón ardiente emanó por todo su cuerpo. La sangre hirviendo y los ojos destellando de rabia eran la premonición de una muerte segura, el hijo predilecto destapó su verdadera naturaleza, transformándose a crinos en cuestión de segundos.

¡Auh! –El aullido que se levantó del gigante pardo cimbro la cristalería, e incluso hizo vibrar el acero cercano. En su verdadera piel no solo su tamaño y fuerza aumentaban, también su velocidad. Con un galope monstruoso embistió a una de las alimañas levantándola por el aire, y antes de que pudiera reponerse, su brazo izquierdo la alcanzo encajándole un zarpazo que le hizo volar la cabeza. Su diestra inmediatamente tomo el cuerpo decapitado, y lo lanzó con fuerza hacia otro de los condenados, esperando desorientarlo con el golpe.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Marca del Lobo el Jue Oct 31, 2013 2:36 am

La luna lloraba aquel destino cruel que había azotado a los hijos de Gaia. Esa noche, muchos habían encontrado la muerte en el territorio que circuncidaba aquel sitio cubierto de soldados y guardianes que caían como si fuesen moscas siendo azoladas por la más cruel de las pestes. ¿En qué momento el orgulloso licano se volvió tan vulnerable para reaccionar con temor de aquello que se esconde entre las sombras. Un azote sin igual se lanzó implacable al sitio donde los tres líderes se encontraban y ellos, incapaces de preverlo solo reaccionaban con la mortalidad clásica de los hombres y la fiereza intrínseca de las bestias.

El Guardián y la Oráculo escucharon a la vez el canto de los espíritus, sabiéndose que los que tenían el vinculo de la noche, la sangre sagrada de Fenrir en sus venas mantenían una alianza con el mundo de los espíritus más poderosa que cualquier otro hijo de la Luna. Sin embargo, nada de eso permitió que las vidas de numerosos licanos fuesen contempladas en la piedad del destino. Oren se quedó batallando hombro a hombro con el temible Lider Galliard mientras Maya y Fenrir corrían hacia las salidas, cubriendo los cuerpos de ambas los dos chamanes que habían guiado a la sirena de la muerte al concilio.

El dolor que carcomía al Lider Galliard solo podría ser comprendido por el dolor que asola el alma de Fenrir al ver como sus hijos, su manada; aquellos guardianes y soldados que cuidaban las puertas terminaban habían seguido el destino de los Ardwolf. Colgados como marionetas, sin vida, meciéndose en el viento, mientras la sangre de sus cuerpos caía como un rio sobre el suelo.
Cuando Alek busca atraer a Maya hacia él, una última burla es dirigida a aquel que viajó sin escolta, sabiendo que aquellos que habían azotado con vara de hierro aquel lugar no dejarían pasar su presencia en el bosque sagrado. Aquel ataque sorpresa podría suceder en cualquier sitio y cualquiera sería victima de la próxima elección ruin de la muerte.

Un sonido ensordecedor envolvió los bosques. Varios cuerpos volaron por los aires, ardiendo en llamas cuando la motocicleta de Alek Arthes explotó en miles de partes, llevándose consigo la única posibilidad de escapar del bosque de manera rápida.
Sin embargo, en las afueras, no parecía haber presencia alguna que delatase que los enemigos permanecían en el lugar. Solo los chamanes que eran destruidos por Oren y por Galliard, solo los cadáveres que reposaban en el eterno descanso de la muerte.
Como si la parca hubiese hecho una pasada por los bosques para burlarse de los hijos de la Luan y hubiese desaparecido, no había nada más en aquel lugar más que destrucción, desolación y sangre.

Off:
No hay rastro de los enemigos.
Alek: Como Likaios tus amigos irán a buscarte al bosque al ver que perdieron la señal de la motocicleta. Eso lo dejaremos para la crónica 2.
Hay soldados heridos y dañados por la explosión o por el contacto con los chamanes.


Si estás dispuesto a beber el veneno amargo de la cruel eternidad, te ofrezco mi mano...

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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Alek Arthes el Vie Nov 01, 2013 10:23 pm

Rol Off:
Pido disculpas por responder fuera de orden, pero lo hago solo para salirme del tema con una leve descripción, que de pie al que se ha publicado en la Cronica 2

Alek Arthes vio incrédulo como su motocicleta volaba en pedazos, convirtiéndose en un arma que acabó con la vida de varios de sus hermanos Fenrir. La rabia, la impotencia y la indignación habían llegado a un nivel demasiado alto, por lo que la mirada se le había comenzado a endurecer y estuvo a punto de simplemente convertirse en Crinos y buscar a aquellos que pudiesen todavía estar entre las sombras, haciendo que todo esto ocurriera.


Pero no, respiró profundo y encontró la calma necesaria para tomar de la mano a Maya y empezar a caminar mientras le gritaba a Fenrir: -¡Manténte con vida loba madre! Manténte a salvo tú y mantén a salvo a tu lobo Oren. ¡Los quiero vivos a ambos! Y también no permitas que el idiota de Galliard encuentre su preciada muerte en esta batalla estúpida. Ya habrá tiempo para que él entregue su vida en nuestra venganza. Manténte con vida Fenrir que buscaremos a los culpables de esto y les haremos pagar. Llevaré a Maya a Likaia conmigo y te juro que llegará a salvo.-


El líder Likaio avanzó entonces junto a Maya para tratar de abandonar las tierras de los Fenrir con vida. Al mismo tiempo, sacó su teléfono celular para llamar a la gente de Likaia, pero no tenía señal allí. Por lo que avanzó con el móvil en la mano, esperando conseguir un área con señal, para entonces poder escribirle a Teudis, a Roderick, a Leire, a Ken y sobre todo, a Satinne. 


Esperaba que Likaia estuviera a salvo. Además, así podría enviar su locación por vía satélite para que lo encontraran junto a Maya una vez que hubiesen logrado entrar en el bosque, antes de que algo más los encontrara primero.
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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Marca del Estigio el Mar Nov 05, 2013 2:09 am

El bosque de Brocéliande se estremeció con un aullido de terror y angustia. Tras un grito de guerra que emanó desde la garganta del líder Ardwolf y un inesperado estallido de fuego, la oscuridad que bordeaba su denso follaje fue engullida por un silencio sepulcral. Cuerpos al borde de la muerte, mutilados y en absoluta agonía yacían dentro de la sala donde un Concilio se había interrumpido abruptamente. Una sensación amarga, como el sabor de la plata oxidada, comenzó a ser el tono que continuó por el resto de la noche bajo la diosa blanca.

El sentimiento de desconcierto, sin embargo, aumentó con el paso de los acelerados minutos. No fue el ataque en sí lo que causó pánico en la capital de la mística manada, sino el hecho de que, a horas de haber acontecido, aún no podía rastrearse al responsable. El sentimiento de inseguridad se esparció como las llamas que se mecían con la brisa nocturna en un rincón del bosque, mientras los guardias eran embargados por la más cruda impotencia. Los ancianos cayeron en sus rodillas y, con las palmas extendidas hacia la tierra, imploraron a Gaia una respuesta.

Parecía como si un espectro rencoroso o una jauría de demonios invisibles hubieran visitado las tierras de Fenrir, no dejando ningún otro indicio de su paso más que el sendero de desolación y un cruento mensaje que destacaba en lo burdo de su claridad: Nadie estaba a salvo. Tras el incidente, nadie logró encontrar ningún indicio de quién o qué fue el responsable. Sin embargo, obviado por varios, sobre la madera ultrajada del horrorizado cónclave, yacían marcas carmesí que ocultaban crípticamente un vestigio de los emisarios de la muerte. La noche cerraba aquella jornada, mientras el astro plateado era cubierto por nubes oscuras e impenetrables. Una nueva luna roja acababa de declararse.

Para los participantes:
Estimados/as, usuarios/as.

Una nueva crónica ha sido añadida a la historia de Guerra de Sangre y, por tanto, el tema El Gran Concilio comienza a darse por terminado. Si lo desean, tienen libertad de redactar un mensaje más para concluir adecuadamente la vivencia de su personaje. El mensaje será cerrado al finalizar esta semana, el día domingo 10/11/2013.

Muchas gracias por su participación, esperamos haya sido de su agrado.

"Nuestra historia, es ahora vuestra historia"

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Re: El Gran Concilio

Mensaje por Maya Khandrá el Miér Nov 06, 2013 11:09 am

¿Tu puedes ver, verdad? – es con sus ojos sobre ella que su voz más que preguntar, afirma. Maya asiente sintiendo aun las lágrimas saladas recorrer sus mejillas. Ella lo ve, y él también. Ambos Fenrir, caminando entre dos sendas demasiado distanciadas que se unen en un punto en el cual los vivos se encuentran. Ahora la realidad es peor que la fantasía y todo aquello es tan solo la punta del iceberg. Antes de decir palabra, una mano poderosa le sujeta de la muñeca y dejándose llevar por esta, Maya corre escapando del abrazo mortal de sus amados hermanos. Un abrazo que comprende, no les traerá más paz cuando éstos crucen el umbral de los muertos al saber que han hecho daño a quienes aman. Les dedica una ultima mirada a la vez que sus pasos corren detrás de Fenrir, la hermosa y poderosa líder de cabellera tan negra como la noche. La manta que cubre el cuerpo frágil de la flor empieza a caer en su silueta mostrando sus cabellos libres como llamas que se encienden teñidas en sangre y sus hombros tan pálidos como la superficie de la luna. Siguiendole cual sombra embestida en fantasía, las telas de sus vestimentas se apegan a su cuerpo como si estuviesen mojadas y por eso se rasgan en la parte baja de sus piernas mientras Maya corre buscando salir de aquel lugar donde momentos antes se llevaba a cabo el concilio lunar.

Pero entonces hay algo que eriza la piel de la loba. No es el grito del líder que aulla con ira, ni el pesar del likaio que ha sido acariciado por la sangre tóxica de la muerte. Sino una oración que hace que los ojos oceánicos vean a quien está siguiendo y en sus gestos preciosos encuentre la real duda a lo que ha escuchado.

Gaia, !Nos has abandonado, Madre!, !tus hijos agonizan en la miseria del horror y tu lo permites!, !Maldita sea la hora, Gran Madre, en que cerraste los ojos y nos diste la espalda!

Todos los espiritus de los caídos y los que caerán se movieron de forma tan feroz  que parecían gritar tras aquellos vocablos malditos. Maya se libera del agarre apenas llega afuera del sitio, sabiéndose a salvo a pesar de temblar de pies a cabeza y en un grito potente que tampoco replica admite, la sacerdotisa lunar se aleja unos pasos de la líder en decadencia.
-¡Noooooo! ¡Nooooo! – su mirada no está en los cadáveres que se mecen con pesar ni tampoco en los rastros de carne en el suelo. La sangre para ella no es un olor nuevo y la muerte había sido entendida incluso antes de posar uno de sus preciosos pies en el exterior. Algo le ha atravesado con más ferocidad que cualquier espada y ha dañado su corazón, tierno como los petalos. Aquellas palabras que no debían decirse y dichas fueron por los labios de la mujer que tanto respeta - ¡Ella trataba de advertirnos! – su voz se eleva más allá del sonido de las sangre que gotea y los arboles que gimen - ¿¡Acaso no puedes oírla?! ¡Ella también está llorando! – duele, duele como la estocada más dañiña. Su voz se quiebra ante todo aquello que siente ahora y es entonces cuando se gira para ver a su alrededor. Hermanos masacrados por espadas fantasmas; formas que antes pertenecían a sus antiguos mentores y, allá , entre los arboles, viéndole con el pesar de la muerte, la sombra del amado que camina entre los fantasmas. No puede hacer nada. Él no pertenece a este plano de existencia y aun así, todo lo ha visto. Ahora, desde las penumbras, le mira con pena. Es insoportable ver llorar a su sirena.

Pero antes de poder preguntar siquiera, otra mano le sujeta sin su consentimiento. Sus ojos se vuelven a la mirada azulina de Alek Arthes y sin alcanzar a contestar, es forzada a seguirle. Solo que en el instante en que ve aquella forma de maquina en la cual el planea escapar, la mirada de Maya se desencaja. Las sombras caen sobre aquella y danzan cuales fieras envenenadas.

-¡No!-
-¡No!-
-¡No!-

Gritan a unisono y la voz de la doncella se une en ese canto. En ese momento, un brillo catastrófico choca contra sus ojos y el calor del fuego amenaza su rostro. Su piel antes blanca ahora está cubierta de cenizas y no hay músculo de su cuerpo que no esté temblando. Demasiado…Es demasiado. Es Alek quien vuelve a hablar y ella niega con la cabeza, desde el suelo donde está, siendo su cabello una cascada sobre su cuerpo y su piel rasjuñada las marcas de gloria cuyo dolor no le importa sentir – No me iré – es determinante. Ha caído sobre uno de los cadáveres masacrados. Un Ardwolf que había sido la escolta valiente de Galliard. Su rostro aun muestra la inquietud de la pena de aquel que ha pasado a la otra existencia pensando que ha fallado. Maya posa la cabeza del soldado sin nombre en su regazo y acaricia su rostro con el revés de sus dedos. Limpia de cabello y tierra lo que puede de ese  guerrero sin nombre y sin levantar la mirada vuelve a hablar – No dejaré a mi gente. Ellos…Él…Todos…- a veces no sabe como hablarle a quien no entiende. Los hermanos aun sufren y estarán estancados a menos que ella les libere. – Han peleado bien. Han caído sin justicia. ¿Me pides que huya, líder Likaio? – no hay reclamo en su mirada, sino incapacidad de comprensión – No me moveré hasta que cada uno de mis hermanos pueda dormir. Hasta que cada parte de sus cuerpos sea recuperada. Vete si quieres a los bosques. Yo estoy en el lugar al cual pertenezco. –

Cierra los ojos, sirena de la muerte...Cierra los ojos  y canta una canción de cuna. Su voz empieza como el alarido de dolor de una madre que ha perdido a su hijo y ahora le acuna, incluso en la otra vida. Eleva su canto y canta a Gaia para que ella también deje de llorar. Eleva su voz a los cielos, superando incluso la sonrisa de la muerte. Aquella melodía sin letra les invita a acercarse a aquellos que en vida no pudieron hacerlo. Sus amados que corrían desesperados a sus brazos y que, sin saberlo, murieron sintiendo su aroma a lo lejos, huyendo de su roce. Sus amados que aun mueren de la mano del guardían y el lider. Su mano aun descansa sobre la frente del Ardwolf caído y sus ojos lloran ante el canto que recita, viendo ante ella a aquellas desconocidas almas de los vigilantes que caminaran por la tierra de Fenrir para toda la eternidad.
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