Revelaciones - Privado

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Revelaciones - Privado

Mensaje por Evans Cromwell el Dom Sep 08, 2013 11:05 pm

Dos días de sueño. Eso le había costado aquel brebaje raro que le hizo tomar Lucius cuando llegó de la última cacería. Todavía le costaba enfocar su vista en el blanco que tenía enfrente y eso le resultaba altamente irritante. Maldito anciano, ya entendía lo que había pasado. Esa basura no era para cicatrizar sus heridas, sino para imposibilitarle seguir saliendo de cacería ¿Cómo se atrevía a hacer algo así? Claramente, el anciano desconocía que un cazador menos en los bosques era una brecha que cualquier pulgoso podría aprovechar para llegar a la fortaleza. En ese momento dentro de la Fortaleza había dos tipos de vampiros: Los antiguos guerreros que conocían a Raphael y aun sentían su muerte o los novatos que no entendían como su Lider, el temible Iluminado había cedido a la demencia de un momento a otro, llevando a abrazar su propia muerte. Y ninguno de los dos era buen guerrero entonces. A él aun le costaba superar la muerte, él que estaba acostumbrado a la cacería puesto que era lo único que sabía hacer, imaginaba a esos novatos en un lugar desconocido, alabando y adorando una figura que no volverá a estar y preguntándose quién ocuparía tal espacio ahora. Cuando pidió una explicación a Lucius por haberle quitado la posibilidad de cazar durante tres días, el anciano no pareció desconocer que Evans estaba molesto. Pero no por nada era respetado y considerado uno de los más doctos del clan que vivían bajo el mando de Raphael.

-Apenas una herida cierra, usted hace que vuelva a abrirse, joven Evans. – Le habría dicho con tanta parsimonia que los nervios del vampiro estallaron - ¡No tengo opción! – le gritó. Pero él continuó con sus tareas, sin mirarle. Por un instante un terrible silencio los envolvió a ambos, mientras el anciano dejaba sobre la mesa los frascos con los cuales estaba trabajando y se volteaba a verle. Tenía unos agudos ojos blanquecinos detrás de esos lentes finos que caían en su nariz fina. Evans no entendía si usaba los lentes por costumbre o porque realmente los necesitase. Nunca supo de un vampiro al cual le fallase la vista pero, en ese momento luego de beber esa porquería que Lucius le hubo dado el día anterior, él era la viva prueba de que su mirada de águila no era muy buena.-No tienes derecho a hacer esto, Lucius. Tu tarea es mantener vivos a los guerreros y…- empezó a decir el cazador pero, entonces, la mirada del anciano se clavó en él, sonriéndole como si aquellas palabras hubiesen dicho todo – Así es, joven Evans. Mi tarea es arreglar las cosas rotas que usted me trae y asegurarme que mantenga la cabeza sobre el cuello -  mientras Lucius decía aquello, seguía con atención los movimientos del joven cazador. Aunque, a decir verdades, Evans ya no era tan joven. La aguda mirada del anciano se posó en las piernas de él y luego en sus brazos. Posteriormente, volvió a clavar sus ojos en los de Evans – Hijo, descansar nunca mató a un vampiro. Muy por el contrario, el descanso les ha llegado a salvar la vida – susurró el anciano, acercándose a él mientras los ojos encendidos de Evans destellaban por un instante. La furia rápidamente se había vuelto confusión y desconcierto – No tengo tiempo. Descanso en el día, cazo durante la noche. ¡Es mi trabajo! Si no voy a cumplirmo, ¡bien podría morirme mañana!…- exclamó mientras el anciano se cruzaba de brazos ante él. Parecía que  buscase las palabras correctas para poder hablar con el cazador, utilizando una voz pausada y suave, pero también convencida de lo que él debía decir y cómo – Evans, tu nunca supiste manejar la muerte. ¿Tienes idea de por qué no existen vampiros de mil años? ¿De dos mil? …- preguntó el anciano mientras se quitaba los lentes y limpiaba con total calma los cristales de los mismos recurriendo a un pañuelo de color blanco. Evans respondió enseguida – Mueren antes. Somos guerreros, morimos en batallas.- afirmó convencido pero Lucius levantó una mano en clara señal de que no continuase hablando – Tu eres un guerrero. Eliah es un guerrero. Raphael era un guerrero. Pero ¿Y las cortesanas? ¿Y los doctos? ¿Y las otras razas? ¿Por qué nunca has visto un vampiro de mil años? O, traigamos la pregunta a algo más cercano para nosotros. ¿Por qué Raphael eligió la muerte cuando no había guerra ni batalla a su alrededor? Raphael no murió en una batalla…- susurró, siempre con calma, casi como si con la voz tranquila buscase calmar al león que se alojaba dentro del cuerpo del cazador. Evans le miró un instante, buscando en sus ojos la respuesta a algo que jamás se había preguntado. ¿Por qué Raphael se había suicidado? Sí, se lo preguntó mil veces cada día y se lo seguía preguntando ahora pero…¿Qué tenía que ver la edad de él? Y entonces recordó aquellas primeras lecciones que tanto Dimitri como él habían tenido frente al Lider del clan.

-Llegará el momento en el cual yo dejaré de ser Lider. Y entonces uno de ustedes tomará mi lugar-‘habría empezado a decir el bravo guerrero de cabellos castaños ligeramente grisáceos y piel pálida. Dimitri fue quien preguntó primero ‘-Le protegeremos, Raphael. Nadie le hará daño-‘pero entonces, como si el Lider viese más allá de las sanas intenciones de sus estudiantes, negó con la cabeza ‘-No, hijo. Hay algo de lo cual jamás podrás protegerme ni tu, ni Evans, ni nadie. Cuando la muerte acecha a un vampiro, es una batalla que éste debe pelear solo. Se puede ganar tiempo, sí, pero no importa cuánto corramos, las garras de la muerte siempre llegaran. Todo lo que existe debe dejar de existir. Es el destino de lo vivo y de lo no-vivo también.-‘  

Mientras Evans veía aquel recuerdo en su memoria tan nítido como si hubiese sido ayer, el anciano ya había caminado hasta quedarse a su lado, posando una de sus manos en el hombro del joven – Has visto la muerte cara a cara, Evans. Perdiste a alguien que fue como tu hermano y ahora a alguien que fue como tu padre. Viste con tus ojos la caída de un clan entero y sigues aquí…- diría lentamente Lucius, sin mirarle, con un sombrío tono en su garganta que hizo que el enojo de Evans se apagase rapidamente como un incendio al cual le echan agua – Si no aprendes a controlar la muerte, Evans…ésta vendrá por ti también. ¿Crees que no he notado que la buscas desde que Dimitri murió? ¿Crees que no veo la culpa que hay en tus ojos como si cargases con una cruz demasiada pesada tu solo?– Susurró recibiendo solo el silencio del cazador como respuesta – Y va más allá de Dimitri. Va más allá de los tuyos. No puedes mirar a Layla a la cara porque ella te observa de una forma que no soportas… Ves en sus ojos algo que no soportas…- empezó a decir el anciano. Evans frunció el ceño, pero en su mirada ambarina había revelación. El cazador levantó la mirada, encontrando los ojos sabios del anciano -…Ella está decepcionada de mi…- susurró casi como si confesase algo que nunca había dicho antes.

Evans estaba viendo, guiado por las palabras del anciano, una realidad que había ignorado demasiado tiempo. Desde que él llegó con Arcueid, Layla había cambiado su forma de tratarle. Cada vez que se veían, era como si ella no le tolerase…A él, a su creador. Esa mujer que había sido todo durante un tiempo en su vida se había vuelto un témpano de hielo, una completa extraña. Pensaba que era por Arcueid, pero entendió que no necesariamente era así. Ella le veía como un cobarde que en lugar de luchar con su amigo hasta la muerte, mirando a la muerte a la cara, le abandonó en una batalla de la cual no podría escapar. Había salvado a Arcueid, sí, pero el precio había sido demasiado alto. Cuando él volvió sin Dimitri, una parte de él había muerto también. Y esa parte era la que lo convertía en el hombre que ella amaba. Sin esa parte, él solo era un guerrero más, sin honor, sin gloria, sin nada.
-Debí quedarme con él, Lucius… -confesó luego de un corto silencio entre ambos. Pero la respuesta del sabio no fue la que él esperaba – Hubieses muerto también. Y posiblemente la señorita Arcueid igual. Quedarse a morir con Dimitri no era la salida, Evans…- respondió, dándole dos palmadas en el hombro mientras se acomodaba nuevamente, caminando hasta su mesa donde había varios de los frascos con los cuales había estado trabajando antes de que el cazador llegase – Y buscar la muerte ahora tampoco lo es. Eso no lo traerá de nuevo a este mundo. Solo sumará una cruz en nuestro cementerio y traerá un gran dolor a todos nosotros, incluyendo Layla. – Tales palabras le causaron gracia ¿Layla? Para ella Evans estaría mejor muerto. Sonrió agotado ante ese pensamiento – Layla me odia, Lucius. – murmuró pero él anciano negó con la cabeza, ya de espaldas a él, mirando su gran cantidad de pócimas – Ella no le odia. Odia al joven que volvió de la Guerra de las Cenizas. Odia al joven que se odia a sí mismo. Ese es el verdadero asesino de vampiros, joven Evans. El que nuestro espejo nos devuelve cada vez que nos miramos en él. –

Desde que esa plática se había llevado a cabo habían pasado ya varias horas. Sabía que esa noche tampoco podría salir a cazar por más que lo intentase. A más tardar, su cuerpo limpiaría aquel líquido que había bebido al otro día por lo que no tenía más opción que permanecer dentro de la fortaleza, haciendo algo más constructivo que nada. Estar en su habitación le causaría mal humor y luego de dormir lo suficiente, lo que más detestaba era seguir durmiendo. Sus pasos le guiaron a la Torre de las Cenizas, la ultima torre construida por el fallecido Lider. Blanca como la nieve, parecía una extensión de la luna sobre la Tierra. Cada uno de sus escalones era de mármol y con cada paso que él daba, se hundía más en la belleza nívea de esa preciosa construcción.  Iba a continuar subiendo pero, decidió sentarse camino al primer piso de la misma. En medio de ese camino de escaleras, sus ojos de ámbar de clavaron en el punto vacio frente a él. Los dientes del cazador se apretaron, mientras su ceño se veía marcado por una línea paralela profunda. Las palabras de Lucius aun le golpeaban como si fuesen tajantes puñaladas y más en aquel lugar. Esa torre era el recuerdo de la muerte y de sus caídos. No solo los Brodde cayeron aquella noche de Cenizas, sino también él. -… ¿Es esto de lo que tanto hablaba Raphael? – se preguntó a sí mismo, hablando con la soledad, a la vez que colocaba sus codos sobre sus rodillas y escondía su rostro entre ambas manos, agotado por el brebaje que el anciano le había dado. O eso quería creer. Tenía cansancio físico, sí, pero el mental era peor. El mental le golpeaba cada vez que se despertaba y continuaba hasta que cerraba sus ojos con el día. ¿Por qué no podía solo olvidar algo de aquella noche? Su mente recordaba demasiado bien cada una de sus acciones por más que él tratase de dejar ir las mismas, escapar de ellas. En sus cuatrocientos cincuenta años, los sucesos que acumulaba en su vida eran demasiados…demasiado pesados para un solo cuerpo; para una sola mente. Fue entonces que entendió aquello que Lucius había dicho…El vampiro no puede vivir demasiado. Luego de un periodo de tiempo, la vida misma; el paso constante de los días y las pérdidas llevan a la mente a trastabillar. Y suceden cosas que le llevan a hacerse preguntas lógicas como le estaba pasando a Evans en esos momentos ‘¿Por qué sigo aquí?’ ‘Mi mejor amigo murió; mi mentor murió. No tengo a nadie aquí. Si yo caigo, mejor que sea de mi mano que en manos de un lobo’ pensaba con los ojos cerrados, tratando de dejar de pensar. Veía a Dimitri, veía a Raphael, veía sus batallas, veía sus primeros momentos con Layla, veía sus salidas con Eliah y entonces…vio algo que le hizo abrir los ojos y clavar su mirada ambarina en un punto de soporte: Una cabellera roja como el fuego. Recordó cuando la sujetó en sus brazos, salvándole la vida. Recordó cada momento con ella y finalmente lo comprendió. Layla no odiaba que él haya vuelto de la guerra sin Dimitri. Layla supo en ese momento que él había vuelto de la guerra por Arcueid.
avatar
Evans Cromwell
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 96

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Arcueid van Rip el Mar Sep 10, 2013 2:41 am

Arcueid se vistió con aburrimiento como ya venía haciéndolo desde hace dos días. Como asesina y cazadora de los Raphael era su deber mantener alejada a la amenaza licana que empezaba a brotar una enfermedad mortal que aparece desde el más remoto silencio y aumenta, se pone peor hasta que acaba con todo. De la última cacería Evans había vuelto tan herido que Lucius lo había sedado porque sabía bien, como todos, que como hace unos días atrás tan pronto sintiera que podía mover lo que sea que le hubiesen herido se mandaría como un maniático de regreso al bosque. No era que tuviera ánimos de discutirle al viejo vampiro su accionar, y de tenerlos bien sabía que no debía involucrarse. Era más bien como una niña a quien le dicen que su compañero de juegos no puede salir a jugar por estar castigado.
 
En los últimos días había salido de cacería con Connor, un vampiro de casi tanta edad como ella tan duro y férreo como cualquiera pero tan serio, tan aburrido…Las misiones no eran una oportunidad para divertirse y sociabilizar pero podría decirse que él y el vampiro que ahora dormía plácidamente en un cuarto que servía como una especie de enfermería. Pero no quedaba de otra…¿Acaso buscaba suicidarse? No quiso ni siquiera plantearse la pregunta a sí misma.
 
Se miró frente al espejo unos instantes e inconscientemente llevo su mano a la única “imperfección” que lucía su rostro, cortesía de un laicano que vaya a saber que fue de su vida. Si siquiera sobrevivió… Ocurrió durante una de esas noches en las que se escapaba para ver a Dimitri. La casa en España que tanto lujo ostentaba gracias a la fortuna de su padre estaba bien resguardada, pero no era un impedimento para aquella joven inquieta que era Arcueid en su momento ni para aquel guerrero, heredero de Raphael que fácilmente podía dejar inconsciente a cualquier tonto humano que se hiciese pasar por guardia cuando solo quería algo de dinero y poder beber en la noche. Aquel pequeño poblado era tranquilo y bastaban solo unos pasos para poder alejarse de entre su silencio y su gente trabajadora, dispuesta a servir a los importantes visitantes que tenían. Era otra noche en la que disfrutaban de una charla amena: Evans, Layla, Eliah y sus anécdotas con ellos, el Clan y sus maestros, entre ellos Raphael a quien admiraba tan fervientemente como ella en el futuro. Dimitri le hacía vivir cada historia en carne propia mientras de vez en cuando le arrebataba una beso de sus labios rojizos y reía, reía como cualquier tonto enamorado exactamente igual que ella. Entonces su mirada, mientras la tenía aun entre sus brazos, se volvió pétrea y rígida.  -¿Sucede algo?- por supuesto ella aun no había recibido el abrazo y sus sentidos limitados como el de cualquier humano, más uno que vive entre lujos y ostentaciones, no podían percibir la amenaza que transformo la cara de su amado. Este le chito dos veces antes de que pudiera, siquiera, amagar a abrir la boca y darse cuenta de que estaban en peligro verdadero. Fue tan solo unos pasos que se alejó de ella cuando una licana le cayó de lleno sobre su cuerpo delicado atrapado en el vestido de época más humilde que podía conseguir para no llamar la atención. Su pelo recogido y oculto se esparció sobre el suelo y sintió un ardor en la cara además de otro grito del soldado y un rugido similar al primero. Para cuando sintió que podía dejar de forcejear su atuendo ya estaba manchado de sangre, la que caía en abundancia del cuerpo de la hembra gracias a la espada del vampiro.  Fueron dos en total y el otro, un macho, también yacía inerte a unos pocos metros del suelo. La tomo de la mano y le aviso, por que no se lo estaba preguntando, que pasaría el resto del tiempo en el edificio donde el se estaba quedando con Evans, que era demasiado peligroso regresar a su hogar. Esa noche Dimitri estaba hecho un loco… Luego de huir de la horrorosa escena estaba convencido de que debía dejarla ahí con su familia, de que correría menos riesgos estando a su lado, de que aquella herida que ahora cruzaba su rostro la hubiese tenido de no ser por andar con un vampiro. Fue la primera vez que aquella joven de cabellos rojos como los pétalos de una rosa hablo tranquila y fue la primera vez que le manifestó a alguien su deseo de ser soldado. Se rio unos instantes al recordar la expresión de Dimitri en ese instante. -¿Qué? ¿Creíste que iba a ser una cortesana que te lavara y alimentara toda la eternidad?- fue su respuesta para arrancarle una carcajada. Quizás ese fue solo el preludio de la tragedia, quizás nunca debió abrir la boca, quizás si se hubiese callado estaría vivo ahora… Estaría compitiendo por el puesto de líder con Evans, viendo a Eliah mejorar, viendo a Layla profesarle su amor a su amigo como si nadie más que el importara en el mundo. Todo eso si ella no hubiese aparecido… Si no se hubiese aferrado tanto a él.
 
Podría haberse quedado así toda la noche de no ser por unos golpes en su habitación. Unas cortesanas le traían sangre para beber y le avisaban que Connor dijo que saldría por su cuenta esta noche. Suspiro haciendo volar uno de sus mechones rojos, pensando en si se había tardado tanto en realidad o si sentía miedo  de que “fuera a embrujarlo” como siempre se decían en las habladurías que recorría el castillo. Con o sin él saldría de la fortaleza, sin el mejor…No, más bien era exactamente lo mismo. ¿Por qué estaba aún en aquella fortaleza donde, a pesar de los años, todos tenían tan fuertemente gradaba la culpa sobre ella? ¿Por qué a pesar de los años no consiguió encajar aunque fuera un poco? Todos la odiaban, todos se lo reprochaban y ella estaba ahí con toda la eternidad por delante aguantando aquello hasta que la locura simplemente la consumiera. Salió ya vestida para salir a cazar con ropa que no se alejaba mucho de ser la típica ropa de cuero que solía usar, cargando sus armas: dos espadas cortas y una pistola. A medida que las noches avanzabas habían tenido que salir más armados de lo normal.
 

Estaba saliendo justo para la salida cuando vio algo que no esperaba.  Evans estaba fuera de su “cuna” y como el niño regañado que parecía siempre llevar en su interior estaba con mala cara. Esto la hubiese hecho reír si no fuera porque lo había encontrado dirigiéndose para la Torre de las Cenizas en vez para la parte de la fortaleza en la que estaban los cuartos de las cortesanas. A pesar de haber descasado, entre la oscuridad se notaba bien que tenía un gesto cansado, agobiado…  Se sonrió, con pesar unos momentos… Él era otro hombre al que le había prometido algo a lo que ella parecía que no podía acceder ni tampoco podía obligar. Una sensación le oprimió el pecho de repente… No lo creía en realidad o no quería creerlo, pero si Raphael cayó por un peso que ni el mismo pudo soportar nada decía que otro vampiro no podía correr el mismo destino por otro. Lo siguió en silencio hasta encontrarlo en el primer piso de aquella construcción nívea que contrastaba de forma tan fuerte con su ropa y sus rasgos más fuertes. –Toc, toc…- dijo mientras hacía que golpeaba una puerta. – Señora, ¿puede salir Evans a jugar?- pregunto con una sonrisa, la misma de siempre en sus labios color carmesí.
avatar
Arcueid van Rip
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 211

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Evans Cromwell el Vie Sep 20, 2013 10:21 pm

Sus ojos ambarinos destellaron por un instante ante la mímica llevada a cabo por la pelirroja ante él. Pestañeó una; luego dos veces. Seguramente Arcueid pensaría que él estaba sorprendido ante aquella aparición pero no podía estar más lejos de la realidad. Su mirada estaba posada sobre ella como quien mira por un instante algo que no puede entender por qué, le embelesa cual obra de arte. Pero ese instante que duró la mirada encandilada duró eso, solo un instante antes de que él recordase la fugaz escena fragmentada en su mente; tan presente en sus pesadillas. Dimitri viéndole con una sonrisa abierta, de esas que rara vez uno nota en alguien como él. Una sonrisa que significaba real felicidad. Evans no podía comprender la razón de aquello puesto que, estar lejos de Layla evitaba que pudiese siquiera pensar en sentirse feliz en esos momentos- Se lo que sentiste con Layla, Evans. Siento lo mismo ahora – le habría confesado su amigo luego de volver como cada noche. Recordaba esa sensación de vitalidad en su rostro encendido, pálido como la luna pero extrañamente resplandeciente. Dimitri se había enamorado. Una mujer había sido capaz de captar su atención como nunca antes nadie lo había hecho y él estaba total y completamente prendado de ella.

Evans apretó los labios y pasó la lengua por el medio de éstos, esbozando una sonrisa forzada en su mirada. Ver a Arcueid, pensar en la posibilidad de…No, era imposible. No podía ni mirarla sin recordar que ella había pertenecido a quien fue como su hermano. Se sentía traicionando su memoria ante la simple idea que llegaba a su mente. – Jeje, Lucius diría que no…- respondió con un poco de pesadez mientras volvía a mirar a la mujer de cabellos rojos directo a los ojos. Se hizo a un lado en el mismo escalón donde se había acomodado, blanco como la espuma más blanca y pulcra. Le había preguntado a Raphael por qué había optado por ese color para levantar la torre de las Cenizas y éste respondió con una simple palabra que dejó en claro la razón de tal decisión ‘Dimitri’. Evans comprendió al instante aquellos vocablos: El blanco era el color favorito del bravo y poderoso Dimitri. El vampiro esbozó una sonrisa mientras levantaba una ceja para tratar de cambiar su cara ante la particular visión de cabellos de fuego. Con la mano derecha golpeó el escalón a su lado, indicándole que podía sentarse – No me gusta ver a las mujeres de pie mientras estoy sentado- dijo con una sonrisa en los labios y ambas cejas ligeramente levantadas – Siéntate, que no muerdo. Bueno, sí lo hago pero ahora estoy demasiado débil. Soy de fiar en este estado, creeme. – bromeó. La verdad era que nunca se habría atrevido a hacer un movimiento ante esa mujer en particular. Tal como Layla le había dejado en claro más de una vez: le tenía afecto…Quizás demasiado afecto.

De repente, pensar en Layla le pegó como una espina directa en su estomago. Desde hacía tiempo que no hablaban y extrañaba las largas pláticas nocturnas que tenía con ella luego de algún encuentro romántico. Ahora cada vez que se veían era una seguidilla de momentos incómodos que Eliah tenía la obligación de destruir. ¿Quién lo diría? Eliah y Layla…Si alguien se lo hubiese dicho antes, seguramente le habría callado la boca de un derechazo. Soltó un suspiro y miró a Arcueid de nuevo - ¿Qué haces por estos lados? La torre de las cenizas no es…-empezó a decir y luego pensó en sus palabras. Sus ojos ambarinos se clavaron en la mirada de cristal de la mujer y con solo verle entendió que necesitaba pensar mucho antes de seguir hablando de ese tema con ella. Si él recordaba aquella noche como una de las peores de su vida, mucho peor debería de haber sido para Arcueid. Apenas era una novata cuando las garras de la muerte se acercaron tan cerca de ella que le arrancaron su único punto fijo en el mundo, dejándola en manos de un clan que solamente juzgaba sus acciones y la tildaba de culpable. –Nunca te lo he preguntado y nunca me lo has comentado pero… ¿Sabes por qué esta torre se llama así? – empezó a decir mientras volvía sus ojos a la magnificencia pulcra a su alrededor. Las escaleras tan níveas en ese momento parecían una ruta directa al mismo paraíso. La torre de las cenizas podría de traer tristes recuerdos pero, no había vampiro que pudiese pensar que no era preciosa –Cada líder construye una torre durante su paso en el mundo. Esta fue la de nuestro Raphael. Él dijo que era para que recordásemos aquella caída de nuestros hermanos Brodde…pero nunca terminé de creer ese discurso…- susurró – Siempre creí que era en honor a Dimitri. Aun lo creo, la verdad… - agregó, sonriendo mientras apoyaba la espalda en el escalón detrás de él y miraba hacia lo alto. Siempre que hacía eso cuando estaba solo, se sentía como perdido en la blanca irrealidad. Un efecto muy interesante y hasta místico aunque nunca supo si había sido el deseo del arquitecto o había surgido del caprichoso azar – Él era como su hijo. Todos pensaban que de estar Dimitri con vida, él y yo debíamos “competir” por el lugar como Líder. Pero la verdad es que no. De estar Dimitri con vida, él se hubiese convertido en Raphael directamente -
avatar
Evans Cromwell
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 96

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Arcueid van Rip el Mar Sep 24, 2013 4:00 am

-Como si tú pudieras hacerme algo aun estando sano.- lo reto mientras se sentaba a su lado con una sonrisa, de esas que normalmente solía dedicarle cuando se cruzaban.-Tenía que salir a cazar con Connor, pero creo que temió que la “malvada bruja de los Raphael” le hiciera un mal de ojo. – respondió a la vez que parodiaba su voz en un intento de hacer que aquello se volviera mas cómico, menos nostálgico. Nunca podría describir la alegría que sintió en el momento en que se dio cuenta que el odio con el que Evans la trataba se había extinto, pero solo fue para dejar paso a algo que no lograba descifrar. Si le preguntasen, Arcueid titubearía seguramente pero si tuviera que decir que es lo que ve en sus ojos ambarinos cuando se cruzan con los suyos solo una palabra se acercaría: culpa.  Había culpa, un pesar en los ojos de Evans como tratar y ante la duda solo podía responder con alguna broma, algo que borrara aquel gesto duro y melancólico que tan fijado tenia. Muchas veces lo vio a escondidas, pensando: “Si tan solo hubiese algo que pudiera hacer…”
Abrazo sus piernas un momento y cuando Evans volvió a hablar negó con la cabeza, luego acomodo su cara entre sus manos como una niña que esta por escuchar una historia. Si bien el blanco mármol de aquella torre hacia que lo rememorara cada día nunca lo supo, ni tampoco lo había preguntado. Blanca como el color favorito de su heredero caído y como las cenizas que volaban sobre ellos mientras Brodde ardía. Aun esa imagen le resultaba tan vivida… Cuando lo mencionó la pelirroja miro a Evans unos instantes. Lo sabía bien, siempre todos supieron que el seria el líder perfecto. Aquella debilidad de la fortaleza en ese momento, de la única fuerza de resistencia contra un ataque definitivo de los lobos parecía reducirse a esa noche, parecía reducirse a su culpa…
-Sabes que te odie mucho por mucho tiempo, ¿verdad?- la asesina giro la vista hacia el frente, en un punto arbitrario. – Una vez hable de eso con Raphael, cuando recién había llegado. No era por haberme traído hasta aquí.- negó con la cabeza unos instantes, pero no continuo. Él sabía bien a que se refería… Arcueid lo golpeo, lo insulto, lo amenazo pero nada sirvió para que la soltara. Lo odio por no permitirle morir a su lado. Soltó una pequeña risa entonces y regreso la mirada al cazador. –Siento haberte golpeado tanto.- trato de contener una risa mientras hablaba pero no pudo. Le divertía pensar cuanto había cambiado, le gustaba pensar que aún no estaba sola. La muerte de Raphael había hecho de Evans su único punto de fijación en el Clan pero también reconocía que hay límites. Esto no era por Eliah, ni por Layla ni por nadie… Era sobre Evans y ese pesar que parecía querer cargar solo él. No podía esperar a que el se diera cuenta de que le estaba rogando que parase, solo un momento, que le dejara aunque sea un poco.  Se lo debía…
-Gracias por no soltarme.- aquella frase que ocultaba más de lo que decía a simple impresión la dijo volviendo su vista a un punto arbitrario. Antes de que pudiera contestar algo, si es que iba a hacerlo levanto el índice de su diestra; recordando algo. Dado su encuentro con Eliah en la Torre de los Caídos el papel estaba aún algo arrugado pero perfectamente legible. –Te piden a ti y a Eliah que traten de capturar un lobo vivo, bajo cualquier circunstancia. – esperaba que Evans no tuviera que leer el papel dada la breve reseña que le acaba de dar, algo acelerada.  Ahí también se explicaba que tenía la misión de viajar a Viena, a territorio de los Donovan en la primera oportunidad que tuviera. En unos días ella tendría un peligroso acercamiento a lo que se creía, era territorio Ardwolf y había acomodado todo de forma que no se enterase. Algunas veces se preguntaba si realmente la seguía viendo como una niña con vestidos caros…O si era aquel sentimiento de deber y protección que la muerte de Dimitri le había infundido.
avatar
Arcueid van Rip
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 211

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Evans Cromwell el Miér Sep 25, 2013 9:03 pm

“La malvada bruja pelirroja”, por alguna razón esa frase siempre lograba sacarle una sonrisa. Pensar que en tiempos pasados él realmente había llegado a creer que la muchacha tuviese algún talento para enamorar idiotas aun le hacía ver lo tonto que uno puede llegar a ser cuando se deja enceguecer por la furia - ¿Todavía creen que eres una bruja? – preguntó, divertido, levantando ambas cejas. Y entonces empezó a reír, bajando la mirada mientras negaba con la cabeza, cayendo sus cabellos oscurecidos sobre su frente – Ok, tengo una confesión …- dijo rápidamente, levantando ambas manos para luego colocarlas en la parte superior de sus piernas - Fui yo quien comenzó a llamarte bruja. Es que tu cabello es rojo y  en las mitologías de mi pueblo, el cabello rojo se asocia a la brujería. –empezó a decir para luego notar que seguramente ella estaría mirándole con odio al enterarse de semejante cosa. Por esa razón, volvió sus ojos ambarinos rápidamente hacia la mujer, negando con la cabeza al instante - ¡No sabía que iban a adoptar el apodo! – trató de justificarse. – En mi defensa, solo te digo ‘Roja’. Te lo juro – exclamó, soltando finalmente una risotada mientras volvía a adquirir el tono tranquilo que les envolvía a ambos en aquel recinto sacro y blanco como la superficie de la luna. Seguramente el espíritu de la melancolía estaba cayendo sobre ella de la misma forma que había caído sobre él. Hay recuerdos que no se borran y que mientras más tratas de bloquearlos de tu mente, con más fuerza se presentan. Eso pasaba con Dimitri y la Batalla de las cenizas. Cada centímetro de aquella fortaleza evocaba la memoria del temible guerrero Raphael caído hacía ya trescientos años. Evans nunca comprendió como, con tanto tiempo, él pudiese extrañarle de tal forma. Habían crecido juntos; enfrentado la no-muerte juntos. Dimitri fue quien le despertó cuando estaba perdiéndose en la sedienta naturaleza del vampiro; Dimitri fue quien le acompañó a ver a esa mujer francesa que le había cautivado tanto. Dimitri y él eran guerreros perfectos. Peleaban codo a codo, conociendo y anticipándose a los enemigos y a su propio camarada. Muchos decían que eran Deimos y Fobos, los hijos del mismísimo Ares, y por eso habían adoptado el nombre de “Los hijos de Raphael”.

A diferencia de Eliah, Evans pasó en soledad el luto por la muerte de Dimitri. Layla le abandonó y solo el odio hacia la pelirroja había quedado para ayudarle a mantenerse en pie. Un odio que se fue extinguiendo lentamente, cada vez que volvía a verle. Era como si el espíritu de Dimitri le dejase un último mensaje antes de extinguirse por completo ‘No la culpas por esto’.

Las palabras de la muchacha despertaron la sonrisa del cazador, quien tampoco volvió los ojos a ella mientras le escuchaba – Lo sé – susurró ante la confesión de Arcueid. No era para menos. Recordaba a la perfección aquél terrible instante en que la sujetó por encima del hombro y se la llevó, sin siquiera volver la mirada mientras los gritos de los licanos y las llamas consumían lo que podría llegar a quedar de Dimitri. –Siéndote plenamente sincero…También me odié… - confesó. En ese momento, durante la huída, Evans se había puesto en piloto automático. La llevaba por inercia; sabiendo que de soltarla, ella correría estúpidamente al lado de Dimitri buscando dejar de existir. La verdad, era un destino bastante poético, pero por los dioses, no iba a dejar que la muerte de su amigo fuese en vano. Ella representaba aquello por lo cual había dado la vida…Y por los dioses, nadie le tocaría un pelo, así él mismo hubiese deseado arrojarla del barco mientras regresaban. Volvió a sonreír, llevando sus ojos a la mujer a su lado, recordando aquellos golpes constantes – No te preocupes…golpeabas como niña – agregó con gracia, seguramente provocando la risa y el despertar de aquel odio milenario en ella.

Pero entonces, se hizo el silencio. Un silencio calmo que envolvió a ambos por míseros instantes cuando ella recuperó la palabra. ‘Gracias por no soltarme’, fue lo que dijo. La mirada del mercenario se quedó  clavada en las facciones de la mujer de cabellos rojos como el fuego. Ahí, en ese templo blanco erigido en memoria de su mejor amigo fallecido, Evans no pudo contener, por un solo instante, aquella estupefacción que ella provocaba en él. Su suave piel marcada por las batallas pero que ni siquiera la sangre y la tierra habían podido terminar de percudir. Los ojos de hielo que veían con gran agudeza, manteniendo la inocencia que habían cautivado a un hijo de Raphael. Irónico destino, que en ese momento, el hijo que quedaba notaba algo que había querido olvidar o ignorar sin importar las señales que se levantaban ante él: Él también estaba total y completamente cautivado con ella. Le miró por instantes que parecían eternos y a la vez, se deshacían demasiado rápido. Abrió sus labios para decir algo tonto para echar a perder el momento, pero no pudo formular palabra. Solo una frase escapó de su garganta sin control – Jamás te soltaré…- susurró sin dejar de verle a los ojos. Pero fue ella quien quebró aquel momento, retornándolo al punto más físico que espiritual. Su corazón dio un salto y él mismo tuvo que bajar la cabeza al piso cuando notó la estúpida idea que estaba cruzando por su mente en esos instantes. Tragó saliva y asintió rápidamente a lo que ella decía, tratando de reacomodar todos sus pensamientos de un solo tirón - ¡Licano vivo! !Claro…!- empezó a decir, buscando ponerse de pie apoyado por uno de los muros que cubrían la escalera donde habían estado sentados. Pero entonces, la poca lógica que podía mantener luego de tal revelación, volvió a hacerle entender las palabras que acababa de decir - … ¿Qué? ¿Quién demonios quiere algo así?-
avatar
Evans Cromwell
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 96

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Arcueid van Rip el Mar Oct 01, 2013 2:36 am

Ante la confesión de Evans la pelirroja arqueo una ceja y puso una expresión que fingía enojo, aunque no podía dejarla así por mucho tiempo; el vampiro poco tardo en arrancarle una risa silenciosa pero que podía escucharse claro en el silencio de aquel recinto. Era gracioso recordar aquellos días en los que la mirada del Cazador parecía fulminarla como una hoguera a una bruja en la inquisición y ver como estaban ahora. El que su odio se hubiese apagado con los años quizás fue el mejor incentivo que pudo tener para continuar en la fortaleza, no lo cambiaría por nadie. –pelirroja, menor de siete hermanas… Me falta tener un gato negro. -  pensó unos instantes y luego se volteó al guerrero.- ¿Evans puedo tener un gatito?- por supuesto ya sabía la respuesta, solo le gustaba fastidiarlo con aquellas preguntas que solía contestar con un simple “no”, seco y tajante.
 
Otra confesión escapo de la boca de uno de los hijos de Raphael e hizo que volteara sus ojos fríos y gélidos hacia él. Poco tiempo pudo sentir algo de nostalgia pero en vez de sacarle una risa lo que provoco fue le que diera un pequeño golpe en su brazo herido. – No te confíes, ya no soy esa niña.- en efecto. Aquella caprichosa y debilucha mujercita que amaba mofarse de cuanto tonto viniera con pretensiones había muerto hace muchos años; en su lugar había una mujer que tenía un título de guerrera, que era valiente, que… “Que no sabe exactamente que hacer aquí.” Pensó. Si Eliah era elegido como el próximo Raphael no había nada que pudiera hacer para quedarse ahí. Tarde o temprano tomaría en sus manos aquel castigo que tantas veces le reclamo a Raphael para ella, que siempre le recalcaba que merecía. Quizás hoy en día todo se había reducido a bromas… Pero luego de aquella noche en la Torre de los Caídos la pelirroja tenía más que claro que no la dejaría en paz. Pero… Si nada le quedaba en aquellas antiguas paredes, ¿que la mantenía siquiera viva cuando muchos vampiros se habían dado fin al encontrarse en sin nada, como si el mundo hubiese sido reducido a cenizas y no hubiese nada más en el para ellos? Entonces lo miro unos instantes… Ese guerrero que tenía al lado tuvo la oportunidad de caer en la gloria del combate, frente a su aliado y mejor amigo. Pero en vez de eso cumplió con su última voluntad y todo lo que esto significaba, especialmente el no volverlo a ver… No podía dejarse matar luego del sacrificio de aquellos dos hombres. No podía caer aun…
 
Sonrió en secreto e hizo de cuenta que no lo escucho mientras otra cuestión aparecía en su mente. Tener a Evans le alegraba claro… ¿Pero cuánto tiempo más podía mantenerse a su lado sin que fuese una carga para él? Se preguntaba si Dimitri entendió, en el momento en que le pidió que la cuidara, cuanto significaba aquello para alguien como lo es tu mejor amigo. La vampiresa pensaba que tan injusto fue el tiempo por no poder darle la oportunidad de decir: “Cuídala hasta que sea una buena guerrera, luego sabrá cuidarse sola”. Le convenía a él, aunque estuviese muerto, haberlo pensado de esa forma… Luego otra idea aparecía en su mente, pero la descartaba por completo. La forma en que el Raphael caído hablaba de Evans y Layla, de cómo eran en aquellos días alejaba esa idea de su mente, o eso quería creer. Con ella aclaraba sus ideas hasta la siguiente vez como una especie de droga que actúa por unos instantes hasta perder su efecto.
-Oh vamos… - dijo divertida. - ¿Qué? ¿Acaso resulta que la fama de los “grandes guerreros de élite  del Clan Raphael no es tanta para confiarles esa misión? – por supuesto sabía que atrapar un licano era una tarea que rayaba lo imposible y más en aquellas circunstancias: los que asaltaban el bosque por aquellas noches y días no iban solos sin contar las formidables capacidades de aquellas bestias feroces. Pero molestarlo era una delicia demasiado dulce como para no poder disfrutarla. Coloco su antebrazo en el hombro del vampiro recostándose en el mientras seguía. – Aunque claro, de ser así podría hablar con Mitsuhide y recomendarle a otra persona para el trabajo.- coloco su diestra en la cintura y se giró a verlo de reojo con una ceja arqueada. Si, de verdad amaba pelear con el…
avatar
Arcueid van Rip
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 211

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Evans Cromwell el Vie Oct 25, 2013 10:48 pm

Traer un licano vivo a la fortaleza era algo que no podría haber dicho que estaba esperando que le pidiesen. Desde que se capturó al último, condenándolo a morir de demencia en las prisiones de la Torre de las Cenizas había pasado demasiado tiempo. Los recuerdos de aquella época aun no le terminaban de gustar pero, el tiempo termina por cicatrizarlo todo. Si los viejos querían ver un licano en una pieza, supondría que debería llevarles a uno.  Supuso que podría significar que los vampiros buscaban idear o encontrar algún punto débil en las criaturas que ahora corrían por los bosques, y por esa razón, se relajó, dejando caer sus hombros en un gesto de resignación más que de negativa – Oye, oye, que no es temor. Pero tu nunca capturaste a un perro. Y créeme, es más fácil meterles un tiro en la cara que mantenerlo vivo lo suficiente para traerlo a la fortaleza. Esas criaturas entran en un estado frenético donde su fuerza se incrementa. Si lo tenemos que traer con vida, necesitaré a otro cazador y algo potente para poder dormir a la bestia – empezó a decir, mientras se cruzaba de brazos, pasando su pesada mano sobre su cabellera castaña, con la intensión de llevarla hacia atrás a medida que hebras de su pelo escapaba por entre sus dedos.

Sin embargo, no era la primera vez que le encargaban algo así y seguramente, no sería la última. Pensó en Eliah para tal misión pero, luego de lo sucedido hacía noches, supuso que él debería de estar pasando su tiempo con Layla o con alguna que otra chica por ahí. La verdad, Evans no deseaba fastidiarle. Eliah era el más joven de los hombres mercenarios pertenecientes a la Elite de Raphael y, aunque no lo admitiese, pensaba que su amigo estaba realmente afectado por la muerte del Lider. Darle unos días no le haría mal y a él tampoco recorrer los bosques con otro compañero. Y entonces, escuchó el nombre de quién pedía tal misión: Mitsuhide. Un  alto comandante venido de Japón. Levantó ambas cejas ante aquella novedad y asintió con la cabeza, clavando sus ojos ambarinos en la mirada azul de la joven afirmada sobre su hombro – No dije que no lo aceptaría – empezó a decir, levantando ambas cejas, mirando a la muchacha con calma a la vez que entrecerraba sus ojos – Pero decidí darle un respiro a Eliah y no iré con Layla. ¿Qué me dices, entonces? ¿Me concedería el placer de acompañarme en una misión cuasi suicida, Arcueid De Ripper?- preguntó, fingiendo una elegancia de la cual carecía, para terminar riendo, clavando sus ojos en la pared, frente a ambos – Y no, no traigas un gato. Tenía uno de pequeño y se lo comió una rata – empezó a decir y luego reaccionó a lo extraño que podría sonar aquella frase. Tosió y se separó de la pared, volviendo a adquirir la postura erguida de su cuerpo y dar una última mirada a la mujer pelirroja a su lado – Larga historia, no preguntes – agregó. Por dos segundos admiró el azul de sus ojos y el color carmesí de su cabello que resaltaba como una cascada de rubies en el fondo del blanco e impecable mármol – Sí has cambiado, roja. No eres la chica que traje de España – empezó a decir acercando su rostro peligrosamente al de ella, de forma que ambas narices apenas se rozasen. Sintió el aroma de su respiración a la vez que él respiraba y entonces, algo pasó. Su pecho pareció dar un vuelco y congeló su movimiento. Incluso aquella cercanía de rostros inocente lograba hacer un gran revuelo en su cabeza sometida por la droga extraña que Lucius le había dado. Detuvo su movimiento y no separó los ojos de los de ella, volviendo a hablar – Pero algo de ella está ahí dentro aun. – agregó, tomando la cabeza de la joven con su mano y despeinándola de repente, volviendo a separarse del todo para alejarse y darle la espalda, rápidamente – Debo descansar, roja – susurró, sonriendo en evidencia.

Pero a medida que escapaba de los ojos de ella, su rostro se transfiguró en algo que parecía ser una mezcla de temor y dudas. Aquello que sintió en su pecho fue como una estocada, como el salto de un corazón muerto hacía ya tantos años. Trató de pensar cuándo había sido la última vez que se había sentido así pero tal recuerdo escapó de su mente. La respuesta estaba demasiado atrás ya, tanto que el solo recuerdo carecía de verdad. Fue mientras estuvo vivo…

-Joder…¿qué tan bueno puede ser esto? – se preguntó a medida que caminaba con los pesados y apesadumbrados pasos, buscando alejarse de ella.
avatar
Evans Cromwell
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 96

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Arcueid van Rip el Mar Oct 29, 2013 5:52 pm

No lo hizo enojar, pero el verlo así y hablando como si fuera un erudito sobre licanos le da algo de gracia a la pelirroja y no se preocupaba mucho por ocultarlo. – Podrías pedirle a Lucius lo que sea que te haya dado para dormir, esa cosa es tan efectiva que incluso te hizo ver como un angelito mientras dormías.- bromeo. Después de que el cazador despejara sus dudas llevo a cabo una mímica de caballerismo que le arrancó una risa divertida la pelirroja se apartó un paso e hizo una reverencia como una dama a la que se le invita a un vals, extendiendo con elegancia un vestido imaginario de aquellos que hacía años que ya no usaba más. –Sera un placer, cazador Evans Cromwell.- aunque jamás había capturado un lobo vivo como bien dijo el cazador, trabajar con Evans nunca fue un problema. Ambos podían complementar bien en batalla cualquier flanco o punto débil que el otro podía tener y si bien ella no era Dimitri, se sentía agradecida de al menos poder estar a la par del guerrero; de poder al menos hacer parte del trabajo que imagino que el heredero caído hizo antes.
 
De aquella broma del gato y su extraña anécdota el vampiro transformó aquel ambiente bromista en otro diferente. “Si, has cambiado, roja” dijo… Como si fuese ahí como si fuese algo que solo notaba cuando tenían esos pocos encuentros que duraban lo que una charla ocasional. Su aliento, aun cuando eran aquellos cuerpos “sin alma” que vagaban eternamente noches tras noche buscando saciar una sed eterna, podía sentirlo con la misma nitidez que sentía el dulce aroma de la sangre antes de alimentarse. Levantó la mirada encontrándose con los ojos color ámbar de aquel en quien pudo confiar más que nadie desde que fue transformada, condenándose por toda la eternidad, estremeciéndose. A pesar de todo él siempre había estado, manteniéndose a su lado aun cuando otros lo habían condenado por ello. Siempre una simple duda aparecía como un fantasma en su mente, pero sin que pudiera animarse a que sus labios carmesí pudieran pronunciarla abiertamente. La voluntad de Dimitri se suponía que era razón suficiente…. Se suponía.
Cerró los ojos con fuerza mientras la despeina, preguntándose cómo era que no lo vio venir. – Idiota.- digo mientras trataba de reacomodar su pelo revuelto ocultando una sonrisa delatada por tal risa sutil, muy sutil, que dejo escapar. Apartando los mechones de su cara le sonrió más serena.-Descansa Evans.- fue lo único que atino a decir mientras su vista se desencontraba con la suya y el guerrero se dirigía quien sabe dónde. “Con las cortesanas…” supuso ella y volvió a sonreír mientras negaba con la cabeza. Pensó las cosas una vez más… Si todo llegaba a irse al demonio era con el único que podía contar. Saco el sobre que Mitsuhide le dio como permiso de los altos mandos para viajar hasta los dominios de los Donovan y lo quedo viendo mientras estaba recostada contra la pared. ¿Qué tal si sus temores se confirmaban? Aquella presión en su pecho que ya no era dolor, era un presentimiento emergía nuevamente como la presión que se cierne sobre el pecho de un niño que no puede llorar más. –Dimitri… - susurró levemente, mientras cerraba los ojos. Ahí en aquella construcción erguida en su nombre, era la primera vez en trescientos años que llamaba a su memoria.- Raphael… - levanto la vista haciendo que su cabeza chocara contra la pared, sintiéndose en parte tonta por lo que estaba haciendo y se dejó envolver por aquel silencio y el frío ambiente de aquella construcción erguida como un iceberg en suelo inglés. –Por favor, déjenme llegar a la verdad de todo esto. Si todo es así como lo ven… Prometo dejarlo por la paz. Prometo largarme de esta Fortaleza para siempre.- se tomó un gran respiro y luego pronuncio aquella ultima oración como un solemne juramento militar, con decisión; sin un ápice de duda en cada fonema.
avatar
Arcueid van Rip
HIJOS DE RAPHAEL
HIJOS DE RAPHAEL

Mensajes : 211

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Revelaciones - Privado

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.