El Encuentro - Nathan

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El Encuentro - Nathan

Mensaje por Maya Khandrá el Lun Sep 16, 2013 9:53 pm

La Luna y su blancura daban al cielo una tonalidad platinada mientras el césped bajo sus pies le acariciaba con cada una de sus pisadas. Su cabello suelto estaba tan húmedo como la hierba sobre la cual caminaba con cada uno de sus gráciles movimientos, volviéndose una visión llameante de cascada escarlata las hebras que adornaban su cabeza en perfecto contraste con el tono azulado de la noche y pálido de su piel. Quien la viera pensaría que las ninfas existían y que esa noche de luna menguante, una de ellas había salido a explorar la quietud de los bosques. Hacía tan poco que había comenzado a conocer el mundo que la sola idea de hacerlo movía su interior como una melodía. Aun era un espíritu joven y como toda joven, había deseo de aventura en su ser.

-“No camines más allá del lago, Maya. No mientras estés sola”-le advirtió un chaman mayor cuando la vio partir con una juvenil sonrisa en sus labios rosados, siendo el perfecto decoro de un rostro en el cual predominaba la ansiedad.  Prometió no alejarse puesto que sabía que, en caso de negarse, posiblemente le hubiesen mandado a acompañar con alguno de los guardianes. Últimamente Maya no tenía tiempo para la soledad y si bien por años anheló la compañía, ahora extrañaba esos instantes de quietud donde se sentaba a escuchar el mundo silencioso de aquellos que están más allá del umbral. Aun no había hablado más de lo necesario con los jóvenes lobos que cuidaban las inmediaciones de los bosques. Las fuentes ocupaban la mayor parte de su tiempo, viendo en ella la magia mística que ni siquiera los años había arrebatado. Además, hablar con ella no era tarea fácil la mayoría de las veces. Siempre había un chamán cuidándole o verificando su ubicación; siempre había un ojo celoso siguiendo sus pasos. Durante su vida, nunca se preguntó razones, solo lo permitía porque las cosas debían ser así. Había creado un mundo al cual nadie podía ingresar y eso la volvía distante en ocasiones.

Solo el sonido de los pasos en la hierba marcaba su presencia en los espesos bosques. La joven de piel nívea había caminado demasiado tiempo, apreciando de cerca la preciosa sensación de libertad que, sabía, solo era prestada. Como si se tratase de agua entre sus dedos blancos, esa sensación volvía a perderse cuando ella miraba hacia atrás. Los espíritus siempre hablan y sabía que jamás dejarían de hacerlo y ella tenía una misión: Escucharlos y pasar el mensaje a Fenrir. Y fue entonces que la sensación de incertidumbre volvió a abrazar su interior como si se tratase del aliento invernal soplando directamente sobre su suave piel. Había escuchado algo; o quizás lo había visto. Su mirada divagante se clavó en un punto fijo frente a ella, caminando con determinación, como quien sigue la figura de un hada en medio de los bosques buscando llegar a algún secreto oculto. El sonido de los insectos era un canto a su alrededor, como si le viesen aparecer y creasen una melodía para recibirle con extremo respeto. Pero la joven no movió un solo músculo de su rostro mientras se adelantaba paso a paso por entre la hierba y la maleza.

-Sigue…-

Susurró una voz en su mente, y una sombra se deshizo ante sus ojos cuando ella posó su mirada en la misma. Los bosques siempre cantaban para aquellos que estaban dispuestos a escuchar su mensaje. Maya les escuchaba con extrema claridad. Ellos habían encontrado algo y querían mostrárselo por alguna razón.
Sus manos se abrían paso entre las ramas dobladas una sobre otra, pasando por debajo de los árboles y entonces, al emerger más allá de un árbol milenario, los ojos de la muchacha se clavaron en una figura tendida en el suelo. A su alrededor había tres sombras sin forma que se perdieron en el aire cuando ella les vio. Los espíritus habían hecho entender el mensaje y ahora, sabían que ella se encargaría. La curiosidad le invadió cual Pandora, acercándose con lentitud a aquello que estaba tumbado en el suelo. Contempló ese cuerpo de piel blanca, no tanto como la de ella, tumbado boca abajo con los brazos abiertos y estirados formando dos “L” a la altura de su cabeza. Tenía el cabello desordenado y los ojos cerrados y cada centímetro de su cuerpo estaba sucio o rasguñado. La joven caminó con lentitud hasta quedarse a escasos centímetros de ese cuerpo y solo bastó una mirada para entender que él estaba vivo. Se arrodilló justo a la altura de su cabeza y procedió a contemplar las marcas de su cuello. No, nunca había visto un vampiro pero eso no lo era. El aire que entró en sus pulmones como si fuese perfume con aroma a tierra hizo que los ojos azules de la muchacha por un instante se destiñesen en un tinte purpura para recuperar su color luego de pestañear y fue así que ella descubrió que aquel tumbado en el suelo era un hijo de la luna, como lo era ella.

¿Dormía? Seguramente lo hacía. Ver al hombre en ese estado le hacía entender que no había pasado buenos momentos en el pasado. Quizás se había encontrado con los vampiros que sus hermanos combaten; o quizás fueron los humanos quienes le atacaron. ¿Tendría hambre? ¿Sed? ¿Un nombre? Esas eran las preguntas que iban y venían en su mente mientras las sombras que nadie más veía danzaban alrededor de ambos.

-Pregúntale…-

-Despiértalo…-

-Que muera…-

Maya arrugó sus labios al presionarlos en un gesto de molestia ante la insistencia de las voces que iban y venían. No iba a dejarlo morir. Sea cual fuese la razón que lo había llevado al bosque, era un hijo de la Luna; un ser vivo que merecía el regalo de la vida; que merecía otra oportunidad. Con una delicadeza solo común en aquellos que han visto una figura angelical, Maya posó su mano sobre la cabeza despeinada de aquel hombre, abriendo sus cabellos de su rostro y limpiando así su frente. Un leve tarareo comenzó a invadir la noche, haciendo que incluso los insectos que cantaban hiciesen silencio ante el mismo. Entrecerró sus ojos y entonces, las imágenes de los sueños y vivencias de aquel desdichado hombre llegaron a su mente como si fuesen un mensaje. Y los espíritus cantaron a su alrededor; contándole lo que ellos habían presenciado que fue lo que Maya vio en sus pensamientos. – ¿Escuchas mi voz? Tienes que alejarte de las tinieblas. Debes despertar o las pesadillas terminaran por consumirte– la melodía de su voz era un pedido. Solo quienes veían espíritus podrían ver a esas sombras que le habían guiado moviéndose en círculos alrededor de ella y del hombre dormido. Su voz sincera quebró la canción y sus manos liberaron la piel de él, posando sus facciones llenas de compasión en aquella figura esperando que él hiciese el resto. Aun estaba confusa ante aquello que había visto ¿Quién era él y por qué los espíritus le habían mostrado el camino para salvarle del abandono?
avatar
Maya Khandrá
MANADA DE FENRIR
MANADA DE FENRIR

Mensajes : 37

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Nathan Walker el Mar Sep 17, 2013 1:55 pm

Total y absoluta oscuridad, rota por una angelical voz que baja del cielo y acuna con suaves manos. Nate se despertó con un sobresalto acompañado de un pequeño grito, se incorporó de forma brusca y se quedó muy quieto, mirando a la nada. Todos los recuerdos, claros y nítidos, pasaron por sus ojos y se instalaron en su cerebro, como una película proyectada en un segundo, sabía perfectamente lo que había pasado. Desorientado, el detective caído se sentó y se froto el sucio rostro, tratando de encontrar un estado de lucidez absoluta bastante difícil de encontrar. Solo había dos explicaciones a lo que, en ese mismo momento, invadía su mente. La primera era el alcohol, descartada por más de dos años de orgulloso estado de sobriedad. La segunda era que había sido secuestrado y transformado en hombre lobo por una bruja chalada. Definitivamente, la primera era muchísimo mejor.

Tras unos segundos en completo silencio, Nathan se percató de que la voz que lo había sacado de su estado de inconsciencia no había sido una ilusión. Pertenecía a una preciosa muchacha de tez pálida como luz de luna y llamativo caballo llameante. El hombre lobo la miró durante unos segundos, tratando de entender la situación en la que se encontraba. -¿Qué te parece?- Dijo con tono jocoso. –Ahora soy un hombre lobo, tendré que comprarme camisetas ajustadas y de poca calidad para romperlas a la mínima de cambio, así podre enseñar pectorales y rescatar adolescentes atontadas.- Un fuerte pinchazo en su cabeza lo hizo callar de nuevo, se sentía como si toda una ciudad hubiera corrido una maratón usando su cuerpo.

Trató de levantarse, pero las piernas le fallaron y cayó al suelo, sentándose de nuevo. Con su estado desorientado y aturdido, no se había percatado de un curioso e incómodo hecho. Estaba completamente desnudo, como su santa madre lo había traído al mundo. Se tapó como pudo con las manos y le dedico una incómoda sonrisa a su despertador pelirrojo. –Buenos días. Me llamo Nathan Walker. Detective a tiempo completo y lobo nudista los fines de semana. Te daría la mano, pero creo que mi aparición ya ha sido demasiado reveladora.- En sus 35 años, había vivido todo tipo de experiencias extrañas y situaciones violentas, pero desde luego que aparecer en pelota picada en mitad de un bosque desconocido, se llevaba el premio.

Intentar entender todo lo que había acontecido en el último mes sería una autentica tontería que solo serviría para confundir más su ya revuelta mente. Tenía que enterarse de lo básico y necesario y aquella belleza podría ayudarle. En el segundo intento, logró ponerse de pie, con más dificultad de la necesaria, pues debía mantener las dos manos fijas en un lugar. –Puesto que me has despertado con bonitas palabras y no has salido corriendo. Supongo que estarás dispuesta a ayudarme un poco más. ¿Dónde estamos, que día es hoy, mes y porque me sale un incomodo pelo que huele a perro mojado en las noches de luna llena?- La situación que estaba viviendo era completamente absurda…

Nate era un hombre de ciencia, que había trabajado siempre con hechos verificables y falseables. Enterarse de que existían bestias peludas ocultas en la sociedad era estúpido, pero es que vivir en primera persona la experiencia era ya el colmo. Tenía que llegar al fondo de todo aquel asunto, investigar como buen científico que era y sacar a la luz todos los datos posibles. Por primera vez en su vida sería incapaz de hacer algo solo, sin necesitar la ayuda de nadie. Aquella pelirroja podría echarle un cable. No sabía decir ni cómo, ni por que sabía eso, simplemente la miraba y sentía una extraña afinidad con ella, como cuando miras a alguien conocido. Con un poco de suerte, aquella hada podría echarle un cable. -¿Sabes?. Preguntó enarcando una ceja. –Me pregunto, ¿Dónde estará esa ropa que me vas a dejar?. Había empezado un caso que lo había metido en una situación muy desfavorable, pero nada lo sacaría del camino a la resolución.
avatar
Nathan Walker
PURGADOS
PURGADOS

Mensajes : 15

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Maya Khandrá el Mar Sep 17, 2013 10:11 pm

La luna daba al cielo una leve tonalidad azulina mientras su reflejo se veía cómodo y templado en el agua limpia del lago más cercano. Las manos delicadas de la mujer ahora reposaban directamente sobre su propio regazo a la vez que sus ojos azules como el reflejo lunar continuaban posados en el rostro herido de aquel hombre. Primero vio su gesto y se echó un poco hacia atrás sin ponerse de pie. El dolor no fue partícipe en aquella reacción por parte de él, sino el instinto de supervivencia. ¿Los espíritus habían empezado a enloquecer su mente tan pronto? No, esa no era la razón. Él no acababa de convertirse. La tortura a la cual su cuerpo había sido sometida era comparable a transitar por el infierno con los pies desnudos y sentarse para ver la planta de estos completamente consumida por las llamas. Esa reacción, ese grito fue el alarido de un sobreviviente a la demencia, exactamente igual que el último manotazo de un hombre ahogándose tratando de salir a flote.  -¿Qué me parece qué cosa? – su pregunta es acompañada de una sonrisa leve, la cual apenas adorna el perfecto semblante de su rostro blanco y terso. Pero a medida que el desconocido más hablaba, agregando constantes palabras que Maya no comprendía, su gesto relajado parece transformarse en dudas.  Separó los labios, una…luego dos veces volviendo a cerrarlos mientras sus ojos repetían aquel gesto al pestañear, sin terminar de comprender lo que él trataba de decir. ¿Camisetas? ¿Baratas? ¿Acaso nadie le proveía aquel tipo de atuendo? De ser así, como pasaba con la manada, ¿Por qué le cobrarían? La ropa se deshacía con cada transformación y luego uno se colocaba otra. Tan fácil como eso y a la vez, tan difícil. Pero lo que realmente le pareció extraño fue la frase con la cual él terminó de hablar “así podre enseñar pectorales y rescatar adolescentes atontadas”. Tal frase le causó gracia y rápidamente sus labios volvieron a sonreír ante aquello – No está en posición de salvar a ninguna jovencita tonta – fue su respuesta sincera a la vez que él se doblaba de dolor ante sus ojos. -Pobre hombre- habló en sus pensamientos mientras le veía sufrir el agónico momento de la post transformación primera.

Buscó estirar sus manos para tratar de sostenerle cuando él cayó sentado al suelo pero él hacía incómodos movimientos muy torpes que evitaron que ella llegase siquiera a ayudarle. Maya abandonó rápidamente la idea volviendo a posar sus manos suaves y blancas sobre su regazo y esperando a que él se quedase quieto. Seguramente estaba aturdido e incomodo. Dicen que los lobos actúan así cuando son transformados contra su voluntad puesto que entran en un estado de locura. Sin embargo, los espíritus que danzaban a su alrededor decían algo que quebraba esa lógica: Él no estaba loco. Era excéntrico.

Como si esas palabras que los seres de la noche compartían con ella fuesen un término nuevo, la muchacha asintió para luego posar de nuevo su mirada azul sobre él, desconociendo por completo que su estado de desnudez  debiese causarle pudor alguno. Son hermanos de la naturaleza. Si uno no se molesta de la desnudez de un lobo transformado ¿Por qué hacerlo cuando está en su forma humana? Luego recordó que trataba con un excéntrico y por alguna razón, esa palabra justificó todo lo que él haría a continuación. Se presentó con nombre y apellido, con ambas manos sobre su entrepierna, doblado cómicamente y diciendo cosas demasiado extrañas ¿Seguro no se había vuelto loco? – ¿Lobo nudista? Nunca he visto un lobo con ropa – de nuevo sonrió, puesto que la sola idea se le hizo cómica. Ese hombre extraño era cómico en su totalidad ¿Un lobo vestido cuando era lobo? Sería realmente incomodo –No hace falta que me dé la mano, no puedo curarle. Soy médium; no sé sanar el cuerpo – su confesión fue sin imaginar que él no tuviese ni idea de lo que era su clan. Los Chamanes que curaban estaban dentro de la manada y ella solo podía sanar el alma y dar descanso con su voz. Pero el cuerpo necesitaba otro tipo de magia. –Podría adormecerlo pero, no estoy segura que sea algo inteligente en estos momentos. Si vuelve a dormir, las pesadillas comenzaran y tendría que despertarle de nuevo – pensó en voz alta, viéndole a los ojos, hablando con la sinceridad clásica con la cual se dirigía a todo el mundo.

Los espíritus alrededor de él se mecían inquietos, viéndole, seguramente, con sus ojos infrahumanos. Uno parecía más consciente de lo sucedido, marcando con especial interés el hecho de que ese hombre no era un Fenrir.

-¿Qué hora es? El tiempo no importa…-

-¿Qué día es? Ninguno y todos…-

-¿Dónde estamos? ¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? –


Maya escuchaba cada uno de las frases vueltas suspiros, viendo con ojos confusos a cada una de las preguntas que él le hacía. Negó de repente y se puso de pie- Yo no entiendo lo que dice – Por supuesto que no le entendía. ¿Días? ¿Tiempo? ¿Espacio? ¿Por qué un lobo se preocuparía de ese tipo de cosas?. Pero entonces, para terminar de incomodarle, él volvió a hablar. La muchacha abrió los ojos con severidad, y su entrecejo se vio cruzado por un par de líneas paralelas mientras ella volvía la cabeza de un lado al otro como una negativa – Yo no voy a dejarle ropa- finalizó con dureza. Ella no era una dama que confeccionase ropa, era una médium ¿acaso no había sido clara al decirlo? – Soy una medium así como usted es un nudista. Si tanto le molesta serlo, puedo llevarle a mi manada y ellos le darán la ropa que tanto quiere. -
avatar
Maya Khandrá
MANADA DE FENRIR
MANADA DE FENRIR

Mensajes : 37

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Nathan Walker el Jue Sep 19, 2013 6:50 am

Nate observó a la muchacha con una ceja enarcada en todo momento. ¿De verdad le estaba pasando eso a él? De todas las personas con las que se podría haber topado, le sale una… una… Ni siquiera sabía encontrar la palabra exacta que no implicara ofensa. –Si ya decía yo que eras demasiado perfecta.- Dijo el detective, llevándose una mano al rostro a la vez que emitía un suspiro cargado de la más pura y absoluta resignación. Lo único que había sacado en claro de aquel amago de conversación habían sido tres cosas. Medium, manada y total falta de sentido del humor. Si lo reunía todo en una misma frase, podía llegar a la conclusión de que los hombres lobo se dividían en manadas diferentes. Al menos una de ellas contaba con “médiums” que al parecer, conocían algún y que otro truquito, adormecer había dicho la pelirroja.
 
-Vamos a ver tes…- Iba  a decir tesoro, pero visto lo visto, se lo tomaría de alguna forma desconocida. –Te voy a explicar mi situación, despacio y claro. Hace un mes yo era un humano normal y corriente, ahora soy un hombre lobo. No tengo ni la más remota idea de nada. Ni de médiums, ni de manadas, ni de perros en vinagre. Imagina que soy un niño pequeño al que tienes que enseñarle todo y de paso, también puedes enseñarme lo que quieras como adulto.- Mientras le decía todo eso, cayó en la cuenta de un pequeño detalle; quizás la pelirroja estuviera en su misma situación. Había leído sobre tribus que guardaban a sus “chamanes” con recelo y apenas les permitían contacto con el mundo exterior. ¿Y si la bella muchachita, había sido la médium favorita del clan y no la habían dejado salir en mucho tiempo? ¿Y si ella estaba encontrándose por primera vez con un “humano” no tan normal y corriente?
 
Explicaría lo extraño de sus respuestas y comportamiento. Le parecía una conclusión algo forzada y tremendamente extraña, la idea de tener manadas de hombres lobo ocultas en los bosques jugando a fantasmitas y doncellas era más bien ridícula, pero visto lo visto. –¿Y bien señorita sin nombre, me va a ofrecer un poco de ayuda? -. Le dedico su mejor sonrisa, la cual se corto rápidamente por un tremendo escalofrío que le envolvió todo el cuerpo. Hacía un frío que pelaba y encima estaba débil y hambriento, tenía que salir de ahí de una vez por todas. La situación concluía en dos posibilidades, una era ir con ella a su “manada” a ver que podían contarle. Un poco de información sobre ese extraño mundo no le vendría nada mal. La otra era ir directamente a su casa, pero no sabía exactamente donde estaba. Podría pedirle a la chica que lo llevara al linde del bosque y de ahí orientarse, pero ir corriendo desnudo hasta su casa no era una idea agradable. –Oh vamos, no soy nudista, los nudistas se desnudan por voluntad propia y te garantizo que esto no es voluntad propia. Venga, llévame hasta tu manada.- A ver que salía de todo eso.
avatar
Nathan Walker
PURGADOS
PURGADOS

Mensajes : 15

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Maya Khandrá el Sáb Sep 21, 2013 2:46 am

En toda su vida, los momentos que recordaba eran aquellos que compartía con antiguos hombres y mujeres, demasiado espirituales para siquiera verse igual a aquel que ahora estaba frente a ella. Los que hablan con la directa voz comunicando sus ideas, lejos de dar vueltas en extraños ejemplos inútiles que solo servían para perder el tiempo. Maya veía en ese extraño licano, porque licano era al fin y al cabo, una confusión poco grata, pero además, veía un alma altanera y poco preocupada por siquiera comprender la razón por la cuál había sido elegido para caminar por la tierra con la forma animal.

-No debes explicarme nada, no soy tonta – fue su sentencia, cuando sus ojos azules y profundos se clavan cual estaca en la mirada soberbia de aquel. Traído del mundo que ella desconocía y por eso se creía superior. Ella venía de un mundo desconocido para él y no había soberbia en ninguna de sus acciones- En tu otra vida has sido un hombre de respuestas lógicas …- su voz canta es una melodía pero aun así, tiene un tinte que antes no se notaba. Maya estaba molesta con tal actitud para con su persona y eso se veía en la fortaleza y la firmeza que manifestaba con su mirada. Los pétalos de sus labios estaban apretados y las gemas de sus ojos concentradas en los ojos del desconocido abrazado por el don de la licantropía. De pie como se encontraba, parecía dispuesta a hacerle frente, se presentase como hombre o como lobo; como bípedo o en cuatro patas. Tal como un lobo analizando a su contrario; tal como una princesa haciendo frente a un desconocido, Maya comenzó a caminar con sus descalzos pies alrededor de la figura aturdida de aquel hombre que estaba de pie frente a ella, tambaleándose como si el mundo estuviese vapuleándole por los pecados cometidos en vidas anteriores.

–Como niño puedo enseñarte más que como adulto – la voz de sus labios escapó como si fuese una sentencia, y entonces, incapaz de pedir permiso o disculpas, cortó el espacio escaso que le separaba de aquel hombre de nombre Nathan. Las manos níveas se estiraron para posarse sobre las mejillas de aquel, sosteniéndole con gran decisión a la vez que ojos con ojos se veían en un momento incomodo, pero necesario. Y en el interior de las esferas mundanas del desconocido, teñidas en los tonos del otoño, Maya comenzó a ver lo que él era en realidad.

Los ojos, dicen, son la ventana del alma y que alma más mundana tenía aquel hombre convertido. Nacido para entender y buscar la razón de todo lo que sucedía, presa de los caprichos que una mujer confundió con amor y ahora, caminando en medio de dos mundos abismalmente diferentes. El aroma que emanaba de la piel de Maya era el aroma de las flores porque, en cierta medida, en gran medida, ella lo era. Delicada como una flor pero llena de espinas como una despiadada rosa lunar. El escaso espacio que separaba los rostros de ambos podría interpretarse de mil formas diferentes pero ninguna de esas formas sería ciertas. Y ella lo dejó en claro con las palabras que emergieron de sus labios rosados – No eres más el hombre que eras. Y no hay cura para el mal que te aqueja. Has herido el corazón equivocado y con eso, tienes esto, que más que un don, para ti significa castigo – a medida que hablaba, los suaves gestos de su precioso rostro se suavizaba en una mirada profunda, tanto como el océano azul. Aspiró el aire alrededor de él y su pecho se infló a medida que éste entraba en sus pulmones, para soltarlo en un suspiro de sus labios – Quien te hizo esto no es de mi manada, más sí quien le envió. Si hubieses sido mordido por alguno de los míos, el único camino que podrías recorrer es la demencia y la muerte. Los mismos espíritus me dirían que acabase contigo por piedad…- ella no les veía, estaba concentrada en la mirada de ese hombre licántropo llamado Nathan. Pero detrás de él estos se movían cual tormenta, repitiendo en su lengua prohibida una y otra vez diferentes letanías.

-Acaba con su desdicha…-

-Abraza su demencia…-

-No es digno, no fue digno, no será digno…-


-Pero quien te condenó con la marca del lobo no era Fenrir. – con lentitud, ambas manos se abrieron, soltando el rostro áspero por el cabello sin afeitar del hombre licántropo. – Nathan, no puedo ayudarte más de lo que tu mismo puedes hacerlo. Llevarte a mi manada solo te dejará cubrir tu cuerpo de ropa pero no acabará con tus fantasmas. Los lobos son celosos de su raza y quien no merece recibir la marca, es maldito y condenado. Vi tu vida en tus ojos; los espíritus me han contado todo lo que tu alma no me ha dicho. – Se apartó a medida que la brisa de la noche movía sus cabellos como capa sobre su espalda, formando la delicada curva de su cuerpo en esas telas femeninas que en medio del bosque la volvían una visión onírica – Preferiría un millón de veces que fueses un niño puesto que sería más fácil quebrar la lógica razón que nubla tu mente ahora pues, aunque has visto mucho más que yo, hay una cosa que te puedo asegurar, hijo de hombre… - sus pasos desnudos le alejaron un poco mientras la noche caía y le envolvía como un manto nupcial, como los brazos de un amante cubriendo con celosa posesión el cuerpo de su amada;blanca como la nieve, pálida como la luna, dueña de la mirada azul de los océanos -…El mundo de los hombres no se compara al mundo que te espera adentrándote en los bosques. Pero tú estás aun apegado a lo que fuiste que no entiendes lo que eres.- a medida que hablaba, sus palabras parecían mezclarse con la brisa mientras se volvía para darle la espalda, movida por sus pasos a medida que las telas de sus ropas se mecían como si fuesen elementales de agua envolviéndole – Con la luna, dejarás de ser Nathan, y pasarás a ser la bestia. Cada vez que cambies, tu cuerpo te dolerá pero no se comparará con el dolor de tu alma, la cual será carcomida por cada uno de los actos que cometerás en la inconsciencia. Si fueses niño, podría guiarte por este mundo como un cachorro. Pero eres un adulto…y a los adultos no se los guía… - las palabras comenzaron a adquirir una fugaz melodía, tarareada a la vez que ella le guiaba por los caminos azulinos del profundo bosque oscuro. Los insectos callaban ante el paso de ambos, así como los animales. Las hojas de los árboles se mecían como si le rindiesen respeto y , luego de caminar por minutos largos que parecían horas, la luna en lo alto iluminó el espacio entre dos árboles de copas plateadas envueltas en el velo azul de la noche.

La luz lunar caía sobre las aguas emergentes de una roca que finalizaba en una especie de fuente. Y entonces, entre los árboles, varias miradas se posaron en ambos a la vez. Ella les miró por cortos segundos para volver sus ojos oceánicos a Nathan y ofrecer su mano. – Deja de lado todo lo que has aprendido. Eso pertenece a una vida que ya no es …-
avatar
Maya Khandrá
MANADA DE FENRIR
MANADA DE FENRIR

Mensajes : 37

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Nathan Walker el Lun Sep 23, 2013 11:35 am

La pelirroja había decidido ponerse seria. Nate notaba como su postura y su mirada se habían endurecido, así como sus palabras. –Todo tiene una respuesta lógica, excepto el hecho de que aún no me hayas dejado algo de ropa, si te gusto, dímelo y retiro las manos, sin problemas.- Maya empezó a caminar a su alrededor, observándolo de una forma bastante incómoda, se sentía como un animal enjaulado, una bestia de zoo a la que observar por diversión.  -¿Cómo niño? Oh vamos, no me digas que te gustan los joven…- Las palabras de Nathan se cortaron y sus labios se cerraron. Las suaves manos de Maya estaban ahora sobre sus mejillas y sus bellos ojos estaban fijos en los suyos. Por primera vez en su vida, el detective se sintió vulnerable, indefenso. Aquellos profundos orbes azulados no lo estaban mirando a él directamente, estaban mirando su interior, su… alma. Nathan no estaba para nada de acuerdo con aquella invasión a su intimidad, pero era incapaz de moverse, hipnotizado por la magnética mirada de la mujer.
 
Fueron las suaves palabras emitidas por aquellos labios rojizos las que sacaron al hombre de su ensimismamiento. Se mantuvo en silencio hasta que las manos de la mujer decidieron liberarlo. Nate retrocedió unos pasos, trastabillando ligeramente por la debilidad y la extraña sensación de aturdimiento que lo había invadido. –De ninguna manera esto podría ser un don. Yo estaba tranquilo, en mi casa, en mi trabajo. No pedí nada de esto, no lo deseaba.- La mirada del detective se endureció, pero pronto volvió a relajarse. No ganaba nada con enfadarse o agobiarse. Tenía que despejar la mente, pensar con claridad y de forma lógica. Maya comenzó a caminar a ritmo tranquilo, envuelta en una extraña aura mística. El bosque parecía rendirle tributo a cada paso que daba, como si la naturaleza le ofreciera una amable reverencia.
 
Sus palabras acompañaron sus inmaculados pasos, tomando dirección hacia algún lugar desconocido. Nathan cerró sus labios y escuchó con atención todo lo que la mujer le decía, siguiéndola a unos cuantos centímetros por detrás. Si bien sus palabras eran más bien tonterías para el lógico humano, su suave y relajador tono tenía cierto toque balsámico. La extraña pareja continuó su lento avance hasta que llegaron hasta una bonita zona inundada por la pálida luz de luna. La suave  brisa, acompañada por la humedad del ambiente, le hicieron estremecerse, recordándole la incómoda situación en la que aún se encontraba. Maya detuvo su avance y finalizo su monólogo con una última frase, acompañada de una clara invitación, estaba dispuesta a ayudarlo, pero Nate tenía algunas cosas que decir. –Jamás haré algo similar, pelirroja. La experiencia, el aprendizaje, es lo que nos define, lo que nos hace ser quien somos. No tengo intención alguna de vestir ropas etéreas y vagar por los bosques con poéticas palabras en mis labios. Quiero entender y dominar esta maldición que me ha caído encima.-
 
Retiró las manos que cubrían su entrepierna y caminó sin pudor alguno hacia ella. Tomando la mano que le ofrecía. La sucia diestra del hombre contrastaba de forma casi cómica con la limpia palidez de la muchacha. –Acepto tu ayuda, pero quiero que tengas claro que ese mundo no es para mí. No pienso encerrarme asustado, no pienso ocultarme de los demás en cavernas. Voy a controlar lo que quiera que sea esto, voy a mezclar mi pasado con mi futuro y después, volveré por donde he venido.- La mirada del detective se endureció y sus ojos brillaron con determinación. –No voy a dejar que mi aprendizaje afecte a lo que me vayas a enseñar, voy a olvidar que todo tiene una explicación lógica y voy a ser el hombre de mentalidad más abierta que ha existido nunca. Pero conforme sepa todo lo necesario, me iré por mi cuenta y tomaré mis propias decisiones, no soy bueno jugando en equipo.-
 

Nathan no tenía intención alguna de unirse a ninguna manada, tampoco pretendía hacer lo que quiera que hagan los lobos. Simplemente quería aprender a controlarse para así poder llevar su vida normal. Odiaba tener que depender de alguien, odiaba no poder hacer las cosas por sí mismo, poder tomar un buen libro y encontrar todas las respuestas necesarias. Tendría que  adaptarse un poco durante un tiempo y aceptar consejos, pero debía hacerlo, no había otra opción posible. –Aunque quien sabe, quizás consigas sorprenderme tanto que me plantee quedarme por aquí.- Su expresión se relajó de nuevo y le dedicó una pequeña sonrisa. –Ah mira, he quitado las manos, ¿eso era lo que pretendías desde un principio, picarona?- Maya iba a tener que armarse de paciencia, al igual que Nathan. Aquello no iba a ser fácil.
avatar
Nathan Walker
PURGADOS
PURGADOS

Mensajes : 15

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Maya Khandrá el Jue Sep 26, 2013 2:32 pm

Poco debió de provocarlo para que él bajase la guardia. Astuto y lógico como era, el licano recién converso tenía el carácter temible de quien acostumbra entender solo lo que sus ojos ven. ¿Cómo evitar que su mente lógica y racional se quebrase ante las pesadillas que empezarían ahora buscando atormentar lo poco que quedaba de su cabeza?  La mirada antes seria y firme de la mujer ahora era una suave referencia a la real empatía que podía sentir para con él. Claro que comprendía lo que era la confusión que le invadía pero ni siquiera ella podía salvarle de su propia mente que ahora se negaba a entender lo que pasaba en realidad. –No elegí nacer loba como tú no elegiste ser humano. Debes comprender lo que te digo y olvidarte de tus reglas, Nathan Walker…- susurraba con voz melódica guiándolo por los caminos que el hombre no transitaría nunca. Y si por casualidad alguno lo hacía, el agua mística de las fuentes acabaría por completo con todo rastro de recuerdos que quede en sus cabezas de aquello que habían visto sus ojos. La mujer sonreía ante las réplicas constantes de Nathan, dejándole hablar y explicarse en el silencio del viaje. Meditaba acerca de la posibilidad de meter su cabeza en el agua encantada de las fuentes de Fenrir y hacerle olvidar sus penas pero aquello solo sería una solución a medias, dado que la maldición del lobo carcomería su interior como lo hace un sello que arde en el alma, incapaz de dejar de causar dolor y sufrimiento a quienes han elegido. –No recuerdo haberte invitado a mi equipo, hombre desnudo que camina en el bosque – susurró con una semisonrisa mientras la hermosa visión del mundo de los Fenrir se abría ante ambos.

Lo primero que apareció a los pies de la mujer y Nathan fueron destellos que parecían emerger del suelo verduzco azulado. La formación de aquellas ciudadelas de Fenrir llevaba a una persona a pensar en el agua, dado que el tono verde siempre estaba teñido del azul místico de los cielos. Las casas estaban erigidas de tal forma que usaban el interior de los arboles como refugio y de la copa de éstos caía como una cascada agua que surgía de los manantiales puros de agua mineral que rodeaban el lugar. La Luna se veía a la perfección y ésta daba claridad a los ojos de los habitantes, quienes caminaban y hacían sus quehaceres, sin mirar a quienes acababan de llegar. Los niños practicaban alguna especie de danza que Maya aun no comprendía y los ancianos hablaban entre ellos mientras hacían gestos con las manos. Seguramente Fenrir estaría sola en alguna parte de la ciudadela, dado que los últimos días habían sido algo inquietos para la Lider del clan lunar. Maya y ella apenas habían compartido palabra pero seguramente se debía a que ambas poco tenían de qué hablar. A Maya le interesaba el mundo de los muertos, a Fenrir le interesaba que nadie más muriese. Diferentes intereses, tan diferentes como las mujeres que les daban forma.

La mujer de cabellera roja levantó una ceja ante las palabras de Nate. Por lo visto ni el dolor de sus huesos, ni la marca que azotaba su alma era capaz de quitar el humor sardónico de cada una de sus frases – ¿Olvidas que estabas desnudo cuando te encontré?–la pregunta es sutil, el tono incluso lo és, pero la sonrisa que acompaña la misma indica que ella captó en el aire la broma oculta y optó por reírse de ella. Era interesante ver como en su forma de hombre, Nathan era como cualquier licano que no se había transformado en lobo. Quizás, solo la piel trigueña y la extraña forma de su barba podría llegar a hacerlo resaltar como una ardilla en medio de algodón. Pero fuera de eso, todos los hombres tenían lo mismo. Lo que Maya no comprendía era el pudor que los humanos tenían al mostrar aquello que sus madres vieron cuando nacieron. –La ropa no es más que una forma de cubrir la piel. Pero la piel es la ropa de la naturaleza. Verás a muchos así como tu aquí. Claro que…tu atraes más miradas…- susurró con quietud la muchacha llevando el dedo índice a la hendidura de sus labios rosados cual pétalos de rosa. -Es que tu piel les llama la atención...Eres diferente. Lo notan.-

Efectivamente, cada ojo de los que estaban en la ciudadela recayó al instante en Nathan, viéndole algunos con desconfianza, otros con interés, otros con temor. La única que no le veía era ella, puesto que su mirada estaba puesta en la figura del Gran Chaman que se acercaba a ellos. –Maya…tus manos…- la voz del hombre era temerosa mientras tomaba las manos níveas de la muchacha y las observaba con interés y cuidado luego de echar una mirada fugaz a Nathan, desnudo y expectante, detrás de ella – Desdichado hijo de los hombres. Traes a tu espalda la marca de la bestia ¿Y con esa mano tocas la piel de quien jamás fue tocada? – severa fue la pregunta y la mirada de aquel que recayó con insatisfacción sobre el recién converso. No era el hecho de que fuese un hombre aquel que había rozado la piel blanca de la mujer, sino el hecho de que estuviese maldito lo que lo hacía mil veces peor. Y para colmo de desgracias, el espíritu de aquel seguía siendo humano. No había cosa más sucia para el chamán que un humano, a menos que se hable de vampiros –Él no me tocó. Yo lo invité a venir. Está desnudo y eso parece disgustarle mucho…-la joven explica sin temor ni dudas, tan directa como lo era su mirada oceánica a todo aquel sitio donde la posase. Los ojos grises del chaman siguen posados en el extraño, y parece que dicen cosas que sus labios callan – Humanos. Te preocupa más la ropa que cubre tu desnudez que la maldición que envuelve tu alma. – la voz marca clara reprobación, y esto se amplifica cuando la mano del anciano libera los níveos dedos de la muchacha para hacerle una seña para que se retire – Demasiado tiempo has estado con un corrupto – empezó a hablar pero la muchacha sonrió jovial ante su intento de oponerse a brindarle ayuda – No está corrupto, solo confuso. No tiene idea de lo que pasa con su cuerpo y su mente. Fue maldito…- a medida que habla, su mirada comienza a sufrir los cambios de la preocupación, notándose pequeñas grietas en su entrecejo blanco como la nieve –La bruja de los bosques lo ha hecho. Si no hacemos algo, terminará como los demás…- habló volviendo los ojos a Nate para luego volver a posar su mirada y atención en el anciano – No puede volver con su gente en ese estado…-

El Chaman miró la situación, evaluándola. Las palabras que escapan de sus labios son como refunfuños molestos y constantes que se quedan en eso, palabras que nadie escucha ni entiende más que él. Se voltea y camina mientras Maya vuelve a acercarse a Nate, invitándole a seguirles – Este es mi hogar. Pero no podrías quedarte aquí más tiempo que un par de lunas. Veo tus ojos, no perteneces a este mundo, lo entiendo. No trato de convencerte de algo diferente…- empieza a decir mientras le guía por los caminos de la ciudadela. Una de las cabañas aparece al girar por una de las fuentes: Tal como las demás, parece estar armada dentro de un árbol, como su los nudos y las formas de éste le sirviesen de pared y techo. De adentro del sitio, el chaman surge con un trozo de tela en sus manos, dándoselas sin cruzar palabras a Nate. Maya observó aquello y no pudo evitar sonreír- Eso es ropa de chamanes – notó rápidamente, al ver la tela suave y delicada con la cual había sido confeccionada. –Los guardianes rompieron sus ropas con los últimos entrenamientos. Es esto o el hombre deberá caminar ante todos con la desnudez que tanto le molesta – El Chaman no hizo más que darle la espalda para dejar que se vistiese- No deberías de estar tan cerca de aquellos que fueron malditos por la bruja de los bosques. – Advirtió, malhumorado, para volver a dejar solos a los jóvenes, sin dejar de observarles, por supuesto – Él está disgustado. No acostumbra ver a hombres humanos por aquí. Lo lamento. No comprendo diferencias entre razas o manadas, pero muchos aquí si la ven tan clara como el agua y la tierra.-
avatar
Maya Khandrá
MANADA DE FENRIR
MANADA DE FENRIR

Mensajes : 37

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Nathan Walker el Jue Oct 17, 2013 8:33 am

La extraña pareja caminó durante un buen rato por aquel idílico paisaje. Nate ojeaba de vez en cuando el recorrido que seguían, pero no le hacía demasiado caso. Tenía otras muchas cosas en mente y dedicarse a contemplar la naturaleza no era una de ellas. Lo único que si le preocupaba, era la extraña sensación de estar adentrándose en Narnia, todo lo que comenzaba a abrirse ante sus ojos tenía un extraño aire místico que jamás había experimentado. –Vale pelirroja, tenemos que trabajar eso. Llámame Nate, o señor Walker o Papi, pero eso de hombre desnudo que camina por el bosque queda algo forzado.- Sus labios inmediatamente se cerraron al contemplar sus ojos la ciudad en la que estaba entrando. No era parecido a nada que hubiera visto antes, al menos no fuera de un libro de fantasía. Todo tenía un aire mágico, irreal. Si no lo estuviera viendo con sus propios ojos jamás creería nada de eso, incluso se estaba planteando el hecho de estar bajo el efecto de algún tipo de alucinógeno. –Wow…- Alcanzó a decir mientras seguía a su improvisada guía.

Como era bastante obvio, toda la gente que se encontró por el camino fijó los ojos en el, observándolo con curiosidad algunos, con desaprobación otros. –Claro que me miran, voy en pelota picada.- Pero en cierto modo, la pelirroja tenía toda la razón del mundo, los habitantes de aquella ciudad eran diferentes de una forma algo difícil de explicar. Si bien parecían humanos normales y corrientes, cada vez que Nathan miraba a alguno, tenía la sensación de que era algo superior a un humano, un ser que ha alcanzado un nuevo peldaño en la escala evolutiva. Aunque el detective era una persona inteligente y de pensamiento rápido, le estaba costando horrores digerir toda aquella información, pasar de la más pura lógica, de la ciencia exacta y absoluta, a un mundo nuevo e incomprensible que parece pasarse a la torera toda las normas que Walker había dedicado su vida a estudiar.

El paseo se detuvo y Maya entablo conversación con un pintoresco personaje sacado de alguna mala película de domingo por la tarde. Al parecer, su nueva amiga gozaba de alguna posición privilegiada, pues el hecho de estar con ella despertó la cólera del hombre. –Tú la estas tocando ahora.- Dijo esbozando una sonrisa divertida. –Hola Gandal, me llamo Nathan. Te daría la mano, pero temo resfriarme si me da demasiado aire en los cataplines.- El chaman ignoró sus palabras y continuó hablando con Maya de su destino, cosa que le incomodaba bastante. No le hacía demasiada gracia que un par de desconocidos planeara que hacer o que no hacer con él, pero como estaba en desventaja y necesitaba algo de ayuda, debía soportarlo, ya tendría tiempo de reclamar su independencia. Caminaron hacia una pintoresca y típica cabaña en un árbol decorada con un curioso buen gusto. El malhumorado chaman apareció dentro y le entrego una horrible túnica, similar a la que llevaba. –Oh, vamos… ¿No tienes nada que no me haga parecer Merlin?.- Conociendo la respuesta, Nathan suspiro resignado y se coloco encima la horrible túnica. Olía a naturaleza y era sorprendentemente cómoda, aunque le resultaba ciertamente violento ir sin ropa interior. –Tendré que ir en plan comando.- Dijo observando como el chamán se iba con cara de pocos amigos. Maya le explicó la situación y Nate asintió.

-Esto no es una situación fácil para nadie. Entiendo que vivís en una sociedad cerrada y que soy un desconocido. Pero te necesito a ti y un poco de tu tiempo. No tengo intención de vivir aislado o unirme a una “manada”, quiero dominar lo que sea que me está pasando y tratar de vivir de nuevo mi vida, de la forma más natural posible. Necesito que me ayudes a entenderlo, a dominarlo, a controlarlo.- Caminó hacia ella y la miró a los ojos, contemplando aquella belleza mística que inspiraba una curiosa sensación de paz. –Podemos establecer una simbiosis, tú me ayudas a entender lo que quiera que me está pasando y yo te hablo y te cuento cosas del mundo exterior. No parece que salgas mucho de este bosque y veo curiosidad en esos bonitos ojos tuyos.- Tenía esperanza en poder controlar aquello, en poder volver a una vida relativamente normal. No se había planteado que hacer en caso de no poder volver a la normalidad aunque en el fondo de su mente existiera esa posibilidad. Haría todo lo posible para comprender y entender todo, más tarde pensaría en el plan b. 
avatar
Nathan Walker
PURGADOS
PURGADOS

Mensajes : 15

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Maya Khandrá el Dom Oct 27, 2013 9:53 pm

Pobre hombre perdido en un universo que jamás habría querido ver así sus sueños se lo mostrasen. Maya siente real comprensión por su estado a pesar de ser ambos tan diferentes como el día y la noche. De ser de otra forma, de no haber sido sujeto por las garras de la bruja del bosque, seguramente habría seguido con su vida normal, haciendo lo que sea que hiciese en el mundo de los hombres. Pero ahora no era un hombre; ya no. Ahora estaba en una línea demasiado fina para poder ser captada y saber cómo él iba a salir de ella, si caminando como un guerrero o arrodillado como un demente era algo que nadie podría predecir. Ella había nacido como hembra licana y apenas vio la luz, sus ojos brillantes osaron ver más allá del mundo real. Fue aislada y protegida hasta de la luz de luna que osaba acariciar su piel suave y, en cierta forma, siempre pensó que aquello que se escondía en las afueras era simple oscuridad. Nada más que una negrura intensa que lo envuelve todo y no genera deseos de saber más de ella. Pero al ver a Nathan, Maya entiende una cosa en medio de sus sonrisas y sus miradas furtivas a cada uno de los Fenrir que pasean o cruzan por su camino: Él no es un hombre que haya surgido de la oscuridad. Tampoco es un hombre brillante pero, lo que demostraba su presencia era que no todo lo que está allá afuera es negativo y hostil. En este caso, fueron hostiles pero con él.

Ve en silencio como el semilobo se cambia de ropas, o mejor dicho, se cubre con estas, incapaz de notar lo extraño que podría parecer para él lucir así dado que no conoce las formas de vestir de su mundo. Para ella ver hombres con ese tipo de túnicas era tan normal como levantar la mirada al cielo y ver el azul de éste, imaginando que era igual a ese océano del cual tanto le han hablado en su infancia. Por supuesto, si había algo que aprendió a notar de Nate en el escaso tiempo que compartieron mientras se dirigían del claro a la aldea era su poca capacidad para apreciar el silencio. Si ambos veían a los dos desde la objetiva posición de un tercero, notarían que ella parecía no escucharle mientras él hablaba de una y otra cosa sin parar. Como si Maya estuviese más concentrada y enfocada en lo que los labios de Nate callaban que en aquello que decían. Y era porque ambos hablaban una lengua diferente. Para Nate aquello que acaricia su cuerpo no es más que aire y aquel calor que siente en su interior podría considerarse hambre y algo de nerviosismo. Él explica su idea con soltura como ha venido haciendo desde que le conoció y entonces, Maya suelta una sonrisa ligera a medida que sus cabellos que se entrenzan en bucles escarlatas son llevados hacia atrás por una ligera brisa que les envuelve. Las telas de las ropas que envuelven su cuerpo se mecen como si formasen parte de un mundo etereo, aferrándose a su cuerpo así como si estuviese mojado mientras la sirena lleva sus dedos a los labios de Nate –Estas desnudo vistiendo ropas que no te gustan en un mundo que no entiendes y tratas de convencerme para obtener mi ayuda- No está molesta, muy por el contrario, su sonrisa transparente como las formas etéreas que se mueven alrededor de ella en una mística danza metafísica indica que Maya había caminado varios pasos por delante del audaz desconocido quien ahora llamaba más la atención de quienes se cruzaban en su camino. Ya no por mostrar sus formas desnudas sino por su aspecto tan sucio debajo de esa ropa de chaman, ligera y cómoda, así como fresca. – De no querer ayudarte, no te habría traído aquí, Nathan Walker. Pero me temo que no es aquí donde deberías estar. Desconozco tu mundo de la misma forma que tu desconoces el mio – su voz es un susurro cálido como una caricia. Su mirada parece envolverse en formas etéreas que podrían exponer el pesar de aquella que realmente no sabe como actuar. El aire se libera de sus pulmones y sus hombros se relajan, volviendo sus manos a su propio regazo, unidas en un gesto de súplica –Así como existe el mundo de los Fenrir, ésta no es la única manada sobre la tierra. – cual una ninfa de agua se vuelve a las casas de la ciudadela y a la mirada ausente de muchos hermanos que pasean por sus caminos – Estar aquí te confundiría aun más. Me temo que no puedes elegir quedarte conmigo en este mundo por más que desee enseñártelo. Pero hay una manada donde predominan los que son como tu. Ellos han logrado sobrevivir a la marca del Lobo y se han adaptado a existir entre dos realidades: La de los licanos y la de los humanos –

-Likaio…-

La voz que susurra es un sollozo que se esconde en lo que debería ser la garganta de la forma sin forma que danza detrás de Nate aunque éste no pueda verle. La Ciudadela de los Fenrir no estaba hecha para mestizos. Aquellos que entraban en sus escondites entenderían que el mundo místico de los licanos mágicos exigia demasiado para permitir un apego al mundo material. Si Nathan continuaba ahí terminaría envolviéndose en cosas que no podría manejar y finalmente, la Marca del Lobo consumiría su apreciada cordura.
-El Lider de los Likaios vendrá con el anochecer. Una reunión se prepara en los parajes de los chamanes. Si te presento a él, podría acompañarte a su mundo, a su ciudad y ayudarte con tus pesares. ¿Aceptas, Nathan? -
avatar
Maya Khandrá
MANADA DE FENRIR
MANADA DE FENRIR

Mensajes : 37

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Encuentro - Nathan

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.