La Danza de los Espíritus

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La Danza de los Espíritus

Mensaje por Maya Khandrá el Jue Sep 26, 2013 12:48 pm

El tono de la noche cae sobre la tierra, tiñéndole de azul y añil como un velo sagrado y místico que todo lo envuelve y todo lo abraza. Una malgama de formas de diferentes colores se mecen como si estuviesen bailando entre sí en perfecta armonía. Formas que por instantes adquieren brazos y piernas, cabellos y torsos, para luego volver a ser nada ante los ojos de quienes las observan. Una hoguera en medio del lugar eleva las lenguas de fuego a lo alto del cielo, envolviéndose éstas en un místico ritual que tiñe de anaranjado el ambiente a su alrededor. Las chispas emiten su propia melodía, consumiendo los leños que dieron forma al fuego como si los abrazasen por toda la eternidad y más, mucho más incluso. Frente a la fogata, la mujer de cabellera roja observa, siendo iluminada por la luz que el elemento primero otorga, más intenso que el mismo sol. Sus mejillas se tiñen de rosa ante el calor que choca sobre la piel sacra que envuelve su rostro y ante las llamas, por un momento, todas sus níveas formas parecen cubrirse por el color del amanecer.

La cabellera está suela, libre al viento, como sus ropas, meciéndose como una espectral forma abrazando las curvas femeninas de su cuerpo. Aquellos que observan aquel ritual saben que, a pesar de captar las miradas de los que están presentes, el único protagonista de su visión es el fuego; el mismo que continúa bailando, casi invitándole a bailar también. Maya camina de un lado al otro, sintiendo sobre la piel delicada y desnuda de sus pies  la aspereza de la tierra; pasando por entre sus dedos, aplastando la hierba.

-¿Qué quieres saber? – su pregunta es clara. Es la pregunta que ellos siempre hacen. De las llamas, las formas comienzan de difuminarse para formar sombras que bordean la hoguera, caminando alrededor de ésta, casi en procesión. La médium está cantando y ellas reaccionan a su voz. Es como la sirena que atrae a los marineros perdidos en alta mar para luego obtener de ellos su voluntad. Aquellos capaces de escucharle no pueden no caer en un estado diferente, como si algo dentro de ellos reaccionase a esa voz milenaria que toca la tecla perfecta del inconsciente. Ese canto es como las invocaciones de los chamanes, solo que carece de letra y partitura. No hay palabra, más que tarareo; no hay sonido que no sea el del mar o el océano. Es una sirena, una ninfa de la melodía capaz de envolver con su glorioso hechizo los seres que se esconden en el velo de la noche, justo en el mundo del más allá.

El viento vuelve a soplar y Maya eleva de nuevo su voz a los cielos, pasando su canto por entre las ramas de los árboles y el agua de las fuentes. Camina y con la única luz de las llamas, sigue con sus ojos las formas humanoides que bordean la hoguera. Ellos han respondido a su llamado, y lo demuestran ahora con sus ojos firmes posados sobre la figura joven y delicada de la flor de la Luna. Podrían ser hombres, mujeres o niños, pero en el mundo de los muertos, toda visión de lo que fueron, desaparece. ¿Qué sienten cuando cruzan el temible umbral, volviéndose seres desencarnados en un terreno incierto? La mujer de cabellera roja como la sangre cayendo sobre sus hombros y espalda mantiene la mirada en aquellas formas sin forma, y entonces, las llamas se mecen con más brutalidad de repente.

-Habla…-
-Canta…-

No hay letras en su canto, solo tarareo. Aquella voz que mueve el mundo natural de las sombras y de la luz. El ‘canto de la sirena’ así le dicen, porque es capaz de hipnotizar a quien le escuche, recordándole cualquier cosa que haya quedado olvidada en su mente gracias a su contacto con la vida mundana. La sombra frente a Maya reacciona acercándose y aquella silueta parece más enorme de lo que era a lo lejos cuando está a su lado. En ese rostro vacio, los ojos grises brillan por un momento y en donde debería estar su boca aparece el rastro de una sonrisa.

-Canta…-
Vuelve a decir mientras aquel ser acerca sus temibles manos sombrías a las formas pálidas de su piel de luna estirándose sus dedos como garras que la tocan sin tocarla. El umbral de la vida lo impide…Sin embargo, ella se echa atrás como si realmente estuviese sosteniéndole, moviéndose sus cabellos y túnicas como si fuesen parte de alguna vestimenta etérea que se deshace con el movimiento y el viento. Las llamas continúan moviéndose mientras sus lenguas de fuego cambian de tonalidades; de rojo a azul; de azul a naranja; de naranja a verde…

-El fuego envuelve el futuro de todos. Nacidos del fuego, al fuego retornan. ¿Reconoces mi rostro, hija de la luna? – la voz que susurra es grave, tan grave como si surgiese del fondo de la misma ultratumba. Maya trata de mantener su mirada puesta en su rostro, pero está mancillado, destruido, destrozado, descarnado. No hay músculo donde antes lo hubo; ni carne donde antes existió. Solo una sonrisa macabra que recorre la espina de la doncella licana como si fuese el verdadero escalofríos el que se apodera de su cuerpo.

-Diles…-
Habla una voz a su derecha, un susurro que se pierde en la nada mientras su canto se eleva más y más alto.
-Cuéntales lo que pasará…-
Agrega otra. La sombra que la sostenía susurra también, callando su mensaje para cualquier otro ser presente. Solo ella entiende la voz de los muertos. Solo ella sería capaz de transmitirlo.

Los vientos se mueven de nuevo, brutalmente, cortando las llamas cuando el canto de la mujer se vuelve un alarido y ésta cae de rodillas, cubierta por sus propios cabellos y la ropa fina que ha sido hecha para cubrir su cuerpo. Sus ojos azules oceánicos están llenos de lágrimas y sus labios tiemblan ante aquello que ha escuchado. Aquel sitio dónde la mano o garra de la bestia le había sostenido está ennegrecido, como si la presión de una mano invisible realmente le hubiese aprisionado con firmeza.

-Cuéntales…Diles…Cuéntales mi historia. Los humanos ya la saben.  Mientras los clanes se matan entre sí, el enemigo está más allá de ellos, de ustedes, de mí. Ella les ha dicho…Ella sembró la sospecha. En cuestión de tiempo…- murmuró mientras cerraba los ojos ante aquel mensaje –... Los bosques arderán como mi clan ardió. Y tu danzarás conmigo en los infiernos…-

Sus palabras se deshacen en la nada, al igual que la figura y las llamas se disipan, dejando solo las cenizas en la hoguera.
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Re: La Danza de los Espíritus

Mensaje por Fenrir el Jue Sep 26, 2013 5:18 pm

Ellos han hablado, los sueños no mienten cuando se presentan de forma abrupta en medio de la noche, disfrazados de amantes taciturnos que abrazan con la frialdad del abandono. No sabes por qué, has soñado nuevamente con la Batalla de las Cenizas y su desenlace funesto; recuerdas vívidamente las hogueras arder en todo el territorio Brodde, recuerdas a Galliard alzarse feroz y cubierto de la sangre de aquellos vampiros masacrados, mezclada con la de los hermanos muertos en batalla. ¿Por qué Gaia te manda estos sueños nuevamente?, ¿acaso sabe que la historia se repetirá?, ¿quiere la Gran Madre avisarte de algo, de la misma manera que lo hiciera 300 años atrás?.

Suspiras largamente, te restriegas el rostro y dejas caer de nuevo el cuerpo sobre la cama, y miras el techo intentando ordenar tus pensamientos; no puedes ignorar aquellas imágenes y recuerdos, vienen de la misma Gaia y ella, no hace nada al azar. Bostezas de nuevo y decides salir a caminar por los alrededores, confirmar que todo está en orden y que los Centinelas cumplen su sagrado deber de proteger el sueño de los Hermanos. Te vistes de prisa, tomas una capa del armario y te cubres con ella, saliendo sin ser vista de tu morada y caminando sin rumbo, oculta de las pocas miradas existentes; vas distraída, meditando aquello que has soñado, intentando encontrarle un motivo a Gaia y sus avisos, dejando que tus pasos se guíen solos hasta el último sitio que puedes esperar: Los linderos de la ciudadela con el bosque, el sitio exacto donde los Chamanes hacen sus rituales, en búsqueda de la conexión tan estimada con los espíritus. Ladeas el rostro al ser consciente de donde te hallas, pides perdón a los espíritus por adentrarte en un terreno sagrado y dejas que tus pasos sigan aquella música, una canción, Maya, la sirena de tiernas facciones, el resplandor final de la hoguera y las cenizas que quedan después del ritual. ¿Qué habrán dicho los espíritus?, ¿será posible que aquella Chamán que tan celosamente guardaron los Antiguos para acrecentar sus dotes, sea la clave para entender aquello que Gaia te manda?.

-Gaia te bendiga, hermana-

Susurras a guisa de saludo y advertencia de tu presencia, sabes por experiencia propia, que cuando se encuentra uno en comunión con los espíritus de Gaia, nada ni nadie debe interrumpir, bajo riesgo de causar un conflicto en el mediador. Miras la hoguera extinta, las imágenes de la Batalla junto a Galliard llenan tu mente un instante, quemando cual fuego ocasionando una reacción de cautela; bajas la capucha de la capa y miras a la mujer desde tus orbes oscuros, sonriendo con calma y paciencia, permaneciendo alejada para darle el momento que necesita para recuperarse de aquel trance.

Maya:
Disculpa hermosa, lo corto del post, pero ando algo seca y la verdad, no se me ocurría como meter a Fenrir en medio del trance de la loba xD
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