There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

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There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Lun Sep 23, 2013 10:22 am

La Reina de la Raza estaba parada frente a uno de los grandes ventanales de su oficina privada con una mano descansando en su cadera y la otra sosteniendo el terciopelo negro de las cortinas mientras miraba los jardines del teatro extenderse ante su mirada, se fijaba en cada flor, en cada piedra, en cada detalle de aquellos terrenos que le pertenecían y aunque ahora le parecían gigantescos y pacíficos siempre le hacían recordar lo que esperaba allá afuera, la grandeza del mundo y la violencia de los licántropos. La mujer estaba sumida en sus más profundos pensamientos hasta que un aroma particular a arena, mar y sol se coló en sus fosas nasales. Sonrió al percatarse el extraño y violento contraste que marcaba la presencia de la Hacedora de Armas cuando Úrsula estaba en la habitación. La Joya de la Raza solía ser comparada con las rosas en el más oscuro anochecer y Victoria era la personificación del verano y el océano –Las has terminado- Sentenció Úrsula sin mirarla pues el paso de la luna había iluminado los rosales bajo su ventana y estas flores blancas al recibir su luz parecían tan plateadas como sus ojos –Así es, mi Reina- Dijo la mujer sin agregar nada más. Había cumplido con su palabra, las entregó dos días después de las de ella.   Y eso que Úrsula en el último momento le había pedido algo más, pero, al parecer, a Victoria le había resultado fácil.

Finalmente, la Reina Oscura perdió interés en las rosas y se giró provocando que la ligera y volátil falda de su vestido se abriera un poco ante el giro recordándole a cualquiera que la conocería que la mujer era una maestra del ballet. Se acercó hacia Victoria que extendía ante ella una caja más grande de lo que debería y abrió la tapa, después entendió por qué. La caja tenía ranuras para todos los cuchillos y dagas que había hecho. La dama rusa sonrió brevemente y observó los dos que pertenecían a Donovan. El mango era perfecto para la mano de él y ella se dio cuenta porque al tomarlo se sentía incómodo, como si fuesen demasiado grandes y bruscos para ella pero sin duda a él le irían a la perfección. Había tenido la delicadeza de usar cuero curado para éste y tenía ciertas inscripciones además del símbolo del Clan. Aparte la parte final de éste estaba recubierta por un aro de oro rojo y otro dorado. Después observó su último pedido y no dudó en que le recordaba a él. El mango era directamente rojo, porque para muchos que creían que él se trataba de la sombra de Donovan; Úrsula sabía que no era necesariamente así. Los unía un vínculo de sangre tan fuerte como el que la unía  a él –Y aunque nunca lo perdonaría- lo había aceptado. Aparte, Stefan era la furia de Donovan. Era la bestia que el Señor de Señores siempre había querido mantener a raya dentro de sí pero que dejaba explotar en él. Nunca olvidaría como se había enterado de ello.

-Son hermosas, Victoria- Añadió y dejó que la mujer sostuviera la caja para ir a buscar los que había entregado antes. Los de Úrsula estaban representados por una rosa, ambas dagas; mientras que los de Ileana habían sido decorados con perlas blancas y puras, representando su virginal pureza y belleza. Regresó con el terciopelo y colocó cada una de las dagas donde correspondía –Es un honor poseer tus dagas- La mujer, esta vez, alzó la mirada hacia su señora y sus ojos azules como el mar chocaron como las orbes heladas de Úrsula con una devoción clara y un regocijo bárbaro –Ya no son mías, mi señora, son de ustedes- La Reina de los Donovan sonrió asintiendo y tomó la caja para sí, abrazándola –Camina conmigo- Requirió con suavidad mientras caminaba hacia la puerta que Victoria tuvo la delicadeza de abrir y cerrar para ella -¿Tienes algún aprendiz, Victoria?- Preguntó Úrsula mientras su falda veraniega acariciaba sus rodillas al ritmo de su caminata. La rubia negó con la cabeza de forma inmediata y la Joya de la Raza tensó los labios –Deberías. Sé que tu arte no se puede aprender pero busca a alguien interesado. Lamentablemente, la oscuridad empieza a cernirse sobre nosotros y no siempre se le puede ganar a la muerte dos veces- Añadió con algo de nostalgia antes de llegar a la oficina de Donovan donde dos soldados hicieron una gran reverencia.

-Gracias, Victoria- Añadió la Reina y no esperó respuesta para ingresar a la oficina de su esposo que, curiosamente, estaba vacía. Frunció el ceño ante aquello pero no le importó demasiado. Estaría ocupado hablando con los espíritus o algo por el estilo. Colocó la caja y abrió la tapa para que su esposo las contemplara en el momento en el que entrara al área, mientras tanto ella se sentó en la mesa, con los tobillos cruzados y una sonrisa de orgullo en su rostro. Casi parecía infantil si no fuese porque el brillo de sus ojos descartaba cualquier aspecto inocente de aquella imagen.
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Re: There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

Mensaje por Donovan el Dom Sep 29, 2013 9:14 pm

Los gritos se habían perdido ya cuando él cruzó el pasillo. Su mente estaba lejos de aquel recinto cerrado donde había dejado a la pobre y desdichada criatura que de pobre y desdichada tenía lo que él de piadoso. Los pasos del Lider eran un eco en el marmolado a la vez que se acercaba a la puerta cerrada de su despacho. Había pasado por muchos cuartos antes, permitiéndose observar con calma cada cuadro expuesto; escuchar cada ánima perdida sin volver siquiera sus ojos, solo cerrando los mismos para permitirles que cantasen en sus oídos. La mansión era enorme, llena de cuartos, calabozos y secretos. Los ojos normales no veían que, sumados a aquellos, había formas sombrías moviéndose de habitación en habitación, perdiéndose entre las cortinas, observando largamente los cuartos y los espejos. Qué triste destino para las almas que se estancan en el mundo. Hablar y buscar ser escuchadas pero que todo a su alrededor sea ajeno a su presencia. En la mansión de Donovan ellas encontraban a alguien con el Don, pero que solo escuchaba lo que le importaba, teniendo una capacidad inhumana de ignorar lo demás. La sabiduría del vampiro estaba en aprender a no escuchar, dado que muchos hijos de las sombras habían cedido a la demencia por el canto constante de los que gritaban desde el otro mundo. Donovan no caería en eso. No era un ser capaz de dedicar su vida a cumplir los últimos designios de los caídos para permitirles la iluminación. Solo tomaba lo que éstos podían darle y luego, les pagaba con el terrible castigo del silencio y la indiferencia. Al menos, ahora deberían de estarse dando un espectáculo en el ala este de la mansión. – Espero que disfrutes del show, Ballard. No mereces menos que eso. Espero que tengas un toque de satisfacción en el castigo que le he dado a tu hembra – pensó para sí mismo a medida que sus pasos lo guiaban por los recovecos del laberíntico lugar. Gabrielle había sido traída a su vida por Ballard, y antes de él preguntarle siquiera la razón, la bruja acabó con la vida de aquel en su propia morada. Donovan casi estalla de ira aquella noche cuando la noticia llegó a sus oídos, llegando a levantar por vez primera la mano ante una mujer, llegando a golpear con el puño cerrado el rostro de la hembra hasta que Stefan le tuvo que sujetar de los brazos. Iba a matarla, con la sola fuerza de sus manos, iba a liquidarla junto al cadáver de su sire para enviarla a los infiernos a clamar por su perdón. Pero no…Ballard siempre supo que su bruja escaparía de sus garras y sabiendo aquello, le hizo jurar que hiciera lo que hiciera, le perdonaría la vida a Gabrielle. Donovan, desconociendo lo que tal juramento significaría a futuro para él, asintió. Era una promesa entre amigos; conocidos, camaradas y hermanos de clan. ¿Cómo él iba a suponer lo que esa hembra marcaría en su propio terreno?

Por años se preguntó qué era lo que Ballard deseaba al llevársela ¿Deseaba que él se enamorase de ella como lo había hecho con Úrsula? No sería extraño que esas hubiesen sido sus intenciones. Ballard nunca aprobó que el Lider de los Donovan se uniese a la hermosa mujer de mirada diamantina. ¿Habría sido tan idiota de pensar que por traer una hembra preciosa él caería ante ella sin voluntad alguna? Bueno, tal jugada había salido terriblemente mal, consumiendo con el error la vida del vampiro y llenando de desdicha la mansión de Donovan; una desdicha con nombre, apellido y una cabellera del color de la sangre. Gabrielle podría ser la mujer más preciosa del mundo y a Donovan solo le despertaba odio y asco. Verle luego de lo que había hecho a Ballard bajo su propio techo era suficiente para que la sangre le ardiese como si estuviese expuesto a los rayos del sol maldito. Y ahora, ese odio sería total y completamente recíproco.

Antes de posar siquiera la mano en la manija de la puerta, la mirada de Donovan destelló por un instante. Sus ojos grises fueron envueltos por cortos segundos en el color de la sangre y una sonrisa leve se formó en sus labios mortecinos. Levantó una ceja cuando abrió la puerta y, dentro de su despacho, encontró a la dueña de sus sueños y fantasías. Le dedicó una mirada calma a medida que cerraba la puerta a sus espaldas, incapaz de ver nada en la habitación que no fuese ella – Mi reina…- habló con voz gutural mientras caminaba lentamente para acortar la distancia que les separaba. Pero a medio camino detuvo su paso y se quedó de pie, viéndole. No había notado el regalo; otra cosa inundó su mente de repente: Su aroma. Ella lo sentiría sin duda. El aroma a perfume barato y mujer igual de barata en su piel. Apretó los labios y sus muelas también, marcando las formas de su rostro masculino, sin siquiera pestañear mientras su mirada continuaba posada sobre su esposa – Úrsula…- comenzó a decir. Ella no podría pensar que él hubiese hecho algo con esa hembra. Era sabido que Donovan detestaba a Gabrielle y siempre que tenía oportunidad de dejarlo en claro, lo hacía –...No es lo que parece…- susurró, buscando calmar el animal infernal de los celos en su mujer, antes incluso que despertasen.
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Re: There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Vie Oct 04, 2013 11:08 am

Úrsula permanecía tranquila, con su espalda erguida y sus manos entrelazadas sobre las rodillas. Sólo para hacer algo estaba balanceando los pies mientras su mente repetía la última rutina que había practicado sobre el escenario. Pese a ser su pasión, hace más de tres días que no ocupaba los tablones de su teatro porque estaba ocupada tratando de aumentar sus posibilidades de existencia en la futura guerra. Había ido familiarizándose con sus nuevas armas, sus formas, su peso mientras hacía movimientos que había visto alguna vez en deportistas de esgrima aunque más  tarde se daría cuenta que, realmente, tenían demasiadas diferencias. Su mirada cristalina bajó al juego de peligrosas dagas que Victoria había hecho para ellos, para el círculo privado del Clan Donovan. Al que muchos querrían acceder, pero ninguno podría. Una sonrisa socarrona apareció en los labios de la Reina de la Raza mientras se regodeaba en su propio poder.

La llamada de la sangre le hizo girar la cabeza, apartando sus orbes de la obra de arte, para clavarlos en la pesada puerta de madera que segundos más tarde abriría su esposo. Con elegante gracia se bajó del escritorio cuando éste le sonrió y ella lo hizo de vuelta. Sin embargo, en el momento en el que cerró la puerta la última corriente de aire en ingresar al despecho hizo que los aromas que rodeaban a su marido se agitaran y alcanzaran sus fosas nasales. El primer golpe la puso en alerta y su rostro perfecto y amable perdió todo gesto que hubiese tenido para convertirse en una serena máscara de mármol. El único movimiento que se percibió fue la fuerte inspiración que realizó, captando así el olor a la bruja pelirroja del clan. Sus ojos, su preciosa mirada helada, perdió su monotonía para formarse una tormenta roja que se apoderó de todo su iris con bravura mientras sus colmillos de marfil salían disparados obligándola a abrir la boca en un rugido fiero.

Los ojos de la Reina siguieron la figura de su marido buscando rastros de la desgraciada y pronto se dio cuenta de la herida que tenía en la mejilla y la carente perfección en las arrugas de la ropa de su esposo. ¿Era un rasguño lo que tenía? ¿Por qué ella había puesto sus manos sobre él? Antes de que ella misma pudiera percatarse, la magnitud de su furia mística –que la hacía temblar de pies a cabeza-  había atravesado las barreras ambientales y bajado la temperatura hasta una glaciar que ni los esquimales podrían soportar. Sus pies, normalmente ligeros, marcaron con gran peso sus pasos a medida que se acercaba a él. Se detuvo a un par de centímetros y tomó la fiera mandíbula de su marido con fuerza volteándola para observar la herida. No era un rasguño, era otra cosa.

-Es exactamente lo que parece- Hizo un gesto de asco repudiando por completo el aroma que embargaba la piel y la ropa de su marido, antes de volverse sobre sus pies y caminar hacia la puerta de la oficina. Tenía que encontrarla. Con ella, incluso, podría aprender a manejar sus armas. Eso la hizo detenerse un segundo y mirar por encima de su hombro la caja, pero el ferviente deseo de desangrarla con sus colmillos era demasiado tentador para retardar su llegada. No lo pensó un segundo más y abrió la puerta de la oficina saliendo al pasillo. Percibió el aroma de la zorra mezclado con el de Donovan y lo siguió, cada uno de sus pasos, trayendo a la cálida mansión la tormenta helada a medida que avanzaba.

Los sonidos amortiguados de un par de botas la hicieron detenerse. El guardia avanzó subiendo las escaleras con el fin de anunciar a su Señor los resultados de la hazaña pero cuando encaró en el delgado pasillo a la Reina, supo que ésta se había enterado y que, probablemente, su vida llegaría a su fin. La mirada penetrante de Úrsula se clavó en el hombre que se inclinó en una reverencia y en el que se podía percibir, aparte de la sangre en su armadura, el nerviosismo claro de enfrentar a la Joya de la Raza con un humor asesino -¿Dónde está?- Inquirió la Reina con firmeza y el hombre, con la vista clavada en el piso, titubeó –El-el señor Donovan ha…- La rusa rugió, lo que ocasionó el corte de la oración. Y antes de que el hombre supiera qué pasaba, el dorado zapato de tacón alto de la Reina lo tenía contra el piso y sus ojos carmesí restallaban de odio mientras se posaban en su mirada. Se inclino hacia él, haciendo que su largo cabello negro acariciaría curioso las mejillas pálidas del vástago –Me vas a llevar con ella o te desgarro la garganta ahora mismo- Ordenó sin percatarse de lo cerca que estaba su marido.
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Re: There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

Mensaje por Donovan el Sáb Oct 05, 2013 10:09 pm

Siguió la acción de la mujer con sus ojos clavados en ella, notando el cambio en sus preciosas facciones de mármol. ‘¿Qué vas a hacer, Úrsula?’; se preguntó pero no fue capaz de decirlo, puesto que el enojo en ella era tal que condenaba cada una de sus palabras. Repetía su nombre en un vocablo frío, y sus ojos grises como perlas extraídas de lo más profundo del océano permanecían clavados en la mirada fogosa de su esposa. Al sentir los dedos en su piel, la mirada altanera del Lider se levantó apenas, siguiendo aquel contacto con la frialdad animal de su mirada ante el planteo de Úrsula. Era lo que parecía, ni más, ni menos. Una línea en diagonal en el perfecto rostro de Donovan y la forma demacrada de su piel luego de haber sido presa de la sed a la que no quiso ceder porque eso significaría beber de aquella bruja pelirroja. Desde su posición, en cada centímetro de su piel, sentía el candor fervoroso de la sangre de su Reina ardiendo como si estuviese siendo consumida por el más puro fuego. Eso fue lo que le hipnotizó por un instante mientras ella le hablaba con la helada voz de los glaciales. Y por esa razón, se quedó viéndole, ladeando apenas la cabeza cuando ésta pasó a su lado, meneando su preciosa cabellera negra como una efigie de sombras que le seguía.

Un paso… dos pasos… tres segundos y Donovan pestañeó – Úrsula…- replicó su voz a la vez que volvía su mirada sobre sus pisadas, siguiéndola en el eterno pasillo por el cual él había aparecido. ¡Imbécil! Se gritó a sí mismo dándose la vuelta, repentinamente, caminando tras de ella como un soldado malhumorado. Ella no debía verla, no así. Donovan había hecho con Gabrielle el acto más repudiable. Incluso la muerte hubiese sido más piadosa que aquél mísero castigo. La Reina, su hermosa reina conocía el mal humor de su esposo y había sido testigo de aquel espíritu negro que embriagaba lo que los mortales llamarían maldad. Pero aquella acción, llevaba a cabo con el poder de un monarca sobre el cuerpo de una mujer era demasiado. Fue por eso que no llevó a Stefan con él. Sabía que era demasiado. Donovan era testigo de una imagen en su reflejo que con los años se oscurecía. El Líder en lugar de buscar ser respetado por acciones admirables, buscaba saciar una sed mucho más profunda que la de la sangre. Él era Lucifer y no temía en demostrarlo porque, cual estrella caída de la gracia con la potencia de los infiernos en su interior, con la voz de los muertos en sus oídos y la visión de la sangre en sus ojos, no había cosa capaz de doblegarle. Excepto ella. Una mirada de miedo de ella y todo se rompería. Y lo que él había hecho causaría miedo en cualquiera.

El retumbar de sus pasos sobre el suelo marcaba que no era el hombre que había entrado en su despacho. Mientras caminaba, se arrancaba la chaqueta negra cubierta por el hedor de Gabrielle, dejándola caer al suelo. Y mientras ésta lo hacía, sus pasos habían perdido la quietud de las sombras para correr, como un mortal. Sus ojos se posaron sobre la escena de su esposa sometiendo a uno de sus guardias y sin abrir los labios, sus dos manos la sujetaron de los hombros, echándola hacia atrás para poder encargarse él de ella. -¡Ursula! – estalló su voz en un rugido a la vez que el asustado guardián buscaba ponerse de pie, viendo con temor aquella escena entre marido y mujer. Su propia fuerza le traicionó cuando con los dedos clavados en la piel de ella, la sujetó contra la pared, sin dejar de verle a los ojos. Ahora ambos tenían la sangre marcada en sus irises infernales, como dos fieras provocadas por la misma criatura. Él respiraba por la boca y sus dedos temblaban ante el contacto que le provocaba frustración y lujuria a la vez. Así, como la fiera desencadenada que era, celosa y molesta, asesina y demonio, era más bella que nunca. Pero él no podía darse el lujo de olvidarse de lo primordial, de lo único que importaba: Úrsula no debía acercarse a Gabrielle en ese momento. ¿De qué forma lo decía sin echar luz sobre sus actos? ¿De qué forma explicaba que el castigo había sido llevado a cabo; que estaba siendo llevado en ese momento y él lo sabía? ¿Cómo ella vería aquello? ¿Cómo lo vería a él luego de aquello? Su mente era un sinfín de preguntas y respuestas que chocaban una y otra vez sobre su cabeza y por eso, no dijo nada más que un gutural y terrible “No” que parecía emerger de lo más profundo de su alma. Sus colmillos estaban fuera, sus ojos clavados en su esposa y ambas manos en sus hombros, aprisionándole. Sabía que podía dañarle pero no era eso lo que le importaba, no en ese momento. Los vampiros alimentándose son fieros y había cuatro haciéndolo en aquel maldito sitio dónde él dejó a la bruja pelirroja. ¿Acaso no lo entendía?

–No irás…- alcanzó a decir pero, entonces, otra cosa se apoderó de su atención. Aquel vampiro guardián que ella había tumbado se había puesto de pie y desde hacía segundos repetía el nombre de Donovan, más este no escuchaba nada más que su propia mente. Cuando por fin escuchó, no había sido la voz del guardián lo que llamó la atención del temible líder sino otra cosa. Había sido un alarido que rebotó por entre los pasillos de la mansión, como aquel animal que huye de su asesino y antes de caer en la muerte, busca arrebatarle la vida a quien le ha condenado. Los pasos en el suelo eran como los de una bestia azotando el piso y sus gritos continuaban, llamando por un nombre a quien le había dado la vida -¡Gabrieeeeeelle! – exclamaba con voz tal que a cualquier ser humano la piel se le erizaría y la sangre se le convertiría en ríos de hielo. Aquella voz se acercaba y un nuevo grito escapaba de su condenada garganta. El guardia permanecía frente a Donovan, en posición defensiva hacia esa cosa que corría como una bestia sanguinaria por entre los caminos de la fortaleza, buscando a su mujer o a quien le había condenado a muerte. Por ese instante, el enojo de Úrsula se volvió secundario para el Líder quien, girando su rostro y clavando su mirada de hielo en el único camino que se abría ante él, llevaba una de sus manos hacia atrás, anteponiendo su cuerpo a la figura de su reina – Tienes que estar bromeando… – alcanzó a susurrar mientras los espíritus a su alrededor gritaban a la vez que aquel vampiro enloquecido se acercaba. Y entonces, le vio cruzar el camino y aparecer como una fiera desencadenada, con los ojos teñidos en sangre y el rostro desencajado. Para quien ha visto un licano en frenesí antes, aquella imagen se le haría extremadamente familiar. Ese vampiro era aquel que Gabrielle había convertido para ser consumido cuando ésta quisiese. Ese vampiro aun era presa del amor insoportable que le unía a la bruja pelirroja y ahora clamaba por venganza ante aquel que le había mandado a asesinar por el solo hecho de existir.
Donovan estaba de pie, estoico sin mover uno solo de sus músculos mientras el Guardia esperaba gloriosamente a que la bestia se acercase lo suficiente. El Líder, a diferencia de su escolta tenía los ojos teñidos en rojo, pero su mirada era calma, pétrea, casi como si no existiese el miedo en su cuerpo. Pero una sola cosa lo puso alerta y era que Úrsula estaba ahí. Su reina, su única y hermosa reina. Si esa bestia se acercaba, si solo osaba rozar con su pérfido aliento su piel, Donovan mismo le arrancaría en pescuezo. Y por eso estaba esperando. –Hasta en estos momentos, la muy perra es un fastidio…- susurró en voz baja el Líder cuando tuvo a André, el amante de Gabrielle a unos escasos cinco metros. Pero en el instante en que el guardia levantó la lanza y él clavó el pie en el suelo, esperando el embiste, perdiendo la quietud de su rostro para mostrar los colmillos deformando sus fauces, el aroma de él apareció.

Una nube de niebla envolvió a Donovan y Úrsula por detrás para luego adquirir forma frente a ellos y, sin mediar palabra alguna, Stefan surgió de las sombras en un gruñido animal a la vez que chocaba de frente con André. Era como ver dos animales peleando en ese instante, solo que el novato no podría siquiera rasguñar a la sombra de Donovan. El Líder observó aquello a la vez que el cuchillo que Stefan llevaba surgía de su cinturón y terminaba clavado sin esfuerzo en la parte más suave del cuello. El guardia aun no daba crédito a aquello, puesto que los alaridos de la bestia temblando en un último espasmo aun golpeaban sus oídos. André estaba tendido en el suelo con una profunda herida justo debajo de su garganta, echando sangre negra que cubría sus ropas y teñía el suelo bajo él. Stefan estaba frente a aquel, poniéndose de pie sin esfuerzo mientras observaba a aquel pobre desdichado fallecer sin mover uno solo de sus músculos. Eran tan normales al morir, como humanos. Y por alguna razón, la muerte siempre tenía algo de interesante que obligaba al vampiro antiguo a observar en aquellos cortos instantes que una vida desaparecía…o no vida, daba igual. La poca sangre que había caído sobre el rostro de la Sombra de Donovan fue limpiaba por su propia lengua a la vez que éste volvía sus ojos, ahora grises, a los presentes. –Ed Uram…Mi señora – susurró Stefan con voz grave, como si emergiese del interior de su alma, a la vez que el vaho de su aliento se formaba frente a él. No preguntó razones para aquel ataque, puesto que el pobre desdichado de André cometió el único error que él consideraba imperdonable: Levantar su voluntad contra el gran Lider Donovan.
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Re: There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

Mensaje por Úrsula Kozlova el Lun Oct 07, 2013 11:23 am

I love the way u lie:


Just gonna stand there and watch me burn
But that's alright because I like the way it hurts

La cara petrificada del soldado solo encendía más la rabia que burbujeaba en su interior. Un gruñido salido de sus entrañas hizo que una corriente de aire moviera las pesadas cortinas que protegían al clan del Astro Rey, aquel que dentro de pocos minutos iluminaria el cielo y la vida fuera de las sombras empezaría a andar. Los ojos humanos no podían ver el ligero reflejo del sol en aquel cielo negro, pero un vampiro podía sentirlo incluso cuando faltaban horas para el amanecer. La mirada del hombre se despegó de Úrsula para mirar hacia la misma con el terror marcado en sus ojos pero la ira de la Reina Oscura no estaba en torturar, no estaba de ánimo para desarrollar escenas sádicas; ella quería asesinar. Sus colmillos de marfil se clavaron en la cálida piel de su mano trayendo a la realidad una de las más poderosas armas del clan: La Sangre de la Reina. Una consolidada hemomante. El aroma de su propia sangre hizo que sus iris –ya carmesís- vibraran como llamas al clavarse en los ojos dilatados del Guardia que al percatarse de la cuenta regresiva en la que se encontraba su vida empezaba a buscar con más ahínco su salida mientras su instinto de supervivencia despertaba el macho en su interior pintando sus ojos azules de un tono purpúreo hasta convertirse en rojos.


Your temper's just as bad as mine is
You're the same as me
But when it comes to love you're just as blinded
Maybe our relationship isn't as crazy as it seems
Maybe that's what happens when a tornado meets a volcano

Pero la Reina se vio nuevamente frustrada. Unas manos de hierro las sujetaron por sus delicados hombros y la golpearon contra la pared a lo que respondió con un cruel gruñido de advertencia o, tal vez, más de amenaza. Sus ojos chocaron contra los de Donovan y, aunque en otrora hubiese conseguido paz en aquellas orbes, ahora no conseguía si no más ira reprimida. Sus manos subieron hasta las de su marido apretándolas con fiereza para apartarlas de sí y que la dejara libre mientras sentía el aire cargarse de la fuerza mística que sus cuerpos desencadenaba a causa de la tormenta de sentimientos que tenían. ¿Cómo demonios se atrevía a detenerla? ¿Quién se creía que era? Nunca se había metido en sus matanzas. Ni siquiera había puesto un pie en las mazmorras cuando tenía una rehén. ¿QUÉ ERA LO QUE TENÍA GABRIELLE QUE NO LE PERMITÍA TOCARLA? Esta vez no pudo reprimir el grito de ira que le desgarró la garganta cuando Donovan le prohibió, claramente, poner sus garras sobre la vampira que había perpetrado a su marido. Su mano bañada de sangre la apoyó sobre el hombro de su esposo forcejeando, cambiando de estrategia,  para alejarlo de sí misma; la furia que encendía su interior estaba a punto de provocarle una combustión instantánea y pensó que, tal vez, eso le daría aún más fuerza. No fue así. Se sentía una leona atada de pies y cabezas cuando la presa estaba sonriéndole en las narices. Entonces tomó del cuello a su marido y lo atrajo hacía sí en un gesto que antes podría haber sido provocativo pero ahora era gélido –Sí, iré. Suéltame, Dono…- Su frase quedó interrumpida cuando un grito de dolor recorrió los pasillos de la fortaleza anunciando lo que Úrsula temía.


You ever love somebody so much you can barely breathe
When you're with 'em
You meet and neither one of you even know what hit 'em
Got that warm fuzzy feeling
Yeah, them chills you used to get 'em
Now you're getting fucking sick of looking at 'em


Sus manos golpearon el pecho de su marido alejándole de ella pues el perfume de la bruja pelirroja permanecía atado a él. No soportaba mirarlo. ¿Cómo podía herirla de esa manera? ¿Cómo podía permitir que alguien le dañara, qué alguien se antepusiera a él y no permitirle vengarse?  Los ojos encendidos de Úrsula giraron hacia el hombre desencajado que había puesto su fiera mirada en Donovan y la Reina sonrió. Estaba segura de que, por lo menos, podría enfrentarse con ese hombre para vengar la ofensa que su mujer había hecho contra su esposo. Le gruñó de vuelta esperando que se acercara para clavarle los colmillos en la vena y dejarlo desangrarse mientras exponía su interior ante sus ojos. Dantesca  o no, esa escena se desarrollaría ahí mismo en ese instante. Pero el Rey pensaba de diferente manera, él había puesto su cuerpo para protegerla y Úrsula sintió que podía asesinarlo en ese mismo instante. Lo que más detestaba la dama rusa es que el pasillo delgado era ocupado por su esposo, no había manera en que ella pudiera pasar. Él no se lo permitiría. Forcejeó liberándose de la otra mano y, finalmente, el brillo de la lanza del soldado le dio una idea.


So lost in the moments when you're in them
It's the rage that took over it controls you both


Hace mucho tiempo que había practicado el ritual, pero nunca había olvidado las palabras. Su mano sana la llevó hacia sus colmillos con premura e hizo una abertura aún más grande que en su otra extensión. Unió ambas palmas mientras un hilo de sangre cada vez más grueso empezaba a caer hacia el piso, pero cuando Úrsula inició el cántico, el líquido carmesí no llegó a rozar la alfombra sino que fue cayendo en una especie de molde formando una afilada daga de sangre que atravesaría de plano a su contrincante. Pero la Reina detuvo el cántico cuando el aire se vio inundado por el aroma del Guardián. La Reina alzó la mirada y antes de que pudiera finalizar nada de lo que estaba haciendo el cuerpo de André estaba tendido en el piso y Stefan le hablaba. Úrsula sintió explotar su cabeza de la rabia pues ahora era él quien le había robado su venganza. Todo el rencor que alguna vez había sentido por Stefan se vio reflejado en sus ojos que empezaron a brillar con ferocidad cuando clavó su mirada en el rumano y le gruñó como una fiera que protege a sus pequeños de una amenaza gigantesca.

“Un día me olvidaré de que mi esposo te ama y te mataré, Stefan. Aunque me lleve a la tumba”.

Su mirada carmesí, encendida, miró el cuello de su esposo con el mismo rencor y odio, maldiciéndose internamente por amarlo de la forma en la que lo hacía y se giró bruscamente sobre sus pies provocando que su falda y cabello dieran un latigazo en el viciado viento del pasillo que apestaba a sangre de demasiada gente. Murmuró algunas palabras para sí provocando que la sangre que había quedado en el “molde”, la siguiera. Nunca le iban a permitir hacer nada. Creían que ni siquiera podía encargarse de Gabrielle. Ahora entendía claramente porque Donovan la dejaba sola cuando torturaba, para él eran simples juegos de su esposa. Como una gata con su bolita de lana. Úrsula perdió toda la gracia y entró echa una fiera a la oficina haciendo que todo su líquido vital cayera sobre la caja cerrada de cuchillos de Victoria. La madera se bañó de rojo antes de que la hemomante susurrara dos palabras que hicieron que el líquido se volviese negro  formando runas extrañas que pronto empezaron a  echar humo. La tomó y descargó toda la rabia acumulada en el lanzamiento con un grito encolerizado que, se enteró mucho después,   había sido tan agudo que había provocado que el vidrio de las ventanas se rompieran incluso antes de que la caja atravesara el marco. El encantamiento que había hecho era de principiantes, marcando aquella caja como suya y aunque sabía que el aroma haría que nadie se acercara la había lanzado para que los rayos del sol sirvieran de segunda protección. Más tarde entregaría los cuchillos a Victoria para que los hiciera fundir. Los “hombres” de la casa ya tenían su colección de armas.

Don't you hear sincerity in my voice when I talk
Told you this is my fault
Look me in the eyeball

-Si me quieres de decoración, así me tendrás- Sentenció y salió de la habitación pisando con la misma fortaleza mientras su cálida lengua sellaba las heridas que le habían hecho perder tanta sangre. Úrsula sabía que se había esforzado demasiado convirtiéndose en algo que ella no era. Intentando buscar una manera para sobrevivir a cualquier ataque pero ¿Para qué?, se preguntó a medida que avanzaba hacia sus aposentos, sí había quedado bien claro que su vida no dependía de ella. Donovan la protegería a ella, Stefan lo protegería a él y cuando ambos cayeran Úrsula se entregaría decididamente a aquellos que quebraron las barreras de protección de la Joya de la Raza. Los iba a esperar tranquila, sentada en algún trono que se mandaría a hacer en los próximos días pues eso era lo que se esperaba de ella: Los caprichos inservibles, los dramáticos arranques, los modales peculiares. Y aunque en el ajedrez era la Reina quien se movía como quisiera por el tablero asesinando en el equipo contrario…Ese puesto estaba ocupado en el Clan Donovan. Ella era el Rey, la única pieza sin más libertad de movimiento que un paso y que era protegido hasta la muerte. Nadie confiaba en ella, ni siquiera su propio esposo.


Just gonna stand there and hear me cry
But that's alright because I love the way you lie


Sus pasos deberían haberla guiado hasta sus aposentos pero había llegado hasta el pasadizo subterráneo que la protegía de la luz del día y la trasladaba hacia su teatro. Lo vio con un aire nostálgico y familiar y antes de percatarse de lo que hacia se quitó bruscamente los zapatos y echó a correr hasta alcanzar la velocidad característica de los vampiros. Mientras corría se arrancó gran parte de la falda hasta que la poca tela simulara un vacío tutú de ballet. Sintiéndose más cómoda al llegar al escenario, la bailarina rusa sólo cerró los ojos, provocando que profundas lágrimas rojas se deslizaran por su rostro de mármol, para hacer lo único que ella sabía hacer. Lo único que nadie podía prohibirle y quitarle. Lo único para lo que había nacido: Bailar.

Lo único que Donovan le confiaba hacer.
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Úrsula Kozlova
HIJOS DE DONOVAN
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Re: There's something about violence...That...Mmmm [Priv. Donovan]

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